domingo, enero 11, 2009

El Incuestionable Mariano -Rajoy- de las Nieves (¡let it snow, let it snow, let it snow!)

Toda política pequeña, merece una referencia pequeña y por tanto un post pequeño. Así que esto será breve –al menos más breve de lo habitual-.
Perdido el gran eje de sus oposiciones y quejas, demorado o desactivado el simbionte político que hacia engordar sus sufragios y engrandecer sus discursos, la digna y egregia oposición que comanda Mariano Rajoy se ha visto abocada a la política pequeña. Quizás porque no haya otra que hacer o quizás porque sus principios no dan para más.
Desactivada la pelea por el quítame allá esos terrorismos independentistas y el recurso al “yo soy más español que tu”, al PP, ese partido político de banderas y estandartes, de himnos y lagrimas de emoción al ver ondear la enseña patria, sólo le queda la nieve.
Nieva en España –su España, no lo olvidemos- y el principal partido de la oposición se lanza a un aguerrido ataque. Como si la esencia nacional estuviera pendiente de ello, se critica a Fomento, al Instituto de Meteorología, a la Dirección General de Carreteras, a Aviación Civil y se piden dimisiones en cascada hasta llegar al propio Presidente del Gobierno. Y esoque nieva en enero y no en agosto, porque todos sabemos que no existe el cambio climático -que a Rajoy se lo ha dicho un primo suyo-.
Se rasgan las vestiduras –no demasiado, que la temperatura está bajo cero- porque se cancelan vuelos en Barajas, como si eso no ocurriera en Munich, Moscú, Nueva York o Manchester cuando las níveas precipitaciones aparecen. Se mesan los cabellos porque el Gobierno no responde con prontitud a la nieve, poniendo incluso en entredicho a sus propio políticos, la soberana madrileña Esperanza –“la” Aguirre, no la virtud teologal- y el caudillo levantino Camps, que son los que son directamente responsables de la Protección Civil y el mantenimiento de infraestructuras en sus comunidades.
En fin, que desde Dolores de Cospedal hasta Mariano Rajoy se lanzan a los gélidos inviernos políticos cargados del calor de sus justas quejas y de sus oposiciones grandilocuentes, sin darse cuenta que el lenguaje, las peticiones –lo siento, las exigencias- y los reproches no son propios de la situación.

No se dan cuenta de que para atacar en la pequeña política y a la pequeña política – y resulta difícil encontrar hoy en día una política más pequeña que Magdalena Álvarez- hay que mantener las proporciones.
Hace tiempo se acusaba al Partido Popular de no saber hacer política de Estado, es decir, gran política, pero la nieve, post navideña y por tanto aconfesional como el Estado –esto no hubiera pasado con el nacional catolicismo cuando nevaba en navidad, ¡como dios manda!-, ha demostrado que, privado del terrorismo y de statuts desmoronadores de la identidad nacional, el PP tampoco sabe hacer pequeña política. La política de las nieves.
Menos mal que les queda la Iglesia, que los abertzales han creado un nuevo partido y que el Lehendakari vasco sigue en sus trece con eso de la consulta popular.
Así podrán volver a lo único que creen que saben hacer. Harán el ridículo igual pero se sentirán más cómodos.

sábado, enero 10, 2009

El Occidente Incólume (6)

