jueves, enero 08, 2009

El TSJPV y la colaboración necesaria

Pues no hay dos sin tres. Si resulta que los israelies se ponen a lo suyo -o sea, a sangrar población civil en busca de terroristas-, y la iglesia católica, por lo menos la española, se pone a lo que mejor hace -o sea, inmiscuirse o intentar inmiscuirse en los asuntos del Estado- sólo nos faltaban en esta revitalización virtual de mi condición de diablo escribiente los que completan la terna perfecta de aquellos que acaparan mis líneas -que no mis pensamientos, ¡Hasta ahí podíamos llegar!- en la mayoría de las ocasiones: los chicos sangrientos y recalcitrantes de ETA-otrora Movimiento de Liberación Vasco, rebautizados de labios de Aznar-.
Y, como ha sucedido con los eclesiasticos ibéricos, en este caso saltan a la palestra como elementos pasivos -pasivos/agresivos, eso si-. Porque ha comenzado el juício contra los líderes políticos del PNV y el PSE que mantuvieron reuniones con representantes de la Izquierda Abertzale durante la tristemente fracasada - y en parte hundida por terceros- tregua de 2006.
Y se ha iniciado, sólo para que conste, en el Tribunal Superior de Justicia de Euskadi - País Vasco para los puristas del lenguaje y Provincias Vascongadas para los estrictos del ultranacionalismo español, que, como las meigas, haberlos, hailos-. También se va a juzgar a Arnaldo Otegui, el correturnos del liderazgo de la Izquierda Abertzale violenta, pero eso ya ha dejado de ser noticia.
Yo opino que hay que juzgarles a todos. Lo quiero dejar claro antes de que los legalistas de la oportunidad -o los oportunistas de la legalidad, según se mire- se lancen, si alguno de ellos lee esto, a clamar por el cumplimiento de la legalidad vigente, el respeto a la independencia del poder judicial y todo aquello que tremolan los que no creen en ello, pero que defienden cada vez que les viene bien -si quereís pensar en el Partido Popular y los medios de su cuerda podéis hacerlo libremente-.
Yo pienso que hay juzgarles porque la vigente Ley de Partidos nos obliga a ello. Pero eso no hace que Patxi López, que el Lehendakari Ibarretxe o que incluso -mal que me pese- Arnaldo Otegui no tengan razón y que el juicio que hoy empieza no sea un juicio político.
Y no lo es porque los jueces estén politizados; no el porque el Gobierno utilice el juicio con fines políticos -de la oposción, o sea del PP, no estaría tan seguro, porque me temo que la única menra de que aumente votos en Euskadi es que se disuelvan el PNV y el PSE-; ni siquiera es un juicio político porque se esté llevando a la palestra legal la política de salida negociada que intentó el Primer Gobierno Zapatero. Es un juicio político porque lo exige una Ley que sólo buscaba la obtención de réditos políticos, porque se realiza en virtud de la Ley de Partidos Políticos. Con ese nombre es imposible que no se trate de un jucio político.
Esa ley no buscaba aislar a los violentos como en su día se dijo. Esa ley buscaba imposibilitar la salida negociada con ETA. Buscaba asegurarse el simbionte violento que era el único argumento que el PP esgrimía elección tras elección para aumentar su caudal de votos e intentar perpetuarse en el poder.
Con esa ley es imposible que, aún el hipotético e improblable caso de que la razón entrara en la mente de esos locos furiosos que hacen llamar ETA y decidieran buscar el diálogo para dejar de perpetuar la situación actual, pudieran llevar a cabo esa opción. Eliminar a los abertxales del mapa político de Euskadi no les iba a restar el apoyo político. Simplemente, les obligaría a pasar a la clandestinidad y a no exponer publicamente sus posiciones lo que haría que fueran incluso más fuertes.
