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viernes, junio 26, 2015

Unos, otros y el desprecio como arma de gobierno

Últimamente se me acumulan los entrecomillados de los que hablar y escribir.
Y este más que un entrecomillado es una mano de guantazos en el rostro de muchos que han creído durante décadas que podían hacer lo mismo que sus ancestrales enemigos pero a la inversa: la izquierda ideológica española institucionalizada.
“Os avergonzáis de vuestro país y de vuestro pueblo. Consideráis que la gente es idiota, que ve televisión basura y que no sé qué y que vosotros sois muy cultos y os encanta reconoceros en esa especie de cultura de la derrota. El típico izquierdista tristón, aburrido, amargado..., la lucidez del pesimismo. 
No se puede cambiar nada, aquí la gente es imbécil y va a votar a Ciudadanos, pero yo prefiero estar con mi cinco por ciento, mi bandera roja y mi no sé qué. Me parece súper respetable, pero a mí dejadme en paz. Nosotros no queremos hacer eso. Queremos ganar. Preocúpate de otra cosa".
Si claro, lo ha dicho Pablo Iglesias y ahora que PSOE e IU han tenido tiempo para digerirlo se me ocurren algunas cosas.
Para empezar, la izquierda española lleva haciendo con la cultura lo mismo que la derecha lleva haciendo generaciones con el dinero: capitalizarlo, utilizarlo como arma arrojadiza contra el otro, usarlo como elemento de discriminación.
El rancio conservadurismo español considera que tener dinero te incapacita para ser o denominarte de izquierdas, para defender la cohesión y la igualdad social. Se olvidan De Saint Simon, Montesquieu o Rosseau. Todos ellos ricos aristócratas de alta alcurnia.
El anquilosado izquierdismo patrio sigue pensando que ser culto, inteligente y preparado te hace obligatoriamente de izquierdas. Que la cultura te incapacita para defender otra cosa que no sea sus presupuestos ideológicos. Todos ellos se olvidan de Ortega y Gasset, José María Pemán o Gregorio Marañón, por poner solamente ejemplos hispanos de gente culta, pero que muy culta, y conservadora. ¡Ah, y Don Miguel!, de Unamuno, se entiende.
Y ambos desprecian a aquellos sobre los que gobiernan o pretenden gobernar.
Los unos porque creen y actúan como si solamente fueran herramientas para incrementar una riqueza que nunca se reparte, los otros porque quieren elevar su cultura solamente en el desesperado intento de ganar con ello votos y poder, no porque crean que es un bien en sí mismo.
Ambos porque se sienten superiores, los unos por su dinero y sus contactos y los otros por su cultura y preparación.
Pero lo cierto es que ambos han medrado en la incultura que ambos han contribuido a mantener.
¿De verdad creen las derechas conservadoras varias  que todos los que rugen con los goles de la selección de fútbol son incultos que votan al PP?, ¿de verdad están convencidos los tradicionalistas de la izquierda española que ninguno de sus votantes y simpatizantes se pegan a las cada vez más numerosas pulgadas de sus pantallas para ver Supervivientes o Mujeres y Hombres y Viceversa?
Ahora llega un tipo que, después de varias centurias de echarle la culpa de la derrota a la incultura del pueblo al que dicen defender, les dice que no. Que la derrota constante no les hace superiores, les transforma en incapaces porque no han sabido trasmitir sus mensajes ni renovarlos.
Que ni Ylenia en Gandia Shore, ni el gol de Señor en el 12-1 a Malta ni Jorge Javier en Sálvame les restan votos; que aunque todo el mundo viera Juego de Tronos, los documentales de La 2 y Redes seguirían sin comprar lo que venden. no porque no valga, sino porque no saben venderlo.
Que intentar vender la cohesión social, la igualdad y la justicia enganchados de los mismos lemas, los mismos colores y la misma fijación con la supremacía cultural de la izquierda es como si Coca-Cola siguiera utilizando buhoneros con carromatos tirados por mulos para vender su producto.
Y se sienten tan mal como se siente la derecha española de toda la democracia cuando descubre que todos los contactos no les sirven para parar la sangría de votos que les genera que los ciudadanos descubran que todo el peso de crisis recae sobre ellos o cuando se dan cuenta que todos sus cantos a la generación de riqueza no evita que les vuelvan la espalda ante la demostración empírica de que toda la riqueza generada se queda en sus propios bolsillos por mor de su instalada corrupción.
Ni el dinero y el abolengo, ni la cultura y la preparación hacen superiores a unos ni a otros.
A lo mejor por fin empezamos a comprender porque hay alguien dice que no es ni izquierdas ni de derechas.
De las españolas, no.

martes, marzo 17, 2015

El gobierno alemán, Podemos y el complejo de nazi.

Los nazis son para Europa lo que ETA para el conservadurismo español. En cuanto alguien no hace, dice o piensa algo conveniente les relacionamos con ellos, les acusamos de pensar como ellos, les convertimos en ellos.
Ahora Podemos es Hitler, dice Jürgen Donges, un asesor económico de la canciller que pretende imponer a miseria y fuego la austeridad en toda Europa en aras de las exportaciones alemanas. "Podemos es como Hitler, tiene capacidad para convencer a los que lo están pasando mal", argumenta el senescal de Merkel.
¿De verdad ese es un argumento que te convierte en nazi?
Barack Obama tuvo esa capacidad con su Yes, we can, o sea que es nazi; Martin Luther King lo hizo con su "Have a Dream", otro nazi a la buchaca; Theodore Roosevelt con su New Deal llegó a los que peor lo estaban pasando en la Gran Depresión, la historia se nos está llenando de nazis de repente.
Y Dantón, Adenauer, Espartaco, San Gregorio, Dulcino, Cronwell, Francisco de Asis, Emiliano Zapata, Sidarta Gaudama, Simón Bolivar... todos ellos demostraron una capacidad dialéctica y política de llevarse a sus filas y acercar a su ideología a los que peor lo estaban pasando.
¡Joder -perdón por la expresión-, hasta Jesús de Nazaret demostró tener la capacidad de convencer a los que lo estaban pasando mal!
Pero hay que comparar a Podemos con Hitler y hacer parecer que el acomplejado y psicópata líder de la Alemania nazi fue el único que lo hizo. Hay que hacerlo por dos motivos.
Para que parezca que generar una ideología  que tenga en cuenta a los que lo están pasando mal -que por eso se sienten atraídos por ella, no nos engañemos-, es algo exclusivo de los nazis y por tanto perverso y reprochable.
Y porque si se le compara con cualquier otro ideólogo, político o personaje histórico que hizo lo mismo la gente podrá descubrir que todos ellos tuvieron, al menos parcialmente y durante un tiempo, éxito en intento y sobre todo son reconocidos por la historia como personajes ejemplares en uno u otro aspecto. Todos salvo Hitler, claro.
Pero ahí no queda la cosa.
"Podemos hace las cosas de una forma que es preocupante porque soy alemán y vivimos una etapa histórica en la que vino uno contando cosas bonitas", dice el señor Donges como segundo argumento comparativo de la nueva formación española con el partido de los camisas pardas y de su líder con el Führer del III Reich.
Y resulta sorprendente. Resulta sorprendente porque descubres que Merkel tiene infiltrado un nazi en su gabinete de asesores.
Si a Donges le parecen "cosas bonitas" frases como "la raza aria ha nacido para dominar el mundo" o "Negros y latinos son razas inferiores que sirven de criados", va a ser que el nazi es él.
Si cree que  ilusionar a una audiencia y catalizar a un pueblo pasa por decir "el arma más humana es la que más enemigos destruye porque acorta la guerra" o "No hay duda de que los judíos son una raza, pero no son una raza humana" va a resultar que el que tiene que tatuarse una esvástica en la espalda es él.
Porque el problema no está en que Pablo Iglesias diga "cosas bonitas" como Hitler, el problema está, aunque el bueno de Jürgen Donges no quiera verlo por su condición de alemán, en que el pueblo alemán de 1931 consideró "bonita" una ideología que se basaba en la supremacía racial, la solución bélica de los problemas y el expansionismo territorial.
Puede que Podemos haga propuestas políticas de difícil concreción -sobre todo si la UE pone todas las trabas posibles para ellas, como hace con Grecia- y diga "cosas bonitas" para captar el voto pero, no se preocupe, Señor Donges, no se preocupe.
A la inmensa mayoría de los españoles, y eso incluye a una gran parte del conservadurismo político español nunca nos va a parecer bonito lo que les pareció a ustedes en 1931.
No exorcice sus demonios con nosotros.

