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martes, noviembre 28, 2017

La falacia de la libertad y el respeto disfrazada de hoguera.

Sé que esto va a sonar raro viniendo de mi pero, con todos los duelos y quebrantos que se quiera, tengo que decir que la Conferencia Epicospal Española tiene razón.
La propuesta de Ley LGTBI que debatirá el Congreso es "inquisitorial".
La propuesta son cincuenta y ocho folios. Y cincuenta y siete y medio no tienen para mi ningún problema, más allá de que, como toda ley de este tipo, me parece redundante porque todos los derechos y prohibiciones ya están reflejados en un solo artículo de la Constitución Española. Pero toda la ley de desarrollo es parcialmente redundante.
Pero medio folio, un sólo párrafo, la convierte, en su actual redacción, en el producto legal más perverso desde la Ley de Convivencia Ciudadana de un tal Goobles en los años treinta del pasado siglo.
El artículo que posibilita "la destrucción, el decomiso o borrado de documentos, libros o artículos por medio de los cuales se haya cometido una infracción" es la defensa de la restitución de la Inquisición Española en su máxima expresión.
Y no voy a caer en el consabido "Y tú más" de recordar que la Iglesia Romana es precisamente la inventora de la Inquisición, ni tirar del fácil recurso de que ellos han hecho lo mismo, quemando libros, requisando obras de arte, imponiendo silencios a quienes han pensado de forma diferente a lo que estipulaba la ortodoxia de su doctrina en cada momento.
Puede que la Iglesia católica no tenga fuerza moral para denunciar procesos inquisitoriales, pero yo sí. Los que hemos trabajado junto al colectivo homosexual en aras del respeto, sí. Los que siempre hemos defendido su derecho a expresar su amor y su tendencia sexual como quisieran, sí.
Permitir que alguien requise y destruya libros o cualquier otra forma de expresión porque nos molesta que piensen así no es otra cosa que una dictadura ideológica y esta sociedad no debería ver un símbolo de progreso en sustituir un Tribunal del Santo Oficio y una Oficina Nacional de Censura por otras.
Y me da igual que los que dirijan esa inquisición censora piensen, exactamente igual que yo, que todo lo que la iglesia católica defiende sobre la homosexualidad son sinsentidos sin base científica ni sociológica ninguna.
Se puede prohibir que esos pensamientos o teorías aparezcan en libros de texto o se enseñen como verdad por un simple motivo. No lo son, no están demostradas ni probadas y es obligación de quienes las defienden argumentarlas y probarlas para que se consideren asumnibles y enseñables. 
No lo van a conseguir porque simplemente no es cierto. Los homosexuales no son "enfermos", ni "un cáncer social", ni el "origen de la depravación en el mundo", ni ninguna de las lindezas que los purpurados españoles dicen de ellos desde los púlpitos a quien quiera escucharles.
Y me parece adecuado multar e incluso encarcelar a quien llene las redes o los sermones de mensajes de odio, llamando a la "caza" de homosexuales o cualquier otro tipo de mensaje de odio.
Pero no es avanzado, ni de izquierdas, ni progresisita, ni democrático, ni nada que se le parezca prohibir tener ideas y expresarlas. 
Si alguien quiere escribir un libro con esas teorías y alguien se lo publica y alguien lo lee, será nuestra responsabilidad rebatir cada uno de esos argumentos con los nuestros, con hechos y con datos, para que quién lo lea se decuenta de que es una falacia o, como mínimo, una creencia personal del autor que nada tiene que ver con la realidad.
Pero decomisar, prohibir y destruir públicaciones es lo más parecido a la Congregación para la Pureza de la Doctrina o de la Fe preconciliar o a la Nationalsozialistischer Deutscher Studentenbund de la alemania de 1935.
Esa ley, por ese sólo párrafo, nos coloca en una tesitura insostenible de cambiar una Inquisicíón por otra, de sustituir el Santo Oficio por la Confederación Española de Gais Lesbianas, Transexuales -y todas las demás siglas que se van añadiendo con los años-.
No tienes derecho a destruir el pensamiento de otros simplemente porque no tengan razón, te moleste, te incomode o no sea como el tuyo.
No tienes derecho a adoctrinar. La Iglesia Católica no lo tiene, la FELGTB no lo tiene, el Gobierno no lo tiene y no lo tiene nadie.
Si los Gais y Lesbianas de este país no lo saben ver es que simplemente se han convertido en aquello que tanto desprecian, en el monstruo intransigente e inquisitorial contra el que han luchado muchos siglos con la ayuda de muchos que no deberíamos permitirles ahora poner de nuevo en práctica aquello que denostan.
Y la respuesta de Echenique a esta crítica me parece tan absurda y ridícula como las que podrían dar Torquemada o Goebbels. Mostrar músculo político y decir básicamente que haces lo que quieres,sin pararte a reflexionar en sus repercusiones éticas, "porque puedes" es simplemente decir que quien tenga más músculo político que tú puede hacer también lo que quiera "porque puede".
Si te expresas así, luego no te quejes si alguien declara que lo que tú piensas es malo, pernicioso o ilegal y te persigue por decirlo y defenderlo.
Sinceramente, le creía mucho más listo.
Así que es posible que Echenique debiera hacer no hacer tanto caso de Hoguera y su "Quizás algún hombre necesitó toda una vida para reunir varios de sus pensamientos, mientras contemplaba el mundo y su existencia y, entonces, me presenté yo y en dos minutos, ¡Zas! Todo liquidado" y sí más de Grupo, el otro personaje de la mítica novela de Ray Bradburi y su "no considero que sea sociable ni justo reunir a un grupo de gente y, después, no dejar que hablen".
Farenheit 451, una sociedad en la que, por cierto, también ha parecido la solución adecuada quemar libros. ¿Qué enseñan a esta gente en Ciencias Políticas?
Así que sí.Para mi la Conferencia Epicospal tendrá razón mientras persista ese artículo en la ley.
Al César lo que es del César. 

