sábado, abril 06, 2013

Interinos, Catalá y la bondad sindical como absoluto

Por más que nuestra condición de orgullosos miembros de la sociedad occidental atlántica nos empuje a relativizarlo todo, a ver las cosas a través de los prismas elegidos por cada uno para formar y deformar la realidad, al final terminamos viviendo en un sociedad de absolutos. Hay situaciones y actitudes -sobre todo actitudes- que se han convertido en bienes y males absolutos dentro de la sociedad, que se dan por sentadas como positivas o negativas sin valorarlas, sin reflexionar sobre ellas, sin pararnos un momento a contextualizarlas dentro de los acasos en los que se producen.
Así, la agresividad es mala de forma absoluta. 
Olvidamos al bueno de Conrad Lorenz, olvidamos los contextos, olvidamos las causas o las realidades en las que se inscribe y tendemos a decir que es mala. Eso hace, por ejemplo, que muchos se sientan molestos con los escarches de los desahucios. Parece que es demasiado agresivo perseguir a alguien para recordarle día y noche las consecuencias de sus actos y nos hace sentirnos a disgusto, pensar si no habría otra manera. Tendemos a pensar que el que ejerce la acción agresiva es el malo de la película porque en realidad no nos paramos a pensar que la agresividad empezó mucho antes.
Empezó cuando un gobierno ignoró a jueces, ciudadanos e instituciones europeas y se mantuvo impertérrito ante la violenta reducción a la miseria y la inopia de muchos ciudadanos. Agresividad pasiva si se quiere, pero agresividad al fin y a la postre.
Pues algo parecido le ha pasado a los sindicatos valencianos de la enseñanza que han firmado el acuerdo sobre los profesores interinos con la ínclita Catalá, que conduce con mano de hierro la educación pública valenciana hacia el desastre y la venta en saldo a la iniciativa privada.
Consideraron la capacidad de negociación ,la capacidad de llegar a acuerdos como un bien en si mismo, como un absoluto irrenunciable y por ello firmaron un acuerdo de mínimos, un acuerdo que en la práctica -aunque se le pongan salvedades temporales- supone la eliminación de interinos con años -en ocasiones décadas- de experiencia por otros que tengan mayor nota en las oposiciones. 
Es decir, por otros que no cobren esa experiencia y esa antigüedad y salgan mas baratos, le den a Catalá más margen económico para dedicar el dinero público a lo que verdaderamente importa: beneficiar a sus socios, correligionarios y amigos y salvar a las entidades financieras de su cuerda política.
Y ahora, de los polvos de ese buenismo sindical, de esa falsa creencia que la consecución de un acuerdo es un bien en sí mismo, nos llegan los lodos de la pérdida de 900 puestos de trabajo de maestros interinos.
Puede que parezca que no tiene nada que ver una cosa con la otra, puede que estos puestos se pierdan por una trampa legal que reconvierte plazas de inglés en francés -una lengua que no tiene apenas demanda como enseñanza- o que responde al artero cambio de la definición de las plazas docentes.
Pero el arreglo escolar -que así se llama en el argot, aunque con Catalá debería llamarse desarreglo- que elimina esas ochocientas plazas es lo mismo. Está ideado por la misma persona, forma parte de la misma política y persigue los mismos objetivos: deshacerse de los costes financieros del profesorado empezando por el interino y quien sabe si acabando con el fijo.
Y es responsabilidad, por lo menos parcial, de los que firmaron el acuerdo. Les guste o no, lo es. 
