domingo, diciembre 09, 2012

Jacintha Saldanha o el molesto furúnculo de la ética.


Pues ya lo hemos hecho otra vez. 
Con la parte que nos toca de ese cúmulo de universos privados, individuales e irreconciliables que es la sociedad occidental atlántica, hemos vuelto a matar a otra persona. No es que sea nada nuevo, pero lo hemos hecho.
Nuestro gusto por el cotilleo oculto y virtual mató a Amanda Tood, allá en la lejana Columbia británica, nuestro deseo de escapar de nuestra responsabilidad como seres humanos de impedir la humillación de los débiles y dejársela a gobiernos y administraciones dejó morir a sus propias manos a un joven holandés, nuestra víscera infinita y nuestro miedo al escándalo empujó el dedo sobre el gatillo que un falso francotirador apretó para segar la existencia de una niña aquí mismo, a la vuelta de la esquina, en el profundo -con perdón- Albacete.

Y ahora hemos cruzado el Canal de la Mancha y hemos matado a una recepcionista.
Aquellos - o sea la mayoría- que acostumbran a quejarse de todo y echar la culpa a otros, dirán que no hemos sido nosotros. Dirán que no tienen nada que ver con la debilidad de carácter que una recepcionista de una clínica elitista de Londres demostró al suicidarse porque una cadena de radio le coló que eran Su Graciosa Majestad preguntando por la salud de su nieta política. Argumentarán que, en todo caso, la responsabilidad es de los locutores, del medio australiano o del sistema. Ese sistema al que echamos la culpa de todo cuando no queremos reconocer nuestra parte de culpa.
Pero todos ellos se equivocarán. Mentirán como lo hicieron con Amanda, con Tim, con Almudena. Mentirán porque saben que los medios han hecho lo mismo que hacemos nosotros.
Han tomado un derecho, una libertad lograda con el esfuerzo y la sangre de muchas generaciones y la han corrompido, la han manipulado y retorcido hasta convertirla en lo que ellos quieren que sea.
Y lo que los medios han hecho con la libertad de expresión y de prensa es lo que hacemos nosotros cada día con nuestras libertades individuales.
La libertad de Expresión se definió, se peleó y se consiguió para que el individuo, el informador -incluso el ciudadano que opina- estuviera a salvo de reacciones furibundas y represivas por parte del gobierno criticado, del poder puesto en tela de juicio.
No se levantó para que se pudieran hacer bromas de mal gusto a través de las ondas, no se arrancó de las garras del poder político para que se pudieran suplantar personalidades regias para hacer reír a las audiencias y medrar a los anunciantes.
Ya es cuestionable que se tire de ella para justificar insultos -no críticas, sino insultos- a personajes históricos muertos -que no a sus seguidores o falsos seguidores-, ya es más que difícil de digerir que se tremole para saltarse secretos de sumarios judiciales, organizar juicios mediáticos paralelos y condenar o exonerar a detenidos y acusados antes incluso de haber sido sentados en la sala de un tribunal.
Pero que se use de justificación  para hacer escarnio y burla de alguien a quien se desconoce, para colocar a una persona anónima en evidencia y en una situación imposible ya no es cuestionable, ya no es de complicada digestión. Es simplemente criminal.

