domingo, enero 27, 2013

La Sanidad de Madrid saca al PP de su caverna platónica -pero al revés que Platón, por supuesto-.

Hay una frase de esas de canción pop, de filosofía de andar por casa disfrazada de ritmo bailable y melodía repetitiva, que reza más o menos así: "lo malo que tiene el pasado es que nunca lo puedes negar". Puede ser debatible, pero desde luego tiende a ser verdad cuando de ese pasado nos separan apenas dos días como quien dice y además documentados hasta el hartazgo en periódicos, informativos televisivos y boletines de radio.
Y es que hace dos jornadas la sanidad madrileña moría de su propio éxito, se desangraba, se venía abajo. Hace un suspiro político la única salvación de un sistema de salud público costosísimo e imposible de mantener, culpable de todos los males deficitarios de la Comunidad de Madrid era venderlo por partes, era recurrir a la gestión privada.
Los pacientes en pie de guerra y la panacea era ahorrar dando la gestión de seis hospitales y ni se sabe cuántos centros de salud a la iniciativa privada; todos los profesionales se manifestaban una y otra vez, proponían otras soluciones, presentaban otras formas de ahorro y la única solución seguía siendo para el gobierno madrileño esa gestión privada. 
Era imposible no hacerla, era necesario hacerlo, no había otra manera de "racionalizar" la Sanidad Pública.
Y ahora, apenas un pestañeo después -un pestañeo que incluye, eso sí, las revelaciones de los fichajes de Güemes y unos cuantos más, de los intereses espurios del señor de Cospedal y de muchos otros- de repente Sanidad se descuelga con una propuesta que incluye solamente la privatización de un hospital.
Un solo hospital va a salvar las finanzas públicas de la Comunidad de Madrid, con el euro por receta condenado de antemano a la paralización por la sentencia del Tribunal Constitucional sobre la misma medida en Catalunya, un solo hospital sirve para cuadrar las cuentas; con el cobro o la no atención a los inmigrantes imposibilitado por la oposición ética del colectivo sanitario a aplicar la medida, la gestión privada de un solo centro hospitalario es suficiente.
Y esa propuesta, esa posibilidad que se ofrece a un colectivo que demostrado cómo se debe pelear por los derechos de los demás con la misma fuerza que por los derechos propios -como hacen los enseñantes, como hacen los bomberos, como deberían aprender a hacer otros colectivos de casco porra y escudo-, no demuestra la capacidad negociadora del Gobierno madrileño, no demuestra su talante dialogante.
Lo único que demuestra es que son platónicos. A la inversa, pero platónicos.
¡Quién lo iba a decir de los lobistas neocon que solamente se preocupan de incluir lo público en sus cuentas de beneficios, pero son platónicos. No de los de San Valentín y el amor a distancia, no. De los de la caverna.
Porque que, de pronto, la necesidad de privatizar la gestión de toda la sanidad pública madrileña se convierta en la necesidad de privatizar un solo hospital lo único que demuestra es que esa necesidad no era real, que solamente existía en la caverna de las ideas de los políticos del Partido Popular.
Pero ellos, al contrario que el sabio de Egina, ellos están atrapados en la caverna que son sus ideas, sus apriorismos que proyectan como debería ser el mundo real y eso les imposibilita para contemplar la luminosa verdad que es empeña en mostrarles la realidad. La versión inversa de la caverna platónica con todas las letras.
Se barruntaba porque lo decían sin haber cuantificado el ahorro que supondría la medida para luego calcularlo a toda prisa e irlo incrementando en cada intervención pública, en cada declaración en cada respuesta acelerada y entrecortada a la misma pregunta, mil veces repetida y nunca contestada por completo.
Se atisbaba cuando rechazaban informes independientes -incluso de expertos estadounidenses- que afirmaban lo contrario, cuando ignoraban cálculos que incluso mostraban como se incrementaría el gasto por paciente, como se duplicarían procedimientos, como no se cubrirían necesidades sanitarias básicas para muchos colectivos.
Se sospechaba cuando fracasado, agotado y arruinado el experimento Alcira, se negaban a tenerlo en cuenta, cuando se negaban a tener en cuenta la experiencia nórdica que está renunciando a marchas forzadas a ese modelo y recuperando la gestión pública de sus centros sanitarios o cuando ignoraban la colleja que desde Alemania -su amada del momento- les propinaba Merkel, al dar por muerto y enterrado el euro por receta.
Pero que, tras meses de huelgas y manifestaciones, tras dimisiones masivas de directores de centros de salud y de personal sanitario, tras encierros de pacientes, tras protestas de todos, se avengan a privatizar un solo hospital para que todo se calme. Lo demuestra de forma definitiva.
La necesidad de esa gestión privada no es una tabla de salvación para la Sanidad Pública, no es una necesidad ineludible para cuadrar las cuentas públicas de La Comunidad, es simplemente una sombra que la caverna de sus ideas, de la que no quieren salir, proyecta sobre la auténtica realidad de la situación.
Ahora ofrecen una sola privatización y los profesionales de la Sanidad Pública madrileña se niegan a aceptar incluso eso.
Se niegan y hacen bien.
Porque ese cambio solamente demuestra que no han renunciado a su caverna ideológica, que no han aceptado la realidad de que los problemas financieros de la Comunidad de Madrid -y de otras muchas- no pasan por sus servicios públicos.
Que aún la fatua fogata de su mentalidad neocon y sobre todo de sus intereses lobistas, que alumbra tenuemente la caverna en la que residen, proyecta sobre la realidad las sombras de sus presupuestos ideológicos y de sus ganancias personales y económicas, tapando la luz de una realidad que les grita que esos problemas pasan por gastos faraónicos en carreteras radiales inoperantes, ciudades de la justicia fantasmas, en visitas pontificias, en candidaturas olímpicas imposibles, en contratas infladas para que se beneficien los amigos y familiares, en gastos promocionales desmedidos que solamente son un forma de estar en campaña electoral constante.
Solamente demuestra que no han renunciado a esas sombras. Que, como saben que son sombras, que no responden a la realidad, que no son necesarias, simplemente están dispuestos a demorarlas en el tiempo, a sacarlas de la cueva poco a poco.
Pero que seguirán intentando que esas sombras invadan la realidad hasta llevarlas al mundo real para que se cubra con toda la oscuridad que ellos quieren proyectar sobre él en su propio beneficio ideológico y sobre todo económico y personal.
Y encima todo eso está tan cerca en el tiempo, tan fresco en el recuerdo, que ni siquiera pueden intentar negarlo.