Porque, cuando a alguien nos quiere quitar todo, la forma de actuar no es darle algo para que se calme. La solución no pasa por entregarle una porción de la dignidad de la Enseñanza Pública y de aquellos que son útiles y necesarios para que se desarrolle a cambio de que entierre sus garras y deje de devorarnos las entrañas.
La estrategia no es la aquiescencia. La respuesta no es la huida.
Cuando uno se enfrenta a un poder obcecado en su idea y sus intereses particulares, que pierde a pasos agigantados la legitimidad que le confirieron las urnas por no hacer caso a aquellos que ostentan en realidad la soberanía ni a los que en los tribunales son garantes de esa misma soberanía, la única estrategia posible es seguir, aunque se vaya perdiendo, es continuar presionando.
El acuerdo concedido -quizás en el error del absolutismo del valor de la negociación o quizás en la menos inocente estrategia electoral de los sindicatos firmantes- ha permitido cerrar a Catalá un frente y hacerlo a su favor y eso le deja las manos libres, la cabeza despejada -dentro de lo que Catalá pude tenerla- para concentrase en otro, para abordar la siguiente, para encontrar fuerzas para buscar otra forma nueva de eliminar profesores, de despedir interinos, de destruir la Educación Pública.
La única estrategia posible es seguir, es no cerrar ningún frente hasta que renuncien a la locura de dejar a una comunidad autónoma -y un país entero, por extensión- sin una educación pública de calidad. Es no cerrar ninguna lucha en falso, en mínimos o en pérdidas.
Es no darle respiro con el transporte escolar, con las obras en los centros, con las becas eliminadas, con la valoración de centros que potencia a las escuelas concertadas, con el arreglo escolar, con los cambios de criterios sobre los interinos, con los compromisos presupuestarios incumplidos,  con la eliminación de las pagas extraordinarias, con el cambio de criterio en la admisión de alumnos, con la reforma de las materias. Es no frenar antes de llegar al final, es que tengan que arrancarnos una por una hasta la más ínfima porción de los derechos que quieren arrebatarnos.
Y así quizás ahora Catalá y sus huestes no tendrían aliento para afrontar en otro frente el despido de otros ocho centenares de profesores interinos desde Educación Infantil hasta las clases de apoyo a los alumnos con mayores problemas.
Porque cuando se sabe que alguien te quiere quitar todo no se puede creer que la negociación lo parará, que el falso absoluto del buenismo dialogante le detendrá.
Cuando alguien te quiere quitar todo la única estrategia es pelear para no darle nada. Ni un puesto de trabajo, ni una plaza docente, ni un derecho del alumno o del profesor.
Y si luego no te votan en las elecciones sindicales será problema de otros.
La condición de mezquino y la descripción de egoísta será para aquellos que miren más su propio ombligo y sus necesidades que el bien colectivo, para aquellos a los que no les importa que los interinos sean despedidos porque ellos son fijos, a aquellos que se encojen de hombros porque los profesores interinos de inglés o los apoyo pierdan sus puestos de trabajo y los alumnos su experiencia docente porque ellos dan clase de Lengua o de Historia.. 
Pero los profesores, la comunidad educativa y los estudiantes habrán hecho lo que tienen que hacer. Habrán hecho su trabajo.
Y  a quienes se eligió para representar a los profesores habrán hecho  aquello para lo que se les eligió. Aunque el absoluto del buenismo negociador no salga bien parado.

