lunes, febrero 16, 2015

A la izquierda o la derecha ¿de qué y de quién?

No suelo meterme en discusiones bizantinas -miento, lo hago continuamente, pero solamente para intentar demostrar que son bizantinas-, aunque la última que está de moda me resulta muy divertida.
Desde la tita Espe hasta e adalid del buenismo Pedro Sánchez, todos parecen empeñados en conseguir una cosa, un objetivo que parece irrenunciable: Que Podemos, esa formación que les ha abierto las carnes de las encuestas, y su líder se posiciones y digan si son de izquierdas o de derechas.
Y esa discusión me parece bizantina no ahora, no por Pablo Iglesia, me parece que lleva siendo absurda unos cuantos lustros.
Me explico. Todo el mundo se posiciona a la izquierda o a la derecha y nadie dice con respecto a qué.
Todo esto de izquierdas y derechas se basa en los Estados Generales de Francia que culminaron con la Revolución Francesa, donde los defensores del Antiguo Régimen -el histórico, no el nuestro- se alinearon a la derecha del sitial que ocupaba el rey y los que buscaban el cambio de régimen a la siniestra del monarca -para facilitar contar los votos, no por ninguna referencia bíblica o divina-.
Pues bien. Si seguimos con eso unos cuantos siglos después deberíamos colegir que Rajoy y toda la corte genovesa del Partido Popular son de izquierdas.
Porque la derecha de esa asamblea defendía la servidumbre atada a la tierra, el derecho divino de los monarcas absolutos, el derecho de pernada, el privilegio de los nobles de recaudar impuestos y poseer ejércitos propios, la ejecución del poder coercitivo de la Iglesia...
Y el Partido Popular está en contra de eso ¿o no?
Así que, ¡vaya sorpresa!, todos somos de izquierdas.
Resulta absurdo pretender que todavía la definición de una posición ideológica se defina por ese momento por importante que fuera para la historia. Así que si quieren posicionamiento tendrán que dar una referencia.
Porque con respecto a Stalin o las Brigadas Rojas, Podemos es de derechas, con respecto a Hitler, Musolini los Minute Men, EL Partido Popular es de izquierdas, con respecto al colectivismo soviético el PSOE e IU son de derechas, con respecto al Ku Klux Klan, La Nación Aria o Aurora Dorada espero y deseo que el Partido Popular sea de izquierdas.
Así que si quieren que alguien defina a qué mano se coloca debería decir antes a la mano de quien o de qué se refiere.
Pero no lo hacen por una sencilla razón. Porque esa división en izquierda y derecha les permite tratar su ideología como algo inamovible, como algo que no debe evolucionar, que no debe adaptarse. Como algo a lo que los demás deben adaptarse. Porque cubre esa necesidad tan nuestra, tan occidental atlántica y sobre todo tan española de estar divididos en dos y enfrentados de forma irreconciliable unos contra otros: bárbaros o romanizados, papistas o arrianos, sarracenos o cristianos, carlistas o isabelinos, patriotas o afrancesados, de Cánovas o de Sagasta, rojos o azules, de Negrin o de Largo Caballero, De Mola o de Queipo de Llano... y por último (falsos) progresistas o (falsos) liberal conservadores.
Y así una vez que estas posicionado en el bloque en el que ellos dictan la ideología no puedes ser de izquierdas y estar en contra del aborto libre y gratuito, no puedes ser de derechas -bueno conservador- y estar a favor del laicismo, no puedes ser de izquierdas y considerar absurdo el concepto de discriminación positiva, no puedes ser conservador y oponerte a la privatización de los servicios públicos.
O sea, es el ciudadano el que tiene que adaptarse a su ideología y no su ideología al ciudadano.
Así que creo que la solución es muy fácil. A partir de ahora cada vez que alguien hable de la derecha o de la izquierda habría que preguntarle ¿izquierda, derecha, con respecto a qué?.


Comfia, el despilfarro y la desconexión de la banca

Ayer me desayunaba con la noticia de que Comfia, la sección de Banca de CC.OO, había pagado casi cuatro millones de euros en sobresueldos a sus delegados y hoy la historia sigue con que se gastó en cuatro años la friolera de 14 millones de euros en viajes, congresos y opíparas comidas que por su precio parecen bordear lo pantagruélico.

