sábado, febrero 23, 2013

Duelo de Mariano y Alfredo sobre el Estado Olímpico

Que en este país hay cada vez más gente cambiada de tiempo y de espacio es algo que ya prácticamente apenas acepta discusión. 
Nos ha cambiado lo espacios vitales por los de la mera supervivencia, no están cambiando los tiempos por venir por aquellos que ya pasaron o creíamos que habíamos hecho pasar a golpe de historia. Pero si esa enfermedad tan nuestra, tan occidental atlántica, de enredar los tiempos y confundir los espacios aqueja a alguien de forma furibunda, con un intensidad vírica que llega a la patología crónica e irreversible es a esos que son nuestros políticos más por coincidencia geográfica que por compromiso e implicación real. 
Y el reciente debate sobre el Estado de la nación lo confirma con una claridad tan meridiana que llama ya más a la rabia que a la tristeza, a la furia que al rechazo. 
Porque esos que dicen hablar por nosotros, esos que se han acostumbrado a que un puñado de sufragios cada cuatro años les de patente de corso para hacer y deshacer a su antojo, se han cambiado de tiempo y se han cambiado de espacio. 
Mariano Rajoy, el ínclito inquilino de Moncloa que ejerce solo de Presidente del Gobierno allende nuestras fronteras, que habla a los europeos pero no a los españoles, nos quiere cambiar el tiempo, nos lo quiere congelar. 
Considera que retrotraerse al pretérito cada vez más remoto, lo explica todo, lo demuestra todo, le evita todo compromiso, toda respuesta. Se pretende disfrazar de Zeus Olímpico -tanto por su cada vez más rala barba como por su creciente indiferencia por el mundo mortal- y ataca al tiempo, pretende volver a encerrar a cronos en el Tártaro para que el tiempo no llegue nunca hasta él, no le obligue a responder. 
Se le habla de corrupción y tierra de tiempos pasados para echar en cara a quien le habla lo que hace dos o tres décadas es hizo y se deshizo. Como si la desmadrada voracidad pasada de las pirañas de Filesa en Ferráz compensara el sobrecogedor trasiego actual de Génova. Como si en esto de la corrupción y el mamoneo bastara con el empate para pasar la eliminatoria. Como si el uno a uno de Filesa y Gürtel permitiera que nadie hiciera nada al respecto y que el tiempo de partido siguiera fluyendo hacia una prorroga en la que otras cosas, otras causas y otras historias deshicieran el empate a corrupción que registra ahora el marcador. 
Y cuando no tiene nada en cara que echarle del pasado a quien le habla, también recurre a secuestrarnos el tiempo y decir que eso era antes, que ya no queda nadie de esos a los que no quiere nombrar en su partido. Nos cambia el presente por un pasado remoto. 
Nos secuestra al titan del tiempo para evitar que le alcance, que le haga envejecer en sus propias miserias. Para tratar de ser políticamente inmortal, como fueron en la mitología aquellos que encerraron al tiempo para evitar enfrentarse con él. 
Y lo de Rubalcaba, el egregio líder de la oposición, tampoco es desdeñable. 
También togado, también olímpico, pero sin la posibilidad de ser en estos momentos Zeus imperante, toma el papel de Hades y mientras se ve obligado a residir en el submundo de la derrota electoral tira de metafórico complejo edípico y la emprende contra su titánica madre. 
Yace con su madre Rea para derrotarla y lograr cambiarnos el espacio. Y no los reduce, nos intenta hacer creer que el mundo es Génova. Pero ni siquiera la ciudad, sino el número 13 de una calle madrileña. 
Clama y reclama la dimisión de Rajoy por el traspaso de sobrecitos en esa dirección, por la llegada oscura y en metálico de dineros inexplicables para financiar mítines, carteles y pancartas. 
