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domingo, agosto 20, 2017

La cortina de odio que pretende ocultar nuestras vergüenzas tras Las Ramblas

Una de las cosas que tiene ese trágico momento en que la guerra te estalla ante los ojos es que saca de todos las vergüenzas y con ellas los intentos automáticos de ocultarlas.
Quizás, tras los atentados de Barcelona y Cambrils, hay tantas y tan evidentes que resulta difícil verlas todas, vuelven sus obsesiones eternas con ETA, las de los separatistas con la “opresión” del gobierno español, las de los españolistas con la Generalitat, las de ese conservadurismo populista y manipulador con Podemos... 
Todos intentan usar el yihadismo para arrimar el ascua a su sardina o cuando menos alejarla de las de sus rivales o enemigos.
Porque para Mayor Oreja reclamar unidad ante el terrorismo es exigir que todos y cada uno, ya no de los españoles sino de todos los europeos, que acepten con un leve asentimiento sumiso su forma de ver las cosas, su visión de cómo acabar con el terrorismo pese a que ya ha se ha demostrado mil veces que no sirvió de nada para acabar con ETA.
Porque para los españolistas cargar por negligencia (o incluso cobardía, que hay que leer de todo) contra la Generalitat y los Mossos de esquadra es en realidad abogar por la mano dura contra el independentismo catalán.
Porque para los independentistas catalanes separar las víctimas catalanas de las españolas en el macabro recuento no es otra cosa que intentar mandar el mensaje de no nos importa lo que piensen o digan el resto de los españoles.
Porque para los que descontextualizan una frase de Pablo Iglesias acusándole contra viento y marea de apoyar el yihadismo y haciéndole cuando menos colaborador necesario de los atentados es solamente un intento de proseguir en la ardua tarea que se han impuesto de intentar influir en la voluntad política de los españoles a través del más profundo terror atávico irracional a lo desconocido…
Y así hasta el infinito, en una suerte inacabable de interpretaciones parciales, sesgadas y oportunistas que provocan la náusea.
Pero, sin duda, la vergüenza colectiva que más aflora y la que más ridícula en su intento de disimulo es la de los islamófobos que han puesto de moda como condición sine qua non para que la comunidad musulmana en España “se gane nuestra confianza” que se manifiesten masívamente contra el terrorismo yihadista.
Si no fuera funesto hasta provocaría risa. Si no fuera patológico hasta sería ridículo.
Porque esa exigencia, aunque pueda parecer razonable y lógica, parte del más profundo y enfermizo complejo de superioridad.
Parte de ese complejo porque necesitan sentirse superiores, necesitan sentirse héroes de esa España suya que tan solo imaginan, que nunca existió ni existirá y en la que ellos son héroes salvadores de la patria contra los crueles enemigos que la acechan.
“Que hagan para acabar con el yihadismo los musulmanes hagan lo que hicimos nosotros para acabar con ETA y salgan a la calle. Entonces les creeremos”, repiten en sus tuits, comentarios e invectivas físicas y virtuales contra los musulmanes y el Islam. 
Y en ese momento, cuando lo lees o lo escuchas, si no fueran tan peligrosos hasta darían lastima.
Porque se han dejado alejar tanto de la realidad por los medios que han machacado con ello en cada aniversario, en cada conmemoración, en cada acto de eterno recordatorio de las víctimas y solo de esas víctimas, que ya se creen que ellos acabaron con ETA.
Han llegado a olvidar que a un fanático furioso, como son los yihadistas, o a un mafioso sanguinario, como fueron los falsos abertzales de ETA en su final, lo que opine la sociedad le da igual, lo que griten miles de personas en su contra le da igual. 
No responden al clamor social ni a la voluntad política de la ciudadanía: Si lo hicieran dejarían de ser fanáticos o mafiosos y del fanatismo y la mafia no se abandonan con tanta facilidad.
Vean lo vean seguirán; se manifieste quien se manifieste, seguirán. Incluso se reforzarán en su causa. Igual que hizo ETA, considerando traidor a todo vasco nacionalista o independentista que hablaba en su contra; igual que hizo el IRA con todo irlandés que hablaba de paz y no de victoria en el Ulster.
Pero los que señalan con el dedo a las comunidades musulmanas por no "llenar la Plaza de Catalunya" insisten porque, cargando contra el Islam usando la falsa yihad de parapeto, como antes cargaron contra el independentismo vasco poniendo de excusa el terrorismo de ETA, lo único que pretenden ocultar es que lo que acabó con ETA no fueron nuestras manifestaciones, ni nuestros gestos ciudadanos. 
Lo que acabó con ETA fue -además de la acción policial- una sola acción que dejó a los mafiosos sangrientos del tiro en la nuca sin argumentos para reclutar, una tras otra generación, a los jóvenes vascos para la kale borroka y los comandos: que se permitió que los vascos buscarán el independentismo de forma democrática votando a partidos abertzales que hasta entonces se negaban a legalizar.
Si puedo buscar la independencia con un voto para qué buscarla con un arma.
Pero aquellos que buscan excusas para su complejo de superioridad y para su odio, antaño a los vascos y hoy a los musulmanes, no pueden aceptar eso porque significaría que ellos no son los héroes, que no fue ninguna de sus acciones lo que acabó con ETA. Que fue, pura y simplemente, hacer por fin lo que era justo, precisamente lo que ellos criticaban que se hiciera y segaban a hacer.
Así que cargan sobre las manifestaciones multitudinarias exigidas a las comunidades musulmanas la responsabilidad del fin del terrorismo yihadista porque aflora una vez más su complejo de superioridad social que les hace creer que lo suyo es siempre lo acertado y no les permite asimilar que lo que acabará con la capacidad de los líderes de la falsa yihad de reclutar y fanatizar más huestes es que se haga lo que es justo que, en el caso del yihadismo, no es tan directo y sencillo como lo era en el caso de ETA, aunque ellos se empeñen en negarlo.
Lo dicho, si eae necesidad de odiar apenas soterrada, ese complejo de superioridad y esa incapacidad para afrontar la realidad de las cosas no fueran tan aterradoramente peligrosos, hasta darían lástima.

