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sábado, abril 07, 2018

Esa rebelión que disfraza en uno todos nuestros fracasos.

Lo que está ocurriendo con la "rebelión" judicializada que el Gobierno y la Justicia española mantenían y pretenden mantener para castigar el Procés parece un fracaso del Gobierno y es muy posible que lo sea. Pero en realidad ese fracaso evidente esconde otros muchos menos notorios, que afectan a alguien más que a La Moncloa.
-El fracaso de la política de la arenga.- Para mantener sus posiciones, cada partido, no tira de mensajes mesurados, argumentados ni estables, tira de la arenga visceral y exagerada. Lo hizo en sus tiempos el PSOE con los famosos perros rabiosos de sus campañas electorales, lo hacen el PP y Ciudadanos con la equiparación de Podemos con Venezuela, lo hace Podemos con la equiparación con el Franquismo de cualquier acto conservador del gobierno. 
Y este caso no iba a ser una excepción. Se tiró de hipérboles comparándolo con el 23F, incluso con el alzamiento franquista. Se les ha llamado supremacistas, nazis, golpistas. Algo que puede servir de metáfora arengaria pero que no es verdad.
Por eso cuando juristas externos -de ahí la estrategia de internacionalización- toman una decisión contraria, todas las personas convencidas por las arengas se sienten defraudadas y acusan de incoherencia a los jueces alemanes, belgas, suizos o escoceses que sacan el asunto de la arenga y lo devuelven al mundo real.
-El fracaso de la judicialización de la política.- Los políticos españoles están acostumbrados a buscar el refuerzo de los tribunales para dar fuerza a sus argumentos. Cada vez que una ley no les gusta tiran del Constitucional, cada vez que quieren tomar una decisión de Gobierno buscan que sean los jueces quienes lo hagan. Y en este caso, eso ha llevado a que órganos judiciales que nunca deberían haber procesado ese delito lo hicieran, a que fiscales, que tenían que haber buscado el delito más ajustado a derecho, acusaran del delito que la arenga política les decía que se había cometido, antes siquiera de haberlo investigado.
-El fracaso de la politización de la Justicia.- Es el reverso -quizás más tenebroso- del anterior. Fiscales politizados, tribunales politizados, que se ven obligados a seguir la línea del Gobierno que les colocó en sus puestos y claro, de nuevo, cuando el asunto trasciende las fronteras y caen en manos de jueces que no tienen esa presión política, porque sus sociedades ni están gobernadas por esos partidos ni han sido arengadas sin tregua y sin descanso por una y otra parte, la realidad de los hechos choca con las hipérboles generadas por los políticos españoles y aceptadas por la sociedad.
-El fracaso de los medios de comunicación. Los medios de comunicación -ya muy tocados en nuestro país por el vicio de la propaganda política- han de ser mediadores sociales antes que generadores de opinión. Pero siempre que hay un conflicto ideológico optan por su papel de generadores de una u otra opinión. El aborto, la Ley de partidos, La Ley de Violencia de Género, el laicismo... la lista de asuntos es prácticamente infinita. En lugar de presentar las posiciones de unos y de otros solamente y dejar que cada uno saque conclusiones, presentan las de unos para desacreditarlas y las de otros para ensalzarlas; presentan los vicios de unas y esconden los de otras. Si hicieran su trabajo todos los medios por igual, el lector no tendría la posibilidad de hacer lo que hace ahora. Leer solamente el periódico que le gusta y refuerza las arengas recibidas y asumidas. Tendría que pensar por su cuenta.
Y estos son solo los fracasos del sistema, del elemento institucional. Como sociedad también nos han salido unos cuantos.
-El fracaso del complejo nacional. Desde el comienzo de todo esto nos negamos a escuchar al extranjero, al que nos ve desde fuera. Nos lo dijo el Times, nos lo dijo el Washington Post, nos lo dijo Le Monde Diplomatique y nosotros lo rechazamos. A unos y a otros les dijeron que sus caminos eran erróneos, pero todos los desecharon con un "¡qué sabrán ellos!" porque nuestros complejos nos impiden aceptar nada crítico que venga del exterior.
-El fracaso del refuerzo frontal.- O sea, eso de que el hecho de que alguien le quite la razón en algo a nuestros antagonistas supone que nos la da a nosotros en todo. Si alguien decía que el camino del Procés era erróneo eso ya significaba que estaba dando la razón a quienes decían que el camino del Gobierno, de la detención y el procesamiento por rebelión, era justo; si alguien decía que ese no era el camino para la solución ya estaba diciendo que Catalunya tenía que ser independiente.
-El fracaso de la acusación como condena.- Otro de nuestros grandes defectos sociales. Como se les ha acusado ya son culpables. Lo hacemos con todo. Con las acusaciones de corrupción, con las de malos tratos, con las de malas actuaciones policiales, prácticamente con las de cualquier delito. Así que, que se acuse a alguien de rebelión le transforma en rebelde y claro, cuando un juez dice que no, que no lo es, sentimos que le están dando la razón, que dejan a un "rebelde" marcharse de rositas.
Y todos esos fracasos nos llevan al peor y más doloroso de todos.
De nuevo hemos fracasado en el noble arte de pensar por nuestra cuenta. De darnos cuenta de que, por más que quisiéramos la independencia, tendríamos que haber mirado más allá de las arengas y ver que esa vía era absurda y hacérselo saber a nuestros líderes; que, por más que seamos unionistas, tendríamos que haberles dicho a nuestros líderes ¡Por favor!, ¡cómo va a ser igual convocar un referéndum que invadir el Congreso a punta de pistola y sacar los tanques a la calle! en lugar de comprar la hipérbole y repetirla hasta llegar a creérnosla.
Y lo más grave es que, cuando una decisión externa intenta devolvernos a la realidad, la desechamos y seguimos a lo nuestro. Exigiendo tomar a los 200.000 alemanes que residen en España como rehenes o destrozar cervecerías en Baviera. Otra nueva arenga para poder seguir en la burbuja de todos nuestros fracasos.

