martes, junio 03, 2014

Y Juan Carlos se fue como llegó

Después de los titulares, los chistes, chascarrillos y demás dimes y diretes originados por tan magno evento como es una abdicación llega el turno de hablar.
Juan Carlos se va. Se va como llegó, en mitad de un periodo convulso que clama por el cambio y que lo exige a gritos en las calles y cada vez más -ya no pueden decir lo contrario- a sufragios en las urnas. Y su abdicación, como todo en la vida, como todo en este Occidente Atlántico nuestro que ha hecho de sí mismo, sus necesidades y su beneficio la única bandera de su ética, puede tener múltiples lecturas.
Los que llevan sabiendo esto desde el 31 de marzo y han tenido tiempo para tirar de historias preparadas, relatos biográficos y todo tipo de especiales comienzan a decorar a marchas forzadas su figura, a taparle las grietas y a magnificar la imagen de su reinado.
A los que esto les pilló en medio de la calle, en medio de sus vidas y de sus cada vez más estrechos márgenes de supervivencia, se les sube el cambio a la garganta y claman por algo nuevo ahora que el viejo rey yace en su catafalco -metafóricamente, se entiende-.
Y se habla de república, se habla de sucesión, se habla de monarquía constitucional, se habla de muchas cosas salvo de las dos que deberían hablarse, salvo de las dos únicas varas de medir que se pueden usar para calibrar una abdicación y casi cualquier hecho político: dignidad y democracia.
Antiguamente se media a los monarcas que, desde luego, nada tenían de demócratas ni podían tenerlo, por su dignidad. 
Carlos I, el peor monarca de Inglaterra, se ganó el respeto de los que eran sus enemigos al colocar en silencio y dignamente el cuello en el tajo de Cromwell mientras que Luis XVI se granjeó el desprecio hasta de los más acérrimos monárquicos al subir lloriqueando al patíbulo. Todo siempre es cuestión de dignidad entre los que dicen que tienen la hemoglobina turquesa.
Para aquellos que no son elegidos, para aquellos que son colocados en un puesto sin que aquellos a los que pretenden representar hayan dicho nada al respecto, la dignidad es la única herramienta para demostrar su valía.
Y lamentablemente para Juan Carlos su abdicación es tan indigna como lo ha sido su reinado.
Ayer cuando se puso ante las cámaras para anunciar su marcha tenía la última oportunidad y la desperdició tan miserablemente como ha desperdiciado otras muchas, como ha desperdiciado 39 mensajes de navidad, como ha desperdiciado centenares de inauguraciones, de entregas de premios y de discursos dados.
Porque el rey, el rey de ahora, no hace nada, no puede hacerlo, pero habla. Y ayer no dijo nada. 
Malgastó la última oportunidad que tenía de hacer lo que los reyes de otrora decían , aunque no hacían, que era su deber: defender a su gente. 
Ayer debería haberse levantado, desechado el discurso que le habían escrito y pedido perdón.
No por los elefantes cazados, que también; no por los exabruptos públicos, que desde luego, no por su rampante falta de criterio de los últimos tiempos, que por supuesto. Debería haber pedido perdón por haber asistido en silencio al desmoronamiento de una sociedad que ahora galopa a pasos agigantados hacia la miseria.
Debería haber pedido perdón por no haber defendido y hablado en favor de las gentes de España, de los ciudadanos de este país en casi cuarenta años. Por no defendernos. Por no hacer su trabajo.
Por no decir una palabra contra una guerra que nos llevó al desastre y a la muerte trágica de centenares de personas; por asistir en silencio a una sucesión de gobiernos de uno y otro signo que dejaban un rosario de corrupciones y corruptelas. Por seguir dando la mano y recibiendo a unos gobernantes inmersos solamente en sus propios negocios.
Perdón por no haber sido él mismo quien pidiera eliminar su propia inimputabilidad para dar ejemplo de transparencia, perdón por no haber llevado de la oreja él mismo a su hija a declarar ante el juez por el caso Noos, perdón por no haber abofeteado en público -eso siempre es muy aristocrático- a su yerno ladrón, perdón por no haberles negado el pan y la sal a todos los corruptos y nepotistas que acudían a visitarle.
Perdón por no habernos dado ni una sola vez la voz y la palabra a los españoles y siempre otorgársela a nuestros gobernantes. 
Por haberse limitado a leer lo que le escribían, a decir lo que le pedían que dijera o a afirmar aquello que en cada momento venía bien al gobierno de turno.
Perdón, en definitiva, por ser como nosotros. Por haber antepuesto las necesidades de su casa al bien común, la permanencia de su linaje en el trono a las necesidades del país al que representaba. Por haber hecho lo que le exigían que hiciera para asegurarse que su hijo heredaría su trono y su corona.
Perdón por pensar más en lo suyo que en lo de todos.
Y eso es lo que le ha negado hasta el último ápice de dignidad al monarca que se va.
Y en cuanto a la democracia, pues poco hay que decir. 
Si verdaderamente fuera demócrata estaría entre los que piden como mínimo el refrendo democrático al nuevo monarca, entre los que comprenden que una elección entre un rey y la nada hecha por una sociedad que salía de una dictadura posterior a una guerra civil no es un baremo de aceptación en nuestros días, entre los que, independientemente del resultado del mismo y de su postura sobre la forma de configuración del Estado, piden que los habitantes de este país decidan sobre algo que les compete como es quién y de qué modo les representan.
Pero claro, eso era de esperar. 
Si hubiera sido demócrata nunca hubiera aceptado ser rey.