jueves, abril 04, 2013

Cristina Federica, Amalia, Eva y la Marca España

Nuestro gobierno, nuestro porque nos lo echamos a la espalda nosotros solitos en las urnas no porque se preocupe por nosotros lo más mínimo, tiene una preocupación en la mente. Da vueltas sobre ella en sus ejecutivas nacionales y autonómicas, le obsesiona en sus noches de insomnio, la busca y la persigue con insistencia enfermiza y recurrente, como hiciera el ya famoso ojo omnipresente de Sauron con el dichoso anillo único de la saga fantástica de Tolkien.
Esa obsesión es la imagen.Como si nuestro país fuera una estrella de rock o una damisela novecentista, le importa más la imagen pública, el qué dirán, la visión que de España se tiene, que el fondo de las cosas; se obsesiona con la Marca España en lugar de con el país España, la sociedad España y la Realidad España.
 Y en esa obsesión por la imagen de marca destinada a atraer a esos nuevos dioses arcanos llamados inversores internacionales tras una eterna cadena de sacrificios propiciatorios en forma de recortes al pie del altar de sus dineros y sus dividendos hay dos cosas que en estos días traen de cabeza a la corte moncloita inquilina de nuestro Gobiernos.
Dos cosas y cuatro personas: La imputación de la infanta y los escarches. Cristina Federica y José Castro y Amalia Torres y Eva Durán.
Piensan Rajoy y sus chicos -y no pocos de los que ocupan las bancadas de Ferraz también- que eso de que se impute a Cristina Federica es malo para la imagen de España, para esa marca de fábrica que pretenden crear de la nada a golpe de candidatura olímpica y trofeo futbolístico.
Y uno se pregunta por qué ¿no sería malo para la imagen de España no imputarla? ¿no diría cualquiera de esos occidentales atlánticos vecinos nuestros que somos un país medieval si no lo hiciéramos con los indicios que la inculpan?,  ¿no pensarán que no hemos avanzado nada desde los tempestuosos tiempos de Witiza y los visigodos en los que un monarca podía matar en presencia de testigos con sus propias manos a su sucesor y nadie podía hacer nada contra él porque estaba por encima de la ley?
¿No dirán que somos como esos emiratos perdidos y consentidos por su producción petrolífera en los que  Su Majestad el Emir ajusticia a maridos para poder, como en los pasajes más tórridos de las leyendas artúricas y los tiempos bíblicos patriarcales, yacer con sus esposas?
Es muy probable que cualquiera que tenga dos dedos de frente para proteger un puñado de neuronas lo haga y vea como la imagen de nuestro país cambia ante sus ojos para mal.
Pero eso no le importa a nuestro gobierno. Por eso ha aparcado la Ley de Transparencia  por eso no le importa que estemos por debajo de Niger en el ranking de transparencia administrativa, por eso promete mostrar sus cuentas de partido, sus declaraciones de la renta y todo lo que haga falta y luego las mantiene escondidas, probablemente en la misma caja de seguridad helvética donde tienen sus fondos de emergencia que se cuentan por millones de euros.
Porque nuestro Gobierno no busca dar esa imagen. Busca ofrecer en bandeja de plata, junto con nuestros derechos laborales y nuestras expectativas de futuro, la imagen que precisan los inversores que busca para venderles nuestro país. Los mismos con los que sus líderes gallegos se fotografían en sus yates. 
Quiere promocionar una imagen en la que este país sea el lugar ideal para medrar si se tienen los contactos necesarios en las esferas políticas, en el que no se tengan que preocupar de verse involucrados si tiran de nepotismo, sobornos bajo cuerda o negocios cuestionables con la élite gobernante para aumentar sus cuentas de beneficios y sus cuentas en Suiza. Y que el Juez José Castro impute a Cristina Federica en el caso Noos no ayuda para nada.
Porque Génova y Moncloa no buscan dar una imagen de legalidad. Buscan dar una imagen de impunidad.
Y más o menos pasa lo mismo con los escarches. Y si el juez que imputa a Cristina Federica es el ejemplo  de una imagen que no quiere el gobierno del Partido Popular para España, Amalia Torres, Eva Duran y los escarches son el epítome de otra que tampoco le conviene que se tenga.
Amalia Torres   iba a ser desahuciada y los que cada día intentan e intentamos parar el desequilibrio de la Ley Hipotecaria escenificado en los Desahucios acudieron con ella a una junta madrileña de distrito. Protestaron, gritaron y "escarcharon hasta que Eva Durán, concejala de distrito, la recibió. Y Eva la escuchó, descolgó el teléfono  movió sus contactos y logro que Bankia parara el desahucio.
Y si no hubiera habido escarche, Eva no se habría enterado de la existencia de Amalia ni de su desesperada situación. No es cuestión de dudar de que la concejala hubiera hecho lo mismo de otra forma y de que sea más o menos buena persona -que no es aquí donde se cuestionará a nadie simplemente por pertenecer a un partido político o a otro- pero sin la presión del escarche en su oficina y las expectativas de un escarche domiciliario continuo a lo mejor lo había dejado pasar, a lo mejor no habría hecho todo lo posible, a lo mejor hubiera preferido contribuir a la salvación financiera de Bankia que al rescate vital de Amalia.
Y eso tampoco es lo que quiere el Gobierno, no es la imagen que pretenden exportar a los parqués bursátiles de todo el mundo.
Porque la imagen que quiere ofrecer a sus inversores es la de un país donde las preocupaciones y los problemas de los ciudadanos no importan cuando es enfrenta a la obtención de beneficios empresariales, donde la miseria y la dignidad de las personas no es relevante cuando están en peligro los intereses económicos de los socios y amigos de los gobernantes están en juego.
No pretende que la Marca España sea un sinónimo de equilibrio social, político y económico, quiere que los arcanos inversores invisibles la perciban como un compromiso de feudalismo y servilismo social en aras del beneficio empresarial.
Porque los gobernantes y su partido no buscan dar una imagen de justicia. Buscan ofrecerla de rentabilidad.
Así que, una vez más las preocupaciones de Rajoy, su gobierno y su partido, nada tienen que ver con le realidad. Su ojo de Sauron no está buscando mejorar la imagen de España, esta buscando aclimatarla a sus intereses económicos y los de sus adláteres y socios.
José Castro, Cristina Federica y la imputación en el Caso nos nos deshacen la imagen, nos la refuerzan, Amalia Torres, Eva Durán y los escarches no nos empeoran la marca, no la lucen.
Aunque la hagan menos rentable para los inversores y menos impune para los especuladores y eso sea lo único que le preocupa el Gobierno del Partido Popular.

