viernes, septiembre 01, 2006

LA ESTABILIDAD EN LA MISERIA

El mundo es maravilloso. España es maravillosa. Ya hay 800.000 personas más en nuestro país que disfrutan de las maravillosas posibilidades que da tener un contrato fijo.
Lo cual está muy bien. Casi un millón de españoles más están en las estadísticas de los que viven tranquilos, sin precriedad en el trabajo y pudiendo mirar al futuro con los amplios horizontes de esperanza que les da el hecho de saber que tienen asegurado de por vida un mágnifico sueldo que oscila entre los 600 y los 1.000 euros mensuales.
¿Pero a quien pretendemos engañar?. La estabilidad laboral es un bien relativo no un valor absoluto. No se puede vivir con los sueldos que se pagan en nuestro país. Con la mayoría de los sueldos, rectifico. Personas con dos idiomas, un titulo universitario superior y cinco años de experiencia ganan 1.000 euros al mes. Pero ahora tienen que estar contentos: son estádisticas fijas en la lista de la remuneración miserable.
Ahora podrán pedir a los bancos su prestamo para comprar su vivienda de un puñado de metros cuadrados por 60 millones y los bancos se lo darán porque tienen un contrato fijo. Los precios de los pisos no bajarán, los tipos de interés seguiran subiendo y el IPC continuará su imparable camino hacia la variable infinita del crecimiento. Pero hay que alegrarse, cuando acaben de pagar su casa, a los sesenta años, durante cinco años hasta su jubilación tendrán 1.000 euros para dedicarlos a lo que quieran. Si es que han conseguido sobrevivir sin comida y sin ocio hasta entonces.
Y tampoco las tienen todas consigo. Los 800.000 nuevos hijos de la Santa Hermandad de la Fijeza aún deben esperar para relajarse. Si un jefe o una jefa se cansa de darse cuenta de que su ayudante sabe más que él; de que su asistente entiende mucho mejor lo que le dicen sus clientes alemanes o de que su secretaria no le lleve café y se encargue de sus citas personales -o incluso de que se convierta en una de esas citas- siempre puede despedirle. ¡No podemos quitarle a los empresarios el derecho a despedir por motivos improcedentes!
Y lo harán por la relevante cantidad de 33 días de sueldo por año trabajado. O sea que si se cansan dentro de doce meses de todos esos insoportables desplantes de sus subordinados o si encuentran algún amigo o familiar que les resulte más grato o si alguien que hable tres idiomas y tenga dos carreras para ocupar ese puesto, tendrán que soltar de sus abultados bolsillos de ganancias la estimable cantidad de 1.100 euros en el caso de un profesional cualificado y 660 si es un trabajador sin cualificación. ¡Ahora se lo pensarán dos veces!
Así que todos tenemos que estar tranquilos. Y lo pero es que todos lo estamos. Nadie protesta, nadie se mueve. Nadie quiere salir en la foto.
¿Quieren una reforma laboral?
Modifiquen la ley y obliguen a que el despido improcedente lleve aparejada la readmisión de forma obligatoria y sea el trabajador el que elija entre ella y una indemnización realmente draconiana. ¿una persona puede pedir millones por los daños psicológicos que le ha producido que una institución pública haya rechazado sus reclamaciones por el ruido durante años y los jueces se los otorgan y las empresas pueden dejar a alguien sin vida, sin futuro y sin esperanza por 33 euros por año trabajado?
Cambien la ley y obliguen a que, en caso de quiebra, los trabajadores sean los principales acreedores de la empresa y no sus clientes. Limiten los expedientes de regulación de empleo a las situaciones de quiebra financiera de las empresas. Congelen las cuentas de beneficios de las empresas en situación de regulación de empleo y eviten que los empresarios desaparezcan dejando deudas en las nóminas.
¿Quieren ser originales? Impidan a los empresarios que han hundido una empresa a abrir otra a la semana siguiente. Limiten los beneficios de los accionistas en favor de las pagas de beneficios de los trabajadores que, por si alguien no se ha dado cuenta, son los que generan esos beneficios. y establezcan tablas de salarios reales por las cuales no se pueda contratar a un profesional determinado por debajo de un salario determinado ni por encima de una retribución determinada. Hagánlo y revisen los contratos uno por uno negando los que no lo cumplan.
Conozco una empresa en la que hay una diferencia de 1.000 euros entre la remuneración de dos personas que hacen el mismo trabajo -y los dos son hombres, no utilicemos lo del sexo- y en la que una secretaria cobra 700 euros menos que otra y hace siete veces más trabajo -Soy un demonio y no se me ocurren muchas cosas no relacionadas con algún que otro pecado capital para justificar esa diferencia-. (Seguro que algunos de vosotros también conoceis esa empresa, ¿verdad?). Salvar vidas diariamente en un quirófano puede justificar ganar 8.000 euros al mes, pero intentar sin éxito vender programas basura a las cadenas de televisión no. No lo justifica bajo ningún concepto.
La estabilidad en el trabajo no nos sirve de nada. Los contratos fijos no sirven de nada cuando los sueldos tienen esa misma tendencia a la estabilidad y no suben nunca. Necesitamos saber que vamos a tener futuro, eso cierto y a eso contribuyen los contratos fijos, eso no se puede negar. Pero necesitamos saber que esa estabilidad no es puro determinismo que nos va a llevar a estar en la misma situación de miseria salarial durante el resto de nuestra vida laboral.
Rompan el imperio de los 1.000 euros y dejaremos de ser cifras estables en la injusticia y la miseria.
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Y ¿nosotros decimos algo? ¡Por supuesto que no! Pero eso es otro asunto

