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sábado, junio 17, 2017

Amancio Ortega: preguntas y respuestas entre la caridad y la justicia

Justicia y Caridad. Es esta una dicotomía casi tan vieja como esta sociedad occidental atlántica nuestra que ahora languidece por egoísmo y se está desmoronando para la historia por pura y llana inconsciencia.
Puede que esa dualidad exista desde siempre, pero hoy tiene un nombre: Amancio Ortega.
Las donaciones del multimillonario han puesto nombre y apellido por unos días a ese eterno enfrentamiento que, como siempre en España, se polariza hasta límites irracionales.
Los que tiran de rechazar las donaciones -fundamentalmente adscritos a la izquierda- yerran el blanco en una paradoja entrópica en la que no les sirve el dinero porque se entrega voluntariamente, pero exigen que se aporte de forma obligada a través de los impuestos.
Los que se descuelgan en las redes Sociales con el #YoApoyoaAmancioOrtega tiran de toda suerte de argumentos absurdos -fundamentalmente contra Podemos como siempre- que pretenden desacreditar la crítica a las donaciones y sobre todo las actividades cuestionables del ínclito empresario comparándolas con nimiedades que convierten en fallas morales insalvables de sus detractores. Para mi todos se equivocan o manipulan -que ya no sé si no es lo mismo en esta sociedad-. Y creo que se equivocan porque no hacen ni se hacen las preguntas adecuadas.
¿Que es la caridad?
La caridad cristiana -que es con la que nos hemos desayunado durante generaciones, nos guste o no- no es ni fue nunca en su concepción eso de dar limosna al pobre sino otra cosa. El loco de Nazaret la interpretó como la ayuda al desfavorecido por lo inevitable- un desastre natural, la lepra, etc.-, no como una forma de paliar la injusticia. Para paliar la injusticia estaba la justicia -aunque en su caso mesiánico fuera la de Dios-.
Pero el falso cristianismo imperante y jerárquico la cambió con el correr de los siglos y ahora es otra cosa. Es soltar las migajas -aunque esas migajas sean millones de euros, es dar la calderilla de aquello que se ha ganado gracias al desequilibrio de un sistema injusto.
Y las preguntas siguen
¿Necesita la Sanidad Pública española la caridad de Ortega? Por supuesto que sí. La de Ortega y la de cualquiera. 
¿Por qué la necesita? Porque los recortes y la desafección por ella de los últimos gobiernos la han dejado en una situación precaria, lo cual era realmente su objetivo para poder privatizarla y quitar su lastre de las cuentas públicas.
¿Es Ortega culpable de esa situación? Como empresario no. Solamente lo sería en su condición de apoyo ideológico a esa política y al partido que la ejerce. Algo que solamente se supone.
¿Es justo que la empresa de Ortega pague tan pocos impuestos a través de la ingeniería fiscal? No, no lo es ¿Es el empresario culpable de esa situación? De nuevo no. Mientras sea legal y esté permitido el que es culpables es el gobierno que lo permite no modificando la tributación de las empresas amparándose en unos criterios que harían al mismísimo Adam Smith retorcerse en su tumba escocesa.
¿Se le puede exigir que Amancio Ortega que pague más impuestos? Por legalidad no, por ética sí. Aunque puede decir que en vez de eso tira de las donaciones. Si sus aportaciones voluntarias igualan los impuestos que elude pagar legalmente, podría argumentarse que sus actuaciones están éticamente equilibradas. Y sería casi cierto -si la ética pudiera equilibrarse, claro-.
¿Es la donación caritativa de Amancio Ortega un signo de su compromiso social? No. No puede serlo. Y aquí comienzan las verdaderas responsabilidades y críticas al multimillonario gallego.
Porque ni todos los millones del mundo pueden compensar que tenga a trabajadoras marroquíes trabajando 65 horas semanales por 178 euros al mes; porque si realmente tuviera conciencia social su empresa no recibiría una multa del gobierno Brasileño por un taller de trabajo esclavo en 2011; porque si realmente le importara la mejora social y la educación no permitiría que Zara contratara en ese país a empresas que mantienen irregularmente a 7.000 trabajadores; no pagaría a niñas de 13 años -cuyo trabajo está prohibido en media docena de convenios internacionales-1,3 euros al día por coser sus camisas y sus pantalones o a adolescentes trabajando sin contrato, privadas de libertad y en condiciones insalubres durante más de 72 horas a la semana por un salario de 0,88 euros al día.
Porque la mejor manera de evitar una injusticia no es compensarla por otro lado. Es dejar de participar o generar esa injusticia
¿Son las donaciones de Amancio Ortega reflejo de su compromiso con la mejora social al menos en España, ya que no parece preocuparse por ella en Marruecos Turquía, India, Bangladesh, Vietnam, Camboya, Argentina o Brasil? Ni siquiera eso y sorprende que los tiran de españolismo a capa y espada le pongan de ejemplo. 
Porque si se preocupara por eso no hubiera deslocalizado prácticamente toda su producción. La habría mantenido en España pese a que eso redujera sus beneficios -no los impidiera, tengámoslo claro- para contribuir a la mejora social de su país y que sus impuestos -que serían mucho menos susceptibles de ingeniería fiscal- contribuyeran al erario público y por tanto a sufragar la Sanidad Pública y cualquier otro servicio público. Y si luego quería donar de sus beneficios, bienvenido sea.
En definitiva ¿puede considerarse a Amancio Ortega como alguien que trabaja por la mejora social?
La respuesta es no. Y casi puede resumirse en 140 caracteres. No, porque aquel que acuchilla con una mano no puede intentar curar la herida sangrante con la otra mientras sigue clavando el cuchillo una y otra vez.
De modo que para mi, los que apoyan a Ortega se equivocan por considerar las donaciones del empresario lo que no son. Y los que las critican equivocan el foco y el objeto de sus críticas pasándolas del gobierno y la legislación española al magnate gallego.
Así que, en realidad, esto va de lo de siempre. El injusto -el que participa y se beneficia de esa injusticia- no es caritativo porque quiera remediar lo injusto de la situación sino por dos motivos. para lavar su imagen publica ya sea en la puerta del templo en los medios de comunicación y porque ha iniciado una negociación con su dios para que le salve pese a todo lo éticamente reprobable que hace y que sabe que va a seguir haciendo.
No es compromiso social, es intentar comprar mediante sobornos un pasaje a la eternidad.
Así que las donaciones de Amancio Ortega pueden ser útiles, pero no sirven de ejemplo ni de nada hasta que lleguen cuando su otra mano haya dejado de clavar el cuchillo en la herida de la injusticia social para multiplicar sus beneficios.

