sábado, mayo 26, 2012

Y haz que se nos caiga a todos la cara de vergüenza (dedicado para los que están desesperados)


Si tus horizontes se tuercen, se han cerrado, se han tornado tormentosos y fríos, no les pidas ayuda porque nada han de darte.
Si, como canta el cantor, estás con un futuro indiferente porque no puedes escapar del presente ni huir hacia el pasado, no grites, no pidas, no exijas, no supliques. No les busques con los ojos llorosos porque no han de devolverte la mirada.No les sigas con las manos indigentes porque las estrecharán con la flaccidez de aquel que no cree en el saludo que está dando, apoyaran su lustrosa mano en tu hombro y seguirán avanzando para hacerte de lado.
Si el trabajo no llega a tus manos, la comida no llega a tu mesa y la esperanza no llega a tu futuro. No te gires a ellos para exigir justicia porque sus hombros permanecerán encogidos en un eterno gesto de perfecta indiferencia y sus labios seguirán exhalando suspiros de falsa contrición y excusas que te nieguen aquello que ellos te han quitado.
Si el abandono de aquella sociedad que también has creado te invade por los bordes, si la desesperación te convierte en un número más de los millones que no tienen otro color bajo bandera alguna que el negro de su llanto y el blanco de sus noches sin sueño y su desesperanza, no busques en sus leyes porque nada en ellas ni en sus letras está escrito ni dicho para ti; no vayas a sus jueces porque sus sentencias, sus juicios y sus faltas no ven lo que te pasa.
Si una miseria aciaga y repentina te persigue y no puedes vencerla en la carrera que corres contra ella, no gastes ni un segundo de tu cansado tiempo en buscarles a ellos, en mostrarles tu voz y tus heridas, en contarles tu miedo, tu pavor, tu congoja; no abras los resquicios ocultos de esa dignidad que ya ni conceden ante  aquellos que quieren confundir destino con riqueza y justicia con el manto perverso de una caridad mal entendida.
Si estás solo, cansado, penitente, parado, miserable, macilento o exánime no te vuelvas a aquellos que en sus ternos perfectos seguirán diseñando las formas infinitas de nuestros catafalcos.
Sécate la mirada, enciéndela de ira y vuélvete a nosotros.
Y grítanos con rabia que no tiene sentido que sigamos tan quietos mientras tú continúas muriendo.
Agarra nuestros hombros y escupe en nuestro rostro el desprecio que sientes porque queramos conservar las migajas a costa de tu hambre, mantener nuestros puestos a costa de tu paro, soportar nuestras vidas intentando pagar con el inmerecido precio de tu supervivencia.
No les grites a ellos, grítanos a nosotros.
Acumula las fuerzas que te queden y zarandéanos hasta hacernos ver que no podemos seguir en nuestros miedos mientras tu mueres en tus más dolientes miserias, que no podemos continuar en nuestros ritos ni en nuestros escondites mientras tú sufres y pereces expuesto a la intemperie de tu desesperación y bailas hasta el agotamiento la danza macabra con la supervivencia que entre todos hemos coreografiado para ti.
Rúgenos, pídenos, exígenos.
Gírate hacia nosotros y no nos dejes escapar y escondernos tras los gestos baldíos de disgusto, tras los insultos vacíos a políticos y banqueros, tras las críticas silenciosas ni las protestas ociosas.
Vuélvete hacia nosotros y exígenos que por fin alcemos nuestros ojos del miedo del presente y la voluptuosa ignorancia del futuro y luchemos por algo.
Espétanos que es nuestra obligación, que no tenemos derecho a ignorar tu vergüenza, que sobrevivir en nuestra indignidad te ha hecho perder la tuya.
Si ya estás sin un futuro, si se te ha cerrado el horizonte, si vives escoltado de pobreza y de miedo, de paro y de dolor, no busques en cielos, en templos ni en palacios a aquellos que han de luchar por tu vida ahora que tú ya no puedes hacerlo.
Interrumpe nuestras turbias jaranas, nuestros pírricos curros cobardes, nuestras cañas y risas, nuestras supervivencias egoístas e incluso nuestros irrenunciables polvos, exígenos lealtad, compromiso y ayuda y haz que se nos caiga a todos la cara de vergüenza si no nos levantamos en ese mismo instante para luchar por ti.
Hazlo, por favor, aunque no tengas fuerzas. Ya nos va haciendo falta.