Vayamos por partes. Llamarlos sobresueldos me parece una manipulación del tamaño de un continente pequeño. 
Resulta que en realidad se trata de complementos salariales, en nómina, que pagan a Hacienda y que no cotizan a la Seguridad Social -hasta que esta llegó a un acuerdo con los sindicatos-, sencillamente porque no tiene obligación de hacerlo. Lo siento por todos aquellos que intentarán equilibrar los sobresueldos en B que circulaban por Génova, 13 porque no son, ni de lejos, lo mismo.
¿De verdad creemos que la Tesorería General de la Seguridad Social hubiera negociado algo si pudiera exigirlo? Esos complementos salariales no son diferentes de los bonus que cobran los ejecutivos por resultados o  los consejeros de administración. A ver si ahora va a resultar que vamos a caer en la vieja trampa que nos han tendido desde siempre los conservadores españoles de mantener que lo que sirve para un rico ejecutivo no sirve para un sindicalista porque ser de izquierdas significa ser pobre mientras que ellos, como son de derechas, sí pueden acumular dinero sin faltar a su ética. Si un bonus de un ejecutivo no merece una portada, un complemento salarial de un sindicalista tampoco.
La única duda que me queda es que esos bonus suelen darse por resultados y, con dos reformas laborales brutales de dos gobiernos diferentes, con EREs a diestro y siniestro y oficinas de todas las entidades bancarias cerrándose en todas las ciudades, no me parece a mi que nadie que trabaje para Comfia merezca un bonus por resultados.
Así que si no les gratifican por hacerlo bien a lo mejor les están gratificando por no hacerlo. Y entonces, claro, ya no es un complemento salarial, es un soborno disfrazado de otra cosa. 
Y vamos ahora con los congresos, viajes y comilonas.
De nuevo hay que decir que el despilfarro no es un delito. Pero en este caso es una falla ética de proporciones faraónicas.
Un sindicalista puede comer en Dantxari, Kupela, Cuevas del Duque o la Parrilla De María por muy de izquierdas y sindicalista que sea pero tiene que pagar con su dinero. Mira, un buen uso para los complementos salariales lícitos que les pagaba su sindicato.
Y el resto es un dispendio que no se comprende cuando CC.OO ha tenido que recortar personal por la crisis, el descenso de afiliaciones y la congelación de las ayudas estatales -que, aprovecho para señalarlo, pienso que no deberían existir-. Los viajes y los congresos y los 10 millones gastados en ellos son el producto de una falta de ética galopante y de una traición ideológica brutal.
No porque coman en asadores o viajen en primera clase sino porque se supone que CC.OO es un sindicato de clase y su federación de Banca ha decidido ignorarlo. Ha pensado que como sus afiliados y sus ingresos son numerosos los pueden dilapidar en lugar de utilizar los excedentes en ayudar a la federación minera, la de estibadores portuarios o cualquier otra que por el rango económico de sus afiliados no tenga tantos ingresos.
Así que al final, por muy legal que sea todo, los complementos salariales, y los gastos de representación, congresos y viajes no son muy diferentes de las indemnizaciones a los ejecutivos de Bankia, las tarjetas negras o los gastos y sueldos desorbitados de las entidades bancarias intervenidas por el Estado.
Una muestra de que la banca ha vivido desconectada de la realidad social del país pese a que ha sido precisamente el sector financiero el que más ha contribuido al agujero negro en el que estamos.
Egoísmo y avaricia. 
Y para eso da igual que seas sindicalista y de izquierdas o banquero y de derechas.
Así han conseguido que no confiemos ni en los bancos ni en los sindicatos.

