viernes, marzo 11, 2011

11 de Marzo: In Prescenciam

Para una sociedad como la nuestra, que se ancla al pasado por temor al futuro, que intenta valorar lo que será por lo que ya ha sido y no por lo que está siendo en este instante, cualquier excusa es buena, cualquier motivo es aparentemente válido, para hacer lo que llevamos haciendo desde hace demasiado tiempo y que es lo único que somos capaces de hacer: mirar al pasado.
Si cualquier pretexto es bueno para tan poco plausible y sana forma de actuar, los hay que son más poderosos que otros. 
Si las antiguas corruptelas y corrupciones sirven para hacer campaña electoral, si se utilizan los viejos odios y venganzas como base de legislación y si los roles superados y arcaicos  se transforman en instrumentos de discriminación -por muy positiva que se quiera vender-, ¿cómo no vamos a hacerlo con un elemento social que nos arroja, más que ningún otro, a este juego perverso y constante de volver sobre nosotros mismos para justificar que no dejemos de serlo¿, ¿cómo no vamos a hacerlo con la muerte y el crimen?
Por eso hoy es 11M. No es once de Marzo, no es 21 de Germinal, no es el tercer día de los Idus de Marzo. Es 11M y hay que hablar de las víctimas.
Se supone que hay que hacerlo para mantener su memoria, para no olvidarlas y no consentir que se las olvide. Para solidarizarnos con ellas, para que sepan que las comprendemos y las apoyamos. Pero en realidad no es así, no es para eso. 
El único motivo por el que una sociedad como la nuestra, anquilosada en una única forma de ver el mundo aunque ese mundo cambie y constreñida en unos parámetros vitales y sociales que no nos satisfacen, pero que nos permiten sobrevivir sin vivir, tira de recuerdo es por el simple hecho de que, en el camino trazado de su historia y su pasado, ha perdido el hemisferio izquierdo de su cerebro colectivo. 
Tenemos que recordar porque somos incapaces de imaginar. Tiramos de memoria porque hemos perdido la presciencia.
Las víctimas del 11M, de este once de marzo pérpetuamente congelado en el tiempo como lo está el Occidente Atlántico, son otras, no son las que dicen, no son las que recordamos y queremos recordar.
Son los muertos y los heridos en un terremoto que ha asolado Japón y que nos demuestra que nuestro planeta cambia y no podemos hacer nada, porque no podemos evitar que se aleje del sol en una órbita elíptica. Son los que morirán y sufrirán las radiaciones de las dos plantas nucleares afectadas.
Son los heridos que gritan su dolor y su rabia en el desierto libio y en los alrededores de Bengasi, mientras las bombas de un dictador enloquecido matan  a otros que también son víctimas del 11M, de este 11M en el que los que podrían evitarlo no quieren o no saben hacerlo.
La víctima del once de marzo es un joven estadounidense llamado Larry Bice, cuyo cuerpo muerto aún no tiene una explicación plausible. Son los 37 pakistanís asesinados cuando acudían a un funeral por una furia religiosa desatada e incontrolable.
Son los mas de sesenta cadáveres arrojados a las calles de Tijuana, Acapulco y Ciudad Juárez en los últimos cinco días, en un país cada vez más controlado por el crimen,  son los diecisiete sudaneses muertos hoy en una guerra que a nadie importa porque nada se puede sacar de ese país.
Son los veinticinco muertos en un terremoto en China de los que nunca sabremos ni siquiera los nombres, son los 13 muertos en Egipto en una guerra religiosa entre musulmanes y coptos que no se producía desde que Manuel II fue expulsado de Constantinopla.
Son los 4.700 haitianos que mueren y siguen muriendo de cólera por culpa del terrorismo económico más salvaje de las empresas farmaceúticas y de la completa desidia de los gobiernos que pueden evitarlo.
Son los 331 muertos cuya vida se ha llevado en Colombia la lluvia y la miseria, son las cinco personas que han sido hechas pedazos por el estallido de una bomba en Manila, son los cuatro manifestantes muertos a tiros en una protesta en Costa de Marfil.
