Mostrando entradas con la etiqueta Wert. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Wert. Mostrar todas las entradas

sábado, diciembre 27, 2014

El currículo básico como una razzia berberisca.

Este país siempre será igual básicamente porque nosotros nos negamos a cambiar.
Mientras Mariano Rajoy se empeñaba en culpar a un partido que nunca ha gobernado de la inestabilidad y el rampante descenso a tumba abierta a la miseria que experimenta nuestra sociedad, uno de los suyos culminaba uno de los capítulos más aciagos de esa remodelación social que realizan los inquilinos de Moncloa: La Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa. Vamos, la LOCME.
Casi a traición, sin luz ni taquígrafos, como casi todo, y sin consenso, como todo en general, el ministro Wert aprobó el último capítulo del esperpento en el que quiere convertir el sistema educativo público: el currículo básico.
Y lo hizo de la peor manera posible, como se llevan a cabo los saqueos, como se ejecutaban las razzias berberiscas: en secreto y a toda prisa.
Tan secreto que ni siquiera se lo ha presentado a la Conferencia Sectorial de Educación, tan secreto que el Ministerio se niega a dar a los medios de comunicación el contenido del decreto. 
Es decir se niega a hacer público los contenidos mínimos que se exigen para cada materia. No vaya a ser que nos demos cuenta de cosas que nos puedan escamar. No sea que descubramos que han reducido las matemáticas y la lengua al ya consabido "leer, escribir y las cuatro reglas" que ya dejó escapar en su momento el ínclito José Ignacio; no se que nos enteremos de que han sesgado las lecciones de historia tratando a Viriato como si fuera hispano -de Hispania, se entiende- y no lusitano o negando la existencia como ente independiente de la Marca Hispánica o los Condados Catalanes allá en la Edad Media; no sea que descubramos que han convertido esa irredimible asignatura de Educación para la Ciudadanía en un cántico patrio contra los antisistema, los soberanistas y todo aquel que no tiene la misma visión de este país que ellos.
En definitiva, no vayamos a darnos cuenta de que pretenden darnos una educación mínima y un aleccionamiento máximo que nos condicione a no sacar los pies del tiesto casi como a los perros de Pavlov.
Tan a toda prisa que hace a las comunidades -incluso a las gobernadas por su partido- el grito en el cielo porque les da dos meses para desarrollar más de un centenar de asignaturas; porque a algunas de ellas las fuerza a desarrollar sus propios decretos más rápido aún, porque lo único que se busca es que la LOCME entre en vigor cuanto antes sin importar nada más.
No le importa que ocho comunidades no hayan aprobado el cambio de libros de texto porque saben que hay familias que no pueden permitirse no usar los libros de un hermano para otro, no le importa el coste que va a suponer para las cuentas autonómicas la implantación ni para las familias la adecuación a la misma.
Mientras el presidente del gobierne al que pertenece le echa la culpa a otros de la inestabilidad, Wert desestabiliza por completo el sistema educativo español al presentar un decreto de currículo básico sin claridad y a toda velocidad. Mientras su jefe  busca a diestra y siniestra -más a siniestra, por supuesto- un culpable de la pérdida de bienestar, su ministro de Educación arroja a las comunidades autónomas a unos gastos que difícilmente podrán afrontar y a las familias a unos gastos que les acercarán un poco más a la miseria que hoy en día planea sobre todos nosotros cada mañana.
Convierten una ley educativa en la quintaesencia de la inestabilidad y de la pérdida de bienestar en estado puro
Todo por ganar. Todo por tener razón. Todo por no escuchar. Todo por no aceptar un error.
Todo por no dejar que la realidad hablé en lugar de la ideología preconcebida y el interés propio.
¿Cuantas veces han hecho eso ya?, ¿cuando van a aprender a dejar de hacerlo?
Les convendría ir pensando en crecer.

jueves, julio 03, 2014

24.000 sangrantes zarpazos en la espalda del futuro

Reducir es ganar.
Cada reducción se ve como un triunfo, como una derrota del gasto, como una victoria de la contención. Y eso parece bueno, se quiere vender como beneficioso. E incluso en ocasiones puede llegar a serlo.
Cuando la reducción es de 24.000 perece buena, cuando se logra en dos años parece casi un récord digno de una medalla. Cuando se descubre que se habla de profesores y no de millones de euros se nos abren las carnes por el medio.
La enseñanza pública, la que garantiza un mínimo de equilibrio social en el saber y en el conocimiento ha perdido 24.000 docentes en apenas dos años. Desde la educación infantil hasta el bachillerato públicos se han quedado sin una cifra de docentes que casi resulta inconcebible.
Desde Castilla - La Mancha hasta Madrid, desde Baleares hasta Andalucía, la guadaña de los paladines de la austeridad suicida en lo público ha cercenado puestos de trabajo, congelado ofertas de empleo público y reducido a un mínimo absurdo y demencial las tasas de reposición entre el personal docente.
Solamente se repone uno de cada diez profesores que abandonan su puesto por jubilación o por fallecimiento. Solamente dejan reponer uno para evitar un gasto que luego se realiza a manos llenas en campañas de imagen de su insostenible Marca España u otras estupideces similares, para reducir un déficit que no crea la educación pública sino la deuda hidropésica de las autonomías, entre otras muchas cosas.
Las generaciones que construirán nuestro futuro han perdido 24.000 personas que contribuyen a que la educación sea algo socialmente equilibrado e igualitario para ahorrarse sus pírricos sueldos mientras ayuntamientos y comunidades autónomas regalan suelo a manos llenas para construir centros educativos privados en lugar de cobrarlo a precio de mercado para sufragar con ese dinero el gasto de las nóminas de nuestros docentes. 
Porque cada profesora y maestro de esos 24.000 son nuestros, son nuestros empleados. Nosotros les pagamos con nuestro dinero.
No tienen derecho a quitárnoslos si nosotros no queremos que nos los quiten. Y nadie quiere que le quiten a nadie que le está permitiendo acceder a un conocimiento que hace posible mejorar su futuro.
Y aquí creerán que tienen su pie para intervenir los habituales integrantes de ese coro de cuervos que habla en contra de los funcionarios, que dice que tienen privilegios que los trabajadores de las empresas privadas no tienen, que afirman que si se ha podido reducir es porque sobraban, porque no hacían nada, porque estaban aprovechándose de un empleo garantizado sin hacer nada.
Y cuando acaben de decir la última frase de esa manida y gastada letanía de supuesta defensa de la competitividad y la capacidad, el canto rodado de la realidad les golpeará con su filo más afilado en mitad de los dientes.
Porque si así fuera no hubiera sido necesario cerrar aulas desde infantil hasta de bachillerato, no hubiera hecho falta incrementar los ratios de las aulas hasta niveles de masificación que no se conocían en este país desde los años ochenta.
Y sobre todo no hubiera sido imprescindible para cuadrar las cuentas la reducción más injusta de todas las que se producen dentro de esta vasta e incomprensible injusticia que es privar al sistema público de enseñanza de 24.000 de sus docentes mientras en todos los países de nuestro entorno esa cifra no hace otra cosa que crecer como es lógico si se quiere mejorar la educación.
No se hubieran perdidos profesores de apoyo, docentes de refuerzo, desdobles, psicólogos, pedagogos que contribuyen a equilibrar las posibilidades de aprendizaje de los que más difícil lo tienen, ya no por condiciones económicas, sino por simple condiciones genéticas y de nacimiento. 
No originaría una exclusión definitiva, una drástica reducción hasta casi cero de las posibilidades de mejorar su educación de todos esos alumnos con más problemas, con más dificultades, que precisan de un apoyo especial que ahora sus profesores no pueden prestarles, acuciados por las aulas abarrotadas, y que el resto de los profesionales docentes no pueden darles simplemente porque se han cerrado las plazas para ellos en la enseñanza pública.
Pero todo eso no cuenta porque parece ser que reducir es ganar.
Y tampoco es sorprendente porque parece que esa es la máxima se ha establecido últimamente no solo entre aquellos que habitan la Moncloa gracias a nuestros votos y en contra de lo que esos votos les pidieron que hicieran, sino entre todos los orgullosos componentes de nuestro cada vez más tembloroso e inestable Occidente Atlántico.
Reducir esfuerzo, reducir compromiso, reducir contacto con los demás, reducir responsabilidad para con nosotros mismos y con los que nos rodean parece que es un símbolo y un síntoma de estabilidad, de tranquilidad, de bienestar, de victoria sobre el tiempo que vivimos y el espacio que nos ha tocado vivir.
En España hay nueve millones de alumnos matriculados en enseñanzas no universitarias, de los cuales un 70% lo están en centros públicos.
O sea que 6.300.000 alumnos han perdido condiciones de enseñanza, visto reducidas sus posibilidades de aprendizaje y dificultada la construcción de su futuro a través del saber y el conocimiento.
 En esto y en todo, pero sobre todo en esto ¿Reducir es ganar?
Y quien no lo vea es que no quiere verlo o no le importa un carajo porque tiene dinero suficiente para recurrir a la enseñanza privada. Que viene a ser lo mismo.

