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jueves, febrero 16, 2017

Hace falta carne 2017


Hace falta carne, chaval.
En pómulos regios de una infanta que no sabe qué sabe.
En las heréticas hamburguesas de tres pisos.
Alrededor de los visibles huesos de modelos de Cibeles,
en las frases falaces de un debate mil veces repetido.
Hace falta carne en la olla cotidiana del pobre;
carne entre los dientes macilentos del hambriento.
Carne en los carrillos de África y en los mofletes de Asía.
Hace falta carne entre las manos y entre las piernas
de aquellos que sólo la tienen entre las cejas.
Hace falta carne entre los dedos y entre los muslos
de aquellas que sólo la tienen entre los sueños;
Hace falta carne, chaval.
Entre las sábanas de los que la imponen en las pantallas;
entre las mantas de los que la niegan en las iglesias.
Más carne puesta ante los libros y no ante los cañones;
carne colocada de nuevo en el asador de la inteligencia.
Carnes rojas de justicia y rebelión,
carnes blancas de paz y transigencia,
carnes abiertas por la rabia ante el idiota
carnes de mis carnes, carnes de las carnes de todos.
Hace falta carne y sal.
Hace falta Carnaval.

lunes, mayo 18, 2015

Como somos, morimos.

Vivimos como somos y esperamos morir de otra manera.
Nos vamos de nosotros y de lo que hemos de hacer con un soplo de viento y esperamos resistir mil tempestades. No estamos para nadie y esperamos quedarnos para siempre.
No soportamos la luz del mediodía y creemos poder aguantar toda la noche. No miramos adentro y esperamos que nos vean desde fuera, no cambiamos el rumbo y pedimos que otros acomoden su paso a nuestro ritmo.
No toleramos el sufrimiento propio ni un segundo y esperamos que otros sufran y padezcan dolores por nosotros. Nos matamos por nada, nos gritamos por todo y aun así nos sentimos con derecho a exigir que otros mueran y callen por nosotros.
Nos mentimos mintiendo a todo el mundo y ansiamos de los otros la verdad, nos tragamos los miedos con saliva y demandamos de otros el valor, no hacemos aquello que podemos y pedimos de otros imposibles, no admitimos errores y cargamos contra cualquier despiste que veamos.
No amamos y queremos que nos amen, no escuchamos y pretendemos que nos presten oídos, no aguantamos el peso ni de un pequeño gramo de desdicha y hacemos que otros carguen con toneladas de miseria por nosotros.
No nos hacemos grandes y queremos que el mundo y los demás se nos vuelvan pequeños para que no se note, no cedemos pero exigimos rendiciones, no pactamos pero solicitamos compromisos, no combatimos pero queremos vencer cada batalla. No creemos pero rogamos que dios nos cure el alma.
No probamos y exigimos mil pruebas a los otros, no arriesgamos pero arrastramos a todos al peligro. No aceptamos reproches pero gastamos el tiempo y la garganta en reprender todo aquello que creemos erróneo.
No damos y ansiamos recibir, no batimos las alas y esperamos volar. No nos vamos y queremos volver.
Ojala pudiéramos odiar como nos aman, herir como nos curan, matar como nos viven. Ojala el destino supiera castigarnos a ser lo que hemos sido, a morir como hemos vivido.
Vivimos como somos. Pero logramos morir de otra manera.


