martes, enero 03, 2012

Acercamiento objetivo a las estadísticas de hombres malos (y2)

Allí vamos con las preguntas.
Si no habeís leído el post anterior no os tendeís claro de qué va esto.

1.- ¿Le pone impedimentos para ver a la familia, o tener relaciones con amigos, vecinos, etc.?
Si eres mujer: Pues claro. Nunca quiere ir a casa de mis hermanas porque dice que son insoportables. Se queja continuamente de que salga con las amigas de compras o a tomar café y se niega a venir porque dice que se aburre. Y me acusa de flirtear con el chico del supermecado porque me comporto educadamente con él
Si eres hombre: Puesclaro ¡Nunca quiere ir a casa de mi madre ni que venga a la nuestra! ¿dice que mi madre la odia! ¿y con los amigos? me pone mala cara cada vez que voy al fútbol o que quedo con ellos. me dice que seguro que nos vamosde ligue por ahí mientras ella se queda sola en casa. Y pone cara de perro cada vez que saludo a la vecina del tercero. Hay que ser amable con los vecinos. ¡ Que culpa tengo yo de queesté como un tren! 

2.- ¿Quiere disponer el dinero que usted gana, o no le da lo suficiente que necesita para mantenerse?
Si eres mujer: ¿lo suficiente? Se gasta lo que no está escrito en ese abono suyo del Real Madrid y yo tengo que hacer virguerías para llegar a fin de mes. Todo lo del coche es siempre más importante que lo de la casa. Se compra todos esos aparatejos suyos y luego me echa en cara cuando me doy un capricho.
Si eres hombre: ¿qué si quiere disponer? De todo. Siempre tiene algo en lo que gastar el dinero. Tira de tarjeta como si no fuera a acabarse nunca. El mes pasado le tuve que pedir dinero a un amigo para el partido de la Champions porque ella había comprado en la teletienda no se qué leches de aparato para bajar la celulitis esa.

3.- ¿Le insulta o amenaza?
Si eres mujer: Es un malhablado. Siempre que quiero que preste atención a algo me manda a la mierda y me llama pesada y cosas peores. Claro que me insulta.
Si eres hombre: Pues claro. Cuando la llevo la contraria se pone hecha una fiera. Me llama calzonazos por preocuparme de mi madre y me dice que soy un cabrón cuando llego tarde de estar con los amigos.

4.-¿Intenta decididr las cosas que usted puede o no hacer?
Si eres mujer: Pues claro. Siempre hay que ir de vacaciones donde él dice y siempre está empeñado en que no vaya a yoga, dice que es una pérdida de tiempo.
Si eres hombre: No vayas con los amigotes, no te vayas al fútbol, Ya estás otra vez en casa de tú madre. Tienes que acompañarme a recoger los abrigos de la tintorería, llevamé al centro de compras, No te pongas a ver la tele y cuelga las cortinas ¡Está todo el día dándome órdenes!

5.- ¿Insiste en tener relaciones sexuales aunque sepa que usted no tiene ganas?
Si eres mujer: Continuamente. No tiene otra cosa en la cabeza. Si yase sabe. Los hombres solamente quieren eso...
Si eres hombre: ¡Mas quisiera yo!. Todo lo contrario, siempre da una excusa y cuando se enfada no puedo ni tocarla hastra que no hago lo que ella quiere ¡que tendrá que ver que las cortinas estén colgadas o no para que echemos un kiki!

Aqui conviene hacer una pusa para explicar que es lo que intento hacer con estas respuestas inventadas y arquetípicas a las preguntas de la encuesta.
Por un lado son preguntas que, teniendo en cuenta el rango de personas, amas de casas de mediana edad -dados la hora y el lugar de las llamadas-, que los entrevistadores podían encontrar al hacer sus llamadas podían y sabía que iban a encontrarse.
Si la respuesta obligada no hubiera sido sí o no, -como, de hecho, es en estas encuestas-, podrían haberse encontrado con todas esas explicaciones, lo que les obligaría a descartar el sí o a tratarlo como un no.
Por otro lado, si estas preguntas hubieran sido realizas a hombres, la respuesta hubiera sido idéntica, probablemente y eso hubiera generado un resultado de que 2.000.000 millones de hombres son maltratados por sus mujeres, esposas o parejas.
Y por último, esta pregunta en concreto es un ejemplo de superficiliadad que constituye un error de encuesta clásico o una perversión ideológica típica.
¿La insistencia en maneten relaciones sexuales se considera un maltrato? La respuesta legal es no
¿Se les pregunta a las mujeres que responden que sí, si esa insistencia alcanza niveles peligrosos?, ¿si llega a la imposición?, ¿a la amenaza?, ¿ al acoso?, ¿a la violación? Pues parece que no, porque esa pregunta no figura en el cuestionario.
¿Se pregunta a las mujeres si sus negativas son reiteradas y contantes?, ¿si responden a un chantaje sexual para lograr que su pareja haga lo que ellas quieran, algo que está considerado por varias fuentes de jurisprudencia como un maltrato psicológico? No, tampoco.
Simplemente se esboza una realidad -que su pareja es insistente a la hora de reclamar actividad sexual- y luego se interpreta que esa realidad se encuentra en el peor de los escenarios posibles, que llega a la imposición y a la amenaza si no se le satisface en sus demandas-.
Pero continuemos.

6.- ¿No tiene en cuenta las necesidades de usted (le deja el peor sitio en la casa, lo peor de la comida…)?
Si eres mujer: ¿Mis necesidades?, ¡Uy, hija! él tiene que estar sentado en el sofá  y ver siempre lo que le da la gana en la tele.
Si eres hombre: ¿Mis necesidades? ¡Pero no te he dicho que nunca quiere hacer nada! ¡Y un hombre tiene sus necesidades! Por no decir que ocupa el baño durante horas si preocuparle mis necesidades para ponerse sus cremas y sus potingues. Un dia voy a tener que hacer mis necesidades en el fregadero.

7- ¿En ciertas ocasiones le produce miedo?
Si eres mujer: A veces sí
Si eres hombre: Hombre miedo, miedo...

Es esta la primera pregunta que realmente está relacionada con el maltrato. Intentaré explicar el motivo.
EL miedo es un elemento que, aunque subjetivo, denota la presencia de una violencia real, de una agresión real. En todas las preguntas anteriores solamente se parte de la presunción inicial de los que realizan -o encargan la encuesta- de que esas actitudes suponen un maltrato, no del sentimiento real de la encuestada de que esos hechos y esas accciones suponen un maltrato.
Por primera vez, y estamos en la séptima pregunta se le pregunta a la encuestada si ha sido maltratada o se siente maltratada y se hace de una forma indirecta.
En toda la encuesta no se ha preguntado ¿ha sido usted maltratada?, ¿ha sido usted víctima de alguna agresión por parte de su pareja? Para evitar la respuesta negativa -y eso es un sesgo en la elaboración de las preguntas- se presentan hechos y actitudes que los encuestadores consideran maltrato sin especificar a la encuestada que eso será o es considerado un maltrato, sin preguntarle si ella lo considera un maltrato.