Y un puñado de miles más que ni siquiera saldrán en las noticias porque mueren de hambre, de pobreza, de dolor o de cualquiera de esas cosas de las que no somos culpables porque no queremos o no podemos recordar que somos responsables de ellas.
No es que no me duela que más de 300 personas murieran por tomar un tren hace siete años a manos de individuos que trajeron su loca guerra a nuestras estaciones, después de que nuestro gobierno contribuyera a alojar la muerte y el conflicto en sus campos de cultivo. Es que me duelen mucho más los que están muriendo hoy.
No es que no me importe ese 11M. Es que me importa más este 11M.
Y no es crueldad, insensibilidad ni ninguna otra de esas cosas que se pueden achacar a aquellos que no hacemos una necesidad del recuerdo trágico unamoniano de la vida y de la muerte. Es un compromiso.
Parece que la única manera de construir el futuro, que la mejor manera de hacerlo, es sobre el recuerdo de las víctimas que lo fueron. Eso se dice sobre el 11M, sobre el 11S sobre los muertos de la locura de ETA. Eso se dice una y otra vez, como si la reiteración fuera el principal sinónimo de la verdad.
Pero no se puede construir nada sobre el recuerdo de las víctimas y de los verdugos. Se puede mantener, se puede conservar, se puede apuntalar e incluso remozar, pero no se puede construir. Aquellos que construyen el futuro sobre el recuerdo del pasado trágico y de sus víctimas no podrán escapar de sí mismos, no podrán eludir sus premisas. 
No podrán cambiar, no podrán crecer. No podrán ser distintos.
La memoria y el recuedo son un arma de comprensión o de interpretación. Pero no de futuro. Y lo que necesitamos es futuro. Esa es nuestra única herramienta de supervivencia como civilización aunque, quizás,  no merezcamos sobrevivir como tal. 
Necesitamos utilizar la parte izquierda de nuestro cerebro. Necesitamos imaginar, no recordar.
Los siervos se alzaron imaginando un mundo sin servidumbre, no recordando y vindicando a los que habían muerto a causa de esa organización injusta; los huelguistas del Germinal se arriesgaron imaginando un mundo de salarios justos, descanso dominical y buenas condiciones de trabajo, no recordando a aquellos que habían muerto de tisis, viruela o silicosis años atrás. Y así en cada revolución, en cada movimiento, en cada mejora. En cada cambio. En cada centímetro que la humanidad ganó en estatura a lo largo de su historia. 
Se trata de que nuestros hijos no sufran lo que sufrimos nosotros, no de que nuestros padres sean reconocidos por lo que sufrieron.
Es la presciencia, el saber que hay un futuro mejor, lo que hace que el mundo cambie. El recuerdo, el saber que hubo un pasado terrible o un tiempo idílico, solamente consigue que  la cosa no empeore. Y, lamentablemente, a estas alturas del partido, eso ya no es suficiente.
El recuerdo, la memoria, nos lleva a la venganza, nos arroja a la vindicación -aunque sea justa-, nos mantiene en la mente los rostros de los que fueron, nos deja a nuestros muertos. 
La prescencia -ese mítico don del tirano de Dune- nos arrastra al futuro, nos vincula a los que serán, a los que aún no tienen rostro, nos obliga a imaginar a los hijos de la humanidad, aunque no sean nuestros. Nos impele a trabajar por algo que no veremos y a amar a alguien a quien no conoceremos.
Así que, con todo el respeto por su dolor y por su vida, anclada involuntariamente en un instante congelado de la historia, he de mostrarme de acuerdo con Pilar Manjón y decirle que sí, que todos los días son 11M.
Pero es nuestra responsabilidad como seres humanos no olvidar cada día que cada jornada es un 11M para imaginar cada amanecer que habrá un alba en el que no habrá ningún 11M. 
La prescencia nos permitirá vivir. La memoria ya ni siquiera nos garantiza la supervivencia. Le debemos mucho más a nuestros descendientes futuros que a nuestros muertos pasados. 
Y lo siento, creedme que lo siento.