Porque los medios de comunicación -cada vez más de ellos- usan la libertad de prensa y de expresión de la misma forma infantil y egoísta que un párvulo emplea para defender su libertad.
Puedo hacer lo que quiera y no tengo que hacerme responsable de las consecuencias de mis actos. No tengo que plantearme esas consecuencias ni dejar de hacer lo que he decidido hacer porque pueda arrasar, destruir, perjudicar o incomodar a otros.
Vamos, lo que hacemos nosotros todos los días.
Porque los medios olvidan que esa libertad fue conseguida y entregada con una condición, que la utilizaran bien. A cambio de esa pequeña molestia siempre olvidada denominada ética periodística.
Una mínima reflexión, un pequeño momento de pausa, hubiera permitido a los locutores australianos -ahora convenientemente escondidos del mundo en un intento de que todo pase en lugar de dar la cara por su irresponsabilidad- darse cuenta de que, aunque Buckingham Palace se lo tomara bien, aunque su Graciosa Majestad sonriera ante la ocurrencia o aunque Kate Middleton se riera de lo bien imitada que estaba la voz de su abuela política, su broma estaba destinada a tener efectos demoledores.
Una clínica privada, íntima y elitista no iba a reaccionar bien ante esa situación. Si se podía engañar a la recepcionista sobre la familia real ya no estaban a salvo los abortos secretos de las ladies, sus operaciones estéticas, los tratamientos de fertilidad de los lores o ninguna otra circunstancia médica.
Y ante el riesgo del negocio se cortan cabezas y la de la recepcionista que fue engañada sería la primera en caer. 
Pero claro, el trabajo, el presente y el futuro de una recepcionista con tres hijos no puede anteponerse a las risas de las audiencias, la lógica no puede anteponerse al éxito efímero de una audiencia riéndose del ridículo ajeno. La ética no puede anteponerse a la Libertad de Expresión.

Y así matan a Jacintha Saldanha -es sorprendente, hasta tenía nombre- de un certero disparo en su puesto de trabajo y su futuro.
Y la empresa mediática para la que trabajan, orgullosa de sus niveles de audiencia, sale en su defensa diciendo que "fue trágico pero no ilegal". La defensa siciliana típica
No es ilegal porque los medios se encargan de amenazar, coaccionar y hundir a cualquier gobierno que intente limitar los excesos de la libertad de expresión, no es ilegal porque la libertad de expresión que ellos manipulan arteramente y utilizan de forma absurda y pervertida, tiene que mantenerse para que otros puedan informar, opinar sin miedo a ser detenidos, asesinados o hechos desaparecer por aquellos que no quieren que se difunda lo que descubren.
No es ilegal porque se supone que su propia ética les había tenido que impedir hacer lo que hicieron al valorar las consecuencias que tendría para personas inocentes como Jacintha Saldanha.
Y ¿Por qué lo hacen? De nuevo los eternos inocentes que nunca se acusan de nada afirmarán que es por afán de ganancia o por perversidad, pero de nuevo, como Zebedeo, deberán bajar el brazo armado con la primera piedra de la lapidación y hundir  los ojos en el suelo de la vergüenza.

Los medios lo hacen porque lo han aprendido de nosotros.
Porque manipular la ética que se nos exige es un arte que dominamos a la perfección.
Por eso iniciamos -con sobrada razón- campañas basadas en la ética contra televisiones que pagan por entrevistar a familiares de delincuentes convictos pero ignoramos el hecho de la falla ética que supone que nosotros conozcamos por los medios el perfil psicológico, la vida y milagros, las declaraciones e incluso el nombre de ese delincuente que es menor de edad.
Por eso cargamos contra la ética de los proveedores de servicios o de los gestores de la red social de turno que permitieron que se acosara a Amanda Tood por Internet pero no contra la falta de ética que supone por nuestra parte entrar en cualquier cotilleo sin autorizar que podamos ver en La Red o en cualquier contenido sexual sin garantizarnos que es consentido por sus protagonistas.
Por eso no boicoteamos ni negamos nuestra audiencia a medios que han identificado, dado la dirección y expuesto ante nuestros ojos a un hombre que, por mucho que se haya declarado culpable, no ha sido ni siquiera acusado formalmente de un crimen por el simple motivo de que la Guardia Civil aún no lo ha capturado.
Por eso clamamos contra la falta de ética de un perito que ha cometido un error identificando unos huesos de unos niños desaparecidos en Córdoba sin tener en cuenta que nosotros no deberíamos siquiera conocer ese error porque formaba parte de un secreto sumarial que la ética más básica impide difundir.
Cuando nuestra necesidad compulsiva de saber y juzgar, nuestra visceralidad, nuestras ansias de cotilleo o simplemente nuestro morbo están en juego, la ética no tiene que ser tenida en cuenta, no tiene que ser planteada. Exactamente igual que lo que hacen nuestros medios de comunicación. Exactamente igual que lo que hacemos en otros ámbitos de nuestra vida.