jueves, febrero 19, 2015

Dios y "el diablo" reducen nuestra política a la nada

Me encanta cuando la gente se indigna porque alguien la deja completamente en fuera de juego. Así que llevo unos cuantos meses de carcajada en carcajada, aunque uno se ríe por no llorar.
El conservadurismo español más tradicional y la progresía patria más rancia ya no saben donde mirar para encontrar el norte, para evitar quedarse boquiabiertos cada mañana en el desayuno.
Yültimamente lo que más les ha molestado a ambos es de nuevo el coletudo ese que tiene un partido que se ha descolgado diciendo que "El Papa y él luchan en la misma trinchera".
Los progresistas de pastel españoles se rasgan las vestiduras por el laicismo -uy, perdón anticlericalismo, el aborto, la religión en los colegios, el concordato y todas esas cosas que en realidad no articulan una sociedad ni un país. Y los conservadores por lo mismo pero a la inversa. Pero en realidad lo que les molesta ambos es otra cosa, algo mucho más insufrible para ellos.
A los de la izquierda -¿con respecto a quién?- les molesta que haya individuos como él en todos los países de la UE que les arrojen a la cara el recuerdo de lo que significa ser socialista, laborista, progresista y todos esos nombres que ellos utilizan como etiquetas vacías en sus discursos y mítines: A los conservadores -qué a estas alturas tampoco se sabe muy bien qué quieren conservar salvo sus fortunas-  un tipo argentino de avanzada edad que se empeña en vestirse de blanco y hacerse llamar Francisco les pone la cara colorada día sí y día también.
Tsipras, Iglesias, Miliband sacuden cada mañana a la anquilosada progresía europea.
Les recuerdan todos esos elementos de su ideología a los que renunciaron en un lento goteo de incoherencia para asegurarse medrar y el acceso y la permanencia en el poder. Desde la república hasta la justa distribución de la riqueza; desde la igualdad social -real, esto es decir de oportunidades económicas-, hasta la tributación justa; desde la capacidad de decisión popular, hasta los mecanismos de representación social abiertos; desde la independencia judicial hasta el gobierno honesto.
Desde Grecia, España e incluso la Pérfida Albión no hacen otra cosa que hacer temblar con el ariete de eso que era la izquierda y que dejo de ser la muralla de en lo que se han convertido los que se llaman progresistas, mientras ellos en su cada vez más inestable bastión solamente pueden arrojar pequeñas pierdas en forma de currículos falsos y fortunas personales como forma de defender su sitiada fortaleza.
Y los conservadores. Bueno de lo de esos ya es de traca. 
Su máximo dirigente espiritual, el cargo al que se volvían cada vez que querían justificar su intransigencia ideológica y su falsa moral, no pasa un día sin que les corra a collejas por los pasillos del Vaticano.
Que si Dios no es de derechas, que si ser cristiano no es tener hijos como conejos, que si la doctrina social de la iglesia debería acercarse mucho más a la izquierda que a la derecha, que si el celibato no es un dogma de fe, que si los transexuales tienen sitio en la iglesia, que si la especulación es incompatible con la fe, que si la acumulación fraudulenta de riqueza es una práctica aberrante...
Va y vuelve su mano abierta repartiendo guantazos a diestra y siniestra en el rostro de todo ese conservadurismo patrio de misa de domingo y vidas dobles, tiples y mafiosas. Desde el Opus Dei a los Neocatecumenales, pasando por los legionarios de Cristo; desde la Conferencia Episcopal al gobierno del PP de Mantilla en el Corpus de Toledo y terno negro bajo el botafumeiro de la Catedral de Santiago de Compostela.
Así que de repente miran a un lado y a otro y se dan cuenta que ya nadie les cree, de que ni los que se dicen de izquierda son izquierda para la izquierda ni los que se dicen conservadores y demócratas cristianos lo son para la más alta instancia del cristianismo.
O sea que va a ser que sí, que el coletudo Pablo tiene razón y al final miran al lado que mire todo el mundo niega con la cabeza y les vuelve la espalda por décadas de egoísmo social, corrupción e incoherencia ideológica y vital.
En fin, que ya no les cree a ninguno de los dos ni Dios ni el Diablo. O sea que no son nada.
Que mal rollo, ¿no?


lunes, febrero 16, 2015

A la izquierda o la derecha ¿de qué y de quién?

