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jueves, junio 01, 2017

Medio siglo cambiando y ocultando Seis Días

Hoy se cumplen 50 años de la Guerra de los 6 días y resulta curioso que El País publique un artículo de Opinión titulado ¿Por qué es importante la historia? sobre el asunto.
Y lo que es más curioso es que no acepte comentarios precisamente en este artículo, ¿por qué será?
El autor desglosa una serie de supuestas innegables verdades históricas
"Para empezar, en junio de 1967, no existía ni había existido jamás ningún Estado palestino. Su creación, propuesta por la ONU en 1947, topó con el rechazo del mundo árabe porque significaba el establecimiento simultáneo de un Estado judío".
Cierto. Pero quizás la historia es importante porque no conviene olvidar que la historia no empieza en junio de 1967. La historia es importante porque La Sociedad de Naciones realizó una partición de Palestina y, antes de que se secara la tinta de la firma que Israel había estampado aceptando esa partición, Tiberias fue ocupada el 19 de abril de 1948, los israelíes invadieron Haifa el 22 de abril, Jaffa el 28 de abril, los barrios árabes en la Ciudad Nueva de Jerusalén el 30 de abril, Beisan el 8 de mayo, Safad el 10 de mayo y Acre el 14 de mayo. Quizás habría que recordar eso para que se explique el porqué de la oposición de los países árabes a la partición.

"En segundo lugar, Cisjordania y Jerusalén Este estaban en poder de Jordania. Este país, en clara violación de los acuerdos, impedía a los judíos el acceso a sus lugares sagrados en la parte oriental de la ciudad y había profanado y destruido muchos de ellos. La Franja de Gaza estaba en manos de Egipto, que empleaba la fuerza militar para controlar a sus habitantes".

En todas las ciudades antes mencionadas se mantenía el dominio israelí por la fuerza armada de organizaciones paramilitares que luego se integraron en el ejército israelí y de todas ellas se deportó a todos los habitantes árabes para colocar a habitantes judíos. Es importante no olvidar la historia, es cierto
Y otro dato, Cuando se estableció es Estado de Israel el 54 por ciento de la población era árabe. Las deportaciones y las matanzas habían reducido esa población a un 35 por ciento (algo más de un tercio) cuando empezó la Guerra de los Seis Días. Va a ser que comenzamos a responder a la pregunta de ¿Por qué es importante la historia? 

"Al hablar del conflicto entre árabes e israelíes no podemos tratar el pasado como si fuera irrelevante"
También estoy de acuerdo. No es irrelevante el pasado a 1967. Como el hecho de que el Estado Israelí se construyera sobre la ideología de individuos como Joseph Weitz, que fue el director del Fondo Nacional Agrario Judío y que el 19 de diciembre de 1940, escribió: "Debe estar claro que no hay sitio para ambos pueblos en este país. A la empresa sionista le ha ido bien hasta ahora.. y le ha bastado con 'comprar tierras' pero esto no creará el Estado de Israel; eso debe ocurrir de inmediato, como una Salvación y no hay otra forma de hacerlo que trasladar a los árabes de aquí a los países vecinos, trasladarlos a todos; con la excepción tal vez de Belén, Nazaret y Jerusalén Antiguo, no debemos dejar una sola aldea, ni una sola tribu". ¿Por qué la historia no es importante hasta llegar a lo que se dijo, se hizo y se pensó desde 1940 y solo lo es para retrotraerse a 1967?

"Tercero: los países árabes podrían haber creado un Estado palestino en Cisjordania, Jerusalén Este y la Franja de Gaza en cualquier momento. Pero no lo hicieron, porque despreciaban a los palestinos".
E Israel podría no haber expulsado a árabes y palestinos de las ciudades que no les habían asignado y entonces no se hubieran agolpado en la franja de Gaza. Pero claro, los condicionales -que por otra parte no conforman la historia- solo se aplican a los países árabes.

"Cuarto: Las fronteras de 1967, cuando estalló la guerra, no eran unas fronteras oficiales, sino nada más que una línea de armisticio fijada en 1949, la llamada Línea Verde, delineada después de que cinco ejércitos árabes atacaran Israel en 1948 para destruir el Estado judío recién nacido y no lograran su propósito. Los países árabes, incluso derrotados, siguieron negándose a reconocer el derecho de Israel a existir".
E Israel siguió negándose a devolver las ciudades y territorios conquistados ilegalmente. Por no decir que además, si no eran unas fronteras oficiales, ¿por qué se supone que existía el estado de Israel?, ¿Puede existir un Estado sin fronteras oficiales?. Y por supuesto de nuevo empezamos la historia cuando nos conviene, en junio de 1948, no en abril. No vaya a ser que alguien se acuerde de lo que hizo el Irgún, entre otros, en abril de 1848 en todas las ciudades asignadas a los árabes. 

"Quinto: la Organización para la Liberación de Palestina, que participó en la guerra, nació tres años antes, en 1964, con el objetivo de destruir Israel. En 1964, recordemos, no había más “asentamientos” que el propio Israel".
“No le echemos la culpa a los asesinos hoy”, dijo en 1965 Moseh Dayan, nada sospechoso de antisemita ni antisionista, en un discurso, refiriéndose a los palestinos que habían perpetrado un ataque a un kibbutz. “¿Por qué deplorar su odio rabioso contra nosotros? Durante ocho años han estado esperando en campos de refugiados en Gaza, y frente a sus propios ojos han visto como sus tierras y aldeas, aquellas que ellos y sus padres habitaron, se transformaron en nuestro estado”. 
Así que de nuevo la historia se hace importante para recordar que sí, si había asentamientos. En realidad toda Israel era un inmenso asentamiento ilegal, o al menos la parte tomada ilegalmente por la fuerza entre 1945 y abril de 1948.

"Sexto: durante las semanas previas a la Guerra de los Seis Días, los dirigentes egipcios y sirios declararon repetidamente que se avecinaba un enfrentamiento armado y que su propósito era borrar a Israel del mapa. Sin ambigüedades".
"Debemos estar preparados para pasar a la ofensiva. Nuestro objetivo es hacer añicos Líbano, Tansjordania y Siria. El punto débil es Líbano, pues el régimen Musulmán es artificial y fácil para nosotros de minar. Estableceremos un gobierno Cristiano allí, y después machacaremos a la Liga Árabe eliminando Transjordania; Siria caerá ante nosotros. Luego bombardearemos y tomaremos Port Said, Alejandría y el Sinaí."
David Ben-Gurion, Mayo de 1948. Eso tampoco es muy ambiguo, también es historia y se llevaba dos décadas repitiendo sin descanso por el Gobierno israelí.