Exigimos a los demás que nos tengan en cuenta en sus decisiones, que no hagan cosas que nos dañen o nos hagan sufrir, que reflexionen sobre las consecuencias de sus actos en nuestras vidas, que sean éticos. Pero cuando nos llega el turno a nosotros ignoramos esa premisa. Nuestra libertad de acción está por encima de todos y de todo. Y, quien venga detrás, que arree.

Porque, claro, nadie nos puede obligar a ser éticos. Si algo es molesto es mejor prescindir de ello, si algo nos incomoda o nos impide hacer lo que queremos, mejor arrinconarlo en el más secreto desván de nuestra mente y fingir que no existe.

Los medios le llaman ética periodística. Nosotros deberíamos llamarlo conciencia.

Pero ya, de usarlo tan poco, casi ni recordamos como se llama y por supuesto no tenemos noción de cómo debe funcionar.

Ciento diecinueve periodistas de verdad han muerto este año intentando defender con sus informaciones y descubrimientos la libertad de expresión, más de doscientos están encarcelados alrededor del mundo por defender con sus informaciones y sus actos la libertad de prensa.

Lo hicieron para que lo que ha de ser conocido se conozca, para que lo que ha de ser criticado se critique, para que lo que tenga que ser descubierto se descubra.

No para que nuestro deseo de morbo, nuestra arrogancia, nuestro gusto por reírnos del ridículo ajeno y dos bellos y cómicos djs radiofónicos de tres al cuarto transformen la libertad de Expresión en libertad de Ejecución de una recepcionista londinense.

Puede que visto así, ya no sea divertido.

sábado, diciembre 08, 2012

Yo les conocí, Horacio... (Panegírico por el falso rey de la Excelencia)