viernes, mayo 15, 2015

Por escribir

Alguien a quien quise o quería y que creí me me quería me preguntó una vez: ¿por qué escribes?, si no publicas nunca ¿por qué escribes?
Y la respuesta fue un distante encogimiento de hombros cómplice de mi silencio.
¿Por qué escribo?
Escribo por no perder el mundo en el recuerdo, por no tirar el día en el esfuerzo, por no perder la vida en el silencio, por no guardar el corazón en una caja, por no esconder de todos mi ignorancia.
Escribo por dar la vuelta entera a lo que amo para seguir amándolo, por no negarme el pan y la sal por ser cobarde, por no darme de bruces contra el suelo, por no perder las alas que me quiebro, por no volverle el rostro a la alegría, por no negarle un techo y aposento a la desdicha.
Escribo por no llorar y no seguir llorando, escribo por reír y no dejar de hacerlo, escribo por no morir y no seguir matando, escribo por conseguir vivir y no seguir muriendo.
Escribo por no callar después de haberlo hecho demasiado, escribo por no hablar tras dejar crecer en exceso el ruido y la palabra. Escribo por buscar las elipsis perdidas de mis sueños. Escribo por pregonar los mutismos absurdos de mis miedos.
Escribo por no saber cantar, por no querer gritar, por no poder bailar.
Escribo por saber el porqué de las lágrimas, el motivo escondido de las risas. Escribo por pedir una tregua en todas mis batallas, encontrar una calma en todas mis tormentas. Escribo por firmar un armisticio con mi alma.
Escribo por reescribirme, por volver a decir lo que ya dije, por gritar lo que nadie escucho, por purgar mis pecados de silencio, por dar nuevas palabras a mis viejos deseos, por fingir que puedo eludir el secreto de la muerte, por confesar que no quiero escaparme del arte de vivir. Escribo por mancharme las manos con mi sangre.
Escribo por no matar a nadie con mi muerte, por poder resucitar a todos con mi vida, por agarrarme al viento desde el suelo, por descender al infierno desde el cielo. Por negarme a mí mismo la entrada al paraíso. Por burlar al dios en quien no creo.
Escribo por mí, por ellos, por vosotros. Por nosotros, si alguna vez hay o hubo o habrá en mi vida algún nosotros.
Escribo porque es lo único que tengo.

Porque mi existencia es propiedad de aquellos a quienes amo y mi muerte será de los que queden. Porque mi derrota  pertenece a todos los victoriosos y mis pocas victorias a todos los derrotados; porque mi amor es de aquella que sabe que lo tiene y mi odio de todos los que quieran perder sus vidas y sus tiempos en sentirlo.
¿Por qué escribo?
Escribo porque es lo único que tengo y me pueden quitar.
Y no quiero guardarlo. Y lo prefiero dar y regalar.

jueves, abril 17, 2014

Ya tiene quien le escriba (In Memoriam)

-Tenía que llegarme hoy con seguridad -dijo el coronel.
El administrador se encogió de hombros.
-Lo único que llega con seguridad es la muerte, coronel.



sábado, marzo 01, 2014

Hace falta carne (2014)




Hace falta carne, chaval.
En pómulos regios de una infanta que no sabe qué sabe.
En las heréticas hamburguesas de tres pisos.
Alrededor de los visibles huesos de modelos de Cibeles,
en las frases falaces de un debate mil veces repetido.
Hace falta carne en la olla cotidiana del pobre;
carne entre los dientes macilentos del hambriento.
Carne en los carrillos de África y en los mofletes de Asía.
Hace falta carne entre las manos y entre las piernas
de aquellos que sólo la tienen entre las cejas.
Hace falta carne entre los dedos y entre los muslos
de aquellas que sólo la tienen entre los sueños;
Hace falta carne, chaval.
Entre las sábanas de los que la imponen en las pantallas;
entre las mantas de los que la niegan en las iglesias.
Más carne puesta ante los libros y no ante los cañones;
carne colocada de nuevo en el asador de la inteligencia.
Carnes rojas de justicia y rebelión,
carnes blancas de paz y transigencia,
carnes abiertas por la rabia ante el idiota
carnes de mis carnes, carnes de las carnes de todos.
Hace falta carne y sal.
Hace falta Carnaval.

miércoles, julio 24, 2013

---------------Alegoría de recuerdo sostenido--------------



Si es cuestión de confesar,
 no sé preparar café
 y no entiendo de fútbol.

 Creo que alguna vez fui infiel,
 juego mal hasta el parqués
 y jamás uso reloj. 

Y para ser más franco,
 nadie piensa en ti
 como lo hago yo.
 Aunque te dé lo mismo.

 Si es cuestión de confesar,
 nunca duermo hasta las diez
 ni me baño los domingos.

 La verdad es que también
 lloro una vez al mes,
 sobre todo cuando hay frío.

 Conmigo nada es fácil.
 Ya debes saber,
 me conoces bien.
 -Y sin ti todo es tan aburrido-

 El cielo está cansado ya de ver
 la lluvia caer.
 Y cada día que pasa es uno más,
 parecido a ayer.
 No encuentro forma alguna de olvidarte porque
 seguir (hablándote) es inevitable.

 Siempre supe que es mejor,
 cuando hay que hablar de dos,
 empezar por uno mismo.

 Ya sabrás la situación,
 aquí todo está peor,
 pero al menos aún respiro.