lunes, agosto 28, 2006

LA REENCARNACIÓN REPETIDA

Uno de mis amigos -puede parecer increible pero los tengo- se ha descolgado en su blog con un jueguecito sobre las otras vidas. Algo para descubrir quién fuiste en una vida pasada y todo eso.
Los que poblamos el infierno sabemos que pocos son los llamados a repoblar la Tierra en más de una ocasión. Bastantes errores cometemos en una sólo vida como para que se nos permita volver de nuevo, pero como ejercicio resulta saludable.
Todo juego genera una fábula.
Se supone que viví y sobre todo morí en el Sur de Gales. No podía haber elegido tierra más pobre y miserable, sobre todo allá por el año 1800, que es cuando se supòne que mantenía aposentada mi pasada existencia en la Pérfida Albión.
Fui hombre, lo cual no me sorprende realmente, aunque tampoco me hubiera sorprendido ser mujer.
Y fui un revolucionario. Eso tampoco tiene mérito en el Gales de 1837 ¿Qué otra cosa se podía hacer salvo ser un revolucionario en tan macilenta y paupérrima tierra y época? y ademas de llamarmae Anwyll, lo que no está está mal, era un literato o dramaturgo con talento para la psicología. Mi talrento debía restringirse a ese ámbito porque ningún dramaturgo galés con ese nombre de aquellas fechas ha pasado a la historia de la literatura.
Y amé, por lo que se ve amé de una forma imposible, porque mi amor vivía en el otro extremo del mundo y en otro tiempo. Ni más ni menos que en Ucrania y se llamaba Yarina.
Sentía una verdadera pasión por el trabajo de precisión, así que estos chicos de la página presuponen que era joyera. Difícilmente una mujer era joyera o talladora de diamantes en la Ucrania de 1735. Ella también era del tipo revolucionario, pero ella no murió por culpa de ese espíritu como al parecer me ocurrió a mi.
Así que, después de todo Ucrania debía ser más segura Gales.
Ella inspiró cambios, yo los realicé. Yarina estaba destinada a pensar, Anwyll a actuar, escribir y actuar, así que no parece que su amor fuera de los que pueden durar. Menos cuando ella murio en 1735 y él en 1837. Cosas de la reencarnación.
Como era calmado y de sangre fría al morir debí hacerme demonio y, pese a ello, los chicos que han encontrado mi vida pasada me dan un consejo: Deberías desarrollar tu talento para el amor, la felicidad y el entusiasmo y distribuir estos sentimientos a todas las personas. ¡Lo intentó, creedme, hacedores del calendario de la reencarnación, pero aquellas Yarinas a las que destino mi amor no lo entienden, no lo creen o no les importa!
Claro, que hay que tener en cuenta que el consejo que le dan a Yarina es superar su problema, el mismo problema que le evitó morir a causa de su impulso revolucionario: aprender a amar y a confiar en el Universo. Hay tendencias que ni siquiera pueden cambiarse con el tiempo, la muerte o la reencarnación.
Anwyll murió por su revolución y por su amor y Yarina sigue viviendo sin su revolución y sin su amor. Hay que cosas que no cambian mientras que otras sólo empeoran. Tendencias de la reencarnación.

