domingo, septiembre 05, 2010

Si nos roban el viceversa a mujeres y hombres

Antes de tomarse unas vacaciones -como si, en la actual situación algún ministro o político opositor español mereciera unas vacaciones- la ministra de Igualdad, la aguerrida Bibiana Aido, reclamó su momento de gloria y su cuota de pantalla anunciando el comienzo de una campaña contra la  publicidad de la prostitución.
Parecía que, por fin, su ministerio había salido del redundante y continuo recurso a los malos tratos y la violencia dentro del entorno familiar para justificar su dotación presupuestaria y había ampliado sus objetivos a algo que si es un elemento objetivo y claramente cuantificable de discriminación social, como es el submundo tanto económico como criminal que mueve la protistución forzada en nuestro país.
Pero la vuelta de vacaciones nos ha dejado un mal sabor de boca, nos ha cortado las posibilidades de dar crédito a ese ministerio -y a otros muchos-, nos ha descubierto que, por más objetivos políticos que Aido y sus acólitos y acolitas aborden, por mas que cambien su punto de mira de una discriminación a otra -para intentar corregirla, se supone-, son incapaces de hacer el único cambio que daría sentido completo a su ministerio
El Ministerio de Igualdad, como reflejo de la propuesta ideológica que lo ha hecho posible -y me refiero al feminismo Dworkinano y MacKinnonista, no al socialismo, que nada tiene quever con esto-, es incapaz de aceptar el concepto de bidireccionalidad. No puede entender el significado de la palabra viceversa.
Una red, supuestamente imposible e improbable, de explotación sexual de hombres ha dejado al descubierto los principios ideológicos que sustentan las posiciones mayoritarias en el feminismo visible español. Ha demostrado su incapacidad manifiesta  de asumir que parte -sino la totalidad- de su discurso ha de ser revisado porque se basa en premisas erróneas.
Ochenta personas, traídas con engaños desde paises en los que la esperanza y el futuro son algo practicamente desconocido, son obligadas a prostituirse: el ministerio y la ministra afirman que "la mayoría de las víctimas de la prostitución son mujeres". 
Ocho decenas de seres humanos son encerrados en casas de las que no se les deja salir, trasladados y hacinados como ganado, amenazados, agredidos y maltratados: el ministerio y la ministra redundan en el hecho de que "salvo en casos minoritarios, las mujeres son las más explotadas".
Casi un centenar de personas son forzados con golpes, quemaduras y amenazas a consumir drogas y sustancias potencialmente peligrosas para que puedan seguir ejerciendo la prostitución más allá de sus capacidades físicas: el ministerio y la ministra afirman que "existe un plan integral contra la explotación de seres humanos, pero que hay que hacer más hincapíe en los problemas que la prostitución acarrea a las mujeres".
¿A qué se debe esta insistencia redundante e innecesaria?, ¿por qué se produce este impulso continuo de recordar la presencia femenina en el oscuro mundo de la prostitución criminal? La respuesta se omite por obvia. El ministerio y la ministra necesitan recalcarlo, recordarlo y reforzarlo porque las personas explotadas, los seres humanos esclavizados, las víctimas inocentes eran hombres.
No se trata de caer en la explicación que a esta postura del ministerio daría el antifemnismo radical -tan pernicioso como el feminismo radical-. Todo es mucho más simple. Se trata de un síntoma típico de reacción al mal de la caida de los palos del sombrajo.
Al Minsiterio y a todas aquellas que mantienen las posiciones ideológicas que le sustentan les viene muy mal que aparezcan redes de explotación sexual de hombres. Se les caen los palos del sombrajo porque, independientemente de su condición minoritaria, que nadie discute, la explotación sexual maculina les destruye totalmente uno de los pilares fundamentales de su existencia: que la violencia y la agresión a las mujeres en la sociedad actual parte del machismo y del institnto de dominación sobre ellas sólo achacable a los hombres.
