sábado, junio 02, 2012

Religión deja la educación sin becas y sin itenerarios (gritad conmigo, ¡Demagogia, demagogia!)


Hay reclamaciones con respecto a los privilegios de determinadas instituciones que, en cuanto se realizan, son inmediatamente tildadas de demagógicas y rechazadas como tales por aquellos a los que afectan o dejan en entredicho.
Las quejas contra los privilegios económicos de la iglesia católica en España son desde siempre una de esas críticas. Se dice que El Vaticano debería renunciar -por principio ideológico propio, que conste- a las inversiones especulativas y alguien dice que con lo que gana no habría ni para darle de comer a 1.000 niños un día; se afirma que debería pagar el IBI y automáticamente los prelados tiran de calculadora y afirman que la recaudación sería pírrica y además pondría en riesgo Caritas -como si ellos pagasen Cáritas-. Y así con toda suerte de críticas financieras realizadas contra la situación de prevalencia de la iglesia católica en nuestro sistema económico.
Es una estrategia que no es exclusiva del episcopado español. La utilizan los políticos para sus sueldos, los ejecutivos para sus gastos de representación, los directivos para sus indemnizaciones millonarias, las mujeres para sus rebajas y los hombres para sus cañas y caprichos. 
Cuando las cifras son muy altas, un gasto más no es del todo relevante. Es la táctica del chocolate del Loro. Lo malo es que ya no hay ni para el chocolate del Loro.
Así que, para evitar la crítica anticipada de demagogia daré algunas cifras.
Esperanza Aguirre tiene previsto y anunciado e incluso en proceso hacer algunas de estas bonitas medidas de recorte:
 Aumentar la ratio de los diversos niveles hasta un 20%, con un ahorro de 6 millones en 2012.
No cubrir las bajas por enfermedad del personal educativo o las ausencias de menos de 10 días, con un ahorro de 1,3 millones.
- Suprimir una de las dos modalidades de bachillerato en unos 40 institutos, es decir, un 11% del total, con un ahorro de 1,9 millones de euros.
- Suprimir el 28% de los fondos para becas de comedor y libros, cuya cuantía estaba congelada en 2012 con un ahorro de 26 millones de euros.
 La egregia política del Chanel, la montera y el arte de eludir responsabilidades en la deuda oculta sacando la bandera y el himno a relucir tiene más cosas previstas pero para no caer en la demagogia que con toda seguridad alguien aireará cuando lea esto nos quedaremos en esto.
¿Y qué tiene que ver esto con los privilegios económicos de la iglesia católica? Seguro que lo vemos venir. Seguro que ya lo hemos descubierto.
Todos los gastos y ahorros arriba referenciados suponen un ahorro total de 35 millones de euros y el presupuesto de educación para este año en La Comunidad de Madrid recoge un gasto para este año -apartado 1.4.1.6, por si alguien lo duda- en los sueldos de los profesores de religión de educación infantil, primaria y especial que  asciende a 25.747.281 euros.
Si a ello le sumamos, las enseñanzas secundaria y profesional destinan, además, 8.948.829 euros extra en profesores de religión. En total, se gastan -que no invierten- casi 35 millones de euros en la doctrina religiosa.
Más de lo que se invierte en el bilingüismo educativo (22 millones de euros). Lo mismo que se pretende recortar eliminando dos modalidades de bachillerato, aumentando el ratio de alumnos y dejando a 110.000 familias sin beca de comedor o de libros o con ellas extremadamente recortadas.
Y ahora llega la reclamación
Que la Conferencia Episcopal pague a sus profesores de religión o encuentre otra manera de facilitar esos conocimientos a sus feligreses. Porque si lo hace, los alumnos, los profesores y el sistema educativo madrileño -y por extensión el nacional en su conjunto- no tendrá que asumir esos recortes.
Y ahora pueden empezar a gritar ¡demagogia, demagogia! si quieren en lugar de coger una calculadora y echar cuentas.
Porque todo un sistema no tiene por qué asumir unos recortes mientras un colectivo determinado mantiene sus privilegios.
