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martes, agosto 02, 2016

Hay silencios que matan como las armas

Según para qué cosas me encantan los silencios.
Hay silencios intensos de esos que mantendrías todo el tiempo del mundo y silencios tranquilos de esos que persisten en la memoria más allá de los ruidos que acaban por matarlos.
Y luego hay otros silencios.
Silencios sorprendentes como el de aquellos que pese a estar siempre con Venezuela en la boca y la pluma, pese a hablar y escribir hasta la extenuación de un informe escrito para el gobierno bolivariano y criticarlo hasta la extenuación, ahora callan cuando nuestro Gobierno aprueba ventas de patrulleras y cañones por valor 10 millones de euros a ese régimen como callaron el año pasado cuando hizo lo mismo con armas y material antidisturbios por valor de otros 15 millones.
¿No contribuye ese material y esas armas más al sostenimiento del régimen de Maduro de lo que lo hiciera un informe de estrategia política al de Chávez en su momento?
Los autores de ese sorprendente silencio no contestan, solo callan.
Como callan aquellos que, después de hablar y perorar hasta que se les inflamaron las cuerdas vocales porque unos políticos salían hablando en una cadena financiada con dinero iraní o porque hacían visitas a la cuba castrista, ahora no dicen una palabra sobre los 14 millones de euros autorizados en armamento para su venta en Irán o en los 208.000 en material de visión nocturna para la policía cubana.
¿No sirven más las armas para mantener controlada la disidencia anti islámica que un programa de televisión en España?, ¿no apoya más el islamismo vender armas a un país que financia y arma a Hezbollah en Líbano y a otros grupos y grupúsculos violentos en todo el mundo árabe que hacer un debate político ante las cámaras en España?, ¿no es más útil un equipo de visión nocturna para controlar a los balseros y reprimir la disidencia que una visita organizada por el malecón de La Habana?
Sigue sorprendiendo que no haya respuesta. Sigue sorprendiendo el silencio.
Hay silencios sospechosos. Como el de esos que, tras escribir, vomitar y escupir todo tipo de diatribas contra el Islam y contra la perfidia de esa religión y de los que la aplican a sangre y fuego, permanecen en un silencio trapense cuando este gobierno, nuestro gobierno, el gobierno al que ellos votan una y otra vez, autoriza la venta de material militar este año a Arabia Saudí por valor de 533 millones de euros, después de que el año pasado lo hiciera por 557 millones, incluyendo también material policial.
¿No contribuye ese material a una intervención militar en Yemen tan ilegal como la proclamación del Falso Califato, puesto que también ha sido rechazada por Naciones Unidas?
¿No sirve ese material policial para detener a personas que luego son lapidadas por adúlteras, flageladas por infieles, amputadas por ladrones o colgadas por el cuello hasta morir por ser homosexuales?
Pero no contestan, siguen sospechosamente callados.
Y el mapa de los silencios aumenta y se extiende como puede verse aquí

Hay silencios reiterados que se mantienen a despecho de la más elemental coherencia ideológica cuando se contemplan los 162 millones en ventas de armamento autorizados a Omán en 2015 o los 158 de este año, los 289 a Qatar, los 12 a Emiratos Árabes Unidos o el millón a Kuwait y Bahrein, países todos ellos en los que, al menos parcialmente, rige la Sharia y en los que se obliga a las mujeres a ir veladas, se persigue o dificulta otros cultos que no sean el islam y todas esas barbaries contra las que sí se grita cuando son practicadas por los locos furiosos del poder y la sangre escudados en su falsa interpretación de la religión.
¿No son esos regímenes tan totalitarios, medievales y bárbaros como el ISIS?, ¿No hay que clamar y señalar a quienes les ayudan?
Los que deberían responder continúan en su silencio persistente y mantenido.
Hay silencios preocupantes. Como el de aquellos que van a pasearse y hacer discursos por calles y avenidas extranjeras, denunciando la falta de democracia y afirmando que las dictaduras no tienen cabida en un mundo democrático, y ahora callan cuando el gobierno español con el que ellos o aquellos a los que entregan su sufragio quieren gobernar, autoriza ventas de armas por valor 106 millones a Egipto o de 170 a Turquía, regímenes que o son dictatoriales o son falsas democracias en las que la represión civil es un hecho consumado, denunciado y constatado por organismos internacionales públicos y privados.
¿No debería negarse el apoyo militar a esos regímenes por el hecho de no ser democráticos como se pide con otros?
El silencio seguirá siendo la respuesta.
Y lo mismo con los 12 millones autorizados en armas para Rusia, con Chechenia, Osetia y Crimea incluidas; los 18 millones a China, con el Tibet y su secular represión incluidas, los 4 a Tailandia con la oposición entrando y saliendo de la cárcel un día sí y otro también, los 85 a Irak, con una guerra civil entre las distintas facciones religiosas y los continuos y misteriosos ataques y robos de los arsenales militares...
Si se es civilizado, demócrata, garantista, respetuoso de los derechos humanos y defensor de los principios occidentales ¿no se debe estar en contra de todos aquellos que van en contra de ellos?, ¿no se debe gritar y escribir contra aquellos que autorizan que se venda armamento un año tras otro a los que se pasan esos principios por el arco del triunfo?
Claro que también, por incoherente desgracia, hay silencios culpables.