Si un hombre se convierte en macarra de otro hombre resulta absurdo explicarlo a través del concepto de la clase femenina oprimida de MacKinnon. Si un varón explota sexualmente y maltrata, humilla y destruye a otro varón para obtener beneficios económicos no se puede recurrir al manido instinto de dominación másculina sobre la mujer acuñado por Dworkin, en su feminismo más desesperado y desesperante.
Para explicar dos hechos que son en apariencia idénticos se tiene que buscar -aplicando el olvidado y nunca suficientemente ponderado concepto de la Cuchilla de Occam- la explicación más sencilla que sirva para encontrale sentido a ambos.
Ni el ministerio, ni la ministra, ni las hijas de Dworkin, ni las herederas de MacKinnon pueden hacerlo porque esa explicación es la más trágica, la más sencilla, pero la más trágica. Y además las deja sin defensas, sin escudos, sin apriorismos salvadores.
La explotación sexual de mujeres -y por tanto la de hombres- no se debe al machismo ni al instinto masculino de dominación. Es el producto de una sociedad occidental que ha recorrido a lo largo de los siglos el camino de la deshumanización hasta completarlo casi por entero. Se debe a que hemos decidido comerciar -con dinero o por trueque- con todo y con todos.
Se debe a que hemos considerado que es lícito, ético y estético satisfacer nuestras necesidades a cualquier precio. Se debe a que hemos aceptado ser objetos intercambiables de otros y tratar a los otros como objetos desechables -en el sexo y en todo lo demás-. Se debe a que estamos dejando de ser humanos.
Y por eso el ministerio y sus  medios y plumas afines se lanzan a una campaña para minimizar hasta hacer desaparecer la prostitución masculina. Publican reportajes en los que se afirma que la protistución y la explotación sexual másculina está oculta y es menos esclava que la femenina, ignoran la nota de prensa de la policía en la que se decía que "la mayoría de los clientes de la red eran hombres" para no tener que reconocer que una minoría de esos clientes explotadores eran mujeres; tiran de datos -aportados bienintencionadamente por los colectivos de gays- en los que sólo se hace referencia a la prostitución homosexual, ignorando los datos sobre los "chicos de compañía", los locales de "boys" y los gigolos que pueblan las páginas de Internet.
Porque aceptar que las mujeres son clientes de protitución, que sustentan y colaboran en la explotación de hombres supone asumir que ellas también tratan a los hombres como objetos sin concederles dignidad y además les deja sin la justificación para la existencia de su ministerio -que no de la lucha contra la explotación sexual femenina-.
Porque aceptar que las redes de protistución de lujo -las famosas escorts- están gestionadas y dirigidas por mujeres hace imposible negar la realidad de que las mujeres también son capaces de tratar a otras mujeres como objetos y beneficiarse de su sufrimiento y humillación y, por ende, les obliga a replantearse todos sus supuestos idológicos y filosóficos. Y eso, que resulta extremadamente difícil para el común de los mortales, para un político y un ideólogo -sea del sexo que sea- se antoja completamente imposible.
Por eso Aido responde a la aparición de una red de explotación sexual masculina recuperando su campaña en contra de los anuncios de protitución en los medios de comunicación en lugar de iniciar una de información entre los chaperos y transexuales del madrileño Paseo de Camoens, por ejemplo; en lugar de iniciar un plan de ayuda a los que son explotados como ya existe para aquellas que sufren la esclavitud sexual, en lugar de pedir al Ministerio del Interior que a la vez que prohibe los anuncios de protistución en prensa prohiba los artículos de las revistas femeninas que bromean sobre el asunto, justifican su uso e incluso recomiendan a sus lectoras la utilización de estos servicios como muestra de independecia, forma de lucha contra el machismo imperante y solución a sus problemas de pareja.
¿Qué esos artículos no existen? Es posible que me equivoque de medio a medio. Al fin y al cabo hace cinco días tampoco existia la esclavitud sexual masculina organizada en España.
Y la crítica es solamente eso, crítica. No machismo rabioso.
Es el convencimiento de que hay algo más importante que lograr que las mujeres no sean explotadas sexualmente: conseguir que nadie sea explotado sexualmente. No porque sea hombre, sino porque quiero intentar seguir siendo humano.