domingo, febrero 15, 2015

Carnaval, campaña, corrupción y el disfraz de Soraya

Estamos en carnaval y en precampaña electoral y no me queda muy claro si las declaraciones de Soraya Sainz de Santamaría sobre la corrupción se enmarcan en lo primero o en lo segundo.
“Aprobamos el mayor programa anticorrupción de toda la democracia” se ha descolgado diciendo la vicepresidenta en uno de esos ataques de verborrea extemporánea que la caracterizan. ¡Ahí lo dejo!, le ha faltado decir.
Y no sé si lo hace para ganar votos, que sería por la precampaña o lo hace por carnaval para disfrazarse de algo que todos sabemos que el Partido Popular no es ni será nunca: baluarte contra la corrupción. De ahí mi duda.
Porque ese programa es un conjunto de setenta medidas que ya eran antiguas cuando el mundo era joven, que se encuentran paralizadas y perdidas en los pasillos del Congreso, que han originado un portal de transparencia  en Internet que aporta datos cercenados, viejos e inútiles a los ciudadanos que lo consultan.
Es un programa absurdo, que no entra en la financiación de partidos, que no ahonda en las contrataciones públicas, que no modifica el sistema de selección de los cargos de libre designación. 
Que no aborda, vamos, los principales elementos que generan la corrupción y el nepotismo desde los tiempos del emperador Tiberio -que por cierto, sí legisló sobre esas cosas. Que no es cosa de rojos-.
Pero, tal y como yo lo veo, se va pareciendo cada más a una máscara carnavalesca cuando te das cuenta de que no han hecho nada porque sea retroactivo o al menos lo parezca.
Soraya, el ministro de interior y todos los inquilinos de Moncloa y Génova, 13, tan dados a intentar cargarse el principio de retroactividad legal en otros asuntos, que se han enfrentado a cara de perro al Alto Tribunal de Derechos Humanos por la Doctrina Parot, aquí no hacen nada en esa dirección.
Aprueban la ley pero no sacan de sus filas a todos aquellos que la incumplieron antes de aprobarla, a todos sus diputados, senadores, presidentes autonómicos, ministros, secretarios de Estado, alcaldes, concejales y demás cargos que no justificaron sus viajes, tiraron de gastos oscuros o de difícil justificación, que colocaron a familiares como cargos de libre designación, que negaron a la oposición y los ciudadanos el acceso a datos de carácter público, que parcelaron adjudicaciones de obra para poder dárselas a sus socios y empresas interpuestas...
Porque aunque la ley no sea retroactiva -y está bien por principio de justicia, aunque nos moleste, que no lo sea nunca, ni para los terroristas, ni para los corruptos, ni para cualquier otro delincuente o criminal- eso les impediría castigar como Gobierno la corrupción pretérita de sus rivales políticos, la del PSOE o incluso la tan aireada irregularidad fiscal de Monedero, el número dos de Podemos. pero no les impediría hacer retroactiva la lucha interna contra la corrupción y por la transparencia. Eso sí podrían hacerlo. Es solamente una decisión de partido.
Y como no se ha tomado, como se sigue protegiendo y ocultando a los corruptos propios y mostrando tan solo las incorrecciones ajenas, convenientemente magnificadas, lo de Soraya Sainz de Santamaría se antoja claramente un disfraz.
Un disfraz innecesario por otra parte pese a la precampaña y a las elecciones. Porque una máscara tan obvia y evidente es imposible que le haga ganar votos.
Feliz Carnaval a todos y sabios sufragios en las próximas elecciones.