lunes, junio 02, 2014

De un ministro de Ilustración Popular a las ruedas de plasma Génova,13, pasando por El Gato al Agua.


Todos sabemos de qué régimen fue Ministro de Propaganda e Ilustración Popular un tal Joseph Goebbels. Todos sabemos cual era el objetivo de ese régimen y las formas de actuar que utilizaba.
A lo largo de los años ha sido objeto de estudio por politólogos, historiadores y sociólogos y resulta que su forma de hacer política y propaganda tenía unas normas, ¿quien lo iba a decir, verdad?

Principio de simplificación y del enemigo único.
Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.
Pablo Iglesias.
Principio del método de contagio.
Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.
(Podemos,la PAH,los antisistema,el 22m,eta......)
Principio de la transposición.
Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan.
(Podemos te quiere quitar las casas. +de 500mil desahucios desde 2008 con Psoe y Pp.+ de 100 desahucios al día desde 2012.)
Principio de la exageración y desfiguración.
Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.
(La inmigración, los escraches,twitter....)
Principio de la vulgarización.
Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.
(Todo es eta.La PAH,podemos,el sat, los yayo/perroflautas......)
Principio de orquestación.
La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. De aquí viene también la famosa frase: "Si una mentira se repite lo suficiente, acaba por convertirse en verdad".
(Podemos te quiere quitar la vivienda. Estamos haciendo lo que teníamos que hacer.Todo es falso,salvo alguna cosa.)
Principio de renovación.
Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.
(Salen los papeles de Bárcenas, lo preocupante es Gibraltar. Que la protesta social se hace más grande con las marchas por la dignidad, vendemos a 12 policías para que los telediarios abran con violencia).
Principio de la verosimilitud.
Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sonda o de informaciones fragmentarias.
(la comparación de Pablo Iglesias y Stalin. Que dos del PP se maten entre sí,la culpa es de Twitter,la muleta pinzón "del 22 m",el lanzallamas casero "de Sants"...)
Principio de la silenciación.
Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.
(estamos saliendo de la crisis, la luz al final del túnel, estamos creando 7000 puestos de trabajo al día)
Principio de la transfusión.
Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.
(la inmigración,eta....)
Principio de la unanimidad.
Llegar a convencer a mucha gente de que piensa "como todo el mundo", creando una falsa impresión de unanimidad.
(las pensiones no son viables,la sanidad no es viable,hay que rescatar a los bancos.....)

Y los hay que todavía se atreven a llamar nazis a los que se oponen a ellos, a los que no les quieren en el gobierno y a los que utilizan la protesta democrática como herramienta política.
Quizás en 1931 a muchos alemanes les pilló por sorpresa pero ¿de verdad creían que ahora iba a volver a colar?
A lo mejor por eso les resulta tan urgente reformar a la baja el acceso a  la Universidad.