Assassin´s Creed 4. Benedictus Cospiration


Ver a un hombre de ochenta y cinco años solo y abatido no es precisamente algo que resulte cómodo de ser observado. Es una de esas escenas que, pese a que  la historia nos sea conocida, siempre nos dejan un regusto de que la cosa podría haber sido de otro modo, de que el relato cuyo final se barrunta podría haber tenido otro principio.
Y esa sensación, ese caldo de cultivo para la más lastimera de las misericordias, se acrecienta cuando el anciano en cuestión que se muestra desmesuradamente débil y parcialmente desvalido, luce sotana blanca y se asoma a un balcón de la Plaza de San Pedro en ese reducto estatal del medioevo llamado Vaticano.
Ratzinger se está muriendo o como se diría en la lengua romance del famoso arcipreste "está siendo muerto".
Y parece que como al can adelgazado todo se le vuelven pulgas. Le salen mayordomos lenguaraces y tramitadores de secretos, le descubren bancos -o institutos de obras de religión, llámense como se quiera- que mantienen los capitales tan blancos como su alba vestimenta y que se dedican a eso y no a la caridad que dicen patrocinar.
Y así toda una suerte de, como también diría el título literario, una serie de catastróficas desdichas que recaen sobre los macilentos y casi exánimes hombros de un anciano.
Y eso parece injusto. Y eso debería ser injusto.
Pero no lo es.
Porque el albo prelado austriaco está en uno de los momentos más evangélicos de su pontificado, está en uno de los instantes en los que debería saber desde hace años, incluso antes de acceder al solio romano, que iba a estar.
Porque, como dijera el mercenario Saulo después de que la borrachera y la rabia le tiraran del caballo: "No os engañéis; (...) pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará."
Y para Joseph, el cardenal que quiso restaurar la cruzada en Ratisbona, ha llegado el momento de la siega. Aunque lo que se siegue sea la hierba bajo sus pies.
Porque la jerarquía que está matando a Ratzinger -con conspiraciones pueriles o con quebrantos continuos- es la mies que el inquisidor austriaco lleva años plantando en esa jerarquía que ellos llaman iglesia y que la verdadera iglesia siempre llamará jerarquía.
Toda suerte de conspiraciones de salón, de traiciones de alcoba, de movimientos versallescos de pasillos y cenas vespertinas, más propias de un hipotético episodio vaticano de Assassin´s Creed que de una institución plantada en el siglo XXI, son el resultado de la estrategia que el hombre gris austriaco puso en marcha para él y para su iglesia hace ya muchos años, incluso mucho antes de sentarse donde el miedo de los prelados y los intereses de otros le colocaron.
Roma es lo que Ratzinger siempre quiso que fuera y eso le está matando.
Su obsesión por la pureza en la fe y en el rito, en la estructura y en la jerarquía, le han llevado a donde está, a verse en medio de una danza mortal veneciana -o vaticana, para el caso es lo mismo- y en un remedo absurdo de la muerte medieval de Alejandro Borgia.
El vicario inquisidor paró su iglesia, se esforzó por hacerlo, puso su empeño en conseguirlo y al final lo logró. Por eso muere solo, acosado y desnudo como lo haría cualquier señor feudal del medioevo que hubiera perdido su poder y el vasallaje de aquellos que lo sustentaban.
