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jueves, noviembre 21, 2013

Cuando ser ciudadano es motivo de sanción

Parece que los actuales inquilinos de Moncloa no están por la labor de la confianza. Quizás sea porque no han hecho nada para ganarse esa confianza o porque saben que la sociedad ya la ha perdido.
Y como no están dispuestos a confiar en la sociedad sobre la que gobiernan lo único que se les ocurre es recurrir a algo llamado nueva ley de Seguridad Ciudadana no para recuperar esa confianza sino para evitar que se vea, se sepa o se conozca que la sociedad ya  no confía en ellos.
En la enésima sesión de maquillaje de su imagen pública, que ellos confunden con la de España, aunque todos sabemos que no es lo mismo, deciden modificar la ley no para dar seguridad a los ciudadanos, sino para sentirse ellos seguros de los ciudadanos.
Los mismos que hace 20 años criticaron hasta el aburrimiento la Ley Corcuera por la famosa "patada en la puerta" que atentaba contra los derechos de los ciudadanos, ahora la modifican -dejando ese aspecto, curiosamente, intocado e intocable- para recuperar algo más antiguo, algo más viejo rancio. 
Algo llamado control totalitario de la calle, los ciudadanos y la sociedad.
Para empezar intentan dificultar e impedir los escarches y uno se pregunta ¿en qué beneficia eso la seguridad ciudadana?
La respuesta es absolutamente en nada. Ni siquiera mejora la seguridad de los políticos. Porque los escarches no ponen en riesgo a nadie, no ponen en entredicho la seguridad de nadie. Su conciencia culpable sí, pero su seguridad no.
Son molestos para quien los sufre como molestas son sus decisiones políticas para quien las padece; son una forma de presión por parte de aquellos a los que el propio poder no presta oídos. Pero no ponen en peligro a nadie.
Así que simplemente no tienen nada que ver con la Seguridad Ciudadana.
Tienen que ver con la seguridad que precisa la corte genovesa que habita en Moncloa de que nadie le recuerde que lo está haciendo mal, que nadie haga público sus errores, sus decisiones ideológicas ni sus intenciones de revertir un país a la servidumbre laboral y la desestructuración social.
Y tiene que ver con el totalitarismo más absoluto, no porque se prohíban o porque se persigan. Sino por el modo en el que se intentan perseguir e impedir.
Como los jueces ya han dicho que son legales, no digo que son ilegales, pongo una sanción administrativa. la justicia dice que no son sancionables, pero el Gobierno dice que sí. Y el Gobierno manda. Punto final.
Invaden un ámbito que no es del Ejecutivo solamente para protegerse, solamente para impedir que se sepa lo que hacen, que repercuta en la puertas de sus casas la miseria que ellos están llevando a los salones de millones de hogares, para que sus hijos no tengan que escuchar que su padre o su madre son aviesos, mezquinos y están destruyendo las expectativas de millones de personas.
La justicia dice que son legales, que son constitucionales, que se tienen que aguantar pero, ellos, ajenos a todo, ajenos a Montesquieu y su división de poderes, ajenos a la democracia, ajenos a la justicia, se limitan a intentar cambiar las reglas del juego para protegerse, para sentirse seguros.
Y otro tanto con aquello de no manifestarse delante del Congreso o de no llevar la cara tapada en las manifestaciones.
A nadie se le oculta que ver ciudadanos encapuchados corriendo por las calles puede ser un síntoma de anarquía.
Pero lo que nadie duda es que ver policías encapachados, embragados y sin identificar convirtiendo el Congreso en la tercera parte de Fortaleza Infernal, cargando en estaciones de ferrocarril o corriendo a porrazos a manifestantes se una prueba fehaciente de totalitarismo.
Porque eso tampoco nada tiene que ver con la seguridad ciudadana.No hay nada que justifique que un policía no se identifique cuando se le exige, no hay nada que pueda hacer comprender que un agente del orden no haga su trabajo a cara descubierta.
Dejemos ya la excusa baladí de ETA y de los policías infiltrados porque los terroristas ya no existen y los policías encubiertos no están en las Unidades de Intervención.
Pero ello no conceden las mismas herramientas a los ciudadanos que a los policías. Ellos no permiten la misma impunidad a unos y a otros. Son incapaces de equilibrar. Ni siquiera de eso. o todos o ninguna. Y se acabó.
Y tampoco se les puede grabar, ni se pueden difundir sus imágenes, ni se les puede insultar, ni se puede hacer mofa de ellos.
Y todo eso estaría muy bien si pasara por los tribunales. Si fueran los jueces los que deciden. pero de nuevo pasan a la sanción administrativa para que la palabra de un policía valga más que la de un ciudadano, para que con que él diga que le han insultado o que han hecho mofa de él o que le han grabado "malintencionadamente" sirva para castigar, para multar.
Y, no nos confundamos, eso no es culpa de los policías. No es culpa de la ley. Ni siquiera es culpa del sistema.
Es responsabilidad de aquellos que pretenden usar policía, ley y sistema solamente para protegerse ellos mismo, solamente para estar a salvo de la ira que han generado con acciones que solo les benefician a ellos, sus socios y sus adláteres.
Si no quieren que les graben a elementos descerebrados de las UPI dando palizas o disparando en Atocha que impidan que lo hagan, si no quieren que haya imágenes de policías sin placa y negándose a identificarse que les sancionen por no hacerlo.
Si no quieren que la gente se manifieste ante el Congreso que den voz a la sociedad dentro del hemiciclo, si no quieren que la gente oculte la cara para protestar que obliguen a la policía a no ocultar la suya para actuar.
Si no quieren que les escarchen en las puertas de su casa que se aseguren de hacer bien su trabajo en lugar de correr cual mozos en sanfermines a coger el tren o el avión en el puente, si no quieren que haya huelgas que escuchen a los sindicatos, si no quieren que haya protestas que hagan caso de lo que  la sociedad les está exigiendo en lugar de seguir a pies juntillas sus criterios ideológicos.
Si no quieren que se vean las protestas, consigan que nadie tenga motivo para protestar. Gobiernen en lugar de mantenerse en el poder, busquen el beneficio común en lugar del de sus socios y lobbies.
Pero claro eso no se logra con una Ley de Seguridad Ciudadana. Eso se logra con integridad y democracia. Algo que parece que se han prohibido así mismos desde hace mucho tiempo.
Y ahora nos quieren prohibir a nosotros.

