lunes, diciembre 06, 2010

Mi puente es grande aunque lo hagan pequeño

No creo que le dedique más de estas líneas a este asunto. Pero, ya sea por voluntad o por necesidad, voy a hablar un poco más del asunto. De ese tan traído y llevado conflicto de los controladores aéreos que nos está ocultando muchas cosas y nos está mostrando muchas otras.
Toda una línea de argumentación de pensamiento critica a la sociedad española su reacción ante la espantada criminal -ya sabéis porque la considero criminal- que protagonizaron el pasado viernes los controladores aéreos.
Ellos mismos y otra serie de opinadores que, ya sea por convicción o por aprovechar la situación para meterse con un gobierno que se ha ganado a pulso que se metan con él en otras muchas cosas, mantienen que la sociedad ha reaccionado de una forma egoísta ante el conflicto, echándole la culpa a los controladores, que sólo defienden sus condiciones laborales, y no al Gobierno que es el auténtico causante de la situación al tratar a los susodichos privándoles de sus derechos -incluso los constitucionales-.
Todo ello podría resumirse en dos alocuciones:
"La carambola les ha salido perfecta. Los controladores aéreos pusieron torpemente la bola en la mesa facilitando la jugada. La ciudadanía, infantil, egoísta y desinformada, encontró un chivo expiatorio".

Y otra, mucho más dramática, y tan desesperada como impertinente y falaz:
"Me obligaron a trabajar doscientas horas al mes a turnos de mañana, tarde y noche. Y para el subnormal que dice que trabajo como todo el mundo 40 horas a la semana, eso son 160. O sea, que yo trabajo el equivalente a cinco semanas en un mes de cuatro, cuando por ser trabajo a turnos debería currar bastante menos (...) No damos abasto coño. No os queréis enterar. Nos exigís currar todos los días para tener vuestros putos puentes y vuestras putas vacaciones. ¿Dónde cojones dice que seamos vuestros esclavos? ¿Por qué vosotros tenéis todos los derechos del mundo y nosotros NINGUNO?"
No soy yo el que precisamente vaya a defender que los habitantes de la Civilización Atlántica no llevemos demasiado tiempo revolcándonos en nuestro egoísmo en lo personal y en lo social. Lo digo casi cada día y lo escribo casi en cada post.
Pero, en este caso, es una cuestión de gradaciones. Es la reacción egoísta de una sociedad cuando descubre que hay un colectivo mucho más egoísta que ellos.
Pues bien, podría decirse que, leyendo esto algo se nos pasa por alto. Que realmente hemos sido injustos y egoístas al enfadarnos, al cabrearnos, al pedir sus cabezas.
Y estaría dispuesto a reconocerlo si no fuera por el hecho de que, en pleno plante, en plena presentación de bajas laborales masivas para encubrir su golpe de fuerza, los controladores tuvieron fuerzas y salud suficiente para elaborar una propuesta que supongo que, en caso de ser aceptada, supondría su drástica y milagrosa recuperación.
A las siete de la tarde del viernes pasado, en lugar de hacer cola en los servicios de urgencias de los hospitales para que les curaran de su masivo virus, exigían esto:

 "A partir del 1 de enero de 2013 la jornada de los controladores que trabajen a turnos no será superior a 1.420 horas máximas anuales, no superando la programación mensual en ningún caso las 152 horas".
Suena normal hasta que se hacen cuentas. 1.420 horas anuales suponen un total de 177 días a ocho horas de trabajo. Hasta los 323 habituales -descontados los 30 días de vacaciones y las habituales 12 fiestas nacionales- quedan 145 días que, si no se trabaja, se suponen que se libran o simplemente que se va a trbajar para no hacer el trabajo para el que fueron contratados.
No está mal, pero lo malo es que vienen de una situación en la que ya "no trabajan" 157 días al año, porque, el famoso decreto de febrero, que consideran el mayor ejemplo de fascismo esclavista desde el incendio del Reichtag, les obliga a trabajar 1.670 horas al año. Porque las otras 80 son voluntarias.
O sea que son tan poco egoístas, que piden tener casi cinco meses de días "no trabajados" al año.
Pero la cosa sigue, porque hacia la mitad del documento de propuesta puede leerse esto:
"complemento personal de adaptación a la nueva jornada, del 2% en 2010 del valor del resto de conceptos del salario ordinario fijo, del 4% en 2011, del 6% en 2012, del 8% en 2013 y del 10% en 2014".
¿Trabajan menos y tienen que pagarles por adaptarse a la nueva jornada?. Claro, porque si no perderían dinero. Se hartan de decir que no piden aumentos, que no es cuestión de dinero, pero se aseguran de no perder ni un céntimo de su salario por trabajar menos. Como ya no tienen horas extraordinarias, como ya no tienen 600 horas pagadas al triple de su valor normal -aunque no superan ni de lejos el máximo de horas regulares que permite el Estatuto de los Trabajadores- pierden esos complementos "para evitar que la masa salarial de un año supere la que garantiza el acuerdo alcanzado con AENA en agosto, que fijaba una media de 200.000 euros anuales", según explican sus portavoces.
Resumiendo, quieren trabajar menos horas -aunque ya son muchas menos que las que trabaja cualquiera que trabaje ocho horas al día durante 325 días al año, o sea 2.600, que ya sé que hay muchos de letras-, pero quieren seguir cobrando lo mismo es decir, 200.000 euros anuales de media -o sea, diez veces más que salario el medio en España, que es de 21.500 euros anuales-. Que quieran eso no parece egoísta. Que no lo digan no se asemeja a la desinformación y que lo defiendan como un derecho constitucional no se antoja infantil.