miércoles, abril 03, 2013

La distancia más corta al totalitarismo de Catalá

Dicen que la convicción es una bondad, una de esas virtudes sociales de las que hay que hacer gala para que la vida nos ruede bien y nos vaya, como dirían los de allende los mares, bonito.
Y no se pone en duda esa afirmación aunque, como todo, tiene o debería tener sus matices. La convicción es una poderosa herramienta de lucha y de trabajo pero si -y solo si- se esta también convencido de la razón, se está absolutamente seguro de la lógica de la posición que refuerza y mantiene esa convicción que se quiere utilizar como herramienta en la vida.
Vamos, justito, justito lo contrario de lo que le lleva pasando mucho tiempo y le vuelve a pasar a la ya mítica por su arrogante incapacidad para la reflexión consejera de Educación de la Comunitat Valenciana, María José Catalá.
Ella es fiel a sus convicciones. A todas ellas. Sin pasarlas por tamiz lógico alguno, sin mirarlas a través del prisma de la realidad que las desmiente. Ella mantiene la absoluta convicción de su irracional razón en todo y para todo.
Pero sobre todo mantiene su convicción en la bondad matemática en el que ya podríamos bautizar como el axioma educativo de la linea recta.
Quizás sea porque sus otras convicciones, las religiosas, le juegan una mala pasada y le hacen recordar que hubo un tiempo en que los jerarcas romanos consideraron eso de la curvatura y el giro de la tierra como una proposición herética o quizás sea porque le han hecho instalarse en la más absoluta de las incongruencias como defender, esta vez con razón, la libertad de cátedra de una profesora que defiende que hay que aguantar los malos tratos por amor cristiano -algo que, por cierto, ya ni siquiera mantiene la doctrina romana desde hace siglo y cuarto y cuatro o cinco papas-, mientras calla y jalea interiormente a sus cachorros castellonenses en la campaña en contra de profesores que defienden con la misma libertad de cátedra otros principios radicalmente distintos.
Sea como fuere, ella se mantiene firme en ese axioma matemático de que la linea recta es el criterio para definir la distancia a la hora de tramitar las ayudas para el transporte escolar en su comunidad.
Da igual que la agreste orografía que rodea el pueblo de Montserrat y las famosas a su pesar por sus sensuales modos de lucha por sus derechos madres del Evaristo Calatayud le hayan demostrado lo contrario, ella firme en su convicción.
En su convicción de imponer su criterio porque sino no le salen las cuentas del recorte en esas ayudas.
Da da igual que las mediciones anteriores le demuestren que la distancia por carretera tiende a ser muy superior que a la trazada en linea recta a escala sobre un mapa, ella permanece fiel a sus convicciones.
Sus convicciones de intentar drenar lo más posible del dinero empleado en el gasto educativo público para contribuir a la salvación de la banca que se arruinó sufragando los gastos suntuarios y las construcciones inútiles y faraónicas del gobierno valenciano.
Y por supuesto da igual que ahora la Defensora del Pueblo le diga que ese criterio no se puede aplicar. Que es arbitrario, irracional e injusto.
Da igual que la conmine a cambiarlo para evitar un perjuicio que ya está causando a muchos escolares y a muchas familias que han perdido las ayudas simplemente porque ella quiere reducir las ayudas y ha encontrado esa excusa para hacerlo como podría haber hallado otra cualquiera.
Ella se mantiene, contra viento y marea, contra sociedad, afectados e instituciones, firme en sus convicciones.
Firme en su convicción última de hacer rotar la financiación autonómica de la enseñanza pública a la controlada por la secta -¡Uy, perdón!, quise decir Prelatura Personal-  a la que cree que debe lealtad sin fisuras y de favorecer a los colectivos empresariales de la enseñanza privada que pretenden hacer negocio con el futuro y la de educación de los estudiantes.
Firme en sus convicciones de quitarle todo lo posible a una enseñanza pública necesaria y de calidad para dársela a una concertada que, sobre todo en su caso, solamente se encarga de adoctrinar en lo moral y de recolectar beneficios en lo económico.
Y es en ese momento cuando la convicción se vuelve obcecación, cuando la certeza se vuelve intransigencia, cuando la ideología se vuelve irracionalidad. Cuando la fe se vuelve fanatismo.
En ese punto cuando, pese a las madres de Montserrat, a la comunidad educativa en general, a la Defensora del Pueblo y hasta a Google Maps, se insiste en mantener el criterio de la escuadra y el cartabón como forma de medir la distancia para asignar las ayudas al transporte escolar, es cuando se demuestra la existencia del axioma educativo de la linea recta.
La linea recta es el camino mas corto entre dos puntos. Entre la irracionalidad y el absoluto totalitarismo de María José Catála, por ejemplo.

