domingo, agosto 12, 2012

Nosotros, vosotros: TODOS

Ya está bien.
Hay cosas que han dejado de importar.
Si vuestro dios os dice que lo que ocurre no es justo ni puede serlo, estáis conmigo y yo estoy con vosotros.
Dejad de pensar en vuestros rezos, vuestra moral, vuestros mandamientos y vuestra salvación y luchad con nosotros. Dejad de escuchar a vuestras jerarquías. Ellos no están de vuestro lado. Nosotros sí.
Hay cosas que ya no son relevantes
Si vuestra ideología os dice que lo que ocurre no es justo ni puede serlo, estáis conmigo y yo estoy con vosotros.
Olvidad vuestros paraísos perdidos, vuestros Estados, vuestras dictaduras proletarias, vuestros anticlericalismos y luchad con nosotros. Dejad de defender vuestro partido. Él no está de vuestra parte. Nosotros sí.
Hay cosas que han dejado de existir.
Si vuestra libertad os dice que lo ocurre no es justo ni puede serlo, estáis conmigo y yo estoy con vosotros.
Abandonad vuestro muerto anarquismo, vuestras falsas resistencias, vuestros actos inútiles y vuestro antiguo miedo a los estados y luchad con nosotros. Dejad de intentar revivir vuestra muerta utopía. Ella ya no vive a vuestro lado. Nosotros sí.
Hay cosas que ya no se mantienen
Si vuestra búsqueda de horizontes os dice que lo que ocurre no es justo ni puede llegar a serlo, estáis conmigo y yo estoy con vosotros.
Dejad de pensar en vuestros beneficios, en vuestros capitales, en el muerto sueño del ascenso económico y en vuestra estabilidad. Dejad de proteger vuestro agonizante liberalismo y luchad con nosotros. Él ya no quiere ayudaros. Nosotros sí.
Hay cosas que ya no nos protegen
Si vuestra tierra os dice que lo que ocurre no es justo ni puede serlo, estáis conmigo y yo estoy con vosotros.
Aparcad vuestros himnos, vuestras banderas, vuestros odios ancestrales, vuestras extranjerías y vuestros rencores de la historia. Desterrad vuestros orgullos patrios y luchad con nosotros. Ellos ya no están a vuestro lado. Nosotros sí.
Hay cosas que se nos han cambiado
Si vuestro trabajo os dice que lo que ocurre no es justo ni puede serlo, estáis conmigo y yo estoy con vosotros.
Ignorar vuestros puestos, vuestros ascensos, vuestras pagas y vuestras vacaciones. Vuestras pírricas representaciones y vuestras dadivas sindicales. Ignorar a vuestros sindicatos y luchad con nosotros. Ellos no siguen junto a vosotros. Nosotros sí.
Hay cosas que ya no controlamos
Si vuestro sexo os dice que lo que está ocurriendo no es justo ni puede nunca serlo, estáis conmigo y yo estoy con vosotros.
Omitid vuestros patriarcados, vuestros matriarcados, vuestros postergados derechos, vuestros ignorados deberes, vuestras gónadas internas o externas. Postergad vuestra guerra de sexos y luchad con nosotros. Vuestros sexos y géneros no están con vosotros. Nosotros sí.
Y si hasta vuestro egoísmo os dice que lo que está ocurriendo no es justo ni nunca lo será, estáis conmigo y yo puedo estar con vosotros.
Contened vuestros deseos, vuestros caprichos, vuestros gastos baldíos, vuestras expectativas individuales. Abandonad vuestro miedo y vuestro individualismo. Ellos ya no pueden flanquearos. Nosotros sí.
Y si traéis vuestro dios a la batalla le daremos el arma que prefiera.
Y si traéis vuestro  Estado a la lucha le cavaremos una buena trinchera.
Y si traéis vuestra resistencia, vuestro liberalismo o vuestra tierra a la pelea, les daremos un puesto de combate.
 Y si traéis vuestro trabajo, vuestro sexo o vuestro miedo a nuestras filas, pelearemos con ellos y por ellos.
Ya está bien.
Ya no hay tiempo ni fuerzas para seguir en pequeñas batallas, en muertas revoluciones, en sistemas agónicos. Para exigir pequeños egoísmos, para luchar tan sólo por lo nuestro en contra de lo de otros.
Ya no hay tiempo ni fuerzas que emplear  en los antiguos odios, en arcaicos orgullos, en ideas gastadas o en viejos enemigos.
Ahora somos todos o no somos ninguno.
Es tiempo de luchar, de pensar, de crear. Hacedlo con nosotros.
Y no escurráis el bulto, no me hagáis la pregunta.
¿Quiénes somos nosotros?
Somos todos vosotros.
Ya está bien.
Haceros el favor de no intentar fingir que no lo comprendéis.