martes, enero 16, 2018

Autocritica o cerrar el mercado ideológico y volver a las puertas de Jerusalem

No sé si es que ocurre más veces o es que últimamente yo le presto más atención. Pero da la impresión de que entre todas esas "autos" (autoayuda, autoafirmación, autoestima) a las que nos subimos como sociedad y como individuos hace una generación larga se nos olvidó una, quizás la más importante, quizás a la única que hubieramos tenido que subirnos: la autocrítica.
Todos los días, en todos los medios y por cualquier asunto, ocurre lo mismo. Alguien, institución o persona, presenta una crítica más o menos razonada a una creencia o una ideología o un medio expone una noticia que afecta a un colectivo y la reacción no se hace esperar.
Nadie se para a pensar. Se entra en el foro de la noticia, se tuitea en el hashtag de turno, se responde al post de inmediato, desacreditando, buscando defectos, echando cosas en cara o simplemente insultando, acusando a los demás de decir las cosas por odio o por ideología.
Así, se publica una noticia sobre un individuo que convirtió la vida de su familia en un infierno de maltrato y miedo a raiz de su fanatismo religioso y automáticamente los crisitianos se sienten ofendidos y atacados; Katherine Millet, Katherine Deneuve o Peggy Sastre, feministas de pro durante cinco décadas, o Elizabeth Atwood, que fuera falsa musa del postfeminismo en los últimos dos años gracias a la libre interpretación que el feminismo hizo de su obra el Cuento de la Criada (en el que las ricas utilizan a las pobres para tener hijos porque ellas no pueden), critican a #Metoo y las redes se incendian con acusaciones de machismo y de traición.
Y así con todo y en todo orden de cosas. Se critica una actitud machista en un ámbito y se responde con el recuerdo de los hombres maltratados, de las denuncias falsas o de las mujeres asesinas; se critica la manipulación de la historia por parte del Gobierno español y se responde con un "indepe"; se pone en tela de juicio la legitimidad de la Generalitat para convocar un referendum unilateral y se grita "franquista".
A las críticas a Podemos sobre su vinculación ideológica con el régimen chavista se responde con un "facha", a las críticas sobre la política económica y la corrupción de nuestro gobierno con un "podemita".
Nos alteramos, nos ofendemos, reaccionamos. Tiramos del "¡Y tú...!" en lugar del "¿Y si...?".
Autocrítica, autocrítica, autocrítica.
Hemos decidido no pararnos a pensar si podemos estar equivocados, a mirarnos por dentro y cuestionarnos si nuestra creencia, nuestra ideología o nuestra forma de actuar puede ser merecedora, aunque sea en parte, de esa crítica, venga de quien venga.
Nos parapetamos a salvo tras los lemas propios que sabemos ciertos y difícilmente cuestionables para no hacer el más mínimo ejercicio de autocrítica. "Dios es amor", "el feminismo busca la igualdad", "el referendum unilateral es ilegal", "ser hombre no es sinónimo de ser machista", "Podemos defiende la democracia", "Catalunya tiene derecho a decidir", "el liberal capitalismo genera riqueza"... Y así en un sinfín de verdades completas que se convierten en mentiras a medias porque no nos preguntamos.
¿Y si aquellos que nos critican tienen razón? ¿Y si aunque sean ateos, machistas, podemitas, peperos, españolistas, feministas, fachas, indepes o cristianos, tienen toda la puta razón del mundo en su crítica?
Y no lo hacemos porque sabemos la respuesta en muchos casos. Y eso nos supondría responsabilizarnos, implicarnos, actuar y pensar en contra nuestra y de nuestra propia ideología.
Significaría exigir al Vaticano que revise su visión de que el Levítico o las Cartas de San Pablo, que incluyen algunos de los pasajes más machistas, injustos, esclavistas y arcaicos jamás escritos, son palabra de dios; significaría volverse a las líderes ocultas de nuestro movimiento y decirles que iniciar y potenciar una delación pública y masiva sin pruebas, sin denuncias judiciales y exigir a todo el mundo creer sin más esas delaciones es lo más parecido a la Ley del juez Lynch, la caza de brujas o bordar en el pecho de una mujer la letra escarlata de su adulterio susurrando en las puestas de largo y los salones de té.
Significaria tener que volverse a nuestros ideólogos y decirles que es absurdo defender una relación ideológica con un régimen que mantiene a su población en el hambre y la miseria; o decirles a nuestros ministros que generar riqueza no es lo mismo que repartila o que el liberal capitalismo puro lleva implícito el marchamo de la corrupción si no se regulan los mercados.
Nos supondría tener que decirle a nuestros líderes que no se puede ser "social" y sacralizar los beneficios de los bancos; que no es necesario manipular la historia para reclamar una independencia o que no se puede negar el derecho a decidir de quien quiere hacerlo alegando la Constitución y una falsa historia de unidad. 
Decirle a nuestro amigo que no puede insistir eternamente a una mujer intentando convencerla de que le quiera o a nuestra amiga que no puede criminalizar a un hombre por intentar besarla una sola vez.
Y supondría sobre todo quedarnos sin referentes, tener que plantearnos uno a uno los principios de la ideología que decimos o creemos tener. Dejar de vivir la vida en sloganes y tuits y tener que esforzarnos por entender textos densos y largos que explican todos los puntos y principios de cada ideología.
Significaría pensar y razonar aceptando la posibilidad de que estamos al menos parcialmente equivocados, de que hemos entendido mal algo o de que no hemos profundizado lo suficiente en esa ideología y tomar de cada una de ellas lo que consideramos justo, lo que, después de pensarlo, consideramos que se atiene a la razón y la lógica. No lo que nos dicen en los mítines, las campañas o los hashtags.
Significaría volver a las puertas de Jerusalem, hace casi un milenio, cuando el eclecticismo filosófico formado por judíos, crisitianos y musulmanes, estuvo a punto de evitar el baño de sangre que supusieron seis cruzadas seguidas. Y donde fracasó porque la mayoría no estaba dispuesta a cuestionar a ninguno de sus dioses y sus jerarquías, fuentes entonces de toda ideología.
Porque comprar una ideología resumida a adherirte a ella sin autocrítica alguna es siempre más sencillo que construirla por tu cuenta pensando en contra propia.

miércoles, diciembre 20, 2017

Cuando un voto se convierte en un hacha o un mosquete en Catalunya

Parece que mañana es el día. La primera vez que se llevan a cabo en España  unas elecciones autonómicas por imperativo del Gobierno central.
Y yo suelo ser de los que dicen que se vote porque si no se hace, después no se puede protestar, se pierde el derecho a exigir y te quedas sin argumentos cuando el Gobierno -cualquier gobierno- se monta a lomos de un poder que no le pertenece, ignorando que es algo prestado por el pueblo -ahora llamado más finamente, la ciudadanía-.
No voy a retirar mi recomendación, pero en las elecciones catalanas de mañana todo sufragio depositado en la urna será depositado en uno u otro montón. Da igual al partido que se vote, da igual a la formación que se prefiera, solamente habrá un análisis: España y Catalunya. Juntos o separados.
Así que ninguno de los sufragios emitidos mañana servirá absolutamente para nada.
No lo hará por un simple motivo: Si gana el independentismo, el Gobierno del PP no se planteará bajo ningún concepto la independencia de Catalunya. Dará igual lo que diga el electorado, dará igual el recuento. 
Han impuesto unas elecciones, intervenido una comunidad autónoma forzando y manipulando un artículo constitucional y puesto la imparcialidad de la justicia de rodillas bajo el manto de su política unionista solamente para que no haya independencia en Catalunya. Así que, aunque gane el indepentismo, dará igual.
Y si gana el españolismo unionista también dará lo mismo. La parte de Catalunya que quiere ser independiente no dejará de quererlo y podrá argumentar sine die, por más que les restrieguen los resultados de esots comicios por la cara, que, en pleno siglo XXI, al contrario que los países medianamente civilizados y democráticos como Gran Bretaña o Francia, se les ha negado un referendum legal y se ha transformado en ilegal el que hicieron. Podrán decir -con toda la razón, le pese a quien le pese- que el Estado español ha reaccionado como el Rey Jorge con sus colonías americanas hace ya dos siglos y medio.
Y también será inutil porque, gane quien gane en las urnas, triunfará por un par de escaños, unos cientos de votos, un puñado de municipios o de secciones electorales.
Y Catalunya seguirá dividida. Seguirá rota por la mitad por las acciones de unos y de otros. Por el empeño de los independentistas en no darle visión y desarrollo en el tiempo histórico a sus deseos de independencia, por la obcecación de los españolistas de negarse a dejar a los catalanes opinar legalmente al respecto; por las diadas multitudinarias como demostración de fuerza; por los autobuses traídos desde toda España para orquestar manifestaciones multitudinarias de banderas de España y cruces de San Andrés para contrarrestarlas; por los mossos de unos y los guardias civiles de otros. Por las mentiras de unos y de otros para apoyar su posición, retorciendo la interpretación de la historia de Catalunya y de España en su favor.
Pero sobre todo será inútil por el hecho de que nadie se ha preocupado de Catalunya en estas elecciones. 
Las candidatas de uno y otro signo nacionalista -españolista o catalanista- desconocen el nivel del paro en su territorio y, claro, poco o nada han propuesto para solucionarlo; los candidatos catalanistas no hablan de desindustrialización o de crisis de los servicios , los españolistas no hablan de comercio internacional o de problemas agrícolas.
Porque los unos y los otros, como caudillos de distintas tribus bárbaras ante las murallas de la ciudad que pretenden saquear, se han preocupado más de repartirse el botín, de dirimir las cuotas de poder, de pugnar por la investidura a President de la Generalitat, que de ninguna otra cosa
Porque todo lo bueno parte de España y todo lo malo del procés para unos y exactamente lo contrario para los otros.
Porque no se han preocupado de alentar a sus votantes, de ilusionar a la sociedad con sus proyectos políticos, de presentar un programa. Se han limitado a intentar hacer levas, más o menos forzosas basadas en el miedo al futuro enemigo, para aumentar sus huestes y armarlas con una papeleta para lanzarlas luego al campo de batalla.
Y puede que, como en el asedio de l'Alguer en 1354, ganén unos o, como en la Batalla de Montjuit en 1640, se impongan los otros. Pero, a estas alturas del partido de la historia, de todos es sabido que una victoria bélica nunca trae la paz y por tanto es inútil.

