Mostrando entradas con la etiqueta Irán. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Irán. Mostrar todas las entradas

martes, agosto 02, 2016

Hay silencios que matan como las armas

Según para qué cosas me encantan los silencios.
Hay silencios intensos de esos que mantendrías todo el tiempo del mundo y silencios tranquilos de esos que persisten en la memoria más allá de los ruidos que acaban por matarlos.
Y luego hay otros silencios.
Silencios sorprendentes como el de aquellos que pese a estar siempre con Venezuela en la boca y la pluma, pese a hablar y escribir hasta la extenuación de un informe escrito para el gobierno bolivariano y criticarlo hasta la extenuación, ahora callan cuando nuestro Gobierno aprueba ventas de patrulleras y cañones por valor 10 millones de euros a ese régimen como callaron el año pasado cuando hizo lo mismo con armas y material antidisturbios por valor de otros 15 millones.
¿No contribuye ese material y esas armas más al sostenimiento del régimen de Maduro de lo que lo hiciera un informe de estrategia política al de Chávez en su momento?
Los autores de ese sorprendente silencio no contestan, solo callan.
Como callan aquellos que, después de hablar y perorar hasta que se les inflamaron las cuerdas vocales porque unos políticos salían hablando en una cadena financiada con dinero iraní o porque hacían visitas a la cuba castrista, ahora no dicen una palabra sobre los 14 millones de euros autorizados en armamento para su venta en Irán o en los 208.000 en material de visión nocturna para la policía cubana.
¿No sirven más las armas para mantener controlada la disidencia anti islámica que un programa de televisión en España?, ¿no apoya más el islamismo vender armas a un país que financia y arma a Hezbollah en Líbano y a otros grupos y grupúsculos violentos en todo el mundo árabe que hacer un debate político ante las cámaras en España?, ¿no es más útil un equipo de visión nocturna para controlar a los balseros y reprimir la disidencia que una visita organizada por el malecón de La Habana?
Sigue sorprendiendo que no haya respuesta. Sigue sorprendiendo el silencio.
Hay silencios sospechosos. Como el de esos que, tras escribir, vomitar y escupir todo tipo de diatribas contra el Islam y contra la perfidia de esa religión y de los que la aplican a sangre y fuego, permanecen en un silencio trapense cuando este gobierno, nuestro gobierno, el gobierno al que ellos votan una y otra vez, autoriza la venta de material militar este año a Arabia Saudí por valor de 533 millones de euros, después de que el año pasado lo hiciera por 557 millones, incluyendo también material policial.
¿No contribuye ese material a una intervención militar en Yemen tan ilegal como la proclamación del Falso Califato, puesto que también ha sido rechazada por Naciones Unidas?
¿No sirve ese material policial para detener a personas que luego son lapidadas por adúlteras, flageladas por infieles, amputadas por ladrones o colgadas por el cuello hasta morir por ser homosexuales?
Pero no contestan, siguen sospechosamente callados.
Y el mapa de los silencios aumenta y se extiende como puede verse aquí

Hay silencios reiterados que se mantienen a despecho de la más elemental coherencia ideológica cuando se contemplan los 162 millones en ventas de armamento autorizados a Omán en 2015 o los 158 de este año, los 289 a Qatar, los 12 a Emiratos Árabes Unidos o el millón a Kuwait y Bahrein, países todos ellos en los que, al menos parcialmente, rige la Sharia y en los que se obliga a las mujeres a ir veladas, se persigue o dificulta otros cultos que no sean el islam y todas esas barbaries contra las que sí se grita cuando son practicadas por los locos furiosos del poder y la sangre escudados en su falsa interpretación de la religión.
¿No son esos regímenes tan totalitarios, medievales y bárbaros como el ISIS?, ¿No hay que clamar y señalar a quienes les ayudan?
Los que deberían responder continúan en su silencio persistente y mantenido.
Hay silencios preocupantes. Como el de aquellos que van a pasearse y hacer discursos por calles y avenidas extranjeras, denunciando la falta de democracia y afirmando que las dictaduras no tienen cabida en un mundo democrático, y ahora callan cuando el gobierno español con el que ellos o aquellos a los que entregan su sufragio quieren gobernar, autoriza ventas de armas por valor 106 millones a Egipto o de 170 a Turquía, regímenes que o son dictatoriales o son falsas democracias en las que la represión civil es un hecho consumado, denunciado y constatado por organismos internacionales públicos y privados.
¿No debería negarse el apoyo militar a esos regímenes por el hecho de no ser democráticos como se pide con otros?
El silencio seguirá siendo la respuesta.
Y lo mismo con los 12 millones autorizados en armas para Rusia, con Chechenia, Osetia y Crimea incluidas; los 18 millones a China, con el Tibet y su secular represión incluidas, los 4 a Tailandia con la oposición entrando y saliendo de la cárcel un día sí y otro también, los 85 a Irak, con una guerra civil entre las distintas facciones religiosas y los continuos y misteriosos ataques y robos de los arsenales militares...
Si se es civilizado, demócrata, garantista, respetuoso de los derechos humanos y defensor de los principios occidentales ¿no se debe estar en contra de todos aquellos que van en contra de ellos?, ¿no se debe gritar y escribir contra aquellos que autorizan que se venda armamento un año tras otro a los que se pasan esos principios por el arco del triunfo?
Claro que también, por incoherente desgracia, hay silencios culpables.

viernes, abril 03, 2015

Un pacto nuclear que hace del mundo una aliteración

Mientras nosotros nos despertamos saturados de dianas floreadas y nos acostamos al ritmo de cornetas y tambores procesionales, el mundo cambia.
Los cinco países del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas llegan a un acuerdo nuclear con Irán, otrora miembro impenitente del Eje del Mal inventado por Bush y de la resistencia anti imperialista ficcionada por ellos mismos. 
Sí, el mundo cambia.
Y junto a ellos Alemania que, curiosamente, sin que nadie tenga mucho que decir, se arroba el derecho de representar los intereses de la Europa de los 27 aunque luego la que pose junto a la bandera del cielo estrellado sea de nacionalidad italiana. 
Sí, el mundo cambia.
Y el gobierno israelí y su recientemente reelegido Primer Ministro Netanyahu, se mesan los cabellos y se rasgan las vestiduras mientras Estados Unidos, su presidente y sus lobbies de presión, hastiados de la eterna canción de victimismo de su cada vez más molesto aliado, miran a otro lado. 
Sí, el mundo cambia.
Y los monarcas absolutos de suníes de Arabia Saudí, Kuwait, Los Emiratos Árabes y Qatar, que matan tantos homosexuales y lapidan y flagelan tantos adúlteros como los ayatolas iranís se quejan y protestan al ver que no es solo su petroleo sino también el de otros el que genera comprensión y ganas de diálogo aunque la Sexta Flota sigue anclada en sus puertos. 
Sí, el mundo cambia.
Y el presidente iraní y su ministro de asuntos exteriores sonríen por el éxito ignorando el rugido de furia de su estamento religioso en las mezquitas y los minaretes por la blasfemia que supone la alianza con el demonio infiel. 
Sí, el mundo cambia.
Y Rusia y China sonríen abiertamente en la foto en lugar de mostrarse como los forzados convidados de piedra después de haber llevado la situación al límite forzando vetos a las sanciones a Irán en el Consejo de Seguridad de la ONU  y haber apoyado abiertamente al gobierno de Teherán en su programa nuclear. 
Sí, el mundo cambia.
Después de la revolución de 1979 en Irán que privó a Estados Unidos de su dictador títere, el sha Mohammad Reza Pahlevi, después de emprenderla a tiros con secuestradores y rehenes en la embajada estadounidense en Teherán, de armar a Sadam Hussein hasta los dientes en Irak para descabalgar a los ayatolas del alazán del poder, de forzar una aciaga y desastrosa intervención de los cascos azules en Líbano para romper el dominio de Irán a través de Hezbollah en el valle de la Becah, de forzar la invasión de Afganistán para romper el eje chiita/taliban y salir escaldados, de aceptar y hacer la vista gorda a la operación de asesinato de científicos nucleares iranís que emprendió Israel en cuanto supo que había un gramo de uranio enriquecido dentro de las fronteras de la antigua Persia, Irán y Estados Unidos se sientan, hablan y llegan a un acuerdo.
Sí, el mundo cambia.
Una potencia agotada de la guerra en mil frentes, respaldada por otras que ya no lo son y no podrán volver a serlo ceden ante las demandas de un tradicional aliado de sus potencias enemigas que ahora son las que cortan el bacalao aunque mantienen la apariencia de que el imperio permanece intacto mientras los países que habían puesto su apuesta de supervivencia en la alianza incondicional con los países poderosos observan con miedo como ya no se pone tanto interés en defenderles.
Sí el mundo cambia.
Pero suena tanto a Roma, el Sacro Imperio romano germánico, el Imperio Español, el Imperio Colonial inglés o el auge y caída del III Reich que da igual que sea la religión, el oro, el dominio del mar, el carbón y el acero o el petróleo lo que haga que el mundo cambie y se redibuje.
Sí, el mundo cambia. Pero la historia no. La historia siempre se repite.
No hemos aprendido nada.

