jueves, enero 29, 2015

Nos hablan de Monedero para no hablar de la cartera

Esto empezó siendo un enfrentamiento ideológico. Y por esto me refiero a la reacción de los partidos tradicionales a la irrupción de otras formaciones políticas en el panorama que, hasta esta superposición de crisis, consideraban un feudo propio. Era de esperar. Era lo lógico
La cosa estaba en que cualquier propuesta que esas formaciones plantearan era utópica, irrealizable, ingenua, poco práctica o cualquier adjetivo que sonara a que no se podían llevar a buen término.
Por entonces se hablaba de economía, de déficit, de endeudamiento público, de gasto social, de aquello que estaba matando y sigue enterrando el futuro de este país y de otros muchos. Era un debate ideológico. Venga, va, es lo que tocaba.
Pero nuestros políticos, poco dados a argumentar y mucho menos a explicar esos argumentos más allá de un lema o eslogan electoral -¿eso no se conocía como populismo?- se cansaron pronto. Cuando se dieron cuenta que tras cada "eso es irrealizable", la gente, que no importaba mientras solo eran ciudadanos pero que empezaban a ser imprescindibles cuanto mas cera estaba el tiempo en el que se transformarían en votantes, había aprendido a preguntar ¿y tú que vas a hacer?
 Fue entonces cuando tiraron de su cortina de humo favorita -después del terrorismo y de ETA, eso sí-, de su hoplos favorito: de la corrupción. Y en eso estamos
Hace semanas que ni siquiera se recurre a eso de gritar "comunismo", como si se pudiera convocar al fantasma del marxismo leninismo con ello y Vladimir Ilich Ulianov fuera a abrir los ojos en su panteón moscovita. Solo se habla de Monedero y de sus dineros, sus currículos, sus becas y todo lo que puede generar la más mínima apariencia de incorrección.
Porque saben o creen saber que como a nosotros nos indigna la corrupción, como nos ha cansado hasta el hartazgo ver a todos meter la mano en la caja pública y guardársela llena en el bolsillo, van a conseguir que poniéndonosla delante nos olvidemos de todo lo demás.
Nos ponen delante el capote de la corrupción para que embistamos cual toros de lidia y no nos demos cuenta cuan dentro de la cerviz tenemos clavado el estoque del sistema económico que sufrimos y que es lo que nos está haciendo sangrar.
Y así, cuando nos convenzan de que los nuevos partidos son tan corruptos como ellos, los que hasta ahora habitan en los baluartes políticos de Moncloa, Ferraz o Génova, 13, entonarán el mea culpa, echarán a unos cuantos de sus corruptos a la arena circense para que los devoren los votantes enfurecidos y podrán seguir en lo más alto de la cadena alimenticia de la política nacional.
Pretenden que votemos contra la corrupción y aunque sea suya la utilizan de cortina de humo contra el principal mal de este país y del occidente atlántico en general.
Tal como yo lo veo, la corrupción no es la causa de nada, es la consecuencia de muchas cosas. La corrupción no ha generado cinco millones de parados, no ha destruido el tejido empresarial de este país, no ha dejado a millones de familias sin recursos, no ha originado un agujero financiero de 180.000 millones de euros, no ha arrojado a la servidumbre y la precariedad a los trabajadores por cuenta ajena.
Eso lo ha hecho un sistema económico basado en la deuda apalancada, el crédito engordado, el crecimiento continuado del consumo, la falta de redistribución de la riqueza y los beneficios y la acumulación de capitales. Un sistema que aunque aquellos que lo dirigen hubieran sido tan honrados como San Martín de Porres y tan éticos como Emmanuel Kant hubiera originado el mismo ciclo infinito y nos hubiera llevado al mismo lugar.
Y como no quieren que votemos para salir de ello, como no tienen respuesta económica posible para las propuestas de los partidos que propugnan salir de ese sistema económico, nos arrojan a la arena dela corrupción.
Cada día que hablan de Monedero y sus supuestas corrupciones es una jornada que evitan hablar de déficit, de recortes, de deuda creciente o de paro galopante. Cada portada en la que se acusa al político de Podemos -o a cualquier otro, ya puestos- de corrupción es una edición que no se ve obligada a presentar propuestas económicas de cómo salir del agujero dentro de ese sistema que dicen que hay que mantener.
Nos hablan de corrupción para no tener que hablarnos de economía. Nos hablan de Monedero para no tener que hablarnos de la cartera. Y se me perdone el juego de palabras, pero me lo ponen a huevo.