Acaba hoy la parte de este invento en la que ne he dedicado a listar -e intentar explicar- las características que nos convierten en verdaderos escapistas de nuestra realidad, en seres que se refugian en si mismos para obviar a los demás, para intentar posponer asino evitar definitivamente el proceso que nos llevaría a descubrir que tenemos que rehacernos si queremos rehacer el mundo.
d) Nuevos merovingios a el voluntarismo como causa
La ética social del “me lo merezco” alcanza su máximo estadio con esta sustitución de términos del “nada se consigue sin esfuerzo” de los antiguos abuelos y patriarcas –o matriarcas- por el aparentemente inocuamente cambiado “todo se consigue con esfuerzo.
Acostumbrados a no dar nada y a recibir prácticamente todo aquello que exigimos, pedimos o reclamamos, se nos antoja que si nuestra voluntad y nuestro esfuerzo han de ser garantes de una recompensa.
Parece que nada ha cambiado, pero la máxima antigua no era una declaración excluyente. En ese adagio de antaño lo que venía a decirse que aquello que se busca depende de una multitud de factores y uno de ellos, ineludible e irrenunciable, pero sólo uno de ellos es nuestro esfuerzo.
Nosotros, incapaces de percibir la auténtica realidad de un mundo que no funciona según leyes ex machina lo cambiamos todo. Como el inolvidable Merovingio de la celebrada Matriz, llenamos el mundo de causalidad y eliminamos la casualidad. Nos convertimos en auténticos dioses que eliminan cualquier factor del movimiento cósmico salvo los que emanan de su voluntad.
Eliminamos la suerte, la casualidad, la justicia, la idoneidad y una multitud infinitad de agentes causales del éxito y el fracaso, de las culminaciones de los fines y los sustituimos exclusivamente por la causalidad del voluntarismo como detonante absoluto.
“Todo se consigue con esfuerzo" significa que pretendemos que el mundo se pliegue a nuestra voluntad. Como ancestrales señores feudales de nuestras propias vidas y de los universos de los que somos parte y centro, pretendemos someter la realidad a nuestra voluntad, a nuestro esfuerzo y convertirlos en ley.
Y lo que resulta menos llevado, más generado de un sinsentido es que nos damos cuenta de que no funciona y cuando eso ocurre no modificamos nuestra definición de lo que debe de ser; ni siquiera cambiamos nuestra percepción de lo que es. Nos limitamos a refugiarnos en el concepto de injusticia, en el moderno remedo del desprecio a los hados greco latino llamado discriminación.
Para no renunciar al voluntarismo, renunciamos a la voluntad y nos refugiamos en la mediocridad y en la inacción porque no sabemos y no podemos alcanzar el estadio de independencia de nosotros mismos que nos permita poner en duda nuestros puntos de partida.
Si nuestra voluntad no es la garantía de que nuestro esfuerzo produzca los beneficios deseados, entonces esos beneficios no llegarán nunca. Entonces es mejor dejarse llevar y conformarse porque cualquier otro factor será externo, no dependerá de nosotros y nos obligará no sólo a salir de nuestro voluntarismo sino del principio básico que rige nuestro mundo que se resume en el hecho de que la existencia se mide por exclusivamente por nuestro personalismo como forma de definir el mundo que nos rodea.
Todos estos aspectos nos llevan a escapar continuamente de cualquier cosa que nos recuerde que la persona, nuestra persona en concreto, no se encuentra en el equidistante centro del diámetro de nuestra esfera vital y por ello nos sometemos sin pestañear a una constante cadena de elusiones que nos impide chocar de frente con la realidad y despertarnos de una vez.
Quizás para morir, pero despertar al fin.

