domingo, noviembre 30, 2014

La estrategia del falso desmontaje (I. Economía)

Aún no he decidido a quién voy a votar en las próximas elecciones.
Los digo para que conste. Para que nadie pretenda definirme por la formación a la que voto o dejo de votar. Lo dejo por escrito para que nadie pueda eludir la reflexión anticipando en mi un voto que yo todavía desconozco.
Para ser más claro: No sé si voy a votar a Podemos, al PSOE, a UPyD, a Equo, a CiU, a PP o cualquier otro partido en las próximas elecciones Generales. Y no lo sé porque solo conozco una parte del programa económico y social de una de las formaciones (Podemos) y las pinceladas más básicas del programa social de otro (PSOE). No voy a decidir mi voto antes de conocer lo que pretenden hacer con mi sociedad y mi país aquellos que aspiran a gobernarnos. 
Eso no se hace, no es serio ¿o sí?
Pues bien, dicho esto, voy a decir lo que me parece el pretendido desmontaje de Podemos que formaciones políticas y medios de comunicación están haciendo.
Porque eso no es defender Podemos, no es pedir el voto para la formación de Pablo Iglesias, es simplemente denunciar uno de los vicios más repugnantes a los que se han lanzado nuestros gobernantes, sus portavoces, sus voceros y sus medios de comunicación y propaganda.
Es el ejercicio de influencia torticera más artero desde el escándalo Dreyffus, desde, literalmente, el incendio de Reichstag.
Y voy a empezar por la Economía. Que parece que todo empieza siempre por la economía.
Se fuerza a Podemos a través de la presión mediática a presentar un programa económico y Podemos lo presenta. 
Quizás sea un error por su parte porque nadie tiene derecho a forzarle los ritmos a una formación política. Se tira de la típica frase que utilizan los medios cuando quieren justificar una insistencia injustificada: "la gente tiene derecho a saber".
Puede que sea cierto. Pero si llega el día de las Elecciones Generales y la gente -y me pienso como ejemplo de gente en este caso- no ve cumplimentado ese derecho porque Podemos no ha presentado su programa económico, sencillamente no le votará. O al menos eso debería hacer.
Pero, sea como sea, Podemos presenta su programa económico. Puede ser débil o fuerte, complejo o sencillo, básico o rebuscado. Puede ser lo que sea. En realidad no importa. Lo que importa es la actitud de los partidos políticos con respecto a él.
Los que antes de presentarlo, acusaban al nuevo partido de no ser concreto ahora le acusan de ser radical pese a que ellos comienzan a lanzar pinceladas del propio que son absolutamente idénticas a las de la formación de nuevo cuño: Banca pública, aumento de las rentas básicas, control de la contribución impositiva de las grandes empresas, aumento de la carga fiscal sobre las grandes fortunas.
Los que antes le acusaban de estatalista y casi totalitario ahora le echan en cara que se ha colocado en la realidad, que han descendido más a ella y que se han vuelto "social demócratas" -ignorando el hecho de que la formación nunca ha dicho que no lo fuera-.
¿Cual es el vicio, cual es la influencia artera que pretenden ejercer sobre las audiencias, los públicos, los lectores y los votantes? 
Pues muy simple: nada de lo que hace Podemos vale o puede valer. Nada de lo que dice o argumenta su programa económico puede servir.
Parémonos a pensar. 
Los que antes de que existiera ese documento criticaban la falta de concreción ahora deberían estar contentos porque se ha concretado; los que antes acusaban a Podemos de utopía económica ahora deberían estar contentos porque haya puesto los pies en la tierra y haya matizado medidas irrealizables; los que se quejaban de que era una economía estatalista y totalitaria, deberían sentirse satisfechos de que ahora hubieran "introducido" la social democracia en sus conceptos.
