lunes, diciembre 20, 2010

Los Cuatro Ángeles de Los Vientos (2) -Mirkam hayyim y Akhifat hok cabalgan-

No sé si habremos tenido tiempo para nuestras compras, nuestros excesos -o la preparación de los mismos- o nuestras disquisiciones navideñas. Pero, sea como fuere, los ejes de actuación israelí en Palestina, nuestros ángeles custodios, al fin y a la postre, no están dispuestos a esperar más y reclaman su puesto en estas líneas.
¡Con ustedes,sin más demora ni retraso, el tercer eje de actuación de Israel en su ocupación militar, el tercer angel bienintencionado transformado en diablo perverso! ¡Demos la bienvenida a Mirkam hayyim!
¿Cual es la función de este nuevo arcangel que sobrevuela los territorios ocupados? En un principio, tal y como se diseñó, es algo parecido al mantenimiento y el refuerzo de la sociedad palestina. Suena bien ¿no?
Peres y sus ideólogos -que hubo un tiempo en Israel en el cual había ideólogos, más allá del sionismo- creyeron que, si se defendía y reforzaba el tejido social de los palestinos, sus habitantes serían mucho menos permeables a la radicalización, al terrorismo, al odio.
Las protectoras plumas de Mirkam hayyim deberían conseguir que la sociedad palestina se hiciera fuerte, evolucionara, se hiciera moderna y, de esa manera, entendiera la necesidad de buscar soluciones modernas a sus viejos problemas -el principal de los cuales era Israel, no lo olvidemos-.
El tercer  ángel / eje debía servir para identificar a esa sociedad, descubrir sus ritmos, sus necesidades y sus evoluciones pero ¿ha servido para eso? A estas alturas, hasta a aquellos que diseñaron a los cuatro ángeles de los vientos, les resulta evidente que no.
El ángel del Mirkam hayyim se ha introducido en todas las casas, en todas las vidas de los palestinos como se le pidio a  Abbadon que hiciera con los egipcios. El Ángel exterminador se negó. Mirkan Hayyim no.
Se pretende cartografíar la sociedad palestina, no para reconocerla, sino para prevenirla, para evitar que se mueva, para evitar cualquier reacción -pacífica o no- contra la política que israel impone en Palestina. La preservación del tejido social palestino identifica toda evolución y la cercena, se entromete en todo proceso de cambio y lo corta.
El ángel enviado para conocer a los palestinos sólo ha servido para reconocerlos. Para que el Mossad sepa cómo es cada casa, para que pueda diseñar sus ataques selectivos sabiendo exáctamente cuanta gente matará, cvuanto miedo provocará cuanta frustración levantará -aunque luego digan que no puden preveerlo-.
Y de nuevo deja fuera del eje de actuación a aquellos actores que deberían ser sobre los que se llevara a cabo la acción en concreto. De nuevo deja fuera a los palestinos, porque les impide evolucionar, les impide desarrollar sus movimientos y contra movimientos. Sus tesis y sus antítesis y, por consiguiente, sus síntesis.
Y deja fuera a israel, porque, por tercera vez, como en las míticas negaciones del apostol, los israelíes solamente perciben que Palestina no evoluciona, que siguen sin ser una sociedad moderna, que siguen siendo el enemigo y, por definición, sigue estando justificada la guerra. Sigue siendo necesaria la ocupación.
Una vez más un eje de actuación, esa milagrosa panacea que nos conduciría a la plenitud, internacional, social y vital, se pervierte, se anquilosa, se convierte en un arma que realiza el trabajo contrario a la acción para la que había sido diseñada.
Como cuando nuestro conocimiento de los demás, nuestro eje social basado en ese reconocimiento, se convierte en una carga de etiquetas por parte de los gobiernos de quien está llamado a ser víctima y quién está llamado -no por su naturaleza, sino por la propia necesidad de mantenimiento deleje de actuación- a ser verdugo.
Como en esas ocasiones en las cuales nuestro eje de actuación personal y vital nos impone el conocimiento de aquellos que han de relacionarse con nosotros a través de los mágicos remedos del prejuicio que son la intuición, el sexto sentido o cualquier otro ángel protector que nos impide estar equivocados sobre ellos.
Porque nuestras intuiciones nunca fallan, nunca pueden hacerlo porque ya hemos decidido interpretar cualquier acción a través de esos apriorismos. A través de nuestra percepción, no de la realidad. Sin dar a nadie la oportunidad de evolucionar, de cambiar.
Pero no nos salgamos del tiesto, que los ejes de actuación de hoy atañen a Israel y Palestina, no a nosotros y nuestros errores, ¿o no?.
Conozcamos al cuarto ángel de los vientos, al cuarto eje de actuación cuya perversión ha transformado la ocupación israelí de algo transitorio y soportable en algo perpetuo e insostenible. Saludemos a Akhifat hok, el Guardián del Sometimiento a la Ley.