¿Incapacitar cualquier vía dialogada es mejor para España o para Euskadi? La respuesta es no. Como no lo es en la franja de Gaza, como no lo fue en Irlanda, como no el es con el integrismo yihadista, cuyos ramales políticos, por cierto, nunca han sido prohibidos por los paises que sufrían su terrorismo, ni siquiera en Israel, que ya es decir.
¿Entonces porque la Ley de Partidos, ségún se cansaron de afirmar sus propios instigadores y los que erroneamente la apoyaron, buscaba eliminar a los Abertxales de la escena política?
La razón se antoja bien simple: porque eliminada la función política sólo queda la militar y contra la acción militar -armada, si se prefiere- sólo cabe la respuesta policial -militar, como preferiría el PP-. Y ese tipo de política sólo beneficia el Partido Popular.
El Partido Popular hizo una ley para enquistar una situación que le permitiría mantenerse en el poder elección tras elección. Eso creían ellos. Claro, que no contaban con el yihadismo de Osama y sus muchachos.
Esta ley buscaba otro objetivo de apariencia claramente fascita: que sean los jueces los que dictaminen que partidos son o no válidos en nuestro sistema. Y es fascista porque es el Gobierno el que elije a los jueces y sus órganos de representación -aunque diga que no-; porque nunca se ha iniciado un proceso de ilegalización contra los sucesivos partidos de Ynestrillas, aunque defienden principios marcadamente inconstitucionales y en sus filas militan, no sólo sospechosos, sino condenados por delitos violentos y asesinatos que entran dentro de la definición de terrorismo político.
Y sobre todo habla y se mueve como el fascismo porque lo que buscaba desde el principio no era borrar a ETA, sino borrar el independentismo y el nacionalismo vasco de la faz de la tierra política de nuestro país y defender la independecia de Euskadi es tan políticamente correcto como defender cualquier otra cosa. Mientras no se tirotee ni bombardee a nadie para hacerlo.
Así que, sí, hay que juzgar a Patxi López, a Ibarretxe y a Otegui en virtud de la Ley de Partidos. Juzgarlos y luego derogar la ley.
Pero el hecho de juzgar a una persona no implica que se la declare culpable, aunque últimamente tiendan a identificarse las dos situaciones -si es así, ¿qué sentido tendría juzgarle?-. Hay que juzgar a López y Ares, del PSE y a Ibarretxe del PNV. Hay que juzgarlos y declararles inocentes.
Porque ninguno de ellos había sido inhabilitado; porque ninguno de ellos formaba parte de ninguna organización política que fuera ilegal y el hecho de hablar de política con Batasuna -la de entonces, la ilegalizada- no hace que incumplan ninguna ley.
¿Desde cuando hablar con alguien es un delito?, ¿aquel que habla con un asesino se transforma en aseisno?, ¿quien habla con un ladrón se transforma en ladrón de forma automática e irreversible?, ¿el negociador policial que habla con unos secuestradores es juzgado automáticamente como colaborador necesario para lacomisión del crimen y condenado por ello? Si ha de ser así, mal vamos.
Es posible que Otegui y sus cinco adlateres - a la sazón también adlateres de ETA - hayan cometido en delito por mantener la actividad política de Batasuna en contra de una decisión judicial que lo prohibe, pero lo que está fuera de toda duda - por lo menos desde mi punto de vista- es que sus interlocutores no lo han hecho.
Su único delito es pretender poner fin a una situación que está desangrando Euskadi y convulsionando España; su única falta es utilizar una vía que el PP criminalizó utilizando para ello de forma artera una ley promulgada por ellos -con la aquiescencia de los otros, eso si-, para sus propios fines.
Su único delito ha sido seguir un camino que podría haberle quitado al PP su principial simbionte político; que podría haber dejado sin argumentos y sin votos al que, hoy por hoy, es el mayor colaborador necesario del terrorismo en nuestro país: el único partido que vende terror como arma electoral: El Partido Popular.

