Mostrando entradas con la etiqueta noticias iglesia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta noticias iglesia. Mostrar todas las entradas

martes, noviembre 28, 2017

La falacia de la libertad y el respeto disfrazada de hoguera.

Sé que esto va a sonar raro viniendo de mi pero, con todos los duelos y quebrantos que se quiera, tengo que decir que la Conferencia Epicospal Española tiene razón.
La propuesta de Ley LGTBI que debatirá el Congreso es "inquisitorial".
La propuesta son cincuenta y ocho folios. Y cincuenta y siete y medio no tienen para mi ningún problema, más allá de que, como toda ley de este tipo, me parece redundante porque todos los derechos y prohibiciones ya están reflejados en un solo artículo de la Constitución Española. Pero toda la ley de desarrollo es parcialmente redundante.
Pero medio folio, un sólo párrafo, la convierte, en su actual redacción, en el producto legal más perverso desde la Ley de Convivencia Ciudadana de un tal Goobles en los años treinta del pasado siglo.
El artículo que posibilita "la destrucción, el decomiso o borrado de documentos, libros o artículos por medio de los cuales se haya cometido una infracción" es la defensa de la restitución de la Inquisición Española en su máxima expresión.
Y no voy a caer en el consabido "Y tú más" de recordar que la Iglesia Romana es precisamente la inventora de la Inquisición, ni tirar del fácil recurso de que ellos han hecho lo mismo, quemando libros, requisando obras de arte, imponiendo silencios a quienes han pensado de forma diferente a lo que estipulaba la ortodoxia de su doctrina en cada momento.
Puede que la Iglesia católica no tenga fuerza moral para denunciar procesos inquisitoriales, pero yo sí. Los que hemos trabajado junto al colectivo homosexual en aras del respeto, sí. Los que siempre hemos defendido su derecho a expresar su amor y su tendencia sexual como quisieran, sí.
Permitir que alguien requise y destruya libros o cualquier otra forma de expresión porque nos molesta que piensen así no es otra cosa que una dictadura ideológica y esta sociedad no debería ver un símbolo de progreso en sustituir un Tribunal del Santo Oficio y una Oficina Nacional de Censura por otras.
Y me da igual que los que dirijan esa inquisición censora piensen, exactamente igual que yo, que todo lo que la iglesia católica defiende sobre la homosexualidad son sinsentidos sin base científica ni sociológica ninguna.
Se puede prohibir que esos pensamientos o teorías aparezcan en libros de texto o se enseñen como verdad por un simple motivo. No lo son, no están demostradas ni probadas y es obligación de quienes las defienden argumentarlas y probarlas para que se consideren asumnibles y enseñables. 
No lo van a conseguir porque simplemente no es cierto. Los homosexuales no son "enfermos", ni "un cáncer social", ni el "origen de la depravación en el mundo", ni ninguna de las lindezas que los purpurados españoles dicen de ellos desde los púlpitos a quien quiera escucharles.
Y me parece adecuado multar e incluso encarcelar a quien llene las redes o los sermones de mensajes de odio, llamando a la "caza" de homosexuales o cualquier otro tipo de mensaje de odio.
Pero no es avanzado, ni de izquierdas, ni progresisita, ni democrático, ni nada que se le parezca prohibir tener ideas y expresarlas. 
Si alguien quiere escribir un libro con esas teorías y alguien se lo publica y alguien lo lee, será nuestra responsabilidad rebatir cada uno de esos argumentos con los nuestros, con hechos y con datos, para que quién lo lea se decuenta de que es una falacia o, como mínimo, una creencia personal del autor que nada tiene que ver con la realidad.
Pero decomisar, prohibir y destruir públicaciones es lo más parecido a la Congregación para la Pureza de la Doctrina o de la Fe preconciliar o a la Nationalsozialistischer Deutscher Studentenbund de la alemania de 1935.
Esa ley, por ese sólo párrafo, nos coloca en una tesitura insostenible de cambiar una Inquisicíón por otra, de sustituir el Santo Oficio por la Confederación Española de Gais Lesbianas, Transexuales -y todas las demás siglas que se van añadiendo con los años-.
No tienes derecho a destruir el pensamiento de otros simplemente porque no tengan razón, te moleste, te incomode o no sea como el tuyo.
No tienes derecho a adoctrinar. La Iglesia Católica no lo tiene, la FELGTB no lo tiene, el Gobierno no lo tiene y no lo tiene nadie.
Si los Gais y Lesbianas de este país no lo saben ver es que simplemente se han convertido en aquello que tanto desprecian, en el monstruo intransigente e inquisitorial contra el que han luchado muchos siglos con la ayuda de muchos que no deberíamos permitirles ahora poner de nuevo en práctica aquello que denostan.
Y la respuesta de Echenique a esta crítica me parece tan absurda y ridícula como las que podrían dar Torquemada o Goebbels. Mostrar músculo político y decir básicamente que haces lo que quieres,sin pararte a reflexionar en sus repercusiones éticas, "porque puedes" es simplemente decir que quien tenga más músculo político que tú puede hacer también lo que quiera "porque puede".
Si te expresas así, luego no te quejes si alguien declara que lo que tú piensas es malo, pernicioso o ilegal y te persigue por decirlo y defenderlo.
Sinceramente, le creía mucho más listo.
Así que es posible que Echenique debiera hacer no hacer tanto caso de Hoguera y su "Quizás algún hombre necesitó toda una vida para reunir varios de sus pensamientos, mientras contemplaba el mundo y su existencia y, entonces, me presenté yo y en dos minutos, ¡Zas! Todo liquidado" y sí más de Grupo, el otro personaje de la mítica novela de Ray Bradburi y su "no considero que sea sociable ni justo reunir a un grupo de gente y, después, no dejar que hablen".
Farenheit 451, una sociedad en la que, por cierto, también ha parecido la solución adecuada quemar libros. ¿Qué enseñan a esta gente en Ciencias Políticas?
Así que sí.Para mi la Conferencia Epicospal tendrá razón mientras persista ese artículo en la ley.
Al César lo que es del César. 