jueves, marzo 10, 2011

El mismo circo, distintos enanos.

Se nos acumulan los problemas, nos rizan el rizo, nos crecen los enanos.
Aunque parezca que nada o poco tiene que ver con nosotros, auqnue parezca que nuestro circo se basa en nosotros mismos y nuestros enanos son el paro, la discriminación o la crisis económica. Nos equivocamos.
Nuestro circo está en Libia y nuestros enanos, son -con todo respeto y por mantener el símil- los chinos.
China y los chinos se engrandecen cada día ante nuestros ojos y muchos no somos capaces de verlo, no queremos darnos cuenta y simplemente lo vemos y lo ignoramos.
Gadaffi bombardea las posiciones insurgentes por toda la costa libia, sus tropas de elite -que no olvidemos que por algo son de elite- desbaratan ofensivas y contratacan en puntos estrategicos que habían sido tomados fácilmente por los rebeldes hace una semana.
Como suele ocurrir en estos casos, aquellos que sufren y sangran por ser lo que quieren ser, -aunque no tengan muy claro en qué consiste ese deseo- se vuelven a todos los que dicen apoyarles, los que les han convencido desde el eter de Internet y los libros en francés de que su lucha merece la pena, de que tienen derecho a desear decidir por si mismos, y les suplican, les piden, les exigen ayuda.
Y tienen derecho a hacerlo. Aunque nos venga mal, aunque no se ajuste, por decirlo de algún modo, a la forma fútil, meliflua y banal en la que se hacen las cosas -sobre todo este tipo de cosas- en el Occidente Atlántico, aunque no nos pille en buen momento, aunque no sea políticamente correcto.
Tienen derecho a hacerlo porque ellos no son occidentales; porque ellos no confunden apoyo con palmaditas en la espalda mientras las cosas vienen bien dadas y silencio ominoso y ausente cuando pintan bastos.
Tienen derecho a hacerlo porque ellos son medievales, están atrasados, no creen que no se deba exigir cumplir los compromisos, no creen que sea factible ignorar los problemas ajenos cuando hemos prometido no hacerlo, que sea posible decir diego donde dijimos digo cuando sonaba bien decir digo y no decir diego. No creen que la lealtad sea un check que se rellena en un perfil de Meetic para conseguir un polvo de fin de semana, ni que el apoyo sea algo que se hace desde lejos, en interminables conversaciones de teléfono móvil con tus números favoritos.
Tienen derecho a exigir esa ayuda porque son libios, no atlánticos. Tienen derecho a hacerlo poque ellos no saben que existe China. Y si lo saben no les importa.
Pero, claro, nosotros sí lo sabemos. Y como lo sabemos no hacemos nada.
China puede apoyar militarmente a Gadaffi o a los insurgentes -mas bien lo segundo-, puede desplegar su flota militar aerea y naval, con una velocidad pasmosa para los ritmos habituales en el mastodonte asiático, con la excusa de repatriar a sus 36.000 compatriotas que trabajan en la industria petrolífera libia, puede asumir la repatriación de 12.000 personas de otros países como si de repente se hubiera convertido en el gendarme del mundo -¿alguien recuerda quién era antes el gendarme del mundo hasta hace poco?-,  puede enviar legaciones para dialogar con una y otra parte del conflicto a fin de asegurar, sea cual sea el resultado, el mantenimiento de sus intereses energéticos en Libia.
Y Occidente no se opone, aunque él no pueda hacerlo. Aunque él no se atreva a hacerlo.
Los delegados europeos en las Naciones Unidas aprueban sanciones y embargos al régimen de Gadaffi, Sarkozy reconoce al gobierno insurgente como representante legítimo del pueblo libio, Obama asume el compromiso moral de derrocar a Gadaffi, Gran Bretaña organiza un fiasco internacional, por orden de su Primer Ministro Cameron, al enviar un comando de sus fuerzas de elite para entablar contacto con los rebeldes, España habla con unos y se niega hablar con el dictador... pero, en esencia no hacen nada.
Los rebeldes piden una zona de exclusión aérea para la aviación militar de Gadaffi, pero no la tienen.
El gobierno estadounidense tardó dos semanas en conseguirla para Irak en la Primera Guerra del Golfo e Inglaterra y Alemania sólo necesitaron cuatro días para lograrla en  la Guerra de los Balcanes. Pero ahora ni siquiera la proponen.
¿Por qué? Porque China no quiere.
Los rebeldes piden refuerzos armados bajo bandera de la ONU en misión de paz para las zonas liberadas, pero no los tienen.
Estados Unidos, Inglaterra y Francia tardaron mes y medio en lograrlos para Afganistan, once días en conseguirlos para Libano, y más o menos lo mismo para Somalia, Bosnia, Kosovo y Timor Occidental. Pero ahora ni siquiera se lo plantean.
¿Por qué? Porque China no quiere.
Y muchos verán que eso no supone un cambio. Al menos no en la política de defender la no ingerencia en asuntos internos de terceros que ha mantenido China desde los albores de su despertar occidental. China bloquea con su veto en el Consejo de Seguridad de la ONU cualquier intervención armada, cualquier ayuda a uno u otro bando. Lo que ha hecho siempre.
Y tienen razón. Lo que ha cambiado es la política de Europa, de Estados Unidos. Del Occidente Atlántico.
China estaba en contra de la intervención en Corea, del envío de asesores militares a Vietnam, de la ayuda militar a Israel, de las operaciones militares en Afganistan, de la invasión de Irak, de la intervención en la Guerra de los Balcanes. China votó en contra de todas las resoluciones internacionales que suponían intervención armada en cualquier estado soberano. Y lo ha hecho desde que tiene derecho a veto en las Naciones Unidas.
La diferencia es que a Occidente eso, lo que opinara China, le importaba más o menos el equivalente a un puñetero carajo.
La OTAN intervino en los Balcanes sin que el gigante asiático lo aprobara, Estados Unidos, Gran Bretaña y su pirricos aliados -o sea, España, Italia y Polonia- invadieron Irak sin que China estuviera de acuerdo. Los marines pusieron base en Corea, sacaron al Dalai lama en el 57 de Tibet, desembarcaron en Vietnam, Panamá, Grenada y Somalia, arrasaron las junglas salvadoreñas y nicaraguenses y se instalaron en Kandahar y Kabul con la firme y declarada oposición del país del dragón.
Y entonces no importó.
Pero entonces no es ahora. China se ha sentado a la puerta de su casa y por fin -¡Bendita paciencia asiática!- ha visto pasar frente a ella el cádaver de su enemigo. Y su enemigo no eramos nosotros. Pero el cádaver que ve pasar es el nuestro.
Porque China tiene, literalmente, la economía de Occidente cogida por los huevos.
Y eso hace que ahora sí importe, que ahora sí se tenga en cuenta. Y eso hace que no nos atevamos a hace nada sin su consentimiento. Y eso hace que a China no le importe lo que pase en Libia con tal de que pase sin la intervención del Occidente Atlántico.
Y eso hace que, por primera vez en unos cuantos siglos, Occidente sea consciente de que las potencias hacen lo que les conviene, mirando solamente a sus necesidades internas -que nadie crea en China que se pueden cambiar las cosas- y a sus intereses externos -asegurémonos de que no perdemos el suministro energético-.
Como hizo Roma, como hizo El Sacro Imperio Romano Germánico, como hizo el Imperio sin anochecer español, como hizo el Imperio colonial inglés, como hizo ese gendarme universal llamado Estados Unidos de América.
Como hace China.
Será el mismo mundo y la misma forma de organización. Sólo que nosotros ya no estaremos en los títulos de crédito como papel protagonista.