viernes, marzo 06, 2015

Cuatro asesinos juntos tranquilizan a Occidente

A estas alturas del partido, ya no sé siquiera si es manipulación o simplemente la ceguera inconsciente que produce la más completa estupidez.
Occidente, ese occidente atlántico nuestro que ha aprendido a vivir con visión de túnel eliminando los contextos, se congratula y da palmas con las orejas de que Líbano, ese país árabe que vive su historia en una  perpetua guerra interminable, haya empezado otra más. Es esta caso contra el Estado Islámico, el enemigo público número uno del mundo libre, según dicen.
Y a uno se le hiela la sangre cuando le dicen que colaboran en tan magno esfuerzo bélico Hezbollah, las falanges libanesas, milicianos laicos y el ejército libanés.
¿De verdad creemos que eso es un momento de unidad nacional digno de celebrar?
Los asesinos de Beirut, que controlan la mitad de Líbano a golpe de dinero iraní, de bomba lapa, ráfaga de arma automática  y de Corán mal interpretado, que envían a sus niños y niñas a morir con una bomba atada en el pecho, que lanzan misiles sobre agricultores inocentes como represalia contra un ejercito que no está ni cerca de esas zonas, de repente son nuestros aliados. Hezbollah de repente combate en nuestras filas.
Los asesinos de Sabra y Shatila, que matan a sus hijas antes de verlas casadas con musulmanes, que masacran a palestinos en campos de refugiados ante la atónita mirada del ejército israelí, que violan a musulmanas y luego dejan sus cuerpos expuestos en las carreteras ahora combaten por nosotros. Las falanges cristianas libaneses ahora están en nuestro bando.
Los asesinos de Tiro y Sidón, que aprovechan la guerra para engordar sus cuentas corrientes, que fuerzan a la prostitución, que venden miedo y extorsión disfrazado de protección, que han hecho del crimen organizado la excrecencia más dolorosa de la guerra eterna, de pronto forman partes de nuestras filas. Las mafias libanesas luchan a nuestro lado.
Los asesinos de La Becah, que arrasan pueblos enteros para matar a un solo terrorista, que bombardean a golpe de mortero y carro de combate valles enteros obviando a la población civil con tal de cazar a un solo enemigo que se esconde, repentinamente se unen a nosotros. El ejército libanés repentinamente combate por la libertad.
Solo puedo llegar a la conclusión de que hemos perdido la capacidad de ver la realidad acogotados por nuestro miedo a ese enemigo medieval llamado Estado Islámico si nos alegramos de cuatro colecciones de asesinos crueles, intransigentes, sedientos de sangre y de poder se alíen entre ellos para enfrentarse a otro que es igual o peor que ellos.
Solo puedo pensar que nuestro egoísmo  occidental que nos hace valorar más una vida aquí que millones en cualquier otra parte del mundo es lo que nos hace alegrarnos de eso porque se alían contra alguien que nos mata a nosotros mientras que Hezbollah, las falanges cristianas libanesas, las mafias de Sidón y el ejército libanés solo matan allende nuestras pantallas de televisión.
Solo puedo pensar que seguimos sin querer aprender de la historia.
Porque hace cientos de años las tribus kurdas, los musulmanes sunitas, los bandidos sin dios ni rey árabes del desierto e incluso los cristianos de Egipto ya hicieron esto, ya se aliaron contra otro falso califato y lograron vencer.
Y pusieron al frente a un tipo llamado Al-Nāsir Ṣalāḥ ad-Dīn Yūsuf ibn Ayyūb. Saladino para entendernos.

Y todos sabemos o deberíamos saber lo beneficioso que resultó el bueno de Saladino para los espurios intereses del Occidente de la época.

