Creo que nunca hasta ahora había dedicado una de estas endemoniadas líneas a Cristina Pedroche.
Pero, bueno, empecemos el año de forma diferente, que para algo es un año nuevo.
Y solo puedo decir una cosa ¡Ave, Pedroche!
En un solo momento, en una sola presencia, en una sola aparición, ha conseguido resumir el espíritu de lo que es y debería ser nuestra sociedad.
Perfectamente tapadita, en correcto rojo Igartiburu, se marca un discurso con todos los hitos del feminismo patrio. Hitos que dejan al margen muchas cosas, que simplifican peligrosamente otras. Pero ese no es el asunto, al menos hoy no.
Pedroche dice lo que quiere decir, porque le da la gana decirlo y cabrea con ello a todos aquellos que estaban conectados solamente para verla semidesnuda luciendo su cada vez más esbelta anatomía ante la concurrencia televisiva.
Deja fuera de juego a los que se ven reflejados en su discurso porque solamente están ante el televisor para empezar el año con un calentón y una fantasía erótica; castiga a los que la encuentran tapada y ya no es lo mismo, ya no mola.
Porque, si la vista no está obnubilada y reteniendo imágenes en la mente a mil por hora, entonces el oído se activa -es inevitable por pura compensación sensorial- y lo que escuchan no les gusta, no les viene bien.
Y luego, cuando el brazo político del feminismo español cree que por fin ha vencido, que el recato rojo igartiburiense de Pedroche significa que por fin “se valora como mujer” como ellas consideran que se tiene que valorar una mujer, que ha entrado por el aro de sus exigencias ideológicas, que, tras su intervención, es por fin parte de sus huestes, tira de velcro -o de lo que sea- y las deja también más fuera de juego que un portero metiéndose un gol en propia puerta.
Luce su poderosa anatomía porque puede hacerlo, porque quiere hacerlo, porque nadie tiene porqué decirle que lo haga o no; porque estar orgullosa de su físico también es valorarse como mujer, porque no querer que se mate a mujeres o que se las viole o estar en contra del machismo no tiene nada que ver con mostrarse sensual o bella como ella lo interpreta.
Porque le importan un carajo las fantasías que pueda provocar en los hombres -y seguro que alguna que otra mujer-, porque su cuerpo es suyo y hace con él lo que le da la gana, del mismo modo que su voz y su pensamiento son suyos y hace con ellos lo que le apetece.
Y si lo primero molesta a las feministas y lo segundo a los machistas, el problema lo tienen ellos y ellas, no Cristina Pedroche, que no tiene que casarse con unos o con otras, que no tiene que pedir perdón a unas o a otros por ser como es y por hacer lo que hace.
Y me diréis que si lo hace en una cadena de derechas, que si le hace el juego a los que buscan audiencia mostrando curvas femeninas, que si ignora a los hombres maltratados… me diréis lo que queráis. Pero nada de eso será relevante.
Porque esa intervención demuestra que esto de la igualdad no va de machismo, no va de feminismo, no va de unos contra otras ni de otras contra unos. No va quien no está conmigo está contra mí.
Muchos dirán que la muerte de RTVV tampoco es para echarse las manos a la cabeza, que el hecho de que un canal de televisión, un medio de comunicación, caiga en la ruina no es diferente de que lo haga otra empresa, que algo que no es rentable no puede seguir generando pérdidas y es mejor cerrarlo.
Y todo eso sería razonable y hasta verdadero si RTVV, la televisión pública valenciana, hubiera muerto y si lo hubiera hecho por su propia naturaleza, por la desidia o la falta de profesionalidad de los que la hacían o por la incapacidad de dar con la conexión necesaria con el público para mantener las siempre temidas y deseadas audiencias.
Pero RTVV no ha muerto. Ha sido asesinada. Si muere un medio de comunicación la culpa es de muchos y puede no ser de nadie en concreto. Si lo matan, los verdugos tienen nombre y apellido.
Y, no nos confundamos, no son los trabajadores los que pierden RTVV, ellos pierden su puesto de trabajo; no son los políticos los que pierden el medio autonómico, ellos pierden una plataforma de comunicación que han transformado con sus manejos y su ceguera en un altavoz propagandístico de su poder.
Los que pierden RTVV son los valencianos, es la sociedad a la que los medios públicos de información deben garantizar el acceso a ese bien fundamental para la supervivencia de la libertad de elección política. Los que la perdemos somos nosotros.
Hoy, un día después de que la justicia anulara el ERE que anteponía el negocio al servicio público, que ponía por delante las veleidades políticas de las necesidades sociales, la televisión autónoma valenciana va a ser cerrada, sacrificada en el altar del orgullo de aquellos que la han llevado al patíbulo.
Como un juez les dicen que RTVV no es suya para hacer lo que quieran con ella sino que es de los valencianos entonces ya no la quieren. Y la rematan.
Porque el cierre es solamente el tiro de gracia en la frente de un reo que ha sido ajusticiado poco a poco, de un medio secuestrado que ha sido torturado mientras se esperaba un rescate en forma de sufragios y escaños por él y de cuyo cadáver se deshacen ahora, cuando ya no puede reportarles beneficio alguno.
Empezaron a matarla cuando la convirtieron en otro elemento de ganancia personal, de enriquecimiento de sus amigos y socios, de control político.
Cuando permitieron que se inflaran presupuestos para llevárselo muerto con la mano escondida en la espalda, cuando se empeñaron en colocar a parientes y amigos para garantizarles puestos estables y pingues sueldos públicos.
Siguieron matándola y sangrándola cuando la embarcaron en proyectos sin sentido, en costosas retransmisiones, que solamente cubrían la necesidad de mostrarse de los políticos que la dirigían, que la manipulaban.
Cuando permitieron y forzaron que aquellos que la dirigían en su nombre no buscaran la audiencia y sí el voto, no persiguieran la información y sí el adoctrinamiento, no buscaran el entretenimiento y sí el aborregamiento.