miércoles, enero 07, 2009

Ratzinger, Zapatero, Cañizares y el Spaguetti Western

¡Si es que no hay manera! Cada vez que reinicio mi actividad en esto de los espacios virtuales no tardan más de un par de días en echárseme a los post es club social de recalcitrante hidropesía llamado Iglesia católica Y sobre todo, sus jerarcas, sus más egregios representantes, aquellos que se supone que han conseguido más boletos y han acumulado más números de feria para la muñeca chochona que es la salvación en la feria ambulante de las religiones -porque si el premio fuera un perrito piloto habría alegría y alboroto y eso es algo, sobre todo el alboroto, que no se permite en las antesalas vaticanas.
Será que, como me hallo más allá de la salvación porque se me antoja que no hay nada de que salvarse, está se empeña en reaparecer ante mi puerta, ya sea porque, como demonio declarado, la ignoro o porque alguna nueva encíclica ex cátedra de esas que se estilaban en los buenos viejos tiempos -para ellos- de dominio e inquisición o incluso de palio y nacional catolicismo haya convertido la insistencia en la cuarta virtud teologal.
Y en esta ocasión, se acercan a mi no por mor de sus desmanes orales u oratorios -que de esos he dejado pasar algunos, como el sin apenas desperdicio discurso de año nuevo papal, ¡Uy, perdón, homilía!-. Se acercan porque el presidente Zapatero, ese al que Berlusconi y la curia llaman "comecuras", parece que ha decidido elegir a Cañizares, nuestro hombre en Roma, como interlocutor.
Dicen las lenguas políticas que Cañizares es más dialogante que Roucco; dicen las lenguas políticas que el contacto con Cañizares permite puentear a Roucco Varela para llegar a Benedicto, el ínclito papa inquisidor, y puentear a la Conferencia Episcopal española, más preocupada hoy por hoy de las encuestas electorales del Partido Popular que de su feligresía patria.
Es posible que todo eso sea cierto pero yo me pregunto algunas cosas
¿Por qué las lenguas políticas hablan de Roucco o en su defecto de Cañizares?, ¿por qué las lenguas políticas pretenden tener contacto fluido -o no fluido, ya puestos- con Roma y las salas pontificias?, ¿no se supone que la Iglesia católica -y ya que estamos, la protestante, la ortodoxa, la presbiteriana o cualquiera de los clubes de salvación que pululan por el mundo- no deben intervenir en política?
En esto de la elección de Cañizares como interlocutor político del Gobierno Español, se me antoja que Zapatero, sus asesores, su gobierno y las lenguas política se han situado a la altura del espagueti western que en su día protagonizara ese mal actor que se rebeló como excelente director llamado Clint Eastwood. Es decir "cometieron dos errores".
Podría decirse que el primero de ellos es elegir a Cañizares como el hombre con el que hay que hablar. Es posible que sea el primero, pero, como en el caso del perverso juez que decreta el ahorcamiento de Clint, no es el más importante.
Cierto es que considerar dialogante a Cañizares va mucho más allá del optimismo –y créanme, lo digo por experiencia propia-. Considerar dialogante a alguien que es conocido entre la curia como el pequeño Ratzinger es tan absurdo como aseverar que es un sumnita convencido alguien que fuera conocido en Teherán como el nuevo Homeimi.
Más allá de la estatura y el pelo blanco –rasgo este último que comparte el 90 por ciento de la curia vaticana y si nos ponemos de la prelatura española-, los rasgos físicos que unen al egregio papa con el no menos ínclito cardenal se reducen a cero. ¿No es pues lógico pensar que su apodo viene del hecho de que hace exactamente lo mismo que Ratzinger?
Y, ¿qué ha hecho Ratzinger los primeros treinta años de sus treinta y tantos años moviéndose por los pasillos del poder sacro en Roma? Pues dirigir la Congregación para la Pureza de la Fe, es decir la Inquisición.
Y si esto no fuera suficiente, resulta que al inquisidor austriaco le ha faltado tiempo para promover a su pequeño reflejo a una prelatura vaticana y ¿le ha puesto al mando de La Evangelización de los Pueblos?, ¿le ha colocado a cargo de la Congregación de las Causas de Los Santos para investigar, cual Indiana Jones con bonete, milagros alrededor del mundo? No. Le ha nombrado prefecto de la Congregación Vaticana para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos?
Esto puede sparecer tan inocuo como cualquier otra cosa pero no lo es. La cosa se complica si tenemos en cuenta que de esa congregación han partido las últimas ideas gloriosas como la de volver a celebrar la misa en latín, la de afirmar que cualquier música posterior al gregoriano -lo que incluye, Bach, Mozart y Haendel y, por supuesto, sus misas y sus requiems- no es apta para la liturgia o la de desacreditar las liturgias celebradas por las iglesias suramericanas -en las que se pedía justicia y la "desaparición" de algún que otro tiranuelo local.