martes, agosto 22, 2006

CSI Galdar (Gran Canaria)

Mata a su mujer y se suicida tirándose desde un puente en Gran Canaria
AGENCIAS. 02.08.2006 - 14:33h


Un nuevo caso de Violencia de Género, de la mal llamada Violencia de Género, sacude una vez más los titulares de la prensa. Y digo bien los títulares, porque el caso numero 49 de mujeres muertas a manos de sus parejas o de sus ex parejas se queda en eso en un titular. Tan falso como sólo puede serlo un titular.
No es que aquí abajo, en el infierno, hayamos recibido al suicida y nos haya contado una versión que desmienta a la de la Guardia Civil del municipio canario de Galdar, donde ocurrieron los hechos, es que los chicos de los tricornios se desmienten a si mismos.
Según puede leerse en el cuerpo de la noticia que difundió la Agencia EFE -Sí. Los cuerpos de las noticias están también para ser leídos, no para rellenar el espacio entre el tiutlar y la publicidad-, Un hombre de 40 años se quitó ayer la vida tirándose desde un puente tras acabar, presuntamente, con la de su mujer, cuyo cadáver fue encontrado en el domicilio familiar por agentes de la Guardia Civil con señales externas de violencia en el cuello.
El presunto agresor ha sido identificado como Antonio Javier R.T., de 40 años, y la víctima como María del Rosario D.P.S., de 34, informó hoy el instituto armado en un comunicado. Sobre las 20.15 horas de ayer, Antonio Javier se arrojó al vacío desde un puente situado en el barranco del Juncal, en el municipio grancanario de Gáldar.
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Hasta aquí todo parece coherente, incluso para un comunicado de la Guardia Civil, que todo periodista sabe que tiene una tendencia casi compulsiva a la incoherencia en la redacción. El agresor, que lo es por ser hombre, mata a su mujer sin motivo aparente, sólo por el hecho de ser mujer y luego, con la cobardía propia de todo hombre maltratador, se arroja por un puente para evitar que el peso de la ley caiga sobre él. Pero seguimos leyendo -sé que es un esfuerzo inhumano pero, al fin y al cabo, yo soy un demonio y estoy en el mundo para torturar a los humanos-.
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Cuando llegaron al domicilio en el que vivía el matrimonio, los agentes encontraron a un menor de 8 años, el único hijo de la pareja, quien les contó que sus padres habían discutido esa tarde y que, posteriormente, él había salido de la casa para jugar con sus amigos en la calle. El niño aseguró que momentos después de la discusión conyugal su padre salió, cogió el coche y se marchó, mientras que su madre permaneció en la vivienda, aunque no contestó a la puerta las veces en que el niño, desde la calle, tocó para entrar.