Si el catolicismo quiere ampliar los estudios religiosos de sus vástagos me parece perfecto. Y hasta estoy a favor de que los centros educativos presten sus instalaciones para que se haga fuera del horario escolar -lo cual solamente supondría, como mucho, el gasto de alguna que otra hora extra a unos cuantos bedeles-.
Pero no resulta lógica que se recorte la misma cantidad que se gasta en pagar a unos profesores que imparten una materia que no compete al estado por laicidad y por pura lógica.
Porque, ¡qué curioso!, en esos mismos presupuestos no se contempla, partida alguna para la alternativa a las horas de enseñanza religiosa, conocida comúnmente ética. Y mucho menos para impartir otra religión como la evangélica -costeada por su iglesia-, la musulmana o la judía -no solamente costeadas por sus propias organizaciones religiosas sino que además impartidas en sus propios centros religiosos-.
Y si la Conferencia Episcopal no está en condiciones de afrontar ese gasto que tire de sus sacerdotes, de sus monjas de clausura o de sus propios obispos para dar esas clases. Es su problema, es su decisión. Es su religión. 
Si el loro quiere seguir comiendo chocolate, que se lo pague.
Nadie dice que no tengan derecho a aprenderla y a enseñarla, pero que la costeen ellos. Y si se les puede ayudar se les ayuda -a ellos y a todos, por supuesto- pero cuando hay que ponerse a recortar hay que empezar por los privilegios de unos pocos antes de llegar a los derechos de la mayoría.
Y si la jerarquía eclesial tuviera un mínimo de dignidad estaría de acuerdo con ello. Claro que si la jerarquía eclesial española tuviera algo de dignidad hace siglos que hubiera sentido vergüenza de su Concordato y de no responsabilizarse directamente con su compromiso y con su esfuerzo de su propia fe.
Lamento profundamente un final tan demagógico.

El correcto uso del idioma en la crisis


La custodia compartida tira a la divorciada del caballo

Hay situaciones que cuando cambian nos ayudan a comprender. Nos permiten darnos cuenta de que la justicia no es algo que pueda volverse cuando nos conviene, de que es algo que es independiente de nuestras necesidades, de nuestras preferencias. Hay situaciones que nos permiten aprender que lo justo es justo, aunque nos perjudique, aunque nos venga mal.
Y en esas se encuentran ahora muchas de las mujeres que se acogieron a una situación que sabían injusta, que en lo más profundo de sus reflexiones sabían desequilibrada pero a la que se agarraron con uñas y dientes por el simple hecho de que les venía bien, de que servía a sus fines y de que les permitía conseguir sus objetivos.
Un juez decreta en Zaragoza una custodia compartida de un menor en un caso de divorcio y ¿qué hace la madre? Se niega a aceptar la sentencia. Así sin más. 
Acostumbradas como están algunas mujeres a que este ámbito su palabra es ley y su deseo se transforma automáticamente en reglamento de obligado cumplimiento decide que ella no tiene por qué privarse de la convivencia con su hija durante seis meses al año para que la niña comparta su vida con su padre y se niega a entregarla.
¿Y qué ocurre? Pues básicamente nada. Si un padre decide que él no tiene bastante con dos días de cada quince para convivir con sus hijos y decide quedárselos en contra de una sentencia judicial se pone en marcha todo un mecanismo policial y punitivo, se le acusa de secuestro, se le detiene incluso antes de comprobar los cargos o las acusaciones.
Pero una mujer aragonesa decide que contraviene una sentencia judicial que el obliga a permitir que su hija conviva con su padre, la mantiene once días retenida en contra de la ley y no hay tribunal que emita orden de arresto, no hay agentes gubernativos que la saquen de su casa en mitad de la noche para arrojarla a una celda y llevar a su hija con su padre.
No pasa nada.
El desequilibrio del sistema es evidente pero claro, a ningún juez le gusta que se pasen sus sentencias por el arco del triunfo, por muy mujer y madre que seas. Así que al final la mujer transige y entrega a la niña con once días de retraso.
La niña tiene once años y solamente ha vivido con su madre y claro, su madre dice que ella se niega a vivir con su padre. Y hasta puede que tenga razón.