Si la Congreción para la Doctrina se encarga de buscar herejes en el pensamiento, la Congración del Culto Divino se encarga de hallarlos en los ritos. Así que podemos decir que es la división de plata de la inquisición católica y ya sabemos que en Segunda División el juego suele ser mucho más duro que la máxima categoría -eso es lo que dicen los expertos en fútbol-.
A su condición de pequeño inquisidor reconocido -en tamaño y atribuciones, que no en insistencia y fiereza- se suma el hecho de que Cañizares no es ni mucho menos -como podría ser monseñor Amigo o algún otro- ajeno a los tejemanejes políticos del PP. Cañizares utilizó su púlpito en Toledo para afirmar que "La Unidad de España es un bien moral" cuando las huestes de Génova tremolaban banderas a diestro y siniestro contra el Statut catalán; Antonio Cañizares fue el que afirmó que el Estado no puede negociar con el terrorismo mientras el PP y sus medios afines depuraban su estrategia de aterrorizarnos con la venta que el gobierno Zapatero estaba haciendo de España al sentarse a hablar con ETA sobre el abandono de las armas.
Así que Cañizares no sólo no es dialogante, sino que además comulga con las ideas y postulados puramente políticos del PP. Comulgar supongo que lo hará con todos los días y comulgar con el PP, por lo visto, lo hace siempre que tiene ocasión.
Así las cosas, elegir a Cañizares por muy bien que se lleve con la vicepresidenta del Gobierno -casi tan "dialogante" como él-, es el primer error de este western iglesia Estado. Es como decretar el injusto ahorcamiento de Clint Eastwood.
Pero al igual que en el inmarcesible western almeriense, el segundo error es el más importante.
El segundo error no es achacable a la iglesia, ni a la curia, ni a las condiciones de Cañizares, ni siquiera a la intransigencia omnimoda de Roucco. Es simplemente achable al Gobieno. Y es un error de concepto.
No es que no haya nada que dialogar con el club social milenario. Habría que hacerlo si hubiera leyes que les impidieran prácticar su fe o algo por el estilo -y si nos ponemos exquisitos quizá las únicas que existan hoy en día en nuestro país sean las que hacen referencia a la claúsula de conciencia médica. Y hay que hilar muy fino.
El meollo de la cuestión es que un Gobierno no tiene porque dialogar politicamente -se entiende- con iglesia alguna. Si no hay dialogo político no hace falta un interlocutor. Fin del problema.
Para la curia española -y desgraciadamente para buena parte de la feligresía nacional- el dialogo con la su institución consiste en pedir permiso para hacer cosas para las que el Estado -y sobre todo uno aconfesional- no debe pedir permiso alguno.
Si el Gobierno decide que no se enseña religión en las escuelas, no hay que pedir permiso; si el Gobierno decide que no se pagan los sueldos de los sacerdotes, no hay que pedir permiso alguno; si el Gobierno decide que no se subvencionan los colegios religiosos, no hay que pedir permiso alguno; si el Gobierno decide ampliar la ley del aborto -y que conste que yo me opongo- o la de la eutanasia -y que conste que me opongo también-, no hay que pedir permiso alguno; Si el Gobierno decide que se contempla el matrimonio gay y lésbico, no tiene que pedir permiso alguno; si el Gobierno decide poner en marcha una nueva asignatura, no hay que pedir permiso alguno.
Deberá pedir permiso al Congreso, al Consejo de Estado, al Tribunal Constitucional o cualquier otra institución que el Estado marque como contraladora de sus funciones y, por supuesto, tendrá que pedir permiso a los ciudadanos, convertidos en votantes, que han puesto sobre sus hombros la responsabilidad del gobierno. Pero desde luego no tiene que pedirselo a la curia católica ni a la feligresía.
El respeto del Estado a la religión se limita a garantizar que nadie les persigue, les insulta o les impide llevar sus prácticas y su tómbola de salvaciones a buen término -sin molestar más de lo estrictamente necesario a los demás -a todos aquellos que o bien no coinciden con sus ritos o, simplemente, no coinciden con rito ninguno y ni siquiera con la necesidad de los mismos-. El Estado, y por ende el Gobierno, no está obligado a garantizar que nada de lo que ocurre en el país en el que viven -o que ninguna ley promulgada- les ofende. Si les ofende, tienen dos opciones: votar a otros que no hagan leyes que les ofenden o se cambian de país.
Así que, el segundo error de este western es no tenr claro que un gobierno de un estado aconfesional no tiene que mantener un flujo de negociación política con Roma.
Si ordenar ahorcar a Clint, o sea seleccionar a Cañizares como interlocutor, fue grave, Admitir que se debe mantener una negociación política con la iglesia y la curia romanas, o sea no asegurarse de que Clin estaba bien ahorcado y por consiguiente muerto, es mucho peor.
Y algún dia os contaré mi experiencia personal con Cañizares.

