domingo, junio 28, 2015

Referendo, pasión y el insulto de falsos demócratas.

"Los referendos los carga el diablo del azar y/o la pasión"
La reflexión tiene su punto de verdad pero... ¿quién la ha dicho y/o escrito?
Diriasé que puede partir de cualquiera que cuestione la necesidad de recurrir a los ciudadanos a la hora de decidir sobre el futuro de esas entelequias llamadas naciones, o que parte de la idea de que solo una élite -por preparación, por abolengo o por dinero- está capacitada para decidir sobre el futuro de todos o incluso de los bien intencionados que defienden que hay que buscar el bien de todos de forma paternalista y comprensiva porque ellos no son capaces de conocer ni saber lo que es bueno para ellos.
Si nos ponemos a malas podría haber salido del totalitarismo en cualquiera de sus rostros más conocidos: Stalin, Hitler, Franco, Mao Tze Tung, Mussolini, Castro, Chávez, Perón o Pinochet; si nos ponemos históricos podría proceder de cualquier famoso monarca absolutista desde El Rey Sol hasta Ricardo Corazón de León y si la miramos con una cierta benevolencia podríamos asignársela a cualquiera de esos que desde Jovellanos a Carlos III y desde el "Padre Tito" hasta el General Primo de Ribera querían que la prosperidad del país llegara a despecho de las incapacidades culturales y reticencias de las sociedades sobre lasque imponían su criterio.
Pero no. Esa frase es un molde que llevan repitiendo medios de comunicación, políticos  y opinadores en este país desde que han conocido que Alexis Tsipras ha decidido poner en manos de la sociedad y el pueblo griegos la decisión sobre el acuerdo de rescate con la Unión Europea -¡Uy perdón, con los bancos de la Unión Europea-.
Y todos ellos se hacen llamar demócratas.
¡Claro que es verdad!, ¡Claro que la ciudadanía puede decidir con la víscera o con la pasión!, ¡Bienvenidos a la democracia!
Lamento tener que ser yo quien les diga que su definición no especifica que la soberanía reside en el pueblo "si este decide racionalmente y sin caer en apasionamientos viscerales" o algo parecido.
¿Acaso creen que la visceralidad no influye cuando se elige a los gobiernos de los partidos políticos, ¿acaso quieren convencernos de que la emotividad por el 11-M no influyó en la elección de José Luis Rodríguez Zapatero?, ¿acaso aspiran a convencernos de que la visceralidad del miedo a ETA no influyó en la elección de José María Aznar tras su atentado?
Cuestionar un referéndum porque tienen el azar o la pasión como factores es cuestionar cualquier proceso que se base en los sufragios de los ciudadanos porque esos elementos estarán siempre presentes. Así que en esencia es cuestionar el valor de la democracia como forma de gobierno. Y eso no se puede hacer mientras te haces llamar demócrata.
Y aún hay mas
"Del tono y contenido de la convocatoria queda claro que su Gobierno no busca nueva legitimidad democrática para una modificación de sus promesas electorales en sentido realista, sino una votación contraria a las últimas propuestas del resto de los Diecinueve, en clave de orgullo nacionalista". Esto es un párrafo del editorial de hoy de ese periódico llamado El País que siempre se engloba en las filas de los demócratas.
O sea que si se convoca un referéndum por pragmatismo financiero sí se es demócrata; si Tsipras hubiera convocado la consulta pidiendo el sí para el acuerdo entonces sí hubiera sido un defensor de la democracia pero como pide el no y ,según ellos lo hace por nacionalismo -palabra demonizada en España, salvo cuando hace referencia al nacionalismo español, claro está- entonces es un irresponsable.
¡Bienvenidos de nuevo a la democracia! A esa democracia que no especifica que es el mejor de los sistemas posibles porque se basa en la decisión de la mayoría "si la decisión que toma la mayoría me viene bien".
Desde El País hasta La Razón están en su derecho de defender eso, desde el PSOE hasta el PP están legitimados para mantener esa postura. Pero, si lo hacen, dejen de insultarnos a los que de verdad creemos en la democracia llamándose demócratas.
Vivo en un país que es una monarquía cuando soy republicano, creo que el recurso al aborto es una irresponsabilidad -salvo en las situaciones que todos tenemos en mente- en una sociedad avanzada como la nuestra que tiene múltiples formas previas de evitar la maternidad y la paternidad sin conflicto alguno de derechos, soy ateo y vivo en un país que como mucho es laico y ni eso, soy de izquierdas y resido en un país gobernado con mayoría absoluta por un partido conservador, liberal y católico.Y lo respeto y convivo con ello, aunque intento cambiarlo, porque soy demócrata, porque es el producto de las decisiones democráticas, directas o indirectas de los habitantes de España.
Intento convencerlos de que voten otras cosas, pero ni se pasa por la cabeza negarles el derecho a votar y pensar que hay que evitar que puedan pronunciarse porque me viene bien. Y más cuando aquellos a los que siempre ponen de ejemplo en estas cosas, los alemanes, no hace un mes que defendían lo contrario
Así que, les pido por favor que dejen de llamarse demócratas si defienden eso. Lo considero un insulto directo a mi persona.