No suelo meterme en discusiones bizantinas -miento, lo hago continuamente, pero solamente para intentar demostrar que son bizantinas-, aunque la última que está de moda me resulta muy divertida.
Desde la tita Espe hasta e adalid del buenismo Pedro Sánchez, todos parecen empeñados en conseguir una cosa, un objetivo que parece irrenunciable: Que Podemos, esa formación que les ha abierto las carnes de las encuestas, y su líder se posiciones y digan si son de izquierdas o de derechas.
Y esa discusión me parece bizantina no ahora, no por Pablo Iglesia, me parece que lleva siendo absurda unos cuantos lustros.
Me explico. Todo el mundo se posiciona a la izquierda o a la derecha y nadie dice con respecto a qué.
Todo esto de izquierdas y derechas se basa en los Estados Generales de Francia que culminaron con la Revolución Francesa, donde los defensores del Antiguo Régimen -el histórico, no el nuestro- se alinearon a la derecha del sitial que ocupaba el rey y los que buscaban el cambio de régimen a la siniestra del monarca -para facilitar contar los votos, no por ninguna referencia bíblica o divina-.
Pues bien. Si seguimos con eso unos cuantos siglos después deberíamos colegir que Rajoy y toda la corte genovesa del Partido Popular son de izquierdas.
Porque la derecha de esa asamblea defendía la servidumbre atada a la tierra, el derecho divino de los monarcas absolutos, el derecho de pernada, el privilegio de los nobles de recaudar impuestos y poseer ejércitos propios, la ejecución del poder coercitivo de la Iglesia...
Y el Partido Popular está en contra de eso ¿o no?
Así que, ¡vaya sorpresa!, todos somos de izquierdas.
Resulta absurdo pretender que todavía la definición de una posición ideológica se defina por ese momento por importante que fuera para la historia. Así que si quieren posicionamiento tendrán que dar una referencia.
Porque con respecto a Stalin o las Brigadas Rojas, Podemos es de derechas, con respecto a Hitler, Musolini los Minute Men, EL Partido Popular es de izquierdas, con respecto al colectivismo soviético el PSOE e IU son de derechas, con respecto al Ku Klux Klan, La Nación Aria o Aurora Dorada espero y deseo que el Partido Popular sea de izquierdas.
Así que si quieren que alguien defina a qué mano se coloca debería decir antes a la mano de quien o de qué se refiere.
Pero no lo hacen por una sencilla razón. Porque esa división en izquierda y derecha les permite tratar su ideología como algo inamovible, como algo que no debe evolucionar, que no debe adaptarse. Como algo a lo que los demás deben adaptarse. Porque cubre esa necesidad tan nuestra, tan occidental atlántica y sobre todo tan española de estar divididos en dos y enfrentados de forma irreconciliable unos contra otros: bárbaros o romanizados, papistas o arrianos, sarracenos o cristianos, carlistas o isabelinos, patriotas o afrancesados, de Cánovas o de Sagasta, rojos o azules, de Negrin o de Largo Caballero, De Mola o de Queipo de Llano... y por último (falsos) progresistas o (falsos) liberal conservadores.
Y así una vez que estas posicionado en el bloque en el que ellos dictan la ideología no puedes ser de izquierdas y estar en contra del aborto libre y gratuito, no puedes ser de derechas -bueno conservador- y estar a favor del laicismo, no puedes ser de izquierdas y considerar absurdo el concepto de discriminación positiva, no puedes ser conservador y oponerte a la privatización de los servicios públicos.
O sea, es el ciudadano el que tiene que adaptarse a su ideología y no su ideología al ciudadano.
Así que creo que la solución es muy fácil. A partir de ahora cada vez que alguien hable de la derecha o de la izquierda habría que preguntarle ¿izquierda, derecha, con respecto a qué?.


domingo, diciembre 14, 2014

Un SMS como síntoma y prueba de otras cosas

Hay hechos que si se vendieran como un descubrimiento histórico no pasarían de ser una curiosidad pero que, como se intentan vender de otra manera, se convierten en síntoma de otras muchas cosas.
Tal como lo veo, eso está ocurriendo con la supuesta revelación de que el famoso ¡Pásalo!, la convocatoria, a través de un SMS, de la manifestación en la sede del PP en la jornada de reflexión del 13 de marzo de 2004, fue generado por personas que ahora se encuentran en el núcleo central y original de Podemos, la cuchilla de Occam del bipartidismo español.
Es síntoma de que los dos grandes partidos, que han estado echándose en cara esa convocatoria durante una década, hace tiempo que perdieron la capacidad de ver más allá de ellos mismos y se creen propietarios de la política española sin tener en cuenta la posibilidad de otras opciones.
Es señal que las personas que ahora forman la dirección de ese nuevo partido llevan muchos años pensando y participando en la política de este país. No son una panda de melenudos llegados anteayer ni una pandilla de mercenarios  chavistas importados ad hoc para la ocasión.
Es indició de que desde hace tiempo que las personas saben reconocer cuando se les miente burdamente desde los medios, entonces con la autoría del atentado de Atocha, hoy con los "brotes verdes" y "la herencia recibida", entre otros grandes conceptos y de que la irrupción de Podemos  no es resultado de una explosión pasajera de furia social sino de un lento y constante descubrimiento por parte de los ciudadanos de que el actual sistema político no nos sirve y dejó de servirnos hace más de una década.
Es una clara indicación de que los políticos actuales siempre son incapaces de asumir la verdad de unos hechos en cuanto les resultan desfavorables como no reconocen en esta ocasión que las gentes que ahora forman Podemos fueran el inicio de ese SMS, pese a que sus propios medios de comunicación se lo demuestran.
La recuperación y actualización de la historia del SMS del ¡Pásalo! me parece, sobre todo, prueba casi irrefutable de dos cosas:
De que el descontento ciudadano, que algunos achacan a una manipulación populista, tiene una raíz más profunda: que la gente reacciona cuando la política de los poderosos les mata. En 2004 por una guerra que nos trajo un atentado sangriento y en 2014 por pura y simple hambre. Así de simple
Y de algo que les da mucho más miedo a algunos: que el descontento popular canalizado y organizado por los mismos ya acabó una vez con un gobierno, el del megalómano ejercicio bélico de Aznar, y puede hacerlo con otro y de paso con todo el sistema del bipartidismo.
No es que pueda hacerse, es que ya se ha hecho. 
Y eso cuando enviar mensajes por el móvil aún costaba quince céntimos 

domingo, diciembre 07, 2014

La estrategia del falso desmontaje (III. El escrutinio)