Y más adelante puede leerse:
"que el diseño de horarios, turnos y la organización del trabajo deje de estar en manos de AENA y se pacten con los representantes de los trabajadores con el compromiso de garantizar el servicio".
O sea, que la empresa no pueda hacer lo que hacen todas las empresas de España, de Europa y del Mundo, organizar el trabajo como consideran oportuno dentro de los límites que les permite la ley.
Ellos quieren ser como todos los trabajadores de este país y tener sus mismos derechos porque, claro, de todos es sabido, que todos podemos decidir cuando nos viene mejor ir a trabajar, qué turno tenemos que hacer y qué horario es mejor para nuestra salud y estabilidad física y emocional.
Así que la furiosa invectiva de la controladora:"Al que le salga de los huevos que se lea cualquier estudio del efecto del trabajo a turnos sobre el organismo. La mitad de los que me ponéis a caldo dormís mal dos días y estáis hechos una mierda. Yo llevo haciendo turnos sin rechistar catorce putos años, así que no me jodáis. Y es muy fácil imaginar mi curro desde vuestros sofás, durmiendo ocho horitas cada noche. Si venís a currar conmigo a turnos un mes en una semana no podéis con vuestros huevos", carece de sentido porque más de la mitad de este país trabaja por turnos y obvia el hecho de que un mes trabaja 200 horas, pero al siguiente no trabajará las que le sobran.

El concepto de sin rechistar es un poco amplio. Porque el sindicato que la representa y al que tan furiosamente defiende no ha dejado de hacer huelgas, plantes, pulsos y todo lo que se le ha ocurrido en las últimas dos décadas. Y eso pese a que un órgano judicial ha mantenido que el suyo es el mejor convenio colectivo de la historia de nuestra democracia.
Es cierto, los reponedores, los editores de vídeo, los minutadores, los teleoperadores, los trabajadores de las cadenas de montaje, los bomberos, el personal sanitario, los policías, los trabajadores de servicios 24 horas, los vigilantes jurados, las cajeras de grandes superficies, los técnicos de continuidad y otro sinfín más de trabajadores no trabajan por turnos en España, ellos yo no sufren esos efectos perniciosos del sistema del trabajo por tunos. Ellos no pueden con sus huevos -o sus ovarios, seamos paritarios-.
A lo mejor no se ha dado cuenta de que cuando va al supermercado siempre hay cajeras y reponedores, de que los servicios de atención siempre la atienden, de que siempre hay policías en las calles, personal en los hospitales y bomberos en los parques. A lo mejor es que no va porque tiene dinero suficiente para pagar a otros para que lo hagan.
A lo mejor ella sí tiene derecho a tener esclavos a su disposición cuando los necesita, pero ella no quiere serlo. A lo mejor está tan revolcada en su egoísmo que sólo mira hacia si misma y ha olvidado que todo el mundo trabaja de nueve a cinco y libra todos los fines de semana. De hecho, esos son una minoría. 


También piden
 "El sobreseimiento de todos los expedientes disciplinarios iniciados tras el 5 de febrero de 2010".
Es lógico. Incumplimos sistemáticamente un decreto ley ratificado en dos ocasiones por la Audiencia Nacional y refrendado por dos dictámenes de organismos europeos pero no queremos sufrir ninguna consecuencia por ello.
Hagamos de la impunidad rango de ley. Finjamos bajas para no perder dinero ni afrontar riesgos, hagamos huelgas ilegales y que luego nos perdonen las consecuencias. Seño, seño, no me castigue, no lo volveré a hacer. Eso tampoco suena infantil, ¿verdad?
Y por fin"que se contabilice como jornada laboral 60 horas de formación en algunos grupos y 36 en otros, además de 15 minutos por servicio operativo para el cambio de relevo y reconocimiento del entorno operativo".
Vale. Nada que objetar en un principio. Pero claro, no se trata de retribución, se trata de sumarlas como horas computadas como si lo que estuviesen haciendo fuera controlar el tráfico en pleno momento de saturación y eso va a ser que no.
Eso supone que ya no regulo el tráfico 1.420 horas al año, sino 1.360 horas. Si a ello le sumamos que los periodos de incorporación suman otras 45 horas al año -15 minutos cada jornada por 177 jornadas-. nos sale un total de 1.315 horas de trabajo efectivo.
Es decir, sigo cobrando como si controlara el tráfico 1.670 horas al año pero, en realidad, lo hago 1.315. Sólo 115 horas más que el convenio que La Audiencia Nacional consideró como inasumible por la empresa en el que tenían 1.200 horas obligatorias.
Y que es donde llega la gran pregunta ¿si se puede regular el tráfico aéreo con 1.315 horas efectivas de trabajo por qué impusieron un convenio con 1.800 en 1999?, ¿no será que saben perfectamente que no se puede y lo único que pretenden es que las horas que ahora son fijas vuelvan a ser extraordinarias y remuneradas tríplemente, para así volver a sus niveles de sueldo?.
No se si es que creen que no la gente en general no sabe echar cuentas o que el Ministerio, con Pepe Blanco a la cabeza no tiene ni idea de números -lo cual sería absolutamente creíble-, pero el caso es que vuelve a sonar a desinformación malintencionada.

Y  la cosa sigue
"que los controladores que antes de marzo de 2011 no hayan superado un examen del nivel de inglés mínimo exigido serán nombrado técnicos ATC con la retribución y jornada laboral correspondiente a dicho puesto. Si a los seis meses tampoco lo hubiera aprobado, sería nombrado también técnico, pero con el 80% del salario".
Volvemos la quid de la cuestión del egoísmo. O sea que me contratan bajo una exigencia de dominio del inglés, no paso las pruebas y la empresa, en lugar de ponerme de patitas en la calle por haber mentido miserablemente en mi currículum, tiene que buscarme otro puesto, pagarme el 100 por cien de ese sueldo, garantizarme horas de formación -de las que hemos hablado más arriba- remuneradas completamente, darme otra oportunidad a los seis meses y, sí no lo consigo, seguir manteniéndome en la empresa con un sueldo más que elevado. El ochenta por ciento de una media de 200.000 euros brutos al año sigue estando muy por encima del sueldo medio del país.
Pues va a ser que no es ser precisamente un esclavo del egoísmo de los demás, sino una víctima ciega e irresponsable del egoísmo propio.

