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miércoles, agosto 19, 2015

Matisyahu y la estupidez elevada a la sexta potencia

A ver si consigo explicarme.
No he escuchado una sola canción ni traducido una sola letra del tal Matisyahu pero me parece una estupidez de proporciones épicas que se cancele su actuación en el festival de Benicasim. Y lo que es peor, me parece una muestra del más absoluto desprecio por la cultura, los valores democráticos y lo que es más grave me parece un ataque frontal a la libertad porque si un gobierno no es quien para exigir una declaración política a nadie mucho menos lo es la organización de un festival musical: ¿quien se han creído que son los comisarios políticos de la antigua DDR?
Y las estupideces se suceden en cadena
La primera porque todas exigencias parten de hacer caso a una iniciativa de boicot supongo que salida de Internet. Así que no se trata de una cuestión de principios, sino de una decisión basada en el miedo de no vender entradas, no ganar dinero y no obtener beneficios. Algo que nada tiene que ver con la situación de la guerra en Israel y Palestina.
La segunda estupidez viene de los organizadores del boicot BDS País Valencià (Boicot, Desinversiones y Sanciones). El tal Matisyahu es estadounidense, paga sus impuestos en Estados Unidos y hace ganar dinero a una discográfica estadounidense. 
De modo que el Gobierno de Netanyahu no está afectado por el boicot, No supone ninguna desinversión en Israel y por supuesto no busca ninguna sanción para el estado israelí salvo en el caso de que el cantante done todas sus ganancias para la construcción de asentamientos ilegales en la franja de gaza o que la hija de Barack Obama sea acérrima seguidora del cantante y consiga convencer a su padre de que modifique toda su política en Oriente Medio para poder escuchar su actuación vía satélite en Benicasim. Hipótesis harto improbables, me temo.
La tercera estupidez es que Compromis, Podemos e IU se metan en ese carro. Porque ni Compromis ni ninguna otra fuerza política debería defender algo que está frontalmente en contra de nuestra constitución como exigir a alguien que se pronuncie sobre sus creencias o su ideología con presiones u amenazas. Como no estaban de acuerdo cuando el gobierno del PP de Aznar exigía a todo el mundo a diestro y siniestro que firmara o hiciera de palabra declaraciones contra el terrorismo y el independentismo vasco. ¿es que han perdido la memoria?
La cuarta estupidez parte del Gobierno de este país. El Ministerio de Asuntos Exteriores puede intervenir para deplorar el asunto, incluso para mediar pero no para decir que la decisión tiene "tintes antisemitas". A Matisyahu se le aparta por ser sionista -no hay derecho a hacerlo, pero es por ese motivo- , no por ser de raza hebrea ni por ser de religión judía, sino por defender la ideología sionista que mantienen los gobernantes de Israel. El antisemitismo no tiene nada que ver en esto aunque el Partido Popular lleve embarcado en una estrategia absurda de demostrar el totalitarismo de la nueva izquierda española comparándola con los nazis.
Y la quinta estupidez la cometen todas las asociaciones sionistas, de defensa de Israel o como quieran llamarse que se quejan y "se opone al boicot cultural en cualquiera de sus formas por considerarlo un atentado contra la libertad de expresión artística". Si eso fuera cierto no exigirán la retirada de discos de raperos neonazis alemanes y austriacos o de grupos de Hard Metal estadounidenses por sus letras contra el "poder judío" o incluso el boicot a libros de escritores tan reputados como Gunter Grass bajo la acusación de antisemitismo ¿no es eso un boicot cultural en cualquiera de sus formas?, ¿no es eso un atentado contra la expresión artística?, ¿también han perdido la memoria?
Y para rematar la media docena de estupideces que se han agrupado en este asunto entra en escena la embajada de Israel en España. Matisyahu es un ciudadano estadounidense y la diplomacia de este país, tan proclive a intervenir en favor de sus ciudadanos allende sus fronteras tengan razón o no, está más callada que una Madre Superiora en un burdel. La embajada de Israel no tiene nada que ver con Matisyahu aunque sea hebreo, aunque sea judío de religión. Ella representa los intereses de un país, no de una religión ni de una raza. A menos, claro está, que acepte la condición de teocrático del gobierno al que representa.
Así que al final todo este asunto del concierto de Matisyahu en el Festival de Benicasim es una estupidez. No sé si me he explicado con la suficiente claridad.