Pretende reducirnos a los pasillos y despachos de Génova, 13 el espacio de todo un país, de toda una sociedad, devastados por la arrogancia de unos recortes innecesarios en Educación, arrasada por el nepotismo ni siquiera disimulado de los recortes en la Sanidad, al borde del colapso en la miseria por los ideológicos recortes en servicios sociales y en derechos ganados hace tiempo. 
Como si lo que solamente es un síntoma, una prueba, un indicio, la punta del iceberg de la verdadera corrupción que supone vender el Estado por partes a socios y compinches fuera realmente lo importante; como si los sobres y las financiaciones de Génova superaran en importancia a los actos de verdadera corrupción que suponen las privatizaciones de gestión de la sanidad para generar negocio a los privados, como si los apuntes de Bárcenas superaran como acto corrupto al intento de menoscabar la educación de todo un país para convertir a sus habitantes en meros peones casi analfabetos que llenen por tres monedas los puestos de trabajo precarios que ofrecerán aquellos a los que sí les está permitido prosperar y tener futuro.
 En este debate, Rubalcaba se ha vuelto menottista y nos ha mostrado el achique de espacios en estado puro. Porque ese espacio reducido de Génova, 13 y su corruptelas e indicios delictivos podría permitirle salir del Hades sin necesidad de hacer el cambio que se le exige, sin renunciar a las actitudes y los modos y maneras que el han llevado electoralmente a donde está. 
Nos achica el espacio en la esperanza de que mirando solamente a Génova no veamos el resto, no tengamos en cuenta sus responsabilidades en esa situación, no le obliguemos a demostrar que es de otra manera a como ha sido antes de volver a pensar siquiera en confiar en él y en su partido. 
Y no solo Mariano y Rubalcaba los que juegan a ser dioses olímpicos, a encerrarnos el tiempo y el espacio en el Tártaro para su beneficio. En mayor o menor medida todos los miembros de este nuevo olimpo parlamentario hacen lo mismo en función de su importancia en el panteón. 
Unos tiran de independencia, otros de refundaciones del Estado, otros de federalismo, otros de glorias pasadas, otros de horrores pretéritos. Todos pretenden cambiarnos el tiempo o el espacio para que no lo veamos, para que no nos fijemos que sigue invadido por el verde de la pelea por la educación, por el negro del combata de la función pública, por el blanco de la lucha sanidad, por la gama cromática completa de la resistencia a los desahucios. Pretenden que vivamos en el tiempo que a ellos les conviene y que residamos en el espacio que a ellos les viene bien. Pretenden que seamos como aqueos y troyanos meros peones en sus luchas de ajedrez por el poder, por la representación, por la imposición ideológica. 
¿Y nosotros?, ¿en que nos transforma a nosotros este debate sobre el Estado del Olimpo -¡Uy, perdón!, de la Nación-? 
Pues no somos otras otra cosa que titanes. 
Encerrados, derrotados y privados de nuestro derecho al tiempo y al espacio que realmente importa -nuestra sociedad y nuestro futuro-, por aquellos que han culminado el golpe palaciego contra Cronos y Rea, contra el tiempo y el espacio en el que tenemos derecho a vivir. Somos los titanes castigados. 
Somos Atlas, condenados a llevar el peso del mundo en el que otros medran y se enriquecen sobre nuestras espaldas, somos Sísifo, condenados a arrastrar nuestra miseria y nuestra falta de expectativas por empinadas laderas para volver a ellas una y otra vez; somos Prometeo, castigados por intentar encender el fuego del progreso conjunto a que el águila de la corrupción, el nepotismo y el interés privado nos devoren las entrañas para siempre. 
Por parafrasear a Oliver Stone y su ya cinematográficamente mítico Jim Garrison. 
Hoy, en este país, somos todos ya titanes, hijos de dos padres asesinados-nuestro futuro y nuestra sociedad- por los que, con su desdén olímpico por bandera, aún se sientan en el trono. 
Esté este trono en Zarzuela, en Moncloa o en Ferráz.