sábado, enero 26, 2013

Y Rosell pidió otra reforma para evitar el cambio

Cuando las cosas están como están, cuando hasta los más ciegos, que por ideología o por incapacidad nunca miran en la dirección correcta, son capaces de ver que lo que se suponía que iba a ser el eterno garante económico de nuestra civilización occidental atlántica hace aguas, muy por debajo ya de su línea de flotación, todo el mundo habla de reformas.
Quizás sea porque la palabra cambio les parece excesiva, quizás sea por su mente no acepta la posibilidad del error, de la confusión y prefieren reformar lo que se está cayendo a pedazos que dejar que se derrumbe, allanar el solar y construir algo nuevo con una nueva cimentación completamente distinta. Quizás sea porque en realidad no quieren cambiar nada y prefieren pensar que el sistema -en este caso el económico- se ha corrompido con el uso a reconocer que tenía fallos insuperables de origen que ellos no quisieron o no supieron ver.
Sea por lo que sea, todos hablan de reformas. Hay que reformarlo todo. Y, curiosamente en este país los que más reformas piden, los que las exigen, los que prácticamente convierten su petición en una amenaza profética de desastres, son los empresarios.
Juan Rosell, presidente de CEOE y heredero del malhadado y ya carcelario Díaz Ferrán ha vuelto a pedirlas, ha vuelto a demandarlas como un mantra eterno que siempre tiene un capítulo más, como un vía crucis inacabable que siempre tiene una nueva caída. 
Le han dado todas las reformas que ha querido. Pero siempre hay una más.
Pido la reforma laboral y se la dieron. Dos veces. De un lado y del otro del arco ideológico se la dieron. Y Rosell dice que eso solamente servirá para "ralentizar la crisis en 2013". Pírrica victoria a cambio de tanto.
El presidente de los empresarios afirma que así "podrá competirse  a nivel europeo". Pero se equivoca, como siempre se equivoca porque no sabe o no quiere mirar a donde quiere mirar. La reforma laboral solamente es un abaratamiento brutal, hasta el límite mismo de la servidumbre, de los costes de mano de obra. Pueden decir que es cualquier otra cosa, pueden decorarla con lo que quieran. Pero solamente es eso.
Y eso no sirve. La realidad dice que no sirve.
Nuestros seis millones de parados no nos sirven a nosotros, nuestra destrucción de empresas no nos sirve a nosotros pero la Reforma Laboral no sirve para competir a nivel europeo.
 Porque Alemania, la siempre ejemplar -que no tanto- Alemania tiene ahora mismo unos costes laborales que doblan o triplican los nuestros. Su salario medio es más del doble del nuestro, Por no hablar del de Reino Unido o Luxemburgo y lo detraído en impuestos tan solo es cinco puntos porcentuales más alto.
Y con unos costes salariales infinitamente menores no podemos competir económicamente con Alemania en nada. Así que reducirlos aún más no nos va a permitir competir.
Lo que nos permite es competir con China, es decir, convertirnos en el patio trasero de Europa, donde pueden llevar la producción industrial -de la que nuestras empresas carecen- para que luego vendernos sus propios productos les salga más barato y rentable.
¿Por qué entonces los empresarios españoles creen que nos hará más competitivos? Porque, por hablar mal y pronto, confunden el culo con las témporas.
Creen que mantener su nivel de beneficios es el signo de la competitividad, creen que el hecho de que ellos ganen dinero es el epítome de que su empresa es competitiva. Pero, claro no lo es. Es precisamente su margen de beneficios -tres veces superior al de los empresarios de Reino Unido, Francia o la omnipresente Alemania- uno de los motivos que dificultan esa competitividad, es precisamente su nivel de inversión a largo plazo y reinversión productiva -cinco veces por debajo del alemán y ¿estamos sentados? ¡Once veces por debajo del estadounidense!- lo que impide la competitividad en otro alto porcentaje. 
El coste salarial no puede ser factor porque estando ya muy por debajo de esos países no podemos competir con ellos salvo en el fútbol, el baloncesto y ahora el balonmano ¡Albricias!
Así que, como a Rosell y su gente siguen sin salirles las cuentas piden, exigen otra reforma y claman por la reforma financiera.
Ese fiasco que nos está costando el alma como sociedad y el cuerpo como país se pone en marcha y Rosell mantiene que "es fundamental para que el crédito vuelva a impulsar a las empresas". Y de nuevo falla el blanco por kilómetros.
Porque el nivel de endeudamiento de las empresas de este país supera con creces la media europea hasta el punto de que es considerado uno de los mayores problemas a los que se enfrenta nuestra economía por estamentos e instituciones económicas nada sospechosas de ser quintacolumnistas del peligroso proletariado.
De modo que los cientos de miles de millones de euros sacados de recortes, rescates y destrucciones públicas varias tampoco sirven de nuevo por la misma causa.