viernes, enero 09, 2009

La guerra del gas o el Nacional Capitalismo

Quizás sea porque nieva en Madrid y eso me recuerda a esas terribles imágenes de gente sobreviviendo como puede con gorros de astracán -cuando el astracán era barato y comunal en Rusia- y abrigos tan gruesos que les impedían casi el moviento o quizás sea porque cuando pongo la mano en el radiador todavía está caliente. Sea por lo que fuere hoy me ha dado por escribir de algo tan porsaico como el gas.
Se puede decir que una pluma demoniaca no debería detenerse en estos menesteres cuando Gaza lleva trece días ardiendo por mor de la intransigencia hebrea y el sectarísmo yihadista; se puede decir que esas pestilencias que la presión ha acumulado bajo tierra a lo largo de milenios son algo relativamente banal cuando la sangía sigue en Irak o cuando no se atisba solución para los múltiples conflictos que sacuden el orbe.
Y es cierto el gas es algo prosaico y banal... cuando se tiene.
Pero Rusia y Ucrania se han empeñado en que no tengamos o, para ser más exactos, en que Europa no lo tenga, por lo menos la parte de Europa que no es lo suficientemente occidental y poderosa como para guardar reservas de ese preciado vapor que mueve y calienta gran parte del mundo.
Podemos quejarnos, podemos sentir una profunda conmiseraciíon por los habitantes de Bosnia, Croacia, Eslovenia, la República Checa o Eslovaquia que ya han tenido que dar un salto de fe involucionista y recurrir de nuevo al carbón y a la madera. E incluso podemos reducir nuestra visión hasta hacerla pasar por el ojo de la aguja de culpar a los enardecidos egos de Vladimir Putin y Viktor Yúshenko como causantes de esta situación.
Pero lo que no podemos eludir es el hecho de que por mas causas, conmiseraciones y quejas que planteemos, este es el producto de la política de los gobiernos de occidente.
Ucrania y Rusia son dos monstruos -por lo que respecta a sus gobiernos y a sus personalisimas presidencias- pero son dos monstruos que hemos creado nosotros.
Rusia no le vende gas a Ucrania por un simple hecho: porque no la da la gana.
Igual que Estados Unidos, Canadá o La India no les vendía grano a ellos cuando tenían hambre -hambres soviéticas y comunales, eso si-; igual que Europa no le vendía medicinas o combustible a Cuba o igual que Ameríca y Europa no le venden armas o comida a Iran o Irak desde hace lustros. Hemos llevado a Rusia al libre mercado y ellos lo ejercen con la misma impasibidad comercial -algo más fría, eso sí- con la que la que lo hemos desarroolado nosostros desde el siglo XIX.
Los puristas dirán que en realidad Rusia no le vende gas a Ucrania - o para ser exactos Gazprom no le vende gas a Ucrania- porque el gobierno ruso no quiere que Ucrania forme parte del Pacto Atlántico,nombre más amorfo y menos reminiscente que la antigua OTAN. Así que cambiaré mi frase: Rusia no le vende gas a Ucrania porque no le da la gana venderle gas a alguien que forme parte del Pacto Atlántico.
La matización parece que cambia las cosas, pero no es así. Si occidente ha podido no vender a la URSS o a Cuba porque no quería que fueran comunistas; de no vender a Irak porque no quería que fuera una dictadura contraria a su forma de ver el mundo; de no vender a Irán por ser un régimen chiíta o de intentar no vender a Venezuela porque se negaba a venderles su petróleo más barato, Rusia puede hacer lo mismo y nosostros no tenemos nada que decir.
Y además de no tener nada que decir no podemos hacerlo porque nosotros vendemos a China pese a ser una dictadura y pese a ser comunista; hemos vendido a Argentina y a Chile cuando eran dictaduras; vendemos y venderemos armas de todo tipo y calado a Arabia Saudita, Oman o Yemen pese a ser régimenes donde se aplica en ocasiones la ley coránica más estricta; comerciamos con Israel pese a estar sometiendo a un progomo en capítulos a los habitantes de Palestina y así una lista interminable de excepciones y contra excepciones a la supuestamente sacrosanta ley del libre comercio.
