domingo, enero 29, 2012

El falso recorte que les saca a algunas las vergüenzas

Entre todos los recortes que nos llegan por todas las vías en este esfuerzo que nuestro nuevo presidente nos ha impuesto de ajustarnos a los gustos europeos de déficit casi no nos da tiempo a referirlos todos, a compilarlos.
Los hay para todos los gustos, en sanidad, en educación, en servicios sociales. En todo lo que se quiera mirar se mete la tijera sin pausa ni medida, mientras el Impuesto Sociedades sigue sin tocar, mientras la distribución de beneficios de empresas que tienen deudas con el Estado sigue sin tocar, mientras el agujero inmobiliario sigue sin cerrarse en aras de los dividendos.
Pero, entre todos ellos, hay uno que me ha llamado la atención. Uno que ni siquiera es un recorte pero que ha despertado iras sin cuento, reacciones desmedidas y encendidas quejas en las secciones de igualdad de los periódicos -sí, señoras y caballeros, ahora los periódicos tienen secciones de igualdad-.
Mientras los profesores alumnos y padres protestan por la pérdida de aulas de refuerzo, por los recortes en el número de docentes que hace a profesores de latín dar clases de inglés; mientras los funcionarios lo hacen por la congelación y rebaja de su sueldo mientras se sube el de sus señorías;  mientras el personal sanitario y los usuarios se quejan por el cierre de quirófanos, por la reducción en las horas de atención, por los pagos y copagos impuestos por las bravas, por el euro por receta, por el cobro de recetas a los enfermos crónicos y mientras los freaks protestan embravecidos por el cierre de Magaupload -que siempre hay algo por lo que quejarse- el tumulto feminista se queja del único recorte sanitario que no lo es.
Una vez más el bendito prisma por el que pasan la realidad les hace poner el acento, la importancia, la necesidad, en algo que ni siquiera es un recorte.
El sistema Sanitario de Baleares, aquejado como otros tantos de un déficit brutal, ha decidido establecer unas prioridades de pago y ha decidido que las mujeres que aborten en el sistema público de salud deberán adelantar el dinero del coste de la operación que luego les será reembolsado.
En realidad no es así, porque lo que ha decidido es que el pago que se hace a las clínicas por el coste de esa operación, que hasta ahora se hacía por adelantado, se introducirá dentro del calendario de pagos en el que se incluye todo lo demás.
Algo tan nimio y sin importancia, como la factura farmacéutica de la Seguridad Social, los costes de reconstrucción facial que se realizan fuera de los hospitales, los costes por cama de hospitalización en los hospitales concertados, los pagos a las empresas de ambulancias, etc, etc.
Las clínicas en las que se practican los abortos podrían asumir que son proveedores del sistemapúblico -como lo hacen todos los demás, desde las farmacias a los helicópteros sanitarios.-, adecuarse a cobrar cada tres meses -como también hacen todos los demás-  y no cobrar por sus servicios a las pacientes -como, por tercera vez, hacen todos los demás-.
Pero es mejor decir que la mujer tendrá que abonar la factura del aborto. Queda más en la línea de los recortes y de la pérdida de derechos.
Uno diría que el cierre de quirófanos o de hospitales o las reducciones del servicio de urgencias son recortes más graves, más preocupantes. Pero parece ser que no porque, según las que lo han traído a la palestra informativa, esos no "afectan a un derecho básico de la mujer recogido por la ley".
¡Acabáramos! ¡Como la educación y la atención sanitaria no son derechos que afecten a la mujer! ¡Como solamente le afecta el derecho al aborto!
Pero, en fin, a lo que vamos.
Que si hay que recortar -y parece ser que hay que hacerlo- las prioridades sanitarias tienen que estar más que claras.
Porque ese recorte, aun considerándolo como tal, es el más lógico de los que se podrían imponer en la sanidad o al menos en el sistema sanitario público.
No por ideología, no por ética. Sino por una cuestión de números. Déjenme que me explique.
Según las que cuentan el número de abortos en España y presentan cada ascenso como un triunfo -nunca he sabido exactamente por qué- en nuestro país se dan 115.000 abortos anuales -sí, 115.000, no millones como el escándalo que montan unos y otras con el tema haría suponer- y según ellas también una intervención de este porte puede llegar a costar 1.500 euros.
Así que el sistema sanitario español se gastaría 172 millones y medio de euros en este tipo de operaciones. Pero tenemos suerte, muchas mujeres se costean su propio aborto, así que solo el 60 por ciento de esta cantidad corre a cargo del Estado. O sea 103 millones de euros, redondeando a la baja -algo que no se estila- 100 millones de euros.
Pues bien si yo fuera un gestor que creyera que los recortes van a sacarnos de la sima en la que un sistema basado en nuestro individualismo y nuestro egoísmo nos ha metido, como parece que cree Don Mariano, mi opción sería clara.
Y no porque sea conservador, o de derechas, o católico o por ninguna otra condición ideológica -como la mía por ejemplo- que me haga rechazar el aborto como un derecho inalienable de la mujer.
Sería clara y meridiana por el coste de sustituir ese servicio por otro que tuviera exactamente los mismos resultados. Porque ese coste sería exactamente de 276.000 euros. Exactamente, lo que cuestan 115.000 condones.
Y así podría mantener el pago previo para las tres mujeres que fueron violadas y abortaron el año pasado en España e incluso para las 135 que abortaron por las graves malformaciones del feto.
Y todavía me sobraban 99 millones de euros. ¡Con ese ahorro hasta se los compraba de sabores y se los enviaba por Seur cada vez que necesitaran uno!
¡Claro que es una decisión ideológica! ¡Claro que pone en riesgo la práctica de abortos! ¡Claro que no me importa porque el aborto tiene una sustitución previa que es la contraconcepción que hace que se mantenga el derecho de la mujer a controlar su maternidad!
Si se cree que la reducción del gasto va a salvar el país es lógico que se minimice el gasto en cubrir irresponsabilidades manifiestas de los ciudadanos y de las ciudadanas y se apele a su responsabilidad para minimizar esos gastos que su falta de criterio genera al erario público.
Bueno, en realidad eso es necesario y deseable aunque no haya que recortar gastos, incluso aunque se crea que esa reducción de gastos no va a servir de nada.
Porque lo que seguro que sí va a servir de algo es que nos responsabilicemos de nuestras propias decisiones y elecciones aunque nos cueste esfuerzo.