El octogenario nada voluptuoso que ahora es Ratzinger se empeñó en que su institución estuviera quieta, no se moviera, no evolucionara. Y esa quietud hace que siga comportándose como cuando era otra cosa, como cuando era un estado, como cuando era un reino, como cuando era medieval.
La siega en la participa a regañadientes el cardenal austriaco es producto de sus miles de siembras.
Ha sembrado silencios impuestos entre teólogos y pensadores que querían una evolución del pensamiento que sacara a Roma del medievalismo arcaico de algunos de sus preceptos, ha sembrado castigos entre todos aquellos que querían modernizar, democratizar o simplemente hacer más trasparente un sistema de gobierno jerárquico que no había cambiado en lo esencial desde los albores del Renacimiento.
Ha esparcido semillas en todos los rincones llamando a sus mesnadas de inquisidores -algunos de ellos españoles- a los despachos romanos para que le ayudaran a impedir ese movimiento.
Ha abierto surcos en la tierra desde Ratisbona hasta África alentando enfrentamientos religiosos que son propios de los tiempos de la espada y la cruz en el pecho y no de nuestro siglo.
Ha desalentado a los que se mueven, ha recuperado para su causa y sus filas a los que no lo hacen desde Lefevbre hasta los neocatecumenales; ha desautorizado a los que denuncian y ha ocultado a los que merecen ser denunciados.
Ha promovido el silencio y el secreto como arma de defensa de aquellos que no merecerían ser defendidos por sus delitos, sus faltas o simplemente por sus monstruosidades.
Ha querido que Roma siguiera siendo medieval. Y a fe que lo ha logrado. Por eso Roma ahora le mata al más puro estilo de intriga palaciega medieval.
Ha preferido la imagen a la legalidad y acuciado por su obsesión de volver a hacer grande la Iglesia -o la imagen eclesial de la jerarquía, que no es lo mismo- ha olvidado que cuando lo era, funcionaba así, se movía así, se gobernaba así y mataba así. Como ahora le está matando a él.
Puede que algunos de los que comparten la fe y hasta la jerarquía con Ratzinger y su corte vaticana no estén de acuerdo con esto. Pero un simple vistazo a lo que ha querido el pontífice austriaco que sea la iglesia y a la historia de la jerarquía eclesial y El Vaticano nos demuestra que Roma está haciendo lo que quería Ratzinger que hiciera. Está siendo medieval.
Por eso Ratzinger está muriendo como el papa Alejandro, como Julio II. Y  lo que le está matando no mata solo a Ratzinger. Está matando a Roma.
Y hasta es posible que los que miran con tristeza la situación de aquel que aceptan como director de sus almas sin haberle elegido como tal y ahora lloran por Roma y su vicario no debieran hacerlo.
Si Roma muere matando a Ratzinger, aunque sea a la vista del mundo, quizás por fin puedan resucitar lo que dijo y pensó de verdad el loco nazareno que les sirve de guía.
Y los demás, al menos aquellos que supimos tiempo ha en la puerta de un templo que el prelado austriaco jamás la abriría por miedo a que su iglesia se moviera, tan sólo podemos hacer lo que haría el mítico personaje experto en conjuras renacentistas del juego de asesinos al atisbar desde las azoteas el fin de un señor feudal que no quiso dejar de serlo en ningún momento.
Echarnos la capucha sobre el rostro y dar la espalda a la desdicha y muerte del blanco inquisidor, susurrando entre dientes: Cosecha lo que sembraste, cardenal, cosecha lo que sembraste.