martes, abril 02, 2013

Nuestros recortes y el paseo chino por Tanzania

En mitad de toda la debacle social que se esta pintando dentro de nuestras fronteras, acosados por todos los frentes por recortes masivos y políticas que buscan hacer descender los niveles de derechos y expectativas hasta la servidumbre para garantizar los beneficios de unos pocos -y cada vez peor avenidos, por cierto-, hay veces que resulta difícil echar la vista hacia afuera para ver lo que ocurre allende nuestros recortes. Pero conviene hacerlo, aunque sea de vez en cuando, porque de los movimientos exteriores depende en gran medida el futuro de lo nuestro, de eso que creíamos seguro pero que nos están quitando a grandes paletadas.
Y si miramos fuera, lo primero que vemos, lo más grande sin duda, es China.
Hasta hace bien poco si mirábamos al gigante que en realidad nunca durmió pero que fingió hacerlo, lo único que veíamos era el mismo mensaje rancio y dispar del comunismo maoista y de la dicotomía entre una sociedad encorsetada y controlada por la dictadura política y empobrecida y mísera por la aceptación del capitalismo occidental como fuente de ingresos para el país.
Sus presidentes -dictadores, al fin y a la postre- perdían el trasero por fotografiarse con los líderes occidentales, por desbrozar cualquier terreno en el que se asentara una sección deslocalizada de una empresa de este Occidente Atlántico nuestro que cree que la dignidad laboral es solamente un derecho nuestro y no de chinos, indios o habitantes de Bangladesh -no me atrevo a apostar por un gentilicio para esas tierras-.
Pero ahora miramos al presidente de China, al nuevo, y no vemos eso. No le vemos estrechando la mano de Obama o de Merkel o de nadie por el estilo. Ni siquiera le vemos lanzando invectivas contra el perverso Occidente. Le vemos paseando trajeado y sonriente por África.
Y de eso va todo esto. De ese paseo por Tanzania, por Kenia o por Nigeria van nuestros recortes, nuestras pérdidas sociales. La obsesión de nuestro gobierno -y el europeo- de imponer a sangre y sufrimiento de la ciudadanía una regresión en los derechos sociales.
Porque China ha desembarcado en lo que era nuestro patio trasero, en lo que era la fuente inagotable de desequilibrio que nos servía para seguir manteniendo la desigualdad internacional. Que nos proporcionaba a un precio irrisorio desde los diamantes hasta el coltán de nuestros móviles, desde los fosfatos hasta el petroleo o el gas. Y Europa en particular y todo el Occidente Atlántico en general empiezan a sentir temblar sus carnes cuando piensan en ello.
Nerviosos y acuciados, caen en uno de los ejercicios de hipocresía más desmedidos que se recuerdan desde el panegírico de Marco Antonio por la muerte de Julio César.
Los ministros económicos de la UE afirman sin que nadie les pregunte que China debe ser respetuosa con los derechos sociales en África  Los mismos que se han lanzado a una cruzada de recortes sociales, que dejan a los enfermos crónicos a su suerte para pagar la cuenta de sus medicamentos, que obligan a los que quieran una educación de calidad a costearsela, que cobran por las ambulancias, las sillas de ruedas o las camas individuales hospitalarias, se atreven a mirar a la cara a Xi Jiping y decirle que debe respetar los derechos sociales.
Algo que nosotros no hemos hecho en África y estamos empezando a no hacer en nuestras propias tierras.
Los y las gerifaltes del sistema económico que nos está devorando afirman desde sus despachos neoyorquinos que China debe dialogar en África con los agentes sociales y los sindicatos. 