 No tienes que decirlo.
 No vas a volver,
 te conozco bien.
 -Ya buscaré qué hacer conmigo-

 El cielo está cansado ya de ver
 la lluvia caer.
 Y cada día que pasa es uno más,
 parecido a ayer
 no encuentro forma alguna de olvidarte porque
 seguir (hablándote) es inevitable.

 Siempre supe que es mejor,
 cuando hay que hablar de dos,
 empezar por uno mismo.

Autora: Shakira

martes, junio 11, 2013

La música mediocre y la tele explican una década



Todo lo que vimos se nos fue.
Soñé que siempre iría al lado.
Eso que inventamos ya no es.
Ahora solo existe el pasado.

Y me toca entender
qué hacer con tus abrazos.
Ahora toca aprender 
como dejar de querer.
Saber borrarlo bien.
Que igual que vino fue.
Que hoy es CERO

Quiero Que todo vuelva a empezar,
que todo vuelva a girar,
que todo venga de cero, de cero... 

 Y quiero que todo vuelva a sonar,
 que todo vuelva a brillar,
 que todo venga de cero, de cero... 

 Eso, desaparece y no lo ves.
 Ese regalo que la vida pone al lado.
 Dura lo que dura y ya se fue.
 Ni tu ni yo lo hemos cuidado.

Y ahora toca entender,
qué hacer con tanto daño.
Y ahora toca aprender, 
como dejar de querer.
O saber borrarlo bien
Que igual que vino fue.
Y es tan feo. 

 Quiero Que todo vuelva a empezar
 Que todo vuelva a girar
 Que todo venga de cero De cero... 

 Y quiero que todo vuelva a sonar 
Que todo vuelva a brillar 
Que todo venga de cero De cero... 

 Y siento que todo lo malo es pensar 
Que todo lo que viene va 
Que todo se va consumiendo 
Y el silencio manda hoy más 

Quiero Que todo vuelva a empezar, 
que todo vuelva a girar, 
que todo venga de cero, de cero... 

Y quiero... que todo vuelva a sonar. 
Y quiero... que todo venga de cero, de cero. 
Y quiero... que todo vuelva a empezar .
Y quiero... que todo venga de cero de cero,  cero, cero.


O lo que es lo mismo.

"Lobos y demonios se emparejan para siempre, aunque ellos no lo sepan, aunque se equivoquen. Quien se lleva o gasta su amor no se lleva solo su amor. Agota completamente su posibilidad de amar de nuevo".
Lost Girl




domingo, abril 21, 2013

El adiós tras la década

Diez años después alguien canta lo que se dijo por amor



Y, sin querer, no quise. 
No conseguí, no hice: 
dejarlo todo a un lado 

No puedo más, dijiste. 
Algo aquí dentro insiste: 
soy un barco varado... (varado) 

 Perdóname, no entiendo 
eso que estás diciendo. 
Dejemos todo claro.

Cariño. yo te quiero, 
pero por dentro muero. 
 Mi estrella se ha apagado. 
Somos barcos varados, varados.

Y ahí caí, profundo,
 al hielo en un segundo. 
 No hay ya más que decir 
Se queda conmigo esta nada .

Vete tranquila, sigue.
Busca otro mundo, vive. 
Será mejor así.
Se queda conmigo y me calla.

Última línea juntos. 
Verso acabado. Punto. 
Miremos a otro lado. 
Por si al final despierta, 
deja la puerta abierta.
Que se abre su agrado (su agrado...)

Y ahí quedo conmigo,
un corazón dormido 
Dejando de latir,
 intenta seguir y se apaga.

Vete tranquila, sigue. 
Busca otro mundo, vive 
Será mejor así.
Se queda conmigo y me calla 

 Y ahí caí profundo, 
al hielo en un segundo. 
No hay nada más que decir.
Se queda conmigo esta nada.

Vete tranquila, sigue. 
Busca otro mundo, vive. 
Será mejor así.
Se queda conmigo y me calla. 

Y lo que se calló por amor...

Y me faltaron versos.
Lo asumo: sigo preso.
 Y Algo más que decir: 
no puedo seguir si me faltas...
(No puedo seguir si me faltas) 

 Última línea juntos.
 Verso acabado. Punto.
 No hay nada más que decir.
Se queda conmigo esta nada.

 Vete tranquila, sigue.
 Busca otro mundo, vive. 
Será mejor así. 
Se queda conmigo y me calla

Y ahí quedo conmigo, 
un corazón dormido. 
Dejando de latir, 
intenta seguir y se apaga...

