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sábado, noviembre 03, 2018

Cuando Torrá se olvida de que la democracia se basa en Montesquieu

No sé en cuantas ocasiones el españolismo radical -que es practicamente todo- ha tirado de lo de antidemocrátas para atacar a los independentistas catalanes. Que si eran antidemocrátas por convocar un referendum solo porque tenían posibilidades de ganarlo, que si eran antidemocrátas porque si lo ganaban proclarian la independencia sin pensar en el 49% que no la quería (como si eso no fuera la esencia de la democracia); que si eran antidocrátas por ir contra la Constittución Española (como si toda independencia de todo país no hubiera estado en contra de las normas del país del que se independizaba)... 
En ninguno de los casos una mínima reflexión sobre política e historia permitía mantener el argumento. Pero todo lo que no ha conseguido el furibundo españolismo de bandera hasta en la sopa está a punto de conseguirlo el President Torrá con sus exabruptos extemporáneos y su nueva reclamación sobre los Presupuestos Generales del Estado, vinculando el apoyo a los mismos a las acusaciones contra Junqueras por parte de la Fiscalía del Estado.
¿En serio está poniendo en la balanza los Presupuestos y la acusación de Rebeldía contra Junqueras y demás?, ¿en qué estado democrático una decisión judicial está al mismo nivel que una acción de gobierno?
Mezclar ambos términos es decir que el Gobierno debe influir en la judicatura del Tribunal Supremo para que cambie su instrucción del caso y en el Fiscal General del Estado para que modifique sus acusaciones. Es pasarse la división de poderes, que es el meollo central del gobierno democrático, por el arco de Bará.
Es pura y sencillamente una solicitud antidemocrática.
Si la acusación de rebeldía es falsa que lo demuestren en los tribunales, si los presupuestos no les gustan pporque no le dan suficiente dinero a Catalunya o por cualquier otro motivo que no los aprueben. Pero meter las dos situaciones en el mismo saco no es otra cosa que hacer una declaración de intenciones sobre como Torrá y quienes le jalean entienden el Estado. Ya sea el catalán o el español.
Un Estado en el que el poder político manipula el judicial, un Estado en el que las acusaciones se ponen y se quitan en virtud de acuerdos porlíticos que nada tienen que ver con la culpabilidad o inocencia de los reos. Un Estado en el que el ejercicio del poder es un totum revolutum en el que todo vale y todo está en manos de los mismos.
El Gobierno de Moncloa puede cambiar las acusaciones de la Abogacía del Estado porque esa institución está legalmente bajo su mando y es Moncloa quién decide lo que hace y deja de hacer. Pero ni la Fiscalía General del Estado ni el Tribunal Supremo lo están, así que pedirle que las presione o las modifique para dar el apoyo a los Presupuestos es una petición marcadamente antidemocrática.
Y no vale decir que el anterior gobierno del PP sí lo ha hecho. No vale decir que ellos sí manejaban a jueces y fiscales y que por tanto el actual gobierno puede hacer lo mismo para deshacer el desaguisado que los antiguos inquilinos genoveses de Moncloa han liado.
¡Pues claro que puede hacerlo, pero no debe!
Esa es la diferencia entre ser democráta y no serlo. Que no renuncias a la democracia por muy bien que te venga hacerlo en algunas ocasiones.
En España o en Catalunya. Da igual.

sábado, abril 07, 2018

Esa rebelión que disfraza en uno todos nuestros fracasos.

Lo que está ocurriendo con la "rebelión" judicializada que el Gobierno y la Justicia española mantenían y pretenden mantener para castigar el Procés parece un fracaso del Gobierno y es muy posible que lo sea. Pero en realidad ese fracaso evidente esconde otros muchos menos notorios, que afectan a alguien más que a La Moncloa.
-El fracaso de la política de la arenga.- Para mantener sus posiciones, cada partido, no tira de mensajes mesurados, argumentados ni estables, tira de la arenga visceral y exagerada. Lo hizo en sus tiempos el PSOE con los famosos perros rabiosos de sus campañas electorales, lo hacen el PP y Ciudadanos con la equiparación de Podemos con Venezuela, lo hace Podemos con la equiparación con el Franquismo de cualquier acto conservador del gobierno. 
Y este caso no iba a ser una excepción. Se tiró de hipérboles comparándolo con el 23F, incluso con el alzamiento franquista. Se les ha llamado supremacistas, nazis, golpistas. Algo que puede servir de metáfora arengaria pero que no es verdad.
Por eso cuando juristas externos -de ahí la estrategia de internacionalización- toman una decisión contraria, todas las personas convencidas por las arengas se sienten defraudadas y acusan de incoherencia a los jueces alemanes, belgas, suizos o escoceses que sacan el asunto de la arenga y lo devuelven al mundo real.
-El fracaso de la judicialización de la política.- Los políticos españoles están acostumbrados a buscar el refuerzo de los tribunales para dar fuerza a sus argumentos. Cada vez que una ley no les gusta tiran del Constitucional, cada vez que quieren tomar una decisión de Gobierno buscan que sean los jueces quienes lo hagan. Y en este caso, eso ha llevado a que órganos judiciales que nunca deberían haber procesado ese delito lo hicieran, a que fiscales, que tenían que haber buscado el delito más ajustado a derecho, acusaran del delito que la arenga política les decía que se había cometido, antes siquiera de haberlo investigado.
-El fracaso de la politización de la Justicia.- Es el reverso -quizás más tenebroso- del anterior. Fiscales politizados, tribunales politizados, que se ven obligados a seguir la línea del Gobierno que les colocó en sus puestos y claro, de nuevo, cuando el asunto trasciende las fronteras y caen en manos de jueces que no tienen esa presión política, porque sus sociedades ni están gobernadas por esos partidos ni han sido arengadas sin tregua y sin descanso por una y otra parte, la realidad de los hechos choca con las hipérboles generadas por los políticos españoles y aceptadas por la sociedad.
-El fracaso de los medios de comunicación. Los medios de comunicación -ya muy tocados en nuestro país por el vicio de la propaganda política- han de ser mediadores sociales antes que generadores de opinión. Pero siempre que hay un conflicto ideológico optan por su papel de generadores de una u otra opinión. El aborto, la Ley de partidos, La Ley de Violencia de Género, el laicismo... la lista de asuntos es prácticamente infinita. En lugar de presentar las posiciones de unos y de otros solamente y dejar que cada uno saque conclusiones, presentan las de unos para desacreditarlas y las de otros para ensalzarlas; presentan los vicios de unas y esconden los de otras. Si hicieran su trabajo todos los medios por igual, el lector no tendría la posibilidad de hacer lo que hace ahora. Leer solamente el periódico que le gusta y refuerza las arengas recibidas y asumidas. Tendría que pensar por su cuenta.
Y estos son solo los fracasos del sistema, del elemento institucional. Como sociedad también nos han salido unos cuantos.
-El fracaso del complejo nacional. Desde el comienzo de todo esto nos negamos a escuchar al extranjero, al que nos ve desde fuera. Nos lo dijo el Times, nos lo dijo el Washington Post, nos lo dijo Le Monde Diplomatique y nosotros lo rechazamos. A unos y a otros les dijeron que sus caminos eran erróneos, pero todos los desecharon con un "¡qué sabrán ellos!" porque nuestros complejos nos impiden aceptar nada crítico que venga del exterior.
-El fracaso del refuerzo frontal.- O sea, eso de que el hecho de que alguien le quite la razón en algo a nuestros antagonistas supone que nos la da a nosotros en todo. Si alguien decía que el camino del Procés era erróneo eso ya significaba que estaba dando la razón a quienes decían que el camino del Gobierno, de la detención y el procesamiento por rebelión, era justo; si alguien decía que ese no era el camino para la solución ya estaba diciendo que Catalunya tenía que ser independiente.
-El fracaso de la acusación como condena.- Otro de nuestros grandes defectos sociales. Como se les ha acusado ya son culpables. Lo hacemos con todo. Con las acusaciones de corrupción, con las de malos tratos, con las de malas actuaciones policiales, prácticamente con las de cualquier delito. Así que, que se acuse a alguien de rebelión le transforma en rebelde y claro, cuando un juez dice que no, que no lo es, sentimos que le están dando la razón, que dejan a un "rebelde" marcharse de rositas.
Y todos esos fracasos nos llevan al peor y más doloroso de todos.
De nuevo hemos fracasado en el noble arte de pensar por nuestra cuenta. De darnos cuenta de que, por más que quisiéramos la independencia, tendríamos que haber mirado más allá de las arengas y ver que esa vía era absurda y hacérselo saber a nuestros líderes; que, por más que seamos unionistas, tendríamos que haberles dicho a nuestros líderes ¡Por favor!, ¡cómo va a ser igual convocar un referéndum que invadir el Congreso a punta de pistola y sacar los tanques a la calle! en lugar de comprar la hipérbole y repetirla hasta llegar a creérnosla.
Y lo más grave es que, cuando una decisión externa intenta devolvernos a la realidad, la desechamos y seguimos a lo nuestro. Exigiendo tomar a los 200.000 alemanes que residen en España como rehenes o destrozar cervecerías en Baviera. Otra nueva arenga para poder seguir en la burbuja de todos nuestros fracasos.