Y no puede haber nada más noble y justo que el sometimiento a la ley. Es un eje de actuación que funciona en todos los países, en todos los territorios, en todas las sociedades. Es algo que se antoja universal.
Las suaves pero firmes manos de Akhifat hok deberían abrirse para  reprender o perdonar a todos por igual; sus fuertes brazos deberían atrapar en un abrazo justo y ciego a israelies y palestinos, su alba túnica deberia cubrirlos a todos con la luz de la justicia y la equidad.
Cualquier figura retórica para afirmar que esto no es así sería, hoy por hoy, un desperdicio. la obviedad se lleva mal con la frase poética.
El libro de la justicia de Akhifat hok no se abre para todos por igual. Cuando viene bien desempolva una vieja ley otomana para expoliar al os palestinos; cuando se antoja necesario tira de un reglamento jordano para impedirles tal o cual acción, cuando se torna imprescindible hasta se recurre a normativas sirias o del antiguo colonialismo inglés para justificar cualquier acción.
Pero esa justicia universal y antigua de Akhifat hok no se aplica nunca a los israelies, no se utiliza nunca cuando el resultado no es el deseado, no se recuerda cuando su olvido beneficia a los que se ha decidido que hay que beneficiar.
Akhifat hok bate sus alas sobre todos, pero son alas diferentes. La ley militar se aplica de forma indiscriminada en los territorios, para los palestinos, pro los colonos a los que la acción de los otros tres ángeles -ya perversamente transformados en otra cosa- han colocado allí, están al margen de esa ley.
No pueden ser tocados por los principios de la legislación militar y sólo están sometidos a la ley civil. Porque ellos no son enemigos. Ellos no son palestinos.
Y de nuevo, por cuarta vez consecutiva, ese eje de actuación deja fuera a los palestinos, que no pueden decidir sus propias leyes y ni siquiera pueden determinar cuales de las existentes tienen que aplicarse en cada caso y para todos los implicados en el asunto. Y deja fuera a los israelíes porque ellos si estarán siempre protegidos por la misma ley, al abrigo de la misma ley. De una ley a la que los otros, los que tienen que seguir siendo lo opuesto, nunca tendrán acceso, nunca tendrán garantía.
Resultaría una perdida de tiempo intentar enumerar cuantas veces ha sido aplicado este eje de actuación con su misma perversión en nuestros gobiernos -cuando la lucha contra la corrupción del otro ha de ser implacable, pero contrala mía siempre es conspirativa y excesiva-, en nuestras sociedades -cuando los otros, los de fuera, los extranjeros o los diferentes, no deberían poder hacer una u otra cosa que a nosotros nadie puede negar-.
O, por supuesto, en nuestras vidas personales -cuando los demás no tienen derecho a exigirme lo que yo les exijo o yo no tengo porqué darles aquello que tomo de ellos sin ningún pudor y por el derecho que tengo a entrar en sus vidas, aunque nunca les reconozca el derecho a entrar en la mía-.
Así las cosas, Israel por lo menos tiene una organización que se hace llamar Breaking the Silence, que pretende aclarar todo esto -porque sus integrantes han sido los que lo han hecho a lo largo de muchos años-, pretende denunciar como estos ejes de actuación se han pervertido. Pretende romper el silencio.
Porque el silencio es el único arma que se utiliza para defender este tipo de actuaciones. El silencio forzado de los palestinos y el silencio autoimpuesto y, como poco, parcialmente culpable y cómplice, de la sociedad israelí.
Porque el silencio nos permite no revisar nada de lo que hacemos y seguir creyendo que se está haciendo lo que en un principio se decidió hacer y era bueno que se hiciera.
Porque mientras mantengamos el silencio nadie podrá decirnos y no tendremos que escuchar que los ejes de actuación han dejado de servir. que los ángeles de los Cuatro Vientos se han transformado en loas Cuatro Jinetes del Apocalipsis.
Israel tiene la suerte de tener a Breaking the Silence.Nosotros ni siquiera eso. A nosotros nadie nos puede obligar a romper el silencio. Por suerte para todos hoy estamos hablando de Palestina e Israel.

Los Cuatro Ángeles de los Vientos (1) - si Sikkul y Hafradah no hacen lo que deben-

Es la era de los ejes. Los ejes de actuación son a la forma de organización social de la Civilización Atlántica. Lo que las dotes proféticas de la sibila eran a la Grecia Antigua, lo que los pilares de los cinco dioses fueron para la milenaria cultura del dragón. Lo que las tablas de la ley fueron a aquellos que inventaron para nosotros el dios en el ahora unos creen creer y otros creen no hacerlo.