Y para rematar la faena piden
"garantías laborales ante la entrada de nuevos gestores de tráfico aéreo en algunas torres de control e indemnizaciones como despido improcedente".
El rocambole final explicita sus condiciones.
Si los operadores privados que se avecinan -de lo que hablaremos en otra ocasión, que esa sí es la cagada del Gobierno- no me garantizan esas condiciones de por vida, en lugar de hacer lo que tiene que hacer todo el mundo: tragar o buscarse otro curro a su albedrío, sin paro ni nada, exijo que se considere un despido improcedente con las indemnizaciones correspondientes -cuyas cuentas me ahorro, pero que suponen, como es de suponer una auténtica fortuna-.
Por supuesto que somos una sociedad egoísta, incapaz de asumir la frustración de un puente perdido, de un vuelo cancelado, de una contrariedad. Incapaces de percibir ni interpretar la repercusión que nuestros actos tienen en la vida de los demás y absolutamente inpermeables a la responsabilidad que generan esas consecuencias.
Pero los controladores no son víctimas de esa sociedad. Son ejemplos de libro de la misma.  Miento, finjo, manipulo, chantajeo, secuestro, incomodo y, sobre todo, juego en la vida de miles de personas que están colgadas del aire para lograr unos objetivos que están más allá de las posibilidades reales, que están muy por encima de lo necesario y de lo asumible por aquellos que sufren las consecuencias de mis actos.
Y encima les exijo que me comprendan y que me apoyen o al menos que me respeten. Soy el perpetrador y no entendiendo porque nadie me ve como la víctima.
A lo mejor no me siento inclinado a apoyarles porque sea un egoísta que sólo piensa en su puente. Pero no creo que sea eso.
Yo disfruto del puente por lo que es en si mismo, por la compañía, por la ilusión recuperada y por  la alegría olvidada que reencuentro en una tierra plagada de recuerdos intensos pero tristes y que le convierten en el mejor puente desde otro puente memorable y hasta el próximo puente memorable.
Eso es algo que, por desgracia, los decretos del Gobierno no pueden darme y que, por fortuna, el egoísta, infantil y manipulador  planteamiento victimista de los controladores no puede quitarme. Aunque trabaje a turnos, aunque no duerma lo suficiente y aunque utilice parte de ese puente reencontrado y redisfrutado, después de muchos años, en hablar sobre ellos.
Así que, a lo mejor para mi y a lo peor para ellos, sé que, en justicia, no tienen el más mínimo atisbo de razón. Y nada tiene que ver con mi puente.

sábado, diciembre 04, 2010

La controladora indignada -y sediciosa, espero-.

Esta es una respuesta a un blog que he encontrado -bueno me han pasado- de una controladora aérea indignada. Quería ponerla como comentario pero, como siempre, era demasiado larga - y además me la ha censurado-.
Como la chica mantiene que todo es una injusta conspiración, pondré el enlace para que no me acuse de manipular sus palabras


Pero yo contestaré a lo que he copiado en negrita:
Empecemos

"Otro dice que vivimos en un estado de derecho. Pues va a ser que no. El primer decreto ley que nos cascaron anuló nuestro derecho a la negociación colectiva violando la Constitución. Pues ahí está."

Y claro, que La Audiencia Nacional haya desestimado la pretensión de USCA, la asociación mayoritaria de los controladores aéreos, para presentar una cuestión de inconstitucionalidad sobre el Real Decreto-Ley 1/2010, de 5 de febrero, que regulaba las condiciones laborales de los controladores también es inconstitucional, ¿verdad?
Que la Sala de lo Social desestime la demanda de conflicto colectivo que plantearon los controladores y absuelva a AENA de sus peticiones y de la reclamación de volver a aplicar el I Convenio Colectivo que regulaba el trabajo de los controladores también es inconstitucional ¿no es cierto?
Si hablamos de los decretos ¿Por qué no hablamos de los fallos judiciales que los avalan? Pues va a ser que sí vivimos en un Estado de Derecho y sus instituciones no os dan la razón. Pues ahí Está
Parece ser que los periódicos gubernamentales -espero que conozcas mejor el control del tráfico aéreo que el sistema de prensa en España, porque si no es así vamos apañados- no son los únicos que desvían la atención y ocultan datos.

"Me abren dos expedientes disciplinarios por escribir una mariconada de blog. Tengo dos juicios pendientes, que cada cosa que vosotros tenéis por ley yo tengo que ganarla en los tribunales y eso si tengo suerte, que si no me jodo, porque soy controladora y no se me aplica ni de coña la misma justicia que a vosotros lo creáis o no"

Si yo pongo a parir en mi empresa en mi blog también me abren expedientes disciplinarios, eso si no me echan a la calle directamente. No te hagas la mártir por eso porque desde la Ley de secretos, pasando por el Reglamento de la Función Pública y hasta los contratos de confidencialidad de empresas privadas dan esa potestad las empresas. De nuevo vuelves a manipular. Puede que sea una injusticia -en eso te apoyo-, pero no es exclusivamente “tu” injusticia.

"Mis huelgas las pactan sindicatos en los que no hay ni un controlador y me nombran servicios mínimos del 120%. Si eso es tener derecho a la huelga que baje dios y lo vea"

¿Has oído hablar de la última huelga general? ¿Cuántos periodistas, policías, taxistas asalariados, operadores de cámara, cirujanos, bomberos, técnicos de centrales nucleares o conductores de ambulancias había en las delegaciones que pactaron los servicios mínimos?, ¿cuántos integrantes de esas profesiones hay en las ejecutivas de esos sindicatos?
Eso es algo que tendréis que pelear con vuestro sindicato o con aquellos que os dicen representar. No es problema de los ciudadanos ni de vuestros interlocutores en esas negociaciones.

"Ponemos a la opinión pública en nuestra contra: mentira, siempre lo ha estado porque nadie se ha molestado en escuchar los argumentos y datos que llevamos dando un año. Sólo oyeron 360.000 y no pasaron de ahí".

Resulta que la televisión existe para todos. Vuestro líder, portavoz, o lo que sea, se ha hartado de salir en ella ¿se le olvidó que podía mostrar su nómina a cámara para desmentir esa falsedad del ministro?
Supongo que el Instituto Nacional de Estadística también formará parte de esa oscura conspiración que sólo nos hace ver que ganáis 360.000 euros al año.

"¿Para qué cojones creéis que nos han cascado tres decretazos y una orden ministerial?"

