miércoles, agosto 09, 2006

Israel habla de Sión

Marcia Kunstel y Joseph Albright, Noah Chomsky, Erich From, Illene Beatty, El Dr. Ronny Reich, Rashid Khalidi, Don Peretz, Sami Hadawi, Benjamin Beit- Hallahmi, Mahatma Gandhi, Benny Morris, Simha Flapan, Norman Finkelstein, Ilan Pappe, Albert Einstein....
¿Que tienen en común todos estos personajes? No. Esta vez no se trata de un juego de adivinanzas.
Todos ellos son isarelíes. Ninguno de ellos puede ser acusado de antiseminta como ya lo he sido yo por criticar y oponerme a lo que Israel lleva haciendo 50 años en Palestina y Libano.
De momento no escribiré más sobre este asunto, pero en esta última ocasión dejaré que sean los judíos los que hablen del sionismo. Quizás así, los perpetradores y aquellos que les defienden -incluso con buena voluntad- no puedan esconderse bajo el velo de las acusaciones de antisemitismo.
Quizás así, personas inteligentes como Jacobo vean la verdad de los hechos y de las motivaciones y descubran lo "avanzada y abierta" que es la sociedad del Reino de Sión.
Quizas así se den cuenta de que ya en 1948 los defensores de Sión entraron en Jerusalem con las armas en la mano y a bordo de carros de combate.
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Quizás asi se den cuenta de que la violencia y guerra están en el germén del Estado de Israel tal y como lo entienden los sionistas.
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O quizás ni por esas lo acepten
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Cierto es que Gandhi no era judío, pero no creo que alguien caiga en el error de considerarle antisemita.

jueves, agosto 03, 2006

La matanza de los primogénitos de Qana

Y de nuevo estamos a vueltas con Israel y los visionarios de Sion. La ofensiva sigue, las muertes siguen, la locura sigue.
El Reino de Sión ya tiene un nuevo Templo en el que cantar salmos en honor a su dios; ya tiene un nuevo Tabernáculo en el que guardar las ordenes sangrientas de su Ado-nay.
Ya tiene un nuevo altar en el que inmolar a corderos inocentes para que su sangre salpique las vestiduras blancas de los que sirven a Yahve y persiguen imponer su voluntad y la de los que gobiernan en su nombre.
El Reino de Sion ya tiene Templo: lo ha erigido en Qana.
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Cincuenta niños muertos para acabar con Hezbollah y la culpa no es de Israel, por supuesto. Ellos equivocan el objetivo, yerran los sistemas de recopilación de información, no berifican sus informes, ignoran el letrero de la puerta que pone Colegio -eso si, en árabe, una lengua pagana y gentil donde las haya- y bombardean un recinto matando a cincuenta niños. Pero la culpa es de otros.
Israel ha desenterrado su Yon Kippur y ha sacado de nuevo a pasear su Angel Exterminador. Es una tradición. Cada vez que están en guerra con alguien parece ser que se acuerdan de aquello de las plagas de Egipto y la emprenden con los primogénitos del pueblo en cuestión. En la era antigua fueron los de Egipto. Hoy son los de Libano. En medio estuvieron Sabra y Shatila. Da igual quien sea el enemigo pero sus niños siempre mueren. Siempre son masacrados y el Estado de Israel nunca tiene la culpa.
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Pero esta vez hay que congratularse porque El Ejercito de Sion ha realizado una investigación sobre lo ocurrido en lugar de limitarse a hincar la rodilla y agradecer a su dios que les librara de una generación de futuros terroristas en la cuna.
Y claro, los pilotos que bombardearon el edificio son inocentes. La investigación demuestra que no sabían que allí había niños Y por eso son inocentes. Los Servicios Secretos son inocentes porque la investigación demuestra que en otras ocasiones Hezbolla había utilizado colegios para guardar material bélico. Los que oprdenaron el ataque son inocentes porque se basaron en las informaciones de los Servicios Secretos... Y así hasta el infinito.
Un ciclo de elusiones y excusas que permiten que nadie sea culpable, que todos vuelvan a sus casas y a sus rezos sintiéndose a salvo de la sangre que riega el nuevo Templo de la Expiación que han erigido en Qana, que todos puedan seguir sintiéndose víctimas de un genocidio pasado en lugar de los verdugos en un genocidio moderno, que es en lo que se han convertido.
Nadie les cree, la realidad diluye sus cortinas de humo, la lógica derriba de un sólo soplido todas las argumentaciones que son capaces de inventar. Pero eso no les importa. Los demás, la realidad y la lógica no suelen ser importantes en el pensamiento colectivo de un grupo de fanáticos.
Tan antiguo como La Lapidación. Tan antiguo como la Matanza de los Primogénitos de Egipto.
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Hoy el infierno arde, pero arde de justa cólera.
Arde de indignación porque acoge en su seno cincuenta almas que no deberían estar aquí. Cincuenta niños que no saben ni sabrán nunca nada sobre las necesidades de tierra de Israel. Que desconocen todo sobre las visiones y locuras de los iluminados del Reino de Sion. Que murieron por la incapacidad de aquellos que deberieron parar el primer día una acción militar absurda, fascista e ilegal.
Hoy nos han llegado cincuenta almas desde Qana porque no queremos dejarlas en manos de un dios que permite a su Pueblo Elejido matar niños y además les da la orden de hacerlo.
Hoy, Azazel y Abaddon, cuidan de ellos y los acunan. Al fin y al cabo el Señor de Sion ya les castigó al infierno por negarse a ser sus Angeles Exterminadores. Ya tienen experiencia en proteger a los inocentes de la Ira de Sion.
Lo bueno de ser un demonio es que ni Adonay ni sus lacayos pueden bombardear tu casa.