Código Penal y síntomas de un nuevo mal social.

El nuevo Código Penal que entra en vigor el próximo miércoles es, como todo lo que en la vida abarca muchos ámbitos, una amalgama casi a partes iguales de buenas intenciones, errores, aciertos, manipulaciones arteras y síntomas de otras cosas.
Y en esto de la política y la justicia los síntomas terminan siendo muy importantes.
Con el nuevo Código Penal los grandes partidos, que ahora llamamos tradicionales, ya estarían disueltos, sus altos cargos inhabilitados para el ejercicio de la política y sus sedes cerradas. Y eso es un síntoma innegable de hasta que punto la corrupción se ha instalado en nuestra política. Desde Filesa hasta Gürtel, Desde Los ERE andaluces hasta las tarjetas Black de Bankia, desde Merca Sevilla hasta el caso Palau.
Con el nuevo Código Penal ninguno de los partidos, que ahora llaman emergentes, estarían disueltos, ni sus líderes inhabilitados para el ejercicio de la política, ni sus sedes cerradas. Y eso es un síntoma de hasta que punto se han magnificado los errores de sus dirigentes en un intento de extender la mancha de la corrupción a todos los partidos por parte de aquellos que ya tenían la suya completamente ennegrecida por ese vicio. Pese a los pagos del venezolano a Monedero, pese a La Tuerka, pese al sueldo de Íñigo Errejón.
Y, no voy a negarlo, la sola aprobación de un Código Penal que contiene estos delitos es un síntoma de que los grandes partidos parecen haber comprendido que no pueden hacer lo que les da la gana con el dinero que gestionan cuando gobiernan. 
Aunque también es un indicio de que no están dispuestos a asumir la responsabilidad de lo hecho hasta ahora. Más que nada porque nadie en esos partidos pide la aplicación retroactiva del cambio legal -cosa que por ejemplo sí exigió a gritos el PP con la Ley de Partidos y la Doctrina Parot, por ejemplo-.
Pero la norma que dirigirá la actividad penal de nuestros tribunales es síntoma de muchas otras cosas.
Los jueces pierden la potestad sobre tres millones de infracciones y eso puede interpretarse como una forma de acelerar la justicia pero el hecho de que el mismo día entre en vigor la Ley de Seguridad Ciudadana - o sea la Ley Mordaza- en la que recae sobre la policía la potestad sancionadora directa, que se considere su testimonio como una carga de prueba irrefutable o les habilite para cachear, para imponer sanciones a quien les grabe en manifestaciones y para imponer multas sin intervención judicial previa lo convierte en síntoma de un giro totalitario que pretende sacar a los jueces como factor de la ecuación balanceada que debe existir entre libertades y  orden público y des equilibrarla en favor del poder Ejecutivo.
Se endurece la pena para los delitos de odio, agravados si las ofensas a las víctimas de terrorismo o de antisemitismo se hacen a través de Internet. Y eso podría ser síntoma de una mejora en la concepción de lo que es la dignidad social e histórica, pero el hecho de que se agrave solamente en esos colectivos se antoja un síntoma de que se pretende seguir instrumentalizando a esos colectivos en beneficio político propio, Y sobre todo la coincidencia con casos como el del concejal madrileño Zapata lo transforman en un anuncio de que se pretende criminalizar la opinión el único objetivo de deshacerse de la oposición política.
En resumen, que el Código Penal que regirá la justicia española desde el próximo miércoles es un síntoma de la enfermedad que aqueja a nuestros gobernantes, indicios del trueque que lleva intentando vendernos el Gobierno desde que pisara Moncloa. Nos da lo que queremos en la corrupción -aunque tarde, mal y para otros- a cambio de quitarnos o restringirnos de forma intolerable el derecho a disentir de sus designios.
Nosotros veremos si queremos aceptar ese cambio. Y tenemos hasta noviembre para hacerlo.