Pero no. Aquello que, antes de la existencia del programa económico de Podemos, era deseable se transforma repentinamente en nuevo motivo de crítica. Lo que antes parecía que se buscaba ahora se rechaza. Donde dije digo, digo Diego.
Se crea un círculo del que es imposible salir porque se haga lo que se haga se criticará, porque los detractores cambiaran todas las veces que se quiera de posición ideológica, formal y material, con tal de mantenerse en la furibunda crítica a Podemos.
La forma típica de hacer política en España y prácticamente en todo el Occidente Atlántico, vamos.
Y luego está la otra trampa, la estrategia comunicativa que se basa en las sesudas reflexiones económicas que los medios de uno y otro sesgo político. 
Más allá de que se haga analizar a la formación a catedráticos que mantienen un resquemor personal contra Iglesias y sus colaboradores desde el albor de los tiempos, la conclusión final de todos los análisis parece ser que ese programa "nos conduce al abismo", "solo consigue igualarnos en la pobreza".
A lo mejor podría ser verdad. Pero esa trampa argumentativa más zafia desde la invención en los albores de la filosofía del falso silogismo. De hecho, se me antoja un falso silogismo en estado puro.
Altera la premisa de nuestra realidad económica para lograr la apariencia de desastre que quieren dar a nuestro futuro con Podemos en el horizonte.
El programa de Podemos no puede conducirnos al abismo porque ya estamos en el abismo económico. Si dijeran que "nos mantendrá en el abismo" podrían tener razón. Pero eso sería reconocer que ellos nos han conducido a es abismo.
Ya han tenido que rescatar a nuestra banca, ya la deuda se come prácticamente todo nuestro PIB, ya somos incapaces de generar empleo, ya somos incapaces de cumplir nuestros propios objetivos de Déficit, ya estamos sufriendo una destrucción rampante del tejido empresarial del país, ya tenemos un millón de familias sin recursos, dos millones de niños subsistiendo bajo el umbral de la pobreza...
Ya estamos en el abismo. Podemos y su programa económico no puede conducirnos a donde ya estamos.
Lo de la "igualdad en la pobreza" casi provocaría risa si no diera asco. El actual gobierno -corrigiendo y aumentando el camino que inició el anterior- es lo que está haciendo. Han puesto en marcha una reforma laboral que pretende lograr la creación de empleo a fuerza de precarizarlo, a fuerza de dividir lo que ahora es un solo salario entre varios puestos de trabajo, de convertirnos en mano de obra más barata para que las multinacionales y transnacionales vean en nuestro territorio un destino de asentamiento tan atractivo como China, Bangladesh o India.
Han decidido que la forma de que todos tengamos trabajo es que todos seamos más pobres, todos vivamos al día, todos seamos incapaces de proyectarnos más allá de nuestros 700 euros mensuales de salario. 
En todo caso la crítica al programa económico de Podemos tendría que ser que "no nos sacará del camino de igualar en la pobreza" que los actuales y pretéritos gobiernos han comenzado.
Así que, tal y como yo lo veo, el desmontaje económico de Podemos no va en realidad de Podemos. Lo único que consigue es demostrar cómo son y cómo actúan los que hasta ahora se han distribuido el gobierno de este país.
Y hay más...
Pero por si acaso lo repetiré antes de continuar en otro post: Aún no he decidido a quién votar en las próximas Elecciones Generales.

