miércoles, febrero 06, 2013

El Día del Juicio para los sepultureros de Telemadrid

Parece que ni los hipopótamos, ni los expertos politizados, ni los manipuladores, ni los propagandistas disfrazados de periodistas, ni los bustos parlantes que aceptan difundir consignas disfrazadas de noticias, son herramientas suficientes para alterar la realidad, para modificarla o para ocultarla los ojos de aquellos que deben observarla y que tienen que contribuir a crearla.
Quizás sea por eso por lo que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha fijado para el 1 y el 4 de marzo el juicio sobre el ERE masivo de Telemadrid que arrojó a 860 trabajadores de su intento de hacer una canal público y culminó la política del Gobierno madrileño de utilizar la cadena como un club propagandístico de alto coste.
Preparémonos para una programación autonómica en la que conoceremos desde los estilos migratorios de la torcaz sahariana hasta los ritos amatorios del cangrejo de río en alta montaña. Porque durante esos días seguro que no vemos ni escuchamos una sola palabra sobre el asunto en la pantalla de Telemadrid y si lo hacemos será para fantasear, criticar o resaltar lo que a sus dueños y señores político les convenga.
¡Con tantas cosas de las que no hablar, se van a gastar todo lo que ahorran en personal en documentales de National Geographic!
Pero ni todas las manadas en estampida de ñus del Serengeti conseguirán que el juicio por el ERE deje de celebrarse, deje de producirse. Ni todas las cortinas de humo impedirán que los jueces vean como se ha incluido en esos ERES a miembros del Comité de Empresa en situaciones idénticas en lo laboral a otros que no han sido incluidos simplemente porque ellos no protestaban.
Ni toda la magia de la contra programación evitará que los magistrados puedan fijarse en los criterios utilizados para el mantenimiento del personal adepto mientras se prescindía de profesionales mucho más capacitados, antiguos e importantes que ya habían sido condenados a los pasillos por negarse a cambiar su carné de prensa por otro mucho más seguro y propagandístico que se emite en Génova, 13 y se renueva diariamente en los pasillos, los despachos o las alcobas del poder.
Que un juicio por el ERE resultaba inevitable era algo que todos sabíamos. Aunque Sinova y sus opinadores hablaran de agresiones contra la libertad por la huelga, aunque la ínclita Aguirre, principal enterradora en el sepelio de Telemadrid, se secara las lágrimas de pena de cocodrilo por Telemadrid, todos sabíamos que este juicio tenía que llegar.
Porque los tribunales son los encargados de juzgar sobre las agresiones, no Justino Sinova, y el ERE es una agresión laboral en toda regla; porque son los jueces los que tienen que dictaminar sobre las agresiones y no los bustos parlantes de los informativos propagandísticos; y arrojar de sus empleos a 860 personas para abrir una vía de entrada de dinero público en las arcas de amigos y familiares, para asegurar una ventana abierta a las ondas y a los impulsos digitales de las proclamas políticas de líderes mediocres que buscan una reelección inmerecida, exuda agresión laboral, legal y social por todos los poros de su piel.
Aunque los opinadores a sueldo y los Telenoticias no lo digan, aunque se busque a toda prisa un mastodonte ártico que echarse a las pantallas para que nos tape la realidad de ese juicio.
Así que, le pese a quien le pese, el día ha sido marcado y elegido.
Y quieran los hados de la propaganda televisiva que la sentencia no sea contraria. Ya paralizados algunos ERES parecidos en  canales públicos autonómicos, quieran que los próceres madrileños no se vean enfrentados a unos costes en salarios de tramitación o en indemnizaciones que hagan completamente inadmisible su excusa del ahorro -aunque echando cuentas ya lo es-, que les obligue a gastar del erario público el doble o el triple del dinero que hubiera costado convertir Telemadrid en un canal rentable, eliminando el contenido propagandístico, tomando decisiones de auténtica gestión de un medio de comunicación y ahorrando en contenidos y retransmisiones que solamente alimentaban el ego de los políticos que manejaban el medio e incrementaban sus cosechas de votos.
Y no quieran los destinos judiciales madrileños que alguien obligue a incluir en ese ERE a los de la planta noble, a todos esos cargos amigos, familiares o simplemente aduladores, soguillas y adláteres serviles de políticos de turno que han quedado en la sede con sus salarios protegidos y escudados y sus puestos, mantenidos a despecho de la más pura lógica organizativa que fija la premisa de que no puede haber nunca más jefes que indios.
Porque si es así, si eso ocurre -y visto lo visto, como están los poderes judiciales y legislativos últimamente, puede ocurrir-, la fecha que se ha fijado para el juicio pasará a ser lo mismo pero, que escrito de otra forma, significará algo muy distinto para aquellos que han despreciado una profesión, una libertad, una responsabilidad pública y un derecho social solamente en aras de su mantenimiento en el poder y del engrandecimiento económico de las cuentas corrientes -helvéticas o hispanas- de sus colegas y familiares. Si eso termina siendo así, el día  1 de marzo no será la fecha del juicio.
Será el Día del Juicio para los destructores y sepultureros de Telemadrid.

