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viernes, mayo 16, 2014

Triana, un 2,275 y el juego de las mil preguntas

Parece que la cosa sigue, se desgrana, comienza a aclararse.
Parece que la locura de la asesina solo lo es porque su injustificada frustración la llevó a planear la muerte de Isabel Carrasco; parece que la locura de la madre solo lo es porque la llevó a disparar para matar y rematar a la presidenta del PP leonés en mitad de la calle.
Y parece que todo lo demás es política. Política de esa novecentista de caciques y clientes que estilan las principales formaciones partidarias de este país cuando están en los gobiernos. Al menos de forma mayoritaria, que toda generalización es injusta.
Aquellos que intentan presentar a la asesina como una loca -que lo es. Hay que estar fuera de tu razón para pensar que matar a alguien soluciona algo- se aferran como un clavo ardiendo al suspenso de Montserrat Triana en las oposiciones para gritar a los cuatro vientos que se trata de una venganza injustificada contra Isabel Carrasco. Que ella no asumió la justicia de la decisión de esa oposición.
Y de repente la realidad les pega un bofetón en el rostro.
Cierto es que la nota del primer examen no llego a 3, bueno apenas superó el 2 -2,275 sobre 10, concretamente- Y hasta ahí no hay nada que objetar.
Nada que salvo de 33 candidatos solamente uno superó el primer corte ¿de verdad que en toda Castilla León no hay ingeniero o ingeniera que pueda sacar más de un cinco en una test de conocimientos específicos?, ¿podemos creer que el nivel es tan bajo que solamente uno -que casualmente también es afiliado del PP- es el único?
Podemos enrocarnos y decir que sí. Pero claro estaremos haciendo un acto de fe, no un análisis de la realidad.
Y más si se tiene en cuenta que dos años antes Triana había entrado en esa plaza que no existía antes siendo considerada como "la candidata con mayor puntuación".
¿Sufrió la instigadora del asesinato de Isabel Carrasco un proceso degenerativo que en 24 meses la hizo olvidar todos sus conocimientos?, ¿no había tenido nunca esos conocimientos pero Isabel Carrasco -firmante del decreto para su contratación- decidió ignorarlo y falsear el dato por algún motivo?, ¿como es posible que pase de ser la mejor puntuada a tener un 2,275?
Nadie lo sabe porque, mientras Triana se enfrentaba a la que hasta entonces había sido su señora feudal reclamando ver los dos exámenes -el suyo y el del ganador- quien había logrado la plaza pide inmediatamente una excedencia y se marcha para nunca más volver, como en una telenovela venezolana. La lógica impone que si se ha hecho una oposición para una plaza es porque esta es necesaria.
Pero la lógica hace tiempo que abandonó esta historia. Probablemente dejó de estar presente al comienzo del todo cuando Isabel Carrasco puso sus ojos y su ala protectora sobre Triana solamente -según cuentan aquellos que viven en León y las conocen a ambas- porque era hija de un antiguo amor. 
Pero en realidad eso ni siquiera es relevante.
La plaza se amortiza cuando lo lógico hubiera sido que la ocupara el segundo -ah, que no había segundo porque solo había superado el primer examen una persona de 33- o que volviera a la persona que era la interina hasta que volvieran a convocarse las oposiciones -ah, que esa persona era Triana, la que había sufrido un ataque de amnesia cognitiva y había pasado de ser la mejor puntuada a una nota de 2,275-. Así que la plaza se amortiza.