miércoles, julio 18, 2012

La postergada admonición al perroflauta

No tiene uno ya mucho el cuerpo para carreras, aunque sea la de San Gerónimo, y menos los domingos por la noche. No tiene uno ya las piernas para velocidades de escape, ni las posaderas para sentadas a ultranza. Pero, cuando llega el momento, hay que hacerlo y se hace.
Mientras los antidisturbios se quitan los cascos y se ponen las gorras, se vuelven a mirar al Parlamento que les traiciona por mentirles y no al manifestante que les apoya, mientras ya no corremos y solamente nos manifestamos, ha llegado el momento de desgranar algunos de los ritos y los mitos que sacuden nuestra sociedad de un extremo al otro del arco ideológico.
Empecemos por los propios, que la autocrítica siempre ha de ser el antecedente de la crítica a otros.
Resistir no es correr delante de la policía. Ellos no son el enemigo, ni siquiera son el adversario, ni siquiera están en contra de nosotros.
El perroflautismo trasnochado de carrera policial, caída de sistema, falsa Kufiyya, palos y piedras no es el que va a evitar el colapso social de este país.
No, mientras esa sea la manera de ocultar otras vergüenzas, no mientras eso sea lo único que se arriesga.
No mientras eso se compagine o se intente compaginar con recorrer el mundo mientras se cobra el paro, con vivir de papá, con trabajar en negro, con buscar el máximo escaqueo, con querer que les quiten a los ricos lo que tienen para que nos lo den a nosotros.
Oponerse al sistema o al Gobierno -o a ambos- es un acto tan democrático como defenderlos y como toda oposición debe suponer lo que debe suponer: debe hacer que queramos para todos lo mismo y que eso sea justo. Incluso aunque salgamos perdiendo.
Así que primero hay que dejar de trabajar en negro mientras se cobra el paro; hay que dejar de desgravar una vivienda mientras se vive en otra; hay que dejar de cobrar ayudas a un alquiler completo mientras se tiene subarrendada la mitad de la casa; hay que dejar de utilizar los nombres y los datos de otros para acceder a ayudas por edad o por sexo o por cualquier otra condición.
La insumisión fiscal no es ocultar al fisco lo que se gana. Eso se llama fraude. La insumisión fiscal es que el fisco sepa lo que ganas y luego decirle que no te parece justo que se lleve una cuarta parte del precio de tu trabajo para cubrir las pérdidas millonarias de los bancos. La insumisión fiscal es no pagar y atenerse a las consecuencias. Si se quiere elegir esa forma de oposición, sea. Pero hay que dar la cara.
Oponerse exige hacer primero tú trabajo como ciudadano y como persona justa y luego pedir a los políticos, los administradores y los gobernantes que hagan el suyo. Exige dar antes de pedir que te devuelvan. Exige hacer lo que tienes que hacer para tener la fuerza y la capacidad ética de exigirle a los demás que también lo hagan.
Exigir cambios al sistema y al gobierno no es pintar las calles con lemas más o menos ocurrentes contra la corrupción, no es recurrir a eslóganes manidos que eran viejos cuando Mijaíl Bakunin era joven -si es que Bakunin fue joven alguna vez-. 
Oponerse es levantar la cabeza del ordenador y el culo de la silla y arriesgar tu sueldo de 1.000, 2.000 o 6.000 euros por decirle a tu jefe que es un miserable por pagar 800 a alguien que hace un trabajo que debe estar mucho mejor pagado; que es un corrupto por dejar en la calle a un profesional competente para hacerle un lugar en la plantilla a su primo, su amigo o su amante; que es un déspota enfermo de nepotismo por reservar los mejores turnos y las mejores condiciones para aquellos que son sus amigos, sus soguillas o sus pelotas de turno. 
Aunque ni ese sueldo miserable ni ese puesto fruto de la más ancestral simonía, ni esas condiciones emanadas del nepotismo sean los tuyos ni te afecten.
Resistir no es alzar las manos y los palos, taparse la cara y cargar con cócteles molotov contra aquellos que ni son ni serán los artífices del sistema ni los ideólogos de aquello a lo que te opones. La única forma de defender las libertades es ejercerlas.
Las redes sociales no nos van a garantizar las libertades, Facebook, Twitter o Youtube no nos van a cambiar las cosas. Podrán servirnos para mostrar lo que está mal, podrán darnos presencia mediática, podrán hacernos relevantes y que tengamos muchos "me gusta", seamos trending topic o seamos "meneados" al límite del mareo.
Pero las redes sociales no nos van a mantener las libertades. Las libertades y los derechos se mantienen ejerciéndolos.
Podemos hartarnos de colgar videos grabados con nuestro IPhone de última generación sobre cargas policiales o cualquier otro desmán gubernativo que se nos ocurra, pero hasta que no tiremos de procurador no servirán de nada.
Defender nuestros derechos y libertades es exigirle a todo policía una identificación y un número de placa y si no nos la dan denunciarles, es presentar una demanda por cada desmán que cometan contra nosotros; es llenar los juzgados de demandas individuales por  cada una de las cargas, por cada uno de los hechos que consideremos ilegales.