sábado, septiembre 04, 2010

Cristina Kirchner mira a Chavez con envidia y echa de menos al bueno de Joseph Goebbles

Y vuelta la burra al trigo.
Parece que los gobiernos y los gobernantes se nos han vuelto recurrentes, recurrentos en el error, eso sí. Se empeñan en mirarse unos a otros para imitarse, para copiarse, para equivocarse en las mismas cosas.
 Diriase que les gusta sentirse acompañados en sus tropiezos, como si poder señalar al de la frontera de al lado y decir "ese también lo hace" les fuera a facilitar una justificación cuando alguien les pregunte el motivo de cometer un error que ya se ha cometido antes.
Y eso es lo que está pasando con la política de medios de comunicación en América Latina, Hispanoamerica, Surdamérica, Iberoamérica o como quiera que la corrección política y la susceptibilidad del momento nos obligue a llamarla ahora.
Ya resulta más que sospechoso que alguien tenga una política de medios de comunicación, así de repente, como llovida del cielo, pero lo que resulta casi provatorio es que, en un país como Argentina, al que se le supone algo por delante del resto de sus vecinos en estas y otras cuestiones, a la señora Cristina Fernandez, esposa y sucesora de Kirchner, le de por copiar en la actitud y el deseo a su siempre molesto vecino Hugo Chavez.
Teniendo tan cerca -relativamente hablando- una política de control de medios tan desastrosamente dictatorial como la que ha impuesto e impone el mesias bolivariano venezolano, la presidenta Kirchner se empeña en intentar algo que lleva haciendo fracasar régimenes y gobiernos desde el albor de los tiempos. Cierto es que no hay mucho que copiar en Sudamérica en lo que a gobiernos se refiere, pero elegír emular a Chavez concretamente en esto es casi un chiste. de mal gusto, pero un chiste. 
Kirchner y los suyos intentan algo que ha cercenado la imagen esperanzada que del bolivarianismo de Chavez tuvo alguna vez el sur del continente americano; algo que impidió al resto del mundo creer que algo había cambiado en la Rusia de Yeltsin y de Putin, pese a que se estrellaran contra el suelo todos los adoquines del muro de Berlín y se destiñera el rojo perpetuo de la bandera soviética para recuperar la tricolor rusa; algo que mató la revolución cubana antes de que le diera tiempo a crecer; algo que fue el germen del suicidio de la dictadura española durante cuarenta años. 
La presidenta argentina, no se sabe muy bien si por soberbia, por ignorancia o por ambas cosas a la vez, parece creer que a ella le va a salir bien una operación que ni siquiera lograron los tres mayores aparatos de propaganda que ha construido levantado y mantenido el ser humano sobre la faz del planeta: La Inquisición, La AgitPro soviética y el Ministerio de Información y Propaganda Nazi.
Pretende silenciar a todos aquellos que no digan lo que ella quiere que se diga, que no escriban lo que ella quiere que se escriba y que no contribuyan al mantenimiento de su imagen y su poder. 
Este es el momento en el que algunos -o muchos- argentinos pueden tirar de orgullo patrio -que a ellos les sobra y a los demás tampoco nos falta- y decir, defender y argumentar que no es lo mismo, que no se trata de una posición dictatorial, que a Kirchner se la ha elegido de forma democrática.
Puede que eso les haga vivir más tranquilos, puede que su percepción -ese gran crisol subjetivo tan de moda hoy en día- sea esa. Pero no dejará de ser una falacia.
Lo que Kirchner hace con el Juicio del Papel Prensa para amordazar, atar y domar a Clarín y La Nación no es diferente de que lo que se hizo con la Ley de Imprenta promulgada en Alemania en 1935 y firmada por un tal Joseph Goebbels -no sé si, a estas alturas del partido, ese nombre le sonará todavía a alguien-.
En esa ley, también apoyada por un parlamento elegido por el pueblo -por una vez haber estudiado periodismo sirve de algo-, se controlaban los recursos necesarios para la publicación de prensa -otra vez el papel- para evitar que accedieran a ellos de forma indiscriminada y monopolística publicaciones que habían demostrado tener relaciones con los enemigos del Estado Alemán.