sábado, octubre 28, 2017

No aprender a salir de la Caverna

Catalunya se ha declarado independiente y de nada servirá.
Y es eso y no ninguna otra cosa, ningún otro matiz, lo que hoy hace que las linea que escribo destilen un solo sentimiento:decepción.
Y no lo siento por los gobiernos, políticos y líderes de uno y otro lado, de gobiernos y oposiciones. Nada de ellos esperaba. No te pueden decepcionar quienes ya lo han hecho tanto que no generan la expectativa más pequeña.
No lo siento porque Catalunya sea o no independiente. Eso siempre dio igual. Al menos para mi, que me perdonen los unos y los otros.
Siento decepción por miles, por millones de personas que habitan junto en mí en la tierra en la que vivo y de la que no me siento ni quiero sentirme propietario.
Porque, una vez más, como otras tantas, siento que aún no hemos aprendido a ser demócratas. Que no sabemos pensar en contra nuestra.
Que preferimos refugiarnos en la ley cuando nos favorece que darnos cuenta que esa ley, aunque nos venga bien, puede ser injusta y restrictiva para otros; que millones de nosotros hemos anclado la razón a una sola palabra, escrita en un prefacio de un Corpus legal, que para otras cosas se ha cambiado a capricho, y la hemos arrojado al mar a que se hunda en lugar de pararnos a pensar si para otros era justo que esa palabra les impidiera decidir su futuro.
Decepción porque, pese a la historia, la educación y las frases dichas y repetidas con la boca pequeña de unos y de otros, seguimos aquejados del mismo mal de siempre que nos impregna todo y no nos deja liberarnos a nosotros por dentro ni dejar a los otros ser libres desde fuera.
El mismo mal que hace que un hombre mate a la mujer que le abandona porque ya no le quiere o a la mujer que es abandonada buscar destruir a aquel que ha dejado de amarla;  el mismo vicio aciago y repetido que nos hace exigir a nuestros hijos que sigan la senda que nuestra expectativa trazó para ellos sin su consentimiento, odiar al extranjero, despreciar lo que no conocemos, ignorar el dolor de aquellos que mueren y sufren lejos por culpa de cómo vivimos y elegimos vivir. La misma lacra dolorosa que nos llevó a la Inquisición, la purga afrancesada, las checas o los campos de reeducación en aciagos pasados.
No sabemos mantener el amor por la libertad si esta no es la nuestra o se opone a aquello que pensamos y sentimos, no sabemos amar y defender la democracia si actúa en contra nuestra. 
No sabemos amar, lo que sea y a quien sea, si no nos sentimos dueños y propietarios de ello por completo.
Decepción porque millones de nosotros desperdiciaron una oportunidad para la grandeza, la auténtica grandeza, que hubiera sido defender el derecho de otros a elegir aunque fuera algo que a nosotros nunca nos hubiera gustado que eligieran.
Porque seguimos poniendo ese vago concepto de ser grandes no en lo que hacemos, no en la actitud de respeto y apoyo a la libertad de los otros, sino en pasados rancios llenos de sangre, muerte, barbaríe y crueldad que hoy queremos mostrar como gloriosos.
Porque en lugar de ser gandes y decir "es arcaico, ilógico y hasta perjudicial para ti, pero es tu decisión, tomalá en libertad con mi apoyo y consejo", hemos preferido repetir como un mantra salvador una unidad tan falsa como inútil, el nombre de un país y tremolar dos colores en una configuración concreta de bandas horizontales. ¡Cómo si eso sirviera de explicación a algo, de sustitutivo de la libertad o de referente de la democracia!
Decepción sí. Y no hace falta que nadie me juegue al "ellos más", al "ellos empezaron" o a cualquier otro argumento. No pretendo convencer a nadie de que esto sea cierto o lo que deba sentir a este respecto, pero es eso y solo eso lo que siento.
Decepción porque siento que todo lo que se ha hecho y apoyado por esos miles o millones de españoles no se ha hecho ni apoyado en defensa de la Constitución, la democracia o la libertad, sino por el único motivo de que no se quería una Catalunya independiente, de que no se quería perder la votación, de que no se había madurado lo suficiente como estado moderno para poder respetar la democracia.
Decepción porque hoy, que Catalunya se declara independiente, no estoy más cerca de saber si los catalanes quieren ser independientes que cuando se declaraba parte de España.
Y eso solo ocurre porque quien tenía que hacerlo, quien tenía que garantizar la libertad de los catalanes a elegir democraticamente su destino, no lo ha hecho por miedo a que ese destino no fuera el que ellos querían. 
Y, sobre todo, porque muchos de los que teniamos la obligación de exigirselo prefierieron colocar una bandera en su balcón que luchar por el derecho de otros a decidir libremente su futuro.
Puede que eso sea legal, pero no debería serlo.
Puede que no sea inconsticuional, pero sí debería serlo.
Pese a todo, pese a todos, o quizás por todo y por culpa de todos,seguimos mirando a través de la realidad virtual que crean nuestros deseos y preferencias sin pensar en los demás. Seguimos como siempre. 
Hemos desperdiciado otra oportunidad para salir de la caverna.

jueves, junio 22, 2017

Ese fuego de artificio de que la democracia no liberal no es democracia.