viernes, agosto 18, 2017

Barcelona o descubrir entre lágrimas que hay más de un enemigo

Ayer nos llegó un nuevo capítulo de esa guerra interminable que desde hacía mucho tiempo tan solo veíamos y leíamos de lejos, con los ojos pequeños entrecerrados por el miedo, la ira y la sorpresa.
Y hoy se habla aquí y allá del fin de la frivolidad, de la inocencia perdida, y de una serie de lugares comunes que todo el mundo busca cuando la sangre derramada se vuelve cercana, conocida, casi propia.
Podemos fingir que es así o podemos repetirnos la verdad. Esa frivolidad, ese no tomarnos en serio a quienes alientan el odio xenófobo cada día en las redes, en los chats, en los foros de medios de comunicación, y que hacen que los que odian crean que tienen excusa para odiarnos, no ha acabado. No ha hecho salvo empezar.
Se recrudecerá, se instalará de nuevo en la mente de muchos que necesitan en todo momento disponer de un enemigo a quien odiar, alguien sobre quien poder sentirse superiores.
Y volverá a alimentar al monstruo, seguirá haciéndole crecer, seguirá aportando carne de cañón asesina a las filas de aquellos que aprovechan la miseria para construir fanáticos, que utilizan la rabia para convencer a otros de que han de sembrar las calles de sangre y de cadáveres como otros sembraron y siembran las calles de sus pueblos y aldeas de la misma destrucción sin sentido.
Y el ciclo continuará, se expandirá y se repetirá si no abandonamos la frívola creencia de que no importa que un puñado, unos cientos, unos miles, de locos furiosos y acomplejados, pueblen día y noche el éter con mensajes contra el Islam, contra los extranjeros, contra los refugiados, si no empezamos a ver que son la quinta columna perversa e inconsciente de aquellos que nos ponen las bombas, que nos matan, que nos hacen sangrar.
Que todos esos que hablan de la España de los Reyes Católicos, que buscan y descontextualizan suras de El Corán para mostrar al mundo que el Islam es un hecho religioso perverso, que alientan y aplauden las ideas de Trump y claman porque se implanten en nuestro territorio, no son unos dementes, no son unos bocazas... 
Son nuestros enemigos.
Tanto como los que radicalizan a muchachos, ocultos en los pliegues del éter de Internet, tanto como quienes les enseñan a fabricar las bombas o les instan a arrollar a viandantes en mitad de Las Ramblas.
Enemigos de todos porque ellos son los que cada día, cada hora, en cada red social y cada tuit, le dan a quienes manejan los hilos de la falsa yihad la leña para encender la hoguera del fanatismo, del odio impenitente, de la falsa venganza y de la muerte.
Enemigos porque dan la oportunidad a los locos furiosos de mostrar a aquellos que comenten el error de acercarse a al falso califato la prueba de que aquí se les odia, de que todos sentimos desprecio hacia ellos y lo suyo, de que está justificado que viertan nuestra sangre, que sieguen nuestras vidas.
Así que, sí, perdamos la inocencia. Esa inocencia que debimos perder muchos años atrás, con la primera muerte en las lejanas tierras de ese oriente al que llamamos próximo y sentimos lejano. Perdámosla y dejemos de fingir que ignoramos que nuestros enemigos no son solo aquellos que nos matan o aquellos que, ocultos y distantes, les convencen de que está bien hacerlo.
Entre la sangre y las lágrimas que inundan Barcelona y nuestros corazones, aceptemos por fin que tenemos que luchar en esta guerra aciaga y que hemos de hacerlo en dos frentes distintos: contra los que nos matan y contra los que envían los mensajes de odio que les facilitan la excusa para seguir matándonos.
Con la misma rabia, con la misma fuerza, con la misma determinación.

martes, junio 20, 2017

Una furgoneta, un muerto y la oportunidad perdida de no ser yihadistas

"Tenemos que demostrar que no somos como ellos", "Han de saber no van a cambiar nuestra forma de vida"... Ya no sé cuantas veces he escuchado esas frases en discursos, las he leído en editoriales y las he visto impresas y repetidas en cientos, miles, de tuits y posts en las redes sociales.
Pero no es verdad. No estamos dispuestos a hacer eso y la prueba es el último atentado terrorista de Londres. 
La capital de la pérfida Albión, sacudida por la barbarie de la sangre y la muerte no sé ya cuantas veces, lo ha sido una vez más y eso ha servido para demostrar que, lamentablemente no estamos dispuestos a no ser como los yihadistas.
Porque esta vez no han sido ellos, ha sido el otro espectro tenebroso del fanatismo sangriento, los que están en la otra punta de la campana de gauss de una sociedad que se enfrenta a una guerra de poder y de odio. Un loco enfurecido por el odio al grito de "voy a matar a todos los musulmanes" perpetra un acto tan semejante al de los yihadistas, tan fanáticamente aleatorio, que no acepta la más mínima duda sobre su objetivo y motivación.
¿Alguna crítica sobre la reacción gubernamental? Ninguna. 
O sea, para ser más exactos, las mismas que en cualquier otro de los atentados londinenses. Se trata como un atentado terrorista, se reiteran los mensajes de que se va a endurecer la política contra el terrorismo, los gobiernos extranjeros muestran sus condolencias, su rechazo -todos salvo el bueno de Donald que esa noche debía tener el móvil sin batería y no pudo tuitear ningún exabrupto-. Todo como en cualquier atentado. Algo que en este caso es positivo.
¿Y los medios de comunicación? Parece que lo mismo, pero no. Puede que sea hilar muy fino pero no. Recogen el atentado en sus portadas sí, pero más pequeño, con menos relevancia. Y el titular ya cambia el paso por completo: "Un musulmán muerto y varios heridos en un atropello en Londres"?
¿De verdad? ¿un musulmán?, ¿no, una persona?. Ni siquiera un titular como "Una persona y diez heridas en un atropello en Londres a la salida de una mezquita", aunque luego el subtítulo amplié la información de que todos eran musulmanes.
No, directamente "un musulmán", así alejándolo del resto del mundo, separándole en una categoría, al parecer distinta, del resto de las personas muertas en los atentados de Londres.
Y al que me quiera decir que eso es lo reseñable porque es lo diferente, le diré que se equivoca. En todo caso lo destacable es que un individuo fanático y loco atenta contra la comunidad musulmana y causa el caos y el desastre. Lo reseñable es que la locura sangrienta también llega a nuestras calles en el otro sentido. Hay mil formas de titular para dar esa información, pero ninguna incluye el sustituir persona por musulmán.
Y el subtitulo tampoco tiene desperdicio: "La policía considera un acto terrorista el atropello".
¿En serio?, ¿lo noticiable del hecho es que la policía considere un acto terrorista algo que evidentemente lo es?, ¿donde quedó el "Un atentado siembra el pánico y causa varios muertos", que fue el primer titular en un hecho idéntico hace dos meses?
Para alguien que sepa un poco de periodismo eso basta como síntoma de que el asunto no se está tratando igual, pero hay más piezas que completan la visión general. El antetítulo entonces es "Terrorismo yihadista", en este caso es "Atropello", ¿por qué no "violencia islamófoba"?
En fin, que puede parecer que los medios lo tratan igual pero no. 
El día después no sigue en las portadas, no se desgranan editoriales sobre su significado, no hacen un seguimiento del estado de los heridos, no se cuestiona si las autoridades están preparadas o actúan bien en contra de este tipo de violencia. No en absoluto. No parece el mismo tratamiento.
¿Y nosotros? Era de esperar -por lo menos para los que realmente creemos que no debemos ser como ellos-que si no somos como los locos furiosos yihadistas hubiéramos llenado las redes de tuits y e mensajes de repulsa como en los otros atentados. Nada. Era de suponer que habríamos vuelto a mover el  #PrayForLondon o cualquier otro hashtag solidario y emotivo. Nada; es de suponer que hubiéramos llenado de flores la puerta de la mezquita y hubiéramos acudidos a solidarizarnos con ellos. Nada.
Las redes mudas, las gentes mudas y ciegas, la sociedad mirando a otra parte.
Tendríamos que habernos esforzado en demostrar que para nosotros toda vida es importante,que para nosotros todo asesinato es una tragedia y una injusticia, que para nosotros el odio y la violencia religiosa es abominable, que no estamos dispuestos a tolerar que la intransigencia o el odio al islam siegue la vida de personas inocentes. 
En definitiva, que no somos como ellos, como los locos furiosos de la falsa yihad. Pero no lo hemos hecho.
¿Por qué? Porque aunque suene duro y sea -lo reconozco- injusto para muchas personas, nuestra sociedad occidental atlántica no considera a los musulmanes como de los nuestros. Da igual su nacionalidad, da igual que sean pacíficos o no, da igual que sean nativos o inmigrantes, da igual. Los musulmanes no son de los nuestros porque son musulmanes.
Y, como no son de los nuestros, su muerte nos importa mucho menos, de hecho no nos importa en absoluto. Ya sea en Londres o en Alepo, ya sea en Quebec o en Raqa. Y eso no difiere mucho de la construcción mental de nuestros enemigos. 
Una mezquita es atacada cada dos semanas en Reino Unido. Entre 2013 y 2016, se registraron 100 ataques. El 58% de los asaltos denunciados fue contra mujeres. De ellos, en el 80% de los casos, estas llevaban ropa asociada con el islam, como el hiyab o el niqab. O sea que los yihadistas las atacan por no llevarlo y los islamóbos por llevarlo. 
Pero todo eso no genera alarma social por un simple hecho: un islamófobo no es un peligro para nosotros.
Así que a día de hoy los únicos que han demostrado que,como comunidad, como grupo, no son como los yihadistas son los musulmanes que tardaron unos pocos minutos en llenar las redes con reproches al yihadismo, que acudieron a los atentados de Londres a dejarles claro a sus perpetradores que ellos no creían que su religión fuera violencia y muerte.
Nosotros tuvimos ayer la oportunidad de hacerlo y decidimos no hacerlo.