martes, agosto 01, 2006

Buenas gentes, Malos tiempos


Dos de las personas que más quiero en este mundo -si, los demonios también amamos, solamente se nos condenó a no ser amados- comparten un mismo problema alérgico, una misma aversión patológica que en ocasiones les convierte en víctimas de aquellos que no sufren su misma patología: sienten auténtico terror al enfrentamiento, a la confrontación directa con cualquier persona.
Da igual que tengan razón o que estén equivocados. Da igual que estén solos o sientan el apoyo de una legión de arcángeles guerreros batiendo las alas a sus espaldas. Da igual que tengan un noventa por ciento de probabilidades de vencer y convencer o que su porcebtaje de posibilidades de derrota sean tan altas que no merezca la pena el esfuerzo. Ellos lo evitan, rehusan exponer ante sus contrincantes ocasionales o endémicos sus argumentos y dejar clara su posición.
Para un demonio como yo, que medra en el enfrentamiento, que considera que la sinceridad puede condenarte o matarte, pero siempre te hace libre, lo lógico sería que los considerase cobardes. Pero no es así. Simplemente les considero buenos seres humanos en tiempos en que la bondad no se estila.
Nunca conseguirán que el tiempo convenza a los demás de su error. Nunca conseguirán que les permitan abrir la ventana de su felicidad sin haber cerrado la puerta de un portazo de las imposiciones y exigencias de aquellos que no tienen su sentido de la bondad. Hace 20 años eran malos tiempos para la lírica. Hoy son malos tiempos para casi cualquier cosa.
Así que se ven abocados a la huída, a la desaparición a un arte cansado y repetitivo de escapismo continuo, de elusión de encuentros y elipsis temporales y espaciales que hagan que hacen que la órbita de sus vidas coincida lo menos posible con aquellos a los que evitan enfrentarse. No son cobardes: Son productos necesarios de su propia bondad.
Pero pasaron los momentos en los que el tiempo colocaba a cada uno en su lugar; pasaron los momentos en los que el que no loraba no mamaba. Ahora hay que parar el tiempo para descabalgar a los que no merecen estar en los lugares que no les corresponde,. Ahora si se quiere mamar hay que dar un puñetazo en la mesa y exigirlo como un derecho inalienable.
Pese a su adoración por lo justo y su tendencia innata a la confrotación como solución para la libertad, este demonio está en ocasiones triste porque no puede desenvainar su espada llameante para flajelar a los que dañan a esas dos personas aprovechando su excesiva capacidad para la bondad. Tampoco me quejo. Quizas por esa incapacidad para enfrontar los enfrentamientos directos él sigue siendo mi amigo y ella sigue dirigiéndome la palabra.
En cualquier caso. Si algún día os quedáis sin lugar al que huir, os quedáis sin refugio en el que practicar vuestra bondad siempre podéis acudir a mi casa. El infierno está permanentemente en jornada de puertas abiertas.