viernes, febrero 22, 2013

Del contraefecto al ya no anónimo debate Talegón (2)

Proseguimos con el diálogo, ya no anónimo, sobre el contraefecto Talegón. Cada vez es más divertido y prometedor.
Toni dijo:
"Caray, no me esperaba tanto honor; me ha cogido de sorpresa.
Ahora me tendré que esmerar, sabiendo que esto ya no es un mero cruce de opiniones diferentes en los comentarios de un blog; es una entrada en toda regla.
 Me presento, me llamo Toni.
No sé si los comentarios permitirán la amplitud suficiente para desarrollar el tema, trataré de ser esquemático y conciso.
Vamos allá:
Usted alude a la cobardía del inmovilismo, al no querer movernos por inseguridad.
Le respondo que estoy hasta las narices de "gatopardadas". Usted es culto, no hace falta que explique el significado".

Encantado Toni.
No le falta bastante razón en lo de las gatopardadas, pero la principal gatopardada, desde mi punto de vista, es precisamente escudarse en las gatopardadas de otras gentes y otros tiempos para seguir quietos.

"Me dice que importa el mensaje, no el mensajero. Pero es que el mensaje va ineludiblemente unido al mensajero y, además, el binomio mensaje y mensajero, a veces, nos permite vislumbrar las intenciones del emisor". 
El mensaje: "Debemos preocuparnos por la infancia", es impecable.
¿Opina lo mismo si el mensaje lo emite un pedófilo? No, ¿verdad? ¿Ni aún sabiendo que está siendo sincero, que realmente, a su peculiar manera, se preocupa por la infancia (y tanto)?

Por seguir con el ejemplo
¿Debemos preocuparnos por la infancia?
Respuesta 1
¡Por supuesto que debemos, tienes toda la razón del mundo!, ahora mismo salgo a hacer algo por ellos, me organizo para protegerles y como te pille con la mano encima de alguno de ellos, te corto la garganta de oreja a oreja.
Respuesta 2
¿Pero quién eres tú para decirme eso, pedazo de pedófilo? Cuando alguien que no sea un degenerado de tu calaña me lo diga a lo mejor escucho lo que tenga que decirme y me decido a hacer algo, mientras tanto ni siquiera me preocupo de lo que estás diciendo.
 No sé cuál es la mejor de las opciones, ¿tú que piensas?

En la sociedad actual y en política, mensaje y mensajero van irremisiblemente unidos.
Le copio mail recibido de un amigo, creo que el autor es él:
"Líbreme Marx o Bakunin de escribir que celebro las lágrimas de cocodrilo de Beatriz Talegón en la manifestación de hace unos días. Líbreme Lenin o Proudhon de cuestionar su integridad intelectual y moral. Líbreme Engels o Kroptkin de usar palabras como OTAN, GAL, ETT, Yugoslavia, Afganistán, Libia o expresiones como reforma laboral, ERE irregular, reconversión industrial, rescate bancario, reforma constitucional exprés o Ley de Partidos. Y líbreme el “Che” Guevara o Buenaventura Durruti de sospechar o intuir determinada estrategia populista al servicio de la cual la Talegón se deja manipular".