domingo, octubre 11, 2015

Svetlana y los rusos que quisieron ser grandes

Hay cosas que no dejan de resultarme curiosas y las declaraciones de la nueva Premio Nobel de literatura, Svetlana Alexiévich, son una de ellas.
Como se supone que un Premio Novel y más de literatura tiene criterio y sabe de lo que habla -y suele ser así, por regla general- nuestro Occidente Atlántico se lanza a preguntarle sobre el gigante que siempre lo fue, la potencia que creíamos vencida y que de repente nos está poniendo una y otra vez contra la pared: Rusia.
“Con Putin, la época soviética ha vuelto y se ha apoderado de Rusia”, dice la literata Bielorrusa y nosotros asentimos en silencio, le damos la razón y nos la damos a nosotros mismos. Y caemos en ese error de siempre de empezar a contar la historia por donde nos conviene.
Como el falso comunismo soviético era nuestro enemigo, era el sistema económico que se oponía a nuestro ancestral capitalismo, queremos achacarle los males de la extinta Unión Soviética y de la actual Rusia. Pero sabemos que no es así, al menos Alexiévich debería saberlo.
¿Por qué la escritora no dice "Con Putin, la época zarista ha vuelto y se ha apoderado de Rusia"? Quizás porque entonces tendría que reconocer que nunca se marchó. Tendría que poner el acento no en un régimen ni en otro sino en la sociedad rusa, en lo más profundo de sus raíces.
Porque, por más que nos cuenten historias de Anastasia en las películas de Disney, Rusia no ha conocido nunca otro régimen que no sea: un absolutismo totalitarista en el que una minoría gestiona el mal y la miseria de muchos en su beneficio, gasta fortunas en exhibir poderío militar y lograr imagen de grandeza y no se preocupa de la población.
Y da igual que el gobernante se llame Nicolás, Pedro, Catalina, Leonidas, Nikita, Joseph o Vladimir, y da igual que su rango sea Zar, Zarina, Secretario del Politburó o Presidente. La sociedad rusa no ha salido ni jamás de esa forma de gobierno y eso, por mucho que les pese, no es culpa del comunismo soviético ni del absolutismo -ilustrado o no- ni de la falsa democracia instaurada por Putin.
Es producto de sus derivas sociales, de su desentendimiento por el control del ejercicio del poder y probablemente de una pizca de resignación eslava y ortodoxa.
Pero es mejor echarle la culpa al comunismo. Así todos contentos.
Y la otra afirmación es aún más chocante. Ella es Bielorrusa pero afirma que "tenemos varias rusias". ¿Y luego habla del peligro del nacionalismo ruso? Si ella misma acaba de ser un ejemplo viviente de ese nacionalismo. le preocupa Rusia, habla de ella como su país.
El nacionalismo ruso no ha resurgido porque nunca se ha ido. Quizás la intelectualidad rusa lo desprecie con razón, quizás le parezca más importante la libertad que el orgullo nacional con toda la lógica del mundo. Pero los rusos no piensan lo mismo que sus librepensadores.
"Cuando Putin de repente apretó el botón más primitivo, el pueblo se puso a hablar y, cuando habló, a todos nos dio miedo”, afirma la escritora. Y ese reconocimiento es lo más importante de lo que afirma sobre el país que no es el suyo pero del que parece sentirse parte integrante.
Por eso, pese a los boyardos, las dachas y la servidumbre los rusos siguieron al Zar de Todas Las Rusias, por eso, pese a los soviets, el KGB y el racionamiento encumbraron la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, por eso pese a la corrupción, las mafias y la represión, jalean a Putin en su política en Crimea, Ucrania, Osekia o Chechenia.
Porque prefieren una gran Rusia aunque no sea libre, que la pequeña Rusia aunque sea democrática. Porque eligen sentirse grandes en lugar de sentirse libres.
Porque hasta quienes temen el nacionalismo ruso desde Minsk hablan como si fueran hijos de la Gran Madre Rusia.

sábado, octubre 03, 2015

Putin, sus MIG 31 y el final de la negación plausible.

Cuando Putin entra en danza en la política internacional esta cambia, se modifica radicalmente y casi siempre deja a nuestro Occidente Atlántico fuera de juego y con la nalga descubierta.
Eso es lo que ha ocurrido con la intervención militar rusa en Siria.
Los míticos aviones MIG 31 rusos bombardean posiciones contrarias a El Asad sin pararse a hace disquisiciones sobre el rango y la condición de esos opositores. Y Occidente se cabrea porque el líder ruso les deja si su más querida estrategia política: la negación plausible.
El Asad es un tirano de proporciones bíblicas pero si Francia, Estados Unidos y los demás bombardean solamente posiciones del falso califato en Siria pueden negar de forma plausible que estén ayudando a un tirano. Ellos solo combaten el terrorismo.
Todos los recursos que Al Asad se ahorra en ese frente son utilizados para la represión interna y para luchar contra el resto de opositores que piden democracia. Todos los saben pero como no son ellos los que atacan directamente a esos opositores pueden negar de forma plausible ante sus opiniones públicas que supieran lo que estaba haciendo Al Asad.
Saben perfectamente cual será el resultado si le quitan al tirano damasceno al Estado Islámico de encima. Un régimen despótico que controle sus fuentes de energía y su posición estratégica en el oriente árabe en beneficio de su dictador y de Occidente. 
Eso es lo que quieren y lo que buscan pero como eso iría, por decirlo de algún modo, contra el espíritu democrático lo hacen de manera que siempre puedan decir "nunca atacamos a los demócratas sirios; nunca defendimos a Al Asad; nosotros solamente combatíamos el terrorismo".
Y como creen que toda la opinión pública bajo sus gobiernos son niños de tres años a los que las frases cortas les parecen mejores que las explicaciones complejas porque no les obligan a pensar ni a reconocer sus propias limitaciones, piensan que colará. Que se tragarán sus negaciones plausibles.
Pero llega Putin que, por respeto o por desprecio, hace y dice las cosas de una forma directa y bombardea a todos los opositores de Al Asad por igual dejando a las claras que el triunfo final del tirano es el objetivo de todas las potencias implicadas en el asunto.
Queremos alguien que controle el gas en nuestro beneficio, dice cada MIG que sobrevuela espacio aéreo sirio, queremos alguien que controle la inestabilidad de la zona grita cada bomba rusa que estalla en suelo sirio. Al Asad puede garantizarnos eso y la forma en la que lo haga nos importa bien poco.
¡Adiós a las negaciones plausibles!
Ya solo les queda su otra justificación favorita: la del mal menor, la de la elección imposible
Era una elección casi imposible entre Al Asad y el Estado Islámico, ¿Qué otra cosa podíamos hacer?
Y esa parte de la población a la que por incultura o pura vaguería mental le gusta pensar y ser tratados como párvulos infantes incapaces de poner a trabajar sus sinapsis y neuronas asentirán tranquilos de tener una explicación mientras los sirios siguen recibiendo bombas y muerte de unos y de otros en lugar de hacer la pregunta más simple
Puestos a intervenir militarmente ¿no hubiera sido mejor atacar al Califato y a Al Asad en favor de los opositores demócratas e intentar acabar con la guerra y la tiranía al mismo tiempo?

jueves, abril 23, 2015

Y Europa temió el frío invierno ruso de Gazprom.