martes, noviembre 21, 2017

Ese simple y necesario ejercicio de verdadera democracia y auténtico feminismo

Hay pocas intervenciones, discursos, palabras, que permiten saber a ciencia cierta lo que se es y lo que no se es. Y esta intervención de Irene Montero en el Congreso de los Diputados es una de esas raras perlas.
Porque lo que se es o se deja de ser no se demuestra con lemas, con hastaghs, tremolando pancartas, carteles o banderas, no se demuestra repitiendo consignas como mantras ni dándele me gusta a un post en las redes sociales. Se demuestra con lo que das, con lo que haces.
No es de ahora, es de hace dos meses, pero quizas ahora esté mas vigente que nunca. Por de loque se habla y de lo que se deja de hablar.
Demostró lo que es el PP. No porque lo que dice o apoya, ni siquiera por lo que condena, deja de condenar o condena con la boca pequeña, como los deseos de muerte  e implantanción de un régimen nazi en Madrid de algunos policías municipales.
Mostró que el Partido Popular y su gobierno es totalitarista sencillamente por lo que hace y desctivo por fin ese recurso clásico del votante del PP que mantiene que se acusa a los populares de fascistas solamente porque son conservadores y capitalistas, o sea, lo que aquí se llama de derechas.
Pero no. Irene Montero realizó uno de los mejores exponentes parlamentarios de la ciencia de los porqués, ese arte, tan olvidado en nuestros entre lemas coreados y banderas, que consiste en explicar el motivo de nuestras afirmaciones.
Porque un gobierno que permite y alienta desde un ministerio que funcionarios públicos de la Seguridad del Estado investiguen, creen pruebas falsas e intoxiquen para conseguir sus objetivos politicos es totalitario, es fascista. Como lo fue la Oficina de Información de Goebbles con el Manifiesto de los Sabios de Sión y lo fue el KGB con la Agitpro en todas sus versiones.
Porque un Gobierno que se niega a negociar un asunto político -la situación de Catalunya en España- en aras de la ley se convierte en fascista cuando sí se sienta a negociar con otros, ignorando la ley porque sí les conviene: con los defraudadores porque son aliados suyos y les conviene -también es ilegal defraudar a Hacienda-; con las farmaceúticas para sacar de la cobertura de la Seguridad Social 1.000 medicamentos porque conviene a sus intereses.
Porque utilizar la ley, retorcerla o cambiarla en tu propio beneficio y en el de aquellos que apoyan tu permanencia en el poder es totalitario, es fascista. Como lo hiciera Hitler con la Ley que admidstiaba los delitos de arios cometidos contra judíos o lo hizo Stalín con la ley que declaró "actos revolucionarios" exentos de investigación las tropelías de los bolcheviques contra los mencheviques en el Octubre Rojo.
Porque un gobierno que se aviene a pagar con el dinero de todos las deudas de quienes les sostienen y prestan dinero, pero luego se niega a megociar con esos mismos bancos la aceptación de la dación en pago de las deudas hipotecarias solo para que mantengan sus ganancias y puedan seguir dándole dinero en perjuicio de muchos, es totalitario porque solo piensa en como sus tentar su poder, no en como ejercer un buen gobierno.
E intervenir un ayutamiento y no otro en idénticas o peores condiciones por estar gobernado por alguien de tu partido es totalitarista; y forzar la investigación financiera de unos patidos políticos y no del tuyo es totalirista, y, y, y...
Eso no es ser conservador, eso no es ser liberal capitalista. Eso no es ser de derechas. es simplemente ser totatalitario.
Y en esa intervención Montero demostró también lo que es ella.
Demostró más feminismo, más lucha por la mujer, que cualquier cartel, cualquier hashtag, cualquier campaña o manifestación. Demostró que ese empoderamiento, ese acceso al poder y a la representación de las mujeres ha de hacerse trabajando por todos, luchando por la mejorar global de la sociedad, no solo hablando y anteponiendo a todo los temas que el mismo feminismo llama "de la mujer".
Demostró que está dispuesta a defender a toda la sociedad, de enfrentarse al gobierno no solo por su machismo -que también lo hace cuando corresponde- sino por todo lo que perjudica desde su punto de vista a toda la sociedad, sean mujeres u hombres.
Envió, un mensaje casi sin querer, de que si solo te preocupas de lo tuyo, si aparcas el resto de la realidad y solo te centras en lo que te interesa, en lo que te beneficia, estás tan solo a un paso de transformarte en aquello de lo que acusas a tu rival. En totalitarista.
Porque lo tuyo importa y es prioritario y lo del resto no.
Así que recupero hoy esta intervención como bello ejercido de feminismo -aunque no nombre a la mujer ni una vez- y de sentido democrático antitotalirista.
Los y las de siempre a mi me lo criticarán por lo de siempre. Por rojo o por machista
Y los de siempre se lo criticarán a ella por lo de siempre
Los que se empeñan en defender a un gobierno totalitario y en el borde interior del fascismo por roja, podemita y la ya mítica financiación venezolana de Podemos con pruebas creadas ad hoc y rechazadas. Y los machistas porque dirán que está ahí porque esta buena y es pareja del líder del partido.
Y dará igual ignorar la verdad de sus palabras, una beca en Harvard rechazada o que sea mil veces más inteligente, mejor oradora y más demócrata que cualquiera de ellos.
Defender el totalitarismo es lo que tiene. Te obliga a pensar en término fascistas. 

miércoles, julio 12, 2017

Mayor Oreja y el sueño persistente del PP de ver los tanques en la calle

Lo bueno de tener irredimibles en tus filas es que no se bajan del burro. Ocurra lo ocurra, ellos siguen en sus trece y se convierten en un faro que siempre apunta al mismo sitio, a la esencia de aquello que ellos consideran lo esencial de la ideología. Lo malo es que te destrozan con una frase las más complejas y pensadas estrategias de manipulación social.
Dos semanas intentando vender esto del homenaje a Miguel Ángel Blanco como algo que refuerza la idea de juntos podemos conseguir cualquier cosa, enviando voceros a todas las tertulías para hablar de "puntos de inflexión social", de "decir basta al miedo" y de todo lo que se podía ocurrir para buscar una unidad social inexistente en torno a la figura de esta víctima de ETA y de pronto se le enciende la luz al irreductible, el obseso del control y la fuerza y te la echa por tierra con una sola frase.
"ETA sigue viva en Catalunya a través del procés soberanista de ruptura de España"
Y el gabinete de Comunicación del PP tirándose de los pelos en Génova 13, y los sueldos de todos los estrategas tirados a la basura. No porque no estén de acuerdo, no porque vaya en contra del mensaje que quieren difundir, sino porque toda una vagamente sutil y arteramente pergeñada estrategia de manipulación política y social ha sido puesta al descubierto.
Mayor Oreja, ¡cómo no! Allá donde se invoca la sombra de ETA siempre está Mayor Oreja.
Desde su retiro dorado o su celda acolchada en Bruselas -que nunca se tiene muy claro que papel cumplen en según que partido los destierros europeos- el adalid de la respuesta acorazada en las calles de Donosti a la Kale Borroka, desvela lo que algunos habían inferido, muchos sospechábamos y la inmensa mayoría probablemente no tenía ni idea.
Que todo esto de Miguel Angel Blanco y su homenaje es solo uno de los elementos de algo que nada tiene que ver ETA, ni con el terrorismo en Euskadi, ni con la memoria del asesinado Miguel Ángel Blanco.
Que todo va, como siempre en el último lustro de la política española, de la independencia de Catalunya.
Y ya no hay pancarta, ni memoria, ni ovación en el Congreso que pueda ocultar que el desmedido interés por la conmemoración de Miguel Ángel Blanco va también de eso.
Porque si el procés es ETA hay que reaccionar contra el Procés como contra ETA. Y si la forma de actuar contra ETA es la que se reivindica falsamente a través del homenaje a Miguel Ángel Blanco, eso supone que habrá que enviar a los cachorros a atacar las sedes de todo partido soberanista, independentista o nacionalista en Catalunya, que habrá que internar forzar que las fuerzas del orden, ya sean autonómicas o nacionales, les traten como criminales, que hay que intentar ilegalizar esa forma de pensamiento y decretar un delito ser independentista como se hizo con la infausta Ley de Partidos en Euskadi.
Vamos que hay que equiparar independentista con terrorista. Lo que siempre quiso y buscó el Partido Popular antes y después de Miguel Ángel Blanco.
Da igual que no haya violencia, es indiferente que el único conato terrorista del independentismo catalán, Terra Lliure, lleve décadas muerto y autoenterrado. El independentismo en sí mismo es ETA, es terrorismo.
Si a esto le sumamos a todo el carro de bueyes del sistema bipartidista, desde Aznar a Guerra, pasando por González, clamando por utilizar el artículo 155 de la Constitución para colocar Catalunya en un equivalente a un Estado de Excepción y a Dolores de Cospedal descolgándose también casualmente, como quien no quiere la cosa, con un ""por tierra, mar y aire, las Fuerzas Armadas y la Guardia Civil se encuentran donde haya que proteger los valores de la democracia y de la Constitución, pero también la integridad y soberanía"de España", parece que no hay duda.
No sé si al final se atreverán pero resulta más que evidente lo que están pensando. 
A lo mejor el irreductible Mayor Oreja ve por fin cumplido su sueño de ver tanques y las tropas en la calle, aunque no sea de Donosti y sí de Barcelona. 
Como ya ocurriera el 23F, en la Semana Trágica o en otros grandes momentos de "defensa de la democracia".
Y a lo peor los verdaderos patriotas nos vemos forzados a ir a una guerra antes de lo que pensábamos y no contra ese enemigo enfundado en negro y falso islam sino contra aquellos que nos fuerzan, como diría el liberal, nada comunista y padre de la patria estadounidense, Edward Abbey, a defender nuestro país en contra del Gobierno.
Aunque sea para defender el derecho de nuestros compatriotas a querer dejar de serlo.
Y entonces Mayor Oreja por fin será feliz.