Y la clavaron la estocada mortal cuando obligaron a sus profesionales de la información a callar, a manipular, a decir mentiras como puños o callar verdades como panes. Cuando convirtieron los informativos en un mitín político continuo y constante. Cuando la separaron de la realidad de valencia para vincularla al mundo de ficción que precisaban los gobernantes valencianos para sus intereses electorales.
Y ahora, uno de esos que era de obligada salida en los informativos, de los que había que hablar, a los que había que hacer constantes genuflexiones informativas, la da el tiro de gracia.
El Presidente Fabra ha hecho todo lo posible para mantenerla como herramienta de propaganda, como forma de hacer ganar dinero a sus socios y acreedores políticos con las "externalizaciones", para mantener el sueldo a sus adlateres y acólitos purgando el ERE de afines y soguillas y, ahora que un juez le hace ver que no puede utilizarla para eso, como la mítica zorra de la fábula clásica, dice: "no las quiero que están verdes" y decide cerrarla.
Y encima se atreve a poner de excusa los colegios, los centros de salud, los hospitales para justificar la medida. Se atreve a poner a los profesionales que protestan en el bando de los egoístas, de los que quieren mantener su puesto de trabajo a costa de otros ahora que no hay dinero y hay que elegir.
El Gobierno de la Comunitat Valenciana hace tiempo que dejó de pensaren los colegios, en los hospitales y ahora deja de pensar en los medios de comunicación.
No nos confundamos cerrar RTVV es lo mismo que cerrar un colegio, que cerrar un hospital, que cerrar un centro de desintoxicación de drogadictos o cortar los fondos a un programa de ayuda a personas dependientes. Es cercenar un derecho.
Y da igual que sea el derecho a la asistencia sanitaria, a la educación, a recibir información o a comunicarla en libertad. Todos esos derechos son nuestros y Fabra ni ningún otro político tiene potestad para quitárnoslos.
Así que no nos engañemos. Con la ejecución de RTVV no pierden los 1.800 profesionales que se van a la calle a sumarse a los otros 30.000 profesionales de los medios que ya están en el paro. Perdemos todos. Los que emitimos y los que recibimos.
"Aquellos que hacen lo debido lo demuestran no con las acciones que realizan sino con aquellas que no dejar de realizar".
En pleno estío vacacional reconozco que es un poco duro empezar con Schopenhauer, así por la tremenda, un post. Lo suyo sería hablar de operaciones bikini, el ya ritual reportaje sobre la cervecita o la noticia de obligado cumplimiento sobre la ocupación playera.
Pero es que la frase del en ocasiones ininteligible filósofo alemán nos muestra a las claras una situación que entre tanto calor, viaje y baño veraniego tiende a pasar inadvertido.
Hace unos días Telemadrid, ese medio de comunicación transformado en plataforma de propaganda y agitación política, se descolgó con uno de esos típicos reportajes suyos a los que solamente les falta un fondo musical de fanfarrias y trompetas para que sean la perfecta loa del gobierno madrileño y su política sectaria y nepotista.
En este caso fue la sanidad y se descolgaron con que los británicos, los hijos de la Pérfida Albión, raramente interesados en algo que no haya sido inventado por ellos mismos en sus años dorados, habían venido a Madrid a interesarse por el sistema de gestión sanitaria privatizada impulsado por los gobernantes madrileños.
Porque claro, si los ingleses se interesan en algo tiene que ser bueno, si el gobierno británico nos quiere copiar es que recortar el acceso, los recursos y la capacidad de la atención sanitaria pública debe ser bueno. Si los hijos de la Isla de Las Brumas vienen a preguntar por algo que pone en manos de magnates privados sin ética ninguna y ávidos de resultado nuestra vida y nuestra salud, tiene que ser bueno.
Hasta aquí la propaganda, hasta aquí la agitación y la manipulación ideológica de la que el bueno de Nikita Kruchev estaría orgulloso.
Pero todo esto nada tiene que ver la cita inicial. Lo que hace relevante esa frase es que era mentira, que se lo habían inventado, que habían utilizado Telemadrid para engañar. Lo que dota de significado al algo enrevesado pensamiento de Schopenhauer es quién lo ha descubierto y sacado a la luz.
Porque no han sido los informativos de las televisiones públicas los que han descubierto esa mentira -nadie lo esperaba-, no han sido los servicios de investigación de las cadenas privadas, ni los diarios de gran tirada. Han sido unos señores que se agrupan bajo el nombre genérico de salvemostelemadrid.es.
¿Se acuerdan de ellos? Son aquellos que según el presidente comunitario hacían inviable Telemadrid, aquellos de los que se prescindió para que Telemadrid seguía abierta y dando beneficios a las relaciones nepotistas de sus directivos y sus dirigentes políticos.
Lo han hecho aquellos que no tenían porque hacerlo. El problema de la sanidad madrileña no era su problema -según lo ven muchos de los que han hecho de su egoísmo individualista la única medida de la realidad-. Podían haber dedicado el espacio en su página solamente a lo suyo, a hablar de su ERE ilegal, de las conexiones corruptas de aquellos que dirigen Telemadrid y la utilizan para engordar el recuento de sus votos y las cifras de sus cuentas privadas en la Confederación Helvética.
Pero no lo han hecho. Han informado sobre la Sanidad Pública, sobre lo que interesa e importa a los madrileños. Han hecho su trabajo.
Dejadme que lo repita, dejadme que me llene la boca y el teclado con la frase. Han hecho su trabajo. Aunque nadie les pague por ello, han hecho su trabajo. Aunque hayan perdido el empleo por hacerlo, han hecho su trabajo. Aunque no les reporte ningún beneficio, han hecho su trabajo. Aunque no tenían porque hacerlo, han hecho su trabajo.