"Hoy hay muchos que quieren reescribir la historia. Quieren hacer creer al mundo que existió un Estado palestino. No es verdad. Quieren hacer creer al mundo que había unas fronteras oficiales entre ese Estado e Israel. No es verdad. Quieren hacer creer al mundo que la guerra de 1967 fue un acto beligerante provocado por Israel. No. Fue un acto en defensa propia ante las amenazas de destruir el Estado judío, el bloqueo marítimo del Estrecho de Tirán, la brusca retirada de las fuerzas de paz de la ONU y el despliegue de las tropas egipcias y sirias. Todas las guerras tienen consecuencias. Pero aquellos agresores no han asumido nunca la responsabilidad de la que iniciaron".
Y se le podría dar la razón en todo lo que sigue si el autor no se empeñara en aislar la Guerra de los Seis Días de todo lo ocurrido antes de 1967 desde que el sionismo ideológico llevó el terrorismo y la sangre a las tierras palestinas .
Y a lo mejor un analista militar o un historiador lo haría pero David Harris, presidente del American Jewish Committee, no está dispuesto a hacerlo.
Y por lo que se ve El País tampoco, porque he buscado un artículo de opinión parecido desde el punto de vista árabe o palestino y, lamentablemente, no lo he encontrado.
¿Por qué la historia es importante?
Porque no se puede cambiar. Pero tampoco se puede ocultar. Es el mismo vicio.


sábado, noviembre 05, 2016

Simple y llanamente porque decidieron intentarlo


Hace unos días tuve una de esas enganchadas vittuales en el Libro de Caras. Una de esas que mantengo a despecho de quienes leen y escuchan. Y esta última iba de memoria.
De esa memoria de nuestra historia que unos quieren mantener para sus fines y otros desean borrar para los suyos; de esa que escuece tanto a los que curiosamente se empeñan en mantener el recuerdo del sufrimiento y la muerte de un solo hombre suspendido de unos maderos hace un par de milenios, pero luego pretenden que se olvide lo que ocurrió en el patio trasero de su casa hace tres cuartos de siglo.
Mientras estaba en ese pugilato dialéctico me llegó una foto de alguien a quien quiero, la foto de un homenaje a unas personas en un pueblo olvidado de Madrid: la foto de una calle dedicada a Las Brigadas Internacionales que combatieron por la República Española.
Y pensé: "ellos sí, ellos sí se merecen la memoria, ellos sí se merecen el recuerdo"No por aquello que hicieran en los campos y frentes de una guerra civil sangrienta y fratricida, sino por el motivo que les trajo hasta aquí.
El recuerdo no de para qué vinieron, sino de por qué vinieron.
Porque cada uno de ellos hizo lo que no sonotros no sabemos hacer, no queremos ni siquiera pensar en hacer. Escuchó un grito de ayuda y acudió, oyó una petición de auxilio y respondió.
No esperaron a que sus gobiernos combatieran por ellos; no aguardaron escribiendo tuits indignados o post incendiarios, a que otros vinieran a ayudar, a que otros se pusieran en riesgo en su nombre.
Desde Fracia, Alemania, Yugoslavia, Canadá, Austria, Costa Rica, Abisinia, Polonia, Albania, Checoslovaquia, Hungría, Bulgaria, Suecia, Suiza, Holanda, Rumania, Argentina, Colombia, Chile, México, Nueva Zelanda, Cuba, Gran Bretaña o Italia, 59.000 personas hicieron eso que hemos olvidado hacer por los motivos por los que nosotros no queremos hacerlo: pelear por los demás, ponerse en riesgo para ayudar a aquellos que no pueden pelear solos. Aunque nos vaya la vida en ello.
Uno por uno, sin esperar que otros hicieran lo mismo, sin ampararse en ese escudo nuestro de la pregunta que se convierte en excusa del "¿qué voy a hacer yo solo?", cogieron lo único que tenían, sus vidas y su riesgo, e hicieron lo que nosotros eludimos hacer hasta para el más mínimo de los riesgos, hasta para la más evidente de las injusticias. Eso que negamos poner en práctica para que cambie el mundo: intentarlo.
Vinieron de paises lejanos y a los que nada les iba en esta guerra, vinieron de lugares donde también había problemas propios, dejaron su cotidiana seguridad para afrontar la diaria inseguridad de otros, solamente porque otros lo necesitaban, porque creían que era lo justo, porque hacia falta que alguien luchara.
Así que sí, se merecen el recuerdo y la memoria. Y da igual qué bandera siguieran, qué ideas les movieran, en qué bando lucharan. 
Cualquiera que decida por sí mismo arriesgarse cuando puede evitarlo para ayudar a otros se merece un lugar en la historia. Ellos se lo merecen.
Y nosotros necesitamos que lo tengan para que cada vez que miremos a otro lado para no arriesgar el puesto de trabajo cuando vemos una injusticia de un jefe tengamos 59.000 pares de ojos mirando fijamente nuestro miedo hasta matarlo; para que cada vez que veamos a alguien sufriendo injustamente pobreza o discriminación tengamos 59.000 ceños fruncidos cuando pasemos de largo; para que cada vez que sepamos de alguien maltratado o humillado tengamos 59.000 dedos apuntando a nuestro rostro, acusándonos por nuestra cobardía, nuestra complicidad y nuestra desidía.
Para que cada vez que le digamos al espejo nuestra excusa de "¿qué voy a hacer yo solo?" tengamos 59.000 voces susurrando tranquilas al oído la respuesta que no queremos oír: "intentarlo, como lo hice yo, intentarlo".
Y si a alguien le escuece esa memoria por que no tienen sus ideas o porque no le gusta la bandera bajo la que combatieron, que se aguante.
Hay veces que resulta preciso recordar para que otros no se vean obligados a aprender. ¡Recordad Malditos!

sábado, noviembre 21, 2015

Y que el miedo nos mate sin sentido antes que ellos

Nada es más fuerte que el miedo decía alguien.
Y eso es precisamente lo que me da miedo, No es que yo sea de los que se dejan llevar por el pánico social ni nada de eso. Pero ahora hay un miedo que me susurra al oído cada vez que oigo a trozos una conversación de bar a bocajarro, que escucho un comentario a una noticia o que leo un tuit sobre esta guerra antigua que ahora descubrimos por las bravas como si antes no existiera.
¿Miedo al Estado Islámico, a sus acciones bélicas, a sus bombas, a que me considere su enemigo? 
No, no es eso. Al menos no del todo. Alguien me enseñó hace mucho tiempo que el final morimos. No nos gusta y no lo deseamos, pero al final morimos y el sentido de esa muerte no lo da que lo hagamos de viejos o nos maten, que suframos o lo hagamos sin dolor. El sentido a la muerte nos lo da como hemos vivido y eso, al menos en mi caso no depende de lo que haga o deje de hacer, un soldado fanático del Estado Islámico o la yihad.
A lo que tengo miedo es a que la gente tenga miedo. Demasiado miedo.
Porque se que ese miedo será inflado manipulado y acrecentado hasta el límite por aquellos que lo usan para asentar sus bases de poder, para justificar todas las acciones, las decisiones y los modos de hacer y de mandar que puedan pergeñar aquellos que gobiernan. 
Y ese miedo engrandecido hará que miremos a otra parte, hará que demos carta blanca a todo aquello que logré convencernos de que nos mantendrá a salvo, logrará que consintamos perder todo aquello que otrora ganamos por perder el miedo a luchar por lograrlo.
Tengo miedo de que el miedo nos recuerde lo que toda sociedad que se siente hegemónica alberga en sus entrañas. El miedo al diferente, al extranjero, a que vengan de fuera a quitarnos y matarnos lo nuestro sin pensar que lo nuestro es lo que antes les robamos y matamos a ellos. Miedo de que el miedo de que nuestro vecino se convierta en sospechoso, nuestro tendero en enemigo, nuestra compañera en sospechosa. Nuestro odio en nuestro único equipaje.
Qué ¿por qué sé que si el miedo nos toma y nos invade será usado hasta que el odio sea lo único que quede? Lo sé porque la historia me lo enseña.
Tengo miedo de que el miedo nos quite lo que somos, lo que quisimos ser aunque nunca llegamos a lograrlo y reste así todo sentido a nuestras muertes.
Tengo miedo de que el miedo nos mate entre nosotros sin que ellos y el correr de la historia se vean obligados a terminar de hacerlo.

domingo, noviembre 15, 2015

El lema real del día en que la guerra llegó a París.