viernes, marzo 02, 2018

De empeñarse en morir a Danzad, danzad, Malditos (crítica cinéfila del Procés)

Hay una frase muy típica de las pelis estadounidenses.
Ese momento en el que quien ejerce la función de heroe en la historia duda entre hacer o no hacer algo y su colega -generalmente el negro que termina muriendo un puñado de fotogramas después- le dice aquello de "en la vida, en realidad, solo hay una elección: empeñarse en vivir o empeñarse en morir".
Pues esa es la elección que afrontan la justa reclamación de un proceso que decida sobre la independencia de Catalunya . Y esa es la decisión que, aunque no lo crean los nacionalistas españoles, afronta la democracia y el Estado de Derecho española a través de su legítimo gobierno.
Los independentistas, que han logrado de nuevo el refrendo de la mitad de la población catalana en las urnas -aunque repartidos de otro modo- tienen que mantener viva esa reclamación, esa necesidad de clarificar de una vez por todas si Catalunya quiere ser independiente o no.
El paso a un lado de Puigdemont es, para mi, el primer paso que se da en ese sentido. Un paso casi de sardana, de esos que retiran el pie un poco hacia atrás antes de completarlo totalmente.
¿Por qué? Porque la propuesta de Jordi Sánchez como su sustituto, encarcelado y pendiente del proceso judicial absurdo iniciado por orden del Gobierno español contra el antiguo Govern y el independtismo en general, no es el heroe de la peli cargando sus armas, afilando sus cuchillos y haciendo flexiones para ponerse en forma y derrotar a sus enemigos. No es ese "empeñarse en morir". Es más bien un paso de danza que deja la posibilidad de "empeñarse en vivir" a su antagonista, al coprotagonista de esta peli, que se ha querido vender como de buenos y de malos, y que en realidad es una historia de bandas rivales: el Gobierno español.
Porque ahora es el Gobierno español el que debe demostrar que él también está "empeñado en vivir". No en vivir eternamente en el poder, no en vivir en su ideología nacional españolista por siempre y para siempre. Empeñado en que la democracia española persista, en que todos, catalanes o no, nos podamos creer que vivimos en un país en el que tenemos derecho -aunque sea poco- a decidir nuestro destino.
Le toca de deshacerse de todas las memeces -sí, memeces- de que la democracia se defiende a golpe de decreto, de proceso por rebelión, de intervención a través del manido y manipulado artículo 155 de la Constitución. 

Le toca adelantar el pie en esa sardana hacia Jordi Sánchez, si sale elegido, y demostrar que sabe que la democracia se basa en lo que siempre se basó: el derecho de los que deben decidir algo a decidirlo.
Le toca decidir entre empeñarse en la muerte de seguir escuchando los cantos de sirena de los nacionalistas españoles de bandera en el balcón y argumentos absurdos, que van desde el falso imperio histórico hasta la pretensión de que toda España participe en ese referendum, o empeñarse en la vida que a esta nación -y a la que eventualmente podría surgir de una independencia catalana- la daría saber que aquí las cosas se solucionan hablando, dialogando, acordando, escuchando y dejando que la gente decida lo que quiere hacer con su futuro.
Y eso solo puede hacerse con un referendum al que no se niegue el gobierno español por mucho que tema perderlo, por mucho que le abuchee el nacionalismo español que no tiene arte ni parte en este asunto, salvo aquellos que vivan en Catalunya y quieran expresarlo con su voto en esa consulta sobre la indepependencia catalana.
Hace un puñado de meses ambos, enfrentados al paso diez del camino del heroe -así lo llama el profesor de guión cinematográfico de mi hija-, se empeñaron en morir. 
Morir en la vía unilateral, morir en una declaración virtual de independencia imposible, morir en el penoso, vacuo y esperpéntico intento, digno de Valle Inclan, de impedir una votación requisando papeletas y urnas, morir en la puesta escena mas absuda de una represión policial encerrada con raciones de emergencia en un barco bajo bandera de Piolín, morir en procesar por rebeldía a alguien que quería marcharse y no acceder al poder en España.
Ahora, la magia de las urnas ha obrado el milagro, y les devuelve a la vida, les lleva unos cuantos miles de fotogramas atrás en esta película, digna del teatro del absurdo de Ionesco o Pirandello, dándoles la oportunidad de transformarla en una historia que no sea una película de bandas de gansters enfrentadas y pueda convertirse en otra cosa.
"En la vida, en realidad, solo hay una elección: empeñarse en vivir o empeñarse en morir". A ver si esta vez se empeñan en vivir y comprenden que vivir es danzar con quien se tiene enfrente.
Así que eso nos arrastra a esa otra orden cinematográfica famosa: "Danzad, danzad, Malditos". A ver si vuestra danza le devuelve la vida a España y Catalunya. Juntas o separdas, que da igual. 
Que lo único que importa es que sigan vivas las dos tras vuestra danza.