domingo, julio 27, 2014

Los dos discursos que se niegan a hacer sobre Gaza.

Muchos son los discursos, declaraciones, comunicados y alegatos que los dos perpetradores de la tragedia palestina, el gobierno israelí y Hamás, están intercambiando en estos días. Todos para justificarse, todos para acusarse mutuamente.
Si esto llega al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, si hablara un representante de Israel, si se le permitiera hablar ante él a un representante de Hamás, ambos tendrían que hacer un discurso.
Bien, yo les propongo estos:

Señores y señoras del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, Israel no mata niños.
Ninguno de sus gobiernos, partidos, ideologías, concepciones religiosas o estrategias militares consiente, justifica o propicia la matanza de niños, 
Israel no mata niños.
Aunque nuestros enemigos nos los pongan delante de las armas, aunque nos los manden con piedras y con hondas a enfrentar nuestros tanques, aunque aquellos que nos odian los adiestren para odiarnos y atacarnos,
Israel no mata niños.
Aunque tengamos que arriesgar a nuestros soldados, adiestrados para ello, para sacar de sus guaridas uno por uno a los locos furiosos de la sangre y la Yihad,
Israel no mata niños.
Pese a que eso nos obligue a forzar la eficacia de nuestros helicópteros de combate en misiones nocturnas para hacer volar las escuelas en las que esconden sus armas nuestros enemigos mientras los niños duermen en sus casas,
Israel no mata niños.
Aunque los nuestros mueran a manos de ataques ciegos de misiles lanzados por terroristas que no son como nosotros, no piensan como nosotros y solo tienen la sangre y el poder en su pensamiento,
Israel no mata niños.
Aunque los más locos y sangrientos de los nuestros clamen por el ojo por ojo, por la venganza ciega y cruel por la muerte de nuestros inocentes.
Israel no mata niños.
Aunque tengamos que sellar los silos y los túneles con la ardiente lava del Gehenna de los infiernos en lugar de bombardearlos desde el aire,
Israel no mata niños.
Aunque tengamos que cazar uno por uno a todos los que han hecho de su dios la excusa para la muerte, el odio y la locura y nos lleve mil años,
Israel no mata niños.
Aunque tengamos que sentarnos a hablar, renunciar a nuestras pretensiones de una nación que albergue solamente a judíos en una tierra que nunca fue tan solo nuestra o dejar de llamar a los nuestros a que ocupen una tierra que no les pertenece, Israel no mata niños.
Incluso aunque perdamos esta guerra, Israel no mata niños.
Señores y Señoras del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, Israel, desde hoy, no mata niños.