Todo el gasto de una oposición para nada. Los procesos lógicos de cubrir una plaza dinamitados por loa aires. Pero habrá alguien que seguramente le encuentre una explicación plausible que nada tenga que ver con la política tal y como se hace en España.
Y luego llega el rocambole definitivo. La que ha sacado una nota mínima para una plaza es la que termina elaborando como autónoma externa los informes que, según parecía antes, ya no eran necesarios y por lo que no importaba amortizar la plaza.
¿Ha experimentado Castilla León una eclosión digital que haya hecho replantearse su decisión a Isabel Carrasco?, ¿han descubierto los expertos que con unos conocimientos de 2,275 es suficiente para elaborar proyectos de TDT?
No se sabe. Nadie lo sabe o, para ser más exactos, solo Triana y Carrasco lo saben.
Y de pronto ese puesto de concejala al que no llegó al principio de su carrera política esta vacante. Tiene que ser ocupado por Triana porque es la siguiente en las listas. Eso lo marca la ley, no hay vuelta de hoja. Pero el PP de Astorga decide no cubrirlo.
¿Alguien puede decirme de una formación política que renuncie en este país a un cargo político porque quedan tres meses para las elecciones? ¿Alguien puede poner un ejemplo de una formación que renuncie a la posibilidad aunque sea lejana y en coalición de ganar una votación en cualquier ámbito?
Se puede responder pero de nuevo será un acto o de fe o de demagogia, no una respuesta basada en la realidad.
Y más si se tiene en cuenta que en las siguientes elecciones Montserrat Triana no figura en las listas del PP de Astorga
¿Es porque no ha ejercido de concejala?, ¿es porque se ha enfrentado por su plaza a Isabel Carrasco?, ¿es por que se tiene previsto que ocupe otro puesto?, ¿Es porque el PP se ha olvidado repentinamente de su existencia?
Y ya puestos a hacer preguntas 
¿Por qué Isabel Carrasco, a la que se le han llegado a contabilizar doce sueldos distintos, firma un decreto exigiendo a Triana y solo a Triana la devolución del plus de exclusividad? ¿es por una política general del Partido Popular?, ¿es porque de repente le ha dado por ahorrar y empieza por Triana?
Y cuando pierde el juicio porque los tribunales lo consideran prescrito ¿por que firma otro decreto volviendo a reclamar dinero de Triana?, ¿por qué se empecina en la vía judicial?, ¿tan importantes son 6.000 euros para la Diputación Provincial de León?
Y aquí es donde los que defienden que esto es solo una locura, que no tiene nada que ver con la política que es solamente "inquina personal" ven el cielo abierto y afirman que fue por perder ese juicio -ante la justa sentencia del tribunal- cuando Triana enloqueció y echó la culpa, sin razón ninguna a Isabel Carrasco.
Pero el hecho es que no se sostiene porque resulta que la asesina se estaba ganando las lentejas con el Parlamento de Navarra si ya tiene un contrato de servicios en vigor ¿por qué desesperarse y enloquecer por la falta de recursos económicos? ¿porque matar a Carrasco por ese motivo si la vista por esa reclamación no está prevista hasta julio?
Y ahora comienza el juego.
Que alguien intente responder a todas estas preguntas sin recurrir al clientelismo político, al vasallaje partidario ni al feudalismo novecentista que marca la actividad de los principales partidos políticos españoles. Suerte
¡Ah y otra para terminar! ¿por qué todo el mundo se empeña en recurrir al apellido materno de Triana cuando habla de ella?
Pero eso ya lo sabemos, ¿no?
Y de nuevo para que conste. Nada de esto justifica que alguien decida descerrajar cinco tiros a otra persona, sea política o no. Buscar explicaciones no es buscar excusas.