domingo, junio 25, 2017

Francisco, la corrupción o deber decidir entre ser demócrata-cristiano o del PP

No pocos fanáticos de rado y sacristía, que diría el poeta, llevan ya unos años susurrando o gritando a quien quiera escucharles que es el anticristo y ahora estarán seguros de que tienen razón. 
Porque así, como quien en la cosa nada tiene que perder, el Papa Bergoglio se ha cargado en dos patadas la democracia cristiana tradicional europea. Bueno más bien la católica, que al cristianismo alemán -demócrata o no- lo que digan o dejen de decir el bueno de Francisco  y sus antecesores se la trae al pairo desde que Martín Lutero clavara sus tesis en las puertas de Wittenberg.
Para ser exactos, el pontífice argentino no se ha cargado la democracia cristiana. Se ha cargado sus excusas y lo ha hecho como suele hacerlo la iglesia romana, con toda pompa y circunstancia: ha decidido que será bueno excomulgar a los corruptos
Y así, de pronto, la democracia cristiana de toda Europa -pero sobre todo de España y de Italia- se queda sin parapeto, sin escudo tras el que refugiarse. No porque todos los demócrata cristianos sean corruptos ni porque todos los votantes demócrata cristianos les apoyen, sino simplemente porque ya no les sirve la excusa de que eso no tiene que ver con su cristianismo.
Desde que la democracia cristiana es democracia cristiana, allá por los años 30 del pasado siglo, sus dirigentes, sus partidos y sus votantes han vinculado toda la acción política que deriva de su ideario cristiano a lo de siempre: todo aquello que ocurre debajo del ombligo y sobre las rodillas.
Se han metido en la tendencia sexual de los ciudadanos, en cómo deben tener y no tener los hijos, en qué familias deben ser protegidas o no, dependiendo siempre, eso sí, de cómo y con quien practican sexo los adultos que forman esas familias... Como mucho han hecho incursiones en materia y política educativa para garantizarse una base estatal de proselitismo a sus ideas.
Desde los púlpitos y los atriles de los mítines electorales, los líderes religiosos y políticos les decían que esto lo debían hacer porque desde su condición de cristianos habían de defender los valores que la Iglesia Romana propagaba. 
Y hacían ver que todo lo demás no tenía que ver con Dios ni con el irreverente galileo que se atrevió a llamarse hijo suyo. Por eso y solamente por eso se movilizaban, se manifestaban y se enfrentaban al voto cuando llegaba el momento de las urnas.
Ahora, de repente, si, amparado en tus creencias cristianas, sales a la calle para solicitar que el Estado pague la educación religiosa en los colegios, si te manifiestas contra el aborto o si haces misas multitudinarias para defender un concepto concreto de familia porque quieres que sea el protegido y el imperante en tu sociedad, vas a tener que condenar públicamente a los corrupción y no apoyarla.
Ahora Bergoglio cambia el paso de ese vals bailado desde siempre entre la creencia y la ideología política y dice que ser cristiano es estar en contra de la corrupción política. Es más, dice que si eres corrupto no puedes ser cristiano.
Han tenido que pasar casi 1000 años y 110 papas, desde que el bueno de Gregorio VII, allá por el 1076, acabara con la Guerra de las Investiduras prohibiendo las simonías, para que alguien les recuerde a los cristianos que la corrupción, que beneficiarse del poder, es un pecado.
Lo cual es curioso, porque en los cuatro evangelios no hay una sola referencia del bueno de Joshua a las tendencias sexuales, ni a práctica íntima ninguna -salvo algo que solamente puede interpretarse como un sucinto "no os vayáis de putas"-, ni a la procreación masiva, ni a la enseñanza de la religión en los colegios, ni al tipo de familia preferido por su dios.
Pero si hay unas cuantas al mal gobierno, a la separación iglesia estado o directamente al nuevo pecado merecedor de excomunión: la corrupción. Acordémonos de aquello de "Dale al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" o ese épico momento de expulsar a los mercaderes del templo por comerciar, engañar en el peso y el cambio -y eso es bastante corrupto, me temo-.
¡Ah y quien tenga dudas debería acordarse de Zaqueo! Sí, venga tirad de catecismo. Ese recaudador de impuestos del evangelio de Lucas que se había enriquecido defraudando a lo que hoy llamaríamos contribuyentes y la pena que asumió en su arrepentimiento "daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruple". 
En fin, que los votantes de la democracia cristiana española -sobre todo los de la española- llevan años, más bien décadas, refugiándose en sus valores cristianos cada vez que alguien les pregunta, entre la sorpresa y la más absoluta incomprensión, cómo pueden seguir dando su voto a un partido lacrado y lastrado por la corrupción en todos los niveles.
Porque claro, sus valores hacen referencia al aborto, a la familia cristiana, a la enseñanza de la religión en los colegios, a las prácticas y tendencias sexuales y no a la corrupción, el nepotismo o el enriquecimiento ilícito.
Ahora Bergoglio les quita esa muleta, esa excusa para mirar a otro lado y seguir apoyando a corruptos, al poner con la excomunión la corrupción a la altura de la herejía, la apostasía, el genocidio o el cisma, algo con lo que desde luego no se castiga ni el aborto, ni el embarazo fuera del matrimonio, ni tendencia sexual alguna, ni, por supuesto, no enseñar religión en los colegios. Y encima lo hace cuando esta excusa había alcanzado ya forma tuitera en la ya repetida hasta la extenuación frase de "prefiero votar a ladrones que a comunistas".
Pues va a ser que Roma, el catolicismo y su pontífice ya no van a tragar con eso. 
Es de imaginar que seguirán haciéndolo pero ya no podrán poner a su dios, su religión y sus valores de excusa. Para su dios y su vicario importa más que te apropies del dinero de todos, que te beneficies egoistamente del cargo y del poder que que pases por la vicaria antes de casarte, que utilices condón o que te acuestes con alguien de tu sexo.
Ellos decidían si quieren ser realmente demócratas y cristianos o solamente quieren ser del PP.

jueves, junio 22, 2017

Ese fuego de artificio de que la democracia no liberal no es democracia.