Pero lo que resulta realmente sorprendente es la cascada de declaraciones que ha vertido esta mujer cuando se ha opuesto a una sentencia judicial.
Según ella “su manifestación era una queja ante la ley y en ningún momento ha querido "desobedecer ninguna resolución o autoridad judicial"
¡Ah bueno!, es que no nos habíamos dado cuenta de eso. Si se incumple una sentencia judicial solamente para protestar entonces no se incurre en delito de retención ilegal, de incumplimiento de resolución judicial, de secuestro. ¡Haber empezado por ahí!. Los hombres se encadenan delante los juzgados, hacen huelgas de hambre, se manifiestan o hacen juegos malabares para protestar por las sentencias injustas con respecto a las custodias de sus hijos, pero si los retienen o se los llevan sin permiso son detenidos y juzgados por secuestro y otro buen puñado de delitos.
Pero a ella. Ella es mujer y madre. Ella puede elegir  como forma de protesta cometer un delito. Hasta ese punto ha llegado la arrogancia de las que creen que la ley las tiene que proteger en cualquier circunstancia.
Y la cosa sigue
La susodicha afirma que está en contra de la Ley Aragonesa de Custodia Compartida porque "se hizo sin consultar a los operadores jurídicos necesarios como son jueces, funcionarios y abogados de familia, procuradores o psicólogos especialistas en derecho de familia". 
Ahora, que la ley la perjudica empieza a cuestionarse cómo se elaboran las leyes. No lo hizo cuando el sistema de custodias anterior -que la beneficiaba a ella y aun 96 por ciento de las mujeres- también se elaboró de idéntica manera.
¿entonces no importaba que los jueces estuvieran en contra, que los fiscales lo consideraran injustos, que los psicólogos alertaran sobre los riesgos de desarraigo parental?, ¿entonces no importó nada de eso?
Pero ahora sí. Ahora la ley tiene que hacerse consultando con los jueces -que por cierto no se muestran en contra-, con los fiscales -que tampoco- y con los psicólogos -que me temo que querrá decir psicólogas, todos sabemos afectas a que emporio ideológicos-.
Si esta mujer y otras muchas hubieran antepuesto la justicia y la lógica a sus propios deseos personales y sus necesidades de vindicación contra sus ex parejas es muy posible que ahora su hija no se opusiera a convivir con su padre porque no sería un extraño para ella. Porque llevaría desde los cinco meses compartiendo amplios periodos de tiempo con él y para ella el trauma sería que la alejaran de uno u otro de sus progenitores. Como es lógico y normal.
Pero ahora, que la ley se ha rehecho y ella no sale beneficiada se atreve a decir que dedicará “todos sus esfuerzos a la concienciación de la sociedad española tendente a la derogación de la Ley con el fin de que elaboren un nuevo texto quienes realmente viven la problemática del derecho de familia y conocen las soluciones más adecuadas para cada caso concreto”.
¡Vaya por dios! Resulta que cuando un hombre hace eso, cuando las asociaciones de divorciados, de abuelos separados de sus nietos o cualquier otra entidad hace lo mismo con la lay de violencia de género, con el Síndrome de Alienación Parental o con la custodia individual se les acusa de machistas, de ir en contra de los derechos de la mujer y de defensores de maltratadores y de no sé cuántas cosas más, pero una mujer sí puede pedir lo que llevan demandando todos esos colectivos durante una década o más.
¿Quienes viven para ella la problemática del derecho de familia? ¿las abogadas de las asociaciones feministas?, ¿las juristas de Themis y asociaciones por el estilo?, ¿las psicólogas de asociación feminista que consideran que el hombre es un perjuicio per se para sus hijos?
Porque supongo que los abuelos apartados de sus nietos no viven esa problemática, que los padres apartados de sus hijos no viven esa problemática, que los hijos que sienten a sus padres como extraños no viven esa problemática.