sábado, junio 14, 2014

Gomendio y la necia confusión entre valor y precio.

Hoy, que parece que la siempre presente Marca España se tambalea merced a cinco goles logrados por unos muchachitos holandeses allende de los mares, toca desayunar con otra cosa.
Los que están empeñados en desmembrarnos el futuro a fuerza de dinamitar el acceso mayoritario  a la educación han vuelto a mostrar lo que realmente quieren, cual es su objetivo en esta cascada continua de recortes. En este caso en la educación universitaria.
Llevan dos años largos hablando de austeridad, de cultura del esfuerzo y llevándose a la boca cualquier cosa que se les venga a la mente, explicaciones como las de un  niño que no quiere hacer los deberes para justificar sus recortes y su política draconiana de becas, excusas peregrinas como las de una amante para no compartir el lecho para dar sentido al número de alumnos creciente que tiene que renunciar a los estudios superiores por falta de recursos.
Y ahora, dos años después de que el ínclito Wert lo esbozara, para luego matizarlo, posteriormente corregirlo y luego acallarlo, llega su alter ego, Montserrat Gomendio, a la sazón secretaria de Estado de Educación, y lo vuelve a decir.
El objetivo de reducir las becas, de endurecerlas, de recortarlas, no es que los estudiantes se esfuercen más, ni siquiera es que las cuentas cuadren. Es simplemente que tengan que bajar a la calle, cruzar la acera y pedir un crédito universitario.
O sea, convertir el futuro formativo de todo un país en un negocio para unos pocos, para los de siempre, para los únicos que merecen ser rescatados cuando gestionan mal sus negocios. Para los únicos españoles de primera división.
No importa que toda una generación nazca y crezca endeudada, que una sociedad desmadejada por sucesivas reformas laborales que han llevado al desempleo y la precarización tenga que sumar a sus ahogamientos hipotecarios otra losa crediticia sobre sus hombros ya maltrechos e incapaces de sostener el peso de las cada vez más empobrecidas economías familiares.
Y Gomendio, que demuestra saber de dinámica y equilibrio social lo mismo que un calamar gigante de tres patas bailando un minué, se queja simulando una pregunta al viento sobre "si se debería de seguir en un sistema de becas donde los estudiantes reciben unas cuantías importantes de dinero que luego no devuelven".
En el más absurdo ejemplo de economicismo que se recuerda desde las 30 monedas de Judas, la secretaria de Estado de Educación comete el error contra los que el poeta del 98 canto y contó: confunde valor con precio.
Todo estudiante que se gradúa devuelve a la sociedad el dinero que le ha dado en cuanto se pone a trabajar. A menos que se vaya al extranjero. 
Y eso, que ahora está ocurriendo, no se le puede achacar precisamente a los estudiantes sino más bien a la falta de expectativas y los seis millones de parados que la política laboral del PP ha generado.
Esa es la devolución. Esa ha sido siempre y no puede ser otra. Incluso en el más cerril razonamiento neocon un graduado devuelve a la sociedad lo que le ha dado en becas porque su trabajo especializado y necesario mejora el rendimiento de las empresas que son las generadoras de riqueza para esa sociedad.
Y no lo digo yo. Lo dijo Milton Friedman.
Pero a Gomendio y su ministro no les interesan las dinámicas y el equilibrio social, no les interesa la justicia y casi ni siquiera les interesa el liberalismo económico salvo como excusa.
La excusa necesaria para encaminar esa supuesta generación de riqueza social que da el estudio becado hacia alguien en concreto, hacia quienes ellos desean que ganen dinero, no valor social, solamente dinero.
Como hacen con la concertación de centros en las enseñanzas obligatorias bajo el falso paraguas del "derecho a la libre elección" de las familias; como hacen en la Formación Profesional con sus propuestas de trabajo semi esclavo en las empresas hasta los 35 años.
Saben que si se pone en órbita un sistema masivo de créditos universitarios será cuando el estudiante y posterior graduado o licenciado no le devolverá nada a la sociedad porque no podrá hacerlo. 
Con los sueldos que pretenden fijarse para nuestro futuro, ese licenciado no tendrá prácticamente espacio para el consumo por mucho que trabaje, ahogado por su crédito universitario, su hipoteca y los gastos que la destrucción o privatización de los servicios públicos le generen.
Será un trabajador clientelista de esos bancos durante quince o veinte años. No podrá dar riqueza a la sociedad en la que vive y trabaja. Tan solo, en el mejor de los casos, podrá devolverle ese dinero a los bancos.
Y ya sabemos lo que hacen los bancos de este país con el dinero. Pagar campañas electorales y obras faraónicas a fondo perdido, entre otras cosas.
Quizás sea por eso que se les busquen desde los gobiernos todas las fuentes de ingresos posibles.
Pero a lo mejor estoy equivocado.

