viernes, noviembre 20, 2009

La piratería de la supervivencia no atraca en Somalia

Mientras la opinión pública española dirime en los bares y tabernas, en los pasillos y las marquesinas, en los debates y las tertulias, si el ejército español está a la altura adecuada para poder desarzonar piratas -curioso verbo, muy corsario en si mismo- , si los servicios secretos españoles están a la suficiente bajura para lograr otros fines y si el Gobierno español debe ser el único que realice sus operaciones encubiertas de forma pública y con invitaciones personalizadas para los directores de medios de comunicación, el mundo real sigue avanzando -o retrocediendo, que nunca se sabe-.
Los piratas siguen a lo suyo, o sea, intentando cazar barcos; los atuneros siguen a lu suyo, o sea, huyendo de los caladeros cuando aparecen los piratas que intentan cazarles -parece un comic de El Corsario de Hierro pero no lo es-.
La oposición sigue a lo suyo, o sea, intentando aprovechar hasta El Milagro de Petinto para desarzonar -también en su versión más corsaria- al Gobierno del andamio inestable e inseguro en el que se ha convertido el poder en España; y el Gobierno sigue a lo suyo, o sea, no hacer nada salvo inventar políticas de imagen que consigan ocultar el hecho de que no hace nada.
Y el mundo real sigue a lo suyo y, aunque a nuestros analistas de taberna, pasillo y programa televisivo les parezca increíble, lo suyo nada tiene que ver con el Alakrana, su patrón irresponsable, sus marineros inocentes y sus piratas fugados con abaogados de traje recto en los despachos de la city londinense. Tiene que ver con la supervivencia.
Todos esos nombres de sonoridad cinematográfica, de futura memoria literaria y televisiva como Alakrana, Gürtel, Pretoria o Millet se resumen en una línea, en una estrategia que ya era antigua cuando los Parthos masacraban a la infantería romana parapetada tras sus cuadrados y perfectos diseños de tortuga. Tiene un nombre: cortina de humo.
Son algo a lo que aferrarse, algo que mostrar a todos aquellos que cada mañana, cuando ponen el pie en el suelo y saltan del colchon, se enfadan y se hacen cruces -aunque sean cruces laicas, por supuesto- cuando se dan cuenta de que su supervivencia les está impidiendo vivir; cuando descubren que yo ne envidian al que llega a fin de mes, sino al que cobra al principio del mismo.
Los marineros del Alakrana están en casa. Como lo están otros muchos.
Otros a los que la pirateria cotidiana de arribistas que se agarran a la crisis para apropiarse de vidas y haciendas, a través de sueldos miserables, presiones laborales y jornadas stajanovistas, les obliga a seguir en casas en las que no quieren estar, soportando podridos afectos familiares que ya nada tienen que ver con su vida.
Otros que se ven forzados a introducir en la ecuación de los afectos y los planes de futuro la falta de vivienda, el fin del alquiler o la imposibilidad de pagar una cosa o la otra, merced a la constante necesidad de supervivencia a ultranza que impone esta crisis nuestra, que ha sido la primera y será la última en desaparecer de corazones que no deberían verse obligados a tener en cuenta el dinero para decididr sobre sus latidos.
Los piratas somalíes -suena hasta poético, no lo negemos- huyen mezclándose entre la población civil, pero los otros, los nuestros, no huyen -aunque si se camuflan entre la población civil- después de tremolar en el viento su grito de guerra, tambén tremendamente fílmico de "enseñame la pasta, Jerry".
Y así, dejan a los demás sin posibilidad de escapar de empresas bucaneras que recuperan el concepto de la condena a galeras, amparadas en la escacez de alternativas; que creen poder disponer del tiempo completo de la vida de sus empleados bajo el escudo del "es lo que hay" y la "jornada flexible"; que destruyen y anulan derechos ganados con el sudor y la sangre de generaciones de trabajadores, bajo la bandera en la que se dibuja la calavera de la crisis y las tibias del mileurismo y la falta de oportunidades.
Hacen pasar a las pequeñas empresas y los negocios tradicionales por la quilla de una mar infestada -en este caso, sí- de negativas de créditos; de ejecuciones de avales y de planes de viabilidad; disparan a la línea de flotación de buques familiares que ven como sus iniciativas se hunden por falta de apoyo económico mientras las cuentas de representación siguen subiendo, siguen navegando a toda vela por un mar en el que parece que los arrecifes de la crisis no son percibidos ni esquivados.
Enviar al fondo del mar a sesenta piratas en el Oceano Índico o hacer dar con sus huesos en la cárcel a 60 millones de piratas que descargan ilegalmente canciones o libros no tiene nada que ver con el honor de nuestro gobierno, de nuestra oposición o de nuestro país.
Podríamos ahorcar a Sir Francis Drake en el puerto de Bilbao, podríamos someter a escarnio público al Pirata Barbanegra y hacerle desfilar encadenado bajo el Arco del Triunfo del madrileño Paseo de La Moncloa y ni nuestro gobierno ni nuestra oposición tendrían derecho a levantar la mirada del suelo. Quizás el ejército español si podría, pero lo demás deberían seguir estando rojos -lo siento por algunos- de verguenza y verdes de envidia.
Ni el Caso Gürtel, ni la liberación del Alakrana tienen nada que ver con el honor y la dignidad de España y su gobierno. Hacer todo lo posible por devolverles la vida a aquellos a los que la supervivencia se la ha arrebatado es lo único que haría de nuestro gobierno y de nuestra oposición instituciones honorables.
Pero claro, eso no pasará. Porque, tras el Alakrana, el mundo, nuestro mundo, sigue a lo suyo.