Los créditos que piden las empresas no son créditos destinados a la inversión productiva, no son créditos que se fundamenten en una planificación a largo plazo. Sirven para cubrir o amortizar deudas anteriores, sirven para construir una nueva sede megalómana e innecesaria, sirven para conseguir con el nombre de la empresa préstamos personales encubiertos para una nueva casa que lucir o un nuevo coche que enseñar. Sirven para cubrir gastos suntuarios y mantener, sin cargo a los beneficios empresariales, un nivel de vida desmedido.
Y, claro, cuando ve que esa reforma exigida, esa nueva cuenta del rosario de reformas que se exigen para no tener que cambiar, tampoco parece funcionar, Rosell pasa a la siguiente y firma, casi a gritos, que es necesaria una tercera reforma: la del sector público.
Y eso ya no es fallar el tiro. Es equivocarse completamente a la hora de seleccionar el objetivo.
El sector público español es uno de los menos inflados de Europa, es uno de los que menos incidencia tiene en su PIB y aun así... ya sabemos estamos en la cola.
Rosell y los empresarios con el piden que el sector público se privatice no para hacerlo competitivo, no para que genere rendimientos, sino para poder participar en sus beneficios.
Pero eso, aunque les beneficie a ellos, no beneficia a la economía en su conjunto. 
Se privatiza Telemadrid o cualquier otra televisión pública para que empresarios privados puedan beneficiarse de los gastos de esas empresas como proveedores pero ¿eso mejora Telemadrid?, no ¿Eso hace que Telemadrid Canal 9 o Televisión Española pueda afrontar producción propia de calidad que pueda competir con la de la BBC o la de la televisión pública francesa?, no.
Y lo mismo con la Sanidad, con la Educación, con la energía, con todo lo que se ponga por delante. Vuelven a confundir los beneficios empresariales con la competitividad empresarial, vuelven a ignorar que son sus márgenes de beneficio sin modificar, con su nulo interés en la inversión productiva, con su incapacidad absoluta para detraer recursos de sus cuentas corrientes a favor de la siempre tristemente enterrada I+D, por más se privatice el sector público eso no supondrá un beneficio para la economía española.
Y, cuando este gobierno les ha permitido que desgranaran todas las reformas exigidas y pese a todo no han funcionado, cuando les ha dado una reforma laboral que nos deja en el límite mismo del feudalismo, una reforma financiera que les permite recuperar dinero fraudulento sin cargo y sin pena y una reforma del sector público que se lo sirve en bandeja a modo de concesión real de los tiempos del librecambismo colonial, se diría que demandarían una reforma en la investigación y el desarrollo, en la potenciación de la ciencia y el avance industrial, en la prospección de nuevos sectores, de nuevas técnicas.
Pero no. De la boca de Rosell no sale una palabra al respecto -o muy pocas y por cumplir- ¿por qué? Porque eso no son beneficios empresariales. Le da igual que el Gobierno cierre centros de investigación adiestro y siniestro, reduzca o elimine las asignaciones a más de 3.000 proyectos de investigación, reduzca la cuenta a cero de la investigación universitaria.
Porque eso no son beneficios para ellos. Porque, por más que descubran, por más que inventen la máquina perfecta, ellos tendrán que pagar para comprarla, pagar para enseñar a sus empleados a usarla, pagar para adaptar la producción a esa nueva herramienta. Y pagar no está en el diccionario de aquellos que quieren obtener más beneficios sin más gastos y no ver nunca disminuir sus cuentas de beneficios actuales en aras de aumentarlas en el futuro.
Y es aquí, justo donde Rosell se calla, donde deja de reclamar nada, donde no pide una nueva reforma. Porque solamente le queda una por pedir, solamente le queda una por exigir. Y ese camino no lo quiere o no lo puede seguir.
Tendría que demandar una reforma del empresariado español. Es decir un cambio. Un cambio radical. Y para ese viaje nadie le llenaría las alforjas.
Si se quiere reformar el sistema hay que empezar por reformar a los empresarios. Por hacerles partícipes de sus empresas, no solamente de los beneficios que les generan, por romper la cultura del fraude fiscal, del dinero helvético, de la inversión mínima, del pelotazo, de la personalización de las empresas, del caciquismo formal y material, del nepotismo empresarial, de la sacralización de los beneficios..., en un solo concepto: de la irresponsabilidad empresarial.
Y muy pocos de los empresarios españoles podrían pasar la prueba del algodón en esa materia, podrían soportar una reforma en esa línea. Podrían sobrevivir al cambio.
Así que Rosell y sus chicos piden, demandas y reclaman reformas en todo para no tener que reformarse ellos.
Disfrazan con la necesidad de reformas su incapacidad para darse cuenta de que no es la macroeconomía, no son los costes laborales, no es el sistema financiero, no es el sector público lo que está destruyendo o dificultando el correcto funcionamiento del tejido empresarial español.
Son ellos mismos y su insana incapacidad para cambiar.