Wert, Las NNEE y la laxitud y el rigor de la norma

Mientras nuestra sociedad y nuestra prensa se hacía cruces sobre el "inexplicable" crimen que acabó con la vida de una política leonesa y que ha terminado siendo de todo menos inexplicable, nuestro Gobierno, que se ha llenado la boca durante tres días de decir y repetir que no hay que banalizar el sufrimiento, que todas las vidas son iguales y demás lugares comunes que todos sabemos que ni se creen, ni esperan que nos creamos, ha seguido a lo suyo.
A acrecentar el sufrimiento de los que menos recursos tienen en aras de algo que no es más que su obsesión, su obtusa y pretenciosa manera de ver el futuro. Y esta vez le ha tocado a los autistas.
Centenares de familias han visto como desde las oficinas del ministerio que preside el proceloso José Ignacio Wert han salido cartas denegándoles las becas para la terapia extra que precisan estos niños enfermos para poder integrarse en el mundo que les rodea con unas garantías mínimas de existencia normalizada.
Y así, de un plumazo, echan por tierra toda su demagogia funeraria sobre que "toda vida es importante", sobre que "no se debe banalizar la existencia humana" porque ellos, los inquilinos de Moncloa y del Ministerio de Educación toman como nada la existencia de estos niños y sus necesidades, la vida de sus padres y familiares y su esfuerzo y su sufrimiento, las necesidades de cohesión y solidaridad de toda una sociedad.
Porque no hay nada que haga más banal la existencia humana que medirla por su coste monetario.
En otro de esos ejemplos de maltusianismo social que les caracteriza y que tiene como principal abanderado al ministro Wert vuelven a considerar que el gasto en los autistas no es necesario, es prescindible. Y como Leónidas y los espartanos arrojan por las laderas del monte a sus vástagos no perfectos para librarse de ellos. 
Porque consideran que no merece la pena gastar dinero en alguien que es posible que nunca llegue a estar en condiciones de ser las máquinas de producir sin pensar que ellos quieren que sea todo español para su beneficio y el de toda su clientela.
Y poco les importa que el nivel intelectual entre los autistas tienda a ser extremadamente elevado, nada les importa que la pérdida de esas becas suponga un retroceso evolutivo, les estanque, les impida salir de una enfermedad que les hace muy difícil relacionarse con su entorno y sus semejantes.
Desde Murcia a Alcalá de Henares, desde Baleares a Cantabria, desde Andalucía a esa Castilla León donde han estado todo este tiempo diciendo que no hay que "hacer de menos el sufrimiento humano", deniegan las becas de 20.000 euros para las terapias especiales mientras consienten que la consejera de educación valenciana -que parece querer iniciar el camino hacia Génova- gaste lo que no está escrito -bueno sí está escrito, pro lo oculta- en subvencionar colegios religiosos, en ceder terrenos y edificios a universidades privadas -también católicas, claro-.
Les niegan el pan y la sal a aquellos que más lo necesitan mientras consienten que Lucía Figar, consejera de Educación de la Comunidad de Madrid, se conceda a sí misma una beca de ayuda el sueldo combinado de ella y su esposo es uno de esos de seis cifras que rara vez se ven en las nóminas de los españoles.
Y la excusa que dan para denegarlas es de traca. Sería divertida si no fuera trágica, sería esperpéntica si no fuese dantesca. Afirman que ya están tratados en sus colegios.
Colegios en los que un solo logopeda tiene que atender cuatro aulas con ocho niños con necesidades especiales, colegios en los que el mismo profesor especial debe tratar a la vez con autistas, alumnos con síndrome de Down, con parálisis cerebral o con déficit de atención pese a las diferencias mas que evidentes que suponen cada una de las afecciones y su tratamiento y evolución.
Pero al ínclito ministro y a toda la corte genovesa que busca dinero para cuadrar unas cuentas públicas que ellos mismos han descuadrado en las comunidades autónomas en las que gobernaban nada de eso les importa.
Dicen que lo único que han hecho es ponerse más "estrictos" con el cumplimiento de los requisitos exigidos y hasta podría ser elogiable tal actitud.
Si también hubieran abandonado su laxitud a la hora de conceder becas de comedor hasta el punto de que han dejado colar una concedida por una consejera de educación a sí misma, si también hubieran abandonada su laxitud a la hora de pasar por alto la indolencia criminal con la que algunos directores de centros de enseñanza han tratado la pedofilia de alguno de sus profesores, si también hubieran recuperado la rigidez a la hora de exigir a los centros religiosos concertados que no cobren dinero alguno -disfrazado de lo que esté disfrazado- a las familias de sus alumnos cuando el Estado les subvenciona.
En todo eso permanecen laxos, relajados, dejando que el dinero circule a espuertas y siga saliendo de las cajas públicas para acabar en las privadas. En eso parece que no hay que ponerse estricto.
Hay familias que se han endeudado hasta las cejas pidiendo préstamos para adelantar -como todos los años- los gastos en espera de recibir la beca y ahora no pueden afrontar los pagos. No solo dejan a la intemperie a los autistas, sino que abocan a la miseria a sus familias.
Porque es obvio que en una sociedad moderna, solidaria y equilibrada hay que ser comprensivos con los gastos multimillonarios de las empresas que construyen carreteras privadas inviables y hay que compensarles por su fracaso empresarial, es evidente que para que un país sea justo y se preocupe por sus ciudadanos hay que gastar miles de millones de euros en el rescate de una burbuja inmobiliaria, financiera y bancaria que ha estallado por la furia especulativa de quienes se beneficiaron de ella.
Pero dar 20.000 a las familias para que puedan afrontar con unas mínimas garantías el esfuerzo y las dificultades que supone que uno de sus miembros tenga necesidades educativas especiales no, eso no debe hacerse. Eso no es justo, no es liberal, no es procedente.
Así que la próxima vez que, enlutados hasta las cejas, repitan que todo asesinato es execrable alguien debería recordarles al oído que no pueden decirlo, que es mejor que se callen.
Porque Wert, su ministerio y su absurdo maltusianismo social están matando las esperanzas de futuro y de integración de autistas y otros niños con necesidades educativas especiales.
Eso es casi peor que dispararles a bocajarro. Es matarles en vida. Y que un gobierno haga eso sí que es "inexplicable".