Se siguen gastando ríos de tinta y terabites de datos para escribir sobre ello, se siguen dando discursos y llenando las redes sociales de crespones negros, banderas tricolores y símbolos reclamando paz.
Pero en realidad no hay nada que decir y todo lo que se diga llega tarde. La guerra continúa.
Y digo continúa porque la guerra no empezó ayer en París, ni siquiera empezó el primer día que los mirage de la aviación francesa arrasaron a 127 civiles intentando borrar de la faz de la tierra una posición de combatientes del Estado Islámico en Síria, ni cuando unos locos furiosos masacraron a los periodistas de Charlie Hebdo, ni cuando Hollande declaró la guerra al terrorismo. Ni siquiera empezó cuando Al Qaeda logró contra todo pronóstico convertir Nueva York, Londres o Madrid en teatros de operaciones bélicos o cuando el primero de los infantes acorazados  estadounidenses puso el pie en tierra iraquí.
Cuando nacimos -y algunos ya hace casi medio siglo de aquello-, está guerra ya existía. Esta guerra ha existido siempre.
Nuestra batalla, la que nos llega ahora a París, comenzó hace mucho tiempo, cuando decidimos que el mundo nos pertenecía, cuando decidimos que nuestro progreso era más importante que la  miseria de las tres cuartas partes de la tierra, cuando antepusimos o dejamos que alguien antepusiera impunemente nuestra necesidad de combustible, recursos, riquezas, mercados y poder a la justicia. Empezó cuando decidimos volver a actuar como un imperio.
Durante medio siglo hemos asistido, como ciudadanos romanos en los mentideros del Senado, como cortesanos del imperio dorado español de los Austrias Menores oyendo a los heraldos imperiales, a cientos de rumores lejanos de atisbos incomprendidos, de noticias que apenas escuchábamos y a las que no prestábamos ninguna atención que hablaban de la guerra, de esta guerra, de la guerra de siempre.
Líbano, Iraq, Palestina, Tel Aviv, Afganistán, Los Altos del Golán, Irán, Nigeria, Argelia, Mali, Indonesia... lugares lejanos que solo conocemos de pasada por los ecos que esa guerra que parecía mil guerras diferentes dejó en nuestros televisores. Durante medio siglo hemos torcido el gesto y pensado que ya se pasaría, que "pobres" los que estaban muriendo allende nuestro imperio, que no tenía que ver nada con nosotros.
Como ocurriera en los otros imperios con Parthia, Britania, Flandes, Swazilandia o Indochina, todos esos lugares donde la guerra presentaba sus primeras escaramuzas eran para nosotros inarmónicos distantes en la melodía de todas nuestras vidas y sabíamos o creíamos saber que nuestros chicos, nuestras legiones, nuestros marines, nuestra caballería, nuestros tercios, mantendrían a salvo las fronteras mientras nosotros podíamos dedicábamos a nuestros trabajos, nuestras preocupaciones, nuestras juergas, nuestros polvos o nuestros negocios.
Pero no ha sido así. Nunca es así.
Miles de personas intentaron avisarnos del error cometido, intentaron decirnos que ese no era el camino. Hippies, ecologistas, sociólogos, politólogos y hasta algún que otro economista intentaron decirnos que no podía ser así, pero nosotros no quisimos escucharles. Visionarios y sabios, profetas y activistas, profesores y estudiantes nos dijeron de frente y a los gritos que estábamos sembrando la semilla de nuestra destrucción y nosotros cerramos los ojos y los oídos como los monos sabios porque teníamos gasolina en el coche, repleta la nevera, el lecho caliente y el estómago lleno.
Todo estaba bien, todo tenía que estarlo.
Y ahora se nos quema París, como antes estalló Nueva York, murió Londres, o sufrió Madrid. La Ciudad de las Luces, el centro del mundo de nuestra libertad, el símbolo de la Liberté, Egalité y Fraternité, arde por los cuatro costados porque nosotros olvidamos que ese lema que costó tanta sangre era algo universal. No se aplicaba solo dentro de las fronteras de nuestro basto imperio.
Y tiramos de los mismos argumentos vacuos de los que tiraron hace milenios los patricios romanos y hace siglos los gentilhombres españoles: Barbarie, intransigencia, salvajismo, locura, futilidad...
Y claro al Estado Islámico eso no le sirve, como no le sirvió a Genserico a las puertas de Roma, como no le sirvió al Duque de Enghien en Rocroi o a Lubumba en el Congo o a Caballo Loco en Little Bighorn.
Porque toda esa barbarie, esa intransigencia, ese salvajismo, esa locura y esa futilidad la han sufrido y aprendido de nosotros durante siglo y medio y eso es lo que les ha convertido en nuestros enemigos.
Así que de todo lo que se ha dicho y se diga de lo ocurrido en París, de todos los lemas, las máximas, los iconos, que puedan inventarse y difundirse por las redes, solo hay una que responda a la realidad: "os hacemos lo que vosotros nos hacéis en Siria". Claro, que como eso lo grita nuestro enemigo no lo tendremos en cuenta.
Lo demás, los crespones negros, las banderas de Francia tapándonos la cara, los hashtag #TodosSomosParis, es simplemente falso. Bienintencionado y comprensible pero falso.
Porque obviamos el hecho de que la mejor paz no es acabar con la guerra sino nunca haberla empezado. Y eso poco o nada tiene que ver con un Estado Islámico que ni siquiera existía cuando decidimos iniciar nuestra batalla de esta guerra infinita de la historia.