Dilma Rousseff no acude a nuestro velatorio

Hay cosas que nacen muertas.
Desde hace unos años el foro de Davos se ha convertido en una cansina letanía, en un reiterado coro que entona sin demasiada afinación un réquiem por un sistema económico que está agotado y moribundo y que amenaza con quemarnos en su pira como a una viuda hindú.
Y ahora a ese monocorde mantra de propuestas ya superadas, de soluciones ya imposibles, de presencias gastadas e intentos baldíos, se una una nueva nota, un nuevo acorde disonante. Una protesta.
Los jerarcas y demás actores inscritos y presentes en el foro de Davos protestan porque Brasil no está presente. No es del todo exacto, protestan porque la presidenta de Brasil pasa de ir a Davos y envía u ministro que no tiene nada que ver con la economía.
Vamos, porque demuestra abiertamente que le importa un bledo lo que se debata y se decida en Davos. Que no está dispuesta a portar un cirio en este nuevo funeral de Estado del liberal capitalismo tal y como lo hemos entendido hasta ahora.
Y los abanderados de todas las casas nobiliarias del capitalismo liberal que se reúnen Davos, ¿protestan porque Rousseff no hace un favor a su país tomándose en serio Davos?, ¿se indignan porque la presidenta brasileña esté deando a su país lejos de los beneficios que supone encontrar una solución en Davos?
No, hombre no. Eso supondría un cambio. Eso significaría que los allí presentes han contraído un virus que les ha hecho dejar de ser Occidentales Atlánticos.
Y si hay algo a lo que nunca van a renunciar los dirigentes de esta civilización a ser como lo es su creación, como lo somos nosotros.
Se quejan de que Rousseff no vaya a Davos por único motivo, egoísta y egocéntrico, porque nosotros necesitamos a Brasil, no porque Brasil nos necesite a nosotros. Que, por cierto, no es el caso.
Necesitamos a Brasil y el gigante sudamericano nos ignora. Y eso nos molesta, nos acongoja, lleva a los sepultureros del sistema económico que nos está matando a la desesperación.
Podemos lidiar con la cortes descortesía de los chinos que escuchan, asienten, fingen entender cuando interesa y fingen no entender cuando conviene y luego hacen lo que quieren, podemos tolerar la hosca diplomacia rusa, heredado de ese periodo suyo furibundo y soviético, que alardea, amenaza y hace cuanto le viene en gana sin contar con nosotros, podemos soportar la inexistencia de La India a nivel diplomático en todos los sentidos.
Pero que nos ignoren es algo que nos saca de quicio.
Porque los occidentales atlánticos -y con nosotros nuestros gobiernos- somos como párvulos enrabietados que creemos que nuestras necesidades son ley y prioridad en todo nuestro entorno, como bebés que esperan que el mundo se detenga con su llanto y aclimate su órbita poniéndolos a ellos en el centro.
Como hacemos nosotros en muchas otras facetas, no estamos cuando se nos necesita. No acudimos en ayuda de nadie si eso nos perjudica, no defendemos los derechos de los otros contra nuestros propios privilegios, disfrazamos de caridad la indiferencia, vestimos de solidarios golpecitos en la espalda la desidia, atrezamos con convencidos asentimientos nuestra más absoluta indolencia.
Porque ¿acudimos nosotros cuando durante siglos los caciques y hacendados sangraron su tierra y a su pueblo?, ¿acudimos cuando la dictadura militar lo destrozaba por dentro y por fuera?, ¿corrimos raudos cuando las multinacionales occidentales colaboraban en la esclavitud que imponían los caucheros y los buscadores de esmeraldas y amatistas?, ¿hablamos por ellos cuando el ecologismo trasnochado pretendía negarle el desarrollo protegiendo una selva que era la única que quedaba porque nosotros mismos habíamos destruido todas las demás?
No, no lo hicimos.
Pero ahora que nosotros los necesitamos para salvar un sistema que a ellos les ha mantenido en la miseria durante generaciones, ahora que les precisamos para abaratar nuestros costes, para colocar nuestros productos, exigimos que corran en nuestro auxilio, que acudan raudos a ver que le pasa al pequeño que llora.
Y Brasil y Dilma Rousseff no nos escuchan, nos ignoran y ni siquiera tienen la cortesía que se gastaba Lula Da Silva de fingir que no lo hacen.
No les importamos porque sean perversos o se hayan convertido en nuestros enemigos, no nos castigan con el látigo de su indiferencia porque se hayan transformado de repente en regímenes autárquicos o insolidarios. Lo hacen por un simple motivo.
De tanto repetírselo al final lo hemos conseguido. Les hemos convertido en nosotros.
Davos y la defensa del sistema económico que ese foro representa no les ofrece nada. Les ofrece una posición secundaria para que el corazón del Occidente Atlántico pueda seguir siendo la princesa del baile, les ofrece lo que les ha dado durante siglos aunque de una forma falsamente edulcorada. Les ofrece colaboración que en realidad en sometimiento a los intereses corporativos de las grandes empresas estadounidenses y europeas, les ofrece posición pero no decisión. Les ofrece beneficios pero no riqueza.
Y los países emergentes que ya son como nosotros -¿no es eso lo que queríamos?- ya no tragan.
Los adalides de Davos y del sistema moribundo niegan la mayor por esa incapacidad nuestra de percibir la realidad más allá de la nuestra, más allá de los parámetros que nos hacen sentir cómodos. Se niegan a ver algo que es tan evidente como el iceberg que hizo hundirse al Titanic, se niegan a reconocer que las llamadas economías emergentes no lo son por ser liberal capitalistas, lo son precisamente por no serlo.
Dos han optado por sistemas donde el control político es casi absoluto y les importa un bledo que nosotros lo veamos mal o nos indignemos o nos preocupemos.
Por un lado, Rusia ha puesto en marcha algo que solamente puede definirse como el capitalismo mafioso, algo parecido al capitalismo feudal de Japón, pero más descontrolado, más agresivo, más ruso.
Por el otro China ha optado por una suerte de comunismo estalinista capitalista en la que el control político es total y la economía, aunque capitalista, sigue controlada y dirigida de forma férrea en beneficio del Estado -o al menos de lo que sus mastodónticos próceres consideran el Estado-.
Y otros dos, La India y Brasil, han optado por fórmulas distintas pero ninguna de ellas es la que se está velando en Davos.
En La India todo es caos, no es desregulación, es falta absoluta de la misma, es indiferencia total a las normas que Occidente considera básicas para garantizar una actividad económica, no justa, sino que le beneficie.
Y Brasil se pasa el modelo occidental de economía por el forro del Cristo del Corcovado. No controla su déficit y crea millones de empleos cada año, no respeta los axiomas de contención del gasto público y genera riqueza que cubre ese gasto con impuestos, controla la iniciativa privada y consigue empresas competitivas, fuerza la redistribución de la riqueza y consigue que las empresas sigan obteniendo beneficios.
Así que las economías emergentes miran Davos por encima del hombro y Occidente tiene que reconocer que no son emergentes por hacer lo que nosotros sino precisamente por no hacerlo. Y eso escuece.
La India y China ignora la doctrina de patentes, la legislación de propiedad industrial, Brasil controla sus recursos, ignora los presupuestos de déficit, el evangelio de la actividad privada como generadora de riqueza. Y Rusia ignora prácticamente todo. Y si eso nos perjudica nos miran de través y se encogen de hombros.
Exactamente igual que nosotros hicimos con ellos durante siglos.
Así que cuando los organizadores del Foro de Davos elevan al cielo económico de la humanidad sus amargas protestas por la ausencia de Dilma Rousseff en la reunión que lleva años intentando salvar lo insalvable, intentando operar de urgencia un cuerpo económico que ya es un cadáver, lo único que están diciendo, lo único que están haciendo es ejercer de plañideras del Occidente Atlántico que descubre que, muy a su pesar, ya no cuenta para todo como antes.
E ira a peor.

Cuando se transforma el exterminio en Holocausto

Va a ser que no es la fecha más adecuada para decirlo, para hablar de estas cosas. Va a ser que el día después de la fecha elegida para conmemorar la matanza sistemática de judíos durante el imperio del terror que nacionalsocialismo alemán impuso en Europa, no es el día más adecuado para escribir un alegato contra el institucionalismo histórico.
O a lo mejor sí. A lo mejor no hay día mejor para hablar de estos asuntos sobre el uso y abuso de la historia, que este día después del recuerdo del pogromo más reciente -bueno, el pogromo más reciente acabado- da la historia de la humanidad para hablar de estas cosas.
A ver cómo lo digo para no convertirme en delincuente de opinión en un buen puñado de países de esos que dicen que respetan la libertad de expresión.
Los nazis mataron de manera sistemática y organizada a entre cuatro y seis millones de personas por su condición de pertenecer a la religión judía o al tronco racial hebreo durante La Segunda Guerra Mundial. Pero el Holocausto no existió.
¿Cómo se come esto? Muy sencillo. Recurramos al diccionario.
holocausto.
(Del lat. holocaustum, y este del gr. ὁλόκαυστος).

1. m. Gran matanza de seres humanos.

2. m. Acto de abnegación total que se lleva a cabo por amor.

3. m. Entre los israelitas especialmente, sacrificio religioso en que se quemaba toda la víctima.

