sábado, septiembre 11, 2010

11S, el inevitable sonido del golpe contra el suelo

Hoy es 11 de septiembre -dicho así, sin acrónimos modernos y apocopadores- y se supone que tocaría hablar de conmemoraciones, de atentados, de choques entre culturas medievales y modernismos decadentes, de muertos expuestos y guerras encubiertas, de conspiraciones sugeridas y planes descubiertos, de pastores quemacoranes y mulahs quemabanderas y de todo aquello que ha compuesto, compone y compondrá la memorabila y la iconografía que hace referencia al día en el que la guerra -la misma guerra que lleva matándonos y muriéndonos desde hace siglos- llegó a América -entendida esta como Estados Unidos, claro está-.
Pero los amantes del recuerdo trágico y la memoria desmedida, los defensores de la reconciliación y los profetas de la venganza, los organizadores del fasto conmemorativo y los redactores del discurso grandilocuente y tardío están de mala hora. Hoy es sábado, hay liga de futbol, semifinales de mundobasket, final de Open USA de tenis, noche en blanco de cultura y "hartaura"... Así que se permite hablar de otra cosa.
Estas endemoniadas líneas no versarán hoy sobre el pan y el circo -o sea, el deporte-, ni sobre la guerra y la condena, ni sobre la paz y la justicia. Hablarán de nosotros -¿cuanto tiempo hace que no queremos escuchar algo sobre nosotros?, ¿cuanto tiempo hace que no le reconocemos a nadie el derecho a hablar sobre nosotros?-.
Hoy sería el día ideal para forzarnos a recordar para que otros no tuvieran que aprender, para cerrar heridas y abrir caminos, para recordarnos como éramos en 2001 y reirnos sabiendo que en 2010 ya no somos así. Pero todo eso no ocurrirá porque no hemos cambiado, no hemos escuchado las palabras ni detectado, como diría un místico profeta, las señales.
No hemos cambiado porque sólo hemos sido capaces de empeorar.Ya no existimos.
No existimos porque el comunismo fracasó -lo dice hasta el propio Castro- y el capitalismo, aunque con un periodo de obsolescencia algo más controlado, también lo ha hecho.
No existimos porque nuestra sociedad se atomiza en soluciones individuales a la vida, regionales a la escasez, nacionales a la guerra y continentales a la muerte. 
No existimos porque nos forzamos, día tras día, a repensar lo mismo porque somos incapaces de idear algo radicalmente nuevo, algo que nos suponga un riesgo; porque no podemos -de tanto no quererlo- salir de lo que sabemos, aunque lo que sabemos no nos funcionó, no nos funciona y hasta comprendemos y tememos que no funcionará.
Porque nos hemos negado el cambio para evitar el riesgo, nos hemos negado la vida para intentar eludir la inevitable muerte.
No existimos porque las ideologías - las de aquellos que todavía comprenden y aplican el concepto- no nos sirven para cambiar el mundo y ni siquiera para interpretarlo.
No existimos porque las hemos convertido en fotografías estáticas sin actualizar de cómo queremos que sea el planeta; porque ni siquiera nos preocupamos de saber sin son factibles, si son apricables.
No existimos porque nos importa poco o nada que sean justas y sólo nos importa que son nuestras y que algún texto legal inescrutable e incomprendido nos da derecho a mantenernos en ellas.
Porque ya no tiramos de la utopía para transformar la realidad, sino que recurrimos a la negación de la realidad para justificar la utopía.
No existimos porque aquellos cuyas preguntas trascienden a la muerte con seres invisibles han matado a sus dioses -si es que antes existían- en aras de sus ritos y sus mitos, de sus dogmas y sus cultos, de sus miedos y sus fobias.
No existimos porque, amparados y firmes, cautelosos y serios, ecuménicos y santos, se niegan, en unos y otros templos, a admitir que la respuesta clave, que la salvación añorada o el castigo temido no dependen de su fe y su doctrina.
Porque se niegan a comprender que han perdido importancia, que el hecho de que crean ya no es relevante. Que sus dioses, si es que aún les sobreviven, ya no creen en ellos.
No existimos porque ateos y agnosticos juegan a ser creyentes, a generar doctrina, a moverse en la línea que separa el derecho y la imposición.
No existimos porque aquellos que obtenían la fuerza para cambiar el mundo de saber que está era la única vida que teniamos cierta, ahora usan ese conocimiento como excusa invariable para eludir la vida, para escapar del riesgo, para dar como cierto el recurso baldío a una vida "normal" de casa, horario continuado, ocio y algún capricho.
Porque poner toda la intensidad, la esperanza y la fuerza en una sola vida, sin recurrir a existencias trascendentes, a paraisos futuros ni a gehennas eternos, se ha convertido en la excusa perfecta para sustituir la vida por la supervivencia, la dignidad por el conformismo.
No existimos porque dilapidamos la herencia de la sangre y la lucha que otros, de otros tiempos, nos dejaron y dieron antes de conocernos, antes de respetarnos, antes de concebirnos.
No existimos porque las huelgas fracasan -o fracasarán en breve- porque nadie la quiere, porque nadie las vive, porque nadie las lucha, porque nadie las muere.
No existimos porque abrazamos con fuerza el clavo ardiendo de unos sindicatos incompetentes, de una reforma que nos beneficia en un artículo aunque perjudique en otros cientos a miles de los nuestros, de la crisis y la necesidad de dinero. Por que lo utilizamos de excusa incontestable para eludir el reto de hacer digna la herencia que otros nos dejaron, haciendo que los que vengan detrás de nosotros vivan una vida más justa que la que nosotros herederamos de la sangre y el riesgo de muchos que murieron por ello.
Porque, de tanto repertirnos que somos importantes, que somos relevantes, que somos infinitos, nos hemos convencido de que el ego y el yo son la medida de lo que ha de ser y de lo que será. Porque de tanto creernos los únicos nos hemos convertido en los últimos.
No existimos porque somos capaces de dedicar muchas decenas de millones de euros a evitar la muerte de cuarenta -y todos sabemos a lo que me refiero- y no destinamos ni un mísero denario de nuestras decadentes arcas a la muerte de 3.421 personas - y aquel que no sepa a que hace referencia esta críptica cifra que mire las estadísticas del INE sobre las causas de muerte violenta en España-.
No existimos porque no reaccionamos ante la muerte de otros a menos que pueda ser la nuestra, porque no queremos saber nada de las muertes que nos responsabilizan, que nos hacen pensar, que nos obligan a sentirnos culpables.
Porque hemos llegado al punto en que no nos importa que otros mueran, no nos importa ser, aunque sea en un ínfimo porcentaje, responsables de la muerte de alguien mientras no lo sepamos, mientras no no los muestren, mientras no lo veamos.
Resulta que al final he terminado hablando del fatal 11S. Del dia en el que alguien, sin razón y sin tino, con fuerza y sin  medida, nos demostró que ya nunca podremos ser todo aquello que fuimos y que nunca seremos aquello que podríamos -con esfuerzo- haber sido.
El día en que el que alguien, disfrazado de muerte, henchido de arrogancia asesina, de sangre y de locura, cegado por el rito del infierno maldito y tarado por el  sueño del paraiso pérdido, nos escupió a la cara que, ahora y para siempre, nosotros no existimos.
No existimos porque ya hemos caído. Aunque aún no hayamos escuchado el sonido apagado del golpe contra el suelo que nos dimos .