martes, agosto 11, 2015

Jurad por Yahve y Allah que no son de los vuestros

Unos locos furiosos asaltan un colegio judío en Toulouse y Europa se lanza a la calle. Clama contra el antisemitismo, contra la intransigencia religiosa, contra el fanatismo.
Todos tienen razón, todos se alinean a favor de la libertad, la transigencia y la convivencia y contra el riesgo que para ella suponen los extremismos religiosos. Repito, todos tienen razón.
Unos fanáticos religiosos de la peor calaña se arman de cócteles molotov, los arrojan a una casa en la definición perfecta de un acto de terrorismo radical, queman a una familia, hacen arder hasta la muerte a un bebé. Y Europa sigue de vacaciones, las calles de París, de Bruselas, de Madrid o de Londres siguen vacías.
¿Donde están?, ¿donde se encuentran todos aquellos que se unieron contra la intolerancia religiosa, contra el fanatismo, contra el odio racial, contra el ataque a los niños, contra el terrorismo?
Están tostándose en las playas, bebiendo cócteles en los resorts de todo incluido, visitando exposiciones o llenando sus cuerpos de la pasión y el sexo que se niegan durante el resto del año.
Y sobre todo.
¿Donde están los cientos de asociaciones antidifamación, las docenas de observatorios contra el antisemitismo, los miles de judíos que se llevan a la boca la libertad religiosa, el pogromo nazi o la siempre oculta conspiración antisionista que puebla el mundo?, ¿donde están?, ¿donde se han escondido?, ¿donde pasan sus vacaciones mientras el cuerpo de un bebé arde entre llamas?
¿Queréis que os crea?, ¿queréis que os considere defensores de los derechos civiles, la libertad y la convivencia?
Solo os pido una cosa.
Quiero que salgáis a cientos, a miles, a la calle y gritéis vuestra rabia y vuestra indignación como cuando matan a uno los vuestros. Como salí yo cuando lo hicieron.
Quiero que cojáis vuestros textos sagrados, vuestras vestiduras rituales y vuestra fe e hinquéis la rodilla, encendáis cirios y recesís a vuestro dios para que pare, para que no vuelva a ocurrir, para que su justa ira se cierna sobre aquellos que lo han hecho, como cuando alguien ataca a vuestros vástagos.
Quiero escupáis a la cara a los culpables, que les neguéis el saludo y la paz de Adonai, que les digáis que el Dios de la Zarza no tiene sitio para ellos ni siquiera en el Gehenna de su infierno, que Yahve les expulsa de su pueblo elegido. Que no son judíos y han perdido el derecho que la sangre y la fe les concedieron a considerarse uno de los vuestros.
Y que pidáis perdón por los 107 palestinos muertos en "Días de Penitencia", los quince niños asesinados en el ataque naval de 2006, los 165 civiles exterminados en "Lluvias de Verano", los 22 adolescentes asesinados en "Columnas de Salomón", la cincuentena de vidas segadas con las "Nubes de Otoño", los 38 muertos y 157 heridos en los "Nueve días de limpieza" de 2007, el niño muerto en el intento de golpe de estado tras las elecciones que ganó Hamás.
Y luego, cuando ya estéis en modo penitencia, volved la mirada vuestro dios y aprovechad para que os cuente lo que opina sobre que aún no os hayáis untado el pelo de ceniza ni hayáis rasgado por el pecho vuestras sagradas vestiduras en contrición por el "Invierno Caliente" que quemó la vida de 120 palestinos, por el ataque al campo de refugiados de Jan Yunes, que terminó con 17 muertos. 
Ni por el bombardeo con carros de combate del campo de refugiados de Al Bureij que mató a cinco niños y un cámara de la agencia Reuters, ni por el «Plomo Fundido» que mató en tres semanas 1.300 civiles palestinos y dejó 5.000 heridos. Ni por el «Pilar Defensivo» y causó en ocho días al menos 170 muertos y 1.300 heridos, ni por el «Margen protector» que dejó un reguero de 557 muertos y 13.000 heridos.
Y de las "Uvas de la Ira" ya ni quiero ni tengo fuerzas para intentar acordarme.
Hacedlo. Llorad y rezad por ellos y exigir el castigo a los intransigentes que han originado sus muertes y entonces creeré que estamos y luchamos en el mismo bando de la guerra contra el terror y la violencia.
A los otros, locos furiosos de uno y otro dios, poco se puede decir que les convenza.
Seguid matando niños. Seguid masacrando el futuro para que, si lográis la victoria que la razón y la necesidad os negarán por siempre, gobernéis sobre la última generación de los humanos.
Quizás entonces comprendáis vuestra locura cuando vuestro dios os repudie por haber acabado con todas sus creaciones inocentes. O tal vez ni eso y le acuséis de hereje y le matéis a él.
Y en cuanto a los occidentales que claman contra el terrorismo yihadista, apoyan como proporcionada y necesaria la respuesta de Israel y permanecen callados ahora, disfrutando de sus merecidas vacaciones, tan sólo les diré una cosa.
De pronto la muerte de niños ya no importa, el fanatismo no es relevante, el terrorismo no es nuestro principal enemigo.
Alguien a quien quise, quiero y siempre querré, me ha dicho que mi visión del mundo es triste. Y no es del todo cierto. Es triste sí, pero solo la visión de nuestro mundo. 
Un mundo en el que solo combatimos el terrorismo del que somos víctimas potenciales, en el que nada nos afecta hasta que no llama a la puerta del patio trasero de casa. No es el mundo o mi visión lo que es triste. 
Somos nosotros lo que lo somos, por más que riamos, disfrutemos, follemos o nos divirtamos, somos tristes. Una civilización lastimosamente triste.
Disfrutad de vuestras vacaciones y seguid creyendo que el niño que ha muerto entre llamas en Gaza poco o nada tiene que ver con vosotros, vuestra bandera, vuestra patria o vuestra vida. La historia os contará otra cosa.

viernes, junio 26, 2015

Los tuits del Brigada y mil preguntas retóricas

Algunas de las lindezas escritas por un brigada de la Guardia Civil en Twitter:
"Frente a toda esta gentuza que agrede a la Policía y contra los Willys Toledos o Cayos Laras de turno, Waffen SS".
Aparte de la absoluta incultura histórica del individuo que supone ignorar el hecho de que en la situación histórica que él añora sería la Gestapo -policía política- y no las Waffen SS -cuerpos de élite militares- la que se encargaría de la disidencia política, la apología del nazismo es evidente.
"1 de abril de 2014: 75 aniversario de la Victoria. Único hecho histórico que el judaísmo internacional, la masonería o el marxismo no han podido manipular".
Otra muestra de antisemitismo en estado puro -mucho más antisemita que hablar de ceniza es aludir al concepto "judaísmo internacional" en clara referencia a un término que parece por primera vez en el Protocolo de Sabios de Sión, una manipulación antisemita urdida por los nazis. Y se le une la apología del franquismo y el negacionismo inverso, ya que la otra verdad histórica que se supone que “marxistas”, “masones” y “judíos” sí han podido manipular está el holocausto nazi.
"Ya se enterara el tal Pablo Iglesias, como el panorama siga así, lo que son de verdad los fascistas cuando surjan los Generales Mola,Yagüe"
"La Junta de Fiscales de Cataluña será pasada por las armas en su momento oportuno. Nuestra mejor arma será el terror".
Amenazas de muerte directas a cargos representativos del Estado y a miembros del Poder Judicial. Así sin más. Sin anestesia ni nada.