domingo, junio 25, 2017

Francisco, la corrupción o deber decidir entre ser demócrata-cristiano o del PP

No pocos fanáticos de rado y sacristía, que diría el poeta, llevan ya unos años susurrando o gritando a quien quiera escucharles que es el anticristo y ahora estarán seguros de que tienen razón. 
Porque así, como quien en la cosa nada tiene que perder, el Papa Bergoglio se ha cargado en dos patadas la democracia cristiana tradicional europea. Bueno más bien la católica, que al cristianismo alemán -demócrata o no- lo que digan o dejen de decir el bueno de Francisco  y sus antecesores se la trae al pairo desde que Martín Lutero clavara sus tesis en las puertas de Wittenberg.
Para ser exactos, el pontífice argentino no se ha cargado la democracia cristiana. Se ha cargado sus excusas y lo ha hecho como suele hacerlo la iglesia romana, con toda pompa y circunstancia: ha decidido que será bueno excomulgar a los corruptos
Y así, de pronto, la democracia cristiana de toda Europa -pero sobre todo de España y de Italia- se queda sin parapeto, sin escudo tras el que refugiarse. No porque todos los demócrata cristianos sean corruptos ni porque todos los votantes demócrata cristianos les apoyen, sino simplemente porque ya no les sirve la excusa de que eso no tiene que ver con su cristianismo.
Desde que la democracia cristiana es democracia cristiana, allá por los años 30 del pasado siglo, sus dirigentes, sus partidos y sus votantes han vinculado toda la acción política que deriva de su ideario cristiano a lo de siempre: todo aquello que ocurre debajo del ombligo y sobre las rodillas.
Se han metido en la tendencia sexual de los ciudadanos, en cómo deben tener y no tener los hijos, en qué familias deben ser protegidas o no, dependiendo siempre, eso sí, de cómo y con quien practican sexo los adultos que forman esas familias... Como mucho han hecho incursiones en materia y política educativa para garantizarse una base estatal de proselitismo a sus ideas.
Desde los púlpitos y los atriles de los mítines electorales, los líderes religiosos y políticos les decían que esto lo debían hacer porque desde su condición de cristianos habían de defender los valores que la Iglesia Romana propagaba. 
Y hacían ver que todo lo demás no tenía que ver con Dios ni con el irreverente galileo que se atrevió a llamarse hijo suyo. Por eso y solamente por eso se movilizaban, se manifestaban y se enfrentaban al voto cuando llegaba el momento de las urnas.
Ahora, de repente, si, amparado en tus creencias cristianas, sales a la calle para solicitar que el Estado pague la educación religiosa en los colegios, si te manifiestas contra el aborto o si haces misas multitudinarias para defender un concepto concreto de familia porque quieres que sea el protegido y el imperante en tu sociedad, vas a tener que condenar públicamente a los corrupción y no apoyarla.
Ahora Bergoglio cambia el paso de ese vals bailado desde siempre entre la creencia y la ideología política y dice que ser cristiano es estar en contra de la corrupción política. Es más, dice que si eres corrupto no puedes ser cristiano.
Han tenido que pasar casi 1000 años y 110 papas, desde que el bueno de Gregorio VII, allá por el 1076, acabara con la Guerra de las Investiduras prohibiendo las simonías, para que alguien les recuerde a los cristianos que la corrupción, que beneficiarse del poder, es un pecado.
Lo cual es curioso, porque en los cuatro evangelios no hay una sola referencia del bueno de Joshua a las tendencias sexuales, ni a práctica íntima ninguna -salvo algo que solamente puede interpretarse como un sucinto "no os vayáis de putas"-, ni a la procreación masiva, ni a la enseñanza de la religión en los colegios, ni al tipo de familia preferido por su dios.
Pero si hay unas cuantas al mal gobierno, a la separación iglesia estado o directamente al nuevo pecado merecedor de excomunión: la corrupción. Acordémonos de aquello de "Dale al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" o ese épico momento de expulsar a los mercaderes del templo por comerciar, engañar en el peso y el cambio -y eso es bastante corrupto, me temo-.
¡Ah y quien tenga dudas debería acordarse de Zaqueo! Sí, venga tirad de catecismo. Ese recaudador de impuestos del evangelio de Lucas que se había enriquecido defraudando a lo que hoy llamaríamos contribuyentes y la pena que asumió en su arrepentimiento "daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruple". 
En fin, que los votantes de la democracia cristiana española -sobre todo los de la española- llevan años, más bien décadas, refugiándose en sus valores cristianos cada vez que alguien les pregunta, entre la sorpresa y la más absoluta incomprensión, cómo pueden seguir dando su voto a un partido lacrado y lastrado por la corrupción en todos los niveles.
Porque claro, sus valores hacen referencia al aborto, a la familia cristiana, a la enseñanza de la religión en los colegios, a las prácticas y tendencias sexuales y no a la corrupción, el nepotismo o el enriquecimiento ilícito.
Ahora Bergoglio les quita esa muleta, esa excusa para mirar a otro lado y seguir apoyando a corruptos, al poner con la excomunión la corrupción a la altura de la herejía, la apostasía, el genocidio o el cisma, algo con lo que desde luego no se castiga ni el aborto, ni el embarazo fuera del matrimonio, ni tendencia sexual alguna, ni, por supuesto, no enseñar religión en los colegios. Y encima lo hace cuando esta excusa había alcanzado ya forma tuitera en la ya repetida hasta la extenuación frase de "prefiero votar a ladrones que a comunistas".
Pues va a ser que Roma, el catolicismo y su pontífice ya no van a tragar con eso. 
Es de imaginar que seguirán haciéndolo pero ya no podrán poner a su dios, su religión y sus valores de excusa. Para su dios y su vicario importa más que te apropies del dinero de todos, que te beneficies egoistamente del cargo y del poder que que pases por la vicaria antes de casarte, que utilices condón o que te acuestes con alguien de tu sexo.
Ellos decidían si quieren ser realmente demócratas y cristianos o solamente quieren ser del PP.

sábado, septiembre 17, 2016

Sigue así Antonio Cañizares, sigue así.

He conocido a muchos hombres y mujeres religiosas -y eso significa de varias religiones, que religiosos no son solo los católicos-. Entre ellos algunos me enseñaron a pensar por mi cuenta, otras a poner el foco en lo que somos y no en lo que queremos ser, otros que dios, se crea en él o no, no es ni puede ser excusa para nada. 
Como de los no religiosos, de los ateos, de los agnosticos y de los antiteistas que compartieron conmigo lo que sabían y lo que creían saber, estoy orgulloso. Fueran redentoristas, ácratas, mitzvotitas, jesuitas, comunistas, socialistas, franciscanos, sufíes o masotis, estoy orgulloso.
También conocí a Antonio Cañizares, hoy arzobispo de Valencia, ayer mano derecha doctrinal de Benedicto XVI, otrora sacerdote en una parroquia de barrio en Aluche. Y cada declaración que hace, cada noticia que de él aparece en una pulbicación, estoy menos orgulloso de haberle conocido.

Hoy Antonio, La Audiencia ha archivado la denuncia contra ti por tu carta contra los refugiados y los inmigrantes pregúntándote si la inmigración "es todo trigo limpio" y afirmando que la mayoría de los inmigrantes sirios no huyen de nada. Estarás contento.
Mañana es domingo así que te tocará dar un sermón, Antonio. 
Vuelve a escribirlo, aunque sea un esfuerzo supremo para alguien que parece creer que, pese a todo lo que diga Roma, el Vaticano, su iglesia y su mesías, habla exclusivamente con la voz de dios.
Reescribelo y cuando te pongas ante tus feligreses valencianos recuerdales tu pregunta. 
Pero antes diles que en España residián los ibéros y llegaron los romanos; luego residían los hispanoromanos y llegaron los visigodos. Hablales de cómo, cuando los visigodos estaban asentados, llegaron los musulmanes y con ellos los judíos. 
Recuerdadles que no son trigo limpio porque sus antepasados no nacieron en España, porque tienen una posibilidad entre diez mil millones de descender exclusivamente de esa población original que habitaba la Península Ibérica.
Y ya que estarás hablando en el litoral mediterrano, en el antiguo reino de la Dama de Elche, hablalés de Sagunto y esas gentes que llegaron de Cartago y de esos bizantinos que poblaron la tierra que los visigodos no querían ni siquiera mirar y de ese Cid que "al destierro con doce de los suyos" cabalgó huyendo de un rey injusto y de esos almohades que se asentaron para convertir una tierra de mala pesca en un vergel. 
Hablales de todos los que llegaron huyendo de otras tierras, de otras guerras, y diles que no eran trigo limpio, que cualquiera que descienda de ellos no tiene derecho a vivir en Valencia, que debe volverse a su tierra ancestral.
Recuerdales que son descendientes de inmigrantes, de refugiados, de gentes que llegaron a Helike, a la Colonia Valentia, a Segunto o a la Taifa de Denia y que por ello siempre vivirán y moriran bajo sospecha y no pueden pisar la tierra que les acoge desde generaciones.
Luego, cuando llegue el momento litúrgico adecuado, hincaté de rodillas y pide perdón a tu dios por tus mentiras, pide perdón a tu dios por tu odio a los de fuera, por tu miedo cobarde a ser incapaz de imponer a todos lo que piensas si llegan seres humanos de otras tierras que piensan, sienten y creen de modo diferente, 
Suplicale piedad a tu mesias por olvidar que su apostol, ese tal Santiago que le negó como todos mientras moría, llegó a esta peninsula de otras tierras, huyendo de aquellos que le perseguían, para poder ser y decir lo que quería ser y predicar.
Y luego viaja Antonio, coge tu capa carmesí de arzobispo y tu pensamiento cerrado, doctrinal y medieval de inquisidor, y viaja. 
Ve a Alepo, a Damasco, a Jordania, al kurdistan turco, ve a los frentes de guerra, ve a los campos de refugiados. Plántate ante esos que no huyen de nada y gritales que no son trigo limpio entre los bombardeos franceses y rusos, entre las ejecuciones de Al Qaeda y el Falso Califato, entre las limpiezas etnicas del gobierno turco y de los Phesmerga en Rojava. Ve y grítales que no tienen motivo para irse.
Deja tu cobarde odio en Valencia donde permanecerá al abrigo de los aplausos y los asentimientos silenciosos de otros tan absurdamente medievales como tú y ve allá donde están los objetivos de tu odio para poder hablar de frente a tu enemigo. 
A ese enemigo que has elegido tú y no tu dios, que ha elegido tu odio y no tu mesías, que ha escogido tu miedo y no tu fe.
Y ojala exista tu dios, Antonio, ojalá exista aunque sea solamente en ese instante. Ojala se haga de nuevo carne solo para ponerse frente a ti y escupirte en el rostro su desprecio por tu egoísmo, tu odio y tu intransigente cobardía.
Al final, Antonio, sí estoy orgulloso de haberte conocido. Lo he estoy porque otra mucha gente, religiosa o no, logró con su ejemplo y su enseñanza que tu miserable odio, tu fatua arrogancia y tu mezquita cobardía no pudieran entrar en mi cerebro.
Sigue así Antonio y todos y cada uno de los muertos de esta guerra, que desató en Falso Califato de la yihad y la sangre como secular respuesta a nuestros desmanes, caeran sobre esa conciencia cristiana tuya que ha quedado claro que no tienes.
Tú y los que piensan como tú Antonio sí han demostrado ser un caballo de troya en el pensamiento occidental. En ese que habla de justicia, derechos humanos y respeto.
Sigue así Antonio, eres un ejemplo para todos de lo que ni un ateo, ni un agnostico, ni un antiteista, ni una persona religiosa deben ser. Sigue así.
La realidad y la historia necesitan gentes como tú para poder rechazarlas y olvidarlas.