sábado, noviembre 29, 2014

Un niño cantaor y la sociedad que nos puede salvar

Un niño canta por bulerías, o por lo que Rosario Flores considera bulerías, para ser exacto.
Y eso no pasa de ser una anécdota, uno de esos múltiples vídeos que pueblan el contenedor virtual que nunca tiene fin. 
Podría no ser más que eso. Pero cuando te fijas, cuando haces ese ejercicio que tanto eludimos de ascender -que no descender- a los detalles de las cosas y de las situaciones- te das cuenta que es otra cosa, que es la misma esencia de la sociedad que buscas.
Porque ese niño tiene problemas neurológicos severos, porque ese niño por sí solo no es que no pueda cantar a Rosario Flores -casi mejor que ella misma, por cierto-, es que simplemente no puede mantenerse vivo.
Porque el joven cantaor está cantando cuando él solo nunca lo habría conseguido y cada nota, cada sonrisa que le arranca cada nota, está teñida del esfuerzo de sus padres, cada acorde que completa con su voz esta impregnado del trabajo de sus médicos, cada nota que aflora en su garganta está arrancada de la dedicación de sus educadores.
Y cuando ves el entorno de esa espontánea actuación, cuando te fijas en la modestia de la vivienda es cuando te das cuenta de lo que convierte esa canción en algo más que un vídeo de Youtube.
Comprendes que todo eso está conseguido con inversión, trabajo y dinero público. Y es cuando te das cuenta para qué sirve, para que debe servir la inclusión, te das cuenta de lo que supone verdaderamente esa tan trabajada y empleada frase de "riesgo de exclusión".
Te das cuenta del insulto que supone para nuestra dignidad que un gobierno que se mantiene donde está gracias a nuestros sufragios decida excluir de las inversiones públicas a los que "solamente" podrán después de mucho esfuerzo propio y de otros, con mucho gasto del dinero de todos, podrán llegar a cantar a Rosario Flores mejor que Rosario Flores.
Y comprendes que no has equivocado. Que la sociedad que quieres y por la que en la medida de lo posible trabajas es la adecuada.
Porque cada euro de dinero público que, según los que quieren llevarnos a otro modelo de sociedad, se desperdicia en un do sostenido de ese niño está mejor empleado que cualquiera que se emplee en excluir a los que tienen problemas de aprendizaje para convertirlo en siervos cuasi mecánicos que sobrevivan en los márgenes del sistema neo feudal que han diseñado con un sueldo miserable de 600 euros.
Porque cada partida presupuestaria que se emplee en que ese niño siga avanzando por lento que sea su ritmo y aunque nunca pueda incorporarse al mercado laboral, está mejor empleado que cualquier millón que se ahorre para otros fines dejando en la más absoluta exclusión a aquellos que no pueden avanzar al mismo ritmo que los demás, que no pueden llegar por si solos a la meta, aunque sea en último lugar.
Con el último sostenido de esa canción comprendes que este cantaor es uno de los seres más productivos de este país. Produce orgullo, emoción, alegría a sus familiares, satisfacción a sus educadores y se convierte en alguien feliz.
Y puede que la felicidad no ayude a rebajar el techo de deuda, a contener el déficit ni a incrementar el consumo. Puede que no pueda exportarse ni convertirse en productos que generen dividendos a los accionistas de las empresas que luego buscarán la mejor forma de no compartir esos beneficios con sus trabajadores y de eludir sus cargas impositivas.
Es con el último rasgar de guitarra cuando te das cuenta de que para eso quieres y siempre has querido al Estado. Para construir una sociedad de gente ayudando a gente que utiliza a las administraciones como mediador necesario para lograr que todo el mundo encuentre un lugar para su felicidad por pequeño que este sea y por mucho que cueste.
Un niño con problemas neurológicos cantando a Rosario Flores. Hermoso, demoledoramente hermoso. Hermoso porque él ha conseguido hacerlo, demoledor porque hay muchos que están en riesgo de no poder ni cantar una canción porque nuestro gobierno ha decidido que no merece la pena que lo hagan. Que no sirve de nada
Eso es la inclusión. Eso es la Educación, Eso es lo público. Eso es el Estado. Esa es la sociedad que necesityamos. Es la única forma de vivir que nos salvará.
Y ahora salid corriendo, apartaos de mi y llamadme bolchevique si queréis.

