viernes, julio 28, 2017

Cuando los problemas del gobierno israelí parten de no cumplir la ley.

Hoy seré breve, que la conexión no acompaña.
Preámbulo del artículo 242 de la Segunda Carta Fundacional de las Naciones Unidas (documento generador de derecho Internacional): "Es inadmisible la adquisición de territorios a través de la guerra”.
Cisjordania y Gaza fueron conquistadas militarmente en la guerra de 1967. Israel no tiene derecho a ellos. Y lo mismo se aplica a Jerusalén Este, adquirida de idéntica forma en idéntica guerra.
Artículo 49 de la 4ª Convención de Ginebra (también generador de derecho Internacional): “Es inadmisible para una potencia invasora transferir a su población a territorio ocupado”.
Los asentamientos israelíes en territorio palestino son ilegales y los 460.000 colonos israelíes no tiene derecho a estar allí.
Esto refleja el Derecho Internacional y esto sentenció la Corte Mundial por una mayoría casi unánime de 14 a 1.
Nada de disputas, nada de complejidades, nada de controversias, nada de matizaciones.
Israel no acepta ni la 4ª Convención de Ginebra, ni la resolución de la Corte Mundial ni la Segunda Carta Fundacional de las Naciones Unidas. Así que el régimen ilegal, según el Derecho Internacional, es el gobierno de Israel, no el Estado Palestino. Cualquiera que piense en hablar de Israel como un estado “democrático y moderno” que tenga esto muy claro.
Y sí el Gobierno israelí quiere que se hable de seguridad y de ataques terroristas que primero se convierta en un régimen legal según el derecho internacional.
Que uno tiende a simplificar las cosas cuando ve a su alrededor a miles de personas viviendo y sufriendo esas falsas “complejidades” de la ocupación israelí de Palestina.
Que primero cumplan la ley y luego pidan protección. Y no creo que entonces ya la necesiten.

martes, julio 25, 2017

Esa dantesca inconstitucional de mejorar las condiciones de trabajo

Vaya por delante que no es que yo tuviera demasiada confianza en esa supuesta última linea de defensa de nuestros derechos que es el Tribunal Constitucional.
Sus continuos vaivenes, sus formas partidistas de entender la justicia y demás compañeros mártires no le favorecían demasiado. Cierto es que algo de crédito había recuperado con lo de la anulación de la amnistía fiscal, pero lo perdió de inmediato al reprocharla pero no anularla.
Y ahora remata la faena con su admisión del recurso del gobierno contra un decreto de la Junta de Andalucía por vulneración de derechos y discriminación.
Y ¿cual es el decreto de marras del gobierno andaluz?, ¿ha firmado la independencia de Al Andalus?, ¿ha decidido negar la entrada de los no andaluces en la comunidad?
El Gobierno central recurre. No se entiende muy bien el motivo, pero en su derecho está. Y el Tribunal Constitucional lo acepta. Y eso sí que carece de explicación ninguna.