No han dejado de hacer, como diría el retorcido alemán, las acciones que tenían que realizar.
Porque los madrileños merecen saber que su gobierno manipula, miente y utiliza medios públicos para fingir que el gobierno británico apoya con su interés una privatización que es rechazada por prácticamente toda la sociedad; porque la sociedad tiene derecho a saber que los profesionales de la información, que aquellos que por compromiso y vocación han elegido mantener informada a la gente, lo harán aunque no se les pague, aunque se les deje sin trabajo, aunque le venga mal al poder.
Porque la Sanidad Madrileña, que se la está jugando cada día contra los engranajes de un poder corrupto y nepotista, tiene derecho a saber que hay gente que sabe que su trabajo es informar y no hacer propaganda, que sabe que Telemadrid ha caído por los rostros perfectos de melena rubia de peluquería que sonríen a cámara mientras mienten -y saben que lo hacen- y no por aquellos y aquellas que pretendieron siempre que su condición de trabajadores públicos suponía un servicio a la sociedad, no a los gobernantes.
Y ahora podemos hacer dos cosas. O pararnos, entre cañas y tapas, a pensar qué es lo que la frase de Schopenhauer tiene que decirnos a nosotros, como se lo ha dicho a los chicos y chicas de salvemostelemadrid.es y a todo el colectivo profesional sanitario que permanece en lucha, podemos descubrir qué acciones no debemos dejar de hacer para hacer lo correcto o podemos poner Telemadrid y relajarnos con el reportaje de turno que nos pongan.
Creo que hoy toca ese gran clásico de los consejos contra los golpes de calor. Nosotros mismos.
Ignacio González, el heredero, el presidente de la Comunidad que nadie eligió porque a nadie se le dio la oportunidad de hacerlo, está furioso.
Simula estar calmado y contrito, pero está furioso; aparenta permanecer sumido en una profunda reflexión y en sesudo análisis pero está furioso.
Lo está porque las cosas no aparentan marchar como él quería, lo está porque, recuperada del negro combativo en la que la sumieron los profesionales del medio intentando evitar que se convirtiera en una herramienta de simple propaganda, Telemadrid amenaza con volver, los jueces amenazan con hacerla volver.
Y así, en ese lenguaje al que recurren siempre los cortados por el patrón el gobierno sempiterno y nunca abandonado de Esperanza Aguirre en Madrid, recurre a lo único que sabe hacer en esos casos: la amenaza.
"Si el ERE no prospera cerraremos Telemadrid". Lo intenta convertir -como todo en este gobierno del Partido Popular en nuestros tiempos- en una conclusión inevitable, en una consecuencia lógica de la realidad ineludible.
Pero no engaña a nadie. Es una amenaza.
No lo es por la frase en sí misma. Lo es por la que la continua para culminar la sentencia "No es prioritario para nosotros mantener un medio de comunicación".
Y esa es la clave.
Si los profesionales de Telemadrid vuelven a sus puestos de trabajo, la televisión de la Comunidad de Madrid volverá a ser un medio de comunicación. O por lo menos tendrá a casi un millar de personas dispuestas a convertirlo en eso.
Y eso nunca fue prioritario para el Gobierno del Partido Popular en Madrid.
Si no es una herramienta de propaganda para sus fines, no le interesa tenerlo; si no es un púlpito desde el que predicar su ideología, no le interesa; si no es una ventana desde la que mostrar hasta el hartazgo a un líder político impuesto a dedo, no votado, desconocido y continuamente hecho arder por los colectivos sociales y profesionales de los sectores públicos en sus sucesivas decisiones, Telemadrid deja de ser prioritaria.
Porque solamente esas motivaciones, esos usos sugeridos primero, impuestos después y manipulados en última instancia, sustentan esa amenaza de Ignacio González.
Si fueran simplemente las cuestiones económicas se hubiera limitado a cerrarla desde el principio y ya está. Ese era el máximo ahorro. El ERE podría haberse incluido dentro de ese cierre y habría podido justificarse por motivos económicos, pero la privatización no.
Pero ahora, como la decisión judicial amenaza con llevarle la contraria, con impedirle que "su" Telemadrid se convierta en una fuente de ingresos para sus socios y amistades a costa del erario público, con hacer imposible que sea simplemente un despacho de Agitpro del PP, ya no la quiere, ya no le sirve, la va a cerrar.
Porque la vuelta de los profesionales de Telemadrid, la decisión judicial contraria al ERE le obligaría a gestionar la televisión pública como un medio de comunicación. Le obligaría a dejar de colocar en los altos despachos y las altas nóminas a rebotados políticos del partido al que pertenece, le obligaría a sacrificar la propaganda en aras de una programación que atrajera audiencias y anunciantes porque la sentencia le habría dejado claro que Telemadrid necesita a sus profesionales y no puede prescindir de ellos.
Y en esas condiciones no la quiere, si no puede alcanzar su codiciada y ansiada herramienta de manipulación social, la cerrara. Como la zorra quejumbrosa de la fábula de Esopo "no la quiere, que está verde"
.
Es cierto, Ignacio González, por una vez y sin que sirva de precedente, tiene razón y dice la verdad.
Nunca fue una prioridad para el Partido Popular de Madrid poner un medio de comunicación y de información al servicio de sus ciudadanos.
Un medio de propaganda sí, de adoctrinamiento, también y de manipulación política y recolecta de votos, por supuesto. Pero un medio de información y comunicación, no.
Y Telemadrid solo puede ser eso si los jueces no le dejan convertirla en otra cosa.
Parece mentira que con tanto
llevarse a la boca aquellos de las oscuras conspiraciones contra su
honorabilidad -siempre de otros, nunca de los suyos, claro- y de inquietantes
conjuras secreta y solamente visibles por ellos que tienen a Bárcenas, sus papeles,
a los sobrecogedores y a los financiadores de Génova, 13 en el disparadero, con
esto de Telemadrid los chicos del Partido Popular hayan obviado los principios fundamentales
del innoble arte de la conspiración.