No sé todavía a quien voy a votar en las próximas elecciones. Y se qué es la tercera vez que lo escribo en estas líneas pero conviene recordarlo cuando se va a escribir sobre la nueva formación política que se ha metido como una cuña en las grietas del bipartidismo español y amenaza con rasgarlo para siempre.
Hoy se publica un nuevo sondeo sobre Podemos -que no sobre la intención de voto en las próximas elecciones- y es el ejemplo perfecto del falso desmontaje al que los medios de comunicación o más bien de propaganda unidos por intereses económicas a las grandes formaciones políticas han realizado de este nuevo partido.
"El escrutinio público al que Podemos, sus líderes y sus planes se han visto sometidos se traduce en un frenazo del ascenso que registraba desde las elecciones europeas de mayo. También se resiente la imagen de Iglesias, que sufre un desgaste sustancial y pierde 18 puntos de aprobación". Este es el resumen que El País hace analizando el sondeo en el que -¡oh, milagro!- aparece por primera vez en cuatro años el PSOE como partido que encabeza la intención de voto de los españoles.
Vamos, donde este periódico quería llegar desde el principio.
Pero lo curioso del resumen no es lo que dice. Es lo que se niega a reconocer.
No ha habido un escrutinio público de Podemos. 
Los medios de comunicación se han lanzado en nombre de una ciudadanía que no había exigido nada al respecto a una campaña de búsqueda continua de sombras en esta formación. Han empezado a buscar pequeñas irregularidades para intentar igualarlas con las inmensas marañas de corrupción que afectan a los partidos profesionales,  les han destacado los charcos ideológicos -que tienen, unos cuantos- para equilibrar las inmensas lagunas que las dos ideologías mayoritarias tienen en estos tiempos en el que el liberalismo capitalista esta boqueando a punto de morir por falta de evolución.
Y sobre todo han forzado a Podemos a presentar un programa electoral, un plan económico para tener algo a lo que atacar, que analizar hasta la más mínima coma, que criticar hasta la extenuación incluso en los puntos que comparte con otras formaciones políticas.
Y con la figura de su líder han hecho exactamente lo mismo. Primero le critican por su excesiva presencia en los medios y luego le clavan en la cruz de sus editoriales por ralentizar y demorar su exposición a la palestra pública.
Y es en ese momento cuando hacen la encuesta, cuando realizan el sondeo y consiguen su objetivo numérico, su dato. Consiguen que el PSOE esté por delante de Podemos y lo presentan como un fracaso de ese partido que no existía hace once meses y al que ahora quieren votar uno de cada cuatro españoles, según los datos de ese mismo sondeo.
Pero no paro de hacerme una pregunta ¿cual será la intención de voto después de que sometan a un escrutinio parecido a los programas electorales y económicos del PSOE y del PP?, ¿en que posición de valoración se encontraría su líder cuando Mariano Rajoy y Pedro Sánchez se nieguen no solo a ir al programa Hable con Ellas, sino a participar en un debate, a hacer una entrevista en un medio sin pactar las preguntas previamente o a responder a cualquier cuestión como hacen habitualmente?, ¿cuanta intención de voto le hará perder o recuperar a los grandes partidos esas actitudes tan comunes en las campañas electorales de toda la democracia española?
Lamentablemente, me temo que la respuesta es que van a perder muy poca intención de voto. Porque estos mismos medios no harán hincapié en esas actitudes políticas, no las pondrán en primera página ni dedicarán editoriales, artículos de opinión y reportajes de investigación a criticarlas y presentarlas como algo rechazable y síntoma de algo oscuro y oculto. Y no es que pretenda ser adivino. Es que creo recordar que nunca lo han hacho antes.
Alguien que tiene la mala costumbre de hacerme pensar dijo hace poco "a ver si empezamos a ver lo que hay detrás de ese señor -Pablo Iglesias-". 
Y no está mal que se vea, pero la pregunta que me provoca es ¿nos hemos parado a pensar por qué de repente es tan importante para todo el entramado político español que nos fijemos en las sombras que hay tras Podemos?, ¿Por qué es más importante lo que hay tras Pablo Iglesias que lo que Rajoy o Sánchez han puesto y mantienen abiertamente y sin pudor delante de nuestros ojos?
A lo mejor soy muy básico, pero la respuesta que se me viene a la cabeza, que no tiene porque ser la única, es muy sencilla: ni siquiera pretenden demostrar que Podemos es un partido estatalista totalitario ni que Pablo Iglesias es un melenudo megalómano hijo bastardo de Stalin. Lo único que quieren meter en la cabeza de los votantes de la izquierda cansados de la pasividad complaciente del PSOE y de los diez millones de votantes del PP que se encuentran sin referente ideológico tras el hundimiento de Génova, 13, es que Podemos es como todos los demás partidos, es más de lo mismo.
Quieren que pensemos que son como el resto, que son como ellos.
¿Nos vamos a resignar a la elección de "más vale malo conocido"? Nosotros mismos.

domingo, noviembre 30, 2014

La estrategia del falso desmontaje (II. Corrupción)

Aún no sé a quien voy a votar en las próximas elecciones (lo repito) pero sigue pareciéndome que ese falso, artero y recurrente "desmontaje" de la nueva formación política Podemos refleja más los vicios de nuestra política que los errores o zonas oscuras de esa formación.
Empecé por la economía y ahora sigo por el tema estrella que ha poblado las páginas de la prensa y los minutos de los informativos en los últimos años: La corrupción.
De repente, los partidos que han ejercido con los sufragios de los españoles -no lo olvidemos-  el ejercicio de alternancia y cesantías propio de Cánovas y Sagasta, se lanzan a través de sus medios de comunicación y propaganda a buscar y rebuscar algo en lo más profundo del desconocido pasado de Pablo Iglesias y todo el entorno político de la nueva formación que huela de lejos,aunque sea de lejos a corrupción.
Más allá de lo ridículo de las cifras que manejan, obviando el hecho, ya de por sí relevante, de que un incumplimiento de contrato -el supuesto de Errejón- no es equiparable a un delito de tráfico de influencias, de financiación ilegal o de evasión fiscal-, llaman la atención de nuevo que se cambian las reglas del desmontaje, de la crítica continua a Podemos.
Ya no se les acusa de no ser concretos en sus medidas contra la corrupción. Se desecha esa linea de argumentación porque los primeros que no son concretos son los que señalan con el dedo la supuesta corrupción incipiente en esa formación
Porque su ley de Transparencia languidece en los pasillos del congreso sin ser puesta en marcha y siendo propuesta una y otra vez como si fuera nueva, porque los ministros, los presidentes autonómicos y los altos cargos van apareciendo día tras día inmersos en tramas corruptas y nadie saca adelante una medida concreta, un decreto ley, una propuesta de ley que haga que eso pare o no vuelva a repetirse.
Los argumentos cambian dramáticamente. Ya no se exige concreción en las medidas o un programa específico y desarrollado sobre cómo luchará Podemos contra la corrupción política. Eso deja de importar porque empieza a no ser conveniente ahondar en esa línea de argumentación.
Ahora se pide ejemplaridad e inmediatez en la respuesta a las acusaciones. Porque si Iglesias y su ejecutiva no ofrece la cabeza de Errejón en una bandeja de plata a sus votantes solamente porque sus rivales políticos le acusan de una apariencia de incorrección entonces su discurso sobre la corrupción, su oposición frontal a la misma será papel mojado.
De nuevo un silogismo imperfecto, una premisa falsa. Una trampa argumentativa. Un cambio de la realidad para justificar una posición injustificable.
De repente hacen desaparecer del horizonte de nuestra realidad al juez Ruz, a la jueza Ayala y a todos los tribunales, fiscales anti corrupción del país que mantienen multitud de procesos contra la corrupción en España. 
Nuevamente actúan como si viviéramos en una una realidad política exenta de corrupción donde se pudiera exigir que la mínima apariencia de incorrección pudiera abocarte al fracaso político y al rechazo social.
Exigen una urgencia que ellos no han aplicado, una ejemplaridad que ellos no han mantenido. Exigen que, sin pruebas, sin imputación judicial alguna, sin investigación judicial previa, sin nada de todo lo que las formaciones políticas han ignorado a lo largo de décadas, manteniendo a sus integrantes en sus cargos públicos, Podemos de ejemplo de transparencia y compromiso contra el enriquecimiento político ilícito.
Pretenden que la historia de la lucha contra la corrupción empiece con el último en llegar no con los que la han alentado, permitido y ocultado durante toda la historia de la democracia española.
Pero la trampa argumentativa, aunque con explicaciones diferentes, es la misma que con los aspectos económicos.
Si Podemos apartara a Errejón de su ejecutiva cediendo a sus presiones, entonces se lanzarían sobre el nuevo partido tremolando sus banderas y haciendo gritar a sus voceros "Veis, son unos corruptos, no confiéis en ellos". El mismo círculo cerrado y de salida imposible en el que nada de lo que haga Podemos es aceptado.
Y si nos paramos a pensar y a preguntarnos qué buscan con ello, creo que la estrategia se transforma en algo más repugnante y torticero todavía.
Lo único que buscan es robarle la esperanza de un cambio a la sociedad española -a través de Podemos o de cualquier otra formación política-. Lo único que buscan es decirnos que toda formación política va a ser corrupta y que nos resignemos a no tener en cuenta ese aspecto a la hora de emitir nuestro sufragio.
Curioso, ¿verdad?
Y todavía queda una.
Vuelvo a repetirlo antes de seguir: No sé a quién voy a votar en las próximas Elecciones Generales (los mantras es lo que tienen, que se repiten para que queden claros, lo siento)