miércoles, diciembre 20, 2017

Cuando un voto se convierte en un hacha o un mosquete en Catalunya

Parece que mañana es el día. La primera vez que se llevan a cabo en España  unas elecciones autonómicas por imperativo del Gobierno central.
Y yo suelo ser de los que dicen que se vote porque si no se hace, después no se puede protestar, se pierde el derecho a exigir y te quedas sin argumentos cuando el Gobierno -cualquier gobierno- se monta a lomos de un poder que no le pertenece, ignorando que es algo prestado por el pueblo -ahora llamado más finamente, la ciudadanía-.
No voy a retirar mi recomendación, pero en las elecciones catalanas de mañana todo sufragio depositado en la urna será depositado en uno u otro montón. Da igual al partido que se vote, da igual a la formación que se prefiera, solamente habrá un análisis: España y Catalunya. Juntos o separados.
Así que ninguno de los sufragios emitidos mañana servirá absolutamente para nada.
No lo hará por un simple motivo: Si gana el independentismo, el Gobierno del PP no se planteará bajo ningún concepto la independencia de Catalunya. Dará igual lo que diga el electorado, dará igual el recuento. 
Han impuesto unas elecciones, intervenido una comunidad autónoma forzando y manipulando un artículo constitucional y puesto la imparcialidad de la justicia de rodillas bajo el manto de su política unionista solamente para que no haya independencia en Catalunya. Así que, aunque gane el indepentismo, dará igual.
Y si gana el españolismo unionista también dará lo mismo. La parte de Catalunya que quiere ser independiente no dejará de quererlo y podrá argumentar sine die, por más que les restrieguen los resultados de esots comicios por la cara, que, en pleno siglo XXI, al contrario que los países medianamente civilizados y democráticos como Gran Bretaña o Francia, se les ha negado un referendum legal y se ha transformado en ilegal el que hicieron. Podrán decir -con toda la razón, le pese a quien le pese- que el Estado español ha reaccionado como el Rey Jorge con sus colonías americanas hace ya dos siglos y medio.
Y también será inutil porque, gane quien gane en las urnas, triunfará por un par de escaños, unos cientos de votos, un puñado de municipios o de secciones electorales.
Y Catalunya seguirá dividida. Seguirá rota por la mitad por las acciones de unos y de otros. Por el empeño de los independentistas en no darle visión y desarrollo en el tiempo histórico a sus deseos de independencia, por la obcecación de los españolistas de negarse a dejar a los catalanes opinar legalmente al respecto; por las diadas multitudinarias como demostración de fuerza; por los autobuses traídos desde toda España para orquestar manifestaciones multitudinarias de banderas de España y cruces de San Andrés para contrarrestarlas; por los mossos de unos y los guardias civiles de otros. Por las mentiras de unos y de otros para apoyar su posición, retorciendo la interpretación de la historia de Catalunya y de España en su favor.
Pero sobre todo será inútil por el hecho de que nadie se ha preocupado de Catalunya en estas elecciones. 
Las candidatas de uno y otro signo nacionalista -españolista o catalanista- desconocen el nivel del paro en su territorio y, claro, poco o nada han propuesto para solucionarlo; los candidatos catalanistas no hablan de desindustrialización o de crisis de los servicios , los españolistas no hablan de comercio internacional o de problemas agrícolas.
Porque los unos y los otros, como caudillos de distintas tribus bárbaras ante las murallas de la ciudad que pretenden saquear, se han preocupado más de repartirse el botín, de dirimir las cuotas de poder, de pugnar por la investidura a President de la Generalitat, que de ninguna otra cosa
Porque todo lo bueno parte de España y todo lo malo del procés para unos y exactamente lo contrario para los otros.
Porque no se han preocupado de alentar a sus votantes, de ilusionar a la sociedad con sus proyectos políticos, de presentar un programa. Se han limitado a intentar hacer levas, más o menos forzosas basadas en el miedo al futuro enemigo, para aumentar sus huestes y armarlas con una papeleta para lanzarlas luego al campo de batalla.
Y puede que, como en el asedio de l'Alguer en 1354, ganén unos o, como en la Batalla de Montjuit en 1640, se impongan los otros. Pero, a estas alturas del partido de la historia, de todos es sabido que una victoria bélica nunca trae la paz y por tanto es inútil.

sábado, octubre 28, 2017

No aprender a salir de la Caverna

Catalunya se ha declarado independiente y de nada servirá.
Y es eso y no ninguna otra cosa, ningún otro matiz, lo que hoy hace que las linea que escribo destilen un solo sentimiento:decepción.
Y no lo siento por los gobiernos, políticos y líderes de uno y otro lado, de gobiernos y oposiciones. Nada de ellos esperaba. No te pueden decepcionar quienes ya lo han hecho tanto que no generan la expectativa más pequeña.
No lo siento porque Catalunya sea o no independiente. Eso siempre dio igual. Al menos para mi, que me perdonen los unos y los otros.
Siento decepción por miles, por millones de personas que habitan junto en mí en la tierra en la que vivo y de la que no me siento ni quiero sentirme propietario.
Porque, una vez más, como otras tantas, siento que aún no hemos aprendido a ser demócratas. Que no sabemos pensar en contra nuestra.
Que preferimos refugiarnos en la ley cuando nos favorece que darnos cuenta que esa ley, aunque nos venga bien, puede ser injusta y restrictiva para otros; que millones de nosotros hemos anclado la razón a una sola palabra, escrita en un prefacio de un Corpus legal, que para otras cosas se ha cambiado a capricho, y la hemos arrojado al mar a que se hunda en lugar de pararnos a pensar si para otros era justo que esa palabra les impidiera decidir su futuro.
Decepción porque, pese a la historia, la educación y las frases dichas y repetidas con la boca pequeña de unos y de otros, seguimos aquejados del mismo mal de siempre que nos impregna todo y no nos deja liberarnos a nosotros por dentro ni dejar a los otros ser libres desde fuera.
El mismo mal que hace que un hombre mate a la mujer que le abandona porque ya no le quiere o a la mujer que es abandonada buscar destruir a aquel que ha dejado de amarla;  el mismo vicio aciago y repetido que nos hace exigir a nuestros hijos que sigan la senda que nuestra expectativa trazó para ellos sin su consentimiento, odiar al extranjero, despreciar lo que no conocemos, ignorar el dolor de aquellos que mueren y sufren lejos por culpa de cómo vivimos y elegimos vivir. La misma lacra dolorosa que nos llevó a la Inquisición, la purga afrancesada, las checas o los campos de reeducación en aciagos pasados.
No sabemos mantener el amor por la libertad si esta no es la nuestra o se opone a aquello que pensamos y sentimos, no sabemos amar y defender la democracia si actúa en contra nuestra. 
No sabemos amar, lo que sea y a quien sea, si no nos sentimos dueños y propietarios de ello por completo.
Decepción porque millones de nosotros desperdiciaron una oportunidad para la grandeza, la auténtica grandeza, que hubiera sido defender el derecho de otros a elegir aunque fuera algo que a nosotros nunca nos hubiera gustado que eligieran.
Porque seguimos poniendo ese vago concepto de ser grandes no en lo que hacemos, no en la actitud de respeto y apoyo a la libertad de los otros, sino en pasados rancios llenos de sangre, muerte, barbaríe y crueldad que hoy queremos mostrar como gloriosos.
Porque en lugar de ser gandes y decir "es arcaico, ilógico y hasta perjudicial para ti, pero es tu decisión, tomalá en libertad con mi apoyo y consejo", hemos preferido repetir como un mantra salvador una unidad tan falsa como inútil, el nombre de un país y tremolar dos colores en una configuración concreta de bandas horizontales. ¡Cómo si eso sirviera de explicación a algo, de sustitutivo de la libertad o de referente de la democracia!
Decepción sí. Y no hace falta que nadie me juegue al "ellos más", al "ellos empezaron" o a cualquier otro argumento. No pretendo convencer a nadie de que esto sea cierto o lo que deba sentir a este respecto, pero es eso y solo eso lo que siento.
Decepción porque siento que todo lo que se ha hecho y apoyado por esos miles o millones de españoles no se ha hecho ni apoyado en defensa de la Constitución, la democracia o la libertad, sino por el único motivo de que no se quería una Catalunya independiente, de que no se quería perder la votación, de que no se había madurado lo suficiente como estado moderno para poder respetar la democracia.
Decepción porque hoy, que Catalunya se declara independiente, no estoy más cerca de saber si los catalanes quieren ser independientes que cuando se declaraba parte de España.
Y eso solo ocurre porque quien tenía que hacerlo, quien tenía que garantizar la libertad de los catalanes a elegir democraticamente su destino, no lo ha hecho por miedo a que ese destino no fuera el que ellos querían. 
Y, sobre todo, porque muchos de los que teniamos la obligación de exigirselo prefierieron colocar una bandera en su balcón que luchar por el derecho de otros a decidir libremente su futuro.
Puede que eso sea legal, pero no debería serlo.
Puede que no sea inconsticuional, pero sí debería serlo.
Pese a todo, pese a todos, o quizás por todo y por culpa de todos,seguimos mirando a través de la realidad virtual que crean nuestros deseos y preferencias sin pensar en los demás. Seguimos como siempre. 
Hemos desperdiciado otra oportunidad para salir de la caverna.

