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lunes, enero 01, 2018

¡Ave, Pedroche! o comenzar el año a pie cambiado

Creo que nunca hasta ahora había dedicado una de estas endemoniadas líneas a Cristina Pedroche.
Pero, bueno, empecemos el año de forma diferente, que para algo es un año nuevo.
Y solo puedo decir una cosa ¡Ave, Pedroche!
En un solo momento, en una sola presencia, en una sola aparición, ha conseguido resumir el espíritu de lo que es y debería ser nuestra sociedad.
Perfectamente tapadita, en correcto rojo Igartiburu, se marca un discurso con todos los hitos del feminismo patrio. Hitos que dejan al margen muchas cosas, que simplifican peligrosamente otras. Pero ese no es el asunto, al menos hoy no.
Pedroche dice lo que quiere decir, porque le da la gana decirlo y cabrea con ello a todos aquellos que estaban conectados solamente para verla semidesnuda luciendo su cada vez más esbelta anatomía ante la concurrencia televisiva.
Deja fuera de juego a los que se ven reflejados en su discurso porque solamente están ante el televisor para empezar el año con un calentón y una fantasía erótica; castiga a los que la encuentran tapada y ya no es lo mismo, ya no mola.
Porque, si la vista no está obnubilada y reteniendo imágenes en la mente a mil por hora, entonces el oído se activa -es inevitable por pura compensación sensorial- y lo que escuchan no les gusta, no les viene bien.
Y luego, cuando el brazo político del feminismo español cree que por fin ha vencido, que el recato rojo igartiburiense de Pedroche significa que por fin “se valora como mujer” como ellas consideran que se tiene que valorar una mujer, que ha entrado por el aro de sus exigencias ideológicas, que, tras su intervención, es por fin parte de sus huestes, tira de velcro -o de lo que sea- y las deja también más fuera de juego que un portero metiéndose un gol en propia puerta.
Luce su poderosa anatomía porque puede hacerlo, porque quiere hacerlo, porque nadie tiene porqué decirle que lo haga o no; porque estar orgullosa de su físico también es valorarse como mujer, porque no querer que se mate a mujeres o que se las viole o estar en contra del machismo no tiene nada que ver con mostrarse sensual o bella como ella lo interpreta.
Porque le importan un carajo las fantasías que pueda provocar en los hombres -y seguro que alguna que otra mujer-, porque su cuerpo es suyo y hace con él lo que le da la gana, del mismo modo que su voz y su pensamiento son suyos y hace con ellos lo que le apetece.
Y si lo primero molesta a las feministas y lo segundo a los machistas, el problema lo tienen ellos y ellas, no Cristina Pedroche, que no tiene que casarse con unos o con otras, que no tiene que pedir perdón a unas o a otros por ser como es y por hacer lo que hace.
Y me diréis que si lo hace en una cadena de derechas, que si le hace el juego a los que buscan audiencia mostrando curvas femeninas, que si ignora a los hombres maltratados… me diréis lo que queráis. Pero nada de eso será relevante.
Porque esa intervención demuestra que esto de la igualdad no va de machismo, no va de feminismo, no va de unos contra otras ni de otras contra unos. No va quien no está conmigo está contra mí.
Esto va de libertad, no de guerra.
Así que ¡Ave, Pedroche!
¡Ah, por cierto! No vi las uvas en Antena 3