viernes, enero 25, 2013

Catalá y Valencia fichan a Gonzalo de Berceo como pedagogo mariano -con nuestro dinero, claro-.

Corría el año de gracia de 1237 y todo eran parabienes para un presbítero, criado den San Millán de La Cogolla, por la publicación de sus Loores, que habían dejado sin habla y arrebatados de clamor sacro a todos cuantos lo leyeron.
“Ellos esto diciendo encogiose la mar,/en muy poco instantes retornó a su lugar /quieríales don Cristo gran milagro mostrar,/ para que de su Madre tuviesen qué contar”.
Uno se podrá preguntar a qué viene este medieval y medievalista comienzo de post pero es que por más que lo he intentado no he encontrado nada que se asemeje más ni de lejos que estos versos de Gonzalo de Berceo, escritos allá cuando el milenarismo apenas estaba superado por los pelos, para encontrar una comparación más o menos pareja a lo que está haciendo la Conselleria de Educación del gobierno de la Comunitat Valenciana
Porque en el año de gracia de 1237 -aproximadamente que por entonces los calendarios variaban con la misma frecuencia que la prima de riesgo- el bueno de Gonzalo de Berceo daba una clase magistral en lo escolástico en versos pareados sobre Los Milagros de Nuestra Señora y hoy, en el año de desgracia de 2012, María José Catalá, consellera de educación del Gobierno valenciano, intenta hacer lo mismos. De hecho se ha puesto a ello.
Y no esperen una de esas comparaciones que se destilan en la esencia típicas de estas endemoniadas líneas. La cosa es absolutamente literal.
Catalá no tiene 40.000 euros para proporcionar un autobús escolar, por supuesto no tiene más allá de un par de millones de euros -fijados en su propio presupuesto- para impedir que los barracones que son muchos de los centros de enseñanza públicos se le vuelen por los aires con la microgénesis explosiva de las narices, desde Montserrat hasta Benidorm, desde El Saler hasta el innominado 107, Catalá no tiene unos miles de euros para manos de pintura, relleno de socavones o arreglo de cañerías y ni siquiera unos cientos para las facturas del gasóleo de institutos valencianos, pero si lo tiene para dar unos cursos sobre Los Milagros de Nuestra Señora.
Así como suena, sin anestesia ni nada, sin el más mínimo intento de disfrazarlos de otra cosa, sin el menor pudor a mostrar como un gobierno autonómico, emanado de los poderes de un estado aconfesional, gasta y tira el dinero en ampliar los conocimientos del profesorado y de la comunidad educativa de su región en una materia tan relevante para nuestra supervivencia presente y futura como son los Milagros de Nuestra Señora.
Y no es que Catalá entienda la aconfesionalidad de esa forma absurda que se entiende en este país que es estar con todos para que no se pueda decir que no se está con nadie. No, no es eso.
Porque uno busca ansioso un curso sobre La importancia y los Milagros de Fátima en la tradición islámica y no lo encuentra, uno busca uno sobre Sara, Miriam y las mujeres de los patriarcas del Talmud o algo sobre las novias de Siddhartha, las deidades femeninas fenicias o cualquier otra cosa por el estilo y no lo encuentra.
Así que a Catalá ya no se le ve de qué pie cojea. Es que lo mueva arrastrándolo con tan desmedido descaro que va dejando un surco en la tierra sobre el que se podría plantar un huerto- para lo que , por cierto, su consejería tampoco tiene dinero, según ellos. Para huertos escolares, se entiende-.
Para para Nuestra Señora sí.
La consejería tiene dinero suficiente para ofertar un curso de reciclaje del profesorado basado en los hechos sorprendentes atribuidos a una madre soltera de tiempos del emperador Augusto nacida y muerta en Galilea. 
Y no es una charla cualquiera de aquí te pillo aquí te mato, no. Es un curso en toda regla, que se impartirá en el Obispado de Alicante ¿por qué no me sorprende?, y se desarrollará desde el próximo 7 de febrero hasta el próximo 14 de marzo. En total, 30 horas lectivas divididas en seis sesiones.
Y, a ver, no es que vaya a sorprender a está alturas que esta émula del ínclito ministro Wert en tierras valenciana haga algo de eso. Acaba de donar miles de millones en suelo y exenciones de impuestos a las llamadas por ella Escuelas de Iniciativa Social, que no son otra cosa que conciertos con entidades religiosas -algo que ya hiciera allá en sus años de acólita, ¡Uy perdón!, de juventud, cuando era alcaldesa de Torrent- y otras lindezas por el estilo que solamente favorecen a quien está vinculada, o sea el Opus Dei.