Y ese es el problema de la sociedad actual. Solamente miramos al individuo y su imagen, creemos que lo alguien dice va indisolublemente ligado a él. Incluso estamos convencidos que de si se equivoca en una cosa tiene que estar equivocado en todo lo demás.
Claro que a su amigo le contestaría.
Líbrenme  la historia y la memoria de recordar que el bueno de Karl fuera en sus tiempos misionero luterano o que el gran Mijail Alexandrovich aportara su fuerza y su conocimiento a la tropa selecta de la Guardia Zarista.
Líbrenme el recuerdo y el pasado de tener en la mente que el joven Pierre Joseph estudiara con beca jesuita en Bersaçon de 1500 francos e hiciera de pasante para ellos o que el añorado Vladimir Ilich fuera parte de la nobleza hereditaria de nuevo cuño fruto de la recompensa del déspota semi ilustrado Nicolás II a su progenitor.
Líbrenme los tiempos y los datos de traerme a la boca que el mencionado Frederick era rico heredero de fábricas textiles y viñedos en los que nunca se aplicó aquello que demandaba en sus escritos o que el citado Piort fuera dueño de varios miles de siervos explotados por su familia con su callada aquiescencia mientras él ascendía en el cuerpo de élite militar del Zar de todas las Rusias.
Y, por supuesto, líbrenme los anales y los días pretéritos de conocer que el peleón Ernesto empleara las rentas de su acaudalada herencia en explotar a yerbatales en su finca de mate al pie del Paraná.
Porque, si recordara todo eso y aplicara esa teoría de la identificación del mensaje con el currículo pretérito del mensajero, tendría que eliminar lo que hicieron y dijeron después, todos los mensajes y argumentos que crearon en aras del cambio por considerarlos provenientes de alguien que nada podía aportar, al que no había de escuchar por su pasado.
Pero sobre todo Líbrenme Montesquieu,  Jefferson y Ned Ludd de acordarme de palabras y de hechos del pasados cuando hay tanto futuro que construir; líbrenme Saint Simon, Lovett o O´Connors de poner más energía en buscar defectos y maldades en oscuros rivales en mi misma trinchera que en obvios enemigos que disparan desde la de enfrente.
Y líbreme el sentido común de no exigir pureza de sangre a los demás cuando yo no la tengo, de no exigir gestos grandilocuentes cuando yo no los hago, de no creer que la lucha está en manifestarse solamente y no alzar la voz por separado y cuando se está solo, cuando no te esconden multitudes encendidas, colectivos con k o muchedumbres desesperadas, para denunciar ante tu empleador las injusticias que comete con otros, arriesgando tu curro y tu salario.
Líbrenme los hados de exigir una conciencia impoluta y sin mácula a los que llegan de allende mis fronteras ideológicas, esculcando en su pasado y filiación para encontrar errores cuando no hago lo mismo conmigo y con los míos, cuando no identifico mis vergüenzas, mis rendiciones, mis elusiones y mis inacciones.
Porque entonces nunca habrá cambio, nunca habrá evolución. Haremos lo mismo que aquellos a los que creemos combatir.
Dividir, seccionar, separar y negarnos a crear nada nuevo porque no queremos, no sabemos o no podemos empezar a pensar en modo diferente al que piensan aquellos a los que, precisamente, les echamos en cara ese modo de pensar.
Así que líbreme la lógica de emplear tiempo y esfuerzo en atacar a Talegón por sus orígenes o sus intenciones supuestamente ocultas cuanto hay tanta batalla que luchar contra quien no oculta sus actos y ya ha puesto de manifiesto sus intenciones. Líbreme la coherencia de cuestionarla a ella si no me cuestiono yo en primer lugar.

Y lo de la teoría de Futurama merece una respuesta en la línea, pero yo soy más de Marvel, De la Era de Apocalipsis, en concreto. De momento lo dejo para un siguiente post que espero no se demore demasiado por otras obligaciones que me acucian
Un saludo a un debatiente divertido

jueves, febrero 21, 2013

Del contraefecto al anónimo debate Talegón (1)

A veces, solamente a veces, el debate de ideas y argumentos enfrentados resulta productivo, resulta por sí mismo gratificante cuando te das cuenta de que solamente por su existencia todavía puede sacarse algo en claro de este Occidente Atlántico nuestro donde el gusto por pensar cada vez más un artículo de colección.
Aunque solo sea eso. Esto hay que agradecerle a la buena de Beatriz Talegón. Al menos yo se lo agradezco. Aunque no conozca el nombre de la persona con quien debato.

