jueves, junio 01, 2017

Moix o la negación plausible de bolero y sainete

Dicen que la distancia es el olvido.
Pues va a ser que el viejo bolero se equivoca por lo menos si se intenta aplicar su siempre melosa letra a esos lares enfangados y turbios que ahora son la política española.
El Gobierno decide tomar distancia, poner tierra de por medio, entre ellos y Manuel Moix, ese fiscal que decidió ser más pro amigos del Partido Popular que anti corrupción y que se ganó la reprobación del Congreso por su intervención -de momento dejémoslo en eso- en el Caso Lezo, por el que Ignacio González ha dado con sus huesos en la cárcel, preventiva también de momento.
Y parece que con eso basta, que es como decir, "yo nada tengo que ver en esto", como volver a los tiempos arcaicos y míticos en los que, en la polvorienta Galilea, alguien se lavaba las manos mientras otros decidían quién moría y quién no.
Pero ni el Gobierno de España es el viejo Poncio, ni el Congreso es el siempre mesiánico pueblo de Israel dirigido por escribas y fariseos ni, por supuesto, Moix es el inefable nazareno.
Así que la distancia, por más que borre amores de la memoria y aparente hacer desaparecer desamores del corazón y de la mente, no sirve en este caso.
Porque no hay distancia que haga olvidar a qué partido pertenece Moix, ni que haga posible que se borre de nuestras sinapsis el hecho de a quién y por qué motivos Moix metió mano en el Caso Lezo.
Porque en esto de la corrupción, de buscar el provecho propio con los bienes de todos, por mucha distancia que se ponga no se consigue evitar que las heces hagan su recorrido trazado hasta caer justo encima de la corbata impoluta y el terno perfecto de a quien corresponda, lo único que se logra es que manchen también a todos los que intentes colocar entre su trayectoria y tu persona.
Porque todo el mundo sabe que en el mito religioso galileo, Pilatos pudo salvar al impertinente carpintero que se decía hijo del hombre.
Y valga el ejemplo evangélico para demostrar que esto no es de ahora, ni del Partido Popular, ni siquiera de la política. Que es tan viejo como lo son la cobardía, la mezquindad, el ansia de poder y la avaricia.
Porque, en nuestro Occidente Atlántico y sobre todo en España -y en Italia, en Italia también-, se ha llevado esa vieja estrategia anglosajona de Ala Oeste del la Casa Blanca de la negación plausible a limites que bordean el sainete patrio o el teatro del absurdo transalpino. 
"No me cuentes lo que haces y así podré negar que sabía lo que hacías si alguien me lo pregunta", reza el adagio que marca esta política que permite tomar distancia del acusado o el reprobado cuando pintan bastos.
Pero claro, en la política, en la empresa, y hasta en las relaciones personales, está estrategia se desinfla por un simple motivo. La negación deja de ser plausible cuando se repite una y otra vez.
Políticos, jefes, responsables... todos creen que diciendo "yo no lo sabía" están cubiertos del error o de la felonía de sus subordinados, que eso impide que les afecten las consecuencias de las mismas, que les permitirá seguir en sus puestos. Por no hablar de todos aquellos que además ocultan que le han presionado para que lo haga -a esto los yankies le llaman ordenes insinuadas- o que con su actitud han forzado el error.
Como si su trabajo no fuera precisamente estar enterados de lo que hacen sus subordinados, supervisarlos, evitar sus errores y denunciar sus excesos si no han podido evitarlos. 
Como si dirigir fuera solamente sentarse en sus sillones o recorrer los pasillos del poder buscando mejorar su posición; como si bastara aparecer con gesto adusto y contrariado y empezar a referirse al individuo en cuestión como "ese señor" o "esa persona" para que todos olvidaran el hecho de que era su responsabilidad que eso no ocurriera y no ha hecho su trabajo, de que se está en esos puestos para enterarse de las cosas y saber cómo se hacen y no ha hecho su trabajo. Como si bastara alejarse y susurrar en los oídos convenientes "yo no lo sabía".
Y lo peor es que basta. Al menos en este país, basta.
Moix caerá por sus errores, la distancia del Gobierno marca como una bala trazadora el final de su carrera, pero nadie asumirá que era su trabajo que esos errores -en este caso claramente malintencionados- no se produjeran. 
La negación plausible llevada al sainete.