jueves, mayo 24, 2012

La fusión financiera en la miseria


El siguiente paso en laevolución de la economía nacional. Ahora queda claro.

El spam más hermosamente falso del año 2012

Hace dos años cuando ya pareciá que todo era espantoso y no podía ir peor me emcontré con una suerte de panfleto milenarista en mi correro electrónico.
Hoy, que se sabe que las cosas van a ir peor me lo he vuelto a encontrar. 
Pero como ahora lo que se estila es la versión, la actualización y la modernización pues han hecho lo que hace el cine con los comics, los libros con los libros antiguos y la televisión consigo misma. Lo han versionado y adaptado a la segunda ola de milenarismo que nos invade.
Ahora el correo de marras habla de nosotros, es identico pero cambiando las fotos parece que habla de nosotros. Para quepensar algo nuevo que, como hace horas me ha recordado una miga que dicen los irreverentes Les Luthiers "el que piensa, pierde"..
Así que me veo en la obligación de decir lo mismo más o menos que por entonces.

A saber:
Lo malo de tener correo electrónico no es el spam voluntario, comercial, fraudulento o publicitario. Lo malo no es que te ametrallen a ofertas de viagra, de loterías millonarias y de premios por ser el visitante un millón de tal página o tal otra -es curioso cuantas veces se puede llegar a ser el visitante un millón de la misma página incluso sin haberla visitado nunca-. Lo peor del correo electrónico es lo que podría definirse como el spam del por si aca.
Son esos correos en cadena que, de vez en cuando, te llegan de amigos, de gente de toda confianza, incluso de personas que suelen vivir su vida real con los pies en la tierra, pero que, de repente, deciden seleccionar su lista de correo y enviar un Power Point -siempre suele ser un Power Point e ir escrito en femenino, no se por qué motivo- con doce principios budistas, diez frases escogidas del zen, veinte proverbios árabes o cualquier otra cosa "por si aca" se cumplen las veladas amenazas de apocalipsis vital que se anuncian en caso de romper la cadena o "por si aca" se cumplen las explícitas promesas de plenitud y felicidad en caso de que se de circualción al correo.
Pues hoy ha llegado a mi bandeja de entrada uno de esos correos de la filosofía del "por si aca" y además me he enterado de que debe haber una especie de concurso entre los Power Points de ese estilo porque, ni más ni menos, me ha llegado como el mejor email del año. Y yo, como no soy de reenviar cosas de estas -aunque he de reconocer que en ocasiones lo he hecho y sigo sin ser rico y sin ser amado, por cierto- he decidio realizar mi peculiar aportación a esta cadena en particular.
El correo es, en esencia, una serie de fotografias, convenientemente ordenadas en la inevitable presentación en Power Point, eso sí, que muestran a personas - en su versión original la mayoría chinas y africanas, ahora ya son mas blancas, más occidentales, más atlánticas¿por qué será?- en situaciones de extrema pobreza, miseria, explotación, hambre y muerte. Las frases que las acompañan establecen continuos paralelismos entre la situación que muestran las fotografías y las quejas más comunes en el entorno del español -y el occidental, por ser más universal- medio, como lo son los problemas económicos, la falta de acceso a determinados bienes de consumo -hacía años que no utilizaba esa expresión- la soledad, la falta de amor o de amistad, etc. En definitiva, la imposiblidad de ser felices tal y como entendemos los occidentales la felicidad.
Y hasta ahí va bien. Es conveniente recordarnos de vez en cuando a los habitantes de esta parte del mundo que nuestros criterios de felicidad están un tanto hinchados, que nuestros mínimos de supervivencia exigidos y deseados son el máximo inalcanzable en las tres cuartas partes del mundo, que nuestras quejas universales son tan injustas como improcedentes. Que somos unos llorones y no tenemos el más mínimo derecho a serlo, al menos por nosotros.
Pero lo que hace del mejor correo del año un ejercicio baladí, un envío absurdo y casi perverso es que se acaba ahí. No es la primera parte de nada, se agota en si mismo. Nos dice que no tenemos derecho a las lágrimas innecesarias, pero no nos dice que esas lágrimas son de cocodrilo.
Como en todo, hay varios finales -este tipo de correos tienden a ser cuanticos y alterar sus finales en virtud de los objetivos de aquel que los envía- pero todos ellos son igual de deseperantemente vacíos, inútiles, tan innecesarios como las quejas y llantos que critican.
El primero reza así -y digo reza con toda precisión-.