Sigamos con el cuestionario

8- ¿Cuando se enfada llega a empujar o golpear?
Con esta pregunta no hacen falta respuestas arquetípicas porque es la primera y única pregunta directa que se realiza sobre un elemento objetivo de maltrato. Cualquier respuesta que se diera, ya fuera dada por hombres o por mujeres, tendría relevancia.

9- ¿Le dice que a dónde va a ir sin él, que no es capaz de hacer nada por si sola?
Si eres mujer: Por supuesto. Que no se arreglar nada, que esta casa se caería a cachos si él no lo arreglara todo.
Si eres hombre: ¡Constantemente! que soy un inútil, que no se ni freirme un huevo. Que he pasado de que me lo haga todo mi madre a que me lo tenga que hacer ella. Que en cuanto ella falta un día dejo la casa hecha una pocilga.

10- ¿Le dice que todas las cosas que hace están mal, que es torpe?
Si eres mujer: Pues ¿no te lo acabo de decir, hija? Que no se programar el DVD, que no tengo ni idea de cambiarle el aceite al coche
Si eres hombre: Si ya te lo he dicho, bonita. No me deja ni acercarme a un hornillo. Que se me pasa la paella, que no sé hacer la cama. Deshace todo lo que hago en la casa para volver a hacerlo ella porque dice que lo he hecho mal

11- ¿Ironiza o no valora sus creencias (ir a la iglesia, votar a un determinado partido, pertenecer a alguna organización)?
Si eres mujer: Pues claro. No va a la iglesia ni atado. Me dice que es una pérdida de tiempo, que dios no existe, que podemos esperar sentados a que nos eche una mano. Que lo único que hago es dejarme comer la cabeza por los curas, que soy una meapilas. Que pierdo el tiempo con mis compañeras de asociación, que no voy a conseguir nada más que que nos metan en la cárcel. Que me preocupe más de las personas y menos de los animales. Que si las ballenas se tienen que extinguir, que se extingan, que si hay perros abandonados siempre los ha habido. Que esas de la asociación son solamente una panda de lesbianas que odian a los hombres. Que me tienen sorbido el seso.
Si eres hombre: Pues claro no hace más que echarme en cara que votara a Zapatero. ¡mira lo que hace tu Zapatero del alma!, me dice cada vez que pongo el telediario. Que en las reuniones de la agrupación son una pérdida de tiempo porque en el partido sólo suben los familiares y los amigos de los jefecillos. Que por qué pierdo el tiempo en política. Se ríe diciendo que si voy a ser alcalde o diputado o algo. Que tendría que estar en casa con ella y no perdiendo el tiempo con esos matados del sindicato que lo único que quieren es no trabajar y van a terminar consiguiendo que todos perdamos el trabajo.

12- ¿No valora el trabajo que realiza?
De nuevo una pregunta objetiva pero superficial. No se profundiza en las respuestas positivas para determinar el grado de falta de valoración o de desprecio. No se busca asegurar que la actitud sea un maltrato real y no solamente una actitud negativa. Y por supuesto no se encuesta la posibilidad de que esa actitud sea recíproca.

13- ¿Delante de sus hijos dice cosas para no dejarla a usted en buen lugar?
No negaré que es una pregunta objetiva sobre malos tratos pero me resulta curiosa en una encuesta aleatoria ¿qué camino sigue la encuestadora cuando no hay hijos en la pareja? ¿como se valora el maltrato según ese parámetro cuando no existe esa posibilidad?

Y con esto acaba nuestra macroencuesta sobre violencia machista.
Dos preguntas objetivas. Ni una sola pregunta de profundización o aclaración y por supuesto ni una entrevista de contraste, ni un solo cuestionario de comparación con un hombre para comprobar la situación real.
Hasta las feministas estadounidenses, ínclinas herederas de la siempre androfoba MacKinnon, realizaron preguntas a 9.000 hombres sobre la agresión sexual para establecer un elemento comparativo sobre ese problema entre mujeres y hombres. Aqúí no hay ni media.
Y ahora llega lo gordo. Lo realmente dantesco. El análisis.
Para las encuestadoras. La respuesta afirmativa a una sola de esas preguntas, sin matizar, sin explicar, sin profundizar, ya hacía que se incluyera a la mujer dentro del porcentaje de mujeres maltratadas. Una sola respuesta afirmativa.
El CIS hace ocho preguntas sobre la intención de voto en sus barómetros y precisa de cinco positivas en una dirección para considerar que ese encuestado tiene una intención de voto clara con respecto a ese partido.
El Centro Europeo de Estudios Estadísticos hace diez preguntas sobre la valoración que los ciudadanos tienen de la Unión Europea y necesita seis para que se considere que un ciudadano tiene una visión positiva o negativa de la Unión.
Y esta encuesta precisa de una sola respuesta entre trece para considerar que una mujer es maltratada.
Y además preguntas que nunca se identifican como elementos o síntomas de maltrato ante la encuestada, respuestas en las que no se pide explicación o aclaración alguna -salvo en las preguntas objetivas que no las precisarían-, preguntas que están encaminadas por su presentación y falta de definición a la obtención de una respuesta afirmativa hacia el maltrato.
Si la muestra está mal elegida en porcentaje y número. Si la aleatoriedad está mal creada, si las preguntas están mal formuladas, si no existe encuesta de comparación con el resto de la muestra social -en este caso los hombres- y si los análisis están mal elaborados, no hace falta ser machista, retrogrado y defensor de los maltratadores para no aceptar sus cifras.
Hace falta ser ciega, tendenciosa, radical y manipuladora para presentarlas como ciertas.
Así que espero que no me acusen de nada de ello cuando lean esto. Sólo espero que repitan la encuesta, la hagan como los dioses del olímpo de la estadística lo ordenan y luego presenten los resultados.
Entonces hablamos, ¿vale?