jueves, abril 03, 2014

Gomendio, el IPhone y la defensa Bart Simpsom

Hay momentos en los que la autojustificación es divertida. 
Contemplar como algún adolescente bordea el ridículo para explicar sus regresos etílicos a altas horas de la madrugada o como un adulto se enfanga en un laberinto de explicaciones en una defensa numantina de un acto indefendible puede hasta resultar gracioso y si no que se lo pregunten a los guionistas holliwoodienses de comedias románticas. Pero hay otros momentos en los que simplemente resulta bochornoso. 
Cuando un responsable político que lleva varios años al frente del sistema educativo echa balones fuera y pretende justificar unos resultados con la defensa Bart Simpsom de "yo no he sido, nadie me ha visto, no hay pruebas", la sonrisa se te congela en los labios y se torna en mueca como mínimo de desdén.
Y eso es lo que ha hecho y está haciendo Montserrat Gomendio, la número dos del ínclito ministro Wert, con los últimos resultados de ese famoso Informe Pisa que la educación española tiene clavado desde hace años en la planta del pie y no consigue arrancarse.
El rendimiento medio de los alumnos españoles en «resolución de problemas» en PISA 2012 es de 477 puntos, 23 puntos por debajo de la media de la OCDE (500 puntos). España ocupa el puesto 29 entre los 44 países que han realizado esta prueba y el 23 entre los 28 de los que pertenecen a la OCDE.
Y ¿qué significa esto? Pues muy sencillo. Que los alumnos españoles son casi incapaces de aplicar los conocimientos obtenidos a la vida diaria. Tienen problemas para moverse en el metro, para programar los aparatos electrónicos y hasta para utilizar la aspiradora.
En realidad todo esto no va de profesores y de centros docentes. En realidad todo esto va de adolescentes sobreprotegidos, llevados a todas partes en coche por sus padres, que no son obligados a participar en las labores domésticas -sean chicos o chicas, no empecemos con lo del machismo, por favor-, a los que se les solucionan los problemas desde su más tierna infancia para que no molesten llorando, quejándose o montándola parda en el suelo del salón mientras hay visitas.
Pero como es un informe educativo, Gomendio cree que tiene que echarle la culpa a alguien y como no va a ser ella la culpable -¡Dios nos libre!- arremete contra el profesorado.
Y les acusa de tener metodologías inadecuadas basadas en la memorización de contenidos, de no adaptar los contenidos a las nuevas tecnologías, de ser los culpables de que los adolescentes españoles no aprovechen al máximo las posibilidades de su reproductor mp3 o de su IPhone.
Y ella se sienta toda estupenda y trascendental en la mesa de una rueda de prensa y carga contra un sistema educativo que ella dirige, que ella ha podido cambiar en el tiempo que lleva como Secretaria de Estado de Educación. Como si fuera de otro ministerio, como si fuera de otro país, como si fuera de otro universo.
Como ha decidido que el profesorado, las direcciones de los centros, los rectorados universitarios y todos los que han protestado contra sus reformas y recortes son el enemigo y pertenece a la rama más recalcitrante del Partido Popular, esa que tiene como lema heráldico eso de "al enemigo ni agua", les echa la culpa del fiasco adaptativo del alumnado español.
Son los profesores y su forma de dar clase los que han provocado este fiasco. Porque en lugar de enseñar tablas de logaritmos deberían explicar el manual del IPhone, porque en lugar de dar clases de música, armonía o composición deberían enseñar a sus alumnos a descargar, convertir y programar música en mp3, porque en lugar de enseñar los mapas de movimientos de tropas en las guerras mundiales o Europa física deberían explicar el plano del metro con sus correspondencias, trasbordos y cambios de línea.
"Manifiestense menos y hagan mejor su trabajo" puede leerse en la frente fruncida de Gomendio mientras dice otras palabras.
Porque en realidad este exabrupto, este momento de autojustificación propia que arroja a los leones a todo el resto de la comunidad educativa, va de eso. De charle la culpa a aquellos que tienen que ser los culpables porque están en su contra, en contra de sus decisiones. En contra de su Reforma Educativa.
Y en ese punto es cuando la autojustificación ridícula que podría generar una sonrisa condescendiente se transforma en propaganda manipuladora que solamente mueve a la arcada y la repugnancia.
"La Locme -su ley- resolverá este problema y los docentes tienen la responsabilidad última en cambiar el método", dice Gomendio, demostrando que lo único que ha buscado todo el tiempo es vender el humo de su reforma, es justificar sus actos.
Y es lógico que la Locme solucione todos estos problemas.
Porque todo el mundo sabe que San Pablo en su carta los gálatas explica claramente cómo programar el IPhone y por eso la religión se hace contar en la media, porque de todos es sabido que no hace falta memorizar contenidos para pasar una reválida que te deja fuera del sistema educativo si la suspendes, porque todo el mundo conoce la realidad de que son los "nacionalismos excluyentes" los que complican sobremanera el mapa del metro de las principales ciudades españolas y por eso hay que estudiarlos en esos términos.
Porque seguro que la aplicación de la Locme compensa el hecho de que se hayan cerrado aulas de informática en colegios e institutos públicos por los recortes presupuestarios de su ministerio, es probable que compense de los ordenadores rotos o desfasados que no se reponen, de las horas de formación que se les han quitado a los docentes para que asuman clases masificadas, de los centros de formación del profesorado que se han cerrado uno detrás de otro en el suicidio falsamente austero que ha emprendido el actual gobierno del país de la Educación Pública..
Y sobre todo es seguro que la aplicación de la Locme compensará que la comunidad educativa española haya perdido durante la crisis al menos un 12% del gasto educativo, unos 6.300 millones de euros. Que su ministerio haya eliminado 33.000 profesores en el último año y medio y 55.000 desde el comienzo de la crisis.
Si hay que echarle la culpa a alguien, que no sean unos padres exageradamente protectores y una sociedad occidental atlántica que pretende vivir por siempre en una adolescencia de Peter Pan y Campanilla, del fiasco en la adaptación cotidiana de nuestros jóvenes es a esos recortes que impiden avanzar y evolucionar al sistema educativo. 
Y eso no lo va a solucionar la Reforma Educativa de Wert y Gomendio, que no incluye en todo su texto y desarrollo ni un solo párrafo de reforma metodológica que no sea el recurso a modos y maneras previos a La Restauración.
Gomendio lo sabe, nosotros lo sabemos y todo el mundo lo sabe. Aunque no sepamos programar el IPhone para que nos avise de los tuits de nuestros colegas. Pero ella tiene que decirlo, tiene que intentarlo. Por si cuela.
Pues se siente, señora Gomendio, no ha colado. Vuelva a intentarlo.