Y precisamente, cuando la vista de muchos comienza a volverse a esas tierras -las de los inventores de dios- en las alas de cuentos infantiles de ángeles y pastores, quiero hablar de cuatro ejes de actuación, de cuatro parámetros existenciales de la tierra de Sion, que deberían haberle dado la vida y que, en realidad, la están haciendo heredar la muerte de generación en generación.
Hoy son nuestros protagonistas Sikkul, Hafradah, Mirkam hayyim  y Akhifat hok. No son los nombres de pila de los cuatro señores de los elementos; no son los nombres sagrados de los cuatro profetas hebreos. Son los nombres de los ejes de actuación de la ocupación militar israelí en Palestina. Son los nombres de lo que alguien, con toda su buena intención y su premio nobel de la paz en la repisa de la chimenea, diseñó como los cuatro ángeles guardianes de los vientos y que otros utilizan, de forma perversa, como los cuatro Jinetes del Apocalipsis.
Así que, dejemos la pandereta y los polvorones y preparémonos para otro de esos post en los que Israel no es el pueblo elegido de dios, Belén no es un portal con una mula y un buey y los muros de Jericó no caen por las trompetas celestes sino por las bombas hebreas.
Tenemos ejes de actuación para los gobiernos, para las empresas, para las parejas, para nuestras vidas. Los ejes de actuación son el remedo de las instrucciones mágicas que, en teoría, deberían introducir en el contenedor de nuestras vidas todo lo necesario para llevarla a buen término, para solucionar los problemas y afrontar los retos.
Pero en realidad son otra cosa, son -o los hemos hecho ser- las excusas perfectas para dejar fuera de la necesidad todo aquello que no nos conviene y justificar todo aquello que hacemos simplemente porque hemos decidido hacerlo, sin apelación posible a la lógica, sin recurso ninguno a la justicia.
Los ejes de actuación de los gobiernos dejan fuera a la sociedad, los de las empresas a la fuerza de trabajo, los de la pareja al otro y los vitales..., bueno mejor ni plantearse lo que dejan fuera los ejes de actuación que la interiorización egoísta y la autoayuda inefectiva dejan fuera de nuestros ejes vitales.
Los ejes de la ocupación israelí son el ejemplo perfecto de todo esto. No sólo dejan fuera de sus actuaciones las intenciones iniciales, corrompiéndolas y modificándolas a voluntad, sino que dejan fuera a los propios actores que debían trabajar en esos ejes. dejas fuera a Israel y Palestina.
Sikkul es el ángel de la prevención del terrorismo. Y no hay nada que decir al respecto. Para ordenar una sociedad como la palestina es imprescindible romper la dependencia que tiene del entramado terrorista que se mueve por sus territorios, desde los Mártires de Al Aqsa hasta Hamas, desde Hezbolah hasta las milicias de Al Fatah.
Pero Sikkul, el ángel de la prevención terrorista, no bate sus alas sobre la educación palestina, no deja caer sus amorosas plumas sobre las explicaciones de los actos israelíes y la ruptura de la cadena del odio, no descarga su espada llameante sobre los terroristas identificados y aquellos que les dan cobertura voluntaria y apoyo necesario. Eso el so que debería ser Sikkul. pero es otra cosa.
Las alas del ángel de Sikkul se extienden sobre todos los palestinos. Los considera a todos posibles terroristas y previene el terrorismo tratándoles a todos como si ya hubieran participado en un acto terrorista.
Previene el terrorismo considerando que todo hombre entre los 16 y los 29 años debe ser esposado y cegado durante los registros; considerando que toda población de la que haya salido un terrorista debe ser sometida a políticas de terror, que van desde el lanzamiento aleatorio de granadas detonadoras en plena noche hasta registros multitudinarios en las madrugadas; considerando que una niña que llora de miedo mientras ve como se expolia su casa de todo lo que hay de valor, comprenderá que no conviene meterse con la Brigada Kfir o con la Legión de Hebrón y que no le conviene hacerse terrorista.
Las preventivas alas de Sikkul se extienden sobre todo y todos los palestinos, haciéndoles ver que nadie castigará a los soldados que les roban lo poco que tienen en los registros, que nadie reprenderá a los sargentos que arrancan el velo de sus rostros en su propia casa o los pantalones de sus piernas en la calle, mientras están esposados y con los ojos vendados.
Enviando el profético mensaje de que, si quieren dejar de sufrir esa represión masiva e injustificada, no sólo deben renunciar a un terrorismo que, en la mayoría de los casos, nunca han practicado. Sino que además deben abandonar Palestina porque Israel no piensa hacerlo.
Así funciona Sikkul. El eje de actuación deja fuera a los palestinos porque los considera a todos terroristas, sin excepción, sin posibilidad de salir de esa caracterización se haga lo que se haga y no se haga lo que no se haga. Y deja fuera a los israelíes porque ellos, en Haifa, en Tel Aviv o en Jerusalén, saben o creen saber que con eso se está evitando el terrorismo. Y con eso les basta porque ellos nunca serán considerados terroristas.