El individuo está denunciado por la Asociación Unificada de la Guardia Civil, que no olvidó presentar sus estatutos y su poder de representación como la Asociación Dignidad y Justicia al denunciar al concejal Zapata, incluye amenazas directas a personas con nombres y apellidos, hace apología sin ambages del nazismo, contiene mensajes antisemitas, se declara partidario de romper por la fuerza el orden constitucional…
Vamos, todo aquello que se achaca al edil madrileño por contar dos chistes de ningún gusto y alto nivel de grosería, lo incluyen los tuits de este guardia civil en proporciones mucho más altas. Menos el menosprecio supuesto a las víctimas del terrorismo.
Y este para lelismo me crea muchas preguntas
¿El antisemitismo de sus tuits no debe afectar a los judíos del mundo porque no utilizaría a las Waffen SS contra ellos sino contra otras personas?
¿No tienen derecho a que se proteja su dignidad los marxistas y los masones del mundo?, ¿solo lo tienen las víctimas del terrorismo de ETA?
¿Pablo Iglesias no debe sentir su vida amenazada porque el General Mola está muerto?, ¿Willy Toledo no debe sentirse amenazado porque no es judío?, ¿por qué no es cargo público?
¿Cayo Lara no tiene derecho a esa especial protección jurídica contra las amenazas en el ejercicio de su cargo que se ha inventado el gobierno del PP para los políticos -para los de su partido de momento-?
¿Existe alguna posibilidad de que Escribir “Nuestra mejor arma será el terror” pueda no ser interpretado como apología del terrorismo?, ¿no se considera terrorismo porque lo propugna un miembro de la Guardia Civil?, ¿no se considera inconstitucional porque defendería la "unidad de España?
Y además
¿Por qué no ha actuado ya la fiscalía correspondiente con la misma celeridad que en el caso del Edil Zapata?, ¿por qué sus jefes políticos en la sombra no se lo han ordenado?, ¿por qué no supone un beneficio político para los que les han puesto en sus cargo?, ¿por qué comparten en parte al menos su ideología?, ¿por qué el terrorismo que propugna no sería independentista sino unionista?
¿Por qué no considera que la vida de Willy Toledo, de Cayo Lara o de Pablo Iglesias tengan el mismo valor que el de las personas amenazadas por ETA en su momento?, ¿Por qué con la imputación del brigada en cuestión no forzarán una dimisión y darán un argumento a los políticos para los que en estas cosas trabajan?
Pero sobre todo
¿Por qué un cargo público debe abandonar su puesto por groserías y faltas de respeto manifiestas en sus chistes pero un funcionario público pagado con dinero de todos -incluidos Willy Toledo, Pablo Iglesias, Cayo Lara y todos los marxistas, judíos y masones que haya en España- y miembro de la Guardia Civil, que debe proteger a todos los españoles sin distingo no tiene que perder su trabajo por esto?
Desgraciadamente sabemos que todas estas preguntas son retoricas.
De todas conocemos la respuesta.

domingo, junio 14, 2015

Chistes, realidad y estupidez cogida por los pelos.

"Bill Clinton va a Sudáfrica decidido a acabar con el Apartheid y cuando va camino de la residencia de Pieter Botta ve en la costa un yate de cuarenta metros de eslora con un negro haciendo esquí acuático.
Sorprendido comenta al conductor:
- Yo creí que aquí trataban fatal a los negros pero veo que están perfectamente integrados
El conductor alza una ceja y responde
- Mister Clinton, usted sabrá un motón de política internacional y despliegues militares pero de la caza del tiburón blanco con cebo humano no tiene ni puta idea por lo que veo.”
 Mi padre es negro, mi hermana, el ser humano  al que más quiero de la tierra, es mulata. No tengo que deciros que ninguno de mis tres hijos es Blanco, Anglosajón ni Protestante y, por supuesto, no aguantaría un examen ario de pureza.  Tengo tantos primos en Guinea Ecuatorial que si hubiera elecciones y me presentara ganaría seguro por mayoría absoluta. El único fotógrafo que conozco lo suficientemente loco y cuerdo a la vez para hacer de la información de guerra una experiencia responsable es un negro jamaicano capaz de fotografiar una colilla mientras cae y ponerse a hacer fotos a un taque y a un bulldozer para parar la demolición del a casa de una familia palestina. La única fecha de la historia americana por la que brindo es el 1 de enero de 1863. Mi madre, una blanca española de Chamberí me obligó a ver Raíces y llorar con ella mientras la veía. La única frase del cine universal que me pone los pelos de punta del cine es de “Amistad” y la dice un almirante inglés: “Me es muy grato comunicarle que tenía usted razón. La fortaleza de esclavos de Sierra Leona no existe” (crescendo de música y cañones bombardeando la última fortaleza de esclavos de África)
Vamos, que soy negro y he elegido ser negro.
Pero un chiste es un chiste.
 “Mueren un judío, un musulmán y un sacerdote católico y van a las puertas del cielo. Tras una amplia deliberación, un ángel les comunica que ninguno está salvado, que deben deambular por el desierto en fila india durante cien años para purgar sus faltas.
- “Si cometéis un solo pecado más, desapareceréis y seréis arrojados al infierno” -amenaza el ángel- Para ti, elegido de Yahvé, nada de dinero, para ti, adorador de Alá nada de cerdo y para ti, sacerdote de Dios, el sexo está prohibido.
Los pobres se ponen a ello. Va primero el judío, luego el musulmán y finalmente el sacerdote católico.
Cuando llevan siete días andando, de repente el judío ve algo brillar en la arena y cuando se acerca ve que es una moneda de dos euros. Frunce el ceño, se encoje intentando resistirse pero al final se agacha a recogerla y ¡zas! Desaparece.
El musulmán y el cura continúan su penitencia y tras varios días deambulando por el desierto atisban un oasis. Se acercan y ven como alguien se ha dejado un cochinillo asándose en un espetón. El musulmán intenta resistirse, reza, hace abluciones, pero al final el hambre le puede y se agacha a cortar un pedazo de la comida prohibida.
Y ¡Zas!, desaparece el cura".
 Curas redentoristas, jesuitas y trinitarios me enseñaron a pensar por mí mismo, a ser fiel a todo lo que creo. Monjes franciscanos me salvaron la vida cuando en Belén no tenían ningún motivo para hacerlo con alguien que no creía en ellos.
Fieles judíos de nombre Dorom y Yamshi se jugaron la vida por mí, murieron y quedaron impedidos por salvarme, me quitaron un arma de las manos, me enseñaron a sobrevivir donde la vida no se valora más allá de la guerra y solo me pidieron que si un día morían y ese día yo aún estaba vivo hiciera un Kaddish por su alma. Y lo hice, ¡por Yahvé, que lo hice!
Un musulmán de nombre Selim eligió salvarme en lugar de su hermana. Me protegió. Salvo la vida y la falsa e impostada dignidad de mujeres que nada comprendían de su mundo solo porque eran amigas de la mujer a la que yo amaba por entonces y me regaló un anillo que me hizo su hermano. Y otro corrió por las calles para alejar las balas de nosotros y otro cantó canciones en mi lecho doliente, y otra me escondió de su gente y su guerra y otra me dio sal cuando yo no había hecho absolutamente nada para ganarme su hospitalidad.
 Pero un chiste es un chiste. Y sé que cuando lo cuento cualquiera de ellos sería el primero en reírse.
¡A ver si dejamos de ver fantasmas y empezamos a comprender que la risa nos cura y lo importante es lo que haces, lo que eres y lo que defiendes y no lo chistes que cuentas con dos copas!
 Y si alguien no entiende lo que esto significa. Peor para él o para ella

sábado, abril 18, 2015

El califato (EI) según el califa (el de verdad)

Con ustedes Al-Nāsir Ṣalāḥ ad-Dīn Yūsuf ibn Ayyūb, Califa del Islam.