¿Para asegurar las condiciones del Servicio de Regulación del Tráfico Aéreo? Por lo menos eso es lo que dice la famosa sentencia -que incómodo es el Estado de Derecho cuando la justicia se empeña en ir en tu contra y dejar constancia de ello, ¿verdad?-.
Y claro, dice cosas como que “la mejora de las condiciones laborales de los controladores ha comprometido gravemente la viabilidad económica de AENA, que se ha convertido en uno de los proveedores menos eficientes a nivel internacional y que "no estaba en condiciones de garantizar la seguridad y continuidad de la prestación de servicios de tránsito aéreo". O que "Dicho Estatuto, valorado en su conjunto, constituye indudablemente la mejor regulación de las condiciones de trabajo para una categoría de trabajadores que se ha producido jamás en la historia de la negociación colectiva española, lo que no merecería reproche alguno si la contrapartida no hubiera sido la pérdida de la viabilidad económica del sistema de tránsito aéreo, así como la garantía de continuidad y seguridad del mismo".
Pero es evidente que eso no puede ser verdad. Lo dice un Juez, una sala de La Audiencia Nacional. No lo decís vosotros. Así que no puede ser cierto.

"En el primero nos ampliaron la jornada por el morro en seiscientas horas al año, que está de puta madre".

Puede que a alguien le engañes, pero el Decreto -que, por cierto, sigue siendo legal y avalado por La Audiencia Nacional y su sala de lo Social. ¡Que bien buena era cuando os daba la razón!- no os ha ampliado las horas. De hecho, os las ha rebajado
¿Habláis de jornadas excesivas y os quejáis cuando os rebajan a 1.670 desde las más de 1.750 que trabajasteis el año pasado? ¿Dónde está el aumento de 600 horas?, ¿no será que han convertido esas 600 horas en horas normales y ahora las pagan menos -es sólo una hipótesis-?
Y aún con ese cómputo de horas no sumáis ni treinta horas semanales. Y si no queréis hacer las horas extras pues no las hacéis y no las cobráis. Es muy sencillo. Eso sí lo dice el Estatuto de los Trabajadores.

"Nos crujieron el sueldo y resulta que todos sabéis lo que yo gano porque lo dicen en la tele. Pues tampoco es verdad ni por los cojones. No gano 200.000 euros al año por mucho que diga el ministro. Ni eso ni la mitad".

O también puede que tú sepas lo que gana de media cada profesión porque vayas a la página del Instituto Nacional de Estadística y consultes las cifras a ese respecto. Tú puedes hacerlo. Quizás así descubras que el sueldo de los controladores se ha incrementado un 346 por ciento en los últimos doce años y el del resto de los españoles en un 3,5 por ciento. Pero seguro que es una manipulación miserable.

Si os molestaseis en mirar mejor, veríais que hace nada la directora de navegación aérea se soltó el moño diciendo que pedíamos más dinero saliendo de una reunión de la que existe un acta en la que no figura semejante petición. Un juez la obliga a retractarse, pero vosotros sólo oís lo que os da la gana. Y somos los malos para variar. Y de éstas hay mil.

Yo también me peleo con mi jefe, también discuto con él, también miente sobre mí y también le denuncio. Pero no por ello pongo en peligro la vida de nadie porque mi jefe no me haga caso.

"Hemos presentado cientos de demandas por incidentes de seguridad, por irregularidades de todos los calibres. Van a parar al fondo de un cajón. Estamos recurriendo a tribunales europeos porque lo de España es el coño de la Bernarda.
En el segundo decretazo nos quitaron los descansos y se concedieron barra libre para ponernos a currar como animales y nos obligan a estar disponibles 365 días al año, 24 horas al día. Esto se lo comento a los médicos que me dicen gilipolleces, que ninguno curra todos los días.
Me obligaron a trabajar doscientas horas al mes a turnos de mañana, tarde y noche. Y para el subnormal que dice que trabajo como todo el mundo 40 horas a la semana, eso son 160. O sea, que yo trabajo el equivalente a cinco semanas en un mes de cuatro, cuando por ser trabajo a turnos debería currar bastante menos".

Falacias y lo sabes. Nadie en este país trabaja 24 horas al día, 365 días a la semana. La disponibilidad se paga y se puede renunciar a ella perdiendo sueldo -¡uf, como escuece!-. Y no hace falta una huelga. Coged vuestros cuadrantes, presentadlos en un juzgado de lo social y esperad una sentencia. Si de verdad no tenéis días libres, ni vacaciones, fallarán a vuestro favor ¿lo habéis hecho?, ¿por qué será?

Podría seguir desgranando, una a una, todas tus supuestas excusas o tus magníficos argumentos.Pero sería baladí, tan baladí como la pobre justificación que presentas.

Me quedo con estos últimos

No somos controladores suficientes, y es lo que hay. No damos abasto coño. No os queréis enterar. Nos exigís currar todos los días para tener vuestros putos puentes y vuestras putas vacaciones. ¿Dónde cojones dice que seamos vuestros esclavos? ¿Por qué vosotros tenéis todos los derechos del mundo y nosotros NINGUNO?

Yo no te exijo que seas controladora. Si no quieres serlo, no puedes soportarlo o es demasiado para ti es, haciendo gala de la misma solidaridad que tú has puesto en liza, tu problema.
Si hacen falta más controladores aéreos, pedidlos, si hacen falta más equipos tecnológicos, pedidlos.
Bajad los aviones a tierra, no deis autorizaciones de despegue y poneros en huelga indefinida todo el tiempo que queráis y que vuestras economías soporten. Afrontad como auténticos trabajadores las consecuencias y no finjáis bajas médicas ni otras artimañas para seguir cobrando, pese a estar en huelga. Y, si ese no es el problema, no pidáis aumentos de sueldo y dejadlo muy claro. Entonces quizás os comprenda y seguramente os apoye.

O lo de que me hacen a mí militar por sus cojones. A mí y a su puta madre, porque en ese preciso instante le clavo al militar mi contrato en el fusilito y que se enchufe él. Lo que me faltaba ya para el duro.

Me gustaría ver como lo haces ¿me cuelgas una foto en el blog? Entonces empezaría a respetarte. Porque ¿sabías que, según la legislación militar, renunciar a un puesto militarizado es deserción? -yo no sé exactamente lo que significa, pero suena fatal-.

¿Es seguro volar con control militar? Cuando hayan recibido la formación correspondiente lo será. Ahora mismo ni de coña.

No me insultes, ni a mi, ni a mi inteligencia, hablando de seguridad en el tráfico aéreo. Vosotros habéis dejado colgados decenas de aviones en el aire y os habéis ido a charlar de vuestras cosas en un hotel. No tienes ni la capacidad ética ni el derecho que otorga la responsabilidad para hablar de seguridad en el tráfico aéreo. Esa era tu responsabilidad e hiciste caso omiso de ella.