jueves, mayo 15, 2014

Montserrat Triana o el asesinato clientelar

Durante dos días nos hemos tenido que tragar el rito y el mito de que la política no tiene nada que ver con la muerte de Isabel Carrasco, de que "son cosas personales".
Y ahora parece que algunos y algunas empiezan a despertar de su letargo y recuerdan lo que son, recuerdan lo que nunca debieron dejar de ser. Recuerdan que son periodistas, no cantores de panegíricos que deben respetar la memoria impoluta de un difunto más allá de la comisión de un crimen.
Y de pronto, después de ocultarlo hasta el ridículo en las informaciones y matizarlo hasta el absurdo en los editoriales, hacen lo que tienen que hacer: informan de las circunstancias que rodean a la muerte de Isabel Carrasco.
Para ello no hace falta mucho, solo hace falta reconocer la existencia de un motivo, de una forma de actuar y de hacer política que es la causante de todo: el clientelismo feudal que impregna hasta el último resquicio de la política de las grandes formaciones españolas.
Empecemos por el principio.
Montserrat Triana, afiliada del PP, comienza su carrera política pública como candidata en las listas municipales de Astorga. Sabemos como se hacen las listas electorales en el Partido Popular y el PSOE. Luchas de poder, equilibrios de fuerzas, favores debidos, recompensas otorgadas: Clientelismo. Quizás clientelismo asumible y asumido, pero clientelismo al fin y a la postre.
Fallan los cálculos -o quizás no para Isabel Carrasco- y no obtiene una concejalía por los pelos. Pero el clientelismo funciona de nuevo en una fase ya no asumible por nadie salvo por las actrices del mismo: 
Recomendada -no se sabe si por Carrasco o por otro miembro destacado del partido- es contratada como interina en la Diputación Provincial.
¿Si hubiera entrado por oposiciones hubiera habido problema?, no; ¿si hubiera sido contratada sin recomendación, solamente por su currículo, sin tener en cuenta su militancia, su presencia en las listas electorales y su fallido acceso a una concejalía, hubiera habido problema? no. 
Pero no es así. Y no pasa nada porque el clientelismo todavía beneficia a ambas partes del acuerdo feudal de vasallaje.
La cosa sigue y se complica. Da igual que Triana no quisiera firmar un informe que le imponía su dueña y señora -a esas alturas, Isabel Carrasco ya se había convertido en su señora feudal- o que la presidenta del PP local quisiera colocar a alguien a quien debía más o que era más afecto a ella y la obedecería sin rechistar -como parece que hizo. El substituto de Triana también fue "recomendado"-.
Y aquí es cuando el clientelismo tuerce las cosas.
La señora feudal ya no está conforme con su vasalla y decide que no ocupe su puesto como concejal de Astorga, aunque ha quedado una vacante, clientelismo de nuevo. Pero aún la considera su vasalla y consiente que sea contratada como autónoma para realizar informes externos pagados con dinero público sobre lo mismo que supuestamente no sabía hacer cuando estaba contratada -porque uno asume que se despide a la gente porque no sabe hacer su trabajo cuando no hay ni puede haber quiebra económica de por medio-. Clientelismo, sobre clientelismo.
Y por eso la cosa sigue. La inquina crece pero, como sigo comiendo y subsistiendo gracias a mi señora feudal, me aguanto.
Y al final, la dueña del castillo deja de cumplir su parte del juramento vasallático y la deja sin recursos, sometida a juicio y sin forma alguna para afrontar en soledad una situación en la que la había colocado su clientelismo existencial y el nepotismo político de su dueña y señora.
Conclusión: lo que todos ya sabemos.
Culpable: Montserrat Triana -aunque la autora material de los disparos sea la madre. Eso es mera estrategia criminal-, Cómplices: Isabel Carrasco y todo el aparato político de uno y otro signo que pretende que esa es la forma correcta de hacer política en nuestro país.
Cualquiera de ellas dos podría haberse comportado de otra manera. Podría haber puesto freno a esa cadena continua de clientelismo vasallático y feudal en cualquier momento. Pero ninguna de ellas lo hizo.
Para empezar, Triana nunca debería haber puesto sus esperanzas de trabajo y sustento en ser cliente política de nadie; para continuar, Isabel Carrasco jamás debería haber aceptado que ser del partido, de la cuerda, de la tendencia o afecta en cualquier otro sentido es sinónimo de tener derecho a un puesto de trabajo y un sueldo.
Para empezar, Isabel Carrasco no tendría que haber buscado alguien afecto sino competente para un puesto solamente porque así sabía que iba a hacer todo lo que ella quisiera; para continuar, Triana no debería haber aceptado hacerlo y debería haberlo denunciado si así se lo intentaban imponer.
Para empezar, la sierva no debería haber pensado que tenía derecho a que su señora la protegiera de todo mal; para concluir, la dueña no debería haber creído nunca que tenía derecho de horca y cuchillo sobre vidas y haciendas de aquellos a los que consideraba sus siervos y aparceros.
Y ¿qué origina todo eso? Solo una palabra. No es la locura de una mujer, ni el desajuste emocional. Es el clientelismo.
Así que todos los afectos a este gobierno o cualquier otro que ahora visten de negro y gritan "asesina" a la salida de Montserrat Triana de la comisaría -¿este gobierno no decía que hacer esas cosas era anticonstitucional y había que evitarlo, por cierto?- deberían llevar sus ropas luctuosas y sus gritos al cementerio en el que yace Isabel Carrasco y repetirlos.
Porque Montserrat Triana es culpable de matar a sangre fría a alguien que no merecía morir -tal vez sí ir a la cárcel, pero no morir-. Pero Isabel Carrasco es culpable de asesinar la política española con su forma de utilizar el vasallaje y el clientelismo para mantenerse en el poder y medrar con sus cargos.
Aunque conviene repetir que eso no está penado con la muerte.
A Isabel Carrasco la mató la madre de Montserrat Triana, instigada por esta, y son cómplices del asesinato la propia víctima y todos los políticos de este país que tiran de nepotismo, relaciones feudales y clientelismo para ejercer la política.
Y ni todos los panegíricos y los eufemismos, la demagogia y las historias preparadas del mundo nos van a hacer apartar la vista de ese punto.
Estos son los hechos del caso. Y son irrefutables.