La huelga contra Wert nos hace a todos "Ninis"

Hay momentos, hay situaciones, hay personajes, que se ganan un sitio en la historia por la vía negativa. Seres y estares que, con el transcurso de los años decorarán los libros de historia en una sola línea en un solo recuadro colorido de una pequeña fotografía, recordados sucintamente como catalizadores con su error de las reacciones que cambiaron su tiempo.
Y hoy, justo en la mitad del último capítulo de la única huelga continuada y completa que se recuerda en la historia de la Educación Pública española, no cabe duda de que José Ignacio Wert, sus recortes y su LOCME  se han ganado a pulso el ínfimo papel que la historia les asignara la historia como catalizadores negativos de lo mejor que ha dado esta generación en lo que va de siglo.
Así que, levantémonos y demos las gracias a este ministro pequeño que abre mucho la boca para fingir que es grande, a esta ley que hable  e inventa derechos educativos para ocultar que tan solo destruye aquellos que ya existen.
Habrá que dar las gracias porque a alumnos entregados por edad a los gozos y las sombras de su adolescencia, al dejarse llevar a las aulas, se les ha recordado que son, que pueden ser y que no están dispuestos a dejar de ser solamente porque un individuo y una ideología prefieran que lo sean
Habrá que agradecer que a profesores, hastiados y quemados por años de ejercicio, se les haya recordado cuál es su vocación, que quieren ejercerla y que no están dispuestas a dejar de ser herramientas de saber y de crecimiento  para convertirse en meros entrenadores de operarios semianalfabetos que engrosen las filas de los que dan con su esfuerzo y su miseria riqueza a los que no la comparten.
Habrá que dar las gracias porque padres, acomodados en algo que nuestros hijos tenían y exigentes con algo que dábamos por sentado, hayamos abandonado las quejas por los profes, las letanías de la letra y la sangre y de los tiempos pasados y hayamos cogido a nuestros hijos de la mano para luchar con ellos, defender con ellos un futuro que ya no es nuestro pero que siempre será suyo.
Habrá que aplaudir a José Ignacio Wert y reservarle un pequeño lugar en los libros de historia, tan pequeño como lo es su visión de la sociedad, tan pequeño como lo es su mezquino sentido de la necesidad de aquellos que rigen sus designios por servirnos para recordarnos lo que somos, lo que habíamos olvidado que éramos y lo que no estamos dispuestos a dejar de ser.
Por recordarnos que somos padres, alumnos y profesores, la triple expresión de algo que precisa la historia para llegar al futuro. Que somos una comunidad y no tres bandos.
Por facilitar a los catedráticos de historia las lecciones apenas comprensibles por nuestra juventud actual sobre gentes alzadas en defensa de cosas que hoy damos por sentadas en la Revolución Francesa o el mayo de Paría, sacándolas a la calle para enfrentarse a aquel que pretende convertir la Enseñanza Pública en la puerta de entrada de un servidumbre abolida por todos desde entonces.
Por recordar al estudiante que le gusta estudiar, preparar su futuro y acumular saber.
Por recordar al padre y a la madre que le gusta que su hijo estudie, prepare su futuro y acumule saber.
Por recordar al maestro, el profesor, al jefe de estudios y al director del centro, que le gusta ayudar a levantar esos futuros y distribuir esos saberes.
Habrá que dar las gracias a Wert y a su aciaga LOCME. O quizás se mejor esperar a que la historia se lo agradezca. Porque nosotros no.
