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domingo, marzo 18, 2018

A todos ellos, gracias.

A todos los que en el correr del tiempo y de los siglos se marcharon engañados allende sus hogares creyendo que su lucha y su muerte salvaría a sus niños; a los que resignados y exhaustos doblaron su espinazo, destrozaron sus manos, masticaron sus miedos y mataron sus deseos por alimentar las vidas y los sueños de todos sus pequeños.
A aquellos que callaron y aguantaron por darles un presente, a aquellos que gritaron, sangraron y murieron por querer legarles un futuro.
A los que quisieron enseñar a la carne nacida de su sangre todo lo que sabían, aunque fueran errores, a aquellos que callaron los fracasos de sus retoños, airearon sus gestas, besaron sus mejillas, palmearon con fuerza sus espaldas y les alzaron en alto con abrazos de oso, alabaron sus logros, festejaron sus risas, arroparon sus cuerpos, aplacaron sus llantos.
A los que quisieron hacerles fuertes para que no sufrieran, sabios para que no temieran, firmes para que no dudaran, valientes para que no cayeran; a los que fracasaron para que ellos triunfaran, murieron para que ellas vivieran, se negaron para que sus hijos pudieran afirmarse, se quedaron para que sus hijas se pudieran marchar.
A los que sonrieron al hacerlo porque en nada les pesaba intentarlo, a los que lloraron a oscuras y en silencio porque el peso del mundo caía sobre ellos por no saber hacerlo; a los que se alejaron, marchándose a otras tierras para buscarles alimento y cuando regresaron ya no les conocían.
A los que se perdieron once horas al día de sus vidas por buscarles sustento, a los que se conformaron con ser los últimos en saber de sus novios y novias, de sus sueños y vidas, de sus llantos y risas porque el mundo exigía que ellos fueran quienes renunciaran a sustentar su alma para buscar el alimento que necesita el cuerpo.
A los que les enseñaron a cazar, a luchar, a construir, a negociar o a crear porque era lo único que la vida a ellos les había enseñado y no tenían otra cosa que darles, a los que se negaron a llorar frente a ellas por no hacerles sufrir, a los que cuando había poco se lo negaban a sí mismos para dárselo a ellos, a los que cuando había mucho erraron por exceso intentando que lo tuvieran todo.
A los que solo pudieron ser los padres que siempre ansiaron ser cuando la suerte les concedió el poder ser abuelos.
A los que supieron besarles, abrazarles, acariciarles y entregarles amor y los que lo intentaron, pero no pudieron o supieron pasar de gestos torpes, de miradas calladas, de lágrimas vertidas hacia dentro o palabras cansadas. A los que los amaron por contener retazos del ser al que más habían amado en sus vidas pese a dejar de amarle, por ser nuevos, distintos, por crecer y aprender, por nacer y vivir. A los que hicieron de ellas el centro de sus vidas, de ellos el fiel de sus balanzas, pero no supieron decirlo porque ni la vida ni el mundo ni la historia les enseñaron las palabras, los ritos ni los gestos.
A los que apretaron los dientes enfrente de sus tumbas al regreso de mil guerras ganadas o perdidas, a los que gritaron su rabia en la boca de millares de minas desplomadas, en las lindes de millares de campos arrasados, en la cabecera de millares de lechos de partos malhadados, en la puerta de millares de edificios ardientes. A los que se ahogaron en alcohol y dolor por no saber perderlos o hubieron de conformarse con el vacío orgullo de mostrar sus medallas y fotos y repetirle al mundo que habían sido héroes o heroínas.
A todos ellos, gracias.
Gracias por ser los padres que el mundo os dejo ser, aunque no lo pudierais ser de otra manera.
Gracias por intentarlo, aunque algunos de vosotros perdierais el intento en el fracaso. Gracias por parir a vuestros vástagos al mundo, aunque no les trajerais a la vida. Gracias por aceptar el embarazo vitalicio que supone contener hasta al día de tu muerte a una hija o un hijo en lo más profundo de tu alma y tu vida.
Gracias por vuestros sacrificios y por vuestros triunfos, por vuestra sangre y por vuestra lucha, por vuestros aciertos, por vuestros errores, por vuestros fracasos, por vuestra humillación y vuestra dignidad.
Gracias porque cada una esas cosas nos permite a los padres de hoy, que antes fuimos hijos, poder hacer aquello que un padre siempre ha querido hacer.
Jugar con ellas, cuidar de ellos en su hogar, contemplar, disfrutar y compartir sus progresos, consolar, sufrir y llorar sus decepciones, enseñarles a pensar por su cuenta, alejarles del miedo y la desidia, abrazarles, besarles, estrecharles cerca del corazón, escucharles y hablarles, mimarles y enseñarles. Y dejarles marchar cuando al fin hace falta.
En cualquier vacío o paraíso que eligierais para morar tras la muerte, esbozar una sonrisa y alzar la cabeza con orgullo. Fuisteis los mejores padres que pudisteis o supisteis, que la realidad y la historia os permitieron ser. Y no os preocupéis por lo que oigáis ahora en este mundo. Para un hijo o una hija eso resulta más que suficiente.
Tranquilos, todos los infiernos de la nada, el olvido y la muerte, arden tan solo reservados para los que ni siquiera quisieron intentarlo.
Mis hijos, yo, el presente, el mundo y el futuro os dan las gracias, padres de tiempos anteriores, aunque ahora alguien quiera reescribir la historia en vuestra contra.

