miércoles, mayo 14, 2014

Valen las astas, no las banderas


Ya está bien.
Hay cosas que han dejado de importar.
Si vuestro dios os dice que lo que ocurre no es justo ni puede serlo, estáis conmigo y yo estoy con vosotros.
Dejad de pensar en vuestros rezos, vuestra moral, vuestros mandamientos y vuestra salvación y luchad con nosotros. Dejad de escuchar a vuestras jerarquías. Ellos no están de vuestro lado. Nosotros sí.


Hay cosas que ya no son relevantes.
Si vuestra ideología os dice que lo que ocurre no es justo ni puede serlo, estáis conmigo y yo estoy con vosotros.
Olvidad vuestros paraísos perdidos, vuestros Estados, vuestras dictaduras proletarias, vuestros anticlericalismos y luchad con nosotros. Dejad de defender vuestro partido. Él no está de vuestra parte. Nosotros sí.
Hay cosas que han dejado de existir.
Si vuestra libertad os dice que lo ocurre no es justo ni puede serlo, estáis conmigo y yo estoy con vosotros.
Abandonad vuestro muerto anarquismo, vuestras falsas resistencias, vuestros actos inútiles y vuestro antiguo miedo a los estados y luchad con nosotros. Dejad de intentar revivir vuestra muerta utopía. Ella ya no vive a vuestro lado. Nosotros sí.
Hay cosas que ya no se mantienen
Si vuestra búsqueda de horizontes os dice que lo que ocurre no es justo ni puede llegar a serlo, estáis conmigo y yo estoy con vosotros.
Dejad de pensar en vuestros beneficios, en vuestros capitales, en el muerto sueño del ascenso económico y en vuestra estabilidad. Dejad de proteger vuestro agonizante liberalismo y luchad con nosotros. Él ya no quiere ayudaros. Nosotros sí.
Hay cosas que ya no nos protegen
Si vuestra tierra os dice que lo que ocurre no es justo ni puede serlo, estáis conmigo y yo estoy con vosotros.
Aparcad vuestros himnos, vuestras banderas, vuestros odios ancestrales, vuestras extranjerías y vuestros rencores de la historia. Desterrad vuestros orgullos patrios y luchad con nosotros. Ellos ya no están a vuestro lado. Nosotros sí.
Hay cosas que se nos han cambiado
Si vuestro trabajo os dice que lo que ocurre no es justo ni puede serlo, estáis conmigo y yo estoy con vosotros.
Ignorar vuestros puestos, vuestros ascensos, vuestras pagas y vuestras vacaciones. Vuestras pírricas representaciones y vuestras dadivas sindicales. Ignorar a vuestros sindicatos y luchad con nosotros. Ellos no siguen junto a vosotros. Nosotros sí.
Si vuestro sexo os dice que lo que está ocurriendo no es justo ni puede nunca serlo, estáis conmigo y yo estoy con vosotros.
Omitid vuestros patriarcados, vuestros matriarcados, vuestros postergados derechos, vuestros ignorados deberes, vuestras gónadas internas o externas. Postergad vuestra guerra de sexos y luchad con nosotros. Vuestros sexos y géneros no están con vosotros. Nosotros sí.
Y si hasta vuestro egoísmo os dice que lo que está ocurriendo no es justo ni nunca lo será, estáis conmigo y yo puedo estar con vosotros.
Contened vuestros deseos, vuestros caprichos, vuestros gastos baldíos, vuestras expectativas individuales. Abandonad vuestro miedo y vuestro individualismo. Ellos ya no pueden flanquearos. Nosotros sí.
Y si traéis vuestro dios a la batalla le daremos el arma que prefiera.
Y si traéis vuestro Estado a la lucha le cavaremos una buena trinchera.
Y si traéis vuestra resistencia, vuestro liberalismo o vuestra tierra a la pelea, les daremos un puesto de combate.
Y si traéis vuestro trabajo, vuestro sexo o vuestro miedo a nuestras filas, pelearemos con ellos y por ellos.
Ya está bien.
Ya no hay tiempo ni fuerzas para seguir en pequeñas batallas, en muertas revoluciones, en sistemas agónicos. Para exigir pequeños egoísmos, para luchar tan sólo por lo nuestro en contra de lo de otros.
Ya no hay tiempo ni fuerzas que emplear en los antiguos odios, en arcaicos orgullos, en ideas gastadas o en viejos enemigos.
Ahora somos todos o no somos ninguno.
Y si aún queréis o necesitáis ir tras una bandera, hagamos una nueva.
Es tiempo de luchar, de pensar de crear. Hacedlo con nosotros.
Y no escurráis el bulto, no me hagáis la pregunta.
¿Quiénes somos nosotros?
Somos todos vosotros.
Ya está bien.
Haceros el favor de no intentar fingir que no lo comprendéis.