viernes, septiembre 10, 2010

Cuando el pastor Jones y El Coran juegan a las mil pequeñas diferencias en Gainesville, Florida.


Eskup ( o lo que es lo mismo, lo que podría ser -si fuera capaz de dialogar- un diálogo entre el Reverendo Jones I, el quemacoranes, y algunas de las sunnas del libro en cuestión)

Reverendo Jones.- Después de reflexionar mucho he llegado a la conclusión de que debería hacerme una pregunta con todo rigor y pulcritud ¿Resulta lícito impedir que los hijos del verdadero dios se defiendan del ataque de los infieles quemando el libro sagrado de tales idólatras?
El Corán.- "Busca la respuesta en el mismo lugar de donde vino la pregunta".

Reverendo Jones.- Creo que es importante que se diga que el Islam y El Corán en particular incluye un gran numero de frases arcaicas, preceptos anticuados y, desde luego, recomendaciones impías que nos apartan del verdadero dios.
El Corán.- "La mitad de lo que digo no sirve para nada, pero lo digo para que la otra mitad pueda llegar a ti".

Reverendo Jones.- Por no decir, claro está, que hace referencia a comportamientos licenciosos que nos apartan constatemente con su mera existencia de la contricción y la circunspección necesarias para reflexionar de asuntos tam importantes y trscendentes como es la presencia divina en nuestras vidas.

El Corán.- "Evitemos la filosofía que no ríe, el saber que no hace objeciones y la grandeza que no se inclina ante los niños".
Reverendo Jones.-¡Hay que quemar El Corán!

El Corán.- "No digas nada si no estás seguro de que lo que vas a decir es mejor que tu silencio".
Reverendo Jones.-Me pregunto cómo podríamos establecer relaciones amistosas con estas gentes que creen en otro dios, que no aceptan su error y que además se atreven a hacer ostentación pública de su error para escarnio nuestro y del dios verdadero.
El Corán.- "Quien busca a un amigo sin defectos, se queda sin amigos"

Reverendo Jones.-Es nuestra sagrada misisón luchar por dios, combatir por su honor y su grandeza. Somos los ojos y las manos de dios en La Tierra.
El Corán.- "Deja que Dios sea Dios"
Reverendo Jones.-Nuestra religión es lo que nos convierte en hijos de dios, es nuestro credo verdadero lo que nos llevará a la salvación y a la salvación del mundo.
El Corán.- "El hombre y la mujer de Dios está más allá de la religión".


Reverendo Jones.-Tenemos la verdad, lo dice La Biblia, y no debemos consentir que cualquier otro texto falsamente sagrado nos aparte de la palabra divina.
El Corán.- "Nadie puede alcanzar la Verdad hasta que mil personas honestas testifiquen que es un hereje".

Reverendo Jones.-Sólo hay un dios verdadero y una palabra de dios. Está en La Biblia. Eso es lo que nos hace fuertes. hemos encontrado el camino y ellos no.
El Corán.- "Aunque los caminos de la búsqueda son numerosos, la búsqueda es siempre la misma".