http://www.levante-emv.com/comunitat-valenciana/2015/10/14/canizares-invasion-emigrantes-refugiados-trigo/1327304.html

lunes, abril 13, 2015

Y un piso demostró que Rouco no es el voz de su dios

"Cuando se habla en nombre de alguien hay que tener muy claro que siempre estás diciendo las palabras de otro".
Es obvio que el bueno de Henry Wotton, diplomático del siglo XIX, no tenía en mente al cardenal Rouco Varela cuando dijo esa frase pero la verdad es que, dado lo que ha hecho y hace el hasta hace poco vocero divino para España, le viene al pelo.
Rouco, que se había acostumbrado a ser la incontestada voz de su dios en España, el metatrón patrio, está ahora dando tumbos. Se marcha ofuscado, enfadado y llenando su boca de exabruptos, cuando Francisco, el jesuita, le dice que se acabaron sus tiempos al frente de la iglesia española; se refugia en un piso de lujo más caro que algunos palacetes de sus antecesores medievales y se niega a dar la cara ante las críticas.
Pero de toda esta historia lo que menos importa es lo que haga Rouco, sus rabietas seniles o su ofuscada jubilación. Lo que importa es lo que hacen los cristianos españoles.
Los cristianos españoles protestan, por fin protestan por algo. Por fin le reclaman algo a sus jerarquías. No se trata de protestar contra otros, contra los ateos, los rojos, los descreídos o los gobiernos que según ellos los discriminan, se trata de protestar contra alguien que se dice cristiano y no actúa como tal.
Desde las revistas a las organizaciones, desde los curas y teólogos españoles hasta los prelados vaticanos, le arrojan a la cara los evangelios, los principios cristianos, la imagen de su iglesia y todo lo que tienen a mano para recordarle que no puede enrocarse en su furia, su riqueza y su recientemente estrenada misántropa para hacer lo que le venga en gana, que el era el portavoz de la iglesia, no la iglesia en sí misma, que el solo hablaba por su dios pero no era su dios.
Y es un cambio. Un cambio radical -ahora que asusta tanto lo radical, según parece-. Un cambio que parte de un argentino que ha decidido llamar las cosas por su nombre, una mutación que ha hecho que la política vaticana de un giro y apunta a un lugar diferente.
Los cristianos españoles hasta le preparan un escarche, ¡lo nunca visto desde que un tipo galileo cogió una fusta y la emprendió a mamporros en un templo de esas tierras!
Rouco Varela es el perfecto ejemplo de una jerarquía española que lleva demasiado tiempo fingiendo que los que ellos quieren, que lo que a ellos les conviene, es la voz de su dios. Y les ha servido durante siglos. Pero ahora parece que no, que ya no. Ahora ya no cuela que toda palabra de Rouco es palabra de dios.
Francisco, su política y sus palabras han enterrado la proverbial resignación cristiana. A lo mejor aún mantiene que hay que resignarse ante los designios ocultos de su dios invisible, pero no ante los excesos de sus más que visibles prelados. 
Ahora los cristianos españoles saben, porque lo dice y lo demuestra su pontífice, que protestar no es pecado, que exigir coherencia no te arroja al infierno, que querer cambiar su iglesia no les condena por los siglos de los siglos.
Van bien. Ojalá les dure y lo apliquen a otras muchas cosas.

miércoles, febrero 04, 2015

Y el fascismo fue declarado por fin enemigo de la fe

Hay veces que los asuntos de ese club privado llamado Iglesia Católica tienen relevancia social y hay otras que no -aunque los hay que se la quieren dar siempre-. Pero la beatificación del arzobispo salvadoreño Óscar Arnulfo Romero y Galdámez, asesinado en 1980 mientras ofrecía una misa, la tiene aunque pueda parecer que no. Realmente hay que reconocer que desde que alcanzó la máxima jerarquía eclesiástica casi todo lo que ha hecho el jesuita argentino que ocupa el vaticano con el nombre de Francisco la ha tenido. 
Después de conminar a los obispos a dejar en paz a los homosexuales, de exigir el desenmascaramiento de pederastas, de recordar a las élites guerreras del catolicismo a ultranza que el celibato o la procreación en masa no son dogmas de fe, ahora el gaucho coge su sotana blanca y se descuelga beatificando a Monseñor Romero.
Y puede que parezca que hace un santo más. Pero no es así. no es así porque no se inventa milagros como se hizo con el Juan Pablo II, el papa polaco, para subirlo a los altares, no es así porque no tira de hechos inusuales para inventarse su intercesión desde las alturas por la gracia de dios -y amen-.
Monseñor Romero, que se desgañitó en el púlpito, que arriesgo y perdió su vida por defender a la gente de los poderosos, será elevado a los altares por como martil in odium fidei que, para los que no pasaron del mítico rosa rosae de latín, viene a significar martil por odio a la fe.
Y eso, solamente eso, es una bofetada en el stablisment eclesiástico, es un revés con la mano abierta en el rostro de siglos de connivencia de las jerarquías eclesiásticas de todos los países del mundo con lo más rancio de las dictaduras, despotismos y gobiernos tiránicos del orbe.
Y lo hace después de que su antecesor, el inquisidor Ratzinguer, buscara y rebuscara mártires en los muertos del bando nacional de la guerra civil española, ignorando a los curas rojos, fusilados por defender el gobierno constitucional surgido de la voluntad popular, elevara a los altares a monjas muertas a manos de la guerrilla nicaragüense, ignorando a sacerdotes muertos y desaparecidos en la dictadura argentina por enfrentarse a la represión de la junta militar. Lo hace después de que se organizaran beatificaciones con bombo y circunstancia para personajes que lo único que buscaban era el cilicio y que colaboraron abiertamente en el control mental que dictaduras patrias y extranjeras querían ejercer sobre sus poblaciones.
Llega Paco y declara que el francotirador que metió una bala en la cabeza y otra en el pecho a Monseñor Romero lo hacia por odio la fe católica. Lo que significa muchas cosas. 
Que el pensamiento ultraderechista que lo guiaba odia la fe católica, que Roberto D´Aubuisson, comandante de un escuadrón de ultraderecha y que acusaba públicamente al arzobispo de ser un agitador y subversivo que el dictador odiaba la fe católica, que el dictador que le armó, le amparó y le protegió y que iba a misa todos los días odiaba la fe católica.
En definitiva, que la ideología ultraderechista y los gobiernos dictatoriales surgidos de ella que a lo largo de la geografía y la historia del planeta se han empeñado en amparar las jerarquías eclesiales, escudándose en que defendían los valores morales cristianos odian la fe católica.
Que el fascismo odia la fe católica.
Sin poder tener hijos como conejos, acumular dinero a espuertas ni ser fascistas no se yo cuantos de los grandes católicos españoles de manifestación en defensa de la moral cristiana y misa de domingo van a poder mantenerse en sus trece sin caer en la herejía más bochornosa.
Nosotros ya lo sabíamos pero ahora Roma reconoce que ser de ultraderecha, dictatorial y fascista no es solo no ser católico. Es odiar la fe católica.
Y los habrá, me temo, que anclados en un anticlericalismo a ultranza tan trasnochado como el nacional catolicismo o en un mal entendido ateísmo, no sepan valorar este asunto en su justa medida y encuentren algún modo de criticarlo o minimizarlo.
De todo tiene que haber. 
Pero al César lo que es del César y Francisco lo que es suyo.