viernes, enero 17, 2014

Gomendio y la juventud de los dados cargados

Ahí va.
"Para que la educación se convierta en el principal motor de movilidad social es fundamental superar una grave deficiencia de actitud: nuestros alumnos creen que su futuro depende de la suerte, mientras que los de países más exitosos creen que su esfuerzo personal es determinante. Debemos enseñar a nuestros jóvenes a tomar las riendas de su destino".
¿A que queda bonito?
Pues lo ha dicho Montserrat Gomendio, Secretaria de Estado de Educación, Formación Profesional y Universidades, en una columna de opinión. Y no hay nada que decir al respecto. No es que se esté en contra. No es que se le discuta tan firme y ponderada aseveración.
Solo unos matices.
Tal vez los jóvenes dejaran de creer que su futuro es cuestión de suerte si no vieran que el gobierno de este país permite -e incluso realiza en algunas comunidades autónomas- ERE fraudulentos en los que se conserva el puesto de trabajo por ser amigo, correligionario, comisario político o simplemente adlater adulador del político de turno, mientras que los profesionales de verdad son puestos de patitas en la calle.
Es posible que los jóvenes españoles tomaran el timón de su futuro y dejaran de recurrir a las preces a la diosa fortuna si vieran que cuando comienzan a trabajar les comienzan a pagar un sueldo digno y no se consiente a las empresas que los utilicen en régimen de semi servidumbre con la excusa de prácticas o contratos de formación.
Es muy probable que la juventud patria dejara de confiar en los hados si viera que los distintos gobiernos fuerzan a las empresas a pagar según preparación, fijan mínimos salariales reales por licenciatura, titulación en idiomas o cualquier otra preparación superior. O si se impidiera que se exigieran tres idiomas, el dominio de ocho programas informáticos y disponibilidad horaria a un administrativo para luego pagarle 900 euros mensuales.
A lo mejor los jóvenes españoles se centraban más en el esfuerzo en lugar de encomendarse a la santa providencia si no vieran que los profesores e investigadores de sus universidades cobran, después de años de estudio y de preparación, sueldos mileuristas y nunca promocionan a los cargos de responsabilidad que son cubiertos por designaciones a dedo, de escasa transparencia y que se seleccionan de forma nepotista.
Es casi seguro que los jóvenes españoles pondrían más énfasis en su esfuerzo y excelencia que en el esquivo albur si no vieran que los sueldos de los ejecutivos se disparan un 7% en los últimos años, mientras los de todos los demás se reducen en un 3,5%; si no contemplaran como nuestro gobierno salva de la quema y la cárcel a los inútiles que han hundido instituciones financieras enteras mientras permite que se cierre el crédito hasta ahogarlos a los que están intentando sacar a flote sus negocios.
Resulta plausible creer que la juventud española tomaría las riendas del hoy desbocado caballo de su futuro en lugar de dejarse llevar por la incierta galopada del azar si no asistiera anonadada al dantesco espectáculo de que unos sobres cogidos en pasillos y echados a los bolsillos helvéticos de los políticos determinan contratos, crecimientos empresariales y beneficios suculentos.
Y sobre todo es prácticamente incuestionable que nuestros jóvenes tirarían de trabajo y constancia en lugar de esperar eventualidades venturosas si no salieran fuera y vieran que como camareros ganan más dinero en Berlín que como técnicos especializados en las empresas españolas, que limpiando traseros ingresan más emolumentos en Londres que realizando curas especializadas en los ambulatorios españoles, que como cuidadoras de infantes franceses reciben más pago que como profesoras interinas en España.
Pero eso no es lo más grave, señora Gomendio. Lo más grave es que ya ni siquiera se encomiendan a la suerte.
Porque ven que si no hay dinero no solo no hay futuro sino que no han dejado que haya suerte. 
Que se recorta el acceso a las becas a los que no tienen dinero mientras que aquellos que lo tienen y pueden pagarse la matricula -saquen cuatros, cincos, seises o sietes- lo harán y los que no puedan hacerlo tendrán que ser excelentes para que se les permita estudiar.
Y todo es mérito suyo, de su ministerio, de su gobierno.
Los jóvenes españoles no confían en su esfuerzo y su preparación porque gobierno tras gobierno, con tal de satisfacer a las empresas en sus ansias de beneficios netos, han permitido que no se remuneren ese esfuerzo, esos conocimientos y esa preparación en el mercado laboral español.
Y ya tampoco creen en la suerte porque el ministro Wert, usted y todos los que han decidido convertirse en croupiers de la suerte de la juventud española han cargado los dados.
Y con dados cargados la suerte no funciona, Señora Gomendio, ni siquiera la suerte nos funciona.

lunes, enero 13, 2014

La sana competencia de Wert y el menú escolar

Últimamente, el contacto con gentes que saben de ello me ha hecho recuperar el gusto por dar valor de la imagen fija, de la instantánea -de la fotografía, vamos- como elemento comunicativo, como forma de percibir una realidad. Así que empezaré directamente con esto. 



Uno de los elementos básicos de la demagogia es repetir una y otra vez un argumento falaz hasta conseguir que cale en los que escuchan.
Y no hay mayor demagogo entre la corte genovesa que reside en Moncloa que José Ignacio Wert, que vive pegado a dos mantras que intenta inculcarnos a fuego. 
El primero es el de la cultura del esfuerzo. Ese que pretende decir que los recortes no son tales, sino que convierten las ayudas, los apoyos en recompensas para los que se esfuerzan.
El otro lo comparte con todo el resto de sus colegas de gobierno: es el de que la entrada de la iniciativa privada en todos los sectores, incluido por supuesto el de la Educación, es buena porque fomenta la competencia y con ello mejora el servicio a los ciudadanos.
Igual que la procelosa y viajera Ana Mato en Sanidad, Wert se ha llenado la boca con ese argumento hasta el hartazgo -el nuestro, no el suyo, que él nunca parece cansarse de escucharse-. Pues bien, esta fotografía desmiente su argumentación, su retorica repetitiva, su demagogia.
No es que sea una obra de arte y de encuadre, no es que se trate de una pieza impactante que nos remueva el alma con solo mirarla o uno de esos increíbles momentos que Magnun nos entrega congelados en el tiempo: es simplemente el reflejo de lo que la competencia, la iniciativa privada hace cuando se enseñorea de la Educación.
Esto, lo que muestra la imagen, es lo que una contrata privada da de comer a los niños en un colegio público aragonés. Bueno, no solamente en uno, que esa empresa ha recibido la adjudicación de al menos media docena de centros educativos públicos en tierras mañas.
Esto es lo que hace dejar en manos privadas los comedores de los centros públicos, esto es lo que hace adjudicar estas contratas a dedo -saltándose esos principios que dicen tan sacrosantos de la competencia-. Esto es lo que hace dejar que se anteponga el negocio al servicio público.
Los niños a los que se les sirve este opíparo menú formado por nueve dados de patata de un centímetro de lado flotando en un caldo decorado con motas rojas que podrían ser pimiento o zanahoria tienen seis años y todos los que hemos visto comer a nuestros hijos a todas las edades sabemos que es absolutamente insuficiente.
La empresa, que completa la pantagruélica comida con un trozo deshilachado de algo que podría ser pollo o pavo o todo lo contrario, cobra, ni más ni menos, que siete euros por el menú.
Pero Wert mantiene que la competencia, que la iniciativa privada mejora el servicio.
Puede que a algunos no les importe las condiciones laborales de los que sirven el comedor a sus hijos en los colegios, puede que no les interese si la empresa concesionaria del mismo les mantiene en condiciones de semi servidumbre por sueldos miserables. 
Pero la iniciativa privada funciona con un solo objetivo: el beneficio. Y cuando ya no pueden recortar más de sueldos, ni de gastos laborales y siguen queriendo mantener sus márgenes porque, por otro lado, el mismo Gobierno que habla de competencia y de libre mercado, les paga tarde, menos y mal por el mismo servicio, empiezan a hacer esto.
A recortar sustancia a las comidas, cantidades a los menús, posibilidades de crecimiento a los niños. A arriesgar la alimentación y la salud de aquellos a los que supuestamente sirven para mantener las ganancias de aquellos a los que realmente benefician.
Si eso lo hacen en algo tan evidente como las comidas escolares, que no harán en asuntos más sutiles como la preparación, la educación del pensamiento o la construcción del propio futuro.
Nada de eso les importará si les hace perder un solo euro en su cuenta de resultados.
Y todo ello mientras el Gobierno Aragonés destina una partida de 100.000 euros anuales a sufragar las comidas de dos platos de gourmet, vino y postre que los parlamentarios autonómicos se meten todos los días entre pecho y espalda al módico precio de tres euros.
Por desgracia para los demagogos, una fotografía tiene eso. Habla por si misma mucho más que sus falsos argumentos.