jueves, noviembre 07, 2013

Fabra, RTVV, los colegios y la zorra de esopo

Muchos dirán que la muerte de RTVV tampoco es para echarse las manos a la cabeza, que el hecho de que un canal de televisión, un medio de comunicación, caiga en la ruina no es diferente de que lo haga otra empresa, que algo que no es rentable no puede seguir generando pérdidas y es mejor cerrarlo.
Y todo eso sería razonable y hasta verdadero si RTVV, la televisión pública valenciana, hubiera muerto y si lo hubiera hecho por su propia naturaleza, por la desidia o la falta de profesionalidad de los que la hacían o por la incapacidad de dar con la conexión necesaria con el público para mantener las siempre temidas y deseadas audiencias.
Pero RTVV no ha muerto. Ha sido asesinada. Si muere un medio de comunicación la culpa es de muchos y puede no ser de nadie en concreto. Si lo matan, los verdugos tienen nombre y apellido.
Y, no nos confundamos, no son los trabajadores los que pierden RTVV, ellos pierden su puesto de trabajo; no son los políticos los que pierden el medio autonómico, ellos pierden una plataforma de comunicación que han transformado con sus manejos y su ceguera en un altavoz propagandístico de su poder.
Los que pierden RTVV son los valencianos, es la sociedad a la que los medios públicos de información deben garantizar el acceso a ese bien fundamental para la supervivencia de la libertad de elección política. Los que la perdemos somos nosotros.
Hoy, un día después de que la justicia anulara el ERE que anteponía el negocio al servicio público, que ponía por delante las veleidades políticas de las necesidades sociales, la televisión autónoma valenciana va a ser cerrada, sacrificada en el altar del orgullo de aquellos que la han llevado al patíbulo.
Como un juez les dicen que RTVV no es suya para hacer lo que quieran con ella sino que es de los valencianos entonces ya no la quieren. Y la rematan.
Porque el cierre es solamente el tiro de gracia en la frente de un reo que ha sido ajusticiado poco a poco, de un medio secuestrado que ha sido torturado mientras se esperaba un rescate en forma de sufragios y escaños por él y de cuyo cadáver se deshacen ahora, cuando ya no puede reportarles beneficio alguno.
Empezaron a matarla cuando la convirtieron en otro elemento de ganancia personal, de enriquecimiento de sus amigos y socios, de control político. 
Cuando permitieron que se inflaran presupuestos para llevárselo muerto con la mano escondida en la espalda, cuando se empeñaron en colocar a parientes y amigos para garantizarles puestos estables y pingues sueldos públicos.
Siguieron matándola y sangrándola cuando la embarcaron en proyectos sin sentido, en costosas retransmisiones, que solamente cubrían la necesidad de mostrarse de los políticos que la dirigían, que la manipulaban. 
Cuando permitieron y forzaron que aquellos que la dirigían en su nombre no buscaran la audiencia y sí el voto, no persiguieran la información y sí el adoctrinamiento, no buscaran el entretenimiento y sí el aborregamiento.
Y la clavaron la estocada mortal cuando obligaron a sus profesionales de la información a callar, a manipular, a decir mentiras como puños o callar verdades como panes. Cuando convirtieron los informativos en un mitín político continuo y constante. Cuando la separaron de la realidad de valencia para vincularla al mundo de ficción que precisaban los gobernantes valencianos para sus intereses electorales.
Y ahora, uno de esos que era de obligada salida en los informativos, de los que había que hablar, a los que había que hacer constantes genuflexiones informativas, la da el tiro de gracia.
El Presidente Fabra ha hecho todo lo posible para mantenerla como herramienta de propaganda, como forma de hacer ganar dinero a sus socios y acreedores políticos con las "externalizaciones", para mantener el sueldo a sus adlateres y acólitos purgando el ERE de afines y soguillas y, ahora que un juez le hace ver que no puede utilizarla para eso, como la mítica zorra de la fábula clásica, dice: "no las quiero que están verdes" y decide cerrarla.
Y encima se atreve a poner de excusa los colegios, los centros de salud, los hospitales para justificar la medida. Se atreve a poner a los profesionales que protestan en el bando de los egoístas, de los que quieren mantener su puesto de trabajo a costa de otros ahora que no hay dinero y hay que elegir.
El Gobierno de la Comunitat Valenciana hace tiempo que dejó de pensaren los colegios, en los hospitales y ahora deja de pensar en los medios de comunicación.
No nos confundamos cerrar RTVV es lo mismo que cerrar un colegio, que cerrar un hospital, que cerrar un centro de desintoxicación de drogadictos o cortar los fondos a un programa de ayuda a personas dependientes. Es cercenar un derecho.
Y da igual que sea el derecho a la asistencia sanitaria, a la educación, a recibir información o a comunicarla en libertad. Todos esos derechos son nuestros y Fabra ni ningún otro político tiene potestad para quitárnoslos.
Así que no nos engañemos. Con la ejecución de RTVV no pierden los 1.800 profesionales que se van a la calle a sumarse a los otros 30.000 profesionales de los medios que ya están en el paro. Perdemos todos. Los que emitimos y los que recibimos.
Como si nos cerraran un colegio o un quirófano.

domingo, agosto 04, 2013

Lasquetty y quienes hacen el trabajo de Telemadrid

"Aquellos que hacen lo debido lo demuestran no con las acciones que realizan sino con aquellas que no dejar de realizar".
En pleno estío vacacional reconozco que es un poco duro empezar con Schopenhauer, así por la tremenda, un post. Lo suyo sería hablar de operaciones bikini, el ya ritual reportaje sobre la cervecita o la noticia de obligado cumplimiento sobre la ocupación playera.
Pero es que la frase del en ocasiones ininteligible filósofo alemán nos muestra a las claras una situación que entre tanto calor, viaje y baño veraniego tiende a pasar inadvertido.
Hace unos días Telemadrid, ese medio de comunicación transformado en plataforma de propaganda y agitación política, se descolgó con uno de esos típicos reportajes suyos a los que solamente les falta un fondo musical de fanfarrias y trompetas para que sean la perfecta loa del gobierno madrileño y su política sectaria y nepotista.
En este caso fue la sanidad y se descolgaron con que los británicos, los hijos de la Pérfida Albión, raramente interesados en algo que no haya sido inventado por ellos mismos en sus años dorados, habían venido a Madrid a interesarse por el sistema de gestión sanitaria privatizada impulsado por los gobernantes madrileños.
Porque claro, si los ingleses se interesan en algo tiene que ser bueno, si el gobierno británico nos quiere copiar es que recortar el acceso, los recursos y la capacidad de la atención sanitaria pública debe ser bueno. Si los hijos de la Isla de Las Brumas vienen a preguntar por algo que pone en manos de magnates privados sin ética ninguna y ávidos de resultado nuestra vida y nuestra salud, tiene que ser bueno.
Hasta aquí la propaganda, hasta aquí la agitación y la manipulación ideológica de la que el bueno de Nikita Kruchev estaría orgulloso.
Pero todo esto nada tiene que ver la cita inicial. Lo que hace relevante esa frase es que era mentira, que se lo habían inventado, que habían utilizado Telemadrid para engañar. Lo que dota de significado al algo enrevesado pensamiento de Schopenhauer es quién lo ha descubierto y sacado a la luz.
Porque no han sido los informativos de las televisiones públicas los que han descubierto esa mentira -nadie lo esperaba-, no han sido los servicios de investigación de las cadenas privadas, ni los diarios de gran tirada. Han sido unos señores que se agrupan bajo el nombre genérico de salvemostelemadrid.es.
¿Se acuerdan de ellos? Son aquellos que según el presidente comunitario hacían inviable Telemadrid, aquellos de los que se prescindió para que Telemadrid seguía abierta y dando beneficios a las relaciones nepotistas de sus directivos y sus dirigentes políticos.
Lo han hecho aquellos que no tenían porque hacerlo. El problema de la sanidad madrileña no era su problema -según lo ven muchos de los que han hecho de su egoísmo individualista la única medida de la realidad-. Podían haber dedicado el espacio en su página solamente a lo suyo, a hablar de su ERE ilegal, de las conexiones corruptas de aquellos que dirigen Telemadrid y la utilizan para engordar el recuento de sus votos y las cifras de sus cuentas privadas en la Confederación Helvética.
Pero no lo han hecho. Han informado sobre la Sanidad Pública, sobre lo que interesa e importa a los madrileños. Han hecho su trabajo.
Dejadme que lo repita, dejadme que me llene la boca y el teclado con la frase. Han hecho su trabajo. Aunque nadie les pague por ello, han hecho su trabajo. Aunque hayan perdido el empleo por hacerlo, han hecho su trabajo. Aunque no les reporte ningún beneficio, han hecho su trabajo. Aunque no tenían porque hacerlo, han hecho su trabajo.
No han dejado de hacer, como diría el retorcido alemán, las acciones que tenían que realizar.
Porque los madrileños merecen saber que su gobierno manipula, miente y utiliza medios públicos para fingir que el gobierno británico apoya con su interés una privatización que es rechazada por prácticamente toda la sociedad; porque la sociedad tiene derecho a saber que los profesionales de la información, que aquellos que por compromiso y vocación han elegido mantener informada a la gente, lo harán aunque no se les pague, aunque se les deje sin trabajo, aunque le venga mal al poder.
Porque la Sanidad Madrileña, que se la está jugando cada día contra los engranajes de un poder corrupto y nepotista, tiene derecho a saber que hay gente que sabe que su trabajo es informar y no hacer propaganda, que sabe que Telemadrid ha caído por los rostros perfectos de melena rubia de peluquería que sonríen a cámara mientras mienten -y saben que lo hacen- y no por aquellos y aquellas que pretendieron siempre que su condición de trabajadores públicos suponía un servicio a la sociedad, no a los gobernantes.
Y ahora podemos hacer dos cosas. O pararnos, entre cañas y tapas, a pensar qué es lo que la frase de Schopenhauer tiene que decirnos a nosotros, como se lo ha dicho a los chicos y chicas de salvemostelemadrid.es y a todo el colectivo profesional sanitario que permanece en lucha, podemos descubrir qué acciones no debemos dejar de hacer para hacer lo correcto o podemos poner Telemadrid y relajarnos con el reportaje de turno que nos pongan.
Creo que hoy toca ese gran clásico de los consejos contra los golpes de calor. Nosotros mismos.