Isabel Carrasco y el móvil del rencor solitario

Hay gentes que, aprisionadas en los complejos de superioridad que desarrollan para compensar sus miedos y carencias, son capaces de creer que saben más que nadie, que pueden dirigir a los demás al lugar al que quieren llevarles sin que estos se enteren, sin que perciban la dimensión de sus maquinaciones y sus intentos de manipulación. Y sobre todo sin que estos reaccionen ante ellos.
Sabíamos que nuestros políticos casi de todo signo y condición se encontraban entre esos seres y barruntábamos que la prensa política de este país iba a hacer lo mismo tarde o temprano. Pues bien, ya lo ha hecho. 
Y como parece ser que en estos dos días todo tiene que ver con Isabel Carrasco y su asesinato a tiros en las calles de León, lo han hecho en precisamente en ese caso.
La prensa española, toda la prensa española, tira de manual y editorial y en dos días da por zanjado el asunto del asesinato de Isabel Carrasco. Pero no de manual periodístico, no de Curso General de Redacción Periodística, tira de manual de contra información, de agitación y propaganda, y da por concluido el tema.
Como todo el mundo busca un móvil en este asesinato furioso y con ensañamiento y como investigar sobre el móvil puede ser contraproducente para los intereses de aquellos a los que sirven que, obviamente, hace años que dejaron de ser la información y los ciudadanos para ser uno de los dos partidos políticos mayoritarios, nos dan un móvil.
"El rencor, la inquina personal". La asesina de Isabel Carrasco la mató por eso. Se acabaron las especulaciones. Punto final.
Y pretenden ser superiores en inteligencia y conocimiento que todos los demás, como creen que no percibiremos que nos llevan a una emboscada disfrazada de certeza, respiran tranquilos porque creen que no nos daremos cuenta de algo que es tan evidente como la rotación planetaria:
Casi todo el que mata lo hace por rencor o por inquina personal.
La mala bestia que mata a su pareja a golpes lo hace por rencor, pero luego decimos que ese rencor se origina en el hecho de que le va a abandonar para ser libre; el loco furioso de un dios mal entendido mata por rencor e inquina personal contra aquellos que no cumplen los preceptos que su locura ha inventado para el mundo; el terrorista de la bomba lapa y el tiro en la nuca mata por rencor e inquina personal contra todos aquellos que no comparten su visión sesgada y totalitaria del mundo, la mujer celosa que clava un cuchillo a su marido por la espalda lo hace por inquina personal porque este se va a divorciar o se mete en la cama de otra. 
El rencor y la inquina personal, o sea el odio, es el principal móvil presente en todas las formas de asesinato. Junto con el dinero, claro está.
Pero curiosamente las investigaciones policiales y periodísticas no suelen quedarse en ese punto, en es móvil genérico y casi universal. Tienden a preocuparse de ahondar en los motivos que han generado, con razón o sin ella -casi siempre sin ella, que pocos o ningún motivo razonable hay para matar a alguien-, ese rencor, esa "inquina personal".
Nos hemos tenido que tragar reportajes completos que hablan de por qué Bin Laden odiaba a Occidente, nos hemos desayunado día tras día con descripciones y perfiles psicológicos de Carcaño en los que nos contaban o especulaban con el motivo que le llevó a odiar a Marta del Castillo o del padre de los niños de Córdoba en el que nos explicaban porque odiaba a su esposa. 
Sin ir más lejos hace apenas una semana muchos de esos medios de comunicación han participado en una campaña que solicita el indulto para una mujer que quemó vivo a un individuo por rencor. Un rencor motivado por el hecho, nada desdeñable, de que este había violado a su hija.
Pero con Isabel Carrasco no. 
Soraya Sáenz de Santamaría dice que "es una venganza personal" y nadie le pregunta ¿y de que se estaba vengando?; el presidente del congreso dice que "fue un asesinato por motivos personales" y nadie le pone el micro o la grabadora en la boca para que responda a la pregunta ¿qué motivos personales?
Y luego nos dan un móvil del crimen para que nos callemos, para que no protestemos o indaguemos más: el rencor, la inquina personal. 
Y es tan vago e insustancial que sirve para toda muerte violenta desde Caín y Abel hasta la guerra de Vietnam, desde el asesinato de Cayo Julio César hasta las purgas estalinistas, desde los Infantes de Lara hasta el pogromo nazi.
Hitler mataba por rencor pero todos sabemos que ese rencor se basaba en el racismo, Stalin mataba por inquina personal, pero todos conocemos que lo hacía por ideología y luchas de poder, Torquemada mataba por rencor y era la religión fanática la que lo producía como lo origina hoy en los furiosos yihadistas.
Pero seguimos sin saber y parece que nadie va a investigar el motivo del rencor y la inquina personal que destilaba y aún destila la asesina de Isabel Carrasco contra su víctima.
Porque en realidad no nos han dado un móvil, nos han dado una pieza de contra información bellamente decorada, nos han dado una píldora endulzada y azucarada en la esperanza de que la ingiramos y sigamos a lo nuestro. 
Nos han dado un placebo. Nos han dado la teoría del loco solitario.
Un móvil tan rápido y un ejecutor tan solitario como Lee Harvey Oswald, como el asesino de Martín Luther King, como Mehmet Ali Agca, como el asesino de Calvo Sotelo, como Ramón Mercader, como el asesino de Olof Palme, como Yigar Amir... Como todos aquellos que han matado a políticos y personajes con poder solos y guiados exclusivamente por su rencor e "inquina personal".
Y luego se extienden en explicar cómo se planifico, en describir el lugar en el que se llevó a cabo, en recrearlo para que nuestra atención se fije en otras cosas.
Pero, a estas alturas, todos somos ya el general X de la mítica película de Oliver Stone y arqueamos una ceja bajo nuestro sombrero stetson para decir: "el cómo, el dónde y el cuando son solo montajes para el público, cortinas de humo que impiden hacer la gran pregunta: por qué".
¿Por qué odiaba a Isabel Carrasco su asesina?, si era por el despido ¿por qué esperó tres años y no disparó a su jefe directo que es, con toda probabilidad, quien lo recomendó?, si fue por perder el juicio ¿por qué siguió a la presidenta del PP leonés y no esperó a la salida del juzgado al juez que había sellado y firmado la sentencia de su ruina?
¿Por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?
Y para quien no lo tenga claro, nada de esto justifica a las mujeres que descerrajaron cinco tiros a quemarropa a Isabel Carrasco. Que conste y queda dicho con todas las letras: Isabel Carrasco no merecía morir.
Pero el consumo se ha desplomado en España y no están las economías para despilfarrar dignidad e inteligencia en comprar cosas que no sirven, sobre todo historias preparadas.
No se está buscando exonerar a nadie, ni siquiera se están buscando atenuantes. Estamos buscando cómplices.

miércoles, mayo 14, 2014

Carrasco, política y aquello de "Uno de los nuestros"