La cosa se está volviendo ya de mascletá. Hace tiempo que ya era de traca, pero lo de ahora ya es de los fuegos artificiales del 4 cuatro de julio.
Empiezas a leer la entrevista a Macron, al que al menos hay que reconocerle que tenga valor de hablar después del crecimiento repentino de enanos corrompidos que ha tenido en estos últimos días y no se esconda tras un monitor de plasma como hicieron otros. En fin, que cuando vas por la cuarta linea, el presidente francés hace referencia a las democracias "no liberales" y tú piensas: "por fin alguien tira del concepto. Alguien ha entendido que no ser liberal (teoría económica), no significa no ser demócrata (sistema político de representación)".
Debe ser que los señores de El País -ya casi ni me atrevo a llamarles periodistas-  piensan que no tenemos claro lo que es la democracia no liberal porque incluyen un enlace para explicarnos el concepto.
Y cuando pinchas en él no te conducen a un sesudo y enjundioso artículo de algún catedrático de ciencias políticas -¡Uy, lo siento, que los catedráticos de ciencias políticas no saben de política!-, te encaminan a una serie de reflexiones de José María Maravall sobre los populismos en el que deja claro que: "en sociedades grandes y complejas, con intereses heterogéneos, la única democracia posible es la representativa; el vínculo directo entre gobernantes y “pueblo” no es democrático. Los representantes deben dar siempre cuenta de sus decisiones".
Más allá de las críticas que se puedan hacer a estas afirmaciones de alguien que por lo menos es sociólogo, además de ex ministro socialista -que eso también cuenta-, lo que me hace encender las mechas de los petardos y prepararme para la mascletá es el hecho de que cuando Macron habla de democracia no liberal, los señores de El País lo vinculan al concepto de democracia directa.
Comienzan los fuegos de artificio a todo lo que da.
¿Qué tiene que ver el concepto de liberal con el de representación directa?, ¿no se puede tener una democracia no liberal y representativa a la vez?, ¿por qué El País une a través de un enlace virtual "democracia no liberal" con "democracia directa o no representativa"?
Y aquí es donde los petardos, los cohetes y las bengalas estallan todas a la vez para componer de forma luminosa en los cielos las palabra manipulación.
Porque ese es el principal engaño que nos pretenden vender desde que surgieran nuevos partidos en toda Europa que, desde una ideología u otra, cuestionaran el sistema económico imperante: que no puede haber democracia sin un sistema económico liberal capitalista.
Y eso es una mentira como un templo.
El sistema económico no tiene nada que ver con el sistema de representación política; controlar los mercados, regularizarlos e incluso -siento pronunciar el anatema- controlarlos, no va en contra de la representación democrática ni en contra de la libertad.
Establecer un sistema económico en el que se impida la especulación con las fuentes de energía, las materias primas básicas o los bienes y servicios sociales, no afecta en nada a la soberanía popular o al sistema de representación o de elección del gobierno.
Y voy más allá. Legislar sobre la distribución y el reparto de los beneficios empresariales, sobre la cuantía y distribución de las plusvalías, sobre el límite máximo de los rendimientos y beneficios financieros no atenta en nada contra la democracia, sea representativa o no, sea directa o indirecta.
¿Pueden defender ese sistema económico liberal, aunque ya haya muerto y revivido cien veces para volver a morir, dejando a millones de personas en el camino para beneficio siempre de los que se encuentran en los mismos nichos sociales del sistema? Por supuesto que sí. Este es país democrático.

¿Pueden manipular, engañar y hacernos creer que dos conceptos que nada tienen que ver son indisolubles, creando un miedo irracional a la perdida de libertad y aprovechando terrores atávicos para acusar de antidemócratas a los que no aceptan un sistema económico que a ellos les beneficia? Sí, por supuesto que pueden. Pero deberían recordar que este es un país demócrata.
Vamos, resumiendo, que, por más que se empeñen, no ser liberal capitalista no supone no ser demócrata.
Pero eso es lo que están empeñados en hacernos creer aquellos que en realidad no están defendiendo el sistema democrático, sino el sistema económico liberal capitalista y no porque suponga un mayor grado de libertad y capacidad de decisión para los ciudadanos, sino simplemente porque beneficia la posición de sus empresas y su acceso a la riqueza a través de los beneficios empresariales y financieros.
Por eso cuando Macron habla de "las democracias occidentales, que se construyeron en el siglo XVIII sobre un equilibrio ínedito entre la defensa de las libertades individuales, la democracia política y la creación de las economías de mercado", dejando claro que es un modelo de democracia, no el único posible, y que la creación de economías de mercado es solamente un factor de las mismas, ellos lo enlazan con unas reflexiones sociológicas de Maravall que habla sobre perdida de la democracia, imposibilidad de la democracia directa y caudillaje fascista, en un intento desesperado de propagar la falsa idea de que el cambio del sistema económico liberal capitalista nos ha de llevar necesariamente a una dictadura en la que se pierda la libertad y la democracia.
Nadie debería creerles, pero lo hacen. Debería ser imposible que alguien cayera en tan burda manipulación, que mezcla dos conceptos que nada tienen que ver, pero caen y lo repiten una y otra vez como un axioma incontestable.
Y no reparan o no quieren reparar en el hecho más simple y sencillo que anula esa teoría. El cambio de sistema económico no puede ser antidemocrático si lo decide o apoya democráticamente la mayoría de la población.