domingo, marzo 26, 2017

Sesgo cognitivo: la dolencia del fanático occidental

Sesgo cognitivo.
Dicho así, a bote pronto, sin anestesia ni nada, hasta parece una de esas enfermedades raras que de vez en cuando asaltan las páginas de los periódicos o las páginas web de noticias. 
Pero no es nada de eso. Es una justificación buscada a  toda prisa para tratar de justificar algo injustificable.
Una mujer con un chador pasa por delante de los heridos de los atentados de Lóndres en Westminster. Es fotografiada como otros muchos, no se detiene como otros muchos. Y esa instantanea es utilizada para clamar contra los musulmanes, para avivar el odio. Para crear ese "ellos o nosotros" que pretende sustituir a la única división justa que debería haber en esta guerra infinita que tenemos encima. "Todos o ninguno".
Y lo peor no es que usen esa foto con ese fin unos millares de arrogantes mezquinos sin cerebro que no tienen ni idea de lo que es la patria por más que se la lleven una y otra vez a la boca y al pecho. Lo peor es que hay medios que, fingiendo denunciarlo, lo asumen; que, aparentando explicarlo, lo justifican.
Y aquí entra en escena el sintagma en cuestión. Eso del sesgo cognitivo.
Han recuperado un concepto antiguo, casi arcaico, de cuando la psicología mantenia que no era bueno decir al paciente que era estúpido aunque ese fuera su único problema, y tiran de él para venir a decir: "No son islamófobos, no pueden evitarlo. Tienen sesgo cognitivo".
Nosotros, ese "nosotros" que los que padecen el sesgo cognitivo utilizan, ¿somos los buenos occidentales atlánticos, preferiblemente blancos y con toda seguridad cristianos, que nos preocupamos por el sufrimiento de los heridos que vemos en la calle, los que defendemos los valores de ayuda de esa fe que se dice que es nuestra tradición?, ¿ese "nosotros" significa que nosotros nos preocupamos del sufirmieno ajeno e intentamos ayudar mientras que a ellos, los pérfidos musulmanes, fanáticos religiosos todos ellos, no les importa el sufrimiento humano en aras de su dios?
¡Mentira! ¡Mezquina, rastrera y vulgar mentira!
Ese "nosotros" ve todos los días morir a gente de hambre a lo largo y ancho del globo, contempla siete años de guerra auspiciada y mantenida por nosotros, observa y conoce el sufrimiento esclavo de aquellos que trabajan en Äfrica, en China o en la India en favor de nuestras empresas y corporaciones... Y no hace nada, pasa de largo, de canal, a otra cosa. 
Ese "nosotros" ve rebuscar a niños, familias y ancianos en la basura y sigue caminando, ve a enfermos sin apoyo, medicinas o gente que pueda cuidarles y sigue paseando sin importarle nada, ve parados arrojados al hambre y a la mendicidad sufriendo la humillación y la agonia de no tener trabajo y sigue su caminar impertubable. 
Ese "nosotros" ve como policías que deberian protegernos hacen saltar ojos de viandantes, pegan palizas a diestro y siniestro y no se detienen a preguntar, ni a ayudar a los que sangran. Siguen su camino no vaya a ser que al final les caiga a ellos que "no han hecho nada"¿A ese "nosotros" se refieren?
¿De verdad alguien va a intentar vendernos que somos una sociedad tan brillante y cuajada de luminosos principios porque cuatro personas ayuden a los heridos de un atentado?
¿De verdad van a ignorar el hecho de que en los atentados de París o de Niza hubo más heridos pisoteados por la gente que quería huir que por los disparos y nadie se paró a ayudar a nadie?
¿En serio quieren que no tengamos en cuenta a todas esas personas que pasan cada día por encima de un anciano que duerme en la calle para sacar dinero en el cajero?, 
¿Realmente quieren que ignoremos en ese "nosotros" a los millones que se paran en una marquesina ignorando el desesperado grito en forma de campaña publicitaria de las organizaciones internacionales, que se muestra gigantesco ante ellos por los muertos de Siria o del hambre o por los refugiados?
¿De verdad quieren que saquemos de la ecuación a los que graban como un hombre pega una paliza de muerte a una mujer en lugar de meterse a evitarlo, o los que cogen con su movil como una madre maltrata a su hijo en un centro comercial en lugar de pararle la mano, o los que se cambian de acera cuando ven a un grupo de descerebrados amenazando o arrancando el hijab a una muchacha musulmana en una calle en lugar de enfrentarse a ellos?
¿Todas esas personas no son "nosotros"?, ¿todos esos que ignoran el sufrimiento ajeno no son "nosotros"?
La sociedad occidental atlántica es la más indolente, irresponsable e insensible del mundo y de la historia -y eso incluye a la siempre nombrada en estos casos decadencia del Imperio Romano, que ya es mucho decir- y es completamente mezquino intentar manipular la realidad para presentar una instantanea como cualquier otra cosa porque todavía quede un puñado de personas entre nosotros que se paren a atender a un herido en la calle.
Y los que estén pensando en argumentar que no es lo mismo todo eso que un atentado que lo hagan, pero lo cierto es que de poco me servirá tal argumento.
Una muerte es una muerte, el sufrimiento es el sufrimiento. Me da igual que sea de hambre, guerra, bomba, atropecho, puñalada, ahogamiento en el mediterraneo, bombardeo en Alepo o cualquier otra forma. No hay escalas de muertes.
Y los que me vengan a hablar de muertes de inocentes tampoco me parece que estén muy bien encaminados.
Ahí si hay un nosotros. Todos nosotros somos culpables. Cada gota de nuestra gasolina lleva una porción de la sangre y el sufimiento de muchos; cada minúscula porción de coltan de nuestros modernos smartphones lleva una gota del sudor esclavo de muchos en varios continentes; cada hilo de algodón o de seda de nuestras sugerentes prendas ínitimas lleva una hebra de explotación y sufrimiento de niñas en Sri Lanka, Burkina Faso o Thailandia; cada café que nos bebemos lleva un grano de trabajo infantil en Sudámerica o África...
Así que en eso sí. En eso hay un "nosotros" y en ese nosotros todos somos culpables.
Por indolencia o ignorancia, por clueldad o desisdia, pero todos nosotros somos culpables de que ocurra y de que no deje de ocurrir.
Por mucho que los medios pretendan edulcorar la estupidez de los que ayer se lanzaron a las redes mundiales con ese "ellos y nosotros" con ese arcaico concepto psicológico del sesgo cognitivo -tan muerto y enterrado como el behaviorismo que convierte al autócrata en asertivo y al estúpido en pasivo-agresivo por no llamarles a ambos por su nombre-, esa locura absurda tan solo tiene un nombre.
Fanatismo.
Porque el fanático es que altera la realidad en favor de sí mismo para no tener que cambiar su modo de pensar; porque elfánatico es que el usa su odio para interpretar el mundo y salir de esa interpretación siempre bien parado y a salvo; porque el fanático es el se arroga el derecho de actuar de un modo que luego considera perverso cuando lo ve o lo cree descubir en otros.
Fanáticos, todos los que retuitearan, dieran un corazón o simplemente asintieran en silencio ante ese tuit perverso y meserable, son fanáticos.
Igual de peligrosos, violentos y fijados en el odio irracional que del más loco de los locos de ISIS. 
Sin justificación ninguna como no la tienen los yihadistas del falso califato. Tan letales y merecedores de castigo y repulsa como ellos. Que matan y claman por la sangre y la muerte igual que ellos cada día.