viernes, octubre 18, 2013

Netanyahu, antisemitismo y el cambio aniquilado

Llevamos mucho tiempo acuciados por lo nuestro, viendo como mucho de lo que creíamos eterno se pierde en el efímero tiempo de una legislatura. Y eso hace que cada vez miremos menos hacia afuera, hacia lo que ocurre allende nuestras fronteras de recortes y pérdidas sociales.
Y uno de esos sitios a los que nuestra mirada ha dejado de volverse aunque hasta hace poco lo hacía con regularidad es Oriente Próximo, esa tierra dividida, saqueada y arrasada por tres dioses que resultan ser el mismo y por dos locuras que son anverso y reverso, ambos tenebrosos, de la misma locura.
Israel y Palestina han vuelto a sentarse a negociar en un capitulo más de la eterna letanía de fracasos que se producen y se seguirán produciendo mientras unos se sigan negando a dar a los otros lo que ambos se niegan: el derecho a existir. Nada cambia.
Pero parece que algo ha cambiado. 
Irán y Occidente se sientan a hablar sobre arme y desarme nuclear. Y parece que lo llevan más o menos bien. Al menos mejor que cuando los unos eran integrados dentro de ese paranoico Eje del Mal que diseñó George W. Bush entre acceso etílico y acceso etílico y los otros eran el "demonio occidental" que había de ser erradicado del universo.
Pero hay algo que no cambia. Israel o, para ser más exactos, los halcones que se encuentran al mando de los destinos del Estado de Israel, intentando transformarlo en el sagrado reino de  las tierras de Sión.
Netanyahu ha mandado a todos sus ministros a las tierras de sus muchos aliados occidentales intentando que no fueran a Ginebra, que no se sentarán con Irán, que no hablaran, que no negociaran, que dejaran en manos de sus míticos servicios secretos y su aviación la solución definitiva del problema que para ellos supone un Irán armado con artefactos nucleares: su solución final.
Los Señores de la Guerra del sionismo político que rige los destinos de Israel siguen anteponiendo la fuerza militar al dialogo, siguen buscando destruir y no convenir. Siguen pensando que ellos tienen derecho a estar armados hasta los dientes, a no firmar moratoria ni acuerdo de desarme ninguno, a esconder armas nucleares al resto de la humanidad, mientras que los demás están obligados a no tenerlas para que ellos se sientan seguros.
Siguen intentando vender a una Europa quejosa en su crisis económica y a unos Estados Unidos con apenas aire por su recientemente superado ahogamiento presupuestario que lo justo y necesario es exigir a los ayatolas de Teherán aquello que ellos no han estado dispuestos a asumir desde la creación del Estado de Israel.
Pero sus argumentos esta vez no han calado tanto. Quizás sea porque el derrumbe de Occidente en lo económico y en lo social hace que les importe bastante menos mantener un aliado en Oriente Próximo que intentar mantener cohesionadas a sus propias sociedades, a las que la miseria, la falta de expectativas y las ciegas políticas neocon están dividiendo cada vez más en estamentos sociales irreconciliables.
Y ahí es donde descubrimos que nada cambia.
Porque cuando Netanyahu, cuando sus ministros, cuando sus halcones, no han podido hacer oír sus cantos de sirena, recurren a lo que han recurrido siempre, a aquello de lo que siempre tiran cuando nada de lo demás funciona. Usan la principal arma de destrucción masiva con la que cuenta el sionismo político y con la que apunta indiscriminadamente a cualquier parte del orbe: el antisemitismo.
“Su ideología es la aniquilación del Estado de Israel. Y ya tenemos malas experiencias con dictadores que querían aniquilar al pueblo judío”. afirman miembros del Gobierno Israelí.
Y ya están los nazis en escena. Ya comienzan a dibujar el retrato de victimismo y culpabilidad compartida con el que chantajean emocionalmente desde 1949 a todas las naciones europeas -salvo Rusia, quizás- y a Estados Unidos.
Representantes políticos de un gobierno que mantiene ocupados territorios que las Naciones Unidas consideran de otros como lo fueran otrora Los Sudetes y que extienden sus fronteras unilateralmente a golpe de armamento de última generación por Los Altos del Golán, la península del Sinaí y Líbano como antaño hicieran otros ejércitos avanzados con Rumanía, Polonia o Checoslovaquia, se atreven a comparar a sus enemigos con los nazis.
Un ideario político que mantiene a millones de personas sometidas al asedio del hambre por un bloqueo inhumano, que levanta muros que segregan familias enteras, que separa ciudades y barrios por cuestión de raza, que obliga a millones de personas a hacinarse en campos de refugiados, que niega la posibilidad de retorno a su tierra a un millón de personas, que arma a fanáticos paranoicos, con la excusa de ser colonos o aliados, para que utilicen las noches palestinas para dar palizas a imanes, quemar mezquitas, asaltar y masacrar campos de refugiados o decorar las calles con frases despectivas como las que los camisas pardas escribían en los muros de los negocios judíos en la Alemania de los años treinta del pasado siglo, es atreve a recordarnos a los nazis.
Una ideología que ha creado frases como que los árabes "solamente sirven para ser camareros, criados y campesinos", que ha permitido y alentado que sus rabinos afirmen que "un árabe debe bajar la cabeza con respeto cuando se cruza con un hebreo", que jalea que su ejército luzca camisetas que proponen la solución final de matar a las árabes embarazadas , tiene el aplomo de traernos a la memoria a los locos furiosos de Hitler.
Un ejercito que ha convertido en héroes de guerra y dirigentes nacionales a miembros de Irgun que atacaban y masacraban aldeas árabes en los albores del Estado de Israel y ahorcaban hombres árabes en los cruces de caminos para imponer la política del miedo y de la fuerza, convirtiéndose en los precursores del terrorismo en la zona, ahora recurre a intentar comparar a sus enemigos declarados con los nazis.
Aquellos que han realizado lo más parecido al pogromo nazi desde las purgas de Stalin ahora tiran del antisemitismo para que les veamos como víctimas, recurren al sufrimiento histórico de su pueblo para minimizar el que ellos están produciendo. 
Escupen sobre la tumba de sus muertos, de sus millones de muertos, al utilizarlos como pantalla de humo para conseguir sus propios fines que nada tiene que ver con el Estado de Israel sino con su ideología enloquecida de grandeza, expansionismo, nacionalismo exacerbado y superioridad. Demasiado parecida a aquella que estuvo a punto de borrarles como pueblo de la faz de la tierra.
Netanyahu y sus voceros internacionales recurren a la última amenaza, al antisemitismo, cuando Occidente rechaza sus argumentos, cuando no hace lo que a ellos les viene bien. Tira de sus muertos históricos para intentar justificar todos los que ellos quieren ocasionar con su pregonado ataque precautorio contra Irán.
Nada cambia. 
Y por más que los ayatolas yihadistas, los fanáticos de Hamas o los locos furiosos de Hezbollah sean parte importante de esa imposibilidad de cambio  -una parte fundamental-, nada cambiará en las tierras de los tres dioses mientras Israel no cambie. 
Mientras no dejen de identificar sionismo expansionista y ultranacionalista con semitismo, mientras no se preocupen más por ser semitas que por ser sionistas.
Mientras no descubran que sus millones de muertos pasados no pueden tener más valor y más peso que los millones de cadáveres que su política provoca, mientras no descubran que el exterminio del pueblo judío no es más grave para la humanidad que el exterminio del pueblo palestino.
Si Israel no cambia, nada cambiará en torno a Israel. Por más que nos menten a los nazis a las primeras de cambio.