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Señores y señoras del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, Hamás no mata niños.
Ninguno de sus líderes, corrientes, facciones, concepciones religiosas o religiosas o estrategias militares consiente, justifica o propicia la matanza de niños,
Hamás no mata niños.
Aunque nos venga bien colocarlos de escudos para que no nos ataquen, entrenarlos en el odio suicida o enviarlos armados con cócteles molotov contra los tanques o aunque sus padres no los envían a hacer pintadas en nuestras mezquitas e insultar a nuestro profeta,
Hamás no mata niños.
Aunque tengamos que enviar a nuestros combatientes a golpear al enemigo en sus cuarteles en lugar de enviar misiles ciegos e indiscriminados que ni siquiera sabemos en qué lugar caerán,
Hamás no mata niños.
Pese a que eso nos obligue a forzar la eficacia de nuestros comandos y a arriesgarlos en combates contra tropas adiestradas mientras nuestros niños y los suyos están a salvo en sus casas,
Hamás no mata niños.
Aunque los más locos y sangrientos de los nuestros los recluten para ganarse el paraíso con su muerte o clamen por la devolución de la sangre de nuestros inocentes,
Hamás no mata niños.
Aunque tengamos que horadar en el mismo basalto del infierno las cuevas para proteger nuestros arsenales y nuestras armas en lugar de esconderlos en escuelas y hospitales buscando que nuestros niños nos sirvan de inocente parapeto, Hamás no mata niños.
Aunque tengamos que cazar uno por uno a todos los que han hecho de su dios y su tierra prometida la excusa para la muerte, el odio y la locura y nos lleve mil años, Hamás no mata niños
Aunque tengamos que sentarnos a hablar, renunciar a nuestras pretensiones de que el pueblo judío no tenga una nación o dejar de llamar a fanáticos de otros lugares a nuestra guerra santa, Hamás no mata niños.
Incluso aunque perdamos esta guerra, Hamás no mata niños.
Señores y Señoras del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, Hamás, desde hoy, no mata niños.

Mientras Netanyahu, Ron Dremer o David Hatchwell no den este discurso no me creeré ninguno de los argumentos de Israel. 
Mientras Ahmed, Yassin, Khaled Meshal o Isra Almodallal no den ese discurso no tendré en cuenta ninguno de los argumentos de Hamás.
Todos sabemos quien podría hacerlo y quien no lo lo hará nunca. Entonces todos sabremos quien es demócrata y quien es un terrorista.
Hasta entonces los dos son lo mismo. 
Sin matices. Sin justificaciones. Sin diferencias.

viernes, junio 27, 2014

Y no han podido hablar

Han viajado por su vida y el mundo sin voz. Y no han podido hablar.
Han huido sin voz. Se la quitaron.
Ella se la quitó, tú se la quitaste. Yo se la quité.
Cuando empezaban a hablar las mandaron callar.