Anónimo dijo...
Pues no, hombre, no, el efecto Talegón no es más que la enésima maniobra de un Psoe podrido hasta el tuétano para vendernos que se están regenerando, ¿eh?, que esta vez va en serio.
Una joven de ¿30 años? Ya... Podríamos proponer que las juventudes fueran hasta los 45. Total, el proceso de infantilización social es tal, que a la edad que mi madre tenía 2 hijos, llevaba una casa y atendía un negocio, esta mujer es la presidenta de las juventudes.
Y luego llora, pobrecita, cuando los de las hipotecas la mandan a la mierda. Ella que quería ser la líder de la revolución...
Anda a la mierda con toda esta gente.
Saludos. 

Para Anónimo:
A mi el efecto Talegón no me preocupa ni me preocupará nunca. Sus motivaciones son suyas.
A mi me preocupa el "contraefecto", ¿por qué estamos más interesados en las bondades o maldades del mensajero que en el mensaje?
¿por qué seguimos exigiendo esa condición mesiánica de pureza impoluta de todo aquel que diga algo para tener en cuenta sus palabras?
Me interesa por qué nos sentimos en la necesidad de reclamar "pureza de sangre" a todo aquel que hace una crítica, como si su supuesta falta de credibilidad nos sirviera a nosotros de excusa para cerrar los oídos a sus palabras.
Nos podemos imagina qué hubiera pasado si los franceses hubieran dicho ¿quienes son estos aristócratas enteradillos para decirnos a nosotros que tenemos que ir contra el rey y acabar con la servidumbre, siendo ellos todos de familias nobles venidas a menos? o si los colonos americanos hubieran exclamado ¡No vamos a ir a una guerra de independencia porque estos que dicen que seamos independientes han hecho tratos comerciales con Inglaterra en sus negocios!
Es la excusa perfecta.
Como nadie va a estar limpio de polvo y paja, por más que nos griten desde todas partes que tenemos que hacer algo nosotros seguiremos sin hacerlo porque los que nos lo dicen están desautorizados para decírnoslo.
Lo siento, pero me parece tan viejo como la cobardía.
Y ese también es un rasgo de infantilismo social. Y uno muy nuestro.
Y sobre las edades... Tener dos hijos, atender un negocio y llevar una casa no es un rasgo de madurez (y no es por tu madre en concreto, por supuesto, es una apreciación general)
La madurez se alimenta de la coherencia. Si se actúa coherentemente, se actúa como un adulto, se esté soltero y sin compromiso, sin hijos y sin negocio o se esté como se esté.
Pero, en cualquier caso, no es por defender o atacar a Talegón. Para mi ella es irrelevante en ese debate. Es solamente un ejemplo.
Es porque me sigue entristeciendo y dando rabia que siempre encontremos un motivo -y además basado en los supuestos defectos de los otros- para eludir los cambios personales y sociales que nos reclaman.
No es el motivo por el cual ella ha hecho lo que hecho sino los motivos por los cuales nosotros hacemos lo que hacemos.
Lo repito es "el contraefecto" lo que critico, no el "efecto".
Saludos

Anónimo dijo...
Recojo el guante, señor Devil.
Hay algo aún más viejo que la cobardía, que es la ingenuidad. El hombre nace ingenuo, después se hace cobarde, o no.
Hay otra cosa con la que no se nace que es la coherencia.
Cuando de un partido podrido una de sus cachorras te viene vendiendo la moto de la regeneración, el tonto mira a la Luna, el sabio al dedo que, cual maniobra de distracción, señala a la Luna para que olvidemos la podredumbre del dedo.
Sí, lo de mi madre no era síntoma de madurez. Ni lo de la suya. Pero pertenecer, ser presidente, de las juventudes de un partido más allá de, digamos, los 21, a mí me suena a ingeniería social. Al "eternamente joven". A, como soy joven todo se me ha de disculpar. A no tengo aún un criterio formado. A no asumo mis responsabilidades. A soy eterna víctima, ser necesitado de protección y tal (el feminismo eso se lo sabe).
Resumo y concluyo de momento: ¿Qué dijo esta tía de sustancia? ¿Qué ha hecho ella hasta hoy para demostrar un bagaje que respalde sus argumentos?
Nada.
Encantado de seguir debatiendo. Le sugiero que se informe sobre el trayecto de esta mujer, primero.
Saludos y gracias por responder, estoy en su casa.