Resulta ciertamente increible que un niño de ocho años salga a la calle como si tal cosa a jugar después de que sus padres entablen una discusión que acarrea el estrangulamiento de uno de ellos. De hecho, si hemos de aternernos al relato, el niño cogió la puerta y se marchó a jugar mientras su padre estrangulaba a su madre y se quedó tan tranquilo. Cualquiera que sepa algo de violencia doméstica sabe que los niños se paralizan ante ese tipo de situaciones y se refugian en la parte más oscura de sus casas y sus mentes para librarse de esa visión. No cogen su bocadillo de nocilla y se van a jugar como si tal cosa.
A lo mejor es que el niño, que no olvidemos es varón, ya ha sido asiestrado por su padre maltratador en despreciar el sufrimiento de las mujeres o a lo mejor es que la discusión no era nada del otro mundo, no era el preludio de un rapto machista de violencia gratuita contra las mujeres. Pero hagamos un esfuerzo más y sigamos leyendo
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Ante la sospecha de que a la mujer pudiera pasarle algo, los agentes accedieron al interior del inmueble por una ventana y comprobaron, una vez dentro, que la puerta del baño estaba cerrada con pestillo. Al constatar que nadie respondía a sus llamadas, los agentes forzaron la puerta del baño y hallaron el cadáver de la mujer, a la que encontraron tendida en el suelo con marcas externas de violencia en el cuello. Los primeros indicios apuntan a que María del Rosario D.P.S. murió por asfixia.
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Aquí llega lo rocambolesco del asunto. Lo que convierte el titular en algo mucho peor que un error. En una manipulación voluntaria y gratuita en busca de un objetivo. No es que por estos lares se estile mucho el modo CSI de investigación, pero no hay que ser Grisom para darse cuenta que los muertos no cierran los pestillos del cuarto de baño y que si el cadáver está encerrado solo en una estancia cerrada por dentro y ha sido asesinado, su asesino debería permanecer junto a él.
Constatada la incapacidad de un cadáver para cerrar pestillos , ha de suponerse que la puerta se aseguró antes de que la mujer muriera, con lo que su asesino no habría podido salir o no habría podido entrar en la estancia. En el primero de los casos no habría podido de ninguna manera tirarse por un puente, en el segundo supuesto no habría podido estrangular a su esposa. En cualquiera de los dos casos no hay asesino machista sanguinario.
Entonces ¿A que viene el titular?. La Guardia civil no es famosa por sus dotes deductivas y de investigación -aunque ciertamente las tiene en algunos campos específicos- y se entiende el error de apreciación del comunicado. Pero un periodista lo es por algo, debe serlo por algo y ninguno que se precie puede pasar por alto el dato del pestillo ¿Por qué entonces no cuestionar la versión de la Guardia Civil?
No puede decirse que la prensa española trate con especial reverencia los comunicados de las fuerzas del orden. Se escrutan con lupa y se encuentran cientos de contradicciones cunado algún detenido muere misteriosamente en una comisaria; cuando algún inmigrante es retenido o golpeado ilegalmente; cuando a alguna unidad de intervención -los siempre impresionantes antidisturbios- se le va la mano en sus cargas contra okupas o huelguistas.
Pero en un error tan claro, tan flagrante, todo el mundo lo ignora. Yo sólo tengo una respuesta. A todo el mundo le da igual la verdad en este tipo de casos. Buscan que ocurra lo que quieren que ocurra. Que los hombres sean perversos y las mujeres víctimas.
Para la Guardia Civil la culpabilidad del marido es una ventaja. Evita una investigación y además su error no trae consecuencias funestas. Al fin y al cabo el responsable ya está muerto.
Para la prensa en cuestión es un titular sencillo que vende y que ahonda en una realidad trágica y existente, pero engrandicida por los mismos medios de comunicación para conseguir mayores tiradas y mayor número de lectores y espectadores.
Para las asociaciones feministas de defensa de la mujer es un motivo más para justificar su existencia y sus asignaciones y subvenciones millonarias públicas y privadas.
Cuando la tranquilidad, el esfuerzo, y el dinero están en juego, la verdad pasa siempre a un segundo plano. ¿A quien puede importarle que un niño de ocho años sepa la verdad de porqué y cómo murieron sus padres? ¿A quién le importa que crezca creyendo que su padre era un maltratador y un aseisno?. Obviamente a nadie. Dinero manda.
Tres días después se practica la autopsia de la mujer. No hay constancia periodística de ella. Se supone que, pese al suicidio, la fiscalía de la audiencia provincial correspondiente tiene que abrir una investigación y llegar a unas conclusiones. No hay constancia periodística de ellas. La Benemérita tiene que elevar un informe escrito al juez. No hay constancia periodística de él. Pero la víctima número 49 en 2006 de La Violencia de Género ondea ya en las banderas de aquellas que han hecho del trágico sufrimiento de unas pocas su forma de vida y que magnifican el problema sólo para medrar.
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Ya puestos a sufrir terminemos de leer la noticia.
La mujer nunca lo había denunciado por malos tratos ni constaba sobre el hombre orden de alejamiento alguna. Sus vecinos nunca escucharon discusiones entre ambos y se mostraron hoy consternados por el suceso, ya que para ellos la pareja era "estupenda y muy normal".
¿No cabe la posibilidad de que no hubiera denuncias porque no había malos tratos? ¿No cabe la posibilidad de que las gentes que les conocían acierten y, como pareja, no tuvieran problemas? ¿No cabe la posibilidad de que su muerte tenga otra explicación?
La respuesta a todas esas preguntas es, indefectiblemente, "no". Si fuera sí daría demasiado trabajo a unos y quitaría demasiado trabajo a otras y ninguna de las dos cosas pueden consentirse.
¿No hay bastante con lo que hay como para querer inventar más?