¡Ay! ¡Pobres, pobres, mis amigos!, ¡En desgracia por siempre mis compañeras!
Yo les conocí, Horacio…
Eran mentes brillantes e infinitas, sentimientos radiantes y encendidos, incapaces de albergar en sus jóvenes almas la envidia por el genio, el resentimiento silencioso y culpable contra aquellos que, siendo sus iguales en luz y en intelecto, les resultan distintos, lejanos, diferentes.
Yo les conocí, Horacio… Lo hice  antes de esto, lo hice antes de ti.
Antes de que discursos y arengas matutinas arrasaran su blanca valentía de saberse distintos mudándola en el oscuro miedo a no ser excelentes.
Antes de que órdenes locas y cazas insistentes de las voces dormidas y las quejas gritadas, trasformaran el arrojo de hacerse compañeros y amigos en el ciego mutismo de fingirse adláteres rastreros, lisonjeros serviles y obsequiosos ronceros  ante ojos ocultos en las sombras culpables y voces de espías delatores susurradas en mitad del silencio.
Yo les conocí, Horacio… Y lo hice antes de esto. Lo hice antes de ti.
Siendo uno de ellos, llevé sobre mis hombros el peso de sus quejas calladas, grite con mi garganta el atronador sonido de tristes injusticias que ellos soportaban y ahora su vista me llena de horror y oprimido el pecho me palpita.
Porque yo les vi, Horacio… Y ahora, cuando les miro, solo te veo a ti.
Al pequeño jerarca, al ínfimo edecán palatino,  aplastado por el peso infinito de una mediocridad que le amarga la boca y le  ofende el olfato con el hedor podrido de este rango alcanzado en una vida entera de cambiar los logros no alcanzados por la servil adulación del poderoso.
Veo al hombre, turbado y retorcido por no ser lo que quiso, por no nacer tocado por las gracias y musas. Arrojado entre gentes que, con solo pensarlo, le superan en todo. Envidioso del genio de las mentes que han caído en sus manos, incapaz de vestirlas con los tules y sedas que las hagan hermosas, empeñado en cubrirlas con los burdos sayales del temor y la duda para no tener que ver con su torva mirada como, al iniciarse cada nueva jornada en el eterno ciclo que el que tiempo nos conduce al futuro, todas y cada una le ocultan con su brillo, le queman con su luz, le empequeñecen con su grandeza.
Porque yo les vi, Horacio… Y ahora, cuando les miro, solo te veo a ti.
Y no observo al maestro, vislumbro al carcelero. Y no atisbo al mentor, descubro al inquisidor.
Y no contemplo al rey, solo advierto al bufón.
A aquel que esconde la cojera doliente de una mente carente de argumentos tras el escarnio público de quienes le desafían, que disimula la torcedura anómala del esqueleto de sus razonamientos tras la burla cruel de aquello que tanto le supera que le hace despreciarlo.
Ahora, falto ya enteramente del músculo que te obliga a pensar, y anquilosado aquel otro que te mueve a sentir, ni aún puedes ya reírte, Horacio, de tu propia deformidad, de tu misma inconsistencia, de tu anunciado, buscado e infinito fracaso. Tan solo puedes intentar que todos lo compartan
Por eso, Horacio, ahora cuando les miro no veo lo que son, recuerdo lo que eran.
Recuerdo que eran germen de pensadores, ideólogas, artistas, polemistas y sabias; recuerdo cuando eran discípulos, alumnas, estudiantes, buscadores deciencia y nuevos creadores.
Por eso cuando les miro, aunque observe tras de ellos la sombra tenebrosa de lo que la arrogancia del inepto planea hacer de ellos, aún veo a mis amigos, no veo a tus hoplitas; aún los veo como fueron cuando el destino hizo que fueran mis compañeros y no les reconozco como lo ilotas silenciosos y tristes en los que tu miedo difundido y tu falsa excelencia le ha hecho convertirse
Dime una cosa, Horacio ¿Crees tú que Sócrates, Platón, Aristóteles, Hipatia o incluso el viejo Tales, metidos bajo de la tierra, tendrían esa forma horrible que tú has desarrollado aún estando siguiendo en la vida, desprenderían el hedor nauseabundo que esparces por el mundo?
Ha de ser que no, ¿verdad Horacio?, Loenidas quizás, Jerjes seguro Pero ellos, los antiguos maestros, no.
Ellos gustaban de enseñar y ansiaban aprender.
Yo no les conocí, Horacio… Pero cuando te miro a ti, nunca les veo a ellos.

De Clausewitz a Viceroy para colar los recortes (y2)

