domingo, febrero 05, 2012

El rito repetido de elegir bando nos aboca a la guerra


Ya tenemos guerra definida, Además de las cincuenta que se están librando, quiero decir. Pero como esas no nos importan o nos benefician esas no cuentan. Nunca han contado.
Y esa nueva guerra tiene o tendrá como actores principales a dos de los gobiernos menos fiables y menos racionales del planeta: Israel e Irán.
Muchos dirán que comparar a Netanyahu con Ahmadinejad es injusto y tienen razón. Es injusto para todos lo demás. Porque llamar gobernante a cualquiera de esas dos personas hace que el término se degrade. Y ya está bastante degradado de por sí en estos tiempos.
No importa que Netanyahu sea producto de una decisión en las urnas y el líder iraní sea un dictador en el sentido estricto de la palabra. Ser un producto democrático no te hace demócrata y Netanyahu no lo es. No basta con reconocer la democracia internamente para ser demócrata. No basta con ser demócrata de fronteras para dentro para que se te pueda llamar demócrata. Hay que serlo de fronteras para fuera. Y el halcón sionista no lo es, nunca lo ha sido y nunca lo será.
Sus actuaciones y sus posiciones en política exterior le hacen antidemocrático. Algunos dirán que es duro o que es fuerte o que es militarista. Pero es más que eso. Alguien que introduce terroristas en las casas de los colonos ilegales de Palestina para que les enseñen a asustar y humillar a la población árabe es un dictador, alguien que argumenta que hay que impedir que los países árabes se democraticen solamente porque a su país le viene bien es un dictador, alguien que mata a ciudadanos de otros países solamente porque se dedican a una actividad que a su Estado no le gusta es un dictador.
No es duro, no es militarista, no es polémico. Es un completo y absoluto dictador. No para los suyos, pero sí para el resto del mundo.
Y hago la salvedad con Netanyahu y no con Ahmadinejad no porque considere que el presidente persa es mejor o menos dictador que él sino porque con el  israelí podía haber una sombra de duda al respecto. Muchos la seguirán teniendo.
Los defensores de la política belicista de Israel, los eternos adalides de una autodefensa que se ha hecho necesaria por las continuas y constantes agresiones israelíes -incluso desde antes de ser un Estado-, por los incumplimientos y por la aplicación de un política en la que su voluntad tiene que ser ley en cualquier parte del Próximo Oriente, dirán que no lo es, dirán que hace lo que debe hacer. Allá ellos. Todo régimen dictatorial ha tenido siempre justificadores.
Pero a lo que vamos.
Esos dos locos suicidas de sus pueblos se enzarzarán en una guerra porque ninguno dará su brazo a torcer. El uno por la voluntad martirológica de un islam mal entendido y el otro por el instinto de defensa Masada en aras de su Tierra Prometida.
Y ¿qué hacemos nosotros en todo esto?, ¿cómo intentamos evitar este desastre?, ¿qué planeamos para que no se produzca este enfrentamiento que sembrará de miedo y de cadáveres un año que ya amenaza con ser el peor de nuestras vidas en otras facetas?
Pues lo que hacemos siempre nada o algo equivocado.
Podríamos decir que no tenemos nada que hacer, que no tiene nada que ver con nosotros. Pero hasta el más esporádico lector de periódicos sabe que no es así, hasta el más descuidado consumidor de informativos televisivos en espera del tiempo y los deportes sabe que eso es casi una mentira irresponsable.
El estrecho de Ormuz, paso obligado del setenta por ciento del crudo de la Tierra hace que sea problema nuestro, una crisis económica brutal que no soportaría el incremento del gasto petrolífero que repercutiría sobre la ya tristemente famosa deuda soberana, hace que sea nuestro, el inevitable giro del poder de decisión mundial hacia oriente, hace que sea nuestro problema.
Pero es precisamente el hecho de que nuestra reacción nos puede dejar completamente fuera de juego lo que exige que hagamos algo que no sabemos hacer, que no estamos acostumbrados a hacer. Lo que exige que cambiemos. Lo que nos aboca completamente al fracaso.
Porque somos impermeables al cambio. Cuando hay una guerra solamente sabemos hacer dos cosas. O ignorarla, como hacemos con todas las que ocurren en África y Sudamérica o elegir bando.
Y en esta guerra que se avecina no hay bando que escoger.
Porque la locura furiosa de Ahmadinejad y su obsesión por lograr la bomba nuclear responde a la locura también furiosa de Netanyahu que ya la tiene y que sabemos, igual que sabemos del iraní, que no dudará en usarla. Su visión sionista de La Tierra Prometida al igual que la visión yihadista del Islam se lo posibilita al dictador iraní y sus ayatolás.
Porque no tenemos capacidad diplomática para convencer a Irán de que ellos no tiene derecho a tener algo que nosotros poseemos por centenares y que Israel tiene por docenas. Porque no podemos obligar a Teherán a reconocer el estado de Israel si no obligamos a Israel a reconocer el Estado Palestino y así sucesivamente.
Hemos dejado hacer tanto al sionismo israelí cuya propaganda recurre siempre a nuestra culpabilidad histórica con el pueblo judío que ahora no tenemos fuerza para presentarnos ante alguien que no comparte nuestra culpabilidad por el simple motivo de que ni siquiera participó en esa guerra y no tuvo ni noción de la existencia del nazismo hasta que lo leyó en los libros de historia.