sábado, junio 27, 2015

La dignidad defendida y la tentación totalitaria

Lo hicieron, lo hacen y lo seguirán haciendo.
El proceso kafkiano -en el sentido literal de la palabra- contra el concejal de Ahora Madrid Guillermo Zapata por reproducir en las redes sociales  -que no inventar- dos desafortunados chistes sobre Irene Villa y el pogromo nazi del pueblo judío ha vuelto a demostrar otro de los vicios totalitarios que los partidos tradicionales de este país tienen: el control e instrumentalización de los movimientos asociativos.
Y digo totalitario porque intentar imponer un pensamiento -por muy progresista u honorable que pueda parecer- es una forma de actuar totalitaria. Ya sea la dignidad de las víctimas del terrorismo, la memoria de los exterminados en la barbarie nazi o la dignidad de las mujeres maltratadas, por poner tres ejemplos muy elementales y muy traídos y llevados en tierras patrias con uno y otro gobierno.
¿Nos acordamos de cuando el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero intento imponer una ley en que una mujer era acosada en el trabajo por unos "criterios objetivos", independientemente de que ella se sintiera acosada o no?, ¿se nos viene a la memoria cuando el Partido Popular intento imponer su concepto de dignidad de las victimas del terrorismo a los familiares de los asesinados por el yihadismo furioso en Atocha ese aciago 11 de marzo?
Ahora ocurre lo mismo. Irene Villa no se siente ofendida por el chiste de Zapata -ni por ningún otro sobre su persona, según parece-. Lo dice en la radio, lo dice en Facebook, los dice en Twitter por activa y por pasiva. Pero el fiscal decide "de oficio" que su dignidad ha sido ofendida.
La comunidad judía sefardí guarda silencio, lo cual es decir mucho de una colectivo que está siempre ojo avizor y con razones históricas de sobra ante el antisemitismo, pero el gobierno decide que Zapata es un antisemita que merece cárcel y condena por ello.
Desde Luis Herrera hasta la fiscalía intentan convencer a los supuestos actores pasivos de este drama inventado y magnificado con finas puramente político de que se sientan ofendidos en su dignidad y cuando no lo consiguen ponen en marcha a sus quinta columnistas asociativos.
Como hicieran las asociaciones y observatorios feministas con el maltrato y el acoso, como hiciera la AVT con los familiares de los muertos en el 11-M, entran en escena quienes nada tienen que ver en el asunto para imponer el criterio que al gobierno que les financia y mantiene le interesa que se imponga.
En este caso se llama Asociación Dignidad y Justicia. Pero podría llamarse Observatorio de Violencia de Género, Asociación Peones Negros, Asociación de Mujeres Divorciadas o AVT.
Se arroban la representación de quien no quiere que les representen, la superioridad moral y el derecho de pensar por ellos y a hablar en su nombre. 
Vamos, lo mismo que hacían las asociaciones abertzales pro etarras, amenazando a los familiares de los presos y a los propios reclusos de la banda a mostrarse a favor de lo que ellos llamaban "lucha armada", aunque no quisieran hacerlo; o lo que hacían los camisas pardas en el Berlín de 1931 forzando el saludo de todo alemán que se encontraran por la calle ante la inminente amenaza de una paliza en toda regla.
No es cuestión de dudar de que los objetivos iniciales de estos colectivos instrumentalizados por cada gobierno, pero si del hecho de que se conviertan en herramientas para la imposición de una forma de ver las cosas, de entender el mundo que los gobiernos pretenden que toda la sociedad asimile por la fuerza.Solamente porque reciben el apoyo y la subvención del gobierno de turno para hacerlo.
La definición de dignidad personal, sea de las víctimas del terrorismo, de las mujeres maltratadas, de los supervivientes del pogromo nazi, de los hombres maltratados o de cualquier otra persona es responsabilidad individual de cada uno de ellos y ha de respetarse como la vive cada uno sin utilizar esa defensa con fines políticos y electorales.
Que a lo mejor conviene recordar a Proudhon de forma literal:«El derecho es para cada uno la facultad de exigir de los otros el respeto a la dignidad humana en su persona». Pero para cada uno, que conste. 
Todo lo demás es totalitarismo ideológico en estado puro.