Reverendo Jones.-Si no me seguís en esta santa cruzada contra el mal que habita en El Corán, seréis arrojados a los infioernos, ardereís eternamente en lugar de ser recompensados con el paraiso y la salvación eterna.
 El Corán.-"No temer el infierno ni codiciar el paraíso; sólo amar".

Reverendo Jones.-Tenían la verdad, Cristo se la dio y la rechazaron, ¿cómo podemos  saber que, si no los rechazamos, podremos convivir con ellos?
El Corán.- "Sólo quien experimenta sabe la verdad".
Reverendo Jones.-Nuestra comunidad, hermanos, aunque sea pequeña es una fuente de inspiración para los hijos de dios. No la abndonéis porque aquí esta la verdader verdad.
El Corán.- "He abandonado mil fuentes y riachuelos con la esperanza de encontrar el Mar".

Reverendo Jones.-Conozco las escrituras, la palabra de dios. Debeís hacerme caso se que nuestro dios espera de nosotros y por eso os lo digo.
El Corán.- "Si el conocimiento no te arranca tu propio pensamiento, vale más la ignorancia que ese conocimiento".
Reverendo Jones.-No podemos consentir que se eleve un templo en honor de ese dios falso y asesino. Lo que necesita el mundo son más iglesias y templos en los que se glorifique el nombre del auténtico dios. Tenemos que mantenernos alerta para que no invadan nuestra tierra, nuestras calles, nuestra mente.
El Corán.- "¿Adónde váis peregrinos del santuario? ¡Volved! ¡El Amado está aquí! Su presencia está en toda la vecindad; él está en vosotros y no tenéis que buscarlo. ¿Por qué buscáis lo que nunca se perdió?"
Reverendo Jones.-No podemos dar un paso atrás en nuestra fé. Hay que evitar que las mentes jóvenes y sugestionables entren en contacto con las perniciosas enseñanzas de ese libro maldito que les alejará de dios sin remedio.
El Corán.- "Como un compás tenemos un pie fijo en el Islam y con el otro viajamos por las otras religiones" .
Reverendo Jones.-Sólo hay un dios verdadero y no podemos consentir que ese falso ecumenismo y esa relajación moral que impera hoy en día nos haga apartarnos de la verdadera existencia, de la verdadera fe, del convencimiento de que sólo hay una auténtica verdad.
El Corán.- "El color del agua es el color de su recipiente. Por eso hay que reconocer a Dios en toda creencia, entoda forma y en todo objeto de fe"
Reverendo Jones.-Y aquel que no lo acepte recibirá la ira del señor y la justo castigo de aquellos que siguen sus designios.
El Corán.- "No debe haber coacción en religión"
Reverendo Jones.-Recemos hermanos, acudamos a la iglesia para pedir la fuerza, la fe y la entereza necesaria en estos días en los que nuestra fe y nuestra determinación es puesta a prueba por este antiguo enemigo resurgido y aquellos que por debilidad o intereses le defienden y le apoyan.
"En los monasterios, sinagogas y mezquitas se refugian los débiles, miedosos del infierno. Pero la persona que ha experimentado la grandeza de Dios no cultiva en su corazón las malas semillas del miedo y la súplica". (Omar Khayyam, profeta del Islam)
Reverendo Jones.-Abrid La Biblia y leedla, leedla todos los días y todas las noches. Sólo en ella encontrareis la respuesta verdadera y no en todo lo que se dice y se escribe fuera de ella.
"Cierra tu Corán. Piensa libremente y encara las cosas del cielo y de la tierra. Comparte tus bienes con el pobre que pasa, perdona a los culpables, no entristescas a nadie y escóndete para sonreír". (Omar Khayyam, profeta del Islam)
Reverendo Jones.-¡Dios está con nosotros!
"Examiné la cruz de los cristianos primitivos; El no estaba en la cruz. Fui al templo hindú, a la pagoda antigua. En ninguno encontré el menor signo. Subí hasta las cumbres sagradas, miré a mi alrededor. El no estaba en las cumbres ni en el valle. Fui a la Kaaba, tampoco estaba allí. Pregunté su paradero y estaba más allá de los límites del filósofo Avicena. Miré en mi propio corazón, y allí lo vi". (Avicena o Abu Ibn Sina)
Reverendo Jones.-¡Nadie puede detener nuestra justa indignación!
El Corán.-"Tu eres tu propia barrera; sáltala desde dentro"
Reverendo Jones.-¡Recemos por aquellos que condenaran por no aceptar la única verdad!
El Corán.-"Me río de aquel pez que, en medio del océano, tenía sed. Mira a tu alrededor y verás que lo real está ahí".


Pues al final va a resultar que Jones tiene razón. Va a tener  que quemar El Corán. No vaya a ser que alguien lo lea y le de por pensar. No por convertirse, por abrazar otra fe o por proclamar la guerra santa. Sino tan sólo por pensar. Eso sería imperdonable y  extremadamente grave. No podemos permitirlo.
(claro que también queda la opción de jugar a aquello de busquemos la cita más arcaica y reaccionaria de cualquier libro sagrado y luego finjamos que los otros no incluyen otras similares o peores).