Lo que indigna es el tempo, la forma, el modo y la circunstancia en la que eso sucede.
Si las ruinosas inversiones del Gobierno de Valencia hubieran resultado rentables, si el circuito y el Gran Premio de Fórmula 1 hubiera llenado las arcas autonómicas, si las tasas del Aeropuerto de Alicante hubieran engordado el erario público, si los fastos papales, las copas de vela y las inversiones en los equipos de fútbol hubieran hecho rica a Valencia y a su tesoro autonómico, sería criticable que Catalá despilfarrara el dinero en un curso baldío e inútil desde todos los puntos de vista, que nada tiene que ver con el reciclaje y la mejora del profesorado en su ejercicio docente y cuestionable hasta desde el punto de vista teológico -hay que recordar que la adoración y devoción a la madre de su mesías ha estado siempre al borde de la idolatría en la mente teológica y los pasillos de Roma-.
Pero con la educación pública recortada y arrasada, con madres desnudándose para lograr un autobús, con padres encerrándose para lograr un colegio digno, con la FAPA  valenciana en pie de guerra, viendo como no pueden apagar todos los fuegos que enciende el bombardeo sistemático a la línea de flotación de la Enseñanza Pública al que somete la desidia y el recorte de su Conselleria, que les destine un solo euro, aunque sean solamente los gastos que precisa para anunciarlos -que es mucho más, seguro-, a los milagros de María, la Galilea no es solo criticable, es un insulto medido y desmedido. Es una prevaricación en toda regla.
Porque ella sabe que una entidad pública no puede sufragar algo de tan marcado contenido religioso que se explicita diciendo que en las clases se "presentarán los elementos que configuran la presencia del cristianismo" al tiempo que se "reflexionará sobre la validez del mensaje de Jesucristo en nuestro tiempo" y hay sentencias judiciales que lo afirman por activa y por pasiva.
Porque ella sabe que los cursos dados por las comunidades autónomas deben aportar contenidos finalistas, que en este caso son la capacitación de los profesores, y la vida mariana no capacita a los profesores para nada -salvo para aguantar con resignación cristiana toda la impotencia y la falta de recursos que ella misma les obliga a asumir-. Y los dictámenes judiciales sobre casos de cursos corruptos en las comunidades de Madrid o Galicia -incluso alguno que otro en Euskadi- así lo afirman.
Y sobre todo porque María José Catalá, que no debe ser tonta para poder haber medrado dentro de la Obra de Balagué sobre La Tierra, que no es ciegue, pese a que deje que su lobbismo religioso la haga apartar la vista de la realidad, sabe que su obligación como consejera, la obligación que juró al jurar su cargo es para con la enseñanza pública, no para con otra cosa, que el dinero del que dispone es para la Enseñanza pública no para conseguir que los profesores de colegio e instituto sientan devoción mariana, que su cargo está al servicio del Estado, de lo público y de los ciudadanos. No de la Ciudad de Dios, de lo religioso y de los feligreses.
Y por si la ciencia, la filosofía y la teoría política laica no le deja eso claro, Catalá también sabe de otras fuentes.
No se puede servir a dos amos. Y no era precisamente laico y a ateo quien lo dijo.
Si estás en el gobierno, tus amos son los ciudadanos y debes servirlos a ellos. De igual quien te adoctrinara, quien te encumbrara, quien te cubra las vergüenzas y te diga que te ha perdonado los pecados, quién finja garantizarte la salvación.
Si quieres seguir al otro amo, lo tienes muy fácil. Coge tu cruz y síguele. Creo que eso fue lo que te exigió, María José. Pero síguele tú sola, no nos lleves a nosotros.
Pero María José Catalá no pretende servir a dos amos, pretende que sus dos amos la sirvan a ella, porque en realidad, cumple a pie juntillas la máxima del dueño único.
Catalá parece servir a dos, al estado y al Opus Dei, pero solamente sirve a uno que no es ninguno de esos dos, ni por supuesto ese dios que tanto tiene en la boca, en la peineta y supuestamente en la mente.
Catalá usa a dios, al Opus y al estado para servir a su dinero, solamente a su dinero, a su único dios, a su único gobernante, a su único dueño.
Y por eso se atreve a malgastar el nuestro resucitando la pedagogía mariana del bueno de  Gonzalo de Berceo.