El radicalismo real de ese gobierno griego "radical".

Durante meses los expertos y opinadores políticos europeos han criticado al gobierno griego encabezado por Alexis Tsipras por su negativa a ceder en las negociaciones de la deuda griega. 
Han escrito de ellos que eran inconscientes, ingenuos, cabezotas como niños pequeños. Eso los más condescendientes, que los más combativos no han bajado del epíteto de radical a todas horas.
En toda esa cascada de calificativos, a la Europa de traje, corbata y maletín de cuero se le han escapado dos: honestos y leales.
Honestos porque lo único que han hecho Tsipras Varoufakis y demás ha sido intentar cumplir lo prometido, leales porque han sido fieles a su pueblo -su ciudadanía, perdón, que ahora si dices pueblo, pareces un rojo pro soviético- por encima de cualquier otra cosa
Y ahora, con las negociaciones empantadas, con el Eurogrupo empeñado en decir que no a un acuerdo por 100 millones de euros, con las pensiones griegas en el disparadero, se ganan otro epíteto nuevo: demócratas
Porque, antes de firmar un acuerdo que va en contra del mandato que los griegos les dieron en las urnas, convocan un referéndum para preguntar si Grecia lo quiere o no. Si está dispuesta a cambiar de opinión. Vamos, les recuerda a todos los que recorren los pasillos del poder en Bruselas la más elemental definición de democracia: la soberanía reside en el pueblo.
La residente en la Cancillería Federal alemana habría  pedido el refrendo del Parlamento, el inquilino del Elisio hubiera incluido en las consultas a las fuerzas sociales y escuchado su posición. Y los actuales inquilinos de Moncloa, bueno, ellos se hubieran limitado a incumplir sus promesas dando cualquier excusa -lo que han estado haciendo toda la legislatura-.
Pero el gobierno griego, no. Se limita a tirar de democracia y darle a los helenos la ocasión de decidir sobre su futuro en un referéndum.Es simple, radicalmente simple.
Y los habrá que digan que es incómodo pero, lo siento se llama democracia; que demora las decisiones pero, lo lamento, se llama democracia; que supone dejar las decisiones en manos de gentes que nada saben de economía pero, déjenme que lo repita una tercera vez, lo siento, se llama democracia.
Va a resultar que al final tenían razón. El Gobierno griego es un grupo de radicales en la más estricta acepción de la palabra. Aplican las raíces de la democracia que exigen darle al pueblo la soberanía sobre las decisiones sobre su presente y su futuro. ¡Son radicalmente democráticos!
Pero, claro, ese radicalismo no pueden reconocerlo porque, si por tener en cuenta a su gente el gobierno griego es radicalmente democrático, ¿en qué se convierten ellos que ni lo escuchan ni lo tienen en cuenta y en España hasta lo criminalizan por protestar?, ¿en "moderadamente democráticos"? Suena a que no se es demócrata del todo. Vamos, la realidad.
A lo mejor terminan teniendo que reconocer que defender la dignidad de un país no está en discutir quien, por qué y qué situación se usan o no se usan los símbolos y enseñas nacionales, sino en respetar los deseos de los gobernados y ajustarse a ellos cuando se gobierna.
Que esto de Grecia con la democracia va a ser como lo Inglaterra con el fútbol. A lo mejor no son los que mejor lo juegan ni los que mejor les va con él, pero son los que tienen más claro como debe jugarse
Al fin y al cabo para algo lo inventaron.