Mi nombre es Ṣalāḥ ad-Dīn
Vosotros, que os hacéis llamar El Califato, acordaros de que yo soy y fui el único califa de todos los creyentes.
Acordaros de que nuestro dios, Allah, no triunfó en ninguna batalla hasta que yo mandé y ordené las huestes del Islam; recordad que dejé marcharse a los cristianos tras vencer su derrota e hice de Jerusalén, la gran ciudad santa del Islam junto a La Meca, un lugar donde los tres ritos hermanos pudieran convivir.
Tened presente que colgué a diez ulemas de las murallas santas por predicar el odio a los judíos, que hable con Ricardo y consentí el acceso a todos los peregrinos, que vi morir a Balduino y le recé a su dios ante una cruz para que le salvara por haber sido bueno. Estudiad y aprended que flagelé a un hombre al que llamaban santo por bendecir a aquellos que, encapuchados, mataban a cristianos en mitad de la noche.
Mi nombre es Ṣalāḥ ad-Dīn.
Vosotros, cristianos que ahora maldecís a mi dios por todo lo que unos locos dicen que hacen en su nombre, tened claro cuando oigáis o leáis califato que yo fui el único califa de todos los hijos del Islam.
Que perdoné la vida a todos los defensores de Jerusalén, sus hijos, sus mujeres, sus ancianos y todos sus sacerdotes pese a que ellos se habían bañado en la sangre de todos mis hermanos al tomar la ciudad; que colgué a algunos de esos vuestros templarios por violar a judías, a cristianas y cualquier mujer que vieran en sus rafias; que decreté el estudio de todos vuestros libros en nuestras escuelas del Corán, que obligué a punta de cimitarra a nuestros doctores y mulahs a leer el talmud los viernes en todas las mezquitas, que envié a mis jinetes a proteger Bizancio del acoso y saqueo de esos santos cruzados que quisieron pagar con un reino cristiano el no haberme vencido.
Recordad que comí con rabinos, merendé con teólogos y respete las fiestas, los ayunos y ritos de las tres religiones.
Yo soy Ṣalāḥ ad-Dīn
Vosotros, hijos bastardos de un islam que no existe y cristianos furiosos que escupís por culpa de unos locos en el rostro oculto y bendito de mi dios, acordaos de mí la próxima vez que escuchéis o veáis escribir el nombre “califato”.
Mi nombre es Ṣalāḥ ad-Dīn, califa del Islam.
Y ni yo ni mi dios tenemos ni queremos tener nada que ver con nadie de esa gente.
(inspirado libremente en los diálogos de El Reino de los Cielos)

martes, noviembre 25, 2014

Allah y Yahve nos protejan de sus más fieles siervos

En estos días nuestras cosas y nuestras crisis nos llevan a mirarnos solamente a nosotros.
Aunque entra dentro de lo lógico, corremos el riesgo de pensar que nuestras corrupciones, nuestros asedios políticos y todo lo nuestro en general es más importante que cualquier otra cosa. 
Y mientras, el mundo se empeña en demostramos que no. En anunciarnos que el cambio que nos llega es tan brutal y radical que como solo sigamos con lo nuestro nos va a pasar por encima.
Durante años, los defensores de la posición israelí en el conflicto del Próximo Oriente han intentado sostener lo que a mis ojos siempre ha sido insostenible: Trataban de establecer esa dicotomía que se nos ha enseñado que debe prevalecer entre el progreso y la reacción, entre la modernidad y el medievalismo y sobre todo entre la democracia y el terrorismo.
Durante años los que por suerte o por desgracia -o por suerte y por desgracia- hemos vivido la vida, la muerte y la sangre de esas tierras nos hemos desgañitado diciendo que no existía esa diferencia, que estaba impostada, que creímos que era ficticia.
Se decía que Israel era un Estado laico enfrentado a la locura religiosa de los yihadistas ignorando que en Israel están prohibidos los matrimonios civiles y los matrimonios entre religiones que nunca aprobarán los tribunales rabínicos encargados de esa función; se mantenía que Israel era un estado democrático ignorando que sus ciudadanos de origen árabe -no los palestinos, los israelíes árabes- tenían prohibido adquirir tierras y bienes raíces en territorio israelí; se gritaba a los cuatro vientos que se trataba del enfrentamiento entre la modernidad y la concepción medieval y teocrática de la historia, pasando por alto que la llave del gobierno de Tel Aviv la tienen formaciones ultra religiosas radicales o que el propio concepto del territorio que ha de ocupar el Estado de Israel se basa fundamentalmente en la promesa del dios de la zarza.
Y ahora Netanyahu y su gobierno, es decir la realidad, demuestran que todas esas cortinas de humo, que todas esas explicaciones que sus embajadores han desgranado por Europa y Estados Unidos, no parecen ser otra cosa que una estrategia política. Que todas esas acusaciones continuas de antisemitismo que no aceptan la crítica y que acusan de racismo a cualquiera que alce la voz contra ellos, solamente ocultaban una verdad que siempre se me ha antojado cristalina.
El sionismo que gobierna Israel y los yihadistas que se oponen a su existencia son la misma gente enfrentada por el mismo dios visto de igual forma y llamado de dos modos distintos. 
Con el Estado Islámico recibiendo tributos vasalláticos hasta del último yihadista de la tierra, con el Estado Palestino siendo reconocido por unanimidad en España y en Europa, la reacción del gobierno Israelí no es otra que quitarse los velos como la Salomé evangélica y modificar su legislación para convertir Israel en un Estado Judío.
Eliminar el árabe como lengua oficial del Estado -pese al porcentaje de población que la habla-, eliminar la posibilidad de celebrar ritos no judíos, y toda una serie de elementos que, unidos a los ya existentes, se antoja que dejan claro el hecho de que el único elemento a través del que pretenden defenderse es la visión teocrática del mundo y su propio fanatismo religioso.
Contra los locos yihadistas del paraíso plagado de huríes, los más acérrimos sicarios -en su acepción original- del dios de la zarza parapetados tras los muros de Masadá.
"No hay más dios que Alá y Mahoma es su profeta" frente "Yahve es el único dios verdadero". Dos gritos de batalla nada modernos ni democráticos, me temo.
Puede que me equivoque pero no parece un enfoque muy moderno, muy democrático ni muy laico.
Ahora ya tenemos claro que los que gobiernan Israel consideran que para ser israelí hay que ser judío, hay que adorar al dios del desierto y el maná o si no es así no tienes todos los derechos que deberías tener por el mero hecho de nacer ciudadano del país; ahora ya tenemos claro que, para los que quieren aprobar esta nueva concepción arcaica y teocrática del Estado, los arios de Israel son aquellos que profesen la religión judía.
Ahora ya parece que queda claro que sionismo y yihadismo son exactamente lo mismo, que el conflicto Palestino Israelí solo tiene un nombre, solo tiene un tiempo, solo tiene un culpable: dios.
O para ser exactos, las visiones absurdamente anticuadas y retrógradas de concebir a su dios y su religión que dos grupos explotan y mantienen para utilizarlas como forma de asentar su poder sobre sus pueblos y sus territorios.
Hosanna Adonai. Fi-Aman-Allah