sábado, noviembre 17, 2012

Palestina se unifca a espaldas nuestras con el Farj-5

Se diría que, tal y como está el patio interior de lo nuestro, no es el momento ideal para escrutar a través de las ventanas y fijarnos en lo que pasa en jardines más o menos lejanos. Se diría, pero en realidad esa actitud de no mirar allende nuestras propias narices y creer que lo doméstico es lo que marca el ritmo del futuro es lo que nos ha llevado al lugar entre la insatisfacción y la desesperación que ahora mismo ocupa el Occidente Atlántico.
Así que por una vez -ojala sirva de precedente- miremos hacia afuera.
No, a esa Francia que se aferra a los social como la única esperanza que aún puede salvar lo nuestro, no. Hacia afuera de verdad. No, a esa Alemania que pretende salvarse económicamente a costa del euro y de Europa,  tampoco. Ni hacia esos Estados Unidos que se agarran con uñas y dientes a la última esperanza negra por mor de no volver a caer en la desesperación maltrecha de la nación blanca, anglosajona y protestante como en los mejores tiempos del orgullo WASP. 
Hacía afuera de verdad. Hacia el mundo que se mueve, mientras nosotros permanecemos quietos, mientras nosotros nos contraemos sobre nosotros mismos en espera del colapso.
Miremos hacia el mundo que nos llega a oleadas por los periódicos y los informativos televisivos, ese que está más allá de nuestras fronteras comunes occidentales atlánticas. Ese que está en perpetua revolución y en constante guerra.
Y lo que vemos allí, en el mundo exterior -para nosotros tan exterior como si se tratara de otro planeta- es el nuevo capítulo de locura fanática protagonizado por los locos de la yihad a cualquier precio y los furiosos defensores del reino de Yahvé sobre La Tierra.
Hamas y los halcones sionistas del gobierno israelí vuelve a su eterna guerra en una nueva entrega. Pero esta vez hay muchas cosas diferentes, hay muchos elementos distintos. En esta ocasión ambos demuestran algo que hasta ahora nos parecía imposible, se nos antojaba inconcebible.
Ninguno de los dos cuenta ya con nosotros, colapsados y vueltos hacia nosotros mismos, para nada.
Para empezar, quizás por primera vez desde la guerra de los Seis días, lo que están protagonizando los dos gobiernos más teocráticos del globo -uno de forma abiertamente fanática  y el otro de forma soterrada y sibilina- es una guerra. Desequilibrada de momento, pero una guerra.
¿Qué es lo que ha cambiado?, ¿qué ha hecho mudar esa eterna ida y venida de actos terroristas y represalias o de actos represivos y respuestas-que eso depende de quién empiece en cada ocasión- en una auténtica guerra?
Pues muy simple. Un artefacto llamado Farj-5.
Porque Hamas ha empleado el dinero que sangra a los palestinos -y probablemente el que recibe de jeques yihadistas a lo largo de todo el mundo conocido- en hacerse con unos misiles de alcance militar y eso cambia el juego.
Porque Israel ya no se enfrenta a los tristemente famosos katiuskas de los que te puedes defender manteniendo prácticamente despoblada la frontera con la franja de Gaza mientras realiza una tras otras incursiones de castigo sobre las ciudades, los barrios y los edificios en los que viven los miembros de Las brigadas Ezzedine al-Qassam junto con otros cientos de palestinos que mueren como escudos humanos o como bajas colaterales.
Los Fraj-5 llegan a Tel Aviv, pueden volar hasta Jerusalén. Y eso significa que los yihadistas puede utilizar su misma estrategia: Afinar la puntería, disparar y sentarse en el salón de su bunker a ver en el informativo a cuantos israelíes civiles han matado.
Eso significa que pueden utilizar la estrategia del ataque selectivo –que ya sabemos que de selectivo no tiene nada-, apuntado sobre una comisaría o un centro de gobierno y luego diciendo que no es su problema que el gobierno israelí rodee los objetivos militares de civiles.
Eso significa que pueden derribar un caza israelí -como ya han hecho, si hay que creer la propaganda de los enloquecidos dictadores religiosos de Gaza- que hasta ahora volaba impunemente para destrozar los objetivos que su estado mayor le marcaba.
Eso significa que, aunque aún tiene las de ganar, puede perder mucho en su enfrentamiento con Hamas. Y eso solo significa que por primera vez es una guerra.
Durante todo su reinado del terror en Gaza Hamas ha tenido de rehenes a los palestinos que eran masacrados por Israel en respuesta a su política furiosa de yihadismo a cualquier precio, pero ahora la población israelí también es rehén y posible víctima multitudinaria de la política de expansión militarista que los halcones sionistas a los que votan han adoptado desde hace décadas.
Y mucho más que nuestra crisis, nuestra deuda soberana, nuestro euro y nuestra decadencia, eso cambia el mundo.
Porque, los unos y los otros, arrojados a la guerra sin ambages, ya ignoran la diplomacia con Occidente y las relaciones con nosotros.
Egipto y su presidente Mursi viaja a Gaza, enviándonos el mensaje de que no le importa demasiado lo que opinemos al respecto, Irán prosigue con sus desarrollos nucleares -si es que no los ha concluido ya, el islamismo -tanto el democrático como el radical- intensifica su presencia tanto en la guerra de Siria como en las manifestaciones en Jordania para cerrar el círculo bélico sobre Israel.
Eso nos lo esperábamos. Es lo habitual en un epicentro de poder emergente que ignore las recomendaciones e incluso los intentos de imposición del anterior núcleo del poder en decadencia. 
Es lo que hicieron los macedonios con la Grecia clásica, es lo que hicieron los bárbaros con Roma, es lo que hizo la burguesía con la aristocracia. Es lo que se ha hecho siempre. 
Pero de quien no lo esperábamos era de Israel o, para ser más exactos, del gobierno expansionista de Israel.
Los gobernantes hebreos siempre habían jugado la baza de que creyéramos que eran parte de nuestra civilización occidental atlántica. 
Cierto era que eran -junto con Irán, Estados Unidos y China- el país que más resoluciones de las Naciones Unidas incumplían; cierto era que se negaban a suscribir los convenios internacionales uno tras otro desde el de No Proliferación de Armas Nucleares hasta el de constitución del Tribunal Penal Internacional, pero ellos jugaban a través de su democracia interna y de sus relaciones comerciales a ser parte de nuestra civilización, a convencernos de que jugaban con nuestras reglas. 
¡Cómo no iban a ser de los nuestros si hasta cantaban en Eurovisión y jugaban la Copa de Europa!
Pero ahora, cuando ven que su política, que su incapacidad para separar el trigo de la paja, que su deseo de controlar, colonizar y "hebraizar" un territorio que no les pertenece, se puede volver contra ellos y puede sembrar de cadáveres sus ciudades por mor de los Farj-5, se quitan la máscara.
Su ejercito deja de comportarse como tal, deja de fingir que sigue nuestras reglas de compromiso -esas que intentan hacer parecer que le guerra es algo civilizado y contenido- y se comporta como una banda de terroristas. Emitiendo amenazas personales desde sus medios, colgando desafios en las redes sociales, utilizando Internet del mismo modo que toda suerte de criminales, terroristas y locos furiosos han hecho desde que el vacío que vincula se comenzara a usar para dirimir enfrentamientos de radiclaes entre ellos.


Vamos que Al Qaeda se estára relamiendo viendo como el Ejército israelí, supuestamente organizado, supuestamente occidental, supuestamente moderno, hace lo mismo que hicieron hace años bajo su guía un puñado de pastores integristas en las montañas que rodean Kabul.
Su ministro de exteriores, Advigor Lieberman, anuncia que sí las naciones Unidas -o sea nosotros- comenzamos reconocer a Palestina como un Estado y se le otorga la condición de observadora en la Asamblea General, se limitarán a derrocar por la fuerza el gobierno de Abbas en Cisjordania.
¿Envía Abbas misiles contra Israel?, no ¿está el gobierno de Fatah actualmente en guerra con los halcones guerreros israelíes?, no ¿tiene Israel derecho de veto en la Asamblea General de Naciones Unidas?, no.
Sencillamente no les viene bien. Sencillamente, como hacen los locos furiosos de Hamas -que, recordémoslo, también han ganado unas elecciones en Gaza, al igual que los gobernantes israelíes y por tanto son tan "democráticamente legítimos" como ellos-, ignoran nuestras normas porque no quieren un país enemigo en sus fronteras.
Porque, si Palestina es un país, formará parte de ese nuevo poder emergente que se fundamenta en la raíz cultural del Islam, que no tiene ningún complejo con respecto al pogromo nazi de los judíos europeos porque no participó en él, que lleva ya casi una década ignorando parcialmente esta civilización nuestra que se sigue tirando de lo judeocristiano tanto o más que el emergente bloque árabe tira de lo islámico, aunque no queramos reconocerlo.
Porque, si Palestina es un país, ya no podrá controlar si mantiene relaciones con Rusia, con China o cualquier otra de esas potencias emergentes que ya pasan olímpicamente del occidente atlántico y que estas la armen hasta los dientes de Farj-5 o incluso de misiles de mayor alcance y más poder destructivo, aviones o carros de combate.
Porque si eso ocurre. Por primera vez Israel se enfrentara a sus múltiples guerras en condiciones de igualdad con todos sus antagonistas -que son muchos- y eso es demasiado hasta para los Josués guerreros del Ministerio de Defensa israelí.
Así que esta nueva fase de la guerra en Palestina -y ahora también en Israel, que, por cierto, siempre fue también Palestina- cambia muchas cosas.
Por primera vez llega o puede llegar a toda Palestina, tanto la israelí como la no judía. Y por primera vez ninguno finge que le importa en absoluto como reaccionamos ante ello.
Los dos nos dan por muertos o por incapaces de hacer otra cosa que no sea sobrevivir. Quizás a ninguno de ellos les falte razón.