viernes, noviembre 28, 2014

Una abstención, el PP y diez millones de huérfanos

Nuestros gobernantes dicen ser liberal capitalistas, españolistas, dicen ser cristianos y en realidad son solamente un grupo de sicarios de si mismos y sus propios intereses. Y son insoportables para su ciudadanía por lo último, no por todo lo demás.
Pues bien, ese gobierno ha decidido hacer que los representantes de nuestro país se abstengan en una votación de la Asamblea General de Las Naciones Unidas -no en una reunión de perroflautas contracultura, entendámonos- que buscaba "Combatir la glorificación del nazismo, neo-nazismo y otras prácticas que contribuyen a alimentar formas contemporáneas de racismo, discriminación racial, xenofobia e intolerancias relacionadas".
Y antes de seguir, un arranque de esos de los míos.
Ser conservador no es un delito, ser liberal en lo económico no es una tara y las dos cosas juntas no son un pecado mortal ni un delito capital.
Ser españolista puede parecer anacrónico pero no es perseguible de oficio, pensar o sentir según los valores de una determinada religión o concepción moral preconcebida del mundo y de la vida puede antojársenos inútil o pernicioso pero no puede ni debe provocar otra cosa que encendidos debates de sobremesa o sesudas tertulias de programa de política.
Y yo que no soy nada de lo que he expuesto, ni mantengo en mis posiciones ideológicas ninguno de los elementos que he enumerado, digo esto para todos aquellos que últimamente aparecen arrobándose el derecho de señalar con el dedo a cualquiera que tenga esas ideas como si estuvieran cometiendo un delito digno de castigo.
Instalados bajo una rabia social lógica y un desencanto político infinito, clamando desde los púlpitos de su progresía y de su posición contraria a un sistema económico que ha hecho quiebra definitiva y se desmorona, acusan de lo que no se puede acusar, niegan a una parte de la población de este país lo que tanto dicen defender.
El ser humano tiene derecho a ser liberal capitalista, conservador, españolista o democrata cristiano. Punto. Pelota. No estoy dispuesto a discutir eso
¡A ver si vamos a terminar cambiando los Autos de Fe por los Juicios de Depuración!
Superado el arranque de dogmatismo chulesco, vuelvo a mi ser. Se me antoja una reflexión algo más moderada sobre la última reducción al absurdo de nuestros gobernantes.
Que el gobierno del Partido Popular obligue a los representantes de nuestro país a abstenerse en la condena de la glorificación del nazismo o cualquier otro ideario político que fomente el racismo y la xenofobia a nosotros, los que no les hemos votado, los que no tenemos ni de lejos sus presupuestos ideológicos y morales nos deja o nos debe dejar fríos.
Pero esa decisión deja o debe dejar huérfanos de ideología definitivamente a diez millones de españoles.
Y me parece que ese el principal problema ideológico que está afrontando este país y que quizás, subsumido en otros muchos -que problemas no nos faltan ahora precisamente-, está pasando desapercibido.
Creo que es un hecho que la corrupción política ha dejado a los ciudadanos sin referentes ideológicos entre los partidos políticos convencionales porque se han dado cuenta que actúan por intereses propios y privados. Pero los votantes de lo que se denomina "la izquierda" -que ya no se sabe a la izquierda de qué está- pueden encontrar nuevos referentes ideológicos. Costará, hay que tamizarlos, discutirlos, ajustarlos y todo lo que se quiera, pero pueden hallarlos.
Sin embargo el PP, en lugar de buscar nuevos caminos ideológicos para una regeneración de la masa crítica -en ambos sentidos- de sus votantes, arroja a los que le votaron porque son liberales o conservadores o españolistas o democrata cristianos -que son la mayoría, me temo- en brazos de una involución ideológica que resulta imposible, en una regresión a posiciones que son insostenibles.
Con el liberal capitalismo viendo como se cae su muro de Berlín -como le ocurrió al socialismo y al comunismo hace varías décadas- les ofrecen una solución que consiste en volver a lo más rancio e insoportable de una ideología que ya se ha demostrado muerta y mortal.
Es como si Gorbachov al caer El Telón de Acero, en lugar de optar por la Perestroika, hubiera decidido volver al estalinismo del comienzo de la Revolución Rusa; es como si Roosvelt en el crack del 29, en lugar de inventarse la New Deal, hubiera recuperado el sistema de producción esclavista en Estados Unidos.
En mi modesta y molesta opinión, eso es lo que significa esa abstención. Para no molestar a un puñado de votos de nostálgicos y totalitarios deja sin referente ideológico a todos los conservadores, liberales y demócrata cristianos que les votaban porque creían que el PP era eso.
Y que Francia, Alemania, Holanda, Australia, Austria, Bélgica, Finlandia, Grecia, Islandia, Hungría, Luxemburgo, Mónaco, Nueva Zelanda, Suecia, Suiza, sigan el mismo camino no es excusa para el PP. Para mi solo significa que otros países han iniciado el mismo camino de polarización, de volver a soluciones que nunca lo fueron.
Diez millones de conservadores, liberales y demócrata cristianos españoles están esperando del partido que ha capitalizado sus votos durante décadas un camino hacia el futuro y ellos les ofrecen una tortuosa vereda hacia el pasado que ya nos llevó a una guerra a nosotros y a Europa.
A lo mejor el camino es más fácil. A lo mejor el camino está en la mítica frase de la no menos mítica serie Newsroom "Hubo un tiempo en el que no nos definíamos por el partido al que votábamos".
Si a mi no me importa darle mi amor a alguien que pone velas a una virgen lusitana o darle mi cariño a quien arquea la ceja ante la palabra soberanismo, no veo porque tenemos que empeñarnos en definirnos y enfrentarnos por el partido al cual votamos.
A lo mejor el camino está, para esos diez millones de votantes huérfanos del PP y para todos los demás, en definirnos por lo que amamos y necesitamos, no por las siglas que lleva el sufragio que emitimos. Al fin y al cabo el voto es secreto. Aprovechemoslo.
Quizás sea ese el camino. Quien sabe. Yo no.