lunes, enero 05, 2009

el subcomandante Marcos y la decepción o el futuro está en Obama (como diría Ionesco)

La decepción es una sensación que depende de las expectativas del sujeto y por tanto no es nunca achacable al que la provoca, sino al que la experimenta.
No es que me haya dado por crear citas a diestro y siniestro de repente, ni tampoco este post es parte de El Occidente Incólume -hoy le dejaremos descansar-. Aunque no lo parezca, esto va de política, de políticos y de relaciones internacionales. Esto va de Obama, de Marcos, de Israel, de la lucha armada... Esto va del mundo.
El subcomandante Marcos, ese espartaco mexicano que se cansó de esperar que la historia y la razón hicieran su trabajo con los indios de Chiapas, afirma que Obama, el futuro líder del único país que concibe la libertad propia como un derecho aunque choque con la libertad ajena, es una decepción porque no rechaza el uso de la fuerza en Gaza.
Vaya por delante que lo que hizo y hace el subcomandante en Chiapas me resulta admirable. No digo que él sea admirable, porque para mi no hay personas admirables sino actos admirables y por tanto sólo la suma de un acto admirable tras otro puede originar que un individuo en concreto alcance esa definición. Pero pese a lo admirable de los actos de Marcos, se me antoja que en esa frase, en esa expresión, se equivoca por dos motivos: por incoherencia y por falsas expectativas.
Se equivoca por incoherencia porque su decepción parte de alguien que ha utilizado la fuerza y la fuerza armada para defender sus principios. Independientemente de que tenga razón o no –en su caso, hay motivos más que de sobra para pensar que la tenía-, el subcomandante de Chiapas recurrió a la fuerza, se armó y se lanzó a la guerrilla armada ¿Por qué lo hizo si consideraba que la fuerza no es aceptable?
¿Se otorgó el nombre y el rango de viceministro, de subsecretario, de vicepresidente? La respuesta es no. Se confirió el rango de subcomandante –cuando menos curioso- lo que implica que formaba parte de un ejército y, por simple y mera definición de ejército, ello lleva aparejado que acepta como legítimo el uso de la fuerza.
Este mundo está acostumbrado al pacifismo que denosta la lucha armada y la reacción armada bajo cualquier concepto y, si Marcos fuera uno de esos ideólogos de la paz sin armas, su decepción sería justificada y lógica. Pero siendo un guerrero –en el sentido menos mitológico de la palabra-, no es otra cosa que incoherencia.
Porque incoherente sería defender que Obama debe estar en contra del empleo de la fuerza cuando él, como guerrillero y luchador, nunca se ha mostrado en contra del empleo de dicha herramienta para conseguir sus objetivos.
Decir que Israel no tiene derecho a utilizar la fuerza contra Hamás puede quedar muy bonito en los papeles; puede resultar impactante en unas declaraciones públicas o puede hacernos dormir mejor con nosotros mismos cuando nos acostamos tras contemplar el horror de lo que está ocurriendo en Gaza. Pero, lamentablemente, no es cierto.
Israel, sus halcones y sus josués teocráticos no tienen derecho a incumplir once resoluciones de Naciones Unidas, no tienen derecho a invadir territorios que no les pertenecen; no tienen derecho a masacrar a un pueblo entero sólo porque su dios cometió el error geopolítico de prometerles antaño una tierra que ya estaba ocupada por otros y no tienen derecho a desencadenar un progromo simplemente porque les viene bien en tiempo y forma.
Del mismo modo, Hamás no tiene derecho a lanzar setenta cohetes en un sólo día porque alguien invada su tierra; no tiene derecho a cerrar un territorio y declarar un gobierno islámico ilegal en la franja de Gaza porque tengan la fuerza para hacerlo y no tiene derecho a enviar niños suicidas a la muerte porque se hayan saltado un par de líneas al leer los escritos de su profeta.
Si decimos eso puede que estemos en la realidad. Defender cualquier otra cosa sería tan absurdo como pretender que las divisiones de infantería acorazada americanas tenían derecho a disparar en Las Ardenas pero la Bermach alemana no tenía derecho a repeler el fuego.
Israel puede cazar a todo Hamás – o al menos intentarlo- aunque ellos hayan sido los que empezaron el conflicto en 1949 y Hamás tiene derecho a matar a todo soldado israelí que se cruce en su camino simplemente porque son sus enemigos. Y ambos tienen ese derecho porque están en guerra. La guerra es una pérdida de la razón pero no de la lógica, así que de nada sirve preguntar quién tiene razón en una guerra y no se puede pretender que sólo el que tiene razón tiene derecho a usar la fuerza.
Tal y como funciona la dinámica diplomática de las armas, no tener razón no te quita el derecho a una guerra. Te priva del derecho a ganarla.
¿Israel puede usar la fuerza contra Hamás? La respuesta es si. ¿Israel puede convertir Gaza en un campo de exterminio? La respuesta es no.
¿Barack Obama puede no rechazar el uso de la fuerza en el conflicto armado entre Hamás y el Estado de Israel? La respuesta es si. ¿Obama puede no rechazar que el uso de la fuerza degenere en un progromo sistemático de la población de Gaza? La respuesta debería ser no. Esperemos que él también lo piense.
Así que la decepción del subcomandante Marcos muestra un leve o grave pecado. Leve pecado de imprecisión, si se atribuye a una mala selección de los conceptos. Grave pecado de incoherencia si se debe a que defiende que él puede utilizar la fuerza y los demás deben rechazarla.
Si lo que defiende Marcos -al que no he dejado de admirar por sus acciones en Chiapas, porque yo soy de los que defiende que a los injustos sólo se les quita el poder cuando se les demuestra que eres más fuerte que ellos- es simplemente que éstá decepcionado porque creía que Obama iba a estar en contra del exterminio planificado de población civil, entonces su decepción es sólo una cuestión de falsas expectativas.
Y es culpa suya por creer que Obama iba a ser diferente de lo que siempre han sido los líderes americanos, por creer que el hecho de que Barack Obama fuera negro, democráta o buena persona iba a pesar más que la opinión pública americana, la búsqueda de apoyos y las necesidades del imperio.
La decepción del luchador mexicano es culpa suya por imaginar que cuando el futuro presidente de Estados Unidos gritaba a los cuatro vientos "Yes, we can", ese "we" se refería al mundo y no esclusivamente a los estadounidenes.
En eso , a día de hoy, también espero que el subcomandante Marcos se equivoque.