Así que, si se puede vender a unas dictaduras sí y a otras no, a unos regímenes teocráticos agresivos sí y a otros no , a unos déspotas sí y a otros no, la conclusión que ha sacado Rusia es tan aparente como lógica: puedo no venderle gas a Ucrania porque no me da la gana. Luego buscaré una excusa.
Pero Rusia tiene el problema de que el gas que vende a otros que no son Ucrania tiene que pasar por los oloductos de ese territorio que, como no cabría esperar de otra manera, son propiedad de Ucrania -o para ser más exactos de Naftogaz, una empresa ucraniana tan independiente del poder político de su gobierno como lo es Gazprom del ruso-.
De manera que Ucrania decide quedarse con el gas que necesita por el simple y mero hecho de que lo necesita. Da igual que no lo haya pagado, da igual que otros países se queden a dos velas -o a dos estufas de carbón, dado el caso- porque ella se lo quede. El gas pasa por su territorio y lo necesita así que tiene derecho a quedárselo.
De nuevo nos rasgamos las vestiduras de la opinión y la teoría y nos atrevemos a cuestionar esta perversa -al menos en apariencia- justificicación del latrocinio más impresentable. Pero de nuevo volvemos a fallar.
¿Qué hace Estados Unidos cuando sus reservas de petroleo disminuyen porque China compra más combustible, Venezuela se niega a vendele ni un barril y la OPEP se niega a aumentar la producción? Elije un país más o menos enemigo y lo invade.
¿Qué hace Israel cuando su población crece a pasos agigantados en virtud de la política de repatriciaón masiva -el principio fundamental del sionismo político- y su territorio no la puede alimentar ni albergar? Pone su vista sobre los Altos del Golan, toda Palestina y incluso el Líbano y se limita a cogerlo. Si hay que expulsar o, ya puestos, exterminar a los que allí viven, pues se hace y ya está. No vamos a andarnos con menudencias.
¿Que hace Hugo Chavez cuando su país necesita liquidez? Amenaza con nacionalizar bancos ¿Que hace Europa cuando ve peligrar su sumistro de gas en Bolivia, dicho sea de paso por una nacionalización de Evo Morales que responde al mismo criterio de "lo mío es mio"? Pues bloquea, amenaza e incluso financia una subleváción política y civil para intentar remover del poder al que bloquea el acceso a los bienes que necesita.
Con todo esto, que Ucrania decida quedarse con un gas que no es suyo, que han pagado otros y que no produce, simplemente porque lo necesita, no es el resultado de la perfidia ingente de sus gobernantes y los ejecutivos de sus empresas enérgeticas, es tan sólo el punto álgido del nacionalismo compulsivo que hemos alimentado durante cincuenta años para librarnos del bloque soviético, para impedir la Unión Árabe, para desalentar el Bloque de los países No Alineados durante la Guerra Fría...
En definiva, para lograr nuestros objetivos hemos fomentado lo que llamamos nacionalismos légitimos -entre los que no es encuentran los que nos vienen mal, como el palestino, el irlandés, el vasco o el catalán, ¡que, hata ahí podíamos llegar!- y ahora se vuelven contra nosotros. Para conseguir nuestros fines hemos hecho crecer el capitalismo librecambrista más salvaje y desmedido y lo hemos trasladado a paises -como Rusia y China- en los que tradicionalmente lo salvaje y desmedido es el pan nuestro de cada día.
Así que, ahora que los países balcánicos han tenido que mandar a los crios a casa para que no se mueran de frío en escuelas sin calefación; ahora que KIA y Citroen han tenido que paralizar su producción por falta de energía; ahora que media Europa recuerda el cerco de Stalingrado y recurre al sagrado calor del fuego de madera, no podemos quejarnos.
Mientras en Madrid nieva y nuestros radiadores aún están calientes, demos la bienvenida al último de nuestros hijos prodigos que regresa a casa mucho más crecido de lo que nunca pudimos imaginar cuando lo dimos a luz.
¡Saludemos al nuevo Nacional Capitalismo!