Carrasco, política y aquello de "Uno de los nuestros"

Está claro desde hace varias generaciones, dos guerras mundiales y varios ciclos de crisis económica, que el ser humano no aprende nunca de los errores ni de los dolores sufridos en carnes y tiempos ajenos. Pero parece que nuestros políticos en general se han empeñado en no aprender tampoco de los que experimentan en carne propia.
Aún está casi caliente el cadáver de la Presidenta de la Diputación Provincial de León, Isabel Carrasco, asesinada por como se hacen y se deshacen las cosas en las principales formaciones políticas de este país, tiroteada por quien a todas luces se antoja una de las integrantes de su clientela partidaria, y las mesnadas políticas españolas siguen a lo suyo. Siguen sin aprender.
Para empezar se juntan y se agolpan para mandar un mensaje tan claro y meridiano que nos hace mover la cabeza a uno y otro lado casi con desesperación: "estamos juntos, somos lo mismo, en esto no hay fisuras".
Más allá del culto a la muerte que rige el inconsciente colectivo patrio y hace olvidar los errores, fracasos y maldades de los muertos en beneficio de su memoria -como si la memoria no mereciera o tuviera derecho a recordar las partes oscuras de nadie-, nuestros políticos abarrotan la catedral de León, se sientan en sus bancos, para reivindicar la política, dicen ellos.
Pero en realidad la foto de todos contritos y acongojados envía otro mensaje. Envía eso de "chicos, cuidado, que esto puede pasarnos a cualquiera". 
Porque lo que conmociona a los políticos de los partidos mayoritarios y de alguno no tan mayoritario no es la muerte de alguien querida o por lo menos respetada por toda la clase política española, como podría ser el reciente fallecimiento de Adolfo Suárez. Lo que les tiene en estado de animación suspendida y cortocircuito emocional es el hecho de que Isabel Carrasco que, pese a lo que digan o escriban, les importaba bien poco, murió a manos de una de las suyas.
Y todos los que se sientan en la nave de la catedral leonesa tienen demasiados de los suyos como para dormir tranquilos estos días, ahora que han visto que alguien a quien creían afecto y sometido a la disciplina del partido puede acercarse a ti por la espalda disparate y luego esperar a que te gires en el suelo para rematarte con cuatro disparos más; ahora que han visto que la militancia clientelista -no toda la militancia- no solamente sirve para pegar carteles, descabalgar de sus puestos a los de la competencia política, ganar dinero y hacerse fotos, sino que también puede reclamar con sangre a su señor, como antiguos vasallos medievales, las deudas contraídas y no pagadas.
Por eso se empeñan en reivindicar la política. Pero en realidad no están reivindicando la política, sino su forma de hacer política. Porque si reivindicaran la política de verdad esto no hubiera ocurrido. Isabel Carrasco nunca hubiera muerto asesinada a tiros en las calles de León.
Nunca hubiera pasado porque nunca hubiera existido una mujer que pudiera creerse que por ser militante de un partido y parte de la agenda de alguien tenía el trabajo asegurado, los juicios ganados y los ingresos firmes. 
Porque si creyeran de verdad en la política hace meses que habrían aprobado una Ley de Transparencia que languidece en los pasillos del Congreso y que cada vez está más vacía de contenido; no hubieran intentado sacar adelante iniciativas que impidieran a la ciudadanía protestar, criminalizando las manifestaciones y los escarches, para mantener a salvo a los políticos de sus propias conciencias; se hubieran puesto de acuerdo para reformar el código penal para criminalizar la corrupción y el nepotismo político con penas mucho más duras; hubieran hecho frente común para eliminar el aforamiento de toda la casta política de cargos electos que se escuda tras de él en sus delitos y manejos desde Valencia hasta Andalucía, desde Galicia a Catalunya, desde Madrid hasta Bilbao.
Eso es reivindicar la política y la forma correcta de hacer política, no acudir de negro a un funeral a mandar el mensaje de "estamos muy preocupados y tristes porque han matado a uno de los nuestros".
Porque en realidad eso es lo único que les preocupa, que era uno de los suyos.
Y por eso suspenden la campaña electoral y hasta el debate de los candidatos de sus partidos cosa que, como decía ayer un comentario de una red social, no hacen cuando se suicida un desahuciado, por poner un ejemplo trágico, público y por desgracia cada vez más frecuente. Esos no son de los suyos, no hace falta preocuparse.
Y como muestra un botón.
El Ministro del Interior, Jorge Fernández, ha solicitado a la Fiscalía General de Estado que investigue algunos comentarios en redes sociales para ver si son constitutivos de delito por los insultos que expresan contra la política leonesa tiroteada.
No está mal.
Pero cuando entras en Twitter y tardas  dos movimientos de pulgar en encontrar un comentario en el que se le niega el cerebro y la condición de ser humano a todo varón sobre la tierra o ves que el hashtag del día es #DEPAbrahamMateo, que solicita la muerte de un cantante de moda, supones que el señor ministro del interior hará la misma solicitud a los fiscales de este país.
Cuando tardas dos clics de ratón en hallar un timeline que define a las mujeres por sus pechos o en encontrar tuits y respuestas que piden que se dispare a matar contra los inmigrantes que saltan la valla, que se saquen los tanques a la calle en Catalunya o que llenan de comentarios e insultos racistas y xenófobos las redes sociales, esperas que el ministerio actúe con la misma presteza.
Y cuando ves que no es así es cuando te das cuenta de que tienes razón en algo que ya sabías. Nunca van a aprender.
Solo importa lo que le hagan a uno de los suyos. Solo hay que proteger a los suyos, solo hay que valorar a los suyos, solo hay que defender a los suyos. Y nosotros y otros muchos nunca seremos los suyos. Nunca se sentarán por nosotros compungidos y penosos intramuros de una catedral.
Exactamente la forma de hacer política de todos ellos que ha llevado a Isabel Carrasco a morir a tiros en mitad de una calle de León.