domingo, mayo 25, 2014

Francisco, nosotros y hacer el trabajo a los jerarcas.

Mientras todos estamos lo poco pendientes que nos importa estar de unas elecciones que pueden no servir para nada o cambiarlo todo, depende como todo y como siempre de lo dispuestos que estemos a arriesgarnos, he decidido hablar sobre otra cosa.
Votaré, que para algo sangraron y murieron mi derecho varias generaciones precedentes, pero hoy voy a escribir de Francisco que ahora, tras recorrer las tierras de Al Urdum, la Jordania del millón de refugiados de otras partes, aterriza en Belén. Esa ciudad bendita y maldita por la guerra y la muerte.
Hay personas, hay gentes que perecen venidas de otro mundo. Hay voces que parecen que hablan otra lengua y Francisco es una de esas personas,es una de esas voces.
Se calza la sotana y se cuadra ante el mundo para dejar al descubierto, sin la fatua cobertura del silencio, el secreto, los pactos intramuros y los confesionarios, a esos locos que hacen de los niños y niñas sus víctimas. Y lo hace con la sencillez con la que suelen decirse en bares y tabernas cosas que ya se saben, cosas que siempre se han sabido pero que casi nunca se dicen en voz alta.
"No importa que sea un pecado, importa que es un crimen". Y se queda tan ancho. Como el que hubiera dicho una verdad conocida por todos. Al final es que sencillamente es eso lo que ha hecho.
No le importa dejar a la intemperie legal y criminal a todos aquellos protegidos por otros, desde el papa viajero hasta el gran inquisidor, porque él no lo ha hecho, porque sabe que su dios, su ética y su mente no lo aprueban y porque no está bien hecho.
No le importa dar un paso diagonal hacia un lado como un buen central de River o de Bocca -no hiramos susceptibilidades futboleras- y dejar a todo el aparato vaticano en un fuera de juego tan obvio y evidente que sus rostros comienzan a hacer juego con sus rojos capelos.
Y lo hace con todo. Como quien en la cosa nada tiene que perder porque nada ha ganado con ello.
Manda callar a nuestra curia patria y les exige que se ocupen de los niños y familias que mueren en el desesperado silencio de la miseria que muchos malos gobiernos uno detrás de otro han provocado y que el egoísmo social ha hecho estallar y dejen lo que hay debajo del ombligo a cada cual.
"Ya sabemos lo que opina la iglesia sobre el matrimonio homosexual y el aborto. Hay cosas más importantes de las que hablar" 
Los prelados españoles se quedan con el aire cogido en la garganta, a mitad de su penúltimo exabrupto moral, sin nada que decir al respecto.
Descubre las finanzas vaticanas y entra, látigo en mano, en el nido de mercaderes y serpientes -¡Uy perdonen!, el buffet de a 2.000 euros el cubierto- de las canonizaciones con la furia del quien lo considera no solo un exceso innecesario sino un maldito insulto personal.
Acude a Lampredussa a escupirle a la sociedad italiana su desprecio por decirse católica y permitir que hombres, mujeres y niños mueran cuando están a escasos centímetros de su ayuda y sus costas.
Luego sigue besando niños, repartiendo bendiciones y sonrisas y bautizando hijos de divorciados y la corte de falsos santos y jerarcas que le siguen cada vez se encuentra más incomoda en su compañía porque cada vez les recuerda más a alguien que ellos dicen que hizo más o menos lo mismo hace ya mucho tiempo. Y no es que ese tipo le tuviera mucho cariño a ningún sacerdote.
Y ahora se va a Tierra Santa no para reclamarla para su dios en santa cruzada. Viaja para hacer apartar la mirada con vergüenza a cristianos, musulmanes, judíos y todo el que se pone por delante recordándoles que están parando el futuro de la tierra que dicen defender empeñados en una guerra interminable que nadie puede ganar y que solamente da alas a los fanáticos y radicales de uno y otro bando. Y que ninguno de los tres nombres de su dios que utilizan dijo nunca que quería eso.
“Las raíces del mal están en el odio y en la codicia por el dinero. Esto nos debe hacer pensar. La paz no se puede comprar. No se vende”.
Para colmo de males de escribas y fariseos -¡Uy, perdón otra vez, que se van los términos evangélicos al teclado! Quise decir de obispos y prelados- hace lo que nadie ha hecho desde aquello del ojo de la aguja. 
Clama contra el dinero.No llora la pobreza, denosta la acumulación especulativa de riqueza.
Clama contra el poder. No reza por los oprimidos, señala y acusa a los opresores.
Clama contra la desigualdad. No sufre por los explotados, rabia por los explotadores.
"El actual sistema económico nos está llevando a la tragedia, nos está robando la dignidad”.
Eso ya no deja fuera de juego a la curia, los prelados y toda la jerarquía católica. Es que la expulsa directamente del partido. Y comienzan a mirarse entre ellos y a hablar bajito como si hubieran puesto en el sitial de Pedro al anticristo.
Hace siglos, quizás milenios, que los cristianos del mundo no reaccionan, no hacen caso e ignoran olímpicamente aquello que el papa les dice, les escribe o les grita. Siguen haciendo con sus fortunas, sus negocios y sus entrepiernas lo que les da la gana y luego se van a misa.
Pero ahora Francisco -y a este sí le llamo por su nombre porque está ejerciendo de lo que dice ser- no les deja. 
Casi parece que le importa un comino con quien se acuesten o no y que sí le preocupa lo que hacen con aquello que la buena sociedad católica española -y de otros muchos sitios- cree que nada tiene que ver con su dios: el poder y el dinero.
Las mesnadas del  Opus, reclutadas a golpe de cilicio y talonario, comienzan a removerse intranquilas, los legionarios entonan un tardío e insulso mea culpa por los excesos aberrantes de su fundador en un intento de acallar a la fiera que les grita desde Roma y Kiko, el falso iluminado del fanatismo neocatecumenal, se revuelve en su mansión romana esperando una audiencia que no llega.
Y encima sin mentar a dios a todas horas. No es porque dios lo diga en tal versículo y capítulo, en tal encíclica promulgada Ex catreda hace un puñado de siglos o en tal epístola apostólica. Es porque es justo. Punto.
Y claro los cristianos, los pocos que quedan entre la hueste inmensa de los que dicen serlo y no lo son y de los que dicen no serlo y lo son por pura tradición, dan palmas con las orejas, se sonríen de lado y miran a su cielo con un gesto de "ya era hora, jefe. Ya era hora".
¿Y nosotros qué hacemos? Todos los que no creemos que haya un dios o los que consideramos que su existencia no es tema de debate porque es absolutamente irrelevante, ¿qué hacemos?
En España, el idiota, como siempre. 
Nuestra izquierda falsamente laica y rabiosamente anticlerical sigue a lo suyo. 
Sigue estampando el ariete de su queja y su protesta contra las reforzadas e insonorizadas puertas de las catedrales y los palacios episcopales; siguen con una estrategia que no les ha llevado nunca ha nada, siguen buscando un objetivo imposible desde fuera: que la iglesia española, apegada al dinero y el poder, cambie y modifique sus prácticas arteras.
Su anticlericalismo les hace rebuscar en las hemerotecas y sacar una frase que Francisco dijo hace no se sabe cuantos lustros sobre la homosexualidad o le achaca que está en contra del aborto, obviando el hecho incuestionable de que tiene todo el derecho del mundo a estarlo. Seguimos con una estrategia que ya no sirve, que les hace el trabajo a los jerarcas.
Se intenta desacreditar la cabeza para esparcir descrédito sobre todos los demás olvidando el hecho de que las jerarquías ya están desacreditadas por todo lo que hacen y han hecho y Francisco no. Ignorando la circunstancia de que, hoy por hoy, Francisco y las jerarquías no son la misma cosa.
En lugar de utilizarle a él y a su impulso para desacreditar a los que dicen seguirle, de usar sus palabras que son tan parecidas a las nuestras, de atacar a las jerarquías bajo la linea de flotación de su supuesta obediencia debida por no hacer lo que él les exige, nosotros les hacemos el trabajo.
En cierto modo es lógico cuando uno se enfrenta a lo que desconoce por odio o por desidia ocurren estas cosas.
Bien haríamos en aplicarnos esa evolución en el tiempo que tanto demandamos con criterio y justicia a la iglesia romana y todos sus satélites -y a todas las religiones en general- porque deberíamos tener en cuenta que Francisco nos hace mucha falta y nosotros deberíamos saber que no creer en un dios no implica no apoyar a las gentes que hacen las cosas bien aunque crean en él.
Como las guardias bárbaras de los césares, los cosacos de los zares, las escoltas vikingas de los reyes egéos y los guardias numidios de Cartágo, puede que seamos los únicos que puedan proteger a Francisco en su intento de hacer la religión tolerable para las sociedades de aquellos que dicen que le deben obediente vasallaje.
Quizás sea Francisco la mejor herramienta de la que disponemos para lograr que la religión -al menos una, que con otras lo tenemos bastante más difícil- sea algo entre el ser humano y su mente y no pretenda impregnar las sociedades.
Que me temo que entre las huestes bíblicas que inundan el mundo desde el dios de la zarza el periodo de cadencia entre los nacimientos de alguien que entiende la religión de esta manera es bastante elevado: uno cada dos mil y pico años.
Y uno ya está mayor.