Y es hacer lo mismo cuando estamos lejos de la vista delos medios y las redes. Es no resignarse a un cambio de turno injusto o la pérdida de un día libre, a un ERE injustificado, a una rebaja de sueldo arbitraria y llevarlo a los juzgados de lo social, aunque los compañeros y los jefes no miren mal. Defender nuestros derechos, los de todos, es exigir a la empresa que nos presenten las decisiones por escrito y con sello y con firma.
No se trata de conseguir medio millón de apoyos virtuales sin rostro y sin riesgo, se trata de conseguir miles de apoyos con nombre y DNI en denuncias en los tribunales, en escritos ante el Defensor del Pueblo. Nuestros derechos son reales, nuestras libertades son físicas. Un clic de ratón no es suficiente. Ayuda, pero no es suficiente. Nuestros derechos individuales y nuestras libertades ciudadanas no son Lady Gaga o un festival musical. No viven de los clics, se alimentan de nosotros.
Un lema colgado en nuestro muro no es lo que los defiende. Somos nosotros los que tenemos que hacerlo. Somos nosotros los que tenemos que ejercer de lo que somos: de ciudadanos libres que conocen, defienden y utilizan sus derechos.
Si queremos que los que nos gritan "joderos" dejen de hacerlo reunamos las firmas para presentar una propuesta popular en El Congreso solicitando su dimisión y si no nos la tramitan, reunamos más, y si se niegan vayamos al Constitucional -si es que todavía existe- y si no nos ampara vayamos incluso a Estrasburgo.
Aunque eso nos cueste el esfuerzo y el tiempo suficiente como para perdernos nuestras vacaciones en Australia o el concierto de Green Day.
Defender los derechos ciudadanos es defender los derechos de otros antes de exigir que defiendan los nuestros. Es negarse a dejar de atender a los inmigrantes, es negarse a sellar reducciones del paro, es negarse a cobrar el euro por receta, es negarse a incluir más alumnos en el aula, es negarse a cobrar más tasas por la matrícula universitaria. Es arriesgarse a expedientes, a procesos sancionadores e incluso a expulsiones por defenderlos.
Si hay gente que puede hacer eso -porque se está haciendo- ¿por qué los demás no podemos jugárnosla por lo que creemos justo en nuestros trabajos?, ¿por qué los demás tenemos excusa para saltarnos todo ese esfuerzo y todo ese riesgo e ir directamente a gritar a la calle para eludir nuestra verdadera responsabilidad como ciudadanos que creen que algo es injusto, se oponen a ello y quieren cambiarlo?
Y si todo eso falla, coge tu perro, tu flauta y tu kufiyya de colores e inténtalo por las bravas. Que hay veces que es el único camino que nos dejan.
Pero si no has pasado por lo anterior ese salto a la adrenalina callejera sólo será una forma más de eludir tu responsabilidad como ciudadano, no distinto de aquel que esconde la cabeza para que no le llegue a él el temporal.Que la dirección de la huída, no elimina el egoísmo y  la inutilidad de la misma. Ya sea hacia atrás o hacia adelante.
Así que manifestarnos, sentarnos, cantar o colgar fotos y textos en Facebook no es oponernos. Es demostrar que nos estamos oponiendo, es apoyar a los que se oponen, como mucho. Es decir que queremos oponernos, pero no es oponernos.
Mientras manifestarse en una huelga general solamente sirva para acallar nuestra conciencia social y no signifique que somos de los que cada día están haciendo lo que pueden para impedir la conducción a la miseria a la que nos lleva este gobierno, como último eslabón de todos los anteriores que han asumido la salvación de un sistema que no se puede salvar si no se cambia, no servirá de nada.
Mientras taparnos la cara, insultar y retar a la policía solamente sea un entretenimiento más que nos llena el tiempo entre el último concierto y nuestro viaje de vacaciones a donde coño sea y no signifique que ya hemos cumplido todas nuestras exigencias de responsabilidad como personas justas y hemos agotado nuestras vías de oposición y queja como ciudadanos, no servirá de nada.
Mientras sustituyamos el verdadero riesgo en nuestras vidas y nuestras haciendas para defender el futuro por el falso riesgo adrenalínico de unas carreras y el dolor momentáneo de algún que otro porrazo, ni nos estamos oponiendo, ni estamos resistiendo ni estamos haciendo nuestro trabajo como ciudadanos. 
Mientras cubramos el cupo de defensa de nuestros derechos defendiéndolos en el seguro entorno de una manifestación masiva y no en el inseguro territorio de nuestras oficinas, nuestras redacciones, nuestras fábricas y nuestras vidas individuales, sólo estamos maquillándonos de ciudadanos, sólo estamos escenificando nuestra oposición, no oponiéndonos. Solamente estamos fingiendo que somos justos, no estamos siéndolo.
Y eso no significa que estas piernas y estas posaderas cuarentonas no vayan a estar en la próxima manifestación o en la siguiente sentada. Pero después de, al menos, intentar hacer sus deberes en la vida allende las redes sociales y las calles. Cuando ni Internet ni la televisión están mirando y nadie va a decir “me gusta” con el pulgar alzado.