domingo, mayo 07, 2017

La visceral incoherencia sobre el útero gestante

Para empezar dos matices. 
Que digo yo que no es precisamente la fecha más acorde para esto el Día de La Madre (aunque quizás algún marketiniano piense lo contrario) y que yo tampoco tengo muy clara la bondad o la maldad de esto que se ha dado en llamar gestación subrogada.
Pero más allá de ese debate, acertado y aceptable, la campaña realizada ayer y hoy en las redes sociales por ese feminismo patrio, que no es el de todos, que no es el único feminismo, pero es el que más se ve y se hace oír, me llama la atención por sus lemas y sus motivos y sobre todo porque cada uno de ellos encierra un síntoma de unos esquemas de pensamiento que van desde la incoherencia al egoísmo social, pasando por la absoluta ignorancia y la incapacidad de proyectar sus argumentos más allá de sus necesidades ideológicas.
Empieza diciendo que la gestación subrogada "no es una técnica". Y mantienen que no lo es porque los seres humanos -no se si todos o solamente las mujeres- "no somos máquinas".
¿En serio? 
La cirugía láser es una técnica, la fecundación in vitro es una técnica, el balón gástrico, el trasplante de órganos... todas ellas son técnicas y todas ellas se llevan a cabo en el cuerpo humano ¿Tan inculto es el feminismo radical que equipara técnica a máquina cuando no tiene ningún sentido hacerlo?, ¿o simplemente intenta manipular a aquellas a las que se dirige utilizando adrede un "falso amigo", una asociación inconsciente de ideas, para justificar su posición?
Cualquiera de los dos casos es grave, pero si es el segundo es simplemente una muestra del perfil ideológico de aquellas que exponen el mensaje. Cualquiera que recurre al engaño y la manipulación para defender algo se define a sí mismo.
Luego dicen que atenta contra sus derechos y libertades.
Eso estaría bien si se tratase de un plan orweliano por el que fuera obligatorio convertirse en vientre de alquiler. Pero si la elección es libre ¿Qué libertad se ve afectada?, ¿Qué derecho se ve conculcado?
Ese que tanto utilizan de elegir sobre su propio cuerpo -que desde luego existe, aunque no es el único del mundo, como en ocasiones parece- no se ve afectado. Una mujer decide que quiere ser vientre de alquiler y ha decidido sobre su propio cuerpo. No hay derecho ni libertad en riesgo. Más diría yo que se pone en riesgo si quiere hacerlo y no se le deja.
De nuevo se dice defender la libertad exigiendo que se prohíba hacer a las mujeres aquello que al feminismo radical español no le gusta que hagan. 
No es la primera vez ni será la última. Sin ir más lejos esta semana se ha exigido que se prohíba que haya azafatas en el Gran Premio de Jerez porque ellas consideran "indigno" ese papel. No porque las Padock Girls lo pidan, solo porque su ideología cada vez más radicalizada e intolerante con las mujeres que no piensan como ellas, no puede tolerar que haya mujeres que decidan hacer un trabajo basado en su físico y su imagen. Más de lo mismo.
Pero, por supuesto, ellas defienden que esa libertad no existe porque las mujeres deciden y cito "alienadas por el hombre social y el patriarcado hetero normativo".
Ellas son las únicas que han escapado de esa alienación, el resto de las mujeres son pobres incultas, que bordean la estupidez y que deben ser conducidas por ellas hacia la verdadera expresión de su naturaleza femenina. 
Vamos, más o menos como en el siglo XIX. Toda mujer es tonta y siempre hay alguien que debe guiarla hacia lo que debe hacer.
Por no decir que resulta curioso que sea el "patriarcado heteronormativo" el que abra la puerta de una gestación subrogada que beneficia principalmente a mujeres y parejas homosexuales masculinas. Sería la primera vez en la historia.
Porque si nos ponemos en modo patriarcal del siglo XIX -que no digo yo que sea justo ni saludable-, si un hombre quiere tener hijos y su mujer no puede, se divorcia y se busca otra. La maternidad subrogada está ideada para los problemas de infertilidad femenina -más de imposibilidad de gestación que de infertilidad, diría yo- y de aquellos que no pueden gestar sus hijos bajo ningún concepto biológico: es decir, los padres gays.