martes, mayo 13, 2014

Isabel Carrasco: la agenda como arma del crimen

Hay ocasiones en las que un solo acto, un solo hecho público y notorio, de repente nos arroja a una realidad que desconocíamos o nos empeñábamos en desconocer.
Y esto es lo que ha ocurrido con el asesinato de la líder provincial del PP de León, Isabel Carrasco.
Mientras sus compañeros se empeñaban en intentar desactivar la protesta tildando de terrorismo los escarches, mientras el gobierno que su partido ejerce y mantiene pretendía y aún pretende silenciar la sociedad acusando de violentos a todos los que alzan su voz y sus acciones contra él, dos mujeres, que no protestaban, que no estaban en colectivo reivindicativo ninguno, que no tenían nada en contra de la política de los gobiernos central, regional o local, atravesaron una plataforma peatonal y descerrajaron cinco tiros a la presidenta de la Diputación Provincial de León.
Y los políticos se quedan estupefactos, la sociedad arruga la comisura de los labios y los medios de comunicación se ven forzados a tirar de partes policiales para rellenar páginas porque parece que es algo que no es lógico. 
Las declaraciones y entrecomillados empiezan a hablar de "sin sentido", "sin explicación" y en realidad lo que quieren decir es que la muerte de la política castellano leonesa nos deja fuera de juego, sin saber en qué dirección movernos. 
Porque no es un asesinato político o terrorista -como si matar a alguien por pensar de forma diferente a nosotros fuera una explicación aceptable-; porque no es una muerte en un acto criminal o delictivo -como si disparar a alguien por dinero fuera fácilmente explicable-. Porque es algo que parte de una de las realidades más viscerales de nuestro país, de nuestra forma de hacer las cosas.
Y no se trata de la venganza, que también. Se trata del nepotismo.
Hay muchos en este país que centran sus expectativas de futuro, de ascenso o simplemente de supervivencia en acercarse a otros. En la vida real es así, pero en la política es un virus que lo inunda todo, que invade y carcome las entrañas de prácticamente todas las organizaciones políticas y sociales.
Y así dejamos de ser nosotros y nuestras circunstancias,como eramos para Ortega y Gasset, para transformarnos en nosotros y nuestros contactos, nuestras amistades, nuestra agenda.
La asesina de Isabel Carrasco era parte de esa agenda. Había ascendido hasta entrar en las listas pero no salió elegida y entonces se la contrató de interina en la Diputación, luego hubo que recortar y se la despidió, pero se la mantuvo como autónoma y finalmente se la dejó de pagar. 
Y en ese momento, según parece, es en el que Isabel Carrasco empezó a ser asesinada.
Porque cuando se deposita nuestro futuro en las manos de otros, en las supuestas lealtades y amistades de otros, en los secretos y mentiras compartidos, dejamos de controlarlo. Dejamos de vivir para pasar a solamente servir.
Nuestra vida y nuestras acciones dejan de pertenecernos y comienzan a pertenecer a un solo señor, el miedo.
El miedo a perder lo que hemos conseguido, lo que tenemos y que depende en parte o en todo de la voluntad de otro, de los deseos de otra persona y sobre todo de que aquellos que nos han ayudado a medrar, ascender o simplemente mantenernos estén contentos con nosotros.