jueves, enero 24, 2013

Si me llamara María y hubiera muerto hoy

Si yo creyera en Dios, me llamara María y hubiera muerto hoy. Tendría mucho miedo
Sería un miedo infinito, acongojante. Un miedo que me haría aferrarme a mí misma y a mis falsas verdades.
Un miedo a que, después de tantos años destruyendo en la cuna los vínculos fraternos, apartando a hermanos de su sangre y a hermanas de sus pobres linajes, ya nadie considerara ni justo ni oportuno el título perdido y hasta casi insultante de "hermana" que me otorgan algunos.
Si yo creyera en Dios, me llamara María y hubiera muerto hoy, dejaría la vida con un pánico atroz. Un pánico desmedido, eterno e infinito, que me haría retrasar la partida, demorarme en el limbo, convertirme en fantasma.
Un pánico cerval a que, tras décadas de separar  a vientres de sus frutos, a niños de sus vidas, a madres y vástagos naturales de su futuro juntos, alguien considerara que no merezco, ni me he ganado nunca ese nombre de "madre" que llevo antes del mío.
Si yo creyera en dios, me llamara María y hubiera muerto hoy, pasaría la línea con un rezo en los labios. Y Rezaría a los hados, a los dioses paganos, a deidades y mitos, a ídolos y tótems, porque Dios fuera ciego o al menos no me viera.
Porque, después de tantos lustros de interpretar en falso su muda voluntad para hacer solamente la mía, de buscar en secretas confesiones y falsas absoluciones el ocultar de mi propia cabeza, de mi alma y mi vida todo el mal que siempre supe que había hecho a muchos y que seguía haciendo, no sabría si mis ojos, que fueron ciegos al dolor de las madres, a la desazón de los padres, a la indefensión de los hijos y de las hijas, podrían soportarle la mirada si se fijara en mí.
Si yo creyera en Dios, me llamara María y hubiera muerto hoy, lo habría hecho con los labios firmemente apretados, implorando a quien fuera que, por mi propio bien, dios se hubiera vuelto mudo a al menos no me hablara.
Porque, después de toda una vida destruyendo la de otros, negando las respuestas, mintiendo las verdades, cambiando los futuros, generando dolores, ignorando plegarias de madres y de hijos, de padres de hijas, no sabría qué hacer si Dios me hiciera a mi solamente una simple pregunta: ¿por qué?
Si yo creyera en Dios, me llamara María y hubiera muerto hoy, entraría en la muerte con la cabeza gacha y los labios cerrados en una plegaria muda y desesperada que clamaría al cielo para que dios hubiera abandonado la existencia u otros como yo ya le hubieran matado.
Con los labios cerrados y apretados porque, después de una existencia entera escudando mis odios en palabras nunca dichas por él, mis mezquindades en sus falsos deseos inventados por mí, y mis crueles delitos en el recurso a su inflexible y revelada voluntad, no podría responder ni una sola palabra cuando él me dijera que él nunca me pidió que apartara a niños de sus madres, a nacidos de sus historias, a las personas de sus linajes y de sus futuros.
Y con la cabeza gacha, eternamente gacha. Con la cara escondida y oculta para siempre para evitar que, si alzaba la vista y miraba de frente, Dios me escupiera en el rostro su eterna repugnancia.
Aunque no creo en él, sé que ese no es ni ha sido nunca el dios de los cristianos. 
Pero ojala existiera, solamente por hoy.
Ojala existiera y fuera a quien encontrara nuestra "hermana" María, la ladrona de niños.