jueves, marzo 08, 2012

La Diabolica Trinidad occidental sobre el Islam

En estos días se me acumula el trabajo en todos los frentes y especialmente en estas endemoniadas líneas. Vamos que la actualidad no da abasto con lo suyo.
Pero entre los urdangarines y las infantas no imputadas por si acaso, los eres y las grabaciones de corrupciones y corruptelas, las declaraciones de paz en Euskadi -Idea original donde las haya, hasta ahora lo que se declaraba era la guerra-, las reformas laborales y los digo diego continuos del presidente Rajoy, yo he decidido hablar del islam, hablar de intransigencia, de incoherencia. Hablar de nosotros.
Tres hechos me han llevado a ello. Tres relatos de actualidad que nos presentan lo que es el mundo islámico, lo que creemos que es y lo queremos que sea. Algo que podría definirse como la diabólica trinidad del Islam con respecto al Occidente Atlántico, según él siempre incólume e impoluto.
Empecemos por lo que creemos que es.
Un iman en Tarrasa lee una sura y la sociedad occidental enloquece de indignación. Rubias presentadoras de permanente y programas vespertinos relatan exaltadas como el iman aconseja infligir maltratos psicológicos y luego físicos a las mujeres si no obedecen. Y lee con sus labios perfilados en el voluble erótico de la silicona la recomendación en cuestión.
 “¡Amonestad a aquellas de quienes temáis que se rebelen, dejadlas solas en el lecho, pegadles!”.  
A parte de la broma obvia ¿no es lo que ha hecho siempre la mujer,negarse a copular si no se hace lo que ella quiere?, ¿se considera eso maltrato psicológico?, la cosa tiene delito. Delito nuestro, no del susudicho Corán
En esencia esa es la sura cuarta de El Corán, parrafo 34. Y parece que refrenda todo lo que decimos del ïslam, todo lo que queremos pensar de él, todo lo que se nos antoja insoportable de esa religión que hemos decidio que es perversar aunque para ello tenemosque ignorar que es ídéntica a aquella que dicen nuestra.
El levítico aconseja y permite vender a cualquier mujer de la familia como esclava si es desobediente o no acepta los preceptos sagrados; el bueno de San Pablo, ese que cortaba cabezas antes de convertirse, despliega en el Nuevo Testamento momentos realmente de éfimera gloria divina como el siguiente.
"Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta,  afrenta su cabeza;  porque lo mismo es que si se hubiese rapado. Porque si la mujer no se cubre,  que se corte también el cabello;  y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse,  que se cubra. Porque el varón no debe cubrirse la cabeza,  pues él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón". O esta otra que no tiene desperdicio "sed estrictos con vuestras esposas porque su acceso a la virtud es la carga que Dios ha puesto sobre vuestros hombros, ya que ellas no pueden alcanzarlas por si mismas".
Pero como todos esos adalides de la islamofia, todos esos defensores de la superioridad ética del judeocristianismo como forma de atormentar los miedos de la humanidad, no pueden enfrentar esa realidad de que las tres religiones monoteístas del momento -que pasará, como todo en la historia, tengámoslo claro- son prácticamente idénticas y están cortadas por el mismo patrón, recurren a una palabra, la última palabra: "pegadlas".
¡Ya está, son peores que nosotros!
Obvian el hecho de que la palabra en cuestión utilizada en la sura es لصق
Y como todas las palabras, como todos los idiomas, tiene polisemia: golpear, actuar, pegar, resistir. Normalmente se refuerza con un golpe del puño sobre la palma de la mano para enfatizar que se trata de ser enérgico. O sea que lo que pide es una acción definitva.
El divorcio, por ejemplo. Cosa que el catolicismo no permite y que el profeta desértico recomienda solamente dos parrafos más abajo como solución a las desavenencias. Pero, ¿para qué seguir leyendo?
Pero al fin, el islam tiene que ser malo y perverso porque nosotros queremos que lo sea. Porque nosotros creemosque lo es. Como creemos que la yihad es atacar al infiel cuando esdefenderse de él, como creemos que el velo es una imposición masculina cuando es una tradición cultural, como nuestros sesudos -y no tan sesudos- opinadores televisivos se atreven a decir que es incompatible con la democracia sin decir que toda religión por definición es incompatible con la democracia porque considera que el poder supremo reside en unser sin cuerpo, sin voz y sin presencia puesto allí por el ayuntamiento y no elegido por nadie en lugar de en el pueblo soberanos.
Y eso es lo que creemos que es islam -no el yihadismo radical, que sí lo es- el islam en su conjunto. Lo creemos porque la fe mueve montañas, porque la fe altera la realidad. Porque nos viene bien creerlo.
Y ahora vamos con lo que es.
Lo que es el islam nos lo ha dado alguien que no debería estar en edad ni en situación de ser ejemplo alguno. Nos lo ha dado una niña iraní de trece años que no se llama Tara pero tiene que fingir que se llama así para intentar, quizás baldíamente, conservar la vida por el imperdonable delito de cantar en público.
Porque la mujer tiene prohibido en Irán cantar en público. No hay sura, sharia o texto sagrado que lo diga, pero los ayatolas han torcido y retorcido sus interpretaciones hasta llegar a la conclusión de que no puede hacerlo. Así que Tara a sus trece años se ve arrojado a algo que no entra ni en las más terribles pesadillas de nuestros preadolescentes.
A exponer su vida para luchar por su libertad.
Y ¿como lo hace? cantando a voz en grito en un video colgado en YouTube -con muy buenas maneras por cierto- con un Hijab como la copa de un pino plantado en la cabeza.
Se rebela contra lo injusto, contra lo absurdo, arriesga su vida por su gusto por la canción pero no se quita el hijab ¿por qué si el símbolo de la opresión islámica a la mujer?, ¿por qué se asegura de mantenerlo adherido a su moño para que los intensos movimientos de cabeza que acompañan su canto no lo hagan caerse?
Por la sencilla razón de que es suyo, no lo considera injusto ni opresivo y no se siente a disgusto con su tradición.
Eso es lo que es el mundo árabe y musulmán hoy en dia. Millones de personas que se sienten a gusto con sus tradiciones, aunque a nosotros no nos gusten, con sus herencias culturales aunque nosotros no hagamos esfuerzo ninguno por entenderlas y un puñado de fanáticos y enfermos de ansía de dominio y de poder que los manipulan para perpetuarse en el poder e imponer su visión del mundo.
Lo mismo que fuimos nosotros cuando eramos cristianos, cuando eramos católicos.
Es posible que Tara lo pase muy mal solamente por cantar así que ya no le importaba quitarse el hijab. Pero no lo ha hecho. Algo deberíamos aprender de eso. Aunque fuera un poco deberíamos saber un poco más del islam y sus gentes con ese gesto.
Es muy sencillo, separar el trigo de la paja, las piedras de las lentejas. El culo de las témporas. Eso es lo único que necesitamos para saber lo que es hoy el islam.
Y por último vamos con lo que queremos que sea el mundo árabe.
Hoy no hay árabe mas aplaudido, más paradigmático que el viceministro del petroleo de Siria que ha decidido desertar del gobierno de El Asad que machaca Siria por beneficio propio y con la complata y absoluta pasividad del occidente atlántico que le puso y le mantuvo en él durante varias décadas.
Pues bien, todo son parabienes para el señor viceministro Abdo Hussameldin que se ha cansado de darle cobertura con su persona a un gobierno asesino.
Su video -otro video de Youtube- es reproducido una y otra vez y los elegios se suceden. El señor viceministro ya es demócrata, ya apoya la libertad, ya es de los nuestros.
Y siu lo es, pero no lo esp or toda la retórica nada espontánea que utiliza, no es lo es por su cambio de bando, no lo es por su compromiso con los que sufren y con losque lo pasan mal. 
Podemos intentar vender que es por eso pero no lo es.
Es de los nuestros por una frase perdida en la que nadie ha reparado ni quiere reparar "no voy a perder mi carrera sirviendo a un gobierno asesino". Eso es lo que le hace de los nuestros.
Eso es lo que queremos que sea el mundo musulmán, árabe y el universo en general. Alguien que tome decisiones basándose solamente en sus necesidades personales, en sus prioridades privadas. Alguien que no anteponga ideología o creencia o cualquier otra cosa al rédito y el beneficio personal. Alguien que no sea capaz de pensar para bien o para mal en contra suya y a favor de otros.
Alguien como nosotros.
Poreso no podemos sentirnos a gusto con ninguna cultura que haya desarrollado como marca social el egoismo individualista -como marca social, repito, que egoístas hay en todas partes- por eso necesitamos creer eu el islam es de una manera, ignorar como es realmente y pretender que sea de otra manera.
Y esa Diabolíca Trinidad que nos aqueja en la comprensión y la inteacción con el islam es la que va a acabar con nosotros. Tarde o temprano.