sábado, marzo 29, 2014

Montoro, miseria, autopistas y la píldora de Matrix

Que nuestro gobierno, ese que nos echamos a la espalda en los últimos comicios, vive en Matrix es algo que ya se nos antoja cotidiano desde los tristemente famosos brotes verdes que solamente ellos ven.
Arquitectos de sus propias cifras, ya no se conforman con presentarlas como paradigma de una recuperación inexistente o de una realidad manipulada que solamente ellos perciben como positiva. Ahora han dado un paso más.
Como en la mítica película de los Warchosky, ya no se limitan a ignorar a los que están fuera del sistema de realidad virtual en el que pretenden hacer vivir a la sociedad española, sino que a hora además envían a sus agentes a localizar y destruir a aquellos que consiguen abrir un ojo a destiempo y ven que lo que cuentan no existe, no es real.
Y no hay mejor agente Smith para estas cosas que Montoro, ese ministro que cree que la mala educación es elegancia, el insulto es sarcasmo y la arrogancia es superioridad.
No conforme con intentar vendernos la píldora azul de que cerrar 2013 con un déficit público mayor del esperado es un dato positivo, con contento con intentar colarnos el enganche a Matrix de que una reforma fiscal, que vuelve a beneficiar a las grandes empresas y a no perjudicar en exceso a los defraudadores, es beneficiosa para todos, el ministro de Hacienda la emprende contra Cáritas.
¿Qué ha hecho Caritas? ¿lo hace porque la Iglesia diocesana española lleva años eludiendo pagar impuestos?, ¿carga furioso contra la institución porque sus inspectores han descubierto que es utilizada para blanquear otros capitales o patrimonios sacros?
Pues no. Arremete contra esa institución porque por una vez -y a lo mejor hasta sirve de precedente- se ha puesto del lado de los que se tiene que poner, ha dejado el palio bajo el que la iglesia española lleva un siglo dando cobijo a los gobiernos conservadores de este país y se ha descolgado con algo que seguramente los procelosos inquilinos de Moncloa no esperaban: "rescatar a los 700.000 hogares sin ingresos costaría 2.600 millones de euros, la mitad de lo que el Gobierno va a invertir en salvar a las autopistas".
Y claro eso al Gobierno le hace crujir los entresijos porque además de ser cierto viene de alguien a quien están beneficiando, a quien están haciendo ganar dinero con su reforma educativa, con las continuas concesiones a la educación religiosa concertada, con sus cesiones gratuitas de suelo en todas las comunidades en las que gobierna el Partido Popular -o sea, casi en todas-.
Viene de alguien que creía que estaba firmemente conectada a a Matrix y que nunca delataría que es una realidad virtual engañosa.
Y Montoro, que no encuentra exactamente contra quien disparar -si contra los obispos ¡Dios nos libre! o contra cualquier otra cosa que se le ponga delante- mueve a diestra y siniestra su pistola reglamentaria y tira por la calle de en medio.
“Eso de pedir un mayor presupuesto del Estado para erradicar la pobreza está bien para las sociedades centralizadas, pero no en la nuestra", dice Montoro. Y, como diría alguien muy querido, se queda tan pichi.
Como quien no quiere la cosa acaba de acusar a Cáritas, a la estructura diocesana en la que se integra y a la jerarquía eclesiástica que la dirige de comunistas.
Así sin más.
Porque, claro, son los comunistas los que quieren sociedades centralizadas, son los rojos los que quieren que el dinero de los impuestos se destine en parte a compensar las desigualdades, son los radicales los que quieren que la riqueza no solamente se cree sino que se distribuya.
Resulta curioso que Montoro diga que los presupuestos para erradicación de la pobreza -o para minimizar su impacto- no son cosas de nuestra sociedad. Porque da la casualidad de que el 44% de los fondos de Cáritas que, como su propio y latino nombre indica, se dedica precisamente a eso vienen de instituciones públicas.
Pero claro Montoro no les puede acusar de radicales antisistema porque son de la Iglesia, no les puede decir que son unos terroristas violentos porque no colaría mandar a unos cuantos policías encapuchados a quemar contenedores delante de la Catedral de la Almudena para poder hacerlo. 
Así que opta por desprestigiarles, por adoptar ese tono de "yo se de economía y tú no" para que parezca que estos "pobres curas tienen buena intención pero no entienden".
Y por supuesto reza en su fuero interno para que nosotros, los que oímos sus palabras no sepamos que hay dos grupos de trabajo de Naciones Unidas que llevan varias décadas instando a los gobiernos del mundo a destinar fondos a la erradicación de la pobreza -la general y la infantil-, que ignoremos que el Consejo de Europa se ha quedado ronco de repetir que los gobiernos de los estados miembros tienen que tener como prioridad eliminar las bolsas de pobreza de sus territorios y que nunca hayamos oído leído o visto la parte de los presupuestos de ministerios, comunidades autónomas y ayuntamientos que va destinada a ayudas, subvenciones y aportaciones a organizaciones no gubernamentales de todo rango y condición que tienen como único objetivo declarado la erradicación de la pobreza.
Así que Montoro nos intenta colar de nuevo la píldora que nos mantenga firmemente pegados a Matrix para que creamos que una sociedad moderna, liberal y capitalista tiene la obligación de salvar a empresas en quiebra y costear carreteras privadas por valor de 5.200 millones de euros pero no de salvar a 700.000 familias de la miseria más absoluta.
Y por si fuera poco el insulto a nuestra inteligencia el tipo -porque ha perdido su tratamiento de ministro con la primera afirmación- se descuelga con que "los informes de Cáritas sobre la pobreza son puramente estadísticos y por ello cree que no nos podemos basar en ellos a la hora de acabar con este problema".
Él, que forma parte de un gobierno que ha tirado de estadísticas manipuladas y números engordados para segar la hierba bajo los pies de multitud de prestaciones sociales, que solo ve a los individuos como números, que es absolutamente impermeable a los rostros y las vidas que están tras los ERE, los desahucios, los despidos, las bajadas de salarios y todo lo demás, ahora se atreve a decir que las estadísticas no son lo que marca el nivel de pobreza de un país.
Y eso lo dice en una rueda de prensa que ofrece para dar estadísticas que, según él y solamente según él, si determinan la situación económica de un país. Pero para bien, claro.
O sea que cuando los números le salen al gobierno las estadísticas sí sirven, pero cuando no le cuadran o le arrojan a la realidad social de un país que empieza a estar devastado por la miseria entonces no hay que tenerlas en cuenta.
 “Lo que erradica la pobreza es el crecimiento y la creación de empleo”,concluye el ministro en uno de esos mantras que repite hasta la extenuación con la esperanza de que empape nuestro cerebro hasta no dejarnos pensar.
Pero va a ser que no. Lo que erradica la pobreza es la distribución de la riqueza y la forma en la que una sociedad moderna distribuye la riqueza es mejorando las condiciones de trabajo, no empeorándolas para que se mantengan los beneficios de unos pocos, utilizando los impuestos para dar servicios sociales que abaraten a los ciudadanos sus vidas, no limitándolos, eliminándolos o privatizándolos como está haciendo el gobierno del que Montoro forma parte.
Lo que erradica la pobreza es la creación de empleo digno y bien remunerado, no de trabajo precario en condiciones de semi servidumbre como el que pretende crear su Reforma Laboral.
Y desde luego lo que no erradica la pobreza es gastar 5.200 millones de euros en rescatar autopistas privadas deficitarias.Porque eso ni crea empleo ni genera crecimiento.
"No tiene nada que ver con la realidad". Puntualiza Montoro.
Claro que no. No tienen nada que ver con la realidad que él vive, enganchado en la matriz de datos falseados por él mismo y que ha llegado a creerse de tanto intentar que los demás los digiramos sin protestar.
No tiene que ver con su realidad. Pero su realidad no existe. Las 700.000 familias que viven en la pobreza sí. Y eso no hay píldora de Matrix que nos lo borre de la mente.