Negros, Sinova y la libertad de Agitpro de Telemadrid

Por fin lo han conseguido. No puede decirse que lo hubieran conseguido ya, pero ahora nadie lo dirá, nadie lo denunciará, nadie lo criticará. El menos de puertas para dentro.
El primer informativo, así es como lo llaman pero en realidad ellos y todos saben que deberían llamarlo de otra manera, de la nueva era de Telemadrid, esa Telemadrid que siempre quisieron los políticos que la instrumentalizaron, la hicieron inviable y ahora la han hecho mutar en un canal propagandístico digno de los ámbitos más recónditos de YouTube, lo demuestra. Por fin Telemadrid ha dejado de ser un canal de televisión y ha empezado a ser otra cosa. A ser lo que aquellos que la han derruido siempre quisieron que fuera.
Puede que el momento manipulativo del final de es informativo nos haga torcer el gesto a los que sabemos un poco de estas cosas, puede que ni siquiera nos merezca la pena contestarlo y solamente nos haga torcer el gesto en un intento de recordar aquello que nos metieron parcial tras parcial en el cerebro en las Facultades de Ciencias de La Información. Pero para todos los demás, para las audiencias, para los que aún puedan ver o creer Telemadrid merece una explicación.
Aprovechar la despedida del informativo para decir que un mes de emisión en negro ha enfrentado dos derechos fundamentales, el de huelga y el de información, es el mejor ejemplo que puedan dar los irresponsables responsables de Telemadrid de porque les hacía falta despedir a casi un millar de profesionales.
Porque saben que eso es una falacia circular, un argumento falso que de vueltas sobre sí mismo sin llegar a ningún lado. En Resumen, porque saben que es mentira.
Y recurrir a dos profesores universitarios de la cuerda para aportar supuestos argumentos de autoridad, para acusar a los sindicatos de "secuestrar" la libertad de información de las audiencias, para defender que la pantalla en negro de Telemadrid es un "atentado" contra el derecho a la información es tan absurdo como acusar a un iceberg de atentar contra la libertad de navegación del Titanic.
Porque ambos deberían saberse de memoria -o por lo menos tener localizado algún texto con la referencia- estas líneas. Vamos, el famoso artículo 20 de la Constitución

1. Se reconocen y protegen los derechos:
 a.  A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción.

Y el señor Justino Sinova es profesor universitario -o al menos lo fue- de Ciencias de la Información y sabe o debería saber que ese derecho no ha sido conculcado, puesto en riesgo ni secuestrado por la huelga de Telemadrid. Sabe que la pantalla en negro no ha impedido a ningún ciudadano español expresar ni difundir libremente sus ideas ni pensamientos ni opiniones.
Sabe que si alguien desde el momento de su creación e instrumentalización ha "secuestrado" ese derecho en Telemadrid han sido los verdugos de la misma. Los que han limitado o negado a colectivos enteros durante años la posibilidad de expresar en ese medio de comunicación pública su disensión, su descontento, su queja. 
Los que han desequilibrado la información ofreciendo solamente una parte de la visión política de España, negando la capacidad de respuesta a aquellos contra los que cargaban en sus programas, cerrando las puertas a aquellos que querían exponer una visión de España, de Madrid y del mundo distinta de la que ellos habían decidido difundir para sus intereses 
Y Justino Sinova lo sabe. Lo sabe tan bien que ni siquiera se atreve a enunciar el texto del artículo.
Y pasando por alto el derecho a la creación artística y a la libertad de cátedra, que nada tienen que ver con esto, llegamos al meollo del texto legal.

d. A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión. La Ley regulará el derecho a la cláusula de conciencia y al secreto profesional en el ejercicio de estas libertades.