Desechada la primera acepción, incluida en 1983, bastante después de que se produjeran los hechos a los que nos referimos y que está incluida ahí precisamente para dar carta de naturaleza lingüística al holocausto al que nos referimos, nos quedan las otras dos. Pero, claro está, tratándose de algo que tiene que ver con aquellos que profesan la religión judía, creo que no hace falta decir cuál es la definición de referencia a la que tendríamos que atenernos.
Precisamente por esa definición es por la que me obligado a decir que no hubo Holocausto.
Y se me dirá que es una forma de hablar, que es una metáfora, pero me veo en la necesidad de disentir. Detrás de esa definición hay muchas cosas, hay muchos matices que la convierten en algo tan pernicioso que impide que se tenga en toda su extensión.
Si la matanza sistemática de judíos por el régimen nazi de Adolf Hitler fue un holocausto significa que fue algo diferente, algo distinto de todas las demás cosas que hizo Hitler durante su régimen del terror y la locura.
Un holocausto es un sacrificio en aras de un dios. Así que fue dios el que envió a Hitler como castigo sobre su pueblo elegido, solamente sobre él porque a dios solamente le importa su pueblo. No los gentiles, no los paganos. Solamente su pueblo.
Y eso significa dos cosas.
La primera que la población judía tenía que aceptar ese sacrificio porque venía de dios. En otras palabras, que está justificado que no hubiera un mínimo rasgo de resistencia, de combate, que fueran, y nunca esta frase ha sido más literal  "como corderos al matadero". Porque dios quería ese sacrificio como el dios de la Zarza había impuesto otros muchos como el diluvio, Sodoma y Gomorra y todas las expiaciones relatadas en el Talmud -el Antiguo Testamento de los cristianos-.
Supone que estamos rememorando el día en el que los judíos aceptaron su destino por temor y fidelidad a su dios y se dejaron conducir a la muerte porque era algo impuesto, inevitable, contra lo que nada podían hacer.
La primera vez que mi hija tuvo acceso al dato de este lúgubre y trágico periodo de nuestra historia me pregunto ¿cómo es posible que Hitler matara a tantos? y yo me vi obligado a contestarle: Porque no lucharon, hija, porque no lucharon.
Cuando años después vio La Lista Schindler repitió la pregunta de otra forma ¿por qué no pelearon? Y a eso no quise contestarle. 
No lucharon porque era un Holocausto, porque habían decidido que lo era. Porque su religión les imponía que lo era -salvo en gloriosas excepciones como Cracovia, por ejemplo-.Puede que hubieran muerto igual, como otros muchos que lucharon y murieron, pero si te enfrentas a tu enemigo, si te llevas a unos cuantos por delante antes de morir, puede que a ti no sirva para nada pero al que queda en pie le sirve de mucho.
Aunque, claro, eso ya no sería un holocausto.
Así que si conmemoramos el Holocausto estamos conmemorando que los que huyeron a Estados Unidos, Argentina o cualquier otro lugar del mundo hicieron lo correcto, dejando a sus hermanos, vecinos y correligionarios al arbitrio de un loco furioso en lugar de quedarse con ellos e intentar advertirles hasta el último aliento del peligro que se avecinaba, en lugar de luchar por su libertad y luchar por ellos mismos y su dignidad.
Si conmemoramos el Holocausto y no el pogromo, la matanza, el exterminio o como queramos llamando, estamos justificando la pasividad de aquellos que teniendo claro lo que estaba pasando se negaron a contribuir con su esfuerzo y su lucha a contener al enemigo de todos en la esperanza de que ellos no se vieran atrapados en la vorágine destructiva y racista de Adolf Hitler.
Cuando el enemigo llama a la puerta de tu vecino tienes dos opciones, siempre las mismas, por más que las decores de otra forma: o coges las armas de que dispongas y corres a socorrerle o coges las riquezas que atesores y huyes y te escondes hasta que el enemigo desaparezca.
Respeto que hagas lo segundo, pero no voy a rendirte honores por ello.
Con la conmemoración del Holocausto estamos conmemorando la visión religiosa y fatalista de esa matanza indiscriminada, estamos aceptando la inevitabilidad de la misma que en la visión de la religión judía tiene ese momento. Estamos permitiendo que se eludan las responsabilidades históricas, los fallos de actuación y de concepción que la sociedad judía de esos años cometió y que contribuyeron involuntariamente a que eso sucediera.
No es un concepto elegido al azar, no es una metáfora sonora. Es una descripción de un hecho con la que no puedo estar de acuerdo.
Y que nadie enarbole en este momento su pluma acusándome de antisemitismo -como es habitual, llegados a este punto, cada vez que se exige revisión de algo relacionado con la matanza nazi de personas judías-. Hemos revisado en cientos de libros la posición de los gobiernos y sociedades europeas con respecto al nazismo y nadie se ha rasgado las vestiduras llamándonos antibritánicos, anti galos o anti italianos. Hemos llenado líneas y líneas de ensayos políticos e históricos sobre la posición y la reacción de los Estados Unidos de América y de su sociedad civil ante el auge del nazismo y nadie nos ha llamado antiamericanos e incluso hemos escrito y revisado hasta la saciedad los errores políticos y sociales que llevaron a Alemania a permitir, tolerar y apoyar el auge del nazismo y nadie nos ha llamado anti alemanes.
Revisar la postura de la sociedad judía ante el nazismo no es antisemitismo es el mínimo que exige el análisis histórico de cualquier hecho. Respeto su visión determinista cargada de religiosidad del asunto pero no tengo porque tolerar que se me imponga.
El mundo tiene muchos ojos y no todos ven las cosas a través de las palabras del dios de la zarza.
Y el segundo motivo por el que he decir, a despecho de los que quieren fijar, una visión concreta del pogromo nazi de judíos y convertirlo en El Holocausto, es que eso le convierte en algo diferente, en algo distinto. Eso da rango de naturaleza a un principio por el cual, ya sea por los motivos y por las formas, hay muertes más importantes que otras.
Y es de nuevo un matiz, es de nuevo algo que a lo mejor otros piensan que debería dejar pasar. Pero que no dejaré pasar.
Hitler y su régimen de locura no buscó el exterminio de los judíos porque fueran judíos. Se dedicó al exterminio sistemático de esa población porque no eran arios.
Puede parecer lo mismo, pero no lo es.
Porque eso significa que están en el mismo rango que la población gitana, casi completamente extinguida a manos del loco del nacionalsocialismo alemán, que están en el mismo rango que los eslavos sacrificados en Hungría o en Polonia por el hecho de ser eslavos. Eso significa que las muertes de entre cuatro y seis millones de judíos están en el mismo rango que todos el resto de los muertos de esa guerra, en el mismo rango de todos aquellos cuyo exterminio se buscaba por no ser arios.
Nadie duda de la escabechina que hubiera organizado Hitler en África si hubiera llegado a controlar el África negra. Nadie que haya leído a Hitler -que al enemigo hay que estudiarle por repugnante que sea- puede dudar de que no pretendía dejar nadie que no fuera ario sobre la tierra, de que la única manera de sobrevivir en el mundo si no pertenecías a su adorada etnia inventada era como esclavo.
Hitler empezó por el pueblo judío porque les tenía más a mano y porque probablemente albergaba contra él por sus propias desviaciones personales una inquina especial, pero su objetivo no era exterminar a los judíos, era hacer del mundo un mundo ario. Y eso incluye a todos los demás a los otros 100 millones de personas que murieron a sus manos o por su culpa en ese aciago periodo.
Conmemorar el exterminio sistemático de judíos de una forma especial, como si fuera algo distinto del resto de la locura asesina y exterminadora de un régimen que quería rehacer la faz de la tierra a imagen y semejanza de su raza soñada, otorga más valor a la muerte de una persona judía que a la del resto, como si hubiera sido más grave.
No tengo problema en valorar la importancia del sufrimiento de eso pueblo en concreto. Tengo muchos problemas a que no se valore el sufrimiento del resto. De todos los pueblos e ideologías que sufrieron ante ese irracional enemigo.
Porque rusos, ingleses, franceses, católicos, comunistas, serbios, anarquistas, magrebíes, caucásicos, negros, latinos, gitanos y hasta arios, fueron barridos de la faz de la tierra por ese enemigo y la única diferencia que hay entre su exterminio y el llamado Holocausto es que no se puede considerar una matanza sistemática porque ellos lucharon.
Y, aunque no tenga relevancia ni poder para evitarlo, no estoy dispuesto a consentir que el recuerdo de los que realmente hicieron algo para evitar el nazismo, de los que dieron su vida para combatirlo, se subsuma bajo el de unas víctimas especificas gracias a la sabia política de comunicación de ese colectivo en concreto.
Así que el Holocausto no existió porque la matanza organizada de  entre cuatro y seis millones de judíos en la Europa controlada por Hitler no fue un designio religioso y no fue diferente del resto de las muertes que originó el régimen enloquecido y  aterrador de Adolf Hitler.
Y no es que no lo conmemore. Es que lo hago cuando conmemoro, para no olvidar nunca, el resto de las muertes generadas en el conflicto.
Cuando las conmemoro para recordar siempre a donde nos conduce la locura egocéntrica y que hay que luchar contra ella cuando aparece. No esconderse y huir.
Y si ahora quieren procesarme por revisionista, que lo hagan.

