miércoles, diciembre 31, 2014

La Transición y el salto cuántico al año 2015.

Lo que quiero pedir al año nuevo es que llegue, que políticamente nos dejen que llegue. Y me explico.
Dos presidentes autonómicos en sus discursos de fin de año han vuelto a las andadas. La única que le queda al Partido Socialista, Susana Díaz,  y el más kamikaze de los muchos que tiene el Partido Popular, el inefable Monago, han vuelto a pedir lo que lleva pidiendo el bipartidismo español de cesantía y bipolaridad desde que se retomara la democracia en España: que el tiempo no pase.
Y para ello se vuelven a agarrar al clavo ardiendo del llamado "Espíritu de la Transición", que es algo así como el cuarto fantasma navideño del cuento de Dickens. Quieren que el ejercicio de la política en España se congele en ese momento. 
Vamos, para entendernos, quieren que Podemos, Ciudadanos, Equo y todas las formaciones políticas de nuevo cuyo entren por el aro de lo que ellos han estado haciendo estos cuarenta años.
Suena bien, hasta parece vendible y comprable. Eso hasta que te haces la pregunta de qué diantres es el Espíritu de la Transición.
Tal como yo lo veo es algo así como "hagamos lo justito para recuperar el sistema democrático, renunciemos a ciertas cosas, pospongamos otras y finjamos que otras no existen ni han existido nunca, para que los elementos más recalcitrantes y fanáticos de ambos lados de la campana de Gauss de nuestro arco ideológico no la emprendan de nuevo a tiros por las calles de España".
Resumiendo,quieren que asumamos para siempre la política del mal menor, del parche, del cambio incompleto. De no hacer las cosas del todo por miedo a desairar a aquellos que no quieren que nada cambie. 
Eso fue La Transición. Así, como diría el mítico abogado cinematográfico de Philadelphia, "explicada como si tuviera seis años". Que eran precisamente los que tenía un servidor en La Transición. 
Lo que, según yo lo veo, fingen ignorar para que no nos demos cuenta es que ahora son ellos, los representantes del bipartidismo, los que no quieren que cambien nada. Son ellos los que ponen constantes trabas y tiran de miedo para evitar ese cambio completo.
Pedirnos que vivamos en La Transición para siempre es tan absurdo como que nos pidieran recuperar el Espíritu de Los Tercios en nuestras relaciones con Europa, el Espíritu de La Armada Invencible en nuestra visión sobre Gran Bretaña o el Espíritu de los Conquistadores en nuestra forma de ver América. Otros tiempos, otros espíritus, otras formas de hacer las cosas.
Creo haber leído en algún sitio que se llama evolución.
Vivir por siempre en La Transición supone negar el cambio, negar la posibilidad de hacer las cosas completas, vivir en un eterno camino hacia ninguna parte porque siempre habrá alguien que no quiera perder privilegios, asumir responsabilidades o afrontar reformas que les perjudican.
Así que lo que quiero pedirle al año que mañana empieza es que le dejen que llegue y que por fin nos dejen dar el salto cuántico que supondrá pasar de 1975 a 2015.
Puede que sea arriesgado pero creo que ya toca.
Feliz 2015 a todos y que nos traiga una nueva política.

martes, diciembre 30, 2014

Juncker, Syriza y el extremismo gobernante de la UE

Lo de la Unión Europea es de traca. Bueno, más bien de torpedo en la linea de flotación de esa democracia que tanto dicen defender sus instituciones.
En tres días, desde que se supo que la elección presidencial griega estaba bloqueada sin remedio, han lanzado todas sus baterías de babor y de estribor contra la democracia griega. 
Syriza, -el Podemos griego, para entendernos- está a la cabeza de las encuestas sobre la intención de voto heleno y Juncker, presidente del Banco Central Europeo se descuelga diciendo que él -y por ende el BCE, se supone- se sentiría "más cómodo sentado con rostros conocidos que con extremistas".
Ahí le han dado. 
Ese es el problema que nos ha llevado a donde estamos. Juncker y todos los políticos europeos se sienten más cómodos entre caras conocidas y por eso los colocan lo más cerca de ellos, les dan sueldos y puestos que no se merecen y han convertido la administración política en una red de nepotismo y corrupción que lo impregna todo.
Pero lo que más chocante me parece de Juncker es eso de "extremistas". 
Según yo lo veo, sus conocidos, esos con los que se siente tan cómodo, son los principales extremistas de la política europea en nuestros días.
¿Enviar a la muerte por miseria a una población para salvar a unos bancos fraudulentos no es extremismo?, ¿forzar recortes en servicios  básicos, hasta que estos dejan a la población sin cobertura sanitaria, social o educativa, para cuadrar un déficit que luego se incrementa con gastos militares o administrativos no es extremismo?, ¿negar créditos a las  empresas mientras se les concede a interés cero a las Comunidades Autónomas para que hagan sus obras electorales no es extremismo?, ¿modificar el mercado laboral eliminando prácticamente todas las garantías y derechos laborales en aras de  reducir el coste salarial prácticamente a cero no es extremismo?
O sea que en realidad Juncker ya está  rodeado de extremistas, extremistas del liberal capitalismo, los conoce y piensa como ellos. Vaya, pues no es lo mismo que lo que ha dicho, me da la impresión.
Y sobre todo se me antoja algo peor. Que él mismo es uno de ellos porque ¿amenazar veladamente a un pueblo soberano con no ayudar a solventar una situación que su intransigencia económica ha provocado si no votan lo que él y sus conocidos quieren que vote no es extremismo?
¿Decirle a Grecia y a Europa que no se puede ser europeo si no se piensa como él y no se ve la economía como sus conocidos no es extremismo?
En mi molesta opinión, Juncker está muy a gusto en compañía de esos extremistas del liberal capitalismo que han llevado a Grecia a la desesperación y a Syriza a la cabeza de las encuestas porque es uno de ellos.
La UE ya está llena de ellos y gobernada por ellos. Y Syriza no tiene nada que ver con ello.