Porque ahora, así como quien no
quiere la cosa o más bien como quien en la cosa nada tiene que perder porque ya
se lo han hecho perder todo, aquellos que han sido víctima de esa maquinación
conspirativa al más puro estilo versallesco del Gobierno de la Comunidad de
Madrid para asesinar Telemadrid van y deciden no darse por muertos, deciden no
dejar de hacer aquello para lo que se prepararon, para lo que adquirieron experiencia
y para lo que, en su origen, fueron contratados.
Resumiendo, informar y comunicar.
Abren un canal de televisión on line y con ese simple hecho demuestran que por
no saber, el PP madrileño ni siquiera sabe conspirar.
Porque no tuvieron en cuenta que
para que exista una conspiración dos o más tienen que ponerse de acuerdo para
real izarla. Ellos creyeron estar de acuerdo con los jueces y resulta que
parece que no, ellos creyeron tener de su parte a las audiencias y eso ya está
demostrado que tampoco y ellos creyeron que tenían de su parte a sus votantes,
a aquellos que solamente querían escuchar las lindezas de su partido político,
de aquellos a los que habían apoyado con sus sufragios y ahora resulta que las
encuestas de intención de voto les dicen lo contrario.
Y sobre todo creían que iban a
contar con la resignación de aquellos que perdían de sus puestos, con la
aquiescencia de aquellos a los que se presentaba la situación como trágica y no
deseada y eso no ha ocurrido.
De modo que, si no hay dos para
llevarla adelante, por definición, una conspiración no puede salir bien.
Pero lo más importante es que
pasaron por alto el hecho de que para que una conspiración funcione tiene que
sea secreta, se tienen que ver los resultados, pero no lo orígenes, se tienen
que percibir los efectos pero desconocer las identidades de los perpetradores.
pero su ERE masivo, su despido de
860 profesionales ha hecho que todo el mundo conozca la identidad de aquellos
que quieren transformar un medio de comunicación público en una herramienta de
propaganda sectaria e ideológica.
Puede que eso funcionara -y lo
estaba haciendo- mientras nadie sabía que se hacía a puerta cerrada, mientras
los pasillos del ente autonómico estaban poblados de gente a la que no se
dejaba informar, a la que no se permitía trabajar en libertad, a la que se le
hacía elegir entre la supervivencia y la dignidad.
Pero el ERE ha abierto las puertas
y ya no puede seguir funcionando. Porque ahora todo el mundo que mire el canal,
todo el mundo que se encuentre con él en el occidental ejercicio del zapping
compulsivo se dará cuenta de lo que pasa.
Solamente tendrá que ver lo que los
profesionales que trabajaban en ese medio hacen en Internet para darse cuenta
de lo que no les dejan hacer a los que se han quedado dentro de las puertas del
esqueleto de lo que fuera Telemadrid.
Y claro, con la comparación, la manipulación
no puede funcionar.
Pero lo que demuestra el nuevo
canal on line que ponen en marcha los trabajadores acuchillados por la espalda
por el Gobierno de la Comunidad de Madrid y aquellos que hacen de la adulación
su herramienta principal de supervivencia es que fallaron en la base última de
todo proceso conspirativo, en el axioma principal que desde los tiempos de
Bruto y Casio rige este tipo de formas de moverse en las sombras. Parece mentira que ellos, tan aficionados a programar películas de época y de Imperio Romano pasarán alegremente por alto que para que una conspiración funcione
la víctima tiene que morir. No basta con herirla, no basta con apartarla, no
basta con desarmarla. Tiene que morir.
Y aunque ellos creyeron que lo
habían conseguido, que su control político aseguraba la muerte del canal para
poder sembrar en su cadáver la semilla de su aparato propagandístico,
cometieron un error. Se equivocaron de espalda, dejaron a la víctima con vida.
Porque Telemadrid nunca fue ni será
sus edificios, sus dirigentes, sus ejecutivos, sus equipos, sus vehículos, sus
unidades móviles, sus controles o sus enlaces.
achicados los ojos del gobierno
madrileño por la ceguera que les impide ver a las personas detrás de los
números, a los seres humanos detrás de las organizaciones y a los votantes
detrás de los sufragios, no se dio cuenta de que, hiciera lo que hiciera,
dejaría con vida a los únicos que siempre fueron Telemadrid: aquellos que la
hacían. Ignoraron que cualquier organización humana es su esencia, no su cuerpo. Y esa esencia son siempre las personas.
Y ahora, por más fango que les
echen encima los opinadores a sueldo, por más que intenten acallarles o que
buscan subir el ruido de su propaganda para acallar el volumen de la
información del nuevo canal, todo el mundo sabrá que intentaron acabar con Telemadrid para hacer otra cosa.
Todos conocerán cual eran los
motivos y cuál era el objetivo.
No hay nada como dejar con vida a
una víctima para que una conspiración fracase. Es como dejar que el bueno de Julio se
sacara el puñal de la espalada en las puertas del senado de Roma.
Y si no que se lo digan a Génova
con Bárcenas y con Telemadrid.
Parece que ni los hipopótamos, ni
los expertos politizados, ni los manipuladores, ni los propagandistas
disfrazados de periodistas, ni los bustos parlantes que aceptan difundir
consignas disfrazadas de noticias, son herramientas suficientes para alterar la
realidad, para modificarla o para ocultarla los ojos de aquellos que deben
observarla y que tienen que contribuir a crearla.
Quizás sea por eso por lo que el
Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha fijado para el 1 y el 4 de marzo el
juicio sobre el ERE masivo de Telemadrid que arrojó a 860 trabajadores de su
intento de hacer una canal público y culminó la política del Gobierno madrileño
de utilizar la cadena como un club propagandístico de alto coste.