Hace algunas horas habíamos dejado a Rajoy y sus pretorianos de Génova, Moncloa y todo el resto de los palacios presidenciales y de gobierno autonómicos arrojando airados al fuego que consume la educación, la sanidad y la cultura de este país todas las normas tácticas del viejo teutón Von Clausewitz.
Incapaces de asumir la estrategia del asedio, se han arrojado ahora en manos de otra mucho menos llamativa que también les sienta como un guante, que también les parece infalible para hacer pasar sus recortes por el tamiz de la opinión, para lograr imponer su visión en la sociedad.
No es lo que tengo, es lo que soy.
Pero, como todo últimamente, la entiende al revés, la enuncian con el paso cambiado y la transforman en lo contrario. No es lo que soy, es lo que tengo.
Y así, intentan pasar por culpables de sus actos a otros, por motivaciones de sus decisiones a factores externos.
Rajoy y los suyos venden los recortes como una necesidad. No es que yo sea un gobierno insolidario, pegado al más trasnochado de los liberalismos económicos y completamente insensible a las repercusiones sociales de mis actos, es que no tengo dinero suficiente. No es lo que soy, es lo que tengo.
Y así a la educación pública se le quitan los recursos porque el dinero se ha empleado en pagar deudas de obligado cumplimiento con otros centros educativos, a los parados se les recortan las prestaciones porque hay que utilizar el dinero en crear empleo a través de las empresas, a los funcionarios interinos  o laborales se les despide porque ha sido necesario ganar el dinero de sus salarios en mantener las administraciones, a la sanidad se la carga de modelos privados porque no hay dinero para mantener la gestión pública.
De ese modo, cada vez que alguien reclama las partidas, los presupuestos o la financiación que por derecho merece y que le ha sido arrebatada a golpe de decreto, el eslogan propagandístico se activa de forma inmediata: "no es lo que soy, es lo que tengo".
De manera que siempre hay alguien que se ha llevado ese dinero un día, una hora, un minuto antes que tú. Siempre hay alguien que ha sido más rápido, más fuerte, más depredador que tú y ha conseguido arrancar su financiación de las manos de Moncloa.
En esta nueva vía publicitaria Rajoy cambia el enemigo, crea contramedidas que dispara al aire para que el fuego cruzado de la protesta social y del descontento ciudadano estalle contra aquello que ha puesto en su punto de mira. Explota contra sí mismo.
Porque así el Gobierno, que es bueno y responsable, no puede ser el enemigo. Lo es el otro, el que se ha adelantado para obtener su financiación. El enemigo de las ONGs del desarrollo que no reciben dinero lo ha de ser Caritas diocesana, que sí lo obtiene;  el antagonista del colegio sin transporte escolar debe serlo el que sí lo ha obtenido, los rivales de los sanitarios despedidos son aquellos que permanecen en sus puestos; el del colegio que ha sido cerrado, aquel que permanece abierto; el del paciente que ha de pagar el euro por receta, el farmacéutico que se sufraga parcialmente con esa medida.
Siguiendo la enunciación inversa del slogan de Banderas y Shakira el Gobierno nunca está en entredicho por lo que es, sino por lo que tiene, por lo poco que le hja dejado la herencia recibida, por la escasez continuada de presupuesto. 
Estamos sin recursos, sin futuro y sin esperanza no por lo que sea nuestro gobierno, sino por lo poco que tiene. Lo cual no es culpa suya. Es culpa de todos los que han conseguido pírricos apoyos económicos, miserables asignaciones presupuestarias y migajas financieras de las exiguas y depauperadas arcas estatales.
Pero, claro, como siempre que se cambia algo a toda prisa -algo en lo que nuestro gobierno tropieza una y otra vez- algo sale mal, algo no se ajusta lo suficiente.