Me alegro de que recoja el guante.
Pero me temo que no estamos debatiendo sobre lo mismo.
Usted sigue en el empeño de que la virtud del que dice las cosas está por encima de todo y en la justificación de que si el mensajero, en este caso Beatriz Talegón, es cuestionable desde su punto de vista ya el mensaje no tiene que ser escuchado, ni atendido ni, por supuesto, respondido. 
Eso es lo que es básicamente ingenuo.
Desconozco, desde luego, su trayectoria personal, pero lo que defiende este post es que mientras nosotros no hagamos nada, no nos enfrentemos a los que están por encima de nosotros, no arriesguemos nada no estamos en condiciones de decirle a nadie que no tiene derecho a hacerlo.
Nosotros mayoritariamente agachamos la cabeza, aguantamos lo injusto y luego, cuando alguien dice que es injusto, que está mal, corremos a buscar argumentos para desacreditarle, para justificar porque no hacemos caso de ese mensaje.
En el post, lo digo y lo repito en varias ocasiones, las palabras que fijo Talegón no son relevantes –salvo quizás para los líderes socialistas- pero nosotros deberíamos quedarnos con la idea de que hay que enfrentarse a los que tienen el poder y decir las cosas claras.
Puede que sus motivos sean espurios, puede que su intención sea mero arribismo pero lo que es incoherente en grado sumo es justificar nuestro rechazo en eso y ni siquiera ahondar en la actitud. Lo que se me antoja absolutamente infantil e incoherente es decir sigo sentado, sigo sin hacer nada porque todos los que me dicen que lo haga no son santos de mis devoción, no son castos y puros.
Lo que sí me parece ingenuo es que esperemos que el cambio llegue de un nuevo héroe, de un nuevo paladín, de un nuevo mesías impoluto al que simplemente seguir.
Y lo hacemos con todo. 
El 15M son una panda de perroflautas, no hay que hacerles caso; los políticos son todos corruptos, sus denuncias de corrupción no valen; los funcionarios solamente defienden sus privilegios, no tienen razón en su justificación; los trabajadores del metro nos joden la mañana y nos impiden llegar al trabajo, su huelga no es buena; los sindicatos están acomodados y viven de la sopaboba, no hay que seguir sus convocatorias; los actores no tienen derecho a la crítica porque no pagan impuestos en España… y Talegón es, simplemente, un ejemplo más. 
Y así seguimos, escudándonos en las supuestas o reales manchas éticas de unos y de otros para justificar nuestra inacción, para no ahondar en su mensaje.
Seguimos haciendo lo mismo de siempre, esperando que aparezca un mesías o un milagro que adecente el local para que nosotros simplemente tengamos que hacer el ejercicio de depositar nuestro sufragio y no tener que implicarnos en nada más.
Y la historia sigue demostrándonos que eso no puede ser así.
Dantón, Marat y David eran arribistas de tomo y lomo y hoy en día consideramos ineludibles los derechos que ellos redactaron; Franklin Jefferson o Madison eran miembros de la élite burguesa americana y hoy en día nadie duda de su declaración de independencia y de los principios que en ella figuran.
Tenemos que volver a la acción, tenemos que dejar de definirnos por el partido al que votamos y al que no votamos, tenemos que dejar de pensar en los mensajeros y ahondar en los mensajes porque si no este sistema no podrá cambiarse ni regenerarse, ni por un lado ni por el otro.
Y sobre la ingeniería social simplemente haré un apunte. Lleva practicándose desde hace mucho tiempo con nuestra absoluta aquiescencia, con nuestro beneplácito más completo. Si unos la realizan con el feminismo y la supuesta progresía, los otros la llevan a cabo con el falso liberalismo y las supuestas raíces cristianas. Si unos lo hacen con el aborto y el maltrato, los otros lo hacen con la familia tradicional
Y eso va mucho más allá del PP y del PSOE, de la progresía y el conservadurismo, de Talegón y de Carromero.
Lo pueden hacer porque nosotros se lo consentimos. Porque nos resulta mucho más fácil alinearnos que cambiar, buscar a quien seguir que pararnos a crear algo nuevo, desacreditar al rival que asumir algo de lo que diga. Asentir o rechazar que pensar por nuestra cuenta. 
Puede que todo eso parezca ingenuo pero trabajamos ocho horas diarias y tenemos jornadas de descanso porque en mil ochocientos y pico los trabajadores ingleses fueron así de ingenuos, aunque sus líderes les llevaran a la huelga para encumbrarse políticamente; no somos siervos ni estamos ligados a la tierra porque en 1789 los franceses siguieron a quienes les decían que no tenían que serlo aunque con ello buscaran relevancia política o beneficio. Le debemos lo que tenemos a esas “ingenuidades”.
Y desde luego las prefiero a la cobardía de desacreditar todo lo que se mueve para justificar nuestra poca tendencia al movimiento, el riesgo y el cambio. 
Este debate, para mí, no va de Beatriz Talegón, va de nosotros, como sociedad y como individuos.
Pregunta usted ¿Qué ha hecho ella para apoyar sus argumentos? No me importa, nunca me ha importado.
Mi pregunta es, siempre ha sido y siempre será ¿Qué hacemos nosotros para refrendar los nuestros?, ¿Qué argumentos tenemos para justificar nuestra inacción? ¿Qué los que nos la reclaman no son limpios y puros?
Es muy poca alforja para tan duro viaje.