Pero claro, pensar tus argumentos hasta sus últimas consecuencias no es algo que vaya con los fanatismos. Sean religiosos o ideológicos.
El siguiente argumento es quizás el único consistente. Aunque expresado de una forma grandilocuente, eso de la explotación reproductiva introduce el factor de la pobreza, de la necesidad económica a la hora de tomar la decisión, de que el "dinero no lo puede comprar todo". Y eso sí conviene tenerlo en cuenta.
Pero curiosamente es el uso de ese argumento en concreto lo que las vuelve incoherentes. Porque ese mismo feminismo es el que aboga porque las parejas de dos mujeres puedan acceder a la fecundación in vitro -y además de forma gratuita para ellas-.
Puede que la polarización de su pensamiento haya hecho que olviden el dato fundamental de que para esa fecundación se precisa semen, que ese semen sale de los bancos de esperma y que los bancos de esperma pagan por las donaciones.
Si de verdad estuvieran en contra de la explotación reproductiva ¿no se opondrían también a esos pagos?, ¿no estarían en contra de un sistema que se aprovecha de las necesidades económicas de los hombres para recolectar semen para otras personas?, ¿el dinero no puede alquilar úteros pero si puede comprar semen y óvulos?
Y por ir más lejos ¿no pone eso en riesgo sus libertades y sus derechos?, ¿no les convierte en máquinas al tratarse también de una "técnica"?
No resulta lógico oponerse a una situación sin oponerse a las otras. Pero, claro, no lo hacen.
La cuestión es simplemente que,como eso les viene bien y les afecta a los hombres ni se lo plantean, ni hacen una reflexión al respecto. Las parejas de mujeres tienen todo el derecho a aprovecharse de esa explotación reproductiva de los hombres, pero las parejas de hombres y heterosexuales no lo tienen porque en ese caso la explotación reproductiva es de mujeres. 
Lo que es bueno y exigible si beneficia a su visión concreta de la mujer, es perverso y hay que prohibirlo si beneficia a los hombres o a visiones distintas a la suya de la mujer. La misma historia incoherente de siempre.
Y para rematar la faena de intransigencia e incoherencia se descuelgan con algo que te deja helado.
"Ser padre o madre no es un derecho"
Pero no serlo sí. Ellas que defienden el derecho "a la libre elección de la maternidad" para justificar el aborto -como si en España no hubiera métodos anticonceptivos, píldora del día después, ni sistema de adopciones- ahora dicen que no. 
¿Cómo se puede defender un derecho en su versión negativa (el derecho a NO ser madre) y no defenderlo en su versión positiva (El derecho a SÍ ser madre).
Si algo se trata como un derecho, su límite está simplemente en los derechos de los demás -algo que me temo que intencionadamente se olvida demasiado a menudo-. Si mi derecho a ser padre o madre no entra en conflicto con la libertad de otra persona de si quiere prestar su útero a esa consecución, entonces no hay problema.
Y la última es muy grande: 
"Porque es incompatible con la igualdad"
¿Qué están diciendo? ¿qué es malo porque los hombres no subrogan sus úteros? Claro, porque no los tienen.
Supongo que entonces también es incompatible con la igualdad que los hombres vendan su semen y las mujeres no, pasando por encima del hecho incuestionable de que las mujeres no producen semen.
No me siento del todo cómodo con la idea de la maternidad subrogada y he de reconocer que no encuentro muchos argumentos para ello, salvo el económico que también aplico a las donaciones. Así que, desde mi punto de vista, si se acepta lo segundo habrá que aceptar lo primero con todas las garantías posibles.
Pero con lo que desde luego no puedo estar de acuerdo y espero que creen en la justicia y la libertad tampoco lo estén es con quienes hablan de igualdad y de defensa de las libertades de la mujer y lo único que intentan es imponer su visceralidad y sus apriorismos ideológicos a fuerza de prohibición.