miércoles, noviembre 11, 2009

... Y dejaras de odiarme


Sé que no soy tu hijo más leal, ni más complaciente,
como tú no eres el padre más cuidadoso y más protector .

Sé que nunca has de amarme porque no te respeto.
Sé que nunca he de amarte porque no me comprendes.
Pero, por una vez, agradecería algo de ayuda.

Agradecería que olvidaras que me odias y olvidaras que te odio.
Y que me concedieras aquello que te pido,
aunque te pida algo que no pueda pedirse.

Quisiera una vida feliz con alguien que me quiera,
aunque esta acabara la mañana siguiente tras haber comenzado.

Agradecería que por una jornada,
por un ínfimo instante en tu infinita vida,
ejercieras de padre y dejaras de odiarme.

lunes, noviembre 02, 2009

La judicatura saca a las divorciadas de Matrix

Me encontraba yo dispuesto a gastar un nuevo torrente de tinta sobre la eterna e irresuble lucha de poder entre los que no tienen poder y quieren tenerlo -o sea el PP-, cuando me he desayunado con la noticia de que parece ser que los jueces de este santo país -menos santo de lo que la Conferencia Episcopal desearía, por fortuna- han comenzado a recordar que la justicia es ciega y que, aunque mire de vez en cuando por una rendijilla de su venda, no es, ni mucho menos positivamente discriminatoria.
O sea que sus señorías -incluidas sus señorías femeninas, lo cual las honrra más allá de mis pesimistas expectativas- se han dado cuenta de que divorciarse de alguien no implica tener que quedar en la inopia; se han dado cuenta de que el ladrillo y la genética no van de la mano.
Se han dado cuenta de que vivienda y custodia no son, como diría el inclito señor bajito del bigote y las botas de montar, antes conocido como Franco, una unidad de destino en lo universal.
Una jueza de Pamplona decreta que, tras una separación, la mujer que, como viene siendo habitual desde el albor de las separaciones y divorcios, se queda con la casa y con la custodia, tiene un plazo de dos años para liquidar los ganaciales y darle a su ya ex pareja la parte que le corresponda de la vivienda -que, por cierto era una vivienda social propiedad anterior del varón en cuestión- si no quiere perder el uso y disfrute de la misma.
La jueza no vincula la custodia al disfrute de la vivienda. Vincula la vivienda al disfrute de los hijos y por tanto -haciendo una proyección jurídica lógica- si pierde el disfrute de la vivienda y los hijos permanecen en ella, perderá la custodia.
De un plumazo legal ha obligado a la honorable señora a tomarse la pastilla roja que la ha sacado de matrix y le ha dado la bienvenida a un mundo horrible en el que el disfrute de las propiedades corresponde a aquellos que las adquieren, independientemente del estado civil en el que se hallen.
El lobby feminista ha tardado apenas una fracción de segundo en rasgarse las vestiduras, la audiencia provincial de Pamplona ha tardado diez días en revocar la sentencia: El Tribunal Supremo ha tardado 48 horas en aceptar el recurso contra la revocación dictada por la Audiencia Provincial.
La maquinaria legal sigue en marcha y seguirá, pero lo importante es que por fin alguien -una jueza- dentro del aparato del Estado reconoce que separarse de alguien no da derecho a una mujer a disfrutar los bienes de otra persona parapetada bajo el escudo de carne y crecimiento que suponen los hijos.