domingo, enero 04, 2009

El Occidente Incólume (4)

En el último post de este intento de lograr una sistematización de mi pensamiento sobre el hombre y la sociedad actuales había hablado de como nos hemos transformado en universos personales y como eso acarrea la consecuencia de habernos convertido en eternos escapistas de nuestra propia responsabilidad. Pero eso es sólo la primera de las mutaciones a las que nos hemos sometido a causa del perpetuo bombardeo de personalismo que hemos irradiado en nuestras conciencias y percepciones. Todo universo, por pequeño que sea, tiene sus propias dinámicas celestes.
b) Las dinámicas celestes o el Yo Unidireccional.-
Podríamos sobrevivir en esta dinámica de universos celestes que se mueven sin compás de forma unívoca si nos dedicáramos exclusivamente a utilizarla en nuestros sistemas de relación social. En nuestra vida hacia el exterior. Si esa inmensa guardería de delaciones infantiles funcionara simplemente para exonerarnos de nuestras responsabilidades para con los demás, entendidos como los que se mantienen al margen de nuestro ámbito más íntimo.
Pero la tentación de ser un universo no sólo empieza precisamente en el plano más personal por donde cabalgan los jinetes mencionados del individualismo. Sino que, por desgracia para nosotros mismos, por desgracia para el futuro y por desgracia para el óleo sobre el que dibujamos el paisaje de nuestras vidas, esa tentación acaba y se hace grande precisamente en ese mundo en el que los sentimientos se hacen la razón de ser. O, mejor dicho, se hacían.
Es en ese mundo donde nos consideramos, como lo fueran los olímpicos o los dioses unigénitos posteriores, incontestables.
Donde nuestro universo y el único planeta que en forma de individuo lo puebla se hace arrollador, se transforma en una visión que, aunque magnífica, cegadora y plena para nuestros ojos que sólo pueden ver dentro de ese universo, nubla cualquier posibilidad de observar el horizonte. Un horizonte que tiene la mala costumbre de mostrarnos a los demás.
Si, como Keepler o Copérnico, tuviéramos que definir las dinámicas celestes de esos universos personales serían por supuesto estáticas e inmutables.
Cada uno de nosotros reserva prácticamente todos los ámbitos para si, para su propio dominio que ejerce de fuerza gravitatoria universal en su propio universo. Y lo hacemos exigiendo, en muchas ocasiones con la inconsciencia que conlleva la ignorancia y la irreflexión, que todos los demás entes que pululan por las estribaciones abisales de esa organización actúen como satélites movidos por una inercia que no es suya, sino fruto de nuestra propia atracción gravitatoria.
Tenemos hijos porque necesitamos tenerlos; porque nuestros relojes biológicos nos lo marcan; tenemos amantes porque necesitamos ser amados; buscamos compañía porque necesitamos sentirnos acompañados; tenemos colegas porque no podemos llevar a cabo solos un trabajo.
Nuestros hijos son el satélite elíptico que eclipsa con su sombra el brillo de nuestra necesidad y nuestro amante es el cuerpo celeste que nos impide ver el brillo redundante de un sol que no somos nosotros.
Pero esa concepción de las relaciones no acepta la posibilidad de las relaciones en si mismas. Se convierte en un choque de cuerpos celestes condenados a la colisión porque no aceptamos la renuncia que exigimos a nuestros inconscientes satélites vitales.
El yo es unidireccional. Pedimos a los que forman parte de nuestro universo “persocéntrico” que renuncien a ser ellos mismos un universo de esas características porque nosotros no estamos dispuestos a ser satélites en el mundo de nadie; no estamos dispuestos a renunciar a nuestra condición de único planeta que puede albergar y dar la vida.
Cuando el yo unidireccional, el astro luminoso que alumbra el centro del universo personal de nuestra vida, necesita cualquier tipo de sombra la busca en forma de amor, de compañía, de reconocimiento o incluso del nacimiento de una vida que calme lo vacío de nuestra capacidad creativa. Pero el astro no gira, se mantiene inmutable cuando se trata de facilitar sombra satelital a otros. Nosotros lo exigimos todo y no estamos dispuestos a dar nada. No al menos de la misma forma.
Existen, literalmente, centenares de libros, de publicaciones de todo tipo que salen a la venta y coleccionan lectores bajo epígrafes y titulares como “Como encontrar la pareja que necesitas” “Consejos para lograr el trabajo que quieres” “Encuentra el amigo que estabas buscando”, pero ni una sola terminación ISBN recoge un título parecido a “mil consejos para ser hallado por aquel o aquella que te necesita”
Hemos hecho del yo unidireccional la única medida de nuestras relaciones, lo que nos lleva a ignorar, tanto en lo social como en lo personal, el hecho de que la relación humana exige dos actores al mismo nivel. No al mismo nivel de igualdad legal, ni siquiera al mismo nivel de implicación. Sino simplemente al mismo nivel de rotación planetaria. Hemos eliminado de nuestras premisas dinámicas de movimiento celeste los sistemas binarios con dos estrellas, al menos semejantes.
Somos los nuevos galileos que, en un acto más de involución, se presentan ante el tribunal de la Santa Inquisición y, con un desprecio absoluto por el conocimiento y la evolución, son capaces incluso de reconocer que sus dinámicas universales van contra la naturaleza humana “eppur non si mueve”. Hemos parado el universo en una estación en la que sólo puede bajarse una persona.
Seguirá