Curioso el don de la mediocridad musical. Maldita Nerea


jueves, diciembre 20, 2012

La eterna espera del ángel dividido







Lo que la lluvia nos enseña. 
Lo que nadie puede escribir.
 Lo que se escucha cuando tiemblas. 
Lo que te acercará hasta a mí. 
Igual que entonces será siempre. 
Lo que dejaste sigue ahí.
Todos los sitios, los diciembres 
están donde los escondí. 
Las cosas pierden su sentido 
si no me llevan hasta tí. 
Y no te miento cuando digo
 que tu mirada sigue aquí. 
Que algunas veces me recuerdes. 
Que no me dejes de sentir. 
Yo andaré cerca por si vuelves
 esas palabras a decir .
(Maldita Nerea).

domingo, noviembre 25, 2012

Días en los que todo parece hablar de lo que somos (pero pasan, por suerte o desgracia, los dejamos pasar)


Y de mi sombra un suspiro.
Y de mi piel la soledad.
Y de mi mundo ahora hundido sólo una verdad:
que no estás tú, y que no tengo nada más,
nada más, nada más...
Y se llenan tus palabras,
y te cuesta comprender
por qué escucha cuando le hablas,
pero no quiere entender.

Y se han deshecho vuestros lazos,

y ese cielo tan azul.
Y han quedado sus pedazos,
donde los pusiste tú.

Y es encontrar el vacío.

Y es descubrir
que la vida se te escapa
mientras alguien,
como cruel enemigo, escucha tu verdad
para ignorarla y no creer en nada más,
nada más...

y ahora quién llama al olvido.

Y ahora quién vuelve a contar estrellas
que no brillarán.
Si tú no cuentas conmigo
si no quieres soñar,
vete en silencio
ahora ya puedes olvidar,
olvidar...

Y se llenan tus palabras.

Y te cuesta comprender.
Por qué escucha cuando le hablas,
pero no quiere entender.

Y se han deshecho vuestros lazos,

y ese cielo tan azul.
Y han quedado sus pedazos
donde los pusiste tú.

Y vuelve cada madrugada.

Y vuelve cada amanecer.
El silencio en tu mirada tiene nombre de mujer.
Y se han deshecho vuestros lazos.
Y ese cielo tan azul.
Y han quedado sus pedazos
donde los pusiste, donde los pusiste tú...
Donde los pusiste tú...


Donde los pusiste, donde los pusiste tú...

Donde los pusiste tú...