sábado, abril 26, 2014

Pedofilia, poner la mesa y el PP de las listas negras

Alguien me dijo hace unas horas que estas endemoniadas lineas llevaban sin renovarse muchos días. 
Y es cierto. No va este silencio de que no se encuentre nada importante sobre lo que escribir como fue la respuesta instintiva, sino más bien de todo lo contrario. No es que no pase nada, es que pasan demasiadas cosas.
Al borde de una guerra de dimensiones apenas identificables por causa del absurdo supremacismo occidental y la recalcitrante cabezonería rusa; en el límite mismo de la vergüenza, contemplando como todo lo ganado en la infinita guerra palestina se va por el desagüe por culpa de una falsa hermandad del gobierno palestino con aquellos que solo entienden de guerra, sangre y yihad y contemplando como la segunda generación del chavismo desarma Venezuela en un puzle incompleto e incomprensible, entre otras muchas cosas, nosotros seguimos a lo nuestro.
Nuestro gobierno, ese que habita Moncloa por nuestros votos, sigue empeñado en pasar a la historia como el gestor de las nimiedades. El país se consume en un descenso a la miseria desconocido desde los tiempos de posguerra pero ellos se empeñan en mirar a otro lado, en legislar sobre otros asuntos.
Y la última de las cortinas de humo que han puesto en marcha afecta a los menores, a los niños. 
A esos mismos niños a los que les están robando el futuro comprometiendo el presente de su educación y de su sanidad, a esos mismos menores a los que ponen en peligro cada día reduciendo a la precariedad o haciendo desaparecer directamente el trabajo y el empleo de sus padres y madres.
Pues bien, la corte genovesa quiere ejercer de dios de las pequeñas cosas y se pone a elaborar dos leyes que nos dejar como mínimo tiritando.
La primera sería digna de figurar en el listado de mejores productos de la literatura del absurdo porque pretende ni más ni menos que obligar a los menores a colaborar en las tareas domésticas.
Sí, lo que no ha logrado progenitor alguno a lo largo de mil generaciones de humanidad, lo que ha sido el caballo de batalla de toda pelea familiar que involucrara a niño y madre, niña y padre a lo largo del desarrollo de la civilización humana, el gobierno del Partido Popular pretende solucionarlo legislativamente.
Así el "recoge tu cuarto", "pon la mesa", "haz la cama" o "no dejes los juguetes tirados por todas partes" se convertirían en el articulado de una ley que convirtiera todo ello en una obligación dentro del territorio del estado español.
Y la otra ley en la que andan es la de elaborar un registro "para siempre" -y son sus palabras, muy técnicas y concisas, por cierto- de personas condenas por delitos de pederastia y obligar a las empresas -de momento solamente a las que tengan una actividad relacionada con la infancia- a asegurarse de que ninguno de sus empleados está en ese registro.
La primera ley parece ridícula y la segunda necesaria. La primera parece absurda y la segunda lógica. La primera mueve a la risa y la segunda a un asentimiento serio y silencioso.
Pero en realidad son dos expresiones del mismo concepto. Dos ejemplos de la misma forma de entender el gobierno, la ley y la sociedad de un gobierno que hizo pellas en bloque el día que en el colegio explicaban el concepto de legalidad y justicia.
Ambas demuestran un total desconocimiento de los principios en los que debe basarse la redacción de una ley y de los elementos fundamentales que establecen los derechos de las personas.
Empezamos por el absurdo.
Para empezar un menor de edad no tiene responsabilidad legal. Resulta que en este país -y en todo el mundo civilizado, que por algo es civilizado- los menores carecen de esa carga social ¿por qué? Porque son menores. Y si tienen restringidos sus derechos también tienen en justa contraprestación limitadas sus responsabilidades.
O sea que no se puede condenar a nada a un menor por fumar o beber, saltándose las prohibiciones, pero sí se le podrá condenar por dejar su habitación hecha una leonera.
¿Qué va a hacer el juez en el hipotético caso de que un progenitor contrariado demande a un niño de siete años por no recoger los Power Rangers del salón?, ¿enviarle a un centro de internamiento de menores?
El desconocimiento que demuestran es tal que repentinamente te hace pasar de la risa por el ridículo al miedo cuando descubres que además del desconocimiento hay otra cosa del esperpéntico apunte carpetobetónico que es esa propuesta legal.
El Gobierno del Partido Popular pretende sustituir la implicación por el ordeno y mando, la evolución normal de la sociedad por la genética social, el aprendizaje por la obediencia. La educación por la imposición.