viernes, enero 02, 2009

Mc Luhan, el terrorista internacional (metonímicamente hablando)

Mientras se apagan los ecos del atentado de ETA contra la ETB y mientras se encienden los susurros de lo que puede significar que Israel evacue Gaza después de matar a cuatrocientas personas, parece que se impone hablar de uno de esos dos asuntos. Se impone si se da la premisa de que te importa algo lo que está sucediendo en el mundo. Y ambos me traen el eco de la vieja máxima del comunicólogo: "El medio es el mensaje"
En principio, puede parecer que poco o nada tienen que ver ambos hechos, -se omite por manida, irrelevante, falsa y convencional, la famosa excusa de la lucha contra el terrorismo-. Así que podría decirse que merecen dos post independientes.
Pero la relación entre ambos resulta evidente cuando se descubre quienes son los verdaderos protagonistas de ambos actos.
Aunque parezca extraño, el protagonista no es el terrorismo -ni el de ETA, ni el de Hammas ni el terrorismo de Estado Israelí-, aunque se antoje sencillo, no lo es la violencia.
Los protagonistas de ambas acciones son los medios de comunicación. En un caso por exceso y en otro por defecto.
En el caso de falso terrorismo de ETA y del terrorismo de Estado Israelí se puede parafrasear tranquilamente a Marshall McLuhan y afirmar que el medio -de comunicación, se entiende- es el mensaje del terrorismo.
Con ETA se hace evidente porque la bomba iba destinada a la ETB, una cadena de televisión. ETA es un grupo de falso terrorismo porque, en realidad, ya no buscan otro objetivo que la auto perpetuación; porque, en realidad, hace lustros que transfirieron su concepción del terror como herramienta de su ideario político a sus cuentas corrientes; porque el terror les alimenta y les llena los estómagos. Por eso son falsos terroristas. Por eso son simplemente una organización mafiosa más.
En la realidad de la ofensiva israelí la situación se hace más enrevesada. Israel no evacua Gaza porque tema por la seguridad de los extranjeros. Han tiroteado y estado a punto de hundir un buque de ayuda humanitaria hace dos días y no les han importado los extranjeros. Han bombardeado a cincuenta metros de un hospital en el que traban una docena de médicos extranjeros y no han pestañeado, ni siquiera han esbozado unas disculpas.
En realidad, Israel no evacua Gaza. La está limpiando de testigos.
Los medios de comunicación se encuentran en la cara y la cruz de las dinámicas del terror que se manejan estos días. ETA coloca una bomba en la ETB porque necesita a los medios. Porque su concepto del reino del terror sólo se puede mantenerse si la gente se encuentra aterrorizada. Aunque parezca una perogrullada.
La bomba de ETA pretende ser la prostituta a la que el proxeneta obliga a pasearse por el bulevar con la cara cortada para que el resto de las mujeres que explota capten el mensaje de que la resistencia es imposible. La bomba contra la ETB es el cadáver que los calabreses abandonan en mitad de la calle tras una traición, es el dedo que los sicilianos envían a la familia cuando se demoran en el pago del rescate. Es el estallido del negocio del que no paga la cuota de protección en Chicago.
Y ETA coloca su recordatorio del terror en la ETB porque en su ingenua estupidez, está acostumbrada a que lo que más les gusta a los medios es hablar de si mismos. Porque está acostumbrada a que los informativos incluyan noticias sobre los niveles de audiencia del canal o los premios a sus programa.
ETA ataca a los medios porque en su desesperada pérdida de relevancia piensa que la mejor forma de que los medios hablen de ella es que crean que están hablando de si mismos.
Hasta hace poco no les faltaba razón.