Supuesto para estudio de Igualdad Directiva (Temario Opcional)

Hipótesis de trabajo
Una corporación tiene un consejo de administración formado por quince miembros -el máximo recomendado por la ley-. De ellos, seis son consejeros ejecutivos, aquellos que desempeñan funciones directivas; cinco son dominicales, que están ahí simplemente porque tienen el porcentaje de acciones necesario para imponer su presencia en ese órgano, otros cuatro son independientes, básicamente elegidos a dedo por aquellos que tienen poder en la empresa -para entendernos, aunque se puede decir de una forma más hermosa y profesional-.
Esos puestos están ocupados según la distribución recomendada por la Comisión Nacional del Mercado de valores y los organos empresariales europeos, que supone que haya más consejeros ejecutivos que dominicales y nunca más de un tercio de consejos independientes, no vinculados directamente a la empresa por trabajo o acciones.
Con estas premisas, se convoca una reunión extraordinaria del Consejo de Administración para adecuarse en el plazo de un año a la recomendación del Parlamento Europeo de paridad en los órganos directivos.

Sobre esta hipótesis analizar los siguientes supuestos:
Primer supuesto
Los asientos en el Consejo de Dirección se distribuyen según la media actual de representación femenina que es de un tres por ciento. O sea, 0,45 consejeras mujeres. Venga, redondeemos a cero -que soy de letras y se me dan mal las operaciones con decimales-.
A) Se despide a los cuatro consejeros externos, elegidos a dedo, para ser sustituidos por cuatro mujeres, también elegidas a dedo. Al fin y al cabo siempre se puede encontrar cuatro mujeres que estén dispuestas a votar lo que se les diga a cambio de una buena remuneración, como hacen ahora los hombres. Y se reza para que la Auditoría de Igualdad se conforme con eso.
B) Se despide a tres consejeros ejecutivos, sin tener en cuenta su valía, su capacidad ni su trabajo, añadiendo a tres consejeras a la empresa, para sumar el número de siete requerido para la paridad. Y se reza para que los despedidos no nos planten un pleito por discriminación laboral que llegue hasta el Tribunal de Estrasburgo.
C) Si no disponemos de directivas para cubir las plazas, se las contrata y se las asciende a integrantes del Consejo de Administración en el plazo de un año, pasando por alto la antigüedad, la capacitación y cualquier otro parámetro que no sea el sexo. Y se realizan cursos de concienciación de género obligatorios para que todos aquellos directivos que se sientan discriminados por esa decisión lo comprendan Y evitar así tener que repetir las oraciones para eludir idéntico pleito que en el punto anterior.
D) Si no se quiere prescindir de consejeros que consideramos válidos, simplemente por la circunstancia biológica de que tienen gónadas externas, se convence al menos a tres de los consejeros dominicales -siempre mantenemos a las cuatro consejeras designadas a dedo como la opción más segura y menos peligrosa- para que firmen poderes notariales de representación a sus esposas, hijas, hermanas, abogadas, administradoras, vecinas o cualquier otra mujer relacionada con ellos.  Y se reza para que no tengan firmados acuerdos prematrimoniales de separación de bienes que les impidan hacerlo sin perder definitivamente su fortuna.
E) Si eso parece muy machista, se convence a herederas femeninas de los miembros dominicales del Consejo de Administración de que les envenenen para heredar su puesto en la empresa. Al fin y al cabo se librarán con toda seguridad de un posble maltratador. Y se reza para que no tengán escrúpulos.
F) Si eso se antoja arriesgado, se detrae una parte de los beneficios de la empresa para ofrecerselos a accionistas femeninas con el fin de que realicen una OPA -hostil, si es necesario- que les conceda el porcentaje de acciones necesario para desvancar a los consejeros dominicales masculinos de sus puestos en el consejo. Y se reza para que la Comisión del Mercado de Valores no nos cierre el chiringuito por manipular el mercado con fines ilégitimos.
G) Y si todo eso falla, resulta imposible o no parece ético o plausible, se crea una sociedad de valores en un paraíso fiscal -veasé ejemplo Shell en España- que permita eludir los suficientes impuestos como para hacer frente a la multa de 50.000 euros y así poder seguir determinando por criterios empresariales y financieros quienes deben formar parte del Consejo de Administración. Y se reza para que la reiteración en la falta no haga que se disuelva la sociedad, dejando en la calle y sin empleo a todas las personas que trabajan para ella, sólo porque alguien no ha conseguido imponer su forma de ver el mundo. 