viernes, octubre 18, 2013

Netanyahu, antisemitismo y el cambio aniquilado

Llevamos mucho tiempo acuciados por lo nuestro, viendo como mucho de lo que creíamos eterno se pierde en el efímero tiempo de una legislatura. Y eso hace que cada vez miremos menos hacia afuera, hacia lo que ocurre allende nuestras fronteras de recortes y pérdidas sociales.
Y uno de esos sitios a los que nuestra mirada ha dejado de volverse aunque hasta hace poco lo hacía con regularidad es Oriente Próximo, esa tierra dividida, saqueada y arrasada por tres dioses que resultan ser el mismo y por dos locuras que son anverso y reverso, ambos tenebrosos, de la misma locura.
Israel y Palestina han vuelto a sentarse a negociar en un capitulo más de la eterna letanía de fracasos que se producen y se seguirán produciendo mientras unos se sigan negando a dar a los otros lo que ambos se niegan: el derecho a existir. Nada cambia.
Pero parece que algo ha cambiado. 
Irán y Occidente se sientan a hablar sobre arme y desarme nuclear. Y parece que lo llevan más o menos bien. Al menos mejor que cuando los unos eran integrados dentro de ese paranoico Eje del Mal que diseñó George W. Bush entre acceso etílico y acceso etílico y los otros eran el "demonio occidental" que había de ser erradicado del universo.
Pero hay algo que no cambia. Israel o, para ser más exactos, los halcones que se encuentran al mando de los destinos del Estado de Israel, intentando transformarlo en el sagrado reino de  las tierras de Sión.
Netanyahu ha mandado a todos sus ministros a las tierras de sus muchos aliados occidentales intentando que no fueran a Ginebra, que no se sentarán con Irán, que no hablaran, que no negociaran, que dejaran en manos de sus míticos servicios secretos y su aviación la solución definitiva del problema que para ellos supone un Irán armado con artefactos nucleares: su solución final.
Los Señores de la Guerra del sionismo político que rige los destinos de Israel siguen anteponiendo la fuerza militar al dialogo, siguen buscando destruir y no convenir. Siguen pensando que ellos tienen derecho a estar armados hasta los dientes, a no firmar moratoria ni acuerdo de desarme ninguno, a esconder armas nucleares al resto de la humanidad, mientras que los demás están obligados a no tenerlas para que ellos se sientan seguros.
Siguen intentando vender a una Europa quejosa en su crisis económica y a unos Estados Unidos con apenas aire por su recientemente superado ahogamiento presupuestario que lo justo y necesario es exigir a los ayatolas de Teherán aquello que ellos no han estado dispuestos a asumir desde la creación del Estado de Israel.
Pero sus argumentos esta vez no han calado tanto. Quizás sea porque el derrumbe de Occidente en lo económico y en lo social hace que les importe bastante menos mantener un aliado en Oriente Próximo que intentar mantener cohesionadas a sus propias sociedades, a las que la miseria, la falta de expectativas y las ciegas políticas neocon están dividiendo cada vez más en estamentos sociales irreconciliables.
Y ahí es donde descubrimos que nada cambia.
Porque cuando Netanyahu, cuando sus ministros, cuando sus halcones, no han podido hacer oír sus cantos de sirena, recurren a lo que han recurrido siempre, a aquello de lo que siempre tiran cuando nada de lo demás funciona. Usan la principal arma de destrucción masiva con la que cuenta el sionismo político y con la que apunta indiscriminadamente a cualquier parte del orbe: el antisemitismo.
“Su ideología es la aniquilación del Estado de Israel. Y ya tenemos malas experiencias con dictadores que querían aniquilar al pueblo judío”. afirman miembros del Gobierno Israelí.
Y ya están los nazis en escena. Ya comienzan a dibujar el retrato de victimismo y culpabilidad compartida con el que chantajean emocionalmente desde 1949 a todas las naciones europeas -salvo Rusia, quizás- y a Estados Unidos.
Representantes políticos de un gobierno que mantiene ocupados territorios que las Naciones Unidas consideran de otros como lo fueran otrora Los Sudetes y que extienden sus fronteras unilateralmente a golpe de armamento de última generación por Los Altos del Golán, la península del Sinaí y Líbano como antaño hicieran otros ejércitos avanzados con Rumanía, Polonia o Checoslovaquia, se atreven a comparar a sus enemigos con los nazis.
Un ideario político que mantiene a millones de personas sometidas al asedio del hambre por un bloqueo inhumano, que levanta muros que segregan familias enteras, que separa ciudades y barrios por cuestión de raza, que obliga a millones de personas a hacinarse en campos de refugiados, que niega la posibilidad de retorno a su tierra a un millón de personas, que arma a fanáticos paranoicos, con la excusa de ser colonos o aliados, para que utilicen las noches palestinas para dar palizas a imanes, quemar mezquitas, asaltar y masacrar campos de refugiados o decorar las calles con frases despectivas como las que los camisas pardas escribían en los muros de los negocios judíos en la Alemania de los años treinta del pasado siglo, es atreve a recordarnos a los nazis.
Una ideología que ha creado frases como que los árabes "solamente sirven para ser camareros, criados y campesinos", que ha permitido y alentado que sus rabinos afirmen que "un árabe debe bajar la cabeza con respeto cuando se cruza con un hebreo", que jalea que su ejército luzca camisetas que proponen la solución final de matar a las árabes embarazadas , tiene el aplomo de traernos a la memoria a los locos furiosos de Hitler.
Un ejercito que ha convertido en héroes de guerra y dirigentes nacionales a miembros de Irgun que atacaban y masacraban aldeas árabes en los albores del Estado de Israel y ahorcaban hombres árabes en los cruces de caminos para imponer la política del miedo y de la fuerza, convirtiéndose en los precursores del terrorismo en la zona, ahora recurre a intentar comparar a sus enemigos declarados con los nazis.
Aquellos que han realizado lo más parecido al pogromo nazi desde las purgas de Stalin ahora tiran del antisemitismo para que les veamos como víctimas, recurren al sufrimiento histórico de su pueblo para minimizar el que ellos están produciendo. 
Escupen sobre la tumba de sus muertos, de sus millones de muertos, al utilizarlos como pantalla de humo para conseguir sus propios fines que nada tiene que ver con el Estado de Israel sino con su ideología enloquecida de grandeza, expansionismo, nacionalismo exacerbado y superioridad. Demasiado parecida a aquella que estuvo a punto de borrarles como pueblo de la faz de la tierra.
Netanyahu y sus voceros internacionales recurren a la última amenaza, al antisemitismo, cuando Occidente rechaza sus argumentos, cuando no hace lo que a ellos les viene bien. Tira de sus muertos históricos para intentar justificar todos los que ellos quieren ocasionar con su pregonado ataque precautorio contra Irán.
Nada cambia. 
Y por más que los ayatolas yihadistas, los fanáticos de Hamas o los locos furiosos de Hezbollah sean parte importante de esa imposibilidad de cambio  -una parte fundamental-, nada cambiará en las tierras de los tres dioses mientras Israel no cambie. 
Mientras no dejen de identificar sionismo expansionista y ultranacionalista con semitismo, mientras no se preocupen más por ser semitas que por ser sionistas.
Mientras no descubran que sus millones de muertos pasados no pueden tener más valor y más peso que los millones de cadáveres que su política provoca, mientras no descubran que el exterminio del pueblo judío no es más grave para la humanidad que el exterminio del pueblo palestino.
Si Israel no cambia, nada cambiará en torno a Israel. Por más que nos menten a los nazis a las primeras de cambio.