domingo, agosto 20, 2017

La cortina de odio que pretende ocultar nuestras vergüenzas tras Las Ramblas

Una de las cosas que tiene ese trágico momento en que la guerra te estalla ante los ojos es que saca de todos las vergüenzas y con ellas los intentos automáticos de ocultarlas.
Quizás, tras los atentados de Barcelona y Cambrils, hay tantas y tan evidentes que resulta difícil verlas todas, vuelven sus obsesiones eternas con ETA, las de los separatistas con la “opresión” del gobierno español, las de los españolistas con la Generalitat, las de ese conservadurismo populista y manipulador con Podemos... 
Todos intentan usar el yihadismo para arrimar el ascua a su sardina o cuando menos alejarla de las de sus rivales o enemigos.
Porque para Mayor Oreja reclamar unidad ante el terrorismo es exigir que todos y cada uno, ya no de los españoles sino de todos los europeos, que acepten con un leve asentimiento sumiso su forma de ver las cosas, su visión de cómo acabar con el terrorismo pese a que ya ha se ha demostrado mil veces que no sirvió de nada para acabar con ETA.
Porque para los españolistas cargar por negligencia (o incluso cobardía, que hay que leer de todo) contra la Generalitat y los Mossos de esquadra es en realidad abogar por la mano dura contra el independentismo catalán.
Porque para los independentistas catalanes separar las víctimas catalanas de las españolas en el macabro recuento no es otra cosa que intentar mandar el mensaje de no nos importa lo que piensen o digan el resto de los españoles.
Porque para los que descontextualizan una frase de Pablo Iglesias acusándole contra viento y marea de apoyar el yihadismo y haciéndole cuando menos colaborador necesario de los atentados es solamente un intento de proseguir en la ardua tarea que se han impuesto de intentar influir en la voluntad política de los españoles a través del más profundo terror atávico irracional a lo desconocido…
Y así hasta el infinito, en una suerte inacabable de interpretaciones parciales, sesgadas y oportunistas que provocan la náusea.
Pero, sin duda, la vergüenza colectiva que más aflora y la que más ridícula en su intento de disimulo es la de los islamófobos que han puesto de moda como condición sine qua non para que la comunidad musulmana en España “se gane nuestra confianza” que se manifiesten masívamente contra el terrorismo yihadista.
Si no fuera funesto hasta provocaría risa. Si no fuera patológico hasta sería ridículo.
Porque esa exigencia, aunque pueda parecer razonable y lógica, parte del más profundo y enfermizo complejo de superioridad.
Parte de ese complejo porque necesitan sentirse superiores, necesitan sentirse héroes de esa España suya que tan solo imaginan, que nunca existió ni existirá y en la que ellos son héroes salvadores de la patria contra los crueles enemigos que la acechan.
“Que hagan para acabar con el yihadismo los musulmanes hagan lo que hicimos nosotros para acabar con ETA y salgan a la calle. Entonces les creeremos”, repiten en sus tuits, comentarios e invectivas físicas y virtuales contra los musulmanes y el Islam. 
Y en ese momento, cuando lo lees o lo escuchas, si no fueran tan peligrosos hasta darían lastima.
Porque se han dejado alejar tanto de la realidad por los medios que han machacado con ello en cada aniversario, en cada conmemoración, en cada acto de eterno recordatorio de las víctimas y solo de esas víctimas, que ya se creen que ellos acabaron con ETA.
Han llegado a olvidar que a un fanático furioso, como son los yihadistas, o a un mafioso sanguinario, como fueron los falsos abertzales de ETA en su final, lo que opine la sociedad le da igual, lo que griten miles de personas en su contra le da igual. 
No responden al clamor social ni a la voluntad política de la ciudadanía: Si lo hicieran dejarían de ser fanáticos o mafiosos y del fanatismo y la mafia no se abandonan con tanta facilidad.
Vean lo vean seguirán; se manifieste quien se manifieste, seguirán. Incluso se reforzarán en su causa. Igual que hizo ETA, considerando traidor a todo vasco nacionalista o independentista que hablaba en su contra; igual que hizo el IRA con todo irlandés que hablaba de paz y no de victoria en el Ulster.
Pero los que señalan con el dedo a las comunidades musulmanas por no "llenar la Plaza de Catalunya" insisten porque, cargando contra el Islam usando la falsa yihad de parapeto, como antes cargaron contra el independentismo vasco poniendo de excusa el terrorismo de ETA, lo único que pretenden ocultar es que lo que acabó con ETA no fueron nuestras manifestaciones, ni nuestros gestos ciudadanos. 
Lo que acabó con ETA fue -además de la acción policial- una sola acción que dejó a los mafiosos sangrientos del tiro en la nuca sin argumentos para reclutar, una tras otra generación, a los jóvenes vascos para la kale borroka y los comandos: que se permitió que los vascos buscarán el independentismo de forma democrática votando a partidos abertzales que hasta entonces se negaban a legalizar.
Si puedo buscar la independencia con un voto para qué buscarla con un arma.
Pero aquellos que buscan excusas para su complejo de superioridad y para su odio, antaño a los vascos y hoy a los musulmanes, no pueden aceptar eso porque significaría que ellos no son los héroes, que no fue ninguna de sus acciones lo que acabó con ETA. Que fue, pura y simplemente, hacer por fin lo que era justo, precisamente lo que ellos criticaban que se hiciera y segaban a hacer.
Así que cargan sobre las manifestaciones multitudinarias exigidas a las comunidades musulmanas la responsabilidad del fin del terrorismo yihadista porque aflora una vez más su complejo de superioridad social que les hace creer que lo suyo es siempre lo acertado y no les permite asimilar que lo que acabará con la capacidad de los líderes de la falsa yihad de reclutar y fanatizar más huestes es que se haga lo que es justo que, en el caso del yihadismo, no es tan directo y sencillo como lo era en el caso de ETA, aunque ellos se empeñen en negarlo.
Lo dicho, si eae necesidad de odiar apenas soterrada, ese complejo de superioridad y esa incapacidad para afrontar la realidad de las cosas no fueran tan aterradoramente peligrosos, hasta darían lástima.