domingo, diciembre 28, 2014

Moncloa nos hace Campeones de Europa en miseria

Nos gusta ser campeones. Somos uno de esos países en los que todo se cubre con una corona internacional en algún deporte, aunque no sepamos ni las reglas del mismo. Y si es fútbol ya ni hablamos.
Así que supongo que estamos de enhorabuena porque nuestro sabio gobierno nos ha llevado a lo más alto de una competición que comenzó Europa -o más bien los gobiernos liberales europeos- hace ya más de un lustro y que los inquilinos de Moncloa han decidido convertir en deporte nacional: el empobrecimiento de la población.
A base de recortes, de congelaciones salariales, de subidas de precios y de impuestos han conseguido que seamos el país europeo que más alto está en el Índice Mundial de Miseria. Todo un orgullo. Que Iker Casillas suba al palco y alce la copa de campeones.
En cuatro años nos han subido el sueldo siete euros, siete miserables euros. Eso no es una política de austeridad, es un jodido insulto -y perdón por la expresión. 
En un lustro nos han subido un 12% la presión fiscal, eso no es una política recaudatoria. Es una ejecución masiva; 
En el mismo periodo nos han endurecido los tipos de interés de los créditos -y eso que usaron nuestro dinero para salvar a los bancos-, eso no es una variable del mercado financiero, es un homicidio masivo por asfixia y estrangulamiento.
Si a eso le sumamos el rampante incremento del paro, el coste añadido de los servicios recortados -medicamentos, asistencia a dependientes, becas, etc, etc, etc- la resultante es clara: Campeones de Europa de Miseria. Así, sin entrenar ni nada.
Y supongo que alguien saldrá diciendo que todo eso es culpa de los que generan inestabilidad y quieren dinamitar el sistema.
Como dice un buen amigo, aún no sé a quien votar pero entre unos y otros me lo estáis poniendo a huevo.
En fin, que felicidades a Moncloa, la política de falsa austeridad y el sistema financiero por el título logrado y a seguir entrenando. Que tenemos a Armenia a tiro de piedra y aún podemos ser campeones del mundo en miseria.
Todo un orgullo patrio, digo yo.

sábado, diciembre 27, 2014

El currículo básico como una razzia berberisca.