domingo, septiembre 25, 2016

Esos locos que en Siria luchan por la paz

Tardaron unas elecciones, un recuento de votos y unas rúbricas en conceder un Premio Nobel de La Paz a Barack Obama. 
No se sabe si por ser negro y presidente, no se sabe si por prometer que iba a acabar con Guantánamo y no cumplirlo, no se sabe si por firmar un tratado de no proliferación de armas nucleares que solamente suponía deshacerse de lo inútil y anticuado, pero se lo dieron.
Hoy hay otras gentes, otros hombres y mujeres, nominados a ese premio y ya hay gente que empieza a protestar, a quejarse, a torcer el gesto porque no les parece bien.
No lo ven bien porque esos nominados cada día se levantan, buscan una dirección y clavan la cabeza en el suelo para orar a su dios. No es útil, es anacrónico y probablemente sea muy cansado. Pero no hace daño a nadie.
Protestan porque todos los días alzan su voz contra Francia, contra Rusia, contra Estados Unidos, contra el régimen títere y marioneta de El Asad y, claro, para aquellos del evangélico "el que no está conmigo está contra mi" son enemigos. Como todo vasco que quiera ser independendiente es un terrorista etarra, como todo musulman que hable de justicia es un yihadista, como toda mujer que no se conforme es feminista radical y todo hombre que no de la razón en todo a las mujeres es machista.
Y aquellos que no lo ven bien y que protestan no saben o se niegan a saber que esas personas han sido bombardeadas por todos los que arrojan sus cargamentos de furia, venganza y muerte sobre Alepo; que esas gentes han sido ametralladas por todas las facciones imaginables de todos los que en su locura, su ira vengativa y su crueldad comabten en Alepo, Palmira y todas las ciudades que ya casi ni existen del antiguo y verdadero califato.
Son la Defensa Civil Siria.
Cada mañana se levantan, se arrodillan y rezan a su dios porque algo tienen que hacer para mantener la esperanza. Y salen a las calles de las ciudades sirias a quitarles la razón a aquellos que dicen que su religión es guerra, sangre y muerte.
Buscan en los escombros, rescantan combatientes heridos de uno y otro bando, evacuán civiles. Hombres, sean musulmanes o no; mujeres, lleven velo o no. E insultan y llaman asesinos a gritos a los que han acabado con la vida de los niños cuyos cadáveres se ven obligados a transportar. No importa que el asesino sea Al Qaeda, Rusia, Isis, Francia, Estados Unidos o El Asad. 
Reclutados por un gobierno que ahora les da la espalda, adiestrados por unos servicios secretos que ahora les dan caza cada vez que protestan por la muerte indiscriminada, las matatanzas o las limpiezas étnicas que se ocultan tras supuestas ofensivas contra Isis, estas gentes de paz solo tienen un amigo, su pueblo, y muchos enemigos. Lo mismo que su gente, lo mismo que su país. 
Cada mañana se levantan, se ponen un casco en la cabeza y un chaleco antibalas alrededor del pecho y salen a las destruidas calles a quitarnos a todos los occidentales átlanticos la razón.
Por que ellos no creen que "no haya otra forma de luchar contra el terrorismo", porque ellos no creen que el sufrimiento civil, la muerte por hambre del asedio o las bajas colaterales de un bombardeo sean necesarias, sean imprescindibles.
Porque en una guerra que iniciamos hace siglos y que ahora nos estalla en nuestros parques y nuestras casas, en una guerra que cuenta sus bajas por millares, por millones, ellos se esfuerzan por cada vida.
No piensan que una sea despreciable, que una sola bomba no importe, que un bombardeo "accidental" a un hospital o un cuartel de la Defensa Civil pueda quedar impune. Porque ellos no suben una foto de un niño muerto a Twitter mientras otros miles mueren de hambre y de enfermedades y luego pasan la página del periódico para ver porqué se han divorciado Angelina Jolie y Brad Pitt o qué le ha pasado al Real Madrid en Las Palmas donde solo ha podido empatar.
Así que todo aquel que crea que defender la guerra es defender los principos occidentales de libertad; todo aquel que cree que cerrar mezquitas, amedrentar a mujeres musulmanas por llevar velo o mirar a otro lado mientras millones de personas son masacradas por nosotros y nuestros enemigos en Irak, Siria, el kurdistán turco, Yemen... que se plante a una de las devastadas sedes de la Defensa Civil Siria.
Que se ponga un casco en la cabeza y un chaleco en el pecho y mientras les ayuda a rescatar a moribundos de entre los escombros y llevar cadáveres de niños a las morques también bombardeadas les diga que "ese es el camino para acabar con el terrorismo yihadista", que "es la unica manera de evitar la islamización de Europa" o que "la culpa es de los yihadistas que nos han obligado a eso".
Por suerte para la falsa conciencia colectiva occidental y por desgracia para la Defensa Civil Siria el jurado del Premio Nobel de La Paz no está fomado por Montesquieu, Joshua ben Jusseff, Quincy Adams, Diderot, Juasn Bautista, DÁlambert, Muhamad, Thomas Paine y Ṣalāḥ ad-Dīn. Porque si asi fuera desde los padres del estado de derecho hasta el mesias cristiano, desde los padres del estado liberal hasta el profeta del desierto les darían el Premio Nobel de La Paz o lo declararía desierto porque nadie salvo ellos está luchando por la paz, no por la victoria, en Siria.
Y que se lo demos nosotros no vale. Nosotros somos unos de los que les están matando.

sábado, septiembre 17, 2016

Sigue así Antonio Cañizares, sigue así.

He conocido a muchos hombres y mujeres religiosas -y eso significa de varias religiones, que religiosos no son solo los católicos-. Entre ellos algunos me enseñaron a pensar por mi cuenta, otras a poner el foco en lo que somos y no en lo que queremos ser, otros que dios, se crea en él o no, no es ni puede ser excusa para nada. 
Como de los no religiosos, de los ateos, de los agnosticos y de los antiteistas que compartieron conmigo lo que sabían y lo que creían saber, estoy orgulloso. Fueran redentoristas, ácratas, mitzvotitas, jesuitas, comunistas, socialistas, franciscanos, sufíes o masotis, estoy orgulloso.
También conocí a Antonio Cañizares, hoy arzobispo de Valencia, ayer mano derecha doctrinal de Benedicto XVI, otrora sacerdote en una parroquia de barrio en Aluche. Y cada declaración que hace, cada noticia que de él aparece en una pulbicación, estoy menos orgulloso de haberle conocido.