miércoles, septiembre 05, 2012

Y el odio religioso no fue lo que parece

Alguien escribe en el muro de un monasterio de Jerusalén en letras hebreas que Jesús es un mono junto a otros improperios por el estilo; alguien firma con el nombre de un asentamiento ilegal judío en tierra que no es suya, en la Palestina Árabe -que geográficamente Israel es también Palestina, no lo olvidemos-. Alguien hace eso y parece que ahora toca hablar de lo de siempre.
Parece que ahora tocaría hablar del enfrentamiento entre las religiones, del fanatismo religioso, de la cristianofobia, de la islamofobia o de la judeofobia. Parece que me tocaría volver a beber de mis fuentes anti deístas para demostrar que las religiones organizadas son perjudiciales para el desarrollo social de los seres humanos, aunque puedan llegar a convencerme de que pueden ser útiles para la vida íntima y personal de cada uno, según como las tome.
Parece que ahora toca hablar del obispo de Roma, del Consejo Rabínico o de los Ayatolas perdidos, parece que es momento de hablar de todo eso. 
Pero no es cierto. No toca hablar de eso. Hablar de todo eso seguiría dejando a salvo a los autores de esas pintadas en un monasterio trapense.
Ahora toca hablar del Gobierno israelí y de los colonos porque, aunque lo parezca, aunque los autores y receptores de estos actos incluso puedan creerlo, esto no tiene nada que ver con la religión.
Tiene mucho más que ver con los marines, con los camisas pardas o con los sanz cullotes jacobinos que con la religión, Tiene que ver con un gobierno injusto y con una elite guerrera a la que se le consiente todo porque son los únicos lo suficientemente locos o lo suficientemente arribistas como para convertirse en el brazo armado y social de una política que no debería estar llevándose a cabo: en este caso la de colonización forzosa e ilegal de tierras que pertenecen a otro país y a otra entidad de gobierno.
Y eso no es resultado de la religión. Es resultado de la política.
Durante tres generaciones los gobiernos de Israel la han consentido cuando menos y la han alentado la mayoría de las veces pese a que ha sido declarada ilegal por tantos organismos internacionales a los que pertenecen que ya se ha perdido la cuenta.
Y eso no ha sido porque el Estado de Israel sea teocrático -no se me alteren, lo es. Israel significa el que lucha por dios-, eso no ha se ha permitido porque los sucesivos gobiernos impongan principios religiosos frente a su laicismo mil veces predicado -Vuelvan a tranquilizarse, los impone. Israel se define como un estado judío (término religioso), no hebreo (termino derivado de su tronco racial secundario), no semita (término derivado de su tronco racial primario que les une a los árabes), no palestino (término que emanaría de su posición geográfica)-.
Esa impunidad de habitantes agresivos e ilegales de las colonias israelíes no se permite porque los gobiernos sean teocráticos o judíos. Se permite y alienta porque son sionistas. Una doctrina política que nada tiene que ver con la religión -salvo para usarla como excusa mitológica en algunas ocasiones- y sí con el expansionismo, el militarismo, el racismo y la xenofobia.
Los colonos que han realizado estas pintadas, igual que los que queman iglesias, mezquitas, cultivos y viviendas en toda la franja de Gaza y en Cisjordania, no lo hacen porque su fanatismo religioso les impela a hacerlo. Lo hacen porque saben que es eso lo que más les duele a aquellos a los que atacan, aunque sean monjes trapenses. Porque saben que eso es lo que disgusta a aquellos de cuya tierra quieren echar para apropiarse de ella.
Y el gobierno de Netanyahu -y muchos anteriores- lo periten, lo ocultan y lo arropan no porque sus creencias religiosas les impelan a darles la razón. Sino simple y llanamente porque les viene bien a su política.
Y los hay que dirán que unas pintadas de mal gusto no son comparables con bombas en iglesias, con disparos indiscriminados o con masacres multitudinarias. Claro que no lo son, ni en magnitud ni en origen. No son lo mismo.
Así que no estamos hablando de cristianofobia, de islamofobia o de judeofobia. Estamos hablando de fascismo, ¿juedofascismo?, no. Eso implicaría de nuevo los motivos religiosos. Estamos hablando de sionifascismo. Fascismo sionista, pero fascismo.
Pero claro, eso no puede denunciarse. Eso no es políticamente correcto.
Todos los que alzan sus voces para protestar porque un individuo la emprende a balazos en la puerta de un colegio judío en Francia ahora callan, todos los que enronquecen sus gargantas cuando estalla una bomba en una iglesia en Abuya o el Cairo ahora callan. Incluso todos los que airean sus lenguas cuando se prohíbe construir mezquitas en Suiza o cuando los universitarios ingleses o los marginales marsellés convierten en deporte de moda la caza del musulmán en las calles de sus ciudades ahora callan.
Callan porque saben que no pueden comparar esas pintadas con ningún acto de odio religioso que se nos venga a la memoria. Roma calla, La Comunidad judía occidental calla y hasta los Ayatolas -al menos los moderados- callan porque saben que son cosas distintas y denunciar lo que son no está de moda.
Porque saben que con lo único que se pueden comparar estas pintadas es con otras que empezaron a aparecer hace ya casi un siglo en los muros y calles de las ciudades de las tierras del mítico Sigfrido.  Que solamente se pueden comparar con un pogromo.
Porque el exterminio sistemático de los habitantes judíos de la Europa bajo el dominio del gobierno nacional socialista de la Alemania de Hitler no empezó cuando fueron conducidos a las cámaras de gas, no empezó cuando fueron recluidos en guetos en contra de su voluntad, no empezó cuando fueron llevados a la fuerza a su asesinato masivo por hambre, trabajos forzados o de forma directa e impasible.
El exterminio de los judíos en la Alemania nazi empezó cuando individuos ocultos en la noche comenzaron a escribir "cerdo judío" en los muros y cristales de sus casas, sus negocios y sus sinagogas.
Y esa comparación no admite discusión.
Y hasta la forma en la que eso colonos se defienden o se separan públicamente de los autores de estos actos demuestra que entienden en el Estado y el Gobierno de una forma que solamente puede definirse como fascista.
No reclaman una investigación policial, piden que los servicios secretos identifiquen a los culpables y los castiguen. Piden que sin publicidad, sin luces ni taquígrafos su adorado Mosad los saque por las noches de sus casas y los encierre. Como hicieron antes con aquellos a los que acusaban -con razón o sin ella- de ser nazis, como hacen cada día con palestinos, libaneses, sirios, jordanos o incluso habitantes y ciudadanos europeos cuando creen que forman parte de su amplia red de enemigos.
No es extraño. Sus gobiernos sucesivos les han acostumbrado a esa forma de actuar, les han vendido que esa es la solución. Y ellos la han comprado. El fascismo siempre es más fácil y más barato de comprar que el Estado de Derecho.
Y ahora ese fascismo, no ese odio religioso, no esa intolerancia, no ese fanatismo, solamente ese fascismo a empezado a cebarse con los cristianos, los otros habitantes seculares de Palestina a los que el gobierno de sionista de Israel no quiere en sus dominios.
Y si escribo esto no es solamente porque crea que, mientras no se moleste a nadie y no se haga proselitismo todo ser humano tiene el derecho a engañarse con lo que quiera sobre la vida futura, no es porque defienda la libertad religiosa -que lo hago-. Es simplemente porque me repugna el fascismo. Venga de donde venga
Por eso y porque otros monjes muy parecidos a estos trapenses y que residen muy cerca de ellos me salvaron la vida oponiéndose a sus propias jerarquías y arriesgando las suyas contra unos fanáticos religiosos que, curiosamente, no eran ni musulmanes ni judíos. Eran puros y simples drusos cristianos. Pero eso es cosa mía. Eso es otra historia.