La cosa se está volviendo ya de mascletá. Hace tiempo que ya era de traca, pero lo de ahora ya es de los fuegos artificiales del 4 cuatro de julio.
Empiezas a leer la entrevista a Macron, al que al menos hay que reconocerle que tenga valor de hablar después del crecimiento repentino de enanos corrompidos que ha tenido en estos últimos días y no se esconda tras un monitor de plasma como hicieron otros. En fin, que cuando vas por la cuarta linea, el presidente francés hace referencia a las democracias "no liberales" y tú piensas: "por fin alguien tira del concepto. Alguien ha entendido que no ser liberal (teoría económica), no significa no ser demócrata (sistema político de representación)".
Debe ser que los señores de El País -ya casi ni me atrevo a llamarles periodistas-  piensan que no tenemos claro lo que es la democracia no liberal porque incluyen un enlace para explicarnos el concepto.
Y cuando pinchas en él no te conducen a un sesudo y enjundioso artículo de algún catedrático de ciencias políticas -¡Uy, lo siento, que los catedráticos de ciencias políticas no saben de política!-, te encaminan a una serie de reflexiones de José María Maravall sobre los populismos en el que deja claro que: "en sociedades grandes y complejas, con intereses heterogéneos, la única democracia posible es la representativa; el vínculo directo entre gobernantes y “pueblo” no es democrático. Los representantes deben dar siempre cuenta de sus decisiones".
Más allá de las críticas que se puedan hacer a estas afirmaciones de alguien que por lo menos es sociólogo, además de ex ministro socialista -que eso también cuenta-, lo que me hace encender las mechas de los petardos y prepararme para la mascletá es el hecho de que cuando Macron habla de democracia no liberal, los señores de El País lo vinculan al concepto de democracia directa.
Comienzan los fuegos de artificio a todo lo que da.
¿Qué tiene que ver el concepto de liberal con el de representación directa?, ¿no se puede tener una democracia no liberal y representativa a la vez?, ¿por qué El País une a través de un enlace virtual "democracia no liberal" con "democracia directa o no representativa"?
Y aquí es donde los petardos, los cohetes y las bengalas estallan todas a la vez para componer de forma luminosa en los cielos las palabra manipulación.
Porque ese es el principal engaño que nos pretenden vender desde que surgieran nuevos partidos en toda Europa que, desde una ideología u otra, cuestionaran el sistema económico imperante: que no puede haber democracia sin un sistema económico liberal capitalista.
Y eso es una mentira como un templo.
El sistema económico no tiene nada que ver con el sistema de representación política; controlar los mercados, regularizarlos e incluso -siento pronunciar el anatema- controlarlos, no va en contra de la representación democrática ni en contra de la libertad.
Establecer un sistema económico en el que se impida la especulación con las fuentes de energía, las materias primas básicas o los bienes y servicios sociales, no afecta en nada a la soberanía popular o al sistema de representación o de elección del gobierno.
Y voy más allá. Legislar sobre la distribución y el reparto de los beneficios empresariales, sobre la cuantía y distribución de las plusvalías, sobre el límite máximo de los rendimientos y beneficios financieros no atenta en nada contra la democracia, sea representativa o no, sea directa o indirecta.
¿Pueden defender ese sistema económico liberal, aunque ya haya muerto y revivido cien veces para volver a morir, dejando a millones de personas en el camino para beneficio siempre de los que se encuentran en los mismos nichos sociales del sistema? Por supuesto que sí. Este es país democrático.

¿Pueden manipular, engañar y hacernos creer que dos conceptos que nada tienen que ver son indisolubles, creando un miedo irracional a la perdida de libertad y aprovechando terrores atávicos para acusar de antidemócratas a los que no aceptan un sistema económico que a ellos les beneficia? Sí, por supuesto que pueden. Pero deberían recordar que este es un país demócrata.
Vamos, resumiendo, que, por más que se empeñen, no ser liberal capitalista no supone no ser demócrata.
Pero eso es lo que están empeñados en hacernos creer aquellos que en realidad no están defendiendo el sistema democrático, sino el sistema económico liberal capitalista y no porque suponga un mayor grado de libertad y capacidad de decisión para los ciudadanos, sino simplemente porque beneficia la posición de sus empresas y su acceso a la riqueza a través de los beneficios empresariales y financieros.
Por eso cuando Macron habla de "las democracias occidentales, que se construyeron en el siglo XVIII sobre un equilibrio ínedito entre la defensa de las libertades individuales, la democracia política y la creación de las economías de mercado", dejando claro que es un modelo de democracia, no el único posible, y que la creación de economías de mercado es solamente un factor de las mismas, ellos lo enlazan con unas reflexiones sociológicas de Maravall que habla sobre perdida de la democracia, imposibilidad de la democracia directa y caudillaje fascista, en un intento desesperado de propagar la falsa idea de que el cambio del sistema económico liberal capitalista nos ha de llevar necesariamente a una dictadura en la que se pierda la libertad y la democracia.
Nadie debería creerles, pero lo hacen. Debería ser imposible que alguien cayera en tan burda manipulación, que mezcla dos conceptos que nada tienen que ver, pero caen y lo repiten una y otra vez como un axioma incontestable.
Y no reparan o no quieren reparar en el hecho más simple y sencillo que anula esa teoría. El cambio de sistema económico no puede ser antidemocrático si lo decide o apoya democráticamente la mayoría de la población.

miércoles, junio 21, 2017

Macron, Francia y la regeneración o el continuo recurso a la inconsciencia

Francia. Una ves más Francia. El ejemplo casi eterno de lo bueno y lo malo, lo radical y lo moderado, la evolución y la regresión europea, lo vuelve a ser en estos días.
Emmanuel Macron, nuevo presidente de Francia, respaldado además por la mayoría absoluta más apabullante de la V República gala, fue con su victoria prácticamente elevado a los altares por aquellos que, por convicción, por interés o por pura ingenuidad, abogaban por eso de que el cambio dentro del sistema es posible, que era cuestión de regeneración y no de cambio, que las lacras que están infectando hasta consumirlo el sistema político y económico del Occidente Atlántico se deben a las personas, a las taras y vicios de unos pocos, no a la esencia del sistema en sí mismo. 
Rivera y su Ciudadanos, escindidos y agarrados al Partido Popular gobernante casi a partes iguales, enseguida se quisieron ver reflejados en el espejo de Macron y su partido. Si el francés había triunfado ellos lo harían. 
Los grandes partidos, los de siempre, aunque algo más recelosos, se colgaron de su europeismo a ultranza, de su capitalismo liberal económico innegociable, para ponerle de ejemplo contra los "populismos", esa bestia parda que se han inventado de la nada, que pretende unir en la misma galera a los que reman a favor y en contra de la libertad, a los que quieren sustituir el capitalismo y a los que quieren radicalizarlo hasta su esencia más cruel, a los pacifistas y a los belicistas... En definitiva, a todos los que quieran encontrar un nuevo sistema que les cambie los esquemas políticos y económicos en los que ahora se mueven con tanta comodidad.
Macron no había salido del sistema y había optado por la regeneración y el pueblo francés -porque a los franceses no les importa que se refieran a ellos como el pueblo, cosas de la Revolución Francesa y tal- le había apoyado. Y ese era el camino. Francia era el ejemplo. Hasta hace tres días.
Porque, igual que el ascenso de su gobierno ha sido meteórico, la demostración de la falsedad de su carácter ejemplificante ha sido igualmente veloz.
En tres días ha perdido cuatro ministros por corrupción, entre ellos ni más ni menos que el encargado de redactar la Ley de moralización de la vida pública, el equivalente más o menos a esa Ley de Transparencia patria que se perdió misteriosamente en el limbo.
Se puede decir que no son del partido de Macron, se puede decir que en otros gobiernos anteriores -tanto franceses como españoles- aunque les hubieran investigado no hubieran dimitido y recordar a Lagarde, Le Roux, Pasqua, Villepin e incluso los presidentes Chirac y Sarkozy.
Pero la realidad ese argumento será poco más que una excusa, que un paño caliente, para ocultar que en tan solo setenta y dos horas se ha convertido en realidad en ejemplo de todo lo contrario de lo que antes era.
En ejemplo de que el camino de la regeneración interna del sistema es una falacia circular de la longitud aproximada de la circunferencia de Júpiter.
Porque la regeneración del sistema es imposible. No porque Macron no la desee, no porque los políticos sean malas personas, sino simple y llanamente porque el sistema lleva impresos en sus genes esos defectos y vicios y regenerarlo no los elimina sino que los reproduce.
Y antes de que alguien se eche las manos a la cabeza preguntándose a gritos "¡¿Cómo va a llevar la democracia impresa la corrupción, el nepotismo, la explotación, la búsqueda del beneficio personal desde los cargos públicos en sus genes?!", intentaré explicarme.
Decir que el sistema en el que vivimos se resume en el sintagma "La democracia" es un reduccionismo banal y sin sentido.
El sistema occidental atlántico es un sistema de democracia representativa indirecta de listas cerradas que se sustenta en el capitalismo neo liberal como organización del sustrato económico, que tiene como fuente de esa organización los mercados financieros especulativos, y que se apoya en los principios filosóficos en la defensa parcial de los derechos individuales, el progreso personal y la competición económica y social.
Eso así, para empezar la faena. Y seguro que algo se me olvida. Pero claro,como eso no cabe en un tuit, en un eslogan ni en una pancarta, tiramos del reduccionismo positivista del "Estado democrático de derechos".
Pero en nuestro sistema esta la esencia de la corrupción porque los políticos viven alejados de la voluntad de los ciudadanos al no acercarse a ella nada más que cada cuatro años y de forma parcial; porque los partidos marcan las leyes, los nombramientos, los tiempos y los ritmos de esos políticos, así como sus caídas y ascensos, más que las urnas; porque el triunfo personal en toda la sociedad se mide por el enriquecimiento; porque el triunfo político depende más del apoyo del partido, de los intereses que le sustentan y de las maquinaciones de pasillo y despacho que de la voluntad de los votantes.
Y si analizamos la parte económica ya podemos ponernos a rechinar los dientes y mesarnos los cabellos. 
Un sistema económico que vive siempre al borde del colapso si no crece y crece continuamente; exigiendo beneficios rápidos y continuos; dirigido por unos mercados especulativos que no tienen en cuenta los derechos ni las leyes nacionales, continentales ni universales -en caso de que las hubiera-; en el que la actividad especulativa produce más rendimientos que la industrial, la comercial y la de servicios todas juntas; en el que no solo es lícito, sino que es aplaudido, operar en la sombra para alterar el precio de bienes y empresas; en el las decisiones políticas marcan el éxito o el fracaso de las empresas y los vaivenes de los mercados imponen unas decisiones u otras a los políticos; en el que el éxito empresarial se mide en beneficios sin contar cómo se obtienen esos beneficios; en el que el apoyo financiero marca la posibilidad de acceder al éxito político; en el que el bienestar, los beneficios empresariales y el crecimiento económico constante de un tercio de la población mundial depende de la miseria del resto del planeta.
Todo aquel que quiera medrar, gobernar o tener éxito económico dentro del sistema precisa recurrir a alguno de los falsamente llamados "vicios" del sistema que, en realidad, son sus marcadores genéticos distintivos. Corrupción, nepotismo, explotación, expolio, etc, etc, etc.
Y hablar de regeneración es un recurso a esa eterna inconsciencia colectiva que supone repetir las mismas acciones una y otra vez en la esperanza de que obtengan resultados distintos. Es como pretender que por el mero hecho de que la serpiente mude de piel, la siguiente cobertura que le salga sea el cálido pelaje de un gatito. Pero realmente sabemos que, no solo será de serpiente, sino que tendrá idéntico dibujo que la anterior.
Todavía los habrá que defiendan que cambiando todas esas cosas en el sistema puede funcionar. Y les doy la razón porque si cambiamos todo eso, habremos cambiado de sistema, no lo habrás regenerado, lo habremos cambiado que es de lo que se trató desde el principio.
¡Ah, antes de que se me olvide!, otra cosa para esos del "prefiero que me gobierne un ladrón a un comunista", que está ahora tan de moda: cambiar no es volver a cosas que ya fallaron también, es inventar algo nuevo. 
El sistema que tenemos -comúnmente falsamente reducido en la palabra democracia- no es, en contra de la cita clásica, el mejor de los posibles. Es el mejor de los que hemos tenido hasta ahora y cambiarlo no significa renunciar a la esencia democrática.
Por si había dudas.