martes, enero 14, 2014

DECA, La otra trampa de la enseñanza religiosa

Aún siendo importante, lo más destacado del enfrentamiento social y político a todo ese diseño para el desastre que el ministro Wert ha colocado sobre la educación de todos el aspecto de volver a introducir el hecho religioso católico como materia de estudio, como tributo ideológico, sino obligatorio sí necesario, para recibir educación pública.
Más relevante es el hecho de que se contabilice dentro de la nota para acceder a becas  y a otro tipo de ayudas educativas que deberían estar exentas de esa necesidad por pura lógica de la aconfesionalidad pregonada por la para otras cosas sacrosanta e intocable Constitución Española.
Pero lo que sin duda es más importante y ha pasado completamente inadvertido es el hecho de que no solamente los alumnos vuelven a tener la religión como una materia en la educación pública -aunque pueden librarse de ella estudiando ética- sino que los profesores están obligados a estudiarla.
Si, así como suena, los profesores.
Si nos paramos a pensarlo el hecho de la incorporación de la religión como enseñanza es contraproducente para todos aquellos que creen que la evangelización debe hacerse en las aulas. 
Todos los grandes laicistas, ateos, anticlericales y antiteistas que han parido los siglos de la historia estudiaron en colegios religiosos, la mayoría de lo que los prelados y exegetas de la pastoral social llamarían descreídos, alejados, renuentes o incluso agnósticos dieron sus primeros pasos en la religión -los que comenzaron a alejarles de ella- en las aulas de colegios de curas y de monjas.
Pero si reflexionamos un momento sobre lo que significa que los profesores, los universitarios que eligen la carrera de Magisterio, estén obligados a estudiar doctrina católica, la cosa se vuelve mucho más turbia, mucho más absurdamente ideológica. Mucho más peligrosa.
Porque significa simple y llanamente que el Estado no solamente se encarga y costea los sueldos de los profesores, también carga sobre sus arcas con el coste de prepararlos para dar una materia que al Estado no le compete, que el Estado, por propia definición constitucional, no debe tener en cuenta y que el Estado por pura evolución social no ha de considerar esencial para los ciudadanos.
Y los que mantienen eso estudios dentro de los ámbitos universitarios deben tener claro que no lo están haciendo del todo bien porque esa doctrina católica a veces recibe nombres tan pintorescos, eufémicos y versallescos como "Conciencia crítica de la existencia de una trascendencia y su vivencia en el hecho religioso", ¡Ole sus gónadas externas!.
Uno diría que si eres ateo, agnóstico, antiteista, iconoclasta o cualquiera de las otras posibilidades de obviar la supuesta trascendencia que ofrece el pensamiento humano tu paso por la asignatura consistiría en entrar en el aula y decir: "mi crítica a la existencia de una trascendencia es que no existe ergo, y por definición, su vivencia es imposible o constituye un autoengaño inducido". Y en ese punto el profesor de la materia tendría dos opciones: o te aprobaba directamente la materia o te forzaba a desarrollar argumentalmente la teoría expuesta y luego te aprobaba.
Pues no. Te impiden recibir la asignatura. Creer en dios se convierte en un requisito previo para cursar una asignatura universitaria.
Y lo más curioso del asunto es que cursar y aprobar esos estudios que paga el Estado con profesores que paga el Estado, en centros que costea el Estado cuando son universidades públicas,  no te concede un título estatal, te permita acceder al certificado conocido como DECA (Declaración Eclesiástica de Competencia Académica)
¿Resulta lógico que la iglesia católica tenga capacidad de determinar la competencia académica de un docente?, ¿tiene algún sentido que si se le confiere a la jerarquía religiosa católica esa capacidad no se le obligue a a sumir los costes de la misma?, ¿para que existen las cátedras de teología para seglares y los seminarios?
En este punto los habrá que digan que sí, que las estructuras jerárquicas de la iglesia tienen derecho a controlar quien sabe y no sabe de su religión. De acuerdo, pues que enseñen pedagogía de la religión en las facultades de teología o los seminarios y lo costeen ellos con sus propios fondos.
Y la perversión del proceso alcanza con el DECA su máxima expresión cuando se convierte en el carné de militancia, en el sello del comisariado político religioso.
Porque en contra de lo que marca la ley, en contra de la libertad de cátedra, en contra de todas las leyes que garantizan en España, Europa y el mundo la no discriminación por motivos ideológicos, los colegios concertados religiosos exigen el DECA a la hora de contratar personal. Sería lógico si se fuera a ser profesor de religión, pero ¿lo es para cualquier otra materia?
Por muy religiosos que sean, por mucho ideario propio -otro simpático eufemismo para creencia, como si los que no creen en entes invisibles dotados de plenos poderes no tuvieran ideario propio- que tengan, están mantenidos con fondos públicos y deben regirse por los principios organizadores del Estado.
Pero no. Ellos no contratan a profesores a los que el Estado considera aptos para el magisterio, solamente contratan a profesores a los que su iglesia considera, a través del DECA, aptos para el magisterio
Quizás haya una forma cristiana de hacer abdominales, o una manera católica de resolver una ecuación de segundo grado, o un punto de vista vaticano de analizar una frase subordinada de relativo -si es que la RAE aún las llama de esa forma-. Pero por más que repaso el evangelio católico, su catecismo e incluso los viejos libros copiados del Talmud, no consigo encontrarlas.
"Está firmado en el concordato de 1979 y hay que cumplirlo", dirán algunos. También está firmado el protocolo de kioto y nos lo pasamos por el arco del triunfo, también están firmados los acuerdos pesqueros con Marruecos y tenemos que renegociarlos todos los años, también firmamos el Convenio Europeo de Derechos Humanos y hemos tardado lustros en aplicarlo desechando la Doctrina Parot. 
El concordato no es el pacto sagrado entre el dios de la zarza ardiente y su pueblo elegido, es un acuerdo entre estados. Puede que el Estado Vaticano sea inmutable y no cambie ni evolucione para su suerte o desgracia, pero el Estado Español sí. Y o el acuerdo se adapta a los principios constitucionales básicos de aconfesionalidad y deja de tener efecto.
Le cueste a la iglesia católica el dinero que le cueste.
"Casi todos los alumnos se apuntan y nadie les obliga a estudiar religión", dirán otros. Pero es mentira. Están obligados para intentar asegurar su futuro. Porque si no aprueban las oposiciones a la escuela pública, el camino que tienen es la enseñanza privada o concertada. Y un 80% de la enseñanza privada y concertada de este país es religiosa. Así que, una vez más, como casi todo lo religioso en este país, es por obligación, no por devoción.
Así que la próxima vez que pensemos en la enseñanza de la religión, pensemos en los alumnos, pero acordémonos también de los maestros. Ellos son los que tienen la llave de la educación del futuro.