Y tan convencido está de ello que no repara en el hecho de que la situación legal se lo impide, de que la lógica social se lo imposibilita, de que el sentido común hace que su propuesta parezca un chiste. De mal gusto, pero un chiste.
Y ahora vamos con la otra. Con la ley del registro "para siempre" de personas que hayan cometido delitos relacionados con la pederastia y la pedofilia.
Antes de hablar del asunto diré dos cosas: 
Primero: para mí, la condena adecuada para la pedofilia, el abuso infantil, el maltrato infantil y cualquier crimen cometido contra menores, sería la castración o ablación y la posterior ejecución pública con garrote vil en la plaza del pueblo. Es el único caso en el que ni me inmutaría ante una pena de muerte.
Segundo y también para mi y para quien quiera recordarlo: El fin no justifica los medios.
Así que, El registro "para siempre" de personas relacionadas con la pedofilia es uno de los elementos más aberrantes que se puede proponer en una sociedad de derechos.
Da igual lo que hayan hecho, da igual lo que hayan dejado de hacer, da igual que sean odiosos, aborrecibles y merezcan colgar por sus gónadas de una cuerda hasta que mueran, como diría al auditor militar: "el reo tiene derechos".
No los tiene porque se los merezca, no los tiene porque sea bueno o intachable, los tiene porque la justicia no se puede aplicar desde otro principio que la equidad, porque la sociedad no puede mantenerse si los que redactan la ley aplican los mismos modos de hacer que los que la conculcan. Los tienen porque nosotros no somos como ellos.
Puedes hacer que los antecedentes por ese tipo de delitos tarden más años en desaparecer, puedes hacer que los juicios sean públicos y notorios, puedes aplicarles la cadena perpetua o la pena de muerte pero no puedes hacer que alguien que ya ha pagado su condena por un delito cargue con ella toda la vida.
No hay sistema legal en el mundo -salvo de la República Popular China y el de la República Islámica de Irán, dos grandes ejemplos de democracia- que mantenga el concepto de antecedentes vitalicios en ningún tipo de delito.
Y nuestros legisladores -que Solón se revolvería en su tumba si supiera que comparte categoría con esas gentes- se pasan todo eso por el arco del triunfo, deciden que no tiene importancia porque ellos quieren lograr un objetivo -que en este caso es plausible y necesario- y esa es la manera más rápida de lograrlo.
Y pretenden justificar esa absoluta falta de criterio y de respeto por los principios que hacen justa una sociedad afirmando que "los menores precisan una protección mayor". Los mismos menores que podrían ser llevados a juicio por no hacer su cama.
¡Vaya hombre! Ellos que tanto protestaron por el concepto de discriminación positiva en otros ámbitos sociales -donde también es un error aplicarlo, por cierto- ahora tiran de él.
Pero su justificación se diluye como un azucarillo en aguardiente.
Porque si ese fuera el principio también crearían un registro de por vida de padres, tíos, hermanos o abuelos que han violado a sus familiares menores de edad o de madres que han asesinado a sus bebés recién nacidos o que han dado palizas de muerte a sus vástagos. Y también lo harían público para todo español o española supiera que les esperaba a sus retoños si mantenía una relación y terminaba teniendo un retoño con esas personas.Pero no lo hacen. 
Sería igual de ilegal y de injusto pero sería coherente con la excusa que dan para el que proponen ahora.
Pero lo más demoledor de este proyecto de ley que presenta el ministerio de la ínclita Ana Mato es que "El ministerio aún ignora qué legislación habrá que modificar para crear esta base de datos, cómo accederán los empleadores a la información, ni a qué profesionales afectará".
Así hacen las leyes en este país los que gobiernan ahora. Ignorando las anteriores, los principios de derecho y las declaraciones y protocolos de justicia internacional. 
Lo que necesito es bueno y como tengo el poder legislativo hago una ley para que se produzca lo que necesito. Sin importarme si es justo o no, sin importarme si me salto las leyes internacionales y nacionales o no. Y si eso ocurre, pues la cambio y punto.
No es que importe en absoluto el futuro de un pederasta ni si un infante se queda sin paga por no arreglar su cuarto. Pero sí es importante el rumbo de futuro que emprende una sociedad. Dale a un gobierno la capacidad legal de crear listas negras y comienza a preocuparte por no estar en ninguna de ellas.
Porque hecha una siempre tendrán una excusa para justificarlas. Siempre que les venga bien, claro.