martes, abril 11, 2017

La semántica de nuestro absurdo en Sudán del Sur

Hoy, uno de esos pocos días que he podido desayunar como se debe, me he metido entre pecho y espalda junto al café una de las más rocambolescas noticias que había podido digerir en los últimos tiempos.
El problema no es que lo hayan hecho, que está bien. El absurdo es que intenten vender que sirve para algo, que es importante, que puede contribuir a mejorar la situación en ese país, creado hace unos años de la nada por mor de los intereses petrolíferos y energéticos de unos y de otros.
Sudán del Sur se desangra -y no es una metáfora- en un genocidio soterrado, en dos procesos abiertos de limpieza étnica que se llevan cada día centenares, sino miles, de vidas por delante. Y nosotros nos dedicamos a hacer un mapa de las palabras que reflejan ese odio tribal y fratricida y fingimos que sirve para algo.
No es un síntoma de lo que ocurre en Sudán del Sur. Es un síntoma de la terrible enfermedad que padecemos nosotros, ese Occidente Atlántico que ve la vida en lugar de vivirla.
Como en otras muchas cosas, creemos que las redes sociales sirven para algo. Pensamos que analizar los tuits, los hashtag o lo que sea, nos da una visión de la realidad. Y sobre todo creemos que lo que existe en las redes sociales es real, que puede sustituir lo que hay que hacer a pie de realidad, descendiendo o ascendiendo -según se mire- a eso que ahora nos parece tan prosaico como es el contacto humano.
Y como no sabemos hacer otra cosa, como estamos perdiendo la capacidad de interacción real por mor de nuestros miedos o nuestros egos, le damos a lo que ocurre en las redes una importancia desmedida, creemos que de verdad nos sirven para valorar nuestra popularidad, nuestros afectos, nuestra vida y la del mundo.
Y ahora creemos que sirven para solucionar la guerra de Sudán del Sur.
¿Es de suponer que si bloqueamos, no seguimos, no retuiteamos o no damos un me gusta a los que utilizan esas palabras dejarán de hacerlo?, ¿tenemos que creer que, si logramos un Trending Topic denuciando esa nube de palabras, los que las usan se verán tan afectados por su pérdida de popularidad que dejaran su guerra tribal?, ¿que los que la sufragan y alimentan se retirarán a llorar su impopularidad en un rincón?
Deberíamos saber que no, pero parece que lo hemos olvidado o que queremos fingir que lo ignoramos.
Los sudaneses seguirán matándose a disparo y machete por más nubes de palabras de odio que monitoricemos en Twitter. Igual que racistas, corruptos, machistas, fascistas, asesinos, fanáticos, terroristas, xenofobos y todos los demás lo seguirán siendo por más hashtags que inventemos contra ellos, por más trending topics que coloquemos en lo más alto de las redes sociales.
Lo sabemos, pero pretender que lo ignoramos nos permite alimentar el ego de una victoria, de haber ganado una batalla; hace posible que creamos que se puede luchar por algo sin riesgo, sentados en nuestro sofá, dando un me gusta mientras tomamos cañas, escribiendo una frase de 140 caracteres ocurrentes desde la protegida comodidad de nuestros smartphones. 


Nos permite acallar los gritos que a veces da nuestra conciencia por nuestra desisdia e inacción, fingiendo ante el espejo que hemos hecho algo importante y necesario.
Pero sobre todo necesitamos pensar que es importante por puro egoismo afectivo, que es lo que mueve a nuestra sociedad desde hace un siglo. 
Porque si lo que ocurre en las redes no es importate, no es un reflejo de la verdadera realidad, nuestros seguidores, nuestros amigos virtuales, los retuits y me gustas que recibimos no significarán nada, no serán baremo de nuestra relevancia social, de nuestra popularidad, de que somos queridos, respetados o amados.
Y tendremos que volver a los besos, las caricias afectuosas, la llamada de preocupación por un amigo, las sonrisas compartidas, las bromas, las cañas, los abrazos y todo lo que hacíamos y recibíamos hasta que como sociedad decidimos no exponernos al otro para no correr el riesgo de no sentirnos valorados y queridos. Hasta que decidimos fingir que las redes sociales pueden sustituir las relaciones y el contacto humano con un emoticono bien elegido y un me gusta.
En Sudan del Sur no importan las palabras que se utilicen para el odioen las redes. Importan las otras, las que pronuncia quien te apunta con un AK 47 a la cabeza o quien te amenaza con un machete afilado colocado justo sobre tú yugular y tu carótida. 
Ese es el odio en Sudán del sur. Ese es el que debemos parar y para eso no sirve una nube semántica, solo sirven el compromiso y el riesgo personal. Salga en redes o no.