viernes, junio 16, 2017

Grenfell en llamas, Rania y la tristeza ante el absurdo

Veinticuatro plantas ardiendo, cientos, quizás miles de personas, atrapadas entre el fuego y la muerte en el edificio Grenfell de Londres y un solo sentimiento. Tristeza
No por las 17 personas muertas, que también por supuesto, no por los dramas sufridos y muertos esa noche de llamas, que, desde luego, también.
 Pero esa es tristeza normal, quizás distante y poco vívida, dada la lejanía del suceso. La otra tristeza es abrumadora, casi desesperada por impotente ante el absurdo. Una mujer atrapada entre el humo y las llamas en el piso 23, intentando encontrar una salvación, una forma de resistir... y lo graba y transmite en Facebook Live.
Y ante eso solamente me asalta esa tristeza vacía que genera la incomprensión, que produce el no poder descubrir esa esencia de la ciencia de la vida que se llama por qué; que se traduce en la amarga pregunta que hiciera famosa el Rey de Rohan en la inacabable película: ¿Cómo hemos llegado a esto?
Tristeza por no saber qué hace que una mujer desperdicie energías y tiempo en una retransmisión inútil de su propia agonía, de su miedo, de su desesperación. Qué le hace pensar o sentir que aporta algo a su existencia en riesgo mantener el móvil con pulso firme para que un mundo lejano, irrelevante en ese momento y, sobre todo, indiferente e incapaz de ayudarle vea todo en directo.
¿Es Rania, la autora del vídeo, una mala persona? Desde luego que no. Lo demuestra, se arriesga, abre la puerta, ofrece ayuda y auxilio a sus vecinos mientras lo graba todo. Entonces ¿por qué?
Sus amigos de Facebook, la mayoría egipcios como ella, están a kilómetros y kilómetros de distancia, incluso aunque estuvieran en el edificio de al lado no pueden ayudarla, no pueden ascender una veintena larga de plantas entre llamas y humo. Entonces ¿por qué?
Y es la respuesta lo que hace que llegue la tristeza.
Rania está enferma. Enferma con una plaga que afecta a miles de millones de personas. Una plaga que nos hace confundir el mundo real con esa suerte de remedo virtual llamado Redes Sociales; infectada por un virus de desconexión personal e hiperconexión virtual que hace que se considere necesario, sino imprescindible, que el mundo conozca todos y cada uno de nuestros momentos, que los perfiles a los que identificamos como amigos sepan de nosotros en todo momento, en toda circunstancia.
Una enfermedad que afecta desde lo afectivo hasta lo trágico, desde lo profesional hasta lo lúdico, y que hace que una mujer en peligro pierda seis minutos en una retransmisión inútil antes de hacer el primer esfuerzo por acercarse al mundo real y pedir ayuda. 
Un mal que hace que hoy pululen docenas de vídeos de personas descolgándose por los muros de Grenfell con sábanas, de  gente agitando trapos pidiendo ayuda, de víctimas gritando.
Docenas de personas que, desde los edificios aledaños observan tras su móvil grabador de la desdicha ajena, como lo hicieran días antes en el Puente de Londres y antes, cada día, en otros tantos espacios y lugares. Y lo hacen como un acto reflejo, norma,. lógico, cuando en realidad es algo ilógico, absurdo, casi perverso.
Y aún queda lo peor. La tristeza se convertirá en rabia cuando el vídeo de Rania, de su confusión entre el mundo real e imaginario de las redes Sociales, se haga viral. Cuando millones se pongan ante sus pantallas a observar el sufrimiento y la angustia de alguien a quién ni siquiera conocen ni, desgraciadamente, tienen ya muchas posibilidades de llegar a conocer.
Y los hay que dirán que desde que se inventó el celuloide estas cosas ocurren, que la tragedia humana ha sido grabada desde que hubo la posibilidad técnica de hacerlo y que ahora solamente se han masificado por el acceso generalizado a la tecnología. Pero se equivocan de medio a medio.
Hasta ahora el sufrimiento humano se grababa con un fin, desde el más avieso al más altruista. Los torturadores lo grababan para mejorar su técnica, los policías para poder usarlo como prueba, lo periodistas para informar, los secuestradores para asustar, los cineastas para concienciar, los gobiernos para hacer propaganda... Podían ser buenos o malos motivos, perversos o beatíficos, equivocados o correctos, pero eran motivos. 
Ahora en la mayoría de los casos solamente se hace para aislarse de la realidad, para situarte al margen, para poder sentirte como Gulliver, el mítico viajero de Jonathan Swift, al final de su juicio y poder decir al mundo "Yo he estado allí" en la esperanza casi siempre inconsciente de que eso aumente el numero de visitas a tus redes Sociales.
En resumen, tristeza. Rabia y tristeza que se hacen exponenciales al recordar a Ignacio Echeverría. 
Tantos, hasta los propios implicados, que se alejan con la fría neutralidad del que graba el sufrimiento humano y uno solo que hace o al menos intenta hacer algo para evitarlo. Una proporción de millones a uno que hace casi imposible la solución o el cambio
¿Cómo hemos llegado a esto? 
Y la pregunta es retórica en grado sumo porque todos sabemos la respuesta.