domingo, agosto 23, 2015

Lapidar al Islam y apedrear nuestro propio tejado

Se ha puesto muy de moda últimamente entre la supuesta intelectualidad laica y católica de este Occidente Atlántico nuestro una frase: "El Islam es incompatible con los Derechos Humanos". Por una vez están de acuerdo en algo. Y se quedan tan campantes. No sé si lo que esperan es que con esa afirmación se prohíba a los seres humanos seguir las suras de Mahoma y así se solucione el problema del yihadismo. Pero para mi se quedan cortos.
Aplicando sus argumentos y la falsa exégesis que hacen de El Corán yo podría decir que toda religión -sobre todo las tres monoteístas bíblicas- es incompatible con los Derechos Humanos. Eso duele , ¿no? 
Tranquilos, tranquilos, seguid leyendo. 
Decir que el judaísmo es compatible con los derechos humanos es simplemente no haberse leído el libro de los Números ni el Levítico. Se imponen castigos sangrientos, desde la lapidación hasta la amputación ritual, por adulterio, incesto y "crímenes" mucho más execrables como plantar distintos cultivos en la misma tierra, tocar piel de cerdo con las manos, mezclar tejidos en una sola prenda de vestir o trabajar en sábado. Acepta y potencia la esclavitud, castiga la homosexualidad y llama a tomar las armas para vengar con sangre las ofensas a Yahve. No parece demasiado compatible con los Derechos Humanos tal y como los conocemos.
Afirmar que el cristianismo es compatible con los Derechos Humanos es ignorar el versículo en el que Jesús de Nazaret afirma "no niego las antiguas leyes pues son de Dios" -o sea, acepta el Levítico, el catálogo de lindezas al que me refiero en el párrafo anterior-. Además de pasar por alto el "No he venido a traer la paz sino la espada", "El que no está conmigo está contra mi" y la carta de San Pablo a Timoteo en la que afirma que “Todos los que estén bajo el yugo de la esclavitud consideren a sus dueños como dignos de todo respeto, para que no se blasfeme del nombre de Dios y de la doctrina” o la Epístola a los Corintios en la que hace una pormenorizada descripción de como debe ser la vestimenta femenina para concluir con un tajante "la mujer ha de ir velada. Y si no se vela que se rape". Tampoco parece que los Derechos Humanos sean muy compatibles con todo ello.
Vamos, todo muy parecido al Islam. Al fin y al cabo ¿de donde creemos que sacó el bueno de Mahoma sus ideas?, ¿olvidamos que el islam es una pretendida evolución del cristianismo como el cristianismo lo es del judaísmo? 
Hay que refrescar un poco las clases de religión, que al Estado español le cuestan una pasta.
En este momento es cuando los falsos laicistas que confunden las cosas empezarían a gritar contra las religiones y pedir su prohibición cometiendo un error del tamaño de un continente pequeño porque todo lo que he escrito hasta ahora nada tiene que ver con las religiones a las que me refiero. Tiene que ver con otra cosa.
Las insufribles normas del Levítico, el exterminio de Filisteos, Nabateos y hurritas, la discriminación sistemática de los samaritanos o las guerras de religión iniciadas por el reino de Judá contra el mítico reino de Saba y su reina nada tienen que ver con la religión judía por mucho que se gritara Yahve Sebaot en las cargas de infanteria o se hicieran las purgas en nombre de Adonai.
Del mismo modo que la quema de la biblioteca de Alejandría, las cruzadas, El Alto Tribunal del Santo Oficio, la caza de brujas, las expulsiones de judíos y moriscos, las persecuciones y guerras contra los protestantes que asolaron Europa o los autos de fe y juicios de herejía contra científicos, filósofos y pensadores nada tienen que ver con el cristianismo aunque se gritara ¡Dios lo quiere! o Pro Chistro mientras se llevaban a cabo esas barbaries por los milites Christi.
Tiene que ver con la concepción primitiva del mundo y de la sociedad, con la visión medievalista del poder, la divinidad y el gobierno.Tiene que ver con el estadio evolutivo en el que se encuentran las gentes que las ponen o pusieron en práctica.
Y decir lo contrario es comparar a Salomón con Isaac Rabin, a Gregorio VII con el Papa Francisco y a Saladino con Osama bin Laden.
Así que, en realidad, lo que es incompatible con los Derechos Humanos es la teocracia que impone a sangre y fuego al pie de la letra unos preceptos surgidos hace dos mil años o más en sociedades como mucho medievales, sino paleolíticas, en las que el concepto de Derechos Humanos no existía.
Y la solución no es decir nada sobre la religión, sino contribuir a sacar a toda una zona del mundo de ese medievalismo para que su concepto de religión evolucione como lo ha hecho el nuestro. Todos sabemos cómo hacerlo la única pregunta es si nos conviene hacerlo por otros motivos que también todos tenemos en mente.
Porque decir lo contrario es decir que cristianismo, judaísmo y cualquier ideología está en contra de los Derechos humanos. Que aparte de las cruzadas y los autos de fe también existieron los gulags, no lo olvidemos.

jueves, agosto 13, 2015

El enemigo de mi enemigo acaba siendo mi enemigo

Dicen que el único cambio que sufre la historia en esa manía suya de repetirse cíclicamente es que se acelera. Entre lo que se puede considerar la primera guerra global occidental -Las Guerras Púnicas- y la segunda -Las Invasiones Bárbaras del Imperio Romano- transcurrió más de medio milenio. Entre las dos guerras mundiales contemporáneas apenas medio siglo. Y parece que además nuestra estupidez y nuestra soberbia que crecen en Occidente a medida que empezamos a ser conscientes de nuestra propia decadencia, aceleran aún más el proceso.
No hace dos meses que ese Occidente Atlántico nuestro que solo tira de la historia para la vieja gloria y no para los repetidos fracasos encontró la solución perfecta y novedosa para enfrentarse al Califato, ese germen de un futuro que no queremos ni siquiera imaginar.
Armamos a los Kurdos hasta los dientes para que nos defendieran. La solución perfecta. Nosotros no arriesgamos a los nuestros y podemos mirar a otro lado mientras "se matan entre ellos". Los amigos de la mano dura contra el yihadismo daban palmas con las orejas y jaleaban al nuevo aliado en la lucha contra el terrorismo.
Y ahora Estambul arde. Arde por los cuatro costados, presa de una ola de atentados como no se recuerda casi desde que era capital del Imperio Otomano.
¿El Califato ha roto las lineas de defensa de nuestros supuestos aliados kurdos?, ¿los yihadistas han pasado por encima de ellos? No, la mayoría de esos atentados son de independentistas kurdos.
No, en absoluto. Su han retirado parcialmente de sus posiciones en el kurdistán sirio y turco y han concentrado su guerra por un futuro de fanatismo y oscurantismo en otros frentes. Su guerra es contra nosotros, no contra los chiitas, ni contra los dictadores sirios, ni contra los jeques del Golfo. Es contra nosotros y la pueden librar en el frente que quieran. Tienen para elegir.
Y así, conseguido que nadie amenace el kurdistan, los kurdos han vuelto a lo suyo. A reclamar y luchar por su independencia, por el establecimiento de un estado que tres países les niegan y del que Occidente no quiere oír ni hablar porque rompería un equilibrio de poder que conviene a sus intereses.
Así que, armados por nosotros, financiados por nosotros, se vuelven contra su viejo enemigo y la emprenden a atentados contra el gobierno de Ankara que es lo que mejor saben hacer y lo que llevan más tiempo haciendo.
Porque no nos engañemos. Aunque nos parezcan otra cosa porque han diseñado sus nuevos uniformes como si fueran infantes de la Royal Navy, aunque los medios nos inunden de fotografías de fornidas luchadoras kurdas como si solamente ellas formaran las filas de los Peshmergas, estos kurdos son los mismos -o sus descendientes- que a caballo y con el turbante al aire ayudaron a los británicos contra los turcos en la Primera Guerra Mundial y que reclaman con toda razón y justicia desde los tiempos de los Omeyas un país que primero el Califato de Damasco y luego el Imperio Otomano les negaron.
Los kurdos siempre por el kurdistan Y Turquía y nosotros siempre seremos sus principales enemigos
Y así le hacen el trabajo sucio al Califato debilitando al que realmente es su principal enemigo, la principal fuente de poder y de estabilidad en la zona. Porque, lo siento, pero el gobierno turco y su islamismo democrático -con todos los errores y vicios que tiene también la democracia cristiana, por ejemplo- es la única fuente de moderación en esa parte del mundo.
Así que hemos vuelto a descubrir por las bravas que el enemigo de mi enemigo no es necesariamente mi amigo. Como lo descubrieron los romanos con Genserico, los reyes godos con Tariq y los aliados con Stalin.
A lo mejor a alguien se le ocurre algo verdaderamente original y descubre un nuevo principio estratégico parecido a "la población explotada por mi amigo es mi enemiga" y decide de una vez luchar contra el califato de la única manera en la que se le puede vencer.
Eliminando los factores que hacen que, pese a sus derrotas, su fanatismo y su furia enloquecida, siga ganando adeptos cada día.
No, señores islamofóbicos que comenzáis a pensar en El Corán, no es el Islam ese factor.
Es el hacho de que la inmensa mayoría de la población musulmana del mundo está en la miseria bajo reinos y gobiernos absolutos que Occidente apoya y mantiene para asegurar el flujo del petroleo.  Eso y darles por fin a los kurdos su patria, claro.
Pero claro eso exige inteligencia, tiempo y sobre todo renunciar a un reparto geopolítico injusto de la riqueza que siempre nos beneficia a nosotros.

martes, julio 07, 2015

Pragmatismos, principios, Grecia y Dumouriez.