miércoles, febrero 27, 2013

González ya es la zorra de Esopo con Telemadrid

Ignacio González, el heredero, el presidente de la Comunidad que nadie eligió porque a nadie se le dio la oportunidad de hacerlo, está furioso. 
Simula estar calmado y contrito, pero está furioso; aparenta permanecer sumido en una profunda reflexión y en sesudo análisis pero está furioso. 
Lo está porque las cosas no aparentan marchar como él quería, lo está porque, recuperada del negro combativo en la que la sumieron los profesionales del medio intentando evitar que se convirtiera en una herramienta de simple propaganda, Telemadrid amenaza con volver, los jueces amenazan con hacerla volver. 
Y así, en ese lenguaje al que recurren siempre los cortados por el patrón el gobierno sempiterno y nunca abandonado de Esperanza Aguirre en Madrid, recurre a lo único que sabe hacer en esos casos: la amenaza.
 "Si el ERE no prospera cerraremos Telemadrid". Lo intenta convertir -como todo en este gobierno del Partido Popular en nuestros tiempos- en una conclusión inevitable, en una consecuencia lógica de la realidad ineludible. 
Pero no engaña a nadie. Es una amenaza. 
No lo es por la frase en sí misma. Lo es por la que la continua para culminar la sentencia "No es prioritario para nosotros mantener un medio de comunicación". Y esa es la clave. 
Si los profesionales de Telemadrid vuelven a sus puestos de trabajo, la televisión de la Comunidad de Madrid volverá a ser un medio de comunicación. O por lo menos tendrá a casi un millar de personas dispuestas a convertirlo en eso. 
Y eso nunca fue prioritario para el Gobierno del Partido Popular en Madrid. Si no es una herramienta de propaganda para sus fines, no le interesa tenerlo; si no es un púlpito desde el que predicar su ideología, no le interesa; si no es una ventana desde la que mostrar hasta el hartazgo a un líder político impuesto a dedo, no votado, desconocido y continuamente hecho arder por los colectivos sociales y profesionales de los sectores públicos en sus sucesivas decisiones, Telemadrid deja de ser prioritaria. 
Porque solamente esas motivaciones, esos usos sugeridos primero, impuestos después y manipulados en última instancia, sustentan esa amenaza de Ignacio González. 
Si fueran simplemente las cuestiones económicas se hubiera limitado a cerrarla desde el principio y ya está. Ese era el máximo ahorro. El ERE podría haberse incluido dentro de ese cierre y habría podido justificarse por motivos económicos, pero la privatización no. 
Pero ahora, como la decisión judicial amenaza con llevarle la contraria, con impedirle que "su" Telemadrid se convierta en una fuente de ingresos para sus socios y amistades a costa del erario público, con hacer imposible que sea simplemente un despacho de Agitpro del PP, ya no la quiere, ya no le sirve, la va a cerrar. 
Porque la vuelta de los profesionales de Telemadrid, la decisión judicial contraria al ERE le obligaría a gestionar la televisión pública como un medio de comunicación. Le obligaría a dejar de colocar en los altos despachos y las altas nóminas a rebotados políticos del partido al que pertenece, le obligaría a sacrificar la propaganda en aras de una programación que atrajera audiencias y anunciantes porque la sentencia le habría dejado claro que Telemadrid necesita a sus profesionales y no puede prescindir de ellos. 
Y en esas condiciones no la quiere, si no puede alcanzar su codiciada y ansiada herramienta de manipulación social, la cerrara. Como la zorra quejumbrosa de la fábula de Esopo "no la quiere, que está verde" .
Es cierto, Ignacio González, por una vez y sin que sirva de precedente, tiene razón y dice la verdad. Nunca fue una prioridad para el Partido Popular de Madrid poner un medio de comunicación y de información al servicio de sus ciudadanos. 
Un medio de propaganda sí, de adoctrinamiento, también y de manipulación política y recolecta de votos, por supuesto. Pero un medio de información y comunicación, no. 
Y Telemadrid solo puede ser eso si los jueces no le dejan convertirla en otra cosa.