Acercamiento objetivo a las estadísticas de hombres malos (1)

Ya estamos de nuevo en las mismas.
En serio. Voy a tener que abrir una página especial para hablar de esto. Porque no hay día que me levante o me acueste sin que alguna de las eternas preguntas y respuestas que se hacen a sí mismas las gloriosas paladinas -porque no puedo decir paladines, que es sexista- de las políticas de género se hacen a sí mismas y se contestan de idéntica manera.
La última de ellas ha partido a nivel global del extinto Minitsterio de Igualdad -es decir del de Sanidad- con su macro encuesta -yo creía que ente país lo uno que era macro era la económica, el supermecado y las discotecas, pro parece que no- sobre violencia machista.
El resultado es el de siempre. El que tiene que dar, el que están convencidas que es cierto aunque la realidad les demuestra día a día que no es así.
En España hay 2.400.000 mujeres maltratadas. Es decir apróximadamente el diez por ciento de la población femenina. Es una cifra descomunal. Inmensa, mucho más que preocupante, que pone de manifiesto que nuestro país es un universo de barbarie en estado puro, que no hay por donde coger a la sociedad española, que atesoramos lo peor del entorno occidental, ese entorno Occidental Atlántico en el que nos miramos como un espejo continuo y constante.
Y lo pone de manifiesto no porque las cifras sean ciertas, sino porque no lo son.
Como no lo eran en el año 2.000, cuando ya se hizo la encuesta con idéntico resultado, como no lo eran en 2005 cuando se repitió con porcentaje análogo y como no lo serán nunca, mientras se siga haciendo la misma encuesta.
¿Qué es lo ue me lleva a decir que no son ciertas?.
Hay muchos motivos, pero empezaré por los subjetivos, por las percepciones. Al fin y al cabo en algo se tiene que notar que soy occidental y valoro más lo que yo pienso que lo que me indica la realidad -aunque en este caso, como suelo intentar que ocurra siempre, ambas cosas vayan en la misma dirección.
Para empezar la fuente de esta encuesta.
Siempre ha sido la misma ya fuera Secretaría de Estado, Dirección General o Ministerio. Siempre ha sido lo que se daba en llamar Área de Mujer del Gobierno la que ha puesto en el aire estas macro encuestas.
Y eso me hace dudar por un simple motivo.
En España existen dos organismos especializados en hacer encuestas a la población. El Instituto Nacional de Estadística -el colorido INE. Lo de colorido es por su edificio, tendrían que verlo- y el más desconocido y discreto arquitectónicamente Centro de Investigaciones Sociológicas.
¿Por qué no se les encarga a ninguno de estos dos organismos la macroencuesta de marras? No debe ser por tiempo o importancia porque el INE saca estadísticas de todo.
De qué ropa llevamos, de cuantos polvos echamos al día -venga va a la semana, venga va al año-, de nuestros colores favoritos e incluso una, muy celebrada por la prensa en los primeros de año, sobre nuestros propósitos para el Año Nuevo. Sus estadísticas insustanciales sirven durante todo el mes de agosto para decorar las portadas de los periódicos gratuitos.
Recuerdo que yo tenía un jefe de sección en un periódico que cuando todos la cagamos y no eramos capaces de ofrecerle algo intenso, interesante o importante -sus tres "ies" para un arranque de sección periodística- se volvía al becario de turno y le decía: "Tú, busca algo simpático en el INE".
ÉL CIS, menos dado a esos excesos mundanos en la estadística, también realiza investigaciones sobre los asuntos más variopintos. Famosos son sus barómetros políticos, sobre preocupaciones de la población, sobre terrorismo, sobre economía y sobre otro montón de asuntos, así que bien podría elaborar uno sobre la violencia contra las mujeres.
Pero el gobierno no encarga a sus especialistas en encuestas la recurrente encuesta de marras. A lo mejor es para mantener la independencia de los datos. Quiero ser positivo en este aspecto.
Bien. Estamos de suerte. El Centro Reina Sofía de Estudios Sobre la Violencia es un organismo independiente ¿se la encarga la encuesta a esa institución? No.
A lo mejor tiene que ver el hecho de que hizo una en 2001 en la que los datos no coincidían con los famosos dos millones y además incluyó el preocupante dato de que el setenta por ciento de los menores maltratados lo eran por sus madres y no por sus padres.
Si me quedara en lo subjetivo, en mis impresiones ahora es cuando comenzaría la perorata contra el feminismo radical y su visión sesgada del mundo. Pero como, al menos en este blog he decidido ser lo menos occidental posible, voy a ascender al grado de lo objetivo.
No se la encargan porque no se fían. Pero no se fían del método.
Y en esto entran mis dos años de estudio de estadística, mis lecturas y mis conocimientos. No mis impresiones.
Ellas la llaman macro encuesta pero en realidad no sabemos si lo es. No sabemos cuantas personas forman la muestra, no sabemos el porcentaje de la población que está incluido en la consulta. Eso nunca lo dicen. Y esa es la primera manipulación. Seré objetivo, perdón. El primer error.
Baste un ejemplo. Las feministas estadounidenses consideran una macroencuesta sobre abusos sexuales una encuesta que se hizo entre 10.000 mujeres el año pasado.
Si para una población de 311 millones de personas, incluyendo Alsaka -no se por qué se realiza siempre esta matización, ¿será porque los habitantes de Alaska no se sienten estadounidenses? ¡No mes extraña después de sufrir a Sarah Palin!- 10.000 mujeres son una macroencuesta, para una de 47 millones de habitantes una macro encuesta valdrá con... -esperen que saco la calculadora de Windows-...¡Eureka! ¡1.511 personas!
Es obvio que ni el CIS ni el INE ni el Instituto Reina Sofía aceptarían esto como muestra general. Eso para empezar.
Luego está el elemento de la elección de la muestra.
Los organismos especializados optan por la muestra aleatoria, pero su aleatoriedad es absoluta.
Para ello hacen cosas como cubrir todas las franjas horarias, llamar a teléfonos fijos y móviles, cubrir todas las provincias, los entornos rurales y urbanos, las barrios deprimidos y ricos incluso asignan cupos -que no identidades- a determinados rasgos poblacionales.
Es decir, tiene que haber tantas personas inmigrantes, tantas que sean autónomos, tantas que sean amas de casa, tantas de raza negra y así con todos los parámetros que se consideren oportunos para conseguir que la muestra sea lo suficientemente aleatoria como para que ninguno de esos factores sea determinante a la hora de la interpretación de los resultados.
Y las encuestas siguen hasta que se obtienen estos mínimos.
Si a estas alturas ya os habéis perdido no os lo echaré en cara. Mi profesor de estadística era mucho mejor docente que yo y yo me perdía a la altura de Alaska.
¿Hacen eso las encuestas de Sanidad o Igualdad o como se llame el ministerio en cada momento?
No sé las últimas, pero me temo que no. De la única de la que facilitaron públicamente la metodología -bueno públicamente, a través de acceso de estudioso- no lo hizo por lo que deduzco que las otras tampoco. Si se quiere comparar una encuesta a lo largo del tiempo tiene que repetirse de igual manera.
Pues bien, la del 2001 se baso en 1.821 encuestas telefónicas realizadas de manera aleatoria en horario de oficina sobre llamadas a números fijos particulares´en todas las provincias españolas.
¿Eso tiene alguna importancia?
Mucha y me explico.
Ese sistema de llamadas descarta automáticamente de la posibilidad de participar en la encuesta a todas las mujeres que trabajan, ya que la inmensa mayoría de ellas lo hacen en horario de oficina y por tanto no están en sus domicilios. Es decir, que solamente contestan o las mujeres sin empleo o las amas de casa. Un sesgo digno de ser tenido en cuenta.
Por no decir que aquellas que tienen ingresos propios y por tanto menos riesgo de caer en el maltrato -es decir las que trabajan- también ven mermada drásticamente su participación a menos que un alto porcentaje hayan caído enfermas ese día en concreto y estén en casa.
No existe y no se precisa un porcentaje de llamadas por clase social, nacionalidad, raza o cualquier otro punto que pueda hacer desviarse los resultados.
Es decir que bien podría haberse llamado -y no se me ofenda nadie- a todas las mujeres de Sevilla que vivieran en Las Tres Mil Viviendas o a todas las de Madrid que vivieran en La MIlla de Oro, con lo que los riesgos de desviarse son evidentes.
Y aún con todo eso la encuesta hubiera podido salir hasta medio bien si no hubiera leído algo que me hizo helar la sangre estadística en las venas: "las llamadas se realizaron de forma aleatoria entre los números que figuraban en la base de datos propia del área de mujer del ministerio".
Eso ya si que mata toda posibilidad de certeza estadística en los resultados.
Para entendernos y sin más explicación: es como si, para hacer una encuesta sobre el impacto y el aumento de la criminalidad en España, se llama solamente a los teléfonos que se han puesto en contacto con el centro de denuncias del 091. Los resultados serían aterradores.
Y todavía nos quedan las preguntas, que son en realidad el meollo del asunto.
Las preguntas incluyen un elemento de desviación de tal proporción que solamente puede explicarse con la comparación. Seguiremos con ellas en breve para evitar que el blog me expulse de mi cuenta por superar el límite de paginación.
A ver si así consigo explicar de una vez sin que alguien grite un comentario de "ciego machista maltratador" porque no me creo estas encuestas.
Seguirá.