domingo, marzo 26, 2017

Sesgo cognitivo: la dolencia del fanático occidental

Sesgo cognitivo.
Dicho así, a bote pronto, sin anestesia ni nada, hasta parece una de esas enfermedades raras que de vez en cuando asaltan las páginas de los periódicos o las páginas web de noticias. 
Pero no es nada de eso. Es una justificación buscada a  toda prisa para tratar de justificar algo injustificable.
Una mujer con un chador pasa por delante de los heridos de los atentados de Lóndres en Westminster. Es fotografiada como otros muchos, no se detiene como otros muchos. Y esa instantanea es utilizada para clamar contra los musulmanes, para avivar el odio. Para crear ese "ellos o nosotros" que pretende sustituir a la única división justa que debería haber en esta guerra infinita que tenemos encima. "Todos o ninguno".
Y lo peor no es que usen esa foto con ese fin unos millares de arrogantes mezquinos sin cerebro que no tienen ni idea de lo que es la patria por más que se la lleven una y otra vez a la boca y al pecho. Lo peor es que hay medios que, fingiendo denunciarlo, lo asumen; que, aparentando explicarlo, lo justifican.
Y aquí entra en escena el sintagma en cuestión. Eso del sesgo cognitivo.
Han recuperado un concepto antiguo, casi arcaico, de cuando la psicología mantenia que no era bueno decir al paciente que era estúpido aunque ese fuera su único problema, y tiran de él para venir a decir: "No son islamófobos, no pueden evitarlo. Tienen sesgo cognitivo".
Nosotros, ese "nosotros" que los que padecen el sesgo cognitivo utilizan, ¿somos los buenos occidentales atlánticos, preferiblemente blancos y con toda seguridad cristianos, que nos preocupamos por el sufrimiento de los heridos que vemos en la calle, los que defendemos los valores de ayuda de esa fe que se dice que es nuestra tradición?, ¿ese "nosotros" significa que nosotros nos preocupamos del sufirmieno ajeno e intentamos ayudar mientras que a ellos, los pérfidos musulmanes, fanáticos religiosos todos ellos, no les importa el sufrimiento humano en aras de su dios?
¡Mentira! ¡Mezquina, rastrera y vulgar mentira!
Ese "nosotros" ve todos los días morir a gente de hambre a lo largo y ancho del globo, contempla siete años de guerra auspiciada y mantenida por nosotros, observa y conoce el sufrimiento esclavo de aquellos que trabajan en Äfrica, en China o en la India en favor de nuestras empresas y corporaciones... Y no hace nada, pasa de largo, de canal, a otra cosa. 
Ese "nosotros" ve rebuscar a niños, familias y ancianos en la basura y sigue caminando, ve a enfermos sin apoyo, medicinas o gente que pueda cuidarles y sigue paseando sin importarle nada, ve parados arrojados al hambre y a la mendicidad sufriendo la humillación y la agonia de no tener trabajo y sigue su caminar impertubable. 
Ese "nosotros" ve como policías que deberian protegernos hacen saltar ojos de viandantes, pegan palizas a diestro y siniestro y no se detienen a preguntar, ni a ayudar a los que sangran. Siguen su camino no vaya a ser que al final les caiga a ellos que "no han hecho nada"¿A ese "nosotros" se refieren?
¿De verdad alguien va a intentar vendernos que somos una sociedad tan brillante y cuajada de luminosos principios porque cuatro personas ayuden a los heridos de un atentado?
¿De verdad van a ignorar el hecho de que en los atentados de París o de Niza hubo más heridos pisoteados por la gente que quería huir que por los disparos y nadie se paró a ayudar a nadie?
¿En serio quieren que no tengamos en cuenta a todas esas personas que pasan cada día por encima de un anciano que duerme en la calle para sacar dinero en el cajero?, 