El que quiera ser un esclavo que lo sea, no me contéis que vuestros curros son peores, espabilad y luchad en lugar de lloriquear, pero yo defiendo el último derecho que me queda, que es el de pelear por recuperar mis derechos (lo que vosotros llamáis privilegios, que manda huevos) y mi dignidad profesional y personal.

Este es muy bueno, de verdad.
Como yo tampoco soy un esclavo no tengo porque soportar que tu situación laboral impida mis derechos porque yo no he provocado esa situación laboral.
Como yo no soy un esclavo no tengo porque soportar que mi vida sea moneda de cambio en un pulso con la Administración para que un puñado de personas no se vean salpicadas por la crisis económica que todos sufrimos.
Como yo no soy un esclavo recurro al último derecho que me queda, que es defender mi vida para que no sea utilizada como palanca de presión o moneda de chantaje mientras cuelgo del cielo a 10.000 pies de altura.
No te insulto -os habéis insultado vosotros solos- y puede que yo no tenga derecho a condenarte ni a juzgarte. Pero lo que tengo claro es que tú no tienes derecho a jugar con la vida de nadie para conseguir tus objetivos, por muy justos que estos fueran y aunque lo sean.
Así que, por eso, sólo por eso y no porque ganes 3.000 o 300.000 euros o porque trabajes dos mil u ocho mil horas al año, si te juzgan por sedición y te pasas diez años en la cárcel, consideraré que te lo has merecido.
Y si, mientras tanto, alguien a quien quieres está siendo operado a corazón abierto y un cirujano mira su reloj y dice “uy, me siento mal, me voy a ir, esto no es una huelga. Es que como trabajamos en tan malas condiciones, somos pocos y no ganamos lo suficiente, tengo demasiado estrés” y deja el corazón latiendo encima de la mesa de operaciones en espera de que alguien le sustituya o de que un militar sin preparación aparezca y concluya la intervención quirúrgica. Entonces ponte en contacto conmigo.
Ese día hablaremos de tú a tú y ya verás qué bien nos entendemos.

viernes, diciembre 03, 2010

Y los secretos nos quitarán la vida

Hay circunstancias en las que el secreto nos cercena, nos aleja, nos invade. Y hay veces en las que la ruptura de ese secreto, el conocimiento -aunque sea casual- de ese dato ocultado y negado nos cambia el dolor incurable de la mentira mantenida por el sufrimiento mesurable de la realidad indeseada.
Hoy es uno de esos días.
Veo un interface de visión aérea de un cazabombardero estadounidense. Una imagen de baja resolución en blanco y negro de las calles de un pueblo irakí. Escucho a alguien que habla con esa jerga que han hecho típica las pelis hollywoodienses de alfa, tango, delta y eco Charlie.
Y el tipo decide bombardear una furgeneta aunque no sabe quien la conduce, de donde viene y hacia donde va. Cierto es que el tipo lo pregunta varias veces a alguien -que deben ser sus mandos- pero no recibe respuesta y lo hace.
Buenos dias, estoy en Wikileaks.
Así las cosas, acudo a la red dispuesto a ver qué ha pasado con ese incidente -o con cualquier otro que se refleje en la página- y me encuentro que no pasa nada. Nadie cuestiona lo que ha hecho el piloto, nadie pregunta la identidad de los que conducían la furgoneta, nadie quiere saber quien es él que ordenó el bombardeo preventivo y "por si acaso" son terroristas que huyen.
Se habla de Wikileaks y mucho. Pero se habla del acoso a dos secretarias suecas -¡Temblad, Landa, Esteso y Pajares, vuestros días de libertad han acabado!-, se habla de Assange y de un posible juicio por esos cargos, se habla de clausurar la página, de impedir el acceso desde Estados Unidos, de quitarle alojamiento dentro de las fronteras de la motrópoli del Imperio Atlántico.
Pero el piloto sigue en su casa, el general sigue en su centro de mando, la chatarra calcinada de la furgoneta sigue en el desguace y sus ocupantes siguen muertos. Y nadie habla de eso.
Nuestra capacidad -y la de nuestros gobiernos- para la esquizofrenia bipolar de personalidad dividida está alcanzando proporciones titánicas. Titánicas por lo inmmenso de su magnitud y por lo destructivo de sus consecuencias.
¿Por qué se va a cerrar Wikileaks?, ¿Por qué se persigue a su fundador y rostro público? ¿Por qué se inventan o se magnifican todo tipo de delitos para hablar de él sin hablar del contenido de Wikileaks?
Antes de que los profetas de las conspiraciones me asalten con los relatos más rocambolescos, antes de que los antiimperialistas me persigan con diatribas antiyankies, antes que los pacifistas me inunden con invectivas, nada pacíficas, por cierto, sobre el complejo militar industrial, los amos de la guerra y el negocio de las armas, repetiré la pregunta.
¿Por qué?
Más allá de lo que ya es obvio y evidente. Más allá de lo oculto, que a estas alturas, ya es también evidente. Hay un porqué que no queremos valorar, que preferimos ignorar.