lunes, enero 02, 2012

Y el Líder del Mundo Libre perdió la omnipotencia

Hay gente, hay hombres y mujeres, que parecen estar destinados a pasar a la historia. Y todos creeríamos que se pasa a la historia, que se alcanza un hueco en la inmortalidad de la memoria humana, por lo que se hace o incluso por lo que se deja de hacer -y si no que se lo pregunten a Felipe II y su Armada Invencible-.
Pero hay un camino, una vía secundaria -de servicio, si se quiere- que también da acceso a los papeles mortecinos e inmortales de la historia. Son los modos y maneras. No es aquello que se raliza sino el modo elegido para realizarlo.
Y ese es el camino hacia la posteridad que ha elegido Barack Obama, el presidente que parecía que por negro iba a ser distinto, el hombre que defraudó mutitud de esperanzas -al fin y al cabo las esperanzas nunca están de acuerdo con la realidad, sino no serían esperanzas- con lo que hizo y no hizo, con lo que está haciendo y está dejando de hacer, pero que no defrauda nunca con la forma en la que lo hace.
Instalado en ese ejercicio de encumbramiento infinito del ego que es y será hasta la caída del imperio la presidencia de los Estados Unidos, encumbrado en el trono de  supuesta omnipotencia del trono del líder mundo libre, Barack Obama ha mirado de frente a su nación y al mundo y ha dicho algo que ningún presidente de los Estados Unidos de América había dicho hasta ahora -al menos a nosotros, que no somos su pueblo bienamado-.
"Hago lo que hago porque me obligan a hacerlo, no porque quiera, no porque sea necesario, sino porque me obligan a ello. No soy todopoderoso".
Y ese modo de hacer las cosas es lo que probablemente le abra el camino hacia la historia. Eso y ser el primer presidente negro de Estados Unidos, que la primatura en la estadística también ayuda.
El hombre ha firmado la ley más facista que se recuerda en Estados Unidos desde la famosa Caza de Brujas del paranoico macathismo anticomunista. Una ley que permite la detención y custodia militar de personas sospechosas de terrorismo.
Es decir que un sargento de marines puede presentarse en tu casa y llevarte a la base militar de Bahía de Guantánamo, Cuba, División de Barlovento, porque hayas dicho en pleno ataque de cabreo contra tu jefe "voy a poner una bomba y lo voy a hacer saltar todo" o en pleno ataque revolucionario de cuarto Jack Daniels "lo que le hace falta a este país es que hagan volar a ese marica de la Casa Blanca" o incluso -que será lo más común- porque reces sumnas del corán mientras caminas por un parque hacia la universidad con tu mochila a la espalda.
Y Obama ha firmado y autorizado esa ley. Esa y la que prorroga un año más el centro de detención de Guantánamo y la retención de sus prisioneros sin juicio ni condena, que también tiene su aquel la susodicha. El chico se ha lucido. Menos mal que por lo menos ha sacado a las torpas norteamericanas de Irak.
Pero Obama ha mirado a la cara a Estados Unidos y les ha dicho claramente: "Esto es lo que queréis vosotros y por eso os lo doy. A mí, me parece fatal".
Porque esa ley es una imposición del Senado. De una cámara alta que aprovechó la necesidad de sacar adelante unos presupuestos de Obama para no dejar sin paga a todos sus funcionarios y sin servicios a todos sus ciudadanos -porque en Estados Unidos habría sido así por ley- para imponerle todo aquello que no quería hacer, para forzarle a un acuerdo que no estaba ni mucho menos en sus planes de gobierno. Paraconvertir la Casa Blanca en un Tea Party.
Y ese acuerdo incluía, como siempre por mor de la seguridad nacional, está ley de lucha contra el terrorismo que es en sí misma la mayor forma de terrorismo que ha conocido Estados Unidos desde que hace diez años la furia yihadista echara abajo las Torres Gemelas parademostrarle al complaciente pueblo américano lo distinta, aterradora e inquietante que es la guerra cuando llega a casa y no se ve a través de una pantalla de plasma de 43 pulgadas.
Obama podía haber hecho esto de muchas maneras. Podía haber empezado en discrusos y arengas a demostrar un falseado endurecimiento de su actitud hasta que resultara creíble que estaba de acuerdo con esta lay y por eso la firmaba.
Podía haberse manteneido en silencio y utilizar para firmarla ese espacio multifunción del Ala Oeste de la Casa Blanca llamado Despacho Oval que lo mismo nos sirva para una invasión que para un atoramiento etílico con galletitas saladas, que igual nos vale para un espionaje ilegal de los adversarios políticos, para una guerra sin sentido o para una felación relajante.
Podía haberse centrado en el salón del trono y fingir que esa firma partía desu poder y de su convicción sin decir esta boca es mía y amparándose en la justa necesidad.
E incluso podría haberla vetado -si mis clases de política internacional y mi recuerdo de los capítulos del Ala Oeste de La Casa Blanca no están oxidados, tiene esa potestad- y hubiera originado sesenta días de desasosiegos y carreras por los pasillos del Capitolio en busca de apoyos para el desbloqueo, de llamadas intempestivas a los senadores en mitad de sus barbacoas navideñas en Texas o de sus burdeles de Nochevieja en Iowa para que corrieran a Washington a votar el desbloqueo republicano de la legislación.
¡"Si estos carcamales republicanos amigos de las armas y de la guerra quieren su ley que se la curren"! -habría sido un pensamiento muy, como dicen los yankies, presidenciable. Un recurso al pataleo digno del líder del mundo libre.
Pero Obama no ha hecho eso.
Ha esperado al último día para dejar claro que no quería hacerlo, que no quería poner su país en brazos de la paranoía antiterrorista. Se ha marchado a Hawaii, abandonando su salón oval de ltrono, para dejar claro que esta ley nada tiene que ver con el ejercicio de su poder ejecutivo ni de su fortaleza presidencial.
La ha firmado para demostrar que cumple su palabra se la de a quien se la de -salvo quizás la dad a los votantes, pero eso es algo que ningún político hace, no nos engañemos- y luego la ha arrojado a la cara de los americanos diciéndoles: "ahí la teneis. Es una basura. Es un riesgo. Es éticamente cuestionable en la mitad de sus puntos y amí me parece una mierda. Pero es la ley que me han exigido vuestros representantes".
Como un padre entrega en reyes un regalo a su hijo diciéndole: "yo creo que el ordenador sería mucho mejor regalo porque te serviría para los estudios pero aquí tienes la consola. Al fin y al cabo son reyes y tienes derecho a elegir tus regalos".
Todo ello muy diplomaticamente, claro está.
Y así, de un plumazo, no solamente ha dicho que no es todopoderoso, que no es un líder inquebrantabla que tiene el poder omnimodo -como diría Gabino Diego en la inolvidable Amanece que no es poco-, sino que ha devuelto a los estadounidenses la responsabilidad sobre su país, su vida y su futuro.
Algo ciertamente arriesgado cuando se tiene que pensar en la reelección.
Porque ahora los estadounidenses no tienen la Ámerica -su Ámerica- que Obama les prometió. Tienen la que sus representantes en El Senado quieren. La que ellos quieren.
El hombre del Yes, we can les prometio un país sin terrorismo, sin guerras y sin miedo. Le prometió un país en el que las libertades civiles fueran algo másque papel mojado cada vez que se tremolaba el peligroso concepto de Seguridad Nacional y ellos le pusieron en la Avenida Pensilvania aparentemente para eso.
Pero en cuanto llegaron los esfuerzos, en cuanto no pudieron conseguir ese nuevo país en los saldos navideños, en cuanto la economía arreció y él les dijo que había que pasar por eso si se quería otro país distinto, otro país mejor, claudicaron.
Se volvieron a sus odios y a sus mitos de siempre, se volvieron a sus traumas y miedos de siempre y colocaron a los Tea Party en la cúspide de su fuerza y pusieron a los que hacen lascosas como siempre pero les prometieron bajar los impuestos al frente de la nación. Y eso es lo que tienen.
Así que son los estadounidenses los que dijeron "No, we can not" mucho antes de que, con la firma de esta ley, Obama les diga "No, I can´t. Así que ahora, si quereis otro tipo de país vais a tener que volver a tomar la responsabilidad y colocar en los puestos de representación a aquellos que estén de acuerdo con ese proyecto de país".
Puede ser que eso le asegure un lugar en la historia pero me temo que no le mantendrá en su puesto en La Casa Blanca. Los estadounidenses, como todos los pueblos, como nosotros, suelen reaccionar mal cuando alguien les dice que hacen las cosas mal. Y más si es su presidente.
Aunque sea un hecho flagrante que lo están haciendo mal.