La próxima vez que hagamos un berrinche, que lloremos por un capricho, que nos quejemos, que critiquemos, que ignoremos, que nos ceguemos en nosotros mismos, preguntémonos:
¿Nos ha faltado comida, trabajo, abrigo, amor, cariño, amistades familia?
Verdaderamente,
¿Nos ha fallado Dios?
(y me niego a reproducir los colorines, las faltas ortográficas y los errores de puntuación)

Aparte de la urticaria que suele provocarme la mención de la divinidad cuando se abordan los problemas del mundo, lo que realmente me produce sarpullido es el hecho de que nadie dice que se tenga que hacer nada para solucionar esa situación.
No te quejes porque estás mucho mejor que ellos, consideraté afortunado porque alguien -en este caso dios, pero podría ser el karma, el destino o cualquier otra cosa- ha decidido que, en el reparto arbitrario -y al parecer inmutable- del mundo, tú tengas una fortuna medianamente aceptable. Tienes suerte de estar mejor que ellos, así que, no sólo debes resignarte a no pedir nada mejor, sino que además debes dar gracias por lo que tienes. La situación está así y dios -en este caso- te ha colocado en el grupo de los favorecidos, así que debe considerar necesario que haya desfavorecidos y nadie debe cuestionarlo. Sólo agredecer el hecho de no tener que pasarlo como ellos.
El final de este correo electrónico del año carga sobre los hombros de dios la responsabilidad de lo que ocurre y de evitar que siga ocurriendo, nos libera del deber de impedir que las cosas sigan así, nos exonera de toda obligación de trabajar, de esforzarnos, de buscar formas de arreglar las cosas. Eso ya lo hará dios. Nosotros tenemos que dar gracias porque nos hizo nacer a este lado de la línea. Punto final.
No me extraña que le hayan votado como el mejor correo del año. Nos hace mirar hacia nosotros mismos -lo que más nos gusta-; nos recuerda que tenemos el derecho e incluso la obligación de sentirnos felices pese a la infelicidad de los demás -lo que más queremos- y nos dispensa de toda responsabilidad en el esfuerzo del cambio -lo que más tememos-. Una joya, vamos.
Pero hay otro final, otro en apariencia más comprometido, más solidario, pero igualmente falaz.

Somos afortunados, tenemos mucho más de lo que necesitamos para ser felices...
Vamos a intentar no alimentar este ciclo sin fin de inmoralidad en el que esta sociedad 'moderna y avanzada' olvida e ignora los otros dos tercios de hermanos y hermanas.
(este, como es más serio y comprometido, va sin colorines)

Es un avance, pese a que todavía rezuma terminología religiosa implícita, pero sigue sin acercarse de lejos a lo que, en mi molesta opinión, es el quid de la cuestión.
De nuevo se olvida de que esas lágrimas que vertemos por nuestra infelicidad -interna o externa, espiritual o material- no son sólo innecesarias, egositas e injustas. Son lágrimas de cocodrilo. Se olvidan de que el actor determinante para que esos "dos tercios de hermanos y hermanas" las pasen putas -por resumir- somos nostros.
Se olvida -¡bendito olvido!- de recordarnos que nosotros somos los culpables de esa situación, de decirnos que no se trata de no protestar por no tener unas zapatillas de marca, sino de impedir que esas zapatillas de marca se fabriquen con el sudor y la sangre de niños.
Se olvida de recordarnos que las dos terceras partes de la tierra no tienen lo suficiente para comer porque nosotros tiramos los recursos por el sumidero todos los días y a todas horas.Se olvida de comentarnos que el ochenta por ciento de las guerras están mantenidas por los que se lucran con las acciones que nosotros hacemos todos los días y que, según el correo electrónico del año, debemos considerar como suficientes para ser felices.
Se olvida de decirnos que "esta sociedad moderna y avanzada" no es una entelequia, somos nosotros. Se olvida de decirnos no que no tenemos derecho a quejarnos -que es cierto- sino que no tenemos derecho a no hacer nada para evitarlo. Se olvida de decirnos que no olvidamos e ignoramos a dos tercios de la población del mundo, sino que -aunque sea involutariamente- los estamos matando.
Se olvida de comunicarnos que no deberiamos poder disfrutar de la felicidad -al menos la material- que tenemos porque se fundamenta sobre la infelicidad de otros.
El correo del año vende lo que somos y que tenemos derecho a serlo a todos los que quieren comprarlo. Ofrece un viagra emocional a todos aquellos que necesitan saberse felices mirando solamente el ombligo de su existencia, anuncia el premio en la loteria del reparto universal de roles, suertes y destinos.
Nos convierte en el visitante un millón de la página en la que hemos ganado el inmerecido trofeo de una existencia feliz, aunque no sepamos verlo.
Por eso el correo del año no es otra cosa salvo spam. Bellamente camuflado, pero spam. Por lo menos no anuncia desgracias si no se reenvía. Algo hemos avanzado