La estrategia del falso desmontaje (I. Economía)

Aún no he decidido a quién voy a votar en las próximas elecciones.
Los digo para que conste. Para que nadie pretenda definirme por la formación a la que voto o dejo de votar. Lo dejo por escrito para que nadie pueda eludir la reflexión anticipando en mi un voto que yo todavía desconozco.
Para ser más claro: No sé si voy a votar a Podemos, al PSOE, a UPyD, a Equo, a CiU, a PP o cualquier otro partido en las próximas elecciones Generales. Y no lo sé porque solo conozco una parte del programa económico y social de una de las formaciones (Podemos) y las pinceladas más básicas del programa social de otro (PSOE). No voy a decidir mi voto antes de conocer lo que pretenden hacer con mi sociedad y mi país aquellos que aspiran a gobernarnos. 
Eso no se hace, no es serio ¿o sí?
Pues bien, dicho esto, voy a decir lo que me parece el pretendido desmontaje de Podemos que formaciones políticas y medios de comunicación están haciendo.
Porque eso no es defender Podemos, no es pedir el voto para la formación de Pablo Iglesias, es simplemente denunciar uno de los vicios más repugnantes a los que se han lanzado nuestros gobernantes, sus portavoces, sus voceros y sus medios de comunicación y propaganda.
Es el ejercicio de influencia torticera más artero desde el escándalo Dreyffus, desde, literalmente, el incendio de Reichstag.
Y voy a empezar por la Economía. Que parece que todo empieza siempre por la economía.
Se fuerza a Podemos a través de la presión mediática a presentar un programa económico y Podemos lo presenta. 
Quizás sea un error por su parte porque nadie tiene derecho a forzarle los ritmos a una formación política. Se tira de la típica frase que utilizan los medios cuando quieren justificar una insistencia injustificada: "la gente tiene derecho a saber".
Puede que sea cierto. Pero si llega el día de las Elecciones Generales y la gente -y me pienso como ejemplo de gente en este caso- no ve cumplimentado ese derecho porque Podemos no ha presentado su programa económico, sencillamente no le votará. O al menos eso debería hacer.
Pero, sea como sea, Podemos presenta su programa económico. Puede ser débil o fuerte, complejo o sencillo, básico o rebuscado. Puede ser lo que sea. En realidad no importa. Lo que importa es la actitud de los partidos políticos con respecto a él.
Los que antes de presentarlo, acusaban al nuevo partido de no ser concreto ahora le acusan de ser radical pese a que ellos comienzan a lanzar pinceladas del propio que son absolutamente idénticas a las de la formación de nuevo cuño: Banca pública, aumento de las rentas básicas, control de la contribución impositiva de las grandes empresas, aumento de la carga fiscal sobre las grandes fortunas.
Los que antes le acusaban de estatalista y casi totalitario ahora le echan en cara que se ha colocado en la realidad, que han descendido más a ella y que se han vuelto "social demócratas" -ignorando el hecho de que la formación nunca ha dicho que no lo fuera-.
¿Cual es el vicio, cual es la influencia artera que pretenden ejercer sobre las audiencias, los públicos, los lectores y los votantes? 
Pues muy simple: nada de lo que hace Podemos vale o puede valer. Nada de lo que dice o argumenta su programa económico puede servir.
Parémonos a pensar. 
Los que antes de que existiera ese documento criticaban la falta de concreción ahora deberían estar contentos porque se ha concretado; los que antes acusaban a Podemos de utopía económica ahora deberían estar contentos porque haya puesto los pies en la tierra y haya matizado medidas irrealizables; los que se quejaban de que era una economía estatalista y totalitaria, deberían sentirse satisfechos de que ahora hubieran "introducido" la social democracia en sus conceptos.
Pero no. Aquello que, antes de la existencia del programa económico de Podemos, era deseable se transforma repentinamente en nuevo motivo de crítica. Lo que antes parecía que se buscaba ahora se rechaza. Donde dije digo, digo Diego.
Se crea un círculo del que es imposible salir porque se haga lo que se haga se criticará, porque los detractores cambiaran todas las veces que se quiera de posición ideológica, formal y material, con tal de mantenerse en la furibunda crítica a Podemos.
La forma típica de hacer política en España y prácticamente en todo el Occidente Atlántico, vamos.
Y luego está la otra trampa, la estrategia comunicativa que se basa en las sesudas reflexiones económicas que los medios de uno y otro sesgo político. 
Más allá de que se haga analizar a la formación a catedráticos que mantienen un resquemor personal contra Iglesias y sus colaboradores desde el albor de los tiempos, la conclusión final de todos los análisis parece ser que ese programa "nos conduce al abismo", "solo consigue igualarnos en la pobreza".
A lo mejor podría ser verdad. Pero esa trampa argumentativa más zafia desde la invención en los albores de la filosofía del falso silogismo. De hecho, se me antoja un falso silogismo en estado puro.
Altera la premisa de nuestra realidad económica para lograr la apariencia de desastre que quieren dar a nuestro futuro con Podemos en el horizonte.
El programa de Podemos no puede conducirnos al abismo porque ya estamos en el abismo económico. Si dijeran que "nos mantendrá en el abismo" podrían tener razón. Pero eso sería reconocer que ellos nos han conducido a es abismo.
Ya han tenido que rescatar a nuestra banca, ya la deuda se come prácticamente todo nuestro PIB, ya somos incapaces de generar empleo, ya somos incapaces de cumplir nuestros propios objetivos de Déficit, ya estamos sufriendo una destrucción rampante del tejido empresarial del país, ya tenemos un millón de familias sin recursos, dos millones de niños subsistiendo bajo el umbral de la pobreza...
Ya estamos en el abismo. Podemos y su programa económico no puede conducirnos a donde ya estamos.
Lo de la "igualdad en la pobreza" casi provocaría risa si no diera asco. El actual gobierno -corrigiendo y aumentando el camino que inició el anterior- es lo que está haciendo. Han puesto en marcha una reforma laboral que pretende lograr la creación de empleo a fuerza de precarizarlo, a fuerza de dividir lo que ahora es un solo salario entre varios puestos de trabajo, de convertirnos en mano de obra más barata para que las multinacionales y transnacionales vean en nuestro territorio un destino de asentamiento tan atractivo como China, Bangladesh o India.
Han decidido que la forma de que todos tengamos trabajo es que todos seamos más pobres, todos vivamos al día, todos seamos incapaces de proyectarnos más allá de nuestros 700 euros mensuales de salario. 
En todo caso la crítica al programa económico de Podemos tendría que ser que "no nos sacará del camino de igualar en la pobreza" que los actuales y pretéritos gobiernos han comenzado.
Así que, tal y como yo lo veo, el desmontaje económico de Podemos no va en realidad de Podemos. Lo único que consigue es demostrar cómo son y cómo actúan los que hasta ahora se han distribuido el gobierno de este país.
Y hay más...
Pero por si acaso lo repetiré antes de continuar en otro post: Aún no he decidido a quién votar en las próximas Elecciones Generales.