Así que tenemos que hacer lo que dicen. Da igual que lo ordenen directamente, lo aconsejen amigablemente o lo insinúen arteramente, tenemos que hacer lo que dicen. 
Aunque no nos guste, aunque no queramos hacerlo. Incluso aunque no digan nada, con que muestren un descontento general hacia nuestros actos, nosotros corremos a recoser las relaciones, a ponerlas en su sitio, a rendirles pleitesía para que sepan que seguimos siendo de los suyos.
Y si, después de todo eso, de todas esas ofrendas, de todas esas acciones regidas por el miedo a ser nosotros mismos y a asumir nuestros riesgos, vemos que no nos sirve, vemos que somos aparcados definitivamente en la cuneta porque ya no les valemos para los objetivos que tenían para nosotros, porque tienen otras cosas en qué pensar o simplemente porque tienen sus propios amos a los que contentar, entonces es cuando llega la desesperación. 
Entonces es cuando llegan los cinco disparos a quemarropa.
De repente, aquel líder, aquel político, aquel poderoso en el ámbito que sea, que era nuestro aliado y protector se transforma en nuestro enemigo. 
Cuando vemos que no controlamos una situación que creíamos que estaba en nuestras manos porque le teníamos de nuestra parte es cuando nos damos cuenta de ya no podemos manejarle, de que ya no podemos seguir cabalgando a lomos del potro desbocado que es el compadreo gubernativo, el servilismo partidario o cualquier otra forma de nepotismo político y social, es cuando nos damos cuenta que todo ha sido en vano, que nuestras renuncias no cuentan, que nuestra lealtad no importa, que nuestros servicios son prescindibles.
Y como el segundo de a bordo que ha esperado sentarse a la mesa del gabinete del capitán pirata a fuerza de machacar a la tripulación y no obtiene el mando de la segunda nave; como el esclavo de confianza que la ha ganado a fuerza de flagelar la espalda de sus compañeros de raza y plantación y descubre que va a ser vendido, nos damos cuenta de que no nos queda una vida propia a la que recurrir.
Da igual que sea porque nos intenten obligar a hacer algo que no podemos hacer o porque simplemente dejen de preocuparse por nuestra situación y nuestra protección. 
Cuando vemos que nuestra vida se destruye por la misma voluntad a la que recurrimos para crearla, comprendemos que no tenemos salida. Que ni siquiera la traición es ya una salida.
Y algunos o algunas, cuando se quedan sin salidas, cogen una pistola y disparan cinco veces. Ese -en el rango de tragedia que se quiera- parece ser el motivo de la muerte de Isabel Carrasco.
Así es nuestra política, así es en parte nuestra sociedad. Que nadie se atreva a decir que su muerte no tiene explicación. La tiene y muy clara. Aunque a nosotros no nos guste reconocerlo.
Es el mismo motivo que está desgarrando nuestra política y otros muchos ámbitos de nuestra existencia como individuos y como civilización occidental atlántica: En una sociedad y una política como la que hemos creado y ahora padecemos, la agenda es fundamental, los contactos son imprescindibles, pero nosotros los buscamos por poder y los mantenemos por oportunidad. No los elegimos por honestidad y los cuidamos por coherencia.
Nuestra política lleva escrito en las hojas de sus agendas y las memorias de sus móviles el nombre de su propio asesino, inscrita la fórmula de su propia destrucción.
Y de la nuestra.