miércoles, enero 28, 2015

Cuanto menos Grecia somos, más cambio precisamos

La llegada Syriza al gobierno en Grecia por voluntad de los sufragios democráticos y no de los augurios, avisos y amenazas de todos los órganos, organismos y "organúsculos" que quisieron evitarlo para bien de los intereses de un sistema económico que nos está matando en su agonía, la estrategia de políticos y medios de comunicación política ha cambiado.
Ahora se trata de demostrar que España no es Grecia o que Grecia no es España para evitar que los ciudadanos que están hartos de lo que pasa en nuestro país hagan lo mismo que han hecho los griegos: borrar a los partidos tradicionales del mapa político y darle a otros la oportunidad de hacer una política diferente.
Y tienen razón. España no es Grecia.
Para empezar como decía un Tweet ayer: "en Grecia se detuvo a los militares golpistas en 1974, se les juzgo y encarceló, se hizo un referéndum y se echó al rey". Así que es verdad. España no es Grecia.
Pero hay más, muchas más cosas que nos separan de Grecia, que nos evitan la odiosa comparación con el país en el que ha triunfado el intento de cambiar la forma de hacer política.
En Grecia lo habitual es que formen parte de los gobiernos profesores y catedráticos universitarios, en España no pasamos de un par de inspectores de Hacienda -con todo el respeto a la dificultad de esas oposiciones- y encima los medios critican a las formaciones políticas que los integran porque parece que ser un cacique de pueblo, un lameculos de pasillo de sede de partido y un familiar de algún líder renombrado da mas "experiencia de Gobierno" que saber de política, economía o sociología.
En Grecia su primer ministro dimitió para crear un gobierno de unidad nacional cuando la crisis se hizo rampante y el rescate se consumó, aquí lo más cerca que hemos estado de eso ha sido cuando el Presidente del Gobierno y el líder por entonces de la Oposición se sientan en el mismo palco a animar a la selección española de fútbol.
En Grecia, con la plaza sintagma ardiendo día sí y día también de indignación, a nadie se le ha ocurrido criminalizar las protestas, crear una ley que impida o dificulte en extremo manifestarse, prohibir la convocatoria de reuniones por Internet o detener a manifestantes en sus casas, dos días después de la manifestación, desplegando un operativo policial digno de la lucha antiterrorista, en España, los inquilinos de Moncloa es lo primero que han hecho.
En Grecia los partidos tradicionales han cargado -como era de esperar y lógico- contra Syriza. Pero lo han hecho por motivos ideológicos. No han buscado conexiones con grupos violentos, no han intentado vincularlo con oscuros manejos de dictaduras de izquierdas alrededor del mundo ni se han llenado la boca de decir que son terroristas internacionales responsables de todo atentado desde la defenestración de Praga. Aquí tardaron un par de días en acusar a Podemos de estar vinculado a ETA -como no iba a salir el simbionte político favorito del Partido Popular-, de prácticamente aupar a Hugo Chávez al poder y les ha faltado un suspiro para encontrar el parecido entre Pablo Iglesias y el hijo del dictador coreano Kim Jong.
Así que tienen razón, sin que sirva de precedente tienen razón y se la doy. España no tiene nada que ver con Grecia. 
Allí sus gobernantes eran unos inútiles, corruptos, incompetentes e incapaces de hacer el trabajo para el que fueron elegidos y su población está harta de pagar el pato de los desmanes económicos de sus gobernantes y de mantener el nivel de vida de sus magnates enriquecidos con ese sistema.
Aquí también, pero ademas nos enfrentamos a un grupo de déspotas que pretenden mantenerse en el poder a cualquier precio, que no creen en la democracia, que actúan como si fueran los únicos que por derecho divino tienen al gobierno y que están dispuestos a acallar a la población, reprimirla y manipularla con tal de lograr su permanencia en lo más alto de la cadena alimenticia de la política española.
Allí han respetado la democracia, aquí intentan inventar la contra democracia. No nos parecemos. Por eso nos hace mucha más falta el cambio.

