domingo, junio 16, 2013

La fatua elección entre La Legión y el ibuprofeno.

"Somo el país con más gastos militares del mundo. Gastamos el doble que los siguientes 26 países juntos y 25 de ellos son nuestros aliados".
Esta frase, que forma parte de uno de los inicios más demoledoramente sinceros de una serie televisiva estadounidense -Newsroom- parece que a nosotros no nos tiene que decir nada, se antoja algo lejano. Pero en realidad es la clave para entender la última desazón que sacude a los inquilinos que pusimos en Moncloa, su último quebradero de cabeza.
Mientras duermen como niños tras cercenar hasta el hueso la sanidad pública, mientras se echan la siesta sin problemas tras decidir cerrar la puerta al futuro de la Educación pública y el derecho universal que esta supone, sufren de ardores, pesadillas e insomnio por otro motivo también relacionado con esa austeridad enloquecida que pretenden inocularlos como un virus: con los presupuestos actuales, nuestro ejercito, ese orgulloso heredero de los tercios de Flandes y la armada de Churruca en Trafalgar, no es viable.
Y eso sí les quita el sueño. Un millón de familias bajo el umbral de la pobreza, no; seis millones de parados, tampoco; un 16 por ciento de los niños escolarizados cuyos padres no pueden darles adecuadamente de comer sin el comedor escolar, tampoco; más de un millón de inmigrantes sin atención sanitaria, mucho menos; miles de dependientes sin ayudas y sin apoyo, ni por el forro.
Les quita el sueño que nuestro ejercito no pueda mantenerse con los actuales presupuestos. Les provoca sudores fríos que nuestro único portaaviones vaya camino del desguace, que nuestros barcos de combate sean cedidos con patente de corso a Australia incluidas sus tripulaciones, que nuestros tanques estén aparcados y nuestros aviones de combate no alcen el vuelo por falta de combustible
Y esa preocupación es lo que demuestra como conciben el gobierno aquellos que ahora lo ocupan. Como interpretan el poder, como se enfrentan a los problemas. Demuestra que sus prioridades son ridículas. Bueno, ridículas no. Son egoístas.
¿Por qué?
Porque Estados Unidos es el país del mundo con más gastos militares y gasta el doble que los 26 siguientes, de los cuales 25 son aliados. Nosotros estamos entre ellos. Así que nuestros portaaviones, nuestros submarinos -que todavía son virtuales pero ya se están pagando- y nuestros aviones de combate son innecesarios.
Nuestro ejército es irrelevante.
Estamos rodeados de aliados. Francia no nos atacará jamás militarmente -a menos que la Virgen de Lourdes se haga termidoriana y resucite a Napoleón-, Portugal no nos atacara jamás -salvo que los Trastámara reclamen para sí de nuevo el trono ibérico-. No tenemos enemigos en nuestras fronteras y solamente uno de nuestros aliados militares gasta más de veinte veces nuestro presupuesto.
Si el único vecino que podría volverse hostil lo hace, es decir Marruecos, un paseo de la sexta flota estadounidense o de la marina francesa por las cercanías de Tanger sería mucho más disuasorio que cualquier acción de nuestras patrulleras o nuestro único portaaviones desguazado.
Y eso hace que los regulares de Melilla, Los legionarios de Ceuta o los infantes de marina de nuestros barcos sean absolutamente innecesarios.
Nuestro concepto de lucha contra el terrorismo no incluye las acciones militares. No vamos a sacar los tanques en Donosti aunque Mayor Oreja se despierte con una sonrisa en los labios cada vez que lo sueña en su exilio en Bruselas; no vamos a enviar a arrojados comandos encubiertos a Vladivostoc o Sanghai para destruir en su origen a las mafias o las triadas que cada vez más controlan el crimen organizado en nuestro país. Así que nuestro ejército es irrelevante también para esa lucha.
Pero nuestro Gobierno, que elimina ayudas al transporte escolar por ahorrarse 27.000 euros anuales, que niega medicamentos y atención por ahorrar un millón de euros anuales, hace y rehace los presupuestos militares para no tener que ahorrarse los cientos de millones que restarían operatividad a nuestro ejército.
¿Por qué? Muy sencillo. Porque lo necesitan. Porque su concepto del Gobierno lo precisa.
Porque gobiernan para su ego y su rancio sentido de un pasado glorioso que oculte el presente nefasto que han provocado y el futuro sin expectativas que tienen proyectado. Porque lo necesitan para ellos, para que esa visión roja y gualda de la vida que lo impregna todo tenga una razón de ser.
Por ello se permite a los jefes militares más arcaicos cuando el independentismo catalán se enardece, por eso nuestros servicios secretos investigan a políticos, al rey o incluso a ciudadanos particulares, por eso se envían tropas a un islote hace una década y se presenta como una operación del calado del Día D en Normandía; por eso se pretende encubrir la negligencia del ya trágicamente famoso Yak 42. 
Por eso hacen ampliaciones de presupuestos a hurtadillas para pagar gastos militares y no para afrontar las deudas farmacéuticas o los impagos a las empresas encargadas de los comedores escolares.
Porque el ejercito -o al menos su existencia- pretende utilizarse como herramienta para su visión españolista, grandilocuente e imperial de España.
Porque el ejército siempre gritará ¡Viva España! cuando se lo ordenen sea cual sea la España que ellos hayan construido y los maestros, la comunidad educativa y los estudiantes no lo harán; porque las Fuerzas Armadas siempre se cuadrarán ante el gobernante y los profesionales sanitarios, los pacientes y los dependientes no;
Porque los soldados tienen que obedecer órdenes, los ciudadanos, no.
Ni siquiera es plausible creer que quieran utilizarlos en su beneficio, pero sin ejército no hay ruido de sables y el ruido de sables siempre les viene bien a aquellos que pretenden construir una sociedad basada en la obediencia y no en la reivindicación, construida sobre la resignación y no sobre la voluntad de defender los derechos de todos.
Así que no hay duda de que encontrarán el dinero necesario para mantener ese ejército en lugar de comenzar con su desmantelamiento y utilizar el dinero de sus partidas para mantener servicios esenciales.
España necesita una sanidad publica universal y una enseñanza pública de calidad, una política de empleo que genere trabajo digno y estable, un sistema financiero que no arroje a las familias a la miseria. España necesita todo eso y el gasto militar no puede proporcionárselo.
Pero ellos necesitan un ejercito que, al menos en apariencia, sea fuerte, que se pueda intuir como una amenaza si se pretende cambiar el sistema o el Estado.
Prefieren arriesgar nuestra salud, nuestro futuro y nuestro presente que su ejército.
No es sorprendente. Hacen lo mismo que hacen con la religión, con los bancos o con los defraudadores masivos de impuestos -salvo Messi, claro está-. Defienden lo que ellos necesitan por encima de lo que necesitamos todos.
Gobiernan para ellos. ¡Semper Fi!


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