viernes, junio 26, 2015

Unos, otros y el desprecio como arma de gobierno

Últimamente se me acumulan los entrecomillados de los que hablar y escribir.
Y este más que un entrecomillado es una mano de guantazos en el rostro de muchos que han creído durante décadas que podían hacer lo mismo que sus ancestrales enemigos pero a la inversa: la izquierda ideológica española institucionalizada.
“Os avergonzáis de vuestro país y de vuestro pueblo. Consideráis que la gente es idiota, que ve televisión basura y que no sé qué y que vosotros sois muy cultos y os encanta reconoceros en esa especie de cultura de la derrota. El típico izquierdista tristón, aburrido, amargado..., la lucidez del pesimismo. 
No se puede cambiar nada, aquí la gente es imbécil y va a votar a Ciudadanos, pero yo prefiero estar con mi cinco por ciento, mi bandera roja y mi no sé qué. Me parece súper respetable, pero a mí dejadme en paz. Nosotros no queremos hacer eso. Queremos ganar. Preocúpate de otra cosa".
Si claro, lo ha dicho Pablo Iglesias y ahora que PSOE e IU han tenido tiempo para digerirlo se me ocurren algunas cosas.
Para empezar, la izquierda española lleva haciendo con la cultura lo mismo que la derecha lleva haciendo generaciones con el dinero: capitalizarlo, utilizarlo como arma arrojadiza contra el otro, usarlo como elemento de discriminación.
El rancio conservadurismo español considera que tener dinero te incapacita para ser o denominarte de izquierdas, para defender la cohesión y la igualdad social. Se olvidan De Saint Simon, Montesquieu o Rosseau. Todos ellos ricos aristócratas de alta alcurnia.
El anquilosado izquierdismo patrio sigue pensando que ser culto, inteligente y preparado te hace obligatoriamente de izquierdas. Que la cultura te incapacita para defender otra cosa que no sea sus presupuestos ideológicos. Todos ellos se olvidan de Ortega y Gasset, José María Pemán o Gregorio Marañón, por poner solamente ejemplos hispanos de gente culta, pero que muy culta, y conservadora. ¡Ah, y Don Miguel!, de Unamuno, se entiende.
Y ambos desprecian a aquellos sobre los que gobiernan o pretenden gobernar.
Los unos porque creen y actúan como si solamente fueran herramientas para incrementar una riqueza que nunca se reparte, los otros porque quieren elevar su cultura solamente en el desesperado intento de ganar con ello votos y poder, no porque crean que es un bien en sí mismo.
Ambos porque se sienten superiores, los unos por su dinero y sus contactos y los otros por su cultura y preparación.
Pero lo cierto es que ambos han medrado en la incultura que ambos han contribuido a mantener.
¿De verdad creen las derechas conservadoras varias  que todos los que rugen con los goles de la selección de fútbol son incultos que votan al PP?, ¿de verdad están convencidos los tradicionalistas de la izquierda española que ninguno de sus votantes y simpatizantes se pegan a las cada vez más numerosas pulgadas de sus pantallas para ver Supervivientes o Mujeres y Hombres y Viceversa?
Ahora llega un tipo que, después de varias centurias de echarle la culpa de la derrota a la incultura del pueblo al que dicen defender, les dice que no. Que la derrota constante no les hace superiores, les transforma en incapaces porque no han sabido trasmitir sus mensajes ni renovarlos.
Que ni Ylenia en Gandia Shore, ni el gol de Señor en el 12-1 a Malta ni Jorge Javier en Sálvame les restan votos; que aunque todo el mundo viera Juego de Tronos, los documentales de La 2 y Redes seguirían sin comprar lo que venden. no porque no valga, sino porque no saben venderlo.
Que intentar vender la cohesión social, la igualdad y la justicia enganchados de los mismos lemas, los mismos colores y la misma fijación con la supremacía cultural de la izquierda es como si Coca-Cola siguiera utilizando buhoneros con carromatos tirados por mulos para vender su producto.
Y se sienten tan mal como se siente la derecha española de toda la democracia cuando descubre que todos los contactos no les sirven para parar la sangría de votos que les genera que los ciudadanos descubran que todo el peso de crisis recae sobre ellos o cuando se dan cuenta que todos sus cantos a la generación de riqueza no evita que les vuelvan la espalda ante la demostración empírica de que toda la riqueza generada se queda en sus propios bolsillos por mor de su instalada corrupción.
Ni el dinero y el abolengo, ni la cultura y la preparación hacen superiores a unos ni a otros.
A lo mejor por fin empezamos a comprender porque hay alguien dice que no es ni izquierdas ni de derechas.
De las españolas, no.

Lo pensado y lo escrito

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