viernes, agosto 18, 2017

Barcelona o descubrir entre lágrimas que hay más de un enemigo

Ayer nos llegó un nuevo capítulo de esa guerra interminable que desde hacía mucho tiempo tan solo veíamos y leíamos de lejos, con los ojos pequeños entrecerrados por el miedo, la ira y la sorpresa.
Y hoy se habla aquí y allá del fin de la frivolidad, de la inocencia perdida, y de una serie de lugares comunes que todo el mundo busca cuando la sangre derramada se vuelve cercana, conocida, casi propia.
Podemos fingir que es así o podemos repetirnos la verdad. Esa frivolidad, ese no tomarnos en serio a quienes alientan el odio xenófobo cada día en las redes, en los chats, en los foros de medios de comunicación, y que hacen que los que odian crean que tienen excusa para odiarnos, no ha acabado. No ha hecho salvo empezar.
Se recrudecerá, se instalará de nuevo en la mente de muchos que necesitan en todo momento disponer de un enemigo a quien odiar, alguien sobre quien poder sentirse superiores.
Y volverá a alimentar al monstruo, seguirá haciéndole crecer, seguirá aportando carne de cañón asesina a las filas de aquellos que aprovechan la miseria para construir fanáticos, que utilizan la rabia para convencer a otros de que han de sembrar las calles de sangre y de cadáveres como otros sembraron y siembran las calles de sus pueblos y aldeas de la misma destrucción sin sentido.
Y el ciclo continuará, se expandirá y se repetirá si no abandonamos la frívola creencia de que no importa que un puñado, unos cientos, unos miles, de locos furiosos y acomplejados, pueblen día y noche el éter con mensajes contra el Islam, contra los extranjeros, contra los refugiados, si no empezamos a ver que son la quinta columna perversa e inconsciente de aquellos que nos ponen las bombas, que nos matan, que nos hacen sangrar.
Que todos esos que hablan de la España de los Reyes Católicos, que buscan y descontextualizan suras de El Corán para mostrar al mundo que el Islam es un hecho religioso perverso, que alientan y aplauden las ideas de Trump y claman porque se implanten en nuestro territorio, no son unos dementes, no son unos bocazas... 
Son nuestros enemigos.
Tanto como los que radicalizan a muchachos, ocultos en los pliegues del éter de Internet, tanto como quienes les enseñan a fabricar las bombas o les instan a arrollar a viandantes en mitad de Las Ramblas.
Enemigos de todos porque ellos son los que cada día, cada hora, en cada red social y cada tuit, le dan a quienes manejan los hilos de la falsa yihad la leña para encender la hoguera del fanatismo, del odio impenitente, de la falsa venganza y de la muerte.
Enemigos porque dan la oportunidad a los locos furiosos de mostrar a aquellos que comenten el error de acercarse a al falso califato la prueba de que aquí se les odia, de que todos sentimos desprecio hacia ellos y lo suyo, de que está justificado que viertan nuestra sangre, que sieguen nuestras vidas.
Así que, sí, perdamos la inocencia. Esa inocencia que debimos perder muchos años atrás, con la primera muerte en las lejanas tierras de ese oriente al que llamamos próximo y sentimos lejano. Perdámosla y dejemos de fingir que ignoramos que nuestros enemigos no son solo aquellos que nos matan o aquellos que, ocultos y distantes, les convencen de que está bien hacerlo.
Entre la sangre y las lágrimas que inundan Barcelona y nuestros corazones, aceptemos por fin que tenemos que luchar en esta guerra aciaga y que hemos de hacerlo en dos frentes distintos: contra los que nos matan y contra los que envían los mensajes de odio que les facilitan la excusa para seguir matándonos.
Con la misma rabia, con la misma fuerza, con la misma determinación.

miércoles, julio 12, 2017

Mayor Oreja y el sueño persistente del PP de ver los tanques en la calle

Lo bueno de tener irredimibles en tus filas es que no se bajan del burro. Ocurra lo ocurra, ellos siguen en sus trece y se convierten en un faro que siempre apunta al mismo sitio, a la esencia de aquello que ellos consideran lo esencial de la ideología. Lo malo es que te destrozan con una frase las más complejas y pensadas estrategias de manipulación social.
Dos semanas intentando vender esto del homenaje a Miguel Ángel Blanco como algo que refuerza la idea de juntos podemos conseguir cualquier cosa, enviando voceros a todas las tertulías para hablar de "puntos de inflexión social", de "decir basta al miedo" y de todo lo que se podía ocurrir para buscar una unidad social inexistente en torno a la figura de esta víctima de ETA y de pronto se le enciende la luz al irreductible, el obseso del control y la fuerza y te la echa por tierra con una sola frase.
"ETA sigue viva en Catalunya a través del procés soberanista de ruptura de España"
Y el gabinete de Comunicación del PP tirándose de los pelos en Génova 13, y los sueldos de todos los estrategas tirados a la basura. No porque no estén de acuerdo, no porque vaya en contra del mensaje que quieren difundir, sino porque toda una vagamente sutil y arteramente pergeñada estrategia de manipulación política y social ha sido puesta al descubierto.
Mayor Oreja, ¡cómo no! Allá donde se invoca la sombra de ETA siempre está Mayor Oreja.
Desde su retiro dorado o su celda acolchada en Bruselas -que nunca se tiene muy claro que papel cumplen en según que partido los destierros europeos- el adalid de la respuesta acorazada en las calles de Donosti a la Kale Borroka, desvela lo que algunos habían inferido, muchos sospechábamos y la inmensa mayoría probablemente no tenía ni idea.
Que todo esto de Miguel Angel Blanco y su homenaje es solo uno de los elementos de algo que nada tiene que ver ETA, ni con el terrorismo en Euskadi, ni con la memoria del asesinado Miguel Ángel Blanco.
Que todo va, como siempre en el último lustro de la política española, de la independencia de Catalunya.
Y ya no hay pancarta, ni memoria, ni ovación en el Congreso que pueda ocultar que el desmedido interés por la conmemoración de Miguel Ángel Blanco va también de eso.
Porque si el procés es ETA hay que reaccionar contra el Procés como contra ETA. Y si la forma de actuar contra ETA es la que se reivindica falsamente a través del homenaje a Miguel Ángel Blanco, eso supone que habrá que enviar a los cachorros a atacar las sedes de todo partido soberanista, independentista o nacionalista en Catalunya, que habrá que internar forzar que las fuerzas del orden, ya sean autonómicas o nacionales, les traten como criminales, que hay que intentar ilegalizar esa forma de pensamiento y decretar un delito ser independentista como se hizo con la infausta Ley de Partidos en Euskadi.
Vamos que hay que equiparar independentista con terrorista. Lo que siempre quiso y buscó el Partido Popular antes y después de Miguel Ángel Blanco.
Da igual que no haya violencia, es indiferente que el único conato terrorista del independentismo catalán, Terra Lliure, lleve décadas muerto y autoenterrado. El independentismo en sí mismo es ETA, es terrorismo.
Si a esto le sumamos a todo el carro de bueyes del sistema bipartidista, desde Aznar a Guerra, pasando por González, clamando por utilizar el artículo 155 de la Constitución para colocar Catalunya en un equivalente a un Estado de Excepción y a Dolores de Cospedal descolgándose también casualmente, como quien no quiere la cosa, con un ""por tierra, mar y aire, las Fuerzas Armadas y la Guardia Civil se encuentran donde haya que proteger los valores de la democracia y de la Constitución, pero también la integridad y soberanía"de España", parece que no hay duda.
No sé si al final se atreverán pero resulta más que evidente lo que están pensando. 
A lo mejor el irreductible Mayor Oreja ve por fin cumplido su sueño de ver tanques y las tropas en la calle, aunque no sea de Donosti y sí de Barcelona. 
Como ya ocurriera el 23F, en la Semana Trágica o en otros grandes momentos de "defensa de la democracia".
Y a lo peor los verdaderos patriotas nos vemos forzados a ir a una guerra antes de lo que pensábamos y no contra ese enemigo enfundado en negro y falso islam sino contra aquellos que nos fuerzan, como diría el liberal, nada comunista y padre de la patria estadounidense, Edward Abbey, a defender nuestro país en contra del Gobierno.
Aunque sea para defender el derecho de nuestros compatriotas a querer dejar de serlo.
Y entonces Mayor Oreja por fin será feliz.