Lo que tienen los terremotos es que a través de las grietas aflora todo lo que estaba oculto en el subsuelo y si hay un territorio del mundo que está constantemente sometido a terremotos, aunque su geología sea una de las más estables del planeta, es Rusia.
Siria, Crimea, Ucrania y todas las demás idas y venidas de la Política de Putin ponen nerviosa a la Unión Europea por el simple motivo de que Rusia, a través de Gazprom, controla el 30% del gas del continente. 
Resumiendo, que puede hacer morirse de frío desde Alemania hasta Hungría si le da por cerrar el grifo.
Y como está nerviosa, como no dispone de capacidad punitiva, como Rusia vuelve de nuevo la vista a Asia -como ha hecho casi siempre a lo largo de la historia- y firma sin despeinarse acuerdos de colaboración militar con China, como de repente tiende la mano a países como Grecia a los que la Europa de la deuda y las finanzas les niega el pan y la sal, la Unión Europea contraataca. Lo hace al nuevo estilo de enfrentamiento, a la manera moderna, con una demanda multimillonaria contra Gazprom por abuso de posición dominante.
Quizás la Comisión Europea piensa que esto va a asustar al gobierno ruso pero Vladimir Putin, ¿cómo lo diría para ser gráfico y diplomático?, ¿se descojona?
Y con el los rusos que, otra cosa no, pero su historia reciente la recuerdan
¿Donde estaba la libre competencia cuando prohibían a sus empresas comerciar con cualquier país que estuviera más allá del Telón de Acero?, se preguntan; ¿no es abuso de posición dominante dejarnos morir de frío en el duro invierno ruso del corrupto régimen soviético presionando a los países árabes para que no nos vendieran ni una gota de petróleo?, se inquieren;¿no atenta contra la libre competencia obligarnos a hacer horas de cola por un trozo de pan mientras los gobiernos occidentales compraban sus excedentes de cereales y los dejaban pudrirse en los silos para evitar que los países no alineados pudieran servirnos de intermediarios en su compra?
Podrían seguir preguntándose cosas como esta hasta el día del juicio final por la tarde porque la lista de ataques al libre comercio y la libre competencia y los abusos de posición dominante que el occidente liberal capitalista cometió en su guerra fría contra el régimen soviético es casi interminable. 
Y todas las sufrieron los rusos.
Tras todo eso, Occidente creyó que derrotar a los soviets, la Perestroika y la caída del muro significaban la hegemonía definitiva e incontestable sobre Rusia. Puede que el sistema liberal capitalista se impusiera por la fuerza al comunismo estalista pero eso no significó que Occidente tuviera controlada Rusia. Por lo que se ve ahora empiezan a darse cuenta.
Hay quien dice que Vladimir Putin es temible porque está loco. No voy a ser yo el que no diga que es temible para ese Occidente atlántico que se creía eterno poder hegemónico sobre la Tierra. Pero no lo es por su megalomanía -que la tiene a raudales- lo es porque hace lo mismo que hizo la Europa occidental para acabar con la extinta Unión Soviética: aprovechar para la extensión de su poder el hecho de que tiene la sartén por el mango.
Aunque esa sartén sea tan volátil como el gas.
Así que que la comisaria de Competencia, la danesa Marghrete Vestager, presente ahora un pliego de cargos contra Gazprom y les hable de libre competencia y de abuso de posición dominante hace a los rusos sonreír, quizás porque recuerdan su viejo proverbio
"El lobo no teme al perro pastor sino su collar de clavos". Y hace tiempo que Europa perdió su collar de clavos, Putin se lo encontró y ahora lo luce orgulloso rebautizado con el nombre de Gazprom.
Mas vale que nos vayamos acostumbrando.

viernes, abril 03, 2015

Un pacto nuclear que hace del mundo una aliteración

Mientras nosotros nos despertamos saturados de dianas floreadas y nos acostamos al ritmo de cornetas y tambores procesionales, el mundo cambia.
Los cinco países del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas llegan a un acuerdo nuclear con Irán, otrora miembro impenitente del Eje del Mal inventado por Bush y de la resistencia anti imperialista ficcionada por ellos mismos. 
Sí, el mundo cambia.
Y junto a ellos Alemania que, curiosamente, sin que nadie tenga mucho que decir, se arroba el derecho de representar los intereses de la Europa de los 27 aunque luego la que pose junto a la bandera del cielo estrellado sea de nacionalidad italiana. 
Sí, el mundo cambia.
Y el gobierno israelí y su recientemente reelegido Primer Ministro Netanyahu, se mesan los cabellos y se rasgan las vestiduras mientras Estados Unidos, su presidente y sus lobbies de presión, hastiados de la eterna canción de victimismo de su cada vez más molesto aliado, miran a otro lado. 
Sí, el mundo cambia.
Y los monarcas absolutos de suníes de Arabia Saudí, Kuwait, Los Emiratos Árabes y Qatar, que matan tantos homosexuales y lapidan y flagelan tantos adúlteros como los ayatolas iranís se quejan y protestan al ver que no es solo su petroleo sino también el de otros el que genera comprensión y ganas de diálogo aunque la Sexta Flota sigue anclada en sus puertos. 
Sí, el mundo cambia.
Y el presidente iraní y su ministro de asuntos exteriores sonríen por el éxito ignorando el rugido de furia de su estamento religioso en las mezquitas y los minaretes por la blasfemia que supone la alianza con el demonio infiel. 
Sí, el mundo cambia.
Y Rusia y China sonríen abiertamente en la foto en lugar de mostrarse como los forzados convidados de piedra después de haber llevado la situación al límite forzando vetos a las sanciones a Irán en el Consejo de Seguridad de la ONU  y haber apoyado abiertamente al gobierno de Teherán en su programa nuclear. 
Sí, el mundo cambia.
Después de la revolución de 1979 en Irán que privó a Estados Unidos de su dictador títere, el sha Mohammad Reza Pahlevi, después de emprenderla a tiros con secuestradores y rehenes en la embajada estadounidense en Teherán, de armar a Sadam Hussein hasta los dientes en Irak para descabalgar a los ayatolas del alazán del poder, de forzar una aciaga y desastrosa intervención de los cascos azules en Líbano para romper el dominio de Irán a través de Hezbollah en el valle de la Becah, de forzar la invasión de Afganistán para romper el eje chiita/taliban y salir escaldados, de aceptar y hacer la vista gorda a la operación de asesinato de científicos nucleares iranís que emprendió Israel en cuanto supo que había un gramo de uranio enriquecido dentro de las fronteras de la antigua Persia, Irán y Estados Unidos se sientan, hablan y llegan a un acuerdo.
Sí, el mundo cambia.
Una potencia agotada de la guerra en mil frentes, respaldada por otras que ya no lo son y no podrán volver a serlo ceden ante las demandas de un tradicional aliado de sus potencias enemigas que ahora son las que cortan el bacalao aunque mantienen la apariencia de que el imperio permanece intacto mientras los países que habían puesto su apuesta de supervivencia en la alianza incondicional con los países poderosos observan con miedo como ya no se pone tanto interés en defenderles.
Sí el mundo cambia.
Pero suena tanto a Roma, el Sacro Imperio romano germánico, el Imperio Español, el Imperio Colonial inglés o el auge y caída del III Reich que da igual que sea la religión, el oro, el dominio del mar, el carbón y el acero o el petróleo lo que haga que el mundo cambie y se redibuje.
Sí, el mundo cambia. Pero la historia no. La historia siempre se repite.
No hemos aprendido nada.