domingo, enero 01, 2012

Los huecos vacíos en la biblioteca de Rouco Varela

Que el Cardenal Rouco Varela, sempiterno líder por lo que se ve de La Conferencia Episcopal Española, cambia de casulla según le da el aire es algo que la historia reciente ya nos ha demostrado con creces, que precisa de amplias multitudes para sus apologéticas es algo que la actualidad nos corrobora -no dice nada importante si no está en presencia -física o virtual- de al menos un millón de fieles -fieles de los suyos, claro, de los que le van a dar la razón-.
Pero que no es amigo de lecturas profanas es algo que solamente íntimos, que solamente atisbábamos al ver crecer constantemente la lista de lecturas no recomendadas -porque ya no puede prohibirlas, que si no...- que su club privado elabora de año en año y que ya incluyen A Harry Potter, al Señor de los Anillos y a la inefable Patrulla X -no me preguntéis por qué en ninguno de los tres casos-.
La última presencia multitudinaria del bueno de Rouco otra vez millonaria en asistencia, según él, y faraónica en sus dimensiones de altares y cruces nos ha mostrado que hay dos libros que claramente no figuran en su biblioteca arzobispal.
84-206- 5565-1 y 10-8471664569. Le pongo los ISBN al egregio purpurado para que los encuentre fácilmente. Y le coloco los que están compilados directamente de mi pírrica biblioteca para que no nos veamos abocados a correcciones en la traducción.
Pues bien se encontraba el adalid eclesial español por antonomasia en lo suyo. Es decir hablando contra el aborto. Y eso es algo que no es cuestionable. Si está en contra del aborto justo y necesario es que lo diga. Si la doctrina de la iglesia está en este periodo de la historia contra el aborto -que no lo estuvo siempre- y han decidido que su dios ahora dice eso pues está bien que se lo recuerde a aquellos que dicen seguir sus enseñanzas, que afirman querer salvarse y vivir eternamente en la siguiente vida por cumplir sus directrices en esta.
Pero entonces se le fue la mano, "se le fue la olla" -que dirían las chonis de polígono- , "se le piró mazo la pinza" -que dirían los poligoneros de afterhours etílicos- se convirtió en "un motivaó de la vida" -que diría mi hija mayor-.
De repente, por arte de inspiración del Espíritu Santo supongo -aunque toda paloma había huido del entorno horas antes ante la malgama de pies católicos que retumbaban contra el pavimento-, se acordó de que el Gobierno había cambiado, se le vino a la mente entre salmo y salmo y lectura y lectura que ahora mandaban los suyos, los que dicen creer en lo mismo que él, aquellos que le han hecho y a los que hecho el caldo gordo desde que la democracia es democracia en este país.
Así que engrandecido por tal fulgurante remordimiento el tipo se despachó con un “Es nuestra obligación exigir que se recuerde que el derecho a la vida de la persona es un derecho fundamental. Constituye la base ética primordial de todo ordenamiento jurídico que quiera considerarse justo, proporcionándole un fundamento pre político indispensable para el orden constitucional y, por ser anterior a él, ha de ser respetado, protegido y promovido por el derecho positivo en todas sus expresiones legislativas”.
Y no voy a ser yo el que le diga que no tiene razón en eso. Pero si voy a ser el que le recuerde que adquiera y lea el primero de los ISBN que le he colocado en este post.
Corresponde a un libro llamado Sobre el espíritu de las leyes, escrito por un tal Charles Louis de Secondat, miembro de los Estados Generales de Francia en virtud de su título de Señor de la Brède y universalmente conocido por su segundo y menos importante título de Barón de Montesquieu.
Ese señor se inventó de la nada -bueno de John Locke, entre otros- la separación de poderes.
Y escribió expresamente algo que paso a reproducir "son los poderes divididos y emanados de la decisión de los gobernados los que están capacitados, por la asunción de esa voluntad, para determinar los valores morales en los que se fundamentan las leyes que han de regir a los pueblos y a los que les gobiernan..."
Supongo que Rouco no ha leído eso porque, de ser así, sabría que él no tiene derecho a exigirle al gobierno español ninguna línea ética en sus acciones legales o en sus productos legislativos. Porque él será lo que el papa le ha nombrado, pero eso no le constituye como parte de uno de los poderes en los que se encuentra dividido el poder y el gobierno de la sociedad española.
Y no solo no tiene derecho formal a hacerlo por no ser parte de las instituciones que están destinadas a marcar la ética de nuestra política y nuestras leyes, sino que además no tiene derecho material a hacerlo.
No lo tiene porque ese derecho emana de una carta de Derechos Humanos que la Iglesia no aceptó en su momento y que El Vaticano, como país, es uno de los estados actuales que no ha ratificado completamente en la actualidad. Junto con Irán y China, entre otros -curiosas compañías para el rigor ético se ha buscado-.
Y tampoco dispone de la capacidad material para hacer esa afirmación -eso es kantiano, así que supongo que sí lo tendrá claro- porque sus regulaciones, en las que se basa su doctrina, en las que asienta todo el desarrollo de sus leyes no asumen ese principio de inviolabilidad de la vida humana.
Su catecismo, un libro naranja de dimensiones bíblicas -no podía ser de otro modo-, asume dos principios que dejan en suspenso ese supuesto principio ético que exige ahora al gobierno español como argumento para que haga lo que quiere, que no es otra cosa que prohíba el aborto, no que lo regule o lo controle, sino que lo prohíba.
El catecismo católico acepta el concepto de guerra y muerte justa, es decir que matar, ir contra la vida está permitido, si la causa por la que se hace es de justicia -no se especifica cual ese concepto de justicia con lo cual podría ser desde el mítico ¡Dios lo quiere! de las cruzadas a la actual legítima defensa pasando por innumerables motivos que pueden considerarse justos y se han considerado justos para hacer la guerra a lo largo de la historia-.