jueves, febrero 12, 2015

Sánchez y la mitad que prefiere ganar a hacer justicia

Pedro Sánchez echa del partido a Tomás Gómez por sus supuestos manejos y corruptelas en Parla. Está bien, nada que decir en contra. 
Es lo mínimo que se espera de alguien que ha basado en los últimos tiempos su enfrentamiento electoral con Podemos en le hecho de que Monedero debería ser apartado de ese partido por las supuestas irregularidades que muestran sus finanzas. Una muestra de coherencia inusual, gratificante y digna de aplauso.
Pero esta decisión deja dos consecuencias que dicen mucho más del sistema político que rige nuestro Occidente Atlántico y de la sociedad que hemos construido con nuestras actitudes que la sabia medida tomada por el Secretario General del PSOE.
A ver si me explico.
Los dos grandes partidos, los que han manejado con nuestros sufragios una alternancia política en el mismo sistema político económico, se han quedado, no tienen o no encuentran candidatos en las elecciones regionales en Madrid, en la autonomía que alberga la capital del Estado, ¿qué dice eso de ellos?
Dice que han construido un sistema de gobierno en el que da igual el partido al que se pertenezca porque todos terminan metiendo la mano en la caja pública, beneficiando a sus amigos, socios o familiares, aprovechando el poder no como servicio público sino como herramienta de beneficio personal.
Dice de ellos que tienen dificultades extremas en lograr una regeneración en la que en realidad los partidos y sus cuadros no creen porque entienden la política como un modo de ganarse la vida y de medrar en la fortuna. Si no hay una mayoría de políticos que no se vean salpicados por estos asuntos cuando llegan a posiciones de poder es fácil colegir que el problema no está en las personas, está en los modos y maneras de hacer política. Es decir en lo que se resume en el sintagma "el sistema político".
Y la otra consecuencia es que, siempre según los sondeos de los medios afines, el 46% de los votantes socialistas aprueban la medida. Y aunque lo vendan como un triunfo, el titular debería ser "solamente un 46% de los votantes socialistas aprueban la medida".
¿Qué dice eso de nosotros?. Por resumir. Dice que seguimos viendo hace un para siglos, como mínimo hace medio siglo.
Porque seguimos definiéndonos por aquello a lo que votamos, por el bando ideológico al que pertenecemos. Más de la mitad de los votantes socialistas no aprueban la destitución porque eso supone un problema para ganar las elecciones, porque supone reconocer una mácula en su currículo de votante, porque prefieren ganar y estar con los ganadores que la justicia.
Porque, según yo lo veo, no son capaces de aplicarse a sí mismos y a su partido, los mismos criterios de integridad y honestidad que exigen cuando los acusados de corrupción son cuadros o cargos pertenecientes a otras formaciones políticas.
Y no empecemos con que eso lo hacen los socialistas. Porque el 23% de los españoles y el 17% de los madrileños aún están dispuestos la PP pese a Bárcenas, el caso Gürtel, Jaume Matas y todo el compendio de corrupciones y corruptelas de su partido, porque un porcentaje aún más amplio de andaluces está dispuesto a votar al   a los Ere sindicales. Y lo mismo pasa con Convergencia y los Pujol, con IU y Mercasevilla, ete, etc, etc.
Así que somos así. Somos de Cánovas o Sagasta, De Negrín o Largo Caballero, De Mola o Queipo de Llano, Nacionales o Republicanos, del PP o del PSOE... Elegimos un bando ideológico y le damos nuestra lealtad ciega, la cubrimos las espaldas, le justificamos los errores y nos mantenemos a su lado en la esperanza de que su victoria nos beneficie personalmente o al menos de la razón.
¿Cómo vamos a reconocer nuestros errores ideológicos y solucionarlos sino somos capaces de hacerlo con nuestros errores personales, afectivos o profesionales?
De manera que no sé si Pedro Sánchez es un hombre honesto que quiere hacer las cosas bien o un político inteligente que ha sabido sacrificar a otro para conseguir unos réditos electorales en el momento adecuado.
Si es lo primero va a tener más que crudo conseguir lo que quiere sin cambiar radicalmente el sistema político -es decir, hacer lo mismo que critica que las nuevas formaciones políticas quieren hacer-, si es lo segundo será solamente un político más que se comporta como lo hacemos nosotros pero durante un tiempo, justo antes de las elecciones logra engañarnos.
¿Cuantas veces ha pasado ya eso?