sábado, febrero 28, 2015

De Siria a Ucrania, voluntarios por puro desespero

 Parece que cada día nos desayunamos con una síntoma más de una especie de regresión a tiempos pretéritos, a fases de la historia en las que los pensamientos y las luchas ideológicas se dirimían de otra manera: a espadazos y tiros, concretamente.
Ahora resulta que no hace falta aleccionar a nadie en una visión fanática de una fe mal entendida para que coja,armas, explosivos y lanza granadas y se dedique a pegar tiros y matar gente en servicio a una bandera que no es la suya. 
Ya no se trata de que musulmanes españoles hagan cola en Ceuta y Melilla para alistarse en el falso Estado Islámico o para sangrar la tierra siria o libanesa. Ahora nos vamos a Ucrania a combatir por la Gran Madre Rusia y su orgullo eterno.
Y no son jovenzuelos aleccionados desde su mas tierna infancia por su familia, sus clérigos o sus amigos en el más absurdo yihadismo, que se parece al Corán lo mismo que la Inquisición al Evangelio, que un Gulag al comunismo o que una cuenta suiza de evasión de capitales al Capitalismo.
Son militares profesionales, entrenados en la guerra y en el uso de armamento especializado. Son esos a los que enseñamos a matar con el dinero de todos para que supuestamente maten en beneficio de todos.
Como siempre, la pregunta que se me antoja ineludible ante esta situación no es cómo, cuando o donde, es simplemente por qué. Y como casi nunca los porqués no nos responden lo que queremos escuchar.
No es porque sean mercenarios, de esos de la revista Soldado de Fortuna, que buscan sacar el dinero que no obtuvieron cuando mataban por su país matando por quien sea y al precio que convenga; no son elementos enloquecidos que hayan hecho de su ansia de sangre el único baremo de su existencia y su felicidad y necesiten estar rodeados de muerte y destrucción para sentirse a gusto consigo mismos.
Por su puesto que los habrá que le echen la culpa al Islam o al Comunismo, los habrá que utilicen esto para intentar justificar que el sistema económico y social que pretenden resucitar y la ideología que ellos defienden. 
Pero, obviamente, su explicación es tan inútil como cambiar de tumbona en el Titanic.
Porque ni el Islam, ni el comunismo explican Las Cruzadas, La Guerra de los Pastorcillos,  Los voluntarios de Lord Byron en la independencia Griega, La Legión Británica de Simón Bolivar, Las Brigadas Internacionales, Los Minute Men, La División Carlo Magno o el Kommando Deutsch-Arabischer Trupper del ejército nazi.
La única explicación que se me ocurre no está en el fanatismo religioso ni en la intransigencia ideológica -aunque ayuden sobremanera a la cuestión, hay que reconocerlo-. Está como casi siempre en nosotros mismos y nuestra sociedad Occidental Atlántica.
Es que todas esas gentes fueron a pelear donde nadie les había llamado porque ya no encontraban esperanza ninguna en luchar allá donde estaban, porque la miseria a la que les había arrojado su sociedad solamente les dejaba ver la salida en combatir por unos ideales que se dirimían más allá de sus fronteras y de su realidad y vivir en la vana esperanza de que esa victoria repercutiera en su país y su vida cotidiana.
Es porque sus gobiernos y los poderosos de sus países les habían hecho perder toda esperanza en la mejora pacífica y democrática de sus condiciones de vida.
Y nosotros hacemos lo que hacemos siempre. Callamos lo que nos conviene y decimos lo que nos viene bien. Porque voluntarios españoles combaten con los kurdos contra el Estado Islámico pero no decimos nada, porque voluntarios españoles se alistan en las fuerzas ucranianas pero callamos para que parezca otra cosa. Para que parezca que el Islam y el totalitarismo comunista son los causantes en lugar de que se vea claramente que, sea cual sea su ideología, hay gente que ya no encuentra otra forma de defenderla que coger las armas en un país muy lejano
Que nuestros gobernantes y nuestro sistema les ha arrojado a eso.. Ya sea en Siria o en Ucrania
¿En cuántas cosas más nos vamos a regresar de nuevo a la barbarie?