Venga va, España es del todo antisemita -o la inocencia de Hannah como principio estadístico-

Últimamente parece que la la obcecación y la paranoia que trasforma la realidad en otra cosa se vuelven recurrentes en la mayoría de los aspectos que nos rodean. Vuelven una y otra vez a las portadas de los periódicos y a los sumarios de los informativos disfrazadas de estadística, de encuestas tramposas que se empeñan en decirnos lo que somos como si no fuera más importante que alguien nos recordara lo que hemos dejado de ser.
Y la última de esas vueltas recurrentes es la del manido, absurdo y ya hasta aburrido antisemitismo supuesto e insistido que aqueja nuestras almas, nuestros pensamientos y nuestros comportamientos -eso dicen, eso se empeñan en decir, desde hace algún tiempo-.
Una encuesta realizada por la Casa Sepharad Israel de España salta a las páginas de los periodicos elaborando un titular directo e impactante -como debe de ser- para decirnos que el 35 por ciento de los españoles son antisemitas. Y se quedan tan anchos. Lo dicen y luego es de suponer que esperan una condolencia cuando menos.
Por supuesto nadie nos dice las preguntas que se han realizado en esa encuesta para llegar a tan contundente conclusión, pero es de suponer, como en todas las encuestas, que nadie ha salido a la calle con un bolígrafo y un cuaderno dividido en dos columnas y ha asaltado a los transeuntes con la frase: "Perdone, buenos días, ¿es usted antisemita?
Y así, como para reforzar la idea que esta fría y confusa estadística aporta sobre nuestra sociedad, se dan unas pinceladas más personales, más humanas -todo muy periodístico, muy comprable- en forma de testimonios personales. Es ahí en esos testimonios donde se empieza a ver algo de luz en todo este retorno a la misma cuestión.
Uno de los testimonios dice más o menos esto:
"Si Israel no es noticia, no pasa nada, pero cuando los medios destacan alguna acción en Oriente Próximo notas el vacío de tus compañeros", dice una estudiante de 20 años de la Complutense de Madrid que quiere ser identificada como Hannah, aunque su nombre real pertenece al santoral católico.
Es en este momento cuando el dato se vuelve tramposo, cuestionable, manipulado e inútil. Los españoles -la muestra de ellos que suponen los estudiantes de la Universidad Complutense, en todo caso- ¿son sólo antisemitas cuando Israel sale en las noticias?, ¿puede alguien ser intransigente y racista -lo que supone el antisimitismo- a tiempo parcial?
La respuesta por supuesto es no. Hannah parece decir que mientras no hay una acción militar israelí sus compañeros no muestran abiertamente su antisemitismo. Pero cabe otra posibilidad, una posibilidad que es lógico que Hannah no tenga en cuenta, pero que los que presentan el dato deberían haber tenido:
A lo mejor sus compañeros de facultad no son antisemitas. A lo mejor tan sólo están en contra de la solución violenta y militar que Israel da a sus problemas. A lo mejor no le hacen el vacío por ser judía, sino por apoyar esa política. A lo mejor Israel y judaismo no son lo mismo. A lo mejor judaismo y sionismo no son sinónimos con lo que, por definición, antisionismo y antisemitismo tampoco lo son.
Y el testimonio sigue
"A raíz de una acción en Gaza, mis amigos judíos de Twitter colgaron una imagen con la bandera de Israel y la leyenda Siempre contigo. Enseguida empecé a notar que mis compañeros me rehuían.
Resulta curioso que Hannah y aquellos que utilizan su testimonio como ejemplo no se den cuenta de que la vinculación de la condición racial  de hebrea o religiosa de judia -que no queda claro- de Hannah con el Estado de Israel parte de ellos mismos; de que son sus correligionarios o sus iguales raciales -que sigue sin estar claro- los que colocan la bandera de Israel y la leyenda de apoyo en Twitter.
A lo mejor, si Hannah se mostrara en contra de esa política no sufriría el vacio de sus compañeros porque lo más seguro es que lo sufra por apoyar esa acción militar que ellos -y gran parte del mundo civilizado, por cierto- perciben como criminal, desproporcionada e injusta.
Si ella está a favor de esas acciones -que tiene todo el derecho del mundo a estarlo, al menos en teoría- no puede criticar a los que están en contra por no estar de acuerdo con ella. No se puede acusar a alguien de antisemita, de estar en contra de una raza, de un pueblo y de una religión, por estar en contra de la política de un Estado.
Es tan absurdo como decir que todos aquellos que protestan contra la expulsión de los gitanos en Francia -y se muestran fríos con aquellos que la defienden- son antifraceses, anticatólicos -Francia es una país de mayoría católica- y antirepublicanos, por ejemplo.
La identidad entre el Estado de Israel, las políticas sionistas -es una definición, no un insulto-, la religión judía y la raza hebrea es algo que parte del núcleo duro del sionismo y del inconsciente colectivo de muchos hebreos, israelíes y judíos. No es algo que nos afecte a los demás a la hora de opinar sobre lo que hace y deshace el gobierno israelí. Los que han elaborado esa encuesta y los que han escrito ese titular lo saben y eso es lo que transforma el dato y la utilización del testimonio de Hannah en una manipulación artera, obvia y deplorable.
Pero sigamos
"Una amiga me comentó: ¿Sabes que dicen por ahí que eres judía? ¿No será cierto? Lo que más me dolió", recuerda Hannah, "fue su tono de espanto".