¿Cómo una medida que reduce la jornada laboral manteniendo el suelo, que fomenta la conciliación laboral y aumenta la oferta de empleo público para que más personas que no tienen trabajo puedan acceder a uno puede vulnerar los derechos?
Desde luego los de los andaluces no. Y los del resto de los funcionarios tampoco. Porque la Junta de Andalucía no tiene la posibilidad de aplicar esa jornada a la función pública que no trabaja para ellos. Si los funcionarios que dependen en Andalucía del Gobierno central siguen trabajando 37 horas, quien en todo caso vulnera sus derechos es su contratador, o sea las administraciones dependientes del Gobierno Central, o sea el mismo que ha presentado el recurso.
Ya de por sí no tiene lógica ninguna. Pero encima el Tribunal Constitucional obliga al gobierno andaluz a que los funcionarios vuelvan a la jornada de 37 horas hasta que decida si su reducción es constitucional o no. Estupendo.
De modo que no anula la Amnistía  Fiscal para que no los delincuentes confesos de fraude fiscal no caigan en indefensión, pero sí anula el decreto de la Junta da Andalucía sin importarte esa indefensión de los funcionarios públicos que no han cometido delito alguno.
No soy yo de los que dicen que los delincuentes no tienen derechos o que estos no deben ser respetados. Pero desde luego no parece muy constitucional ni de una estado de derecho que se tengan en cuenta para estos y no para los que no comenten delito alguno.
Lo de la discriminación es aún más grave.
¿No se supone que la discriminación positiva es un concepto que tiene cabida en nuestra Constitución?, ¿no se utilizó ese concepto para declarar constitucional una ley que convierte a la mitad de la población española en inocente y a la otra mitad en sospechosa y culpable por su mera condición sexual?, ¿por qué no se puede aplicar ese concepto a los funcionarios andaluces?, si se les discrimina positivamente sobre otros funcionarios mejorando sus condiciones de trabajo ¿por qué no se puede aplicar en este caso?
Porque no conviene. Simplemente por eso.
Y eso hace que el Tribunal Constitucional sea una vez más la voz de su amo. Si se acepta para los andaluces, el gobierno tendrá que igualar las condiciones en Andalucía y luego posiblemente en todo el territorio nacional. Y eso supondrá más gasto.
Y no olvidemos que la última linea de defensa de nuestros derechos constitucionales dejó que se alterara la Carta Magna con nocturnidad y alevosía para incluir el techo de gasto sin decir una sola palabra. Por no hablar que, mientras todos los recursos del Gobierno se aceptan, el 99 por ciento de los recursos de amparo de los ciudadanos son desechados sin ni siquiera entrar a juzgarlos.
Al final, ya no sorprende que la justicia no sea ciega pero que sí continúe siendo sorda.