Hoy Antonio, La Audiencia ha archivado la denuncia contra ti por tu carta contra los refugiados y los inmigrantes pregúntándote si la inmigración "es todo trigo limpio" y afirmando que la mayoría de los inmigrantes sirios no huyen de nada. Estarás contento.
Mañana es domingo así que te tocará dar un sermón, Antonio. 
Vuelve a escribirlo, aunque sea un esfuerzo supremo para alguien que parece creer que, pese a todo lo que diga Roma, el Vaticano, su iglesia y su mesías, habla exclusivamente con la voz de dios.
Reescribelo y cuando te pongas ante tus feligreses valencianos recuerdales tu pregunta. 
Pero antes diles que en España residián los ibéros y llegaron los romanos; luego residían los hispanoromanos y llegaron los visigodos. Hablales de cómo, cuando los visigodos estaban asentados, llegaron los musulmanes y con ellos los judíos. 
Recuerdadles que no son trigo limpio porque sus antepasados no nacieron en España, porque tienen una posibilidad entre diez mil millones de descender exclusivamente de esa población original que habitaba la Península Ibérica.
Y ya que estarás hablando en el litoral mediterrano, en el antiguo reino de la Dama de Elche, hablalés de Sagunto y esas gentes que llegaron de Cartago y de esos bizantinos que poblaron la tierra que los visigodos no querían ni siquiera mirar y de ese Cid que "al destierro con doce de los suyos" cabalgó huyendo de un rey injusto y de esos almohades que se asentaron para convertir una tierra de mala pesca en un vergel. 
Hablales de todos los que llegaron huyendo de otras tierras, de otras guerras, y diles que no eran trigo limpio, que cualquiera que descienda de ellos no tiene derecho a vivir en Valencia, que debe volverse a su tierra ancestral.
Recuerdales que son descendientes de inmigrantes, de refugiados, de gentes que llegaron a Helike, a la Colonia Valentia, a Segunto o a la Taifa de Denia y que por ello siempre vivirán y moriran bajo sospecha y no pueden pisar la tierra que les acoge desde generaciones.
Luego, cuando llegue el momento litúrgico adecuado, hincaté de rodillas y pide perdón a tu dios por tus mentiras, pide perdón a tu dios por tu odio a los de fuera, por tu miedo cobarde a ser incapaz de imponer a todos lo que piensas si llegan seres humanos de otras tierras que piensan, sienten y creen de modo diferente, 
Suplicale piedad a tu mesias por olvidar que su apostol, ese tal Santiago que le negó como todos mientras moría, llegó a esta peninsula de otras tierras, huyendo de aquellos que le perseguían, para poder ser y decir lo que quería ser y predicar.
Y luego viaja Antonio, coge tu capa carmesí de arzobispo y tu pensamiento cerrado, doctrinal y medieval de inquisidor, y viaja. 
Ve a Alepo, a Damasco, a Jordania, al kurdistan turco, ve a los frentes de guerra, ve a los campos de refugiados. Plántate ante esos que no huyen de nada y gritales que no son trigo limpio entre los bombardeos franceses y rusos, entre las ejecuciones de Al Qaeda y el Falso Califato, entre las limpiezas etnicas del gobierno turco y de los Phesmerga en Rojava. Ve y grítales que no tienen motivo para irse.
Deja tu cobarde odio en Valencia donde permanecerá al abrigo de los aplausos y los asentimientos silenciosos de otros tan absurdamente medievales como tú y ve allá donde están los objetivos de tu odio para poder hablar de frente a tu enemigo. 
A ese enemigo que has elegido tú y no tu dios, que ha elegido tu odio y no tu mesías, que ha escogido tu miedo y no tu fe.
Y ojala exista tu dios, Antonio, ojalá exista aunque sea solamente en ese instante. Ojala se haga de nuevo carne solo para ponerse frente a ti y escupirte en el rostro su desprecio por tu egoísmo, tu odio y tu intransigente cobardía.
Al final, Antonio, sí estoy orgulloso de haberte conocido. Lo he estoy porque otra mucha gente, religiosa o no, logró con su ejemplo y su enseñanza que tu miserable odio, tu fatua arrogancia y tu mezquita cobardía no pudieran entrar en mi cerebro.
Sigue así Antonio y todos y cada uno de los muertos de esta guerra, que desató en Falso Califato de la yihad y la sangre como secular respuesta a nuestros desmanes, caeran sobre esa conciencia cristiana tuya que ha quedado claro que no tienes.
Tú y los que piensan como tú Antonio sí han demostrado ser un caballo de troya en el pensamiento occidental. En ese que habla de justicia, derechos humanos y respeto.
Sigue así Antonio, eres un ejemplo para todos de lo que ni un ateo, ni un agnostico, ni un antiteista, ni una persona religiosa deben ser. Sigue así.
La realidad y la historia necesitan gentes como tú para poder rechazarlas y olvidarlas.

http://www.levante-emv.com/comunitat-valenciana/2015/10/14/canizares-invasion-emigrantes-refugiados-trigo/1327304.html

lunes, agosto 15, 2016

Niza, EL Burkini, El Génesis y Ṣalāḥ ad-Dīn

Parece que en esto de la guerra contra el Falso Califato no nos cansamos de perder una batalla tras de otra. 
Y sobre todo pareciera que no aprendemos de todas y cada una de esas derrotas y seguimos saliendo escaldados porque no acertamos con las armas que usar en cada refriega, en cada escaramuza, en cada frente, bélico o no, en el que nos enfrentamos a los locos furiosos de la falsa yihad.
Ahora le toca el turno al burkini, nombre ya despectivo de por sí -otra pequeña derrota- que se da al bañador integral que utilizan algunas mujeres musulmanas por ser fieles a los preceptos de su religión. El Alcalde de Niza lo prohíbe y un tribunal de la misma ciudad le da la razón cuando algunos ciudadanos franceses protestan por la norma. Ahí comienza y acaba la escaramuza. 
Ahí empieza y se hace eterna la derrota.
Se dan argumentos que nada tienen que ver en apariencia con la verdadera causa y motivo de la prohibición. También es lo habitual. La intransigencia siempre se disfraza de otra cosa, como la estupidez se disfraza de arrogancia o la mezquindad de cobardía.
Como los fanáticos ayatolas iraníes o los locos sangrientos del falso califato, pretendemos presentar nuestras decisiones más intolerantes como si fueran producto de algo lógico, de algo indiscutible e innegable. 
Y ahí es donde empezamos a perder esta batalla. Justo en ese momento es cuando empezamos a ser lo que ellos quieren que seamos: exactamente igual que ellos.
Porque hablamos de higiene y el reglamento de cualquier piscina municipal cubierta nos desmiente una milésima de segundo después. ¿Cómo puede exigirse por higiene cubrirse totalmente el cabello cuando se nada en una piscina cubierta y exigirse por idéntico motivo no hacerlo cuando la cobertura nos recuerda a un velo islámico? No cuela. 
¿Los bañistas que lo hacen en bañador, bikini, trikini - que también los hay de neopreno, por cierto- o cualquier otra prenda de baño, presentan a la entrada de la zona de baños un certificado de que han lavado su ropa, de que no tiene restos orgánicos, virus o bacterias que pueden contaminar el agua? va a ser que no. Así que sigue sin colar. 
Si nadie prohíbe a los sufistas, submarinistas, nadadores de aguas frías y de largas distancias sus bañadores integrales en las competiciones y las playas por cuestiones de higiene ¿por qué no es higiénico el bañador integral sobre el cuerpo de una mujer musulmana?
Cómo nos quedamos sin higiene tiramos de laicismo. Francia es un estado laico y por eso no acepta símbolos religiosos. Y alguien, sin ninguna lógica ni argumentación, ha decidido que el bañador integral de las mujeres musulmanas lo es.
Aún comiéndonos el argumento de la simbología religiosa sabiendo que es un falso silogismo, el Génesis viene a darnos en los morros tan fuerte que nos hace sangrar por la nariz como un niño que recibiera un sopapo de dios padre.
«Entonces se les abrieron a entrambos los ojos, y se dieron cuenta de que estaban desnudos; y cosiendo hojas de higuera se hicieron unos ceñidores.
Oyeron luego el ruido de los pasos de Yahveh que se paseaba por el jardín a la hora de la brisa, y el hombre y su mujer se ocultaron de la vista de Yahveh por entre los árboles del jardín.
Yahveh llamó al hombre y le dijo: ¿Dónde estás?
Este contestó: Te oí andar por el jardín y tuve miedo, porque estoy desnudo y eso me avergüenza; por eso me escondí.»