martes, febrero 18, 2014

Lucia Figar y el "sentido común" de guardar la ropa

En estos tiempos en los que resulta reiterado hasta el bochorno que los que deben asumir responsabilidades no lo hagan, que los que deben dar un paso adelante lo hagan siempre en dirección contraria, hacia atrás, hacia la oscuridad que los protege de todo mal y de toda consecuencia, siempre resulta sorprendente que alguien haga lo contrario.
Y mas sorprendente es si proviene de Lucía Figar, la consejera de Educación de la Comunidad de Madrid, que parece haber tomado el relevo de su políticamente extinto compañero de Sanidad, Javier Fernández Lasquetty, en el constante y continuo esfuerzo de hacer subir el pan cada vez que abre la boca.
Y en esta ocasión se trata del más que espinoso asunto de los abusos sexuales cometidos por un profesor contra varias alumnas en el Colegio Valdeluz de Madrid.
Resulta que la Comunidad de Madrid, el gobierno de la Comunidad de Madrid, sabía que desde 2007 este individuo se dedicaba a abusar o intentar abusar de sus alumnas y resulta que no hizo nada. Resulta que los servicios sociales lo sabían y no lo pusieron en conocimiento de la fiscalía, resulta que la consejería de Asuntos Sociales podía haber evitado que continuara pero se limitó a "cumplir el protocolo".
Y aquí es donde aparece Lucia Figar, como quien en la cosa nada tiene que perder, como quien pasara por casualidad por allí, y dice que "no es de sentido común" que Asuntos Sociales no pusiera esos abusos en conocimiento de la Fiscalía.
Como le pasara a la procelosa Cristina Cifuentes con el asunto del aborto o al extremeño José Antonio Monago con las urgencias rurales, parece que es una voz disonante, se muestra como una pincelada de disidencia mientras los portavoces oficiales de la Comunidad de Madrid dicen por activa y por pasiva que las cosas se han hecho "siguiendo el protocolo", que parece que es decir que se han hecho bien pero que, en realidad, es decir que no se ha hecho nada.
En contra de lo que pueda parecer, Figar no sube a la palestra y toma el micrófono de la disidencia. Lo que hace es meterse entre bambalinas y empuñar el altavoz de la autojustificación.
Nadie le quita la razón en lo que dice. No es de sentido común que Asuntos Sociales no hablara con la fiscalía. Pero tampoco es de sentido común que ella, Consejera de Educación, lo diga.
Porque los abusos se produjeron en un colegio, en centro educativo concertado. Y la jurisdicción sobre esos centros se encuentra más o menos debajo de las mismísimas narices de Lucía Figar, consejera de Educación de la Comunidad de Madrid.
Durante siete años la consejería que dirige la persona que no considera "de sentido común" actuar como se ha actuado ha seguido renovando el concierto, ha seguido aportando dinero público al colegio Valdeluz. Sin controlar que todo fuera bien en ese centro. Durante siete años no ha sido capaz de enterarse, preguntar o saber lo que estaba pasando. De hacer su trabajo.
Así que lo que hace Figar es echar balones fuera. Es, en uno de esos actos de lealtad extrema entre ellos mismos a los que últimamente nos tienen acostumbrados nuestros gobernantes, arrojar a los leones mediáticos a su colega de Asuntos Sociales para que nadie se pare a pensar un instante, alce la mano en una rueda de prensa y pregunte ¿qué podía haber hecho Educación?, ¿por qué Educación no hizo nada?, ¿qué va a hacer educación al respecto?
Aunque pueda parecer otra cosa.
Y el síntoma definitivo de que se trata de eso, de una estrategia disuasoria, y no de otra cosa es el resto de sus declaraciones: "se aplicaron los protocolos y lo que estaba previsto, eso se hizo”, dice Figar. Y continúa la faena de aliño con: "hay que estar abierto a cambiar los protocolos de actuación en los casos de abusos sexuales. Tenemos que verlo, pero no se cometió ninguna negligencia en ese sentido”, ha destacado. Y para rematar “hay que estar abiertos a revisar lo que haga falta”.
Un profesor ha estado abusando durante siete años de sus alumnas pero no se cometió ninguna negligencia, un director y un jefe de estudios le han estado encubriendo, pero no se cometió ninguna negligencia, una institución privada que mantenía a esos tres individuos en nómina y en contacto con potenciales víctimas ha estado recibiendo dinero público, pero no ha habido ninguna negligencia.
¿De verdad quiere que entremos por ese aro?
De modo que los tan traídos y llevados protocolos fallan y "hay que estar abiertos a revisar lo que haga falta".
Ella, que ha sido capaz de modificar de un plumazo todos los protocolos de selección de personal para poner en la dirección de centros a sus adláteres -aunque luego los tribunales le hayan enmendado la plana-; ella, que ha aplicado a capricho los criterios para conceder conciertos, dejando fuera a centros laicos y concediendo el concierto a centros religiosos aún por construir; ella, que cambia a su antojo lo que le viene en gana cuando le viene en gana para aumentar su poder no es capaz de hacerlo igualmente por la vía rápida cuando de lo que se trata es de aumentar su nivel de responsabilidad.
Porque si de verdad estuviera por el sentido común, Educación hubiera enviado una carta al propietario del centro exigiendo la suspensión en su puesto del director y el jefe de estudios mientras se aclaraba el asunto, so pena de perder el concierto; o hubiera enviado un escrito al Arzobispado de Madrid exigiéndole que retirara -aunque fuera de forma cautelar- el DECA a los tres implicados; o hubiera enviado una circular por la cual se exigía a todos los centros informar sobre cualquier denuncia de este tipo; o hubiera sometido a votación en el Consejo de Gobierno una reglamentación que pidiera, instara o exigiera a Asuntos Sociales poner en conocimiento de Educación cualquier situación de este tipo que se produjera en un centro educativo público, concertado o privado de su área de gobierno.
Pero no lo ha hecho. Se ha limitado a intentar guardar la ropa para poder seguir nadando en las aguas de su poder, a colocarse ante las cámaras y decir: "miren hacia allá, miren hacia Asuntos Sociales, no me miren a mi".
Lo único que es "de sentido común" para una política como Lucía Figar. Salvar el trasero.