martes, mayo 22, 2012

Ni confesar es lo que era en el sindicato del maltrato


En estos tiempos que nos han tocado, más aciagos que convulsos por mor de nuestra incapacidad para movernos ante la adversidad, hay gentes y colectivos que demuestran, mucho más que otros, que eso de la inmovilidad es un achaque evolutivo que aqueja a más de uno en nuestros días.
Los hay -o las hay, que en esto la paridad se deriva hacía ellas, lo siento- que se siguen aferrando a los mismos feudos, las mismas premisas y a los mismos errores.
Y como muestra un botón:
"Tercer crimen por violencia de género en la región. Un vecino del distrito de San Blas, Ignacio Angui M., de 46 años, ha degollado esta tarde a su esposa, Isabel Gamero J., de 45 años, en el domicilio familiar. Instantes después, llamó al teléfono de emergencias 112 y confesó al operador lo que acababa de hacer, según confirmaron fuentes policiales. No había denuncias previas por malos tratos en la pareja".
Parece que es párrafo más de esos que se estilan -cada vez menos en portada- tras un titular como "Un vecino de San Blas degüella a su esposa y se entrega" sobre el terrible relato de un crimen de los llamados de género, que deberían ser considerados afectivos para que también pudieran contabilizarse los que realizan las mujeres contra sus relaciones afectivas.
Y ahora tocaría hablar de lo de siempre. Que dan por sentado un hecho que no se ha juzgado, que hacen caso omiso de la presunción de inocencia, que contabilizan el asesinato como de género sin saber ni indagar en las motivaciones -por cierto, casi a mes de junio,¿ sólo hay tres casos en la Comunidad de Madrid? ¡Parece que alguien está empezando a echar bien las cuentas!-
Pero eso sería redundar en lo de siempre.
Así que sobre este párrafo solamente diré una cosa.
El autor del mismo, el que la ha facilitado la información, el editor que ha permitido la publicación del mismo y el medio de comunicación que lo ha publicado son así, bote pronto, responsables de al menos tres delitos.
¿De verdad creen que si facilitas la dirección, la edad, el nombre y el primer apellido de una persona --unidos a los mismos datos de su esposa muerta- basta con poner la inicial del segundo apellido para proteger su identidad?, ¿cuándo hemos pasado de las tres iniciales a intentar burlar la ley de protección de datos, la de protección de la intimidad, la de derecho al honor y unas cuantas normas de seguridad procesal para identificar abiertamente a un detenido por un delito del que ni siquiera  ha sido aún acusado formalmente?, ¿tan ávido el emporio que vive y medra con el mito de la violencia machista con lograr nuevas víctimas que sus adláteres ya incumplen la ley abiertamente?
Y aquí acabaría este post -quizás con una pregunta casi retórica y ciertamente amarga del tipo ¿por qué no se persiguen de oficio estas violaciones de la ley?- si no hubiera una segunda noticia y un segundo titular.
El detenido por la muerte de su esposa en San Blas queda en libertad
El detenido por la muerte de su esposa el pasado viernes en el barrio de San Blas quedó ayer en libertad. La Jefatura Superior de Policía ha informado de que no tiene la certeza de que el hombre fuera el autor del degüello de su esposa, como se barajó inicialmente.
Vaya hombre, ¡Que contrariedad!
Hemos dado nombre apellido, edad y filiación completa de un individuo que resulta que ni siquiera está acusado del delito del que nosotros le hemos convertido en autor.
Y de repente, por arte de magia, ya no "ha degollado esta tarde a su esposa" sino que "se barajó inicialmente" esa posibilidad.
¿Porque no dijimos eso en la primera información? Pues porque  queremos que haya víctimas de violencia de género para seguir pudiendo justificar nuestras posiciones, nuestros rocamboles ideológicos y nuestras premisas que los números y las realidades nos tiran un día tras otro.