miércoles, julio 12, 2017

Mayor Oreja y el sueño persistente del PP de ver los tanques en la calle

Lo bueno de tener irredimibles en tus filas es que no se bajan del burro. Ocurra lo ocurra, ellos siguen en sus trece y se convierten en un faro que siempre apunta al mismo sitio, a la esencia de aquello que ellos consideran lo esencial de la ideología. Lo malo es que te destrozan con una frase las más complejas y pensadas estrategias de manipulación social.
Dos semanas intentando vender esto del homenaje a Miguel Ángel Blanco como algo que refuerza la idea de juntos podemos conseguir cualquier cosa, enviando voceros a todas las tertulías para hablar de "puntos de inflexión social", de "decir basta al miedo" y de todo lo que se podía ocurrir para buscar una unidad social inexistente en torno a la figura de esta víctima de ETA y de pronto se le enciende la luz al irreductible, el obseso del control y la fuerza y te la echa por tierra con una sola frase.
"ETA sigue viva en Catalunya a través del procés soberanista de ruptura de España"
Y el gabinete de Comunicación del PP tirándose de los pelos en Génova 13, y los sueldos de todos los estrategas tirados a la basura. No porque no estén de acuerdo, no porque vaya en contra del mensaje que quieren difundir, sino porque toda una vagamente sutil y arteramente pergeñada estrategia de manipulación política y social ha sido puesta al descubierto.
Mayor Oreja, ¡cómo no! Allá donde se invoca la sombra de ETA siempre está Mayor Oreja.
Desde su retiro dorado o su celda acolchada en Bruselas -que nunca se tiene muy claro que papel cumplen en según que partido los destierros europeos- el adalid de la respuesta acorazada en las calles de Donosti a la Kale Borroka, desvela lo que algunos habían inferido, muchos sospechábamos y la inmensa mayoría probablemente no tenía ni idea.
Que todo esto de Miguel Angel Blanco y su homenaje es solo uno de los elementos de algo que nada tiene que ver ETA, ni con el terrorismo en Euskadi, ni con la memoria del asesinado Miguel Ángel Blanco.
Que todo va, como siempre en el último lustro de la política española, de la independencia de Catalunya.
Y ya no hay pancarta, ni memoria, ni ovación en el Congreso que pueda ocultar que el desmedido interés por la conmemoración de Miguel Ángel Blanco va también de eso.
Porque si el procés es ETA hay que reaccionar contra el Procés como contra ETA. Y si la forma de actuar contra ETA es la que se reivindica falsamente a través del homenaje a Miguel Ángel Blanco, eso supone que habrá que enviar a los cachorros a atacar las sedes de todo partido soberanista, independentista o nacionalista en Catalunya, que habrá que internar forzar que las fuerzas del orden, ya sean autonómicas o nacionales, les traten como criminales, que hay que intentar ilegalizar esa forma de pensamiento y decretar un delito ser independentista como se hizo con la infausta Ley de Partidos en Euskadi.
Vamos que hay que equiparar independentista con terrorista. Lo que siempre quiso y buscó el Partido Popular antes y después de Miguel Ángel Blanco.
Da igual que no haya violencia, es indiferente que el único conato terrorista del independentismo catalán, Terra Lliure, lleve décadas muerto y autoenterrado. El independentismo en sí mismo es ETA, es terrorismo.
Si a esto le sumamos a todo el carro de bueyes del sistema bipartidista, desde Aznar a Guerra, pasando por González, clamando por utilizar el artículo 155 de la Constitución para colocar Catalunya en un equivalente a un Estado de Excepción y a Dolores de Cospedal descolgándose también casualmente, como quien no quiere la cosa, con un ""por tierra, mar y aire, las Fuerzas Armadas y la Guardia Civil se encuentran donde haya que proteger los valores de la democracia y de la Constitución, pero también la integridad y soberanía"de España", parece que no hay duda.
No sé si al final se atreverán pero resulta más que evidente lo que están pensando. 
A lo mejor el irreductible Mayor Oreja ve por fin cumplido su sueño de ver tanques y las tropas en la calle, aunque no sea de Donosti y sí de Barcelona. 
Como ya ocurriera el 23F, en la Semana Trágica o en otros grandes momentos de "defensa de la democracia".
Y a lo peor los verdaderos patriotas nos vemos forzados a ir a una guerra antes de lo que pensábamos y no contra ese enemigo enfundado en negro y falso islam sino contra aquellos que nos fuerzan, como diría el liberal, nada comunista y padre de la patria estadounidense, Edward Abbey, a defender nuestro país en contra del Gobierno.
Aunque sea para defender el derecho de nuestros compatriotas a querer dejar de serlo.
Y entonces Mayor Oreja por fin será feliz.