domingo, junio 23, 2013

Si fuera católico romano y tuviera que poner una X (para elegir la asignatura de religión, se entiende)

Si yo fuera cristiano católico romano estaría profundamente disgustado.
Si yo fuera católico romano me indignaría que el máximo jerarca de mi credo en España me considerara tan indolente o estúpido como para creer que tener que marcar una casilla en un formulario de matrícula escolar haría temblar mis convicciones.
Si yo fuera católico romano estaría muy preocupado por el hecho de que Rouco Varela afirme que tener que marcar cada año mi deseo de que que mis hijos reciban clase de religión -del mismo modo que tengo que repetir por triplicado su nombre o mi número de mi DNI- "dificulta" el ejercicio de mi libertad religiosa, como si se me pudiera olvidar de un año para otro que soy cristiano católico romano.
Si yo fuera católico romano estaría seriamente contrariado porque el máximo prelado español considere que una vez que has elegido a principio de ciclo que tus hijos estudien religión tienes que hacer un esfuerzo mayor para cambiar de opinión que el que has hecho para tomar la decisión original.
Si yo fuera católico romano me molestaría profundamente que Rouco Varela pretenda fijar las cifras de católicos y busque una forma de mantenerlas estables, saltándose el artículo 16.2 de la Constitución con la excusa de evitarme un paseo hasta la secretaría del centro para afirmar, sin que nadie me lo pida de antemano, como exige la Constitución, que soy católico romano y quiero que mis hijos estudien religión católica romana.
Si yo fuera católico romano tendría la mosca tras la oreja al descubrir que Rouco Varela está más pendiente de aumentar las cifras de estudiantes de religión a cualquier precio para justificar su relevancia social antes que de exigir a los miembros de mi iglesia un mínimo esfuerzo como ese para demostrar su compromiso con sus creencias, como tienen que hacer  y hacen los padres de otras confesiones.
Claro que si yo fuera católico romano estaría disgustado por otras muchas cosas.
Estaría seriamente contrariado porque mi máximo jerarca esté a favor de que la enseñanza pública destine recursos al pago de los profesores de religión en lugar de destinarlos a mis hijos que necesitan apoyo, desdobles o psicólogos educativos mientras en nuestros templos hay centenares de sacerdotes ociosos durante días y horas que pueden dar catequesis para aportar esas enseñanzas que quiero para mis hijos.
Me enfadaría mucho al enterarme de que el máximo responsable jerárquico de la iglesia romana en España permite al Arzobispo de Sevilla que expulse del templo a monitores de Pastoral Juvenil que pretenden enseñar a los niños que el cristianismo se basa en el respeto de los derechos humanos y que utilizan a Monseñor Romero como ejemplo a seguir.
Me molestaría tremendamente que ordene que se pongan todo tipo de trabas para la apostasía de aquellos que ya no quieren ser miembros de mi iglesia solamente para poder presentar una cifra de fieles y practicantes que no se corresponde con la realidad.
Pondría el grito en el cielo porque lleve años intentando que la casilla de "intereses sociales" de la Declaración de La Renta sea asignada por defecto a nuestra iglesia si se deja en blanco, preocupándose más por la recaudación que por el verdadero compromiso de los que estamos en la iglesia romana.
Me ofendería en grado sumo que la Conferencia Episcopal que dirige dedique más dinero a las visitas pontificias, a las reuniones de la curia y a los sueldos de los prelados que a sus aportaciones a Cáritas Diocesana que se dedica realmente a los que lo necesitan.
Me indignaría que amenacen con cerrar las instituciones sociales si se les recortan las asignaciones antes de pensar en cerrar sus sedes administrativas, en ahorrar unificando diócesis o en aprovechar al máximo parroquias y templos para otros fines que no sean el mero culto.
Así que, si yo fuera católico romano y Rouco Varela protestara porque tenga que poner cada año una cruz en una casilla de una matricula escolar en lugar de hacer bien todo lo demás estaría fuertemente contrariado.
Por fortuna para Rouco Varela, yo no soy católico romano, ni siquiera cristiano. Por desgracia para los cristianos católicos romanos, Rouco Varela cada vez parece serlo menos.