sábado, enero 28, 2012

Cuando el TS dice que un machista sólo es machista si lo es -no si lo dicen otras sin poder demostrarlo-

Pues ya la tenemos liada otra vez. Parece que esto va no a acabar nunca o, si nos paramos a mirarlo con más detenimiento, pareciera que está empezando a derrumbarse algo que parecía inamovible.
Una vez más la realidad, la más pura y absoluta lógica formal y material nos arrastra a la razón, a algo que nunca se debió perder ni siquiera en el intento de defender a aquellos, aquellas, en este caso, que no estaban en condiciones de defenderse.
A raíz de una sentencia, una de esas sentencias raudas y veloces que llevan con prisa pero sin pausa a los que maltratan a la cárcel, a los machistas a prisión, algo empieza a temblar en el entramado legal que han construido a su alrededor, en la muralla de poder de la que se habían rodeado aquellas que han decidido medrar con el sufrimiento de otras, de engrandecer un problema, aún a costa de solucionarlo, para vivir de su existencia.
Pues bien alguien fue condenado y alguien recordó que vivía en un Estado de Derecho y recurrió. Recurrió porque le parecía que no era demasiado justo que si él había sufrido arañazos y desgarrones en la piel y la persona con la que se había peleado había sufrido lesiones que tardaron cinco días en curar -es curioso que no se especifique cuánto tarda en curarse un arañazo o un desgarrón en la piel-, él fuera a la cárcel y la otra persona no. Aunque la otra persona fuera una mujer. Aunque la otra persona fuera su pareja.
Y he aquí que casi tres años después el Supremo - sí, hombre, esos señores que se supone que son los que más saben de leyes en este país- le dan la razón porque dicen:
"No debe considerarse necesaria y automáticamente como violencia de género. Pudo ser una trifulca matrimonial con agresiones mutuas, pero no dominación del hombre sobre la mujer".
Y la liamos. Se monta la marimorena. Estalla La Tercera Guerra Mundial -la de los sexos, claro-.
Porque algo que es evidente para todos estalla cuando lo dice un tribunal porque la ley le obliga a decirlo.
Que para que una agresión sea machista. El motivo de esa agresión debe ser el machismo.
Claro que también dice que para que haya una agresión solamente tiene que haber un agresor, no dos. Eso se llama pelea. Bueno, exactamente, lo llama trifulca.
Y dicen que eso, las que saben de esto, que eso está mal, que eso no es posible. Que da igual el motivo por el que un hombre pegue a una mujer, que da igual incluso que ella también le golpee -porque, claro, suponen que siempre lo hará en defensa propia, porque la mujer perfecta no es agresiva, es un espíritu puro. Eso está científicamente demostrado-.
Y dicen que "eso es una grieta que hay que cubrir en la legislación contra el maltrato porque eso puede hacer exigir a los jueces que la mujer demuestre ser víctima de una dominación machista reiterada para aplicar las penas por violencia machista".
¡Claro, hombre! No podemos consentir que alguien tenga que demostrar que el delito del que acusa a alguien se ha cometido de verdad. Es tan absurdo como intentar que aquel que denuncia un robo demuestre que poseía verdaderamente aquello que dice que le ha sido robado, tan ridículo como si se pretendiera que alguien tuviera que estar muerto para que se acusara a alguien de homicidio. Una sinrazón, vamos.
Pero ahí no queda la cosa. Los jueces han demostrado su machismo con otro texto que ha encendido la polémica, que ha hecho llevarse las manos a la cabeza a aquellas que creen que una ley puede decir lo que lo se quiera que diga sin importar que atente contra los derechos fundamentales de aquellos a los que ellas no tienen en cuenta simplemente porque tienen las gónadas colocadas en un lugar distinto y más visible que el suyo.
Una de las asociaciones judiciales más importantes afirma que:
"Coexisten dos líneas jurisprudenciales interpretativas. La primera, de corte literal, que entiende que para que exista un delito de violencia de género basta con que, en el marco de una relación sentimental, el varón golpee o amenace a la mujer. La segunda, de orientación finalista, que sostiene que, además, es preciso que se acredite en el caso concreto que la conducta presente rasgos distintivos de discriminación por razón de sexo, que evidencien la existencia de una situación de dominación del hombre sobre la mujer. Ambas opciones son jurídicamente admisibles, y muchos juzgados y tribunales aplican una u otra".
Y claro eso no puede ser. No tiene sentido para aquellas que han eliminado el móvil de todo delito cometido contra la mujer. Porque la orientación finalista, es decir la que se aplica en todo el resto de los delitos, obliga a demostrar la finalidad para catalogar un delito de una forma específica.
Por eso no todo el que mata o mataba en Euskadi era un terrorista. Porque había que demostrar que el asesinato había sido cometido con ese fin por alguien perteneciente a esa banda; por eso todo el que, siendo de origen ruso, mata a alguien no es considerado miembro de las mafias rusas y por tanto juzgado y condenado con el agravante de pertenecer a una red criminal con base en Vladivostok; por eso todo el que, en mitad de una reyerta en un bar por dos pirulos de éxtasis, mata a un hombre negro no es acusado de un crimen racista.
Porque para definir la finalidad de un crimen hay que determinar esa finalidad.
Así que, si hay penas superiores por un maltrato machista que por una agresión que no tenga ese componente, los magistrados se ven obligados a exigir, en justicia, que se demuestre que ese componente existe en la agresión.
"En la práctica, esa exigencia supone juzgar a la víctima, supone que cada mujer que denuncie por maltrato será sometida a juicio", dice la indignada Presidenta del Observatorio contra la Violencia de Género.
Pero de nuevo se equivoca. Bueno no se equivoca, finge equivocarse.
Lo único que demanda esa línea de jurisprudencia es algo que se le exige a todo acusador, a todo demandante, a todo fiscal. Que demuestre que los cargos que presenta son ciertos.
Porque, aunque las defensoras de la malhadada ley y su interpretación literal, no quieran tenerlo en cuenta, los jueces no olvidan que la carga de prueba recae sobre el acusador.
Si tú dices que te han agredido, tienes que demostrarlo. Y si dices que ha sido por machismo, también. Nadie te juzga. Simplemente te obliga a demostrar que dices la verdad.
El principio básico del ejercicio de la justicia.
Pero no. Una agresión de un hombre a un mujer es machista por definición. Aunque medie una pelea, es machista. Aunque sea para robarla, es machista. ¿por qué?  Porque alguien ha decidido que todo hombre es machista.
Saben que no es así, pero han decidido que todo hombre es machista para verse libres de una obligación que todo el que reclama justicia. Demostrar que su causa es justa y que responde a la verdad.
Y claro que la ley dice literalmente eso. Claro que dice que toda agresión de un hombre a una mujer dentro del entorno afectivo se debe al machismo. Pero lo que está más no es la interpretación finalista de la jurisprudencia.