Está claro desde hace varias generaciones, dos guerras mundiales y varios ciclos de crisis económica, que el ser humano no aprende nunca de los errores ni de los dolores sufridos en carnes y tiempos ajenos. Pero parece que nuestros políticos en general se han empeñado en no aprender tampoco de los que experimentan en carne propia.
Aún está casi caliente el cadáver de la Presidenta de la Diputación Provincial de León, Isabel Carrasco, asesinada por como se hacen y se deshacen las cosas en las principales formaciones políticas de este país, tiroteada por quien a todas luces se antoja una de las integrantes de su clientela partidaria, y las mesnadas políticas españolas siguen a lo suyo. Siguen sin aprender.
Para empezar se juntan y se agolpan para mandar un mensaje tan claro y meridiano que nos hace mover la cabeza a uno y otro lado casi con desesperación: "estamos juntos, somos lo mismo, en esto no hay fisuras".
Más allá del culto a la muerte que rige el inconsciente colectivo patrio y hace olvidar los errores, fracasos y maldades de los muertos en beneficio de su memoria -como si la memoria no mereciera o tuviera derecho a recordar las partes oscuras de nadie-, nuestros políticos abarrotan la catedral de León, se sientan en sus bancos, para reivindicar la política, dicen ellos.
Pero en realidad la foto de todos contritos y acongojados envía otro mensaje. Envía eso de "chicos, cuidado, que esto puede pasarnos a cualquiera". 
Porque lo que conmociona a los políticos de los partidos mayoritarios y de alguno no tan mayoritario no es la muerte de alguien querida o por lo menos respetada por toda la clase política española, como podría ser el reciente fallecimiento de Adolfo Suárez. Lo que les tiene en estado de animación suspendida y cortocircuito emocional es el hecho de que Isabel Carrasco que, pese a lo que digan o escriban, les importaba bien poco, murió a manos de una de las suyas.
Y todos los que se sientan en la nave de la catedral leonesa tienen demasiados de los suyos como para dormir tranquilos estos días, ahora que han visto que alguien a quien creían afecto y sometido a la disciplina del partido puede acercarse a ti por la espalda disparate y luego esperar a que te gires en el suelo para rematarte con cuatro disparos más; ahora que han visto que la militancia clientelista -no toda la militancia- no solamente sirve para pegar carteles, descabalgar de sus puestos a los de la competencia política, ganar dinero y hacerse fotos, sino que también puede reclamar con sangre a su señor, como antiguos vasallos medievales, las deudas contraídas y no pagadas.
Por eso se empeñan en reivindicar la política. Pero en realidad no están reivindicando la política, sino su forma de hacer política. Porque si reivindicaran la política de verdad esto no hubiera ocurrido. Isabel Carrasco nunca hubiera muerto asesinada a tiros en las calles de León.
Nunca hubiera pasado porque nunca hubiera existido una mujer que pudiera creerse que por ser militante de un partido y parte de la agenda de alguien tenía el trabajo asegurado, los juicios ganados y los ingresos firmes. 
Porque si creyeran de verdad en la política hace meses que habrían aprobado una Ley de Transparencia que languidece en los pasillos del Congreso y que cada vez está más vacía de contenido; no hubieran intentado sacar adelante iniciativas que impidieran a la ciudadanía protestar, criminalizando las manifestaciones y los escarches, para mantener a salvo a los políticos de sus propias conciencias; se hubieran puesto de acuerdo para reformar el código penal para criminalizar la corrupción y el nepotismo político con penas mucho más duras; hubieran hecho frente común para eliminar el aforamiento de toda la casta política de cargos electos que se escuda tras de él en sus delitos y manejos desde Valencia hasta Andalucía, desde Galicia a Catalunya, desde Madrid hasta Bilbao.
Eso es reivindicar la política y la forma correcta de hacer política, no acudir de negro a un funeral a mandar el mensaje de "estamos muy preocupados y tristes porque han matado a uno de los nuestros".
Porque en realidad eso es lo único que les preocupa, que era uno de los suyos.
Y por eso suspenden la campaña electoral y hasta el debate de los candidatos de sus partidos cosa que, como decía ayer un comentario de una red social, no hacen cuando se suicida un desahuciado, por poner un ejemplo trágico, público y por desgracia cada vez más frecuente. Esos no son de los suyos, no hace falta preocuparse.
Y como muestra un botón.
El Ministro del Interior, Jorge Fernández, ha solicitado a la Fiscalía General de Estado que investigue algunos comentarios en redes sociales para ver si son constitutivos de delito por los insultos que expresan contra la política leonesa tiroteada.
No está mal.
Pero cuando entras en Twitter y tardas  dos movimientos de pulgar en encontrar un comentario en el que se le niega el cerebro y la condición de ser humano a todo varón sobre la tierra o ves que el hashtag del día es #DEPAbrahamMateo, que solicita la muerte de un cantante de moda, supones que el señor ministro del interior hará la misma solicitud a los fiscales de este país.
Cuando tardas dos clics de ratón en hallar un timeline que define a las mujeres por sus pechos o en encontrar tuits y respuestas que piden que se dispare a matar contra los inmigrantes que saltan la valla, que se saquen los tanques a la calle en Catalunya o que llenan de comentarios e insultos racistas y xenófobos las redes sociales, esperas que el ministerio actúe con la misma presteza.
Y cuando ves que no es así es cuando te das cuenta de que tienes razón en algo que ya sabías. Nunca van a aprender.
Solo importa lo que le hagan a uno de los suyos. Solo hay que proteger a los suyos, solo hay que valorar a los suyos, solo hay que defender a los suyos. Y nosotros y otros muchos nunca seremos los suyos. Nunca se sentarán por nosotros compungidos y penosos intramuros de una catedral.
Exactamente la forma de hacer política de todos ellos que ha llevado a Isabel Carrasco a morir a tiros en mitad de una calle de León.