Son los mismos que han hecho oídos sordos a las ingentes huelgas generales españolas, portuguesas, griegas o británicas; las mismas que conminan a los helenos a trabajar más y protestar menos, que exigen a los chipriotas que se desprendan de su dinero para costear el rescate bancario.
Los mismos que han puesto en marcha y dado su visto bueno a una reforma laboral que, reconocido por la propia ministra, no busca generar empleo sino abaratar los costes laborales, tienen la osadía de mirar al dictador chino y exigirle que no haga en África lo mismo que llevamos nosotros haciendo tres siglos y que nuestros gobiernos están dispuestos a trasladar ahora al portal mismo de nuestras casas y empresas.
De manera que las prendas más íntimas y sugerentes de nuestras féminas pueden estar hechas a costa de los golpes de vara a niñas de trece años que recogen algodón en Níger pero China tiene que hablar con los sindicatos; el coltán de nuestro móviles puede extraerse en minas donde se paga un sueldo de dos dólares por día a una familia entera en la que trabajan niños de once años pero China debe dialogar en África con los agentes sociales; los diamantes que lucen las mujeres y las máquinas occidentales pueden estar manchados de sangre pero China debe respetar los derechos sociales en el continente africano.
Y Xi Jiping mira, asiente, sonríe y sigue a lo suyo.
Porque, aunque nosotros hayamos ignorado China durante generaciones, ellos no lo han hecho. 
Saben que nuestros gobiernos y los servidores devotos del sistema económico que nos acucia quieren jugar al doble juego de imponerle a China -y a La India, Brasil, Rusia, Sudáfrica y todo país emergente de paso- los mismos costes laborales, los mismos derechos sociales de los que ellos quieren desprenderse a cualquier precio a costa de su ciudadanía. De manera que así podamos seguir compitiendo por los beneficios corporativos, de modo que así puedan seguir metiendo la mano en los dividendos de las empresas desde los gobiernos y desde los lobbies.
Saben que si China llega ahora a África se llevará los recursos. Ellos no tienen ONGs, campañas de concienciacion, ni boicots de consumo a empresas asentadas en países que imponen o consienten la sharia, el velo, las lapidaciones, la milicia infantil, la violación ritual, la limpieza étnica o la experimentación con animales. China no juega a imponer su forma de ver el mundo y su cultura. Llegará, comprará, no hará preguntas y se irá. Y es probable que hasta pague un mejor precio que Occidente.
Como ya hace con el petroleo venezolano y libio, como ya hace con  los semiconductores, como pretende hacer con todos los recursos africanos.
Y si llega ese punto no seremos rentables, competitivos ni viables. Nuestras empresas y corporaciones quizás sí, pero nuestros países no.
Así que nuestros recortes van de eso, nuestra regresión a la miseria va de eso, nuestros gobiernos van de eso. Pretenden transformarnos en los falsos proletarios semi esclavos chinos para que China no se transforme en la potencia hegemónica en lo económico que ahora creen ser ellos y les deje fuera del pastel del beneficio corporativo.
Pretenden convertirnos en el Tercer Mundo porque todo la humanidad sabe que los ricos del Tercer Mundo son mucho más ricos que los del primero y mucho más poderosos.
Y nuestros gobiernos pretenden desde luego seguir siendo los ricos, aunque su país tenga que ser reducido a la miseria para que los beneficios económicos y corporativos vayan a sus bolsillos y no a los de los jerarcas del gobierno chino.
Y todo eso porque Xi Jiping viaja a África. No me quiero ni imaginar qué pasará cuando comience a visitar los países árabes.