lunes, septiembre 03, 2012

De los polvos de Sión nos vienen los lodos de Israel

Una panda de jóvenes israelíes de religión judía y raza hebrea va por la calle y la emprenden a golpes con un adolescente israelí de raza árabe y religión musulmana hasta dejarle casi en coma. 
Visto así, en una primera impresión de esas que nos provoca la lectura rápida de los titulares de la prensa digital, se diría que es más de lo mismo, más de ese secular enfrentamiento que ha hecho del odio y la guerra el pan y la sal que desayunan palestinos e israelíes, árabes y hebreos, desde hace casi un siglo.
Pero no. No es más de lo mismo. Es algo radicalmente distinto. Los cada vez más numerosos ataques de jóvenes israelíes a árabes -árabes que, por otra parte, son ciudadanos israelíes-  son un nuevo síntoma de una nueva enfermedad. O de una vieja enfermedad que hasta ahora estaba controlada.
La sociedad civil israelí no participaba en las agresiones ni en los ataques a los palestinos. Consideraban que estaban en guerra con los palestinos e incluso con los árabes no israelíes pero dejaban esa guerra al gobierno. Justificaban de forma mayoritaria todo lo que se hiciera en esa guerra pero no participaban activamente en ella. Casi nadie, salvo los colonos. Y los colonos para la mayoría de la sociedad civil israelí forman parte de un grupo de fanáticos que están unidos a ellos por raza y religión pero que apenas forman parte de la estructura social de su país.
Por eso ahora Israel y los israelíes tienen miedo. Se sorprenden de que sus jóvenes se dediquen a apalear a otros jóvenes israelíes por ser árabes. 
Pero no deberían hacerlo. Lo que ocurre ahora no es más que el producto de lo que llevan tolerando y llevan permitiendo que ocurra en su sociedad desde hace años, prácticamente desde que Israel fue fundado como Estado. Es, por usar términos religiosos tan comunes en esa teocracia encubierta que es la democracia israelí, producto de la famosa triple vía del pecado judeocristiano.
Es la consecuencia de un pecado de palabra, obra y omisión.
Pecado de palabra porque se asienta sobre el concepto que han repetido sus palabras sagradas desde que la mitología hebraica hizo  a Moisés bajar del monte Sinaí: son el pueblo elegido de dios.
Cierto es que toda religión monoteísta se basa en ese concepto de ser los elegidos de un dios, pero la palabra de los rabinos, de los maestros y de los líderes religiosos judías siempre han interpretado esta elección de forma restrictiva y literal. El cristianismo y el islam llama a la conversión, a ampliar el círculo de creyentes -con los problemas que ello ha generado a los que no han querido convertirse, por supuesto-.
Pero la tradición judía lo ha vinculado a la raza, al nacimiento, a la sangre, a la pertenencia a las supuestas doce tribus originales. Las gargantas de sus rabinos se han irritado de gritar a los cuatro vientos que solamente aquel que tiene un origen racial judío puede convertirse a esa fe, las lenguas de sus religiosos se han quedado secas de pregonar a los cuatro vientos que solamente la sangre judía es digna de ser seguidora de Yahveh.
Cuando la palabra da tanta importancia a la raza propia uno se coloca a un milímetro de despreciar al resto de las razas, a un centímetro escaso del racismo.
Pecado de obra porque sus gobernantes han desarrollado a lo largo de la evolución del Estado de Israel un curso de acción política que ha originado actos cuestionables y cuestionados en todo el mundo sin pestañear, basados en un pensamiento político y social y en una teoría política expansionista: el sionismo.
Actos que van desde la ocupación de ciudades palestinas que no les habían sido asignadas el mismo día de la constitución del Estado de Israel al establecimiento de colonias en territorios que no les pertenecen. Acciones que van desde la creación de leyes que obligan a la población árabe a vivir en ciertas zonas, que permiten su detención sine die sin cargos o que la coloca permanentemente bajo jurisdicción militar como sospechosos de ser enemigos del Estado, hasta aquellas que han generado  una legislación que considera a los israelíes árabes ciudadanos de segunda, prohibiéndoles la compra de tierras, casarse por sus propios ritos, participar del ejército, etc.