Supongo que los juristas que está hartos de tener que condenar a una multa a un hombre porque el odio y el deseo de venganza de una mujer le lleva a demandarle por devolver dos horas tarde a su hijo en el día de su cumpleaños no tienen nada que decir Supongo que los policías nacionales que ya sienten vergüenza de presentarse en la casa de un padre porque una mujer ha presentado la enésima denuncia por secuestro porque, día tras día, sus hijos prefieren ir a estudiar después del colegio a casa de su padre -que vive a dos manzanas- que a la suya por mucho que ella tenga la custodia judicial tampoco tienen que ser consultados para esto.
Supongo que solamente tendrán que ser consultados aquellos -o me temo que aquellas- que la den la razón.
Y el final de esta escalada de repentina conciencia de la justicia que aqueja a alguien que ha estado beneficiando de la injusticia durante once años es su declaración final.
“La imposición de un tipo de custodia, solo puede traer errores monumentales porque cada caso concreto requiere una solución y el juez debe tener las herramientas variadas para aplicar en cada caso concreto”.  
En eso tengo quedarle la razón ¡Ha visto la luz!
Cual Saulo caído del caballo está mujer ha comprendido que no se puede imponer un sistema de custodia. No se puede hacer lo que se estaba haciendo. Dar la custodia a la mujer por el artículo 14 -bueno, en realidad por el 42-.
Porque el 96 por ciento de los hombres de este país no pueden ser malos padres. Porque el 96 por ciento de los abuelos paternos no pasan de sus nietos, porque el 96 por ciento de los hijos no quieren ver como se alejan de sus de sus vidas unos padres a los que querían un día antes de que se divorciaran de sus madres.
Pero al igual que el cazador de hombres convertido en apóstol, esta mujer tiende a ignorar el hecho de que ella estaba en las filas de aquellas que llevan tres décadas imponiendo un sistema de custodia injusto simplemente porque les viene bien en lo ideológico y en lo económico. Puede que su dios pasara por alto esa pequeña incoherencia de Saulo pero la sociedad española ya no puede permitirse ese lujo.
La ley aragonesa de custodia compartida -como el resto de las leyes de custodia compartida- no impone esa modalidad de custodia. Simplemente la aplica en caso de que no haya acuerdo entre los que se divorcian.
Y eso es algo que nuestra amiga maña olvida. Si ella no es capaz de llegar a un acuerdo de custodia con su ex marido, prevalece el derecho del menor a seguir en contacto con sus dos progenitores por encima del suyo a considerar como una propiedad a su hija.
¿De verdad no puede ver la diferencia?
Si hace once años se hubiera valorado de forma individual su caso y se hubiera tenido en cuenta que su ex marido pidió en varias ocasiones ampliar el régimen de visitas, que se mostraba dispuesto a un sistema de custodia compartida -que entonces no se contemplaba- y que ha participado en la medida en la que  le ha sido posible en la vida de su hija es más que probable que ella nunca hubiera conseguido la custodia en exclusiva de la menor.
¿De verdad no puede captar esa realidad?
En fin que, como viene ocurriendo con el emporio ideológico del feminismo anti masculino en los últimos tiempos, ahora que ya no tienen la cobertura legal garantizada tiran de amenazas y concluye con tan plausible afirmación “me reservo el ejercicio de las acciones judiciales si su hija sufre cualquier tipo de daño o perjuicio en la nueva situación”. 
Ya estamos presuponiendo el maltrato -su principal arma arrojadiza-, ya estamos insinuando que los hombres perversos solamente quieren estar cerca de sus hijos para maltratarlos y abusar de ellos.
Todo sea que al final termine denunciando a su ex marido por el Síndrome de Alienación parental que, claro, en su caso sí existiría.
Podrían haber aprovechado el cambio legal para ver el ejemplo de los errores que ellas habían cometido antes. Pero me temo que, como otras muchas veces, están perdiendo la oportunidad para ello.

Si la ley de arrendamientos no impone la cordura

Este gobierno nuestro, que deambula entre el caos de la deuda soberana y su prima de riesgo de record y la intransigencia de su ideología cultural que le ha llevado a cometer los mismos errores de adoctrinamiento educativo que sus predecesores con eso de la educación para la ciudadanía, se ha puesto ahora con los alquileres.
Los paradigmáticos gobernantes que nos hemos colocado en las urnas quieren potenciar el mercado del alquiler y ahí está su primer error. 