Ahora son sólo unas pocas sentencias, pero por fin, aunque el ministerio que se supone que se encarga de esas cosas siga mudo al respecto, alguien ha recordado que la igualdad es bidireccional.
Se ha atrevido a decir en papel oficial y timbrado que yacer oficialmente - por no utilizar otro término más sonoro- con un hombre no obliga al sistema a garantizarte que ese hombre siga manteniendote el resto de tu existencia; que aportar la mitad del material genético de una criatura no te gatrantiza poder utilizarle para obtener beneficios económicos de aquellos sin cuyo 50 por ciento toda concepción es físicamente imposible -salvo de Inmaculada Concepción de María, se entiende-; que asumir el cuidado y la custodia de alguien de quien, por obligación ética y legal, tienes que hacerte cargo en cualquier circunstancia no te da patente de corso para expoliar y ocupar ad eternum los bienes de otro.
Que, cuando alguien vive y disfruta la vivienda de otra persona, no es una víctima de la sociedad machista y el abandono de un hombre sin escrúpulos: es, simple y llanamente, una Okupa -con la "k" y todo-.
Queda tiempo para que el sistema judicial y político se retire la venda rosa y radical tras la que todavía se esconden las pensiones compesatorias en un divorcio en el que objetivamente el más perjudicado economicamente es el hombre.
Queda tiempo para que la pildora de salida de Matrix se extienda como el frío cromo hace por la piel de Neo por la sociedad para que se llegue a la obligatoriedad de liquidar los gananciales de forma inmmediata al divorcio -como en el resto de Europa-; para que se tenga en cuenta a la hora de asignar custodias quién es el conyuge que se encuentra en mejores condiciones económicas y no el mito arcaico de "madre no hay más que una"; para que los problemas psicológicos para los hijos que puede acarrear una separación se aborden desde la custodia compartida y no desde los gastos extras en psicólogo que las divorciadas cargan sobre sus ex parejas.
Restan probablemente algunos años para que hombres y mujeres -sobre todo mujeres- salgan de la hermosa vida virtual que les proporciona esa Matrix Divorcista que las protege y las ampara como si fueran sus abuelas en lugar de las mujeres independientes, activas y autosuficientes que dicen ser.
Quedan años para que los lobbies que viven del victimismo femenino pongan como ejemplo a mujeres que han sabido ser autosuficientes -que haberlas las hay y muchas- en lugar de a las plañideras que piden y piden constantemente a gobiernos y Estados que les garanticen una buena vida a costa de sus ex maridos sin tener que mover un dedo y poniendo como excusa a hijos a los que dejan al cuidado de cualquiera.
Pero la pildora ha sido ingerida. Aunque no sea negra y no vista un imponente gabán de cuero, la justicia ha obligado a tragar al somnoliento lobby feminista la pastilla y, cuando han entreabierto los ojos para protestar, ha citado a Morfeo ante todas las divorciadas que creen que nueve meses de embarazo confieren derechos inalienables sobre el trabajo y la vida de aquellos que las eligieron para tener un hijo:
Bienvenidas al mundo real