Este país siempre será igual básicamente porque nosotros nos negamos a cambiar.
Mientras Mariano Rajoy se empeñaba en culpar a un partido que nunca ha gobernado de la inestabilidad y el rampante descenso a tumba abierta a la miseria que experimenta nuestra sociedad, uno de los suyos culminaba uno de los capítulos más aciagos de esa remodelación social que realizan los inquilinos de Moncloa: La Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa. Vamos, la LOCME.
Casi a traición, sin luz ni taquígrafos, como casi todo, y sin consenso, como todo en general, el ministro Wert aprobó el último capítulo del esperpento en el que quiere convertir el sistema educativo público: el currículo básico.
Y lo hizo de la peor manera posible, como se llevan a cabo los saqueos, como se ejecutaban las razzias berberiscas: en secreto y a toda prisa.
Tan secreto que ni siquiera se lo ha presentado a la Conferencia Sectorial de Educación, tan secreto que el Ministerio se niega a dar a los medios de comunicación el contenido del decreto. 
Es decir se niega a hacer público los contenidos mínimos que se exigen para cada materia. No vaya a ser que nos demos cuenta de cosas que nos puedan escamar. No sea que descubramos que han reducido las matemáticas y la lengua al ya consabido "leer, escribir y las cuatro reglas" que ya dejó escapar en su momento el ínclito José Ignacio; no se que nos enteremos de que han sesgado las lecciones de historia tratando a Viriato como si fuera hispano -de Hispania, se entiende- y no lusitano o negando la existencia como ente independiente de la Marca Hispánica o los Condados Catalanes allá en la Edad Media; no sea que descubramos que han convertido esa irredimible asignatura de Educación para la Ciudadanía en un cántico patrio contra los antisistema, los soberanistas y todo aquel que no tiene la misma visión de este país que ellos.
En definitiva, no vayamos a darnos cuenta de que pretenden darnos una educación mínima y un aleccionamiento máximo que nos condicione a no sacar los pies del tiesto casi como a los perros de Pavlov.
Tan a toda prisa que hace a las comunidades -incluso a las gobernadas por su partido- el grito en el cielo porque les da dos meses para desarrollar más de un centenar de asignaturas; porque a algunas de ellas las fuerza a desarrollar sus propios decretos más rápido aún, porque lo único que se busca es que la LOCME entre en vigor cuanto antes sin importar nada más.
No le importa que ocho comunidades no hayan aprobado el cambio de libros de texto porque saben que hay familias que no pueden permitirse no usar los libros de un hermano para otro, no le importa el coste que va a suponer para las cuentas autonómicas la implantación ni para las familias la adecuación a la misma.
Mientras el presidente del gobierne al que pertenece le echa la culpa a otros de la inestabilidad, Wert desestabiliza por completo el sistema educativo español al presentar un decreto de currículo básico sin claridad y a toda velocidad. Mientras su jefe  busca a diestra y siniestra -más a siniestra, por supuesto- un culpable de la pérdida de bienestar, su ministro de Educación arroja a las comunidades autónomas a unos gastos que difícilmente podrán afrontar y a las familias a unos gastos que les acercarán un poco más a la miseria que hoy en día planea sobre todos nosotros cada mañana.
Convierten una ley educativa en la quintaesencia de la inestabilidad y de la pérdida de bienestar en estado puro
Todo por ganar. Todo por tener razón. Todo por no escuchar. Todo por no aceptar un error.
Todo por no dejar que la realidad hablé en lugar de la ideología preconcebida y el interés propio.
¿Cuantas veces han hecho eso ya?, ¿cuando van a aprender a dejar de hacerlo?
Les convendría ir pensando en crecer.

miércoles, diciembre 24, 2014

Dicen que nací hoy

Dicen que nací hoy.
Los doctos, los que saben de mí mucho más que yo mismo, dicen que nací hoy.
Y dicen que cuando yo llegue estaba a la intemperie, bajo un puente, en la calle, en el hueco infame de un cajero, en una mala cuadra, no recuerdo muy bien.
No sé si nací hoy, pero hoy es lo mismo.
Y dicen que tuvimos que irnos a un lugar diferente porque mi padre no tenía trabajo ni podía encontrarlo y nadie le quería pagar el justo precio por sus horas de esfuerzo.
No sé si nací hoy, pero hoy es lo mismo.
Y dicen que a mi madre nadie la dio cobijo ni quería atenderla por no ser de esas tierras, por no estar registrada y así me alumbró sola, sin ninguna partera.
No sé si nací hoy, pero hoy es lo mismo.
Y dicen que crecí y que hice muchas cosas pero no las recuerdo. Quizás ya estaba loco, quizás ya estaba muerto.
Dicen también los que saben de mí mucho más que yo mismo que encontré multitudes ingentes de personas hambrientas, comiendo desperdicios y sin panes ni peces que llevarse a la boca.
No sé si crecí hoy, pero hoy es lo mismo.
Y dicen que hallé a gentes que querían comprarme usando su dinero y mi hambre para que les sirviera, para que mi voz dijera lo que ellos deseaban oír, querían que se hiciera.
No sé si crecí hoy, pero hoy es lo mismo.
También dicen de mí que vi como hombres armados detenían, prendían y acallaban a golpes a los que protestaban, a quienes se rebelaban buscando la paz y el futuro que el poder les negaba.
No sé si crecí hoy, pero hoy es lo mismo.
Y dicen que viví, que recé y que hice milagros pero no los recuerdo. Quizás no hablaba a dios, quizás se lo decía a ellos.
También dicen de mi los doctores y sabios que hablan de mi vida que me encontré con personas que usaban a su dios para ocultar sus vicios, para imponer el miedo y unas leyes que ellos nunca cumplían.
No sé si viví hoy, pero hoy es lo mismo.
Y dicen que me encontré con gente enferma, mutilada, que apenas si podía valerse por sí misma, arrojada más allá de la fría muralla para que no molestara, para que no hubiera que curarla, para que nadie tuviera que atenderla.
No sé si viví hoy, pero hoy es lo mismo.
Y dicen los que saben de mí que al final de mis días me encontré con seres poderosos en templos y palacios que, ajenos a todo lo que yo había visto, acumulaban riquezas y poder tan solo para ellos.
No sé si morí hoy, pero hoy es lo mismo.
Poco o nada recuerdo de la fe, de dios ni los milagros. Quizás nunca existieron, quizás no quise hacerlos.
Pero dicen que nací hoy. Y hoy que todo sigue igual sí hay algo que recuerdo:
Recuerdo que me armé con mi rabia, un látigo o una vara de fresno para echarlos del templo.


Lo pensado y lo escrito

Real Time Analytics