En tratar el alquiler como un mercado, como una situación económica pura y dura, sin tener en cuenta ninguna otra cuestión, ninguna otra realidad. Sin tener en cuenta lo social. Algo muy clásico viniendo de quien viene. Algo previsible en un gobierno que intenta enseñar en los colegios que la conflictividad social no existe y que la desigualdad social es un mito.
Y como lo abordan así pues lo solucionan de la siguiente forma. Con una regla de tres neocon que haría reírse por lo ingenua al mismísimo Keynes y que forzaría al infarto a otros liberales de pro como Friedman, por ejemplo.
Si no se pone vivienda en alquiler lo que hay que hacer es proteger al propietario para que se sienta seguro a la hora de alquilar y la saque al mercado.
Y así se acortan los plazos de arrendamiento, se posibilita en la práctica el libre desahucio -todo debe ser libre, el despido, el desahucio... ¿por eso somos liberales, no?-, se aplica la recuperación automática sin cumplir los plazos de contrato en cuanto se necesite la vivienda para uso propio o familiar. Vamos, que no se manda a una pareja de la Benemérita con uniforme de gala a cobrar los alquileres por los pelos.
Y puede que si el parque de viviendas en alquiler en este país fuese amplio eso serviría. Y es posible que si la cultura del alquiler estuviera asentada en nuestro territorio esas medidas tuvieran su efecto. Y puede que si fuéramos Estados Unidos o Alemania eso sirviera. 
Pero claro, no es así. Y por eso no sirve.
En España hay 700.000 viviendas vacías que no son alquiladas ni compradas. Y eso solamente de obra nueva. Viviendas que nunca han llegado a ser ocupadas.
Sin embargo vamos ya por las 300.000 familias que han sido desahuciadas de sus viviendas por impago de hipoteca.
¿Cuál es el factor común de esas dos cifras? -Venga, pensemos un poco aunque sea sábado y nos estemos preparando para romper la noche dentro de unas horas- ¡En efecto, los bancos!.
De nuevo nuestro sistema financiero y sus entidades están en el meollo de uno de nuestros problemas ¿por qué será que no me sorprende?
Como parece que ahora está de moda que seamos nosotros los que tengamos que proponer las soluciones que los gobiernos no saben elaborar porque sino se nos acusa de criticones, desorganizados, protestones y elementos que fomentan una conflictividad social falsa -o inexistente, según la nueva ciudadanía del ministro Wert- con fines oscuros, espurios y torticeros, allá va una propuesta.
Como la propiedad privada es sagrada -no es que yo comulgue en su totalidad con ese mandamiento liberal, pero lo asumo de momento- no es de recibo quitarle los pisos a los bancos.
Pero, dado que no pagan el IBI por esas propiedades -que la Iglesia no es la única-, como tampoco se les obliga a afrontar los gastos registrales de las mismas ni los impuestos de transacciones por ellas, obliguémosles, a cambio de mantener esos beneficios fiscales e impositivos, a ponerlas en alquiler a unos costes asumibles por los ingresos medios -reales, no haciendo la media con lo que ingresa la Familia Real y la de Rodrigo Rato, por poner dos ejemplos- de una familia española. Digamos 300 euros. O si se prefiere pongamos un precio por metro cuadrado.
Pueden no hacerlo pero entonces empiezan a pagar todos los impuestos que no pagan más uno añadido que nos sacamos de la manga porque somos el gobierno y queremos que nuestro país funcione más allá de las necesidades del sector financiero y de sus agujeros inmobiliarios que penaliza el disponer de una vivienda deshabitada.
Y con eso tenemos 700.000 viviendas en el mercado del alquiler con un precio al que los arrendatarios pueden acceder. Porque ese es el principal problema que limita el alquiler en nuestro país. 
No se trata de que los propietarios pongan viviendas en el mercado de alquiler. Se trata de que las coloquen a unos precios que se puedan abordar por aquellos que quieren o se ven obligados a alquilarlas.
Pero ahí no acaba la cosa.
En España hay 2.300.000 viviendas más vacías, sin habitar que tampoco están en el mercado del alquiler. Estas son de particulares o al menos no son de los bancos.