sábado, diciembre 31, 2016

Esas gentes del 30

¡Ay esas gentes del 30!
Que se ponen la sonrisa cuando aún es de noche para recibirte cuando en otros lugares aún no se han puesto ni siquiera las calles; que prefieren un abrazo, dos besos o un chocar de las manos en lugar de un frío “buenos días”; que te llegan en bici, que te vienen en moto, que no arriban al curro como quien va a la guerra, que retornan al tajo como quien vuelve a casa.
Esas gentes del 30 que te dan la experiencia atesorada en años sin menoscabo de que vuelvan a dártela si te es necesario; que te informan de todo pese a que ellos prefieran que no informes de nada, que te envían avisos de todas las pendencias, que te ganan batallas en las salas y te explican mil veces aquello que hace falta.
Esas gentes del 30 que se fuman contigo instantes de sus vidas, que te sacan los cafés a la calle, que te mueven la risa cada vez que les hablas entre mil y un correos, que paran a escucharte, que vienen a buscarte, que son tus aliados, que te hacen mirarte en el espejo de todos sus trabajos, de todos sus esfuerzos, de todas sus ideas.
Esas gentes del 30 que te buscan los números, que encuentran las facturas cuando tú no las hayas, que te dan y devuelven sin perder la sonrisa, sin perder la paciencia, atesorando calma, ahorrando discusiones, creando un rumor cotidiano que se echa de menos cuando falta, cuando desaparece, cuando el tiempo lo calla.
Esas gentes del 30 que son buenas, como dijo el poeta, en ese buen sentido de la palabra bueno; que vienen y que van cargados de maletas, que saludan a todos menos a uno, que atienden tus ideas, que te ofrecen las suyas, que trabajan con método y que piensan deprisa.
Buenas gentes del 30 que llenan las estancias cuando llegan a ellas, que reparten un trozo de alegría, una porción de luz, que se ocupan y preocupan de todos y de todo aunque no lo parezca, que tienen tanta fuerza en su vida como otrora, hace no mucho, tuvieron en sus botas.
Gentes grandes del 30 que te buscan lo que olvidas siempre que se lo pides, te perdonan las bromas, te escuchan los consejos; que te sonríen siempre, te llaman despegado, te aguantan los achaques, te tapan las carencias, te crean estrategias, te tuitean medallas, te fabrican campañas, te buscan cuando faltas. Te faltan cuando callan.
O esos otros del 30 que no están en el 30. Que vienen y van recorriéndose el mapa, que te envían sus fotos y sus logros, su esfuerzo y su triunfo; que te cuentan mil vidas divertidas, que se han ganado a fuerza de saber y criterio el nombre de “maestros”.
Gentes del 30 que aún viajan por el futbol, que te hacen sentirte orgulloso de trabajar por ellos cuando brindan por ti, cuando cenan contigo, que aún dirimen sus cuitas con goles y balones.
Y otras gentes del 30 que colgaron las botas y acuden cuando llamas; que suben a un escenario, visitan una escuela, apoyan una idea y haces que te sientas tranquilo de que gente como ellos aún se sienta orgullosa de ser gente del 30.
Gentes del 30 que en ocasiones vienen con nombre de poeta; que te cuidan los niños en la escuela; que organizan sus críos y partidos, que hacen fotos de ellos, que te hacen recordar que el presente siempre tiene un futuro que merece la pena.
Gentes pausadas y tranquilas que vuelven siempre al 30, que te logran regalos, te comparten ideas, te invitan a la calma, te buscan las maneras de mantener la paz, te ofrecen y te dan, te tienen siempre en cuenta; que escuchan los problemas serenos y apacibles e intentan soluciones; que te meten en todos sus proyectos porque saben que disfrutas con ello.
Esas gentes que encuentras en el 30, que te tocan el alma cuando ven que hace falta, que te dan sus consejos, que te cantan en alto, que te abrazan bien largo, que te dan en la espalda una sobria palmada de esas que gastan en el norte, que te llaman amigo, que al fin de la jornada, cuando acaba la suya, cansadas y tranquilas, aún te ofrecen su ayuda cuando sigue la tuya.
Y esas gentes del 30 que creen lo que viven y viven lo que creen, que te han dado paciencia, que respetan sin miedo tu experiencia y te entregan la suya cada vez que hace falta; que escuchan casi todo, que te llaman amigo.
¡Ay esas gentes del 30 cuanto trabajo dan a un solo corazón por devolver a cada cual lo suyo, cada rasgo de aprecio, cada gota de pura simpatía, cada gesto de cariño y apoyo!
Que los días que llegan, que el año que comienza, les traiga lo que dieron, se lo aumente, engrandezca y amplíe. Que devuelva con creces a todos lo que hicieron. Que uno solo no pueda aunque siempre lo intente.
Feliz 2017