domingo, febrero 05, 2012

El rito repetido de elegir bando nos aboca a la guerra


Ya tenemos guerra definida, Además de las cincuenta que se están librando, quiero decir. Pero como esas no nos importan o nos benefician esas no cuentan. Nunca han contado.
Y esa nueva guerra tiene o tendrá como actores principales a dos de los gobiernos menos fiables y menos racionales del planeta: Israel e Irán.
Muchos dirán que comparar a Netanyahu con Ahmadinejad es injusto y tienen razón. Es injusto para todos lo demás. Porque llamar gobernante a cualquiera de esas dos personas hace que el término se degrade. Y ya está bastante degradado de por sí en estos tiempos.
No importa que Netanyahu sea producto de una decisión en las urnas y el líder iraní sea un dictador en el sentido estricto de la palabra. Ser un producto democrático no te hace demócrata y Netanyahu no lo es. No basta con reconocer la democracia internamente para ser demócrata. No basta con ser demócrata de fronteras para dentro para que se te pueda llamar demócrata. Hay que serlo de fronteras para fuera. Y el halcón sionista no lo es, nunca lo ha sido y nunca lo será.
Sus actuaciones y sus posiciones en política exterior le hacen antidemocrático. Algunos dirán que es duro o que es fuerte o que es militarista. Pero es más que eso. Alguien que introduce terroristas en las casas de los colonos ilegales de Palestina para que les enseñen a asustar y humillar a la población árabe es un dictador, alguien que argumenta que hay que impedir que los países árabes se democraticen solamente porque a su país le viene bien es un dictador, alguien que mata a ciudadanos de otros países solamente porque se dedican a una actividad que a su Estado no le gusta es un dictador.
No es duro, no es militarista, no es polémico. Es un completo y absoluto dictador. No para los suyos, pero sí para el resto del mundo.
Y hago la salvedad con Netanyahu y no con Ahmadinejad no porque considere que el presidente persa es mejor o menos dictador que él sino porque con el  israelí podía haber una sombra de duda al respecto. Muchos la seguirán teniendo.
Los defensores de la política belicista de Israel, los eternos adalides de una autodefensa que se ha hecho necesaria por las continuas y constantes agresiones israelíes -incluso desde antes de ser un Estado-, por los incumplimientos y por la aplicación de un política en la que su voluntad tiene que ser ley en cualquier parte del Próximo Oriente, dirán que no lo es, dirán que hace lo que debe hacer. Allá ellos. Todo régimen dictatorial ha tenido siempre justificadores.
Pero a lo que vamos.
Esos dos locos suicidas de sus pueblos se enzarzarán en una guerra porque ninguno dará su brazo a torcer. El uno por la voluntad martirológica de un islam mal entendido y el otro por el instinto de defensa Masada en aras de su Tierra Prometida.
Y ¿qué hacemos nosotros en todo esto?, ¿cómo intentamos evitar este desastre?, ¿qué planeamos para que no se produzca este enfrentamiento que sembrará de miedo y de cadáveres un año que ya amenaza con ser el peor de nuestras vidas en otras facetas?
Pues lo que hacemos siempre nada o algo equivocado.
Podríamos decir que no tenemos nada que hacer, que no tiene nada que ver con nosotros. Pero hasta el más esporádico lector de periódicos sabe que no es así, hasta el más descuidado consumidor de informativos televisivos en espera del tiempo y los deportes sabe que eso es casi una mentira irresponsable.
El estrecho de Ormuz, paso obligado del setenta por ciento del crudo de la Tierra hace que sea problema nuestro, una crisis económica brutal que no soportaría el incremento del gasto petrolífero que repercutiría sobre la ya tristemente famosa deuda soberana, hace que sea nuestro, el inevitable giro del poder de decisión mundial hacia oriente, hace que sea nuestro problema.
Pero es precisamente el hecho de que nuestra reacción nos puede dejar completamente fuera de juego lo que exige que hagamos algo que no sabemos hacer, que no estamos acostumbrados a hacer. Lo que exige que cambiemos. Lo que nos aboca completamente al fracaso.
Porque somos impermeables al cambio. Cuando hay una guerra solamente sabemos hacer dos cosas. O ignorarla, como hacemos con todas las que ocurren en África y Sudamérica o elegir bando.
Y en esta guerra que se avecina no hay bando que escoger.
Porque la locura furiosa de Ahmadinejad y su obsesión por lograr la bomba nuclear responde a la locura también furiosa de Netanyahu que ya la tiene y que sabemos, igual que sabemos del iraní, que no dudará en usarla. Su visión sionista de La Tierra Prometida al igual que la visión yihadista del Islam se lo posibilita al dictador iraní y sus ayatolás.
Porque no tenemos capacidad diplomática para convencer a Irán de que ellos no tiene derecho a tener algo que nosotros poseemos por centenares y que Israel tiene por docenas. Porque no podemos obligar a Teherán a reconocer el estado de Israel si no obligamos a Israel a reconocer el Estado Palestino y así sucesivamente.
Hemos dejado hacer tanto al sionismo israelí cuya propaganda recurre siempre a nuestra culpabilidad histórica con el pueblo judío que ahora no tenemos fuerza para presentarnos ante alguien que no comparte nuestra culpabilidad por el simple motivo de que ni siquiera participó en esa guerra y no tuvo ni noción de la existencia del nazismo hasta que lo leyó en los libros de historia.
Así que, como sabemos que no podemos permanecer neutrales, buscamos soluciones porque sabemos que las nuevas fuentes del poder mundial, Rusia y China están mucho más cerca de los ayatolas que de Israel. Aunque solamente sea para fastidiar al occidente atlántico que hasta ahora se creído dueño y señor de la geopolítica mundial. Por eso y para asegurar sus reservas petrolíferas.
Probamos las sanciones a Irán, probamos los embargos, pero Irán se encoge de hombros porque, aunque le duelan, sigue teniendo a Rusia y a China, sigue contando con el apoyo de otro productor de petróleo, Venezuela, y sigue sabiendo que, aunque sin hacer ruido, Brasil aceptara su petróleo a través de la mediación del desbocado bolivariano Hugo Chávez.
Y probamos la guerra sucia de drones teledirigidos y espionaje contra Irán pero sabemos que por más científicos nucleares que dejemos matar a Israel en mitad de las calles de Teherán no conseguiremos parar el programa. Hay demasiados hindúes y rusos sin trabajo para que esa sea una medida efectiva.
E incluso nos planteamos la posibilidad de que Estados Unidos se meta en otra aventura como la de Irak con mucha menos justificación que la anterior porque no ha habido ataque alguno a Occidente y porque Irán solo está haciendo lo mismo que hacemos nosotros y que hemos dejado a hacer a Israel.
Bloqueos, amenazas, guerra sucia, intervenciones militares. Ninguna resulta, ninguna provoca la reacción que deseamos. Ninguna paraliza el programa nuclear de los ayatolás iraníes por dos motivos. Primero porque poco se puede influir en la mente de alguien que tira de mesianismo y clarividencia divina para entender el mundo y segundo porque desde que Jomeimi se hiciera con el poder allá en 1979, el régimen iraní vive de espaldas a nosotros y con la vista arrebatada de fanatismo religioso puesta en el paraíso.
Intentamos hacer palanca sobre aquellos que no nos ofrecen ningún punto de apoyo. Y lo hacemos porque hemos elegido bando. Cuando que ser árbitros, hemos elegido bando.
¿Por que no se presiona a Israel para que no ataque? ¿Por qué intentamos que Irán no construya la bomba en lugar de obligar a Tel Aviv a que destruya las suyas? ¿Por qué no amenazamos a ambos países con intervenciones militares si no se desnuclearizan?
Esa sería la solución que nadie espera. Ese sería el cambio. Esa sería la demostración que el occidente atlántico se toma en serio sus propios tratados, sus propias palabras, sus propios actos.
Es Israel la que ha amenazado con una acción militar. Es ese estado y sus patéticamente militaristas gobernantes los que están poniendo al mundo al borde del caos, del Armagedón.
Si Israel se deshace de sus bombas nucleares, si nosotros la obligamos a ello, tendremos todo el poder ético y diplomático para paralizar el programa iraní de armamento atómico hasta por la fuerza si hace falta.
Por utilizar un símil futbolístico, no podemos ser el segundo entrenador de Israel e intentar convencer desde la banda al entrenador contrario de que no juegue sucio cuando dejamos a nuestro equipo segar una y otra vez la hierba bajo los pies de sus rivales. Tenemos que ser el puto árbitro del partido y expulsar del campo de juego a todos los que no cumplen las reglas.
¿Acaso tiene Israel derecho a no sentirse amenazado pero Irán no lo tiene?, ¿acaso Israel no ha incumplido la normativa internacional de no proliferación de armas nucleares e Irán sí?
El gobierno israelí es un déspota regional que impone su ley a sangre, armamento, guerra y fuego a todos los que le llevan la contraria y sí queremos que lo poco que queda de nuestra civilización y de su capacidad de influencia sea aún creíble.
Cada vez que Israel se siente amenazado nosotros le damos la razón sin pestañear, sin poner en duda nada, sin recordar que solamente ellos han incumplido más resoluciones de las Naciones Unidas que todos los estados árabes e islámicos del planeta.
La única solución para que podamos hacer fuerza en justicia para que Irán no fabrique su bomba -si es que no la ha fabricado ya y el contraataque de los ayatolás se lleva Tel Aviv por delante de un solo golpe- es quitarle a Israel las suyas.
Cuando dos locos se empeñan en enfrentarse se confina a cada uno en su cuarto. No se encierra a uno y se deja campar al otro a sus anchas por los jardines del manicomio en espera de que la emprenda con un nuevo objetivo.
No podemos elegir bando en esto. Tenemos que arbitrar. No podemos fingir que la democracia interna de Israel le convierte en un estado democrático y justo en sus relaciones exteriores.
El gobierno de Israel no es uno de los nuestros. Su amenaza de guerra y sus acciones lo demuestran.