sábado, febrero 16, 2013

Un nuevo canal en Internet arranca el cuchillo que el Gobierno clavó en la espalda de Telemadrid

Parece mentira que con tanto llevarse a la boca aquellos de las oscuras conspiraciones contra su honorabilidad -siempre de otros, nunca de los suyos, claro- y de inquietantes conjuras secreta y solamente visibles por ellos que tienen a Bárcenas, sus papeles, a los sobrecogedores y a los financiadores de Génova, 13 en el disparadero, con esto de Telemadrid los chicos del Partido Popular hayan obviado los principios fundamentales del innoble arte de la conspiración.
Porque ahora, así como quien no quiere la cosa o más bien como quien en la cosa nada tiene que perder porque ya se lo han hecho perder todo, aquellos que han sido víctima de esa maquinación conspirativa al más puro estilo versallesco del Gobierno de la Comunidad de Madrid para asesinar Telemadrid van y deciden no darse por muertos, deciden no dejar de hacer aquello para lo que se prepararon, para lo que adquirieron experiencia y para lo que, en su origen, fueron contratados.
Resumiendo, informar y comunicar. Abren un canal de televisión on line y con ese simple hecho demuestran que por no saber, el PP madrileño ni siquiera sabe conspirar.
Porque no tuvieron en cuenta que para que exista una conspiración dos o más tienen que ponerse de acuerdo para real izarla. Ellos creyeron estar de acuerdo con los jueces y resulta que parece que no, ellos creyeron tener de su parte a las audiencias y eso ya está demostrado que tampoco y ellos creyeron que tenían de su parte a sus votantes, a aquellos que solamente querían escuchar las lindezas de su partido político, de aquellos a los que habían apoyado con sus sufragios y ahora resulta que las encuestas de intención de voto les dicen lo contrario.
Y sobre todo creían que iban a contar con la resignación de aquellos que perdían de sus puestos, con la aquiescencia de aquellos a los que se presentaba la situación como trágica y no deseada y eso no ha ocurrido.
De modo que, si no hay dos para llevarla adelante, por definición, una conspiración no puede salir bien.
Pero lo más importante es que pasaron por alto el hecho de que para que una conspiración funcione tiene que sea secreta, se tienen que ver los resultados, pero no lo orígenes, se tienen que percibir los efectos pero desconocer las identidades de los perpetradores.
pero su ERE masivo, su despido de 860 profesionales ha hecho que todo el mundo conozca la identidad de aquellos que quieren transformar un medio de comunicación público en una herramienta de propaganda sectaria e ideológica. 
Puede que eso funcionara -y lo estaba haciendo- mientras nadie sabía que se hacía a puerta cerrada, mientras los pasillos del ente autonómico estaban poblados de gente a la que no se dejaba informar, a la que no se permitía trabajar en libertad, a la que se le hacía elegir entre la supervivencia y la dignidad.
Pero el ERE ha abierto las puertas y ya no puede seguir funcionando. Porque ahora todo el mundo que mire el canal, todo el mundo que se encuentre con él en el occidental ejercicio del zapping compulsivo se dará cuenta de lo que pasa.
Solamente tendrá que ver lo que los profesionales que trabajaban en ese medio hacen en Internet para darse cuenta de lo que no les dejan hacer a los que se han quedado dentro de las puertas del esqueleto de lo que fuera Telemadrid.
Y claro, con la comparación, la manipulación no puede funcionar.
Pero lo que demuestra el nuevo canal on line que ponen en marcha los trabajadores acuchillados por la espalda por el Gobierno de la Comunidad de Madrid y aquellos que hacen de la adulación su herramienta principal de supervivencia es que fallaron en la base última de todo proceso conspirativo, en el axioma principal que desde los tiempos de Bruto y Casio rige este tipo de formas de moverse en las sombras. 
Parece mentira que ellos, tan aficionados a programar películas de época y de Imperio Romano pasarán alegremente por alto que para que una conspiración funcione la víctima tiene que morir. No basta con herirla, no basta con apartarla, no basta con desarmarla. Tiene que morir.
Y aunque ellos creyeron que lo habían conseguido, que su control político aseguraba la muerte del canal para poder sembrar en su cadáver la semilla de su aparato propagandístico, cometieron un error. Se equivocaron de espalda, dejaron a la víctima con vida.
Porque Telemadrid nunca fue ni será sus edificios, sus dirigentes, sus ejecutivos, sus equipos, sus vehículos, sus unidades móviles, sus controles o sus enlaces.
achicados los ojos del gobierno madrileño por la ceguera que les impide ver a las personas detrás de los números, a los seres humanos detrás de las organizaciones y a los votantes detrás de los sufragios, no se dio cuenta de que, hiciera lo que hiciera, dejaría con vida a los únicos que siempre fueron Telemadrid: aquellos que la hacían.
Ignoraron que cualquier organización humana es su esencia, no su cuerpo. Y esa esencia son siempre las personas.
Y ahora, por más fango que les echen encima los opinadores a sueldo, por más que intenten acallarles o que buscan subir el ruido de su propaganda para acallar el volumen de la información del nuevo canal, todo el mundo sabrá que intentaron  acabar con Telemadrid para hacer otra cosa.
Todos conocerán cual eran los motivos y cuál era el objetivo.
No hay nada como dejar con vida a una víctima para que una conspiración fracase. Es como dejar que el bueno de Julio se sacara el puñal de la espalada en las puertas del senado de Roma.
Y si no que se lo digan a Génova con Bárcenas y con Telemadrid.