"Tsipras tiene una propuesta que va a presentar. ¿Será tan diferente del paquete rechazado como para justificar todo el sufrimiento, todo lo que ha pasado?", se pregunta hoy el cada día más egregio editorialista de turno de El País.
Voy a contarle un cuento.
En el año de gracia del Señor de 1791 un diputado de los Estados Generales de Francia, transformados en Asamblea Nacional Constituyente, se levanto -es de suponer que con la afectada pompa y ceremonia con la que en aquellas épocas se hacían esas cosas- y propuso a voz en grito la incorporación a la Constitución que se redactaba de un artículo en el que se especificara la creación de un ejército nacional.
Su nombre era Charles François Dumouriez, a la postre primer general del Ejercito Nacional Francés.
¿Un ejercito nacional obligatorio? -preguntaron con sorna los miembros de las bancadas aristócratas que ya por entonces se sentaban, como siempre, a la derecha- ¿qué diferencia habrá entonces con las levas forzosas realizadas para las guerras de La Corona?
Es de suponer - echémosle algo de dramatismo literario al relato- que algunos de los girondinos y jacobinos debieron poner cara de póquer y adoptar expresiones del tipo "touche" o , "nos han pillado con el carrito del helado".
Pero se ve que Dumouriez no se inmutó porque simplemente contesto, y esto es literal y no literario: "Muy sencillo, señores. Es cierto que es la misma obligación de ir a la guerra en ambos casos. Pero la diferencia está en que a partir de ahora se la impone libremente a sí mismo el Pueblo de Francia y no viene obligada desde fuera por un monarca que solo piensa en incrementar la riqueza de su casa y el poder de su corona".
Dicho lo cual, se sentó.
Sirva esto para explicarle al editorialista en cuestión que la principal diferencia entre una propuesta helena tras el referéndum y la aceptación de la del Eurogrupo está precisamente en eso, no en el "radical" contenido que pueda albergar.
Será algo decidido por ellos, asumido por ellos y no impuesto desde fuera sin posibilidad alguna de oponerse a ello.
Y no es una cuestión de orgullo nacional. Es una cuestión de principios democráticos. Después de Dumouriez deberíamos haber aprendido esa lección.

jueves, junio 04, 2015

¿Y si Tiananmen no tiene que ver solo con China?

El 4 de junio no es el recuerdo de una trágica historia, no es el recuerdo de un baño de sangre, no es el recuerdo de un poder casi omnímodo y totalitario pasando por encima de las ansías de libertad y capacidad de decisión impresas en nuestro inconsciente colectivo por la muerte de muchos, la desesperación de todos, la sangre de otros tantos que la dieron por todos y la lucha de generaciones enteras.
El 4 de junio de 1989 es el recuerdo de como un pueblo que no tiene noción ni recuerdo de haber vivido alguna vez en libertad, desde la dinastía Ming a los mongoles, desde la china de Han hasta Pu Yi, desde la revolución cultural hasta el capitalismo revolucionario de Hu Jin Tao, hizo lo que tenía que hacer, lo único que un pueblo tiene que hacer por el futuro de aquellos que tienen que llegar: luchar, luchar aunque se pierda, luchar aunque se tenga ninguna esperanza de ganar.
Tiananmen no es el aniversario de que China no puede despertar de su eterna pesadilla de oprobio, humillación y falta de libertad.
Tiananmen, ese 4 de junio en Tiananmen, siempre será el aniversario de que unos señores bajitos, orientales, lejanos y con la piel manchada de escorbuto nos dijeron a nosotros los que creemos nacer con todos los derechos que no tenemos excusa alguna para negarnos a luchar por mantenerlos.
Tiananmen no es el recuerdo de un aplastamiento más de la libertad en la lejana China. Es el recordatorio permanente de que si ellos lo pudieron hacer aunque murieron, nosotros no tenemos derecho a intentar ignorarlo.
Eso es Tiananmen, eso llega de China. Eso es y será el 4 de junio de 1989 en una plaza sangrienta de Pekín.

sábado, mayo 09, 2015

Setenta años de paz, setenta años de guerra.

Podría hablar del presente, de nuestras crisis, nuestras elecciones o las británicas, nuestros terrores y nuestros terrorismos. Pero no están mis crisis, mis elecciones ni mis miedos para hablar del presente.
Podría hablar del futuro, de lo que nos espera, de augurios apocalípticos o de predicciones sosegadas. Pero no está tan claro mi mañana como para hablar de futuro.

Así que hablare del ayer, del ayer que fue hoy. 
Hace setenta años estábamos en guerra. Todos estábamos en guerra. 
En guerra contra nosotros mismos, en guerra contra el terror desatado por un régimen que había nacido de todos nuestros fracasos, había crecido alimentado por todos miedos y nos había invadido con todos nuestros odios.
Europa, América, África y Asia luchaban en una y otra parte contra si mismos, contra todos y cada uno de sus viejos errores.
Hace setenta años eramos uno, queríamos ser uno.
En Las Ardenas, El Alamein, Guadalcanal o Nanking peleábamos a brazo partido, a bala disparada y a sangre derramada por enmendar el error que nuestro silencio había creado, que nuestra indolencia había reforzado.
Y hace setenta dejamos de luchar. Creímos que habíamos ganado y dejamos de luchar.
Dejamos de pensar como uno, dejamos de intentar aunar las voluntades, dejamos de idear estrategias que sirvieran a todos, dejamos de derramar nuestra sangre en bien de otros países, de levantar nuestras armas en defensa y auxilio de otros pueblos.
Dejamos de interesarnos por lo que pasaba allende nuestros reinos, de celebrar las victorias conseguidas por otros. Decidimos dejar de ser terrestres y volver a ser lo que siempre habíamos sido hasta entonces fuera la que fuera la bandera, estandarte o pendón bajo el que habíamos luchado en la única guerra que luchamos por todos.
Y en la paz comenzamos de nuevo a pensar en nosotros, a barrer para casa, a tirar de lo nuestro.
Volvimos otra vez a tirar la basura en casa del vecino, a mirar con recelo al que llega de lejos, a buscar un culpable para nuestros errores, a mirar siempre el mundo desde el prisma que habíamos elegido. A ser solo nosotros. 
Hace setenta años estábamos en guerra. En la última guerra que luchamos por La Tierra, por el mundo de todos.
Podría hablar de hoy o disertar sobre nuestro futuro pero, después de setenta años de una guerra infinita de siete mil millones de mundos con un solo individuo combatiendo los unos con los otros por tener la razón, por quedar por encima, por destacar lo propio...
¿De qué nos serviría?
Hace setenta estábamos en guerra y llegaba la paz. Hoy, llevamos setenta años de guerra y la paz nunca llega, no acaba de llegar.