Todo debate inteligente es siempre un placer. Mi casa siempre está abierta para eso.
Un saludo.
Voy a colocar estos comentarios como un nuevo post para que otros puedan participar en él. Si no le importa.

miércoles, febrero 20, 2013

La "otra" reforma educativa

Con Wert, el saber no ocupa lugar -ni siquiera la FP-

Los gobernantes que nos hemos echado a la espalda con nuestros sufragios se han vuelto especialistas en el innoble arte del digodiegismo, del decir una cosa y luego decir que se había dicho lo contrario y hacer al final algo que ni es lo primero ni es lo segundo.
Y esa práctica aciaga que les ha llevado a incumplir una tras otras todas sus promesas electorales parece ser que se les a pegado en todo lo demás. El virus de no aplicar lo que dicen defender, de cambiarlo sobre la marcha, de ajustarlo a sus necesidades de forma artera descarada ha llegado también al ámbito ideológico.
Y como muestra un botón, un recorte más que, como siempre, afecta a lo esencial, afecta a los servicios y derechos de los que depende nuestro futuro.
La Comunidad de Madrid, donde se está desangrando la Enseñanza Pública -como en todo el resto de España- en aras de cambiar el modelo hacia el concierto con lo privado, donde se ahorra de lo esencial en los centros públicos para seguir pagando lo superfluo en los concertados, donde se retiran profesores para los desdobles o para los refuerzos mientras se mantienen los pagos para los de  religión, resulta que le han retirado el concierto a la FP de Grado Superior.
Mientras Wert vende a quien quiera escucharle -que cada vez es menos gente- que sus recortes universitarios, su desprecio por el bachillerato, su LOCME, que convierte los centros públicos en escuelas novecentistas donde se aprende lo mínimo para pasar el día, se hacen para potenciar una Formación Profesional adecuada al mercado laboral, que facilite la integración en el mercado del empleo y que se sitúe en el rango de la recuperada adoración por Alemania de otros tiempos, en Madrid se le quita el concierto a la única enseñanza que, vista de lejos y deprisa, podría asemejarse a ese concepto.
Uno pensaría que, por concertada y por profesional, era precisamente ese tipo de centros los que iban a contar con la absoluta adoración de Wert y sus reflejos autonómicos en los gobiernos del Partido Popular.
Uno lo pensaría si realmente creyera que creen una sola palabra de lo que dicen. Pero a estas alturas sabemos que no es así.
Porque su apoyo a la FP es solamente una excusa para justificar el desmantelamiento de los estudios universitarios, porque su compromiso con la educación concertada como modelo es solamente el entramado que utilizan de cobertura para ocultar sus golpes de ariete contra los centros públicos, porque su apuesta por el modelo del concierto no va a más cuando ese concierto no reporta beneficios a sus entidades y grupos afines.
Porque, en definitiva, el Partido Popular no apuesta por la enseñanza pública, ni por la concertada -salvo cuando esto supone negocio para ellos o los suyos-, no apuesta por la educación universitaria ni por la Formación Profesional.