Así que, como sabemos que no podemos permanecer neutrales, buscamos soluciones porque sabemos que las nuevas fuentes del poder mundial, Rusia y China están mucho más cerca de los ayatolas que de Israel. Aunque solamente sea para fastidiar al occidente atlántico que hasta ahora se creído dueño y señor de la geopolítica mundial. Por eso y para asegurar sus reservas petrolíferas.
Probamos las sanciones a Irán, probamos los embargos, pero Irán se encoge de hombros porque, aunque le duelan, sigue teniendo a Rusia y a China, sigue contando con el apoyo de otro productor de petróleo, Venezuela, y sigue sabiendo que, aunque sin hacer ruido, Brasil aceptara su petróleo a través de la mediación del desbocado bolivariano Hugo Chávez.
Y probamos la guerra sucia de drones teledirigidos y espionaje contra Irán pero sabemos que por más científicos nucleares que dejemos matar a Israel en mitad de las calles de Teherán no conseguiremos parar el programa. Hay demasiados hindúes y rusos sin trabajo para que esa sea una medida efectiva.
E incluso nos planteamos la posibilidad de que Estados Unidos se meta en otra aventura como la de Irak con mucha menos justificación que la anterior porque no ha habido ataque alguno a Occidente y porque Irán solo está haciendo lo mismo que hacemos nosotros y que hemos dejado a hacer a Israel.
Bloqueos, amenazas, guerra sucia, intervenciones militares. Ninguna resulta, ninguna provoca la reacción que deseamos. Ninguna paraliza el programa nuclear de los ayatolás iraníes por dos motivos. Primero porque poco se puede influir en la mente de alguien que tira de mesianismo y clarividencia divina para entender el mundo y segundo porque desde que Jomeimi se hiciera con el poder allá en 1979, el régimen iraní vive de espaldas a nosotros y con la vista arrebatada de fanatismo religioso puesta en el paraíso.
Intentamos hacer palanca sobre aquellos que no nos ofrecen ningún punto de apoyo. Y lo hacemos porque hemos elegido bando. Cuando que ser árbitros, hemos elegido bando.
¿Por que no se presiona a Israel para que no ataque? ¿Por qué intentamos que Irán no construya la bomba en lugar de obligar a Tel Aviv a que destruya las suyas? ¿Por qué no amenazamos a ambos países con intervenciones militares si no se desnuclearizan?
Esa sería la solución que nadie espera. Ese sería el cambio. Esa sería la demostración que el occidente atlántico se toma en serio sus propios tratados, sus propias palabras, sus propios actos.
Es Israel la que ha amenazado con una acción militar. Es ese estado y sus patéticamente militaristas gobernantes los que están poniendo al mundo al borde del caos, del Armagedón.
Si Israel se deshace de sus bombas nucleares, si nosotros la obligamos a ello, tendremos todo el poder ético y diplomático para paralizar el programa iraní de armamento atómico hasta por la fuerza si hace falta.
Por utilizar un símil futbolístico, no podemos ser el segundo entrenador de Israel e intentar convencer desde la banda al entrenador contrario de que no juegue sucio cuando dejamos a nuestro equipo segar una y otra vez la hierba bajo los pies de sus rivales. Tenemos que ser el puto árbitro del partido y expulsar del campo de juego a todos los que no cumplen las reglas.
¿Acaso tiene Israel derecho a no sentirse amenazado pero Irán no lo tiene?, ¿acaso Israel no ha incumplido la normativa internacional de no proliferación de armas nucleares e Irán sí?
El gobierno israelí es un déspota regional que impone su ley a sangre, armamento, guerra y fuego a todos los que le llevan la contraria y sí queremos que lo poco que queda de nuestra civilización y de su capacidad de influencia sea aún creíble.
Cada vez que Israel se siente amenazado nosotros le damos la razón sin pestañear, sin poner en duda nada, sin recordar que solamente ellos han incumplido más resoluciones de las Naciones Unidas que todos los estados árabes e islámicos del planeta.
La única solución para que podamos hacer fuerza en justicia para que Irán no fabrique su bomba -si es que no la ha fabricado ya y el contraataque de los ayatolás se lleva Tel Aviv por delante de un solo golpe- es quitarle a Israel las suyas.
Cuando dos locos se empeñan en enfrentarse se confina a cada uno en su cuarto. No se encierra a uno y se deja campar al otro a sus anchas por los jardines del manicomio en espera de que la emprenda con un nuevo objetivo.
No podemos elegir bando en esto. Tenemos que arbitrar. No podemos fingir que la democracia interna de Israel le convierte en un estado democrático y justo en sus relaciones exteriores.
El gobierno de Israel no es uno de los nuestros. Su amenaza de guerra y sus acciones lo demuestran.

2 comentarios:

Tu economista de cabecera dijo...

Creo que te refieres mas a http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=abocar que a http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=avocar

;)

devilwritter dijo...

Por supuesto.
Casi me estallan los ojos cuando lo he visto. Error de tipografía. Ni siquiera corregí la entrada.
Muchas gracias.

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