lunes, enero 26, 2015

El caos que no llega de Syriza sino de sus enemigos

Vale, Syriza ha ganado en Grecia. Vale el cielo no se ha caído sobre nuestras cabezas. Vale el mundo sigue girando.
El día uno del gobierno de Syriza en Grecia no ha desatado el Armagedom, no ha lanzado a los jinetes del apocalipsis a recorrer los caminos de Europa. 
Nos dijeron que desatarían el enfrentamiento con Europa, nos amenazaron con que desatarían el caos. Profetas disfrazados de analistas que en realidad eran voceros de los enemigos de esa nueva forma de ver la política trataron de encendernos los terrores y activarnos los miedos para que no hiciéramos nosotros lo mismo con nuestra sociedad: intentar un cambio, un verdadero cambio.
Nos hablaron de un enfrentamiento, del caos. Y en eso tenían razón. Pero la victoria de Syriza también demuestra quién lo busca, quién lo quiere y quién será el responsable del mismo en caso de que se produzca.
La victoria de Syriza ha hecho que la cotización del euro baje a niveles de hace once años. Los mercados reaccionan mal. Y pese a que nos digan que es lógico, que es una reacción de los mercados, que es culpa de Syriza, sabemos que no.
Porque los mercados no existen, no son entes de Inteligencia Artificial que actúan por su cuenta. Los principales compradores y vendedores de divisas son los bancos y son los bancos los que han declarado la guerra a Europa forzando ese derrumbe del euro -que todavía está por ver si es positivo o negativo para la economía en general- por el hecho de que Tsipras va a ser el nuevo Primer Ministro griego.
Los inversionistas, aquellos que no quieren que se toque su dinero, sus beneficios que tributan solamente un 1%, son los que han empezado un movimiento que nos puede llevar al caos. Aunque en realidad creo que les llevará al caos a ellos. 
Tsipras no ha hecho aún nada y los que tienen el poder económico en Europa y en el mundo ya pretenden dar un Golpe de Estado en Grecia utilizando el euro primero, luego la deuda griega -y si no al tiempo- y finalmente los créditos a los gobiernos -algo que ya se ha ensayado con éxito por ejemplo en Egipto- para intentar sacar del escenario político a alguien que quiere cambiar las reglas del juego y que ha sido puesto en él por la voluntad de los gobernados.
El líder de Syriza aún no ha formado siquiera gobierno y Alemania ya intenta interferir en su política porque ve que el diseño de falsa austeridad de Merkel que solo beneficia a los grandes productores europeos -es decir a su país- hace aguas. Ya amenaza, ya reprocha, ya advierte, ya intenta asustar, olvidando el principio de no injerencia que tiene que regir en toda asociación entre naciones aliadas y mucho más unidas económicamente.
Y a eso seguirán los demás. Quedan días -si no horas- para que el FMI haga algo parecido, para que desde S&P hasta la última de las agencias de valoración añadan letras y letras a Grecia convirtiéndola en un país en el que no es rentable invertir. Todos intentarán un bloqueo que fuerce a los griegos a cambiar de opinión, a rendirse, a plegarse a su visión del mundo y de la economía en lugar de llevar adelante la que ellos quieren poner en práctica.
Y eso no es lo más parecido a una declaración formal de guerra contra la voluntad democrática griega y el gobierno emanado de la misma.
Así que si hay guerra la habrán empezado ellos, si hay caos lo habrán desencadenado ellos no los griegos con su voto o Tsipras con su gobierno.
Y quien siga pensando que es más lógico que bancos e inversionistas opten por defender el dinero antes que a las personas ya ha elegido bando.