sábado, junio 23, 2012

El efecto L'Oréal y la marejada totalitaria del PP


Hay derivas, mareas, oleajes y toda una gradación de movimientos marinos y terrestres que pueden definir la metáfora de lo político y la metonimia de lo personal.
En los últimos días se está produciendo uno de esos movimientos que quizás necesita de una nueva metáfora oceánica para definirlo, no es una deriva porque es demasiado rápido, demasiado notable y notorio, no es una marea porque no se va, no se aleja -al menos no del todo- y no es un oleaje porque no termina de romper, siempre se queda a medio camino.
En apenas un ciclo terrestre el Gobierno español y el partido que lo sustenta ha protagonizado tres episodios de uno de esos arranques suyos que le sacan las vergüenzas, que le hacen aflorar los pasados, que les exponen a la vista de son lo que fueron, lo que son o lo que aún no han conseguido dejar de ser.
Algo que solamente puede definirse como una marejadilla antidemocrática y totalitaria. De momento una marejadilla.
Para empezar el Señor del Silencio, Don Mariano, se saca de la manga una pataleta de patio de colegio -la enésima- y como lo que le decimos no le gusta se niega a hablarnos, como el estado de la Nación es una ruina y él no hace mucho para sacarlo de ahí -más bien golpea algún que otro muro de carga para contribuir a ella- pues se niega a debatir sobre el mismo.
Así por la tremenda, en el más puro estilo de la inmarcesible Schiffer o de la no menos inmensa en su belleza Evangeline Lilly. ¡Porque yo lo valgo!
Pero él no lo vale. Las normas son las normas, el juego es el juego, las reglas son las reglas. Y si la oposición te va dar panes consagrados hasta en el carné de identidad porque tienes el país hecho unos zorros -incluida la herencia, vale- y no sabes muy bien por donde te llegan las ventiscas, pues subes al atril del hemiciclo y apechugas con ello; si tu desgaste como gobernante se va acrecentar hasta los límites del record mundial y el debate va a hacer que súbala presión social contra tus ideas y medidas -o sea, tus recortes, principalmente- pues, cual roca basáltica de acantilado gallego a soportar los golpes del oleaje e intentar capear el temporal.
Pero si eres demócrata, si de verdad crees que la soberanía reside en aquellos que han votado y en sus representantes. No les quitas la voz y la palabra negándoles los mecanismos que ellos se han dado a sí mismos para ejercerla.
Primero descreditas a los que protestan y se manifiestan en las calles diciendo que esa no es la forma de hacer política, que para eso están el Congreso y el Senado y luego cuando sabes que van a utilizarlos para eso los conviertes en el mítico Bastión de Tormentas, alzas el puente levadizo y resistes ignorando el sonido de los golpes del ariete contra las puertas selladas del ejercicio democrático.
Puede parecer muy épico pero esto es un estado democrático, no Juego de Tronos.
Eso para empezar con esa marejadilla de autoritarismo totalitario que siempre se le escapa el Partido Popular -y para ser justo, de vez en cuando a otros- cuando la partida pinta en bastos.
Pero el siguiente golpe de mar, el siguiente arrebato de la autoestima L'Oreal que llega del PP, el siguiente ¡Porque yo lo valgo!, convierte la marejadilla en algo mucho más peligroso que la rabieta de un político porque nadie le apoya o la negativa de un gobernante a reconocer públicamente que las cosas van rematadamente mal. Trasforma la marejadilla de Rajoy en la mismísima tectónica de placas submarina.
Siendo ella de Chaneles y otras excelencias en moda y vestimenta, no iba la ínclita tita Espe a perder la oportunidad de compararse con las musas de la moda y el ungüento que convierte en vergüenzas lo que deberían ser los orgullos de la edad y la experiencia.
Su ¡Porque yo lo valgo! la lleva a pedir -a exigir, perdón, que ella nunca pide nada- que se elimine el Tribunal Constitucional.
 ¡Acabáramos! Vamos, que las garantías constitucionales sirven mientras me sirvan. Que los órganos jurisdiccionales destinados a garantizar que somos un estado constitucional tienen que eliminarse solamente por el hecho de que han dictado una sentencia que está en contra de lo que yo pienso, de lo que yo quiero, de lo que yo defiendo.
Sortu siempre fue legal porque la Ley de Partidos siempre fue inconstitucional. Puede que eso lo digan los abertzales, pero también lo dice Estrasburgo y ahora también lo dice el Tribunal Constitucional. Así que hay que eliminar el Tribunal Constitucional.
El totalitarismo de esa afirmación no acepta ambages, interpretaciones ni excusas. La Constitución no sirve si no me sirve.
Y puede criticarse su funcionamiento, su forma de organización, su politización -y yo me he hartado de hacerlo- pero no su existencia en sí mismo. Porque Aguirre nunca criticó todas esas cosas cuando las sentencias favorecían su posición ideológica, lo utilizó de argumento de autoridad cuando las sentencias reafirmaban sus postulados o sus actos. Pero ahora que no sucede eso hay que eliminarlo.
Eso no es una reflexión, no es una opinión, no es una declaración política. Es una declaración de guerra al Estado Constitucional a través del cual -por si no se acuerda- ha llegado y se ha mantenido en el poder. Es simple y llanamente el llamamiento a un golpe de Estado. 
O a un Alzamiento Nacional, llámenlo como quieran.
Y el gobierno la desautoriza, la corrige, sí, pero con la misma boca pequeña con la que convoca para el 11 de Julio que no será del Estado de la Nación pero en el que se podrá hablar de esas menudencias.
Si realmente se considerara el arranque de Aguirre como algo intolerable, habría sido el mismísimo Rajoy el que la obligara a dimitir porque su sola frase la desautoriza como gobernante democrática. Si es que sus 28.000 millones de deuda impagada no la habían desautorizado mucho antes.
Y el siguiente golpe de mar totalitario en esta marejadilla de lo que fue o de lo que quiere ser el PP que le está saliendo en estos tiempos en los que las cosas no les marchan como ellos querrían es algo más sutil, más discreto pero igualmente sintomático de esa tendencia hacia lo autoritario en ese partido que nunca se sabe si está abandonando esos vicios o volviendo a ellos.
Seis individuos miran su reloj sincronizado y tiran al unísono de la palanca de freno de un vagón de metro en una suerte de protesta por el aumento de los precios de los billetes. 
Y meses después en un ejercicio de despliegue policial que no se conocía en el orbe desde la detención -también muy democrática por cierto- de Lee Harvey Oswald en un cine de Dallas, no se sabe cuántas unidades policiales, incluidos elementos de antiterrorismo, se presentan en sus casas, las rodean, prácticamente las asaltan, y los detienen.
La imagen es dantesca. Los policías van encapuchados y con la cara tapada como si se enfrentarán a la ETA de los peores tiempos, llevan armaduras de kevlar, van vestidos de paisano algunos de ellos. Y junto a ellos unidades de Intervención con equipo antidisturbios y toda suerte de maquinaria policial.
Convierten en terroristas a manifestantes, convierten en una operación peligrosa y de alto riesgo una detención que, en condiciones normales, hubiera podido hacer una pareja de la Policía Municipal, como lo hecho siempre. En una detención que no puede producirse dentro de nuestro sistema de justicia porque una falta no justifica una detención.
Transforman en saboteadores y terroristas antisistema a unas personas que solamente se enfrentan a una multa de x veces el precio del billete por accionar un freno sin justificación, que ni siquiera han incumplido una normativa municipal, sino solamente el reglamento de funcionamiento de un servicio público.
Transforman una falta administrativa en un delito de Estado. Una vez más, ¡porque ellos lo valen!
Y el arreón totalitario ya es tal que encima se atreven a sacar pecho y a decir que han sacado las pistas del Movimiento 15 M.
Muchos somos los que estamos echando horas y horas en intentar organizar ideológicamente la coherencia de ese movimiento, muchos somos los que estamos dejándonos las teclas y las reuniones en intentar hacer el trabajo que deberían estar haciendo lo políticos y ninguno de nosotros hemos recibido la visita de la Unidad Central de Información de las Policía -o como se llame ahora-. Y los reconocería. Estudié con algunos de ellos.
¿Están diciendo entonces que han espiado, investigado y seguido a personas por formar parte de un movimiento ciudadano que no ha cometido delito alguno, que no se ha visto implicado en ningún acto criminal?
¿Están afirmando que mantienen delatores infiltrados en una organización que tiene derecho a realizar las protestas que se le antoje y que no deben resignarse a la conformidad con la política que impone el actual Gobierno?
¿Están reconociendo que usan a la policía como Goebbles a la Gestapo, como Kruchev al KGB, como la DDR a la Stasi, como McCarthy al FBI o como Franco a la tristemente famosa "secreta"?
Si están diciendo eso no me extraña que Esperanza Aguirre pida a gritos que se elimine el Tribunal Constitucional. Porque no hay constitución democrática que soporte que la disensión sea tratada como un acto de terrorismo contra el Estado. Salvo la de Uzbekistán claro, pero...
Así que bien haría el Gobierno de Rajoy en controlar sus marejadas totalitarias y a todos los que reman fuertemente dentro de sus filas hacia las playas del autoritarismo. Porque como esas barcas lleguen alguna vez a varar en las arenas de nuestra sociedad y nuestro futuro, es muy posible que el fuego valirio de Tyrion Lanister en Aguas Negras se recuerde como una demostración de fuegos de artificio comparado con lo que les esperara a pie de playa.
¡Porque nosotros y nuestra democracia, sí que lo valemos!