sábado, octubre 24, 2009

La obvia confianza del enemigo

Hay momentos en los que la obviedad resulta un insulto. Pero lo obvio no se vuelve insultante porque se recuerde, sino porque todos aquellos que deberían tenerlo en cuenta lo omiten como si no existiera, como si pudiera cuestionarse, como si estuviera sometido al arbítrio de su voluntad.
Y la obviedad que se obvia hoy, que se vuelve redundante en esta jornada, es mucho más trágica en cuanto a que su omisión afecta a la posibilidad de la desaparición como entes vivos de seres humanos:
Alguien ha olvidado o se empeña en olvidar que ningún Estado, país, entidad o persona debería disponer de armas de destrucción masiva de caracter termonuclear.
Las potencias, las siete potencias, es decir, los de siempre, se impacientan, se rasgan las vestiduras, se mesan las cabelleras y se golpean el pecho por que Iran, el de siempre, se niega, se demora o se piensa abandonar el proyecto de tener una bomba nuclear.
Y resulta lógico. Superado el antiamericanismo, el anticomunismo y todos los antis que se nos puedan venir a la cabeza como herencia de los procesos de pensamiento setenteros que aún afectan a muchos antisitema de rastas de Alain Aflelou y piercing, resulta lógico que Irán no deba tener una bomba atómica.
Resulta lógico porque no es de fiar para todos aquellos que, como diría la abuela de muchos, son gentes de bien.
No es de fiar un régimen que cuelga a los homosexuales de camiones grúa, no es de fiar un gobierno que reprime a las mismas universidades que les encumbraron hace una triintena de años, no es de fiar un régimen que se basa en una interpretación fanática y sectaria de una religión que, como todas las religiones, ya tiene demasiado de sectaria como para interpretarla al alza.
Pero Irán no es de fiar no por ninguno de esos motivos que le hacen rechazable y criticable. Irán no es de fiar, simplemente por el hecho de quiere tener una bomba nuclear.
Y entonces es cuando la obvidad explota delante de nuestros ojos y en lo profundo de nuestras mentes, dejando un hongo que nos trae a la memoria la lluvia negra y las lágrimas blancas de Hiroshima y Nagasaki: ningún Estado que quiera tener una bomba atómica es de fiar.
Y el recuerdo de que las siete potencias, las de siempre, tienen ingenios de destrucción masiva de caracter nuclear -¡qué bonitos han sido siempre los eufemismos!- nos hace preguntarnos si son de fiar.
Irán no puede hablar de desarme nuclear, no puede hablar de no proliferación, no puede hablar de destrucción de arsenales estratégicos -yo siempre creí que la estrategia se basaba en mover ejércitos, no en barrer poblaciones de la faz de La Tierra- por un simple motivo. Irán no tiene una bomba atómica, la quiere, la busca, la desea como el anillo del Señor Oscuro del relato fántastico, pero no la tiene.
Así que, si no debo fiarme de quien no la tiene porque la quiere, tampoco debería fiarme de quien la tiene y no quiere desharcese de ella.
Pero nos repiten que Rusia, Estados Unidos, Alemania, El Reino Unido, China y todos los que poseen de forma pública o secreta armamento nuclear, son de fiar y por eso tenemos que estár tranquilos.
Nos repiten que Israel es amiga, que la India es amiga, que Georgia, Ucrania o Japón son amigos y por eso no debemos preocuparnos. Porque nunca nos tiraran la bomba a nosotros, nunca utilizarán la estrategia primitiva de reducir la cuenta de enemigos a cero en nuestra parte del mapamundi.
Claro que eso nadie se lo asegura a Corea del Norte, a Siria, a Pakistán ni, por supuesto a Irán. Ellos cayeron en el lado equivocado del planifesrio bélico, político e ideológico con el que nos manejamos.
Así que, por supuesto, Irán no se fía y quiere su bomba. Pakistan no se fía y tiene su bomba, Corea del Norte no se fía y quiere su bomba. O todos o ninguno. O follamos 0todos o la puta al rio, que diría de nuevo la abuela de muchos.
Pero lo que nadie cambia es la forma de ver las cosas. Lo que nadie se empeña en mudar, lo que nadie pretende alterar es esa vieja política estrategica prusiana de "el enemigo de mi enemigo es mi amigo".
Y eso es lo que está llevándonos a donde estamos. Ni el uranio, ni el desmoronamiento de la URSS, ni la tecnología, ni los científicos mercenarios hindúes. Es ese absurdo razonamiento de andar por casa, de pan para hoy y hambre para mañana. Es esa estrategia de juego de mesa la que está obligando a unos a mantener su armamento y a otros a intentar lograrlo.
El enemigo de mi enemigo mañana puede ser mi enemigo. Así que todos nos quedamos sin armas nuecleares y todos tan contentos.
¿Por qué los Estados se empeñan en confiar cuando la desconfianza es una realidad obvia que nunca conviene omitir?

domingo, octubre 11, 2009

Los otros libros ardientes

Ahora que Amenabar, el ínclito Amenabar, nos habla de la mano y de la vista de Rachel Weist, la bella Rachel Weist, de bibliotecas perdidas y barbaries culturales, a mi me ha dado por recordar otra perdida, otra barbarie cultural y otra quema de libros.
Cuando me enteré del a historia de esta pérdida (no siempre supe todo, hay cosas que he aprendido) estó fue lo que escribí.