Segundo supuesto
Los asientos en el Consejo de Dirección se distribuyen de forma inversa la media actual de representación femenina que es de un tres por ciento. O sea, ningún consejero varón.
A) Todo se deja igual y se solicita el impreso para optar al Premio Anual Por la Igualdad en La Empresa
B) Se va más alla y se recoloca a todo el personal para lograr una paridad total en todos los ámbitos de la empresa, obligando por ejemplo a una parte de las administrativas a trabajar de descargadoras de camiones, a los empleados de mantenimiento en labores de secretariado y así hasta que cada función laboral de la empresa sea llevada a cabo en un porcentaje idéntico por hombres y mujeres, independientemente de sus gustos, sus elecciones y su preparación.
C) Se modifican los curricula de las miembros del consejo de administración para que la auditoría ignore que han llegado a ese puesto utilizando los mismos manejos, el mismo recurso al dinero y la misma ansia de poder que suelen gastarse los hombres que llegan a esos puestos. Al fin y al cabo, lo único importante es que sean mujeres y no la clase de mujeres que son.
D)Se aplican las posibilidades del supuesto anterior para lograr la paridad. Y se reza para que lo que solamente parece estúpido en un sentido, no resulte inaceptable en el contrario.

Material a consultar para la resolución de los supuestos.
Resulta que la edad media de las personas que ejercen la dirección ejecutiva y forman parte de los consejos de administración es de 50 años, o sea, que acabaron sus estudios en el final de la decada de los años setenta. El porcentaje de mujeres españolas con preparación universitaria de esa edad no llega al 30 por ciento y se reduce al 12 por ciento en los estudios superiores de Empresa y al 5 por ciento  en el ámbito técnico, que son los dos campos de los que se nutre la alta dirección. Y tampoco nadie les obligó a no estudiar esas carreras universitarias.

A lo mejor, una vez más, no vale con hacer unas medias aritméticas de tercero de la ESO y luego tremolar los resultados como una discriminación insoportable. A lo mejor resulta que el mismo Estado que no puede obligar a las empresas a distribuir sus beneficios entre los trabajadores que los hacen posibles, tampoco puede obligar a esas empresas a pensar en otra cosa que no sean sus beneficios y su distribución de poder a la hora de nombrar a quienes integran sus consejos de administracion u ocupan sus despachos ejecutivos. A lo mejor hay que cambiar toda la esencia de la empresa moderna y no sólo decorarla para poder presentar fotos en las siguientes elecciones.

Fin de la Unidad Didáctica.

Supuesto para estudio de Igualdad Salarial (Temario Obligatorio)