domingo, noviembre 27, 2016

Conversación, amigas y seguir o salir de la trinchera

Mi amiga Juana Garrido, a la que conozco y respeto desde hace muchos años porque es una persona que piense lo que piense es capaz de argumentarlo, debatirlo y presentarlo ordenadamente subió al caralibro un enlace el día de la muerte de Fidel Castro en el que se listaban algunos de los logros sociales del gobierno cubano a lo largo de los años.
""Este país puede autodestruirse por sí mismo; esta Revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos (refiriéndose a Estados Unidos) nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra". Fidel Castro"
https://iniciativadebate.org/2016/11/26/el-mejor-homenaje-a-fidel-castro-es-recordarlo-con-hechos/
Mi amiga Ana Maria Palmieri, a la que solamente conozco por lo reflexivo y equilibrado por regla general de sus opiniones le contestó estó
“Además de lo bueno, también es necesario recordar que no hay libertad de expresión, a los presos políticos, a los torturados, a los miles que murieron ahogados tratando de huir de la isla. Eso no es democracia. Sabes que mi padre apoyó la revolución cubana, incluso fue a trabajar con Fidel al principio de su mandato, y que fue amigo del Che, pero no apoyó que se instituyera una dictadura”.
Y Juana respondió
"El único líder en América latina que mantuvo intacta la soberanía de su país y la dignidad de sus gentes. La libertad de expresión está muy bien para los que saben leer y entienden lo que leen. En Cuba no hay analfabetos. Eso sí, han conseguido superar enfermedades, huracanes, drogas, bandas y tribus... Cuba exporta médicos, técnicos y maestros. ¿Sombras?, ¡seguro! Para mí no oscurecen ni apagan el brillo de la obra que con inmenso coraje impulsaron aquellos visionarios. Y Fidel es el último. Ahora es Historia".
Y entonces llegué yo. Largo, pesado y denso como siempre.
Lamento tener que disentir Juana. ¿Intacta la soberanía de su país con cerca de siete millares de "asesores" militares soviéticos?, ¿con sus sierras convertidas en campos de entrenamiento para guerrillas y operativos entrenados y financiados por la URSS que se dedicaron a regar África de sangre desde Eritrea hasta Angola?, ¿con las mujeres cubanas que pasaron de ser prostitutas de los yanquis a jineteras de los turistas y los asesores militares soviéticos?
No entregar la soberanía de tu país a Estados Unidos para entregársela a la extinta Unión Soviética no es ningún logro, es simplemente cambiar un colonizador por otro.
La revolución Cubana murió cuando triunfo en 1959 como debe hacer toda revolución, como lo hizo la francesa en su momento, tras el periodo del terror, para dar paso a otra cosa. A un gobierno justo, a un gobierno democrático. Fidel no hizo ese paso y se convirtió en un dictador.
El bloqueo y la crisis de Bahía de Cochinos no justifican bajo ningún concepto que trasformes la PNR en un cuerpo represivo y en una policía política dedicada a cazar disidentes o que fundes el G2, la Inteligencia Militar Interior que torturó e hizo desaparecer a miles de personas.
Si para enfrentarnos a los horrores que generan un sistema represivo e injusto y una forma de organización económica desequilibrada y brutal, mitificamos a los monstruos que genera la ideología opuesta habremos hecho un camino lleno de esfuerzo, de sangre y de sufrimiento para volver al punto de partida.
¿La dignidad de sus gentes? ¿matarlos de hambre mientras recibes a cuerpo de rey a los intelectuales de izquierdas o mantienes en barrios con todas las comunidades a asesores, operativos y espías soviéticos es mantener la dignidad de sus gentes?, ¿purgar a los que piensan de forma diferente a ti es mantener la dignidad de sus gentes?, ¿dispararles por la espalda mientras huyen, sin hacer daño a nadie, para poder acceder a todo lo que el bloqueo les niega solo para mantener la imagen de éxito de tu régimen es mantener la dignidad de tus gentes?
Lo siento. La libertad de expresión y de opinión es para todos, sepan leer y escribir o no. Hitler también alfabetizó Alemania, Franco también alfabetizo España, Stalin Rusia y Mao Tse Tung y la revolución cultural China. Eso no compensa los cadáveres, la represión ni la negativa a dejar a sus respectivos pueblos la posibilidad de elegir. Y defender cualquier otra cosa solo tiene un nombre: ese que tanto le echamos en cara a otros regímenes y otras dictaduras.
Nada ensombrece lo que hicieron los que descendieron de Sierra Maestra para ganar la libertad de sus gentes. Pero nada ilumina lo que hizo Fidel desde el momento en que llegó al poder.
Pudo elegir otra cosa y eligió ser un dictador con las manos manchadas de sangre de su pueblo. Si para ti el asesinato sistemático, la represión, la persecución ideológica y la corrupción no ensombrecen un régimen entonces desgraciadamente entendemos el progreso, la libertad y la justicia de forma diferente.
Para mí no hay ideología, mejora sanitaria, ni alfabetización que justifique eso porque se puede hacer sin ello. Quieras verlo o no querida Juana Garrido Machiñena
La historia ya lo dice y no creo que pueda o deba decir otra cosa: Castro es otro revolucionario que corrompió una idea de justicia y libertad para transformala en una dictadura ideológica injusta.
Juana: He estado, estoy y estaré en otra trinchera Gerardo...
Yo: Lástima.Nos vendrías muy bien a los que estamos que pensamos y sentimos que hay que luchar a muerte cuando cuando hay que luchar, hay que agotarse hasta la última gota de sudor y construir cuando hay que construir y hay que estar dispuesto a morir por defender la libertad y la vida digna de todos, aunque no piensen como nosotros.
Yo estuve en tu trinchera mucho tiempo. Disparando sin mirar, imposibilitado de todo movimiento como lo está cualquier luchador en su trinchera; creyendo que la idea justificaba cualquier acción, que el ataque cualquier modo de defensa, que la victoria cualquier acto y reacción.
Hasta que un día salí y decidí combatir de otro modo. Ir a la guerra real.
Y allí descubrí que la vida y la muerte no son luces y sombras, son personas reales supuestamente de uno y otro bando que sangran, que mueren en tus brazos.
Que un enemigo es capaz de darte un vaso de agua y salvarte la vida mientras que un aliado te arroja a los leones con tal de aumentar su poder, su prestigio o su fuerza.
Y lo supe, lo supe cuando vi ciudades enteras destruidas, campos de refugiados arrasados, calles y autobuses empañados en sangre, cuando tuve un arma en mis manos y deseé matar.
Mi guerra, mi lucha, eternamente perdida y combatida, ya no será nunca más escondido e inmóvil en una trinchera en la que solo asomas la vista para disparar a riesgo de ser alcanzado en el intento.
Ya nunca más me moveré en la estrecha zanja de un solo pensamiento, de una solitaria y anquilosada ideología que se niega a cambiar por miedo a estar equivocada, por miedo a la derrota, por miedo a descubrirse a si misma agotada e inútil, superada por el tiempo y la realidad.
Mi lucha no es ni podrá ya ser nunca por el comunismo, el capitalismo, el socialismo o el liberalismo; no es ni podrá ser contra el imperialismo o por el colectivismo, contra el nacionalismo o por la independencia, por la tierra o por la patria, por la clase social o por el estamento, por la fe o por el laicismo.
Nunca más habitaré la penumbra de una sucia trinchera en el nombre de nada, por el honor de nada, por la gloria de nadie.
Desde entonces mi guerra se hace de otro modo. Corro, cambio de sitio, avanzo y retrocedo, escribo y si hay que disparar disparé otra vez parándome a mirar, a pensar y apuntar antes de hacerlo. Y lo hago pobremente, en el rango de compromiso y esfuerzo de los que soy capaz, por un solo motivo.
Contribuir en dar la libertad a aquellos que carecen de ella.
Sea en el imperio decadente y superfluo de Estados Unidos o en la no menos decadente dictadura cubana, sea en la represiva y teocrática Israel o en la yihadista y masacrada Palestina, sea en la independentista Catalunya, la nacionalista Euskadi o la españolista Castilla. Sea en la Alemania de Merkel, en la Turquía de Erdogan, en la Inglaterra del Brexit, en el Irán de los Ayatolas o en la Siria invadida y bombardeada por mil fuerzas que ya no tiene gobierno ni casi población.
Sea en l África de los niños soldado y los esclavos de coltán y diamantes, en la India de las mujeres inmoladas, vendidas y quemadas con ácido o en la China de los esclavos de a euro y medio la hora de trabajo.
Mi trabajo como ser humano es combatir por dar la libertad a los seres humanos que carecen de ella. Y que hagan con su libertad lo que les venga en gana. Porque no tengo derecho a pensar por ellos ni imponerles vivir a mi manera, aunque crea que es la forma adecuada.
Porque su libertad es suya, no mía.
Eres una de las mentes más claras que conozco y de los corazones más comprometidos que he tenido el honor de encontrarme. Por eso siempre serás bienvenida a mi guerra si la quieres perder cada vez que la ganas, como yo llevo perdiéndola desde que empecé a combatirla.
Por mi parte, nunca más volveré a entrar y disparar desde trinchera alguna.
Se te quiere Juana

sábado, septiembre 17, 2016

Sigue así Antonio Cañizares, sigue así.

He conocido a muchos hombres y mujeres religiosas -y eso significa de varias religiones, que religiosos no son solo los católicos-. Entre ellos algunos me enseñaron a pensar por mi cuenta, otras a poner el foco en lo que somos y no en lo que queremos ser, otros que dios, se crea en él o no, no es ni puede ser excusa para nada. 
Como de los no religiosos, de los ateos, de los agnosticos y de los antiteistas que compartieron conmigo lo que sabían y lo que creían saber, estoy orgulloso. Fueran redentoristas, ácratas, mitzvotitas, jesuitas, comunistas, socialistas, franciscanos, sufíes o masotis, estoy orgulloso.
También conocí a Antonio Cañizares, hoy arzobispo de Valencia, ayer mano derecha doctrinal de Benedicto XVI, otrora sacerdote en una parroquia de barrio en Aluche. Y cada declaración que hace, cada noticia que de él aparece en una pulbicación, estoy menos orgulloso de haberle conocido.