miércoles, febrero 06, 2013

El Día del Juicio para los sepultureros de Telemadrid

Parece que ni los hipopótamos, ni los expertos politizados, ni los manipuladores, ni los propagandistas disfrazados de periodistas, ni los bustos parlantes que aceptan difundir consignas disfrazadas de noticias, son herramientas suficientes para alterar la realidad, para modificarla o para ocultarla los ojos de aquellos que deben observarla y que tienen que contribuir a crearla.
Quizás sea por eso por lo que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha fijado para el 1 y el 4 de marzo el juicio sobre el ERE masivo de Telemadrid que arrojó a 860 trabajadores de su intento de hacer una canal público y culminó la política del Gobierno madrileño de utilizar la cadena como un club propagandístico de alto coste.
Preparémonos para una programación autonómica en la que conoceremos desde los estilos migratorios de la torcaz sahariana hasta los ritos amatorios del cangrejo de río en alta montaña. Porque durante esos días seguro que no vemos ni escuchamos una sola palabra sobre el asunto en la pantalla de Telemadrid y si lo hacemos será para fantasear, criticar o resaltar lo que a sus dueños y señores político les convenga.
¡Con tantas cosas de las que no hablar, se van a gastar todo lo que ahorran en personal en documentales de National Geographic!
Pero ni todas las manadas en estampida de ñus del Serengeti conseguirán que el juicio por el ERE deje de celebrarse, deje de producirse. Ni todas las cortinas de humo impedirán que los jueces vean como se ha incluido en esos ERES a miembros del Comité de Empresa en situaciones idénticas en lo laboral a otros que no han sido incluidos simplemente porque ellos no protestaban.
Ni toda la magia de la contra programación evitará que los magistrados puedan fijarse en los criterios utilizados para el mantenimiento del personal adepto mientras se prescindía de profesionales mucho más capacitados, antiguos e importantes que ya habían sido condenados a los pasillos por negarse a cambiar su carné de prensa por otro mucho más seguro y propagandístico que se emite en Génova, 13 y se renueva diariamente en los pasillos, los despachos o las alcobas del poder.
Que un juicio por el ERE resultaba inevitable era algo que todos sabíamos. Aunque Sinova y sus opinadores hablaran de agresiones contra la libertad por la huelga, aunque la ínclita Aguirre, principal enterradora en el sepelio de Telemadrid, se secara las lágrimas de pena de cocodrilo por Telemadrid, todos sabíamos que este juicio tenía que llegar.
Porque los tribunales son los encargados de juzgar sobre las agresiones, no Justino Sinova, y el ERE es una agresión laboral en toda regla; porque son los jueces los que tienen que dictaminar sobre las agresiones y no los bustos parlantes de los informativos propagandísticos; y arrojar de sus empleos a 860 personas para abrir una vía de entrada de dinero público en las arcas de amigos y familiares, para asegurar una ventana abierta a las ondas y a los impulsos digitales de las proclamas políticas de líderes mediocres que buscan una reelección inmerecida, exuda agresión laboral, legal y social por todos los poros de su piel.
Aunque los opinadores a sueldo y los Telenoticias no lo digan, aunque se busque a toda prisa un mastodonte ártico que echarse a las pantallas para que nos tape la realidad de ese juicio.
Así que, le pese a quien le pese, el día ha sido marcado y elegido.
Y quieran los hados de la propaganda televisiva que la sentencia no sea contraria. Ya paralizados algunos ERES parecidos en  canales públicos autonómicos, quieran que los próceres madrileños no se vean enfrentados a unos costes en salarios de tramitación o en indemnizaciones que hagan completamente inadmisible su excusa del ahorro -aunque echando cuentas ya lo es-, que les obligue a gastar del erario público el doble o el triple del dinero que hubiera costado convertir Telemadrid en un canal rentable, eliminando el contenido propagandístico, tomando decisiones de auténtica gestión de un medio de comunicación y ahorrando en contenidos y retransmisiones que solamente alimentaban el ego de los políticos que manejaban el medio e incrementaban sus cosechas de votos.
Y no quieran los destinos judiciales madrileños que alguien obligue a incluir en ese ERE a los de la planta noble, a todos esos cargos amigos, familiares o simplemente aduladores, soguillas y adláteres serviles de políticos de turno que han quedado en la sede con sus salarios protegidos y escudados y sus puestos, mantenidos a despecho de la más pura lógica organizativa que fija la premisa de que no puede haber nunca más jefes que indios.
Porque si es así, si eso ocurre -y visto lo visto, como están los poderes judiciales y legislativos últimamente, puede ocurrir-, la fecha que se ha fijado para el juicio pasará a ser lo mismo pero, que escrito de otra forma, significará algo muy distinto para aquellos que han despreciado una profesión, una libertad, una responsabilidad pública y un derecho social solamente en aras de su mantenimiento en el poder y del engrandecimiento económico de las cuentas corrientes -helvéticas o hispanas- de sus colegas y familiares. Si eso termina siendo así, el día  1 de marzo no será la fecha del juicio.
Será el Día del Juicio para los destructores y sepultureros de Telemadrid.