jueves, enero 02, 2014

Wert inaugura su master universitario en miseria

Aquellos que ejercen el poder siempre han cometido el error de vivir en la inmarcesible burbuja del momento presente, de arrojarse a sus ideologías y sus acciones como diría aquel como si no hubiera un mañana.
Pero, aunque no sepamos como o cuando llegara, siempre hay un mañana -con permiso de las radiaciones solares, las glaciaciones y El Apocalipsis, claro está-. Y ese mañana ha llegado a la educación universitaria española. 
Ese mañana que demuestra que los acusados de profetas capciosos, de derrotistas de izquierda y de furibundos antisistema agitadores no eran tales; que aquellos a los que el soberbio y pagado de sí mismo ministro Wert despreciaba en sus augurios tenían razón. 
Hoy, cuando el futuro pronosticado se hace presente, un diez por ciento más de los alumnos universitarios están al borde de la exclusión académica por un simple hecho: no tener dinero.
La política de becas y de tasas universitarias, diseñada por Wert y su cohorte para cargar a la educación universitaria con los costes de una austeridad obligada por algo que nada tenía que ver con ella, está empezando a dar sus frutos.
La supuesta búsqueda de la "excelencia" universitaria que le hizo pasar la guadaña bajo los pies de los estudiantes becados y cargar con el peso de una aumento de un 67% de las tasas los hombros de todos los demás comienza a demostrar lo que realmente es.
Solamente en la Universidad Autónoma de Barcelona han dejado de pagar las tasas 1.772 alumnos, en la Complutense de Madrid entre 3.100 y 3.550 y la lista sigue hasta sumar cerca de 40.000 alumnos. 
Y esos alumnos están fuera o lo estarán en breve. En la Complutense ya ni siquiera tienen acceso a la intranet educativa, en la Autónoma de Barcelona están haciendo equilibrios -amparados en las competencias autonómicas- para poder mantenerlos y así en todos los campus del país, de Valencia a Sevilla, de Toledo a Santiago.
Y no están fuera porque no alcancen la "excelencia", no dejan de pagar las tasas porque sean ninis que se hayan gastado el dinero de sus acomodados padres en jaranas y desenfrenos nocturnos y hayan acumulado cero tras cero en sus actas de calificaciones. Sencillamente van a perder su opción de estudios universitarios por ser pobres.
Rectifico, están perdiendo ya su opción de tener estudios universitarios por ser pobres.
Así que aquellos que desde los foros y las cuentas virtuales de apoyo al Partido Popular y al egregio Wert -parece increíble pero son como las meigas gallegas: haberlas, hailas- hablaban de la cultura del esfuerzo y de potenciar la excelencia educativa ahora permanecen mudas, ahogadas en el silencio culpable de haber comprado una explicación que sabían falsa y de haber vendido una solución que solamente era crear otro problema.
Los sindicatos de docentes lo pronosticaron, los sindicatos de estudiantes lo denunciaron, los consejos de rectores lo avisaron, pero Wert, que necesitaba el dinero para otras cosas, para pagárselo a un torero, para restaurar iglesias o para costear los sueldos de los profesores de religión, se mantuvo en sus trece, se enrocó en la absurda explicación deque una beca se le debe dar solo a los que sacan una determinada nota sin atender a sus condiciones económicas.
Encastrada entre una Reforma Laboral que reduce los ingresos de los padres y madres de los estudiantes y que imposibilita a los jóvenes el acceso al mercado laboral con cinco millones de parados y unos recortes sociales que hacen que las familias pierdan poder adquisitivo por tener que costear gastos que antes no tenían, desde el copago sanitario hasta los comedores o los libros escolares, la política de becas y tasas universitarias no consigue que nuestras universidades están llenas de "Einsteins" y "Friedmans". Solamente logra que se vacien de pobres.
Y así nuestros campus inician una nueva enseñanza, un nuevo máster en miseria, un nuevo postgrado en exclusión económica.
Y para más bochorno y sinrazón, ni siquiera ha solucionado su problema de dinero, que es lo único que parece importarle a este gobierno que ha convertido el arcano del déficit público en el becerro de oro al que adorar en su travesía por el desierto.
Porque las tasas subieron para recaudar más, para exprimir más a una sociedad que no era la culpable de las deudas gubernamentales, pero que se decidió que era la encargada de sufragarlas.
Pero en un solo año el incremento del dinero que los estudiantes han dejado de pagar: es de 2,5 millones de euros, un 50% más que el ejercicio anterior, según datos de los propios campus. Y La diferencia de porcentajes se debe principalmente a un factor: al fuerte encarecimiento de las matrículas.
Como les pasara con el IVA, como les ocurriera con el copago sanitario, en las tasas universitarias les está acuciando el mismo contraefecto. En su obsesiva voluntad de cuadrar sus cuentas -no las de los ciudadanos y la sociedad española, las suyas- olvidaron, ellos que son tan de libre mercado y capitalismo. una de las reglas básicas del sistema económico que se niegan a cambiar aunque esté agonizando: cuando no hay dinero no hay gasto.
Si me suben el IVA y no puedo comprar no compro, si no puedo  pagar mi parte de los medicamentos no me los tomo y recurro a las cataplasmas y las rogativas. Si no tengo dinero para pagar las tasas no planto un árbol de dinero y lo hago dar frutos. Simplemente no las pago porque no puedo hacerlo.
Así que ahora pierden más dinero que antes, recaudan menos que antes y las cuentas les cuadran menos que antes.
Pero eso sí, están logrando el que probablemente es su objetivo primario. Una universidad elitista en la que solamente pueden estudiar los que pueden pagárselo. O sea los que son de los suyos.