Los chicos de Gooebbles recurrieron al comunismo, el anarquismo y el sempiterno monstruo judío y la presidenta argentina recurre al ogro y el fantasma nacional eterno en Argentina: la dictadura militar. Aunque separada por más de ocho décadas, un océano y dos continentes, la diferencia entre una legislación y otra es ínfima.
Es tan absurdo como intentar exterminar a los escualos por haber causado en el mosozoico la extinción de los peces teleósteros. Tan absurdo como si el congreso estadounidense retirara el papel prensa a Los Angeles Times por haber alentado la insumisión en la guerra de Vietnam o al Meridian Star por haber defendido la segregación racial en el viejo y profundo sur del país.
Y luego está la nueva Ley de Medios, creada a toda prisa, activada a machas forzadas en contra de la lógica judicial que imponen los recursos presentados por las partes y que obliga a los grandes grupos a vender emisorras de radio, estaciones de televisión y otras eempresas para evitar el monopolio.
Y esto puede parecer bueno, correcto, democrático. Un tercio de los medios en manos del estado, un tercio en manos privadas y otro tercio en manos de ONGs. Pero si suena hasta bonito y solidario.
¿Por qué será que me chirría en alguna parte del cerebro?, ¿por que será que me activa alguna parte olvidada de la memoria?
"El Estado garantizará el derecho a ser informados por los ciudadanos realizando las publicaciones provinciales, regionales y nacionales que sean necesarias para que todos ellos estén debidamente informados. También pondrá a disposición de los trabajadores y de sus organizaciones publicaciones destinadas  a divulgar asuntos importantes para ellos y para la totalidad de la nación. Los ciudadanos particulares también podrán realizar publicaciones de caracter ligero y de divertimento bajo la tutela de los organismo que el estado de los Trabajadores designe para ello". Ley de Prensa e Información de la URSS (1929) -he consultado el texto, tengo una buena memoria, pero no infinita-.
¡Vaya, pues parece que la Kirchner tampoco se ha inventado esto! Un tercio de la prensa en manos estatales, un tercio en manos de organizaciones que -por pura casualidad- dependen del dinero de las ayudas y subvenciones gubernamentales como los sindicatos y las asociaciones ciudadanas soviéticas y un tercio en manos de empresas privadas, de las cuales -por pura lógica estadística del bipartidismo- la mitad estarán de tu lado. La mayoría y el control se hace abrumador.
Así las cosas los errores se repiten una y otra vez en el intento de los que no se sienten poderosos en el poder de permanecer en él, y valga la redundancia.
A lo mejor Kirchner, su esposo y antecesor y sus colegas de patido deberían ser más "democráticos".
Colocar a sus amigos y sus hombres de paja en los medios, beneficiar económicamente a sus medios afines con publicidad, concesiones, ayudas y riadas de dinero por los espacios de propaganda electoral; permitir la concentración de medios para que una sola mente, una sola línea editorial y una sola cuenta de resultados controle el flujo informativo más allá del zapping y la diversificación editorial; promover a cargos públicos y de gobierno a aquellos que desde las líneas de los periódicos o desde las pantallas de televisión actúan de voceros privados de su forma de ver el mundo, el país y la política; sostener un pulso constante en lso tribunales con los medios contrarios intentando buscar motivos -siempre económicos, eso sí- para cerrarlos o desacreditarlos.
A lo mejor no deberían mirar a Chávez y si a José Luis Rodríguez Zapatero y esperanza Aguirre. Lo que hacen ellos es igual de desonesto y antidemocrático, pero es lo que se estila en el mundo que se hace llamar democrático.
Pero, claro, a lo pero Cristina Kirchner no tiene ni el dinero ni la paciencia suficiente para eso.