lunes, febrero 09, 2015

Armar a Ucrania o la memoria perdida de Occidente

Si es que parece que siempre estamos en las mismas y parece que siempre vamos a estarlo.
Irán, Irak, Afganistán, Líbano y antes Vietnam, Camboya, Laos y antes La India, Indochina, Argelia y antes los pueblos Fulani, Massai y Zulú y antes las tribus Hurón, Mohawk, la Nación Oglada y antes los  Lamtuna, los Magrawa, los bereberes, los almogavares, y antes los clanes suevos, ostrogodos, ilirios...
¡Que no, que no!, que no es un concurso de la tele. Todos esos pueblos, todos esos países y todas esas tribus se resumen en una sola palabra: Ucrania.
Porque Europa Occidental y Estados Unidos, o sea el Occidente Atlántico, está a punto de hacer en Ucrania lo mismo que ha hecho a lo largo de toda la historia en todos los territorios y con todos los pueblos del galimatías que sirve de inicio a este post.
Armar hasta los dientes al bando que le viene bien en el momento actual sin valorar las consecuencias que para su futuro tendrá que ese bando esté armado hasta los dientes. Solucionar de nuevo un conflicto por la fuerza de la potencia bélica acumulada por uno de los bandos.
Parece ser que nombres como Genserico, Tarik o Kochise no le dicen nada y a lo mejor es lógico. Pero que no se les vengan a la mente nombres como Sadam Husein u Osama Bin Laden es más sorprendente;  que referencias como talibanes, milicias drusas o rebeldes libios se hayan convertido tan pronto en bruma en su memoria resulta cuando menos preocupante.
Porque en Ucrania pasa y creo que pasará lo mismo que ha pasado desde siempre. Armaremos a quien creemos que nos viene bien armar y unos cuantos lustros o décadas después nos daremos cuenta de que esa no era la solución a un problema y que además se ha convertido en el inicio de otro.
Y todo por no saber hacer algo que, en principio, siempre tenemos en la boca, a lo que siempre recurrimos para los otros y que en realidad nuestros gobiernos y nosotros mismos nunca ponemos en práctica cuando no nos conviene: ser coherentes.
¿Cuantas veces hemos exigido a los demás cosas que nosotros no hacemos?, ¿cuantas veces hemos demandado el respeto que no damos, la sinceridad que no tenemos, el trato que negamos?... Pero no desvariemos, sigamos con Ucrania.
Si cuando al Occidente Atlántico le viene bien, cuando queríamos que los últimos estados tapón del Telón de Acero - Yugoslavia y Albania- escaparan de las garras comunistas mandamos tropas a Croacia, Bosnia, Macedonia, Eslovenia o Kosovo para garantizar el derecho de esos pueblos a decidir sobre su independencia ¿por qué no hacemos lo mismo en Ucrania?; si cuando quisimos quitar poder a dos de los países islámicos más grandes del planeta -Indonesia y Sudán- los cascos azules garantizaron los referendos en Timor Occidental y Sudán del Sur ¿por qué no hacemos lo mismo en Ucrania?
Si que decidan si quieren secesionarse, independizarse de quien sea o unirse a quien sea es una solución que hemos defendido en otras ocasiones ¿por qué no somos coherentes y lo hacemos con Ucrania?
A mi me parece muy simple. Porque la coherencia deja de ser importante cuando se trata de pensar en contra nuestra y sabemos que los ucranianos -aunque ahora parece que se dice ucranios, no sé- que se escindan de su país van a ir corriendo a echarse en brazos de la vieja y resurgida Madre Rusia, esa que pareció morir cuando cayeron el Telón de Acero y el comunismo soviético pero solamente se estaba echando una reparadora siesta.
Y eso nos viene fatal. 
Así que olvidamos el derecho a la autodeterminación de los pueblos, las formas democráticas de decisión y toda nuestra coherencia interna y externa y tiramos de armar a los que no quieren unirse a Rusia, ignorando que si se propusiera un referéndum - uno de verdad, no una mascarada de colegios electorales vigilados por secesionistas armados- los que pretenden lograr la escisión por métodos militares perderían justificación y entonces serían ellos los que se quedarían sin argumentos para intentar imponerla.
Mejor que los unionistas ganen la guerra y luego ya se verá qué hacen con el armamento y el poder militar que les hemos dado. Luego ya se verá cuando se vuelven contra nosotros. 
Y ya puestos, siendo más coherentes, podríamos dejar de mirar tanto al Atlántico y empezar a mirar a nuestro continente. A lo mejor, solo a lo mejor, Eurasia sí es una evolución ahora que la solución del Occidente Atlántico se está resquebrajando por todas partes.
No se nos olvide que los dos grandes dictadores europeos de la era moderna y contemporánea, Napoleón y Hitler, solo pudieron ser derrotados con el concurso de Rusia y no habrían podido serlo sin ella.
Pero parece ser que, desde los mercenarios macedonios que contrató Atenas y acabaron saqueándola hasta nuestros días, no hemos nada. 
Armamos, armamos y volvemos a armar al enemigo de nuestro enemigo en la esperanza de que eso le convierta en nuestro amigo. 
Nunca ocurre, pero somos tan inconscientes como para seguir intentándolo.