Nosotros saldremos a la calle siendo padres para defender el derecho de los profesores que dan su esfuerzo, su tiempo y su ganado cielo de aguantar a un puñado de adolescentes reunidos cuando nosotros somos incapaces de lidiar con un par de ellos que son de nuestra sangre para educarles y ayudarles a que aprendan a abrir las puertas de su mente y su futuro.
Nosotros saldremos a la calles, siendo alumnos, para defender el derecho de aquellos que nos trajeron al mundo a no cargar por siempre con nuestro mantenimiento ni con los costes adicionales que Wert quiere que les acarree nuestra preparación para que las cuentas de sus jefes -los de Moncloa y los otros- cuadren en sus balances.
Nosotros saldremos a la calle, siendo profesores, para defender el derecho de que nuestros alumnos nos escuchen en las mejores condiciones, se preparen sin tener que preocuparse del coste económico de ello y aprendan lo necesario para pensar y poder, si así lo quieren, saber las cosas, no solamente conformarse con ellas.
Nosotros saldremos a la calle porque la impúdica arrogancia de alguien que habla de cultura sin entender ni de lejos el concepto, que habla y legisla sobre educación sin valorar para nada lo que esa palabra significa, el derecho que esconde y la obligación pública que significa nos ha recordado y nos ha cambiado muchas cosas.
Nos ha recordado que somos uno y que como uno tenemos que luchar por los derechos de todos.
Y nos ha cambiado los conceptos por hoy todos, padres, profesores y alumnos somos ninis. Pero no eses ninis que el ministro desprecia mientras engrandece con el paro y el destrozo del sistema educativo público sus números y cifras. Hasta eso han conseguido Wert y su LOCME, nos han cambiado a todos el concepto de Nini.
Los maestros son ninis porque ni se conforman ni se callan por un sueldo seguro
Los padres son ninis porque ni se aguantan ni se resignan a endeudarse hasta las cejas o mandar a sus hijos a trabajar sin preparación ni bagaje intelectual por falta de dinero
Los estudiantes son ninis porque ni están dispuestos a dejar de estudiar ni van a aceptar negarse su futuro para que a Wert le cuadre su soberbia y le salgan sus cuentas.
Y la LOCME, y Wert también son ninis en esta historia que es y será una pequeña parte de la historia. Son ninis porque no forman ni queremos que formen parte del futuro educativo de la enseñanza pública en particular ni del país y su sociedad en general.
Son ninis, porque ni están, ni se les espera.
Así que la foto orgullosa y desafiante de Wert decorará una lección de historia en la que hoy, como otros tantos días antes y otras tantas jornadas que nos quedan, forzaremos un pie de foto que defina lo que somos y lo que hemos por fin decidido hacer, presionados y atacados por la ley de un ministro que no sabe serlo porque no sabe dialogar, no saber escuchar y por tanto no tiene ni idea de lo que es educar.
Un pie de foto que se escribirá con el pre estribillo que para otra guerra compuso una cantante, bella en su ingenuidad y admirable en su combatividad. Porque, como cantaría la vaporosa Luengo, “Mi generación -ni la olvidada de los padres, ni la quemada de los profesores, ni la desperdiciada de los alumnos-, no va decir que sí cuando es que no”.
Lo sentimos señor Wert, estaremos con usted en los libros de historia pero estaremos porque habremos hecho la historia en contra suya. Nuestro futuro le da las gracias por sus catalizadores negativos, sus desplantes, sus totalitarismos y sus ignorancias. 
Muchas Gracias, señor Ministro, somos lo que somos y lo hemos recordado por usted, para usted y contra usted.
Contra usted, sus recortes y su ley.