jueves, noviembre 27, 2014

La pena, la incompetencia y la dimisión de Ana Mato


Pues a mí me parece una pena.
Ana Mato dimitió ayer por la tarde. Rodeada como diría el cantante, de boato protocolo y seguridad, anunció que dejaba su puesto de ministra de Sanidad porque el juez Ruz afirma en un auto que es "participe a título lucrativo" de la trapa de corrupción Gürtel.
¡Manda huevos!
Me parece una pena que haya dimitido ayer y no cuando una decisión suya y de su ministerio dejó sin atención ambulatoria a los inmigrantes, forzando situaciones de auténtica tragedia sanitaria, obligando a los profesionales de la sanidad pública a actuar de espaldas a la ley para cumplir con su juramento hipocrático.
Porque me parece penoso que los inquilinos de Moncloa se preocupen más de evitar la fotografía de una ministra implicada en un caso de corrupción que de la vida de miles de personas a los que su situación les fuerza a trabajar en condiciones de semi servilismo, cobrando en negro y, gracias a Mato, sin asistencia sanitaria.
Me parece muy triste que la hayan hecho dimitir ayer y no el día en el que comenzó a destruir de forma sistemática y continuada la Ley de Dependencia, drenando recursos con unos recortes que han convertido a los cuidadores de las personas dependientes en seres humanos que pierden una buena parte de sus expectativas vitales, que no ven salida a su situación y que en ocasiones han de ver morir a sus familiares sin poder cuidarlos adecuadamente o teniendo que sacrificar su futuro para hacerlo.
Porque es triste que un Gobierno valore más su imagen pública que la vida y la atención de una parte de su población que no puede valerse por sí misma.
Me deja profundamente abatido que ayer sacarán a Ana Mato, su ex marido y los jaguars que les crecen sin querer en sus garaje, por la puerta de atrás de Génova, 13 y no lo hicieran el día en el que llevó ante la justicia y paralizó todas las iniciativas que diferentes gobiernos autonómicos pusieron en marcha para minimizar o evitar un copago sanitario que cargaba de forma más que onerosa las ya maltrechas economías de ancianos, enfermos crónicos y familias en el mismo límite de la subsistencia.
Porque resulta desalentador que su partido y el gabinete al que pertenecía se sientan más afectados por el impacto que su presencia en los consejos de ministros pueda tener sobre sus intereses electorales que por el impacto de su penosa gestión en miles de vidas de españoles.
Porque coloca al límite mismo de la rabia que alguien que ha permitido una gestión penosa de un brote de uno los virus más mortales que se conocen en el mundo, que ha posibilitado el desmantelamiento del sistema público de salud en algunas comunidades autónomas, que ha arrojado al desamparo asistencial a los inmigrantes, negado la gratuidad de una medicación que puede curarles a los enfermos de Hepatitis C, permitido que se cierren quirófanos, consultas y alas enteras de hospitalización para ahorrar, abandonado a su suerte a los dependientes, impedido las subastas de medicamentos para abaratar su precio, forzado a las familias a rascarse su ya macilento y exánime bolsillo para comprar sus medicamentos y expuesto a la falta de asistencia sanitaria a un país entero termine dimitiendo para "evitar que su permanencia pueda perjudicar al Gobierno, a su presidente o al PP”.
Porque la ya ex ministra dimite por eso, no nos engañemos. Ni siquiera lo hace porque un juez instructor afirme que hay indicios y pruebas de que ha participado en una trama corrupta.
Solamente dimite porque a Mariano Rajoy y a su gobierno -que cada vez es menos el nuestro si es que alguna vez lo fue- le viene mal que aparezca hoy en la foto.
Ese es el baremo de prioridades de nuestros gobernantes. Su imagen por encima de todo, su interés electoral por encima de todo. Y nosotros no importamos.
Y se me antoja que quizás deberíamos empezar a pensar de una forma diferente. La corrupción se paga con la cárcel pero la incompetencia es lo que debe originar las dimisiones.
Tal como yo lo veo, da mucha pena que Ana Mato dimitiera ayer y no recibiera ya dimitida el auto del juez Ruz, dimitida desde hace meses o al menos semanas por todas sus tropelías en la gestión de la sanidad pública española.
Realmente, me resulta penoso.

