lunes, marzo 24, 2014

Dignidad sanitaria arcaica o gobierno prehistórico

Entre las cosas importantes del pasado fin de semana, a saber la muerte de Adolfo Suárez -ese que supo irse a tiempo de la política, ¿se acuerdan?- y el clásico de fútbol entre esos dos equipos que se enfrentan mas veces que persas y griegos pero que siempre parece que es la única y más importante, ocurrieron otras cosas.
Y uno de esos hechos que todo el mundo, al menos todos los que forman parte del stablishment, se empeña en minimizar es la manifestación que hizo confluir las marchas por la dignidad que habían recorrido el país contra la política de recortes -y de otras muchas cosas- de ese gobierno nuestro que pasea de Génova a Moncloa sin pasar por ni una sola vez por la calle.
Es absurdo ponerse a discutir sobre si fueron un millón o treinta y seis mil, tampoco hay ya que valorar si dejar sin testículos a un manifestante o apretar la cara de otro contra el suelo con un escudo antidisturbios es forma adecuada de dirimir protestas, o si mientras miles se manifiestan pacíficamente hay que poner el foco informativo en los que montan bronca.
Tampoco toca ya discutir si elevó la tensión más Ada Colau con sus tuits o la egregia delegada del gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, con los suyos. Pero hay una cosa que se antoja que no debe pasarse por alto, que puede resumir al final quien o quienes están más cerca de la verdad en este asunto.
Las marchas, la manifestación y la protesta reclamaban una cosa: dignidad.
Y desde las apoyaturas del gobierno, desde sus medios afines y sus voceros oficiales, se las calificó de todo. De radicales, de sectarios, de terroristas... Y hubo algunos que, quizás aquejados por el virus de la modernidad post capitalista y neo liberal, las acusaron de antiguas y anticuadas. 
Y eso sí que es gracioso. Bueno sería gracioso, si no fuera patético.Cierto es que recuperar imágenes en sepia de tiempos pretéritos para promocionarlas podía parecer anticuado, cierto es que los lemas coreados sonaban a superados hace tiempo, pero hay una cosa que no conviene olvidar: reclamaban dignidad.
El hospital de la Paz, el hospital de referencia para muchos asuntos sanitarios en esta país, estaba sin calefacción mientras los manifestantes reclamaban dignidad. 
Los enfermos, por tercera o cuarta vez este año, tenían que ser cubiertos con mantas e incluso con toallas para que no tuvieran fría porque la central térmica del hospital no se cambia por falta de presupuesto mientras los manifestantes reclamaban dignidad.
Los profesionales sanitarios tenían que calentar agua en hornos microondas para lavar a los pacientes con una palangana mientras los manifestantes pedían dignidad.
Los pacientes del hospital general de Alicante tenían que secarse con sus propias toallas y llevarse las mantas desde casa porque cinco años de recorte presupuestario han dejado al centro sin material mientras los radicales coreaban lemas desfasados pidiendo dignidad.
Una paciente con una hernia estaba sedada contra el dolor en su casa en espera de una operación que tuvo que ser suspendida porque no había anestesista en el hospital Gregorio Marañón de Madrid -otro centro de referencia- a causa del os recortes de personal mientras esos antisistema se colgaban de la arcaica reclamación de dignidad venida de otro tiempo.
Unos padres enterraban a una niña de tres años que murió camino del hospital tras una larga espera porque la sanidad vasca le negó una ambulancia con el argumento de que vivía en el Condado de Treviño y eso corresponde a Miranda de Ebro para no cargar con los costes mientras los "pijos ácratas" clamaban a gritos en Colón por la dignidad.
Mientras los que viven en otro momento de la historia reclaman una dignidad que dicen trasnochada, los pacientes de hemodialisis han de llevarse sus propias almohadas en Valladolid, los hospitalizados lavar sus propias sábanas en Castellón, los enfermos de urgencias se agolpan en los pasillos del Vall D'Hebron de Barcelona o de los hospitales Castellano - manchegos, las familias de los pacientes tienen que recorrer un descampado digno de una novela de Delibes, sin asfaltar y sin luz para acceder al hospital Infanta Leonor en el distrito madrileño de Vallecas...
Así que más allá de los números, de los manifestantes, de las fotografías en sepia, de los lemas repetidos y recuperados, no nos dejemos engañar.
Se recuperan lemas de antaño porque tenemos un gobierno de antaño. Se reclama la dignidad que ya se tenía porque nos la están robando, porque ya nos la han robado.
Todas esas situaciones sanitarias son indignas. Indignas de un país, ya no occidental o avanzado, sino simplemente civilizado, todas las decisiones que han llevado a esas situaciones son las que son realmente antiguas, trasnochadas y pertenecientes a otro tiempo. Al tiempo de Los Santos Inocentes, al tiempo de Los Miserables. Al tiempo en el que se tomaron esas fotos en sepia y se acuñaron esos lemas en negro sobre blanco.
Si a las que tuitean elegantemente vestidas de negro riguroso sentadas en el borde de la mesa de su despacho esos lemas  les suenan antiguos y desfasados es porque el gobierno al que pertenecen ha tomado decisiones antiguas y desfasadas que han arrojado nuestra sanidad a momentos pretéritos. A situaciones de las que hasta Cánovas o Sagasta se avergonzarían.
No es que reclamar dignidad sea anticuado. Es que robarla es prehistórico. Y eso es lo que hacen con nuestra sanidad y con otras muchas cosas.


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