Epitafio tardío por los libros de Yongle

Por Gerardo Boneque
Esto es lo mas parecido a un cuento chi­no que occidentales como nosotros po­demos contar.
Hace muchos años hubo un empera­dor que, como todos los emperadores, mató a la mitad de su familia para llegar a ser emperador.
Como todos los emperadores, tenía miedo, así que dio la orden de construir una ciudad para él y lo que quedaba de su familia de la que nadie pudiera entrar ni salir sin permiso.
Como todos los emperadores, tenía ansias de poder. Así que ordenó que una flota de 1.100 barcos surcara los mares para buscar nuevos territorios so­bre los que gobernar.
Como todos los emperadores, se sentía culpable.
Pero al contra­rio de lo que hacían sus iguales en las tierras en las que se pone el sol, no decidió hincar la rodilla y buscar un dios al que rezar.
Como Yongle era emperador buscó una forma de lavar su conciencia. Como era chino decidió hacerlo con la cultura.
Ordenó que se reuniera en una enciclopedia el compendio de to­dos los saberes y todas las artes que hasta entonces había origina­do la tierra sobre la que gobernaba.
Como sólo corría el año 400 de nues­tra era y los chinos por entonces eran po­cos, la enciclopedia sólo abarcó 11.095 volúmenes. Como los que sabían escri­bir eran aún menos, sólo se hicieron dos copias. Como 3.000 sabios se dedicaron a ello, sólo tardaron tres años.
Y así nació la enciclopedia nueva del emperador. La Enciclopedia de Yongle. Pero en China, en oriente, lo importante no es como nacen las cosas. Lo impor­tante es como mueren.
Esta es la historia de la muerte de la enciclopedia nueva del emperador.
Pasaron los años y el emperador, como todos los emperadores, perdió una guerra y dejo de serlo. A su dinastía, la Ming, la siguió su dinastía rival, la Qing.
Y cuentan que, en plena batalla, un general que, como suelen hacer los ge­nerales, sólo quería quedar bien con el nuevo emperador, quemó y saqueó la Ciudad Prohibida, esa ciudad que Yon­gle construyó para estar a salvo. Y tam­bién cuentan que el nuevo emperador qing, cuando vio las llamas y cuando vio arder la biblioteca imperial, hizo lo único que se le podía ocurrir hacer a un chino al ver que alguien había hecho arder el más grande compendio de su cultura.
Cuentan que el emperador qing lloró. Lloró e hizo ejecutar al general.
La Enciclopedia del Yongle, que ya ni era nueva ni era del emperador, descan­só varios siglos en manos de sus enemi­gos, que vivían en la ciudad que él había construido para protegerse de ellos.
Pero entonces llegaron las Guerras del Opio. Y con las guerras del opio lle­garon los franceses. Y por aquel enton­ces allá donde iban los franceses les se­guían los ingleses. Y con los franceses y los ingleses llegaron sus ejércitos. Y con los ejércitos de occidente siempre, sin excepción alguna, llegan las llamas.
La Ciudad Prohibida ardió de nuevo y, cuando los occidentales se volvieron a casa con el control de las rutas del opio en el bolsillo, en las 700 estanterías que habían albergado la única copia que aún quedaba de la enciclopedia de Yongle sólo había ceniza. Corría el año 1834 cuando los chinos respiraron aliviados porque los occidentales al menos habían dejado el original inmaculado.
Pero occidente no suele cometer el error de no llevar un error hasta sus úl­timas consecuencias. Así que, cuando gobernaba la última descendiente de la dinastía que había guardado la enciclo­pedia nueva de un emperador que era su rival, volvieron para acabar el trabajo.
En 1900, las ocho potencias de enton­ces, es decir, las de siempre: Inglaterra, Austria Hungría, Francia, Rusia, Italia y Japón, más una nueva -por desgracia una nueva-, Estados Unidos, volvieron a visitar la Ciudad Prohibida y volvieron a llevar sus ejércitos como regalo.
La ciu­dad volvió a arder y la enciclopedia nue­va del emperador, que ya era única y no tenía copias, volvió a arder y a desapare­cer entre el saqueo y el pillaje occidental. Hoy sólo quedan 400 de los 11.095 tomos que comprendía esa obra de arte sobre las artes chinas. Y aún hemos de dar gracias.
Como Austria Hungría tenia un Archivo y los austro húngaros eran metódicos, los 45 volúmenes que llegaron a esas tierras se catalo­garon, se almacenaron y se olvida­ron.
Como Inglaterra tiene pasión por exhibir la cultura, aunque sea robada, el British Musseum arran­có los 30 volúmenes que llegaron a la Pérfida Albión de manos de sus lores generales y los exhibió para orgullo del Imperio.
Como Francia tiene pasión por el conocimiento, guardaron los 28 libros ininteligibles que su ejercito les llevó en espera de que algún francés les encon­trara significado.
Cómo Japón es oriental devolvió lo robado.
Por desgracia para el mundo, como Estados Unidos es Estados Unidos, los más de 100 volúmenes que llegaron a esa tierra se perdieron en las brumas de Boston y de Filadelfia y probablemente en la chimenea que calentaba la casa solariega de algún general en Idaho.
Por eso, de la nueva enciclopedia del emperador Yongle sólo nos quedan 400 volúmenes cuidados con mimo en 8 paises y un dicho:
Si las potencias son civilizaciones han leído la enciclopedia de Yongle. Si sólo son potencias se han limitado a quemarla.

Lo pensado y lo escrito

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