Porque nuestros gobernantes actúan con el mismo egoismo esquizoide que nosotros. Porque nosotros se lo pedimos, porque nosotros se lo exigimos. Aunque estemos en contra.
el gobierno estadounidense y el senador independiente Lieberman -me rio yo de la independencia dealguien que comparte apellido con el ministro de Asuntos Exteriores israelí- van a cerrar Wikileaks por una sola causa. Seguridad. Seguridad Nacional, pero seguridad al fin y al cabo.
Parece un contrasentido propio de políticos y dirigentes. Criticamos a China porque censura, cierra y manipula páginas de Internet pero nosotros cerramos Wikileaks, hacemos lo mismo por idéntico motivo por el que lo hacen los chinos, por lo que lo hacen los marroquies, por lo que lo hacen los isrealies o incluso por el que lo hacen los iraníes o los escondidos miembros de Al Qaeda. Por seguridad.
La Seguridad nacional de China depende de que su pueblo no escuche a sus disidentes ni a sus críticos, la de Israel de que se desconocan sus operaciones encubiertas o lo que piensas sus soldados de nombre Eden, las de Irán de que todo el mundo conozca y sólo conozca los preceptos del Islam, la de Marruecos y su rey de que nadie escuche al Polisario. Y la seguridad de Al Qaeda depende de sembrar el terror y que todos sepan que está en condiciones de seguir dispersándolo por el mundo.
Así que hacemos lo mismo que otros hacen por idénticos motivos a nosotros. Por Seguridad Nacional. Ellos no pueden hacerlo y nosotros sí. Pero los políticos hacen lo mismo que nosotros. No son diferentes de nosotros. Hacen lo que han aprendido a hacercuando simplemente eran ciudanos corrientes.
Nosotros no hablamos de nuestras vidas, escondemos nuestros errores, nuestras carencias, nuestros problemas. Esa es nuestra seguridad.
Pero luego nos regodeamos en el conocimiento de las de los demás, dedicamos conversaciones enteras a ellas, las escuchamos y las atesoramos -eso si no formamos parte del Wikileaks privado que cada uno tiene especializado en divulgar los secretos de su entorno-. La seguridad de los demás no nos importa más que lo que las de Pekin, Teherán o Rabat le preocupan a Washington.
Es esa bipolaridad, ese egoismo dimçorfico con respecto al secreto lo que permite que el gobierno estadounidense valore cerrar Wikileaks al tiempo que se queja porque el gobierno chino censura todo lo que le viene bien censurar. Es igual que la nuestra.
Y con toda esa duplicidad de criterios, con esa forma tan nuestra de hacer las cosas, hemos olvidado lo esencial, lo importante. La auténtica realidad de esta situación. El problema no es Wikileaks ni lo que cuenta. El auténtico problema es el general, el bombardeo, los muertos y el piloto.
El problema no es contar los secretos es crearlos.
Los gobiernos se niegan a darle claridad a sus acciones como nosotros nos negamos a darselas a las nuestras. Por eso ninguno queremos a Wikileaks en nuestras vidas, aunque no gusté que esté en las de otros.
Los insurgentes irakies no dejarán de planear ataques contra estadounidenses, los estudiantes chinos no dejarán de tirar piedras contra su gobierno, los iraníes no dejarían de emigrar de forma masiva no si Wikileaks no contara las verguenzas de sus gobiernos. No lo harían si sus gobiernos no comentieran esas vegüenzas.
Nuestros gobiernos, como nosotros, creen que pueden hacer lo que estiman oportuno sin tener en cuenta lo que eso ocasiona en otros. Y luego, cuando perciben las posibles consecuencias adversas -para ellos, que no para los otros actores del drama- recurren al secreto, a la ocultación para evitarlas. Y así el malo es el que lo cuenta, el que le da a todos los involucrados el arma para reaccionar ante la realidad que nosotros por conveniencia, por miedo -o inculso por una cuestionable piedad- hemos ocultado. El es el riesgo no aquellos que lo han hecho o que lo hacen. No nosotros.
Así, lo reprochable es sacar a luz historias y acciones que pueden traer consecuencias nefastas y generar reacciones dolorosas. No haberlas perpetrado -en lo político o en lo personal-. Ojos que no ven...
Pero hay que reconocer que, en este asunto de Wikileaks, el gobierno estadounidense está yendo incluso más allá -y es dificil- de nuestro propio egoismo esquizoide. Ahora el Fiscal General de los Estados Unidos pretende procesar a Assange por una ley de espionaje de 1917.
Creo recordar que la definición de espionaje -en terminos militares- era algo así como "actividad secreta encaminada a obtener información sobre un país, especialmente en lo referente a su capacidad defensiva y ofensiva para transmitirla a sus enemigos o rivales".
Parece que el Fiscal General de Los Estados Unidos de Ámerica considera a todos los estadounidenses enemigos del Estado -porque para ellos está hecha Wikileaks-. Cosas de la Seguridad Nacional.