lunes, febrero 04, 2013

Hipopótamos en Telemadrid: Espejo de lo que son

Por fin el antiguo y desafortunado -para los dirigentes de la misma, claro está- lema que otrora difundiera Telemadrid en sus promociones se ha hecho realidad. 
Más allá del humorístico sarcasmo que usaron de herramienta de batalla los profesionales de la casa al silabear el "Espejo de lo que somos" con la pausas más acertadas y reales de "Espe jode lo que somos", los que han convertido Telemadrid en algo que ni es público ni es un canal, sino que es político y es una fuente de ingresos nepotistas, han logrado que su objetivo se cumpla. Por fin Telemadrid es espejo de lo que son.
Y como muestra un botón. Bueno, para ser más exactos, unos hipopótamos.
Porque precisamente era eso lo que las audiencias renuentes de Telemadrid -si es que le queda alguna- estaban contemplando mientras el resto de los medios emitían en vivo y en directo la más bochornosa comparecencia televisiva que se recuerda desde las lágrimas de cocodrilo en blanco y negro de Arias Navarro con su ya mítico "Españoles, Franco ha muerto".
Y claro no es espejo de los que somos, porque no es espejo de sus audiencias, ni de sus anunciantes -de esos ya no queda ninguno-, ni por supuesto de sus profesionales o sus trabajadores -de los que ya tampoco quedan apenas ninguno-, ni siquiera de lo que somos los medios y los profesionales de ellos en este país. Es solamente espejo de lo que ellos son, de lo que ellos han decidido que se debe ser y de lo que ellos quieren que toda España sea.
No es que esos hipopótamos emitidos en continuidad reflejen las otrora sinuosas curvas de Cospedal o los en otros tiempos rutilantes cabellos faciales de Rajoy, ahora presas indómitas del Farmatint y las canas. 
Es que esos hipopótamos demuestran el silencio, el alejamiento de la realidad, la supeditación política, la manipulación. Demuestran que Telemadrid murió en cuanto el último profesional salió por la puerta y empezó a morir en cuanto el primer propagandista firmo su contrato blindado.
Porque emitir hipopótamos mientras la presidenta In pectore del Partido Popular se enfrenta a los medios para intentar negar un escándalo mayúsculo que destila acusaciones, que van de la financiación ilegal al nepotismo, pasando por el fraude tributario y otro puñado de delitos económicos, solamente puede significar que los que ahora rigen para su provecho los destinos de lo que fuera un canal público no quieren involucrarse con ellos.
Porque centrarse en el rojo sudor del segundo mamífero más pesado de África -con permiso del monarca cazador de elefantes y cazado, claro está-  mientras el Presidente del Gobierno no hace acto de presencia, protegido por la distancia, los muros de Moncloa y el vacío del éter, ante los medios, solo significa que quieren protegerle a él de la culpabilidad de su ausencia y a Cospedal del ridículo de su comparecencia.
Porque tirar de documental en pleno desarrollo de la actualidad lo único que busca es que ninguno de sus fieles votantes pueda estomagarse, pueda sentir la abrupta contracción de la arcada, cuando contemple a aquellos a los que votó enfrentarse a la acusación plausible precismente de aquello que decían que iban a parar si se les daba el voto.
Y así Telemadrid se convierte por fin en Espejo de lo que son. 
En el cristal a través del cual vemos sus intereses protegidos en contra de los beneficios de todos los demás y lo intentan vender como algo necesario y que no admite ninguna discusión.
En una maraña de cables que sirve para despistar, desviar la atención e intentar evitar que la información llegue en estado puro -nadie puede manipular una comparecencia, al menos sin que se note- a aquellos que precisan de ella para saber qué rumbo quieren dar al futuro colectivo del país.
En una pantalla que, aunque haya recuperado el brillo fulgurante de los cátodos y los focos, permanece emitiendo en el negro profundo de la falta de libertad, la manipulación y el interés político y sectario de una sola ideología.
Y encima con hipopótamos. No podían haber elegido tigres, leones o monos tití. Tenían que ser hipopótamos. Desde el "Espe jode lo que somos", no habían elegido un contenido de forma tan desafortunada.
Porque el hipopótamo es la metáfora salvaje perfecta de lo que es el Gobierno actual y lo que han conseguido que sea Telemadrid.
Seres lentos, detenidos en su evolución, pesados, incapaces de moverse deprisa salvo cuando están en las aguas, que enfangan continuamente con sus escondidas y demoledoras patadas subacuáticas para poder mantenerse a flote, que se atacan los unos a los otros entre el fango que su propio enfrentamiento ha provocado y esparcido por el agua, que no paran hasta acabar con todo lo que hay en el charco que eligen como hábitat y luego se mudan al siguiente...
Y sobre todo que, cuando ven el peligro acercarse en lontananza, esconden la cabeza bajo el agua, simulando ser una simple piedra en la esperanza de que nada les afecte, de no tener que defenderse, de que el peligro pase de largo y les deje permanecer en donde están, buscando solamente devorar todo lo que precisan sin pensar jamás en el entorno.
Más o menos lo que hizo Cospedal en esa comparecencia. Más menos lo que que quiere hacer Telemadrid y para lo que ha tenido que despedir a 900 profesionales de los medios.
Ahora sí. Ahora, gracias a la presencia de un inmenso mamífero africano en sus pantallas, Telemadrid es por fin Espejo de lo que son.