El Occidente Incólume (5)

Cuando ya creiáis que os habías librado de este, mi personal intento, de mostrar mi pensamiendo a los vapores virtuales de la red, reaparezco - a para ser exactos reaparece El Occidente Incólume- con una nueva entrega, con otro de los elementos que nos hacen como sociedad tal y como somos y que nos llevan a ser incapaces de ver más allá de nuestras propias medidas, de nuestro propio universo personal. Una característica que nos pretende a nosotros mismos como perpetuos receptores de beneficios y eterno elusores de la emisión de los esfuerzos necesarios para esos mismo beneficios: ¡Con todos ustedes, el Efecto Michel!
c) La valoración de la entrega o el efecto “Michel”.-
José Miguel González Martín del Campo, alias “Michel”, fue un jugador de fútbol que, además de pasar a la historia por unos “tocamientos soeces” a un jugador de un equipo rival durante un partido, serviría de ejemplo perfecto para ilustrar el estadio al que nos ha llevado en lo personal y en lo social el imperio de los cuatro jinetes del individualismo que antes hemos mencionado.
No se trata de que conozcamos su vida íntima al dedillo, pero una de sus frases, una vez descontextualizada, ilustraría perfectamente lo que se podría definir como una nueva valoración de la entrega.
Michel llevaba una mala temporada cuando España acudió a la celebración de un mundial de fútbol. Su presencia en la selección estaba cuestionada y entonces, cuando el equipo nacional estaba a punto de empatar con un equipo asiático de un nivel futbolístico a priori muy inferior al español, Michel marcó el gol de la victoria.
El jugador entró en el típico paroxismo de celebración que sigue a la consecución de un tanto y comenzó a recorrer el campo con los brazos en cruz gritando a pleno pulmón. ¿Qué gritaba Michel? ¿Gol? ¿Toma ya? ¿Soy el mejor? ¿Viva España? ¿Arriba los parias del mundo? No. Michel gritaba ¡Me lo merezco, Me lo Merezco! Y eso es lo que nos sirve para este argumento.
Al igual que el jugador de fútbol ignoró el pase de su compañero, el dinero invertido por su equipo en su entrenamiento, los esfuerzos de su defensa por evitar recibir un gol o incluso el supuesto impulso que la afición española le daba al equipo con su apoyo, nosotros, en la consecución de un éxito, pero sobre todo en la aceptación de un fracaso, nos negamos a ver lo que recibimos y fijamos excesiva atención en lo que damos.
Y una vez más, como una moneda, ese sentimiento tiene dos caras, la social y la personal.
El efecto ¡Me lo Merezco! Nos hace pensar que merecemos un salario mejor, unas condiciones de vida mejor, una situación social mejor. Nos lleva fijarnos en lo que recibimos y en lo que es justo que recibamos, pero ignoramos lo que es justo que demos a cambio.
No hacemos nada para cambiar nuestro entorno social y nuestro entorno social, el de ese occidente incólume que se niega a cambiar, está medido por unos criterios que nosotros hemos colaborado activa o pasivamente a fortalecer. Eso lo ignoramos. Una vez más volvemos al valor de nuestro personalismo.
Como necesito un salario más alto, merezco un salario más alto. Como necesito una casa más grande, merezco una casa más grande, como necesito una relación que se ajuste a las necesidades heliocéntricas de mi universo personal, merezco encontrar esa relación.
Olvidamos los criterios básicos de esos merecimientos. Ignoramos la obligación de habernos sacrificado en una mayor educación. Eso no es factor. Merezco un puesto de trabajo mejor pagado. Punto. Lo demás es discriminatorio.
Ignoramos la obligación de un rito de ahorro para adquirir una vivienda. Merezco una vivienda mejor. Se acabó. Lo demás es discriminatorio.
Nos preocupamos de lo que debemos recibir y no de lo que debemos de dar a cambio. Nadie puede exigirnos más de lo que hemos decidido hacer, pero, si eso no es suficiente para acceder a las expectativas que nos habíamos creado sobre nuestra vida, nuestro futuro, es secundario. Nadie puede negarnos lo que consideramos que merecemos.
En consecuencia, nos vemos forzados por nuestra propia forma de ver las cosas a redefinir la justicia, de manera que esta deja de ser un equilibrio, forjado por años de pensamiento, desarrollo y lucha social, y se transforma en la respuesta automática a nuestra pataletas infantiles, a nuestras reclamaciones pueriles que trasforman al más maduro de los adultos en un infante llorón que pasa por un escaparate y, sin los recursos, sin el esfuerzo y sin la capacidad necesaria para ello, se encapricha de una cosa y se empeña en conseguirla con el único argumento del “yo quiero, yo quiero”.
La entrega, el esfuerzo se transforman así en un valor que, más allá de tener una definición real, material u objetiva, es simplemente un elemento que definimos de forma nueva, de manera privada, con un criterio, como no podía ser de otro medo, absolutamente personal, persocéntrico y unívoco.
Incluso aquellos que no han optado por la ética del “me lo merezco” directo y sin circunloquios que les lleva a suponer que cualquier necesidad –por poco básica que esta sea- , se transforma en derecho y por tanto les es connatural por nacimiento, han transformado la, ya de por si, cuestionable y discutible ética de los abuelos de “nada se consigue sin esfuerzo”, en una nueva, más individual, que nos permite controlar más el desarrollo de nuestras vidas y de nuestros deseos de “todo se consigue con esfuerzo”.
seguiremos, ¡no os libraréis!