martes, noviembre 18, 2014

¡Programa, programa...descarte!


¡Programa, programa, programa!
Ese, famoso para algunos, mantra que otros tiempos recitara el califa Julio Anguita se repite una y otra vez en los diarios, los informativos, las tertulias políticas y todos los medios de comunicación. Pero lo curioso de esta letanía renacida es que siempre va referida al mismo partido, a la misma formación política. A Podemos, claro.
Y uno se pregunta cual es el motivo de tanta insistencia mediática en algo que generalmente no suele importarle demasiado a los medios, en un concepto que se desempolva un mes antes de las elecciones y por el que se pasa de largo generalmente hasta un par de días antes de los comicios.
Todos se han lanzado a preguntarle, inquirirle y hasta exigirle a Podemos que aclare su programa electoral. Pero resulta curioso que nadie persiga al reciente nuevo inquilino de la Secretaría General del PSOE al grito de ¡Programa, programa, programa!, que nadie acose a la secretaria general Cospedal en su bastión de Génova, 13 con el mismo manta programático, que nadie acuda al dignamente dimitido Cayo Lara para exigirle que presente el programa de IU.
Podemos tiene que presentar ahora un programa electoral pero los demás no. El resto de las formaciones políticas no son bombardeadas por los medios con análisis sobre su falta de programa aunque ninguna de ellas, desde UPyD hasta el PP desde IU hasta el PSOE han hecho mención alguna en los últimos tiempos a ellos.
Y cuando uno intenta encontrar una respuesta le llega otra a la cabeza. 
Los medios de comunicación, tan politizados y dependientes de los partidos actuales que ya no merece la pena reseñarlo, creen estar poniendo en un compromiso a Pablo Iglesias intentando acorralarle sobre su programa de gobierno, creen estar haciendo un favor a las formaciones ideológicas que los controlan al sacar a la luz que el programa electoral de Podemos está en mantillas o a medio construir.
Pero en realidad parece que están haciendo todo lo contrario. 
Da la impresión de que están sellando el ocaso definitivo de las formaciones políticas cuya ideología comparten y de la que son órganos casi oficiales de difusión.
Porque creo que nadie le pregunta al PSOE su programa porque ya sabemos cual es y que no funcionó. Porque nadie le pregunta al PP cual es su programa electoral porque todos sabemos que no lo tiene, acuciado por las fintas defensivas a las que le obligan los ataques de su corrupción interna y la economía externa, y que lo incumplirá en cuanto le venga bien.
En realidad parece que el único programa político que importa es el de Podemos porque en realidad es el único que podemos creernos. Y en mi opinión no nos lo podemos creer porque sea viable o no, porque sea revolucionario o no. Nos lo podemos creer -aunque algunas o muchas cosas no nos gusten- porque todavía no lo han incumplido, porque todavía no lo han dejado aparcado para pensar en otras cosas.
Me temo que cada vez que un periodista le pregunta a Pablo Iglesias por su programa y deja pasar de largo a Rajoy, Rosa Diez, Pedro Sánchez o el que sea el sucesor de Cayo Lara sin hacerle la misma pregunta no está haciéndoles un favor a los que les concede el beneficio del silencio. Está afirmando ante cualquiera que quiera escucharle en clave política que los otros programas son irrelevantes, que no merece la pena hablar de ellos porque los partidos que los han elaborado ya han demostrado que no sirven o que no van a cumplirlos.
Están gritando sin darse cuenta que esos programas electorales y sus incumplimientos nos han llevado a donde estamos.
Alguien a quien quiero más allá de muchos límites mantiene que prefiere vivir por elección que por descarte -y admiro ese principio aunque amenace con dejarme en la cuneta de sus afectos-. Esa máxima llevaba a la política podría ser la principal baza de Podemos y eso hace que todos teman su programa y quieran desmontarlo antes incluso de que sea redactado.
Podemos convierte otra vez el sufragio en una elección porque aún no nos han engañado y lo han incumplido, porque aún no lo han dejado aparcado para enriquecerse, porque aún no han fracasado al ponerlo en práctica.
Su programa aún es una elección de algo que puede ser bueno -eso siempre termina viéndose con el tiempo y no supone que yo vaya a votarlo-. El resto son descartes entre los menos malos. 