viernes, septiembre 03, 2010

Hamas y Aznar: cuando Palestina e Israel sufren la irracional crispación de una única vocal

Nada importan los apretones de manos, nada importan las sonrisas forzadas de unos y los gestos de relajación condescendiente de otros, nada importa la expresión de satisfacción de la mujer que hizo presidente a un saxofonista aficionado y que ahora conduce la política exterior del país todavía más poderoso de La Tierra. Nada importa la esperanza contenida de unos y la expectación de otros.
Hace unos días el silencio, el recurso a la tragedia y un futuro de llantos, eran las únicas respuestas que, los que medran en la desesperación de unos y los que prosperan en la frustración de otros, daban a la propuesta -casi la imposición- que el mundo lanzaba a los actores del conflicto palestino - israelí para poner fin conversando a sesenta años de intentos de vencer en lugar de convencer, de deseos de victoria y no de paz.
Hoy, cuando la plabara ya se ha pronunciado, cuando -a regañadientes, por supuesto- se ha escuchado y se ha hablado, su silencio ya no es un arma, ya no se puede utilizar como una amenaza, ya no se constituye en una herramienta de imposición por el miedo de aquello que es lo único que desean: la guerra y la victoria.
Hoy necesitan hablar pero, como han olvidado como hacerlo, su palabra se convierte en gritos, su opinión se viste de amenaza directa y belicosa, su mensaje se transforma en muerte.
Hace unos días, cuando aún creían que podían evitarlo, que podían mentener su mundo en las reglas que ellos habían diseñado para él, tan sólo susurraban. Unos detendiendo y haciendo desaparecer en mitad de la noche, sin acusación, sin pruebas y sin juicio a supuestos activistas potencialmente peligrosos. Otros tiroteando desde un coche a tres hombres y una mujer embarazada que tenían el mismo derecho a colonizar una tierra que no era suya y nunca lo había sido como ellos tenían a matarlos por ese motivo: es decir, ninguno.
Cuatro muertes y once desapariciones son apenas un sunsurro en una tierra que grita sangre, muerte, guerra y venganza desde hace demasiado tiempo.
Pero hoy, cuando Benjamin Netanyahu ha aceptado que tiene que hacer dolorosas concesiones para lograr la paz, los susurros asesinos de un tiroteo de Hamás en una carretera perdida no son suficientes para hacer escuchar la voz de los que no quieren la paz en aras de una fe desmadida y corrupta, que pretende imponerse a aquellos que no la quieren y no la necesitan.
Hoy, cuando Mahmud Abbas ha conseguido decir en público que Israel tiene derecho a existir, los susurros de los josues guerreros de Sión, disfrazados de silenciosos movimientos de tropas y de secuestros de árabes en sus casas de Jerusalen Este, no tienen la suficiente fuerza para lograr que se impongan las palabras y las ideas de aquellos que sacrifican todo en nombre de una visión mesianica de un reino que nunca tuvieron.
Así que ha llegado la hora de hablar. Unos lo hacen a gritos y otros llaman a sus amigos para que hablen por ellos. Ambos son igual de cobardes porque ambos son igual de irracionales.
Los unos, Hamás, los yihadistas, anuncian ataques porque atacar es lo unico que saben hacer. Lo dicen por fin en público, con un comunicado en el que siguen hablando de libertad sin concederla en la parte de Palestina en la que gobiernan con el puño de hierro de su guerra santa. Lo hacen amenazando con muerte y sangre para evitar "la venta del país" que creen haber comprado para ellos y para su malentendido dios.
Lo hacen gritando que matarán más, mejor y de forma más coordinada. Lo hacen como siempre han hablado. Sin escuchar, sin comprender, sin pensar, sin razonar.
Los otros, Los Halcones, los sionistas, no hablan en alto. No lo hacen porque tienen que fingir que respetan las órdenes de los que mandan en su país, pero invitan a hacerlo en su nombre a aquellos que se ofrecen a repartir su visión bélica del mundo y la supervivencia .