Hipótesis de trabajo.
Una persona, de esas que tienen dinero y voluntad para levantar una empresa, tiene dos plazas que cubrir. lee curriculums, consulta a la familia -que el nepotismo siempre es un grado-, contrata a una empresa de cazatalentos, pone un anuncio en la prensa y en Infojobs y al final selecciona a las dos personas más aptas para los puestos según su punto de vista, -que puede ser cuestionable pero es el suyo, que para algo la empresa le pertenece-.
Ambos perfiles son perfectos para sus puestos y trabajarán en idéntico puesto en el organigrama de la empresa, desempeñando las mismas funciones en, digamos áreas geográficas distintas.
Así que, como la persona propietaria de la empresa sabe que está en un país en el que no existe una catalogación de remuneraciones laborales que establezca unos sueldos mínimos y máximos por puesto y sector, como sabe que no existe una negociación sindical que le imponga esos mínimos a priori, se sienta a frantar la dura y cansina labor de la negociación salarial.
Se enfrenta a la primer persona, que llamaremos 1, seleccionada ofreciéndole una cantidad. Esta se niega, porfía, se lo piensa y hace una contraoferta. Que si tiene que abandonar otra empresa, que si quiere un coche y un móvil de empresa, que si tal, que si cual... Al final hace una contraoferta en la que espera recibir un 20 por ciento más de sueldo. Su antagonista en esa negociación se lo piensa y al final acepta. Al fin y al cabo había comenzado la negociación un 40 por ciento por debajo de lo que por lógica debería pagar a cualquiera que trabajara en ese catagoría. Todavía se ha ahorrado un 20 por ciento. Plaza cubierta. Comienza mañana.
Medianamente feliz, hace una pausa para tomar un café, unas llamadas telefónicas, queda para una comida de negocios y hace entrar en su despacho a la persona elegida para cubrir la siguiente vacante, a la que desde este momento nos referiremos como 2 .
Repite la operación y la oferta palabra por palabra-al fin y al cabo levantar una empresa ha convertido estas cosas en rutina- Y, ante su estupor interno y su complacencia externa, no hay petición de coche y movil de empresa, no hay contraoferta. Sencillamente su contraparte en la negociación acepta la primera oferta.

Partiendo de esta hipótesis, resolver los siguientes supuestos
En el caso de que 1 y 2 sean ambos de sexo masculino.
La persona contratante debe:
A) Reirse por dentro, alegrarse de haberse ahorrado un 60 por ciento del dinero que tenía previsto invertir en los salarios de ambos puestos y marcharse a su comida de negocios.
B) Descolgar el teléfono inmediatamente y hacerle ver a 1 que su propuesta es inaceptable porque ha encontrado a otras personas que están dispuestas a cubrir su puesto aceptando las condiciones de partida de su negociación
C) Destinar el dinero que ha ahorrado en esos salarios para subir el sueldo de parte del personal femenino de la empresa

En el caso de que 1 y 2 sean ambos de sexo femenino.
La persona contratante debe:
A) Al mejor estilo del vendedor de barbas y pelucas de la mítica La Vida de Brian, forzar a 2 a regatear hasta que acepte una subida del 20 por ciento que la iguale a su futura compañera.
B) Siguiendo los pasos del no menos mítico centurion de los Monty Python, decir algo parecido a ¿salario de mierda?, sí, no.. ¡Era una broma! y darle automáticamente el mismo sueldo que el que ha conseguido 1 con su negociación.
C) Seguir las enseñanzas del inolvidable Frente de Liberación de Judea -¡Brigada suicida!- y asesinar su cuanta de gastos salariales dándole a ambas el máximo, por encima de lo que han aceptado y de lo que han negociado.

En el caso de que 1 sea de sexo femenino y 2 sea de sexo masculino.
La persona contratante debe:
A) Nada en absoulto. Todo el mundo sabe que las mujeres son más listas que los hombres y merecen ganar más. Si el tío es tonto y no pide más es su problema.
B) Subir el salario a 1 hasta lo máximo que tenía previsto en premio a su capacidad negociadora
C) Solicitar a su asistente un impreso para presentar su candidatura al premio Anual en apoyo de la Discriminación Positiva que entregará la ministra de turno.
En el caso de que 1 sea de sexo masculino y 2 sea de sexo femenino
La persona contratante debe:
A) Ofrecer a 2 desde el principio el sueldo que ya ha conseguido 1 en su negociación, arriesgándose a que ella negocie y le obligue a elevarlo aún más pero sabiendo que eso no miporta, porque que una mujer cobre más que un hombre por idéntico trabajo es políticamente correcto.
B) Rebajar el sueldo a 1 par impedir a cualquier precio que una Inspección de Trabajo le plante una multa por discriminación salarial.
C) Despedir a 1 en el periodo de prueba y contratar otra mujer a la que pueda pagarle menos que a 2 sin que le puedan acusar de discriminación sexual en los salarios.

Material propuesto para resolver estos supuestos.
Resulta que un alto porcentaje de mujeres trabajan en jornada reducida por conciliación familiar, con la reducción de salario que marca la ley, incluso en identidad de puesto y categoría y sin que la ley les obligue a ser ellas las que se acojan a esa medida.
Resulta que un 25 por ciento de las mujeres trabajan a media jornada, mientras que sólo un 4 por ciento de hombres lo hacen, y eso también supone una reducción del sueldo aunque el puesto sea el mismo. Y tampoco nadie les obliga a ello.
Resulta que en España sólo un 20 por ciento de los trabajadores están sindicados y de ellos solamente un 30 por ciento son mujeres. Resulta que en el 75 por ciento de las empresas con mayoría de mujeres en la plantilla no existe representación sindical ninguna y solo se presentan como candidatas a la representación sindical dos de cada cien candidatos.