¿Qué hacemos con ellas en un país en el que se está desahuciando a una media de 60.000 familias por año?, ¿en un país en el que más de cuatro millones de adultos entre 25 y 35 años siguen en sus casas porque no tienen capacidad económica, pese a trabajar, para acceder a una vivienda particular?
Pues más de lo mismo.
Para empezar cruzamos de una vez los datos entre Hacienda, los padrones municipales, y la Seguridad Social para descubrir todos esos fraudes que permiten a los defraudadores dar como vivienda de residencia una casa que tienen vacía mientras residen en otra localidad. Con eso ganamos impuestos, puesto que pierden desgravaciones a las que no tienen derecho, sino que además sacamos a la luz viviendas que ahora parecen habitadas pero que no lo están.
Y a partir de ahí aplicamos el mismo impuesto por tener una vivienda deshabitada, el mismo gravamen por mantener viviendas fuera del mercado del alquiler que aplicamos a los bancos.
Pero como somos un gobierno que creemos en el refuerzo positivo como forma de educación -aunque Wert se oponga firmemente- lo que hacemos es reforzar esto con medidas de apoyo.
No con medidas de protección contra el arrendatario que perjudican al inquilino para defender al propietario. Sino con medidas que incentivan a los dos a entrar en el mercado del alquiler.
Hacemos desgravable el cincuenta por ciento de los alquileres pagados y liberamos de impuestos el cincuenta por ciento del dinero ingresado por el propietario del alquiler. De esa manera los dos saben que obtienen un beneficio de tener la casa alquilada y además de paso resulta que a lo mejor hasta conseguimos convertir en legales todos los alquileres en negro que jalonan nuestro mercado inmobiliario.
Creamos una bolsa de alquiler social en la cual el propietario puede inscribirse con beneficios fiscales plenos -desgravando el total de lo que ingresa por el alquiler- y en la que son las administraciones las que se encargan de asignar y vigilar el alquiler a familias o personas que lo necesiten a precios muchos más bajos que los del mercado, durante el tiempo que dure su situación especial -desempleo, dependencia, etc- con un límite adecuado para que esa situación no se convierta en endémica.
Y bueno, es sábado por la mañana, tampoco es la mejor hora para diseñar todo un sistema de alquiler en un país donde el alquiler está denostado por la mitológica frase de que "es tirar el dinero". Así que aquí me quedo.
Solamente una reflexión. Si vas a estar pagando una hipoteca hasta los setenta años y la esperanza de vida media es de 74 años ¿qué diferencia hay entre el alquiler y la compra?
Habrás tirado el dinero igual porque hoy por hoy, no está permitido enterrar a los seres humanos en sus propias viviendas. Las mastabas y las pirámides no están de moda.
Quizás deberíamos pensar en ello antes de seguir obsesionados con eso del piso en propiedad.

viernes, junio 01, 2012

Los niños muertos en Siria que no paran la guerra

Mucho ha pasado y ha muerto en una de las tierras que forman la capital del mapa de mis sentimientos. Desde hace meses Damasco sangra y Siria muere con ella.
Desde hace meses parece que el fin se acercaba y que El Califato cambiaría de rumbo por fin hacia el futuro. Pero no ha sido así.
La tibieza y la imposibilidad de movimiento que tiene el occidente atlántico justo en esa zona del mundo han impedido que el impulso que tomara Siria de Túnez, Egipto o Libia se desarrollara hasta sus últimas consecuencias por mor de la incapacidad de elección entre lo que nosotros pusimos ahí y que se ha embrutecido y anquilosado más allá de nuestra propia creación y lo que sabemos que llegará que nos parece mucho más peligroso para nuestros intereses.
Y ahora en una rafia más, en un acto más de represión dentro de un alto el fuego tan falso como absurdo, mueren niños.
Y su fotografía es enviada por Twitter al instante y se reproduce en cientos de diarios digitales y las imágenes de baja resolución de esos pequeños cadáveres dan la vuelta al mundo. Y nos conmueven, y nos sorprenden y nos aterran.