Aún aceptando que la frase fuera así -que no tengo porque dudar de la sinceridad de Hannah-, si la identificación de Israel, su política y el concepto de hebreo y judío parte del propio ideario político mayoritario en ese estado, es lógico que se vincule la condición de judío a la de israelí y sionista. Quizás Hannah debería pensar que el horror de su amiga se debe no al hecho de que guarde el Sabbath, de que siga los preceptos de la Torá, de que adore a Yavhe o de que tenga un tronco racial heredado de los pueblos del Asia Central, sino a que apoya una política que mantiene a varios millones de personas hacinados como ganado, que reacciona desproporcionadamente ante cualquier ataque terrorista -que los sufren y muchos- con acciones que no tienen en cuenta las bajas civiles o que utilizan armamentos prohibidos y aberrantes -como si algún armamento no fuera aberrante, por otra parte-.
A lo mejor alguien tenía que haberle explicado a Hannah que ser judío o hebreo no te obliga a defender esa forma de ver el mundo que exportan y venden los halcones sionistas de Israel igual que ser musulmán no te obliga a abrazar y comprar la loca guerra santa que los yihadistas, ebrios de dios y  gloria, venden escudándose en el derecho a la libertad del pueblo palestino. A lo mejor, en lugar de publicar encuestas tramposas, alguien tendría que dedicarse a hacer eso. A lo peor nadie lo hace.
Y terminemos
"Esta estudiante dice estar harta de los omnipresentes carteles de su facultad con la estrella de David tachada, o con acusaciones de genocidas a los israelíes o la pegatina del microondas, inamovible desde hace varios cursos: boicot a Israel, "por lo hablar de la marcada ideología antisemita de muchos profesores".
De nuevo la confusión parte de Hannah, de nuevo la mezcla de churras con merinas, la confusión de las nalgas y las temporas está en la mente de aquellos que acusan a los otros de antisemitas cuando no tienen una sola razón para hacerlo. De antisionistas sí, de antiisraelies quizás también -en el mismo rango en se que habla de los antiamericanos o de los antiimperialistas- pero no de antisemitas. Y, mal que les pese a muchos, la libertad ideológica nos permite ser antisionistas.
Por que eso es el sionismo: una ideología. No una raza, no un pueblo, no un derecho adquirido, no una necesidad, ni siquiera una revelación religiosa. Sólo es una ideología.
Los estudiantes tachan la bandera de Israel para mostrarse en contra de la política y las acciones militares de su gobierno ¿Por qué los que apoyan esta política tienen derecho a utilizar esa bandera en Twitter para apoyarla y sus detractores no tienen derecho a usarla para criticarla? No tachan el menorah, no tachan un icono religioso o racial, tachan un símbolo político. Hannah y el resto de los 45.000 judíos españoles deberían empezar a tener claro eso.
Si alguien quema una bandera estadounidense delante de una embajada -como se hace casi todos los días en alguna parte del mundo, por desgracia- se le puede acusar de ser antiamericano, pero no de ser "antiblanco", "antianglosajón" o "antiprotestante". Eso sólo lo harán los que identifiquen religión, raza y Estado. E identificaciones como esa, por suerte, son algo que no se lleva a cabo en Europa desde hace unos cuantos siglos.
Más allá de que tengan razón o no en sus acusaciones de genocidas y, cuando se ha contribuido de forma directa y constante a la muerte de millón y medio de palestinos, se les asedia por hambre y enfermedad y se les confina en campos de refugiados, resulta bastante lógico que alguien puede llegar a pensarlo, de nuevo las acusaciones son contra un gobierno, un ejército, una política y aquellos que la apoyan, no contra una raza o una religión. Se pide boicot a Israel -de forma un tanto radical, hay que reconocerlo-, pero no contra la religión judía, ¿el boicot a Israel sería una política racista y antisemita y el bloqueo a Gaza no lo es?
Quizás Hannah debería pensar a qué y a quién se oponen las pegatinas y las pintadas de sus compañeros de clase y facultad y no dar por sentado que la odian por ser judía.
Ese es el pensamiento reduccionista y sencillo que pretenden vender a las sociedades en las que son minoritarios -es decir todas las del mundo- aquellos que han pretendido igualar sionismo y judaísmo, Israel y raza hebrea. Como lo intentan aquellos que han pretendido unificar en un mismo vértice yihadismo y libertad palestina o Islam y fanatismo.
 Es el pensamiento que les permite eludir toda crítica a sus acciones bajo la manta del antisemitismo y el fantasma de la culpabilidad del mundo occidental por unos hechos que sólo son historia. Digna de aprenderse para no repetirla, pero indigna de ser utilizada como cobertura universal a cualquier tipo de acción.
Quizás alguien debería enseñarle a Hannah -y a muchos otros que no son Hannah, ni judios, ni musulmanes- que la disensión no es odio, que la crítica no es aborrecimiento, que el hecho de que alguien no acepte una opinión o una forma de actuar tuya no es una discriminación ni una muestra de desprecio por el conjunto de los factores y circunstancias que componen tu realidad y tu persona.
Quizás alguien debería hacer ver a todos esos individuos que las acciones y las opiniones propias generan reacciones en los demás y no resulta posible ni plausible esconderse bajo el victimismo para intentar que los demás acepten todo lo que sale de tu boca y de tus actos. O eso, o hacer las encuestas como dios, Gauss y los principios mínimos de la ética y la estadística mandan.