lunes, septiembre 10, 2012

El jaque del peón a la Dama Blanca

- Jaque –anunció el recio peón negro con un respeto antiguo -.
- ¡Como osas! -al principio La Dama, radiante en su blancura, se indignó, pero el resto de su frase enunciada en silencio fue casi un devaneo - ¿no ves que si me amenazas me moveré tan sólo una triste casilla y acabaré contigo?
- Es posible, Mi Reina, pero entonces ¿Qué será o habrá sido de Vuestra Majestad?
La Dama dio un vistazo fugaz por el tablero. Avistó en lontananza una torre remota que atisbaba y protegía al peón y, más cercano aun, un caballo que también esperaba al acecho. Incluso por el rabillo de su dorado ojo percibió hasta un alfil que en diagonal, como se mueve siempre la nobleza más sacra, esperaba el momento.
- De acuerdo -concedió Su Alba Majestad desde su firme escaque- Más me puedo marchar tan rápido y tan lejos que tu pobre caminar, cansino y siempre lento, nunca podrá alcanzarme.
- Muy cierto, Mi Señora, mas entonces ¿Qué habrá de ser de vos?
Exasperada, la reina se volvió a todas partes y contempló aterrada los cuadrados vacíos, exentos de sus piezas. Y pudo ver en todas direcciones que volviera la vista que ni una de sus defensas estaba ya con ella.
- ¿Dónde están mis defensas? –Gritó con un suspiro- ¡Mis peones, mis fuertes caballeros, mis alfiles, mis torres! Decidme, ¿dónde han ido?
- Los matasteis, Mi Dama, ¿sabéis como ha ocurrido?
Jugasteis la partida sin riesgo ni estrategia. Primero inmolasteis, uno después de otro, todos vuestros peones, moviéndolos sin cuento al son de vuestros ritmos, vuestros hechos, vuestras fugaces idas y vuestras derrotadas venidas.
- Pero ellos son peones, ¡para eso se usan en el juego!
- Cierto y no, Mi Señora, cierto y no pese a todo.
Los peones os salvan las esencias, os abren las batallas, os cierran las heridas, os guardan las ausencias. Más vos nunca luchasteis. Corríais a otro lado al más mínimo signo de arduo enfrentamiento, de posible conato, de escaramuza alguna. Los cambiabais de lado, de objetivo, de ritmo, de presencia, de posición y escaque con tal de poder eludir al punto de iniciarse de una lucha el más ínfimo atisbo.
Vos misma lo dijisteis. Un peón es cansino, su movimiento es lento. No pudieron seguiros en vuestras retiradas, en los locos repliegues que protagonizasteis en todas direcciones, en vuestras evasiones. Los dejasteis tirados en mitad del tablero en cuanto no pudieron seguir vuestros deseos, acelerar sus pasos por no cambiar el vuestro.
Y un peón sin defensa en mitad del tablero sin nadie que le cubra, sin reina a quien le importe, es siempre un peón muerto.
- Llamaré pues en mi auxilio a todos mis valientes y aguerridos caballeros –amenazó la dama-.
- Muertos también, Señora. Los gastasteis saltando tras de vos para vuestros placeres, para vuestras veladas, para vuestros quehaceres. Y de nuevo otra vez, cuando las cornetas de la carga a caballo sonaron junto a vuestros oídos, los dejasteis atrás por no luchar con ellos, por venganza o temor de morir junto a ellos.
- ¡Recurriré pues a mis sabios alfiles, que marquen mi camino para salir del trance!
- Ya lo hicieron, Mi Dama, ¿tan pronto lo olvidasteis?
Os marcaron las sendas que vos nunca explorasteis, os abrieron caminos por los que no anduvisteis, os dieron los consejos que vos misma negasteis. Y agotados de tanta palabra sin respuesta, consejo sin escucha y fe sin soberana, se quedaron aislados cuando esos caminos que quisieron explorar para vos se cerraron tras ellos, dejándoles cansados, sombríos, mudos, ciegos.
- ¡Mis Torres! –un rastro de esperanza ilumino la faz de la alba soberana- Ellas son firme piedra, roca dura y solvente. Ellas resistirán por mí en este embate.
- ¿Vuestras torres, Mi Reina? ¿Cuántas veces volvisteis a sus muros sin ciencia ni conciencia?, ¿Cuántas veces golpeasteis sus puertas sin creer en su fuerza? ¿Cuantas veces regresasteis a  ellas por miedo o por vergüenza?
¿Vuestras torres, Señora? O son polvo lodoso o no os abren las puertas.
- Estoy sola –reconvino la reina mirando hacia el frente y observando las negras huestes, aun compactas y recias, del índigo peón- Pero vosotros no. Vosotros aún sois la multitud que salpica el tablero.
- ¿Nosotros? Nosotros jugamos la partida de un modo diferente. Nos protegimos todos, nos buscamos y asimos, nos movimos como uno aun siendo cada uno distinto, nos enfrentamos todos a aquello que enviasteis a romper nuestras filas. Unos pocos cayeron, otros retrocedieron, algunos avanzaron, pero todos, los caídos y muertos y los que resistimos, protegimos lo mismo porque aquella que era nuestra reina combatió con nosotros
- Pero la Reina Negra, la Soberana Oscura, murió, yo misma la vencí a mitad del encuentro.
- Eso es verdad, Mi Reina, aunque si miráis bien y prestáis atención a un peón de los nuestros está justo a un solo movimiento de dejar de ser cierto.
¡Va a coronarse reina! –y la nívea monarca atisbó tras sus inexistentes filas a otro negro peón a punto de lograrlo.