Hoy Antonio, La Audiencia ha archivado la denuncia contra ti por tu carta contra los refugiados y los inmigrantes pregúntándote si la inmigración "es todo trigo limpio" y afirmando que la mayoría de los inmigrantes sirios no huyen de nada. Estarás contento.
Mañana es domingo así que te tocará dar un sermón, Antonio. 
Vuelve a escribirlo, aunque sea un esfuerzo supremo para alguien que parece creer que, pese a todo lo que diga Roma, el Vaticano, su iglesia y su mesías, habla exclusivamente con la voz de dios.
Reescribelo y cuando te pongas ante tus feligreses valencianos recuerdales tu pregunta. 
Pero antes diles que en España residián los ibéros y llegaron los romanos; luego residían los hispanoromanos y llegaron los visigodos. Hablales de cómo, cuando los visigodos estaban asentados, llegaron los musulmanes y con ellos los judíos. 
Recuerdadles que no son trigo limpio porque sus antepasados no nacieron en España, porque tienen una posibilidad entre diez mil millones de descender exclusivamente de esa población original que habitaba la Península Ibérica.
Y ya que estarás hablando en el litoral mediterrano, en el antiguo reino de la Dama de Elche, hablalés de Sagunto y esas gentes que llegaron de Cartago y de esos bizantinos que poblaron la tierra que los visigodos no querían ni siquiera mirar y de ese Cid que "al destierro con doce de los suyos" cabalgó huyendo de un rey injusto y de esos almohades que se asentaron para convertir una tierra de mala pesca en un vergel. 
Hablales de todos los que llegaron huyendo de otras tierras, de otras guerras, y diles que no eran trigo limpio, que cualquiera que descienda de ellos no tiene derecho a vivir en Valencia, que debe volverse a su tierra ancestral.
Recuerdales que son descendientes de inmigrantes, de refugiados, de gentes que llegaron a Helike, a la Colonia Valentia, a Segunto o a la Taifa de Denia y que por ello siempre vivirán y moriran bajo sospecha y no pueden pisar la tierra que les acoge desde generaciones.
Luego, cuando llegue el momento litúrgico adecuado, hincaté de rodillas y pide perdón a tu dios por tus mentiras, pide perdón a tu dios por tu odio a los de fuera, por tu miedo cobarde a ser incapaz de imponer a todos lo que piensas si llegan seres humanos de otras tierras que piensan, sienten y creen de modo diferente, 
Suplicale piedad a tu mesias por olvidar que su apostol, ese tal Santiago que le negó como todos mientras moría, llegó a esta peninsula de otras tierras, huyendo de aquellos que le perseguían, para poder ser y decir lo que quería ser y predicar.
Y luego viaja Antonio, coge tu capa carmesí de arzobispo y tu pensamiento cerrado, doctrinal y medieval de inquisidor, y viaja. 
Ve a Alepo, a Damasco, a Jordania, al kurdistan turco, ve a los frentes de guerra, ve a los campos de refugiados. Plántate ante esos que no huyen de nada y gritales que no son trigo limpio entre los bombardeos franceses y rusos, entre las ejecuciones de Al Qaeda y el Falso Califato, entre las limpiezas etnicas del gobierno turco y de los Phesmerga en Rojava. Ve y grítales que no tienen motivo para irse.
Deja tu cobarde odio en Valencia donde permanecerá al abrigo de los aplausos y los asentimientos silenciosos de otros tan absurdamente medievales como tú y ve allá donde están los objetivos de tu odio para poder hablar de frente a tu enemigo. 
A ese enemigo que has elegido tú y no tu dios, que ha elegido tu odio y no tu mesías, que ha escogido tu miedo y no tu fe.
Y ojala exista tu dios, Antonio, ojalá exista aunque sea solamente en ese instante. Ojala se haga de nuevo carne solo para ponerse frente a ti y escupirte en el rostro su desprecio por tu egoísmo, tu odio y tu intransigente cobardía.
Al final, Antonio, sí estoy orgulloso de haberte conocido. Lo he estoy porque otra mucha gente, religiosa o no, logró con su ejemplo y su enseñanza que tu miserable odio, tu fatua arrogancia y tu mezquita cobardía no pudieran entrar en mi cerebro.
Sigue así Antonio y todos y cada uno de los muertos de esta guerra, que desató en Falso Califato de la yihad y la sangre como secular respuesta a nuestros desmanes, caeran sobre esa conciencia cristiana tuya que ha quedado claro que no tienes.
Tú y los que piensan como tú Antonio sí han demostrado ser un caballo de troya en el pensamiento occidental. En ese que habla de justicia, derechos humanos y respeto.
Sigue así Antonio, eres un ejemplo para todos de lo que ni un ateo, ni un agnostico, ni un antiteista, ni una persona religiosa deben ser. Sigue así.
La realidad y la historia necesitan gentes como tú para poder rechazarlas y olvidarlas.

http://www.levante-emv.com/comunitat-valenciana/2015/10/14/canizares-invasion-emigrantes-refugiados-trigo/1327304.html

lunes, agosto 24, 2015

Llanto y elegía por Baal y el futuro

Dicen que Baal murió a manos del dios de la Zarza y dicen que resucitó unos instantes, apenas unos días, cuando, cansados, macilentos y exánimes, un puñado de judíos se acordaron de él y le reconstruyeron en forma de becerro de oro para pedirles que les sacara de un imposible apuro.
Y dicen que, para huir de la ira del dios que quería matarle, se transformo en demonio.
Y así sobrevivió hasta que un puñado de locos furiosos en su avidez de sangre y fanáticos en aras de su dios falseado llenó ayer en Palmira su último templo de explosivos  y lo hizo volar por los aires y viajar para siempre a los infiernos.
¡Judíos del mundo!, pegad vuestros rostros al muro que sustenta lo que queda de ese pacto que hicisteis con el dios invisible y llorad por Baal. 
Porque si os matan al último rival cananita de aquel que es vuestro dios, os quitan la posibilidad de cambiar aquello que pensáis, de vivir diferente, de respetar a aquellos que no piensan igual, de convivir con los que colocan su fe o sus creencias en altares que no tienen que ver con el dios de la zarza.
¡Cristianos del mundo!, arrodillaros alrededor de los sagrarios donde descansa el cuerpo de quien vino a salvaros y rezad por Baal. 
Porque si os matan al último demonio perderéis la fuerza para defender el placer más allá del pecado, para cambiar de bando, para elegir la vida que queréis y responder por ella. Para elegir con libertad entre Dios y el infierno.
¡Musulmanes del mundo!, hincaros de rodillas y haced las abluciones que os presentan limpios ante el dios del desierto e implorad por Baal. 
Porque si os matan a un dios que no existía cuando apareció el vuestro os están arrebatando todas las palabras que os envió El Profeta, la posibilidad de que el mundo os acepte y de vivir en paz con los hermanos de Libro o cualquiera que piense diferente, que prefiera el jahannam al paraíso de docenas de huries. Os quitan todo vuestro futuro por matar un pasado en que supisteis convivir con los otros.
¡Laicos, ateos y agnósticos del mundo!, afinad vuestras voces, elevad vuestros brazos y gritad por Baal. 
Porque si os matan el mito os matan el pasado, os matan la posibilidad de comprenderlo y cambiarlo, asesinan la capacidad de llegar a entenderlo, mejorarlo, explicarlo. Os privan del intento de crear un futuro de lógica y razón, donde cada dios o cada ausencia de él sea solo de uno y no sea jamás obligación que sea impuesto a todos.
Y luego  recurrid a todas vuestras armas que son la historia, la conciencia, la razón, la piedad, la cultura, la misericordia, la solidaridad, la lógica, el respeto, la fe, la transigencia, la caridad, la ciencia y la cordura y todos, en formación cerrada, iniciad vuestra carga contra esos locos sangrientos e ignorantes del falso califato que ayer en un templo olvidado de Palmira mataron a Baal.

Una rabiosa excepción a la pena de muerte.