¿Realmente quieren que ignoremos en ese "nosotros" a los millones que se paran en una marquesina ignorando el desesperado grito en forma de campaña publicitaria de las organizaciones internacionales, que se muestra gigantesco ante ellos por los muertos de Siria o del hambre o por los refugiados?
¿De verdad quieren que saquemos de la ecuación a los que graban como un hombre pega una paliza de muerte a una mujer en lugar de meterse a evitarlo, o los que cogen con su movil como una madre maltrata a su hijo en un centro comercial en lugar de pararle la mano, o los que se cambian de acera cuando ven a un grupo de descerebrados amenazando o arrancando el hijab a una muchacha musulmana en una calle en lugar de enfrentarse a ellos?
¿Todas esas personas no son "nosotros"?, ¿todos esos que ignoran el sufrimiento ajeno no son "nosotros"?
La sociedad occidental atlántica es la más indolente, irresponsable e insensible del mundo y de la historia -y eso incluye a la siempre nombrada en estos casos decadencia del Imperio Romano, que ya es mucho decir- y es completamente mezquino intentar manipular la realidad para presentar una instantanea como cualquier otra cosa porque todavía quede un puñado de personas entre nosotros que se paren a atender a un herido en la calle.
Y los que estén pensando en argumentar que no es lo mismo todo eso que un atentado que lo hagan, pero lo cierto es que de poco me servirá tal argumento.
Una muerte es una muerte, el sufrimiento es el sufrimiento. Me da igual que sea de hambre, guerra, bomba, atropecho, puñalada, ahogamiento en el mediterraneo, bombardeo en Alepo o cualquier otra forma. No hay escalas de muertes.
Y los que me vengan a hablar de muertes de inocentes tampoco me parece que estén muy bien encaminados.
Ahí si hay un nosotros. Todos nosotros somos culpables. Cada gota de nuestra gasolina lleva una porción de la sangre y el sufimiento de muchos; cada minúscula porción de coltan de nuestros modernos smartphones lleva una gota del sudor esclavo de muchos en varios continentes; cada hilo de algodón o de seda de nuestras sugerentes prendas ínitimas lleva una hebra de explotación y sufrimiento de niñas en Sri Lanka, Burkina Faso o Thailandia; cada café que nos bebemos lleva un grano de trabajo infantil en Sudámerica o África...
Así que en eso sí. En eso hay un "nosotros" y en ese nosotros todos somos culpables.
Por indolencia o ignorancia, por clueldad o desisdia, pero todos nosotros somos culpables de que ocurra y de que no deje de ocurrir.
Por mucho que los medios pretendan edulcorar la estupidez de los que ayer se lanzaron a las redes mundiales con ese "ellos y nosotros" con ese arcaico concepto psicológico del sesgo cognitivo -tan muerto y enterrado como el behaviorismo que convierte al autócrata en asertivo y al estúpido en pasivo-agresivo por no llamarles a ambos por su nombre-, esa locura absurda tan solo tiene un nombre.
Fanatismo.
Porque el fanático es que altera la realidad en favor de sí mismo para no tener que cambiar su modo de pensar; porque elfánatico es que el usa su odio para interpretar el mundo y salir de esa interpretación siempre bien parado y a salvo; porque el fanático es el se arroga el derecho de actuar de un modo que luego considera perverso cuando lo ve o lo cree descubir en otros.
Fanáticos, todos los que retuitearan, dieran un corazón o simplemente asintieran en silencio ante ese tuit perverso y meserable, son fanáticos.
Igual de peligrosos, violentos y fijados en el odio irracional que del más loco de los locos de ISIS. 
Sin justificación ninguna como no la tienen los yihadistas del falso califato. Tan letales y merecedores de castigo y repulsa como ellos. Que matan y claman por la sangre y la muerte igual que ellos cada día.