miércoles, septiembre 08, 2010

La Ley Antitabaco nos llena los ojos de humo

Mas allá de la bondad o la maldad de la norma que planea y plantea la ampliación de las prohibiciones de consumir tabaco, pulmones y vida en presencia y compañía de terceros; más allá de su necesidad, de sus justificaciones y de sus, en ocaciones, titánicas extensiones, como la que aprueba hoy el Parlamento de Euskadi, la famosa y eterna lucha contra el tabaquismo se está convirtiendo en España -y en otros países, pero sobre todo en España- en un estandarte de la incoherencia formal y material con la lógica más sencilla. Se está transformando en un reflejo de lo que somos y de lo que nos parece bien ser.
No se trata de desgranar o desacreditrar los motivos que se aducen para esta lucha. Resulta lógico que los no fumadores -aquellos a los que les molesta o les perjudica el humo, incluso si son todos- no tengan porque soportar esa molestia y ese riego para su salud. Resulta comprensible que tengan todo el derecho a no tolerar y convivir en los entornos en los que están obligados a asistircon aquello que les daña, molesta o asusta.
 No es tan coherente que la ley trate por igual entornos obligatorios y entornos voluntarios. No es tan natural que se imponga a determinados locales y negocios -que en teoría tendrían que tener derecho a elegir el ambiente que ofrecen a su clientela- una sola forma de ver el mundo.
No es tan lógico por la sencilla razón de que acudir a un bar, a una discoteca, a un frontón o a una cafetería no es obligatorio.
No es comprensible, como no lo sería que se obligara a las macrodiscotecas a quitar la música porque el nivel de decibelios es tal que perjudica al oído -algo que está totalmente demostrado- y hay personas que quieren acudir a esa discoteca y no destruir su capacidad auditiva y su equilibrio; como no lo sería prohibir a las pefumerías las demostraciones dentro de sus instalaciones de perfumes intensos que destruyen la pituitaria -también está demostrado- porque algunos clientes de la tienda no lo soportan, se marean o se sienten enfermos.
Si la solución al ruido es obligar a insonorizar el local para que el ruido no salga fuera y moleste a aquellos que no han elegido soportarlo, la solución al ocio y el tabaco, por mera coherencia legal, sería la misma y al que le moleste el humo de ese local que no vaya a él, como al que le molesta el tecno trance a volúmenes brutales no acude a los after hours o los garitos de moda.
Pero ya he dado por perdida la batalla a favor de la coherencia interna de las normativas legales emitidas por una única administración.
Se puede argumentar que la contaminación auditiva y el tabaquismo no son lo mismo porque la ley también pretende luchar contra las drogodependecias y curar a los que hemos caido en las pérfidas garras el tabaco. Y podría servir de explicación. Pero una vez más algo me falla, me chirria, me cruje.
¿Como se evita o se trata de evitar la dependencia de la cocaina, del speed o de la heroína? Hay que suponer que de idéntica manera. Se vende bajo licencia estatal y luego ase impide consumir en los lugares públicos, antes de ser mayor de edad e incluso en presencia de menores. Y entonces voy a un estanco, pido un gramo de cocaina -sólo para hacer la prueba- y la estanquera me mira con cara de ¿me río o llamo a la policía?
Lo coherente, lo lógico, sería -si de verdad se considera una droga perniciosa- prohibir la venta legal de tabaco y asumir el gasto social y financiero que supondría incluir el contrabando de tabaco dentro de la lucha policial contra el tráfico de drogas, además de perder los ingresos por los impuestos de tan perjudicial sustancia.
No digo que quiera que ocurra eso -sería tan absurdo como la Ley Seca estadoundense de los años veinte-, pero nadie me puede negar que es lo coherente ¿He dicho ya que en este asunto doy por perdida la batalla en favor de la coherencia interna de la legislación al respecto?
Los gobiernos y los estados nunca han ingresado impuestos ni han cobrado cotizaciones a los Charlines, el Cartel de Cali, o el Cartel de Tijuana por el tráfico de drogas y por tanto no pierden nada prohibiendo su venta y consumo -que conste, que me parece perfecto que esté prohibido-. Así que, claro no les importa hacerlo.
Pero estas son las incohencias a las que tristemente estamos acostumbrados en estos asuntos. Las que ya empieza a ser necesario omitir por obvias. Con la nueva vuelta de tuerca en la normativa antitabaco hay otra forma de pensar, otro elemento social que se pone de manifiesto y que resulta más preocupante.
En Euskadi no se podra fumar en el coche si hay un menor pero si se podrá fumar en casa aunque tengas treinta dos menores viviendo en ella ¿por qué? En España no te podrás matar fumando en un local público aunque lo reserves para una convención de fumadores, te asegures de que los camareros y los cocineros son fumadores y el dueño del local te lo quiera alquilar ¿por qué? En todo el territorio nacional podrás destrozar los pulmones de tu pareja o tu familia junto a los propios pero no podrás fumar en un estadio de futbol si la cubierta del palco supera el 50 por ciento de la superficie del mismo ¿por qué?
La respuesta a este incoherente misterio-por lo menos para mí, y sé que a lo mejor hilo muy fino- la dan dos situaciones y dos reacciones gubernamentales y sociales que, en apariencia, nada tienen que ver con esta guerra del humo.
En junio, unos días antes de que se llevara al Congreso esta nueva ampliación de la ley -y no estoy insinuando que están relacionadas, que no soy Merovingio y creo que existen las casualidades- los responsables del Ministerio de Interior anunciaron que por primera vez la principal causa de muerte no natural en España no eran los accidentes de tráfico y todos nos congratulamos de ello.
Yo, ingenuo de mí, esperé en ese momento se comenzaran a desgranar campañas para evitar, minimizar e impedir la que hasta entonces era la segunda causa de muerte y se había convertido en la primera -sin desatender los accidentes, eso sí-.
Y, si nos damos cuenta, se han incrementado las campañas contra el consumo de drogas -las prohibidas-, contra el consumo de tabaco, hasta contra el consumo masivo de medicamentos peligrosos. Pero mi sorpresa es que, por más estadísticas que se den, por mas números que se hagan, ninguna de esas tres es la principal causa de muerte no natural en nuestro país.
No he visto un solo cartel, un solo anuncio, una sola declaración oficial al respecto, una sola presentación de campaña municipal, autonómica o nacional para hacer frente a esa misteriosa causa de muerte por la sencilla razón de que esa causa de muerte es el suicidio.
Pero el suicidio no molesta, el suicidio es secreto, es privado.
Así que, me parece que, más alla de las obsesiones -comprensibles pero algo paranoicas- con la salud, más allá de la protección contra las adicciones y del cuidado de los menores -que también son importantes-,  lo que nos pasa no es que nos importe que la gente muera y se mate inhalando el humo del tabaco, lo que no queremos es verlo.
Yo puedo morir o matarme en mi casa fumando, bebiendo, consumiendo tranquilizantes y antidepresivos, inyectandome cualquier sustancia o incluso pegándome un tiro en la boca con una escopeta de caza y el Estado, la sociedad y los individuos no se sentirán agobiados por la situación, no se sentirán responsables de ella.
Prohibir fumar sólo en los locales públicos y los coches es tan absurdo, incohernte e improcendente como si se prohibiera el suicidio arrojandose a la vía pública para evitar riesgos y traumas a los transeuntes. Pero, tal y como están las cosas, resulta absolutamente coherente con la sociedad en la que se desarrolla la norma. Y eso es lo que da miedo.
Ya ni siquiera hemos adjurado de la existencia de la muerte -lo que resulta por si mismo en extremo peligroso- simplemente nos conformamos con que no nos la enseñen. Ya sea por un disparo, por la ingesta masiva de pastillas, la sobredosis o la inhalación de nicotina.
Ojos que no ven...