Lo que grita Catalá al acallar el fraude en el desdoble

Hay acciones, decisiones o incluso omisiones que, aunque pequeñas, aunque cuantitativamente irrelevantes dentro del total, adquieren valor porque se convierten en símbolos, en explicaciones reducidas de lo que es el todo a través de una sus mínimas partes.
Más allá de la influencia que en esta parrafada inicial tiene Tomás y René por mor de la obligación desoxidarlos para echarle una mano a mi hija mayor con su inminente examen de filosofía, toda esta parrafada viene al caso porque lo ocurrido con un solo instituto y con dos únicas profesoras en la Comunitat Valenciana puede ser y es ejemplo de algo tan grande y tan funesto como las decisiones que Educación está tomando al respecto de la Enseñanza Pública en esa comunidad.
El Instituto Valle de Elda es ejemplo desde su creación por muchas cosas, pero sobre todo porque es el buque insignia de lo que se suponía que estaba llamada a ser la Enseñanza Secundaria Pública de Calidad en esa Comunidad.
Y lo es pero dentro de él hace un año que ocurría algo. Dos profesoras se las apañaron para eludir su responsabilidad y su ética y convirtieron los desdobles -esas clases de refuerzo que se dan por materias a los alumnos que más problemas tienen para estar al día- en un suerte de día libre rotatorio porque juntaban los dos desdobles en uno y la otra ni aparecía por el centro.
Alguien lo denunció, el Síndico Valenciano cogió el guante y la Consejería de Educación, con la ínclita Catalá, tan preocupada de la calidad en otros centros, los concertados, y de la libertad de elección de los padres con sus listas de calidad de los centros, lo ignoró con la misma desidia que cualquier deidad menor del glosario olímpico.
Más allá de la falta de ética de las profesoras en cuestión mientras sus compañeros se parten el pecho día sí y día también por defender lo público; más allá de su marcado egoísmo como individuos y su acentuada inconsciencia como educadoras al anteponer sus ocios y sus negocios a las necesidades generales -algo muy occidental atlántico, por otra parte-; más allá de su irresponsabilidad, al nutrir de argumentos a los que ahora acechan cada movimiento, cada error y cada desliz para denostar la Enseñanza pública, la olímpica desidia de la Consellería en este asunto explica muchas cosas.
Explica la importancia que le da a los desdobles. O mejor dicho la que les quita.
Porque los desdobles están pensados para aquellos que más problemas tienen para seguir el ritmo, para aquellos a los que el ministro Wert quiere condenar a una formación profesional mal estructurada, deficiente y que solamente buscará crear operarios productivos con la lectura, la escritura y las cuatro reglas como únicas herramientas intelectivas en lugar de seres pensantes y opinantes.
Porque la Consellería no da importancia a ese fraude educativo de dos profesoras no por ellas, sino porque los desdobles cuestan dinero y la política valenciana de educación no quiere emplear dinero en ellos, no quiere gastar un duro en dar una oportunidad más de seguir el ritmo a aquellos cuya mezcla genética no les colocó en condiciones de sacarlo todo a la primera, a aquellos cuyas circunstancias familiares o sociales les dificultan el aprendizaje.
Porque sancionar a esas profesoras -aunque fuera mínimamente- significaría defender los desdobles y Catalá y su política educativo no tiene o no quiere tener dinero para eso, prefiere emplearlo en sus escuelas sociales que son concertadas y religiosas -dos pájaros de un tiro, fe y negocio, la perfecta unión contra evangélica de servir a dos amos-, prefiere utilizarlo en elevar los gastos por alumno en las escuelas concertadas para que asciendan puestos en la lista de calidad y obligar a los padres a elegirlas en detrimento de las públicas.
Con este pequeño olvido voluntario, dentro de las muchas dejaciones, omisiones e indiferencias de la Consellera, el mensaje que manda es tan cristalino que resulta imposible no ver a través de él la osamenta neocon y lobista de su ideología: No hay que defender los desdobles porque son caros y solamente favorecen a los que ya se ha decidido que tienen que salir del sistema educativo para ser entrenados como peones que creen riqueza para otros pero no la compartan.
Porque los desdobles en todo caso servirán -como ya sirven en algunos colegios concertados de la Comunidad de Madrid- para justificar el importe económico de las financiaciones de los conciertos aunque luego ese colegio no contrate los profesores necesarios para darlos y encuentre siempre un motivo por el que sacar al patio, hacer organizar un festival o llevar a misa a los alumnos en esa hora para no tener que darlos pese a que se siga embolsando el dinero que se supone financia los mismos.
Y si no me creen pregunten a los alumnos con dificultades de algunos colegios madrileños como el Asunción Cuesta Blanca, por ejemplo.
Así que una pequeña acción envía un gran mensaje. Hay que sacar del ciclo educativo público a los que tienen más dificultades para convertirlos en siervos productivos. Esa es la máxima, ese es el objetivo. Por eso no se sanciona un fraude flagrante en los desdobles.
Y no olvidemos que el ejemplo, aunque pequeño, es un ejemplo valenciano. Y no olvidemos que la Comunitat Valenciana es la punta de lanza de lo que quiere hacer Moncloa con la Enseñanza Pública en todo el país. No olvidemos que el ínclito Rajoy siempre ha dicho que "el modelo de Camps es el modelo que es bueno para España".
De modo que significa mucho silenciar un fraude en los desdobles.