Nota: No he conseguido encontrar al autor original del texto pero le agradezco su esfuerzo.


Los otros padres del terror

Llega un momento en qué ya no sabes para qué hijos del terror nunca termina la guerra.
Llega un momento en el que te preguntas por qué se desea que esa guerra continúe.
Llega un momento en el que te indignas porque se pretenda restaurar el miedo en las mentes de una sociedad que ha comenzado a perderlo.
Llega un momento en el que comprendes que no les vale la victoria si es de todos y no solamente suya.
Llega un momento en el que recuerdas que terrorista no solo el que mata o asesina sino también el que pretende sacar rendimiento político o económico de sembrar y mantener el miedo el terror.
Llega un momento en que su miedo a perder el poder les hace descubrirse y recurrir a sus armas de siempre para conseguir mantenerlo.
Llega un momento en el sus acciones demuestran que ni antes, ni ahora, ni nunca han querido la paz.



Y entonces queda claro quienes son ahora los padres del terror.


domingo, junio 01, 2014

José y Grego y el entierro de la verdad de género

Tiempo ha que no se asomaban a estas endemoniadas líneas estos asuntos sobre mujeres y hombres y su supuesta guerra encubierta y su inventado odio ancestral.
Creía yo que ya no me encontraba bajo sospecha de machismo o cualquier otro "ismo" recalcitrante e intransigente pero, como en los últimos tiempos se me ha hecho sospechoso de muchas cosas pues insisto, aunque sea redundante.
No es que me moleste en exceso que se me haga sospechoso de extranjero por las tonalidades epidérmicas, de yihadista por los adornos estadísticos de mi indumentaria y de traidor a la mujer que amo, amaba o amaré -que en estas cosas siempre se me confunde el tiempo verbal- por los susurros de pasillo, pero no está de más redundar en lo ya dicho por si alguien no lo escuchó o no quiso escucharlo, no lo leyó o quiso interpretarlo o no lo asumió y quiso tergiversarlo.
Existe un emporio mediático, político y vagamente social que se empeña en magnificar la violencia de género. Bueno se empeña en realidad en inventar que toda violencia en la que está implicada una mujer es por machismo.
Dicho esto, viajemos a Valencia.
"No tenían antecedentes de violencia entre la pareja y eran calificados como un matrimonio ejemplar. Sin embargo, José Montero, un hombre de 78 años, mató este miércoles a su mujer, Gregoria León, de 74, en su domicilio del número 18 de la calle Ruaya de Valencia, y después se quitó la vida".
Así empieza el periódico que ha empezado a perder toda credibilidad al convertirse en un elemento de propaganda más que en un medio de comunicación el relato sobre la aparición de dos cadáveres.
Y alguien dirá ¡Tampoco es para tanto! Pero sí lo es.
No dicen "no tenían antecedentes en el tráfico de drogas" -principal causa del as muertes violentas en España-, ni "no se les conocía relación alguna con el crimen organizado" -segunda-, ni "no estaban vinculados a ninguna banda delictiva" -tercera-, ni siquiera "no tenían antecedentes por contrabando" -novena-. Se van a la decimocuarta causa de muerte violenta en España, que es la mal llamada violencia de género.
¿Por qué resulta necesaria esa especificación? Hay preguntas que son en sí mismas una respuesta. Porque quieren que sea ese el móvil. Porque han decidido que ese sea el motivo de esas muertes. Porque sus apriorismos ideológicos necesitan que sea eso.
"Una de las dos hijas del matrimonio descubrió los cadáveres pocas horas después. Ella les visitaba a menudo, pendiente de su madre, quien desde hacía tiempo padecía un cáncer terminal, y parece que tras no recibir respuesta de sus padres decidió acceder al domicilio. Una vez dentro encontró en el dormitorio principal los cadáveres de José y Grego, como era conocida la anciana en el barrio. Alrededor de las diez de la mañana la policía recibía el aviso y al lugar acudían tanto efectivos de la brigada científica como del grupo de homicidios de la Policía Nacional, acompañados por el retén judicial y el forense".