martes, noviembre 12, 2013

Francisco hace a Rouco compar ruedas de molino

Hay una vieja canción del mitificado pop de los 80 españoles, ese de la movida, que dice algo parecido a "si tienes que jugártelo a una carta, ve de cara al decir tu palabra. Pero antes de que el eco la repita, Dios y El Diablo te ayuden a estar lejos porque la vida en la frontera no espera, es todo lo que debes saber".
Si sustituyes la difusa frontera por las más concretas convenciones geográficas de la ciudad Estado del Vaticano, algo parecido debe estar sintiendo Jorge Mario Bergoglio, más conocido como Francisco.
Porque el hombre no pierde el tiempo en decir todo lo que tienen, quiere y cree que debe decir sobre la estructura de su jerarquía, de su credo y de sus fieles. Por si la vida en Roma tampoco espera, como ya demostró en edades pretéritas.
Pero lo último que ha dicho nos compete. Seamos laicos, ateos, agnósticos, católicos, protestantes o de cualquier otro credo o no credo, nos compete. Puede que sus quejas sobre otros asuntos nos importen, que sus revisiones sobre gais o sobre la familia nos interesen. Pero Francisco ha hablado de corrupción y eso nos compete por españoles. Creamos o no creamos lo que sea.
Como quien no quiere la cosa, como quien en la cosa nada tiene que perder -salvo la vida, quizás- el papa sin numerar se ha descolgado diciendo: "A todos aquellos que con una mano defraudan al Estado y con la otra dan dinero a la Iglesia: para los cristianos de doble vida no hay perdón de Dios”.
De un plumazo se ha cargado la política de toda la derecha española desde los tiempos de Cánovas y Sagasta, desde que el falso general del bigote y las botas fundara el nacional catolicismo, desde que el Partido Popular decidiera escuchar los arrullos de la Conferencia Episcopal en lugar de los quejidos de la sociedad que debía gobernar..
Se ha cargado nuestro más típico modus operandi de catolicismo castizo de andar por casa: el " a Dios rogando y con el mazo dando".
Así que don Mariano, el bueno de don Mariano ya no tendrá que perder el tiempo en la Almudena ni en visitas compostelanas para congraciarse con su dios y los jerarcas que dicen servirle falsamente.
La Santa Cospedal de mantilla de encaje en la catedral toledana no tendrá que reservar en su agenda espacio para hacer genuflexiones buscando la indulgencia plenaria a sus manejos, sus sueldos sobrecogidos y sus comisiones ilegales.
Güemes, Lamela o Aguirre pueden ahorrarse el rito de la comunión dominical mientras sigan disfrutando de sus sueldos millonarios en empresas a las que favorecieron o de comisiones millonarias por sus componendas nepotistas.
Porque no merecen el perdón de dios. Merecen la cárcel, la inhabilitación y hasta, si se apura, la deportación de antaño a Cabo Verde, pero no el perdón de dios.
Porque defraudar a Hacienda, a la sociedad, no se cubre con una limosna. Porque robar al erario público no se cubre con pagar a los profesores de religión, porque apropiarse de dinero que nos les pertenece y es de todos no se cubre dando subvenciones o regalando terrenos al Opus Dei para que haga negocio con sus colegios o sus universidades.
Porque, al parecer, su dios ha empezado a pensar más en lo de todos que en lo que le dan a él. O al menos lo hace su pontífice.
Y puede parecer que no. Pero eso coloca a una buena parte de este país en una encrucijada.
Porque si la democracia cristiana española ya no es democracia por corrupta ni cristiana porque ni su mesías ni su pontífice les perdonan: ¿alguien puede decir qué opina Rouco de esta nueva singularidad teológica española?
Porque su jefe acaba de decir que no puede adscribirse a ellos, que no debe pedir el voto para ellos, acaba de decir que no merecen el perdón de dios. De hecho, ha sido un poco más explícito:  “Se merecen -lo dice Jesús, no lo digo yo. Y el yo no soy yo, es el papa Francisco- que les pongan en el cuello una piedra de molino y los arrojen al mar”.
¿Tiene Rouco tantas piedras de molino para colgar del cuello de aquellos a los que da de comulgar cada domingo?, ¿tiene piedras de molino suficientes para lanzar al mar a aquellos que le pagan los profesores de religión, los curas castrenses y hospitalarios, las residencias obispales y el proselitismo evangelizador disfrazado de educación?
¿Cuantos de sus amigos y aliados caerán dentro de la nueva definición vaticana de fariseo y pecador: "finge ser cristiano, pero lleva una doble vida. Y la doble vida de un cristiano hace tanto mal, tanto mal… Dice: ¡Yo soy un benefactor de la Iglesia! Meto la mano en el bolsillo y doy a la Iglesia. Pero con la otra mano, roba: al Estado, a los pobres… Roba. Esta es la doble vida”?
Si una limosna ya no limpia un robo, si una dádiva a la iglesia ya no esconde la corrupción a los ojos de su dios, Rouco Varela y todos los jerarcas católicos hispanos que se han aliado con los corruptos, los nepotistas y los estafadores tiene un problema teológico y social de considerables proporciones.
Pero hay otros que tienen otro problema que dirimir, otra decisión que tomar. Otros que nos importan más, otros que son fundamentales para esta sociedad porque forman parte de ella.
Todos aquellos que votan al Partido Popular porque se supone que son aquellos que defienden lo que sus prelados y purpurados les dicen que hay que defender.
Pero si Francisco dice que no, que por corruptos no son cristianos, que por defraudadores no merecen perdón, que dejen de pensar exclusivamente en los gais y en la familia tradicional y en el aborto a la hora de emitir sus sufragios y piensen en lo esencial.
¿En qué excusa se refugiarán ahora para dar su voto a quienes demuestran que no son demócratas al incumplir sus promesas, que no son liberales al alterar la economía en su favor y que no son cristianos al defraudar?
Por suerte para ellos todavía les queda España. Les queda la bandera, les queda el soberanismo y les queda Gibraltar para justificar su apoyo a los que nos desangran, a los que  nos roban y aquellos a los que su propio dios rechaza por boca de su propio pontífice. Pero ya no pueden refugiarse en que se lo impone su credo y su iglesia.
Cierto es que nada de lo que diga Francisco afecta a nuestras leyes. Pero nunca está de más que sepan que se están quedando incluso sin justificaciones internas. Que además de la cárcel por corruptos y ladrones, merecen el desprecio de su dios por pecadores irredentos.
Por más que defiendan la familia tradicional, besen el anillo obispal en manifestaciones y comulguen los domingos.
Y ya no lo decimos los laicos y los ateos. Ya lo dice hasta el Papa.