lunes, diciembre 30, 2013

Wert, Heráclito y la mentira de la equidad según Pisa

Dijo Heráclito: "La mentira más cruel es aquella que se construye sobre la mitad más dolorosa de la verdad".
Es posible que el ínclito ministro Wert y todos los que le escoltan en su guardia pretoriana en el arduo y continuado esfuerzo de desmontar piedra a piedra, aula a aula y docente a docente la enseñanza pública hayan leído a Heráclito y hayan decidido aplicar esa máxima. Aunque es más probable que hayan dado con la clave del maestro clásico por pura casualidad.
Pero lo cierto es que para justificar su desmantelamiento de la enseñanza pública han tirado de la mentira más cruel que podían haber encontrado: Han echado mano del informe Pisa.
Esas páginas que se han convertido en el nuevo evangelio arcano anual de la educación europea no nos dejan en muy buen lugar. 
Nuestra ortografía es un océano tempestuoso en el que se estrellan una y otra vez las naves de los profesores de lengua incapaces de atravesar entre los Escila y Caribdis de los apocopes tuiteros y las expresiones de Whatsapp. Nuestras operaciones matemáticas son lentas y erróneas. Nos salvamos por los pelos en las pocas materias que nos salvamos y en el resto nos encontramos a la cola de los países de la OCDE.
Y Wert, Catalá, Figar y todos los avatares de la nueva educación para el beneficio empresarial que pretende implantar el Partido Popular han cogido esa parte cruel - y necesaria- de la verdad para construir una mentira que suene plausible, que haga parecer que lo que hacen es necesario. De hecho, que es imprescindible.
Ellos y sus medios afines han tremolado esos datos y los han expuesto hasta la saciedad, hasta el hartazgo. Han buscado ejemplos de colegios concertados que superan el informe para defender su modelo de concertación en contra de la educación pública; han tirado de datos en matemáticas y Lengua para defender sus revalidas o la eliminación de asignaturas "superfluas" como la innecesaria Filosofía...
Pero al construir su mentira con la parte cruel de la verdad han ocultado la otra mitad de la verdad del Informe Pisa, la que sirve para explicar muchas cosas, la que es necesaria para comprender en toda su extensión lo que ocurre en nuestra educación pública. La que es imprescindible para enfrentarse a los que el Partido Popular está haciendo con la educación.
Han ocultado esto.


Para los que no están acostumbrados a las gráficas y demás zarandajas que utilizan los informes les resumo: Wert y su corte han ocultado el hecho de que el sistema educativo español es el 2º mejor del mundo, que garantiza la equidad, solo por detrás de Finlandia. 
Voy a repetirlo por si no estaban sentados cuando lo han leído El sistema educativo español es el 2º mejor del mundo, que garantiza la equidad, solo por detrás de Finlandia. 
Vaya hombre, no es como ganar el Mundial pero es casi como llegar a la final. Marca España. 
Pero ¿por qué un gobierno que supuestamente está comprometido con la mejora educativa omite ese dato?, ¿por que una Administración que se llena la boca de decir que quiere mejorar y modernizar la educación pública genera una mentira por omisión basada en la verdad cruel de los aspectos más crudos y negativos del informe Pisa?
No es difícil de contestar. Para empezar porque en realidad no están comprometidos con la mejora educativa, están empeñados en su cambio y regresión para utilizarla como herramienta de mantenimiento de una sociedad en la que la mayoría de la población viva con la educación mínima necesaria para trabajar sin protestar ocho horas al día por 700 euros al mes.
Y la segunda mucho más maquiavélica, porque si muestran esos datos alguien puede darse cuenta de que esa posición de privilegio en la tabla de educación equitativa se ha ganado con todo aquello que ellos nos quieren recortar y quitar.
El sistema educativo español, sus inspectores, sus docentes, sus equipos directivos, han conseguido que las diferencias sociales, de origen, de condición económica se minimicen a la hora de los resultados académicos, que se limite al máximo su impacto sobre el rendimiento escolar -que eso es lo que significa la equidad educativa- utilizando las herramientas que ellos ahora les quieren quitar.
Ese puesto en el podio de la equidad educativa, que supone que "hemos sido el segundo país que mejor ha progresado en las últimas décadas, logrando mejores índices educativos que Finlandia, Suecia, Francia, Alemania y todos los demás, solo por detrás de Corea del Sur", se ha logrado con inversiones en la escuela pública.
Se ha  logrado con ratios ajustados de alumnos por aula, con desdobles para los alumnos con dificultades, con aulas de inmersión para los inmigrantes o los alumnos que tienen dificultades con el español.
Se ha obtenido con psicólogos en los colegios, con profesores de refuerzo, con inspecciones rigurosas, con programas de adaptación curricular.
Se ha logrado con becas de comedor y transporte, con ayudas para libros, con becas salario, con becas de movilidad para los que tienen que estudiar fuera de su ciudad.
En definitiva, es posible gracias a todo lo que ellos, desde su visión mercantilista de la educación, han recortado o han eliminado directamente. Con todo lo que le están quitando a la educación pública para dárselo a aquellos que tienen como primer fin evangelizar antes de educar.
Toda esa equidad es posible porque no se expulsa del sistema educativo a las primeras de cambio con una revalidad a los que tienen dificultades debido a su condición familiar o económica, a los que son incapaces de concentrarse porque llegan con problemas de aprendizaje, a los que fallan un examen porque sus dificultades con el idioma en un país nuevo, con unas costumbres nuevas, les impiden la correcta comprensión de los que se les está enseñando.
Y sobre todo se consigue con las maestras que se esfuerzan en conseguirlo, con los profesores que se dedican a intentarlo. Todos esos que, según Wert sobran. Todos esos que según Catalá son "redundantes". Todos esos que según Figar "no son necesarios".
Así que los garantes de la educación pública para el servilismo tienen que ocultar ese dato, ese triunfo de la educación española para no poner en peligro la visión determinista que quieren imponer en nuestra sociedad. Para no poner en peligro la justificación de su contrarreforma educativa.
Menos mal que hay gente como SoyPublica - de cuyo blog está extraído el gráfico y algunas citas- que se preocupa porque la mentira basada en la parte cruel de la verdad no prospere, que la traición a sociedad que supone cambiar mejores notas en matemáticas por la exclusión social en la educación no progrese.
Menos mal que nosotros sí hemos estudiado historia, filosofía y humanidades y sabemos lo que quiso decir Heráclito.

jueves, diciembre 26, 2013

Educación para o Educación, cuestión de confianza.