viernes, enero 23, 2015

El inútil chantaje cuando no queda nada que perder

Tenía yo olvidado al Padre Brown, un personaje novelesco de esos que leía mi abuela para descubrir tras un centenar de páginas que el asesino era el mayordomo. Pero hoy me lo han recordado un artículo periodístico con una frase que Chesterton le hizo decir en una de sus quedadas para tomar té con señoras bien de la alta sociedad británica: "La mitad de la política es el chantaje de los ricos a la gente común".
Y ahora estamos en esas. Nuestros políticos tradicionales tiran de todos los lobos, hombres del saco, barba azules y demás mitos de los miedos nocturnos infantiles para chantajearnos. Nos ponen la pistola del caos y el desastre en la cabeza y amenazan con dispararnos si no seguimos usando nuestros sufragios en su provecho.
Hoy es a los griegos, en mayo será a nosotros.
Pero, sinceramente, me parece que ese chantaje no les puede funcionar. Quizás hubiera sido posible hace seis o siete años cuando las cosas empezaban a ir mal. Pero ahora no tienen nada que ofrecer. Han dejado que su intransigencia y su ambición redujeran la sociedad a un conglomerado de miseria y falta de expectativas, han permitido que su fanatismo económico y su falta de visión financiera nos condujera al hambre y a la desesperación. Ya no queda nada que proteger y por eso no les queda nada con lo que chantajearnos.
No les funciona con Syriza porque los griegos no temen al caos porque ya viven en él y saben quienes son sus creadores, no les funciona con Podemos porque España ya está arrasada y todos sabemos quienes han sido los bárbaros que han cabalgado sobre ella a lomos de los potros de su avaricia y sus ansias de poder y la han sembrado de sal, impidiendo toda posibilidad de que una nueva siembra la pueda hacer germinar. 
Y esos ricos, sus voceros, sus defensores y sus mesnadas, se dan cuenta ahora de lo que creyeron su fuerza es su debilidad. Se han preocupado de ser pocos para tocar a más dinero, a más riqueza, a más poder y ahora llega el día en el que ser el 1% de la población que detenta el 70% de la riqueza juega en su contra. Porque el voto de un rico es uno. Por muchos millones que atesore en Suiza, es uno; por muchos cargos que pueda comprar y corromper, es uno. Y no les salen las cuentas.
Conseguirán engañar a algunos que pensarán que por sangre, entorno, suerte, familia o casamiento creerán que aún tienen una oportunidad de formar parte de esa élite económica. Pero la mayoría no. Su insaciable avaricia nos ha obligado a despertarnos de ese sueño americano de poder alcanzar la riqueza para descubrir la pesadilla que ellos han construido para nosotros.
Pero tienen que intentarlo y seguir haciéndolo. Me da la impresión de que tienen que hacerlo porque cada elección, cada votación, se ha transformado en un enfrentamiento entre los que temen perderlo todo y los que ya nada tienen que perder.
Y ahora sabemos que los que temen perderlo todo nos lo robaron antes. Así que el chantaje del que hablaba Chesterton a través de su cura detective no puede funcionar.

jueves, enero 22, 2015

Cáncer, el nuevo arma del pogromo sanitario

Parece que no, parece que es Ciencia Ficción post apocalíptica de esas de Orwell, pero hay veces que el vicio de relacionar informaciones termina poniéndome los pelos de punta.
La santa patrona del recorte, María Dolores de Cospedal, cierra por el artículo catorce toda la planta de pediatría oncológica del hospital de Toledo y el gobierno central mete el tajo a las prestaciones sanitarias de los funcionarios a través de Muface.
Por separado ambos recortes ya son perversos, pero si te da por leer la letra pequeña de la segunda noticia te enteras de que el recorte de prestaciones a los funcionarios también afecta a los tratamientos de cáncer. Y es entonces cuando te entran escalofríos.
El Gobierno, nuestro gobierno, ese que pusimos en Moncloa para otra cosa, ha decidido dejarnos morir a nuestra suerte. No está dispuesto a gastar dinero en los tratamientos de la enfermedad que más seres humanos mata -aparte de la guerra, que es una enfermedad social crónica- en todo el mundo conocido.
Podría haber eliminado de la cobertura de los funcionarios la reconstrucción maxilofacial tras un accidente, podría haber cerrado otro área del hospital infantil de Toledo, pero ha optado por dejarnos sin asistencia contra una enfermedad que es mortal de necesidad. Cualquier otro recorte en Sanidad sería irresponsable e intolerable, pero recortar en la asistencia del cáncer es simplemente criminal y escalofriante.
Para mi significa que prefieren que muramos, que no les importa con tal de poder sacar dinero para sus negocios y para sus necesidades políticas, que han iniciado un camino cruelmente maltusiano de librarse de todos aquellos que no son productivos y que necesitan de una inversión económica simplemente para mantenerse vivos.
Y les da igual que sean niños, ancianos, funcionarios, parados o cualquier otro ciudadano que padezca una enfermedad que le puede llevar a la muerte, que no se cura con ibuprofeno y una taza de leche caliente.
"Si al final van a morir no gastéis el dinero de nuestras campañas electorales y nuestras cuentas cifradas en Andorra, Suiza o Caiman Brac en ellos". Ese es el nuevo lema que rige la actuación de nuestras autoridades sanitarias.
Cercenar la asistencia oncológica no es otra cosa que la matanza de gente indefensa por un grupo enfurecido y violento
O sea, un exterminio sistemático, la definición casi literal de un pogromo.