De modo que, solo para que les conste a los defensores del enroque laicista contra el bañador integral, todo bikini por minúsculo que sea, todo trikini por sugerente que se antoje, todo turbo ajustado o bañador de flores de media pierna es producto de la evolución del tabú de la desnudez surgido de la moral judeocristiana desde el Génesis 3: 7-10 hasta nuestros días.
Si prohibieran el baño vestido con cualquier prenda sería creíble el momento de la defensa del laicismo, si multarán a cualquiera que llevara ropa como símbolo heredado de una creencia religiosa sería creíble idéntico argumento. Pero como no hacen ni van a hacer ninguna de las dos cosas. De nuevo han tardado un minuto en ver su castillo de naipes argumental desmoronarse.
Y así, cuando ya hemos perdido la primera batalla, cuando ya nos hemos comportado como ayatolas intransigentes o líderes furiosos de Hamas, que intentan sin conseguir ocultar su intolerancia bajo otros argumentos, nos lanzamos a perder la segunda y hacemos de nuevo lo mismo que nuestros enemigos. 
Exhibimos orgullosos nuestra intransigencia.
El alcalde de Niza asegura que es un “símbolo de extremismo religioso” y se queda tan ancho pero lo que es peor, mucho más del Falso Califato, un argumento digno de esos enemigos a los que queremos combatir afirma que "en el contexto de Estado de Excepción y de los recientes atentados islamistas en Francia puede crear o exacerbar las tensiones”.
Resumiendo: te prohíbo llevarlo porque me molesta que lo lleves.
Vamos, el mismo rollo de no te pongas minifalda para no provocar a los violadores de los obispos patrios o el de cúbrete el rostro por completo para no despertar la lascivia de los varones talibanes. El problema no está en lo que tú haces sino en la interpretación que nosotros le damos. Como nosotros no somos capaces de controlar nuestra visceralidad -ya sea nuestra lívido o nuestro miedo- tú no puedes hacer aquello que tienes derecho a hacer.
Como yo no puedo dejar de comportarme como un animal atávico y primitivo -el miedo irracionales tan paleolítico como el impulso sexual incontrolado, no lo olvidemos- tú estas obligada a perder tus derechos.
Y así el Excelentisimo Alcalde de Niza pasa a formar parte del selecto club del que ya son miembros Hasán Rouhaní, Khaled Mashaal, Abu Bakr al-Baghdadi, Benzi Gopstein, Joseph Kony y otros muchos que han decidido hacer ley en sus ámbitos de autoridad o de poder de lo que su moral, sus gustos, sus tendencias y su incapacidad de controlarse marcan para aquellos que no son como ellos.

De modo que, aunque creamos ganar porque no veremos ese molesto símbolo de islamismo radical y yihadismo que es en nuestras mentes el bañador integral, habremos perdido porque habremos convertido Niza en una sucursal de ese Falso Califato de sangre y muerte.
Una vez más habrán logrado que hagamos lo que quieren que hagamos: ser como ellos.
Porque el bikini o la falda corta o los pantalones cortos en los hombres están prohibidos en Teherán porque son "símbolos de la depravación moral que desvía a los creyentes" y el bañador integral está prohibido en Niza porque "es un símbolo de extremismo religioso".
Ninguno de los dos argumentos es cierto pero, si compramos el nuestro automáticamente compramos el suyo.
Porque a la falsa yihad sangrienta le importa bien poco el número de inocentes que mueran en sus ataques a mercados, a plazas públicas a iglesias o a mezquitas y nosotros demostramos lo mismo cuando bombardeamos hospitales, ciudades enteras hasta borrarlas de la faz del planeta o enviamos a las tropas de los kurdos a hacer limpieza étnica con tal de recuperar las posiciones estratégicas de la estructura militar del Falso Califato.
Y no podemos denunciar su crueldad, ni ningún otro rasgo inhumano mientras nosotros hacemos lo mismo.
Nuestra única herramienta para luchar en esta guerra es no ser ellos y ellos lo saben. Por eso nos retan una y otra vez a comportarnos a su imagen y semejanza: Y nosotros caemos cada jodida vez.
Si no nos damos cuenta que nuestra principal arma es no comportarnos como ellos, es no caer en la intransigencia, en la defensa moral de lo nuestro como lo único válido, no podremos siquiera luchar en esta guerra. 
Porque las masas de las que se alimentan como carne de cañón seguirán percibiéndolos como ellos quieren que nos perciban. Seguiremos siendo aquellos que no les dejamos ser como quieren, aquellos que matan inocentes con tal de matar un culpable. 
Y mientras seamos igual que ellos, esas masas, que son su verdadera arma, seguirán sumándose a sus filas porque de entre los dos monstruos, ese parece que está más de su lado.
Nuestra única arma es seguir siendo nosotros y ser coherentes con todo eso que decimos defender de boquilla. Y defenderlo para todos y en todo lugar, no solamente para nosotros y donde nos viene bien
Porque solo así podremos decirles de verdad a todos esos ojos que nos miran desde el oriente árabe lo que su único verdadero califa les dijo a los supervivientes cristianos del sitio de Jerusalem cuando se sorprendieron de que les dejara irse en paz, pese a los desmanes que los cruzados habían cometido contra musulmanes y judíos al tomar la ciudad: " Mi nombre es Ṣalāḥ ad-Dīn y yo no tengo nada que ver con esa gente".
A ver si de verdad empezamos a no tener nada que ver con esa gente.