No soy yo de los que cree que ejecutando a alguien por sus crímenes se arregle el problema del crimen en sí mismo. Pero como en todo hay excepciones.
Si acudes a un país a frenar la tragedia de la guerra, en nombre de la mayor agrupación de países de La Tierra, y te dedicas a emborracharte y violar mujeres, mereces morir. No ser licenciado con deshonor y un borrón en tu hoja de servicios militar. Mereces morir.
Si las Naciones Unidas te arman, te dan de comer, te equipan y te envían a la República Centroafricana para frenar décadas de sufrimiento, de sangría de luchas tribales y religiosas y tú usas tu arma para apuntar a una mujer y obligarla a quedarse quieta mientras la violas mereces morir. No pasarte el resto de tu vida entre barrotes. Mereces morir.
Si la ONU te concede contratos millonarios de transporte, te hace ganar dinero llevando a sus tropas a los lugares en los que se necesitan y tu permites que tus helicópteros transporten a jóvenes raptadas en la República del Congo para ser violadas durante semanas en tus bases de operaciones, mereces morir. No perder el contrato millonario  ni ir a la cárcel. Mereces morir.
Si ACNUR te encomienda la protección de un campo de refugiados que huyen de la violencia religiosa que enfrenta a milicias de fanáticos cristianos y musulmanes enloquecidos y vigilar los alimentos que allí llegan y tú traficas con ellos obligando a menores a realizar contigo prácticas sexuales a cambio de las raciones que les corresponden por derecho, mereces morir. No ser repatriado y procesado. Mereces morir.
Si te envían a paliar las consecuencias de un terremoto en Haití y violas niños, mereces morir, si recibes la misión de ayudar en una epidemia devastadora de ébola en Liberia y secuestras u abusas de niñas, mereces morir, si te hacen ir a Mali a combatir contra aquellos que lapidan y violan a niñas y mujeres y tú te dedicas a explotarlas sexualmente a cambio de comida, mereces morir
Sin paliativos, sin excusas, sin penas conmutadas, indultos ni apelaciones. Mereces morir. Seas ruandés, congoleño, ruso, fránces, nigeriano, estadounidense, austriaco, belga, búlgaro, checo, chipriota, Estonio, Bangladeshí, alemán, fines, griego, húngaro, irlandés, italiano, letón, británico, holandés o portugués, mereces morir.
Por todo el sufrimiento causado en lugar de evitado, por el descrédito que originas a todos aquellos que sí se están jugando la vida en sus misiones de paz, por privar a un continente entero de una de las pocas esperanzas de mejora que le quedan, por negar al futuro entero del planeta y de la humanidad una esperanza que no es posible sin que África y todos los países asolados por la guerra y la miseria salgan de esa situación, mereces morir.
Y si eres un alto cargo de la ONU y recibes los informes y las denuncias sobre esos hechos, los testimonios de otros millares de cascos azules que sí hacen aquello para lo que están en África y las investigaciones de ongs y gobiernos implicados y las metes en él último cajón de tu escritorio esperando a que pase la tormenta...
Mereces que se arme con un mauser de cerrojo cargado con un sola bala a todos y cada uno de los embajadores de esos países ante las Naciones Unidas, se te saque esposado al hall de su sede en Nueva York y se te ejecute sin más.
Por el bien del mundo en su conjunto.

domingo, agosto 23, 2015

Paige Turco o la necesaria conciencia de Occidente

Hay una serie televisa, de esas de ciencia ficción que anticipan un mundo destruido y terrible, llamada Los 100. 
No puedo dejarla de ver porque mi hijo se ha hecho con el control del mando a distancia y porque no puedo quitar los ojos de una de las protagonistas. Una tal Paige Turco que se me antoja que es como alguien que conozco hubiera podido ser.
Más allá de todas estas digresiones sentimentales, hay un capítulo en el que la moza en cuestión descubre que unos individuos, aquejados de una enfermedad, necesitan la sangre de otros, podres, incivilizados e incultos, para sobrevivir y han tomado la sabia decisión de encerrarles y realizar periódicas cosechas de su sangre que les dejan exhaustos y acaban por matarles.
"Lo necesitamos para sobrevivir, si no lo hacíamos moríamos" le dice un personaje algo arrepentido pero que intenta justificarse a cualquier precio y entonces es cuando hace esa pregunta que tanto nos gusta a los occidentales atlánticos: "¿qué otra cosa podíamos hacer?"
Y en ese mismo instante es cuando cuando Paige Turco se convierte en alguien necesaria y casi imprescindible para todo el Occidente Atlántico -y el guionista y JJ Abrahams, demos a cada cual su parte de mérito en el producto-. Con dos preguntas retóricas y definitivas, le da al compungido cosechador de sangre humana la respuesta que todos conocemos y no queremos escuchar
"¿Qué otra cosa podríais hacer?, ¿morir?"
Vale que es muy trágico y radical, como todo en los mundos distópicos de la ciencia ficción, pero el mensaje tendríamos que tatuarlo en nuestras mentes y sobre todo en nuestros corazones.
No es justo que carguemos a otros de sufrimiento para no experimentarlo nosotros, no es justo que explotemos a otros para vivir mejor, no es justo que ignoremos los derechos de los otros para mantener los nuestros, no es justo que defendamos exclusiones o discriminaciones porque nos vienen bien, no es justo que juguemos con los sentimientos de otros para mantener los nuestros a salvo, no es justo que ignoremos injusticias cometidas contra otros porque nos benefician...
Y todos lo sabemos. Pero cuando llega le momento nos refugiamos en la defensa de enroque de reina del "¿qué otra cosa puedo hacer?"
Podemos morir, metafóricamente hablando claro está. Podemos anteponer la justicia a nuestro provecho, la dignidad a la supervivencia y la ética al placer. 
Y si nos aburrimos, repasemos nuestras nociones de geopolítica o de sociología, nuestra vida laboral, social, familiar o afectiva y apuntemos cuántas veces no lo hemos hecho e imaginemos adonde nos va a llevar que sigamos sin hacerlo.
Y no lo digo yo. Lo dijeron Abraham, Jesucristo y Mahoma, lo dijeron Sidarta, Confucio y Sun Tzu, lo dijeron Bakunin, Engels y Ernesto Guevara, lo dijeron Adam Smith, Hume y John Stuart Mill, Lo dijeron Keneddy, Adenauer y Gorvachov...
Y lo dice Paige Turco.
Está dicho.

domingo, junio 21, 2015

Rachel Dolezal o el admirable impulso de ser Neo

Hacen chistes sobre ella -que no se consideran motivo de dimisión, por cierto-, periodistas escriben sobre ella, psicólogos explican su comportamiento en televisión y nadie ve o quiere ver lo evidente.
Se llama Rachel Dolezal y decidió hacerse pasar por negra e Estados Unidos.
Sé que va a sonar duro pero es una opinión muy personal. Nadie de los que hacen chistes, escriben sobre ella o analizan su psique puede interpretarla. Todos son blancos.
No se trata de Sir Richard Burton, que se hiciera pasar por árabe para poder conseguir el cuestionable logro personal de engañar al Islam y ser el primer no musulmán que entrara en La Meca; no se trata de esas escritoras novecentistas que elegían un seudónimo masculino para poder triunfar en la literatura y ni siquiera de las probablemente miles de personas que a lo largo de la historia han decidido ser lo que no eran para sobrevivir o medrar.
A ocultar genealogías judías en la Alemania aria o en la España de los Austrias mayores y menores, a inventar antepasados aristócratas, a alisarse el cabello en los Estados Unidos de después de la Guerra de Secesión y la emancipación de los esclavos.
Dolezal ha decidido formar parte de los escalafones inferiores de la cadena alimenticia social en su país. Lo ha hecho para descender, no para ascender.
Y la única respuesta que se me ocurre a la pregunta que la Ámerica Blanca se hace es la que da un personaje excelso interpretado de forma casi mediocre por Keanu Reeves en una de las películas de Ciencia Ficción que deberían estudiarse también en las escuelas: Matrix.