Preparémonos para una programación
autonómica en la que conoceremos desde los estilos migratorios de la torcaz
sahariana hasta los ritos amatorios del cangrejo de río en alta montaña. Porque
durante esos días seguro que no vemos ni escuchamos una sola palabra sobre el
asunto en la pantalla de Telemadrid y si lo hacemos será para fantasear,
criticar o resaltar lo que a sus dueños y señores político les convenga.
¡Con tantas cosas de las que no
hablar, se van a gastar todo lo que ahorran en personal en documentales de
National Geographic!
Pero ni todas las manadas en
estampida de ñus del Serengeti conseguirán que el juicio por el ERE deje de
celebrarse, deje de producirse. Ni todas las cortinas de humo impedirán que los
jueces vean como se ha incluido en esos ERES a miembros del Comité de Empresa
en situaciones idénticas en lo laboral a otros que no han sido incluidos
simplemente porque ellos no protestaban.
Ni toda la magia de la contra
programación evitará que los magistrados puedan fijarse en los criterios
utilizados para el mantenimiento del personal adepto mientras se prescindía de
profesionales mucho más capacitados, antiguos e importantes que ya habían sido
condenados a los pasillos por negarse a cambiar su carné de prensa por otro
mucho más seguro y propagandístico que se emite en Génova, 13 y se renueva diariamente
en los pasillos, los despachos o las alcobas del poder.
Que un juicio por el ERE resultaba
inevitable era algo que todos sabíamos. Aunque Sinova y sus opinadores hablaran
de agresiones contra la libertad por la huelga, aunque la ínclita Aguirre,
principal enterradora en el sepelio de Telemadrid, se secara las lágrimas de
pena de cocodrilo por Telemadrid, todos sabíamos que este juicio tenía que
llegar.
Porque los tribunales son los
encargados de juzgar sobre las agresiones, no Justino Sinova, y el ERE es una
agresión laboral en toda regla; porque son los jueces los que tienen que
dictaminar sobre las agresiones y no los bustos parlantes de los informativos
propagandísticos; y arrojar de sus empleos a 860 personas para abrir una vía de
entrada de dinero público en las arcas de amigos y familiares, para asegurar
una ventana abierta a las ondas y a los impulsos digitales de las proclamas
políticas de líderes mediocres que buscan una reelección inmerecida, exuda
agresión laboral, legal y social por todos los poros de su piel.
Aunque los opinadores a sueldo y
los Telenoticias no lo digan, aunque se busque a toda prisa un mastodonte
ártico que echarse a las pantallas para que nos tape la realidad de ese juicio.
Así que, le pese a quien le pese,
el día ha sido marcado y elegido.
Y quieran los hados de la
propaganda televisiva que la sentencia no sea contraria. Ya paralizados algunos
ERES parecidos en canales públicos autonómicos, quieran que los próceres
madrileños no se vean enfrentados a unos costes en salarios de tramitación o en
indemnizaciones que hagan completamente inadmisible su excusa del ahorro
-aunque echando cuentas ya lo es-, que les obligue a gastar del erario público
el doble o el triple del dinero que hubiera costado convertir Telemadrid en un
canal rentable, eliminando el contenido propagandístico, tomando decisiones de
auténtica gestión de un medio de comunicación y ahorrando en contenidos y
retransmisiones que solamente alimentaban el ego de los políticos que manejaban
el medio e incrementaban sus cosechas de votos.
Y no quieran los destinos
judiciales madrileños que alguien obligue a incluir en ese ERE a los de la
planta noble, a todos esos cargos amigos, familiares o simplemente aduladores,
soguillas y adláteres serviles de políticos de turno que han quedado en la sede
con sus salarios protegidos y escudados y sus puestos, mantenidos a despecho de
la más pura lógica organizativa que fija la premisa de que no puede haber nunca
más jefes que indios.
Porque si es así, si eso ocurre -y
visto lo visto, como están los poderes judiciales y legislativos últimamente,
puede ocurrir-, la fecha que se ha fijado para el juicio pasará a ser lo mismo
pero, que escrito de otra forma, significará algo muy distinto para aquellos
que han despreciado una profesión, una libertad, una responsabilidad pública y
un derecho social solamente en aras de su mantenimiento en el poder y del
engrandecimiento económico de las cuentas corrientes -helvéticas o hispanas- de
sus colegas y familiares. Si eso termina siendo así, el
día 1 de marzo no será la fecha del juicio.
Será el Día del Juicio para los
destructores y sepultureros de Telemadrid.
Por fin el antiguo y desafortunado
-para los dirigentes de la misma, claro está- lema que otrora difundiera
Telemadrid en sus promociones se ha hecho realidad. Más allá del humorístico
sarcasmo que usaron de herramienta de batalla los profesionales de la casa al
silabear el "Espejo de lo que
somos" con la pausas más acertadas y reales de "Espe jode lo que somos", los que han convertido
Telemadrid en algo que ni es público ni es un canal, sino que es político y es
una fuente de ingresos nepotistas, han logrado que su objetivo se cumpla. Por
fin Telemadrid es espejo de lo que son.
Y como muestra un botón. Bueno,
para ser más exactos, unos hipopótamos.
Porque precisamente era eso lo que
las audiencias renuentes de Telemadrid -si es que le queda alguna- estaban
contemplando mientras el resto de los medios emitían en vivo y en directo la
más bochornosa comparecencia televisiva que se recuerda desde las lágrimas de
cocodrilo en blanco y negro de Arias Navarro con su ya mítico
"Españoles, Franco ha muerto".
Y claro no es espejo de los que
somos, porque no es espejo de sus audiencias, ni de sus anunciantes -de esos ya
no queda ninguno-, ni por supuesto de sus profesionales o sus trabajadores -de
los que ya tampoco quedan apenas ninguno-, ni siquiera de lo que somos los
medios y los profesionales de ellos en este país. Es solamente espejo de lo que
ellos son, de lo que ellos han decidido que se debe ser y de lo que ellos
quieren que toda España sea.