lunes, abril 01, 2013

El Puerta de Hierro o el ataque frontal a las lineas de intendencia de la sanidad universal

Decía Sun Tzu que lo peor que puede ocurrir tras  una victoria en una batalla es que los mensajeros encargados de comunicarla a la retaguardia se olviden, por aquello de la alegría y el ardor guerrero que acarrea la victoria, de recordar a todos que tienen que acudir al frente para mantener las posiciones recién conquistadas -bueno el estratega chino utiliza aproximadamente doce paginas para decirlo pero podemos tirar con ese resumen, que no están las cosas para perder el tiempo-.
No es que los pacientes, profesionales y ciudadanos en general -esos que ni dispensamos ni necesitamos, de momento, atención sanitaria- hayamos bajado la guardia en la guerra en la que la tozudez, falta de criterio y defensa de los intereses propios de la corte moncloita han convertido el sostenimiento de los servicios sanitarios públicos universales en este país, pero las palabras del estratega chino de allende los tiempos vienen a darnos un revolcón necesario.
Escocidos por la derrota que la población, las alcaldías -incluso algunas propias- y la judicatura han infligido a la santa patrona del recorte, María Dolores de Cospedal con sus urgencias rurales, los adalides de la gestión privada de lo público  de los beneficios para socios y familiares en detrimento de la calidad de la atención sanitaria están dispuestos a seguir en lo suyo.
No cabía esperar que hicieran caso a la lógica democrática a las primeras de cambio. No serían políticos si así fuera.
El gobierno de Castilla León se prepara para una ofensiva en toda regla de los ciudadanos y los tribunales para recuperar las urgencias rurales que les cerraron y quitaron ya hace tiempo mientras que Monago hace cuentas en Extremadura y pide -a la vejez viruelas- informes sobre la necesidad de las urgencias que pretendía cerrar de la misma manera que lo había hecho su colega Cospedal en la Mancha.
Pero el poder vive de las victorias y los que ahora lo ejercen necesitan algunas, aunque sean pírricas para seguir manteniendo su resolución en una privatización de la gestión que solamente les beneficia a ellos y a sus adláteres económicos e ideológicos.
Así que en Madrid -después de otra sonora derrota en el Hospital de La Princesa y una suerte de escaramuzas con derrotas parciales en los centros de salud, el fiasco informático del copago por tramos y de la atención a los inmigrantes, los paladines de la causa del recorte y el beneficio propio se concentran en la privatización de los servicios no sanitarios de los hospitales madrileños..
Ya lo han hecho en Tajo, Henares, Sureste, Infanta Sofía, Infanta Leonor e Infanta Cristina y hoy se suma el Puerta de Hierro.
Y parece que eso es menos importante, menos peligroso, menos digno de nuestros esfuerzos en una lucha que nos obliga a acudir a tantas brechas para cerrarlas que los shakesperianos guerreros del bueno de Enrique en Hafleur considerarían su mítico !a la brecha, una vez más! como unas vacaciones campestres si observaran en todos los frentes en los que nos obligan a nosotros a luchar.
Pero no es así. No lo es porque no está claro quienes harán el trabajo, quienes estarán bajo la nueva responsabilidad privada de esos servicios no sanitarios.
Bueno no es que no esté claro. es que no lo quieren decir.
El Hospital Puerta de Hierro de Majadahonda dejará de contar a partir de hoy con 220 empleados fijos que pasarán a otros centros públicos. Es decir, esos ya no estarán. No perderán su puesto pero el hospital los perderá a ellos.