Cuando nuestros hijos nos niegan la creencia

Parecía imposible que rizaramos más el rizo de ese individualismo absurdo que nos está apagando como seres y calcinando como sociedades. Pero no hay límite. Ni siquiera con nuestros hijos de por medio. Ni siquiera con ellos.
Para nosostos, los orgullosos miembros de la Civilización Atlántica, no hay frontera que, con un mínimo tiempo de concentración, nuestra estupidez no pueda franquear; no hay muro que, con el adecuado impulso maniqueo, nuestra arrogante ignorancia no pueda atravesar; no hay falacia que, convenientemente adocenadas, nuestras neuronas y sanpsis no puedan procesar para convertir en creencia incuestionable.
Resulta que aparece un brote epidémico en un colegio de Granada -pero uno de verdad, de una enfermedad de verdad. No de una pandemia de esas que ni nos matan ni nos mueren, pero nos asustan sobremanera-.
El brote en cuestión es de sarampión y se impone la vacunación. Es un clásico.
Una inmunización general y masiva con una vacuna que se usó y puede volver a usarse -no con una de esas experimentales que los paranoicos de la conspiración eterna y oculta convierten en veneno de la noche a la mañana-. Una vacuna que todos nosotros, los que estamos más allá de la cuarentena, llevamos en el cuerpo como otras muchas.
Como llevamos la de la viruela tuneada en el brazo -¿realizará Corporación Dermoestética operaciones espécificas para la cicatriz de la vacuna de la viruela? ¿cobrará un plus por borrar esa delatora marca de la edad de la anatomia en bikini de esas nobles cuarentonas que  se sienten alagadas cuando las confunden con treintañeras estupendas y ofendidas si no es así? Es una duda que me asalta-.
Pero, a lo que vamos, que me despisto. Resulta que los servicios de salud de la Junta de Andalucía van a ponerse a vacunar a los muchachos -como dicen por esas tierras- y los padres, alrededor de cuarenta al principio y unos quince ahora, cogen y se niegan. Por la tremenda. Sin anestesia ni nada.
Y resulta que los progrnitores -que, a estas alturas, hasta dudo de lo acertado de llamar padres y madres a estos seres- se niegan, no por unas creencias religiosas -que sería igual de absurdo, pero cuestionable-; no lo hacen por el miedo paranoico que puedan haber desatado las teorías conspiratorias que, sobre la vacuna de la famosa y efímera Gripe A, pulularon y aún pululan por Internet -que sería pura ignorancia pero comprensible-; no se niegan por cuestiones médicas o de riesgo -que sería el único motivo defendible-.
Se niegan porque creen en la medicina natural. Ya está y parece que eso les exonera de toda responsabilidad. Tienen una creencia. La panacea universal de nuestro tiempo.
Pasteur, Moraten, la Gamaglobulina y Swartz se pueden ir al carajo, yo creo en la medicina natural. Los cinco millones de casos que se registraban antes de la vacunación cada año en Europa pueden irse a donde se fue el Padre Padilla, yo creo en la medicina natural, el millón y medio de niños que mueren al año en el mundo por no disponer de vacunas contra esa enfermedad pueden desaparecer de la faz de la Tierra, yo creo en la medicina natural.
Y contra una creencia nadie puede decir nada.
Da igual que no la razonen, da igual que no hayan estudiado ni medicina, ni homeopatía -si es que eso se estudia en alguna parte, que no lo sé-, ni farmacia, ni inmunología. Da igual que varias docenas de personas que saben todo eso y muchas más cosas sepan que la vacuna funcionará, les aseguren que no tiene riesgos. Da igual que la vida de sus hijos no sea suya y no estén en posición de arriesgarla en vano. Ellos tienen su creencia.
Si ya era abverso en muchas circunstancias para el raciocinio -el poco que nos queda- tener que competir con individuos invisibles y sin sustancia que no quieren que se mezclen las sangres ni los órganos, porque luego no saben si el riñón trasplantado es virtuoso o pecador a la hora de repartir bonos de vacaciones eternas en el paraiso; si ya era duro luchar contra entes incorporeos que decretan una u otra comida impura, por necesaria que sea, o uno u otro animal de granja intocable y sagrado por mucho que haga falta para dar de comer a sus creyentes, ahora nos enfrentamos a las nuevas creencias.
Esos nuevos ídolos invisibles de la vida natural, la constante conspiración, la sustancia interior, la inteligencia emocional y otro sinfín de mandamientos de autoayuda, que se unen a nuestro, ya más que amplio, panteón  de incongruencias escudadas en el recurso a la creencia, de incoherencias escondidas tras la creencia, de egoismos sacralacizados con nuestra utilización de la creencia como el comodín de la llamada, siempre que queremos hacer o nos empeñamos en mantener algo que otros nos demuestran que es absurdo.
Y los hay que dirán: "tienen derecho a creer lo que quieran", o "este es un país libre" o incluso "yo no estoy de acuerdo con ellos, pero si es lo que creen". Ese es el riesgo de las creencias. Que todas parecen respetables. Pero no.
No tienen derecho a creer -uy, ¡Que mal suena! He dicho que no tienen derecho a creer- tienen la obligación de saber -uy, una obligación. Eso suena aún peor-.
Tienen la obligación de saber porque no es para ellos, es para sus hijos y sus hijos no han elegido la medicina natural ni ninguna otra. Es más, ni siquiera les han elegido a ellos ni han elegido nacer.
Así que sus hijos no pueden colocarse dentro del ámbito de la creencia, de lo personal, de lo que puedo arriesgar porque quiero hacerlo y es mio. Sus hijos entran dentro del rango de la responsabilidad y, cuando se es responsable de algo, la obligación es saber, no creer.
Yo sé que el sarampión duele y puede llegar a matar si no se trata adecuadamente, así que lo trato si mi hijo lo contrae. Y al carajo mi creencia en la medicina natural; yo sé que la vacuna funciona, así que evito a mi hijo el dolor y el riesgo y se la pongo. Y mi creencia en la medicina natural acompaña de nuevo al Padre Padilla allá donde quiera que se fuera; yo sé que la gamaglobulina y la vacuna de Moraten son efectivas, así que las aplico y al cuerno mi creencia en la medicina natural.
Y luego, con mi hijo sano y en perfectas condiciones físicas, le explico los parabienes de la medicina natural, compro todas las hierbas y compuestos que se me ocurren, los pruebo en mí -no en ellos- y, para cumplir mi fe ciega en la medicina natural, paso mis vacaciones veraniegas en una cloaca de Mogadiscio armado con un pac de Actimel cassei inmunitas. Si vuelvo sano, inmunizado y vivo, mi creencia habrá demostrado ser un saber aplicable a aquellos que no creen en ella.
Si eres capaz de hacer decir a un dios -sea de esencia invisible o de tallo herbaceo- sólo lo que quieres que diga no mereces tener dios. Pero si eres capaz de hacerle decir algo que ponga en riesgo a tus propios hijos, quizás no merezcas tener hijos.
Y no lo creo. Lo sé.  

miércoles, diciembre 01, 2010

Nighthawks vs. Sunday People - o lo que Hopper afirmó de nosotros sin saber que existiamos-.