sábado, octubre 26, 2013

Libertad y el consentimiento de los padres de otros

Hace ya años, bastantes años, quedé con un amigo que había conocido todavía muchos años antes. Se trataba de aquello de tomar unas cañas, rememorar los buenos tiempos en los que el grupo de teatro era la excusa perfecta para el ligoteo adolescente y echarse unas risas a costa de los recuerdos de antiguos profesores de instituto obsesionados con Ramón Gómez de la Serna y con la artesanía etrusca entre otras cosas.
Yo recodaba a mi amigo con el pelo corto y se presentó con una melena hasta los hombros, yo recordaba a mi amigo moreno y reapareció pelirrojo. Yo recordaba a mi amigo hombre y se me presentó mujer.
He de reconocer que me resultó un choque tan insuperable que tardé tres cañas en cogerla el ritmo y nos pasamos el resto de la noche no riéndonos de los viejos profesores sino imaginándonos las caras que pondrían aquellas mozuelas que se habían hecho las encontradizas en los pasillos para ligársele cuando no era ni pelirroja, ni melenuda ni mujer.
A qué viene esta diatriba de mis tiempos mozos. Es sencillo. Cien padres cogen sus bolígrafos y firman una carta para pedir que no se trate a un infante que nació niño pero ha decidido ser niña como una niña en un colegio andaluz, concretamente malagueño. Cien padres mantienen que, aunque se respete a esa niña -a la que ellos solamente pueden ver como un niño que quiere ser niña-, debería seguir tratándosela como a un niño.
Es posible que no sea este el problema más peliagudo al que se está enfrentando la educación en estos momentos, con la guadaña del ministro Wert, sus leyes y sus recortes ondulando una y otra vez sobre el cuello de la enseñanza pública, pero es un problema que no se puede dejar pasar.
Para empezar, este problema no se hubiera producido, esta carta ni siquiera se hubiera enviado, si se tratara de un colegio público. Pero no lo es. 
Es un colegio concertado, es un colegio religioso. Es uno de esos colegios que sobrevive con dinero de un Estado, el español,  pero que pretende regirse con las leyes de otros, el Reino de Los Cielos -o en su defecto los Estados Pontificios-.
Para continuar, quizás alguien podría contestar a la pregunta de como se hace para que un alumno sea "querido y respetado por alumnos y profesores en su especificidad", como dicen los firmantes en su carta si se le niega el tratamiento de género -en este caso lo de género sí está bien empleado, porque es un asunto lingüístico- que explicita ese respeto.
Y luego llega lo más gordo. 
Los 100 padres, que comienzan en este punto a parecerse peligrosamente a los 100.000 Hijos de San Luis -restituyentes de la monarquía católica en España- se quejan porque la decisión de aceptar la transexualidad de la pequeña se ha tomado "sin pensar en los posibles efectos que esta decisión puede provocar en el normal desarrollo social y psicológico del resto de los alumnos”.
O sea, que alguien no puede asumir la identidad sexual que le apetezca si los demás se sienten incómodos, descolocados o en fuera de juego por su cambio. Que mi amiga pelirroja debería haberse pensado cambiar de sexo teniendo en cuenta qué pensaría yo cuando me la encontrara. Que el hermano Warchowski que ahora es hermana debería haber pensado en el desasosiego de sus fans o en los problemas de promoción de su productor ejecutivo antes de asumir la identidad sexual en la que se sentía plena y completa.
Un argumento con el mismo peso específico que una pluma de ganso. Igual de fuerte y sólido que es el otro que utilizan que consiste en mostrarse disgustados porque la decisión se tomó "sin consultar a las demás familias del centro". 
¡Estupendo!. Existen leyes, existe algo llamado Constitución Española, existe un texto que se llama algo así como Declaración de los Derechos del Menor... El Género Humano lleva evolucionando legislación con respecto a los derechos fundamentales inalienables del individuo desde hace tres siglos. 
Pero la Consejería de Educación de la Junta y la Fiscalía General de Andalucía deben tomar como base para ejercer su obligación de hacer cumplir la ley la opinión de 100 padres para decidir si esos derechos fundamentales se respetan o no, si se aplica la legislación española o no, si se convierte un colegio de Málaga en un Estado independiente o sigue vigente en sus patios y en sus aulas la Constitución Española.
Nadie que tenga dos dedos frente, por lo menos dos dedos de frente no ocupados por sus principios religiosos, puede darle sentido a ese razonamiento. 
Porque al final ese, como siempre, es el problema.
Un catolicismo español que entiende mal lo que es ser cristiano, católico y la libertad de culto, porque así se lo hacen ver sus jerarcas y purpurados. 
Un culto católico patrio que cree que el respeto a su confesión pasa por no hacer nada que a ellos les disguste, por que no se vea públicamente nada de lo que ellos consideran inmoral. Un catolicismo de homilía y dictadura, que incluso su actual pontífice rechaza, que se basa en que ellos pueden hacer muestra pública de cualquiera de las manifestaciones de sus creencias sin que nadie pueda sentirse ofendido pero pretende que el resto de la humanidad no ponga antes sus ojos realidades que otros en sus púlpitos y sacristías han decidido por ellos que son ofensivas.
Porque si los hijos de esos 100 padres tienen un problema psicológico con la decisión de su compañera no será por culpa de la Junta de Andalucía, ni de la legislación española ni del cambio de orientación sexual de la niña en cuestión.
Será solo y exclusivamente por culpa de sus padres.
Porque no les habrán enseñado que hay gente que piensa y siente de manera distinta a ellos y que hay que respetarles; porque no les habrán enseñado que, aunque ellos crean que su dios dijo en algún momento que la homosexualidad, la transexualidad o cualquier otra identidad sexual que no sea la heterosexual es algo maligno, enfermizo o pecaminoso, las leyes del país en que viven lo respetan, lo apoyan, lo comprenden y lo defienden.
Porque no les habrán enseñado que la libertad de los demás no depende ni puede depender de lo que ellos han decidido que su dios piensa sobre el ejercicio de esa libertad.
Cuando era pequeño fui con mi madre a una fiesta del PCE en el parque de mi barrio y allí había un tipo vestido de mujer. Yo le pregunté a mi madre si era un chico o una chica y ella me dijo: "si tanto te preocupa, acércate y pregúntaselo" y siguió empeñada en avanzar en la cola para comprar los siempre míticos bocadillos de chorizo frito.
Quizás por eso tarde solo tres cañas a asumir que tenía una nueva amiga y ya apenas me acuerdo de ese otro viejo amigo que se iba de ligue conmigo en el instituto.

Lo pensado y lo escrito

Real Time Analytics