domingo, junio 04, 2017

Seguridad, miedo y la profecía de Hugo Weaving


La imagen que abre esta reflexión habla por si misma.
Podrían ser los balcanes hace dos décadas, en los años de la locura y la masacre étnica; podría ser Tel Aviv en los peores momentos de los locos bombas de la sangre y la yihad o incluso Chechenia, Ucrania o hasta China, si omitimos los rasgos faciales de los protagonistas.
Pero es Londres. Es Londres anoche. 
Y no es una redada de violentos, ni de hoolligans futbolísticos, ni de manifestantes antisistema. Es una evacuación después de un atentado, el enésimo, el siguiente, el penúltimo, de esos fanáticos manipulados y conducidos por los que están usando a su dios para truncar la balanza del poder global en su favor.
Transeuntes, potenciales víctimas atrapadas en el radio de acción del terrorista, evacuados con la manos detrás de la cabeza, en fila y registrados mientras son evacuados; con los rostros cansados y resignados, sin gesto alguno de contrariedad. Como si fuera normal, como si fuera lógico, como si no hubiera otro modo de hacerlo.
Una imagen que no se veía en Londres desde... nunca. Al menos si no se tiene en cuenta esa maravillosa historia, que está empezando a dejar de ser ficción para convertirse en profecía, llamada V de Vendetta.
Esto no es una crítica al protocolo de seguridad que obliga a hacer eso. Probablemente no haya otra manera de hacerlo si se quiere tener una oportunidad de detener a los culpables. Es solamente una constatación de algo que nos negamos a reconocer: Estamos perdiendo y estamos a punto de perder de forma definitiva.
Por más que se llenen la boca de decir tras cada atentado, tras cada ataque, que los enemigos de la sangre y la falsa yihad no nos van a cambiar la forma de vivir, nuestros gobernantes nos la están cambiando.
Los enemigos del Occidente Atlántico, aquellos que quieren acceder al poder global en sustitución de los que ahora lo ostentan o detentan, siguen diez pasos por delante, siguen logrando de nosotros y de nuestros gobernantes lo que desean.
Ya no se buscan bombas, ya no se siguen los rastros de terribles productos químicos, inmundicias radiactivas o de complejos periplos de armas que llegan desmontadas en contenedores a los puertos de Amsterdam o Bristol. Ahora se nos puede matar con una furgoneta, con un cuchillo, con las propias manos.
Llega la final de la Copa del Rey y se habla de la posibilidad e un atentado en el metro de Madrid; El Real Madrid gana la Champions y se especula con un atentado en Cibeles; el solo susurro de una posibilidad de atentado siembra la histeria y la muerte en Italia entre los que están contemplando como la Vecchia Signora pierde la Champions; se ve circular una furgoneta con demasiada velocidad y la gente busca refugio en los portales o los restaurantes...
El mensaje es claro: "os podemos matar con cualquier cosa, en cualquier momento, en cualquier situación". El perfecto detonante de la paranoia colectiva.
Y la respuesta de nuestros gobernantes es la esperada, en parte por necesidad y en parte -y no poca- por deseo:" control, control, seguridad y control. Debéis soportar ese control para derrotar al terrorismo".
¿Y nosotros? Nosotros nos acostumbramos a ver soldados por las calles o policías dotados de armamento militar que antes nos hubiera puesto los pelos de punta; nos acostumbramos a ir en autobús si se rumorea que habrá un atentado en el metro, a ser evacuados como combatientes vencidos o potenciales enemigos en lugar de como ciudadanos asustados del escenario de un atentado.
Así que, por más manifestaciones, por más discursos y por más hashtags de Twitter que convirtamos en Trending Topic, sí han cambiado nuestro modo de vida. Entre los terroristas y nuestros gobernantes han cambiado nuestro modo de vida.
Nadie dice que no sea necesaria la persecución policial del terrorismo e incluso el enfrentamiento bélico contra los bastiones del falso califato -aunque habría que hablar mucho de los modos y maneras-, pero mientras nuestros gobernantes se empeñen en poner mucho más énfasis en el control de seguridad de la población -aprovechándolo en ocasiones para sus fines- que en la búsqueda y la solución de las raíces que mantienen vivo ese terrorismo, seguiremos perdiendo y seguirán cambiando nuestra forma de vivir y nosotros seguiremos resignándonos a ello.
Y si no trabajamos para evitar eso, si no se lo hacemos comprender a nuestros gobernantes, terminaremos transformando al Hugo Weaving con la mascara de Guy Fox de la ya mítica película de profeta en historiador y viéndonos obligados a hacernos las mismas preguntas que él y darnos las mismas respuestas
“¿Cómo ha podido ocurrir? ¿Quién es el culpable? Bueno, ciertamente unos son más responsables que otros y tendrán que rendir cuentas. Pero, la verdad sea dicha, si estáis buscando un culpable, solo tenéis que miraros al espejo. Sé porque lo hicisteis, sé que teníais miedo. Y quien no. Guerras, terror, rabia, una plaga de enfermedades que conspiraron para corromper vuestros sentidos y sorberos el sentido común. El terror pudo con vosotros y presas del pánico, acudisteis al actual líder. Os prometió orden, os prometió paz y todo cuanto os pidió a cambio, fue vuestra silenciosa y obediente sumisión.”

Le Penn en Francia, Haider en Austria, Wilders en Holanda, Orban en Hungría...Donald Trump en Estados Unidos 
¿Cuantas veces hemos ya estado a punto de hacerlo o lo hemos hecho ya?