martes, mayo 13, 2014

Isabel Carrasco: la agenda como arma del crimen

Hay ocasiones en las que un solo acto, un solo hecho público y notorio, de repente nos arroja a una realidad que desconocíamos o nos empeñábamos en desconocer.
Y esto es lo que ha ocurrido con el asesinato de la líder provincial del PP de León, Isabel Carrasco.
Mientras sus compañeros se empeñaban en intentar desactivar la protesta tildando de terrorismo los escarches, mientras el gobierno que su partido ejerce y mantiene pretendía y aún pretende silenciar la sociedad acusando de violentos a todos los que alzan su voz y sus acciones contra él, dos mujeres, que no protestaban, que no estaban en colectivo reivindicativo ninguno, que no tenían nada en contra de la política de los gobiernos central, regional o local, atravesaron una plataforma peatonal y descerrajaron cinco tiros a la presidenta de la Diputación Provincial de León.
Y los políticos se quedan estupefactos, la sociedad arruga la comisura de los labios y los medios de comunicación se ven forzados a tirar de partes policiales para rellenar páginas porque parece que es algo que no es lógico. 
Las declaraciones y entrecomillados empiezan a hablar de "sin sentido", "sin explicación" y en realidad lo que quieren decir es que la muerte de la política castellano leonesa nos deja fuera de juego, sin saber en qué dirección movernos. 
Porque no es un asesinato político o terrorista -como si matar a alguien por pensar de forma diferente a nosotros fuera una explicación aceptable-; porque no es una muerte en un acto criminal o delictivo -como si disparar a alguien por dinero fuera fácilmente explicable-. Porque es algo que parte de una de las realidades más viscerales de nuestro país, de nuestra forma de hacer las cosas.
Y no se trata de la venganza, que también. Se trata del nepotismo.
Hay muchos en este país que centran sus expectativas de futuro, de ascenso o simplemente de supervivencia en acercarse a otros. En la vida real es así, pero en la política es un virus que lo inunda todo, que invade y carcome las entrañas de prácticamente todas las organizaciones políticas y sociales.
Y así dejamos de ser nosotros y nuestras circunstancias,como eramos para Ortega y Gasset, para transformarnos en nosotros y nuestros contactos, nuestras amistades, nuestra agenda.
La asesina de Isabel Carrasco era parte de esa agenda. Había ascendido hasta entrar en las listas pero no salió elegida y entonces se la contrató de interina en la Diputación, luego hubo que recortar y se la despidió, pero se la mantuvo como autónoma y finalmente se la dejó de pagar. 
Y en ese momento, según parece, es en el que Isabel Carrasco empezó a ser asesinada.
Porque cuando se deposita nuestro futuro en las manos de otros, en las supuestas lealtades y amistades de otros, en los secretos y mentiras compartidos, dejamos de controlarlo. Dejamos de vivir para pasar a solamente servir.
Nuestra vida y nuestras acciones dejan de pertenecernos y comienzan a pertenecer a un solo señor, el miedo.
El miedo a perder lo que hemos conseguido, lo que tenemos y que depende en parte o en todo de la voluntad de otro, de los deseos de otra persona y sobre todo de que aquellos que nos han ayudado a medrar, ascender o simplemente mantenernos estén contentos con nosotros.
Así que tenemos que hacer lo que dicen. Da igual que lo ordenen directamente, lo aconsejen amigablemente o lo insinúen arteramente, tenemos que hacer lo que dicen. 
Aunque no nos guste, aunque no queramos hacerlo. Incluso aunque no digan nada, con que muestren un descontento general hacia nuestros actos, nosotros corremos a recoser las relaciones, a ponerlas en su sitio, a rendirles pleitesía para que sepan que seguimos siendo de los suyos.
Y si, después de todo eso, de todas esas ofrendas, de todas esas acciones regidas por el miedo a ser nosotros mismos y a asumir nuestros riesgos, vemos que no nos sirve, vemos que somos aparcados definitivamente en la cuneta porque ya no les valemos para los objetivos que tenían para nosotros, porque tienen otras cosas en qué pensar o simplemente porque tienen sus propios amos a los que contentar, entonces es cuando llega la desesperación. 
Entonces es cuando llegan los cinco disparos a quemarropa.
De repente, aquel líder, aquel político, aquel poderoso en el ámbito que sea, que era nuestro aliado y protector se transforma en nuestro enemigo. 
Cuando vemos que no controlamos una situación que creíamos que estaba en nuestras manos porque le teníamos de nuestra parte es cuando nos damos cuenta de ya no podemos manejarle, de que ya no podemos seguir cabalgando a lomos del potro desbocado que es el compadreo gubernativo, el servilismo partidario o cualquier otra forma de nepotismo político y social, es cuando nos damos cuenta que todo ha sido en vano, que nuestras renuncias no cuentan, que nuestra lealtad no importa, que nuestros servicios son prescindibles.
Y como el segundo de a bordo que ha esperado sentarse a la mesa del gabinete del capitán pirata a fuerza de machacar a la tripulación y no obtiene el mando de la segunda nave; como el esclavo de confianza que la ha ganado a fuerza de flagelar la espalda de sus compañeros de raza y plantación y descubre que va a ser vendido, nos damos cuenta de que no nos queda una vida propia a la que recurrir.
Da igual que sea porque nos intenten obligar a hacer algo que no podemos hacer o porque simplemente dejen de preocuparse por nuestra situación y nuestra protección. 
Cuando vemos que nuestra vida se destruye por la misma voluntad a la que recurrimos para crearla, comprendemos que no tenemos salida. Que ni siquiera la traición es ya una salida.
Y algunos o algunas, cuando se quedan sin salidas, cogen una pistola y disparan cinco veces. Ese -en el rango de tragedia que se quiera- parece ser el motivo de la muerte de Isabel Carrasco.
Así es nuestra política, así es en parte nuestra sociedad. Que nadie se atreva a decir que su muerte no tiene explicación. La tiene y muy clara. Aunque a nosotros no nos guste reconocerlo.
Es el mismo motivo que está desgarrando nuestra política y otros muchos ámbitos de nuestra existencia como individuos y como civilización occidental atlántica: En una sociedad y una política como la que hemos creado y ahora padecemos, la agenda es fundamental, los contactos son imprescindibles, pero nosotros los buscamos por poder y los mantenemos por oportunidad. No los elegimos por honestidad y los cuidamos por coherencia.
Nuestra política lleva escrito en las hojas de sus agendas y las memorias de sus móviles el nombre de su propio asesino, inscrita la fórmula de su propia destrucción.
Y de la nuestra.