No es que esos hipopótamos emitidos
en continuidad reflejen las otrora sinuosas curvas de Cospedal o los en otros
tiempos rutilantes cabellos faciales de Rajoy, ahora presas indómitas del
Farmatint y las canas.
Es que esos hipopótamos demuestran
el silencio, el alejamiento de la realidad, la supeditación política, la
manipulación. Demuestran que Telemadrid murió en cuanto el último profesional salió
por la puerta y empezó a morir en cuanto el primer propagandista firmo su
contrato blindado.
Porque emitir hipopótamos mientras
la presidenta In pectore del Partido Popular se enfrenta a los medios para
intentar negar un escándalo mayúsculo que destila acusaciones, que van de la
financiación ilegal al nepotismo, pasando por el fraude tributario y otro
puñado de delitos económicos, solamente puede significar que los que ahora
rigen para su provecho los destinos de lo que fuera un canal público no quieren
involucrarse con ellos.
Porque centrarse en el rojo sudor
del segundo mamífero más pesado de África -con permiso del monarca cazador de
elefantes y cazado, claro está- mientras el Presidente del Gobierno no
hace acto de presencia, protegido por la distancia, los muros de Moncloa y el
vacío del éter, ante los medios, solo significa que quieren protegerle a él de la
culpabilidad de su ausencia y a Cospedal del ridículo de su comparecencia.
Porque tirar de documental en pleno
desarrollo de la actualidad lo único que busca es que ninguno de sus fieles
votantes pueda estomagarse, pueda sentir la abrupta contracción de la arcada,
cuando contemple a aquellos a los que votó enfrentarse a la acusación plausible precismente de aquello que decían que iban a parar
si se les daba el voto.
Y así Telemadrid se convierte por
fin en Espejo de lo que son.
En el cristal a través del cual
vemos sus intereses protegidos en contra de los beneficios de todos los demás y
lo intentan vender como algo necesario y que no admite ninguna discusión.
En una maraña de cables que sirve
para despistar, desviar la atención e intentar evitar que la información llegue
en estado puro -nadie puede manipular una comparecencia, al menos sin que se
note- a aquellos que precisan de ella para saber qué rumbo quieren dar al
futuro colectivo del país.
En una pantalla que, aunque haya
recuperado el brillo fulgurante de los cátodos y los focos, permanece emitiendo
en el negro profundo de la falta de libertad, la manipulación y el interés
político y sectario de una sola ideología.
Y encima con hipopótamos. No podían
haber elegido tigres, leones o monos tití. Tenían que ser hipopótamos. Desde el
"Espe jode lo que somos", no habían elegido un contenido de forma tan
desafortunada.
Porque el hipopótamo es la metáfora
salvaje perfecta de lo que es el Gobierno actual y lo que han conseguido que
sea Telemadrid.
Seres lentos, detenidos en su
evolución, pesados, incapaces de moverse deprisa salvo cuando están en las
aguas, que enfangan continuamente con sus escondidas y demoledoras patadas subacuáticas
para poder mantenerse a flote, que se atacan los unos a los otros entre el fango que su propio enfrentamiento ha provocado y esparcido por el agua, que no paran hasta acabar con todo lo que hay en
el charco que eligen como hábitat y luego se mudan al siguiente...
Y sobre todo que, cuando ven el
peligro acercarse en lontananza, esconden la cabeza bajo el agua, simulando ser
una simple piedra en la esperanza de que nada les afecte, de no tener que
defenderse, de que el peligro pase de largo y les deje permanecer en donde
están, buscando solamente devorar todo lo que precisan sin pensar jamás en el
entorno.
Más o menos lo que hizo Cospedal en
esa comparecencia. Más menos lo que que quiere hacer Telemadrid y para lo que
ha tenido que despedir a 900 profesionales de los medios.
Ahora sí. Ahora, gracias a la
presencia de un inmenso mamífero africano en sus pantallas, Telemadrid es por
fin Espejo de lo que son.
Por fin lo han conseguido. No puede
decirse que lo hubieran conseguido ya, pero ahora nadie lo dirá, nadie lo
denunciará, nadie lo criticará. El menos de puertas para dentro.
El primer informativo, así es como
lo llaman pero en realidad ellos y todos saben que deberían llamarlo de otra
manera, de la nueva era de Telemadrid, esa Telemadrid que siempre quisieron los
políticos que la instrumentalizaron, la hicieron inviable y ahora la han hecho
mutar en un canal propagandístico digno de los ámbitos más recónditos de YouTube,
lo demuestra. Por fin Telemadrid ha dejado de ser un canal de televisión y ha
empezado a ser otra cosa. A ser lo que aquellos que la han derruido siempre quisieron que fuera.
Puede que el momento manipulativo
del final de es informativo nos haga torcer el gesto a los que sabemos un poco
de estas cosas, puede que ni siquiera nos merezca la pena contestarlo y
solamente nos haga torcer el gesto en un intento de recordar aquello que nos
metieron parcial tras parcial en el cerebro en las Facultades de Ciencias de La
Información. Pero para todos los demás, para las audiencias, para los que aún
puedan ver o creer Telemadrid merece una explicación.
Aprovechar la despedida del
informativo para decir que un mes de emisión en negro ha enfrentado dos
derechos fundamentales, el de huelga y el de información, es el mejor ejemplo
que puedan dar los irresponsables responsables de Telemadrid de porque les
hacía falta despedir a casi un millar de profesionales.
Porque saben que eso es una falacia
circular, un argumento falso que de vueltas sobre sí mismo sin llegar a ningún
lado. En Resumen, porque saben que es mentira.