lunes, septiembre 06, 2010

ETA o cuando la historia no da tregua a la sucursal en Euskadi del negocio mafioso

Parece que hoy toca hablar de ello. No queda más remedio que hacer lo que aquellos que nunca han escuchado y que nunca han hablado de otra cosa que no sea ellos mismos quieren que hagamos: hoy toca hablar de ETA y de su tregua -una más-. Pues vamos a ello.
La mafia furiosa que se dice vasca y socialista -o abertzale, como se quiera- lanza un comunicado diciendo lo que siempre ha dicho, lo que nunca ha cumplido, lo que lleva repitiendo desde que la historia y la lógica le quitaron la razón, allá por los años brumosos de La Transición y el fin del franquismo. Dice lo mismo porque no sabe y no puede decir otra cosa.
Dice lo mismo de siempre porque, como diría el aburrido cantautor de buenas letras, "con el correr del tiempo hay quien no envejeció". Aunque, en el caso de los pistoleros supuestamente independentistas, habría que decir más bien que hay quien envejeció pero no creció.
Y así, mientras aquellos que otrora les defendieron y apoyaron a capa y capucha a espada y coctel incendiario siguen revoloteando en torno a un independentismo en el que no creen y, como eternas campanillas que reprenden a sus niños perdidos, exigen a la banda que dejen las armas, los tiros y las bombas, ellos cumplen su papel y afirman que van a hacerlo.
Todo esto estaría muy bien si el comunicado hablara del presente -y mucho mejor si lo hiciera del futuro-. Pero los mafiosos no pueden hacer eso. El sonido continuo de los disparos les ha impedido escuchar el sordo rumor de la evolución histórica de la tierra a la que sangran y a la que explotan; el continuo rugido de sus lemas, sus gritos y sus bombas no les ha dejado percibir el discreto sonido de algo que se llama realidad y que de repente les ha estallado en la cara.
Tanto tiempo han necesitado emplear en mirarse a si mismos para evitar deserciones, disidencias y detenciones que contemplan el mundo y Euskadi a través de una fotografía en tiempo congelado.
Afirman que quieren dar pasos "en el camino de crear las condiciones para construir el proceso democrático", ignorando el hecho de que no se puede iniciar algo que ya está empezado. El proceso democrático en Euskadi se empezó hace tanto tiempo que ya casi no lo recuerdan ni los más viejos del lugar. Es algo que comenzó hace muchos años, cuando ellos, tras sus capuchas, sus atentados y sus éxitos, se negaron a reconocer que Franco había muerto y el resto del territorio español sí lo hizo; cuando se negaron a convencer en unas urnas, en un parlamento, en una sociedad y optaron por intentar vencer a través del miedo, del tiro en la nuca y de la imposición de aquello que entonces creían que defendían y hoy tan sólo simulan que defienden.
Los que hoy anuncian el alto el fuego para crear las condiciones para un proceso democrático lo hacen ignorando que esas condiciones llevan mucho tiempo creadas y que la única que faltaba es la que hacía imposible su propia existencia y su propia insistencia en una dinámica de enfrentamiento y muerte, que ha impedido que el camino del proceso democrático que tanto dicen desear pudiera ponerse en marcha.
Y por si esto fuera poco para darnos cuenta de que no han sido capaces de ver como Euskadi no es la pesadilla que ellos soñaron que fuera para que sus reclamaciones fueran entendidas, su guerra compartida y su mando aceptado, se atreven a decir que estan dispuestos a iniciar un camino "en la respuesta a la represión y en la defensa firme de los derechos civiles y políticos".
Es de suponer que el chantaje y la extorsión continua no atenta contra los derechos civiles, que la quema de papeletas, de autobuses y los piquetes en los colegios electorales, no atentan contra los derechos civiles. Es de suponer que el secuestro, la intimidación, el insulto y la persecución no atentan contra los derechos civiles. Yo me temo que sí -creo haberlo escuchado o leído en alguna parte-, que son algunos de los más graves atentados contra los derechos civiles .