lunes, febrero 09, 2015

Armar a Ucrania o la memoria perdida de Occidente

Si es que parece que siempre estamos en las mismas y parece que siempre vamos a estarlo.
Irán, Irak, Afganistán, Líbano y antes Vietnam, Camboya, Laos y antes La India, Indochina, Argelia y antes los pueblos Fulani, Massai y Zulú y antes las tribus Hurón, Mohawk, la Nación Oglada y antes los  Lamtuna, los Magrawa, los bereberes, los almogavares, y antes los clanes suevos, ostrogodos, ilirios...
¡Que no, que no!, que no es un concurso de la tele. Todos esos pueblos, todos esos países y todas esas tribus se resumen en una sola palabra: Ucrania.
Porque Europa Occidental y Estados Unidos, o sea el Occidente Atlántico, está a punto de hacer en Ucrania lo mismo que ha hecho a lo largo de toda la historia en todos los territorios y con todos los pueblos del galimatías que sirve de inicio a este post.
Armar hasta los dientes al bando que le viene bien en el momento actual sin valorar las consecuencias que para su futuro tendrá que ese bando esté armado hasta los dientes. Solucionar de nuevo un conflicto por la fuerza de la potencia bélica acumulada por uno de los bandos.
Parece ser que nombres como Genserico, Tarik o Kochise no le dicen nada y a lo mejor es lógico. Pero que no se les vengan a la mente nombres como Sadam Husein u Osama Bin Laden es más sorprendente;  que referencias como talibanes, milicias drusas o rebeldes libios se hayan convertido tan pronto en bruma en su memoria resulta cuando menos preocupante.
Porque en Ucrania pasa y creo que pasará lo mismo que ha pasado desde siempre. Armaremos a quien creemos que nos viene bien armar y unos cuantos lustros o décadas después nos daremos cuenta de que esa no era la solución a un problema y que además se ha convertido en el inicio de otro.
Y todo por no saber hacer algo que, en principio, siempre tenemos en la boca, a lo que siempre recurrimos para los otros y que en realidad nuestros gobiernos y nosotros mismos nunca ponemos en práctica cuando no nos conviene: ser coherentes.
¿Cuantas veces hemos exigido a los demás cosas que nosotros no hacemos?, ¿cuantas veces hemos demandado el respeto que no damos, la sinceridad que no tenemos, el trato que negamos?... Pero no desvariemos, sigamos con Ucrania.
Si cuando al Occidente Atlántico le viene bien, cuando queríamos que los últimos estados tapón del Telón de Acero - Yugoslavia y Albania- escaparan de las garras comunistas mandamos tropas a Croacia, Bosnia, Macedonia, Eslovenia o Kosovo para garantizar el derecho de esos pueblos a decidir sobre su independencia ¿por qué no hacemos lo mismo en Ucrania?; si cuando quisimos quitar poder a dos de los países islámicos más grandes del planeta -Indonesia y Sudán- los cascos azules garantizaron los referendos en Timor Occidental y Sudán del Sur ¿por qué no hacemos lo mismo en Ucrania?
Si que decidan si quieren secesionarse, independizarse de quien sea o unirse a quien sea es una solución que hemos defendido en otras ocasiones ¿por qué no somos coherentes y lo hacemos con Ucrania?
A mi me parece muy simple. Porque la coherencia deja de ser importante cuando se trata de pensar en contra nuestra y sabemos que los ucranianos -aunque ahora parece que se dice ucranios, no sé- que se escindan de su país van a ir corriendo a echarse en brazos de la vieja y resurgida Madre Rusia, esa que pareció morir cuando cayeron el Telón de Acero y el comunismo soviético pero solamente se estaba echando una reparadora siesta.
Y eso nos viene fatal. 
Así que olvidamos el derecho a la autodeterminación de los pueblos, las formas democráticas de decisión y toda nuestra coherencia interna y externa y tiramos de armar a los que no quieren unirse a Rusia, ignorando que si se propusiera un referéndum - uno de verdad, no una mascarada de colegios electorales vigilados por secesionistas armados- los que pretenden lograr la escisión por métodos militares perderían justificación y entonces serían ellos los que se quedarían sin argumentos para intentar imponerla.
Mejor que los unionistas ganen la guerra y luego ya se verá qué hacen con el armamento y el poder militar que les hemos dado. Luego ya se verá cuando se vuelven contra nosotros. 
Y ya puestos, siendo más coherentes, podríamos dejar de mirar tanto al Atlántico y empezar a mirar a nuestro continente. A lo mejor, solo a lo mejor, Eurasia sí es una evolución ahora que la solución del Occidente Atlántico se está resquebrajando por todas partes.
No se nos olvide que los dos grandes dictadores europeos de la era moderna y contemporánea, Napoleón y Hitler, solo pudieron ser derrotados con el concurso de Rusia y no habrían podido serlo sin ella.
Pero parece ser que, desde los mercenarios macedonios que contrató Atenas y acabaron saqueándola hasta nuestros días, no hemos nada. 
Armamos, armamos y volvemos a armar al enemigo de nuestro enemigo en la esperanza de que eso le convierta en nuestro amigo. 
Nunca ocurre, pero somos tan inconscientes como para seguir intentándolo.

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