domingo, marzo 12, 2017

Agua en Marte o hacer prioritario nuestro ombligo


Que estaba yo dispuesto a escribir sobre esta agria y artificial polémica que nos tiene ahora ocupados con Victoria Prego y Podemos sobre la libertad de opinión, de expresión y de información, cuando una amiga subió la foto que ilustra este post a su Twitter. Y claro, me tiró lo palos del sombrajo.
Ventajas y desventajas de conocer y querer a gentes que piensan en algo más que ellos.
Así las cosas, de repente el problema no fue si Victoria Prego o Podemos, sí la libertad de expresión o de información. De repente el problema volvió a ser el que ha sido siempre, el que está llevando a este Occidente Atlántico a una muerte lenta y degradante: la obsesión por hacer importante lo nuestro, la absuluta incapacidad de fijar prioridades más allá de nuestros universos ínfimos y minúsculos, que no son ni siquiera una china en el calzado de la humanidad.
Y nos pasa a todos y en todo.
Gastamos cantidades ingentes de dinero en encontrar agua en Marte y no en potabilizar la que no pueden beber los niños de África o del sudeste asiático. Empleamos miles de millones en desarrollar 4Gs, HDs o cualquier otra técnlogía y no en llevar electricidad -que a ellos les da igual que sea limpia o no- a quienes aún se alumbran con velas y se calientan con leña; gastamos y recaudamos dinero para proteger los derechos de los animales y no aportamos fondos para las generaciones que nacen en África, hasta el punto de que Unicef tiene que hacer una campaña en la que amenaza con su cierra por falta de fondos.
Y así con todo. Hemos predido el foco de lo importante, hemos desistido de priorizar más allá de nuestras necesidades. Sabemos que debemos hacerlo pero nos negamos a salir de nuestros microuniversos.
Cada uno en lo suyo.
Los periodistas patrios debaten sobre sus derechos en lugar de informar sobre los miles de refugiados que sufren y que mueren en las fronteras del mundo; escriben sobre presiones políticas o empresariales en vez de dar importancia a una crisis humanitaria como no la conoce la humanidad en los últimos 70 años; dedican sus portadas y columnas al derecho a la libertad de expresión de HasteOir y su autobús en lugar de hacerlo sobre el limbo que se extiende en la frontera de Haiti y la República Dominicana con medio millón de personas sin patria ni futuro.
Han decidido que su ombligo es lo más importante del mundo. Que como a ellos es lo que más les interesa, ha de ser lo más importante.
Y no podemos echarle la culpa solo a ellos -o a nosostros, que sigo siendo periodista y no me pesa-. Todos hacemos lo mismo con lo nuestro, con esas diminutas porciones de realidad que son nuestros universos relativos
Los amantes del futbol polemizan y argumentan durante horas sobre si tal gol fue en fuera de juego o sobre si la Federación debe o no renovarse y pasan a toda prisa las páginas en las que se informa de forma incompleta y vaga sobre las guerras que están matando al mundo.
Los defensores de los animales se vienen arriba en la calle y las redes por la muerte de media docena de asnos e ignoran intencionadamente que por cada asno muerto en el mundo hay cada miles de seres humanos que tienen igual fin -o peor y más cluel- por el hambre, la esclavitud, la falta de recursos y por enfermedades que deberían estar superadas hace siglos si esas zonas tuvieran acceso a los mismos recursos farmaceúticos y médicos que tenemos nosotros.
El feminismo patrio gasta tiempo y esfuerzo en visibilizar a la mujer occidental en el comic, el arte o la ciencia, ignorando o fingiendo ignorar los millones de mujeres sometidas a la explotación económica que sufren por culpa de lo que los hombres y mujeres de la civilización occidental atlántica imponemos al resto del mundo con nuestra economía basada en el consumo creciente, la explotación de recursos ajenos y el sometimiento de los habitantes de tres cuartas partes del mundo a nuestras necesidades.
La derecha conservadora se preocupa y hace leit motiv de su existencia del orgullo nacional, la indisolubilidad de España, si hay una bandera u otra en no sé qué balcón o qué lengua se habla en cada sitio, mientras millones de personas gritan en cualquier lengua por terror a las bombas, a los atentados, a los disparos, a las minas...
Todos hemos convertido nuestros ojos en rendijas pequeñas que solamente son capaces de mirar lo que le parece importante a nuestro egoísmo como seres que están perdiendo, si no han perdido ya, la capacidad humana de fijar prioridades comunes.
La falsa progresía con su memoria histórica, el falso liberalismo con el impuesto de sucesiones, el feminismo con la sororidad, el masculinismo con la custodia compartida, los periodistas con la libertad de información, los tuiteros con la libertad de expresión, los furboleros con el fútbol, los amantes del cine o el teatro con el precio de las entradas, los conductores con el tráfico, los transeuntes con la contaminación, los religiosos con su moral, los ateos con el laicismo...
Y, concentrados en ese egoísmo que solamente nos deja ver lo propio, lo que nos afecta, lo tratamos como si fuera lo único, como si fuera importante, como si no fuera completamente irrelevante.
Porque lo será, si seguimos sin darnos cuenta de qué es lo prioritario para el conjunto de la humanidad, lo será. Porque los impuestos, la memoria, la bandera, la contaminación, la sororidad, el fuera de juego, la tecnología 4G o la libertad de expresión no te sirven de nada si estás muerto o vives cada día en el límite mismo de la muerte.
Porque encontrar agua en Marte no servirá de nada si no queda nadie en la Tierra que aún pueda beberla.

viernes, septiembre 18, 2015

Venezuela o dudar entre Tyler Durden y Maquiavelo

Venezuela se ha convertido en el espejo de nuestra propia incoherencia política, en ese agua turbulenta en el que si nos miramos terminamos viendo todos nuestros reflejos distorsionados e irreconocibles.
Con la irrupción de la tercera y la cuarta vía políticas en nuestro bipartidismo de caciques y cesantías, de repente a todo el mundo se le subió Venezuela a los labios como ejemplo de no se sabe muy bien qué para quién porque motivo. 
Y a medida que avanza la cosa todas nuestras formaciones políticas se vuelven incoherentes al extremo.
Monedero, que fundó Podemos y ahora es una especie de voz en la sombra, se descuelga diciendo que el opositor Leopoldo López era el instigador de una suerte de kale borroka y está bien condenado a 13 años de cárcel. Le llama terrorista por alentar a los venezolanos contrarios al chavismo a tomar las calles. Y la derecha española, sus medios, políticos y voceros, contraataca hablando de la dictadura izquierdista de Maduro, de la represión, de la limitación de la libertad de expresión. Y Felipe González se suma a esas voces.
Y todos cometen, una tras otra, incoherencias dignas de internamiento psiquiátrico por personalidad múltiple
Por Podemos
No sé que pinta un partido que pretende basarse en la voluntad de la sociedad y la democracia directa apoyando un régimen que surge de un golpe militar de Hugo Chávez. Solo por eso ya tendría que ser rechazable para ellos.
Por la Derecha
No se que hacen desde Esperanza Aguirre hasta el ABC, pasando por Maluenda y su Razón, calificando de izquierdista y estalinista a un régimen cuyos gobernantes empiezan todos los días sus alocuciones rezando a una virgen, pidiendo ayuda a Dios y considerando el bolivarianismo como la "revolución cristiana de América". ¿estatalismo?, sí ¿fascismo?, muy parecido. Pero no tienen nada de izquierdistas.
Por Felipe González
No se cómo se atreve a hablar de represión y de farsas cuando fue en su partido quién más promovió la Ley de Partidos española que no era otra cosa mas que una justificación legal ad hoc para criminalizar no el terrorismo, sino el independentismo vasco .
Pero hay mas. Muchas más hasta rozar casi el infinito.
Por Podemos
- No es lógico acusar de terrorismo a aquellos que incitan en Venezuela a hacer lo mismo que Podemos y toda la corriente de indignados hizo en España desde el 15-M: alentar que la presión social en manifestaciones continuas obligara a un gobierno electo a girar el rumbo de su gobierno. Si es legítimo en España -que lo es o a mi me lo parece- lo es en Venezuela.
- Es incoherente estar a favor de que Bildu y las corrientes abertzales puedan expresarse con manifestaciones en la calle, pedir que se derogue La ley de Partidos y luego defender que leyes semejantes permitan encerar a opositores allende de los mares.
- No es de recibo culpar de las muertes y los disturbios a los manifestantes en Venezuela y a la policía en España.
Por La Derecha
- No es lógico acusar a Maduro y el chavismo de ser tiránicos por castigar y tratar de impedir la expresión de la opinión popular en las calles y promulgar en España leyes contra la libertad de manifestación o dar palmas con las orejas cuando se aprueba la nueva Ley de Seguridad que supone, según el Tribunal de Estrasburgo, "una seria limitación a derechos fundamentales". Si no se puede limitar en Venezuela, tampoco aquí.
- Es incoherente pedir en editoriales, discursos y portadas que se encierre a miles de manifestantes por enaltecimiento del terrorismo por pedir en las calles de Bilbao o Donosti la independencia o militar en Bildu o Sortu y luego quejarse de que alguien lo haga en Caracas o Maracaibo inventándose leyes prácticamente calcadas de las que redactaron ellos mismos para Euskadi y el independentismo abertzale.
- No es de recibo culpar a los radicales de los estallidos de violencia en manifestaciones en Madrid o Barcelona y tratar a los antidisturbios como héroes y culpar exclusivamente al gobierno represivo de Maduro al que, por cierto, se le vende una buena cantidad de material antidisturbios, de las mismas situaciones en Venezuela.
Y lo de Felipe González ya es de traca.
No te puedes sentar en una mesa para hablar de Venezuela sin recordarle a la audiencia que como gobernante español desarrollaste contactos que luego utilizaste en negocios privados muy lucrativos de la mano de Carlos Andrés Pérez, sempiterno presidente venezolano por entonces, apoyado por las oligarquías del país que ahora se enfrentan a Maduro o que eres consejero de dos empresas energéticas a las que la nacionalización del petroleo y el gas que está llevando a cabo el chavismo les descuadran las cuentas.
En fin, que no sé si es que los partidos y políticos españoles han desarrollado personalidad múltiple y están en plena crisis disociativa de la realidad o que simplemente aflora algo mucho más peligroso como sería el hecho de que solamente les importan que sus principios ideológicos se mantengan sin tener en cuenta si la democracia sufre con ello.
Ya no sé si son Tyler Durden o Nicolás de Maquiavelo.