Es la letra de la ley que, pese a todas las advertencias europeas, bordea el límite interno del fascismo al asignar una condición. el machismo, a un grupo de individuos en su conjunto por compartir un rasgo biológico, ser hombres.
Pero aun así los jueces, a los que con toda lógica les tiemblan las carnes ante los problemas legales, dan una salida fácil y sencilla, para mantener  esa aciaga ley.
si quieren demostrar ante un tribunal que una agresión forma parte de un intento de dominación machista sólo tienen que hacer algo muy sencillo:
 "Si existe una lista de antecedentes de agresión y una sucesión de partes de lesiones a la víctima, se supone que son pruebas suficientes de dominación. Si hay dentro de la acusación referencias expresas sobre la superioridad del agresor o sobre la inferioridad de la agredida, si se presentan testimonios de que en cualquier ambiente o entorno ese hombre ha emitido comentarios machistas, pueden ser pruebas de la existencia de ese deseo de dominación machista".
Es lógico. Yo no puedo acusar a alguien de neonazi por ir rapado y llevar unas Doc Martins, tengo que esperar a que levante la mano y grite ¡Heil Hitler! -o algo parecido-. Yo no puedo acusar de racista a alguien porque se esté peleando a brazo partido con un negro. Tengo que haber escuchado antes de él que "todos los negros merecen morir" o esperar a que durante la trifulca diga algo parecido para poder incluir el racismo como un agravante.
Si el individuo en cuestión tiene una lista de antecedentes más larga que la de los implicados en los Eres de la Junta de Andalucía y en esos se incluyen pintadas racistas, persecuciones a negros y palizas anteriores a africanos, entonces puedo decir, sin demasiado temor a equivocarme, que es racista.
Pero las que defienden la Ley de Género - y la llamo así porque han demostrado que les importa mucho más el género que la violencia- afirman que eso no puede ser así porque ¿qué pasa si no se tienen esas pruebas?
Pues lo que ha pasado siempre. ¡Que no hay caso!
Se castigará la agresión, el golpe, el insulto o la amenaza. Pero no se incluirá el agravante que convierte ese golpe o ese insulto en algo machista. El que ha insultado o golpeado sufrirá exactamente el mismo castigo que una mujer que hubiera insultado o golpeado ¿es eso injusto?, ¿es eso intolerable?
No, es la esencia misma de la justicia. Lo que diferencia un delito de otro no es la naturaleza intrínseca o biológica de aquel que lo comete -salvo en los casos con menores implicados- son los agravantes y los atenuantes y las finalidades. Por eso si no hay machismo demostrado y demostrable no hay condena por machismo. La hay por agresión, pero no por machismo.
Y ellas mantienen que eso desvirtúa la letra de la ley. Y tienen razón, precisamente por eso justo. Porque la ley desvirtúa de principio a fin la letra y el espíritu de la justicia.
Y como las féminas intransigentes que siguen intentando galopar en el caballo desbocado de esta ley ven que se abren grietas por las que le resulta posible escurrirse a la justicia, pretenden taparlas a toda prisa, pretenden cerrarlas para que nada se escape de su ley que saben injusta pero útil a sus fines.
Y por eso mandan a algunos de los suyos, a sus ojos y oídos en el poder judicial, en el Consejo del Poder Judicial, concretamente a la arena dela lucha por cerrar la lay por eliminar en ella todo rastro de justicia.
Estos vocales - mayoritarios en el Consejo, no olvidemos como se elige- han propuesto al Congreso y al Senado una nueva redacción del artículo de la ley en la que al acto del maltrato se le añada la frase "con cualquier fin".
¡Alegría!. Y de paso pueden modificar otras leyes y decir que todo disparo en Euskadi efectuado "con cualquier fin" es terrorismo, que todo traje comprado en un sastre madrileño por un político "con cualquier pago" es corrupción y que toda proposición sexual "con cualquier fin" es intento de violación.
¿Por qué no?
Si la finalidad del delito viene determinada por la legislación podemos convertir en terrorista a quien queramos, en mafioso a quien nos de la gana y en psicópata a quien nos venga bien.
¿De verdad no son capaces de entender que si un hombre agrede a una mujer para robarle el móvil no es el machismo?, ¿de verdad no entienden que si un hombre abofetea a su pareja porque le ha arañado el rostro no lo hace por machismo?
¿De verdad quieren que nos convirtamos en el Berlín de 1933 en el que todo acto de un judío era delito por el hecho de ser judío, independientemente de la finalidad que persiguiera con ello?
Pero claro, como no podía ser de otra forma, la ínclita Montalbán, presidenta del Observatorio, uno de esos organismos que gasta el dinero en los sueldos de las que lo dirigen y en la realización de estudios haciendo que solamente el 15 por ciento del dinero destinado a las maltratadas les llegue a ellas mismas, se muestra de acuerdo con la propuesta porque, "acabarían con esta preocupante sensación de inseguridad jurídica".
No, señora Montalbán, no. Aumentaría la inseguridad jurídica hasta límites que no se conocían desde que los camisas pardas incendiaron las estancias del Reichstag.
Porque ya cualquier cosa que hiciera un hombre, independientemente de su finalidad, sería por machismo. Si un hombre mata a su esposa porque esta le persigue con un cuchillo como su acto es "independiente de su finalidad", sería condenado por asesino machista.
Si un hombre abofetea a su pareja para dejarla inconsciente y evitar un ataque de epilepsia -cosa que hacen incluso en situaciones de urgencia en los hospitales, por cierto- como el acto es independiente de su finalidad, sería violencia machista.
La inseguridad jurídica se extendería como un reguero de pólvora por este país, pero claro solamente entre los hombres y a esos la inefable Montalbán no los tiene en cuenta.
La interpretación finalista no deja a las mujeres maltratadas en inseguridad jurídica, las arroja sin ambages y sin paños calientes a la responsabilidad jurídica.
Su palabra no basta. Si quieres acusar a alguien tienes que aportar pruebas de su delito y si quieres que se le juzgue por un delito cometido con una finalidad concreta, tienes que aportar pruebas de esa finalidad.
No vale que digas mi pareja me ha pegado porque es un machista para que vaya a la cárcel y tiren la llave.
Tienes que probar ambas cosas.
¿Es eso inseguridad jurídica? Yo diría que todo lo contrario. Es la completa seguridad de que la justicia funciona como debe. Aunque sea con los hombres.
Aunque sea penoso que yo se lo tenga que decir a una jueza, que ha olvidado lo que es la ley y lo que son sus mecanismos simplemente porque ahora dirige un Observatorio que en lugar de observar intenta cambiar la realidad para adecuarla a su imaginación.
Porque sí, queridos y queridas. La señora Montalbán, aunque no lo parezca, hubo un tiempo en que fue jueza.
Ahora ha perdido el derecho a que la llame Señoría.