viernes, marzo 23, 2012

Cuando llega alguien y se le ocurre buscar otro sistema. - y, claro, francés tenia que ser el muy...-


Los hay que dirán que es porque es socialista, los hay que dirán que es una muestra más de radicalismo ciego, pero lo cierto es que tenía que decirse y se ha dicho. Lo cierto es que ya se había dicho antes, pero resulta que ahora el que lo dice lleva traje y corbata y es diputado.
Bueno, en fin, allá vamos
"El libre comercio, la globalización, nos lleva a la guerra de todos contra todos y empobrece a nuestras sociedades”.
Parece el típico argumento perro flauta pero no lo es por un sencillo motivo. La creación de la riqueza que supuestamente -recalco el supuestamente, que ya vemos como estamos- garantiza el sistema liberal capitalista empobrece a las sociedades porque genera un ciclo de estabilidad cada vez más cercano a la miseria ya que esa riqueza no se redistribuye porque los que la acaparan ton tienen ninguna obligación de hacerlo dentro del sistema.
En la guerra de todos contra todos por las oportunidades siempre ganan los que parten con ventaja y juegan con cartas marcadas, que ya sabemos quienes son.
"Los votantes han perdido el control de su destino en Europa. Nos afecta a todos, al 99%. Y el fin de la protección social, de la seguridad, tampoco lleva el progreso a los países emergentes, pues solo beneficia a pequeñas oligarquías locales”.
De nuevo la explicación es obvia. Cuando se da por sentado que un sistema debe permanecer sin modificaciones sin haber consultado sobre supuesta inmovilidad a los votantes, estos pierden el control del destino que quieren.
Cuando, por ejemplo, en Islandia se le dio ese poder a los electores a través de ese monstruo odiado por todos los defensores de la democracia representativa llamado referéndum, estos decidieron simplemente salirse del sistema.
Y el sistema impone ajustes que todos sufrimos pero solamente benefician a aquellos que podrán ver facilitada su actividad financiera con ello. Los nuevos oligarcas financieros que luego no redistribuyen esos beneficios. Es un hecho. Más de lo mismo. 
"Todos salen perdiendo con la globalización, tanto el Norte como el Sur. Pero Europa es la única región del mundo que ha dejado que los mercados se apoderen de lo público. Ese discurso lo asumió la socialdemocracia alemana o el laborismo británico, y ha fracasado en todas partes".
El mensaje es obvio y a las pruebas nos remitimos. las agencias de catalogación de riesgo y las entidades financieras y de inversión que poseen la mayor parte de la deuda soberana de todos los países europeos son los que están determinando la forma de actuar de los gobiernos, los que deciden qué país se hunde y cual no y los que marcan un calendario de paso de todo lo público a lo privado para asegurar sus rentabilidades.
Hasta Alemania está en recesión siguiendo ese modelo. Así que el fracaso se antoja constatado.
"La globalización crea parados en el Norte y esclavos en el Sur”.
De nuevo otra de esas frases que parecen de panfleto pero que esconden una realidad que contemplamos todos los días.
Y si no lo hacemos es porque solamente nos fijamos en nosotros. Las recetas que nos dan para salir del paro solamente se fijan en Europa y en el mundo Occidental Atlántico, pero la riqueza corporativa se basa en la deslocalización -término más que correcto para decir que se lleva la producción a donde es más barata-: el resultado los trabajadores que tienen derechos se quedan sin empleo porque resultan más caros y los que tienen el trabajo son la mano de obra casi esclava en los países emergentes o del Tercer Mundo directamente.
Y cuando eso falla la única solución para evitar el paro es igualar los costes en Europa y en los países emergentes con lo que al final todos los trabajadores terminan abocados a la servidumbre -léase, Reforma Laboral del gobierno del PP-.
"La decadencia europea está muy ligada a la incompetencia de esta derecha liberal, y admitámoslo, también al pacto con el poder financiero de la tercera vía socialista. Es necesaria una nueva estrategia de crecimiento en Europa, cosa que ni siquiera Alemania tiene. Esta derecha liberal no frenará la Historia. También las monarquías europeas se unieron contra la revolución francesa”.
De nuevo hay poco que explicar. Dando a diestro y siniestro. Todos han dado por sentado que el sistema tenía que funcionar, que el dinero era elemento fundamental sobre el que debería asentarse. Y resulta que ha fallado. Y la estrategia de crecimiento basada en algo diferente al dinero deja fuera de juego al liberalismo e incluso a los que se hacen llamar socialdemócratas que en realidad social-liberales.
Y por supuesto, el argumento de que los líderes europeos apuestan por revivir un sistema muerto tampoco es de recibo.
Es tan antiguo e inútil como La Santa Alianza.
"Hay que acabar con la derecha ultra liberal. La Europa de Merkel, Sarkozy, Berlusconi y Rajoy nos impone una política de austeridad suicida, basada en lo peor de Reagan y Thatcher, y que va a hacer pagar la crisis a las clases populares y medias”.