Porque lo ha elegido. Y la entiendo.
La entiendo porque mi madre una inteligente mujer blanca madrileña nacida en Chamberí -como todos los madrileños, por cierto- que se casó con un negro guineano a despecho de todo lo que todos le decían me obligó a ver Raíces, la serie de Kunta Kinte, -otra serie que debería ser puesta en las escuelas-. Y la vi llorar de vergüenza por lo que su raza le había hecho a la raza del hombre al que su corazón le dijo que amara. Y la vi contemplar con esperanza la posibilidad de que el esclavo escapara, de que volviera a África, de que alguien le hiciera al fin justicia.
La entiendo porque la primera vez que escuché a mi abuela decir "no te preocupes, no pareces tan negro" la rabia me corroyó hasta las entrañas, porque cada vez que alguien me pregunta con la boca pequeña, como si temieran la respuesta, "¿De dónde eres?" yo contesto "De Granada. Y a la segunda pregunta que quieres hacer, sí soy negro, mi padre era de Guinea Ecuatorial".
La entiendo porque yo también, pudiendo intentar otra cosa, he elegido ser negro.
Y estoy orgulloso de los amigos que me hacen bromas por ello, de los compañeros que me saludan fingiendo desprecio por mi raza para hacerme saber que me la reconocen, de las mujeres -todas blancas, lo siento por los que tienen terror al mestizaje- que me aman y amaron pese al elevado índice de melanina en las células epidérmicas de mi piel, de los hijos que tuve y que no renuncian a su condición racial pese a que está tan diluida que podría fingir que no lo son.
Claro que entiendo a Rachel Dolezal. La entiendo y la admiro. 
Como entiendo y admiro a todos los que eligen quedarse con los que parece que no tienen posibilidad alguna de ganar, que se hayan puesto en la piel del os que sufren, que hayan optado por quedarse en el frente de combate que tiene todas las de perder.

domingo, junio 14, 2015

Chistes, realidad y estupidez cogida por los pelos.

"Bill Clinton va a Sudáfrica decidido a acabar con el Apartheid y cuando va camino de la residencia de Pieter Botta ve en la costa un yate de cuarenta metros de eslora con un negro haciendo esquí acuático.
Sorprendido comenta al conductor:
- Yo creí que aquí trataban fatal a los negros pero veo que están perfectamente integrados
El conductor alza una ceja y responde
- Mister Clinton, usted sabrá un motón de política internacional y despliegues militares pero de la caza del tiburón blanco con cebo humano no tiene ni puta idea por lo que veo.”
 Mi padre es negro, mi hermana, el ser humano  al que más quiero de la tierra, es mulata. No tengo que deciros que ninguno de mis tres hijos es Blanco, Anglosajón ni Protestante y, por supuesto, no aguantaría un examen ario de pureza.  Tengo tantos primos en Guinea Ecuatorial que si hubiera elecciones y me presentara ganaría seguro por mayoría absoluta. El único fotógrafo que conozco lo suficientemente loco y cuerdo a la vez para hacer de la información de guerra una experiencia responsable es un negro jamaicano capaz de fotografiar una colilla mientras cae y ponerse a hacer fotos a un taque y a un bulldozer para parar la demolición del a casa de una familia palestina. La única fecha de la historia americana por la que brindo es el 1 de enero de 1863. Mi madre, una blanca española de Chamberí me obligó a ver Raíces y llorar con ella mientras la veía. La única frase del cine universal que me pone los pelos de punta del cine es de “Amistad” y la dice un almirante inglés: “Me es muy grato comunicarle que tenía usted razón. La fortaleza de esclavos de Sierra Leona no existe” (crescendo de música y cañones bombardeando la última fortaleza de esclavos de África)
Vamos, que soy negro y he elegido ser negro.
Pero un chiste es un chiste.
 Mueren un judío, un musulmán y un sacerdote católico y van a las puertas del cielo. Tras una amplia deliberación, un ángel les comunica que ninguno está salvado, que deben deambular por el desierto en fila india durante cien años para purgar sus faltas.
- “Si cometéis un solo pecado más, desapareceréis y seréis arrojados al infierno” -amenaza el ángel- Para ti, elegido de Yahvé, nada de dinero, para ti, adorador de Alá nada de cerdo y para ti, sacerdote de Dios, el sexo está prohibido.
Los pobres se ponen a ello. Va primero el judío, luego el musulmán y finalmente el sacerdote católico.
Cuando llevan siete días andando, de repente el judío ve algo brillar en la arena y cuando se acerca ve que es una moneda de dos euros. Frunce el ceño, se encoje intentando resistirse pero al final se agacha a recogerla y ¡zas! Desaparece.
El musulmán y el cura continúan su penitencia y tras varios días deambulando por el desierto atisban un oasis. Se acercan y ven como alguien se ha dejado un cochinillo asándose en un espetón. El musulmán intenta resistirse, reza, hace abluciones, pero al final el hambre le puede y se agacha a cortar un pedazo de la comida prohibida.
Y ¡Zas!, desaparece el cura".
 Curas redentoristas, jesuitas y trinitarios me enseñaron a pensar por mí mismo, a ser fiel a todo lo que creo. Monjes franciscanos me salvaron la vida cuando en Belén no tenían ningún motivo para hacerlo con alguien que no creía en ellos.
Fieles judíos de nombre Dorom y Yamshi se jugaron la vida por mí, murieron y quedaron impedidos por salvarme, me quitaron un arma de las manos, me enseñaron a sobrevivir donde la vida no se valora más allá de la guerra y solo me pidieron que si un día morían y ese día yo aún estaba vivo hiciera un Kaddish por su alma. Y lo hice, ¡por Yahvé, que lo hice!
Un musulmán de nombre Selim eligió salvarme en lugar de su hermana. Me protegió. Salvo la vida y la falsa e impostada dignidad de mujeres que nada comprendían de su mundo solo porque eran amigas de la mujer a la que yo amaba por entonces y me regaló un anillo que me hizo su hermano. Y otro corrió por las calles para alejar las balas de nosotros y otro cantó canciones en mi lecho doliente, y otra me escondió de su gente y su guerra y otra me dio sal cuando yo no había hecho absolutamente nada para ganarme su hospitalidad.
 Pero un chiste es un chiste. Y sé que cuando lo cuento cualquiera de ellos sería el primero en reírse.
¡A ver si dejamos de ver fantasmas y empezamos a comprender que la risa nos cura y lo importante es lo que haces, lo que eres y lo que defiendes y no lo chistes que cuentas con dos copas!
 Y si alguien no entiende lo que esto significa. Peor para él o para ella

domingo, junio 07, 2015

Catarsis comunicativa por defecto de forma.