viernes, abril 03, 2015

Un pacto nuclear que hace del mundo una aliteración

Mientras nosotros nos despertamos saturados de dianas floreadas y nos acostamos al ritmo de cornetas y tambores procesionales, el mundo cambia.
Los cinco países del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas llegan a un acuerdo nuclear con Irán, otrora miembro impenitente del Eje del Mal inventado por Bush y de la resistencia anti imperialista ficcionada por ellos mismos. 
Sí, el mundo cambia.
Y junto a ellos Alemania que, curiosamente, sin que nadie tenga mucho que decir, se arroba el derecho de representar los intereses de la Europa de los 27 aunque luego la que pose junto a la bandera del cielo estrellado sea de nacionalidad italiana. 
Sí, el mundo cambia.
Y el gobierno israelí y su recientemente reelegido Primer Ministro Netanyahu, se mesan los cabellos y se rasgan las vestiduras mientras Estados Unidos, su presidente y sus lobbies de presión, hastiados de la eterna canción de victimismo de su cada vez más molesto aliado, miran a otro lado. 
Sí, el mundo cambia.
Y los monarcas absolutos de suníes de Arabia Saudí, Kuwait, Los Emiratos Árabes y Qatar, que matan tantos homosexuales y lapidan y flagelan tantos adúlteros como los ayatolas iranís se quejan y protestan al ver que no es solo su petroleo sino también el de otros el que genera comprensión y ganas de diálogo aunque la Sexta Flota sigue anclada en sus puertos. 
Sí, el mundo cambia.
Y el presidente iraní y su ministro de asuntos exteriores sonríen por el éxito ignorando el rugido de furia de su estamento religioso en las mezquitas y los minaretes por la blasfemia que supone la alianza con el demonio infiel. 
Sí, el mundo cambia.
Y Rusia y China sonríen abiertamente en la foto en lugar de mostrarse como los forzados convidados de piedra después de haber llevado la situación al límite forzando vetos a las sanciones a Irán en el Consejo de Seguridad de la ONU  y haber apoyado abiertamente al gobierno de Teherán en su programa nuclear. 
Sí, el mundo cambia.
Después de la revolución de 1979 en Irán que privó a Estados Unidos de su dictador títere, el sha Mohammad Reza Pahlevi, después de emprenderla a tiros con secuestradores y rehenes en la embajada estadounidense en Teherán, de armar a Sadam Hussein hasta los dientes en Irak para descabalgar a los ayatolas del alazán del poder, de forzar una aciaga y desastrosa intervención de los cascos azules en Líbano para romper el dominio de Irán a través de Hezbollah en el valle de la Becah, de forzar la invasión de Afganistán para romper el eje chiita/taliban y salir escaldados, de aceptar y hacer la vista gorda a la operación de asesinato de científicos nucleares iranís que emprendió Israel en cuanto supo que había un gramo de uranio enriquecido dentro de las fronteras de la antigua Persia, Irán y Estados Unidos se sientan, hablan y llegan a un acuerdo.
Sí, el mundo cambia.
Una potencia agotada de la guerra en mil frentes, respaldada por otras que ya no lo son y no podrán volver a serlo ceden ante las demandas de un tradicional aliado de sus potencias enemigas que ahora son las que cortan el bacalao aunque mantienen la apariencia de que el imperio permanece intacto mientras los países que habían puesto su apuesta de supervivencia en la alianza incondicional con los países poderosos observan con miedo como ya no se pone tanto interés en defenderles.
Sí el mundo cambia.
Pero suena tanto a Roma, el Sacro Imperio romano germánico, el Imperio Español, el Imperio Colonial inglés o el auge y caída del III Reich que da igual que sea la religión, el oro, el dominio del mar, el carbón y el acero o el petróleo lo que haga que el mundo cambie y se redibuje.
Sí, el mundo cambia. Pero la historia no. La historia siempre se repite.
No hemos aprendido nada.