lunes, julio 31, 2006

Sílice, mente y prioridad de ejecución

Se nos acumula el trabajo.
Nuestras mentes y nuestras almas se encuentran abocadas a un ejercicio de saturación, como lo han estado siempre. Tenemos demasiadas cosas en las que pensar, demasiadas cosas sobre las que reflexionar y decidir.
Y en la ilógica lógica que impone el mundo actual, que imponen los ritmos y los sistemas de vida occidentales, hemos llegado a la solución, a la conclusión final, de que la única posibilidad de convivir con esa saturación de obloigaciones mentales es la eliminación. Hemos convertido nuestras mentes y nuestras vidas en microprocesadores informáticos.
Según parece, según nos movemos y nos comportamos, todo es una cuestión de prioridades. Debemos centrarnos en lo importante, en lo que realmente resulta esencial para nuestras vidas. Esa es una herencia, otra más, del pensamiento humanista, del sentimiento ilustrado, que atravesó occidente hace unos cuantos siglos como un fresco viento del norte. Otra herencia dilapidada; otro mayorazgo pervertido y convertido en parcelas ínfimas que se subastan al mejor postor.
Nuestra mente prioriza, nuestra vida prioriza, nuestros comportamientos y nuestras actitudes priorizan, pero, como hacen las mentes de sílice de los ordenadores, no somos capaces de modificar ese orden de prioridades una vez que ha sido establecido. Repetimos nuestra prioridad una vez y otra, dejando colgadas, en suspenso y sin memoria suficiente para ser ejecutadas al resto de las labores a las que deberíamos destinar nuestras fuerzas y nuestros cerebros. Somos incapaces de elevarnos por encima del mito de la multifunción de los ordenadores.
.Y el vicio, la verdadera perversión de ese sistema de prioridades, no está en el sistema en sí, no está ni siquiera en la incapacidad manifiesta de todos nosotros de dedicar nuestra mente a dos actividades intlectuales al mismo tiempo. El auténtico error está en la unidad de medida que hemos colocado en primer lugar de esas prioridades: Hemos reinstaurado el imperio del yo solitario.
Lo que es válido, respetable y efectivo para la vida personal; aquella necesidad de nosotros mismos que es, en muchos momentos, imprescindible para recordarnos como personas, ha sido elevada al rango de ley absoluta en todas las facetas de nuestros procesos mentales, en todos los trabajos que nuestro ordenador personal biológico debe procesar.
La sociedad occidental vive encadenada a la necesidad de la independencia del yo, a la imposibilidad de concevirse como parte de algo; a la pérdida de la humanidad como sentimiento colectivo.
Y es, curiosamente, esa imposibilidad de procesar al colectivo como algo prioritario lo que nos hace formar "colectivos" en los que integrarnos, lo que nos obliga a crear el mayor número posible de entidades comunes para poder formar partes de ellas.
Activistas y mujeres comprometidas se desgañitan gritando en favor del colectivo de mujeres. Pero en realidad tal colectivo no existe. Es imposible encontrar un punto en comun entre Ivanna Trump, Jessica Alba, Carmen Laforet y Ana Botella. Pero el colectivo femenino tiene que existir porque así todas las mujeres formarán parte de algo per se, sin necesidad de compromiso alguno, sin necesidad de variar el orden de prioridades de sus microprocesadores neuronales y llevarlo de sus personas individuales a un ser verdademente colectivo y social.
Es sólo un ejemplo. Las asociaciones de inmigrantes, los colectivos okupas, las asociaciones de víctimas, las confederaciones de padres, los colectivos gais, las asociaciones de minusválidos... No son homogeneos, no tienen los mismos problemas, no plantean las mismas soluciones, pero siguen clamando tras sus banderas - sean blancas, verdes, arcoiris o rosas- para no tener necesidad de abandonar su prioridad personal.
La reclamación no es una reclamación colectiva, es una reclamación personal disfrazada de colectiva: "Formo parte de ese colectivo porque mi naturaleza o mi decisión me ha llevado a formar parte de ello. No reclamo, no reivindico, no exijo para otros. Lo hago exclusivamente para mi". 
 El mensaje de error de nuestros microprocesadores repite esta letanía una y otra vez y nosostros nos limitamos a cerrar la ventana de aviso que abre y seguir adelante con nuestras labores.
Quinientas personas mueren en una semana en Libano víctimas de los bombardeos de los locos hacedores de Sión, pero ninguna de esas asociaciones, colectivos y confederaciones que, en teoría tienen en su esencia fundadora el deseo de libertad y de justicia, levanta su voz. Es muy posible que les parezca injusto, insoportable y cruel, pero su microprocesador no permite que esa tarea se anteponga a lo que han priorizado: a la defensa de ellos mismos.