martes, enero 20, 2015

FMI, Podemos y el miedo del absolutismo económico

Los medios políticos españoles - o sea casi todos- han perdido el norte. 
Ahora hacen frente común y lanzan a cuatro columnas y foto de portada la noticia, el aviso, de que el Fondo Monetario Internacional (FMI) teme a los partidos como Podemos y suponen que eso nos hará temblar, nos despertará el miedo, ese sentimiento tan necesario para que las cosas sigan como están pese a que no hacen otra cosa que empeorar.
Y solo el titular ofende a nuestra inteligencia. ¡Por supuesto que el FMI teme a esos partidos! Igual que El Vaticano temió a Martín Lutero, que la Corona de Francia temió a Dantón, que la Confederación sureña temió a Linconl o que Su Graciosa Majestad temió a Gandhi.
Temen que lleguen al poder los que no quieren jugar con sus normas, los que no están dispuestos a sacrificar cualquier cosa, a personas y futuros, con tal de mantener el statu quo, con tal de mantener un sistema económico y unas normas de las que ese organismo es vicario sobre La Tierra.
Pretenden que tomemos al FMI como un baremo de franqueza, sentido común y racionalidad y escuchemos sus palabras como el evangelio y olvidemos que es el mismo organismo que pidió que se despidiera a más gente para flexibilizar el mercado de trabajo, que se recortarán más servicios públicos para controlar el déficit, que se bajaran los sueldos, que se salvara a los bancos...
Pero a mi me resulta muy difícil olvidar que el FMI es el mismo organismo que no solo se encogía de hombros ante la caída en la miseria de Portugal, Grecia, España y todo país al que arrasaba el picado sin freno del sistema liberal capitalista que ellos mismos habían propiciado y mantenido.
Y tampoco se me olvida que el FMI no es un órgano que se haya creado y mantenido para el bien de los ciudadanos y de las sociedades, sino para el bien del dinero, de las finanzas y de un sistema económico agonizante. Que es el órgano que propuso, auspició e incluso exigió las medidas que nos han llevado donde estamos.
Así que no temo a los partidos que quieran cambiar las reglas del juego porque el FMI los tema porque en realidad, tal y como yo lo veo, no temen a Podemos, Syriza o cualquier otro partido que quiera sacar los pies del tiesto del absolutismo económico que ahora nos rige. El FMI teme que ganen, gobiernen y logren construir una sociedad estable y provechosa sobre otras bases, sobre otras reglas que no supongan el sacrificio de personas, familias y futuros en beneficio de unas cifras macroeconómicas.
Temen que se posible y eso les convierta en un recuerdo aciago de tiempos peores.