martes, mayo 06, 2014

No hay pechos para mujeres que sufran en Chibok

Desde el pasado 14 de abril echo mucho de menos ver pechos al descubierto por las calles de España.
Pero no solamente en las de España. También en las de Londres, en las de Bruselas, en las Europa en particular y el mundo occidental atlántico en general.
Y dicho así podría considerarse un ataque hormonal de proporciones clínicas. Y más si añado que también los echo de menos en los periódicos, en los informativos, en el Congreso de los Diputados e incluso en las puertas de las embajadas.
Pero no es es eso.
Desde el 14 de abril 223 mujeres están secuestradas en Nigeria, desde el 14 de abril son violadas varias veces al día, obligadas a someterse al islam -como si a algún dios, en caso de existir, le valieran ese tipo de conversiones-, desde el 14 de abril están sufriendo y muriendo y con la amenaza de ser vendidas como esclavas.
Y yo no veo pechos al descubierto por el mundo.
Las mismas que se indignan por una ley de aborto que ni siquiera impedirán abortar a las mujeres que lo deseen -y si no al tiempo-, la mismas que convocan minutos de silencio por muertes de género que luego resultan no serlo tras la investigación policial, las mismas que están asentadas en todos los países occidentales y se movilizan, según ellas, de forma radical contra todo tipo de violencia contra la mujer, ahora están calladas, no inundan las calles y las puertas de las embajadas con sus senos al viento.
Quizás sea porque las adolescentes que sufren lo hacen en Nigeria y, bueno, al fin y al cabo una mujer que nace en Nigeria ya debe estar acostumbrada al sufrimiento; o a lo mejor por es una de esas zonas del mundo a las que cuesta viajar y en la que la cobertura de Internet no asegura máxima difusión en las redes sociales o porque nos ha pillado por medio la Semana Santa y el Puente de Mayo que son fechas para lucir los pechos en otra tesitura.
Pero a lo peor es porque no nos importa un carajo. A lo peor es porque como no compartimos cultura, continente, religión ni mundo en general con ellas, no consideramos que tengamos que hacer nada para impedir su sufrimiento, a lo peor es porque damos por sentado que como no son occidentales atlánticas las adolescentes nigerianas no tienen los mismos derechos que las mujeres de este nuestro mundo.
Tenía que llegar el día en que se nos notara que no somos lo que decimos ser, que en realidad somos otra cosa. Tenía que llegar el día en el que esa supuesta defensa de los derechos universales que todos decimos hacer se rebelara como una defensa de "nuestros" y solamente nuestros derechos. 
Y los medios de comunicación están en las mismas. Se apresuran a catalogar como violencia de género y poner en portada la aparición del cadáver de una mujer boliviana mientras en la misma información se ven obligados a decir que la investigación policial todavía no descarta ninguna hipótesis, pero mantienen el secuestro para su posterior venta y esclavización de 223 mujeres en Nigeria en las partes bajas de sus versiones digitales y en las páginas interiores de sus ediciones impresas.
Ellos que han llenado secciones enteras defendiendo otros derechos de la mujer, clamando contra la violencia contra la mujer e intentando forzar la realidad más allá del drama existente no sabe-bueno sí se sabe- con qué objetivos., ahora catalogan la violación sistemática y diaria de 223 mujeres en Nigeria como Terrorismo islámico, trafico de personas y delitos.
Y es todo eso pero no le colocan una sola etiquete como igualdad, violencia contra la mujer ni nada parecido.
Resulta chocante. Casi tan chocante como no ver pancartas malvas y senos desnudos con los nombres de esas mujeres manifestándose ante la embajada de Nigeria o acudiendo en masa a Chibok -es la ciudad nigeriana donde se produjo el secuestro, porque en África también las ciudades tienen nombre- para solidarizarse con las familias de las víctimas y exigir su liberación.
El día del a incongruencia occidental en la defensa de los derechos de la mujer ha amanecido en Nigeria, como el de los laborales amanece en todas y cada una de las huelgas generales, para alumbrarnos con el sol de nuestro propio egoísmo. Para recordarnos que somos capaces de luchar hasta la extenuación por derechos que consideramos nuestros, incluso aunque sea reflejen en expresiones legal y éticamente cuestionables, pero no movemos un dedo cuando esos mismos derechos son abiertamente conculcados en la carne, la sangre y el sufrimiento de otros.
Así que la próxima vez que saquen a pasear sus senos en defensa de alguna causa -que todo su derecho tienen, nadie se lo niega- no se preocupen de pintarlos. Estarán manchados con la sangre y el sufrimiento de 223 mujeres por las cuales se olvidaron de hacer algo, de intentar algo, aunque probablemente no hubiera servido para nada.