Cuando se nos va el Año de las Sombras, el año en el que se han cumplido los augurios de destrucción de lo público, de regresión de lo social y de avance incontrolable e incontrolado de la miseria por nuestros suelos y nuestras tierras, quizás sea el momento de parar un momento nuestra agotadora lucha contra lo que parece imposible y mirar qué hemos estado haciendo.
Muchos son los que se dejan la vida, el tiempo y la supervivencia -incluidos sus sueldos- enfrentándose a quienes nos están quitando aquello que los que vivieron antes ganaron para nosotros. Y sobre todo hay dos áreas, dos pilares básicos de la sociedad, del futuro que habíamos empezado a construir y que ahora nos vemos obligados a defender: la Sanidad y la Educación.
Y si la Sanidad es el espejo en el que ya se empieza a reflejar la tragedia de nuestro presente, el sufrimiento de unas víctimas, incluso mortales, que ya tienen nombre y apellido, la Educación es el lienzo en el que comienza a dibujarse el drama de nuestro futuro.
El desmantelamiento de la Sanidad nos enseña los muertos de hoy. La manipulación de la Educación nos anticipa los esclavos de mañana.
Y es precisamente en la Educación, en la preparación de aquellos que tienen que continuarnos, donde podemos haber cometido el error capital, donde en nuestro deseo de mejorar podemos haber creado la herramienta que ahora aquellos que pretenden utilizar la enseñanza pública como una maquinaria bien engrasada de fabricar siervos empresariales están usando en su beneficio.
Es una herramienta muy sencilla, muy simple. Es tan sutil como una preposición.
En la década de los noventa, arrastrados por el empuje por entonces imparable de las teorías del progreso, dejamos de considerar la Educación como un bien absoluto, dejamos de pedir educación y la hicimos acompañarse de una preposición finalista. 
Empezamos a reclamar Educación para...
Educación para el progreso, Educación para la igualdad, Educación para... Desde entonces parece que la Educación tiene que tener un destino, un fin, una dirección y eso es lo que han aprovechado los buscadores de siervos para pervertirla, para redirigirla. Ahora es educación para la supervivencia, para el beneficio.
En nuestro intento de mejorar nos olvidamos que la educación no busca otra finalidad que permitir que el ser humano piense por sí mismo, que llegue a sus propias conclusiones. Que lo único que tiene que buscar es dar las herramientas a la mente para que pueda estructurarse y acceder a los niveles de conocimiento necesarios para ser independiente -o por lo menos autónoma- de los influjos exteriores.
Los fines que se buscaban eran plausibles, libertad, igualdad, progreso, pero el mecanismo de la Educación para... no era diferente que el utilizado durante siglos con otros fines. Educación para la fe, Educación para la formación de la raza aria, Educación para la grandeza de España, Educación para la resignación y la aceptación de tu condición, Educación para la creación del Estado Socialista, Educación para el sometimiento al varón, Educación para..., Educación para..., Educación para...
Creímos que encaminarla hacia otra dirección era la solución cuando la solución era no encaminarla hacia ninguna parte, hacia ninguna ideología, hacia ningún lugar preconcebido.
Ignoramos las lecciones que la historia nos dio con Sanit Simon, Rousseau, Montesquieu o Mirabeau, todos ellos educados para la aristocracia, para el mantenimiento de los privilegios de su clase social y todos ellos impulsores del mayor movimiento igualitario de la historia de la humanidad.
Pasamos por alto el ejemplo que en nuestras mismas fronteras nos dieron Jovellanos, Moratín Samaniego o Mendizabal, todos ellos educados a los pechos de la educación jesuítica para la religión y la moral cristiana e impulsores de los mayores momentos de anticlericalismo y laicismo en nuestro país.
Educar es darle al individuo la posibilidad de ser libre, de elegir el camino de su pensamiento. No es dirigirle hacia un lugar determinado por paradisíaco que nos parezca, no alejarle de ningún razonamiento por avieso y perverso que se nos antoje. La Educación es el entrenamiento del libre pensamiento. Tome este el camino que tome.
Aunque sea el sentimiento que más nos cuesta en esta sociedad occidental atlántica nuestra, tenemos que recurrir a la confianza. Algo tan poco nuestro hoy en día que casi ya no sabemos como funciona.
Tenemos que educar para el libre pensamiento y luego confiar en que nuestros principios, nuestras ideologías, nuestras creencias o nuestras filosofías serán lo suficientemente coherentes, estables y lógicas como para convencer a aquellos que ya saben pensar por sí mismos.
Y ahora aquellos que no piensan en otro bien que el de sus propias cuantas corrientes y su mantenimiento en el Gobierno, toman ese arma bien intencionada de la educación encaminada a un fin y la dirigen hacia los propios. Hacia la creación de una sociedad de feudalismo empresarial en la que ellos sean el continúo epítome del poder.
Así que, cuando recuperemos la Educación para la sociedad, que lo haremos, más nos valdría no volver a caer en el error de dirigirla más allá de las necesidades del educando de pensar por su cuenta y llegar a sus propias conclusiones sociales, éticas, morales y políticas.
Más nos vale defender solo la Educación. No la educación para... Educación y punto.
Muchos se están jugando mucho para que tengamos la oportunidad de enmendar ese bienintencionado error. No les defraudemos. Ellos y ellas no nos están defraudando a nosotros.

miércoles, noviembre 13, 2013

Europa no deja a Wert esconderse tras sus faldas

Si hay algo que caracteriza a aquellos que hacen de la mezquindad su esencia vital es su absoluta incapacidad para aceptar las culpas -las responsabilidades, se llaman ahora-, su continuo intento de echar balones fuera para no verse comprometidos por las consecuencias de sus actos.
José Ignacio Wert, ese individuo que alguien decidió arrojar sobre la Educación y la cultura de este país en forma de ministro, había demostrado arrogancia en sus formas, soberbia en sus fondos e ignorancia en todo lo demás, pero ahora ha sumado una mezquindad ya intuida a su catálogo de virtudes.
Porque Wert quiere recortar las becas Erasmus a toda costa- De hecho las recortó y luego tuvo que "desrrecortarlas" en un trabalenguas ridículo y dantesco.
Pero el sigue en sus trece. Quiere recortar las Erasmus, necesita el dinero de esas becas para otras cosas que ni dice ni comenta. Mas como no quiere que de nuevo le salpique la polémica de quitarle dinero a nuestros varios miles de estudiantes universitarios que campan por Europa, como no quiere tener que volver a salir a la palestra tan rojo de vergüenza como la nariz del reno Rudolf un 24 de diciembre a decir que le han enmendado la plana "por propia iniciativa", tira de nueva estrategia.
Y decide echarle la culpa al empedrado. Decide esconderse tras otros y fingir que la reducción de las Erasmus y del dinero asignado a ellas se producirá pero no por culpa suya, no porque él lo quiera, sino porque otros se lo impondrán.
Torna su soberbia en falsa humildad y su grandilocuencia en mezquindad y le echa la culpa a los de siempre, a los hombres de negro, a los mismos que fueron culpables de que nuestro dinero tuviera que ir a parar a los agujeros bancarios, a los mismos que, según su jefe, el ínclito Rajoy, nos imponen unos recortes indeseados: a Europa.
Dice que las Erasmus caerán, que nuestros universitarios no podrán salir a Europa a completar sus estudios, que no tendrán dinero publico para ello, porque Bruselas va a recortar los fondos que da a España para ese fin.
Y como ocurriera con los estudiantes, cree que colará; como pretendió con los rectores, cree que nadie le va a contradecir;  como sucedió con la comunidad educativa en general, cree que todo el mundo es tan ignorante, apático o sumiso que nadie osará alzar la voz para decir la única verdad: que está mintiendo.
Como ocurre siempre con la soberbia no se tiene en cuenta a los demás porque se les desprecia, se les considera irrelevantes. No se les toma en consideración.
Wert, que ha defendido dogmáticamente esos recortes, que finge intentar imponer una "cultura del esfuerzo" tan falaz como insustancial, ahora se disfraza de uno de esos niños de primaria a los que quiere enseñar religión pero quitarles las becas de comedor y dice: "no es culpa mía, el profe me dijo que lo hiciera. Yo solo hice caso a los mayores".
Y en su supremo ejercicio de cobardía, olvida que se enfrenta al aparato burocrático más inmenso desde el Imperio Romano, a la administración más descomunal del siglo probablemente solo superada por la Administración Federal estadounidense y el extinto aparato estatal soviético.
Olvida que esa organización siempre a medio construir llamada Europa tras la que pretende esconderse paga a gente solamente para desmentir cosas.
Y su cara vuelve aponerse colorada cuando Europa le dice que es mentira, que ha incrementado un 4,3% el presupuesto de las Erasmus para este año; la cara vuelve a arderle de rubor cuando el portavoz europeo de Educación le reconvine por su mentira y dice a todo un continente que aumentarán la aportación en un 60% hasta 2020.
Y es precisamente esa Europa tras la que pretendía esconderse, tras la que tenía la intención de ocultar su obsesión por repatriar estudiantes y destinar el dinero de su educación a otras cosas, la que da un paso adelante y le deja en fuera de juego como a Cristiano Ronaldo en uno de sus peores días.
“No sé cómo decirlo de una forma más diplomática, pero decir eso es basura", afirma el portavoz. Y con esa frase lo dice todo.
Un ministro de educación diciendo basura sobre educación. Alguien que ha hecho del recorte y de la involución educativa su principal legado al futuro del país no encuentra amparo tras el mastodonte europeo, no recibe cobertura de su mezquino escaqueo de responsabilidades y se ve obligado a asumir que "la basura" que dice y hace sobre las becas Erasmus es toda de cosecha propia, es toda idea y obsesión suya.
Puede que cuando lo pidieron los estudiantes, Moncloa no se dignara escucharles; puede que cuando lo exigieron los padres, el gobierno se negara a entenderles; es posible que cuando lo recomendaron los rectores y los reclamaron los docentes, la corte moncloíta se negara a hacerles caso.
Pero a lo mejor que ahora que Europa, la todopoderosa Europa que manda y dispone en una España falsamente intervenida, llama basura a las mentiras y las obsesiones restrictivas de nuestro ministro de Educación, la corte de Genova, 13 sí escuche y decida dejarle solo con su soberbia y su mezquindad y devolver la educación a su ministerio.
Aunque es seguro que si ocurre -que no ocurrirá- será "por propia iniciativa" de Wert. De eso no nos cabe la menor duda.