lunes, febrero 04, 2013

Hipopótamos en Telemadrid: Espejo de lo que son

Por fin el antiguo y desafortunado -para los dirigentes de la misma, claro está- lema que otrora difundiera Telemadrid en sus promociones se ha hecho realidad. 
Más allá del humorístico sarcasmo que usaron de herramienta de batalla los profesionales de la casa al silabear el "Espejo de lo que somos" con la pausas más acertadas y reales de "Espe jode lo que somos", los que han convertido Telemadrid en algo que ni es público ni es un canal, sino que es político y es una fuente de ingresos nepotistas, han logrado que su objetivo se cumpla. Por fin Telemadrid es espejo de lo que son.
Y como muestra un botón. Bueno, para ser más exactos, unos hipopótamos.
Porque precisamente era eso lo que las audiencias renuentes de Telemadrid -si es que le queda alguna- estaban contemplando mientras el resto de los medios emitían en vivo y en directo la más bochornosa comparecencia televisiva que se recuerda desde las lágrimas de cocodrilo en blanco y negro de Arias Navarro con su ya mítico "Españoles, Franco ha muerto".
Y claro no es espejo de los que somos, porque no es espejo de sus audiencias, ni de sus anunciantes -de esos ya no queda ninguno-, ni por supuesto de sus profesionales o sus trabajadores -de los que ya tampoco quedan apenas ninguno-, ni siquiera de lo que somos los medios y los profesionales de ellos en este país. Es solamente espejo de lo que ellos son, de lo que ellos han decidido que se debe ser y de lo que ellos quieren que toda España sea.
No es que esos hipopótamos emitidos en continuidad reflejen las otrora sinuosas curvas de Cospedal o los en otros tiempos rutilantes cabellos faciales de Rajoy, ahora presas indómitas del Farmatint y las canas. 
Es que esos hipopótamos demuestran el silencio, el alejamiento de la realidad, la supeditación política, la manipulación. Demuestran que Telemadrid murió en cuanto el último profesional salió por la puerta y empezó a morir en cuanto el primer propagandista firmo su contrato blindado.
Porque emitir hipopótamos mientras la presidenta In pectore del Partido Popular se enfrenta a los medios para intentar negar un escándalo mayúsculo que destila acusaciones, que van de la financiación ilegal al nepotismo, pasando por el fraude tributario y otro puñado de delitos económicos, solamente puede significar que los que ahora rigen para su provecho los destinos de lo que fuera un canal público no quieren involucrarse con ellos.
Porque centrarse en el rojo sudor del segundo mamífero más pesado de África -con permiso del monarca cazador de elefantes y cazado, claro está-  mientras el Presidente del Gobierno no hace acto de presencia, protegido por la distancia, los muros de Moncloa y el vacío del éter, ante los medios, solo significa que quieren protegerle a él de la culpabilidad de su ausencia y a Cospedal del ridículo de su comparecencia.
Porque tirar de documental en pleno desarrollo de la actualidad lo único que busca es que ninguno de sus fieles votantes pueda estomagarse, pueda sentir la abrupta contracción de la arcada, cuando contemple a aquellos a los que votó enfrentarse a la acusación plausible precismente de aquello que decían que iban a parar si se les daba el voto.
Y así Telemadrid se convierte por fin en Espejo de lo que son. 
En el cristal a través del cual vemos sus intereses protegidos en contra de los beneficios de todos los demás y lo intentan vender como algo necesario y que no admite ninguna discusión.
En una maraña de cables que sirve para despistar, desviar la atención e intentar evitar que la información llegue en estado puro -nadie puede manipular una comparecencia, al menos sin que se note- a aquellos que precisan de ella para saber qué rumbo quieren dar al futuro colectivo del país.
En una pantalla que, aunque haya recuperado el brillo fulgurante de los cátodos y los focos, permanece emitiendo en el negro profundo de la falta de libertad, la manipulación y el interés político y sectario de una sola ideología.
Y encima con hipopótamos. No podían haber elegido tigres, leones o monos tití. Tenían que ser hipopótamos. Desde el "Espe jode lo que somos", no habían elegido un contenido de forma tan desafortunada.
Porque el hipopótamo es la metáfora salvaje perfecta de lo que es el Gobierno actual y lo que han conseguido que sea Telemadrid.
Seres lentos, detenidos en su evolución, pesados, incapaces de moverse deprisa salvo cuando están en las aguas, que enfangan continuamente con sus escondidas y demoledoras patadas subacuáticas para poder mantenerse a flote, que se atacan los unos a los otros entre el fango que su propio enfrentamiento ha provocado y esparcido por el agua, que no paran hasta acabar con todo lo que hay en el charco que eligen como hábitat y luego se mudan al siguiente...
Y sobre todo que, cuando ven el peligro acercarse en lontananza, esconden la cabeza bajo el agua, simulando ser una simple piedra en la esperanza de que nada les afecte, de no tener que defenderse, de que el peligro pase de largo y les deje permanecer en donde están, buscando solamente devorar todo lo que precisan sin pensar jamás en el entorno.
Más o menos lo que hizo Cospedal en esa comparecencia. Más menos lo que que quiere hacer Telemadrid y para lo que ha tenido que despedir a 900 profesionales de los medios.
Ahora sí. Ahora, gracias a la presencia de un inmenso mamífero africano en sus pantallas, Telemadrid es por fin Espejo de lo que son.

jueves, enero 24, 2013

Negros, Sinova y la libertad de Agitpro de Telemadrid

Por fin lo han conseguido. No puede decirse que lo hubieran conseguido ya, pero ahora nadie lo dirá, nadie lo denunciará, nadie lo criticará. El menos de puertas para dentro.
El primer informativo, así es como lo llaman pero en realidad ellos y todos saben que deberían llamarlo de otra manera, de la nueva era de Telemadrid, esa Telemadrid que siempre quisieron los políticos que la instrumentalizaron, la hicieron inviable y ahora la han hecho mutar en un canal propagandístico digno de los ámbitos más recónditos de YouTube, lo demuestra. Por fin Telemadrid ha dejado de ser un canal de televisión y ha empezado a ser otra cosa. A ser lo que aquellos que la han derruido siempre quisieron que fuera.
Puede que el momento manipulativo del final de es informativo nos haga torcer el gesto a los que sabemos un poco de estas cosas, puede que ni siquiera nos merezca la pena contestarlo y solamente nos haga torcer el gesto en un intento de recordar aquello que nos metieron parcial tras parcial en el cerebro en las Facultades de Ciencias de La Información. Pero para todos los demás, para las audiencias, para los que aún puedan ver o creer Telemadrid merece una explicación.
Aprovechar la despedida del informativo para decir que un mes de emisión en negro ha enfrentado dos derechos fundamentales, el de huelga y el de información, es el mejor ejemplo que puedan dar los irresponsables responsables de Telemadrid de porque les hacía falta despedir a casi un millar de profesionales.
Porque saben que eso es una falacia circular, un argumento falso que de vueltas sobre sí mismo sin llegar a ningún lado. En Resumen, porque saben que es mentira.
Y recurrir a dos profesores universitarios de la cuerda para aportar supuestos argumentos de autoridad, para acusar a los sindicatos de "secuestrar" la libertad de información de las audiencias, para defender que la pantalla en negro de Telemadrid es un "atentado" contra el derecho a la información es tan absurdo como acusar a un iceberg de atentar contra la libertad de navegación del Titanic.
Porque ambos deberían saberse de memoria -o por lo menos tener localizado algún texto con la referencia- estas líneas. Vamos, el famoso artículo 20 de la Constitución