viernes, enero 27, 2012

El jurado de Camps le patea la sien a Roodney King

Me resistía yo a hablar de la sentencia de inocencia de de Camps que yo no será de momento culpable de aceptar trajes y otros regalos impropios de su cargo.
Me resístía porque no quería caer en lo mismo que he criticado -sí, ya lo sé ¿quien se preocupa de eso? ¡vaya tontería!-, porque no creía anteponer mi opinión y mi creencia a una decisión de aquellos que han sido habitiitados para tomar tales decisiones.
Así que, como no puedo moderme la lengua -por probablemente me envenenaría-, no voy a hablar sobre la inocencia o culpabilidad del señor Camps, que ya es inocente a menos que un recurso de la fiscalía y una nueva sentencia demuestren lo contrario, voy a hablar de por por qué creo saber que el señor Caps ha sido declarado inocente.
Francisco Camps ha sido declarado inocente porque hoy en la política, como en otros muchos asuntos nosotrossomos incapaces de pensar en contra nuestra. Poque igual que no podemos ver las faltas del central de nuestro equipo de fútbol, igual que no somos capaces de reconocer los fallos interpretativos de nuestra actriz favorita, somos incapaces de cuestionar a aquel al que votamos.
Nos sentimos atacados cuando se le ataca a él, nos sentimos insultados cuando se le cuestiona. Nos hemos vuelto tan maniqueos que parece que juzgar a un político es juzgar a un partido y juzgar a un partido es juzgar a sus votantes y por eso los votantes de un partido tienden en su mayoría -que siempre hay excepciones- a defender a sus políticos como si de verdad fueran suyos, a capa y espada, con uñas y dientes, sin pararse a pensar si es posible que los que les critican tengan razón aunque ellos le hayan votado.
Solamente lo creo pero me resulta muy llamativo que en el jurado que ha declarado inocente a Francisco Camps se mantenga prácticamente la misma proporción que en el voto en las últimas elecciones valencianas. A lo mejor no tiene nada que ver.
A Francisco Camps le han juzgado no culpable porque le han juzgado en casa. Se han empeñado hasta conseguirlo que se le juzgue en valencia. Que no lo haga el Supremo, que no lo haga la Audiencia nacional. Que se haga en Valencia.
Y no es extraño. La incapacidad de pensar contra nosotros nos hace también incapaces de ir contra aquellos que votamos porque los consideramos nuestros, nuestros vínculos con el poder. Porque nos parece que si gobiernan ellos es como si gobernaramos nosotros y que si caen ellos es como si cayeramos nosotros.
Así que no miramos más allá, no vamos más adelante. Somos como el jurado del barrio de Los Ángeles, habitado mayoritariamente por policías, que declaró incocentes a los que patearon hasta la muerte a Roodney King mientras alguien lo filmaba.
Como les conocemos, como nos sentimos identificados, la realidad no nos importa. Son inocentes porque son de los nuestros. Sus motivos tendrían, punto final ¿quién se creen que son los de fuera para cuestionar lo que hacemos aquí?
Pero sobre todo -y para acabar este post pequeño para un crimen pequeño y una entencia pequeña- porque hemos cometido -esta vez de forma institucional y legal- el mismo error que en otros muchos juicios cometemos. Dejar que el pueblo juzgue. Como si ser pueblo, como si ser emisor del poder judicial, te capacitara ex natura para ejercitarlo.
Así, Camps ha sido declarado inocente porque gentes que nada saben de leyes se han dejado convencer de que la inexistencia de facturas de los trajes no es una prueba y de que nadie ha presentado pruebas de que no los pagara, ¡Como si la no existencia pudiera probarse!, ¡Como si estuvieramos en una discusión teológica sobre Dios!.
Supongo que esas nueve personas no intentarán utilizar el mismo argumento con la Agencia Tributaria. Porque la inexistencia de facturas o documentos acreditativos es legalmente una prueba de la inextencia del pago.
- ¿Qué no he pagado la declaración de la Renta? ¡Demuestreme que no lo he hecho!
- No, señor. Tiene 15 dias para preserntar el documento acreditativo de que ha efectuado el pago. Sino, procedermos por la vía de apremio.
Camps ha sido declarado inocente porque ha sido juzgado por personas que no tienen ni idea del concepto de clientelismo que haría que cualquier profesional de la magistratura pusiera, cuando menos, en tela de juicio el testimonio de un empleado que afirma haber soltado sin pestañear 1.000 euros para pagar un traje a aquel que le ha dado de comer durante un buen puñado de años.
Francisco Camps ha sido declarado inocente porque gentes que nada entienden de procesamientos, de leyes ni de delitos han sido convecidos de que como en las cintas escuchadas no se dice directamente "te he regalado los trajes" no son una prueba determinante de que la trama Gürtel se los dio al procesado, aunque cualquier experto en procesamiento consideraría una frase como "si callas y me sacas de esta, te llenaré de oro" como un indicio más que sospechoso de cohecho.
Así que Francisco Camps es inocente porque así lo ha decidido la Justicia. Y tal vez lo sería también de cualquier otra forma. Pero ahora es inocente porque le hemos encargado la justicia a aficionados. A ver si alguien saca en claro algo de esto.
Aparte de la incocencia de Francisco Camps, claro está.

Cuando se tiende a olvidar la vida antes del polvo


Hay asuntos permanentemente no resueltos, permanentemente en el candelero. Hay discusiones que se vuelven eternas porque no pueden acabarse, porque no se quieren afrontar desde los puntos de vista que la lógica y la reflexión más efímera impondrían sobre ellas sin ningún problema.
Disyuntivas que nos vuelven porque no han sido cerradas, bifurcaciones que se nos vuelven a abrir porque no han sido cegadas de una vez por todas. Y una de esas dicotomías formales y materiales que nos regresan con cada cambio de gobierno, con cada muda política, con cada deriva ideológica es el aborto.
Hace unas fechas el señor arzobispo Rouco Varela se lanzó a la palestra pública desde el púlpito faraónico de la Plaza de Colón para  pedir que fuera su vista y su fe la que marcará la ética social sobre el aborto.
Más allá de la falla política que supone esa exigencia, hizo acopio de fuerzas y recordó a todos sus argumentos.
Ahora, amenazadas como se sienten por los anuncios del ministro de Justicia, el otrora faraónico también alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, las otras ideólogas que pretenden arrimar el ascua del aborto a su sardina contraatacan. Y lo hacen de la misma manera falaz que hiciera el arzobispo en el púlpito, lo hacen de la misma forma ilógica en lo formal y en lo material que hiciera Rouco al vincular sus exigencias a una moral que aunque respetable es sólo suya y de los que están de acuerdo con él.
Como el bueno de Gallardón anuncia veladamente la vuelta a una ley de supuestos -y no de plazos- ellas se descuelgan con una frase contundente.
"El cambio implicaría una pérdida de derechos, como el de la maternidad libremente decidida”.