Como todo eje de actuación, se estableció para lograr un objetivo e incluir a una serie de actores pero los deja fuera. El eje preventivo es lo que tiene.
Como los ejes de actuación empresariales consideran a todos los trabajadores como masa prescindible para reducir costes, independientemente de sus condiciones personales o como todo eje preventivo personal considera a todos los hombres como un posible problema para nuestra estabilidad o a todas las mujeres como un simple elemento de placer esporádico y sin compromiso - o viceversa, no nos engañemos-. Sin tener en cuenta sus necesidades, sus sentimientos, sus vidas. Sólo teniendo en cuenta la nuestra.
Pero no nos desviemos. ¡Con ustedes Hafradah!, el segundo ángel protector de Israél. El segundo eje de actuación de la ocupación. Algo que se llamó separación y que debería haberse llamado segregación.
El segundo guardián del templo, el segundo bienintencionado eje de actuación con el que Simón Peres quería desarrollar la ocupación de Palestina -teniendo en cuenta siempre que Peres  consideraba la ocupación como un mal necesario pero transitorio- era la separación de las poblaciones, en la idea clásica de que "si mando a los niños a estudiar cada uno a su cuarto no se pelearán por el mando de la consola" -¿cuando empezó a ser clásica esa forma de ver el mundo?-.
Así, las amorosas manos de Hafradah mantendrían a los palestinos en sus territorios y a los ultra ortodoxos judíos en los suyos. Las alas de la separación se extenderían como un muro que evitaría los enfrentamientos sin necesidad de tomar partido por unos o por otros.
¿Cantó la dulce voz de Hafradah esta canción? Por supuesto que no.
El ángel de la separación no recurrió a la lira, recurrió al látigo de los ataques selectivos que obligaron a los palestinos a hacinarse en ciudades -donde era menos sencillo ser objetivos, que en el aislado campo-, dejando esas tierras para que la magnificencia de Hafradah las pusiera en manos de colonos judíos.
Entonces el eje de actuación se reactiva, vuelve al principio y se permiten nuevos asentamientos en esas zonas y entonces se fuerza al ángel de la separación a alejar todavía más a los palestinos, a constreñirlos todavía más, para mantener el sacrosanto eje de la separación.
Así, de nuevo y por segunda vez, los palestinos quedan fuera del eje de actuación porque la separación nunca se mantiene como necesidad para los israelíes hasta el momento en el que están asentados en tierras, a las que no deberían haber llegado si se hubiera mantenido el principio de separación para ambas poblaciones.
Y deja fuera a Israel porque, de nuevo también, sólo perciben por sus televisores y sus radios que hay que mantener la separación entre los palestinos y los colonos e ignoran o quieren ignorar que los colonos antes no estaban allí.
De nuevo los ejes de actuación auto regulables y pervertibles que son la forma de organización de las maneras de hacer y de vivir occidentales. De nuevo los parámetros fijos que pervertimos para que nos vengan bien a nosotros y sólo a nosotros.
De nuevo la acción sindical que deja fuera a los autónomos considerándolos "empresarios explotadores", de nuevo el eje vital que  nos separa de los demás teniendo en cuenta solamente lo que ellos son para nosotros y no lo que nosotros somos o podríamos ser para ellos -uy, perdón, estaba hablando de otra cosa.
Y, como llegan las navidades y hay que mirar mucho tiempo a tierra santa. Me dejo los otros dos ángeles protectores, los otros dos ejes de actuación para dentro de un rato.
Coloquemos el belén, vayamos de tiendas para comprar los regalos a los niños y los compromisos a los adultos y, luego volvamos a descubrir cómo baten sus alas los otros dos ángeles de la ocupación israelí. Los otros dos ejes de actuación que podrían ser aplicables a toda ocupación, a toda guerra. Eso si saber lo que ocurre en el mundo entra dentro de nuestros ejes de actuación, claro está. Que eso es sagrado.
Así conoceremos la mítica historia de los otros dos ángeles que protegen a Israel de Palestina y a nosotros de... 

sábado, diciembre 18, 2010

Economía bajo el muérdago por y para legos

Hoy, como buen sábado prenavideño, toca una de economía. Toca una de economía no porque lo diga yo, no porque a mi se me antoje hablar de economía -que también-, sino porque la economía salta a nosotros, no desde las páginas de los periódicos y, ni mucho menos, desde textos sesudos universitarios.
La economía nos asalta entre bolsas y calles de tiendas; entre paquetes y centros comerciales. La explicación de la economía nos llega desde las compras navideñas.