Acciones que han supuesto la expropiación de casas y tierras, el cierre indiscriminado de prósperos negocios en Jerusalén para dárselos a población de origen hebreo y cientos de normativas y acciones administrativas distintas en esa línea que impone el sionismo para conseguir un Estado de Israel libre de población no judía.
Cuando las acciones de sucesivos gobiernos dan tanta importancia a colocar en segundo plano los derechos de un colectivo racial y cultural concreto, coloca a la sociedad a dos pasos del odio a ese colectivo y a uno de la xenofobia más beligerante.
Y por último pecado de omisión porque la conjunción de esa palabra religiosa y esa acción política ha hecho que el gobierno pase por alto cosas que en ningún caso hubiera pasado por alto si se hubieran producido en otras circunstancias.
Quema de cultivos y de mezquitas en las ciudades palestinas ocupadas por parte de los colonos, contratación de grupos terroristas -incluso para el Estado de Israel- para adiestrar a los colonos en la guerra de guerrillas, camisetas lucidas por miembros del ejército en las que se consideraba objetivo prioritario a las mujeres palestinas embarazadas, publicaciones y discursos de políticos en los que se mantiene que el "árabe debería bajar la mirada con respeto cada vez que pasara un judío" o que "los árabes son una raza que solamente sirven como peones o camareros" y toda serie de excesos verbales y físicos que se asentaban supuestamente sobre la palabra religiosa del judaísmo y que eran permitidos para reforzar la acción política del sionismo.
Cuando la omisión permite tratar a una comunidad como si no tuviera derechos, como si no importara su vida, su muerte o su libertad, se coloca a la sociedad en el límite mismo del fascismo.
Así que esta palabra, esta obra y esta omisión han desembocado en una juventud civil que en momentos en los que la economía ya no funciona como debería -en parte por el inmenso gasto militar que sigue haciendo Israel para mantener el militarismo que impone la política de la teoría sionista- ve lo que a lo largo de la historia de su país le ha sido mostrado: que el árabe es el problema, que el árabe es inferior, que el árabe debe ser eliminado de la ecuación de tercer grado que es el Estado de Israel.
De los polvos de la palabra religiosa, de la acción política sionista y de la omisión gubernativa israelí nos vienen los lodos del judeo nazismo.
Y sé que la utilización de este término desencadenará la típica acusación de antisemitismo en la que las agrupaciones judías occidentales y las embajadas israelíes se amparan para desacreditar toda crítica hacia la política de Israel.
Lo harán pese a que el término fuera acuñado por un judío, Yeshayahu Leibowit, y desarrollado por otros muchos filósofos judíos y hebreos pero no sionistas tras la Primera Guerra del Líbano.
Será absurdo, lo mismo que que alguien me acusara de antiindoeuropeo por criticar la religión católica y el paneuropeísmo -por ejemplo-, de antieslavo por criticar el comunismo o la religión ortodoxa o de antianglosajón por criticar el liberal capitalismo o el protestantismo. 
Por más que les pese a muchos la raza hebrea, como todos los demás troncos raciales, no está indisolublemente ligada a su religión ni a una teoría política concreta, así que criticar los preceptos de esa religión o los principios de esa teoría política no supone ni un ápice de racismo ni de antisemitismo. Al menos por mi parte.
Si a los defensores del sionismo político y del integrismo religioso judío no les gusta que se les compare con los nazis lo mejor que pueden hacer es no comportarse como lo hicieron ellos.
Así que, después de todo esto, lo mejor que podría hacer la sociedad civil israelí es decirle que a sus jóvenes que si no pueden gestionar sus subidas hormonales, su desesperación social y sus accesos adrenalínicos más que dando palos a algo, deberían dárselos a algunos de sus rabinos más integristas para que revisen su visión arcaica y racial de pueblo elegido de su dios, a algunos de legisladores para que revisen la Declaración Universal de Derechos y adecuen sus leyes al estado moderno que dicen querer crear y a muchos de sus militares y políticos para que dejen de hacer la vista gorda cuando se ataca, se agrede, se menosprecia, se insulta o se mata a un árabe por el mero hecho de serlo.
Y quizás así se den cuenta de que sin judeo nazismo a la religión judía, a la raza hebrea y al pueblo israelí les irá mucho mejor.

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