miércoles, agosto 03, 2016

Un flashmob expulsa a Occidente de la infancia

He estado dos veces en Platja d’Aro. Dos veces me he sentado a beber cerveza en su paseo marítimo y me he bañado en esas playas donde el mar parece que nunca empieza.
Si no supiera lo que sé lo que sé y que todos sabemos no podría explicar aquello que está pasando.
Pero sé que los locos furiosos del odio y de la sangre para tomar el mundo van ganando, sé que la constante apelación de gobiernos y autoridades al orgullo por este Occidente Atlántico nuestro no funciona; se qué la incapacidad para evitar que el mensaje de nuestros enemigos se instale en lo más profundo de nuestros cerebros y de nuestras vísceras hace que vivamos con un terror atávico con el que ellos contaban cuando contraatacaron en esta guerra que se lleva librando desde siempre.
Sé que estamos perdiendo y lo estamos haciendo porque reaccionamos justo de la manera que ellos anticiparon que lo íbamos a hacer.
Hace unos años un flashmob en una localidad turística hubiera originado las típicas reacciones, desde los quejicas universales que hubieran protestado hasta los amantes de la juerga y la sorpresa que se hubieran unido. 
Los turistas hubieran cogido su jarra de cerveza, dado un largo sorbo y se habrían encogido de hombros; los vecinos hubieran protestado amargamente a la policía municipal por no poder dormir y en definitiva lo habríamos visto al día después subido a Internet varios cientos de veces con los comentarios en uno u otro sentido.
Pero no hay constancia virtual del flahmob de la localidad catalana porque nadie cogió su móvil 4G con cámara de no sé cuantos millones de megapíxeles y lo subió. Todos cogieron su miedo y echaron a correr arramplando con todo a su paso; cogieron su pavor y se arrojaron debajo de las mesas; cogieron su terror y se convirtieron en una turba sin pensamiento que buscaba refugio desesperadamente de uno enemigos que no estaban allí, de unos AK47 que no tableteaban su percusión de muerte, de unas bombas que nunca iban a estallar.
Porque, pese a los discursos y los hashtag en Twitter, sí tenemos miedo.
Y que conste que es normal y comprensible que lo tengamos, no es lógico, pero sí es normal y comprensible.
Porque antes veíamos de vez en cuando a los agentes de policía patrullando con una cierta desidia aburrida con una porra y una pistola al cinto medio disimulada y ahora los vemos por doquier, armados hasta los dientes con armas automáticas de ráfaga múltiple y gran calibre colgadas en bandolera sobre el pecho con el dedo en el gatillo; porque antes nos cacheaban en la puerta de los estadios para buscarnos mecheros y bengalas en aras de la protección del occipucio de árbitros futbolísitcos y ahora pasamos arcos detección de metales para buscarnos armas y nos olisquean perros para buscarnos explosivos.
Porque sabemos que nuestros gobiernos tienen miedo y por eso nosotros también lo tenemos, porque nos demuestran que nada es seguro, pese a que luego nos pidan que nos comportemos normalmente, que sigamos con nuestra vida, que no van a vencernos.
Para ser justos, los gobiernos están entre la espada y la pared. Si no aumentaran la seguridad, la presencia policial, cada nuevo ataque sería achacado a su falta de diligencia y al aumentarla hasta niveles nunca conocidos transmiten a aquellos a los que quieren proteger esa sensación de guerra, de estado de sitio, de vivir con la muerte a la espalda, que sus discursos y arengas pretenden evitar.
Algo que los locos que usan la sangre y la falsa religión para ganar la guerra ya sabían que ocurriría cuando decidieron traer esta batalla a nuestras calles, nuestras plazas y la puerta frontal de nuestras casas.
Porque ellos nos conocen y nosotros a ellos no. Porque nosotros quisimos creer que loco es sinónimo de estúpido. Porque nuestros ejércitos, nuestros servicios de inteligencia, nuestros gobernantes y nosotros mismos siempre quisimos pensar que esto no podía ocurrir, que íbamos ganando y nunca nos quisimos preparar para ir perdiendo.
Pero no son los gobiernos, atrapados en ese bucle sin aparente salida del miedo y la seguridad, los que más contribuyen a nuestro miedo, no son sus arengas fallidas ni sus despliegues policiales.
Son aquellos que se han lanzado de forma irresponsable a llenar los espacios virtuales con trillones de bits en los que pretenden combatir el odio con el odio.
Son los que escriben, tuitean, retuitean, postean y comparten cada día, cada minuto, mensajes en los que todos los musulmanes son el enemigo, en los que el Islam es el enemigo, en los que pretenden enfrentar el odio con el odio, en los que nos envían el mensaje que, por saturación, cala en muchos cerebros y sobre todo en muchas visceralidades de que todo árabe, magrebí, pastún, bereber, alauita, hachemita, sunita, chiita, azarí, sufí o incluso todo indonesio es nuestro enemigo porque su religión se lo exige.
Esos son los principales aliados de nuestros enemigos porque ellos también hacen lo que nuestros enemigos sabían que íbamos a hacer.
Eso y las reacciones sin pensar de las autoridades que detienen y procesan por alteración del orden público a unos alemanes que en realidad han hecho lo que se les pidió, que no han dejado que esta guerra cambiada de escenario y traída hasta nosotros les cambiara la vida: que han decidido vivir sin miedo. 
No ha sido su performance lo que ha alterado el orden público ha sido nuestro terror, nuestro pavor, nuestro pánico. 
La estampida de Plantja d'Aro es nuestra peor derrota que no puede ser compensada por más que los estadounidenses bombardeen las posiciones del falso califato en Libia o que el dictador sirio esté a punto de reconquistar Alepo con la cobertura aérea de los mig rusos.
Porque esas derrotas no cambian a nuestros enemigos. Son algo que conocen 
Ellos llevan generaciones saltando sin solución de continuidad de una guerra a otra, levantándose cada mañana y acostándose cada noche con la posibilidad de morir a manos de sus enemigos.
Ellos corren para cambiar de posición y seguir disparando, se esconden para evitar un bombardeo y poder seguir matando. Siglos de conocer la paz solamente como el breve lapso de tiempo que hay entre dos guerras les han preparado para eso.
Ellos no nos tienen miedo y nada de lo que hagamos hará que nos teman lo suficiente como para dejar de combatirnos. Y ese será siempre su principal arma.
Pero nosotros decidimos ser una civilización y una sociedad por siempre joven y ahora sus disparos, sus explosivos y sus cuchillos que degüellan sacerdotes católicos en las iglesias de un occidente que siempre se creyó sin riesgo y sin mácula, nos han hecho perder esa juventud de golpe sin pasar por la madurez adulta. Porque, como diría Whitehead, "la definición más profunda de la juventud es la vida aún no afectada por la tragedia" y nosotros ya no podemos vivir sin la tragedia y no sabemos vivir con ella a cuestas.
No hay gobierno, arenga, discurso, despliegue policial o arco de detección que pueda borrarnos la tragedia de la memoria o pueda enseñarnos a vivir con ella.
Quizás el único camino sea descubrir que siempre hemos vivido así, que desde que nacemos vivimos así, que hasta que morimos vivimos así. 
Que cada día nos acostamos y hacemos planes como si el sol fuera a salir necesariamente el día siguiente pero en realidad no tenemos ninguna certeza de que vaya a ser así. 
Darnos cuenta de que no podemos dejar de vivir como queremos hacerlo por miedo a morir porque entonces ya habremos dejado de vivir. Claro, que para eso hacen falta generaciones y no sé si tenemos tanto tiempo.
Y probablemente nos derroten de igual manera pese a ello. Pero al menos habremos vivido.

jueves, septiembre 03, 2015

Le das un vaso de agua (¿al enemigo?)