Mosul o la elección entre Xerjes y la paz para evitar el relato del tuerto

Hoy en día existe una legión -aunque sería más correcto decir una falange- de seguidores de 300, la película de Legendary que nos trasladó el relató mítico de la eterna batalla de las Thermópilas contada por Heródoto y vista a través de  los siglos por los ojos de Frank Miller.
Y hoy me parece apropiado recordar el final de esa película. ese instante en zoo out en el que descubres que todo es un relato engrandecido por un tuerto superviviente ante las huestes griegas apiñadas en las llanuras de Salamina preparadas para la batalla final.
¿Por qué hoy? Porque hoy ha caído o terminará de caer Mosul.
Y muchos dirán que se ha derrotado al falso califato que esconde su deseo de poder tras la sangre y el fanatismo de los desesperados. Que se ha acabado con su poder en Irak y que se le ha vencido.
Pero no. 
Depende de lo que hagamos con esa victoria militar que hoy no sea el comienzo de nuestra derrota ante ese mismo falso califato que ante lo inevitable no pone pies en polvorosa sino que ha decidido caer luchando estúpidamente en apariencia en una batalla que no puede ganar.
Y muchos verán solamente el fanatismo de los que combaten inútilmente y se dejarán engañar sin contemplar o sin querer hacerlo que esa derrota significa una sola palabra: Mitificación.
Es tan simple como con los archifamosos y musculados 300 de Legendary.
El Falso Califato ya ha enviado a miles de sus supervivientes tuertos a relatar esta derrota, a embellecerla, a contarla de tal manera que se obtenga una victoria de la misma; a llamar a la venganza, a la unidad contra los infieles, a restaurar el orgullo islámico...
Desde el principio, aquellos que mueven los hilos del fanatismo de los incultos y desesperados que componen las filas de sus huestes, que son su carne de cañón, sabían que esta fase territorial estaba destinada al fracaso, que ejércitos más poderosos terminarían por quitarles los territorios conquistados en Siria y en Irak.
Sabían que ellos no verían la victoria, que era cosa de generaciones. Son crueles, están sedientos de sangre y de poder, son psicópatas. Pero no son imbéciles.
Así que sencillamente han escenificado su derrota para convertirla en mito ante las miriadas de hombres y mujeres a los que llegarán sus mensajes póstumos, sus elegías, a través de Internet, de los susurros en las mezquitas radicales, de los sermones de los falsos clérigos que predican su mismo falso islam.
Y como con Leonidas y sus 300 conseguirán despertar a muchos que ahora están plácidamente en sus polis lejanas creyendo que nada tienen que ver con esto, a muchos que hayan perdido familiares o amigos en los bombardeos indiscriminados, en los excesos y las purgas del ejército iraquí ya denunciadas por Amnistía Internacional, en las limpiezas étnicas llevadas a cabo por los kurdos mientras reconquistan Iraq.
Que la derrota de Mosul sea de verdad una derrota depende de nosotros. De lo que hagamos con nuestra victoria.
Porque si Xerjes -o para ser más exactos, su general Hidartes- no hubiera arrasado Tespia, Lacedemonia y Lacreoncia después de su victoria y hubiera enviado mensajeros de paz con una oferta razonable es posible que los griegos no hubieran cogido sus lanzas y sus hoplos porque el mensaje de Dilios no hubiera calado tanto en sus corazones.
Pero el mensaje calará si nosotros nos comportamos en la victoria como los anusiyas, los inmortales de Xerjes, y arrasamos la tierra conquistada poniendo gobiernos títeres que permitan a nuestras multinacionales seguir drenando petroleo y gas de esas tierras sin que la riqueza revierta en sus habitantes; si volvemos a apoyar gobiernos falsamente democráticos para que tengan a su población controlada y miserable para que la nuestra pueda disfrutar de la prosperidad que reclama como un derecho inalienable que no tiene.
Porque nosotros no somos en esta historia, por mas que nos gustara, los heroicos griegos. Somos los persas. 
Y si seguimos sus pasos, la próxima generación, tendremos todo un ejército pertrechado y dispuesto a morir y a matarnos para vengar esta derrota que ya será un mito, después de décadas de escaramuzas sangrientas que nosotros percibiremos como atentados terroristas.
De nosotros depende que la caída de Mosul no transforme en un puñado de años o de generaciones todo el Occidente Atlántico en una batalla de Salamina que sí podemos perder.
Caída Mosul y derrotado bélicamente el Falso Califato, nos toca decidir entre victoria y paz. Y la paz pasa por la justicia que hasta ahora el Occidente Atlántico, sus gobernantes, sus intereses económicos y sus transnacionales les llevan negando durante generaciones a las gentes de esas tierras hasta el punto de lograr que un puñado de arribistas sedientos de poder les fanatizaran.
Pero me temo que elegiremos ser Xerjes. No hemos aprendido a ser otra cosa.