domingo, julio 20, 2014

Aguirre lanza boomerangs que regresan de pronto

Que Esperanza Aguirre se ha convertido en la añoranza de la canción de Ricky Martin, esa de "ya no sé lo que pensar si tu recuerdo me hace bien o me hace mal", es algo que ya casi no admite discusión. Sobre todo después de ver su intervención en La Sexta.
En ese debate con el omnipresente hoy por hoy Pablo Iglesias, la presidenta del Partido Popular madrileño ha dejado claro que lo suyo al abandonar la Presidencia de la Comunidad de Madríd fue una huida de bandolero con el botín del latrocinio y no una retirada de la política. Algo que ya barruntábamos pero ahora sabemos con certeza.
Pero lo mejor de esa intervención es que Tita Espe ha recurrido a su faceta más original: la de inventora. Ella, que ha inventado el título de "lideresa", la identidad femenina de Saramago y otra seríe de hechos de ficción, ahora ha inventado una nueva forma de debate político que se podría definir como La Suicida Estrategia del Boomerang.
Porque Esperanza Aguirre se sujeta a demasiados clavos ardiendo que le queman los dedos cada vez que intenta sujetarlos para arrojarlos contra Podemos y su lider. Intenta clavarlos en la credibilidad de una formación política que aún tiene que organizar y definir muchas cosas -al menos de forma pública- en su ideario.
Y la ancestral líder del PP olvida algo que convierte su estrategia dialéctica en el ya citado boomerang que vuelve para estrellarse contra su rostro: Podemos nunca ha gobernado y ella y el Partido Popular sí.
Debe ser la costumbre del bipartidismo de cesantías y alternancia en el que lleva medrando tanto tiempo lo que le hace caer en ese error pero va uno detrás de otro.
Empieza con lo suyo, lo que más le gusta: Exige a Pablo Iglesias que diga que ETA son Asesinos y después de algunos pases de pecho y finas verónicas el líder de Podemos afirma "Podemos condena toda actividad de ETA". Ahí debería acabar esa parte del debate.
Pero no, a Espe no le vale. Tienen que ser sus palabras exactas. 
Olvida ue el gobierno del que ella formaba parte intentó firmar una tregua y acercó presos etarras -aunque haya tardado casi una década en reconocerlo-, olvida que el Presidente del Gobierno del que ella formó parte se fue a Londrés a hablar en la BBC sobre el "Frente de Liberación de Euskadi". Podemos condena a ETA y ella no puede decir que no lo hace porque hay que creer en su palabra, ya que sus acciones degobierno aún no pueden desmentirle.
Y así con todo.
Ella dice que condena las dictaduras y el cabeza visible de Podemos le dice que también. Ella no puede decir que su adversario miente porque este aún no ha gobernado, no ha tenido ocasión de contradecir sus palabras con sus actos. 
Pero esa condena le vuelve en modo boomerang cuando alguien le lista una serie de acciones: sus viajes oficiales a China, sus contratos de colaboración con el Partido Comunista Chino, las ventas de armas al Gobierno Venezolano -que ahora parece el único régimen de tintes totalitarios del mundo-, sus acuerdos con el presidente colombiano Uribe cuando estaba siendo investigado por el Tribunal Penal Internacional.
Ella no cree que Podemos esté en contra de las dictaduras y, como buena cristiana, solo tiene su fe para guiarla porque Podemos aún o ha gobernado. Pero el resto del mundo, aquellos que hemos padecido y vivido su política y la de toda la corte genovesa que ahora habita en Moncloa, no necesitamos de la fe. Nosotros sabemos. 
Porque el PP ya ha gorbernado y ha hecho todas esas cosas. Ya ha definido con sus actos que le importan un carajo los derechos humanos y hace negocio con todas las dictaduras del mundo -salvo la de Castro- cuando le viene bien.
Y así sigue.
Hay que condenar a Maduro y el chavismo y el líder de Podemos no lo hace explicitamente. Pero ella no condena ni explicita ni explicitamente a las monarquías absolutas de Marruecos, Kuwait, Arabia Saudí, o Barehim con las que el Gobierno de su partido comercia, se fotografía y estrecha manos abiertamente; Podemos debe condenar a Fidel Castro y su sistemática violación de los derechos humanos, pero ella ignora que su partido no ha condenado la represión del régimen Sirio, el progromo palestino, las actividades paramilitares sufragadas por Uribe, las vejaciones de los estadounidenses en Abu Ghraib o Guantánamo y otra serie de violaciones sistemáticas de los mismos derechos de países a los que su gobierno considera perfectos socios comerciales e incluso aliados.
Le echa en cara a Pablo Iglesias que quiere nacionalizar los medios decomunicación cuando ella ya conviertió Telemadrid en una herramienta de Agitpro, cuando su partido ya transformó Canal 9 en un instrumento de propaganda política en Valencia y el Gobierno Nacional del PP está haciendo lo propio en Televisión Española.
Cada cosa de la que acusa al lider de Poemos de tener la intención de hacer le vuelve a las manos por el filo cortante del boomerang transformada en algo que ella ya ha hecho.
Acusa de recibir dinero de Maduro y los gobiernos del PP lo han recibido a espuertas a través de la venta de armas, le acusa de recibir dinero de la televisión pública iraní y el Gobierno del Partido Popular es el gobierno europeo que más negocios hace con el régimen de los Ayatolahs, le acusa de tener la intención de usar el dinero que recibe del Parlamento Europeo en financiar su programa y su partido cuando ella gobernaba Madrid ha permitido la fimra de más de un centenar de contratos de la trama Gürtel para financiar su campaña.
Y claro, quien ve los 33:05 segundos de debate solo puede hacerse una pregunta
¿Cómo puede Tita Espe intentar descreditar a Podemos por tener la intención según ella de hacer lo mismo que ella y todo su partido ya han demostrado que hacen cuando están en el gobierno?
Para rematar la faena, la anciana liberal recalcitrante que no lo es tanto desciende por fin al plano del debate político. Cuando le vuelven todos los boomerangs que lanza contra las intenciones de Iglesias en forma de actos flagrantes propios, tira de lo único que cree que la va a diferenciar: la eocnomía. 
Y hay que reconocer que ese es el punto débil de Podemos. Hay que reconocer que ese es el punto débil de cualquier partido político.
La señora condesa habla de la economía comunista, de las nacionalizaciones, de estalizaciones, de control público. Y dice que esa política trae miseria, pobreza y que está probado.
Y el último boomerang que arroja con la intención de cercenar la garganta de Podemos en pleno vuelo, le regresa ahora convertido en un arma de destrucción masiva de su propia ideología y de todos sus actos de gobierno.
Porque si la historia ha probado que ese sistema económico conduce a la pobreza, también la realidad presente prueba que el sistema liberal capitalista hace lo mismo.
Porque los seis millones de parados, la deuda del 98% del PIB, los 100.000 millones del rescate, el millón de familias bajo el umbral de la pobreza, los 600.000 hogares deshuciados, el tercio de niños que viven en riesgo de miseria, los 200.000 millones de fraude fiscal robados y escondidos en paraísos fiscales, la quiebra de los gobiernos autonómicos, la desindustrialización galopante, el quiebra de cien Pymes al día, la pérdida de poder adquisitivo, la precarización del mercado laboral, la exclusión social de la pobreza, el agujero negro de las entidades financieras y sus activos tóxicos... 
¡No son el resultado de una economía comunista estatalista, lo son de una economía del ibre mercado capitalista!
La miseria actual es producto del sistema que está probando que no sirve, que es exactamente igual de inutil que fueron los planes quinquenales de Stalin o la economía leninista programada.
Al final del debate le estalla en la cara la bomba de neutrones de que nuestra misería es complemente liberal capitlista y no tiene nada que ver con el comunismo cubano ni el estatalismo chavista, aunque estos sistemas también la originen
Así que, para terminar el debate al modo que lo empieza la señora Aguirre, repita conmigo Tita Espe palabra por palabra: "El liberal capitalismo genera más miseria que riqueza y está demostrado que está muerto y ha de yacer en su catafalco".
Y repita conmigo señor Iglesias: "Ningun sistema económico actual es plausible ni aplicable para bien de la población, hay que intentar inventar algo diferente". Seguro que podemos hacerlo.
Al segundo aún se le puede dar el beneficio de la duda, a la primera solo se le puede aplicar la condena de las pruebas irrefutables de sus actos.