lunes, julio 28, 2014

Donetsk, Gaza, MH17: triángulo de nuestro egoísmo

Ya resulta difícil discutir que pasamos nuestras vidas como sociedad y como individuos en islotes quejumbrosos rodeados del océano de nuestro propio egoísmo, el que tenemos, así de natural, como humanos y el que añadimos por la vía de nuestra condición de occidentales atlánticos.
Pero hay hechos, circunstancias comparativas si se quiere, que nos lo demuestran aunque en principio parezca que nada tengan que ver con ello.
Y una de esas casualidades, una de esas coincidencias es la que forman un triángulo de vértices difusos que forman un vuelo derribado, una revuelta secesionista y una operación de castigo que se desarrolla en el otro lado del mundo.
Holanda, Donetsk y Gaza son el nuevo Triángulo de las Bermudas donde es absorbida la realidad por el maelstrom imparable de nuestro egoísmo.
Europa está indignada porque alguien ha hecho descender por la tremenda de los cielos de Ucrania un avión de una línea aérea malaya. Desde los bares a los pasillos, desde los despachos hasta los hemiciclos, se piden responsabilidades, se exigen culpables, se buscan responsabilidades.
Hace unos meses la misma situación, de la misma compañía, de casi idéntico número de pasajeros, era saludada con chistes en las redes sociales, con despegada frialdad en los medios de comunicación y con indiferencia entre los comentaristas de café y barra de bar.
Pero ahora han caído holandeses, no desconocidos habitantes de lejanos países superpoblados, son holandeses, los tenemos aquí al lado y eso es diferente. 
Y es que a lo peor a los ucranianos o a los secesionistas pro rusos les da por hacer bajar otro avión del cielo cuando nosotros volemos hacia Vietnam, China o Camboya en nuestras próximas vacaciones  o en nuestra programada luna de miel veraniega.
Y hasta ahí el egoísmo propio del ser humano. Hasta ahí ese vicio que reproducen nuestros genes de Homo Sapiens de preocuparnos por lo nuestro, de solamente dar importancia a lo cercano.
Ahora llega el otro, el egoísmo occidental atlántico.
Ucrania está en guerra. Pro y contra rusos se están disparando y matándose a tiros cada día. Donetsk está prácticamente bajo asedio, los milicianos de la auto proclamada república se despiden de sus familias y las envían al campo ante la batalla que se avecina y nosotros, nuestras instituciones europeas, nuestras autoridades comunes, tienen la desfachatez de exigirles que paren su guerra, no porque se están matando sino porque nosotros queremos saber qué ha pasado con un avión cargado de holandeses que pasada por allí.
De repente nos vemos con que la guerra ucrania es importante porque unos cuantos centenares de cadáveres holandeses -y perdón por la frialdad del sintagma, pero está colocado adrede- yacen en un tren y sus familiares tienen derecho a saber, nuestros camaradas occidentales atlánticos tienen prioridad sobre cualquier otro horror, tragedia o drama que se esté produciendo a diario en las llanuras ucranias abocadas a la guerra.
Los medios de comunicación hablan del horror que es para los familiares no saber nada de sus muertos, de la incertidumbre; los organismos europeos exigen una tregua para que se pueda investigar, para que los expertos determinen qué es lo que ocurrió, para que nosotros tengamos claro que es lo que pasó.
Y un Occidente Atlántico que ha jugado a no decir nada sobre una guerra que se gestó y se desarrolla ante sus ojos, se atreve ahora a cambiar la mano y exigir una parada técnica para que se pueda aclarar lo sucedido.
Mientras los ucranios se matan no importa, nuestro gas es más importante, nuestra reserva energética es más relevante, ¡que siga la guerra mientras nosotros miramos a otro lado!
Pero cuando caen occidentales atlánticos la guerra debe parar, debe detenerse. Luego que sigan con lo suyo pero nosotros queremos saber quién es el culpable. 
Hasta hay medios de comunicación que exigen la intervención en Ucrania no para que la guerra se detenga sino para que "este tipo de ataques no vuelvan a producirse". Para que no nos salpique, por resumir.
Pues bien ha sido la guerra. Da igual que hayan sido los pro rusos o los ucranios, da igual si ha sido un misil tierra aire lanzado desde un camión o un misil interceptor lanzado desde un MiG 29 en pleno vuelo. Ha sido la guerra a la que nosotros no hicimos caso porque no tenía nada que ver con nosotros, porque eran rusos pegándose con rusos, porque nuestro gas llega desde Argelia y no desde el Cáucaso.
Nuestra indiferencia ha derribado ese avión, ha matado a esos holandeses y nos ha hecho estallar la guerra de Ucrania en las narices por más que nos rasguemos las vestiduras y nos mesemos los cabellos para negarlo.
Y ahora no tenemos derecho a exigir que pare para sentirnos tranquilos. No, si no lo hemos hecho antes para intentar conseguir que los ucranios vivan tranquilos.
Y habrá quien dirá que la diferencia es que esos holandeses eran inocentes, no tenían porque morir por una guerra que no tenía nada que ver con ellos -con su gas y el nuestro sí, pero no con ellos directamente- y aquí es donde se dibuja la otra linea que cierra el Triángulo de las Bermudas de nuestro egocentrismo completa su vértice en Gaza.
La UE, la OSCE y no se sabe cuantas organizaciones más acuden a verificar lo ocurrido, a comprobar cual ha sido el motivo de la muerte de inocentes mientras miles mueren en Gaza sin que nadie destaque un solo experto para verificar nada, para comprobar nada, para hacer un informe de nada, para intervenir en nada.
Donetsk, Moscú y Kiev deben detener su guerra tripartita porque nosotros tenemos derecho a saber el cómo, el cuándo y el porqué de nuestros muertos, pero los locos de Hamás y los cada vez más enloquecidos gobernantes del Likud israelí pueden proseguir la suya porque ninguno de los inocentes de unos y otros que mueren en ella son de los nuestros.
O sea que la guerra no debe detenerse si los que caen son los niños de Donetsk o de Gaza, si los que están en riesgo son los no combatientes de Ucrania, de Tel Aviv o de Rafah. La guerra debe detenerse si nuestros turistas corren peligro de ser bajados del cielo a golpe de misil.
Todo sabemos la respuesta pero conviene de vez en cuando volver a hacer la pregunta en modo retórico para que lo recordemos
¿Cómo hemos llegado a esto?