1. Se reconocen y protegen los derechos:
 a.  A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción.

Y el señor Justino Sinova es profesor universitario -o al menos lo fue- de Ciencias de la Información y sabe o debería saber que ese derecho no ha sido conculcado, puesto en riesgo ni secuestrado por la huelga de Telemadrid. Sabe que la pantalla en negro no ha impedido a ningún ciudadano español expresar ni difundir libremente sus ideas ni pensamientos ni opiniones.
Sabe que si alguien desde el momento de su creación e instrumentalización ha "secuestrado" ese derecho en Telemadrid han sido los verdugos de la misma. Los que han limitado o negado a colectivos enteros durante años la posibilidad de expresar en ese medio de comunicación pública su disensión, su descontento, su queja. 
Los que han desequilibrado la información ofreciendo solamente una parte de la visión política de España, negando la capacidad de respuesta a aquellos contra los que cargaban en sus programas, cerrando las puertas a aquellos que querían exponer una visión de España, de Madrid y del mundo distinta de la que ellos habían decidido difundir para sus intereses 
Y Justino Sinova lo sabe. Lo sabe tan bien que ni siquiera se atreve a enunciar el texto del artículo.
Y pasando por alto el derecho a la creación artística y a la libertad de cátedra, que nada tienen que ver con esto, llegamos al meollo del texto legal.

d. A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión. La Ley regulará el derecho a la cláusula de conciencia y al secreto profesional en el ejercicio de estas libertades.

¿De verdad quieren hacernos creer que la huelga de Telemadrid, que la reivindicación laboral de 890 trabajadores ha puesto esto en riesgo?, ¿de verdad quieren hacer colar a la audiencia que la defensa de un modelo y de una visión profesional y plural de los medios públicos ha atentado contra su derecho a estar informados?
Puede que la media de edad de su target de audiencia o del electorado base del PP en Madrid conduzca al error a los ya de por sí errados comisarios ideológicos de Telemadrid pero, ¿de verdad creen que la población española desconoce la existencia del mando a distancia?
Aún en el hipotético caso de que esa pantalla en negro conculcara ese derecho -cosa que por otra parte, es curioso, no ha dicho ni mantenido juez ni tribunal alguno-, ese secuestro, esa terrible agresión contra la ciudadanía habría durado exactamente 1,4 segundos.
Eso es lo que calculan los expertos de la Universidad de Michigan -que deben aburrirse mucho o tener mucho dinero de subvenciones que gastar en estudios comunicativos- que tarda un espectador en posesión de un mando a distancia en reaccionar a la observación de una pantalla de televisión en negro.
Y el señor Leopoldo Abad, desde su puesto de profesor de Derecho de la Información lo sabe.
La pantalla en negro de Telemadrid ha hecho más por la calidad de la información en este país que cualquiera de las ediciones de Telenoticias desde que Esperanza Aguirre la convirtió en su continuo y cansino megáfono electoral.
Ha permitido ciudadanos informados porque les ha obligado a irse a cualquier otro medio de comunicación -que seguían emitiendo, aunque Sinova y Abad decidan obviarlo- para enterarse de lo que estaba pasando, porque les ha hecho conocer lo ocurría sin el sesgo político que Telemadrid imponía e impone -a las pruebas hay que remitirse- a toda la información sobre este asunto.
Y que Sinova diga que el hecho de que un medio de comunicación deje de emitir es "un atentado contra la libertad de información" ya ni siquiera es manipulación, ni siquiera es sesgo político. Es directamente demagogia.
La información en este país ha seguido, los medios escritos y audiovisuales han seguido, las audiencias de Telemadrid tenían múltiples fuentes para enterarse de esa noticia en concreto y de cualquier otra. La huelga no les ha privado de eso.
Y Abad lo sabe y sabe que es absurdo defenderlo. Como sería absurdo defender que el hecho de que AXN o Disney Channel no emitan informativos atenta contra la libertad de información de los ciudadanos. Porque los ciudadanos no tienen el derecho de decir "yo quiero informarme en esta cadena en concreto y por tanto esa cadena tiene que emitir informativos". Los cuidadanos solo tenemos -que no es poco- el derecho al acceso a la información y mientras  haya múltiples cadenas televisivas, radios y periódicos eso está garantizado. 
El derecho a informarse en Telemadrid y únicamente en Telemadrid no existe. No existe porque existe el mando a distancia.
Y además la huelga no ha cerrado un medio de comunicación. La huelga no ha cerrado la emisión de Telemadrid. Telemadrid seguía emitiendo. Emitía en negro pero seguía emitiendo.
Ningún poder público ha cerrado por decreto, orden o sentencia Telemadrid. Si los gestores de Telemadrid hubieran querido emitir documentales o informativos antiguos o series enlatadas o la imagen fija de La Ciudad de La Imagen podrían haberlo emitido y la huelga no se lo hubiera impedido. Si hubieran querido contratar los servicios de EFE televisión y emitir sus boletines lo podrían haber hecho
Con cuatro cadenas privadas nacionales, otras tantas públicas estatales, un sinfín de cadenas de TDT y ni se sabe cuántas autonómicas y locales, el derecho a la información de los ciudadanos nunca ha estado en peligro. Nunca se ha ido a negro.
El único derecho que se ha visto cercenado es el que ellos creen tener de hacer propaganda política desde un medio público, es el de utilizar la cadena para su refuerzo electoral, es el de manipular la realidad, sesgar la información y alterar la percepción de las masas en aras de mantener una fluida, constante y masiva afluencia de sufragios a sus castos electorales.
Y, claro, ese derecho no está recogido en ningún recoveco del articulado constitucional español. Y tanto Sinova como Abad lo saben. Puede que ahora lo callen, pero lo saben. A mí me lo enseñó uno de ellos.
Solo hay algo con lo que se puede estar de acuerdo de ese memorable momento televisivo. El mes de emisiones en negro de Telemadrid es un hecho insólito en la historia de la televisión en España.
Y lo es porque en los 37 años que llevamos de democracia nadie había convertido de una forma tan descarada un canal televisivo público en una herramienta de Agitpro, la Agitación y Propaganda al más puro estilo del viejo Nikita Kruchev en sus mejores tiempos.
Así que los que se han quedado al frente de Telemadrid y los que dan la cara por ellos en esos falsos informativos reiniciados ahora están de suerte. Por fin han conseguido lo que querían. Por fin pueden volver a emitir sus espacios propagandísticos y disfrazarlos de información.
Por fin pueden hacer piezas como la que cerró el primer informativo de la era de Agitpro iniciada en Telemadrid sin que nadie saque una nota sindical o una carta firmada por los profesionales de la información haciendo público que eso es mentira. ¡Enhorabuena!
Aunque claro, después de un mes de emisión en negro, después de un mes en el que las audiencias se han podido informar en otros medios de lo que pasa de verdad en Telemadrid, ejerciendo sin restricciones su libertad de información, accediendo a la realidad sin la censura previa de contenidos que imponen el mando político de Telemadrid desde hace años– y que, curiosamente, está prohibida en el punto 2 del mismo artículo, aunque tanto Sinova como Abad se olviden de mencionarlo- a lo mejor ya no es tan fácil colar la propaganda. Aunque se recurra Sinova y a Abad para intentarlo.
Y eso duele. A los que solamente quieren hacer propaganda les duele, a los que solamente quieren medrar manteniéndose a rebufo del cargo político que ejerce de comisario ideológico les duele.
A lo mejor, después del negro que ha acabado con 890 trabajadores en la calle, los que miren Telemadrid la verán con otros ojos. 

