domingo, junio 02, 2013

El violeta nos condena a todos a la mater amatisima

Hay ocasiones en las que la soledad de aquellos que deberían estar acompañados, de quienes revindican algo que todos deberían compartir, solamente sirve para demostrar que la sociedad no está preparada para hacer el esfuerzo que supone pelear por los derechos de todos.
Ayer, frente a la puerta del Congreso, el futuro estaba solo, la igualdad estaba sola. Muchas voces perdieron la oportunidad de hacer creíble su recurrente grito de defensa de la igualdad. Una cesta de muñecos, unos cuantos tambores y un reducido grupo de personas -tanto hombres como mujeres- demostraron que, incluso para aquellas que tienen siempre entre los labios la lucha por la igualdad, en nuestro país queda mucho camino por recorrer hasta que nos demos cuenta de que el aumento de los derechos de otros nos beneficia a todos.
Ayer era el día de las Madres y los Padres y ayer había gentes, pocas gentes, que solicitaban, que exigían ante el Congreso, algo que la lógica debería imponer, que la justicia debería certificar, que la solidaridad debería apoyar. Algo tan sencillo que se expresa en una sola frase: permisos de igual duración para madres y padres en el nacimiento de un hijo.
Se podría decir que cualquiera que luche por la equiparación laboral entre sexos tendría que haber acudido corriendo a esa manifestación pero no fue así. No hubo una marea violeta de asociaciones feministas que secundaran la protesta, no hubo eslóganes ni dedos juntados en el aire dibujando triángulos púbicos. La verdadera igualdad estuvo sola ante el Congreso de los Diputados. Con unos pocos hombres y unas pocas mujeres, pero sola.
Porque ese es el camino que debe seguir la autentica equiparación laboral entre hombres y mujeres. Las cuotas de poder empresarial no son la respuesta, la exigencia de leyes que garanticen igual sueldo -como si eso no estuviera regulado ya por las más altas leyes del Estado- no es el camino. Los duración de los permisos de maternidad y paternidad es el primer paso, el ladrillo necesario para empezar la casa por los cimientos.
Pero las organizaciones feministas españolas -radicalizadas como apéndices del feminismo social andrófobo de las ideologías estadounidenses de los años setenta, leasé McKinnon- no son capaces de verlo. Necesitan percibir al varón como un enemigo, necesitan cuestionar cada uno de sus pensamientos, de sus actuaciones. Para ese feminismo pedir algo que beneficie a los hombres es un anatema porque han convertido la ideología en religión y por ello no pueden reformularla ni superarla. Porque han convertido al hombre en el diablo.
Aunque con ello impidan su propio beneficio.
Los permisos de paternidad y maternidad de igual duración no son un beneficio para el hombre. Lo son para las mujeres y para su igualdad dentro del mercado laboral.
Porque por más que lo disfracen de machismo, por más que pretendan mantener en ese asunto vivo a un enemigo que agoniza sino yace muerto hace una generación y media, ese no es el problema.
Vivimos en una sociedad, en una economía, donde el valor rendimiento coste se aplica a todo y sobre todo a las relaciones laborales. La reforma laboral de este malhadado gobierno lo demuestra.
En este entorno económico y empresarial, una mujer que disfruta de cuatro meses de baja enfrentada a un hombre que solamente puede disfrutar de dos semanas es un elemento rendimiento/coste laboral menos beneficioso para cualquier empresario.
Lo demuestran las cifras de empleo, lo demuestran los datos. El sesenta por ciento de las mujeres que trabajan no tienen hijos, las mujeres trabajadoras retrasan hasta los 33 años la edad de maternidad y su media de hijos apenas supera el uno por pareja.
Y las feministas españolas, las que no acudieron a apoyar esa manifestación de ayer porque están en otras cosas, las que la ignoraron porque reclamaba algo que aparentemente es un beneficio para los hombres, dirán que no tiene nada que ver. Pero lo cierto es que el 74 por ciento de las bajas de maternidad son disfrutadas por las mujeres aunque, en teoría, puedan dividirse y compartirse. Ellas dirán que es culpa del machismo de los hombres que se desentienden pero los números del INE afirman lo contrario ya que aseguran que un 84% de las mujeres no están dispuestas a compartir su baja de maternidad con sus parejas.
De manera que esa manifestación solitaria de varias decenas de personas frente al Congreso es la única solución.
Si los dos tienen la misma baja, dura lo mismo, es intransferible y además obligatoria -en beneficio del menor, que es siempre la prioridad- el mercado laboral ya no tendrá excusa ni necesidad económica de priorizar en condiciones de igualdad en otras facetas al hombre sobre la mujer, al padre sobre la madre. Es una cuestión de economía no de machismo. Es una cuestión de capitalismo egoísta y de derechos laborales, no de feminismo y machismo.
Por no hablar del hecho de que indirectamente también afecta al caballo de batalla de la brecha salarial. Porque esa es la palanca que utilizan los empresarios para ofrecer sueldos más bajos a la mujer. Bueno, para ser exactos, lo que hace que las mujeres los acepten. En un país en el que cada sueldo se negocia en el despacho del empleador, saber que pende sobre ti la realidad laboral de que disfrutarás de una baja de cuatro meses mientras un hombre solamente dispone de dos semanas limita tus posibilidades de negociación. Los empresarios -y las empresarias, que en las empresas dirigidas por mujeres esa brecha no se reduce ni desaparece- lo saben y juegan con ello.
Pero no quieren verlo. Parece que el feminismo español -por lo menos el más militante- solamente puede reclamar que se le concedan más cosas a las mujeres no que se les reconozca derecho alguno a los hombres. Por muy beneficioso que sea para la mujer.
Por contra piden que se aumente a seis meses la baja maternal sin decir una sola palabra de la paternal y además defienden a capa y espada que siga siendo la mujer la que tenga la capacidad de decisión sobre si le cede la baja a su pareja o no. Como si una mujer tuviera derecho a decidir sobre la relación de un padre con sus hijos por mucho que también lo sean suyos y les haya parido.
No comprenden o no quieren comprender que en muchas ocasiones los beneficios de la mujer pasan por la igualdad y que esta funciona en ambas direcciones. No solamente poniendo a la mujer en la misma altura de derechos que al hombre, sino al hombre en el mismo nivel de derechos que la mujer.
Y no solo para lo laboral.
¿Qué hay mejor para generar implicación de un padre con sus hijos que los cuide durante los primeros cuatro meses de su vida?, ¿qué hay más efectivo para terminar de forma definitiva con el rol de pater familias y la mater amatisima?
Se llenan la boca de exigir implicación de los hombres en el cuidado y educación de los niños, en las tareas domésticas y luego ignoran el camino que ponen ante sus ojos para conseguirlo. Afirman que cualquier norma que iguale a la mujer con el hombre hace avanzar la sociedad pero niegan la mayor de ese argumento cuando se trata de igualar al hombre a la mujer. No resulta en nada lógico, ¿de qué tienen miedo?
Ayer, frente al Congreso de los Diputados, el feminismo español perdió una ocasión de oro de hacerse racional, plenamente igualitario, inteligente en sus estrategias y sobre todo universal.
Lo que debe ser cualquier movimiento que revindique la igualdad.
Lo siento por ellas, incluso por las que me acusen de machista al leer esto;  lo siento por nosotros, incluso por aquellos que hemos tenido la voluntad de implicarnos en el cuidado y la educación de nuestros hijos pese a las reticencias de la sociedad y de sus propias madres. 
Otra oportunidad de ser iguales se está yendo al limbo por falta de violeta en su coloración.
Lo siento por la igualdad. Por la de hombres y por la de mujeres.

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