martes, julio 11, 2017

Las mil muertes de Miguel Ángel Blanco antes de que el PP le deje descansar

Tenemos nueva polémica. Tan manida y maniquea como lo son todas últimamente en este país nuestro que navega entre el sectarismo y la sinrazón.
Ahora la toca el turno a un ponme o no me pongas una pancarta en recuerdo de Miguel Ángel Blanco en el Ayuntamiento de Madrid en el 20 aniversario de su secuestro y asesinato por ETA.
De nuevo ETA, siempre ETA.
Manuela Carmena no quiere ponerla y el PP y Ciudadanos se indignan. Ya no se atreven a decir aquello de que apoya al terrorismo porque ya no hay terrorismo de ETA, pero se indignan.
Y todos sus opinadores y voceros se ponen a recitar sus argumentos. que sí "fue un caso especial", que si "puso en marcha el Espíritu de Ermua", que si "fue cuando la ciudadanía perdió el miedo porque vio que ETA estaba separada de la sociedad española". Todo lo que sea posible para justificar porqué hay que hacer un homenaje nacional y multitudinario a Miguel Ángel Blanco.
Todas ellas podrían ser asumibles -y muchas lo son- si no fueran y hubieran sido manipuladas a lo largo de estos 20 años por aquellos que ahora hablan de unidad ante el terrorismo de nuevo a la sombra de la muerte, el sufrimiento y la sangre de Miguel Ángel Blanco.
Porque cada, disparo, cada muerte, separó a ETA de la sociedad española. La muerte de Yoyes, Meliton y Algorta la separó del independentismo que había recurrido a la violencia ante una dictadura, pero quería abandonarla porque ya no era necesaria; se separo del independentismo más radical catalán con quien pretendía tender puentes con el atentando masivo de Hipercord; se alejo del nacionalismo vasco cuando mando a sus falsos gudaris a amenazar y extorsionar a políticos y empresarios vinculados al PNV y asesinó sin tregua a miembros de la Ertzaina; se alejó definitivamente de la izquierda que buscaba una salida negociada cuando mató indiscriminadamente a políticos como Mujica o pensadores y juristas como Tomás y Valiente o Tagle; dijo adiós a las clases más populares y deprimidas con la reconversión industrial de Euskadi cuando hizo volar por los aires a los trabajadores de Elektra o puso bombas en sedes de la UGT... 
Cada muerte la alejaba de un sector de la población, cada disparo la condenaba a una nueva soledad. Cada acto de locura la aislaba.
Sin todo eso, sin toda la muerte y la locura asesina desplegada antes, el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco no hubiera significado nada, no hubiera tenido la repercusión que tuvo.
Pero, más allá de eso, lo que oculta este recuerdo que ahora se pretende avivar es precisamente la memoria.
Yo sé lo que hice ese día, cuando llegó la noticia de la muerte de Miguel Ángel Blanco. Escribí. Mientras mi hoy ex mujer -más dada a los gestos masivo- llenaba la terraza de velas en remedo de una vigilia pascual, yo escribí. 
Escribí lleno de rabia contra aquellos que habían convertido la lucha contra una dictadura en una mafia, contra aquellos que habían trasformado la justa reivindicación de independencia de un pueblo en una sangrienta forma de vivir, contra aquellos que le estaban robando la esperanza a todos para poder seguir viviendo de las armas.
Quizás por eso. Porque vertí la ira de ese día en papel, el recuerdo de la jornada de la muerte de Miguel Ángel Blanco no me borra la memoria de las posteriores.
No me elimina el recuerdo de como el Partido Popular llevó a su máxima expresión con él y con su memoria la más ruin de las estrategias políticas que se pueden llevar a cabo.
Como comenzó a pasear a la novia y la hermana de Blanco por todos sus mítines políticos en los que decía que el PP y solo el PP podía acabar con ETA; como catalizó la rabia y el dolor para enviar a sus cachorros enmascarados a intentar quemar las sedes de Herri Batasuna, intentando empezar una guerra civil en Euskadi que hubiera originado mucha más sangre de la que ETA hubiera sido capaz de verter aunque estuviera activa mil años.