Y recurrir a dos profesores
universitarios de la cuerda para aportar supuestos argumentos de autoridad,
para acusar a los sindicatos de "secuestrar" la libertad de
información de las audiencias, para defender que la pantalla en negro de
Telemadrid es un "atentado" contra el derecho a la información es tan
absurdo como acusar a un iceberg de atentar contra la libertad de navegación
del Titanic.
Porque ambos deberían saberse de
memoria -o por lo menos tener localizado algún texto con la referencia- estas
líneas. Vamos, el famoso artículo 20 de la Constitución
1.
Se reconocen y protegen los derechos:
a.
A expresar y difundir libremente los
pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier
otro medio de reproducción.
Y el señor Justino Sinova es
profesor universitario -o al menos lo fue- de Ciencias de la Información y sabe
o debería saber que ese derecho no ha sido conculcado, puesto en riesgo ni
secuestrado por la huelga de Telemadrid. Sabe que la pantalla en negro no ha
impedido a ningún ciudadano español expresar ni difundir libremente sus ideas
ni pensamientos ni opiniones.
Sabe que si alguien desde el
momento de su creación e instrumentalización ha "secuestrado" ese derecho en Telemadrid han sido los
verdugos de la misma. Los que han limitado o negado a colectivos enteros
durante años la posibilidad de expresar en ese medio de comunicación pública su
disensión, su descontento, su queja. Los que han desequilibrado la información
ofreciendo solamente una parte de la visión política de España, negando la
capacidad de respuesta a aquellos contra los que cargaban en sus programas,
cerrando las puertas a aquellos que querían exponer una visión de España, de
Madrid y del mundo distinta de la que ellos habían decidido difundir para sus
intereses
Y Justino Sinova lo sabe. Lo sabe
tan bien que ni siquiera se atreve a enunciar el texto del artículo.
Y pasando por alto el derecho a la
creación artística y a la libertad de cátedra, que nada tienen que ver con
esto, llegamos al meollo del texto legal.
d.
A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de
difusión. La Ley regulará el derecho a la cláusula de conciencia y al secreto
profesional en el ejercicio de estas libertades.
¿De verdad quieren hacernos creer
que la huelga de Telemadrid, que la reivindicación laboral de 890 trabajadores
ha puesto esto en riesgo?, ¿de verdad quieren hacer colar a la audiencia que la
defensa de un modelo y de una visión profesional y plural de los medios
públicos ha atentado contra su derecho a estar informados?
Puede que la media de edad de su
target de audiencia o del electorado base del PP en Madrid conduzca al error a
los ya de por sí errados comisarios ideológicos de Telemadrid pero, ¿de verdad
creen que la población española desconoce la existencia del mando a distancia?
Aún en el hipotético caso de que
esa pantalla en negro conculcara ese derecho -cosa que por otra parte, es
curioso, no ha dicho ni mantenido juez ni tribunal alguno-, ese secuestro, esa
terrible agresión contra la ciudadanía habría durado exactamente 1,4 segundos.
Eso es lo que calculan los expertos
de la Universidad de Michigan -que deben aburrirse mucho o tener mucho dinero
de subvenciones que gastar en estudios comunicativos- que tarda un espectador
en posesión de un mando a distancia en reaccionar a la observación de una
pantalla de televisión en negro.
Y el señor Leopoldo Abad, desde su
puesto de profesor de Derecho de la Información lo sabe.
La pantalla en negro de Telemadrid
ha hecho más por la calidad de la información en este país que cualquiera de
las ediciones de Telenoticias desde que Esperanza Aguirre la convirtió en su
continuo y cansino megáfono electoral.
Ha permitido ciudadanos informados
porque les ha obligado a irse a cualquier otro medio de comunicación -que
seguían emitiendo, aunque Sinova y Abad decidan obviarlo- para enterarse de lo
que estaba pasando, porque les ha hecho conocer lo ocurría sin el sesgo
político que Telemadrid imponía e impone -a las pruebas hay que remitirse- a
toda la información sobre este asunto.
Y que Sinova diga que el hecho de que
un medio de comunicación deje de emitir es "un atentado contra la libertad
de información" ya ni siquiera es manipulación, ni siquiera es sesgo
político. Es directamente demagogia.
La información en este país ha
seguido, los medios escritos y audiovisuales han seguido, las audiencias de
Telemadrid tenían múltiples fuentes para enterarse de esa noticia en concreto y
de cualquier otra. La huelga no les ha privado de eso.
Y Abad lo sabe y sabe que es
absurdo defenderlo. Como sería absurdo defender que el hecho de que AXN o
Disney Channel no emitan informativos atenta contra la libertad de información
de los ciudadanos. Porque los ciudadanos no tienen el derecho de decir "yo quiero informarme en esta cadena en
concreto y por tanto esa cadena tiene que emitir informativos". Los
cuidadanos solo tenemos -que no es poco- el derecho al acceso a la información y
mientras haya múltiples cadenas televisivas, radios y periódicos eso está
garantizado.
El derecho a informarse en
Telemadrid y únicamente en Telemadrid no existe. No existe porque existe el
mando a distancia.
Y además la huelga no ha cerrado un
medio de comunicación. La huelga no ha cerrado la emisión de Telemadrid.
Telemadrid seguía emitiendo. Emitía en negro pero seguía emitiendo.
Ningún poder público ha cerrado por
decreto, orden o sentencia Telemadrid. Si los gestores de Telemadrid hubieran
querido emitir documentales o informativos antiguos o series enlatadas o la
imagen fija de La Ciudad de La Imagen podrían haberlo emitido y la huelga no se
lo hubiera impedido. Si hubieran querido contratar los servicios de EFE
televisión y emitir sus boletines lo podrían haber hecho
Con cuatro cadenas privadas
nacionales, otras tantas públicas estatales, un sinfín de cadenas de TDT y ni
se sabe cuántas autonómicas y locales, el derecho a la información de los
ciudadanos nunca ha estado en peligro. Nunca se ha ido a negro.