- Lo hará, Milady Blanca. Y será reina nueva. No la misma de antes.
Será reina cambiada con el conocimiento logrado en el camino forzoso de avanzar sus ocho cuadraturas, con esfuerzo, cansancio, resistiendo en la lucha, perdiendo en la batalla, viendo morir incluso hasta a su propia reina sólo por defenderla.
Lo hará. Será una nueva reina con una vida nueva. Y así habrá aprendido, habrá cambiado en todo sin dejar de ser reina. Cosa que no ha de hacerse si la única táctica de jugar es la huida.
- ¿Y mi rey?, -por fin le recordó la albina soberana- ¡Aun he de tener un rey que pueda protegerme!
- ¡Ay, mi pobre y cana Dama!, pese a tanto jugarlo ¿no entendisteis aun el sentido del juego?
El rey no puede protegeros si os alejáis de él, no puede defenderos si le dejáis de lado, él no puede curaros si no le dejáis acercarse al paso que él compone. El monarca no sabe custodiaros si no os detenéis y esperáis a que llegue. Si no le guardáis vos, si no le vais mirando, si no hacéis todos los movimientos pensando en él como si fuera vos, en vos como si fuerais él. En los dos como un todo.
Hizo lo que podía. Lo único que el rey del juego puede hacer si le deja su reina. Se enrocó y esperó. Buscó la protección de una almena olvidada y allí aguardó, cansado, triste y esperanzado. Esperando de su reina que reinara con él.
Y en vuestro deambular, en vuestro ir y venir loco y desenfrenado, hasta esa protección pírrica y singular vos, mi reina y señora, decidisteis quitarle. Miradle solo ahora, en una oscura esquina de un tablero olvidado, sabiendo que su vida se acabará con vos.
- ¡Pues que venga a ayudarme! –exigió la alba soberana con un grito marchito-.
- Mi señora, lamento recordaros que el rey no va a ayudaros. Él no juega a este juego. Él es el objetivo.
- ¡Mentís, sucio peón! Yo, la blanca reina libre, sí conozco el fin último de este juego de engaños, huidas y demoras. Yo, la reina decidida que recorre el tablero, sé que desde siempre el destino del juego no es el rey, es la vida.
- ¡Tan noble y tan errada, mi Dulce Soberana! La vida no es el juego, ni aquellos que lo juegan, ni lo es la estrategia. No lo es tablero, ni las normas del juego, ni el tiempo en que se juega. La vida sois vos misma, mi dama. La reina siempre ha representado la vida en la partida.
- Pues si yo soy la vida y esta es mi partida porque yo la he iniciado –masculló la alba soberana torciendo la sonrisa-, ¿por qué no ha este rey mío de ayudarme, auxiliarme y servirme de apoyo ahora que he perdido a todas mis defensas?
- ¿De verdad, Majestad, no entendéis el motivo?, ¿no os llega la respuesta como eco atronador?, ¿no barrunta vuestra regia cabeza lo que hace del rey el objetivo?
Si vos mientras jugáis sois y seréis la vida. El rey en la partida tan sólo es el amor.
Desolada, la regia amarfilada se inclinó sobre aquel triste índigo peón y le dijo al oído.
- Sois tan solo un peón ¿Cómo podéis estar al tanto de tan altos misterios?
- Porque también soy rey, aunque en otro tablero. Y alfil en otros tantos, caballero en algunos, torre en muchos dameros y peón, sobre todo peón, en miles de jugadas. Lo sé porque todos somos y fuimos cada una de las piezas en múltiples partidas, en juegos de otras reinas y damas, en jugadas, aperturas, tácticas, estrategias y giros que sacrifican, descubren o protegen otros monarcas quietos, otros amores regios. Lo sé porque, al igual que vos, mi Alba Soberana, yo soy la reina blanca en mi propia partida.
- ¡Pues yo no he de ser otra cosa que Dama! –Desafío la reina al peón que la hablaba- ¡Yo soy monarca aquí y no ansío ni quiero ser peón de otros juegos ni pieza secundaria y sin toda la pompa e importancia sobre otros tableros!
- Entonces, Mi Señora, lamento ser heraldo de lo que he de deciros –los ojos del peón lucían afligidos-. Desde este momento, viviréis muestra muerte por tan simple motivo.
A partir de este día por más que dure el juego, por más que avancéis o que hagáis retroceso, que os mováis, a oriente u occidente, adelante o atrás, a izquierda o a derecha, lo que hagáis ya no será en nada parte vuestra vida. Será tan sólo empezar a morir esperando la muerte.
Si ahora, ajado vuestro brillo por toques de mil dedos, perdida vuestra fuerza en cientos de fútiles huidas, alejados ya todos los que fueron dispuestos para vuestra defensa, apartado el amor que es el rey en oscuro rincón de este juego sin suerte y sola en soledades falsamente queridas, no aceptáis compartir las jugadas de otros, sólo os puedo decir ¡bienvenida, Mi Reina, a vuestra propia muerte!
- ¿Por qué? ¡Aún estoy viva!
- No. Pues habéis olvidado el principio más simple que rige el juego del damero.
Por más que huyáis y que sigáis haciéndolo a lo largo y lo ancho de todo vuestro tiempo y todo vuestro espacio, el juego no es huida y ya nunca podréis ocultaros de todo, enfrentaros a nada ni escapar del tablero.


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