lunes, julio 30, 2012

Disturbio vaginal o el miedo que vuelve de Lubianka

Quizás sea porque hoy me empiezan las vacaciones o porque me comienzan con la posibilidad de volver a algo que dejé hace mucho tiempo y que siempre quise retomar, seguir viviendo. Pero sea por lo que sea hoy no voy hablar de nosotros, no voy a dedicar estas líneas a nuestros recortes, nuestros dolores, nuestra deuda y nuestra caída.
Hay veces que, en todo, los árboles no nos dejan ver el bosque. Y en este caso voy a destinar este endemoniado espacio a los árboles de la Pussy Riot y el bosque de Vladimir Putin -¿o debería decirlo al revés?-.
En fin, para quien no lo sepa, las Pussy Riot son un grupo punk ruso que está detenido por organizar una performance de protesta contra el incombustible espía que está ahora en su ciclo de presidente de la Federación Rusa.
Nadie sabe muy bien si estas chicas y sus pasamontañas de colores son feministas, anarquistas, antirreligiosas o cualquier otra cosa. Lo que sí está claro es que están en contra del hombre que hizo el breve paseo de Lubianka al Kremlin y que pretende, por lo que se ve, quedarse en el para siempre de una u otra forma.
Y son precisamente los árboles de ese disparar a diestro y siniestro de las Pussy Riot lo que hace que Putin pueda ocultar su bosque, el denso bosque de lo que realmente está tras el juicio a estas artistas que creyeron ser Madona enfrentadas a Reagan y se están dando cuenta de que Putin no era en su vida pasada un malo de película, era un ser criminal de carne y hueso, de los que superan a la ficción.
Porque, mientras unos dicen que el juicio a las chicas punkis de los pasamontañas es un juicio a los que buscan una sociedad laica y otras dicen que Putin quiere erradicar el feminismo en Rusia, cada una de las raíces que creemos ver crecer a nuestros pies nos evitar ver la frondosa foresta que envuelve al zar Vladimir se nos hace invisible.
Porque Putin está juzgando a las Pussy Riot porque se oponen a él. Solamente por eso. Ese es el bosque con el que pretende fijar las fronteras de la nueva Rusia.
Y le importa un bledo que hayan protestado en una catedral, le importa un carajo que sean mujeres, le trae al pairo que lo hicieran con pasamontañas o desnudas, la de por saco que ofendan el sentimiento religioso o que cuestionen el sentimiento de superioridad del hombre eslavo.
Putin juzga a las Pussy Riot porque están en su contra. No quiere mandar un mensaje a Rusia de que quiere una sociedad ortodoxa cristiana, ni de que desea una sumisión completa de la mujer. Eso son excusas, cortinas de humo. Esas cuestiones son en todo caso el continente del mensaje. El contenido es mucho más simple y sencillo
El que está en contra de Putin o es encarcelado o muere en extrañas circunstancias. Punto final. 
Como en los mejores tiempos. Como en los tiempos de Le Carré, Karla y Smiley.
Porque el Komitet gosudárstvennoy bezopásnosti nunca tuvo ni ha tenido ideología. Y alguien que ha sido durante décadas el alma del KGB no deja de actuar como ha aprendido a hacerlo.
Putin aprovecha la excusa de la catedral de Cristo Salvador como habría provechado la quema de una bandera rusa o la de que las Pussy Riot desfilaran desnudas ante el mausoleo de Lenin. O como hubiera inventado, creado o fabricado cualquier otra. El KGB siempre fue experto en desinformación.
Los árboles de nuestra visión occidental del mundo nos convierten en cómplices involuntarios de alguien que está reconstruyendo el poder absoluto en Rusia porque mientras le acusemos de anti laicista, de machista o de cualquier otra cosa no le estamos acusando de dictador.
Si tiene que usar la tradicional cobardía de las jerarquías religiosas de todo culto lo hará. Como lo hizo Kruchev para que le ayudaran a elaborar las listas de judíos que luego fueron deportados, antes de empezar contra la ortodoxia cristiana rusa una de las más espeluznantes persecuciones religiosas que se recuerdan en la historia.
Y si tiene que recuperar la hoz y el martillo, sacar a los viejos comunistas de sus descansos embalsamados y deshacerse de los patriarcas coronados lo hará. Porque el único amigo de los que perciben y hacer crecer el denso bosque del poder a la manera de Putin es el miedo, es que su población siempre se sienta sospechosa de algo. Y da igual hacer volar por los aires patriarcas, masacrar chechenos, detener cantantes punk, llenar de plutonio a disidentes o disparar por la espalda a un periodista.
Y no le va a temblar el pulso porque el Comité de Protección del Estado no tiene amigos, nunca los tendrá y nunca podrá tenerlos. Solamente acepta compañeros de viaje.
Si tenemos que apoyar a las Pussy Riot en su desigual batalla contra el hombre que vino de Lubianka no podemos hacerlo por ser mujeres, por ser feministas, por ser anticlericales o por ser laicas. Quizás así los árboles de nuestras visiones particulares no nos impidan ver el denso bosque del peligro de hombres y de sombras como Vladimir Putin.
Tenemos que apoyarlas por ser rusas, libres y enfrentarse al actual zar de todas las rusias. Todo lo demás es sólo agitación y propaganda. Y el Occidente Atlántico nunca pudo competir en Agit Pro con la Gran Madre Rusia.
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martes, marzo 13, 2012