domingo, enero 18, 2015

Y olvidamos la lección de la deuda apalancada


Es posible que alguien me llame agorero o que tengo complejo de Casandra o alguna otra cosa peor pero me parece que no hemos aprendido nada.
De pronto, en plena de cuesta de enero, nos aparecen los datos del consumo y todo el mundo, sobre todos los que quieren mantener este sistema económico a cualquier precio -incluso al precio de la vida y la miseria de muchos- lanzan las campanas al vuelo. Su alegría se desborda cuando descubren que por primera vez en años, el consumo de las familias excede a sus rentas familiares.
Y alguien dirá que eso bueno, que alienta a la recuperación, que para salir del bache necesitamos consumo, necesitamos gastarnos los ahorros porque así la economía crecerá.
Y no digo yo que sea cierto. Y no digo yo que en este sistema económico no sea necesario pero, ¿de verdad queremos seguir en este sistema económico?, ¿de verdad queremos que nos vuelva a pasar lo mismo?, ¿de verdad somos tan inconscientes que volveremos a hacer lo mismo esperando que tenga un resultado diferente?
Parece ser que ni la miseria, ni la reversión a la servidumbre, ni la debacle de la banca política española nos han servido para nada. 
Tal como yo lo veo lo único que supone que de pronto el gasto supera la renta familiar y el consumo sustituya al ahorro es que que no nos hemos enterado de que esta crisis eterna no la han provocado los bancos ni los políticos, no la han forzado los especuladores ni los corruptos: la hemos construido nosotros.
Y hemos olvidado que la burbuja inmobiliaria la creamos nosotros intentando especular con nuestras viviendas, que la crisis crediticia la originamos nosotros tirando de la deuda familiar apalancada a tal nivel que nos comíamos la nómina le primer día de mes y teníamos que recurrir para sobrevivir a la tarjeta de crédito durante los 28 días siguientes de mes; que el descalabro financiero lo originamos aceptando hipotecas que se comían el 70% de la renta familiar, pidiendo prestamos para viajar de vacaciones a Cancún, financiando  a crédito cambios anuales de coche, de muebles, de lo que fuera.
No nos hemos enterado de que estamos como estamos porque el crédito que parecía eterno e inacabable nos hizo vivir muy por encima de nuestras posibilidades.
Y ahora, en cuanto alguien nos vende unos cuantos "brotes verdes" nos lanzamos de nuevo al consumo, al gasto más allá de los ingresos, volvemos a alimentar un sistema económico perverso que nos ha llevado a donde estamos, que ha dejado a cinco millones de personas en el paro, que ha llevado a la ruina a miles de pequeñas empresas, que nos ha arrojado al abismo en el que todavía estamos.
Llámenme derrotista o pájaro de mal agüero. Pero si ya ni siquiera somos capaces de aprender de nuestros propios errores no queda mucha esperanza para el futuro. Si nos comportamos como niños pequeños a los que los gobiernos tienen que impedirles cometer una y otra vez los mismos fallos para no acabar una y otra vez arrojados a la miseria y la crisis quizás nos merezcamos lo que nos pase.
No olvidemos la lección de la deuda apalancada. Aprendamos a vivir con lo que tenemos, con lo que ganamos y a ajustar en lo económico y en todo lo demás nuestras expectativas a nuestras realidades. Que no es tan difícil, digo yo.

sábado, enero 10, 2015

Yihadismo: preguntarse por qué o ser como ellos.

 A veces me parece que el principal efecto que tiene la locura violenta sobre todos nosotros es que olvidemos como somos o al menos como hemos decidido ser. 
A lo mejor es porque todos los políticos, desde la izquierda a la derecha, desde el conservadurismo a la progresía, nos activan el miedo en cuanto ocurre algo como la masacre de la revista Charlie Hebdo, pero resulta que de repente nos volvemos tan locos o más que aquellos a los que se supone que queremos combatir.
Los hay que piden la pena de muerte a gritos y sollozos, ignorando el hecho de que la amenaza de muerte es inútil para alguien que cree saber que va ir al paraíso; los hay que piden la expulsión de todos los musulmanes de Europa, ignorando el hecho de que eso no soluciona nada si los que están dispuestos a matar y a morir deciden fingir que no lo son.
Y luego están los gobiernos que optan por montar una red de información que acumule los datos de todos los viajeros de líneas aéreas, ignorando la inutilidad de esa linea de actuación.
Dicen que ayudará a detectar a tiempo a los yihadistas, a los terroristas y a los criminales peligrosos, cayendo y haciéndonos caer en la trampa de confundir fanatismo con estupidez, locura con incapacidad intelectual. 
Olvidan que los guerreros de la falsa yihad son fanáticos pero son inteligentes, que viajarán en coche si hace falta, que realizarán la vuelta al mundo si hace falta para pasar por países que no están adscritos a esa red de control de personas, que irán de pie si hace falta. Pretenden vendernos que no serán capaces de eludir esos nuevos controles, como si no hubieran hecho lo mismo con los anteriores y los anteriores y los anteriores.
Y nosotros, de repente, nos volvemos tan irracionales como aquellos a los que combatimos porque estamos dispuestos a hacer cualquier cosa con tal de lograr nuestros objetivos. Estamos dispuestos a renunciar a nuestros principios con tal  de sentirnos seguros. 
Estamos dispuestos a conculcar derechos fundamentales, a castigar a justos por pecadores, a señalar cánceres y amputarlos con el hacha de nuestro miedo en lugar de localizar tumores y extirparlos quirúrgicamente con el escalpelo de la inteligencia, a crear nuevos mártires y ejemplos para la locura fanática con tal de sentirnos vengados al ejecutar a aquellos que quieren morir.
No es que nos volvamos asesinos, pero nos volvemos irracionales, olvidamos que debemos decidir desde la razón no desde el terror que sus ataques nos provoca. Que, según lo veo, es exactamente lo que ellos quieren. 
Dejamos que nos lleven a un terreno de juego en el que se sienten tremendamente cómodos porque ellos están y desean permanecer inmersos en su locura mientras que nosotros nos encontramos a disgusto en la nuestra.
Y sobre todo creo que nos volvemos irracionales porque damos todas esas respuestas sin haber hecho la pregunta adecuada ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?
Hasta que no encontremos una respuesta a esta pregunta que nos implique a nosotros no podremos hallar la respuesta adecuada a como evitar el terrorismo yihadista o cualquier otra forma violenta y fanática de ver el mundo y solamente lograremos que los que ejercen el poder se aprovechen de nuestro miedo irracional -comprensible pero irracional-, para que sigamos renunciando a derechos a cambio de una seguridad que no pueden garantizarnos.