lunes, agosto 21, 2006

La Naturaleza de las Sirenas

Está de moda ser sirena.
Los humanos -incluso los que tenemos naturaleza demoniaca- estamos condenados a querer ser lo que no somos.
Cuando queríamos comprender el mundo y dominarlo deseabamos ser dioses y, como no podíamos serlo, los inventamos. Cuando queríamos descubrir lo que desconociamos queríamos ser pájaros. Para atisbarlo todo desde un punto de vista diferente y celeste nos construíamos alas con plumas y cera que, al derretirse, nos devolvían drásticamente a nuestra condición humana.
Pero ahora queremos vivir tranquilos y ser inmortales en nuestra mortalidad. Así que hemos elegido la romántica forma de sirena. Ahora queremos ser sirenas. Y en la naturaleza de las sirenas está cantar.
Las sirenas cantan porque no pueden evitarlo, porque han nacido para ello y su canto atrae amorosamente a los navegantes. No lo hacen por maldad, no lo hacen por lascivia o por deseo. Cantan porque saben hacerlo y su vida no les ha preparado para otra cosa.
La sirena permanece en el mar, agarrada a su roca, y canta mientras los navegantes se estrellan en los atolones que la rodean. Pero hay algunos que consiguen atravesar esa barrera de rocas que protege a las sirenas de sus amores y sus miedos. Indefectiblemente, el resultado es el mismo. La sirena se enamora o, al menos, cree enamorarse.
Y entonces badea la roca chapoteando sin dejar de cantar para demostrar su amor al navegante que ha vencido los obstáculos para llegar a ella, mientras el marinero escucha extasiado sus cantos y se mantiene anclado cerca de su roca.
Pero la naturaleza de las sirenas no les ha enseñado que todo navegante tiene un buque. Ellas flotan en el mar ayudadas por sus formas de pez, pero todo navegante tiene un barco y se debe a ese barco. Y cuando lo recuerda, más allá de los cantos y la felicidad del amor de la sirena, debe seguir su travesía. Y eso destroza a la sirena que se mantiene, impeterrita y triste, anclada a su roca.
Las hay que superan el miedo y siguen al bajel a las aguas profundas. Podrían subirse a él, el marinero suele pedírselo, pero no lo hacen. Un barco va por el mar, pero no es el mar.
.Así que le siguen, agarradas a la quilla del navio, esperando que pare para que el navegante pueda prestar atención a sus cantos. Mirán atrás y ven su roca y no tienen miedo de continuar su travesía.
En todo mar hay tempestades pero las sirenas las desconocen. Cuando llega la tempestad el marinero olvida los cantos y deja de asomarse por la borda del bajel para contemplar a su amada. No la ama menos, pero las jarcias, los arbotantes y las velas reclaman su atención.
Cuando la tempestad ruge, la voz de las sirenas no se escucha.
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Y la sirena se siente sola. Gira la vista y, por primera vez, la bruma, el oleaje y la distancia no le dejan ver su roca, la roca en donde el resto de sus hermanas siguen cantando. Y, por primera vez, es incapaz de escuchar sus propios cantos por encima del fragor de los rugidos que la tormenta arroja a sus oídos. Y es incapaz de escuchar al marinero pidiéndola, rogándola, suplicándola que suba al barco y que contribuya a pasar la tormenta.
La sirena no quiere abandonar el mar. Sin mar no hay roca y sin roca no hay seguridad.
Y ese mar no puede ser su mar, tiene que ser el mar de otros, el océano de otros. Su mar es tranquilo y sin riesgo, claro y silencioso. Su mar le permite chapotear y cantar. Y se suelta de la quilla del bajel.
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El miedo y la deriva la devuelven a su roca y allí, poco a poco, recuerda y olvida. Recuerda sus cantos y su estancia tranquila y olvida su amor.
Pero la naturaleza de las sirenas es cantar y vuelve a hacerlo de manera que el marinero que, unas millas más allá, ha salido de la tormenta a un mar azul, en calma, con el viento perfecto y el sol en lo alto, la vuelve a escuchar y ansía de nuevo correr en su busca.
La sirena no canta porque quiera de nuevo al marinero, ya no lo recuerda, ya no lo persigue. Canta porque está en su naturaleza, porque es lo único que puede hacer.
Y el marinero la escucha, pero esta vez no vuelve hasta su roca. Durante un tiempo pone el bajel al pairo esperando que ella nade de nuevo hasta él, pero eso no ocurre. No puede ocurrir.
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La sirena no ha pasado la tormenta, no ha descubierto que más allá de ella está un mar más azul, más tránquilo y más feliz que su pequeña ensenada de la roca. Y, cuando el viento sopla, el bajel exige al marinero que navegue.
Y así se queda la sirena, chapoteando junto a su roca y cantando. Esperando y deseando que otro ser como ella se acerque hasta su tranquila morada, la ame, chapotee con ella y se vuelva por donde ha venido hasta que sus cantos de nuevo le reclamen.
En las naturaleza de la sirena está el cantar, pero ignora que los tritones a los que ella espera, los seres que, como ella, aman, cantan y chapotean, murieron de desidia hace tiempo, pegados a su roca, esperando que las sirenas hicieran el mismo camino que ellas esperan que los tritones hagan. Al fin y al cabo hay muchas menos marineras que marineros.
Hoy, en el amor, todos somos sirenas. Varados en nuestras rocas y chapoteando sin alejarnos de ellas por miedo a la tempestad.
Sirenas que arrastran la condena de no saber nadar en aguas tempestuosas.