Pero eso sí. Israel prohibe a un transexual participar en Eurovisión y se organizan protestas y manifestaciones; la ONU publica en un informe que el 60 por ciento de las mujeres musulmanas continuan llevando chador y se organizan mesas redondas, jornadas y protestas. Lo mismo pasaría si el gobierno Israeli o palestino afirmara que no tiene dinero para atender a los minusválidos o amenazara con acabar para siempre con los zorros del desierto o los caballos alazanes.
Occidente raya en el absurdo absoluto de reclamar lo superficial como si fuera esencial y sustituir lo esencial por el silencio. Hemos cambiado lo importante por lo prioritario.
Y mientras, la actividad política languidece; Los partidos políticos se suman al carro de los colectivos y algunos hasta recuperan el concepto colectivo más absurdos de los que ha generado el pensamiento humano para que todos podamos sentirnos parte de algo sin necesidad de dejar de ser esclavos de nuestra pioridad del yo: La nación no exige un cambio. Soy lo que soy por el lugar en el que he nacido. Mi prioridad de mi mismo no se siente atacada ni demorada por defender la nación -una, grande y libre, por supuesto-.
.La actividad sindical yace rodeada de las bonitas flores de los discursos del primero de Mayo y falsas huelgas generales en defensa del empleo. Pero los trabajadores no protestan porque ya tienen trabjo; los parados no reclaman porque eso no les garantiza un puesto. Nadie que toiene trabajo lo pone en peligro por los demás. Nadie exije justicia para los otros.
Todo lo que se ideo y se desarrollo como formas de lucha y compromiso con los otros, con la humanidad, se encuentra aparcado, crugiendo y crepitando en el segundo plano de nuestros cerebros sin recibir demesiada atención. Como un programa minimizado en la placa base de un viejo 486.
Y lo más grave es que la mayoría de nosotros lo pensamos, pero nuestro sistema de prioridades hace que seamos incapaces de proyectarnos más allá de nosotros mismos en beneficio de los demás, exclusivamente de los demás.
Y lo que es peor, no queremos que los otros lo hagan. Las asociaciones de mujeres no aceptan hombres; las asociaciones de homosexuales no integran heterosexuales; los colectivos de minusválidos no quieren a no minusválidos entre sus filas.
Si permitimos que nos ayuden quizás nos exijan reciprocidad y eso nos haría tener que volver a programar nuestro disco duro cambiando el orden de prioridades: Colocando a los demás al mismo a nivel que a nosostros mismos.
Encadenados a la maleta de nuestras propias prioridades y siendo reos de nuestro propio yo, inventamos la solidaridad para evitar el compromiso político y social. Nos vinvulamos a aquellos a los que ayudamos porque eso hace que sean nuestros, que formen parte de nuestro yo. Apadrinamos niños porque eso los vincula a nosotros, acogemos sahaguis porque eso los acerca a nosotros. Somos incapaces de arriesgarnos por el simple hecho de que alguien completamente extraño, completamente desconocido, completamente distante necesite en justicia esa ayuda, aunque nosotros no ganemos nada con ello, ni afectiva ni objetivamente. Mucho menos vamos a aceptar la necesidad de nuestra participación en reivindicaciones o luchas que nos van a hacer renunciar a algo.
Occidente se ha encerrado en la prioridad. Y el ordenador de sus acciones la mantiene siempre en primer plano. Se venden quince veces más libros de autoayuda que de sociología y la explicación es sólo una: La única prioridad del hombre y la mujer occidental es el mismo, sin ambajes, sin restricciones, sin posibilidad de replica.
No queremos ser grandes sintiendonos parte de algo grande -salvo en los arranques más viscerales del nacionalismo y deportivismo-. Sólo queremos ser grandes por nosotros mismos, en nuestro único orbe individual y personal. Y eso hace que sólo encontremos dos maneras de hacerlo: con el dinero y con la fama. La televisión, las revistas y las radios se nos pueblan de seres pseudopensantes que ansían la fama per se como forma de engrandecerse a si mismos y la vida se nos llena de personas que esperan el éxito, la estabilidad y el progreso económico para empezar a vivir. Si nuestra prioridad es el yo sólo desde el yo podemos ser grandes. Nunca nos sentiremos grandes por parar la guerra de otros o por evitar la miseria de otros. La auténtica grandeza de la humanidad es hoy en dia un abrigo de caridad o solidaridad que nos ponemos un par de veces por año.
Hemos conseguido el refugio seguro para evitar que nuestros procesos mentales, cognifivos y reflexivos nos obliguen a arriesgarnos sin ganar nada. Nuestra mente tiene el cortafuegos perfecto que evita que el virus del compromiso ético con los demás la invada y la obligue a realizar procesos diferentes a la potenciación, defensa y engrendecimiento de nuestro propio yo.
Nuestra vidas son un titular del Cosmopolitan en lugar de un capítulo de Germinal.