Los vicios de comunicación son siempre un recuerdo difícil de borrar de cuando éramos y queríamos ser de otra manera.
Hubo un tiempo en el que yo era arrogante, soberbio y engreído. Hubo un tiempo en el que la juventud y todos los modos y maneras propios de la misma me hacían interrumpir, no dejar pensar a los demás, intentar abrumarles con mis conocimientos, acorralarles con mis argumentos, forzarles a rendirse, vencerlos, convencerlos en lugar de escucharles y entenderles.
Y creía que eso me hacía grande, que ese era mi "papel en el mundo", que así lo cambiaría.
Pero la vida y la muerte y el amor -sobre todo el amor- me enseñaron que ese no es el camino. Que si quiero poder ayudar a aquellos que demanden mi ayuda tengo que pararme a escucharles, tengo que intentar comprenderles, que sí quiero aportar algo a este mundo tiene que ser desde el pequeño papel que todos tenemos en el cambio y en la evolución.
Pero mantengo el vicio.
No quiero tener siempre razón pero hablo e interrumpo como si quisiera tenerla; no quiero mostrar como un pavo real mis conocimientos pero discuto y argumento como si me importara que todos lo supieran, que se fijaran en ello y asintieran.
Y aquellos que me quieren me lo pasan por alto porque saben que es un vicio heredado de otra forma de ser que ya no es mía, me lo permiten a veces resignados porque saben lo que hay detrás de ello, porque hacen el esfuerzo por mí de poner todos los "creo" que yo omito, todos  los silencios que yo niego a las conversaciones, todos los "es posible" con los que yo no arranco mis argumentaciones.
Yo se lo agradezco, se lo agradezco como muestra de cariño y luego pido perdón, les intento explicar que no es lo que parece, les digo que en realidad no es lo que parece.
Pues no lo hagáis. 
Gritadme que estáis hartos, interrumpidme, decidme que me calle, que os deje terminar. Forzadme a escuchar y a callar. obligadme a entender lo que quiero arreglar. Imponedme que respete el valor de todo lo que quiero 
Espero haberlo expresado con total y suficiente claridad.

viernes, mayo 29, 2015

El videoclip de lo que somos y podemos ser

Es un vídeo, es solo un vídeo musical de otros tantos, un videoclip de esos que dirían ahora.
Cuatro bellos productos de la mejor selección natural de la que es capaz de producir la evolución humana, que aúnan belleza, talento y armonía en proporciones casi desmedidas.
Pero no están en mi maldito caralibro por eso ni por ningún otro factor relacionado.
Ignorad sus piernas y sus dedos, ignorad sus cuerpos y sus toques de cuerda, ignorad sus dulces contoneos y sus hábiles arpegios, ignorad la historia, la producción, la grabación y el montaje del videoclip que interpretan y muestran.
Ignoradlo todo de una vez y por todo para siempre y mirad sus sonrisas.
¿Cuándo fue la última vez que sonreímos haciendo nuestro puto trabajo?
Ojalá pudiéramos y supiéramos disfrutar lo que hacemos por el hecho de hacerlo, de hacerlo bien y de saber hacerlo.
Ojalá quisiéramos convertir cada acto que nos impone o nos obliga el trabajo en uno de sus vaivenes de melenas, en una de sus sonrisas sus contenidas, en uno de cualquiera de los gestos de estas cuatro mujeres que disfrutan de su arte en su trabajo.
Ojala quisiéramos disfrutar del esfuerzo que nos impone el curro; saber que lo que hacemos es lo que la vida, la genética, la suerte o el infierno hicieron que tuviéramos que hacer y eso no significa que podamos pasar de hacerlo bien.
Ojalá deseáramos hacer del todo lo que hacemos y no escaparnos antes; ojalá anisaríamos sonreír y no eludir; quisiéramos terminar y no escapar. Ojalá no pensáramos que el trabajo es algo obligatorio y contenido entre los deseados espacios de todos nuestros ocios.
Ojala pudiéramos saber que todo el orgullo de todo lo que hacemos no depende de falsas palmadas, de aumentos, de sonrisas cansinas de los jefes, de que guste o disguste nuestro puto trabajo, de que hable o callen de nosotros, de que nos den las gracias.
Ojalá pudiéramos saber, sin prueba o confirmación, que somos buenos.
Ojalá pudiéramos concentrarnos sin necesidad de que papá nos lo aprobara, ojalá pudiéramos sentir que somos lo más grande sin que mamá tuviera que mostrar que estará siempre orgullosa de nosotros.
Ojalá pudiéramos crecer sin ser regados, ojalá pudiéramos currar sin recompensa. Ojalá pudiéramos disfrutar en el trabajo.
Ojalá cada curro bien hecho fuera tan simple y fuerte como lo es un orgasmo.
¡Cuántos polvos fugaces e indolentes no podríamos ahorrar!, ¡cuántos pedos cansados y cansinos podríamos salvar!
Y ahora miradlas, vedlas.
Ignorad sus maravillosas y excelsas anatomías, sus marcados talentos y afinados violines. Y pensad…
¿Cuánto hace que no sonrío en mi puto trabajo?
Lo siento, este es mi vicio. Me encanta provocar, adoro ese suplicio (Edmund de Roostand)



viernes, mayo 22, 2015

Amigos, Gerardo y otros post extemporaneos.

Hay días o noches o todo lo contrario en los que empiezas a escribir cuando deberías empezar a dormir, en los que comienzas a vivir cuando deberías iniciar el camino hacia la resaca y el hastío. Hay días en los que te descubres amaneciendo cuando deberías anochecer y viviendo cuando deberías empezar a morir.
Hay días en que tu lucha por el mundo se transforma en algo distante y evitable, en que tu supervivencia se convierte en algo transitorio, que tu fuerza , tu soberbia, tu inteligencia y tu fatua arrogancia se trasforman en algo inconsistente, fútil e innecesario.
Hay días con sus noches que vives te acuestas y despiertas entre amigos.
Y esos días te devuelven el alma, te curan las heridas, te salvan de ti mismo, te conforma la vida, te construyen la calma.
Hay días que descubres que aunque no puedas ganar en todas las batallas que te impones luchar, ya has ganado la guerra que nunca soñaste pelear. Hay noches que la cadera de una mujer hermosa, querida y añorada es solo una almohada en la que poder dormir, hay días que la risa de un hombre leal, cansado y a veces derrotado es la única victoria que ansías y al fin logras conseguir.
Hay días en que el mundo se para y te permite sentir el gozo indescriptible de dejar de sufrir. Hay días en que la noche, los amigos, las risas, la comprensión y la fuerza de vidas compartidas, de canciones robadas y de almas paralelas te dejan un momento, un sagrado momento, vivir la certeza de poder ser feliz.
Hay días con sus noches que el pasado no importa, que la sangre en tus manos se transforma en maná caído de los cielos, que los viejos amigos te vuelven a la vida para recordarte que siguen en su sitio, que siguen con sus retos, que apoyan la rodilla sobre el mástil gastada de la lanza que clavaste en el suelo por defender tus sueños, por atacar tus miedos, por luchar contra un mundo que se hacía pequeño, que te hacía pequeño, que se ahogaba en el miedo.
Hay días con sus noches en los que nada importa que te amen o te odien, te escuchen o te ignoren, te sigan o te eludan, te premien o te castiguen por crímenes y errores  que nunca cometiste.
Hay días que vives, que duermes y despiertas rodeado de amigos, de esos que se dejan el alma por mantener la tuya, que se dejan la calma por ayudarte a lidiar con todas tus tempestades. De esos que nunca van a dejarte morir por no perder la vida que tú aún conservas por ellos.
Hay días, solo unos pocos días, unos días felices, en los que bendices el insomnio por permitirte verles a ellos dormir.
Hay días que te acuestas y despiertas entre risas, reproches, discusiones y amigos.
Hay día con sus noches que merece la pena recordar.