sábado, mayo 03, 2014

No pongas negros en tu vida: De Sterling al Cireneo


A ver, no te confundas.
Yo tengo lo que tengo y tú no me lo has dado.
Si tu mente es pequeña y ya no sabes ver más allá de tus propias carencias, de tus propios fracasos, de tus propios excesos, mi desdén es por eso.
Si estás ciego a tu historia y no sabes construir un país más allá de la fe o la creencia, del pelo o la sangre, de la piel o la raza, mi desprecio es por eso.
Si tu alma está fría y no sabes amar a quien no es como tú, más allá de tus miedos, más allá de tu espejo y sus fatuos reflejos, mi aversión es por eso.
Si tú vida está muerta y no puedes o quieres construirte un futuro más allá de crueles pasados, de mitos falseados, de gloriosas mentiras, mi rencor es por eso.
Si eres lento de inteligencia y corto de emociones y no sabes encontrarte en un mundo que gira más allá de tu odio, tu ira y tus prejuicios, me repugnas por eso.


Si no sabes a dónde quieres ir, yo sé de dónde vengo.
Si no sabes lo que quieres hacer, yo sé lo que no vas a hacerme.
Si no sabes ser libre, yo sé no ser esclavo.
A ver, no te confundas.
Si eres estúpido, arrogante, jactancioso, ignorante, cobarde, pretencioso, supremacista y blanco, te odio por todo lo primero.
No te odio por ser blanco.
Por eso yo lo hago de frente, a cara y a letra descubierta.
Y tú disfrazas tu rostro, tu opinión y tu voz para decirlo.


Y Sterling por lo menos lo dice a las claras, bajito, pero a las claras. Hay otros por lares más cercanos que ni siquiera se atreven a hacer eso.
Solo para que conste. 
La bandera española es roja y gualda, no blanca. Procura no escudar en ella tu racismo temeroso, enfermizo y patético. 
Ni siquiera tu dios era blanco y un negro fue el único que se prestó a cargar con su cruz. No escondas tras esa religión tu odio ancestral, envidioso y furioso.
Te lo puedo decir yo o te lo puede decir Simón, El Cireneo.

Lo pensado y lo escrito

Real Time Analytics