Esa es la continuación del relato. ¿su hija dice que conocía antecedentes de malos tratos, de violencia? No -y todos sabemos que cualquier hijo sabe esas cosas y conoce esas circunstancias familiares-. Pero ahí en medio, como quien no quiere la cosa, como quien no da importancia a lo verdaderamente relevante, aparece un dato, un apunte que parece puesto para rellenar pero que en realidad está ahí para justificar "desde hacía tiempo padecía un cáncer terminal". A ahí queda la cosa.
Bueno, en realidad no queda ahí
"José, taxista jubilado, era conocido en el barrio por su afabilidad y el cariño a su mujer enferma. Se casaron en 1963 y tenían dos hijas y tres nietos. “Se casaron el mismo año que nosotros", comentaba una vecina, "y junto a nosotros fueron los primeros en mudarse hace ya 50 años. Eran muy buenas personas”.
¡Tócate los pies! Se casaron el año del asesinato de Kennedy, en el año del famoso sueño tenido por Martin Luther King, cuando España vivía la esperanza del Plan Marshall, el año del ascenso al solio pontificio del único papa que ha merecido la pena desde San Gregorio, Juan XXIII, y el tío que la ha odiado toda la vida por ser mujer, que ha reprimido durante medio siglo sus impulsos de macho alfa asesino y posesivo la mata cincuenta años después en un ataque de furia machista.
Cualquier ser humano de la tierra, cualquier periodista y desde luego cualquier guionista cinematográfico ya hubiera llegado a la conclusión en este punto de que el argumento de esta historia está claro, es casi tan cristalino como la intención ideológica de la redactora a la hora de presentar la noticia.
Pero resulta curioso, una redactora del mismo periódico que defiende la eutanasia, que realizó una campaña de opinión en torno al italiano caso de Eulana, que defiende el derecho a la muerte digna como si el sufrimiento restara un ápice de dignidad a la muerte que toda una vida ha hecho digna, ignora toda esa linea de pensamiento y barre para su casa y la de su feminismo trasnochado de confrontación y violencia.
A estas alturas, hasta Laurence Kasdam, uno de los menos brillantes guionistas de Hollywood -con perdón- ya estaría hablando de muerte asistida, eutanasia activa y máxima expresión del amor. No de violencia e género.
“Le vi la semana pasada y le pregunté que cómo estaba Grego… Ella había adelgazado mucho, había perdido un poco de pelo y estaba muy desmejorada”, añadía entre lágrimas una vecina de la finca. “Eran muy buenos, tenían un chalé y los fines de semana solían ir allí donde tenían huerta y más de una vez me han traído bolsas de naranjas de allí. Además, era el manitas entre los vecinos, era el que lo arreglaba todo: desde la puerta del patio hasta pintar, más de una vez, la puerta de entrada, porque era muy mañoso”.
Y esto es en sí mismo un epitafio. Pero no de Greco, ni de José. Es un epitafio, frío, triste y doliente, de algo que en otro tiempo, antes del periodismo ideológico y de la agitpro, se conoció como objetividad informativa.
Todos, desde las lectoras de novelas románticas a los consumidores de culebrones venezolanos, desde los analistas de políticas sociales hasta los observadores de los derechos humanos, sabemos de que va esto. Los policías o guardias civiles saben de que va esto, hasta los políticos y políticas saben de qué va esto.
Y lo peor, la más triste, lo absolutamente indignante es que Pilar de la Fuente, la redactora, sabe de qué va esto.
Va de dolor, va de miedo, va de incapacidad para ver sufrir a alguien que te ha hecho feliz durante 50 años, va de suicidio asistido, va de alguien que quiere tanto que puede pedirte que la mates, va de alguien que ama tanto que puede asumir la muerte con aquella a quien ama. Va de locura, va de Shakespeare, va de tragedia, va de amor -quizás malentendido por los dos, pero de amor-. 