jueves, junio 08, 2017

May o perder Gran Bretaña a manos del falso califato

Un ataque al parlamento iraní en Teherán, un hombre que persigue a martillazos a un policía por las calles de París. Esos antagonistas que apenas comprendemos que se disfrazan bajo los eslóganes fanáticos del falso califato siguen pulsando nuestra teclas, tensando nuestras cuerdas y nosotros seguimos en lo nuestro. Respondiendo como instrumentos bien afinados que tan solo saben interpretar una melodía
Como actores autómatas con un guión programado en nuestras entrañas robóticas, seguimos desgranando uno tras otros los episodios de nuestro drama hacia un final anticipado y que nuestra ceguera nos impide ver o nuestra inconsciencia reconocer.
Durante semanas los locos enfervorecidos por el odio religioso han cargado contra Gran Bretaña como un ariete picto contra la muralla de Adriano: Londres, Manchester, otra vez Londres...
Cualquiera puede ver lo que quieren, cualquiera se da cuenta que las elecciones británicas son el objetivo perfecto, como antes lo hicieran en las francesas, como tiempo atrás lo intentaran en las españolas en el aciago 11M.
Quieren un enemigo fuerte, tan radicalizado como ellos. Y nosotros se lo damos, se lo ponemos en bandeja.
Francia estuvo a punto de hacerlo con Le Penn, aunque la segunda vuelta de las presidenciales galas dio un respiro a la cordura de un país que también había sido sometido previamente a un baño de sangre que no se recordaba en las calles de París casi desde el Periodo del Terror jacobino.
España hace mucho tiempo, cuando la furia sanguinaria aún respondía al nombre de Al Qaeda, estuvo a punto de dárselo si la mala gestión informativa -por no decir directamente las mentiras y las manipulaciones informativas- del gobierno de entonces, acuciado por su necesidad ideológica del enemigo interior nacionalista e independentista, no hubiera llevado el voto hacia el otro espectro electoral.
Y ahora Gran Bretaña se lo pone en bandeja. Teresa May, que piensa en el Brexit, en sus escaños conservadores, en los millones que le puede ahorrar o costar a sus empresas, dice lo que todos los dirigentes del Falso Califato terrorista estaban esperando oír.
Hay que ser más firmes contra el terrorismo "Si nuestras leyes de derechos humanos nos lo impiden, cambiaremos las leyes para poder hacerlo”.
Y los enemigos, los que mantienen esa guerra en mil frentes que nosotros apenas comprendemos porque seguimos empeñados en fijarnos solamente en el fanatismo de los ejecutores en lugar de en los objetivos de los planificadores, dan palmas con las orejas.
Todo movimiento basado en el fanatismo necesita un enemigo fuerte, comprometido en el uso de la fuerza extrema contra él. Lo necesita porque eso le genera más reclutas, más mártires, más combatientes desesperados, más mensajes demagógicos de injusticia -sean ciertos o falsos-, en definitiva, más carne de cañón para su guerra y más retórica barata para su propaganda.
Por eso atacan a Irán o a Turquía, regímenes nada sospechosos de tener reparos éticos a la hora de ejercer la represión; por eso combaten en Yemen o atentan en Arabia Saudí. Y por eso la emprenden a atentados antes de las elecciones francesas o británicas.
Si los hijos de Albión, atenazados por el miedo, votan a May para que cumpla sus promesas de restringir derechos humanos para lograr seguridad, iniciarán un camino que aunque crean que les llevará a sentirse a salvo tan solo significará abrir la puerta a una situación en la que luego les resultará muy difícil recuperar los derechos cedidos.
Porque igual que ocurre en Siria, en Irak, en Afganistán, en Turquía y a partir de ahora con toda seguridad en Irán, en pocos años tendremos que enfrentarnos a dos enemigos: el terrorismo y la represión antiterrorista. Los dos en nuestras calles, los dos en nuestras casas, los dos asediándolos. Y eso es algo que ninguna sociedad civil puede soportar.
La promesa electoral de May demuestra que el Occidente Atlántico ha perdido la capacidad creativa para la solución de problemas, el pensamiento analítico y transversal.
Hemos convertido al terrorismo en una especie de enemigo ex machina ante el que solo cabe una respuesta posible: la fuerza, más intensa y constante que la suya.
Y todo porque no queremos enfrentarnos al hecho de que la forma de desmantelar a ese enemigo, de dejarle sin huestes ni recursos, radica en la economía, en la esencia más profunda de la organización económica del mundo y no en el islam, el fanatismo o la locura.
Y la economía, con Brexit o sin Brexit, es algo que no queremos tocar.
Preferimos caer en el fuego cruzado entre el Falso Califato y Teresa May disfrazada de Adam Sutler -el mítico Líder de V de Vendetta- que renunciar a un sistema económico que basa nuestro bienestar en la vida misérrima de tres cuartas partes del planeta.
Si la promesa de cambiar libertad por seguridad de May activa los sufragios de los votantes ingleses y le da la victoria, habremos perdido Gran Bretaña como, tras la elección de Donald Trump, estamos a punto de perder Estados Unidos.
¡Inglaterra prevalece!