Muchos son los que han hablado de las hipotecas, de los riesgos bancarios, de la burbuja inmobiliaria, de los sistemas financieros de riesgo y de especulación y de otro sinfín de elementos como causantes de la crisis. Nosotros hemos escuchado, hemos leído, hemos creído entender y hemos asentido.
Otros -muchos menos- han hablado de la excesiva flexibilidad del euro, de la decadencia del dólar, de la excesiva rigidez del Yuan -eso con lo que se compra y se vende en la tercera economía del mundo, o sea China-. Eso lo hemos escuchado mucho menos, lo hemos entendido casi nada y ni siquiera nos hemos atrevido a asentir por si acaso el mero asentimiento nos costaba dinero.
Pero, en toda esta cascada de explicaciones y motivos sobre la crisis que nos aqueja, pocos -por no decir ninguno- han hablado de algo que apenas se susurra en las aulas y cátedras de economía, que apenas se intuye en los gabinetes de análisis financiero. Nadie ha hablado de nosotros.
Bueno, de nosotros como víctimas sí, de nosotros como agentes también. Pero no de nosotros como causa, como consecuencia y de nuevo como causa de esta crisis que, aunque desaparezca en su avatar catastrófico de ahora, permanecerá enquistada en el sistema por los siglos de los siglos. Amen.
Nadie ha hablado de las compras navideñas.
Y nadie lo ha hecho porque eso significa simplemente reconocer el fallo intrínseco del sistema. El fallo que cometemos nosotros al asumirlo, que es mucho más relevante que el cometieron los chicos del global liberalismo al inventarlo, allá por los años ochenta del pasado siglo.
Se supone que este sistema se basa en la creación de riqueza pero no es así. Se basa en la creación de productos porque se basa en el comercio y sin productos no hay nada con lo que comerciar. Eso supone que tenemos que crear productos a bajo precio para poder venderlos.
Hasta ahí vamos bien y todavía no nos vemos reflejados en el sistema. Todavía nosotros no tenemos nada que ver. Los empresarios quizás sí, pero nosotros no. La culpa de la crisis sigue siendo de otros.
Pero con lo que no contamos es que somos nosotros los que compramos. Los que basamos el concepto de riqueza, de bienestar, en la acumulación de bienes, en la elevación continua y constante de los parámetros de lo que consideramos "necesario" para estar cómodos en nuestra vida y nuestra existencia, para llegar a nuestros mínimos. Para sentirnos bien. 
Y estoy hablando de productos y servicios, claro está ¿De qué otra cosa podría estar hablando?, ¿quien puede necesitar más amor, más solidez mental, más verdad -aunque sea dolorosa- o más apoyo afectivo para mejorar su vida? Eso no se vende en las grandes superficies -sexo, autoayuda y diversión, quizás sí. Pero eso no-, así que eso no puede ser necesario.
De manera que exigimos más productos y más baratos para que la felicidad esté al alcance de todos. Y nos convertimos en la pala y el sepulturero del sistema económico que estaba llamado a proporcionarnos las garantías mínimas para esa felicidad.
Una pregunta con trampa ¿como consiguen los fabricantes de productos poner en el mercado más productos y menor precio, en un sistema en el que la evolución tecnológica no puede competir con el aumento de la demanda? Vale, es complicado. Una pista. ¿descendiendo los costes de producción? y ¿cómo se descienden los costes de producción?
¡Voila! Descendiendo los costes laborales.
Así que, por resumir, cuanto más consumimos menos ganamos ¿curioso, verdad?
Somos causa y efecto de la crisis que está matando y seguirá matando al sistema económico que debería mantenernos vivos o al menos permitirnos sobrevivir. Que, aunque lo parezca, no es lo mismo.
Nuestro exceso de consumo, de necesidades disfrazadas de básicas, de productos revestidos de imprescindibles, obligan al sistema a controlar, congelar, rebajar y minimizar sus gastos laborales -o sea nuestros sueldos- una y otra vez para poder producir todo lo que demandamos y, una vez que están esos productos en el mercado, las empresas se arruinan porque nadie tiene el dinero suficiente para consumirlos todos porque han  sido minimizados, controlados, congelados y reducidos sus salarios.
De modo que se incentiva más el consumo y se bajan los precios de manera que parece que todo se arregla hasta que de nuevo, nosotros, no los financieros, no los empresarios, no los brokers de Wall Street ni los consejos hipotecarios de los bancos, nosotros y sólo nosotros, volvemos a cometer el mismo error en un nuevo ciclo y nos convertimos en causa y efecto del colapso de nuestra economía personal y social.
Volvemos a elevar nuestros requerimientos de bienestar basado en la adquisición de productos -y también de servicios, no olvidemos los servicios-, cimentado exclusivamente en el consumo. Puede que nos parezca que lo único que estamos haciendo es volver a lo que considerábamos necesario antes del colapso. A lo que era justo, a los mínimos. Pero no es cierto.