domingo, noviembre 10, 2013

Concertados o la verdadera división educativa del PP

Parece que una de las dicotomías que se han impuesto desde el Gobierno que nos echamos a las espaldas en las últimas elecciones en el distingo entre educación concertada y enseñanza pública.
Pero, no nos engañemos, ni Wert ni sus avatares autonómicos -Catalá, Figar y demás-  tienen esa dualidad en su maniqueo concepto de organización de la sociedad, en su mapa en blanco y negro de con nosotros o contra nosotros. Sus dicotomías son otras, sus divisiones son otras.
Y una de las pruebas más trasparentes, más meridianas de ello es Alberto Fabra, ese presidente de la Comunitat Valenciana que destila públicamente la poca vergüenza de cerrar una televisión pública que no se pliega a sus necesidades de propaganda política argumentando que "no cerrará un colegio por mantenerla abierta" o que necesita ese dinero para "educación, sanidad y unos servicios sociales de calidad".
Él y su senescal educativa, María José Catalá, no hacen distingo a la hora de destruir la enseñanza y la educación entre pública y concertada. Para ellos es lo mismo.
Y lo demuestra el hecho de que le deban millones a centros y entidades educativas concertadas. Al Patronato Intermunicipal Francisco Esteve le deben 433.000 euros y Bienestar Social, 393.000 euros. El Colegio La Unión de Torrent, 760.000 euros. A Torrepins le debe el Consell 300.000 euros.
Y así hasta catorce colegios concertados.
Pero no hay que confundirse. Cuando asistimos a las protestas de estos centros exigiendo el dinero que Fabra y Catalá les deben y les niegan no veremos a monjas con pancartas, a profesores de religión con lemas en sus camisetas ni a miembros de la Conferencia Episcopal Española apoyándoles.
Porque estos colegios no cobran cuotas "voluntarias" que bordean la legalidad, no rezan el ángelus ni dan clase de valores cristianos. Estos colegios son concertados sí, pero no son religiosos.
Son los colegios que se hacen cargo de los más débiles, de los que necesitan más apoyo en el desarrollo de su proceso educativo. Son los colegios concertados que atienden las necesidades educativas de los discapacitados psíquicos y físicos.
Así que la diferencia, la división dogmática e ideológica no se encuentra entre lo concertado y lo público, no se halla entre lo gestionado directamente por el Estado -o el Gobierno Valenciano, en este caso- y lo gestionado por entidades privadas -sin ánimo de lucro, se presupone-. 
Porque entonces estos centros que atienden a discapacitados no tendrían que manifestarse en Torrent, Paterna o Valencia y nadarían en fondos y exenciones fiscales como lo hacen aquellos a los que Catalá ha concedido suelos gratuitos por valor de varios millones de euros, como lo hacen esos otros concertados a los que ha aumentado las becas de comedor mientras elimina físicamente los comedores mismos en muchos centros públicos.
Si la diferenciación que hace la política educativa del Partido Popular en Valencia y en el resto de España enfrentara a la dicotomía entre lo público y lo concertado, estos profesores, directores y alumnos no tendrían que protestar porque recibirán los mismos edificios gratuitos para asentarse que algunas universidades privadas, porque verían aumentar y alargarse sus conciertos dentro de los 663 millones de euros que la Consellería va a dedicar a pagar conciertos con entidades privadas educativas.
Pero, si no es la división entre la gestión educativa pública y la concertada la que marca la política educativa del Partido Popular ¿cual es entonces?
¿De verdad hace falta que lo diga?
Es la maniquea y perversa elección entre servicio y negocio. Y entonces todo cuadra. 
Porque la educación de discapacitados no está concebida como un negocio y por ello, por muy concertada que sea, no entra dentro del tipo de enseñanza que quiere y se esfuerza por promover Catalá en Valencia, Figar en Madrid y Wert en todo el territorio nacional.
Porque la educación de discapacitados nunca dará beneficios por su condición ineludible de servicio público a un colectivo con necesidades especiales más allá de su renta y posición económica y por ello cae en el mismo saco que la enseñanza pública obligatoria convencional, sean los centros concertados o no.
Porque lo único que les importa es que sus socios ganen con el negocio y que ellos no pierdan dinero que pueden usar para sus cosas en prestar un servicio.
Esa es la única división que entienden: Servicio o negocio, prestaciones o ganancias.
Y eso hace que hasta los profesores de la concertada vayan a la huelga cuando se dan cuenta de que los recortes en la educación afectarán a sus centros y el gobierno hace todo lo posible para que sus contratadores sigan ganando dinero aún a costa de sus salarios, de sus jornadas y de sus condiciones de trabajo.
Por más que unos y otros hayan intentado establecer una falsa división entre lo público y lo concertado, esa división no existe en la mente de los ideólogos del desmantelamiento educativo español.
Solamente existe la que pone a un lado a los que precisan el servicio educativo y de otro a los que quieren ganar dinero a costa de esa necesidad.
Bueno, esa y la otra división. Entre los que enseñan y los que adoctrinan. Que otro gallo nos estaría cantando si en esos colegios concertados para discapacitados se rezara el Ave María a la entrada, el Ángelus a mediodía y el Jesusito de mi Vida a la hora de irse a acostar. De eso tampoco cabe la menor duda. Y mucho menos a la ínclita hija de La Obra, María José Catalá.

Lo pensado y lo escrito

Real Time Analytics