domingo, marzo 26, 2017

Sesgo cognitivo: la dolencia del fanático occidental

Sesgo cognitivo.
Dicho así, a bote pronto, sin anestesia ni nada, hasta parece una de esas enfermedades raras que de vez en cuando asaltan las páginas de los periódicos o las páginas web de noticias. 
Pero no es nada de eso. Es una justificación buscada a  toda prisa para tratar de justificar algo injustificable.
Una mujer con un chador pasa por delante de los heridos de los atentados de Lóndres en Westminster. Es fotografiada como otros muchos, no se detiene como otros muchos. Y esa instantanea es utilizada para clamar contra los musulmanes, para avivar el odio. Para crear ese "ellos o nosotros" que pretende sustituir a la única división justa que debería haber en esta guerra infinita que tenemos encima. "Todos o ninguno".
Y lo peor no es que usen esa foto con ese fin unos millares de arrogantes mezquinos sin cerebro que no tienen ni idea de lo que es la patria por más que se la lleven una y otra vez a la boca y al pecho. Lo peor es que hay medios que, fingiendo denunciarlo, lo asumen; que, aparentando explicarlo, lo justifican.
Y aquí entra en escena el sintagma en cuestión. Eso del sesgo cognitivo.
Han recuperado un concepto antiguo, casi arcaico, de cuando la psicología mantenia que no era bueno decir al paciente que era estúpido aunque ese fuera su único problema, y tiran de él para venir a decir: "No son islamófobos, no pueden evitarlo. Tienen sesgo cognitivo".
Nosotros, ese "nosotros" que los que padecen el sesgo cognitivo utilizan, ¿somos los buenos occidentales atlánticos, preferiblemente blancos y con toda seguridad cristianos, que nos preocupamos por el sufrimiento de los heridos que vemos en la calle, los que defendemos los valores de ayuda de esa fe que se dice que es nuestra tradición?, ¿ese "nosotros" significa que nosotros nos preocupamos del sufirmieno ajeno e intentamos ayudar mientras que a ellos, los pérfidos musulmanes, fanáticos religiosos todos ellos, no les importa el sufrimiento humano en aras de su dios?
¡Mentira! ¡Mezquina, rastrera y vulgar mentira!
Ese "nosotros" ve todos los días morir a gente de hambre a lo largo y ancho del globo, contempla siete años de guerra auspiciada y mantenida por nosotros, observa y conoce el sufrimiento esclavo de aquellos que trabajan en Äfrica, en China o en la India en favor de nuestras empresas y corporaciones... Y no hace nada, pasa de largo, de canal, a otra cosa. 
Ese "nosotros" ve rebuscar a niños, familias y ancianos en la basura y sigue caminando, ve a enfermos sin apoyo, medicinas o gente que pueda cuidarles y sigue paseando sin importarle nada, ve parados arrojados al hambre y a la mendicidad sufriendo la humillación y la agonia de no tener trabajo y sigue su caminar impertubable. 
Ese "nosotros" ve como policías que deberian protegernos hacen saltar ojos de viandantes, pegan palizas a diestro y siniestro y no se detienen a preguntar, ni a ayudar a los que sangran. Siguen su camino no vaya a ser que al final les caiga a ellos que "no han hecho nada"¿A ese "nosotros" se refieren?
¿De verdad alguien va a intentar vendernos que somos una sociedad tan brillante y cuajada de luminosos principios porque cuatro personas ayuden a los heridos de un atentado?
¿De verdad van a ignorar el hecho de que en los atentados de París o de Niza hubo más heridos pisoteados por la gente que quería huir que por los disparos y nadie se paró a ayudar a nadie?
¿En serio quieren que no tengamos en cuenta a todas esas personas que pasan cada día por encima de un anciano que duerme en la calle para sacar dinero en el cajero?, 
¿Realmente quieren que ignoremos en ese "nosotros" a los millones que se paran en una marquesina ignorando el desesperado grito en forma de campaña publicitaria de las organizaciones internacionales, que se muestra gigantesco ante ellos por los muertos de Siria o del hambre o por los refugiados?
¿De verdad quieren que saquemos de la ecuación a los que graban como un hombre pega una paliza de muerte a una mujer en lugar de meterse a evitarlo, o los que cogen con su movil como una madre maltrata a su hijo en un centro comercial en lugar de pararle la mano, o los que se cambian de acera cuando ven a un grupo de descerebrados amenazando o arrancando el hijab a una muchacha musulmana en una calle en lugar de enfrentarse a ellos?
¿Todas esas personas no son "nosotros"?, ¿todos esos que ignoran el sufrimiento ajeno no son "nosotros"?
La sociedad occidental atlántica es la más indolente, irresponsable e insensible del mundo y de la historia -y eso incluye a la siempre nombrada en estos casos decadencia del Imperio Romano, que ya es mucho decir- y es completamente mezquino intentar manipular la realidad para presentar una instantanea como cualquier otra cosa porque todavía quede un puñado de personas entre nosotros que se paren a atender a un herido en la calle.
Y los que estén pensando en argumentar que no es lo mismo todo eso que un atentado que lo hagan, pero lo cierto es que de poco me servirá tal argumento.
Una muerte es una muerte, el sufrimiento es el sufrimiento. Me da igual que sea de hambre, guerra, bomba, atropecho, puñalada, ahogamiento en el mediterraneo, bombardeo en Alepo o cualquier otra forma. No hay escalas de muertes.
Y los que me vengan a hablar de muertes de inocentes tampoco me parece que estén muy bien encaminados.
Ahí si hay un nosotros. Todos nosotros somos culpables. Cada gota de nuestra gasolina lleva una porción de la sangre y el sufimiento de muchos; cada minúscula porción de coltan de nuestros modernos smartphones lleva una gota del sudor esclavo de muchos en varios continentes; cada hilo de algodón o de seda de nuestras sugerentes prendas ínitimas lleva una hebra de explotación y sufrimiento de niñas en Sri Lanka, Burkina Faso o Thailandia; cada café que nos bebemos lleva un grano de trabajo infantil en Sudámerica o África...
Así que en eso sí. En eso hay un "nosotros" y en ese nosotros todos somos culpables.
Por indolencia o ignorancia, por clueldad o desisdia, pero todos nosotros somos culpables de que ocurra y de que no deje de ocurrir.
Por mucho que los medios pretendan edulcorar la estupidez de los que ayer se lanzaron a las redes mundiales con ese "ellos y nosotros" con ese arcaico concepto psicológico del sesgo cognitivo -tan muerto y enterrado como el behaviorismo que convierte al autócrata en asertivo y al estúpido en pasivo-agresivo por no llamarles a ambos por su nombre-, esa locura absurda tan solo tiene un nombre.
Fanatismo.
Porque el fanático es que altera la realidad en favor de sí mismo para no tener que cambiar su modo de pensar; porque elfánatico es que el usa su odio para interpretar el mundo y salir de esa interpretación siempre bien parado y a salvo; porque el fanático es el se arroga el derecho de actuar de un modo que luego considera perverso cuando lo ve o lo cree descubir en otros.
Fanáticos, todos los que retuitearan, dieran un corazón o simplemente asintieran en silencio ante ese tuit perverso y meserable, son fanáticos.
Igual de peligrosos, violentos y fijados en el odio irracional que del más loco de los locos de ISIS. 
Sin justificación ninguna como no la tienen los yihadistas del falso califato. Tan letales y merecedores de castigo y repulsa como ellos. Que matan y claman por la sangre y la muerte igual que ellos cada día.

sábado, noviembre 19, 2016

El PP bolivariano o el arte de no hallar semejanzas.