y para rematar la faena acepta en ocasiones la pena de muerte. Así por la tremenda.
Así que ni formalmente, porque no es un poder que tenga la capacidad concedida por el pueblo para elaborar las bases éticas de las leyes, ni materialmente porque literalmente no se cree ni él el principio que dice defender, Rouco no tiene derecho a instar al gobierno de este país a hacer nada. Por mucho que religiosamente se encuentren supuestamente en su cercanía.
Pero, claro, la primera división de poderes que no se cree Rouco Varela es la división entre Iglesia y Estado -algo que, por cierto, también figura en Sobre el espíritu de las leyes-. Y por eso creo que le hace falta ese título en su biblioteca.
Y pasado ese inicial momento en el que el desconocimiento de la obra del barón francés le induce al error, Rouco cae en otra profunda sima que de nuevo me hace mirar a su colección de lecturas y descubrir un profundo hueco en la misma.
“La vida es un bien sagrado que el ser humano recibe de Dios. (...) Ninguna instancia humana puede disponer de la vida de un ser humano inocente”.
Aquí se columpia hasta salir disparado del columpio y estrellarse de bruces contra el hueco en el que debería lucir el segundo ISBN recomendado por este humilde bloguero.
Se trata de una obra de un mediocre músico, pobre escritor y gran filósofo de origen suizo llamado Jean Jacques Rousseau que escribió algo llamado El contrato social.
Porque el ideólogo de la Revolución Francesa escribió: "es ese contrato el que permite determinar las normas éticas y de comportamiento que los que lo suscriben están dispuestos a cumplir y les serán exigidas a partir de ese momento".
Puede que la omisión de esa lectura le haya inducido al bueno de monseñor Rouco Varela a caer en el error de creer que lo que determina quién tiene y quién no tiene derecho a la vida sean los deseos de su dios -los que él dice ahora que tiene. Porque hasta, más o menos, el siglo XVIII a su dios se la traía completamente al pairo el aborto, porque el alma del niño era depositada en él en el momento del nacimiento, sino del bautismo, con lo cual lo anterior no contaba-.
Pero de nuevo el cardenal ignora o finge ignorar que su dios no ha firmado contrato social alguno con la sociedad española y por tanto no es el que tiene que dirimir ese problema ético y no se le puede utilizar como argumento para que el gobierno, por muy del PP que sea, adopte decisión alguna sobre el aborto.
Y no se me malinterprete.
Que yo crea que los argumentos son erróneos, que la iglesia no tiene derecho a intentar influir con esos argumentos en la decisión de un gobierno sobre cosa alguna, que yo esté seguro que los pilares en los que se basa nuestra sociedad hacen que ningún dios ni sus supuestos deseos deben estar presentes en las decisiones éticas que deben abordar nuestras legislaciones, no me acerca ni un ápice, ni un milímetro a la defensa del aborto en España ni en ningún otro lado del Occidente Atlántico.
Para mí, el aborto en este país es una de las formas más bellamente camufladas de irresponsabilidad que se presentan ante nuestros ojos.
En nuestro país, donde hay acceso a una miriada de métodos anticonceptivos físicos y farmacológicos y a media docena de fármacos contraconceptivos postcoitales, recurrir al aborto es una irresponsabilidad y va en contra de lo que sí hemos asumido como estado con nuestra división de poderes montesquiniana y nuestra ética como sociedad.
Va en contra de aquello de que todo derecho lleva aparejada un deber -el derecho a decir sobre tu propio cuerpo lleva aparejado el deber de hacerlo sin perjudicar a terceros- y de que nuestra libertad acaba cuando empieza la de los demás -la libertad de elegir el momento de la concepción acaba cuando empieza el derecho del concebido a mantener su propia vida-.
Y eso sí es ética emanada de los poderes que tienen derecho a generar ética legal en nuestro país.
Porque nuestro contrato social sí ha definido el derecho a la vida como un elemento ético al asumir con su firma nuestro país íntegramente La Declaración Universal de Derechos y en ella se especifica que la vida de cada individuo le pertenece solamente a él.
Así que la vida del nasciturus no pertenece a su madre, como la de la esposa no le pertenece al esposo, como la del bebé no le pertenece al padre, como la del ciudadano no le pertenece al gobierno, como la del ser humano no le pertenece a dios.
Por eso creo que el aborto es un dilema ético que nuestra sociedad debe dirimir y hacerlo cuanto antes no como un derecho individual de las mujeres –que, para mí, no lo es- sino como una definición ética de nuestro contrato social.
Una definición que deje claro de una vez por todas -y para todos los ámbitos de la vida- cuando empezamos a considerar a un humano -no juguemos a cerrar la definición, porque en el fondo sabemos que todo lo que nazca del cruce genético entre dos humanos es humano por definición, sea cual sea su estado de desarrollo- como sujeto de derechos y por tanto del derecho a la preservación de su vida.
Y eso solamente podemos hacerlo a través de la única manera en la que se firman los contratos sociales: un referendo. Aunque en ese referendo utilicemos nuestras creencias, nuestras ideas políticas o nuestros impulsos filosóficos para decidir como individuos.
Y a partir de ahí, tanto los que pensamos de una manera como los que piensan de otra, solamente tendremos dos opciones.
O asumimos el resultado del contrato social y lo suscribimos sin impedimento alguno o nos buscamos otra sociedad donde vivir que se ajuste más a nuestros juicios éticos personales.
Y en todo eso, aunque estén en contra del aborto, Rouco, su iglesia y su dios no tienen nada que decir.