viernes, mayo 15, 2015

Por escribir

Alguien a quien quise o quería y que creí me me quería me preguntó una vez: ¿por qué escribes?, si no publicas nunca ¿por qué escribes?
Y la respuesta fue un distante encogimiento de hombros cómplice de mi silencio.
¿Por qué escribo?
Escribo por no perder el mundo en el recuerdo, por no tirar el día en el esfuerzo, por no perder la vida en el silencio, por no guardar el corazón en una caja, por no esconder de todos mi ignorancia.
Escribo por dar la vuelta entera a lo que amo para seguir amándolo, por no negarme el pan y la sal por ser cobarde, por no darme de bruces contra el suelo, por no perder las alas que me quiebro, por no volverle el rostro a la alegría, por no negarle un techo y aposento a la desdicha.
Escribo por no llorar y no seguir llorando, escribo por reír y no dejar de hacerlo, escribo por no morir y no seguir matando, escribo por conseguir vivir y no seguir muriendo.
Escribo por no callar después de haberlo hecho demasiado, escribo por no hablar tras dejar crecer en exceso el ruido y la palabra. Escribo por buscar las elipsis perdidas de mis sueños. Escribo por pregonar los mutismos absurdos de mis miedos.
Escribo por no saber cantar, por no querer gritar, por no poder bailar.
Escribo por saber el porqué de las lágrimas, el motivo escondido de las risas. Escribo por pedir una tregua en todas mis batallas, encontrar una calma en todas mis tormentas. Escribo por firmar un armisticio con mi alma.
Escribo por reescribirme, por volver a decir lo que ya dije, por gritar lo que nadie escucho, por purgar mis pecados de silencio, por dar nuevas palabras a mis viejos deseos, por fingir que puedo eludir el secreto de la muerte, por confesar que no quiero escaparme del arte de vivir. Escribo por mancharme las manos con mi sangre.
Escribo por no matar a nadie con mi muerte, por poder resucitar a todos con mi vida, por agarrarme al viento desde el suelo, por descender al infierno desde el cielo. Por negarme a mí mismo la entrada al paraíso. Por burlar al dios en quien no creo.
Escribo por mí, por ellos, por vosotros. Por nosotros, si alguna vez hay o hubo o habrá en mi vida algún nosotros.
Escribo porque es lo único que tengo.

Porque mi existencia es propiedad de aquellos a quienes amo y mi muerte será de los que queden. Porque mi derrota  pertenece a todos los victoriosos y mis pocas victorias a todos los derrotados; porque mi amor es de aquella que sabe que lo tiene y mi odio de todos los que quieran perder sus vidas y sus tiempos en sentirlo.
¿Por qué escribo?
Escribo porque es lo único que tengo y me pueden quitar.
Y no quiero guardarlo. Y lo prefiero dar y regalar.

miércoles, abril 29, 2015

Elegía y augurio del hombre muerto (¡qué no soy yo!)


A vosotros que hoy no estáis en el funeral de este hombre que ha muerto, que hoy no asistís a las nobles exequias de esta bella mujer que ha dejado la vida. Os hablo para hablaros de él. Me dirijo a vosotros para hablaros de ella.
Seres, estares y pareceres que hoy no estáis aquí, de pie en un camposanto, escuchando esta pobre elegía ¡Haced como hizo ella, actuad como él, seguid su fuerte ejemplo, dirigid vuestros pasos por su bello camino!
¡No deis!
No gastéis ni un segundo en todos los demás. Vivid como barcos lejanos ajenos a los vientos del cambio, como mares baldíos donde nadie ameriza, como puertos cerrados donde no arriba nave alguna, como playas desiertas donde nada embarranca.
Guardaos vuestro tiempo solo para vosotros, conservad vuestra fuerza para vuestros quehaceres, retened vuestro impulso para vuestras huidas, reservar vuestras ansias para vuestros placeres.
¡Y no deis, sobre todo no deis!
No pongáis por delante a todos los demás. Atesorad la vida para vosotros mismos. No entreguéis ni un instante a complacer a otros, a buscar su sonrisa, a apaciguar su llanto, a calmar sus dolores, a responder a todas sus preguntas, a escuchar por lo menos alguna de todas sus respuestas.
Seguid el bravo ejemplo de este hombre que hoy descansa en su tumba. Continuad por la senda que os marco esta mujer que hoy duerme en este catafalco.
¡Quereros!
 Quereros ante todo, sobre todas las cosas. Depositad todo amor en vosotros. Quereros a rabiar antes que a ningún otro. Fijad vuestros deseos y seguidlos de una forma implacable. No os importe quien caiga en vuestro salto, quien arda en vuestras llamas, quien sufra en vuestro gozo, quien muera en vuestro miedo.
¡Vivid para vosotros!
 ¡Amad solo a vuestro reflejo!
¡No pongáis por delante nunca a otro ser humano!
Y moriréis, como morimos todos.
Pero lo haréis llenos, plenos, cargados, con la bolsa repleta lo que habéis acumulado en vuestro beneficio. Rebosantes de ese amor que os quedasteis, de esa ternura que nunca repartisteis, de ese tiempo que jamás empleasteis en otros, de esa vida que guardasteis para vuestros placeres, de esa fuerza que siempre almacenasteis para vuestros quehaceres.
Y allí podréis usarlo, recrearos en él, contemplarlo con gozo, recorrer con la vista todo lo que nunca habéis dado, pasear orgullosa y altiva vuestra muerta mirada por la vitrina en la que permanecerán, como eternos trofeos, todas las cosas que sabiamente nunca quisisteis dar a otro para lograr  tenerlas siempre en vuestro poder
¡Ah, no!, que en la muerte tan solo se está solo, frío y cansado.
¡Ah, no!, que más allá del paso solo puedes llevarte aquello que has gastado.
Vosotros, que hoy no escucháis esta vana elegía, vivid como han vivido estos que hoy han muerto y moriréis igual.
En ese desconsuelo que os aplaste la vida con el peso de todo lo que hoy guardáis para vosotros, que os robe el aire de toda la existencia con aquello que no quisisteis dar.
En un triste sepelio en el que aunque vayan mil rostros no acudirá ni un solo corazón.
Vivid para vosotros y moriréis igual.
Lo sé porque estoy muerto. Y ya está todo dicho. Después, no diré más.

Lo pensado y lo escrito

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