Y de nuevo en las mismas. Todos sabemos que las medidas no llevarán a nada. Todos sabemos que los recortes llevarán a límites imposibles y casi negativos el consumo. Y, aunque los que los defienden parezcan haberlo olvidado, este sistema económico se basa en el consumo. Es su única herramienta de crecimiento. El ahorro, por más que se defienda de labios para fuera, es el enemigo del sistema liberal capitalista.
Sin consumo no hay crecimiento. Punto y final.
“La globalización es una criatura política liberal diseñada para asustar a la gente. Ha puesto a países que no cumplen las normas a competir sin límite ni vergüenza con la Europa del Estado de Bienestar. Controlamos solo el 10% de los bienes y mercancías que llegan a nuestros puertos, y al 100% de las personas que intentan entrar en Europa. Hace falta más humanidad y limitar los excesos de la libre competencia".
Queríamos que China fuera liberal, ya lo es. Eso no la ha llevado a la democracia, pero es liberal. Queríamos que Rusia fuera libre y para eso tiramos el telón de acero. Pero Rusia no es libre aunque es liberal.  Alguien identificó libertad, con libertad de empresa, libertad con libertad de comercio y metió la pata hasta el corvejón
Creímos que esa libertad de comercio nos garantizaría mercados y lo único que ha permitido es que nuestras empresas se lleven la producción a esos países que no cumplen ninguna regulación -o que las cumplen todas, las suyas, por supuesto- Y eso no se soluciona controlando la inmigración. Se solventa obligando a jugar a todos con los mismos criterios. A los países emergentes y a nuestras empresas.
Y si la libre competencia se ve afectada pues, sea. La libre competencia es una exigencia del sistema liberal, no de la humanidad.
Y hasta aquí lo dicho. A partir de aquí lo propuesto. Que a este señor, como lleva corbata y es político sí se le pueden exigir propuestas, no a los Indignados, que no tenían por qué saberlas ni proponerlas como pretendían nuestro políticos cuando les dijeron que las suyas no funcionaban.
"Debemos negociar entre grandes regiones y levantar barreras continentales para tratarnos de igual a igual. No queremos ser chinos, ni tener el poder de compra de los coreanos, ni aceptamos la política social de Bangladesh. La competencia debe ser leal, no libre. Europa es la primera potencia mundial. Si los países renunciamos a la soberanía, debe ser a cambio de algo. Queremos un Estado social, buenos salarios y economías prósperas, no desmantelar nuestra industria y nuestro modelo. Nada nos impide negociar de tú a tú”.
Eso es nuestra Reforma Responsable Laboral. Hacer que nuestros trabajadores tengan las mismas condiciones que los de Bangladesh para que así las empresas no se deslocalicen y nos den un trabajo por las migajas del crecimiento exponencial de sus beneficios. Puede no querer aceptarse pero no verlo es imposible.
"Hay que instaurar la tasa Tobin que grava las transacciones financieras a escala internacional".
Y la excusa de las pequeñas transacciones se diluye como azúcar en el agua porque no es muy de recibo que alguien vaya a hacer una transacción financiera para comprarse un equipo de patinaje a Holanda Y ¿quien hace esas grandes transacciones financieras? ¡Vaya hombre los inversores, los bancos, las empresas de compra y venta de acciones.
Es decir todas esas actividades que esta Europa de los mercados están mucho menos gravadas fiscalmente que las puras y simples rentas del trabajo.
 "Es necesaria la creación de un tipo marginal del 75% para los ingresos superiores a un millón de euros al año, o el cierre de las filiales de la banca europea en los paraísos fiscales".
¿Por qué? Porque ya sabemos que no redistribuirá esa riqueza, porque ya sabemos que no lo va a hacer y nosotros, la sociedad y el estado, necesitamos que lo haga. Es así de simple. Y no cabe la posibilidad de que lo perdamos por la sencilla razón de que será así en todas partes.
Y, si además añadimos para completar el lote, la imposibilidad de operar con sociedades de acciones a todas las empresas en paraísos fiscales y el gravamen especial de una parte los beneficios si no son reinvertidos, pues compro el paquete completo.
Necesitamos además reindustrializar el continente. (...) Tenemos que volver a fabricar juguetes, ropa... Debemos mirar lejos, dotarnos de una política agrícola común y prohibir las deslocalizaciones desleales. Un paso decisivo será mutualizar la deuda con los eurobonos. Eso permitirá olvidar la austeridad y empezar a invertir y crear empleo. Y el BCE debe ser como la Reserva Federal de EE UU. ¡Ya está bien de defender una inflación que no existe!”.
Y dicho esto, El tipo se levanta, estrecha manos y se va por donde ha venido.
¿Su nombre?
Arnaud Montebourg.
A unos no les servirá por ser socialista -o partir del socialismo, para ser mas exactos-, a otros por ser francés. Pero a mi me sirve porque piensa salidas y fórmulas nuevas y no da vueltas alrededor de un cadáver dándole, como Bambi a su madre, golpecitos con el hocico para ver si despierta, como hacen nuestros políticos con el catafalco económico del liberalismo.