miércoles, agosto 16, 2006

Adios a La Musa

Un día, como en el mítico anuncio, mi musa me dijo que me abandonaba, pero no lo hizo. Yo no busqué por mares y desiertos, yo no busqué por gargantas y cumbres. Mi musa me había abandonado pero seguía estando allí, a mi lado.
Creo que tardé un tiempo en comprender, en respirar. En aprender a sobrevivir cuando quería vivir; en conformarme con estar cuando ansiaba ser. Creo que
tardé demasiado en olvidar lo que era ser feliz.
.Pero la musa seguía ahí, presente y constante, sin renunciar a mi como yo me negaba a renunciar a ella. Y un día, que amanecio palido y rutinario, como lo habían hecho todos desde el abandono de mi musa, descubrí lo que estaba ocurriendo.
Las musas no saben abandonar, nunca lo hacen. Las musas no han nacido para abandonar y por eso son incapaces de hacerlo como cualquier mortal lo haría. Como seres inmortales que son, no saben despedirse, no son capaces de morir con cada despedida. Pretenden renacer sin haber llegado a morir por completo.
La musa que había sido mi musa seguía allí, como sólo están las musas, entre la mente y el deseo, entre la carne y el alma, aunque pretendía no estarlo.
Pasaba los días y las horas convirtiendo en gags lo que habían sido palabras y versos de amor; transformando en miradas tristes lo que habian sido besos; mudando en bromas los susurros, en olvidos las tristezas, en desidias los enfados, en desprecios los olvidos.
Un diá la musa me dijo que me abandonaba. Pero no supo hacerlo.
La musa necesita serlo y no lo es cuando no es musa. Por eso la musa sigue pegada a mis intentos de recuperarla. No quiere ser recuperada, pero disfruta de lo agradable de seguir siendo buscada. Las musas inspiran el arte pero olvidan que quien lo realiza es el artista. Mi musa se baña en el suave nectar dorado sagrado que destila el amor, pero olvida que el artista soy yo. Las caricias que a veces se le escapan olvidan que el artista soy yo; sus insinuaciones naturales olvidan que el artista soy yo; su necesidad de inspirar olvida que el artista soy yo; su llanto y su risa con las obras que lee o que percibe olvidan que el artista soy yo.
La musa lo reconoce y lo siente.Se revuelve en su eterno Parnaso solitario y clama para que el artista abandonado pierda de una vez la atracción que sufre por su inspiración.
Más la musa no entiende. La musa no comprende que el artista soy yo. Que cuando me abandonó renuncié a la musa pero sigo aferrado, imantado y poseído por el impulso de mi arte, aunque sea sin musa. Y mi arte es el amor.
Un día la musa me dijo que me abandonaba pero no supo hacerlo.
Yo soy un demonio. No puedo permitirme el lujo de renacer sin morir. No puedo quedarme con lo agradable ignorando lo demás. Todo ha de arder para poder construir algo. Aunque sea sobre las cenizas.
Un día sentí que abandonaba a mi musa. Y entonces, por fín, me sentí solo. Tristemente solo.

Lo pensado y lo escrito

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