sábado, noviembre 05, 2016

Dolors en la frente y el votante del PP vuelve a Matrix

Y la primera en la frente.
Nunca un frase hecha vino tan al pelo de lo que ocurre en la actualidad.
Durante meses aquellos que han decidido votar a quienes ya les habían traicionado una vez, a quienes ya habían incumplido sus promesas electorales, han vuelto a hacer el ejercicio casi enfermizo para autoconvencerse de que esta vez no, de que ahora el Partido Popular cumpliría sus promesas por fin y no haría que la insistente actitud de sus fieles se transformara en el epítome de la incosciencia. Ya se sabe, eso de repetir una y otra vez la misma acción esperando que tenga un resultado diferente, como diría el personaje cinematográfico.
El PP prometió en sus dos campañas regeneración, lucha contra la corrupción, transparencia y honestidad política y se nos descuelga colocando en un ministerio a una ministra que le debe dos millones de euros a Hacienda. ¡Vaya, va a ser que no, que todo sigue igual!
Mientras Montoro, ese hombre pequeño que ansía que le vean enorme, intentaba acorralar a los actores para "dar ejemplo", y persigue a los deportistas de élite con el famoso 85 -15 porque "todos deben contribuir", Rajoy coloca a una morosa en un ministerio y los ecos de esa prometida regeneración de esa frase de "el PP no es corupto, son solamente algunas personas" resuenan para convertirse en un chiste de mal gusto.
Los votantes del PP callados como tumbas mientras tanto, los mismos que corren a llenar las redes de recriminaciones al senador Espinar de Podemos por agenciarse una plusvalía de 36.000 euros -que no digo yo que esté bien ni mucho menos- siguen como monjes trapenses, no se indignan, no se alteran lo más mínimo por los dos millones que la flamante ministra debe al fisco, es decir a ellos, a todos.
La primera en la frente. Y la segunda será que no dimitirá, otro gran ejemplo de regeneración dentro del partido, y la tercera...no hay que esperar.
Margarita Mariscal de Gante, ex ministra del PP, será la que tramite la ponencia para revisar la condena que obliga a dos alcaldes de su partido a pagar cuatrocientos mil euros. 
No se ha enfriado aún la tinta de la firma, no se han apagado aún los ecos de su juramento -ante la biblia, por supuesto- cuando el nuevo Gobierno ya coloca a alguien en un puesto para tapar las vergüenzas de los suyos.
Todo muy regenerado, muy transparente.
Y que politicos y votantes de Génova no se atrevan a decir que lo de la españolista catalana -que por eso está en el ministerio, no nos engañemos- les ha pillado de sorpresa. Porque antes de las elecciones la buena de Dolors y su señora madre ya le debían al fisco la nada despreciable cantidad de 1.277.000 euros. Estaba publicado, redactado, sabido y hasta tuiteado pero... ¡para que se va a preocupar el PP de esa minucias!, lo suyo es la regeneración y la transparencia.
Alguien, alguien del Partido Popular, se intentó hace un tiempo arrogar el mérito de haber salvado la democracia española como parte de los siete millones de sufragios que había recibido el PP.
No sé si han salvado la democracia española de ese monstruo ficticio que ellos quieren ver porque les conviene, pero lo que sí sé es que esos siete millones de votos han mandado un mensaje claro.
"Seguid robando, seguid defraudando y estafando, no nos importa con tal de que la bandera rojigualda de tres bandas ondee en Catalunya y de que nuestros alimentados e irracionales miedos estén a salvo".
Y el Gobierno ha captado el mensaje. Desde el primer día.
Ahora, queridos, os toca callar o seguir hablando de Espinar, de los ERE y de Pujol, que para eso os los ponen en las portadas los medios que os gusta leer porque escriben lo que quereís leer.
Hora de volver a entrar en Matrix.

domingo, octubre 30, 2016

Rufían, tuits, mayeútica y la vergüenza socialista.