jueves, enero 12, 2012

Mustafa le quita la lógica a Occidente en bien de Ahmadineyad -¡Ya somos públicamente de los suyos!-

Toda persona tiene un don. En muchos humanos es fácil de encontrar y en otros no tanto. Algunos son útiles y otros son simplemente dones de esos que se exiben para solaz y entrenenimiento de amigos o escarnio y burla de enemigos. Pero toda persona tiene un don. Incluso el Presidente Mariano lo tiene. Yo aún no se lo he encontrado -salvo el de la invisivilidad voluntaria, que no es poco-, pero estoy seguro que lo tiene.
Y Ahmadineyad, el teocrata iraní que se encuentra por Sudamérica de reunión con los colegas que tienen los pies tan sacados del tiesto de la razón y la cordura como él, tiene un don, sin duda, destinado a la segunda función enumerada, es decir, a poner el nervio a mil al enemigo. Y lo usa con fruición y con descaro.
Tiene el don de poder reflejar nuestra lo cura en la suya. De hacernos mirarnos al espejo.
El tipo, en pleno ir y venir de los brazos de Chávez a los de Ortega y uno y otro de los Castro, se descuelga en Managua con una de esas de las suyas que nos indignan, que nos mueven al insulto repentino y merecido contra este personaje, que ha hecho de su país el infierno por mor de tratar de buscar un paraíso que su dios nunca le pidió que buscara de esa forma. Una de esas que le dan a nuestro orgullo en todo lo alto -o en todo lo bajo, que nunca se sabe en dónde duele más-.
El hombre va y afrima que después de lo hecho a lo largo de la historia "al mundo occidental capitalista sólo le queda la decadencia".
Y no es que el poco sutil y creíble Ahmadineyad vaya a tener razón en muchas cosas pero en eso se nos antoja, vislumbramos, que da en el clavo.
No por la frasé en sí, utilizada hasta la saciedad por cientos, casi miles, de profetas políticos, visionarios históricos y otra suerte de gentes que perciben los síntomas con algo más de criterio que el jerarca iraní, de que nos desmoronamos a pedazos en lo económico y por tanto, dado el rumbo que ha tomado desde hace mucho tiempo nuestra ética y nuestra estética de lechera hipotecada, también en lo social y en lo personal y en lo ético.
 En lo que da en el clavo es en el ejemplo, en el argumento explicativo que nos lanza a la cara, que nos arroja y al escapar del cual, o al intentar hacerlo, nos vemos enfrentados al espejo. El don que la versión retorcida del dios en el que cree le ha conocido a Ahmadineyad.
"Cuando ya le falta la lógica recurren a las armas para matar y destruir. Hoy en día lo único que le ha quedado al sistema occidental capitalista es matar" Y cuando escuchamos el argumento abrimos la boca para tomar aire y contestar y rebatirlo y la mantenemos abierta mucho tiempo porque no encontramos argumento alguno para desmontar esa frase, por no vemos velo alguno -y mira que Irán los hay por miles- que nos oculte el rostro en el espejo. Porque tiene razón.
Podemos apretar las comusiras y tirar de lo que tiramos siempre en estos casos. Listar las perversiones y las perversidades del régimen de Teherán. Hablar de terrorismo, de tiranía, de discriminación, de locura y fanatismo religioso medieval.
Y tendremos razón en todo ello. Pero ninguna de las cosas que digamos, de las bazas que juguemos, le quitara la suya al tirano iraní.
Porque cuando hemos exigido algo y no hemos encontrado argumentos lógicos para imponerlo, para explicarlo, para defenderlo, hemos puesto una bomba en la base del coche de un hombre inocente y la hemos hecho estallar.
Llevamos varios años intentando imponer a Corea -la mala, la del norte, claro- y a Irán que paren su programa nuclear, que no se hagan con armamento táctico -es curioso que a las armas que pueden destruir por miles de millones a los serés humanos se les denomine tácticas cuando no hace falta táctica ni estrategia alguna para apretar un botón y mandar una porción de planeta directamente hacia el infierno-. Y lo hacemos, como dice Ahmadineyad, en contra de toda lógica.
Sí, no se me indignen, no me achiquen los ojos con sorpresa, no hay ninguna lógica, formal o material, que nos pueda permitir exigirle a Irán que no haga su bomba.
Ahmadineyad, lo sabe, los líderes occidentales atlánticos lo saben, Kant, dueño y señor de la lógica, lo hubiera sabido si viviera en estos tiempos. Y nosotros lo sabemos, siempre lo hemos sabido, aunque nos escueza el tener que reconocerlo.
Porque no hay lógica en que el país más nuclearizado en armamento de La Tierra le exija a nadie que no haga una bomba nuclear. Porque no hay ninguna lógica en que nos pongamos del lado del único estado terrenal que ha usado a lo largo de los tiempos un arma de destrucción másiva nuclear cuando pretende imponer a otros dos que no la tengan.
Porque no hay proceso lógico que soporte la explicación de que Israel pueda tener armas nucleares que tienen en su radio de acción  a todos los países del mundo árabe y algunos más y aquellos que se encuentran -aunque sea en secreto- amenazados por ellas no tengan el derecho a contrarrestar esa amenaza con otra de semejantes proporciones -¿por eso se las denomina armas tácticas, no?-.
Porque no tiene sosten lógico formal ninguno que un país como Francia, que puso hace unos años un atolón del revés con sus pruebas de ingenios nucleares, exija en la ONU que se paralicen las pruebas de misiles balísticos iraníes arguyendo, entre otras cosas igual de peregrinas, la puesta en peligro del equilibrio ecológico de la zona que, por cierto, es un desierto donde el equilibrio ecológico se perdió hace varias eras geológicas, por eso es un desierto. Hasta ese punto hemos perdido la lógica en este asunto.
Porque todos sabemos que la lógica impondría que nosostros, los occidentales antlánticos, nos desnuclerizaramos -en lo militar, nadie me malinterprente- antes de exigir a los demás que no desarrollen ingenios nucleares de destrucción.
Porque todos sabemos que no existe apoyo lógico ninguno en defender que solamente nosotros tenemos derecho a poseer armemento nuclear porque somos gente responsable que nunca lo untilizaría y que solamente lo mantiene como elemento disuasorio.
¡Qué le digan eso a Norube y a otras 380.000 personas de ojos rasgados!