Dicen los publicitas que el slogan tiene que ser reflejo del origen y objetivo de la campaña porque de otro modo no funciona, no puede funcionar. Viceroy y su "no es lo que tengo, es lo que soy", partían del elitismo y buscaban generalización. Por eso fue una buena campaña.
Y Rajoy, Génova, Moncloa y su versión invertida, fracasan porque ignoran que aquellos a los que va dirigida su campaña conocen el origen de la misma.
Porque el Gobierno español tiene dinero pero prefiere pagar a plazos carros de combate, cazas interceptores y fragatas, que usarlo en terminar colegios que ahora son una colección de barracones o en cimentar hospitales públicos.
Así que, No es lo que tengo, es lo que soy.
Porque el Gobierno tiene capacidad de elección y elige conservar soldados, espías y policías mientras despide médicas, enfermeros, maestros, profesoras, psicólogos y asistentes sociales.
No es lo que tengo es lo que soy.
Porque los acólitos de Moncloa tienen financiación para la ciencia la cultura y prefieren dársela a los festejos taurinos, a las sociedades decimonónicas de la buena sociedad y a la caza medieval del jabalí que al cine, la literatura o la investigación científica.
No es lo que tengo, es lo que soy.
Porque Rajoy y sus pretores económicos tienen capacidad de emisión de deuda y prefieren emplearla en pagar conciertos educativos, profesores de religión, donaciones de suelo público para colegios privados y gastos corrientes de colegios concertados que en mantener los profesores de apoyo en la educación pública, dotar a los centros públicos de buenas instalaciones, pagar su calefacción o afrontar sus becas de comedor y transporte.
No es lo que tengo, es lo que soy.
Porque el bueno de Don Mariano tiene el arma del perdón institucional y la emplea medio millar de veces en un año para evitar la cárcel a torturadores, estafadores, empresarios fraudulentos, contrabandistas y algún que otro violador pero la esconde para que no llegue a ex drogadictos reinsertados, padres y madres de familia que roban por desesperación o simplemente a desahuciados que no pueden hacer frente a sus deudas porque la crisis y el paro devoraron su futuro.
No es lo que tengo, es lo que soy. 
Porque el Consejo de Ministros Genovés, tiene capacidad normativa y legal y la emplea en perdonar las deudas fraudulentas, imponer el español a sangre y fuego, fomentar el asentamiento de casinos poco recomendables, legalizar edificaciones irregulares o blindar las acciones discutibles de sus fuerzas del orden en lugar de emplearla en imponerse transparencia ante el ciudadano y penalizar la corrupción política, modificar legislaciones de hace dos centurias que ahogan y desahucian a familias, mantener la asistencia y ayuda a discapacitados y dependientes o garantizarla educación y la sanidad para todos.
No es lo que tengo, es lo que soy.
Por todo eso su estrategia de hacer colar los medidas al modo Viceroy se vuelve contra ellos y les desarzona del brioso corcel del recorte necesario sobre el que pretendían cabalgar.
Porque todos sabemos que esto parte no de que Rajoy y su Gobierno tengan un déficit heredado, unos problemas financieros y unas erario público vacío por gastar hasta el último euro en servicios públicos y gasto social, sino que viene de su decisión de ser un gobierno que emplea el dinero para desmontar lo logrado y rehacer España a imagen y semejanza de sus sueños neocon de mano de obra barata y sin derechos y capitalistas enriquecidos y poderosos.
No es que tengan solo los 50.000 millones de euros llegados desde Europa, es que son el gobierno que han decidido gastarlos en salvar a los bancos y no a los ciudadanos y en dar negocio a sus amigos y socios y no futuro a sus votantes.
Así que sí. El problema no es lo que tienen, es lo que son.