Con todas estas idas y venidas del engendro político español he aprendido algunas cosas. Y una de ellas es a calibrar la importancia, o quizás sería mejor decir el peligro, que determinadas cosas tienen para el emporio político del inmovilismo bipartidario en virtud de la rapidez con la que reaccionan contra ellas los medios que se empeñan en sustentarlo.
Pues bien, El País, esa publicación que antaño fue un diario de información y hoy es otra cosa que ni siquiera puede llamarse panfleto propagandístico porque no tiene el valor de reconocerlo, tardó exactamente veintidós minutos en reaccionar a la intervención de poco más de siete minutos de Gabriel Rufián, portavoz adjunto de ERC en el Congreso de los Diputados.
Así que debió ser muy importante o muy peligrosa.
"Se pasó de frenada", afirma el opinador en El País en una reacción tan rápida que suena a historia preparada de antemano. Pero lo cierto es que es una falsedad del calibre de una moneda de dos euros con la cara de Franco. No pudo pasarse de frenada porque no dijo nada.
Dejadme que me explique.
Rufián es sin duda alguna para mi el orador más estimable que ha pisado el hemiciclo desde Indalecio Prieto, Calvo Sotelo y Hazaña - y si no les han leído en sus intervenciones parlamentarias es muy recomendable que lo hagan-. Ha sido capaz de desarrollar un estilo que se halla entre el monólogo y el discurso, que integra el lenguaje y los referentes de la calle, que está perfectamente diseñado para fluir en las redes sociales y que los mastodontes que se sientan a un lado y a otro del hemiciclo tardan demasiado en procesar como para poder reaccionar a tiempo.
Pero ayer no dijo nada. Su discurso osciló entre la mayeútica y el sarcasmo, entre la pregunta retórica y la aliteración, dolió y escoció, pero no eran sus palabras. Y él lo sabía, por eso sabía que dolerían y escocerían.
Los que hablaron ayer eran los militantes socialistas, los que se sentían traicionados eran ellos. Dos tuits, leídos con ese tono de Rufián de Marco Antonio en el funeral shakesperiano de Julio Cesar, sirvieron para que Eduardo Madina perdiera la  compostura porque no podía acusar a Rufián de nada, no podía echarle en cara nada. No estaba hablando él, estaba hablando su gente.
Rufián no se pasó de frenada porque cuando acabó con lo que decían los socialistas, los militantes socialistas, no esa suerte de conspiración de los Idus de Marzo en la que se han convertido las estructuras de ese partido, empezó con las preguntas.
La emprendió con la aliteración continua de la vergüenza -¿No les da vergüenza...?-. Esa pregunta retórica, que debería haber tenido como respuesta sí pero tenía de respuesta el silencio, no era una pasada de frenada del orador, era la constatación de la pasada de frenada que estaba protagonizando el PSOE con su abstención.
No hubo un solo espontaneo "no, nos da vergüenza" en las bancadas de ese partido que otrora fuera socialista. Rufián les dio todas las oportunidades retóricas que quiso y no los hubo, todas las pausas dramáticas que se antojaron y no los hubo. Incluso se lo preguntó directamente, espero y no los hubo.
Así que sí, les daba vergüenza. Lo dejó claro, meridiano, cristalino.
Manejó el hemiciclo para que aquellos que le escuchaban enviaran el mensaje que sabía que si pronunciaba él sería rechazado por catalán, por independentista, por lo que fuera.
Y logró. Lo logró hasta el punto de que se vio que tenía muy claro que le interrumpirían cuando se refirió a Susana Diez, la convidada de piedra en esta sesión de investidura, como "una cacique". Y los socialistas cayeron, se indignaron de nuevo y permitieron que la palabra cacique siguiera resonando en el hemiciclo y en los oídos de quienes veían y escuchaban la intervención, incluso que Rufián tuviera que repetirla al reanudar su intervención.
Por todo eso, porque la única afirmación que hizo Rufián -"El bipartidismo ha muerto"- era incuestionable, El País tuvo que salir a interpretar todo aquello como una pasada de frenada para que ninguno de sus lectores tuviera tiempo para pensar por su cuenta, para plantearse la razón que encerraban los tuits de militantes socialistas leídos por el parlamentario catalán, para que ninguno pudiera responder por su cuenta a las preguntas retóricas de la aliterada vergüenza lanzadas por el portavoz de ERC.
Y como no pueden echarle nada en cara porque él sí está ahí siguiendo el mandato de sus votantes, oponiéndose a un gobierno que les niega la posibilidad de decidir sobre su futuro político como pueblo y como nación, tiraron de ese pobre argumento de que se "pasó de frenada" y que logró unir a los socialistas en el hemiciclo y que los populares los defendieran.
¿De verdad creen que Rufián esperaba algo diferente?, ¿tan poco acostumbrados están ya los analistas parlamentarios de los medios bipartidistas al ejercicio de la oratoria política que no se dan cuenta de ello?
El portavoz del PP gastó su intervención en una aguerrida y encendida defensa ¿de quién?, ¿de su candidato, al que se había definido como el gobernante más retrógrado de Europa? No, de la dignidad y el sentido de Estado de los socialistas por apoyarle.
Y le aplaudieron a rabiar... los suyos y los socialistas. 
Así que el rocambole final dio toda la razón a la última frase de la intervención del político catalán, esa que no se pudo escuchar: "El bipartidismo ha muerto, ya no hay PSOE y PP. Solo hay un partido".
De modo que Rufián no se pasó de frenada. Fueron los falsos socialistas que ocupan los escaños los que se pasaron al no tener respuestas para su militancia ni excusas para su vergüenza, fueron los que ocupan los escaños del PP los que se pasaron de frenada al defender a ultranza la pérdida de principios a cambio de la obtención del poder.
Gabriel Rufián no habló ayer en el Congreso. Fue la realidad. 
Lo único que pasa es que los que le escuchaban y los que opinan y escriben sobre política en los medios afines al bipartidismo hace demasiado que no veían a la realidad pasarse por el hemiciclo y les asustó mucho que entrara por allí sin anunciarse.


miércoles, octubre 12, 2016

Celebración sin nada otro 12 de octubre

Más allá de lo leído y lo escrito a lo largo de los años sobre este día de llamado fiesta nacional -que no sabemos por qué es fiesta ni porque es nacional- cada día 12 de octubre no deja de sorprendernos.
Ahora se lía parda porque el Ayuntamiento de Badalona decide abrir las puertas del consistorio como un día normal y dar a los funcionarios que lo deseen la posibilidad de cambiar la fiesta por un día libre en otro momento y lugar del calendario.
¿Cual es el problema? pues que no lo hacen por motivos operativos o de gestión -cosa que hacen empresas a lo largo y ancho del país a cascoporro con todas las fiestas esas de guardar que se decía antes-. sino que lo hacen bajo el lema "Nada que celebrar".
¡Ah y que Badalona está en Catalunya, claro! Y eso es un problema, siempre es un problema.
No lo es porque tiren de autonomía municipal como explicación, que está bastante traido por los pelos porque la autonomía nunicipal llega hasta donde llega; no lo es porque los ediles badaloneses vayan contra los derechos de los trabajadores, que ya le vale al PP recurrir a ese argumento después de dos reformas laborales que los han dejado en su mínima expresión y otra en ciernes que prácticamente los va a hacer desaparecer. 
Y ni siquiera lo es porque sea una muestra de que una determinada y numerosa parte del pueblo catalán no se sienta española y quiera la independencia, que eso es sin duda el principal motivo que subyace tras todo esto.
El problema que subyace también tras todo esto es que ese "Nada que celebrar" antenta contra las más profundas raíces totalitarias del sentimiento españolista que tiende a dar por sentado que el orgullo partrio -el español solamente, por supuesto- debe estar enraizado genéticamente en el adn de cualquiera que haya tenido la suerte aleatoria de haber salido de la placenta materna entre los Pirineos y Tarifa.
Porque ese "Nada que celebrar" deja al patroterismo de charanga y desfile, de bandera y pandereta, de himno y orgullo legionario, más fuera de juego que un linier en un corner.