viernes, marzo 16, 2012

La tozudez de los hechos en la carga de Valencia

Hay momentos que definen a un individuo. Deslices o expresiones voluntarias que marcan lo que es y lo quiere ser por mucho que se empeñe en ocultarlo. Eso de la micro expresión, no es tan micro como en el caso de la mítica Lie to Me de Tim Roth, pero siempre será expresión.
Y eso, más o menos es lo que le ha pasado a nuestro ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, en su intervención el Parlamento de nuestro país con referencia a la actuación policial en Valencia cuando a la gente le dio sin razón ninguna por protestar porque su comunidad estaba en la ruina y ellos tenían que pagar, a través de recortes y subidas de impuestos, el desaguisado ocasionado por alguien que no pagaba ni los trajes que llevaba puestos -Según la versión definitiva, los pagaba su chofer-.
Vamos, en seis palabras- por no caer en el error de Jesulín-. Se le ha visto el plumero.
"Las opiniones pueden ser muchas, pero los hechos son tozudos" ha dicho el señor ministro del Interior y yo en eso le doy la razón. Sin ningún comentario a pie de página, sin ningún giro dramático de última hora, sin ningún sarcástico matiz de última línea. Sin ninguno de esos excesos literarios de los que uso y abuso con frecuencia.
Pero antes de los hechos, de los de la carga, hay que entrar en el hecho que le parece irremediablemente tozudo al señor ministro.
"Hay una serie de elementos antisistema en Valencia que siempre están ahí. Que se manifiestan siempre que tienen oportunidad"
Ese es el hecho tozudo que defiende Fernández Díaz. Y yo se lo acepto.
Y lo único que me provoca ese hecho ineludible, incuestionable tozudo es una pregunta que se argumenta con dos signos de puntuación y una solitaria conjunción copulativa.
¿Y?
Que el hecho sea cierto no añade ningún argumento a la defensa de la actuación policial en Valencia y el ministro del Interior -curioso concepto, por cierto, que parece que el Interior de un país solamente debe preocupar el orden público ¿Por qué no le llaman Ministerio de Seguridad Interior o de Orden Público y acabamos con el absurdo eufemismo?- está en la comisión parlamentaria correspondiente para explicar eso.
Así que no me queda más remedio que deducir es que ese hecho es relevante para que la policía cargue contra los manifestantes.
O sea que ser antisistema y manifestarte siempre que puedes es una excusa, un hecho, una situación que faculta a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado de cargar contra ti.
Va a ser que cada vez que cuelgo un post que funciona como es que la mortuoria del sistema occidental atlántico que ya no nos sustenta, como lo hago siempre que tengo ocasión y es una manifestación pública y reiterada de que estoy en contra del sistema, un grupo de ocho policías con protecciones de nivel 2 -el que no sepa lo que eso significa que consulte cualquier manual de procedimiento militar del mundo- puede entrar en mi casa y coserme a porrazos.
El plumero del ministro va creciendo hasta convertirse en uno de esos abanicos de plumas de avestruz con los que se renovaba el aire en las cercanías de Cleopatra -que parecía no comprender que sus calores provenían de la condición de imponentes mazados de los esclavos nubios que movían las herramientas en cuestión y no de la temperatura ambiente, cosa que a todos nos quedaba claro desde el principio-.
Pero a lo que vamos. Que haya antisistema, que se manifiesten día sí y día también no es un motivo para una carga policial. Puede que a Fernández Díaz se lo parezca, pero no lo es. Y eso también es un hecho tozudo. Si en anteriores manifestaciones han cometido desmanes, se les identifica, se les detiene, se les juzga y se les condena a lo que toque.
Si seguían en la calle deduzco que no se ha seguido es proceso. Así que el hecho de su presencia no justifica una carga policial.
Así que la existencia de un hecho irrefutable y tozudo no sirve de argumento para lo que cree que sirve de argumento el ministro del Interior.
Pero hay muchos más hechos que el ministro y el Ministerio presentan como hechos justificativos, en su condición de irrefutables, de la carga policial.
Porque tienen un video.
Y eso sería una carga de prueba irrefutable hace diez años, hace tres lustros o hace dos décadas, pero el señor ministro se olvida del Premiere, de las cámaras digitales, de la Hándicap de Sony y de del Movie Maker de Microsoft.
Hoy en día, todos tenemos un vídeo, todos podemos cortarlo, pegarlo, ampliarlo, destacarlo o presentarlo. Aunque no dispongamos de la arcana y mágica tecnología de tratamiento de imagen de Minority Report, todos somos el chino -perdón, el coreano americano- que trabaja con Grissom en Las Vegas.
Y ¿qué presenta ese video?
Primera escena. Un individuo harapiento y con poco gusto por sentir el agua corriente sobre su piel que increpa, reta y desafía a los agentes y luego les arroja algo -supongo que un mechero, que siempre viene bien para los porros y quemarse las puntas para que no se deshagan las rastas?
Mínima, casi testimonial, pero, reconozcámoslo, una agresión contra la autoridad. Una falta tipificada de carácter leve -por la fuerza- en el código penal.
El manual de procedimiento policial especifica que ante esas acciones hay que "identificar al infractor, identificarse ante él, comunicarle la infracción que acaba de cometer y proceder a su detención para denunciarle en las dependencias policiales y posteriormente ponerle a disposición judicial".
Eso también es un hecho tozudo.
Como lo es que los cinco agentes que cargar a la carrera contra él no hacen ninguna de esas cosas a menos que consideren su defensa -que nunca sabré porque se llama defensa cuando solo sirve para golpear, no para parar golpes- como una identificación adecuada y el ruido que hace al estrellarse contra la carne humana una comunicación onomatopéyica de la falta cometida.