Aunque con un día de retraso sobre el horario previsto, le ha llegado el turno a Hopper - como si al bueno de Edward le importara, a estas alturas del partido, un día más o menos a la hora de figurar en estas pobres líneas-.
Pero lo cierto es que el hombre de Nyack dio en el clavo. Su pintura y su arte le han hecho Nostradamus.
Usó el martillo de sus trazos y sus luces  para retratar su tiempo, pero clavó los clavos de sus cuadros y sus pinturas en las mismas palmas abiertas de estos nuestros días.
Podría parecer que el título de este post es una apuesta anticipatoria de la próxima Superbowl estadoundense, o de las series finales de la NBA, pero no lo es.
Tampoco es, aunque para alguno lo parezca de forma evidente, la contraposición entre dos obras maestras de un autor, que vio la realidad a través de sus ojos y se empeñó en no negarla ni pasarla por el destructivo tamiz de su percepción y sus necesidades.
Nighthawks vs. Sunday People es simplemente una pobre metáfora, basada en dos obras geniales, de aquello que hemos elegido ser para no ser aquello que, en realidad, estamos llamados a ser.
Así que, en el enfrentamiento entre el personaje solo y de alma deshauciada que fuma en el quicio de la puerta y los amantes y amigos que agotan sus fuerzas nocturnas en un garito, forzando al barman a una última copa y un último esfuerzo, somos lo que elegimos ser. Somos Nighthawks.
No porque lo seamos, no porque estemos llamados a serlo, sino porque nos empeñarmos en serlo.
Independientemente de nuestra vida social, de nuestras aventuras nocturnas, de nuestras risas y nuestros bailes, de nuestras copas y nuestras cañas, somos aquellos que se han refugiado en el único punto de luz que han encontrado para evitar verse arrastrados, sumergidos y arrojados en la obsoluta negrura que les rodea y la completa oscuridad que les acecha.
Y así, permanecemos en la luz, de espaldas a las sombras, de espaldas a nuestra propia realidad y a la de lo que nos rodea.
Elegimos los efímeros brillos de las políticas de gestos en lugar los oscuros nubarrones electorales de las políticas de responsabilidad; damos la espalda a la inquietante nebulosa de las luchas, por nosotros y por otros, que nos imponen riesgos y asumimos de frente los brillantes estallidos de las porfías personales que nos elevan sobre los demás y los ritos sociales y laborales que nos mantienen aparente iluminados con una nómina y un sueldo a fin de mes.
Elegimos, como díría el postrero poeta musical Chris Debourg, "little romances", que brillan y mueren sin darnos tiempo a otra cosa que no sea disfrutar de su luz y protestar por su rápido óbito, en lugar de un "long way love" -por seguir con la dinámica poética estadounidense-, que nos exige esfuerzos y compromisos y que nos recuerda que siempre habrá momentos en los que el frío de la oscuridad y la negrura contraiga los aterídos y cansados músculos de nuestra espalda.
En definitiva. No salimos del garito porque hay luz, porque no estamos solos. O al menos lo parece. Ignoramos que el garito está vacio porque los unicos que estamos somos nosotros mismos y más allá de nosotros no hay nadie. No puede haberlo.
Ignoramos que la luz que nos aparta de las sombras nocturnas solamente está encendida porque nosotros la obligamos a permanecer brillando, no porque ofrezca nada, no porque acabe nada, no porque vaya a permanecer brillante y salvadora cuando nosotros la abandonemos.
En el local que nos recoge y nos ilumina no habrá luz si no estamos, no habrá luz cuando nos vayamos, no habrá luz a la que volver.
En el garito en el que los Nighthawks no hablan porque no tienen nada que decir o porque no quieren que se oiga nada de lo que dicen, no hay nada salvo ellos -aunque parezca otra cosa- y la luz se apagará cuando ellos se vayan.
Y lo sabemos. Por eso no nos marchamos, por eso nos forzamos a la última copa.
Porque sabemos que, si nos vamos, si dejamos de escuchar a nuestras risas, nuestras hormonas, nuestras gonadas y nuestras carcajadas porque nos trasmiten esa alegría que sirve de virtual sustituto a la felicidad, empezaremos a tener que escuchar a esos corazones y esas almas que están tristes. Que se quedaron en la oscuridad que rodea al garito de los Nighhawks cuando atravesamos el umbral.
Tendremos que reencontrarnos con ellas y hacer algo. Por eso no salimos, por eso permanecemos de espaldas a la calle. Por eso ni siquiera nos preocupa el hecho de que no haya una puerta de salida.
Hemos elegido ser halcones nocturnos y ya no podemos dejar de serlo porque no hay puerta por la que salir hacia la oscuridad, hacia la soledad, hacia el compromiso, hacia la lucha, hacia el amor.
Ya no podemos -porque nunca quisimos- ser el tipo solitario que consume un puro -¡Dios quiera que De la Vega no le vea!- con la mirada perdida en su soledad; con la acitutd derrotada del que no habla, no porque, como los Nighthawks, no tiene nada que decir y no quiere que nadie sepa nada de lo que podría decir, sino porque no encuentra nadie a quien decírselo. Ya no podemos ser Sunday People.
Porque ese individuo puede levantarse y comenzar a andar. Puede asumir que pasarán kilómetros -o millas, para seguir en lo yankie- y que no encontrará a nadie, y que no encontrará nada.
Pero puede seguir andando y a lo mejor -o incluso a lo peor- encuentra algo o alguien. Porque el hombrecillo no tiene luz pero puede ver el horizonte y arriesgarse a atravesar la oscuridad -que no va a moverse de ahí- para emerger en un punto más luminoso y soleado de su vida y su historia.
Porque el personaje en cuestión que Hopper, el gran Hopper, pintó sentado en el porche de su tristeza y su decepción, de su resignación y su inacción, no tiene amigos ni amores. Pero puede levantarse e ir a buscarlos. Al contrario que los Nighthawks, no tiene que sustituirlos por aliados políticos, por parejas de baile, por camaradas de copas ni por compañeros de sexo. Sus puertas no se han borrado. No está encerrado de espaldas a las sombras. Está libre y las mira de frente. Aunque duela. Aunque joda.
Así que el amigo Hopper clavó los clavos de la Gran Depresión del pasado en el mismo centro de nuestros estigmas elusivos del presente como personas, como humanos y como sociedad. Lo que no sabía el pintor estadounidense es que la estádística -algo que era casi magia en sus tiempos- está contra él.
Por cada sunday people que se levanta, para adentrarse en la bruma de un futuro que no le va a llegar por esperar, hay noventa y nueve que lo hacen para intentar entrar a cualquier precio en el garito de los Nighthawks.
Por cada halcón nocturno que coge su taburete de bar y lo arroja contra la luna del local para poder salir, hay otros cientos de miles que, no sólo se apresuran a reponer el cristal para que nadie pueda venir de fuera a decirles que está oscuro, sino que ademas, cuando levantan la mirada de sus copas, sus bailes o sus polvos, ven en el espejo del bar la imagen de ese solitario de Sunday y creen que es la suya. Y creen que tienen esperanzas. Y creen que, aunque no hagan nada, salvo olvidar que tienen que hacer algo, lo oscuro pasará.
Pero eso no es culpa de Hopper. Al fin y al cabo, la única frase de él, no escrita con pinceles, que se recuerda es una que resume lo que pasa y lo que antes pasó en Ámerica -la Ámerica de los americanos, claro-.
"Ámerica es un país que nació muerto y al que su propio orgullo le impidió siempre reconocerlo e intentar volver a nacer".
Hoy, todos somos Ámerica. Por fín, todos somos Ámerica. Todos queremos ser Ámerica.
Después de ir a una sala de arte de una compañía de seguros -parace un contrasentido, pero las desgravaciones fiscales obran milagros- y ver una exposición titulada Made in America, hoy comprendo a Hopper.
Hoy vuelvo a llorar por nosotros.

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