Porque si colocas la fiesta nacional bajo la advocación mariana de la estatuilla del pilar dejas a un 25 por ciento de la población que se declara abiertamente atea sin nada que celebrar; a un 5% que se manifiesta agnostica con muy poco y a un 3% que se manifiesta cristiana de confesiones que no aceptan a la llamada Virgen María como elemento de devoción con algo en contra de lo que celebrar y a un 3% de población que profesa otras religiones no crisitianas con algo que les importa un pimiento que se celebre.
Y algo que deja a un tercio largo de la población fuera del asunto no puede ser una fiesta nacional.
Porque si te empeñas en mantener la fiesta de todos el día en el que el expolio, la represión, el pogromo y la servidumbre llegaron a América de la mano de un Genovés que tan solo buscaba enriquecerse, corres el riesgo de que el 8% de la población no esté dispuesta a celebrar el exterminio sistemático de sus antepasados y su cultura.
Y así en una cadena sin fin de exclusiones y faltas de juicio que hacen que el 12 de ocubre sea posiblemente la peor fecha para una fiesta nacional del mundo occidental.
Pero más allá de todo esto es porque ese "Nada que celebrar" impide tirar de sentimiento patriótico para contrarrestarlo. Si hubiera sido un tradicional "no somos españoles", "no es nuestro día nacional", "Catalunya es otra nación" o algún otro slogan en esa línea, el nacionalismo español hubiera estado preparado. Un nacionalismo siempre puede argumentar contra otro por el mero hecho de que son lo mismo y la discusión se transforma en un diálogo de sordos del que ambos interlocutores creen salir vencedores.
Pero el "Nada que celebrar" es otra cosa.
Les recuerda a los cuatro millones de parados que España y su gobierno no les han dado nada que celebrar hoy; trae a la memoria del millón de familias que vive en el umbral de la pobreza España no les está dando que celebrar, a casi tres millones de niños y sus padres que están a punto de no tener nada que celebrar en España porque viven constantemente en el filo de la exclusión social; a las 600.000 familias que perdieron su casa en el último lustro que llevan cinco años sin que España les de nada que celebrar.
Y, por si fuera poco, les recuerda a los que leen en la prensa el inicio del juicio de Gürtel, el final del de matas, la continuación eterna del de los ERE andaluces o las declaraciones incesantes del de las tarjetas black que España, sus políticos y sus dirigentes no les han dado nada que celebrar con su corrupción, su nepotismo, sus constantes cohechos y tejemanejes.
Trae a la memoria de los que vean los informativos televisivos que se han quedado sin beca educativa, sin posibilidad de tener profesores de apoyo, desdobles o psicólogos escolares, que tienen que pagar medicamentos que antes eran gratuitos, que sus listas de espera se alargarán por falta de camas y quirófanos, que siguen viendo su vida paralizada porque tienen que cuidar sin ayuda a personas dependientes y un sinfin de situaciones más que los recortes, el mal gobierno y la imposición de un liberalismo nepotista les han dejado en España sin nada que celebrar.
Y los que han tenido que emigrar para encontrar trabajo, y que losque se han tenido que ir porque eran otros los que pagaban su talento y sus investigaciones y... 
Así que, aunque todos sabemos porque ha sido, hoy más que nunca no hay nada que celebrar.
Ni con bandera, ni con desfile, ni con ofrenda a la virgen hay nada que celebrar.
Ni en España, ni en Catalunya, se sienta española o no" hay nada que celebrar.

martes, diciembre 29, 2015

Democracia, referéndum y acabemos con esto, joder

Dos partidos postularon el cambio como emblema y enseña de sus campañas electorales antes de los comicios. Para se justos tres, porque el PSOE también lo intentó.
Para mi la pregunta después de esos comicios es realmente, ahora que tienen diputados, poder e influencia política real ¿se ha producido ese cambio en la política?
Lamentablemente para muchos la apariencia de Ciudadanos es que no. Su reciente ejercicio de "digodieguismo" político que pretende dejar a Rajoy en el poder así lo hace sospechar. Y por puro optimismo lo dejaré en sospecha sin convertirlo en certeza.
Pero la política ha cambiado. Y como muestra el botón al que parece cosida toda posibilidad de gobierno en nuestro país: lo que se ha dado en llamar la Cuestión Catalana.
"¿Quién teme al lobo presuntamente feroz del referéndum? Aunque no sea el mecanismo más exquisito de la democracia —lo usan también las dictaduras—, es uno de sus instrumentos. A ningún demócrata debería amedrentarle". Esto lo escribe, se lo pregunta y se lo responde Alex Vidal Folch, hasta el 27S vocero impertérrito de El País y todo el elenco político que se encuentra él contra cualquier forma de consulta o de referéndum en Catalunya. El mismo que hablada de bloque constitucional o de bloque democrático y calificaba de dictadores a los que defendían una cosulta sobre el futuro político de Catalunya.
Cierto es que que, como siempre, se columpia y hace sus manipulaciones obvias ¿"aunque no sea el mecanismo más exquisito de la democracia -lo usan también las dictaduras-"? No sé como se atreve siquiera a escribir esa frase.
¡Las elecciones también las usan las dictaduras! Dictaduras oligárquicas como la mexicana durante décadas, Irán, Venezuela, la Sudáfrica del Apartheit, el régimen Egipcio con Mubarak y Al Sisi, el reino absoluto de Arabia Saudí, la cuba de Fidel Castro, la Unión Soviética del PCUS, la Argentina peronista de los militares gobernando en la sombra... ¿significa que como todas esas dictaduras se han servido de elecciones manipuladas o regidas por el miedo nosotros no podemos recurrir a los comicios cada cuatro años porque no son "exquisitos"?
Como siempre Vidal Folch tiene el encanto de desdecirse a sí mismo hasta el ridículo.
Pero el hecho es que resulta que ahora el referéndum no es temible, nadie debe temerlo y es democrático.
¿Por qué? Porque un partido ha hecho de él un elemento irrenunciable de su política. Demorable, matizable, pero irrenunciable. Y eso fuerza el cambio de política de los demás.
No digo que la estrategia de Podemos se la acertada. No digo que ese elemento de la política deba anteponerse a la política social. Pero el hecho de que lo hagan hace que las cosas cambien.
Ahora el gobierno que no realice esa consulta será el que no sea demócrata, el que tema a la democracia.
Se puede estar a favor o no de la independencia de Catalunya -sobre todo si eres catalán o vives en ese territorio- pero no se puede estar en contra del referéndum.
Porque esa linea roja inadmisible ha cambiado de dirección y con ello la política española a ese respecto.
Mientras Pedro Sánchez intenta tranquilizar a los barones y baronesas de sus partido afirmando que no negociará con quien plantee una consulta en Catalunya, los creadores de opinión del PSOE y El País, que a la postre son los mismo resumen sus posturas con un "Que los catalanes volverán a votar sobre su futuro lo sabe hasta el centralista más ignorante. La mejor consulta será la se pacte".
Los barones que se oponen tendrán que explicar por qué se oponen porque resulta que ahora ya no vende eso del no porque no  ni del sí porque sí. Tendrán que explicar porque el PSOE que era federalista hasta hace veinte minutos como quien dice y que todavía tiene un Comité Federal de pronto se vuelve unionista. Rivera tendrá que dejar de hablar de buenas intenciones, ilusión y España a adoptar una posición con respecto al referéndum y el PP, bueno el PP seguirá en su postura porque siempre tiene que haber alguien que no modifique su forma de hacer política.
Todo este asunto ha cambiado porque alguien ha dicho "estoy en contra de que os independicéis, pero tenéis derecho a decidirlo por vuestra cuenta". Y un buen número de españoles le han votado sabiendo que defendía eso. 
Resumiendo, lo que me dijo alguien muy españolista, muy unionista, muy centralista cunado todos sus argumentos contra el referéndum se volvían reversibles en su contra: "que voten lo que quieran y acabemos con esto, joder".

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