domingo, julio 27, 2014

El comienzo de la muerte de los niños palestinos

Ya toca hablar de Palestina.
Después de que una operación militar supuestamente diseñada contra un grupo terrorista haya conseguido matar a un millar de no terroristas y a apenas un puñado de locos furiosos yihadistas, toca hablar de Palestina.
Pero lo que ocurre hoy en Palestina puede parecer una operación militar contra uno de los más peligrosos grupos terroristas del mundo, los asesinos fanáticos de Hamás, puede parecer una guerra entre dos pueblos que se disputan una tierra en conflicto o puede intentar venderse como un acto de legitima defensa, pero es solamente una cosa: un acto más de terrorismo, perpetrado por los mismos que llevaron el terrorismo a esa zona del mundo.
Buscar las raíces de este conflicto es como intentar separar las arras de una boda: cada novio quiere quedarse con las que le conviene. 
Los gobiernos israelíes insisten en que todo era una maravilla, básicamente el paraíso terrenal, hasta el surgimiento de la OLP en mayo de 1964 y el surgimiento del panarabismo que llevó a las distintas guerras con los países árabes. Ellos son los atacados, ellos responden, ellos tienen legitimidad para todas sus acciones. Punto final.
Los locos furiosos de Hamás ponen el comienzo del conflicto en la declaración unilateral del Estado de Israel en 1949. Antes todo era también el paraíso con huríes y todo. Los defensores del Estado de Israel les quitaron sus tierras y sus casas, ellos quieren recuperarlas, ellos tienen legitimidad para todas sus acciones. Punto final.
¿Cual de los dos tiene razón?, ¿cual de los dos puntos de vista es el correcto? 
Como suele ocurrir en casos de enfrentamientos entre fanáticos ideológicos, ninguno. Si se les fuerza un poco, si sus dioses o sus mitos les permiten pensar durante un instante más de lo que acostumbran, tanto los unos como los otros son capaces de retrotraerse a tiempos más remotos.
Los palestinos y sobre todo los yihadistas de Hamás empezarán a hablarnos de cosas de las que aquí en este Occidente Atlántico nuestro tan propenso a eliminar lo sustancial de las cosas para sustituirlo por lo anecdótico, apenas hemos oído hablar. Nos mentarán nombres Irgún, Palmaj y Yishuv.
¿Qué son esos nombres de los que nunca hemos oído hablar y que apenas somos capaces de pronunciar?
Pues los gobiernos israelíes y los ideólogos de los mismos que no tienen pudor en hacer saltar por los aires los cráneos de los niños porque están delante de una caja de AK-47 nos dirán que son grupos de autodefensa del pueblo judío en Palestina y los milicianos terroristas de Hamás que ponen a sus niños de escudo para proteger las herramientas de su poder, el miedo y las armas, nos dirán que eran organizaciones paramilitares terroristas que sembraron el miedo entre la población árabe allá por los años treinta del siglo pasado.
Sí, ya nos hemos remontado a los años 30 del siglo XX.
El Irgún, el Pajmal y el Yishuv practicaban todo tipo de lindezas como recorrer el territorio de Palestina colgando a los hombres árabes de las aldeas, fusilando a familias enteras, matar a 100 mujeres y niños en Deir Yassin porque que se negaban a abandonar sus casas para que allí fueran construidos Kibutz y asentamientos judíos, o pegar fuego en la noche a mezquitas, con sus imanes,  muftis y medio centenar de fieles dentro, en las proximidades de Haifa.
Jabotinsky
Creador del Hashomer y Haganá
Pero claro, los defensores del derecho a la autodefensa de los ideólogos de Sión dirán que, aunque cometieran algunos excesos, respondían a la violencia árabe previa. Porque el Irgún se fundó en 1931 y el Palmaj en 1933, después de que en 1929 se produjera La Sublevación del Muro de las Lamentaciones en la que 3.000 judíos y 2.000 musulmanes se enfrentaron por el acceso a ese lugar litúrgico en concreto y sobre todo de las matanzas de Hebrón, en la que murieron 67 judíos, y Safed en la que fueron asesinados 20 mujeres y niños judíos.
Y aquí lo que para unos en una matanza para otros es un exceso y lo que para unos es un pogromo para otros es un estallido de furia.
Y parece que no podemos ir más atrás. Parece que no podemos remontarnos más en la lejanía. Pero podemos hacerlo.
Porque los abogados de la actual política de Israel que incluye operaciones militares como la que se está llevando a cabo nos dirán que todo parte de la matanza de Jerusalem de 1920, en la que los más fanáticos de los musulmanes, es decir los antecedentes de Hamás, se lanzaron a la caza de la población judía con la aquiescencia al parecer de las tropas del Mandato Británico para Palestina originando 12 muertos.
Y aquí parece empezar todo. Pero no.
Porque si nos paramos ahí la pausa nos impide hablar de otra de esas cosas que no conocemos, de las que nunca se habla, a las que nadie se remonta jamás: La Haganá.
Mufti de Jerusalem,
 instigador de la matanza de 1920
Los hay que dirán que la Haganá, en hebreo La Defensa, se crea como organización paramilitar armada -lo que ahora se conoce como organización terrorista- con motivo de la Masacre, pero lo cierto es que se crea, o para ser más exactos, se refunda dos meses antes.
Porque ese grupo armado parte de los creados por su fundador, un judío ruso de apellido Jabotinsky muy anarquista él, para enfrentarse a la situación de represión de los judíos en el imperio zarista y que desembocó en la creación del Hashomer, El Guardián en hebreo, establecido en 1909 para proteger los asentamientos judíos, y el del  Bar-Giora, fundado poco antes, en 1907, y que estaba formado por unos pocos judíos inmigrantes con el mismo fin que el Hashomer.
Y ya estamos a principios del siglo XX.
Porque es ahí cuando parece empezar el problema. Es ahí de donde se antoja que parte todo. Es ahí donde comienzan a chocar dos visiones fanáticas y proféticas de la realidad.
¿Por qué hacían falta en 1907 y 1909 unas organizaciones terroristas y violentas que dijeran defender a la población judía en Palestina?, ¿por qué los hebreos no habían necesitado hasta la fecha esa protección?
La respuesta es muy sencilla. Porque los hebreos de Palestina habían estado siempre allí, pero los judíos a los que defendían esos grupos terroristas no.
El Hahomer y el Bar-Girona no defendían a la población hebrea de Palestina, defendían a los procedentes de las Aliyot, otro de esos nombres que se nos atragantan al pronunciarlo.
¿Que eran las aliyot? Muy sencillo. Eran olas migratorias de poblaciones judías de religión, no hebreos palestinos, nacidos en Palestina, que emigraban -no retornaban- a Palestina por motivos económicos. La primera llegó alrededor de 1840 -ya estamos en mediados del siglo XIX- y se integró más o menos sin problemas. Pero siguieron llegando y como no había tierras y espacio para todos recurrieron a prácticas como sobornar a los administradores británicos para que les expropiaran tierras a los palestinos y se las vendieran a ellos, a forzar subastas de tierras por deudas para poder quedarse con ellas utilizando organizaciones de recaudación por toda Europa para lograr financiación.  En 1909 llega la oleada migratoria más numerosa y agresiva desde Rusia con Jabotinsky entre ellos.
Y eso origina el enfrentamiento con la población palestina. No es una cuestión de religión o de antisemitismo. Es una cuestión de latrocinio y estafa. Pagan justos, los hebreos judíos que siempre han estado en Palestina, por los que llegan robando y utilizando el Hashomer y Bar-Giora a modo de banda de extorsión mafiosa que amenaza para que se vendan tierras a la población palestina no judía.
Y el propio Jabotinsky lo reconoce.
"Los de la letanía de la paz de entre los nuestros intentan persuadirnos de que los árabes o son tontos, a quienes podemos engañar enmascarando nuestros auténticos designios, o son corruptos y pueden ser sobornados para que nos cedan su reclamación de prioridad en Palestina, a cambio de ventajas económicas y culturales. Yo repudio tal concepción de los árabes de Palestina. Culturalmente están quinientos años detrás de nosotros, no tienen ni nuestra resistencia ni nuestra determinación; pero son tan buenos psicólogos como nosotros, y sus mentes se han agudizado como las nuestras tras cientos de años de logomaquia finamente hilada. Podemos contarles lo que queramos sobre la inocencia de nuestros objetivos, aguándolos y endulzándolos con palabras melosas para hacerlos más digeribles, pero ellos saben lo que queremos, como nosotros sabemos lo que ellos no quieren. Ellos sienten el mismo instintivo amor celoso hacia Palestina, al menos, como los antiguos aztecas lo sentían hacia el antiguo México y los Sioux hacia sus extensas Llanuras".
O sea que, además de todo, ya había judíos y hebreos que no eran ideológicamente afines a los defensores de Sión. Desde el principio.
Y, aparte del deje de superioridad racial y cultural muy cercanas a otro tipo de ideologías que destilan las palabras del interfecto, queda claro que el objetivo no es la convivencia, no es el retorno. Es conseguir arrebatar la tierra a los árabes -que, por cierto no lo son. Son palestinos, nunca tuvieron un pie puesto en Arabia- porque han considerado que esa es la forma de salir de su situación de miseria en el Este de Europa.
Y hemos llegado al principio.
Un pueblo vive injustamente en la miseria y decide salir de ella. Causa Justa. Decide buscar nuevas tierras y horizontes para lograrlo. Causa Justa. Se vuelve a su ideología y su religión ancestral y descubre que ya hizo lo mismo en el pasado y arrebató la tierra de otros con el supuesto beneplácito de su dios. Hecho justificable históricamente. Decide repetir el proceso. Error ideológico y estratégico. Estafa, amenaza, roba y crea organizaciones armadas ilegales para lograrlo. Recurso al terrorismo y al crimen organizado. Recibe la resistencia de aquellos a los que se enfrenta. Conflicto armado. Unos locos fanáticos furiosos de sus dios toman ese conflicto y lo asumen como un enfrentamiento en aras de su religión y sus ansias de imponer su visión del mundo. Perpetuación del conflicto armado.Y aquí empieza todo y termina todo. 
Podríamos retrotraernos al siglo I y preguntarnos por qué los hebreos abandonan masivamente Palestina en su mítica Diáspora pero ni el General Tito, luego emperador, ni ningún tetrarca de Galilea de la familia de Herodes Antipas está vivo para explicarnos los motivos y en cualquier caso no serían más relevantes que los que tuvieron los visigodos para invadir la Península Ibérica o que los sajones para emigrar violentamente a las Islas Británicas. Ya no son un argumento.
Y por si alguien no se ha dado cuenta. Todo esto es muy anterior al pogromo nazi, no es necesario para explicarlo, no está relacionado con él en nada y no es relevante en ninguna de las decisiones tomadas al respecto de esta ideología. No tiene nada que ver con ésta historia. De repente aquello tremolado como causa o desencadenante se transforma tan solo en una excusa. 