Llevamos dos años escuchando hasta el hartazgo y el hastío desgranar una por una las presuntas similitudes entre los partidos de la nueva izquierda española y ese coco mitológico que se han sacado de la manga llamado dictadura bolivariana.
Por más que unos y otros lo intentan, no han podido pasar de un par de afirmaciones del líder de Podemos, unos informes pagados o no, realizados o no, pero que nunca han sido leídos ni publicados y de que Maduro e Iglesias llevan coleta los dos -¡Ah no, eso no!-.
Resulta curioso que mirando tanto hacia Venezuela,  solidarizandose tanto con Venezuela y yendo y viniendo tantas veces a Caracas, Maracaibo y demás, desde Rivera hasta Zapatero, desde Felipe González hasta Jauregui o Mato hayan pasado por alto alguna que otra similitud.
"Ahora nos piden un referendúm para cambiarlo todo, como si la gente no hubiera hablado ya en las urnas. Y nos lo piden aquellos que solo quieren imponer su pensamiento a los que quieren estar unidos y avanzar hacia el futuro".
Podría haberlo dicho Rivera antes de que alguien le aconsejara disimular que es catalán y españolista; lo podría haber dicho Don Mariano en uno de sus escasos arranques antes los medios o incluso lo podrían haber dicho Arrimadas y Albiol en un coro a dos voces.
Pero lo ha dicho Nicolas Maduro.
Y se desgarrarán las vestiduras y expondrán ese argumento tan sólido y desarrollado de "no es lo mismo"
Pero, lo siento sí es lo mismo. Es el miedo cerval a que aquellos que no piensan como tú expresen su opinión; es el pánico más absoluto a que el poder escape de tus manos y recaiga directamente sobre los que tienen el derecho a decidir su futuro en cualquier democracia: los ciudadanos, los votantes, el pueblo. Llamalos como quieras, que en eso también hay controversia.
También resulta llamativo que los medios tradicionales, desde El Pais hasta ABC, desde la Cope hasta Radio Nacional, desde La Razón hasta El Mundo, que tanto han escrito e informado sobre Venezuela no hayan percibido otra pequeña concomitancia.
"La corrupción no es nuestra seña de identidad, son unos elementos aislados que, cuando son detectados, son llevados ante la justicia y esperamos que sean castigados duramente si son culpables. Somos los que más luchamos contra la corrupción y esperamos que sea solo cosa del pasado, herencia de una forma superada de entender lo que es un cargo público".
Digno de SSS -Soraya Saenz de Santamaría-, de Rajoy o de la inmarcesible lideresa del PP madrileño cuando la tan repetida palabra sale a colación en sus entrevistas pactadas y sus declaraciones y les hace torcer el gesto.
Pero lo ha dicho Nicolas Maduro ante una periodista francesa que apenas podia evitar esbozar una sonrisa al escucharle.
Y ahora se mesarán los cabellos y diran: ¡Por el amor de Dios, no es lo mismo!
Pero lo siento, sí es lo mismo. Es no responsabilizarse de lo que hacen sus subordinados. Es no buscar solucion alguna a unas prácticas que minan cualquier régimen político, que convierten el servicio público en una forma ilicita y continua de enriquecimiento. Y da igual que sea la trama Gürtel o las mafias militares fronterizas venezolanas; da igual que sea el nepotismo sanitario o el contrabando alimenticio.
Es proteger al corrupto porque el político que le protege hace lo mismo que él e incluso a mayor nivel. Y da igual que se le incluya en la estructura militar para que sea intocable o que que se le haga senador para que disfrute de aforamiento.
Y, por supuesto, resulta sospechoso que todos los opinadores, analistas y supuestos destripadores de la realidad poilítica española -y venezolana-, desde Inda hasta Maluenda, desde Miguel Ángel Rodriguez hasta Isabel San Sebastián, que tanto han hablado y debatido sobre Venezuela hayan pasado por alto otra semejanza.
"No se puede pretender gobernar y hacer gobernar desde las calles, imponer desde la alteración del orden público a un gobierno electo lo que tiene que hacer, las instituciones (...) son el camino para que se exprese la voluntad soberana".
Y lo podrían haber dicho la egregia Cifuentes, allá en los tiempos del 15M, el inefable Wert en los tiempos de la rebelión educativa o incluso el olvidado Lasquety en los años de la movilización contra la privatización de la Sanidad. Incluso podría haberlo dicho cualquier diputado del PP o del PSOE el día de la votación de la Investidura o de la Reunión de la Conspiración de Bruto y Casio -¡Uy perdón, del Comité Federal del PSOE-.
Pero lo ha dicho Nestor Reverol, Ministro de Poder Popular y Relaciones Interiores de Venezuela.
Y alzarán la mirada al cielo y diran ¡Venga ya!, ¿qué tiene que ver? 
Pues mucho. Tiene mucho que ver. Es intentar acallar y criminalizar el descontento popular. Es anteponer el orden público al derecho de manifestación, es pretender dar una imagen de conformidad inexistente, generar una situación social en la que solo aquellos que apoyan al gobierno puedan expresar libremente y de forma masiva su opinión. Es dejar manifestarse a los que te apoyan y limitar y desacreditar a los que lo hacen en tu contra.
Y da igual que sea por la ampliación de los mandatos presidenciales o por el concepto de familia tradicional, que sea por el aborto o por las nacionalizaciones, que sea por el revocatorio o por la "dignidad de España".
Pero lo que más llama la atención es que los votantes del PP, lectores de ABC y la Razón, oyentes de la Cope y Onda Cero y seguidores de las opiniones de Maluenda e Inda, después de oir, leer y ver tanto sobre Venezuela no hayan percibido el último de los pequeños parecidos que existen entre la España del salvador y defensor de la democracia Partido Popular y el hombre del saco que es la Revolución Bolivariana.
"El Gobierno usará el Constitucional para limitar la actividad del Congreso", titula un periódico después de que la Mesa del Congreso rechazara el intento del PP de imponer una herramienta de poder que bordea la autoritario como son los vetos del Gobierno a las propuestas de ley de la oposición.
Y eso sí lo ha dicho y lo va ha hacer el Gobierno español.
Usar la máxima instancia judicial del país, controlada y nombrada por ellos, para sacarse de la manga una disposición legal que impida al Parlamento aprobar propuestas de ley en contra de su deseo; no aceptar las iniciativas de una mayoría parlamentaria porque son contrarias a lo que el Gobierno tiene previsto, ignorando el hecho de que esa oposición es mayoritaria porque representa a la mayoría de los españoles -en una proporción 70-30 por si alguien lo ha olvidado-.
Limitar la capacidad legislativa de uno de los poderes del estado -el legislativo- en favor de otro -el ejecutivo- a través del tercero -el judicial- solamente porque se quiere ejercer el poder sin tener en cuenta lo que quieren los demás.
Eso, como referencia actual, solo tiene un nombre: bolivarianismo venezolano. Ahora griten ¡Demagogia!
Pero, antes de hacerlo, piensen que si esto es demagogia, lo es todo lo que han estado leyendo, escuchando y repitiendo sobre otras similitudes de otros con Venezuela y su régimen. Así que tendrán que replantearse de nuevo su pensamiento, quizás esta vez hasta de forma autónoma.
Y si no lo es están jodidos. 
Porque tendrán que decidir entre unas similitudes ficticias o cuanto menos proféticas con el régimen bolivariano y otras muy reales y tengibles que ya intentan y practican aquellos a los que concedieron su sufragio para evitar que "España se convierta en Venezuela".