miércoles, julio 26, 2006

Adonay encadenado

En los últimos días circula por la red una de esas cadenas virtuales que se suponen que no deben romperse. Y ¿cual es el tema y propósito de la misma? Pues ni más ni menos que proteger al pueblo de Israel en estos días de tribulación.
Los que han ideado esta cadena parecen ignorar que la tribulación la han iniciado ellos y que ellos son los responsables de todo lo que está sucediendo en estos días y en los días anteriores que antecedieron a esta, por una vez inominada, operación militar sobre El Libano.
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Recurren ni más ni menos que al salmo 121 que dice literalmente:
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Elevare los ojos a las montanas de donde vendrá mi ayuda.
Mi ayuda proviene de Ado-nay, hacedor del cielo y la tierra.
No dejara resbalar tu pie, ni se adormecerá el que te guarda.
He aquí que no se adormecerá y no se dormirá el guardián de Israel.
Ado-nay es tu guardián. Adon-nay es tu sombra sobre tu diestra.
De día el sol no te herirá ni la luna de noche.
Ado-nay te cuidara de todo mal; cuidara de tu alma.
Adon-nay cuidara tu salida y tu entrada desde ahora hasta la eternidad.
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No sé como alguien puede atreverse a iniciar una cadena que solicita protección para aquellos que perpetran un continuado e indiscriminado terrorismo militar. Y lo que menos entendiendo es que se atrevan a mandarlo a gente que no forma parte de su comunidad de sionismo y teocracia, que justifica cualquier acción del Estado de Israel en aras de la voluntad de su dios.
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No quiero insultar a los que entonan el salmo 121 en sus rezos judios o cristianos, pero a aquellos que han iniciado esta cadena les recomendaria que, cuando eleven los ojos a las montañas, lo hagan en dirección a Los Altos del Golán, ilegalmente invadidos desde hace casi medio siglo. Cuando piensen en el creador del cielo y tierra descubran que el cielo no se creó para que volaran sus misiles, ni la tierra para que estallaran en ella. Cuando sientan resbalar su pie piensen que sea quizás en un charco de sangre de algún inocente o de alguien que pelea por su independencia.
Cuando sientan que sus guardianes no se adormecen, recuerden que fueron los torturadores del Mossad los que invertaron la tortura del sueño y cuando reciten que no se duerme el Guardían de Israel piensen que no lo hace porque escucha los llantos del los niños y los gritos de los moribundos y porque su conciencia le recuerda constamente que los gobernantes de su pueblo son un hatajo de asesinos.
Si Adonay, su señor, evita todo mal, los días de Israel están contados. Piensen en lo que están haciendo, lo que han hecho a lo largo de la historia y lo que planean a hacer y se darán cuenta del motivo por el cual su dios les abandonó hace tiempo.
La cadena está rota. Recurrir a Adonay no hará que su causa sea justa. No evitará los rugientes Gehennas de sus conciencias.

Lo pensado y lo escrito

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