domingo, marzo 12, 2017

Agua en Marte o hacer prioritario nuestro ombligo


Que estaba yo dispuesto a escribir sobre esta agria y artificial polémica que nos tiene ahora ocupados con Victoria Prego y Podemos sobre la libertad de opinión, de expresión y de información, cuando una amiga subió la foto que ilustra este post a su Twitter. Y claro, me tiró lo palos del sombrajo.
Ventajas y desventajas de conocer y querer a gentes que piensan en algo más que ellos.
Así las cosas, de repente el problema no fue si Victoria Prego o Podemos, sí la libertad de expresión o de información. De repente el problema volvió a ser el que ha sido siempre, el que está llevando a este Occidente Atlántico a una muerte lenta y degradante: la obsesión por hacer importante lo nuestro, la absuluta incapacidad de fijar prioridades más allá de nuestros universos ínfimos y minúsculos, que no son ni siquiera una china en el calzado de la humanidad.
Y nos pasa a todos y en todo.
Gastamos cantidades ingentes de dinero en encontrar agua en Marte y no en potabilizar la que no pueden beber los niños de África o del sudeste asiático. Empleamos miles de millones en desarrollar 4Gs, HDs o cualquier otra técnlogía y no en llevar electricidad -que a ellos les da igual que sea limpia o no- a quienes aún se alumbran con velas y se calientan con leña; gastamos y recaudamos dinero para proteger los derechos de los animales y no aportamos fondos para las generaciones que nacen en África, hasta el punto de que Unicef tiene que hacer una campaña en la que amenaza con su cierra por falta de fondos.
Y así con todo. Hemos predido el foco de lo importante, hemos desistido de priorizar más allá de nuestras necesidades. Sabemos que debemos hacerlo pero nos negamos a salir de nuestros microuniversos.
Cada uno en lo suyo.
Los periodistas patrios debaten sobre sus derechos en lugar de informar sobre los miles de refugiados que sufren y que mueren en las fronteras del mundo; escriben sobre presiones políticas o empresariales en vez de dar importancia a una crisis humanitaria como no la conoce la humanidad en los últimos 70 años; dedican sus portadas y columnas al derecho a la libertad de expresión de HasteOir y su autobús en lugar de hacerlo sobre el limbo que se extiende en la frontera de Haiti y la República Dominicana con medio millón de personas sin patria ni futuro.
Han decidido que su ombligo es lo más importante del mundo. Que como a ellos es lo que más les interesa, ha de ser lo más importante.
Y no podemos echarle la culpa solo a ellos -o a nosostros, que sigo siendo periodista y no me pesa-. Todos hacemos lo mismo con lo nuestro, con esas diminutas porciones de realidad que son nuestros universos relativos
Los amantes del futbol polemizan y argumentan durante horas sobre si tal gol fue en fuera de juego o sobre si la Federación debe o no renovarse y pasan a toda prisa las páginas en las que se informa de forma incompleta y vaga sobre las guerras que están matando al mundo.
Los defensores de los animales se vienen arriba en la calle y las redes por la muerte de media docena de asnos e ignoran intencionadamente que por cada asno muerto en el mundo hay cada miles de seres humanos que tienen igual fin -o peor y más cluel- por el hambre, la esclavitud, la falta de recursos y por enfermedades que deberían estar superadas hace siglos si esas zonas tuvieran acceso a los mismos recursos farmaceúticos y médicos que tenemos nosotros.
El feminismo patrio gasta tiempo y esfuerzo en visibilizar a la mujer occidental en el comic, el arte o la ciencia, ignorando o fingiendo ignorar los millones de mujeres sometidas a la explotación económica que sufren por culpa de lo que los hombres y mujeres de la civilización occidental atlántica imponemos al resto del mundo con nuestra economía basada en el consumo creciente, la explotación de recursos ajenos y el sometimiento de los habitantes de tres cuartas partes del mundo a nuestras necesidades.
La derecha conservadora se preocupa y hace leit motiv de su existencia del orgullo nacional, la indisolubilidad de España, si hay una bandera u otra en no sé qué balcón o qué lengua se habla en cada sitio, mientras millones de personas gritan en cualquier lengua por terror a las bombas, a los atentados, a los disparos, a las minas...
Todos hemos convertido nuestros ojos en rendijas pequeñas que solamente son capaces de mirar lo que le parece importante a nuestro egoísmo como seres que están perdiendo, si no han perdido ya, la capacidad humana de fijar prioridades comunes.
La falsa progresía con su memoria histórica, el falso liberalismo con el impuesto de sucesiones, el feminismo con la sororidad, el masculinismo con la custodia compartida, los periodistas con la libertad de información, los tuiteros con la libertad de expresión, los furboleros con el fútbol, los amantes del cine o el teatro con el precio de las entradas, los conductores con el tráfico, los transeuntes con la contaminación, los religiosos con su moral, los ateos con el laicismo...
Y, concentrados en ese egoísmo que solamente nos deja ver lo propio, lo que nos afecta, lo tratamos como si fuera lo único, como si fuera importante, como si no fuera completamente irrelevante.
Porque lo será, si seguimos sin darnos cuenta de qué es lo prioritario para el conjunto de la humanidad, lo será. Porque los impuestos, la memoria, la bandera, la contaminación, la sororidad, el fuera de juego, la tecnología 4G o la libertad de expresión no te sirven de nada si estás muerto o vives cada día en el límite mismo de la muerte.
Porque encontrar agua en Marte no servirá de nada si no queda nadie en la Tierra que aún pueda beberla.

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