Un millón y medio de refugiados sirios en Turquía, más de medio millón en Jordania, 400.000 en Líbano, un numero indeterminado entre medio millón y un millón en Irak, 1.700 muertos en las aguas del Mediterráneo y todavía hay gente que se pregunta porque tenemos que acoger a un ínfimo puñado de ellos en nuestras fronteras. Los hay que justifican la postura cicatera del Gobierno a este respecto.
Leyendo la enésima tragedia de los que huyen de la destrucción y el sufrimiento generado por dos monstruos enloquecidos en Siria se me ha venido al recuerdo una  frase de la letra de una de esas canciones de la afortunadamente extinta Movida Madrileña: ¿le das un vaso de agua al enemigo?
Y al final esa es la pregunta que muchos creen que tenemos que responder.
Si la guerra fuera en Francia, en Italia o en Gran Bretaña no tendríamos que hacerla porque no los consideramos enemigos. Pero muchos europeos se han acostumbrado a considerar a cualquiera que mire a la Meca para rezar como un enemigo.
La Ley Patriota, el radicalismo de los falsos movimientos cristianos, la instrumentación política del yihadismo para convertir al Islam en un enemigo per se de Occidente les han llevado a considerar a cualquier musulmán como un enemigo potencial.
Desde el anterior papa inquisidor Ratzinger citando en Ratisbona al emperador Paleólogo con su "nada salvo sangre ha aportado el Islam al mundo" hasta la retórica de los partidos radicales y nacionalistas, pasando por el constante discurso islamofóbico de Putin y de los elementos del republicanismo más radical estadounidense, les han acostumbrado a considerar a cualquier persona árabe, musulmana, como una amenaza a nuestra forma de vida y nuestra seguridad física.
Y ahora creen que si ayudan a aquellos que escapan de una guerra entre la megalomanía asesina de Al Asad -apoyada por Occidente, no lo olvidemos- y el fanatismo cruel y enloquecido del Estado Islámico le están dando un vaso de agua al enemigo.
Alemania ya ha entendido que no, Suecia ya ha entendido que no, la Europa que acoge a 350.000 sirios y pone sus fronteras como murallas entre ellos y el horror, ya ha entendido que no.
Pero una buena parte de la población española aún no. 
Anclados en la falsa retórica histórica expandida a diestra y siniestra por el franquismo y sus sucesores ideológicos de la grandeza de España, de los Reyes Católicos y de la derrota del "moro" que vende la Reconquista como una expulsión del sarraceno extranjero en lugar de como la guerra civil que realmente fue, les resulta extremadamente sencillo comprar la metonimia islamofóbica y tomar el todo de una religión por la parte de su visión más fanática y sangrienta.
Y parecen creer que eso es suficiente para justificar que nuestro gobierno sea rácano a la hora de ayudar a gentes que huyen de la guerra y el sufrimiento solamente porque son musulmanes.
Tendría que decir que ellos no son el enemigo ni nunca van a serlo, tendría que recordarles que dos de sus principales enemigos combaten en las ciudades de Siria aunque ellos crean que uno de ellos es nuestro aliado, tendría que explicarles que lo que debería hacer el Occidente Atlántico es acabar de una vez por todas con esa guerra y no mantenerla enquistada en su propio beneficio.
Pero como ya he hecho antes, no lo haré.
A ellos, muchos de los cuales se hacen llamar católicos y se llevan a la boca constantemente las "raíces cristianas de Europa y España" les diré otra cosa: "Ama a tu enemigo. Hazle el bien. Entonces te estarás comportando como un verdadero hijo de Dios". 
Así que, aunque consideres erróneamente al Islam tu enemigo ¿Le das un vaso de agua al enemigo?
Sin excusas, sí. Sin consideraciones políticas ni electorales, sí. 
Por simple decencia, sí.

domingo, agosto 23, 2015

Lapidar al Islam y apedrear nuestro propio tejado

Se ha puesto muy de moda últimamente entre la supuesta intelectualidad laica y católica de este Occidente Atlántico nuestro una frase: "El Islam es incompatible con los Derechos Humanos". Por una vez están de acuerdo en algo. Y se quedan tan campantes. No sé si lo que esperan es que con esa afirmación se prohíba a los seres humanos seguir las suras de Mahoma y así se solucione el problema del yihadismo. Pero para mi se quedan cortos.
Aplicando sus argumentos y la falsa exégesis que hacen de El Corán yo podría decir que toda religión -sobre todo las tres monoteístas bíblicas- es incompatible con los Derechos Humanos. Eso duele , ¿no? 
Tranquilos, tranquilos, seguid leyendo. 
Decir que el judaísmo es compatible con los derechos humanos es simplemente no haberse leído el libro de los Números ni el Levítico. Se imponen castigos sangrientos, desde la lapidación hasta la amputación ritual, por adulterio, incesto y "crímenes" mucho más execrables como plantar distintos cultivos en la misma tierra, tocar piel de cerdo con las manos, mezclar tejidos en una sola prenda de vestir o trabajar en sábado. Acepta y potencia la esclavitud, castiga la homosexualidad y llama a tomar las armas para vengar con sangre las ofensas a Yahve. No parece demasiado compatible con los Derechos Humanos tal y como los conocemos.
Afirmar que el cristianismo es compatible con los Derechos Humanos es ignorar el versículo en el que Jesús de Nazaret afirma "no niego las antiguas leyes pues son de Dios" -o sea, acepta el Levítico, el catálogo de lindezas al que me refiero en el párrafo anterior-. Además de pasar por alto el "No he venido a traer la paz sino la espada", "El que no está conmigo está contra mi" y la carta de San Pablo a Timoteo en la que afirma que “Todos los que estén bajo el yugo de la esclavitud consideren a sus dueños como dignos de todo respeto, para que no se blasfeme del nombre de Dios y de la doctrina” o la Epístola a los Corintios en la que hace una pormenorizada descripción de como debe ser la vestimenta femenina para concluir con un tajante "la mujer ha de ir velada. Y si no se vela que se rape". Tampoco parece que los Derechos Humanos sean muy compatibles con todo ello.
Vamos, todo muy parecido al Islam. Al fin y al cabo ¿de donde creemos que sacó el bueno de Mahoma sus ideas?, ¿olvidamos que el islam es una pretendida evolución del cristianismo como el cristianismo lo es del judaísmo? 
Hay que refrescar un poco las clases de religión, que al Estado español le cuestan una pasta.
En este momento es cuando los falsos laicistas que confunden las cosas empezarían a gritar contra las religiones y pedir su prohibición cometiendo un error del tamaño de un continente pequeño porque todo lo que he escrito hasta ahora nada tiene que ver con las religiones a las que me refiero. Tiene que ver con otra cosa.
Las insufribles normas del Levítico, el exterminio de Filisteos, Nabateos y hurritas, la discriminación sistemática de los samaritanos o las guerras de religión iniciadas por el reino de Judá contra el mítico reino de Saba y su reina nada tienen que ver con la religión judía por mucho que se gritara Yahve Sebaot en las cargas de infanteria o se hicieran las purgas en nombre de Adonai.
Del mismo modo que la quema de la biblioteca de Alejandría, las cruzadas, El Alto Tribunal del Santo Oficio, la caza de brujas, las expulsiones de judíos y moriscos, las persecuciones y guerras contra los protestantes que asolaron Europa o los autos de fe y juicios de herejía contra científicos, filósofos y pensadores nada tienen que ver con el cristianismo aunque se gritara ¡Dios lo quiere! o Pro Chistro mientras se llevaban a cabo esas barbaries por los milites Christi.
Tiene que ver con la concepción primitiva del mundo y de la sociedad, con la visión medievalista del poder, la divinidad y el gobierno.Tiene que ver con el estadio evolutivo en el que se encuentran las gentes que las ponen o pusieron en práctica.
Y decir lo contrario es comparar a Salomón con Isaac Rabin, a Gregorio VII con el Papa Francisco y a Saladino con Osama bin Laden.
Así que, en realidad, lo que es incompatible con los Derechos Humanos es la teocracia que impone a sangre y fuego al pie de la letra unos preceptos surgidos hace dos mil años o más en sociedades como mucho medievales, sino paleolíticas, en las que el concepto de Derechos Humanos no existía.
Y la solución no es decir nada sobre la religión, sino contribuir a sacar a toda una zona del mundo de ese medievalismo para que su concepto de religión evolucione como lo ha hecho el nuestro. Todos sabemos cómo hacerlo la única pregunta es si nos conviene hacerlo por otros motivos que también todos tenemos en mente.
Porque decir lo contrario es decir que cristianismo, judaísmo y cualquier ideología está en contra de los Derechos humanos. Que aparte de las cruzadas y los autos de fe también existieron los gulags, no lo olvidemos.

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