Si esto fuera una película de Berlanga sería el momento cómico, pero como es lo más parecido en realidad a un docudrama de Ken Loach es el momento trágico.
Recurren a alguien a quien el instinto de relevacia le conduce una y otra vez al ridículo, al que le importa más ocupar un lugar en la historia -sea este cual sea- que el hecho de que ese lugar se asiente sobre pilares de enfrentamiento y crispación: recurren, ni más ni menos -entre otros, eso sí-, a Jose María Aznar.
Y allí acude el ínclito ex presidente que no logró ser líder del mundo libre a decir lo que ellos quieren escuchar; a disfrazarse de amigo de Israél cuando sólo es amigo de aquellos que desangran su propio país por miedo a que sea algo diferente a lo que ellos quieren que sea -cosa que ya estuvo a punto de hacer con el suyo-; a hacer uso  de su don de lenguas en los entornos privados y de la única capacidad política indiscutible e indiscutida que posee: la facilidad para generar crispación cuando la crispación y el enfrentamiento son menos necesarios.
Cualquiera que haya leído la prensa en los últimos tiempos -sí, ya sé, es aburrido y exige algo de esfuerzo- diría que Josemari estuvo unos cuantos días entrenando en Melilla para afinar su capacidad de poner de los nervios al mundo árabe antes de presentarse ante el mundo con su nuevo disfraz -con Asociación y Thin Tank incluidos- de "amigo de Israel".
Y desde esa nueva posición inventada en aras de una relevancia internacional que nunca se ganó y que no se merece,  intenta minar los fundamentos y la credibilidad del presidente de Estados Unidos, de ese Barack Obama que, por unas razones u otras, -que tampoco es una ONG-, se ha empeñado en que se hable y no se dispare en Tierra Santa.
Le acusa de poner en peligro al mundo libre, de ponerse del lado de Irán, de debilitar con su presión la capacidad de Israel de luchar por su supervivencia. Y no tira de sus orígenes musulmanes porque todavía le queda un rastro, muy pequeño, eso sí,  de decoro y cordura.
Con el mismo reduccionismo infantil que le llevó a instar al mundo árabe a padir perdón por ocho siglos de ocupación que lo fueron de conversión en Hispania, que le hizo reclamar ante las atónicas cámaras de la televisión pública británica el bombardeo indiscriminado de Líbano, mete al yihadismo y a Palestina en el mismo saco -algo que muchos llevamos años intentando separar- y afrima que hay que permitir que Israel controle totalmente Palestina para tener un aliado en la zona contra el yihadismo.
Con la misma memoria selectiva que le permitió olvidar sus negociaciones con ETA para criticar las de sus rivales políticos, hace caso omiso del recuerdo de la frase que ha marcado la nueva política de Estados Unidos con respecto a Israel: "no necesitabmos un aliado en la zona hasta que apareció Israel (un general estadounidense dixit)".
Aznar y su nuevo disfraz de su antigua y agotada visión del mundo maniqueo, dividido en buenos y malos, recupera el aciago espíritu de San Manuel Paleólogo que resucitara el ínclito inquisidor Benedicto en Ratisbona y acusa al Islam de ser el verdadero enemigo, el nuevo bloque con el que mantenerse perpetuamente en guerra hasta la victoria.
Así las cosas, los unos y los otros, siguen sufriendo los envites, ahora ya no silenciosos sino gritados, ahora ya no llorados sino escupidos, de aquellos que no quieren que se escuche el sonido de las palabras sino el de las armas, mientras sus líderes -sin mucho convencimiento, que todo hay que decirlo- intentan que verse las caras cada quince días contribuya a que sus pueblos aprendan a soportarse unos a otros y lleguen a saber convivir sin matarse.
Hamás y Aznar son ahora los voceros y portavoces de los que no quieren aprender a hacer ese esfuerzo, de aquellos que olvidan que amar tiene una sola vocal y se empeñan en recordar que atacar y matar estan tan plagados de "aes" como los nombres de aquellos que han elegido hablar en nombre de esa visión del mundo.