lunes, diciembre 14, 2015

Corrupción y las elecciones como un Madrid-Barça

Sarkozy, el populista al que nadie llamaba de esa manera porque era conservador, perdió la presidencia de Francia porque su electorado, el suyo no el de socialistas o ni siquiera el de la extrema derecha del clan Le Pen, le castigó por sus desabridos vaivenes xenófobos, sus escenificaciones de culebrón de sus idas y venidas afectivas y los escándalos políticos de corrupción de su gobierno; Berlusconi, el capo de la dictadura mediática italiana cayó -después de resistir mucho, eso sí- porque su electorado, el suyo no el de la izquierda ni el del ultra nacionalismo fanático de la Lega Norte, le negó el pan y la sal por sus excesos personales y por seguir metiendo la excavadora en los caudales públicos para llenar los propios.
El Primer Ministro belga, el holandés, el Presidente de la República Alemana...
Los hay qué aún se preguntan sobre las diferencias entre los países europeos y España con respecto a la corrupción y los hay que se niegan a dar la respuesta evidente. Todos los países, todos los gobiernos, están expuestos a la corrupción y en todos ellos hay casos. La diferencia con España no es que los políticos dimitan cuando les pillan, la diferencia con la corrupción galopante que hay en España es que los políticos son obligados a dimitir por sus partidos porque si no lo hacen su electorado se lo hace pagar en los siguientes comicios.
Pero en España no.
Al electorado del Partido Popular, la formación política que ha mantenido al gobierno nacional y a los gobiernos regionales más corruptos de la historia de la democracia -vale, ahora toca decir eso de ¿y el PSOE? ¿y Transmediterranea, los ERE, las subvenciones de Formación, Filesa o las tragaperras de Juan Guerra? Y tú más, Y tú más... defensa infantil- su electorado no le tiene nada en cuenta. No le hace pagar nada.
Basta que les tremolen la bandera patria con eso del soberanismo catalán, que les asusten con un estalinismo inexistente o que les aterroricen con una guerra que nadie puede parar y de la que ningún gobierno puede defendernos, para que se olviden de los miles de millones sacados de las cajas públicas para beneficio de los gobernantes y de sus amigos y familiares.
Siguen depositando su sufragio en manos de aquellos que les roban, que les recortan para beneficiarse, siguen mirando a otro lado y negando la mayor. No hay freno a la corrupción porque no hay castigo electoral a los corruptos.
Diriasé que es un suicidio nacional, entonces ¿por qué lo hacen?
Por el simple motivo de que en nuestro país la política y las elecciones llevan demasiado tiempo entendiéndose como un Real Madrid - Barça.
Lo importante es ganar. Lo importante es poder sacar pecho a la mañana siguiente al derbi -¡Uy perdón, al clásico!- y mirar por encima del hombro a los derrotados sintiéndose vencedor. Porque lo importante es sentirse el rey del mundo aunque el mundo sea un cúmulo de cenizas.
Da igual que se haya ganado de penalti injusto en el último segundo, que se haya metido un gol con la mano y en fuera de juego anotado por un jugador alineado indebidamente -que ahora está muy de moda en el fútbol-. Solo importa ganar.
Da igual que 21 de los países de la Unión Europea tengan menos corrupción que nosotros, que Bostwana, Puerto Rico o Bután tengan menos corrupción que nosotros, que esa corrupción se lleve un 4,5% del PIB español, que le cueste a las arcas públicas 48.000 millones de euros solamente en sobreprecios, que de los 150 casos abiertos por corrupción 78 sean del Partido Popular... da igual todo. Cuando empieza el partido solo la victoria interesa. 
Ellos, que tanto hablan de orgullo nacional, de patriotismo, son los principales traidores a su país porque por el mero instinto de ganar, de que "los suyos", "su equipo", salgan victoriosos del envite miran a otro lado con las injusticias, pasan por alto la corrupción, permiten que les sigan robando y justifican cualquier acción que el gobierno de su partido haya llevado a cabo.
Según dicen los sondeos parece a uno de cada cuatro españoles les importa un carajo su país con tal de sentirse vencedores.
Alguien me dijo hace poco que, aunque era una solución imposible, quizás debería aplicarse la política de un gobierno en primer lugar a aquellos que le han votado. 
A lo mejor si fueran los primeros en perder su trabajo por la reforma laboral, en ver subidos sus impuestos, si los políticos solamente se llevaran su parte de los impuestos, les aplicaran los recortes a ellos en primer lugar y les mandaran a ellos a sacar a tiros a los yihadistas de sus bastiones armados lo verían de otro modo.
Pero como no pasará pueden seguir ignorándolo todo y votando a aquellos que les roban solo para no perder el partido y sacar pecho al día siguiente.

jueves, agosto 20, 2015

Churchill, PP y el consevador sin nada que conservar

Según el relato de su vida hecho por Sebastian Haffner, no la Wikipedia, Winston Leonard Spencer Churchill, Sir Winston para los amigos, dijo en una conversación privada: "tiene su lógica, mirad como esta Londres. Soy conservador y ahora mismo hay mucho que construir y poco que conservar" cuando perdió las elecciones de 1945. Esa frase del famoso premier británico resume la situación a la que ha llevado el Partido Popular esta legislatura al conservadurismo español. Sir Winston Churchill tenía la explicación de una guerra mundial de seis años pero los actuales inquilinos de Moncloa solo pueden dar de excusa su propia incompetencia.
Porque un conservador quiere conservar algo pero ¿que ha dejado el PP que se pueda conservar en España?
Para un conservador se puede sacrificar los salarios para conservar el nivel de empleo o incluso a la inversa pero el PP ha conseguido la tasa de desempleo -maquillajes al margen- más alta del último cuarto de siglo y el nivel de renta más bajo de la última década. Nada que conservar.
Se pueden aumentar los impuestos para mejorar el nivel de infraestructuras y de servicios pero las huestes de Génova han reducido a mínimos históricos la inversión en infraestructuras, han desmantelado los servicios públicos y han aumentado los impuestos todo a la vez. Nada que conservar.
A un conservador se le puede convencer para renunciar al gasto público en bienestar a cambio del impulso a la actividad privada como forma de generar riqueza. Pero nuestros actuales gobernantes han ahondado en la privatización de sectores clave y las empresas siguen destruyéndose a docenas por día. Nada que conservar
Sacrificar cultura por conservar actividad productiva, salarios por pensiones, se han congelados los sueldos y se ha metido la mano en la caja de las pensiones al tiempo que se congelaban, progreso a cambio de estabilidad, cada vez estamos más altos en la lista mundial de miseria y de conflictividad social al mismo tiempo -lo cual siempre es lógico, aunque los conservadores lo nieguen-. Nada que conservar.
Un conservador está incluso dispuesto a perder libertades personales en favor de su seguridad y el orden como forma de lograr el progreso económico pero el Partido Popular ha retraído las libertades ciudadanas sin que eso signifique defensa alguna contra las verdaderas amenazas a nuestra seguridad que ahora son externas.
En Resumen, un conservador necesita algo que conserva y el Partido Popular le ha quitado todo lo que conservar. Nada salvo la corrupción, la opacidad gubernamental
Por eso vuelve con los conceptos abstractos para compensar todas la realidades físicas y cotidianas que su gestión os ha hecho perder. La unidad de España, el miedo al comunismo estatalista muerto y enterrado hace lustros, la moral cristiana, el prestigio internacional y demás decoraciones ideológicas
¿Resultado? el potencial electorado popular ha quedado constreñido a un núcleo con un perfil ideológicamente cada vez más a la derecha (ha pasado del 6 al 6,5 en la escala de 0-10), más envejecido (el 52% tiene más de 55 años) y sin actividad laboral remunerada (el 62% está jubilado, parado, trabaja en el hogar o es estudiante).
Por eso tiene que buscar nuevas cosas que conservar: "os quitarán la casa, la libertad", dicen de Podemos, "os quitarán la nación", de Compromis y los partidos soberanistas, "os quitaran la estabilidad", dicen de todo aquellos que no sean ellos.
Una guerra mundial, dos años de bombardeos ininterrumpidos, toda la maquinaria productiva puesta al servicio de la supervivencia bélica y dos millones de muertos son justificación más que suficiente para dejar un país sin nada que conservar como dijo Winston Churchill
¿Qué explicación puede dar el Partido Popular a su electorado?, ¿la reducción de un déficit que no se ha reducido y solo se ha maquillado?
Sinceramente, poca lucidez y poco pensamiento autónomo hay que tener si esa excusa le resulta suficiente al votante conservador.

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