miércoles, noviembre 21, 2012

La infancia en España ya no sueña con dragones.


Una niña, miembro del trío que formará toda mi vida parte de mi alma, escribió hace cuatro años en el comienzo de un relato que escribía "aquel día, al despertar, me di cuenta de que ya no soñaba con hadas y dragones". Así, en una sola frase, como los mejores de aquellos que hacen de la palabra escrita belleza y comunicación, relataba su crecimiento, su salto a un estadio nuevo de vida y evolución. El comienzo del camino hacia una madurez que a todos nos tiene que llegar en un momento u otro, aunque lo queramos demorar hasta lo imposible.
Más allá del orgullo paterno que destila esta introducción, hoy en España más de dos millones de niños dejan de soñar demasiado pronto con hadas y dragones.
Más de dos millones de niños, un 45% más que antes de que este sistema nuestro comenzara a pudrirse por no encontrar más sustancia en el egoísmo y el individualismo en el que se asentaban sus raíces, se levantan cada día en una severa pobreza, en la seguridad de que tienen que agradecer a este Gobierno -y también a los anteriores, en parte- que los dragones ya no pueblen sus pesadillas y las hadas no habiten en sus sueños.
Y eso tiene que ser bueno.
Deberían agradecer que pierdan horas de ocio, de juego y de infancia en ser pequeñas madres y pequeños padres de sus hermanos menores porque aquellos que deberían ocuparse de los más tiernos infantes de la familia no pueden hacerlo sometidos al miedo de perder su puesto de trabajo si solicitan una jornada reducida o aquejados de jornadas extendidas hasta la saciedad por mor de una reforma laboral que permite a los empleadores hacerlo impunemente.
Eso les prepara para el futuro.
Deben dar las gracias por recorrer varios kilómetros a pie, como hicieran sus abuelos, porque los recortes se han llevado su autobús al limbo del país de Fantasía. Eso forja y endurece el cuerpo y ayuda a estudiar el medio ambiente.
Han de levantarse contentos de pasar horas junto a sus padres en las colas de la beneficencia para lograr la comida que antes llegaba ajustada a fin de mes y que ahora no se mantiene en el frigorífico más allá de la primera quincena. Eso sirve para evitar el sobrepeso.
Han de estar contentos de haberse convertido en "niños móviles" que pasan la jornada en centros de día donde les dan una comida que complementa la única que sus padres pueden permitirse darles en lugar de dedicarse a enseñarles y entretenerles como ocurría antaño. Eso es beneficioso para la socialización de los más pequeños.
Han de saltar de la cama, radiantes, sabiendo que ese día comerán la comida fría de una tartera porque sus progenitores no tienen dinero para pagar el comedor escolar y su colegio no tiene presupuesto para comprar tres microondas.
Hoy, en el Día mundial de la Infancia, muchos de los niños que otrora desperdiciarán su infancia en soñar con dragones y hadas, pueden levantarse contentos de saber que están en el país de la Unión Europea donde la pobreza de los más pequeños ha crecido más y donde la inversión social ha descendido más rápidamente.
Hoy, dos millones de niños se han levantado sabiendo que no tienen que soñar con dragones porque se los encontrarán en cuanto salgan a la calle y que no pueden volver a soñar con hadas porque sus padres ya no tienen tiempo de contarles cuantos ni dinero para cómprales libros en los que ellas aparezcan.
Y estarán contentos y le darán gracias al Gobierno por ese regalo en el Día Internacional de la Infancia.
Porque, al fin y al cabo hay que crecer, hay que estar preparado para el futuro sin perder el tiempo en sueños, fantasías, juegos o alegrías propias de la inocencia de la infancia. Y en eso no le pueden hacer reproche alguno al actual gobierno de nuestro país.
Su pobreza presente les prepara perfectamente para su miseria futura.

Lo pensado y lo escrito

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