domingo, septiembre 02, 2012

Carlos Goñi, Nahir, la tele y el prozac sin receta


Nahir, un comerciante callejero de Amman, está encantado de conocer a alguien que trabajaba en Televisión. 
Él la devora incluso mientras está en su puesto del mercado vendiendo ropa y complemetos. Un pequeño aparato a pilas por el que cualquier museo de los medios occidental le pagaría una buena pasta con toda seguridad le mantiene siempre en tensión, en atención. 
Su cara atisba Al Yazzira, desde los culebrones de mujeres veladas a los boletines informativos divididos por zonas que se producen cada media -sí señores, en Al Yazzira la programación no se suspende para la publicidad, se suspende para la información, ¡que cosas no!-.
Nahir habla español. Dice que estudió en España pero su cercanía a la colonia sefardi del otro lado del Jordan donde el español es la lengua habitual deja entrever que sus relaciones comerciales, no demasiado bien vistas por sus vecinos, sean el motivo más que probable del uso más que digno uso de esa lengua.
Y Nahir, como la mayoría de la gente en Amann o Madrid o Tel Aviv o Bogota se sorprende cuando no comparto su entusiasmo por trabajar en tan egregio medio de entretenimiento. ¿Cómo puede no gustarte?, pregunta sorprendido. 
Como me habla de Coti -sí, del cantente argentino-, de Paulina Rubio y hasta de Alejandro Sanz, decido tirar de ipod -yo todavía no gasto iphone- y dejar que se lo explique alguien que lo ha cantado mucho mejor de lo que yo lo podría escribir. Y le presento al más lacónico y cansino de nuestros roqueros: Carlos Goñi.

Jaraneros, sinvergüenzas, niñas de silicona,
camellos y machacas de bar
strippers con futuro, ex amantes, ex esposas
ex de todo en general.
Mercaderes de miserias, nadie es lo que parece
o puede ser que justo al revés.
Se vacían las cloacas y las alcantarillas cada noche a las diez.

Bienvenido a la televisión, un mundo lleno de color.
Bienvenido a la vida ideal, amor y lujo en tu sillón.
Bienvenido a la televisión, el ojo que todo lo ve.
Bienvenido al planeta prozac, ¡qué más se puede desear!

Vendedores de basura envuelta en túnicas de piel,
maestros en lo de gritar.
Suena pompa y circunstancia llegan los gladiadores,
periodistas de verdad.
Si esos son lo que dicen, ¿tú qué opinas Rosetti?
algo no funciona bien.
Los secretos más ocultos se vomitan cada noche a las diez.

Bienvenido a la televisión, un mundo lleno de color.
Bienvenido a la vida ideal, amor y lujo en tu sillón.
Bienvenido a la televisión, el ojo que todo lo ve.
Bienvenido al planeta prozac, ¡qué más se puede desear!

Después de escuchar tres veces lacanción con tremenda atención a la letra y arrugando el morro de disgusto ante los violentos ritmos de Revolver, Nahir me hace una pregunta, sólo una.
¿Qué es prozac?  
Y me doy cuenta de por qué la televisión de entrenimiento es como es. Y no sé si darle las gracias a Goñi o a Nahir por la revelación.
Cuando se lo explico vuelve a arrugar la frente y comenta: Hassana, como los noumhnis -nombre por el que en los paises árabes se suele conocer a los drogadictos-, ahora entiendo. Bueno, ustedes por lo menos tienen strippers.

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