La homosexualidad arrepentida de Fidel Castro -o la otra mitad de Roma-.

Las gentes que creen tener razón no suelen dar razones. Es una constante tan unviersal como el hecho de que nadie suele tener razón, al menos nadie puede tener la razón absoluta.
Desde que antaño, cuando aún era alguien que quería hacer algo, bajara de Sierra Madre y lo hiciera, nadie vivo o muerto, afín o disedente, en Camaguey o en Miami habia escuchado una sola razón por parte de Fidel Castro. Explicaciones a cientos, excusas a millares, pero razón, lo que se dicen razón, ninguna.
Y ahora, en plena senectud, cuando la muerte esta más cerca que el triunfo imposible de una revolución hecha por la libertad pero que se olvidó de ella, cuando la vida se hace más peresente que el poder porque se encuentra más cerca de su fin, comienza a darlas. Nadie las cree, nadie las necesita y es muy probable que nadie las escuche. Pero él las da.
Dar razones es lo más cerca que puede estar alguien que ha creído tener toda la razón de pedir perdón. Aunque, a estas alturas, pocos puedan perdonarle.
Fidel pide perdón a los homosexuales por la persecución a la que les sometió un régimen que se suponía que había nacido para garantizar la libertad de todos. Pide perdón por no haberse planteado el problema -si es que era un problema-, aunque les dedicara discursos de diez horas en los que los consideraba lo peor que podía dar su amada isla; por haberse dedicado a asuntos que el consideraba más importantes, como los atentados contra su persona -siempre nuestro ómbligo es mas importante que la anatomía completa de los demás-, en lugar de dedicar un espacio en su pensamiento y su revolución a garantizar el derecho de todo cubano y cubana a amar de la forma en la que quisiera y a quien le viniera en gana.
Fidel pide perdón o da razones de porque aquellos que se arriesgaban por su libertad, su opción y su elección -como lo hicieron él y los suyos cuando aún creían que todo el mundo tenía derecho a elegir- fueron perseguidos, reprimidos, escondidos y borrados de la faz de las calles y de las casas de La Habana, Santiago, Holguín o Cienfuegos.
Ahora que las cárceles y las rejas cubanas gotean disidentes de la mano de una apertura tardía, una arrepentimiento senil y una iglesia cubana comprometida -algo no muy común- que hacen posible lo que un triunfo hostil, una ideología enquistada y arcaica y un poder indiscutible e indiscutido hicieron imposible durante decadas, otros, que siguen los mismos esquemas de razón, victoria y poder,  podrían darse cuenta de que la tendencia o el impulso sexual de los seres humanos no puede regirse por esos parámetros, no puede considerarse políticamente correcto o incorrecto, no puede estimarse éticamente moral o inmoral. Podrían hacerlo pero no la hacen.
Castro no será exonerado de sus responsbilidades ante la historia y ante Cuba por un puñado de disedentes excarcelados y un rosario de peticiones de perdón a modo de solicitud de extremaución en su lecho de muerte, como no iba a ser alejado de sus logros sociales y sus victorias si no hubiera protagonizado este acto de contricción marxista. Pero al menos tendrá algo con lo que presentarse ante los libros que hablarán de él cuando haya muerto, cuando la historia convierta su cuerpo en una estatua, su nombre en una calle y su revolución en un recuerdo.
Otros, o bien creen que  no van a morir nunca, o bien dan por sentado que la historia no hablará mal de ellos por coartar  e intentar que otros coarten la libertad de aquellos que sienten y aman de una manera diferente a la que ellos consideran acorde con las creencias únicas y correctas.
A lo mejor es que, pese a su intransigencia formal y material -sobre todo material-, el caduco leninismo de Castro era menos rígido y más maleable que una doctrina que supuestamente se basa solamente en un puñado de principios expuestos a toda prisa en una montaña por el hijo de un carpintero.
A lo mejor es que el sangriento y represor régimen basado en una dictadura -aunque fuera del proletariado-  es más capaz de ver sus fallos y mostrar sus vergüenzas que una organización que, aparentemente, tiene en el perdón y el arrpentimiento dos de sus pilares ideológicos fundamentales.
 A lo mejor que Castro sea mortal y por tanto finito ha ayudado a que los homosexuales de la isla de La Española puedan vivir, respirar, caminar y amar tranquilos mucho más que el hecho de que Roma sea inmortal y se crea eterna.
A lo mejor El Estado y La Revolución, de Valdimir Ilich Ulianov es más fácil de releer y de reinterpretar que El Levítico.
Castro y su revolución, cuando ya a nadie le importa y el mal está hecho, han renunciado a aquello en lo que el poder, la lucha y la intolerancia les habían convertido y, al menos de palabra y pensamiento, han vuelto a abrazar la libertad. Fidel, el gallego incombustible pero mortal, ha vuelto, por lo menos en esto, a ser un hombre y no un dirigente, ha vuelto a ser un revolucionario y no un dictador.
A Cuba y al resto del planeta ya sólo le va quedando el peso y el problema de la otra mitad de la campana de Gauss ideológica que diseña el pensamiento humano en nuestros días. Por lo menos en lo que a la homosexualidad se refiere.