El tío les tiró un mechero. Hecho. La carga no tenía justificación. Hecho. No lo digo yo. Lo dice el propio reglamento interno de la policía española.
Claro que a lo mejor que sean antisistema que se manifiestan a todas horas anula todos esos hechos. Claro que a lo mejor las disposiciones han cambiado y todo el mundo puede hacer eso. Pero lo dudo porque si así fuera Iker Casillas y Víctor Valdés hubieran podido llamar a sus compañeros de equipo, armarse con los banderines de córner y con cualquier otro objeto contundente, atravesar las gradas y emprenderla a palos con el desaprensivo que había hecho impactar un mechero contra su cabeza no protegida por una caso antidisturbios o contra su pecho y sus muslos no protegidos por guardas y petos casi irrompibles de Kevlar de última generación. Y me paree que no hay ley que les de licencia para eso.
Segundo hecho. Una pandilla de encendidos adolescentes, jóvenes y alguna que otra señora entrada en carnes y años gritan, insultan y llaman asesinos a los policías coreando lemas que no son nada originales y que tienden a la ofensa por demás.
Y ese tozudo hecho innegable también justifica, según el señor ministro, otra carga más.
De nuevo se le va el foco, se le cambia la percepción y se le olvida su gloriosa frase de la tozudez de los hechos.
Porque la defensa ante los insultos, las calumnias o las injurias es una denuncia judicial, no una carga policial. Y eso también los dice la ley. Eso también lo dice el manual de procedimiento de la policía. Y aquí ni siquiera media detención, solamente comunicación de la denuncia.
Pero los policías cargan, cargan cuando no hay resistencia, cuando no hay comunicación, cargan porque se sienten insultados, porque se sienten verbalmente agredidos.
Es comprensible, pero no justificable. Se les debería haber entrenado para eso. De hecho se les entrena para eso. Y si no saben hacer su trabajo que no vayan y no se presenten en una manifestación.
Porque si he de deducir que el hecho de que te llamen asesino justifica que te lances a golpear a quien te lo espeta armado con cualquier elemento contundente, tendría que ser lícito que las feministas radicales y las pro abortistas cargaran contra las manifestaciones pro vida en formación de falange espartana con los auxiliares tespios y acadios protegiéndoles los flancos, que los políticos de Génova salieran de su sede en formación de cuña para apalear a todos los que les llamaron asesinos por motivo de la Guerra de Irak o del 11 M, que todos los partidos legalizados abertzales cargaran entonando el himno del soldado vasco contra los integrantes del Foro de Ermua y de la AVT que les gritan lo mismo cuando se reúnen, que los militantes socialistas se colocaran una cinta con el sol naciente en el pelo y, al grito de Banzai, se arrojaran a lo kamikaze contra los manifestantes del PP que les imprecaban con idéntico grito cuando se supo la trama de los GAL.
Y me parece que eso no puede hacerse. Creo haberlo leído en algún sitio. ¿Puede que sea en algún texto legal español?, ¿puede que sea en La Constitución Española?
Y por si no fuera poco que ninguno del os tozudos hechos presentados por el ministro puede servir de herramienta para su tozuda defensa de la carga policial, están los tozudos hechos que no presenta, que omite, que se calla.
Porque existen -que yo haya contabilizado en un primer acercamiento a la cuestión. Al menos 18 vídeos que no se incluyen ni total ni parcialmente en el vídeo presentado como prueba por Fernández Díaz para justificar unas cargas que ni siquiera se justifican con esos vídeos.
Y ¿por qué no los presenta?, ¿por qué elude esos hechos, tan tozudos como los que el utiliza?
Porque no le conviene.
Porque él ya ha decidido exonerar a los agentes de toda responsabilidad pase lo que pase.
Porque cualquiera puede demostrar que hay una multitud de trayectorias posibles para que un cuerpo con una velocidad inercial x y con un peso aproximado de un centenar de kilos pueda trazar una curva si necesidad de en el tránsito golpear con su porra en la espalda a dos jóvenes y arrojarlas al suelo, aunque ese cuerpo a la carrera sea un policía -y si no me creen, llamo a mis amigos de ciencias y ellos hacen los cálculos-. Porque es un hecho absolutamente demostrable que cuando una persona está en el suelo con las manos en la nuca se la puede esposar sin necesidad de golpearle tres veces con una porra y clavarle la rodilla en la espalda y la nuca.
Y así sucesivamente.
Así que, al cabo del día, el único hecho tozudo y reiterado que queda es que los gobiernos de este país siempre mandan el mismo mensaje a la ciudadanía y a la policía -perdón, a las unidades antidisturbios de la policía, se llamen ahora como se llamen. Que policías hay muchos y no todos se dedican a dar porrazos-. La policía puede hacer lo que quiera mientras sirva a mis intereses particulares de partido y de gobierno en cada momento. Si es así, yo te protegeré y no te castigaré por leve o grave que sea la falta.
Y eso es lo que permite al gobierno que salió hace meses de La Moncloa indultar a dos Mossos D'Escuadra condenados por apalear a un ciudadano en mitad de la calle, y eso es lo que permite a nuestro actual ministro del Interior representar la mascarada de un video cercenado y unas justificaciones basadas en hechos que nada tienen que ver con lo que se pretende justificar.
Al final, solamente hay un hecho tozudo: Los gobiernos -sobre todo los occidentales atlánticos-  justifican lo injustificable si concuerda con sus fines y necesidades. Todos ellos.

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