El sistema ya se ha reorganizado a la baja, así que lo que, hace un tiempo, era un mínimo difícimente asumible ahora es un máximo universalmente inalcanzable. El sistema no puede funcionar de otra manera, no puede cambiar.
No hasta que nosotros, causa y efecto de todas las causas y efectos de sus cíclicas crisis, consintamos en cambiar.
 Pero no podemos cambiar, no podemos superar el tabú de nuestra propia identidad, de nuestra propia inmutabilidad como individuos aislados.
No hasta que el sobreconsumo no nos atenace, no nos imponga su presencia como forma de alcanzar el bienestar, la comodidad. No hasta que sepamos sustituir todas esas necesidades supuestas, todos esos mínimos imprescindibles por las necesidades reales que nos conducen a la plenitud, por los mínimos personales y afectivos cuya carencia ese comercio está ocultando.
No hasta que descubramos que lo que necesitamos dar y recibir para ese bienestar no se vende en los centros comerciales. No se intercambia en los bares y garitos de moda. No se compra, se pide. No se vende, se da.
Pero no lo haremos, ¿verdad? Nadie pone nada de eso en las estanterías de los centros comerciales engalanados con guirnarlas y falso acebo de plástico barato. Mejor seguimos intentando comprar el bienestar, traficar con la alegría, consumir felicidad. Aunque eso nos lleve a un nuevo ciclo de crisis, colapso y fracaso.
¡Enhorabuena hijos e hijas del liberal capitalismo global! ¡Lo hemos conseguido! ¡Ya no podemos echarle la culpa a nadie! ¡Felices compras navideñas!

viernes, diciembre 17, 2010

Ainara no habla a los hombres por teléfono -o el misterio del número de Igualdad-

Ainara es un nombre hermoso. Es un nombre que, si yo tuviera una hija, estaría dispuesto a colocar en su partida de nacimiento. Como Askani, como Nagari, como Onaré.
Pero, como toda hija necesita una madre, nunca tendré un vástago que responda al nombre de Ainara. Porque la única mujer que conozco que querría ese nombre, no lo quiere conmigo y, si me paro a pensarlo, no lo quiere con nadie.
Porque Ainara significa golondrina y las golondrinas vuelven. 
Y volver es algo que la única potencial madre de Ainara nunca ha estado dispuesta a hacer. Al menos, volver a mi. A cualquier otro sitio, sí. Pero volver a mi, no.
Pero no escribo esto para discernir lo que las posibles madres de futuras ainaras podrían o querrían hacer o no hacer conmigo, sino para explicar cosas que escribe y publica una ainara que ya existe.
Una ainara que se ha convertido, en contra de lo que debería ser, en la voz de lo que piensa y de lo que defiende. En la voz de su amo. O ama. aunque la diferencia de género es evidente, la diferencia de gradación es ínfima.
La ainara que ya existe ha escrito algo sobre el teléfono del destruido Ministerio de Igualdad que estaba destinado a los hombres. Parece increíble, pero no lo es. El Ministerio de Igualdad decidió abrir un teléfono para hombres en un ministerio que había decidido de antemano que la única víctima posible era la mujer, que el único verdugo posible era el hombre. Que la única ministra posible era Bibiana Aido. Pero lo abrió.
Y ahora lo cierra. Lo cierra amparado en la crisis, amparado en unos criterios austeros que a nadie pueden ofender porque son los que han originado que un ministerio, que implícitamente ha sido eliminado por inútil,  haya caído  y sido absorbido por el de Asuntos Sociales, del cual nunca debió salir.
Pero la ainara que escribe sobre este recorte, sobre esta eliminación, la Ainara de El País, reproduce sin cuestión lo que le dicen las fuentes del antiguo ministerio -ahora Secretaría de estado, que no se va a quitar el sueldo a aquellas que han hecho del maltrato y la tragedia de otras su forma de subsistencia-. Y lo hace sin cuestionarlas, sin ponerlas en duda. Lo hace sin hacer lo que cualquier periodista haría -ponerlas en entredicho- y sin hacer lo que cualquier golondrina haría -volver al punto de partida-.
Ainara habla de las escasas 6.000 llamadas que han sonado en el teléfono para hombres del Ministerio de Igualdad y afirma que era insostenible que cada una de esas llamadas tuviera un coste de más de 100 euros, porque el presupuesto de ese servicio superaba los 800.000 euros.
Pero la golondrina periodística no dice que podría haberse mantenido el servicio presupuestando mucho menos para él; no habla de las más de 10.000 llamadas que ha recibido preguntando sobre qué podía hacer un hombre para denunciar una agresión por parte de una mujer o sobre cómo podía defenderse de una denuncia de agresión o maltrato que era injustificada, exagerada o, simple y llanamente, falsa e inventada.