¿De verdad quieren hacernos creer que la huelga de Telemadrid, que la reivindicación laboral de 890 trabajadores ha puesto esto en riesgo?, ¿de verdad quieren hacer colar a la audiencia que la defensa de un modelo y de una visión profesional y plural de los medios públicos ha atentado contra su derecho a estar informados?
Puede que la media de edad de su target de audiencia o del electorado base del PP en Madrid conduzca al error a los ya de por sí errados comisarios ideológicos de Telemadrid pero, ¿de verdad creen que la población española desconoce la existencia del mando a distancia?
Aún en el hipotético caso de que esa pantalla en negro conculcara ese derecho -cosa que por otra parte, es curioso, no ha dicho ni mantenido juez ni tribunal alguno-, ese secuestro, esa terrible agresión contra la ciudadanía habría durado exactamente 1,4 segundos.
Eso es lo que calculan los expertos de la Universidad de Michigan -que deben aburrirse mucho o tener mucho dinero de subvenciones que gastar en estudios comunicativos- que tarda un espectador en posesión de un mando a distancia en reaccionar a la observación de una pantalla de televisión en negro.
Y el señor Leopoldo Abad, desde su puesto de profesor de Derecho de la Información lo sabe.
La pantalla en negro de Telemadrid ha hecho más por la calidad de la información en este país que cualquiera de las ediciones de Telenoticias desde que Esperanza Aguirre la convirtió en su continuo y cansino megáfono electoral.
Ha permitido ciudadanos informados porque les ha obligado a irse a cualquier otro medio de comunicación -que seguían emitiendo, aunque Sinova y Abad decidan obviarlo- para enterarse de lo que estaba pasando, porque les ha hecho conocer lo ocurría sin el sesgo político que Telemadrid imponía e impone -a las pruebas hay que remitirse- a toda la información sobre este asunto.
Y que Sinova diga que el hecho de que un medio de comunicación deje de emitir es "un atentado contra la libertad de información" ya ni siquiera es manipulación, ni siquiera es sesgo político. Es directamente demagogia.
La información en este país ha seguido, los medios escritos y audiovisuales han seguido, las audiencias de Telemadrid tenían múltiples fuentes para enterarse de esa noticia en concreto y de cualquier otra. La huelga no les ha privado de eso.
Y Abad lo sabe y sabe que es absurdo defenderlo. Como sería absurdo defender que el hecho de que AXN o Disney Channel no emitan informativos atenta contra la libertad de información de los ciudadanos. Porque los ciudadanos no tienen el derecho de decir "yo quiero informarme en esta cadena en concreto y por tanto esa cadena tiene que emitir informativos". Los cuidadanos solo tenemos -que no es poco- el derecho al acceso a la información y mientras  haya múltiples cadenas televisivas, radios y periódicos eso está garantizado. 
El derecho a informarse en Telemadrid y únicamente en Telemadrid no existe. No existe porque existe el mando a distancia.
Y además la huelga no ha cerrado un medio de comunicación. La huelga no ha cerrado la emisión de Telemadrid. Telemadrid seguía emitiendo. Emitía en negro pero seguía emitiendo.
Ningún poder público ha cerrado por decreto, orden o sentencia Telemadrid. Si los gestores de Telemadrid hubieran querido emitir documentales o informativos antiguos o series enlatadas o la imagen fija de La Ciudad de La Imagen podrían haberlo emitido y la huelga no se lo hubiera impedido. Si hubieran querido contratar los servicios de EFE televisión y emitir sus boletines lo podrían haber hecho
Con cuatro cadenas privadas nacionales, otras tantas públicas estatales, un sinfín de cadenas de TDT y ni se sabe cuántas autonómicas y locales, el derecho a la información de los ciudadanos nunca ha estado en peligro. Nunca se ha ido a negro.
El único derecho que se ha visto cercenado es el que ellos creen tener de hacer propaganda política desde un medio público, es el de utilizar la cadena para su refuerzo electoral, es el de manipular la realidad, sesgar la información y alterar la percepción de las masas en aras de mantener una fluida, constante y masiva afluencia de sufragios a sus castos electorales.
Y, claro, ese derecho no está recogido en ningún recoveco del articulado constitucional español. Y tanto Sinova como Abad lo saben. Puede que ahora lo callen, pero lo saben. A mí me lo enseñó uno de ellos.
Solo hay algo con lo que se puede estar de acuerdo de ese memorable momento televisivo. El mes de emisiones en negro de Telemadrid es un hecho insólito en la historia de la televisión en España.
Y lo es porque en los 37 años que llevamos de democracia nadie había convertido de una forma tan descarada un canal televisivo público en una herramienta de Agitpro, la Agitación y Propaganda al más puro estilo del viejo Nikita Kruchev en sus mejores tiempos.
Así que los que se han quedado al frente de Telemadrid y los que dan la cara por ellos en esos falsos informativos reiniciados ahora están de suerte. Por fin han conseguido lo que querían. Por fin pueden volver a emitir sus espacios propagandísticos y disfrazarlos de información.
Por fin pueden hacer piezas como la que cerró el primer informativo de la era de Agitpro iniciada en Telemadrid sin que nadie saque una nota sindical o una carta firmada por los profesionales de la información haciendo público que eso es mentira. ¡Enhorabuena!
Aunque claro, después de un mes de emisión en negro, después de un mes en el que las audiencias se han podido informar en otros medios de lo que pasa de verdad en Telemadrid, ejerciendo sin restricciones su libertad de información, accediendo a la realidad sin la censura previa de contenidos que imponen el mando político de Telemadrid desde hace años– y que, curiosamente, está prohibida en el punto 2 del mismo artículo, aunque tanto Sinova como Abad se olviden de mencionarlo- a lo mejor ya no es tan fácil colar la propaganda. Aunque se recurra Sinova y a Abad para intentarlo.
Y eso duele. A los que solamente quieren hacer propaganda les duele, a los que solamente quieren medrar manteniéndose a rebufo del cargo político que ejerce de comisario ideológico les duele.
A lo mejor, después del negro que ha acabado con 890 trabajadores en la calle, los que miren Telemadrid la verán con otros ojos. 

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