jueves, enero 08, 2009

El TSJPV y la colaboración necesaria

Pues no hay dos sin tres. Si resulta que los israelies se ponen a lo suyo -o sea, a sangrar población civil en busca de terroristas-, y la iglesia católica, por lo menos la española, se pone a lo que mejor hace -o sea, inmiscuirse o intentar inmiscuirse en los asuntos del Estado- sólo nos faltaban en esta revitalización virtual de mi condición de diablo escribiente los que completan la terna perfecta de aquellos que acaparan mis líneas -que no mis pensamientos, ¡Hasta ahí podíamos llegar!- en la mayoría de las ocasiones: los chicos sangrientos y recalcitrantes de ETA-otrora Movimiento de Liberación Vasco, rebautizados de labios de Aznar-.
Y, como ha sucedido con los eclesiasticos ibéricos, en este caso saltan a la palestra como elementos pasivos -pasivos/agresivos, eso si-. Porque ha comenzado el juício contra los líderes políticos del PNV y el PSE que mantuvieron reuniones con representantes de la Izquierda Abertzale durante la tristemente fracasada - y en parte hundida por terceros- tregua de 2006.
Y se ha iniciado, sólo para que conste, en el Tribunal Superior de Justicia de Euskadi - País Vasco para los puristas del lenguaje y Provincias Vascongadas para los estrictos del ultranacionalismo español, que, como las meigas, haberlos, hailos-. También se va a juzgar a Arnaldo Otegui, el correturnos del liderazgo de la Izquierda Abertzale violenta, pero eso ya ha dejado de ser noticia.
Yo opino que hay que juzgarles a todos. Lo quiero dejar claro antes de que los legalistas de la oportunidad -o los oportunistas de la legalidad, según se mire- se lancen, si alguno de ellos lee esto, a clamar por el cumplimiento de la legalidad vigente, el respeto a la independencia del poder judicial y todo aquello que tremolan los que no creen en ello, pero que defienden cada vez que les viene bien -si quereís pensar en el Partido Popular y los medios de su cuerda podéis hacerlo libremente-.
Yo pienso que hay juzgarles porque la vigente Ley de Partidos nos obliga a ello. Pero eso no hace que Patxi López, que el Lehendakari Ibarretxe o que incluso -mal que me pese- Arnaldo Otegui no tengan razón y que el juicio que hoy empieza no sea un juicio político.
Y no lo es porque los jueces estén politizados; no el porque el Gobierno utilice el juicio con fines políticos -de la oposción, o sea del PP, no estaría tan seguro, porque me temo que la única menra de que aumente votos en Euskadi es que se disuelvan el PNV y el PSE-; ni siquiera es un juicio político porque se esté llevando a la palestra legal la política de salida negociada que intentó el Primer Gobierno Zapatero. Es un juicio político porque lo exige una Ley que sólo buscaba la obtención de réditos políticos, porque se realiza en virtud de la Ley de Partidos Políticos. Con ese nombre es imposible que no se trate de un jucio político.
Esa ley no buscaba aislar a los violentos como en su día se dijo. Esa ley buscaba imposibilitar la salida negociada con ETA. Buscaba asegurarse el simbionte violento que era el único argumento que el PP esgrimía elección tras elección para aumentar su caudal de votos e intentar perpetuarse en el poder.
Con esa ley es imposible que, aún el hipotético e improblable caso de que la razón entrara en la mente de esos locos furiosos que hacen llamar ETA y decidieran buscar el diálogo para dejar de perpetuar la situación actual, pudieran llevar a cabo esa opción. Eliminar a los abertxales del mapa político de Euskadi no les iba a restar el apoyo político. Simplemente, les obligaría a pasar a la clandestinidad y a no exponer publicamente sus posiciones lo que haría que fueran incluso más fuertes.
¿Incapacitar cualquier vía dialogada es mejor para España o para Euskadi? La respuesta es no. Como no lo es en la franja de Gaza, como no lo fue en Irlanda, como no el es con el integrismo yihadista, cuyos ramales políticos, por cierto, nunca han sido prohibidos por los paises que sufrían su terrorismo, ni siquiera en Israel, que ya es decir.