Y Pilar Fuentes lo sabe y finge ignorarlo y culmina su información con  "El titular del juzgado de Violencia sobre la Mujer número 1 de Valencia instruye el homicidio, segundo caso de violencia de género en la Comunidad y el 25º en el país, a lo largo del 2014".
Si lo hubiera hecho una madre con su hijo, se desharía en lágrimas y justificaciones; si lo hubiera hecho un padre con hijo o un hijo con un padre, le encumbraría como adalid de la muerte digna asistida.
Pero lo ha hecho un hombre con su esposa. Y ella, su ideología y una ley que pretende justificarse contra toda justificación posible necesitan que lo haya hecho por machismo.
En la muerte e José y Grego hay un tercer cadáver y un cuarto y un quinto.
Junto a ellos yace Pilar Fuentes como periodista, El País como medio de comunicación y La Ley Orgánica 1/2004 como representación del a justicia en este país.
Las dos primeras tumbas han logrado la paz. Las otras tres nos la niegan a todos los demás.
Y quien tenga oídos para oír, que oiga.

Somos los hacedores de las mentiras de Somaly Mam

Somaly Mam fue vendida por la familia que la acogía a los trece años.
Para quien no lo tenga claro eso ya es de por sí suficiente para que se pida a gritos la ejecución de quien lo hizo aunque no se crea ni siquiera en el valor ejemplificador de la pena de muerte; para quien tenga alguna duda al respecto eso de por sí es un crimen tan execrable que a uno se le ocurren un buen puñado de maneras de saltarse varias convenciones internacionales sobre el trato a los convictos para aplicarles a los culpables un amplio catálogo de practicas desarrolladas por los más profesionales torturadores del mundo.
Somaly Mam fue vendida y da igual que lo fuera para el sexo, para el trabajo o para cualquier otra actividad o función impuesta y no elegida. Somaly Mam fue vendida.
Y eso debería ser suficiente. Nosotros deberíamos saber que eso es suficiente, ella debería haber tenido claro que eso es suficiente.
Pero no fue así. No es así. Nunca será así.
Y Somaly Mam, que había escapado de milagro de esa vida de esclavitud, dedicó su vida a intentar rescatar a otras niñas de su misma suerte y a tratar de evitar que siguiera ocurriendo.
Los gobiernos deberían haberla apoyado desde el principio, las sociedades deberían haberse revuelto en sus sofás y sus comodidades al conocerla, los poderosos y las poderosas de la tierra deberían haber utilizado sus recursos para apoyarla con escuchar esa sola frase: "Cuando tenía 13 años fui vendida como esclava".
Pero no lo hicieron o al menos no lo suficiente y Mam como lo hicieran antes muchos y muchas se desesperó.
Gritó contra la esclavitud como Vicente Ferrer, como Maya Angelou, como Vusumzi Make, pero los oídos que recibieron esa verdad incuestionable eran pequeños, los habían cerrado la necesidad de coltán y diamantes en África, los viajes secretos de hombres poderosos y ricos en busca de niñas a Tailandia, los beneficios estratosféricos de las multinacionales en sus centros de producción en China, India o Bangladesh, las grandes fortunas heredadas y eternas de latino américa que necesitan aparceros para sus tierras y niños que trabajen para aumentar sus fortunas prácticamente la cuna, los locos furiosos del islam mal entendido que precisan de mujeres sometidas que les cubran con sus burkas las carencias.
Y como la verdad, la única verdad que tenía, no abría los oídos de un occidente atlántico que nunca ha sido esclavo y aparta la mirada ante el recuerdo y la constatación presente de su culpa, hizo lo que todos hacemos cuando creemos que la verdad, la más pura y simple verdad, no es suficiente. Mintió.
Mintió por el método más cómodo y sencillo, por ese método que hemos destilado en nuestra indolencia ética que se nos antoja plausible: la exageración.
Y convirtió registros del ejército camboyano en ataques furiosos y transformó cacheos humillantes en violaciones sangrientas e invento casos, engrandeció números, decoró de tragedia, esa tragedia que nos llega a nosotros, occidentales atlánticos, su vida y la de otros y otras como si no fuera suficiente tragedia haber nacido libre y ser convertida en una esclava.