Sencillamente, no apuesta por la Educación en ninguna de sus formas y maneras.
Porque en la sociedad que quiere el Partido Popular, en la sociedad que le demandan que construya todos aquellos que presionan sobre él para que defienda sus intereses, todos aquellos que han financiado legal o ilegalmente sus campañas, la educación no ocupa lugar alguno, no tiene importancia ninguna. No es relevante.
Por eso da igual que el centro sea concertado o público, que la enseñanza sea universitaria o profesional. Si cuesta dinero se cercena, se corta porque nunca se prioriza en su favor.
El dinero hace falta para otras cosas más importantes, para dárselo a aquellos que realmente mantienen al poder en el poder, no a los ciudadanos, que falsamente creen que son ellos los que lo hacen.
Por eso no les importa poner a 600 docentes en la calle, no les importa masificar los centros públicos que, ya ahogados por sus recortes, tendrán que asumir toda esa demanda sin poder enfrentarse a ella por carecer de los medios que eses mismo gobierno les ha quitado y de los recursos que se han destinado a otras tareas.
De modo que, con esos centros públicos saturados, incapaces de preparar profesionalmente a sus alumnos, llegará el momento de justificar su eliminación de ahondar en su descrédito, de quitarle el bozal a Wert para que cargue contra ellos y los devore en su furia por revertir la cultura y la educación a la era de la escolástica monacal.
Y si alguien tiene algo técnico o profesional que aprender ya lo hará en un eterno contrato de aprendizaje sin sueldo para beneficio de su empleador,  o en unas prácticas infinitas por las que no reciba más sueldo que la comida y el transporte o incluso en uno de esos mini empleos que tanto defiende el nuevo capo de los empresarios españoles.
Así que el Partido Popular, sin quererlo, ha hecho buena la frase que profesores y docente han utilizado como herramienta para forzar las mentes de sus alumnos hacia el raciocinio, el conocimiento y el pensamiento autónomo:
Con Wert en Nuevos Ministerios y sus espejos autonómicos en las Consejerías de Educación, en España el saber no ocupa lugar. Ningún lugar en absoluto.
Salvo, en todo caso, en un modelo de concertación  que, de servir para algo, servirá para asentar los dogmas de fe que conviertan a la población española en el epítome de la resignación cristiana, en la que acepte el derecho divino de los gobernantes y los empresarios a hacer lo que les dé la gana con su presente, su vida, su esperanza y su futuro. Que para eso si sirve el concierto educativo.
Así que la única manera que tienen esos centros concertados de Formación Profesional Superior de salvarse es imponer el rezo del rosario mientras se ensamblan piezas o la parada obligada en los talleres en el rezo del Ángelus a mediodía.
Ese es el único lugar que el Partido Popular deja al saber y a la educación en España.

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