viernes, agosto 10, 2012

Cáncer y finanzas según Gordon Gekko

"Estamos ante un sistema financiero en quiebra: es sistémico, es maligno y es global: Es como un cáncer
¿Y cómo se pretende curar el cáncer?
Aumentando los umbrales de dolor y de riesgo para poder volver a repetir el sistema: O sea recurriendo a la inconsciencia.
¿Cual es la definición de inconsciencia?
Es hacer lo mismo una y otra vez y esperar un resultado distinto.
Según eso, todos somos incoscientes, pero no lo somos al mismo tiempo. Y en base a  eso mantenemos la confianza en el sistema
Pero...¿puede perdurar este modo de vida si cada vez más y más gente es inconsciente al mismo tiempo?
Entonces la supuesta solución de la incosciencia se convierte también el algo sistémico. Como el mismo cáncer que pretendía curar".
Esta es la ficción que explica la realidad.
Wall Street 2
Oliver Stone.

lunes, agosto 06, 2012

Dime qué puedo hacer por ti -aunque ya lo sé-.

Seis millones de parados. Agujeros financieros del tamaño de un Maelstrom que succionan educación, sanidad, empleo, futuro...
Recortes que nos dejan la espalda sin cobertura, ajustes que dejan los flancos sin protección, que hacen avanzar la vanguardia sin horizonte y que abandonan la retaguardia sin defensa.
Mercados que apuestan con nuestro presente, que arriesgan con nuestro futuro; inversores que ganan con nuestras pérdidas, financieros que pierden con nuestro dinero, entidades que trafican con nuestras necesidades, que comercian con nuestras vidas, que negocian con nuestras muertes.
Estrategas que diseñan tácticas suicidas que nos inmolan a nosotros para mantenerse a salvo; mandos que sacrifican posiciones que nunca defendieron dejando a la tropa al descubierto para cubrir sus puestos y sus rangos, operativos invisibles que ponen en marcha operaciones encubiertas que atacan lo que vemos por mantener el secreto de lo que ellos esconden.
El Estado está en guerra y la ha perdido. 
La ha perdido contra los mercados, la ha perdido contra los gobernantes, la ha perdido contra los especuladores, contra los políticos, contra los financieros, contra los corruptos...
La ha perdido en todos los frentes y en todos los flancos, en todas las vanguardias y en todas las retaguardias.
La ha perdido contra el seiscientos de nuestros abuelos, contra el apartamento en la playa de nuestros padres, contra el spa y el fin de semana pasional de nosotros mismos. La ha perdido contra las rebajas, contra los caprichos, contra los excesos, contra los me gusta en las redes sociales, contra los televisores de plasma, los Smartphone y los modelos de marca.
Ha perdido su batalla contra las ballenas salvadas, contra los niños apadrinados, contra la caridad dominical, contra la capa de ozono, contra la jungla amazónica, contra la solidaridad sin riesgo, contra la caridad sin justicia, contra el sindicalismo de mesa y mantel.
El Estado ha perdido su guerra contra los rezos, contra las quejas a escondidas, contra las protestas sin apoyo, contra las puñaladas por la espalda, contra los cadáveres en el armario, contra los chaqueteros, los pelotas, las aduladoras, los ascensos inmerecidos, los favores sexuales...
Contra las falsas desgravaciones, contra los cobros en negro, contra las facturas engordadas, contra las cuentas suizas, contra los créditos falseados, contra las tasaciones engrandecidas, contra las adjudicaciones a dedo, contra los contratos falsificados, contra las empresas fantasma, contra las indemnizaciones irregulares, contra las ayudas inmerecidas, contra los empleados comedidos y los empresarios incontinentes.
El Estado ha sido derrotado por los ataques sangrientos de muchos de ellos y las retiradas cobardes de todos nosotros.
Somos la primera generación desde La Bastilla que no puede pedirle, exigirle, rogarle o suplicarle nada al Estado.
Porque el Estado, aunque quisimos olvidarlo, somos nosotros mismos y estamos siendo derrotados.
Así que ahora sólo podemos pedirle una cosa al Estado. Pedirle que nos diga, ahora que no podemos exigirle que haga nada por ninguno de nosotros, qué quiere que hagamos nosotros por él. Que quiere que hagamos por nosotros.
Pero eso lo sabemos. Cada uno en lo nuestro, lo sabemos.
Podemos dejar que el Estado, macilento y exánime, rendido y acosado, sea rescatado por el mismo dinero nuestro de siempre para ponerlo en las manos de los mismos que ya lo han derrotado o podemos, por primera vez desde La Bastilla, desde Cádiz, desde Bolivar, desde Saint Simon, desde..., lanzarnos al rescate con nuestras propias manos, con nuestras propias vidas, con nuestros propios riesgos.
Y podemos no hacerlo y seguir a lo nuestro.
Y ya nunca podremos pedir, exigir o demandar nada del Estado aunque este sobreviva.
No lo mereceremos.

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