A lo mejor hay que pensar porque suceden las cosas antes de recurrir al insoportable machismo para explicar porque hay una diferencia del 17 por ciento entre los sueldos de mujeres y hombres. A lo mejor hay que analizar las situaciones antes de plantearlas. A lo mejor explicarlas correctamente y responsabilizar a las personas de su situación y su futuro es más útil que tremolar una bandera y un eslogan. Aunque sean rosas.

Próxima Unidad Didáctica. Supuestos de la Ley de Igualdad en la Dirección.

lunes, marzo 07, 2011

Sortu o el interior del alma hipócrita

La esperanza es lo último que se gana y, por lo que se ve, aún no nos hemos ganado el derecho a tenerla.
Y, los hay que, hoy por hoy, han decidido que las tierras y las gentes de Euskadi, no han sangrado y han sufrido lo suficiente como para poder tenerla.
Y ahora, que ya sabemos que estamos hablando de Sortu y del desesperante enrrocamiento del gobierno español en impedir a esos abertzales en concreto que entren en el juego democrático, podríamos hablar de muchas cosas.
Podriamos hablar de manipulación legal, podriamos hablar de pervertir una normativa que ya era perversa en su aprobación inicial, podriamos referirnos a las necesidades electorales que hicieron que nadie cuestionara las intenciones de Aralar y sus dirigentes -en sus orígenes e ideología tan abertzales como ETA y Batasuna- cuando dijeron que rechazaban la violencia.
Podriamos seguir hablando de la simbiosis electoral entre el terror y el conservadurismo español, que hace que el segundo necesite del primero para sobrevivir en cada convocatoria electoral, podriamos hablar de la necesidad que tienen los partidos nacionalistas españoles, si no quieren verse apeados sine die del gobierno vasco, de que ningúna formación recupere los votos, ahora perdidos, de Batasuna para sumarlos al nacionalismo de Euskadi.
Podriamos hablar de muchas cosas, de múltiples circunstancias y de infinitas posibilidades. Pero, como la Ábogacía del Estado primero y la Fiscalía del Estado después, han decidido recurrir a lo indemostrable como argumento legal para atrichentarese en la ilegalización de Sortu, como han tirado de intenciones e interiores, sólo podemos hablar de un par de cosas.
De Corazones y de Almas.
Y los demonios tenemos una tendencia innata a sacar a la luz lo peor de esas dos indemostrables e intangibles partes del ser humano.
Hoy por hoy, sobre Sortu, sobre sus corazones y sus almas, sobre sus mentiras y sus verdades, sobre sus intenciones y sus deseos, sólo hay una cosa que se pueda decir, sólo se me antoja una actitud que se pueda expresar: Hipocresía.
Pero, no, no comienzen a apludir tan pronto, no asientan firmemente con tanta presteza. Es nuestra hipocresía, no la suya, a la que me refiero.
La hipocresía de todos aquellos que pensamos "¡que se joda!" cuando vimos en órbita, colgado de un balcón, el coche de la mano derecha y el futuro sucesor del dictador.
La hipocresía de aquellos que brindaron por la muerte de Carrero Blanco en sus exilios exteriores e interiores y definieron en sus panfletos clandestinos con el puño y la rosa, la hoz y el martillo o la estrella soviética a los autores del atentado como "valientes luchadores por la libertad".
La de aquellos que aceptaron en sus filas y en sus listas a individuos que habían quemado redacciones en Bilbao y partido cabezas en Madrid y Valladolid al grito de ¡Viva Cristo Rey!, la de aquellos que se congratularon de las sentencias de muerte del Proceso de Burgos, la de aquellos que no impusieron condición alguna a militantes de Falange para engrosar sus filas y sus organos directivos.
La hipocresía de aquellos que tarareaban en bajito, como un himno revindicativo, la canción dedicada por un grupo coral vasco a un niño muerto, que lo fue porque le tiraba piedras a la polícia en defensa de la independencia de Euskadi, aunque la policía vistiera de otro color.
La de aquellos que permitieron que formaran partidos ministros de Información e Interior de un régimen dictatorial, que miraron a otro lado cuando los brazos ensangrentados de la represión de un régimen de cuatro décadas se lavaran la manos de esa sangre y decían que habían decidido ser democratas.
Hoy el alma de España y  de los que dicen hablar en nombre de los españoles está rebosante de hipocresía. Y es así porque creemos que tenemos el derecho de exigirle a los vascos hacer lo que nosotros no hemos hecho en los últimos treinta años: renunciar a su futuro en aras de vindicar un pasado que no tiene vindicación posible porque todos lo hemos hecho, lo hemos construido, lo hemos permitido y lo hemos apoyado de una forma o de otra.