Y sabemos que tenemos que verlas pero no queremos hacerlo. Y parece que ahora es el momento para hacer algo, para detener una barbarie que se lleva niños por delante y nos obliga a verlo.
Y, como ocurre desde hace varios lustros, el arte de la nueva magia de la red universal nos lleva al correo electrónico, a las redes sociales que normalmente están para nuestros recuerdos y nuestras amistades esas imágenes perturbadoras, esos niños muertos, esas vidas bombardeadas en los albores de su existencia. Y como ocurre siempre porque, pese a nuestros defectos, la mayoría de nosotros somos buenas gentes, queremos hacer algo.
Porque que los hombres mueran es injusto pero normal, porque que las mujeres mueran es doloroso pero soportable.
Pero los niños no. Por el amor de cualquier dios. Los niños no.
Y nos sacude esa incertidumbre de no saber qué hacer. Ese desconocimiento surgido de la indiferencia, ahora perdida, nos lleva a no saber con quién casarnos para impedir el matrimonio entre la sangre y la muerte que la guerra siria está imponiendo a sus infantes.
La oposición en lo que fuera el califato está tan fragmentada, tan enfrentada, tan minuciosamente dinamitada por años de un gobierno apoyado por occidente, por décadas de desprestigio y persecución de uno de los servicios secretos mejor preparados del mundo árabe y del orbe en general, que no tenemos donde mirar para poder buscar una alternativa a lo que gobierna y destruye Siria.
Pero queremos que los niños no mueran. Nuestra conciencia y nuestros estómagos no pueden soportan que los niños mueran. Nuestras maternidades físicas o sentimentales no pueden tolerar la visión de un niño muerto, nuestras paternidades tenidas o deseadas son incapaces de asumir la presencia en su retina de un cada ver infantil.
Y cogemos lo único que tenemos, lo único que le queda al mundo occidental como signo de grandeza y diferencia e intentamos usarlo para para parar la muerte de los niños, de esos niños que sólo cuando estaban muertos han sido importantes para nosotros, que sólo cuando sus padres y sus madres, ya muertos, no han podido defenderles, han adquirido vida en nuestros pensamientos.
Tomamos nuestro dinero y buscamos una cuenta corriente en la que depositarlo para ayudar a esos pobres niños, a esos civiles que mueren y que sufren en las calles de Damasco, de Homs, de Alepo.
Y nuestra actitud nos honra como seres humanos. Pero nuestra ingenuidad nos destruye como factor del cambio en el mundo.
Cualquiera de esas páginas -que no sabemos de quien son, que no sabemos a quién pertenecen- nos piden nuestro dinero para parar el sufrimiento, para detener la agonía para evitar que una nueva fotografía, un nuevo video grabado con el móvil de cuerpos infantiles ensangrentados nos asalte los corazones y nos arrase las conciencias.
Y sean salafistas, islamistas, laicistas, socialistas, panarabistas o cualquiera de las facciones y movimientos políticos que forman la oposición Siria contra la locura del dictador puesto por occidente y de la sonrisa culpable y de talle perfecto de su esposa lo dicen en serio. Necesitan ese dinero para parar la guerra.
Pero desde las cruzadas, desde su guerra de independencia, desde Lawrence de Arabia, desde la Primera Guerra Mundial, desde la Guerra del Yon Kippur, desde todos los conflictos armados que han forjado y formado esa paísque otrora fuera el califato, los sirios saben que solamente hay una forma de parar una guerra.
Ganarla.
Puede que nosotros creamos que hay otras maneras, puede que nosotros necesitemos que haya otras maneras. Pero Siria y el mundo árabe necesitan tanto evolucionar hacia algo, alterar el rumbo de su historia que la única forma que tienen de detener a aquellos que ahora bombardean a sus hijos y matan su futuro en sus cunas es pasar sus afiladas gubias por sus carótidas. Es acabar con ellos.
Cuando el mundo está vivo esa es la única forma de evitar que la muerte se enseñoree de él. Nosotros no lo reconocemos porque llevamos siglos muertos y sin movernos.