viernes, diciembre 06, 2013

Cuando el odio de Vidal no desprestigia a Mandela

Los hay que son incapaces de soportar que la historia les derrote, que lo justo se abra paso para destronar las posturas que ellos defienden.
Y sin duda uno de eso individuos es César Vidal. Supuestamente historiador, supuestamente escritor, supuestamente demócrata y apenas vagamente humano.
Hoy su vicio de pervertir la verdad, de volverla contra sus protagonistas, se ceba en un cadáver todavía reciente. No podía ser de otro modo. Es más fácil reinventar a los que no se van a plantar ante tí y decirte que mientes. Por eso reinventa a dictadores pretéritos en su provecho y el de su falsa ideología, por eso pretende convertir un gobierno legítimo, como el de la II República Española en un golpe de Estado y un golpe de Estado, como el del General Franco, en una reacción justa y libertaria.
Por eso hoy ataca a Nelson Mandela
"Arrestado en varias ocasiones, disfrutó, sin embargo, de las ventajas de un sistema todavía garantista y fue absuelto en un proceso histórico, conocido como el Juicio de la Traición". Escribe hoy Cesar Vidal en ese compendio de imparcialidad periodística conocido como La Razón.
Vidal se olvida de exponer que el Apartheid, que el define como "todavía garantista"   detuvo a Mandela en su casa, por la noche y le condujo encapuchado a una prisión sin comunicarle los cargos, ¿es eso un sistema garantista?; que le mantuvo preso desde 1955 hasta 1956 sin comunicarle los motivos de las acusaciones ni dejarle ponerse en comunicación con un abogado, ¿es eso garantista?; que colocó a un civil bajo jurisdicción militar, ¿es eso garantista? y que mantuvo mientras le juzgaba preso a Mandela hasta 1958. Cuatro años y medio de juicio, ¿es eso garantista?
Por no decir que en ningún momento este efímero cuentacuentos llamado César Vidal, que pretende cambiar la historia para que aquellos que son los asesinos se conviertan en las victimas de la violencia de los desalmados negros que mordieron la mano que les alimentaba -Ah no, que eso era el Kunta Kinte de Raíces-, deja claro que ese sistema "garantista" se basaba en la segregación racial, en la imposibilidad de los negros de acceder a cargos públicos o al poder político, en leyes que castigaban con rasero diferente a blancos y negros por la comisión del mismo delito, que no dejaban a los negros acceder a determinados empleos, vivir en determinadas zonas o siquiera casarse o enamorarse de quien quisieran.
Desde luego que el concepto de garantista es bastante amplio en las siempre anti comunistas manos de César Vidal.
Pero la cosa sigue
"Es más que posible que el régimen de «apartheid» se hubiera deshilachado paulatinamente de no ser por un paso de enorme gravedad derivado del propio Mandela y que no fue otro que el desencadenamiento de la actividad terrorista en su contra. En 1961, Mandela –que ya abogaba por un programa abiertamente comunista– abandonó la línea de no violencia que había defendido hasta ese momento y en unión con el partido comunista sudafricano creo el Umkhonto we Sizwe. Acto seguido, dirigió una campaña de atentados terroristas perpetrados con bombas y dirigidos contra objetivos gubernamentales".
Ahora empezamos con la historia ficción. Resulta que Mandela es el causante de que el Apartheid se perpetuara. Si no se hubiera enfrentado a él, ese sistema que llevaba dos siglos largos condenando a los negros sudafricanos a la esclavitud de facto "se hubiera deshilachado", claro como se hubiera deshilachado el imperio romano si los bárbaros se hubieran quedado tras sus fronteras o como se hubiera deshilachado el nazismo si las tropas aliadas se hubieran quedado en casas mientras Hitler tomaba toda Europa.
Cesar Vidal sabe que la creación de Umkhoto fue la respuesta del movimiento de liberación negro de Sudáfrica a algo, a unos hechos. Sabe cuales fueron esos hechos pero lo calla. Porque si no lo callara parecería que Mandela opta por la acción armada después de que el Apartheid ya ha optado por la represión violenta y armada. 
Si no calla cual es el motivo del cambio no puede intentar manipular la historia y hacer ver lo que es verdaderamente objetivo: que Mandela optó por la lucha armada en ese momento porque era comunista y, como todo comunista, era violento y asesino. Lo malo de haber enseñado tantas veces el plumero es que ya se le ve al profeta histórico Vidal aunque quiera ocultarlo.
Porque él sabe que Umkhoto fue respuesta a esto





 Señoras y señores, con ustedes la Masacre de Sharpeville
En 1960 ese régimen garantista promulgó las leyes de pase que obligaban a los negros a tener un pase para poder moverse libremente por las zonas donde residían los Blancos. Vidal lo sabe. Los movimientos de resistencia negra comenzaron una suerte de protestas todas ellas pacíficas y no violentas. Y un historiador debería saberlo.
Y en Marzo de 1960 en la localidad de Shaperville ese régimen garantista abrió fuego indiscriminadamente contra una de esas protestas matando a 69 personas, entre ellas mujeres y niños e hiriendo a otras 180. Y alguien que se hace llamar a sí mismo historiador debería tener en cuenta ese dato, esos hechos, esas muertes en su explicación del cambio de actitud en las protestas de Mandela y el Congreso Nacional Africano.
Pero entonces ya sería alguien defendiéndose de otros que ejerciendo el poder y la violencia han decido matarles, de alguien que, no contento con esclavizarles y segregarles, ha decidido disparar contra ellos y acabar con sus vidas. Y así Mandela ya no es un negro comunista ávido de sangre. 
Es alguien obligado a defenderse de un gobierno blanco fascista y totalitario ávido de sangre. La pesadilla de Vidal, vamos.
Así que es mejor ignorar que la matanza de Shaperville existió y que tras ella se decretó el Estado de Emergencia deteniendo a 11.580 personas -todas ellas bajo el muy garantista delito de traición- y se disolvió el Congreso Nacional Africano y en realidad todas las formaciones políticas negras, echándoles la culpa de una matanza en la que solamente habían muerto negros con balas afrikáans.
Y claro todo ello es de suponer que, de una forma u otra, es culpa de Nelson Mandela por no esperar sentado en un barracon de Soweto a que el "garantista" sistema del Apartheid se "deshilachara" por sí solo. Después de haber matado a media población negra de Sudáfrica, eso sí.
"La respuesta de las autoridades sudafricanas fue terminante. En 1962, Mandela fue detenido y condenado a cadena perpetua por una serie de cargos entre los que se incluía la conspiración para derribar el Gobierno", concluye Vidal en una parte de sus diatribas anticomunistas que disfraza de historia
¡Vaya hombre, pues tenemos un problema! Porque si Mandela fue detenido en 1962 resulta que su retrato de él como un terrorista violento y sanguinario tiene alguna que otra pincelada mal colocada.
Porque resulta que, entre 1961 y 1964, Umkhonto Siwe realizó 134 actos de sabotaje con un número de víctimas mortales y heridos de... cero.
Resulta que mientras Mandela estuvo al mando no se atacó a personas, no se buscó la sangre de los blancos. Se realizaron sabotajes con daños económicos menores y es precisamente a partir de 1967, cuando ya Mandela no puede influir en sus decisiones desde la cárcel, cuando ese grupo comienza a atacar directamente a las fuerzas militares sudafricanas -que llevaban desde 1950 matando negros a diestro y siniestro, no conviene olvidarlo-. Y aún así no se volvieron terroristas hasta 1980, cuando organizaron su primer atentado que tenía como objetivos a civiles blancos.
A esas alturas se calcula que la policía afrikaner y el ejército sudafricano había matado a más de medio millón de ciudadanos negros de Sudáfrica. Y no lo digo yo. Lo dicen las Naciones Unidas.
Vidal, don César Vidal, sabe todo eso. Porque si no lo sabe y se atreve a escribir sobre Nelson Mandela es simplemente un pobre hombre que se disfraza de historiador para poder soltar su odio visceral contra una ideología concreta relatando a la gente como le hubiera gustado que fuera la historia.
Pero lo sabe y lo calla para lograr lo mismo. Y eso simplemente le convierte en un delirante fascista que cree que puede engañarnos manipulando la historia.
Igual de patético que si fuera un pobre hombre ignorante pero más peligroso para todos.

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