El único derecho que se ha visto
cercenado es el que ellos creen tener de hacer propaganda política desde un
medio público, es el de utilizar la cadena para su refuerzo electoral, es el de
manipular la realidad, sesgar la información y alterar la percepción de las
masas en aras de mantener una fluida, constante y masiva afluencia de sufragios
a sus castos electorales.
Y, claro, ese derecho no está
recogido en ningún recoveco del articulado constitucional español. Y tanto
Sinova como Abad lo saben. Puede que ahora lo callen, pero lo saben. A mí me lo
enseñó uno de ellos.
Solo hay algo con lo que se puede
estar de acuerdo de ese memorable momento televisivo. El mes de emisiones en
negro de Telemadrid es un hecho insólito en la historia de la televisión en
España.
Y lo es porque en los 37 años que
llevamos de democracia nadie había convertido de una forma tan descarada un
canal televisivo público en una herramienta de Agitpro, la Agitación y Propaganda al más puro estilo del
viejo Nikita Kruchev en sus mejores tiempos.
Así que los que se han quedado al
frente de Telemadrid y los que dan la cara por ellos en esos falsos
informativos reiniciados ahora están de suerte. Por fin han conseguido lo que
querían. Por fin pueden volver a emitir sus espacios propagandísticos y disfrazarlos
de información.
Por fin pueden hacer piezas como la
que cerró el primer informativo de la era de Agitpro iniciada en Telemadrid sin
que nadie saque una nota sindical o una carta firmada por los profesionales de
la información haciendo público que eso es mentira. ¡Enhorabuena!
Aunque claro, después de un mes de
emisión en negro, después de un mes en el que las audiencias se han podido
informar en otros medios de lo que pasa de verdad en Telemadrid, ejerciendo sin
restricciones su libertad de información, accediendo a la realidad sin la censura
previa de contenidos que imponen el mando político de Telemadrid desde hace años–
y que, curiosamente, está prohibida en el punto 2 del mismo artículo, aunque
tanto Sinova como Abad se olviden de mencionarlo- a lo mejor ya no es tan fácil
colar la propaganda. Aunque se recurra Sinova y a Abad para intentarlo.
Y eso duele. A los que solamente
quieren hacer propaganda les duele, a los que solamente quieren medrar
manteniéndose a rebufo del cargo político que ejerce de comisario ideológico
les duele.
A lo mejor, después del negro que
ha acabado con 890 trabajadores en la calle, los que miren Telemadrid la verán
con otros ojos.
Nahir, un comerciante callejero de Amman, está encantado de conocer a alguien que trabajaba en Televisión.
Él la devora incluso mientras está en su puesto del mercado vendiendo ropa y complemetos. Un pequeño aparato a pilas por el que cualquier museo de los medios occidental le pagaría una buena pasta con toda seguridad le mantiene siempre en tensión, en atención.
Su cara atisba Al Yazzira, desde los culebrones de mujeres veladas a los boletines informativos divididos por zonas que se producen cada media -sí señores, en Al Yazzira la programación no se suspende para la publicidad, se suspende para la información, ¡que cosas no!-.
Nahir habla español. Dice que estudió en España pero su cercanía a la colonia sefardi del otro lado del Jordan donde el español es la lengua habitual deja entrever que sus relaciones comerciales, no demasiado bien vistas por sus vecinos, sean el motivo más que probable del uso más que digno uso de esa lengua.
Y Nahir, como la mayoría de la gente en Amann o Madrid o Tel Aviv o Bogota se sorprende cuando no comparto su entusiasmo por trabajar en tan egregio medio de entretenimiento. ¿Cómo puede no gustarte?, pregunta sorprendido.
Como me habla de Coti -sí, del cantente argentino-, de Paulina Rubio y hasta de Alejandro Sanz, decido tirar de ipod -yo todavía no gasto iphone- y dejar que se lo explique alguien que lo ha cantado mucho mejor de lo que yo lo podría escribir. Y le presento al más lacónico y cansino de nuestros roqueros: Carlos Goñi.
Jaraneros,
sinvergüenzas, niñas de silicona,
camellos y machacas
de bar
strippers con futuro,
ex amantes, ex esposas
ex de todo en general.
Mercaderes de
miserias, nadie es lo que parece
o puede ser que justo
al revés.
Se vacían las cloacas
y las alcantarillas cada noche a las diez.
Bienvenido a la
televisión, un mundo lleno de color.
Bienvenido a la vida
ideal, amor y lujo en tu sillón.
Bienvenido a la
televisión, el ojo que todo lo ve.
Bienvenido al planeta
prozac, ¡qué más se puede desear!
Vendedores de basura
envuelta en túnicas de piel,
maestros en lo de
gritar.
Suena pompa y
circunstancia llegan los gladiadores,
periodistas de verdad.
Si esos son lo que
dicen, ¿tú qué opinas Rosetti?
algo no funciona bien.
Los secretos más
ocultos se vomitan cada noche a las diez.
Bienvenido a la
televisión, un mundo lleno de color.
Bienvenido a la vida
ideal, amor y lujo en tu sillón.
Bienvenido a la
televisión, el ojo que todo lo ve.
Bienvenido al planeta
prozac, ¡qué más se puede desear!
Después de escuchar tres veces lacanción con tremenda atención a la letra y arrugando el morro de disgusto ante los violentos ritmos de Revolver, Nahir me hace una pregunta, sólo una.
¿Qué es prozac?
Y me doy cuenta de por qué la televisión de entrenimiento es como es. Y no sé si darle las gracias a Goñi o a Nahir por la revelación.
Cuando se lo explico vuelve a arrugar la frente y comenta: Hassana, como los noumhnis -nombre por el que en los paises árabes se suele conocer a los drogadictos-, ahora entiendo. Bueno, ustedes por lo menos tienen strippers.