viernes, julio 17, 2015

Hipótesis de Teoría de la Información para Carmona

Hipótesis de trabajo.
Un diario on line titula "El Ayuntamiento de Madrid realojará a los desahuciados en hoteles" y subtitula "fuentes del consistorio aseguran que el programa ya está en marcha"
¿Qué pasaría en ese momento en el nuevo mundo periodístico que quieren diseñar los medios de comunicación establecidos y los políticos de los grandes partidos españoles, en ese mundo en el que que un Ayuntamiento de en su web su versión de los hechos relatados por la prensa es un acto de totalitarismo y restricción de los derechos fundamentales ?
Vayamos por partes, empecemos con el nuevo y autoproclamado catedrático de Teoría de la Información Carmona, a la sazón y casualmente concejal del PSOE en el Ayuntamiento de Madrid
Primera tesis
"Estoy completamente en contra de corregir la opinión de los periodistas”
Así que en nuestra hipótesis de trabajo el Ayuntamiento no podría desmentir de forma directa los hechos relatados por mi periódico sin poner en peligro todos los derechos de expresión, información y comunicación. Tendría que esperar callado a que otro medio de comunicación tuviera a bien desmentir la noticia o convocar a los medios de comunicación y solo a los medios de comunicación para hacer un desmentido. Cualquier otra cosa pondría en riesgo y atentaría contra las bases de la democracia
Según su tesis
¿Por qué no se puede corregir ya no la opinión, sino la información facilitada por un medio de comunicación?, 
¿Por qué es un acto de totalitarismo decir que un medio de comunicación miente y aportar pruebas de ello?
¿Si lo hace un ciudadano es válido pero si lo hace una institución pública es totalitario?
¿Si ese desmentido se hace a través de los medios de comunicación es válido pero si se hace de forma directa y sin intermediarios es un ataque a la libertad de expresión?
Para que el señor Carmona pueda defender sus tesis le expongo algunos conceptos básicos de primero de periodismo que conviene tenga en cuenta.

Proceso comunicativo: Proceso de relación entre un emisor y un receptor en el que intercambian información a través de un medio.
Preguntas de comprensión del texto
¿En la hipótesis de trabajo quien es el emisor. El Ayuntamiento, el nuevo periódico, los lectores?
¿Quien es el receptor, el periódico, el gobierno, los lectores?
¿Según su tesis, señor Carmona, ¿qué hace que un periódico sí sea un medio de comunicación y una web municipal no lo sea?, ¿por qué emitir un comunicado de prensa y enviarlo a otros medios sí es democrático y publicar idéntico comunicado de prensa en un medio de comunicación propio no lo es?

Diferenciación entre opinión e información. La información es el relato de los hechos, la opinión, la valoración de los mismos. Ambos deben estar perfectamente diferenciados.
Pregunta de comprensión del texto
¿En el titular, El Ayuntamiento realojará en hoteles a los desahuciados, donde se encuentran los elementos de opinión?
¿En el titular "El ayuntamiento no planea realojar en hoteles a las víctimas de los desahucios", dónde se encuentran los elementos de opinión?
¿Siguiendo la teoría expuesta en su primera tesis, Señor Carmona, dónde se haya la inaceptable corrección a la opinión de los medios de comunicación que usted denuncia?

Segunda Tesis
“Soy contrario a VO y defensor de la libertad de prensa. La democracia es libertad para equivocarse”
Según su tesis
¿No es democrático que alguien saque de su error a un medio de comunicación cuando lo comete?, ¿solo es democrático hacerlo a través de otros medios de comunicación y no de forma directa?, ¿considera que la libertad de prensa incluye la libertad de emitir informaciones falsas, erróneas o malintencionadas por los medios de comunicación sin que nadie tenga derecho a contradecirles?
También presentaré un concepto básico para ayudarle a centrar sus tesis.

Ética de periodística de los contenidos (código deontológico periodístico: El periodista y los medios de comunicación están obligados a asegurarse de no emitir ni difundir informaciones falsas o erróneas y tiene la responsabilidad de contratar las informaciones antes de difundirlas.
Pregunta de comprensión del texto
En nuestra hipótesis de trabajo, ¿ha cumplido el medio de comunicación con su obligación deontológica al publicar una noticia a través de fuentes secundarias sin contrastarla con la fuente primaria de la información -es decir, el ayuntamiento, que es quien se supone que ha tomado la medida-?
Según su tesis, Señor Carmona, ¿La prensa de los países democráticos está exenta de esa obligación y responsabilidad por el hecho de que la democracia es "la libertad para equivocarse?, ¿puede considerarse que si la democracia es la libertad para equivocarse también es la responsabilidad de no hacerlo aplicando el concepto universal de que todo derecho lleva aparejada una responsabilidad?, ¿en qué momento una rectificación directa de la fuente primaria de la información atenta contra la esa supuesta libertad de equivocarse, teniendo en cuenta que la publicación errónea ya se ha producido?, ¿no atenta contra la libertad de equivocarse que una institución no tenga permitido "equivocarse" a la hora de emitir un mensaje?

Preguntas finales de exposición
En resumen, Señor Carmona, ¿no nos está intentando librar de una dictadura de la administración para arrojar a una dictadura mediática en la que los medios y solo los medios de comunicación pueden trasmitir los mensajes y poner en contacto a los ciudadanos con su administración. En la que el medio se transforma en el que controla todo?
¿No está olvidando en sus tesis que, al igual que la administración trabaja para el ciudadano y gobierna en virtud del poder que la ha concedido la sociedad, la prensa, el llamado cuarto poder, está a nuestro servicio exclusivamente porque la sociedad así lo determina y no hay derecho de prensa, de información o de comunicación que le permita arrobarse la potestad de colocarse entre la Administración y los administrados para imponer su mediación aunque no lo desee el emisor o el receptor del proceso comunicativo?
¿No le parece ese punto de vista más totalitario y peligroso que el hecho de que un Ayuntamiento abra una web para rectificar informaciones que se consideran falsas o erróneas sobre su propia actividad?
Sinceramente, deseos sus respuestas, No las espero, pero las deseo.

Lo pensado y lo escrito

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