Y por el arte de la magia de la segunda edición, en el titular el que "se entrega" pasa a ser "el detenido".
¿Por qué será? Pues es tan obvio como trágicamente insostenible. Porque, en la primera noticia, si se ha entregado es porque ha reconocido su culpa de forma tácita y eso parece que nos justifica para tratarle, catalogarle y contabilizarle como un asesino cuando no lo es, cuando ningún juez le ha procesado por serlo, cuando ningún fiscal le ha acusado de serlo, cuando ningún jurado le ha condenado por serlo.
Pero claro si ponen en libertad al pobre hombre, pues va a ser que no se entregó porque si no estarían liberando a un asesino que ha reconocido su crimen.
Así que pasa de asesino confeso a detenido sin cargos porque, desde que es puesto en libertad, ya no se puede mantener la ficción de que se conoce a ciencia cierta su culpabilidad gracias a su confesión.
Si es que ya en esto de la engrandecida violencia de género ni las confesiones son lo que eran.
Pero lo curioso es que en la primera noticia se asegura que la policía informó de que el hombre había confesado su delito al 112 en una llamada al servicio de emergencias.
¿Se equivoca la policía?, ¿se equivoca quien recibe la llamada en los servicios de emergencia?
La respuesta es atronadoramente clara. Ninguno se equivoca. Simplemente el informador miente, dice lo que quiere para obtener la realidad que desea.
Porque uno, que de vez en cuando tira de colegas para estas cosas, lee en el parte oficial de la policía y en el comunicado de prensa de la misma la frase "llamó al 112 para informar de lo ocurrido, motivo por el cual se desplazaron hasta esa dirección tres dotaciones del Cuerpo Nacional de Policía".
Y alguien -no me pregunten quién porque ya lo saben- ha trasformado eso en que el hombre confesó, ha querido interpretar que lo ocurrido es que el hombre había degollado a su esposa y que se lo dijo al 112, confesando con ello su crimen y permitiendo al comprometido redactor sumar a la exigua lista de violencia de género madrileña un caso más que engrandezca los intereses de aquellas a las que apoya el -o por lo menos su medio de comunicación, que esto no parece algo personal del redactor-.
¡Pues una nueva contrariedad! ¡Va a ser que vamos a tener que leer los partes policiales con algo más de atención!
Y esto es lo curioso, lo tristemente repetido una y otra vez aunque, ahora que no se cuenta con cobertura gubernativa y de política correcta para ello, cada vez canta más y queda peor.
Pero hay algo que no es curioso. Que es repugnante.
Durante toda la segunda información, la que cuenta la historia real, la que exonera a un hombre -al menos de momento- de una acusación que no ha recibido y de un crimen que no ha cometido, no se refleja ni nombre, ni apellido, ni edad, ni ningún tipo de dato de los que se soltaban en cascada en la primera información.
Nadie sabrá, si lee esta noticia sin haber leído la anterior, a quien no debe considerar un asesino, a quien el juez ha dejado en libertad, a quien injustamente un emporio ideológico disfrazado de medio de comunicación ha arruinado la vida.
Ni siquiera son capaces de asumir la responsabilidad de descolgar de la cruz a aquel que han crucificado precitada e injustamente. No son capaces de reconocer un error –malintencionado, pero un error-  y pedir perdón por ello.
Quizás la Asamblea de Madrid no debería haber desconvocado el minuto de silencio que apresuradamente convocó antes de tener claro si se trataba de un crimen de violencia de género -es curioso, nunca los convocan por cualquier otro tipo de asesinato-.
Quizás debería haberlo mantenido en señal de duelo en memoria de la profesionalidad informativa de los medios.
Requiescat in pace. La mujer muerta y la ética periodística del sindicato del maltrato.

Lo pensado y lo escrito

Real Time Analytics