Vidas sin valor o la paradoja sanitaria de cerrar las puertas del Lázaro canario.

La paradoja es una realidad que siempre nos coloca en el límite mismo de la incomprensión, en el borde de cuestionarnos lo que sabemos o creemos saber y lo que la realidad se empeña en mostrarnos en contra de esas seguridades que creíamos tener. Vamos, que nos coloca en ese sitio en el que nunca queremos estar y siempre nos deja incómodos: la necesidad de cambio.
Y la paradoja que supone del cierre por falta de recursos del Proyecto Lázaro, único centro que prestaba asistencia sanitaria gratuita y cobijo a los enfermos de SIDA sin techo y sin hogar en Canarias, nos arroja a una serie de paradojas que hace que nos veamos en la obligación de cuestionarnos muchas cosas.
La primera de ellas es que ese centro, precisamente ese, estaba regentado por Cáritas. Resulta curioso que un centro de infectados del HIV, al que más de una santa representada cinematográficamente ha considerado un castigo de dios, que siempre se ha vinculado desde los púlpitos ultramontanos y las salas vaticanas al vicio y la depravación sexual, sea gestionado por una entidad diocesana. Una paradoja positiva, no nos engañemos.
La segunda es que el cierre, provocado por los recortes, esos continuos, indolentes y locos recortes que aquejan a nuestra sanidad, a nuestros servicios asistenciales y a todo lo que dábamos por sentado como un derecho y que ahora resulta que nuestros gobernantes creen que no lo es, no vienen de un gobierno del Partido Popular, sino de uno que, por su condición de autonomista -como es Coalición Canaria- debería anteponer su sociedad a lo que otros dicen y luchar por ello.
Y la tercera paradoja, quizás la más importante de ellas, viene de una suma de las anteriores y de otras muchas en las que Moncloa se ha hecho especialista desde que las urnas nos arrojaran a este sinsentido de sacrificar a muchos para salvar a unos pocos que, por ende, ni siquiera merecen ser salvados.
Porque, después de que la Educación, la sociedad y la condición aconfesional del Estado, le exijan al PP que recorte los dineros públicos gastados en todos los ámbitos de la actividad religiosa católica, no se recorta en los conciertos educativos valencianos, que se incrementan salvajemente a pasos agigantados, no se recorta en los gastos educativos de la religión en las aulas que suman varios millones de euros por comunidad en cada curso en pago de profesores, ni siquiera se recorta en subvenciones marianas a cofradías, procesiones y entidades sacras varias. 
Se recorta en las dotaciones asistenciales para Cáritas. En eso sí.
Porque no es la Conferencia Episcopal la que sufraga Cáritas -por más que Rouco y sus adláteres lo digan y pregonen- son las aportaciones de las Comunidades Autónomas y el Gobierno Central la parte de león de sus ingresos.