Ainara no habla del sinfín de contestaciones de "acuda a la policía", "denúncielo en un juzgado" o "llame al Ministerio de Asuntos sociales" han salido de los labios de las operadoras de ese servicio. Ainara no habla -porque no lo sabe o se niega a saberlo- de la multitud de llamadas que han sido respondidas con la sentencia "este teléfono no presta ese servicio". Quizás porque no lo haya preguntado o quizás porque lo ha preguntado y nadie le ha contestado. Pero el hecho es que Ainara no habla de ello.
Así, parece que el teléfono de atención al hombre del Ministerio de Igualdad es inútil, es insustancial, es susceptible de ser eliminado y, por ende, está bien eliminado.
Bien eliminado cuando no se eliminan campañas, millonarias en euros, de concienciación contra el maltrato que no han conseguido que descienda el número de mujeres muertas a manos de sus parejas o ex parejas -claro, que el concepto es perverso en su origen, pero eso nadie va a decirlo-.
Parece que no importa eliminarlo cuando no se eliminan subvenciones millonarias a asociaciones que permiten, por desidia y falta de rigor, que un individuo humille y explote a mujeres maltratadas en una casa de acogida que, en teoría, debería ser un refugio para reponerse de ese tipo de actitudes y dolores.
Así que lo que Ainara calla, lo que no pregunta, es lo que convierte una política errática en un ajuste presupuestario, es lo que transforma un criterio discriminatorio e intransigente en un recorte justificado, austero y necesario. Lo que la golondrina no pone, pese a su pelaje, en el blanco y negro de la letra sobre papel es todo aquello cuya elusión permite que pase por una política democrática algo que no es otra cosa que un error que, por vengativo e innecesario, roza el límite interno de lo tiránico.
Pero Ainara no puede decirlo, no quiere preguntarlo y no lo escribirá. Volverá, me temo, haciendo honor a su bello nombre, a ocultar lo que viene bien que se oculte. Volverá una y otra vez como las beckerianas. Al fin y al cabo las golondrinas, las ainaras, son oscuras. Oscuras y siempre vuelven.

Kosovo demuestra que no mirar no espanta a los monstruos -hasta en Los Balcanes-

¿Os acordáis de Milosevic? ¡Como para olvidarse! Ese individuo que hizo de la antigua Yugoslavia un infierno de odio, racismo y limpieza étnica. Ese personaje juzgado durante años por perpetrar, ordenar e idear toda suerte de desmanes, que iban desde los centros de violación masiva de mujeres a los ataques nocturnos con quema de casas y castraciones por doquier entre los gritos y las sombras.
Milosevic fue condenado. Pero eludió su sentencia -como suelen intentar todos aquellos que la merecen- porque fue hallado muerto en su celda el 11 de marzo de 2006, en el centro de detención del Tribunal Penal Internacional en Scheveningen.
Milosevic fue un monstruo, eso es incuestionable y no hay pero que valga. Pero -y siempre  hay pero que vale- fue el monstruo que perdió. Eso no lo olvidemos.
Con Slobodan Milosevic no se cometió ningún error, ninguna injusticia. El adalid de la limpieza étnica balcánica no merece ninguna vindicación, ningún revisionismo. Puede que la historia demuestre que hizo lo que hizo, ordeno lo que ordenó y alentó lo que alentó por motivos diferentes a los que ahora se cree. Porque su padre le pegaba de pequeño o porque tenía un gen atrofiado en la parte de la cadena de adn que convierte a los homo sapiens en seres humanos.
Da igual. Eso nos ayudará a entender y a explicar lo que hizo. Pero el mero hecho de que lo hiciera le coloca más allá de toda revisión, de toda redención, de toda comprensíón.
Y os preguntareis por qué hoy, precisamente hoy, que no se cumple aniversario alguno, que no se dicta sentencia alguna contra la maquinaria de represión étnica serbia en esa guerra pretérita, yo me dedico a hablar de Milosevic, a reiterar lo obvio, a revisar lo sabido. A recordar al monstruo.
La respuesta es sencilla. Hoy, precisamente hoy, es obvio y evidente que no cometimos un error con Milosevic pero sí lo cometimos con sus enemigos. Dejad que lo repita, con sus enemigos. No he dicho sus víctimas, he escrito sus enemigos.
Milosevic era un monstruo, pero no era "el monstruo", con mayúsculas y sin competencia. Simplemente era el monstruo que perdió la Guerra de Los Balcanes, simplemente no era nuestro monstruo.
Y eso lo demuestra hoy, precisamente hoy, la noticia más sobrecogedora que puede leerse en un periódico, que puede escucharse en un informativo, que puede encontrarse en el vacío que vincula de Internet.