Y al que no le guste leer esto que estudie historia.
Que grite que no tiene porque aguantar que aquellos que defendieron y ejercieron la violencia se paseen públicamente por la calle  y entren en el juego democrático, pero que estudie historia.
Porque llevamos aguantando eso, exactamente eso, mucho tiempo.
Hemos aguantado que un asesino frío y sistemático hablé en el parlamento, se pasee por la calle, escriba libros y se permita el lujo de amenazar públicamente y con cámaras de televisión presentes a cualquiera que le recuerde el nombre Paracuellos del Jarama; hemos aguantado que un represor sistemático, un censor y un torturador comande el principal partido de la oposición durante años y gobierne, de cacicada en cacicada, en una comunidad autónoma; hemos aguantado homenajes y nombramientos honoríficos a una mujer que conducia a sus "compañera milicianas" a aplaudir y gritar mientras se fusilaba a sus opositores en las checas madrileñas.
Hemos aguantado que un jefe de la falanje estuviera en el parlamento aún cuando se sabía que había participado en las depuraciones de Salamanca, que un asesino confeso,  fundara, comicio tras comicio, nuevos partidos políticos para concurrir con ellos a las elecciones, que uno de los que brindó en Francia cuando voló Carrero Blanco fuera casi tres lustros Presidente del Gobierno, que un fundador de los Guerrilleros de Cristo Rey fuera el llamado a encabezar las listas del Partido Popular, que el ideologo de un grupo violento del independentismo catalán formara parte de su gobierno autonómico, que militantes de los Grapo se integraran en las listas municipales de partidos comunistas nada más abandonar la cárcel, que terroristas excarcelados del Batallón Vasco Español formaran parte de las agrupaciones provinciales de partidos conservadores legales, que activistas violentos del independentismo canario -que lo hubo- concurrieran a las elecciones al Cabildo Insular.
Hemos aguantado que un gobierno venda armas a un dictador que ahora sirven para exterminar a su pueblo, que otro gobierno permita que aterricen en nuestro suelo aviones cargados de personas retenidas ilegalmente camino de la tortura, que otro gobierno más mate a personas en secreto en Argel y en El Caribe y que otro anterior permita la tortura y el asesinato de dos detenidos.
Así que no podemos decirle a Euskadi, exigirle a Euskadi, que deje de vivir y de mirar al futuro porque dudamos de la verdad de las intenciones de aquellos que ahora dicen que quieren ser demócratas. Nosotros no lo hicimos cuando teniamos que haberlo hecho.
Nosotros hemos aceptado sin rechistar todas las promesas de hacerse demócratas de los que habían demostrado con creces no serlo. Hemos querido creer que sus palabras eran ciertas, que sus intenciones eran buenas. Que sus almas estaban limpias.
Así que, sea de izquierdas o de derechas -si es que todavía existen-, sea conservador o progresista -si es que esa división tiene sentido-, sea de Euskadi o de cualquier otra parte de España, sea abogado o fiscal del Estado, sea del Gobierno o de la Oposición, aquel que defienda que Sortu no puede ser legalizado porque estuvo vinculado a ETA, porque Antxon fue parte de ETA y ahora lo es de Sortu, es un hipócrita.
Antxon no es diferente de Blas Piñar, Felipe González, Jorge Vestrynge, Manuel Fraga, Santiago Carrillo, Fernando Suarez, Dolores Ibarruri, Ladislao Zabala, Saenz de Ynestrillas, Cubillo, Eloy Rúiz Cortadi, José María Aznar y otros muchos que afirmaron ser democrátas después de haber demostrado que no lo eran.
Pero a ellos les creimos y no estamos dispuestos a creer a Antxon ni a los abertzales de Sortu. A ellos no les exigimos que nos mostraran su limpio corazón y su alma pura. La Abogacía del Estado no pidió la ilegalización de sus partidos cuando entró en vigor la malhadada Ley de Partido Políticos.
Puede que Antxon sea un asesino y eso le diferencie de todos los que he citado. De unos porque ellos, aunque apoyaban la violencia, nunca la ejercieron, de otros porque Antxon ha cumplido su condena por esos crímenes y ellos no. Y el que tenga oídos para oir que oiga.
Podemos decir lo que queramos y utilizar toda suerte de argumentos. Y hasta puede que tengamos razón. Pero cuanta más razón tengamos más letras se irán sumando a la palabra que hoy, en lo que a Sortu se refiere, nos define.
Si miramos en el corazón de Sortu podemos ver mentira o verdad, convicción o necesidad. Pero si miramos en el interior de nuestras almas solamente veremos hipocresía.
También tendremos que acostumbrarnos a aguantar eso ¿o no?

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