jueves, julio 17, 2014

Tita Espe , la nueva musa del retuit contra Podemos

Existen gentes a quienes su soberbia no les deja contemplar su ridículo, les imposibilita observarse con los ojos de los demás y comprender que sobrepasan una y otra vez la línea de la vergüenza ajena.
Y sin duda el epítome de ese tipo de personaje es Esperanza Aguirre.
Disfrazada ahora de septuagenaria nada voluptuosa inocente y perseguida por las fuerzas del orden en búsqueda de relevancia, la presidenta del Partido Popular madrileño tira cual quinceañera de herramienta de nuestros tiempos, o sea de Twitter, y dispara a indiscreción. Contra Podemos, claro. Ahora el enemigo es Podemos.
"Puede ser muy cansado y aburrido tener que discutir argumentos tan simples y mentirosos como los de Podemos, pero hay que hacerlo", dice Tita Esperanza en su Twitter y resulta cuando menos sorprendente.
Puede que sea que ahora le sobra tiempo, puede que sea que el alejamiento del poder la hace aburrirse, puede que sea que la ex ministra de Cultura que descubrió la condición transexual de "Sara Mago" se encuentre cómoda encorsetada en los 140 caracteres de Twitter. 
Pero no deja de sorprender que ahora la "lideresa" descubre el gusto por la discusión argumentativa.
Ella, que se ha negado a discutir una década de política que ha llevado a Madrid a ser la Comunidad Autónoma más endeudada, que tiró de mayoría absoluta para evitar discutir sobre los manejos de la trama Gürtel en su Gobierno, ahora quiere discutir y argumentar.
Tita Espe quiere ahora hacer con Podemos lo que llevamos todos los madrileños intentando hacer con ella desde el albor de los tiempos de su Gobierno. Nosotros también nos cansamos de rebatir argumentos mentirosos en su privatización sanitaria hasta que los jueces nos dieron la razón; de contradecir sus modos de gestionar Bankia hasta que esta se convirtió en un agujero negro tapado con el dinero de todos, de intentar desmontar su destrucción de la Educación Pública que ahora ha dejado a miles de niños sin comedor, sin plaza en Educación Infantil y sin beca. 
Nosotros también nos aburrimos de intentar discutir sus simplezas neocon que han destruido la economía madrileña hasta crear un agujero financiero inasumible y un cementerio de pequeñas empresas.
Pero cuando ella estaba en el poder no le gustaba discutir, entonces no. Ahora, que esa discusión solamente le sirve para lograr retuits automáticos y favoritos en Twitter de mentes incapaces de pensar por su cuenta si recupera el gusto por la argumentación discusiva.
Pero lo más ridículo, lo más patético, es lo que aporta a esa discusión. Los argumentos con los rebate la "simpleza y mentira" de Podemos.
No hay ni una crítica al proyecto económico de la formación -bastante confuso a estas alturas, por cierto-, no hay ni una sola explicación de los motivos que le hacen oponerse a su propuesta política, social o legislativa.
Aporta tres argumentos sólidos e indiscutibles:
Podemos es ETA.- 
Ese gran clásico que utiliza el ala dura del PP cada vez que quiere deslegitimar a alguien. Ese razonamiento que lo único que demuestra es que el único simbionte político que ha tenido el PP para cosechar votos a lo largo de casi toda la democracia ha sido la banda de locos armados y que ahora se sienten desnudos sin ellos. Que se ha convertido en el único deudo de su muerte.
Y el argumento es tan sólido que cuando la denuncia por ello se apoya en frases como "ahora tendrán que demostrar si apoyan a ETA o no", ignorando el hecho de que la carga de prueba recae sobre ella, no sobre Podemos. Que será ella la que tendrá que demostrar la supuesta vinculación de Podemos y no la formación de Pablo Iglesias la ausencia de la misma. 
Y el otro sustento del primer argumento para rebatir a Podemos es todavía mejor "debería donar el dinero recaudado para sufragar su demanda a las Victimas del Terrorismo para demostrar que no está con ETA".
¿De verdad ese es un argumento?, ¿de verdad eso es rebatir lo que defiende la nueva formación? ¿de verdad ignora que nadie está obligado a demostrar que no está con ETA, sino que quien acusa está obligado a probarlo?
Los políticos no somos una casta.-
No defiende su política o su ideología, defiende su imagen, solamente su imagen. Esta es la segunda gran aportación al debate político discusivo contra Podemos. Y esta además la ejemplifica.
Como no es una casta pretende que tiene derecho a aparcar donde le da la gana, a huir de la policía y exigir que le lleven la multa a su casa, que tiene derecho a ampararse en su escolta para que la policía no haga su trabajo, a ignorar que la justicia la implica en la trama Gürtel, a dejar colocados a un buen puñado de familiares antes de abandonar su cargo, a hacer pasar el AVE por los terrenos de su familia para firmarles expropiaciones millonarias a terrenos que eran puro desierto.
Sus acciones la definen pero ella no es una casta.
Podemos son como los nazis.-
Ese es el más grande porque a la vez son nazis porque usan técnicas de propaganda de Goebbels, ella que ha convertido Telemadrid en una herramienta de Agitpro, ella que defiende el uso de la policía como la tristemente mítica Gestapo para controlar la ideología y la disensión , ella que está en la Ejecutiva de un partido que aplica uno por uno todos los principios informativos definidos por el Ministro de Propaganda nazi.
Y sobre todo ella, que tira de todos los que han sido su voceros, desde Hermann Terstch hasta Sánchez Dragó, para acusar a Podemos de todo lo contrario, de bolcheviques y estalinistas, mientras recomiendan -también en Twitter, por supuesto- la lectura de la biografía del más grande colaborador francés del III Reich, Pierre Laval o aseguran saber que Podemos tiene previsto matarles en cuanto lleguen al poder.
Si eso es lo que ella considera el esfuerzo discusivo de rebatir "argumentos tan simples y mentirosos como los de Podemos" es una auténtica suerte que lo haga en Twitter y solo disponga de 140 caracteres para intentarlo.
Podrá tener retuits, pero nunca tendrá razón.

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