viernes, diciembre 07, 2012

Cabo y Educación castigan el pecado de Montserrat

Hay ocasiones en las que uno se encuentra a un milímetro escaso de arrojar la toalla en su intento de comprender el mundo, o al menos esa parte del mundo que nosotros llamamos civilización Occidental Atlántica. Y sobre todo de la parte hispana y su gobierno. 
Hay momentos en los que estás por retirar los dedos del teclado y decir: "Vale, lo habéis logrado, esto no tiene ningún sentido para mí".
Y cuando te desayunas con el diario Las Provincias -sí, la prensa regional también existe, no es una leyenda urbana- y lees: "tras varias reuniones el director general de Educación, Jorge Cabo, se ha comprometido a ampliar las plazas de dos autobuses escolares de la localidad de Alginet", es uno de eso momentos de infinita incomprensión.
De modo que unas madres y padres de Montserrat llevan meses pidiendo una recuperación -que no ampliación- del transporte escolar para el colegio Evaristo Calatayud, se han encerrado, se han manifestado, se han reunido, han escrito cartas prácticamente a todo el mundo menos a Santa Claus para pedir ese transporte y se les niega.
la Conselleria de Educación da los argumentos más peregrinos, las termina obligando a hacer rifas, organizar partidos benéficos y exhibirse en un calendario sensual para costearse ese transporte y luego de repente accede a ello en otra localidad sin tener en cuenta eso de "no se le puede dar a todas las localidades", ni lo otro de "supondría un agravio".
Pero en ese momento, cuando estás a punto de no entender, de darte por vencido a la hora de entender la mente de los que toman las dos decisiones, que este caso es el mismo, el cada vez menos honorable señor Jorge Cabo, la luz se hace en tus pobres entendederas.
Alginet está gobernado por el BLOC, mientras que Montserrat está gobernado por el PSPV. Y puede parecer que para el Partido Popular es lo mismo, que ninguno son de los suyos y que ninguno merecería su aprobación y por tanto su atención. Pero el PSPV siempre será peor que el BLOC, siempre serán los antagonistas tal y como el PP percibe la política en términos de bipartidismo maniqueo de buenos y malos.
Al enemigo ni agua Y mucho menos transporte escolar.
Y además del pecado inconfesable de vivir en un municipio regido por el enemigo a abatir -que no a batir- , las madres de Monserrat, los padres de Montserrat y toda la comunidad educativa del Evaristo Calatayud ha cometido otro mucho menos venial, mucho más imperdonable.
No sé ni me importa si las madres de ese centro de enseñanza valenciano votaron al PP, al PSPV, a BLOC o a la Iniciativa por la Independencia de Montserrat y su adhesión a los Estados Unidos de América como Quincuagésimo Segundo Estado de la Unión pero, para aquellos que han hecho de su ideología una fe evangélica y de su gobierno un ejercicio de permanencia en el poder, han cometido el pecado de dar un paso adelante y dejar a Cabo, Catalá y la política educativa del PP en fuera de juego.
Y eso es algo que no se les va a perdonar.
Sus demandas públicas, su inteligencia a la hora de lograr repercusión en los medios, su capacidad de constante lucha y enfrentamiento a una norma alterada de forma torticera y manipulada en beneficio de las arcas del gobierno valenciano ha puesto al descubierto demasiadas cosas.
Tal como Cabo, Catalá y el PP en general entienden el poder, concederles su justa demanda después de todo eso sería claudicar, sería demostrar debilidad, sería reconocer que estaban equivocados y sobre todo sería hincar la rodilla en el suelo para reconocer algo que pretenden ignorar: que su función es servir, no imponer una ideología, que su trabajo es solucionar problemas, no crearlos, que su compromiso es asistir y proteger a los ciudadanos y usar los presupuestos de su gobierno para ello, no mantener y salvar entidades bancarias en quiebra con el dinero de los contribuyentes.
Y así, cada vez que un ciudadano vea una de las bellezas sensuales que jalonan el calendario se acordarán de eso, cada vez que un internauta lea una pancarta en la espalda de un padre sobre los barracones o el autobús, acudirá eso a su memoria, cada vez que alguien contemple una manifestación en Montserrat, un recorrido de la ruta del despilfarro o cualquier otra acción de las madres de Montserrat sabrán que hay un motivo para luchar, que el enemigo es el gobierno que no te da lo que es tuyo por derecho y que ni la Conselleria, ni la Generalitat, ni Moncloa, nos dejan otro camino.
Y si se les da el autobús, además se enviará el mensaje de que se puede ganar. Y eso sí que no. El ciudadano no puede tener razón en contra de las administraciones, la sociedad no puede estar por encima del Gobierno y el poder. No el mundo que quiere construir el Partido Popular en España.
Si hubieran llegado en silencio ante Catalá, esgrimiendo entre sus blancos dientes sus carnés de militancia al PP el problema ya se habría resuelto sin ruido, perjudicando si hacía falta a otros menos afines, y tendrían el transporte asegurado.
http://www.calendariosolidarioautobus.com
Si hubieran exhibido sus poses sensuales una a una y en la privacidad íntima, fantasiosa y culpable del despacho o la casa de fin de semana de Cabo, es más que probable que pudieran enviar a sus vástagos al colegio en helicóptero y con la escolta militar de dos cazas Eurofighter de la Armada Española completamente armados.
Pero han luchado y luchan. En público y dando la cara, ante todos y ante todo. Solo hacen eso. Nada más y nada menos que eso.
No suplican, no imploran, no sobornan, no corrompen, no proponen cohechos, no se arrastran, no se prostituyen. No hacen nada de lo que los ejecutores del Gobierno Valenciano del PP consideran que son las formas permisibles de reclamar las migajas de su poder por parte de la ciudadanía.
Simplemente luchan.
Por eso Montserrat, el Evaristo Calatayud, sus madres, sus padres y sus alumnos siguen sin los autobuses que necesitan aunque a otros se lo den.
Por eso, aunque la Cabo, Catalá, la Conselleria, La Generalitat, Fabra o el mismísimo Rajoy pongan todo su empeño en derrotarles,  no van a conseguir que no lo tengan.

Lo pensado y lo escrito

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