Así que, cuando toca recortar a la Iglesia se le corta el grifo en lo asistencial, se el cortan los fondos en la única labor que es esencial y además en un lugar, Canarias, en el que es la única que la asume para los que viven en la calle y no tienen recurso alguno.
Moncloa, su área económica y sus recortadores a ultranza toman la decisión no porque Cáritas sea una organización religiosa, sino porque lo que hace es una tarea asistencial.
Convierten el reclamado recorte en gastos religiosos en el indeseable recorte en gastos sanitarios.
Y lo hacen sin inmutarse y con la aquiescencia de Comunidad Autónoma y Diócesis Canaria de por medio.
Porque la Comunidad podría haber cubierto esa rebaja, detrayendo el dinero de otra parte, realizando algún recorte suntuario que seguramente todavía no ha hecho. Parece que lo intenta, parece que busca financiación y que intenta conseguirla. Pero la previsión es la obligación de los gobiernos que conocen el terreno como son los autonómicos. La reacción está bien, pero la previsión es aún mejor.
Y sobre todo porque si la asistencia sanitaria a través de sus iniciativas solidarias -caritativas, según el concepto católico- fuera una prioridad para la jerarquía católica habrían encontrado el dinero para mantener abierto el centro, hubieran renunciado a un Corpus Toledano o a una misa multitudinaria por la familia y habrían empleado ese dinero para mantener abierto un centro que no solamente aporta tratamiento y cobijo a los enfermos de la isla, sino que además supone un aporte sanitario importante para toda la sociedad insular.
De modo que el cierre del centro es una paradoja ejemplar de lo que le importa y lo que no le importa a nuestro gobierno, de sobre quienes no le importa cargar sus recortes. De que fingen desconocer que detrás de esos números hay personas a lasque condenan a la muerte doblemente, por no tener acceso a sus medicaciones y por no tener acceso a un lugar en el al menos pernoctar con unas mínimas garantías de llegar al siguiente amanecer. Y es una paradoja, quizás más ejemplar todavía, de lo que le importa y no le importa a la jerarquía eclesial.
Los unos, pudiendo recaudar y recuperar dinero otorgado a la jerarquía católica en otros muchos conceptos eligen los ámbitos sanitarios y asistenciales como objeto del recorte y los otros, pudiendo renunciar a otros gastos mucho más inútiles, suntuarios e innecesarios, aceptan el recorte en la asistencia sanitaria a ese colectivo en concreto sin mover un solo dedo para evitarlo.
A los unos no les importan por desahuciados y a los otros por pecadores.
Pero, en cualquier caso, los que pierden son los enfermos, la sanidad canaria y toda la sociedad de la isla en su conjunto.
Moncloa por lo menos tiene la excusa de su cerril obcecación ideológica neocon -que es excusa solamente, no justificación- pero ¿qué excusa pueden dar los jerarcas episcopales?
Unos y otros estarán orgullosos. 

Lo pensado y lo escrito

Real Time Analytics