Sin embargo, el terror que pretende implantar Israel no precisa de los medios de comunicación, sino de su ausencia. Son los mismos protagonistas pero por motivos inversos. Los halcones guerreros de Sión han iniciado su progromo y eso no necesita medios de comunicación. Matas a un individuo -un líder y portavoz de Hammas- en su casa rodeado por su esposa, su madre, sus diez hijos y sus dos hermanas y los medios de comunicación internacionales te recuerdan que fuiste capaz hace dos años de programar un misil para hacer saltar en plena carretera el coche de otro líder terrorista, asesinando con él tan sólo -y, a este nivel, ese tan sólo es casi insultante- a sus dos escoltas.
Así que los medios de comunicación manifiestan al mundo que si lo haces de otro modo es porque quieres, no porque no tengas otra forma de hacerlo.
Ametrallas un barco que transporta medicinas para la franja de Gaza y los medios recuerdan que el gobierno Israelí antes se limitaba a abordarlos, requisar las medicinas, entregárselas a los comisarios de Naciones Unidas para que las distribuyeran en la zona, obligando al barco o al convoy a dar la vuelta.
Los ideólogos de la ofensiva, de La Solución Final de Gaza, alejan a los extranjeros - y con ellos a los testigos ajenos- por su dinámica del terror exige que nadie salvo los destinatarios de ese terror sean participes del mismo. Porque está acostumbrado a que los medios de comunicación relaten lo que hacen.
El sanedrín israelí quiere volver a los maravillosos años sesenta y setenta, en los que la impunidad campaba por las áridas llanuras de Cisjordania y Gaza. Eso es mucho mejor para imponer el terror que buscan
Y en eso siempre han tenido razón.

ETA espera que los medios se rasguen las vestiduras; que expresen su repulsa a que se atente contra la libertad de expresión; que convoquen concentraciones silenciosas o vociferantes contra ellos; que relaten uno por uno todos los periodistas, pseudos periodistas, columnistas y opinadores que han sido amenazados o agredidos por ETA y su entorno. Espera que los periódicos les dediquen espacio, las radios ondas y las televisiones tiempo. Espera reactivarse, espera que hablen de ellos.
Y ataca a la ETB, pese a sus pueriles explicaciones ideológicas, porque es la que menos habla de ellos, porque es la que tiene la política de no concederles relevancia -de no darles bola, para entendernos-.
Si fueran motivos ideológicos hubieran cargado contra Telemadrid -que no duda en tergiversar la realidad, la historia y el futuro para arremeter contre ellos-, hubieran bombardeado Libertad Digital, que ni siquiera disimula su animadversión ante cualquier nacionalismo salvo el españolismo más acérrimo, vaso o no, pacífico o no.
Pero no las ataca porque ellas le están haciendo el trabajo que ETA desea. Hablan de ellos, les encumbran a sus titulares de forma diaria y continua, les confieren una presencia y una relevancia que no refleja su puesto real en la sociedad vasca y mucho menos en la española.
La bomba de ETA a la ETB busca un objetivo y quizás porque la crisis y el desempleo se han convertido en nuestros principales enemigos o quizás porque nuestros estómagos no están para estragos después de los excesos navideños y nuestras mentes no están dispuestas para el terror entre los efluvios etílicos de champanes y cavas, no lo han conseguido.
Se ha hablado lo justo y necesario del atentado, se ha informado de él y se ha pasado a otra cosa.
Todos salvo Telemadrid y el resto del emporio mediático españolista que abandera. Pero esos no importan, a esos ya los había ganado ETA para su realimentación del terror.
Quizás sea la Navidad o que nuestros medios de comunicación ya han aprendido.
En el caso del terror israelí -porque cuando se manda el mensaje de "todos moriréis a menos que hagáis lo que yo quiera" sólo se puede definir como terrorismo-, aún está por ver cual será el resultado de su acto. Les ha fallado el "no nos importa lo que digan los testigos", les ha fallado el "los testigos están compinchados con el terrorismo" y ahora recurren simplemente al de "como no hay testigos no pueden decir nada". Habrá que ver como les sale.
Pero, en cualquier caso, lo que queda claro es que los medios de comunicación son el mensaje para cualquiera que busca imponer una situación en la que el terror se convierte en un arma, ya sea de supervivencia como en el caso de ETA o de acceso al poder ilegítimo como es el caso de Israel. Y no me equivocado de orden, aunque normalmente se exprese al contrario. ETA no busca el poder ilegítimo sobre el pueblo vasco, busca exclusivamente su supervivencia mafiosa. Y los gobernantes israelíes no buscan la supervivencia, sino el poder sobre una tierra que no les pertenece y no les ha pertenecido nunca y sojuzgar a un pueblo que, con sus muchos defectos, no tiene porque soportar su dominio.
Si no les funciona su mensaje de terror mediático terminarán deteniendo la ofensiva. Si les funciona también lo harán. Sólo que en el segundo caso se detendrán porque ya no les quedará nadie a quien matar en Gaza.

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