Y lo que siguió haciendo durante las semanas, los meses y los años posteriores. 
Como intentó minar el gobierno del PNV vertiendo insinuaciones sobre filtraciones en la ertzaina sobre cuales eran los políticos vascos más susceptibles de ser secuestrados; como convirtió el Foro de Ermua -en manos del místico e intransigente Sabater- en un arma españolista contra todo nacionalismo; como se apropio de símbolos creados por otros -las manos blancas, la canción Libertad sin Ira- para gritar a los cuatro vientos que Miguel Ángel Blanco había muerto porque, en palabras del entonces presidente del PP vasco, Carlos Iturgaiz, "ETA sabe que solo la firmeza del PP en la defensa de España es capaz de derrotarla".
Como exprimió la formula política de utilizar ETA y su violencia como simbiontes electorales que ya había iniciado dos años antes con el fallido atentado de ETA contra José María Aznar, que le permitió ganar las elecciones y que seguiría durante muchos años con el control y uso partidario de la AVT, con el paseo por el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid de los familiares de las víctimas de la T4, alcanzando límites vomitivos y casi criminales con la mascarada del Gobierno de Aznar en el atentado del 11-M.
Así que, si hubieran pedido un homenaje a Tomás y Valiente, a Mujica o a cualquier víctima anónima del atentado de Hipercord, podría creerme que han cambiado, que lo hacen por los motivos que dicen hacerlo.
Pero como no lo hacen solo puedo pensar que gobernando en minoría, llevando al país al desastre económico y social, solamente quieren resucitar viejos fantasmas para lograr una nueva cosecha de apoyo social. Intentando vender de nuevo que el PP, sus políticas, su ideología españolista y todo lo demás salvó España del monstruo de la locura terrorista de ETA.
Por eso tiene que ser uno de los suyos. Por eso tiene que ser Miguel Ángel Blanco. No se contentan con utilizar su sangre y su muerte; no tienen bastante con aprovecharse del dolor de su familia, sino que también quieren capitalizar su recuerdo y su memoria dos décadas después.
Quieren recordarnos que fueron ellos y su forma de concebir España la que acabó con ETA porque era su más firme enemigo. Y sueñan con que, 20 años después hayamos olvidado lo suficiente para que esta vez lo creamos. 
De nuevo ETA, siempre ETA
Pero no. A lo mejor no es por lo que Carmena se niega a poner la pancarta. Pero sí es mi motivo.
No pienso olvidar la valentía de Yoyes y todos los "milis" que se enfrentaron a ETA abandonándola, denunciando sus prácticas mafiosas y arriesgando y perdiendo su vida por ello, ni de los nacionalistas del PNV que también lo hacían, ni de los ertzainas, ni de los sindicalistas, ni de los políticos socialistas o de UPN y permitir que el PP vuelva a intentar vendernos, veinte años después, que ellos acabaron con ETA.
Porque fue su forma de hacer política españolista y de usar a ETA para cosechar votos lo que estuvo a punto de enquistar ese problema para siempre en Euskadi.
Y sobre todo no quiero dejar que se olvide la valentía de los que realmente acabaron con ETA -o por lo menos le dieron el tiro de gracia-. Los magistrados que por fin comprendieron que independentismo y terrorismo no eran lo mismo y dieron a los vascos la oportunidad de votar a un partido independentista no violento. 
Y al pueblo de Euskadi que remató a ETA con un tiro en la nuca de su arrogancia, su locura y su salvajismo votando independentismo en contra de terrorismo.
Mi homenaje a Miguel Blanco, que es parte con su muerte de todo eso, es intentar no dejar que el partido al que perteneció intente utilizar de nuevo su cruel asesinato para ocultar, como ya escribí cuando ETA murió, algo que ni toda la manipulación electoral del mundo debe apartar nuestros ojos. El hecho de que ETA está muerta y de que Euskadi y los vascos la mataron.
Estos son, también veinte años después de la muerte de Miguel Ángel Blanco, los hechos del caso. 
Y son irrefutables.

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