martes, noviembre 25, 2014

De Camps a Ferguson o la regresión a la barbarie

A veces pienso que nos estamos retrotrayendo a nuestros peores momentos. A esos tiempos oscuros que hasta ahora tan solo poblaban las películas y los libros de fantasía.
Ferguson (San Luis, Misouri) arde y los amantes de la ley y el orden exigirán mano dura, intervención rápida y la participación de la Guardia Nacional -lo más parecido a una intervención militar que es posible en Estados Unidos- para parar los disturbios. Y si solamente se contemplan las calles en guerra, las hogueras y los escaparates rotos, tendrán hasta razón.
Ferguson arde y los amantes de la revisión justa y equilibrada de la sociedad pedirán que se juzgue al policía que disparo a un joven desarmado, reclamarán que se investigue y se acuse al agente que le tiroteó. Y si solamente se contempla el cadáver de un joven negro de 18 años tendido en la acera en la noche sin ningún arma en las manos es casi seguro que tienen razón.
Las dos posiciones tienen su lógica aunque sean irreconciliables, aunque lo parezcan al menos. Pero creo que ninguna de ellas nos está retrotrayendo a la barbarie, nos está llevando allá donde empezamos. A los tiempos en los que la subida de la barra de pan originó el imperio de la guillotina, a los momentos en los que la caída de un nombre de segundo rango por una ventana de la siempre hermosa ciudad de Praga desató una conflagración mundial.
Son nuestros gobiernos los que nos conducen a ello. Es su incapacidad de llevar a cabo el trabajo para el que se les elige y se les paga: equilibrar las posturas enfrentadas de la sociedad.
Que un agente del orden dispare a un hombre desarmado se tiene que investigar y se tiene que juzgar. Es muy simple. 
Eso no significa que sea culpable, eso no significa que tenga que ir a la cárcel. Solo significa que tiene que investigarse y juzgarse.
Puede que Brown, el chico muerto en cuestión, le atacara. Pero si no llevaba armas, un agente está más que entrenado para reducir físicamente a cualquier ciudadano normal y si las llevaba estará justificado el disparo.
Pero tiene que investigarse y juzgarse.
Después de lo ocurrido un año antes con un vigilante ciudadano que mató a otro joven desarmado -también negro-, el gobierno estadounidense debería haber aprendido. 
El problema no está a mi entender en el odio racial, o en la criminalidad. El problema está en un elemento que nadie tiene en cuenta: los juicios y los jurados se realizan y se eligen en la circunscripción judicial del acusado.
Y ese principio, que se ideó como forma de proteger al reo -y que en condiciones generales puede servir- es el que origina en estos casos los absurdos judiciales como el que ha desatado los disturbios de Ferguson.
Porque los vecinos del policía comparten sus miedos, sus aprehensiones -por no llamarlas de un modo más duro- y piensan que ellos hubieran hecho lo mismo si hubieran tenido un arma en la mano y hubieran visto correr a un negro enfurecido hacia ellos.
A mi modo de ver ahí empieza y acaba el problema.
Y los gobiernos no se bajan del burro de principios que sin ser eliminados deberían ser revisados para casos concretos, para situaciones específicas. Tal y como yo lo veo un gobierno es el encargado de la evolución de las leyes para ajustarlas a los problemas de la sociedad. 
Pero su inmovilismo no está matando. Nos está impidiendo avanzar.
Y si creemos que es un problema estadounidense pensemos porque resultó absuelto el ínclito Camps de los trapicheos con sus trajes por poner un ejemplo menos dramático pero que en esencia responde al mismo error.
Los Okupas se suben a la parra porque nadie revisa las leyes de alquiler y de propiedad buscando un equilibrio entre el derecho a la vivienda y a la propiedad; los borrokas en su tiempo llenaron de llamaradas y cantos rodados las calles de Euskadi porque nadie les permitía dar una salida democrática a su deseo de independentismo, los anti abortistas la emprenden contra las clínicas porque nadie buscó una respuesta social al respecto de esa materia y se dedicó a imponerla en uno u otro sentido.
Tengo la impresión de que los gobiernos han perdido todo su sentido de intersección, de equilibrador y gestor de las tensiones sociales.
Un partido se debe a sus votantes, pero un gobierno se debe a sus ciudadanos, le hayan votado o no.
Sea el gobernador de Misouri o Mariano Rajoy. Todo lo demás es una regresion a la barbarie. Una invitación a que Genserico saquee de nuevo Roma. Vamos, creo yo.

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