 En esencia parece demoledora, parece irrebatible, parece definitiva. Parece un argumento que no tiene contrapeso posible porque ese derecho es incontestable, es justo.
En esencia parece todo eso. Pero es mentira.
Porque el aborto no tiene nada que ver con la maternidad libremente elegida, aunque nadie -y yo menos que nadie- cuestione ese derecho.
Artificiosamente, como en un debate de instituto en Estados Unidos, las abortistas olvidan o pretenden hacer creer a quien les lee y les escucha que olvidan una realidad y un principio generador del Estado de Derecho.
La realidad es tan evidente que parece imposible que se nieguen a tenerla en cuenta y es, si se me perdona lo prosaico de la expresión, que existe el mundo antes del polvo y que los niños, como nos desveló el mítico anuncio de Chupetín, no vienen de París.
Las defensoras del aborto como un derecho emanado del de la libre elección de la maternidad olvidan sus lecciones de primaria sobre eso de la reproducción humana y tratan los embarazos como algo que llega a las mujeres así de repente, como quien no quiere la cosa.
Curiosamente, o se vuelven evangélicas y tratan toda concepción como si fuera obra y gracia del Espíritu Santo -en forma de maromo musculado, claro está- o se vuelven pre científicas y la tratan como si fuera ocasionada por generación espontánea, como el nacimiento de los cocodrilos del Nilo.
Como olvidan o fingen no recordar que para quedarse embarazada es imprescindible el susodicho polvo, tratan el derecho a la maternidad libremente elegida como si solamente se pudiera aplicar, como si la mujer solamente pudiera ejercitarlo, una vez embarazada y por eso el aborto es una consecuencia de ese derecho, es la forma de garantizar el derecho a la maternidad libremente elegida.
Pero todos sabemos que no es así.
Hay mundo y existencia antes del polvo.
Y por tanto, aunque nadie niega ese derecho como algo inalienable de la mujer, el momento para ejercitarlo es antes, no después, del mismo -del polvo, se entiende-.
Si alguien realmente quiere controlar su maternidad y elegirla libremente se pondrá un DIU, un diafragma, se ligará las trompas o se tomará la píldora -o incluso todo ello a la vez si está muy concienciada-. Porque ese es el momento en el que te aseguras no solamente que serás madre sólo cuando desees serlo sino que tu derecho libremente ejercido no entrara en conflicto con los derechos de ningún otro ente jurídico o personal.
Porque el nasciturus es un ente jurídico con derechos y sus derechos se enfrentan al de la libre elección de la maternidad en cuanto es concebido pero no existen cuando aún no lo ha sido. La solución es simple. Si no concibes no hay derechos del nasciturus que proteger, no hay conflicto. No hay aborto.
Y todavía vas más lejos. Porque incluso después del polvo -sigo con lo prosaico- tienen un periodo en el que pueden ejercer ese derecho a una maternidad libremente elegida sin entrar en conflicto con los derechos de terceros. Si utilizan cualquiera de los métodos contraconceptivos postcoitales pueden controlar su maternidad antes de que la concepción le genere derechos al nasciturus.
Pero en su defensa de la libertad de elección de la maternidad, las defensoras del aborto olvidan el mundo antes del coito, antes del polvo. No mencionan nunca los anticonceptivos, no mencionan nunca las casi infinitas posibilidades de evitar la concepción, entre las que está, no lo olvidemos, eludir el polvo en cuestión, que es menos placentero pero no imposible, reconozcámoslo.
Así que lo que en realidad se está pidiendo con el aborto libre en el plazo no es que se garantice el derecho a la libre elección de la maternidad, es que se dinamite un principio básico del Estado de Derecho que consiste en que  todo derecho lleva aparejada de forma ineludible una responsabilidad.
Lo que se pretende sacralizar es el derecho de la mujer a no hacerse responsable de la libre elección de su maternidad hasta que no le resulta absolutamente necesario pese a que entre en conflicto directo con los derechos de terceros.
Porque si todo embarazo viene de un polvo, la principal forma de controlar el embarazo es controlar el polvo.
O lo haces seguro o no lo haces.
Y no importa lo bueno que esté el tío y no importan las copas que hayan calentado tu vientre y tu gaznate y no importa cuánto tiempo lleves en el dique seco. Es tu responsabilidad asegurarte de que no vas a ser madre si no quieres serlo. Es tu derecho elegir cuando vas a serlo pero es tu deber impedir que lo seas si no quieres serlo.
Y no se puede exigir al Estado que te cubra si no has cumplido con tu deber. Se le puede pedir. Pero no es un derecho ¿por qué debería el Estado anteponer los derechos de un ciudadano irresponsable a los de un ente jurídico que no ha cometido omisión alguna de su responsabilidad?
Pero claro, hoy por hoy, no nos gusta que nos recuerden nuestros deberes, nuestras obligaciones, nuestras responsabilidades. En nada. Y mucho menos cuando hay polvos de por medio.
Si has hecho negación por dos veces de tus derechos -en este caso el de controlar tu maternidad- no tienes capacidad ética para exigir al Estado que te saque del atolladero cuando tu derecho ya entra en conflicto con el de otro que no ha hecho nada ni ha eludido responsabilidad ninguna para encontrarse en esa situación.
Estamos intentando anteponer el derecho a la irresponsabilidad -que nadie ha definido nunca como inalienable del ser humano- al derecho a la vida -que todo el mundo con dos dedos de frente ha descrito como connatural al género humano-.
Y ningún argumento en contra de esa afirmación, en este país, en esta situación y en esta realidad, es otra cosa que una excusa o una excepción.
No podemos hablar de falta de acceso porque en todos los supermercados y en todas las farmacias venden condones, porque en la sanidad pública se prescriben anticonceptivos.
No podemos hablar de imposibilidad económica porque un aborto cuesta 3.400 machacantes y un condón 2,4 euros.
Y lo demás, los fallos, las violaciones, las malformaciones del feto, etc. son excepciones que deben ser tenidas en cuenta pero que no forman parte de la norma.
Porque tirar de definiciones de humanidad más allá de tal o cual semana bordea el fascismo más absoluto si se tiene en cuenta que hay una pregunta ante la cual solamente cabe una respuesta posible: ¿qué nace de cualquier embarazo humano si este se lleva a término?
No daré la respuesta porque es tan obvia que decir otra cosa sería ridículo. Algo no cambia de naturaleza en nueve meses.
Todos lo sabemos, aunque nos agarremos a un clavo ardiendo para justificar lo que queremos hacer.
La mujer que se preocupa realmente por ejercer libremente su maternidad simplemente no se queda embarazada por profilaxis o por abstención. Y defender cualquier otra cosa lo único que oculta es la exigencia de que el Estado nos facilite una forma de solucionar nuestras elusiones para no tener que hacernos responsables de sus consecuencias. Y eso no es un derecho inalienable.
Así que las defensoras fallan exactamente en lo mismo que los detractores.