Los hilos que mueven a El Asad para nosotros

Siria se desangra. El califato arde en llamas ya hay algo que no cuadra, hay algo que se antoja infinitamente descontextualizado, furioso, incomprensible.
Siria sigue muriendo en Homs, en Palmira e incluso en Damasco y seguimos sin comprender o sin querer comprender el motivo.
A estas El Asad sabe perfectamente que no puede salir de esta, el primer bombardeo abrió la tapa de su ataúd político y probablemente existencial, la primera mina colocada en la frontera de escape selló su destino, la primera matanza de mujeres y niños determinó su destino final.
El Asad lo sabe y aun así lo hace.
Y la pregunta, como siempre ha sido, como siempre es en la mayoría de las cosas, sigue siendo ¿por qué?
Y en este Occidente Atlántico nuestro que recurre a los ritos y los mitos de siempre aunque nunca le han funcionado, que explica las cosas una y otra vez de la misma manera aunque nunca le han sonado plausibles porque son las únicas que nos dejan a gusto con nosotros mismos, seguimos recurriendo a las mismas respuestas, a los mismo arquetipos -no prototipos, lo siento, broma privada-, a los mismos héroes y antihéroes.
Seguimos hablando del apego al poder, seguimos comparando el mesianismo enfermizo del que fuera otrora líder de otro partido Baaz con el de este, seguimos hablando de tiranía y despotismo.
Y es innegable que algo tenemos de razón. Todo eso influye en lo que está haciendo El Asad, en no tener problema en emprender matanzas, en decretar asesinatos, en matar a los suyos por él mismo y por sus necesidades.
Pero no son sus necesidades.
El otrora moderno y aceptado por este nuestro occidente atlántico presidente sirio, el que otrora luciera su apostura y la belleza de sus esposa por las cortes y los palacios presidenciales europeos no está buscando nada para él, no está resistiendo por él.
Esta buscando tiempo.
El Asad nunca fue un líder mesiánico siempre fue un arribista. Alguien que era perfectamente consciente de que su papel en el poder dependía de hacer lo que nosotros quisiéramos que hiciera, de ser la cabeza del mundo árabe renunciando al panarabismo, de ser capaz de mantener una guerra de baja intensidad con Israel, de aparecer como moderno y moderado aunque sin renunciar a las demandas árabes para capitalizar y focalizar su liderazgo.
Esa fue su política, la que le impuso occidente y el acepto, la que le diseñó Rusia y el compró.
El perfil de El Asad era tan perecido al de Ben Ali que podían haberse intercambiado en una reunión internacional y nadie hubiera notado la diferencia.
Pero mientras el uno hizo lo que se esperaba de él, coger sus maletas, el oro robado y escapar a algún sitio a vivir de su expolio, El Asad resiste contra toda lógica aunque sus cuentas bancarias son tan amplias y cuantiosas o más que las del ex gobernante tunecino.
¿Cuál es el misterio?
Que El Asad no es quien está resistiendo. El Asad es una excusa, una cortina de huma para una guerra civil entre dos bandos ninguno de los cuales está en el poder y que están obsesionados con asegurarse quién será el que estará en el poder cuando por fin se haga público que El Asad no manda en Siria.
Porque El Asad sigue siendo lo que siempre ha sido. No ha cambiado. No ha mudado ni un ápice su forma de enfrentarse a su situación política y su papel en el país propio y en el concierto internacional.
Sigue siendo una marioneta. Simplemente han cambiado las manos de los titiriteros que están tras él.
Si antes fueron los occidentales, las potencias hegemónicas, ahora los son los defensores de la antigua grandeza, los furibundos y anhelantes paladines del honor damasceno heredado del califato los que mueven los hilos del falso presidente que siempre lo fuera.
Y son ellos los que necesitan tiempo. Los que necesitan seguir presentando a El Asad como el causante de todos los males mientras ellos, hasta hace como quien dice dos días conformes y desterrados en las acciones encubiertas en Líbano, en la guerra enquistada en Los Altos del Golán, pueden posicionarse pueden eliminar a la antigua oposición en Homs, pueden desactivar al otro ejército que se bate y combate en Siria en esta guerra civil disfrazada de revolución contra un tirano que ya no es nada salvo un títere.
Mientras borran de la faz de la tierra lo que Siria quiere ser aunque a nosotros nos ponga los pelos como escarpias. Hasta que derrotan a la oposición islamista.
Y por eso Rusia y China, pero sobre todo Rusia permite lo que está permitiendo, por eso el Occidente Atlántico permanece en su tibieza, porque necesita que sea como mucho el nacionalismo sirio de la fuerza califal el que triunfe y no el islamismo que ahora muere y sangra en Homs.
Porque, anclados en nuestras visiones del mundo, en nuestros arquetípicos conceptos, no podemos permitirnos que otro gobierno islámico ascienda al poder en el mundo árabe y de mayoría musulmana. Y mucho menos en Siria.
Y ese es el tiempo que están ganando los que ahora manejan al ya derrotado El Asad que cada día y cada noche sueña con un retiro millonario en algún lugar perdido pero que sigue ejerciendo como el muñeco teledirigido que siempre fue.
Y de ahí toda esa danza de los siete velos coreografiada perfectamente de deserciones militares y políticas cual sherezades que se arrancan un velo en cada giro, para que, cuando caiga el último velo se arrastre ensangrentado por el suelo con la sangre de los que ahora luchan y mueren en Homs, ellos puedan presentarse como el ejército democrático que se rebela contra el dictador en lugar del emporio secreto que lo ha manipulado y dirigido todo este tiempo.
Y así  conseguir que un poder no islamista sea por fin legítimo en el mundo Árabe.
Muy típico de Rusia, muy común del mundo árabe, muy propio de nosotros.
Porque nosotros hemos decidido -lo hicimos hace lustros, después del fallido intento de panarabismo, precisamente encabezado por Siria y Egipto- que la única garantía que tenemos de llevarnos bien con el mundo árabe es que se articulen en gobiernos laicos, que renuncien a sus raíces musulmanas culturales -mientras nosotros nos hartamos, por cierto, de hablar de nuestras raíces judeocristianas sin pudor- y uno a uno hemos ido agotando todos los cartuchos hasta que solamente nos queda Siria.
O creemos que nos queda Siria.
Porque ¿qué ha sido de todos los gobiernos falsamente laicos que diseñamos en el mundo musulmán? Todos han caído. La cleptocracia tunecina, el falso comunismo igualitarista libio de Gadafi, el centralismo administrativo egipcio de Mubarak y ahora el modernismo belicista sirio de Al Asad. Incluso algunos han caído después de volverse contra nosotros. EL imperio perdido del Sha de Persia allá en los ochenta, el militarismo recalcitrante de Saddam Husein en Irak. En resumen, todos los gobiernos que inventamos para esa zona se han terminado yendo al garete, por mucho que los apoyáramos, los cebáramos y los defendiéramos.
El mundo musulmán ha hablado contra ellos y los ha cambiado en lo que quieren, aunque a nosotros no nos guste. Han modificado esos falsos laicismos que obligaban a las mujeres a no llevar hiyab y a los hombres a raparse la barba, que forzaban los rezos y que impedían las escuelas coránicas para llevarlos a los gobiernos que quieren basados en su religión y en su cultura.
Y como en todo hay grados.
Desde el pernicioso extremismo de los Ayatolas iraníes hasta la moderación política de Erdogan en Turquía, pasando por el fariseísmo terrorista de Hamás en Gaza, la monarquía pseudo divina de Marruecos o la república ahora mismo caótica de Túnez.
Pero nosotros no somos capaces de asumir eso. De asumir que esa es la deriva que una gran parte del mundo experimenta y de tratarlos con la suficiente noción política como iguales y no intentar forzales a ser lo que nosotros queremos que sean, lo que a nosotros nos conviene que sean.
En lugar de elegir por ejemplo a Turquía, que va desparramando sus perlas de presencia, relevancia y preponderancia en el mundo islámico para contrarrestar el repulsivo yihadismo de Teherán o de Hamás porque esas son las cartas que nos han tocado jugar, seguimos pretendiendo sacarnos un as escondido de la manga, crear de la nada un régimen que nos venga bien, que sea todo lo laico y no islamista que nosotros consideremos oportuno para ofrecérselo de zanahoria al mundo árabe y musulmán en la esperanza de que lo sigan como los burros que realmente creemos que son.
Así que la gente muere en Homs, Siria arde y el Califato se desangra porque nosotros necesitamos más tiempo para asegurarnos de que lo que siga al cadáver ya momificado de El Asad sea algo de nuestro agrado y no lo que la historia y la voluntad de los sirios nos deparen.
A estas alturas ya deberíamos haber aprendido. Pero, que queréis que os diga, somos occidentales atlánticos. Nos resulta imposible aprender una lección que vaya contra nosotros mismos.

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