Somaly Mam mintió ante la ONU, mintió ante el mundo, se mintió a sí misma y lo que es peor mintió a todos aquellos que son esclavos en el mundo a causa de la apatía y el egoísmo de ese occidente atlántico que sabe -aunque también lo niega- que no puede vivir como vive ni aspirar a vivir todavía mejor sin la esclavitud de todos esos seres humanos.
Y funcionó.
El anquilosado feminismo occidental reaccionó en su apoyo, los gobiernos le concedieron subvenciones millonarias, los observatorios internacionales pusieron su ojo en el problema, las magnates occidentales le aportaron fondos para campañas de concienciación, para abrir centros, para rescatar a niñas de la esclavitud sexual, de las violaciones, del terror.
Somaly Man debió comprender entonces la máxima que rige toda actividad humana en este occidente nuestro que muere de miedo, decadencia y apatía: La mentira siempre funciona más que la verdad. Siempre es más fácil de creer. Siempre nos viene mejor.
Como hacemos nosotros nosotros en nuestras sociedades, en nuestras relaciones laborales y personales, en nuestras vidas propias, Somaly Man colocó a su enemigo en el centro de su vida y le hizo culpable de todo lo que ocurría a su alrededor.
Su hija se fugó y ella la inventó secuestrada por sus enemigos; su marido la abandonó y ella le reconstruyó asustado por las amenazas de los que trafican con mujeres, exageró su propia biografía y dibujó falsas pinceladas que acrecentaban la tragedia, cada niña que sufría lo era por haber sido esclava, por haber sido violada. Su lucha se transformó en paranoia porque nosotros no queríamos combatir con ella, su ideal se convirtió en pesadilla porque aquellos que la escuchaban lo hacían con los oídos cerrados por sus intereses y sus vergüenzas.
Pero no nos engañemos, Somaly Mam, la mujer que puede sonreír pese a su historia -y eso es un mérito que nadie le valora- hizo lo que otros muchas y muchas habían hecho antes.
Como hicieran los Panteras Negras con la discriminación racial y la bondad natural del hombre negro, como Katherine A. McKinnon y todas sus seguidoras actuales con el maltrato, como hizo Hugo Chávez con el sempiternamente mentado imperialismo yankie, como hace nuestro gobierno con el radicalismo de izquierdas, como hizo nuestro gobierno anterior con el radicalismo de derechas, como hace el sionismo con el antisemitismo, como hiciera el inquisidor dimitido de papa con el islam yihadista, como hace el anticlericalismo con la pedofilia endémica del aparato eclesial.
Como hacemos en el trabajo con aquellos que nos buscan las vueltas, como hacemos con nuestro miedo y nuestra desconfianza en las relaciones personales, como hacemos con nuestros ex en nuestra vida.
Decidimos que agrandar el problema lo hace más importante, creemos que exagerarlo es la manera de hacerlo relevante. Olvidamos el único mensaje que emitió la intervención del pintor icónico de la Revolución Francesa, Jean Louis David David en los Estados Generales de Francia defendiendo la abolición de la servidumbre: "Tres cuartas partes de Francia no pueden elegir su destino ¿qué haríamos si formáramos parte de ellas?".
Y ahora Somaly Mam dimite porque se descubre y confirma que ha mentido, le hace un daño brutal a su causa, le hace un daño que tardará años en repararse a los 21 millones de personas que viven el la esclavitud y a todos los que nacen cada día con la servidumbre y la esclavitud marcada en su frente.
Y ella me da lástima porque cometió un error que todos cometemos cuando sabemos o creemos que tenemos razón y nadie no los reconoce. 
Pero ¿nosotros?, Nosotros no.
Nosotros que necesitamos de la víscera, el engrandecimiento y las cifras inmensas para reaccionar no somos dignos de lástima, no somos los engañados, no somos las víctimas.
Si hubiéramos hecho lo que Capitán Fitzgerald, Somaly Mam no hubiera tenido que exagerar y mentir y poner en riesgo aquello que quería a evitar e impedir.
Así que la próxima que alguien se plante ante nosotros y nos diga "A los 13 años fui vendida como esclava" espero que pidamos que rueden cabezas sin necesitar nada más antes de decir "no existe". Aunque sean las cabezas de alguno de los nuestros.
Si no es así, Somaly Mam seguirá motivando mi lastima y nosotros, bueno nosotros. Nosotros solo seremos dignos de una arcada.
Y por si alguien no conoce "Amistad" ni al Capitán Fitzgerald aquí tenéis su acción.



Lo pensado y lo escrito

Real Time Analytics