Hungría exige el noble arte de quedarse a las duras

No es que esperara yo que el nuevo año empezara de una manera diferente a la que acabó el ya pretérito 2011.
No están las cosas para que se nos cambien de repente, ni estamos nosotros para cambiar nada por la bravas, de un plumazo, de un golpe en la mesa o en la calle.
Pero no redunda en beneficio de mis expectativas sociales para el año que acaba de empezar descubrir que hay ciertas derivas que se nos repiten en este comienzo de año, que se nos vuelven, como sacadas de un libro de historia de esos que ya no gastamos en la primaria y apenas hojeamos en la secundaria.
Hungría se nos vuelve autoritaria, se nos torna despótica, se nos recuerda nazi.
Y, aunque podamos echarle la culpa al gobierno magiar, que ha decidido, impulsado y votado una reforma de su Constitución para dejarla sin contenido, sin fuerza y sin posibilidad de controlar a nadie; aunque podamos cargar la responsabilidad de ese giro sobre los hombros y los hombres de los partidos de ultraderecha, que tremolan sin pudor la esvástica en las plazas y los bares de los pueblos en los que gobiernan, después de haberse hecho con ellos en unas elecciones municipales que les auparon al segundo puesto en el ranking de fuerzas políticas de la nación húngara, no podemos eludir el hecho de que la culpa, como en casi todo últimamente, es toda nuestra.
Los imperios en decadencia suelen ser lo principales artífices de su propia destrucción.
Los es porque Merkel, la canciller matriarcal de impulso aparentemente infinito, a la que siguen, cual corte procelosa y devota, todos los magnates políticos del viejo continente, ha olvidado en su lista de deberes, en su colección de aprendizajes dar unas pequeñas clases de lo que sólo podía definirse como el noble arte de quedarse a las duras.
Hungría se nos va, se nos hace otra cosa, porque la hemos dejado sola. Así de sencillo, así de irresponsable. Así de habitualmente nuestro.
Alemania, y Merkel con ella, llamó a filas a Hungría, Rumanía, Bulgaria y todos los estados que regaban la Europa del este con las sangres y las aguas del extinto Pacto de Varsovia en lo militar y en lo político.
Los llamó porque los necesitaba, porque su manufacturas, sus rígidas y fiables creaciones de acero alemán, se pudrían en sus almacenes, se convertían en una carga tan pesada que no podían centrarse en la supervivencia que les exigía el reflotamiento de la antigua Alemania del Este, la asimilación de la depauperada economía que el muro de Berlín les había descubierto en su caída en tres quintas partes de Alemania.
Y los magiares y todos los demás respondieron. Respondieron como hicieron hace siglos los reinos de Bohemia, Eslavia y Hungría cuando el emperador de Alemania les convocó a la Santa Alianza; como hace un par de siglos respondieron los Reinos de Bulgaria, Rumanía, Bohemia y Hungría a otro canciller , Metternich, cuando les pidió, les exigió y les suplicó acudir en ayuda de Austria y Alemania para mantener unido el imperio; como cuando otro canciller -en Alemania los cancilleres les crecen por doquier- en este caso de hierro, Otto Von Bismark, les convocó a la guerra, a una guerra europea, a una guerra mundial, y acudieron sin pestañear, respondiendo a sus seculares alianzas a sus inquebrantables lealtades.
Como acudieron cuando la gran Alemania les pidió la anexión, les impuso las formas y los fondos de un nuevo estado que iba a ser el resultado definitivo de la superioridad teutona, allá en los años cuarenta del nazismo en Europa.
Cuando Alemania llama los reinos del este siempre tienen la tendencia a acudir.
Y esta vez se les llamó a una Unión Europea y ellos acudieron. Hicieron los deberes que se les exigieron mucho mejor que los socios fundadores. Aceptaron esfuerzos que nosotros aún estamos discutiendo, asumieron ajustes que nosotros nunca nos propusimos a nosotros mismos para forjar Europa.
Así que entraron y Alemania pudo por fin vaciar sus almacenes, llenar sus cadenas de montaje, colocar sus productos. Pudo poner en marcha un mercado que la beneficiaba, que la daba el dinero suficiente para poner en marcha la parte de su tierra que cincuenta años de comunismo desolado y desolador habían conducido a la más paupérrima de las situaciones.
Y todo funcionó y todos éramos europeos y todos éramos demócratas y todos éramos lo que suponía que era políticamente correcto ser.
Pero eso eran las vacas gordas. Eso eran las maduras.
Todos teníamos lo que queríamos. Ellos eran europeos de pleno derecho, Alemania tenía sus mercados abiertos y ansiosos de sus productos. Y nosotros teníamos hombres fuertes en las obras a la intemperie y las puertas de las discotecas y mujeres diligentes limpiando nuestras casas, cuidando nuestros hijos y llenando nuestros prostíbulos.
El epítome de una sociedad perfecta.
Pero ahora, cuando nuestros incontrolados mercados, nuestros patéticamente egoístas inversores, nos imponen una nueva dictadura, nos arrojan a nuestras necesidades; cuando Alemania ya no les puede mirar como mercados ni les puede utilizar como socios es cuando realmente demostramos lo que Hungría y los demás han sido y serán siempre para nosotros.
Es cuando nos negamos a practicar el arte, doloroso pero digno, esforzado pero necesario, de quedarnos cuanto pintan bastos, cuando llegan las duras.
Les quitamos ayudas integrales, les cerramos el grifo del dinero para las reformas estructurales, miramos a otro lado mientras la inflación generada por nuestro euro les devora las entrañas económicas, los miramos de soslayo y les ponemos trabas para moverse en nuestras depauperadas sociedades, haciendo los trabajos que hasta hace dos días ninguno de nosotros queríamos hacer.
Y Alemania hace lo mismo que ha hecho con ellos siempre.