Y puede que no sean cirujanos, que no sean enfermeras, ni facultativos; puede que no tengan ni idea de lo que es una enfermedad auto inmune -yo tampoco, por más capítulos de House que veo- , pero son esenciales  para hospital.
Son esenciales por la propia naturaleza del centro en el que hacen la comida y en el que limpian -entre otras cosas- son esenciales porque la higiene y la limpieza son fundamentales en un entorno en el que los ingresados están en muchos casos en el límite mismo de su capacidad de resistencia y de defensa contra las infecciones.
Son fundamentales porque la alimentación en un hospital no es un rito cotidiano y necesario pero secundario a la postre como lo puede ser en un colegio o en una penitenciaría. Porque muchos de los pacientes dependen de su dieta para mejorar, para curarse, para no recaer o incluso para no morir.
Toda la experiencia acumulada por esos empleados que llevan años sabiendo como limpiar un hospital o como alimentar a un enfermo se irá con ellos por las puertas de hierro del hospital de Mahadahonda. Y luego están los interinos. Otros ciento ochenta trabajadores del hospital.
El Consejero de la presidencia de la Comunidad de Madrid, es señor victoria -ese que llama nazis a los manifestantes por twitter pero luego calla cuando se descubre que la policía nacional contrata a un nazi de verdad en su Comunidad Autónoma- dice que aún no está claro si seguirán.
¿De verdad cree que nos lo vamos a creer? El ahorro, el recorte en el gasto público y el beneficio de la concesionaria privada, son los objetivos primordiales de todos estos movimientos, ¿qué ahorro habría si se mantuviera a esos interinos teniendo que mantenerles sueldos y condiciones de trabajo? Sabemos la respuesta.
Así que esos profesionales esenciales aunque no sanitarios serán sustituidos por otras gentes que no solamente no contarán con su experiencia sino que además ganaran menos dinero y tendrán peores condiciones de trabajo.
Porque después  cuando las cuentas de beneficios no le salgan a la empresa concesionaria, cuando el ahorro no le salga a la consejería y recorte el montante total del pago por la concesión -que ocurrirá porque las cuentas están mal hechas desde el principio solamente para justificar una decisión que ya estaba tomada por ideología-, llegará la bajada en la calidad de la comida, llegará el recorte en los salarios o los despidos para contratar a personal todavía más barato.
No es un ejercicio de visionaria profética apocalíptica. Es simplemente el resultado de girar el cuello hacia la Educación valenciana, castellano manchega y  de los ayuntamientos andaluces del Partido Popular.
Colegios sin limpiar, acumulaciones de basura que obligan a cerrar las aulas en Jerez de la Frontera, huelgas de personal de limpieza o de cuidadores de comedores que llevan varios meses sin cobrar, comida podrida en los platos de los alumnos de los colegios valencianos.
Y eso ya es grave en un colegio, es demoledor en la Educación. Pero será trágico en la Sanidad.
De modo que no creamos ni por un momento que lo que ocurre hoy en el hospital Puerta de Hierro de Madrid es una derrota menor.
La suciedad y la mala alimentación han matado a mas gente a lo largo de la historia que el cáncer o el sida. Aunque nosotros ya no nos acordemos de ellos, gracias a la sanidad universal que disfrutamos y que ahora, mucho tiempo, esfuerzos y luchas después, quieren arrebatarnos.
Pero no nos conviene olvidarlo.  Igual que no deberíamos olvidar aquello que dijera el sabio de la estrategia oriental sobre que la mejor manera de derrotar a un enemigo es atacar sus lineas de intendencia.
Y la Sanidad Universal es su enemigo. De eso no han dejado la más mínima duda.

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