Hoy, precisamente hoy, sabemos y reconocemos que prisioneros de guerra serbios -pero, ¿hubo de eso?- y habitantes serbios de Kosovo -pero ¿existían esos?- fueron encerrados, engordados y sacrificados para traficar con sus riñones por aquellos que, hasta ayer, sólo eran conocidos por haber sido los enemigos de Milosevic. Por haber sufrido su barbarie y su crueldad.
Por aquellos que, hasta ayer, para nosotros, que vemos las guerras desde la barrera, los desastres desde la televisión y las crueldades desde las ONGs, eran y habían sido simplemente sus víctimas.
A estas alturas del partido resulta tan reiterativo que el Occidente Atlántico está pegado al culto a la víctima que se antoja absurdo e inútil repetirlo. Pero, en este caso, la inutilidad se sustituye por la necesidad.
Cuando estalló el conflicto balcánico todos elegimos bando. A todos nos hicieron elegir bando. Eso es lo que tienen los medios de comunicación. Eso es lo que tiene no participar en los conflictos y contemplarlos desde lejos. Se puede elegir bando. Como en un juego de ordenador. Como en el fútbol.
Pero era evidente que, en plena desintegración del que se dio en llamar el comunismo real, no había más que un bando que elegir.
Los serbios eran aquellos a los que el poder soviético había colocado al mando de una nación que era serbia, sí, pero que también era croata, bosnia, montenegrina e incluso albanesa y kosovar.
Era evidente que alguien, en alguna parte entre el río Potomac y Bruselas había decidido que Slobodan Milosevic era el único Scila, Radovan Karacic era el único Caribdis y los serbios sus únicos mosntruosos hijos. Y así, en virtud de ese reduccionismo victimista que nos aqueja y nos ahoga, convertimos  a todo los que se oponían a ellos en víctimas. Sin preguntar, sin mirar, sin entender. Pero, claro, para todo eso hay que estar allí. Y pocos de nosotros hemos estado allí.
Es más fácil reconocer un monstruo y obviar los demás. Así podemos meter en el mismo saco a cincuenta mil mujeres violadas y a Rahim Aedemi, cuya especialidad, como albanés al mando de las fuerzas de choque croata, era matar a los hombres y embarazar a las mujeres -obviamente, en contra de su voluntad, en ambos casos-.
 De esa manera, podemos verter en el mismo llanto nuestras lágrimas por los miles de hombres castrados por los comandos del EPK en las plazas públicas de los pueblos bosnios y kosovares y al general Ante Gotovina, cuya forma de acción incluía el asesinato sistemático de serbios, empezando por niños, hombres, ancianos, ancianas y mujeres. Por ese orden. Nunca ha explicado porqué, porque nunca ha comparecido ante un tribunal y permanece protegido en algún lugar de la región de Zadar por antiguos combatientes croatas.
Y hoy nos llega la noticia de que los gobernantes de los otros "pobrecitos", las otras víctimas electas de Milosevic y la serbia post soviética y racista, es decir, los kosovares, se dedicaban a traficar con los órganos de la población serbia de su país, se dedicaban a un negocio ruin, cruel y despiadado a costa de la dignidad y de las vidas de aquellos que eran serbios pero no eran Milosevic, ni Karacic, ni siquiera Bladic.
Ahora, cuando es tarde, cuando no podemos hacer nada, cuando es absurdo acudir a los golpes de pecho y a las disculpas, porque las mujeres serbias, croatas, bosnias, macedonias, montegrinas y kosovares ya han sido violadas, los hombres, balcánicos, en general, ya han sido castrados y asesinados y los riñones, serbios, en particular, ya han sido vendidos, descubrimos que no había un monstruo y miles de víctimas.
Que había miles de monstruos y millones de víctimas. En cada bando, en cada comando. En toda la guerra.
Pero no pasa nada. El Gobierno no dará pábulo a eso porque tendría reconocer que ha arriesgado a nuestros legionarios para defender la libertad de un gobierno que nunca la quiso en Kosovo. La Oposición no dará pábulo a esta historia porque tendría que reconocer que ha pedido y exigido desde la izquierda y la derecha el reconocimiento de un estado que hace de la Alemania Aria del amigo Adolfo el paradigma de un Estado de Derecho.
Así que podemos estar tranquilos, la mala conciencia -si es que aún podemos tener mala conciencia- no estropeará nuestras vacaciones, nuestras navidades.
Milosevic era un monstruo, agarrémonos a eso y sigamos creyendo que hicimos bien. Ocultemos al resto de los monstruos y nosotros podremos seguir creyendo que los balcanes son democráticos y nuestros hijos podrán seguir creyendo que, cuando nazca un monstruo, sus amantísimos padres le identificarán y le destruirán.
Eso hasta que uno de nuestros monstruos domesticados decida dejar de serlo ¿No reconceís el rostro de la foto? Pues deberiaís hacerlo. Es uno de nuestros monstruos.

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