Cuando La Santa Alianza hubo de elegir entre los protestantes y los turcos dejó a Bohemia y Hungría, que habían cumplido con creces en sangre y crueldad la exigencia de limpiar sus tierras de protestantes, calvinistas y toda suerte de herejes del cristianismo, bajo asedio del sultán otomano y se dedicó a sus luchas en Baviera y Westfalia contra los resistentes y siempre desafiantes hijos de Lutero y de Calvino.
Cuando, tras Napoleón, tras la batalla de los tres emperadores, tras el exilio en Elba y Santa Elena, los magiares y búlgaros se volvieron a Metternich para reclamar que, igual que ellos habían aportado sus caballerías y sus húsares en la guerra que amenazaba a Alemania por el oeste, ahora Alemania y Austria aportaran sus infanterías para contener a los rusos que los asediaban desde el este, el canciller prefirió dedicarse a porfiar con los ingleses y franceses y dejar la parte húngara del imperio austrohúngaro a su suerte. Algo había que sacrificar. Mejor Hungría que Alemania.
Cuando Bismark fue derrotado, Alemania no tuvo pudor alguno en sacrificarlos de nuevo, en ofrecérselos a Rusia para salvar las tierras alemanas, para minimizar sus pérdidas, no tuvo el más mínimo problema en escindirlos de su ya imposible imperio para evitar trabas, para poder lamer tranquilamente sus heridas hasta el próximo conflicto, hasta la siguiente conflagración de escala universal.
Por eso, ahora que Merkel y los suyos comienzan a hablar en bajo -y no tan bajo- de dos velocidades, de que a Europa, a la Europa que quieren y que necesitan, ya le sobran países; ahora que hablan de núcleos fuertes de supervivencia y de dejar atrás a aquellos a los que llamaron a filas cuando les interesaba, cuando parecía que todo iba a ser siempre una continua recolección de frutas jugosas y maduras que llevarnos a la boca, es lógico que Hungría se nos vuelva otra cosa. Al fin y al cabo los nazis nunca les abandonaron.
Puede que fuera simplemente porque no tuvieron tiempo, pero nunca las abandonaron. La última división del ejército nazi, formada por combatientes de las tristemente míticas SS, se rindió en Budapest, once días después de que cayera Berlín.
Pero el ramalazo autoritario y nazi fascista -hacía años que utilizaba este adjetivo- que ahora sufre Hungría y que nos despierta viejos fantasmas, la recaída en el recurso fatuo a la autarquía y la grandeza perdida que la incapacidad de Merkel para quedarse a las duras ha generado en las tierras magiares, no es algo que se le pueda achacar a ella. No es algo que se deba a la idiosincrasia alemana ni a la perversidad de pensamiento de la canciller.
Merkel no es distinta de nosotros. Es nuestro reflejo.
Puede que los trajes de chaqueta le queden bastante peor que a muchas de las que los lucen con estupenda elegancia en este Occidente Atlántico nuestro, puede que sus poderosos brazos resulten más llamativos que los que muchos de nosotros lucen en sus gimnasios de musculación, pero Ángela Merkel es exactamente igual que lo que somos nosotros. Los políticos tienen ese vicio.
Merkel y Alemania han hecho con Hungría lo mismo que nosotros hacemos todos los días en nuestras vidas cotidianas.
No sabemos quedarnos a las duras.
Creemos que tenemos ganado el derecho de retirarnos a tiempo, de minimizar pérdidas, de romper los acuerdos, de quemar puentes, de practicar estrategias de tierra quemada, de eludir las promesas cuando se tornan difíciles de cumplir. Creemos y actuamos como si nuestro egoísmo y nuestro miedo nos concedieran la potestad de abandonar a cualquiera cuando aquello que compartimos ya no nos resulta cómodo y nos exige trabajar para mantenerlo.
No tenemos la conciencia ni el impulso para aceptar lo necesario que es para la vida y para todo lo demás quedarse a las duras.
Por eso hay cientos de invitados en los bautizos y media docena de personas en los velatorios, por eso hay docenas de mesas en los banquetes de boda y sólo un par de amigos en las borracheras de divorcio, por eso hay decenas de parentela en las cenas navideñas y dos personas cansadas y repetidas en las salas de espera de los hospitales.
No sabemos estar a las duras y no queremos hacerlo. No consideramos para nosotros pasar por los tragos de otros aunque les hayamos prometido hacerlo, aunque esos tragos tengan mucho que ver con nosotros incluso aunque seamos los causantes últimos de esos amargos tragos que otros beben.
Por eso este Occidente Atlántico, que agoniza con sus propias manos aferradas a su garganta restándole el aire que necesita para respirar, colecciona más amantes que amigos, mas parientes que familiares, más rollos que parejas, más colegas que compañeros, más polvos que amores.
Porque las duras no existen para nosotros. Porque siempre que llegan encontramos la forma de recolectar las frutas maduras que hemos conseguido y denunciar el tratado, y esquivar el compromiso y cambiar las lealtades para poder seguir huyendo hacia a delante. Porque cada vez que los guardias de Herodes llaman a nuestra puerta en lugar de coger nuestro débil cayado y nuestra herrumbrosa espada cobre y enfrentarnos a ellos y a sus brillantes y afiladas armas, cogemos al niño, salimos por la puerta de atrás y huimos hasta Egipto.
Por eso hay más sindicalistas que huelguistas, más quejas en susurros que protestas a gritos, más simpatizantes que militantes, más negociaciones privadas que convenios colectivos, más limosneros que activistas, más solidarios que justicieros, más acólitos que profetas, más creyentes que misioneros, más reservistas que combatientes.
Por eso entendemos a Merkel e ignoramos a Hungría.
Por eso no sabemos lucir el noble arte de quedarse a las duras. Por eso estamos haciendo germinar las semillas de nuestra propia destrucción como seres y estares y como sociedades.
Por eso en este año que empieza Hungría se nos marcha. Porque hay cosas que no cambian y otras sólo empeoran.
Y, de momento, lo segundo estamos siendo nosotros.

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