Resulta sorprendente que ETA, los mafiosos que siempre han negado a los otros la posibilidad de pensar de manera diferente a ellos, sean ahora los que se muestren dispuestos a exigir pasos en esa línea cuando su incapacidad para respetar los derechos civiles ha sido un agujero negro del tamaño de un gigante gaseoso en las tierras de Euskadi.
Muchos se devanan los sesos preguntándose por qué ahora ETA pide, exige, concede o anuncia -según como se mire- una tregua; otros se preguntan si será indefinida, definitiva o temporal; otros si servirá para que se rearmen o si pretenden lavar su imagen para darles una opción de representación política a todos los que se encuentran en su entorno político.
La inmensa mayoría se pregunta ¿por qué ahora? y evita hacer otra pregunta -en enunciado negativo- que parece la misma pero exige respuestas radicalmente diferentes: ¿Por qué no antes?
Y la respuesta estalla ante nosotros como cualquiera de sus disparos, como cualquiera de sus gritos, como cualquiera de sus bombas. No lo hicieron antes porque creían que podían ganar. Porque creían que esa guerra sin enemigos contra su propia tierra podría acabar con su victoria, son su acceso al poder.
No lo han hecho antes porque contaban con que podrían llevarse la ganancia del pescador en el río revuelto de una sociedad dividida.
Pero no dividida entre el independentismo y el españolismo sino entre la indiferencia de aquellos que no se veían tocados por el conflicto y tan sólo protestaban por lo molesto que era que quemaran cajeros o autobuses y la apatía de aquellos que, pese a tenerlo cerca, no querían meterse en problemas con los perros furiosos que ETA lanzaba a las calles, los barrios y los pueblos de Euskadi.
Pero ahora saben que no pueden hacerlo, que están en el límite interior de la derrota y por eso piden una tregua, por eso fingen que llevan meses ejecutándola y por eso no han cometido atentados, por eso hablan de democracia y de procesos democráticos.
Más allá de los éxitos policiales que la han mermado, más allá de la respuesta social que la ha deslegitimado, más allá del impulso racional de las hadas abertzales que la han desamparado, más allá del rechazo internacional que la ha aislado, ETA pide -o concede, según ellos lo ven- una tegua porque se sienten vencidos.
Porque sus líderes, sus históricos y sus mitos, abjuran de ellos, porque sus campanillas borrokas se les suben a las barbas, porque sus bases ideológicas se les cambian de partido -nunca se dirá lo importante que en todo esto ha sido Aralar, no queda bonito-, porque sus presos les rechazan... Los mafiosos furiosos que quisieron hacer de Euskadi su feudo de poder y de control piden una tregua porque ya nadie les cree, porque ya nadie les sigue, porque ya nadie les escucha.
Pero no es la policía, ni la comunidad internacional, ni el entorno abertzale, ni el estado español los que están a punto de derrotar a ETA. Ni siquiera es el pueblo vasco, con sus comprometidos, sus indiferentes y sus apáticos. Lo que está a punto de derrotar a la banda mafiosa es la historia.
Pero con todo esto, con las motivaciones y las consecuencias, con los análisis y las explicaciones de esta tregua baldía e insustancial, corremos el riesgo de pasar por alto algo que también figura en su comunicado, algo que hace de todo lo que se pueda decir sobre la tregua materia digna de ignorarse.  Cuando se ha estado tanto tiempo sin recurrir al diálogo y a la lógica, lo único que importan son los lemas y los gritos, son las consignas y los llamamientos a la batalla.
Y ETA acaba -como lo ha hecho siempre- su comunicado con un grito de batalla ¡Por una Euskadi libre y Abertzale!. Y eso es lo que no cambia, lo que no puede cambiar. No quieren una Euskadi libre en la que se decida sobre el independentismo, quieren una euskadi suya, que piense como ellos, se mueva como ellos y les sitúe en lo más alto de la cadena alimenticia política y social.
Si sólo la quisieran libre podríamos experimentar la tentación de creerlos. Como la quieren suya no nos resulta posible correr el riesgo de hacerlo.

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