¿Entonces porque la Ley de Partidos, ségún se cansaron de afirmar sus propios instigadores y los que erroneamente la apoyaron, buscaba eliminar a los Abertxales de la escena política?
La razón se antoja bien simple: porque eliminada la función política sólo queda la militar y contra la acción militar -armada, si se prefiere- sólo cabe la respuesta policial -militar, como preferiría el PP-. Y ese tipo de política sólo beneficia el Partido Popular.
El Partido Popular hizo una ley para enquistar una situación que le permitiría mantenerse en el poder elección tras elección. Eso creían ellos. Claro, que no contaban con el yihadismo de Osama y sus muchachos.
Esta ley buscaba otro objetivo de apariencia claramente fascita: que sean los jueces los que dictaminen que partidos son o no válidos en nuestro sistema. Y es fascista porque es el Gobierno el que elije a los jueces y sus órganos de representación -aunque diga que no-; porque nunca se ha iniciado un proceso de ilegalización contra los sucesivos partidos de Ynestrillas, aunque defienden principios marcadamente inconstitucionales y en sus filas militan, no sólo sospechosos, sino condenados por delitos violentos y asesinatos que entran dentro de la definición de terrorismo político.
Y sobre todo habla y se mueve como el fascismo porque lo que buscaba desde el principio no era borrar a ETA, sino borrar el independentismo y el nacionalismo vasco de la faz de la tierra política de nuestro país y defender la independecia de Euskadi es tan políticamente correcto como defender cualquier otra cosa. Mientras no se tirotee ni bombardee a nadie para hacerlo.
Así que, sí, hay que juzgar a Patxi López, a Ibarretxe y a Otegui en virtud de la Ley de Partidos. Juzgarlos y luego derogar la ley.
Pero el hecho de juzgar a una persona no implica que se la declare culpable, aunque últimamente tiendan a identificarse las dos situaciones -si es así, ¿qué sentido tendría juzgarle?-. Hay que juzgar a López y Ares, del PSE y a Ibarretxe del PNV. Hay que juzgarlos y declararles inocentes.
Porque ninguno de ellos había sido inhabilitado; porque ninguno de ellos formaba parte de ninguna organización política que fuera ilegal y el hecho de hablar de política con Batasuna -la de entonces, la ilegalizada- no hace que incumplan ninguna ley.
¿Desde cuando hablar con alguien es un delito?, ¿aquel que habla con un asesino se transforma en aseisno?, ¿quien habla con un ladrón se transforma en ladrón de forma automática e irreversible?, ¿el negociador policial que habla con unos secuestradores es juzgado automáticamente como colaborador necesario para lacomisión del crimen y condenado por ello? Si ha de ser así, mal vamos.
Es posible que Otegui y sus cinco adlateres - a la sazón también adlateres de ETA - hayan cometido en delito por mantener la actividad política de Batasuna en contra de una decisión judicial que lo prohibe, pero lo que está fuera de toda duda - por lo menos desde mi punto de vista- es que sus interlocutores no lo han hecho.
Su único delito es pretender poner fin a una situación que está desangrando Euskadi y convulsionando España; su única falta es utilizar una vía que el PP criminalizó utilizando para ello de forma artera una ley promulgada por ellos -con la aquiescencia de los otros, eso si-, para sus propios fines.
Su único delito ha sido seguir un camino que podría haberle quitado al PP su principial simbionte político; que podría haber dejado sin argumentos y sin votos al que, hoy por hoy, es el mayor colaborador necesario del terrorismo en nuestro país: el único partido que vende terror como arma electoral: El Partido Popular.

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