Puede que esas páginas, esos enlaces, esos spam desesperados y trágicos, esas fotografías nos hablen de evitar que los hermanos que mueren y que luchan -ya es bastante revelador que les llamen hermanos y no compatriotas, conciudadanos o camaradas- con una intervención de una misión de paz de Naciones Unidas.
Y puede que nosotros los creamos porque de nuevo seguimos desconociendo cómo se mueve nuestro mundo. Podemos recordar cómo se movía cuando nos importaba, pero no sabemos cómo se mueve ahora.
No habrá misión de paz de Naciones Unidas porque Rusia y China la bloquearán una y otra vez. Porque la posibilidad de que el islamismo o el salafismo gobierne en Siria es una tragedia para Rusia y su control de cristal siempre a punto de romperse sobre sus republicas con base musulmana, porque que el panarabismo gobierne en Damasco destruiría las posibilidades petrolíferas de China que por mor de nuestras exigencias de modernidad económica y de todas las fábricas y factorías que el Occidente Atlántico ha colocado en Guandong o Pekín necesita más crudo que la mitad del resto de la población mundial.
Así que si queremos que haya una misión de paz no tenemos que presionar a nuestros gobiernos para que se muestren a favor de ella en la ONU. Lo harán, quedarán bien y sabrán que no se hará nada por el veto de China y de Rusia.
Tendremos que presionar a nuestros gobiernos para que bloqueen sus relaciones con Rusia y China, para que adopten las medidas necesarias para intentar forzar a los gigantes del nuevo mundo que se está forjando a hacer lo que se debería hacer. Aún a riesgo de nuestras marchitas economías, aún a riesgo de nuestros precios baratos, de nuestro gas, de nuestras empresas deslocalizadas de bajo coste. Aún a riesgo de nosotros mismos.
Si queremos que haya de una misión de paz que patrulle las calles de Damasco tenemos que hacer eso. Tenemos que forzar a nuestros gobiernos a arriesgar lo nuestro para que los niños de Siria dejen de morir. Para que sus cadáveres dejen de sacudirnos desde Internet.
Aun así, esa misión no detendría la guerra. No evitaría las muertes. Como no lo ha hecho en Afganistán, como no lo ha hecho en Irán, como no lo hizo y no lo hace en Líbano. Solamente la enquistaría. La guerra seguiría con atentados, con acciones encubiertas, con vindicaciones y revanchas.
Porque Occidente no podría evitar la tentación de colocar al frente del gobierno a alguien que le viniera bien, que no le supusiera un riesgo. Y como en Irak, islamistas, salafistas, y todos aquellos, que por población o fuerza política deberían estar en el gobierno y no lo estarían, seguirían en la guerra; y los restos del partido Baaz seguirían en la guerra. Y la misión se iría y la guerra continuaría y los niños seguirían muriendo.
Así que podemos hacer nuestra contribución en la página o la asociación sin ánimo de luchar que queramos sabiendo que es cierto, que nuestro dinero irá para intentar acabar con la guerra, acabar con la muerte de esos niños que cuando ya era imposible salvarlos se han convertido en importantes para nosotros.
Si cuando hace meses sus padres nos pidieron ayuda se la hubiéramos dado entonces quizás, sólo quizás, podríamos haber parado la guerra de otra forma. Pero ahora ya no.
Ahora la única forma de evitar que alguien mate a los niños sirios es tomarle por el cuello y segarle la vida. Nuestras aportaciones no irán a parar la guerra servirán  al objetivo de ganarla. Porque la guerra siria ya solamente se detendrá con la victoria.
La única forma de parar esa guerra es derrotar al que ahora está ganando. Y nuestro dinero irá para ese fin.
Ahora tenemos que elegir bando y ninguno de los bandos responde a nuestros fines y necesidades. Ahora por fin estamos obligados a pensar en los sirios si no queremos que las muertes de sus niños recaigan sobre nuestras virtuales conciencias.
La neutralidad, la compasión y la solidaridad ya no evitarán la muerte de los infantes damascenos. Siria nos obliga a luchar y a ganar una guerra porque no quisimos pararla en su momento.
Eso es lo que hay hoy bajo los cielos de Damasco. Eso es lo que hay en vuestras direcciones de correo electrónico.

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