jueves, enero 08, 2015

Charlie Hebdo, el yihadismo y la tercera vía

El ataque a Charlie Hebdo, las muertes y los eslóganes de los locos furiosos que lo cometieron solamente demuestran, tal como yo lo veo, una cosa: no sabemos tratar con aquellos que han ocultado la lógica y la razón bajo la oscura celada de su fanatismo.
Como civilización Occidental Atlántica recurrimos a lo único que tenemos, a lo poco que nos queda de lo que fuimos, que solo son dos cosas, dos argumentos repetidos una y otra vez: la razón y la fuerza.
Las doce muertes del ataque a la revista satírica es el fracaso de la razón, de la superioridad intelectual con la que se afronta el problema del fanatismo religioso, de cualquier fanatismo religioso. Tiramos de frases elaboradas, de sarcasmos y de dobles sentidos para explicarnos a nosotros mismos que no se puede ser un fanático religioso, para demostrar y demostrarnos que es un absurdo de proporciones mayúsculas matar por un dios, por una creencia o por una ideología.
Pero fracasamos. Fracasamos y la gente muere. 
No lo conseguimos porque el fanático no habla nuestro idioma, no usa nuestros procesos mentales, no capta nuestro sarcasmo, no se avergüenza de contemplar nuestra superioridad intelectual. El fanático solo entiende su rabia, su odio y su mezquina forma de intentar ser superior, de acallar sus complejos creyéndose el instrumento de la deidad de turno. Así que no renuncia, no se lo replantea. Simplemente aprieta el gatillo.
Y luego, atenazados por un miedo comprensible pero irracional, recurrimos al otro pilar de nuestra concepción del mundo: la fuerza.
Echamos mano de policía, de ejército, de redadas masivas, de leyes restrictivas, de invasiones, de bombardeos, de lo que haga falta con tal de acabar con ellos. Buscamos acabar con la plaga de una vez por todas. Matamos moscas a cañonazos en la creencia generalizada de que muerto el perro se acabó la rabia.
La invasión de Irak, la guerra Siria, el bloqueo del régimen de Teherán, la invasión de Afganistán, la antinatural alianza de Occidente con los peshmergas kurdos, las leyes anti terroristas, francesas, británicas o españolas son la demostración palpable de que eso tampoco funciona, de que no va a hacernos estar ni sentirnos más seguros.
Y seguimos fracasando. Y la gente sigue muriendo.
Porque el fanático no comparte nuestro miedo, no reacciona ante nuestros impulsos, desprecia los más básicos instintos de auto preservación porque de nada le sirve vivir si no puede sentirse superior. Porque el martirio le llevará allá donde quiere estar, donde necesita estar. A sentirse un elegido para la gloria aunque sea en la muerte.
Así que no nos queda más remedio que buscar otra solución, que mirar más allá de la razón y de la fuerza, de la inteligencia y del miedo y atacar la autentica causa del problema, empezando por reconocer una realidad que se me antoja innegable: siempre habrá fanáticos.
Porque, según lo veo, las religiones y las ideologías no son la causa, son la herramienta que aquellos que no han adaptado su realidad a sus expectativas vitales utilizan para encauzar su locura, para expresar su rabia, para dar forma a un odio interno que es suyo y solo suyo, que no parte de ninguna de las creencias o ideologías que dicen defender.
Lo único que podemos hacer es restarles fuerza y para ello lo que tenemos que hacer es quitarles seguidores, minimizar la posibilidad de que convenzan a otros, de que lleven a otros al lado de la linea que separa la razón de la locura en la que ellos habitan.
Y eso solo se hace de una forma: combatiendo la miseria, la falta de futuro, el hambre y la injusticia que tras cuartas partes del mundo sufren por como el Occidente Atlántico ha decidido organizar el mundo para su provecho.
Deberíamos haber aprendido hace tiempo que ese es el motor del fanatismo. Deberíamos haberlo aprendido con los pastorcillos cazando judíos por los bosques de Francia, con los papistas quemando hugonotes en La Rochelle, con los cruzados bañándose en la sangre de los sarracenos en Jerusalén, con El Ergún arrojando bebés musulmanes por las murallas de la Ciudad Dorada, con los campos de exterminio, con los Gulags, con las marchas hacia la muerte de los armenios...
Pero no lo hemos hecho y la gente muere y sigue muriendo.
En mi opinión solamente la lucha contra la miseria y la injusticia aislará a los fanáticos, les dejará solos con su dios o con su ideología y sin seguidores. Y entonces quizás si puedan funcionar la fuerza coercitiva y la razón. Pero hasta entonces no.
Nosotros sabremos si queremos enfrentarnos a un puñado de fanáticos furiosos, aislados y solos con su odio y con sus falsos dioses, o seguimos empeñados en proporcionales ejércitos inmensos por no saber renunciar a nuestros intereses y privilegios.