miércoles, septiembre 01, 2010

Volver o el tango del síndrome postvacacional



Volvemos, contra el tango, sin la frente marchita. Sin preguntas, sin cuitas, sin todo lo que el ardiente estío nos tiró del bolsillo. Sin aquellos dineros que perdimos soñando, sin aquellos amores que matamos muriendo, sin aquellos amigos que ganamos bebiendo, sin aquellas heridas que ocultamos riendo. Volvemos, sin prisas y sin pausas, sin calores, sin pasiones, sin brío. Volvemos a las casas, a las salas, al otoño, al hastío.

Volvemos -los que vuelven- sin todo lo perdido, sin todo lo ganado, sin todo lo olvidado, sin todo lo vivido. Lo hacemos con el peso liviano de preguntas no hechas y aún así contestadas; lo hacemos con la carga ligera de respuestas no dadas, demoradas al sol, arrojadas al viento, hundidas en la arena, esquivadas a tiempo. Cerramos el paréntesis de ser nosotros mismos como quien cierra un libro, como quien para un taxi, como quien mata un sueño, como quien duerme a un niño.

Volvemos a nosotros, volvemos a los otros, salvo a esos que el verano no dejó en el camino. A nombres susurrados de amores maldecidos, a apodos mascullados de odios contenidos. Volvemos a los nuestros y a los que hemos perdido, a los que hemos dejado y a los que no se han ido. A los que abandonamos en la ardiente revuelta que el calor nos impone, a todos los que extraviamos por mirar a otro lado y a aquellos que ignoramos para olvidar el frío. Volvemos a los mismos pero algunos se han ido. O los hemos echado. O nos los han movido.

Volvemos de la fiesta, del fandango, del rito veraniego de olvidar lo que somos siendo nosotros mismos. Y lo hacemos ocultando sonrisas surgidas del recuerdo de placeres vividos, eludiendo sollozos callados a destiempo de tristezas prohibidas, forzando los recuerdos en código binario, guardando la memoria en tiempo enloquecido. Volvemos al esfuerzo de mantener lo hablado, de respetar aquello que ya hemos prometido, de mordernos corazones y labios para no desdecirnos, de sostener sin tregua lo callado, lo pensado y lo dicho.
.
Volvemos -los que vuelvan- sólo hasta que volvamos. Hasta que el ciclo eterno del correr de los tiempos nos devuelva a la vuelta, nos devuelva a la vida, nos devuelva a la esencia. Volvemos con las pilas cargadas, con las garras limadas, con las almas aladas, con las alas ajadas. Volvemos, como el tango, huyendo del olvido. Volvemos sin sentencia, sin condena, sin juicio. Volvemos para ver que no nos hemos ido.

Lo pensado y lo escrito

Real Time Analytics