El aborto no depende de la moral ni depende de la defensa de un derecho. Ni dios ni la mujer tienen, ni han de tener, poder sobre la vida humana. Ya sea sobre su final o sobre su principio.
A ver si ahora va a resultar que las causalidades biológicas nos dan poder sobre la vida de los demás. Porque se me ocurren algunos ejemplos que no creo que les gustaran demasiado.
El aborto sólo puede definirse, al igual que la pena de muerte, que la eutanasia, que el suicidio, a través de un contrato social en el que un grupo de individuos definan los parámetros de lo que consideran aceptable y rechazable dentro de su ética común.
Y para establecer un contrato social hay que preguntar a la sociedad. No hemos olvidado cómo se hace eso, ¿verdad?

miércoles, enero 25, 2012

Wuterich & Auditores Inc. abre a la baja en el mercado financiero de la vida humana

Como los mercados andan en situación de soponcio permanente y parece que las autoridades económicas no son capaces de apartarlos de los sobresaltos constantes que están a punto de llevarnos a nosotros a urgencias -por desnutrición, claro está- parece que las autoridades militares estadounidenses han decidido tomar cartas en el asunto.
No es algo normal en un país en el que los militares son listos y no dejan ver que están por encima del poder, más allá de la ley y en el centro mismo de la economía, pero parece que la situación es tan grave que han decidido intervenir.
Y su idea ha sido abrir un nuevo mercado. Uno que permanezca estable y que contribuya a tranquilizar a los otros. Uno que no dispare la inflación y en el que la especulación, aunque inevitable, se mantenga dentro de los límites razonables.
La Auditoría Militar de Los Estados Unidos de América, con sede en Maryland, Virginia, ha inaugurado con éxito el mercado de vidas civiles. Un mercado por supuesto internacional en el que todos están invitados a participar.
Y para demostrar que es un mercado diferente, un mercado estable, han permitido que abra a la baja. La vida humana se cotiza a cero y bajando con un vencimiento aproximado de tres días.
¿De dónde sale esta cifra? Muy sencillo. Es el resultado de dividir las 25 personas que murieron en un ataque de furia de las Corps de Marines en Irak por entre los días de condena que le han impuesto al único encausado por tal masacre. Tres meses de condena por 25 personas muertas. Aproximadamente tres días y pico por cada una.
Ciertamente el mercado de vidas ha abierto a la baja.
Ya se barruntaba algo así con los experimentos anteriores. La Compañía de Marines miccionadores, primera entidad militar en cotizar en este nuevo mercado, anticipaba algo por el estilo. Que les acusaran de conducta impropia y simplemente se les condene a un par de meses de reclusión y a la licenciatura con deshonor por orinarse en el rostro de unos afganos muertos no era una señal muy halagüeña para la apertura del mercado de vidas militar en Estados Unidos.
Pero lo de la sentencia al sargento  del Marine Corps Frank Wuterich ha hecho desmoronarse la cotización a límites que no se veían desde la Gran Depresión. 25 muertos, tres meses es una correlación que pocas civilizaciones pueden ni siquiera entender.
Pero no es que los auditores militares estadunidenses no hayan encontrado pruebas de lo ocurrido, no es que solamente se le pueda acusar de negación de auxilio o de no impedir la matanza que otros perpetraron. Es que han hecho un trato. Así de sencillo.
Ellos saben que al chaval, de 31 años, 24 cuando ocurrieron los hechos -¿alguien me puede explicar cómo es posible que un sargento tenga 24 años y se le envía a liderar hombres a la guerra?-, ordenó que se matara sistemáticamente a toda persona que se encontrara en la aldea iraquí de Thaer Thabet al-Hadithi después de que una bomba colocada en la carretera hiciera saltar por los aires el primer coche del convoy que comandaba y matara al conductor.
Ellos saben que el mismo sacó a un taxista a dos adolescentes de un coche y les descerrajó dos tiros a cada uno en la cabeza mientras sus hombres, siguiendo sus órdenes, entraban en las casas y ametrallaban a todo el que se encontraban por delante.
No es que ignoren que entre ellos diez mujeres y niños. No es que importen más que los hombres, pero en estos casos parece que es más grave, que son más civiles. Como si a un varón no se le concediera nunca del todo la condición de no combatiente. Como si no se la hubieran ganado con creces a lo largo de los siglos.
No es que no hayan visto la cinta que grabó un habitante de la aldea escondido en una azotea que logró escapar de la carnicería en la que se ve al sargento de marras animar a sus hombres a que, así, sin preguntar, sin ninguna demora, arrojaran granadas de fragmentación por las ventanas y las puertas de las casas antes de entrar en ellas.
No es que desconozcan que hasta los propios soldados que acabaron con esas vidas supieran que estaba mal lo que estaban haciendo hasta el punto de que se inventaron un ataque de insurgentes posterior a la explosión para justificar los cadáveres que fue reflejado en la prensa de entonces y en el parte militar de bajas, más o menos así.
"Un soldado del Marine Corps de EE UU y 15 civiles perdieron la vida ayer por la explosión de una bomba en una carretera en Haditha. Inmediatamente después de la explosión, hombres armados atacaron el convoy con armas de fuego. Soldados del ejército iraquí y los marines respondieron a los disparos, matando a ocho insurgentes e hiriendo a otro".
Los auditores militares saben que ocurrió todo eso y no se preocupan por negarlo pero como no se le puede joder la vida al chaval, han decidido que todo eso no constituye un delito de homicidio. Ni siquiera sacar de un taxi a un ser humano -a tres en este caso- y dispararle en la cabeza es un homicidio.
Es algo vagamente llamado negligencia en el deber, pero no es homicidio. Ni por supuesto asesinato, masacre, matanza o ejecución ilegal. ¡Hasta ahí podíamos llegar!
No sé si es que se ha inventado una nueva figura penal que se debería bautizar como iraquicidio o islamicidido o civilicidio o xenocidio -¡anda, esa ya existe, de nuevo el mítico Orsond Scott Card nos lleva la delantera!- que no deba penarse porque esas muertes no importan a nadie, pero el caso es que si matar a 25 personas no es un homicidio porque se produce en Irak, si hacer saltar un coche por los aires con su ocupante dentro no es un acto de terrorismo porque ocurre en una avenida de Teherán, entonces el nuevo mercado financiero de las vidas humanas va a seguir a la baja.
Y no vamos a poder pararlo. No vamos a poder hacerlo repuntar.
Los locos fanáticos de la yihad se encogerán de hombres cuando una de sus bombas haga saltar por los aires a otros diez, veinte, cien, o tres mil estadounidenses, españoles, ingleses o franceses y dirán que el occidentalicidio no es homicidio, los que utilizan la fuerza y la violencia para defender cualquier punto de vista -razonable o no- impondrán el mismo criterio cuando hagan volar un autobús y dirán que el civilicidio no es homicidio, cuando ametrallen un cuartel de una fuerza de ocupación y dirán que el xenocidio no es homicidio.
La Auditoria Militar estadounidense ha abierto un mercado con su arreglo con el sargento Wuterich por el cual no podemos echarle nada en cara a las lapidaciones iraníes, a los asesinatos represivos sirios, a los escuadrones cívicos y sus acuchillamientos en la noche de Chávez en Venezuela, a las ejecuciones sumaria iraquíes, a los asesinatos nada selectivos israelíes -bueno, a esos poco les echamos ya en cara-, a las limpiezas étnicas birmanas, a los asesinatos religiosos en Nigeria, a las ejecuciones sumarias en China, a las muertes de disidentes en Cuba, a las matanzas secretas  y públicas de los cárteles en México.
Porque en este nuevo mercado de vidas que cotizan a tres días y pico de vencimiento el "otrocidio" no se pena, no se castiga. Y nosotros, aunque nos creamos el centro del universo en expansión, siempre seremos "los otros" para aquellos a los que nosotros tratamos de igual forma..
Alguien me dijo ayer sin ir más lejos que ya no hay ética en el mundo y yo le dije que se equivocaba de medio a medio. Se lo dije y lo mantengo.
La ética está ahí y es solamente nuestra renuncia a ella lo que hace que no se aplique. No podemos esperar que la ética se personalice en una bella figura de corte heleno con túnica, como la justicia, la victoria o la venganza clásicas, y nos obligue a respetar su imperio.
Ya está ahí. Ha estado siempre. Por eso los heroicos componentes del Primer Batallón de Marines destinado en Irak -¡Semper Fi!- fingió un ataque insurgente, porque sabían que lo que acaban de hacer atentaba contra cualquier ética conocida o por conocer; por eso la Auditoria Militar de Los Estados Unidos de América se ha inventado un rocambole judicial para no fusilar al sargento de marras, porque sabe que lo que hizo es una locura, es una falla ética de las dimensiones de la de San Andrés, por eso los locos furiosos se inventan explicaciones divinas e interpretaciones proféticas, porque saben que lo que hacen no responde a ética ninguna.
La ética está ahí. Pero nosotros la dejamos descansar.
Ella no se ha esfumado. Somos nosotros los que hemos desaparecido. Es el Género Humano el que se difumina sin prisa pero sin pausa. Somos nosotros, todos nosotros, los que hemos encerrado a la ética en lo más profundo de nuestros endurecidos y cada vez más inservibles corazones, custodiada por un regimiento de nuestros egoísmos y una brigada especial de nuestros miedos, y hemos tirado la llave a la más profunda de las simas marinas que hemos encontrado.
Porque todo parte y surge de nosotros. De la decisión que tomamos cuando decidimos que todo valía. Esto no viene del complejo militar industrial estadounidenses, de la furiosa regresión a la barbarie que supone toda guerra, del imperialismo yanqui, ni de la insensibilidad militar. Viene de una sola cosa, de una sola decisión que nos caracteriza como civilización: la objetivación del otro.
Este mercado se abrió cuando decidimos que se puede entender y tratar al "otro" como un objeto. Y eso fue hace mucho tiempo.
Empezó cuando decidimos que se podía utilizar un embazado y un bebé como una herramienta de curación para nosotros mismos, cuando decidimos que nuestros vástagos tenían que ser usadas como extensiones de nuestros sueños y curaciones de nuestras frustraciones, cuando aceptamos usar a otros y otras, encontrados en la barra de un bar en la pista de una discoteca, como un objeto para cubrir nuestras necesidades de placer, cuando decidimos usar a otros,  en nuestra oficina, en nuestro despacho o en nuestro centro de trabajo, para afirmar nuestras necesidades de poder o de relevancia, cuando decidimos, en definitiva, que como nosotros éramos el centro del universo, nosotros éramos la única persona que importaba y por tanto los otros no eran considerados ni siquiera personas. Eran simplemente "los otros".
Y ahora ese mercado ha puesto a cotizar a la muerte.
Y eso nos asusta, nos contrae. Pero no hay ni una sola diferencia entre lo que llevó al ya soldado -porque le han degradado, eso sí- Wuterich a descerrajar dos tiros en la cabeza de un taxista iraquí que pasaba por ahí para intentar apagar la ira que la muerte de su compañero le había causado y cada una de las cosas que nosotros hacemos para lograr apagar nuestros miedos, nuestras frustraciones, nuestros calentones o nuestras pasiones.
Los otros son objetos. Por eso usarlos no es delito -ya sea en Irak o en La Posada de Las Ánimas -algún día os hablaré de ese peculiar garito-, Por eso ignorarlos no es pecado -ya sea en África o a la vuelta de la esquina-. Por eso matarlos no es un homicidio.
Una vez más el espejo del horror nos devuelve nuestro propio rostro mientras la ética sigue llamando insistente y no escuchada a nuestra puerta. Si no se la abrimos para lo pequeño, para lo cotidiano, ya nunca podremos exigir a nadie que se la abra para lo esencial.
Aunque nos joda, la responsabilidad de contener el desplome del mercado de la vida humana vuelve a ser nuestra.
PD
Un matiz: He podido escribir todo el post si llamar asesino ni homicida a Wuterich porque legalmente no lo es. Y el que tenga oídos para oír que oiga.

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