viernes, enero 02, 2015

De Guindos, el miedo y el frío y crudo invierno.


Esperaba yo que por una vez eso de que el cambio de año supone una tabula rasa de la que partir fuera real. Bueno, para ser sinceros, en realidad no lo esperaba, pero hubiera estado bien.
Pero 2015 empieza como acabo 2014 o para ser más exactos peor.
El ministro de Economía Luis de Guindos, que parece tener un don para la frase celebre fuera de lo común,se ha desayunado el primer día del año diciendo que "en España se ha pasado el miedo a perder el empleo".
Y se queda tan ancho.
Claro, como cinco millones de personas en edad laboral no tiene ya empleo, no tienen miedo a perder el trabajo; como un millón y medio de jóvenes no consiguen hallar su primer empleo, no tienen miedo a perder un puesto que no tienen; como se ha despedido a más de seiscientas mil personas en Eres avalados por la reforma laboral, esos ya no tienen miedo a que les quiten el trabajo, ya se lo han quitado.
Debe ser eso a lo que se refiere el señor ministro con eso de que nadie miedo a perder el empleo ya.
Porque no creo que sean las trabajadoras de Mercadona que soportaron acosos laborales por miedo a quedarse sin trabajo, ni a los cerca de dos millones de trabajadores que han aceptado el pasado año rebajas sustanciales de sus sueldos para que no les echaran a la calle, ni a los cerca de cuatro millones de trabajadores que, según las últimas estadísticas, acepta cobrar parte o la totalidad de su sueldo en negro para poder seguir trabajando, ni a todos aquellos que se callan y tragan con la inutilidad de sus jefes, la incapacidad de sus mandos intermedios o las tropelías de los propietarios de sus empresas por miedo a que su queja, su protesta o su denuncia origine un fulminante despido.
Y por supuesto supongo que tampoco hará referencia a los 17 millones de personas que aún trabajan en España y que torciendo el gesto aceptan el estudiado insulto de que se planifique una subida mensual de siete euros en sus salarios.
Ojala por una vez el ministro De Guindos acierte y en España se haya perdido el miedo a perder el empleo. Porque, si eso es verdad, a él, a su gobierno y a todos aquellos para los que Moncloa a diseñado un mercado laboral semi siervo y precario les debería esperar un invierno más que calentito.
Pero me temo que no. Nada es más fuerte que el miedo y nos espera un duro, frío y crudo invierno. También en 2015.

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