miércoles, febrero 19, 2014

El HCU de Valladolid obliga a a traer la almohada desde casa para la hemodiálisis.

No tiene límites.
Hoy no es necesario hablar de ellos. Hace tiempo que se hizo imposible hablar con ellos. Hoy su estupidez, su cerrazón y su completa a y absoluta falta de rigor en la gestión de la sanidad hace que sus palabras y sus hechos hablen por ellos mismos.


Pacientes que tiene que cargar de por vida con una situación de enfermad crónica son enviados de repente, de un bofetón inmisericorde de aquellos que ven que no les cuadran las cuentas  a situaciones que no se vivían en este país desde hace mucho tiempo. Que incluso en los perores tiempos de nuestra historia no llegaron a vivirse.
El Hospital Clínico Universitario de Valladolid les obliga no solo a cargar con su dolor y con su enfermedad. Les obliga a cargar con sus almohadas.
Porque una almohada es un ahorro tan sustancial que hace que los gestores del centro sanitario decidan que tiene que costearla el paciente que acuda a la diálisis. Porque los 4,75 euros que cuesta en el peor de los casos -en un vistazo rápido en algunas tiendas de muebles- hace que alguien que ya carga con los problemas de la insuficiencia renal, de la diabetes y de la diálisis tenga que traer desde casa las almohadas para poder apoyar la cabeza mientras es tratado.
Esto es lo que querían, esto es lo que están haciendo.
Y hoy es Valladolid pero mañana será cualquier de los otros centros que están bajo control y gestión privada. Cualquier de los otros centros en Valencia, Madrid o Castilla - La Mancha en el que las cuentas de resultados pretenden sustituir al juramento hipocrático en los pasillos, los quirófanos y los despachos, en los que la rentabilidad pretende sustituir al concepto de servicio público.
Y Sacyl, el servicio de Salud de Castilla -León se queda tan tranquilo. Gasta más en imprimir el papel y hacer el envió del as cartas de lo que gastaría en dos almohadas por paciente de hemodialisis, gasta más en remodelar su página web que en lo que emplearía en llenar las camas de almohadas y cojines como el diván de un pachá turco, pero lo hacen.
Su directiva se atreve a participar en masters y ponencias de gestión hospitalaria, en reuniones en las que se exploran "nuevas soluciones para la gestión hospitalaria, y luego envían a sus enfermos crónicos una sentencia al oprobio, la vergüenza. Un mensaje que les dice claramente que les importa mucho más el dinero que emplean en gastos de representación que el que deberían emplear en una comodidad absolutamente necesaria en una de las situaciones vitales más incómodas que se pueden vivir: una enfermedad crónica que te obliga de por vida a que una máquina haga por ti un trabajo que tus órganos no son ya capaces de hacer por si mismos.
Así que la próxima vez que vayan a Valladolid, a la que fuera en su día capital del imperio de los Austrias, y vean una hilera de gente portando una almohada, no crea que son apestados cargando con su petate para pasar la noche más allá de las murallas de la ciudad como ocurriera en la Edad Media, no crea que son leprosos obligados a cargar con sus pertenencias porque nadie les deja perrnoctar en la ciudad o una cuerda de presos de un gulag soviético que acarrean sus manta hacia el sitio en el que les hacen trabajar hasta la extenuación. No crean que son extras cinematográficos que recrea nel camino de alguna triste y dramática marcha de condenados judíos durante la Segunda Guerra Mundial hacia un campo de exterminio.
Son enfermos crónicos que han de portar sus almohadas para que un hospital público, hecho con su dinero, mantenido con su dinero y cuyos directivos ganan un sueldo pagado por ellos, se digne atenderles. A darles diálisis
Así que no parece que haya mucha diferencia.
Hoy no hay que hablar o escribir más del asunto. Solamente hay que dejar que su carta hable por ellos. Difundámosla y que alguien se le empiece a caer la cara de vergüenza. Si es que a quien toma y permite esta medida le queda alguna vergüenza de la que tirar.

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