Y el teocratá iraní lo sabe también y por eso nos desmonta esa lógica cogida por los pelos con una sola frase que afirma que es tan de fiar como nosotros, que hará el mismo uso táctico y disuasorio de la bomba. Y como sabemos que mentimos, que hemos manipulado el argumento, nos entra el panico más cerval y más profundo . Si hace lo que nosotros hicimos con la bomba estamos apañados.
Y como ese recurso a la lógica formal se nos deshace, no nos aguanta un suspiro del tirano de Teherán, recurrimos a la parte material del razonamiento. Imponemos sanciones para mostrar nuestro firme convencimiento, nuestra razón.
Amenazamos con bloquear su crudo, su fuente de riqueza -y de la nuestra, en parte, no lo olvidemos-. Nos falla que Chavéz, y con él petroleo venezolano nacionalizado, no están por la labor, nos falla que a China -que por cierto es tán tiránica o más como lo es Irán pero nadie se queja de que tenga cantidades ingentes de armas nucleares. No creo que sea porque le está salvando lo poco que le queda de culo a nuestra econmía, ¿verdad?- se la trae más bien al pairo y nos falla también que Rusia -poseedora de cantidades similares de tan aciago armamento- se encoge de hombros como siempre lo ha hecho ante las necesidades de Occidente. Pero nosotros usamos la lógica material de la amenaza cuando se nos han ido a pique los argumentos formales por los cuales defendiamos que nosotros teniamos derecho a las armas nucleares y el papado islámico de Teherán no.
Pero Ahmadineyad, que se ha vuelto un maestro en eso de sacarnos los colores devolviéndonos una y otra vez -como ya hizo con la pena de muerte- la moneda de los retos éticos y estéticos que le lanzamos desde el Occidente Atlántico, no se indigna, no llama a la Yihad contra el diablo cristiano -eso lo hace en otros foros-, no se lanza a toda suerte de improperios sin cuento como se espera de un desaforado tirano.
No. Simplemente se ajusta a nuestro juego, aplica nuestros procesos lógicos viciados y decide hacer maniobras militares en el Estrecho de Ormuz y amenazar con cerrar el tráfico marítimo a los petroleros si se le bloquean las exportaciones de petroleo.
Y de nuevo nos deja sin habla. De nuevo nos deja sin argumentos lógicos -en este caso materiales- para contrarrestarle.
Porque, si nosotros pudimos cerrar el tráfico maritimo de petróleo irakí en la Primera Guerra del Golfo, ¿qué argumento podemos utilizar para restarle lógica a lo que él está amenazando con hacer?; si nosotros podemos presionarle con quitarle los beneficios de su petróleo ¿qué argumento nos puede defender cuando él amenaza con quitarnos el nuestro?; si nosotros hemos podido mantener bloqueado el Mar Caribe y la isla de Cuba cincuenta años, pudimos mantener bloqueado el comercio de la mitad de Europa -el antiguo bloque soviético- hasta asfixiarlo durante treinta años sin tener derecho ninguno a hacerlo, ¿qué argumento podemos utilizar para evitar que él haga lo mismo en Ormuz?, si nosotros consentimos que otra teocracia, forjada y fundamentada en la concesión por la gracia de un dios de su territorio, mantenga bloqueado económicamente y en la miseria a todo un pueblo para que nadie cuestione sus colonias y asentamientos ilegales, ¿con qué proceso de razonamiento podemos enfrentarnos a alguien que quiere hacer lo mismo en un trozo de mar donde ni siquiera vive gente?
De nuevo nuestra ilógica y devastadora incapacidad de ajustarnos a aquello que demandamos de otros, que exigimos de otros, nos resta la posibilidad de considerarnos lógicos en nuestras pretensiones.
Si nunca hubieramos bloqueado o amenazado con bloquear a una nación en su economía para conseguir nuestros fines en contra de los deseos de esa nación, ahora sería lógico que exigieramos que Irán no lo hiciera. Pero eso no ha ocurrido.
Si nunca hubieramos utilizado la bomba atómica o incluso si después de utilizarla nos hubieramos desecho de todas ellas para evitar el riesgo que suponían, ahora tendríamos una base sólida -e incluso ética- en nuestra lógica para exigirle a la teocracia iraní que no se armara de uranio hasta las cejas. Pero tampoco hicimos eso.
Así que Ahmadineyad tiene razón no estamos siendo lógicos. Porque la lógica se nos acabó hace tiempo con la insistencia en nuestros propios errores y en creer a ciegas en nuestro inalienable derecho a mantenerlos.
Y cuando todo eso nos ha fallado, nos empeñamos en seguir dando la razón al portavoz de los Ayatolas iraníes, ¿qué hacemos -aparte claro está del clásico de poner en alerta a la V Flota, que siempre está misteriosamente por casualidad anclada en Barhein-?
Pues matamos a un hombre.
Matamos a Mustafa Ahmadi Roshan sin juicio y sin jurado, sin pruebas ni descargos por enriquecer uranio para el gobierno iraní.
Nos desprendemos del único argumento que podía diferenciarnos del régimen de Teherán, del único pilar en el que podía fundamentarse alguna respuesta lógica y ética a las acciones de Ahmadineyad y nos convertimos en la tristemente famosa OLP de antaño, en el furibundo IRA de los años setenta, en la mafiosa ETA de hace, como quien dice, un par de días: cogemos un puñado de explosivos, unos relés, un sistema de temporizadores, los pegamos a los bajos de un coche y los hacemos estallar en mitad de la calle para cazar a una persona que es a todas luces inocente.
Cuando nos llevan la contraria nos volvemos terroristas.
Y da igual que lo hayan hecho los servicios secretos estadounidenses, que lo haya llevado a cabo el Mossad o que lo hayan perpetrado cualquiera de las antiguas y respetadas instituciones que tienen los gobiernos occidentales -y sus incomprensibles aliados- para tan honorables fines. Lo hemos hecho nosotros. 
Hemos enviado el mismo mensaje que envían los suicidas en Tel Aviv o en Bagdad, lanzado la misma señal que lanzaban al aire los pistoleros en Andoain o en Belfast,  utilizado el mismo argumento que utilizan los milicianos encapuchados en Gaza o los muyajedines embozados en Kabul.
Si no haces lo que yo quiero te mato, simplemente te mato. Nos hemos incluido de forma pública y notoria en la internacional terrorista ¡Bienvenidos seamos a esta nueva compañía!
No está en mi intención darle la razon a Ahmadineyad en otras cosas pero de nuevo, para lo que nos afecta, ha dado en el blanco.
En el Occidente Atlántico ya somos oficialmente y sin pudor una organización terrorista. Si eso no forma parte del comienzo de la decadencia de una civilización que venga dios -el suyo o el vuestro- y lo vea.

Lo pensado y lo escrito

Real Time Analytics